OMG CAPÍTULO NUEVO!
Si siguen leyendo me alegro mucho y para aquellas que no recuerden en qué se quedaron aquí está un breve resumen:
Edward Cullen, un proclamado genetista que vive en Atlanta en un gran complejo industrial asistido por una inteligencia artificial (Jaz o IAS desarrollado por ex amante Alice) ha desarrollado la culminación del avance tecnológico humano en clonación. Después de varios intentos fallidos, incluyendo mutaciones, muerte y mala biología en general, ha dado con el clon perfecto para desarrollar una nueva tecnología. El clon B3LA o Bela es la tercera generación de clones cuyo tiempo de gestación es de sólo tres meses. El problema es que aunque posee un cuerpo de adulto su mente aún está lejos de la maduración emocional. Sin embargo gracias a la nueva tecnología de un antiguo colega de Edward, (Emmett McCarthy) llamada psicomemoria, el clon puede aprender a gran velocidad. Así como también permite que Edward pueda hacer lo que ha intentado por tantos años, recuperar a su esposa muerta mediante el traslado de memoria al nuevo clon, el clon de su esposa.
Lo último que supimos fue que Bela está madurando físicamente, con la llegada de su primer periodo, Edward tiene la responsabilidad de hablar con ella de tales cosas pero su autoridad paternal imperan en su actitud con Bela cada día más, tratando de no crear ningún vínculo con la chica en el proceso.
Gracias a Isa por corregir el capítulo
MÚSICA
Concierto Violin- The American Four Seasons, Second movement.
Toda la música de este fic puede encontrarse cronológicamente (orden de aparición por capítulos) en Spotify, el enlace está en mi perfil.
CAPÍTULO 14
EL TIEMPO ESCAPA DE FORMA IRREMEDIABLE
—VIRGILIO
La feminidad siempre se le hizo un misterio pedestre, como lo sería también la paternidad, pero aquí está ejerciendo el concepto en ambas cosas. En teoría es médico, hay un título de hace casi 20 años que lo avala, puede nombrar las partes reproductoras femeninas y masculinas, pero ahora sólo le gustaría encontrar las palabras adecuadas para explicarle a Bela sucintamente que "todo estará bien", aunque en el fondo sabe que no es así.
La chica sigue temblando y él sólo puede mirar la indeleble mancha roja que lo obliga a la verdad.
— Ven acá —él dice finalmente, ofreciendo su mano.
Bela la toma reaciamente, pero sin querer moverse.
—¿Qué es eso?—ella pregunta.
—Sangre. Pero no es nada malo, lo prometo.
Edward usa su voz paternal, la que la envuelve en un manto seguro; ella lo abraza lentamente, aferrándose a su vasto conocimiento y protección.
Él acepta el abrazo con practicidad, tomándola entre sus brazos para posteriormente cargarla hacia la bañera. La chica queda de pie, esperando, mientras Edward se arremanga la camisa y abre la llave hasta que el agua es tibia.
—Sólo… —él dice nerviosamente y sin verla—… toma un baño y cuando salgas, hablaremos.
Bela se desviste, nunca ha tenido miramientos sobre la desnudez, pero Edward evade la mirada y sale del cuarto de baño.
Él cree que ha visto paquetes de compresas en el almacén, pero nunca les ha prestado atención. Eventualmente después de una búsqueda frustrante, pero productiva, encuentra su objetivo; las compresas estaban ahí, coleccionando polvo. Toma varios paquetes y sale rápidamente del almacén.
Al regresar al cuarto, Bela sigue dentro del baño y él está ahí como el representante del estereotipo del hombre ignorante tratando de leer instrucciones. Se da por vencido o finge hacerlo al menos. Toma ropa interior de uno de los cajones y toca en la puerta del baño.
—Bela, soy yo, ¿puedo pasar?
Ella responde con un "sí" casi imperceptible.
El doctor entra tímidamente y deja los ítems sobre la tapa del retrete.
—Te traje un cambio y esto… son compresas y bueno sólo lee las instrucciones, no son difíciles, creo… No las leí por completo, pero seguro te las puedes arreglar. —Su voz se desafina por la rapidez con la que habla.
Cierra la puerta y se sienta a esperar.
Su ponderación lo deja agotado, pero un titilante miedo ronda en su mente. Las consecuencias de un clon fértil son inusitadas; vaya, cualquier experiencia con un clon es inusitada, pero esto podría traer repercusiones potencialmente catastróficas o ser lo que siempre ha anhelado. Luego está la decisión de decirle la verdad, o esperar...
—Doctor Cullen, he terminado.
Su vocecilla lo hace brincar sacándolo de su estupor. Asiente lentamente, dándole la espalda, sin atreverse a mirarla. Cuando lo hace, agradece verla en una bata de baño color blanco.
—Ven, siéntate, sé que tienes muchas dudas —él dice paternalmente.
Él pasa su mano sobre su ahora grasiento cabello y su barba tiene unos tres días evidenciando su descuido personal los últimos días.
La chica obedientemente hace lo que se le pide, pero al igual que él, no se atreve a mirarlo, hay algo extrañamente familiar en esto para Edward, le recuerda los primeros días que conoció a su esposa.
Edward trata de forzar una sonrisa calmante, de verse asertivo y ecuánime. Inicia con una explicación técnica —es tan buen lugar para empezar como otro, piensa—, pero a medida que explica el proceso de ovulación y menciona la palabra endometrio, Bela empieza a mover sus manos ansiosamente, copiándolo a él en un irrisorio juego de imitación.
—Sé que suena todo muy complicado, pero realmente es muy simple —él dice satisfecho de su explicación.
—¿Y a usted le pasa eso doctor Cullen?
Últimamente Edward ha insistido en que Bela opte por la vía formal de comunicación, ésta crea una línea divisoria entre maestro y pupilo.
Edward carraspea.
—No, yo soy varón, no tengo… no tengo lo que tú tienes, son diferentes partes.
—Lo que ha explicado ¿cierto? Las mujeres tienen ovarios, vagina.
—Los varones como usted tienen pene y testículos —ella afirma.
—Así es.
Bela se queda pensativa, tratando de compararse con una simple imagen que Edward usó para explicar tales partes. Por otro lado, Edward cree que ha sido la mejor explicación de biología que ha dado a un clon en su vida, considerando que en su vida ha dado clases de biología a un clon.
—Entonces, yo soy una mujer y usted es un hombre.
—Exacto.
—Y la menstruación es un proceso que permite reproducirse, pero reproducir ¿qué?.
—Otro ser humano —él contesta temerosamente, sabe a donde va esta pregunta.
—Pero usted es mi creador, quiere decir que…
—Tú naciste efectivamente de un óvulo, pero no hubo fecundación masculina.
Bela se queda pensativa unos momentos.
—Pero hay mujeres, mujeres como —ella apunta a la imagen en la pantalla—…que crean vida, con su cuerpo, ¿Cómo?
Edward muerde su labio tratando de encontrar las palabras. Se levanta metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Para crear vida —él se detiene unos segundos a verla—, como te he comentado anteriormente, se necesita un óvulo que proviene de la mujer y un espermatozoide que, ya sabes, proviene de un hombre. Para que eso suceda, el hombre tiene que depositar su… —Él mueve su mano nerviosamente—… semilla dentro de la mujer.
—¿Cómo?
—Por supuesto tienes que preguntar cómo —Edward murmura tallando nerviosamente su melena—. Es algo llamado coito, es un acto… en el que ambas partes deberían estar de acuerdo —él asienta para sí mismo, conforme con la descripción—. El hombre introduce su pene dentro de la vagina de la mujer y después de un tiempo éste eyacula y bueno, deposita el semen dentro de ella. Si todo sale correctamente, se lleva a cabo la fecundación.
—Todo eso suena realmente complicado —ella responde frunciendo el ceño— y desagradable.
—No lo es, es decir, sí… mucho —él tartamudea—. Es complicado… no pienses mucho en eso —responde Edward mortificado.
—¿Y lo ha hecho usted doctor Cullen? ¿El coito?
El genetista abre ligeramente los ojos en sorpresa y luego se compone.
—Sí, pero antes de que me preguntes, no, no he engendrado ningún humano.
—¿Por qué?
El hombre cruza sus brazos defensivamente.
—Hay métodos para tener coito y no engendrar —él responde fingiendo naturalidad.
—¿Por qué alguien querría tener coito si no es para engendrar? El cual es el verdadero propósito de tal acción —ella complementa su duda.
Edward sonríe admirando la pericia de la chica.
—Es complicado —él responde.
—No entiendo, ¿por qué ha tenido coito si no va a engendrar, Dr. Cullen? —la chica insiste.
—Vamos Bela, esto no es sobre mí, esto es sobre ti —él apunta un dedo acusador—. Te estoy dando información para que la uses a tu favor. Este es un momento de aprendizaje, para ambos.
El hombre se levanta tratando de terminar la conversación y salir de ahí, pero la chica lo interrumpe en su huida.
—Entonces ¿quiere decir que puedo reproducirme?
Edward, que está en dirección a la puerta, se detiene y la voltea a ver.
—Sí, técnicamente puedes hacerlo, pero se requiere de un nivel de maduración mental y emocional del cual no estás lista —Edward dice cautelosamente.
Bela le cuesta trabajo entender, aún con todo y su increíble inteligencia.
—Pero hay algo que no entiendo. Si he sido creada a partir de otra mujer, ¿no tengo padre?
—Lo tienes, yo soy —él responde sin titubear—. No biológico, pero en todo sentido y efecto lo soy. Lo único que debes entender es que eres especial, no eres como nadie más en el mundo, lo cual hace que tu existencia peligre allá afuera, la gente tiene miedo de lo que no entienden.
—¿Por qué tendrían miedo de mí? —ella pregunta asustada.
—Por que representas todo lo que pueden ser y jamás serán.
Cuando ella cierra sus ojos puede verlo, con claridad perturbadora. Sus ojos son diferentes, jóvenes, reacios y sin gafas. Luego, las imágenes se difuminan hasta que son recuerdos mezclados con aprendizaje nuevo. El doctor Cullen le ha hablado de los sueños, y ha visto en el computador más cosas sobre el proceso de soñar, no es ajena a la mecánica. Sin embargo, siente que cada vez que cierra los ojos algo cambia en ella.
Es de mañana cuando la luminiscencia del cuarto cambia simulando la mañana. Su rutina por las últimas semanas han sido desayunar algo de fruta y la pasta de proteína que genera esa extraña máquina de la cocina. Nunca hasta ahora se había preguntado de dónde viene toda esa comida. Tantas cosas por aprender, tanto conocimiento y tan poco tiempo. Se siente hambrienta de información. Vorazmente lee libros por la pequeña pantalla portátil que doctor Cullen le ha dado y mientras muerde su manzana, ya ha aprendido un poco más de bioquímica y los procesos de oxidación en los elementos orgánicos, particularmente ahora mismo está leyendo sobre la clorosis férrica en las plantas.
Edward trae su redundante taza de café cuando entra a la pequeña sala que está a un lado de la cocina. No es típico, aún cuando había más personas ahí, que la gente se sentara en la salita, pero ahí está ella, como si fuera el acto más natural.
—¿Sabías que el amarillamiento en las plantas indica falta de hierro? Al menos en los perales.
—¿Bioquímica? —él pregunta desganadamente, pues no ha dormido muy bien.
Ella asienta y muerde la manzana dejando el tronco solamente. Luego lo tira con tino perfecto al cesto de basura. Edward no está impresionado, lo ha visto muchas veces y ahora sólo es pretensión por parte de Bela.
—Estoy aburrida, ¿qué haremos hoy? —Bela pregunta petulante.
—Si el conocimiento te aburre, entonces algo estoy haciendo mal —él responde sin verla tratando de leer en la pantalla los datos biológicos de Bela.
—No es el conocimiento lo que me aburre, si no el cómo lo adquiero —ella dice suspirando
Eso deja pensando a Edward un momento.
—Bien, supongo que tienes un argumento válido. Yo tampoco fui un estudiante muy bueno cuando la monotonía me era impuesta. Podemos hacer algo no ortodoxo hoy. Estaba pensando en..
—Música —ella finaliza con una sonrisa—. Me has hablado de ella, sé teóricamente lo que es, pero quiero escuchar algo más de lo que me has puesto. Algo diferente.
—Eso no es remotamente útil, Bela . No podrías considerar, no sé… tal vez…
—No.
Edward suspira y asiente.
Carraspea y la mira de reojo, su mano tiembla un poco, demasiado café, demasiada ansiedad… demasiados recuerdos. El violín se siente raro en su cuerpo, finalmente Edward lo amolda y lo deja ser parte de él. Toma el arco y lo posa sobre las cuerdas. Al inicio es un sonido tímido y suave. Bela mira con fascinación el movimiento automático del cuerpo de Edward, con ojos cerrados, labios relajados y quijada tensa. El movimiento que acompaña cada sonido se acelera hasta que la música tiene vida por sí misma. Bela cierra los ojos inevitablemente.
Se imagina lejos de este lugar, flotando por el aire subiendo hasta la luna. Sus extremidades son más ligeras, la música se intensifica, luego pausa, luego intensifica, es ahí que lo ve… a Edward. Más joven, con gafas y mirada brillante… como en su sueño. Hay algo alrededor que no puede ver, es una neblina que cubre la imagen que está frente a ella. Una sutil resonancia de emociones aceleran su corazón. Edward joven la mira y dice…
—Fue un beso inocente, pero que se queda más tiempo del necesario. —La voz de este Edward suena lejana, el eco reverbera en su mente.
Si Bela tuviera la experiencia de la vida, si la abordara la verdad que la rodea, sabría que lo que está percibiendo es un recuerdo.
El viejo y decaído Edward deja de tocar. Su confusión lo lleva a bajar el violín.
—¿Qué has dicho? —él pregunta con voz entrecortada.
Bela abre los ojos, y como si se tratase de un sueño, ignora lo que ha visto.
—¿Qué? No he dicho nada —ella refuta con una sonrisa inocente.
—Has dicho… has… has dicho —Edward no está seguro, estos días no está seguro de nada.
Bela se ve notablemente confundida, tanto o más que Edward.
—No.. no he dicho nada.
Edward talla su frente, no ha dormido bien, tal vez no escuchó correctamente.
—Es muy bello, ¿cómo se llama? —ella pregunta sobre la pieza musical que Edward ha tocado
—Las cuatro temporadas americanas, segundo movimiento.
Su voz es letárgica, se da cuenta que no está en condiciones de enseñarle nada a nadie hoy. Deja el violín en la pequeña sala adjunta a la cocina y se va. Escucha a Bela seguirlo como un niño que ha sido privado de respuestas a su curiosidad.
—¡Doctor Cullen! ¿No me va a enseñar?
—Dile a Jaz, él te enseñará lo básico… cuando lo sepas practicaremos.
Su respuesta la deja desilusionada, mira el violín abandonado y lo roza con sus dedos. ¿Qué ha hecho mal?
Su cuarto bien podría ser una tumba, un mausoleo para su descanso eterno. Tiene flores de plástico que no se atreve a tirar, tiene fotos de ella, de Doc, de todos sus amigos. Hay una insolencia detrás de todos esos recuerdos que lo rodean, la insolencia de que algún día fue un buen hombre. Ni siquiera cuando conoció a su esposa pudo ser mejor persona.
Atlanta 2077
Es un mal día para la ciencia, se dice a sí mismo, si se le da mas importancia a la vida de una rata que a la de una persona. La chica técnica de laboratorio ha renunciado, su argumento: no puede seguir sacrificando animales a este ritmo. Edward tiene que admitir que no es lo que él llamaría un ritmo ético con casi 1000 ratas por semana, pero ahora es más importante que nunca hacer sacrificios.
Sin darse cuenta, sus pasos lo llevan a la oficina de Emmett, el cuál está acostumbrado a las extrañas intromisiones poco consideradas de Edward, sin embargo esta vez Emmett no está solo.
Edward abre la oficina con autoridad.
—¿Puedes creer que haya hoy, justamente este año un científico con escrúpulos? Pensé que era un requisito no ser un moralista hippie de closet para entrar aquí.
Emmett se ríe y asiente.
—Detesto a la gente con moral.
Pero Emmett no le contesta a Edward, si no a la silla volteada que está frente a él. Edward espera con inescrupulosa paciencia a que el tercer miembro del cuarto se presente. La silla se da vuelta y ve a una chica con gafas, cabello largo y castaño ycon bata de laboratorio. Bonita, diría él, pero no es su tipo.
—Ya… son lo peor—dice Marie mirando de arriba abajo a Edward.
—¿Hola?—él saluda torpemente a la chica.
—Edward…Doctor Cullen, esta es Maríe…—Emmett interviene.
—Maríe, la nueva genetista residente—la chica extiende su mano.
—Ajá—él responde despreciativamente.
Edward, siendo el arrogante y afamado científico que es a este punto, deja con la mano extendida a la chica, pasando su mirada a su colega.
—Consígueme un técnico de laboratorio McCarthy ¡Para hoy!—dice Edward molesto y luego se marcha.
Horas después, cuando está murmurando así mismo que no estudió años de ingeniería médica para estar haciendo estúpidos PCR, Edward nota un pequeño golpecito en el vidrio del laboratorio. Él está en traje estéril, con máscara, gafas, guantes y zapatos especiales. Levanta su mirada y alguien, vestido igual que él, lo saluda. Él ignora la interrupción y continúa con su trabajo. Por segunda vez, el golpecito lo distrae, haciendo que el genetista bufe en molestia, baje su pipeta y se dirija al intercomunicador. Edward presiona el botón para hablar.
—¿Sí?—pregunta molesto.
—Soy tu nueva laboratorista—contesta la chica.
Edward suspira en alivio.
—Pasa, ¿qué demonios haces allí afuera?.
La chica se acerca a la cámara y apunta hacia arriba, al letrero que claramente dice "Sólo una persona permitida a la vez"
Edward bufa otra vez y asiente.
—Espera—dice por el intercomunicador.
Para poder salir debe quitarse toda la ropa y volver a esterilizarse, algo que en teoría es privado, pero en práctica rara vez lo es. Con la chica anterior no había tal problema, pues él nunca tenía que hacer este tipo de trabajos tontos, así que la técnica siempre estaba sola aquí. Ahora, sin embargo, la chica de traje estéril está viendo su trasero y otras cosas…
Al salir trae una toalla consigo como si se acabase de duchar. La chica lo mira por las gafas especiales y por alguna razón siente que está riéndose de él. No puede ver más, pues el resto de su cara está cubierto por la máscara.
La chica lo mira unos minutos y luego pasa de él para entrar al cuarto de esterilización 2, en el cuál no es necesario desnudarse.
Su laboratorio está colindante con el laboratorio técnico, toda esta planta está a su disposición así que tiene acceso ilimitado, así como a otras partes del edificio. Sin embargo siempre prefirió la oficina pequeña, es mejor así, le ayuda a concentrarse mejor.
Ya es tarde, se le ha ido el día rápidamente revisando datos, cuando otro molesto golpecito parecido al de esta tarde en el vidrio, lo interrumpe.
Él gruñe un "entra" y para su sorpresa aparece la chica de esta mañana.
—Maríe, la genetista…perdón, la nueva genetista—él corrige burlonamente.
La chica trae unas hojas con ella y las pone sobre su escritorio. Edward las examina y para su sorpresa ha visto que el trabajo de una semana ha sido terminado.
—He programado la máquina para las dosis de las ratas con la nueva analítica. Es cuestión de monitorear solo la comida y bueno…esperar que se reproduzcan las ratas.
—¿Eras tú? ¿Hiciste esto tú sola?—pregunta estupefacto.
Ella sonríe y ladea su cabeza, examinándolo.
—De nada.
Ella se da la vuelta para irse.
—Pensé que eras genetista…no laboratorista—dice Edward, tratando de sonar apologético.
—Soy muchas cosas, Edward Cullen.
NOTA DE AUTOR:
Estaré subiendo capítulos regularmente ahora, cada semana uno o dos. El fic está estimado para unos 30 capítulos. Por cierto, yo toda linda acomodando diálogos con la sangría correcta y fanfiction no me deja una vez que cargo el documento. Si alguien sabe cómo arreglar eso me podría mandar un pm?h hehehe T_T
