Gracias a Isa por corregir el capítulo
Música de este capítulo:
DNA The Kills
CAPÍTULO 15
GIGANTOMAQUIA
Sujeto: B3LA "Bela"
Días de vida 189
Maduración aproximada: 15 años.
Psicomemoria: 20%
—Estás pensando en las consecuencias no previstas.
Edward asiente a la pregunta, aunque técnicamente Jaz no lo puede ver, la IA sabe leer silencios, al menos eso quiere creer el humano.
—Un veinte por ciento es mucho, es demasiado… Pero siento que voy a ciegas, no tengo idea si puede recordar algo… y el otro día ¿recuerdas el otro días, Jaz?
—No lo imaginaste, no. La grabación de sus palabras no deja lugar a dudas —responde Jaz sobre el breve momento en que Bela pronunció palabras de Maríe en un lapso de recuerdo residual.
Edward toma un bolígrafo y empieza a jugar con él; la reliquia con la que alguna vez un clon derramó su propia sangre, cuando supo el motivo de su existencia. Edward teme eso, teme que Bela se desgarre el cuello en un acto desesperado. Pero ¿por qué querría morir? ¿El dolor sería demasiado? ¿Qué clase de locura se infiltra cuando viven dos entes en un cuerpo? ¿La que se suicidó fue el clon o fue Maríe? Las preguntas lo carcomen por dentro.
—Es joven, tan joven Jaz… No tiene idea que lo único que hago al estar educándola es estimular su proceso neuronal el cual desvanecerá su existencia para reemplazarla por la de otra persona. La estoy obliterando poco a poco.
El genetista mira el vidrio que refleja su perfil.
—A veces no puedo verla a los ojos, cuando me mira pidiendo aprobación. ¿Qué se supone que haga? —dice desesperado.
—No puedes dar vuelta atrás, lo sabes ¿cierto? Haz comenzado algo que necesita terminar su curso.
—¿Pero a qué costo?
—El que sea necesario, tú sabes la alternativa, la terrible alternativa. Todas esas vidas perdidas por nada… todo ese sufrimiento en vano.
—Practicamos gigantomaquia desde un inicio. ¡Todo esto! Este maldito edificio… tú…
—Yo sólo soy lo que me han programado ser.
—No… no… eres un reflejo de una esperanza que se ha corrompido. Alice no te hizo para esto.
—Me hizo para estar a tu lado.
Edward ríe y camina maniático por el laboratorio. Se escucha la cámara seguir a Edward, como si IAS lo estuviera observando cuidadosamente.
—¿Qué harás? —pregunta Jaz.
—Tú mismo lo dijiste, lo que sea necesario.
El hambre lo levanta y parece que no es el único. Bela está sentada en la cocina con un sándwich en la mano y a Bu en un hombro tratando de atrapar las migajas que deja la humana en cuestión.
—No es muy higiénico comer con un animal en tu hombro —dice Edward abriendo la nevera y tomando un batido de proteína y una manzana.
Se sienta frente a ella que lo mira curiosa.
—IAS es útil, pero no lo sabe todo ¿no lo crees?— ella dice.
Edward no puede evitar sonreír, a este punto la insolencia de Bela es más un acto de inocencia que de rebeldía.
—Vamos, puedes hacer algo mejor que quejarte de la Inteligencia artificial residente, Jaz hace lo mejor que puede.
—IAS es una estupidez, es aburrido —ella mastica y habla al mismo tiempo.
Edward se siente un poco ofendido por el comentario hacia Jaz, que extrañamente lo siente como un amigo en este momento, pero sabe que, de cierta manera, Bela tiene razón.
—¿Quieres practicar? —él pregunta refiriéndose a sus lecciones de música.
Antes de que él se levante a buscar el violín, Bela lo levanta del suelo y lo pone sobre la mesa. Su mirada es pícara, la alumna que quiere impresionar al maestro.
—¿Cómo…?
—Son las 9, no habías comido desde la mañana. Regularmente comes algo en la noche antes de volver a trabajar —responde la chica.
—¿Me has esperado toda la tarde? —pregunta él tratando de no sonar impresionado.
La chica sonríe.
El genetista claudica en su voluntad y sonríe también.
—Vamos —él suspira tocando el instrumento suavemente—. Paso número uno, el violín debe sujetarse con delicadeza pero firmeza ¿entiendes?
Ella lo toma tratando de emular como lo había tomando en sus manos Edward el otro día.
—No —él se levanta y se pone detrás de ella—. Hombros relajados, cuello alargado, sí… brazo firme —él instruye.
Edward levanta el mentón de Bela hasta posicionarlo donde quiere. Luego toma los dedos de ella y los acomoda para el primer acorde.
—Toma el arco y no toques las cerdas —él advierte—, y ahora desliza… con suavidad.
El sonido es torpe e irregular, pero Bella mira a su maestro buscando aprobación.
Las manos temblorosas de Edward se estabilizan cuando se pone detrás de Bela para tomarla de los hombros. La electricidad emocional que general lo hace estar un poco más vivo que ayer. Todo este tiempo… huérfano de roces humanos lo ha dejado como un cable eléctrico expuesto. Su mejilla toca el cabello de Bela ligeramente mientras un olor familiar lo invade. Cierra los ojos y coacciona a su voluntad a segregar otro sentimiento más, lujuria… pasión... devoción… necesidad… Siente que se ahoga en ellos.
Su mano se posa sobre el antebrazo de Bela al mismo tiempo que la chica ejecuta un poco mejor la nota. Edward sube su mano hasta que está sobre la de Bela y de pronto ambos están tocando juntos, al unísono. Es un instante en verdad, pero suficiente para que Edward viva una vida nuevamente. Siente el "pum pum" de su corazón en su cavidad torácica, el eco le sorprende, tan ajeno. Su mano siente el pulso de la chica bajo las yemas de sus dedos, también trepidante como el suyo. No quiere que esto termine nunca, pero su razón lo jala a abrir los ojos nuevamente.
Se desprende poco a poco, a regañadientes. Se siente unido a ella y separarse es como separar melaza, lenta… pegajosa… incómodo, antinatural. Todo lo que ha invertido se ha ido al infierno.
Se mira en el espejo, es ella pero no lo es. Su mano toca el reflejo esperando un gesto diferente, algo que la distinga. Sus ojos tienen un verde, que antes no estaba ahí. Parpadea y sigue ahí. Es un verde como el de él… como el de Edward.
Siente un cambio en ella, algo que no puede comprender completamente. Es como si tuviera algo dentro, algo escondido que está a punto de eclosionar. Las imágenes que ha soñado la atormentan. Otro lugar, otro tiempo, diferente gente… pero siempre él. No sabe si debe decírselo, teme hacerlo, pero tampoco sabe por qué. Hay tantas cosas que ahora están dejando de tener sentido. ¿Dónde está el resto del personal del edificio? ¿Dónde está el resto de la gente que él asegura, se asustarían de ella? Hay ira en ella, la puede palpar; ira y frustración de lo mismo, de la misma rutina y de verlo siempre a él. Está harta de depender de una inteligencia artificial para conocer el mundo. Quiere salir, quiere conocerlo por ella misma, malditas las consecuencias. ¿Pero cómo? No puede simplemente escapar ¿o sí?
Vuelve a su cama, es hora de dormir, es hora de continuar la rutina. Doctor Cullen ha prometido un día de picnic en el domo y eso la motiva para el siguiente día.
Nunca ha hecho esto, pero sabe lo básico: comida sencilla, bebidas, una manta, tal vez música. Ha empacado en una mochila una manta que ha encontrado en su cuarto y que pertenecía a Doc, su perro.
—¿Lista? —él pregunta, extrañamente sorprendido de su entusiasmo.
—Sí —ella responde emocionada— ¿Qué comeremos?
—Llevo unos panes hechos de proteína, manzana y dos botellas de agua.
A Bela no le apetece mucho el menú, pero últimamente las raciones de comida están siendo más restringidas, Edward dice que hay que tener cabeza fría para esas cosas. Las provisiones están hechas para comer cierta cantidad y ya no queda casi nada de "verdadera comida" como le dice Bela. Lo único que pueden darse lujo es de comer manzanas y café, el eterno compañero de Edward.
—Lo sé, lo sé, no es la mejor comida del mundo, pero llevo música —él dice en tono conciliador.
—¿Sí? —ella pregunta con ojos soñadores.
—Bueno, sólo habilité las bocinas de la cúpula, por mi dispositivo podemos controlar lo que se escucha. Te dejaré elegir.
—¿A mí? Pero yo no sé nada de música.
—Pues ve poniendo una cosa a la vez, hasta que encuentres algo que te guste —él responde distraído mientras revisa que trae todo lo necesario.
Bela asiente, trata de ocultar su emoción, siente que es necesario. Cuando Edward la ve muy emocionada tiende a usarlo en su contra, como método condicional para que aprenda cosas… como lo hace con Bu.
Edward le pasa el artefacto, parecido a una tableta con diferentes imágenes digitales; se le ha instruido que sólo debe presionar el logo de la nota musical para buscar la música. El modelo, aunque no lo sabe Bela, es bastante viejo, de unos 15 años. Edward siempre ha tenido apego a la tecnología táctil y no a esa nueva moda que salió hace años donde ponías un dispositivo que leía el movimiento de la retina para seleccionar opciones.
Al llegar al domo, Bela nota que nunca había estado aquí a esta hora particular del día. Es un atardecer extraño, como si las luces de la ciudad fueran el sol mismo, la luz proviene desde abajo y se refleja en las nubes ahora torvas de lluvia. Camina lentamente hacia la ventana que da a la ciudad. Los transeúntes se ven caminando, pero hay algo raro, algo que no encaja.
—¿No crees que ellos se preguntan si alguien los mira? —pregunta Bela.
Edward se pone a su lado, mirando curioso hacia la ciudad, nunca le ha prestado atención a la vista, se le hace una pérdida de tiempo.
—No creo que tan siquiera les interese si es que lo supieran.
—¿Por qué? —ella pregunta.
Edward se recarga hacia en frente, con su mano en su mentón, en pose pensativa.
—A nadie le importa nada ya, hace mucho que la humanidad ha perdido el sentido de la privacidad.
—¿Privacidad?
—Hace años, cuando era mandatorio que nuestro ADN fuera puesto en un registro nacional la gente se opuso, hubo marchas, boicot de la prensa, crítica internacional pues fuimos los primeros en hacerlo, pero años después fue de lo más normal. Por medio de ese registro podías saber si alguien tenía un problema de salud, si era propenso a enfermedades, si tenía capacidades para ciertas áreas. Influenció cada parte de nuestras vidas, hasta la pareja que elegías. De hecho, cuando yo era maestro de genética en la universidad, se implementó el primer sistema de admisión basado en código genético, polémico sin duda, pero era el futuro.
—He leído sobre ADN, ¿no crees que es injusto? Seleccionar a alguien por algo que no puede cambiar.
Edward voltea a verla sorprendido.
—No es justo, no lo es. Sin embargo la raza humana no tuvo remedio y tal vez… —él se queda callado reflexionando—, tal vez nunca debimos meternos con ello. Ahora es muy tarde. Pero por eso mismo te temerían, Bela. Si salieras, serías candidata prima*, los candidatos primos son raros, hay pocos en el mundo, pero nadie como tú. Te he diseñado para que seas perfecta, para que seas física y mentalmente avanzada, es algo llamado eugenesia. Y eres el primer prototipo exitoso.
Bela no le gusta que se refiera a ella como un prototipo.
—¿Primer prototipo exitoso? ¿Acaso hubo otras?
Edward se ha dado cuenta del error que ha cometido y decide desviar el tema.
—Pensé que estábamos aquí para un picnic, ¿empezamos?
Sin esperar que la chica responda, Edward camina hacia el árbol de cerezos que está en medio del domo; es el más adecuado para un picnic, piensa.
Bela tiene preguntas, pero sabe que es un caso perdido tratar de que Edward las responda. Resignada se va y se sienta a donde Edward le ha puesto una manta. El hombre en cuestión está acostado con brazos cruzados bajo su nuca. Sin necesidad de instrucción, Bela toma el artefacto que Edward le dio y selecciona una canción.
Edward se ríe al escuchar la selección de canción de Bela, es DNA de The Kills, está en su lista de reproducción reciente.
—Eres muy lista para tu propio bien —él dice riéndose.
—Soy lista porque me has diseñado así —ella responde con ingenio.
—Eres más lista que yo, pronto me superarás… pronto serás mejor que el maestro —él dice suspirando al pensar las consecuencias.
Ella también se acuesta, con sus piernas hacia un lado, pero mirando hacia Edward, su cuerpo parece una S torcida. Sus brazos tocan el pasto tocando hojas caídas del cerezo. Mira el perfil de Edward y en un impulso ajeno a ella, levanta su mano y toca la quijada de él, quiere sentir esa barba incipiente de días bajo sus yemas como si quisiese comprobar la sensación, como si la hubiera sentido antes y desea recrear el recuerdo. Edward, sorprendido, la mira con labios partidos, sus gafas reflejan la cara igualmente sorprendida de Bela. Ella se detiene esperando que él rechace su gesto, sin embargo algo extraño pasa, pues Edward no quita la mano de la chica como normalmente lo haría. Ella lo toma como invitación para acariciar la hirsuta barba. La mano pasa por el mentón del genetista, luego sus labios y se quedan ahí por unos segundos. Edward la puede ver por unos segundos… a Maríe. Tiene miedo, terror de que muera como siempre mueren todas al recordarlo, pero no puede renunciar al toque, el recuerdo pesa demasiado. La mano de Edward imita a la de Bela, es una hazaña peligrosa. Es ahí, cuando la mira a los ojos, que nota el fragmento verde en sus pupilas.
—Tus ojos… son…
—Lo sé…
Edward ahora está en su personaje de científico, se levanta intempestivamente y examina los ojos de Bela tomando su cabeza y acercándose a observar los insultantes cambios de pupila que no puede explicar.
—¿Hace cuánto has notado este cambio? —él pregunta clínicamente.
—Hace unos días.
—Debiste mencionar algo… Jaz, prepara la cámara de pruebas —ordena el científico.
Edward se levanta y empieza a recoger todo, no llevaban ni 10 minutos.
—¿Qué haces?
—Esto no puede esperar, Bela. Esto puede ser serio, necesito hacerte pruebas —él dice desesperado.
Si bien bajaron del ascensor, Edward llevó directamente a Bela al laboratorio. Ella no ha estado ahí nunca, es el lugar de trabajo de Edward y está fuera de acceso. Le asusta un poco lo impersonal del lugar, se ve totalmente diferente al resto del piso 70. Hay varios cuartos que parecen celdas con letras sobre cada uno. Adjunto está un área con unas extrañas camas cubiertas con un vidrio y cables sobresaliendo.
—Remueve tus ropas y luego entra aquí —él instruye a Bela para que entre a una de esas camas.
—¿Qué son? —ella pregunta temerosa.
—Cápsulas de análisis, tienen varios usos. Estuviste mucho tiempo ahí antes de despertar.
—¿Despertar?
—Vamos Bela, haz lo que te pido.
Ella se quita la ropa aún con preguntas más que respuestas y se posiciona en la cápsula. Edward cierra el vidrio tal cual fuera un cofre mortuorio.
—Haré unas pruebas y tardarán unos minutos —él dice viéndola por el vidrio.
Las pruebas duraron todo el día, entre análisis neuronales, cognitivos, químicos y de algo que Edward llama psicomemoria que ella alcanzó a escuchar cuando pedía las pruebas a IAS.
Mientras está esperando a que Edward lea unos resultados, Bela puede ver en las pantallas los imágenes que emiten las cámaras de vigilancia del edificio. Una de ellas apunta a una sección donde parece estar alguien dormido, la esquina de la pantalla dice P77BC. Tiene que ser el piso 77, pero no tiene idea qué significa el sufijo BC. ¿Y si hay alguien más aquí? Desea saber.
Quiere ver a otro ser humano y forma un plan.
