Los Jóvenes Titanes: El Inicio (6ª Temporada)
Queen-Werempire: Hola, holitas, mis lectores de mi corazón. Helo aquí otro capítulo más de esta fascinante historia.
Terra: Hasta que por fin te decidiste en escribir.
Queen: Ay que linda, gracias. *Nótense el sarcasmo*
Terra: ¬_¬#
Raven: No le hagan caso a esa pesada, sólo está en sus días.
Terra: Cállate bruja Ò_Ó
Raven; Lo ven. Y no me digas bruja rubia oxigenada.
Pigeon: Terra, Rae no peleen por favor.
Lucia: Olvídalo Pigeon no te escuchan.
*En el fondo se ve que están peleando en lodo*
Robin: ¿Qué está pasando?
Lucia: Peleas de chicas.
Speedy/Kid Flash: ¡Chido pelea de chicas en el lodo!
Chico Bestia: El sueño de todo hombre.
Las chicas: Idiotas.
Cyborg: ¡Hagan sus apuestas! ¡RAVEN V.S. TERRA!
*Todos los chicos, eso también incluye a Robin, comienzan a apostar a que Raven le ganará a Terra*
Pigeon: ¿Es normal hacer eso?
Jinx: Sip, y más si se trata de hombres sin cerebro.
Queen: ¿Chicas me harían los honores? *Saco una cámara de video y comienzo a grabar la escena épica de Raven y Terra*
Las chicas: Los jóvenes Titanes NO le pertenecen a Queen-Werempire. Ni a Lucia Hilary.
Lucia: Pero a Pigeon y otros personajes también ;D. Disfruten de la lectura.
Capítulo 22: A Escondidas, Detrás de la Sonrisa del Ángel
Las horas pasaron volando y el día también. Las campanas de la catedral se escucharon por todo el reino marcando las 9:30 de la noche, algunos comercios comenzaron a cerrarse mientras que otros pocos se quedaron abiertos hasta esperar que el último cliente se fuera.
En el palacio, todos se encontraban dormidos, a excepción de los titanes quienes se encontraban junto Pigeon en el salón de comodidades; en esa habitación estaba todo invadido de todo tipo de almohadas y cojines desde la más suave hasta la más dura, en el centro de aquella habitación había una hoguera tamaño normal haciendo que la habitación estuviera caliente y a su vez iluminada.
– Es muy hermoso tu reino, Pigeon. O mejor dicho Princesa Evengelina. – comentó divertida Lucia haciendo reír a su amiga y a los titanes.
– Ay Lucia, no digas por favor, aunque porte una corona en mi cabeza sigo siendo Pigeon. – dijo algo apenada la titán alada por el comentario de su amiga de la infancia.
– Por cierto. ¿Por qué nunca mencionaste que eres una Princesa y Sacerdotisa Pigeon? – preguntó curioso Robin.
– Además de que no quería que me tratarán con tanta formalidad, nunca me lo preguntaron. – replicó divertidamente la azariana con una sabia respuesta.
– Starfire también es una princesa, y no la tratamos con formalidad. – comentó Chico Bestia sorprendiendo a Pigeon.
– Sí pero al principio no lo sabíamos, ya que Star también nos los había ocultado de que era alguien de la realeza. – dijo Cyborg apenando a la Princesa de Tamaran.
– Amiga Pigeon, ¿Cómo es que te convertiste en la Princesa de Thilandel? – preguntó la titán alienígena.
– Fue su Majestad y el reino quienes lo decidieron así. La verdad es que a mí también me sorprendió cuando ella le confesó a toda su gente que yo, una azariana, me convertiría en la princesa de su reino. – confesó la titán alada con una sonrisa tierna y cálida al recordar el momento cuando a ella la coronaron como la Princesa de Thilandel. – Le debo mucho a esa maravilla persona quien cuido de mí todos estos 14 años.
– Oh, que hermosa historia. – dijo tiernamente la tamareana.
– Sólo parte de ella, Starfire. – comentó el ángel.
– ¿Hay más todavía? – preguntó Speedy cosa que Pigeon asintió.
– ¿Y cómo es eso de que te convertiste en Sacerdotisa, Pigeon? – habló en ese momento Raven, pero, en su tono de voz parecía no estar tan contenta con la noticia.
– Fueron los dioses quienes me eligieron como su servidora, Rae. – confesó en un tono pacifico la Roth menor.
– ¿Los dioses? – alzó una ceja Terra. – ¿Qué tienen que ver esos dioses en tu historia de que te hayas convertido en la sacerdotisa de tu reino? – Pigeon suspiró al comprender lo que pasaba con la mentalidad de la rubia, se estaba burlando de ella y de las creencias de su pueblo.
– Sé que suena raro para ti, Terra, y también creo que para todos ustedes. Sé que ustedes tienen otras creencias diferentes a las nuestras y las respeto en lo más profundo de mi corazón. Y sí. Fui escogida entre todas las niñas y jóvenes vírgenes de mi reino para ser la Gran Sacerdotisa de Thilandel. – la chica comenzó a relatar su historia en un profundo y claro razonamiento y sentimiento. – Tenía en aquel momento 8 años cuando el Sacerdote Mayor comenzó con la búsqueda de una niña o joven virgen quien sería la siguiente Gran Sacerdotisa de Thilandel, ella seria como la Mensajera de todos ellos. Claro que… en aquel momento nadie consideraría que una niña azariana como aprendiz de Sacerdotisa, cuando entre en el templo de Aashta, la diosa-madre de todo, no di ni tres pasos cuando todas las personas quienes se encontraban dentro del templo me miraron sorprendidos y estupefactos.
– ¿Qué sucedió? – preguntó Lucia entre preocupada y ansiosa por saber lo que le había ocurrido a su amiga de pequeña.
– Según lo que los Sacerdotes, las Sacerdotisas, las novicias y otras personas que se encontraban ahí me comentaron que cuando yo entré al templo, mi cuerpo se había iluminado en una luz blanca y dorada y, a la vez, presenciaron el Espíritu de la Vida de Aashta sobre mí. Todos ellos me dijeron que Aashta junto con otros dioses decidieron que yo fuera la Gran Sacerdotisa de Thilandel, a la vez que también, todo ellos me bendijeron con grandes obsequios que ningún otro ser viviente podría recibir de los dioses.
– Wow. – exclamaron todos los titanes, a excepción de Raven quien simplemente tenía su mente en otro lado.
– Pues te felicitó por ello, amiga. – comentó la Hilary. – Por lo que veo tu vida ha tenido buenas cosechas.
– Sí. – afirmó Pigeon. – Aun más Lucy, porque desde que pequeña mi sueño siempre era en convertirme en Sacerdotisa.
En ese momento, todos escucharon algo quebrándose en la habitación, las miradas de todos los jóvenes se centraron en Raven mientras que ella tenía una profunda mirada de repudio y cólera que hizo temblar a los titanes y preocupar a su gemela y su vieja amiga de la infancia. La Roth mayor se levantó de golpe de su lugar y sin decir palabra alguna se retiró de la habitación ocasionando que todo el lugar se pusiera tenso e incómodo.
– Raven… ¿Por qué se comportó así? – se preguntó asimismo Chico Bestia.
– Mmm… supongo que Raven no se lo tomó muy bien tú sueño, Pigeon. – dijo Lucia a la pelivioleta menor.
– No entiendo. – habló Robin mientras miraba a las dos azarianas. – ¿Qué tiene que ver Raven con lo que acaba de decir Pigeon? – preguntó confundido.
– Lo que pasa es… – antes de que la titán de la botánica hablará su amiga la detuvo.
– Creo que será mejor que yo los cuente Lucia.
– ¿Estás segura? – preguntó preocupada mientras que la titán alada asentía. – Está bien.
– ¿Qué es lo que vas a contarnos, amiga Pigeon? – preguntó Starfire.
– Antes de decírselos… quisiera saber una cosa… ¿Raven les contó lo que ella vivió cuando vivía en Azarath?
– No mucho… – confesó Robin. – Sólo sabíamos que a ella le confesaron que sería el portal. Sólo eso.
– Entiendo. – murmuró con una voz de tristeza la Princesa de Thilandel. – Lo que yo les contaré… es algo delicado personal tanto para Raven como para mí… – Pigeon comenzó a relatar su historia en un frágil pero seguro de sí misma. – Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, los monjes y las monjas de Azarath nos aislaron y nos prohibieron de tantas cosas que unas niñas de temprana edad no deberían pasarles… Raven siempre tuvo un gran repudio a todas esas personas que estuvieran relacionadas con lo sacerdotal, y por lo que veo, aun ella lo siente. Desde que tengo memoria, siempre he querido ser una sacerdotisa como lo fue mi antigua mentora: Azar, que en paz descanse, ella fue… mi gran motivación a seguir ese sueño que tanto he anhelado ser. Pero. Siempre tuve que ocultárselo a mi propia hermana para que ella no me repudiará ni me odiará ni rechazará en lo que me quería convertir. Y ahora que mi gemela descubrió mi secreto y mi profesión como Sacerdotisa de Thilandel… creo que… no hay otra opción más que… aceptar esta realidad de ser repudiada, odiada y rechazada por mi propia hermana.
– ¡Eso no es cierto! ¡Raven jamás haría algo como eso, ni mucho menos a ti, amiga Pigeon! – la voz alterada de Starfire hizo que Pigeon la mirará sin decir nada. – ¡Raven se ve que te aprecia y te quiere mucho, amiga Pigeon! ¡Ella jamás te odiaría por lo que tú eres!
– Pueda que tengas razón Star… pero conozco perfectamente bien a gemela, y también sé lo que ella piensa en estos momentos. – dijo con una voz tranquila y cansada la gemela menor de Raven. – Antes de que mi hermana se retirará de aquí… escuché claramente lo que ella me "dijo"… "Te has unido al enemigo".
– Pigeon. – habló en ese momento Lucia, tomando en ese momento la mano izquierda de su querida y mejor amiga pelivioleta. – Raven es muy cabeza-hueca y no sabe lo que dice cuándo piensa. Al igual que tú, yo también la conozco perfectamente, sé que la situación en la que ustedes tuvieron que soportar desde que fueron muy pequeñas fue… algo… difícil de lidiar. Sólo dale tiempo a la cabeza-hueca de tu hermana para que se acostumbre a este nuevo cambio.
– Gracias por tus palabras Lucy. Hacen que mi corazón este un poco más tranquilo. – dijo la chica agradecida por el apoyo de la Hilary.
En ese momento, unos leves golpes que provenían en la puerta de la habitación se escucharon mientras que ésta se abría y se veía a Aquamarine.
– Lamento interrumpir tu plática con tus amigos Pigeon. Pero su Majestad me ordenó que ya es hora de que se vaya a dormir. Recuerde que mañana será un largo día. – comentó Aquamarine sin dejar de mirar divertidamente a la pelivioleta.
– Tienes razón Aqua. – replicó ella mientras se levantaba de su lugar y miraba a sus compañeros. – Bien chicos, yo me tengo que retirar, mañana comenzaré mis deberes sacerdotales. Nos vemos en la mañana, descansen.
– Buenas noches, Pigeon. – dijeron los titanes al ver a su compañera salir de la habitación junto con su Dama de Compañía, dejándolos ahí solos.
– ¿Y bien? ¿Ahora qué hacemos nosotros? Raven y Pigeon ya se fueron de aquí. – preguntó Chico Bestia a sus amigos esperando a que algunos de ellos tuviera una idea para des-aburrirse.
– Será mejor que nosotros nos vayamos a acostar, Chico Bestia. – sugirió Robin. – No conocemos este lugar, así que evitemos darles problemas a Pigeon con la Reina de Thilandel.
Todos accedieron a la petición de Robin, mientras se iban de la habitación para dirigirse cada a quien a sus aposentos.
Mientras tanto en la habitación de Pigeon
Ella ya se encontraba vestida en su pijama, mientras estaba sentada en un banquillo frente al peinador mientras que Aquamarine le peinaba gentil y cuidadosamente sus largos y violáceos cabellos. Al estar perdida en sus pensamientos, Pigeon dejó escapar un suspiro largo y profundo que le hizo preocupar a su amiga.
– ¿A qué viene ese suspiro Pigeon? ¿Ocurrió algo?
– Aqua… ¿Recuerdas lo que te dijeron tus hermanas cuándo ibas a trabajar aquí, en el palacio? – preguntó la pelivioleta tranquilamente.
– Sí, aun me acuerdo de eso. ¿Por qué lo preguntas amiga?
– Quisiera saber… ¿Cómo fueron sus reacciones cuándo su hermana menor iba a trabajar para la Reina y… en aquella ocasión… para la Pequeña Dama de Compañía? – Aquamarine dejó de cepillarle por un momento el cabello a la joven, mientras observaba en el reflejo del espejo una triste y desanimada mirada en los ojos amatistas de la princesa.
– Al ser mis hermanas mayores, se preocuparon mucho por mi bienestar, en cómo sería tratada por la Reina. No todas ellas les pareció buena idea en que yo me pusiera bajo la orden de su Majestad, así que, ellas decidieron en no dirigirme más la palabra. – comenzó a cepillar el cabello de Pigeon mientras le relataba todo eso. – En ocasiones, las personas no aceptan nuestras decisiones y caminos, ellos temen a que salgamos lastimados en el sendero de nuestro destino. Madre me dijo, "es decisión tuya en seguir o no tu camino, que las personas no tomen bien tus decisiones eso ya sería cosa de ellos".
– Un gran consejo de una madre a su hija. ¿Qué te motivo a seguir en tu camino, Aqua? – Pigeon miró a su amiga en el reflejo de su espejo mientras que la peliceleste soltó una risa divertida.
– ¿Qué me motivo dices? Fácil. En cuidar de una hermosa niña que se convertiría en mujer con los pasos de los años, además, en darles sabios consejos cuando estuviera confundida con sus preguntas. – replicó la hermosa Dama de Compañía a su amiga. – Y mi consejo aquí es… qué no dejes que nadie te corte las alas Pigeon, y no digo literalmente, sino porque eso representa tu sueño, tu meta y tu felicidad. Claro y también tu obligación. – aquello ultimo lo dijo en un tono divertido y bromista cosa que para Pigeon soltó una risa divertida.
– Gracias Aqua. No hay ni un solo día en que le agradezco a los dioses y a Azar que te pusieran en mi camino, amiga mía.
– Al contrario, soy yo la que debe estar agradecida con ellos. – una sonrisa amplia y llena de felicidad decoró los labios de Pigeon mientras abrazaba a Aquamarine como si de su hermana mayor se tratase. – Ahora a dormir. Mañana será un día bastante pesado para la Gran Sacerdotisa.
– Oh, Aqua. – ambas chicas rieron divertidas.
La peliceleste retiró las sábanas y colchas mientras que la pelivioleta se metía en ellas. Las dos amigas se dijeron las buenas y Aquamarine sopló la llamarada de la lámpara de aceite que se encontraba en la mesa de noche izquierda de la cama. Sólo los rayos de la luz de la luna era lo único que alumbraba la habitación de la chica. Pigeon cerró sus ojos y se dejó vencer por el sueño.
Al cabo de unas horas, la titán alada se despertó algo perezosa, pues, en ventanal de la puerta de su alcoba se escuchó un diminuto pero escandaloso ruido. La chica se levantó del colchón y con su muñeca tallándose sus ojos comenzaron a visualizar un pequeño blanco golpeando su ventana. Con somnolencia Pigeon salió de su cama y se dirigió hacia la puerta de su alcoba, fue grande su sorpresa cuando vio una hermosa paloma blanca, tan blanca que hasta los rayos de la luna alumbraban su blanco y brilloso plumaje.
– Light, ¿Qué haces a estas altas horas de la noche pequeño amigo? – preguntó la Princesa de Thilandel con una voz dulce y maternal a su plumífero amigo mientras lo tomaba cuidadosamente entre sus manos.
La hermosa paloma emitió un ligero "Ru" a la chica, transmitiéndole un mensaje que sólo ella misma podía entenderle a la hermosa ave. Ese era otro don que Pigeon tenía en secreto; hablar con las palomas, algo que también se le identificaba con su querida madre.
– ¿Ahora? – preguntó ella mientras que el ave cabeceo ligeramente un "sí". – Está bien, iré hacia donde se encuentra él. Y tú, mi querido amigo, descansa, no sé cuanto tiempo te ha tomado en llegar hacia aquí.
La paloma asintió y voló hacia un sauce que se encontraba a metros de distancia del palacio.
Con una sonrisa cálida y llena de emoción en su rostro, Pigeon se dirigió hacia su armario. Sacó de allí un pantalón café oscuro y una blusa de algodón beige a la vez de una capucha negra. Se quitó el camisón y se pudo el conjunto escogido, se colocó unas botas negras que le llegaban hasta las rodillas y, después, se amarró su cabello en una coleta con una cinta blanca. Se abrochó el broche de la capucha mientras salía de su habitación, justo antes de que ella liberará sus alas y saliera del balcón vio que entre las cobijas y sábanas de su cama las almohadas que las abultaban. Una sonrisa divertida había decorado sus labios mientras volaba de ahí.
Voló hacia los establos y con mucha cautela y precaución abrió las puertas del lugar, los relinchos de los caballos se escuchan por todo el lugar mientras que la chica alada se dirigió hacia donde se encontraba Spleinder, la cabeza del azabache corcel estaba fuera de su cabina. Al sentir unos suaves y cálidos dedos sobre su frente, Spleinder, despertó emitiendo un leve relincho. Al ver que era Pigeon que se encontraba justo enfrente de él, el corazón del hermoso animal se llenó de paz y gozo.
– Lamento despertarte a estas altas horas de la noche Spleinder. – se disculpó la chica. – Pero… me preguntaba sí quisieras acompañarme a dar un recorrido por el bosque.
– Todo lo que mi Sonriente Ragazza desee, son órdenes para mí. – dijo el noble caballo en aquel acento italiano.
– Sí.
Pigeon quitó el seguro de la puerta del cubículo mientras se adentró ahí para colocarle a Spleinder la cabezada y luego la silla de montar. Una vez que ella le había puesto todo eso, tomó las riendas y ambos salieron del establo mientras que los otros caballos los vieron con una mirada llena de anhelo y cariño hacia la joven de cabellos violetas. Todos ellos sabían muy bien la estrecha relación entre la jinete y su caballo, que hasta envidia le tenían a Spleinder por ser el compañero de la princesa, pues, ella siempre los cuidaba, los alimentaba, los defendía e incluso los trataba como humanos, algo que nunca recibieron de sus anteriores jinetes y eso para ellos los entristecían, pero eso había quedado pasado gracias a esa joven de hermosos y puros sentimientos.
Al llegar a las puertas del palacio, la joven titán alada estiró su brazo mientras que con su mano abierta comenzó a aparecer un tenue brillo dorado en él, haciendo que la puertas de la entrada emanará un brillo dorado también a su vez que estás comenzaron a abrirse de par en par. La chica junto con su corcel empezaron su andar hacia la salida, una vez fuera de los alrededores del palacio las puertas se cerraron tras de ella. Pigeon se cubrió su cabeza con su capucha, y con la ayuda de Spleinder, se montó en su caballo azabache, tomó las riendas y comenzó su camino junto a él.
Los cascos sobre el empedrado hacían un eco en los rincones del reino mientras que la chica y su caballo se dirigían a la salida del reino. Una vez fuera de ahí, la chica se detuvo el andar de Spleinder, ella giró su cabeza sobre su hombro izquierdo mientras observaba el majestuoso y divino palacio siendo bañado por aquella hermosa luz lunar de la noche. Pigeon miró a su fiel amigo y le dio unas cuantas y leves palmaditas sobre el lomo de él.
– *Andiamo Spleinder.* – dijo ella a su compañero, mientras que él asentía.
Jinete y caballo salieron corriendo a puro galope, dirigiéndose directamente hacia el Bosque de Thurndöik.
Mientras tanto en la habitación de Raven…
El titán oscuro se encontraba perdida en sus pensamientos mientras que su rostro aún tenía aquel ceño fruncido desde que salió de la habitación de descanso. Fue en ese momento, cuando sus emociones empezaron a comunicarle a ella en que fuera a Nunca Más para hablar con ella y sus ciertos problemas con el trabajo de su gemela.
Dentro de Nunca Más…
– Bien ya estoy aquí, ¿Qué es lo que quieren ahora? – preguntó de mala Raven a sus emociones.
– Tú sabes perfectamente a lo que queremos hablar contigo Raven. – dijo Inteligencia en un tono serio, algo que había dejado perpleja a la chica.
– ¿Y por qué usas ese tono tan serio conmigo? – replicó la portadora.
– Rae es de mala educación responder una pregunta con otra. – rió divertida Felicidad.
– ¡Ya! ¡Vayan al grano y díganme para qué demonios quieren hablar conmigo!
– Qué carácter. – dijeron al unisonó todas las emociones, Raven tuvo que contar hasta diez Mississippi para explotar a la vez que masajeaba la puente de sus nariz.
– Estoy perdiendo la paciencia. – gruñó la Roth, fue en ese momento cuando Amor decidió en romper la tensión y explicarle a su portadora lo que ha estado pasando en el entorno de su mente.
– Raven tienes que controlar tus emociones negativos, querida. Has estado alimentando a Rabia, Celos y a Furia todo este tiempo.
– ¿Y eso? – preguntó Raven en un tono monótono a la vez que tenía una cara bien cabreada. Ante esa reacción de la joven titán, la emoción lila dejó escapar un suspiro cansado.
– Raven no además has estado encelando a nuestra pobre hermana todo este tiempo sino que ahora has estado exagerando sobre el oficio de Gigi.
– Tal vez sí este encelando sólo un poco a Pigeon, pero no he estado exagerando sobre que ahora Pigeon es princesa de otra dimensión. – Raven suplicó de que al menos sus emociones creyeran eso a lo que dijo, pero, al ver cómo todas ellas ladearon sus cabezas supuso que no las engañaría con eso.
– No es el oficio de princesa de lo que estamos hablando y tú lo sabes bien, Raven Rachel Roth. – comentó Inteligencia mientras que la Roth rodó los ojos de manera "y otra vez con eso".
– Cariño todas sabemos lo que estas sintiendo ahora en estos momentos acerca del oficio de Pigeon, pero, también debes de entender de que ella tomó esa decisión además de que…
– Ni siquiera lo menciones Amor. – dijo la titán oscura en un tono de repudio. – No entiendo por qué Pigeon tuvo esa tonta idea de convertirse en Sacerdotisa.
– Fue gracias a la Mentora Azar quien motivo a Gigi en serlo. – confesó Felicidad riendo angelicalmente haciendo que Raven girará su cabeza, tal como en la escena de terror del Exorcista en dónde la protagonista volteó totalmente su cabeza para ver a su madre, sólo que esta vez fue con su emoción de capucha rosada.
– ¡¿Qué Azar hizo qué cosa?! – las emociones tiritaron un poco después de escuchar la tétrica voz de ultratumba de su dueña.
– Rae-Rae tranquilízate. – dijo Alegría pero en cambio recibió una gélida mirada de su portadora.
– No me digas que calme. Alegría. – siseó con profunda frialdad. – Puede que acepte que Pigeon sea la princesa de un reino de otra dimensión, pero jamás, y escúchenme bien todas ustedes, jamás aceptaré a que ella sea una sacerdotisa o monja.
– Tú no puedes decidir la vida de tu hermana, Raven. Sí ella escogió su camino, entonces respeta su decisión, así como ella aceptó el tuyo. – sermoneó Amor a la titán.
– No me sermones Amor. – gruñó molesta la chica. – Es más, ahorita mismo me escuchará.
– Pues tendrás que esperar hasta mañana, Raven. – dijo Inteligencia.
– ¿Por qué? – preguntó Raven.
– En estos momentos tu hermana ya debe estar dormida. Debes respetar sus horas de dormir. – sugirió la emoción amarilla.
– De acuerdo. Mañana hablaré seriamente de esto con Pigeon. – dijo la titán después de que se fuera de Nunca Más.
– Tan testadura como siempre. – se dijo asimisma Amor mientras ladeaba su cabeza en forma de negación. – Ay, ¿Qué haremos con ella?
– Pigeon nos va a odiar por obligarla a renunciar su sueño. – dijo Tristeza con dolor.
– No, no lo creo. – dijo en ese momento Sabiduría. – Por lo que hemos visto, Pigeon es una chica que no renuncia a nada, ya recordarán lo que paso con Slade.
– NO MENCIONES A ESE HIJO DE ****. – dijeron al unísono Rabia, Cólera y Enojo.
– Chicas no digan ese tipo de groserías frente al público, ni mucho menos a los menores de 15 años. – comentó la Raven-lila.
– No quisiera ni imaginarme que reacción pondrá Raven cuando nuestra pequeña hermana se revele ante ella. – dijo Inteligencia mientras que todas concordaron con su comentario.
– Sea lo que sea. Debemos estar todas preparadas para lo que viene. – rió divertida Alegría.
– Concordamos contigo Alegría. – dijeron las emociones.
– Espero que Pigeon no le afecté lo que las palabras que le dirá Raven a ella. – pensó preocupada Amor pensando en su querida hermana gemela.
Mientras tanto con Pigeon…
La Princesa de Thilandel junto con su corcel no dejaron de andar en su camino, las patas del caballo chocaron contra el agua de un riachuelo mientras cruzaban el otro lado de éste. Las tuenes luces de las luciérnagas junto con los rayos de la luna iluminaban el camino de los dos amigos. La titán alada detuvo el andar de Spleinder mientras que él hizo un pequeño relincho de afirmación. Pigeon se bajó de su compañero mientras se quitaba el gorro de su capucha de su cabeza, la chica sonrió haciendo que sus mejillas se decorarán en un tenue color rosadito. Se sentó en una frondosa raíz de un enorme árbol, observando con cariño y ternura a su fiel corcel bebiendo de aquel riachuelo tranquilamente.
La noche era tan fresca que Pigeon disfrutaba pacíficamente el delicioso y frío viento nocturno, los cabellos violetas de la chica danzaban al compás del aire mientras que su juvenil rostro mostraba una paz y una tranquilidad infinita. En ese momento, los ojos de la Princesa de Thilandel se entreabrieron un poco cuando sintió una presencia detrás de ella, una pequeña y alegre sonrisa decoró sus labios carnosos a la vez que sus mejillas se tornaron más y más rosas hasta adquirir un tono cereza. Poco a poco aquella presencia del desconocido se acercaba más y más hasta detenerse a una distancia no tan lejos ni tan cerca de la titán alada haciendo que ella decidiera en romper aquel molesto silencio que los rodeaba a ambos.
– Me alegro en verte de nuevo. Abel. – sonrió ampliamente la chica después de pronunciar el nombre de la persona.
Al voltear Pigeon, vio a un muchacho quien no tendrías más de sus 21 o 22 años de edad; su tez era de un tono moreno claro; su cabello era entre un color castaño-chocolate; sus ojos eran de un color ambarinos que también por algún extraño motivo su expresión parecía ser como las de un lobo; su estatura era realmente alta casi como 1'98 de altura; su físico parecía ser como la de un dios Adonis perfecto. Vestía simplemente unos pantalones cafés oscuros, camiseta de algodón beige y un par de botas desgatadas cafés. El chico no se limitó en responderle a la chica, simplemente se le quedó viendo con una expresión seria y fija, cosa que para ella le causo un poco de gracia y de nerviosismo a la vez.
– ¿Abel? ¿Estás enojado? – preguntó Pigeon nerviosa y a su vez inocentemente. Entre tanto Abel la miró aún más fijamente junto con una expresión severa de seriedad y molestia. – Al parecer sí lo está. – pensó nerviosa la chica.
– Me he enterado que llevaste extranjeros aquí en el Bosque de Thurndöik. – dijo con profunda seriedad Abel.
– Me declaro culpable. – respondió Pigeon con una sonrisa simpática y angelical al muchacho, que en cambio él frunció su ceño y arrugó su nariz.
– Sabes muy bien las reglas, Pigeon. Nadie debe entrar al bosque. Ni siquiera esa señora a quien llamas "Reina" o "Majestad". – contestó con repudió y cólera el chico.
– No llevé a los muchachos en tus territorios Abel, sé muy bien cómo eres tú y tu gente con los extranjeros. Es por eso que yo los llevé a otros lugares que pueden ser bienvenidos por otras criaturas que son amigables y comprensivos con los extranjeros. – explicó detalladamente la Princesa de Thilandel al muchacho, quien comenzó a respirar profundamente para controlar su enojo y a su vez masajeando la puente de su nariz. – Sí eso te molesta, entonces lamento mucho en haberte incomodado por eso. Sé qué aun no te sientes confiado con los extranjeros, pero debes cambiar Abel. O acaso… quieres que te recuerde que yo también soy una extranjera para tu pueblo y para ti.
– ¿Quiénes son ellos? – preguntó el muchacho. – Se ven que ellos no son de tu reino.
Una sonrisa junto con una risa escapó de los labios de la titán alada.
– Y tienes toda la razón. – afirmó ella. – Ellos son de otra dimensión. De un planeta llamado "Tierra". En ese mundo toda su gente los conoce como "Los Jóvenes Titanes". Sus nombres son: Robin, el líder; Starfire, una extranjera de otro planeta y a su vez una princesa de ese lugar; Cyborg, un joven de buen corazón de oro; Chico Bestia, un joven que puede cambiar en cualquier criatura terrestre o marina. – Abel rodó los ojos mientras ponía una cara de molestia, cosa que le causó gracia a la chica, quien no dejó de mencionar el nombre de sus amigos. – Kid Flash, un corredor profesional; Jinx, una hechicera y pareja de Kid Flash; Abeja, otra líder y pareja de Cyborg; Speedy, un arquero profesional; Aqualad, un joven atlante; Más y Menos, un par de niños que son gemelos; Terra, una chica quien controla la tierra; y por ultimo… está Raven, mi querida hermana mayor.
– Espera. ¿Raven? – Abel miró casi con incredulidad a la chica quien simplemente asintió ligeramente con su cabeza mientras que una sonrisa cálida y feliz se implantó en sus labios.
– He estado fuera de Thilandel, Abel. Esto no se le he dicho a los jóvenes, quienes son mis huéspedes, o a su Majestad, así que, quiero que lo mantengas en secreto porque confío en ti. – el muchacho escuchó atentamente lo que su amiga le estaba confesando. – Una de las sirvientas me confesó un día antes de mi decimoctavo cumpleaños que tuvo una visión de los dioses, ella me dijo que fuera con una joven señora que maneja una tienda de libros antiguos y otras cosas. Y claro que fui con ella, gracias a esa mujer me llevó a ese lugar en dónde encontré a mi hermana. E incluso hice muchos amigos en la Tierra.
–…
– Me gustaría que conocieras a mi hermana. Ella ahora se encuentra en el palacio junto con los demás.
– Haz lo que quieras. – dijo sin emoción el muchacho haciendo que Pigeon soltará una leve risa.
Abel se sentó a un lado de la princesa mientras que ella comenzaba a sentir cómo los latidos de su corazón retumbaban contra su pecho a la vez que sus mejillas se tornaban en un color carmesí.
– ¿Cómo están los muchachos y la pequeña Serani? – preguntó Pigeon en un tono bajo y dulce.
– Hasta ahora bien. – comentó sin ganas el muchacho.
– ¿Acaso ocurrió algo con tu clan? – volvió a preguntar la Princesa de Thilandel pero esta vez en un tono preocupado.
– No ocurrió. – replicó él. – Sólo fue cuando se enteraron de que te habías ido de viaje y ya.
– Ya veo. Me alegro de que las cosas no hayan cambiado nada desde que me fui.
– Mph, si tú lo dices. – Pigeon miró a Abel mientras que éste tenía una expresión de seriedad y tranquilidad en su rostro.
– Por cierto. Quería decirte que no podré visitarte a ti o a mis demás amigos en estas semanas.
– ¿Y eso? No me digas que esa mujer a la que llamas "Su Majestad" te castigo por huir de su lado y de tus deberes princesita. – comentó Abel en un tono burlón haciendo que Pigeon hiciera un ligero puchero de niña pequeña.
– No, por supuesto. – se defendió ella mientras que sus mejillas se tornaban rojísimas debido a la cercanía que él y ella se encontraban. – La razón por la cual no podré visitarlos es porque mañana, o probablemente unas horas, comenzaré con mis deberes sacerdotales.
– Cierto. Ya estamos en el mes de la purificación. – susurró Abel.
En ese momento, el muchacho vio algo raro en la titán alada. En sus ojos amatistas se podía notar una expresión de tristeza y preocupación en ellos. Esto hizo que al joven chico hizo una mueca de molestia que hasta le preguntó a ella.
– ¿Qué es lo que tienes Pigeon?
Pigeon soltó un suspiro largo y decaído, cosa que dejó a Abel preocupado aunque no lo demostraba del todo.
– Es sobre mi hermana. – replicó ella.
– ¿Qué tiene ella? – preguntó el muchacho.
– Sucede que a Raven no le agradó la idea en que viera a su pequeña hermana convirtiéndose en la Gran Sacerdotisa.
– ¿Y?
– Tú ya sabes la historia. Y de seguro ella me insistirá en que renuncie a ello. Siempre ha sido mi sueño desde que tengo memoria.
– ¿Y? Si ella no le gusta la idea entonces mejor que se quede callada, ella no es nada ni nadie para meterse en tu vida, Pigeon. Si tanto te gusta servir a esos dioses y hacer esas cosas tan aburridas que hacen los sacerdotes y sacerdotisas, bien, hazlo. Es tu vida y no la de ella. – Pigeon se volteó a ver a Abel sorprendida mientras que vio en los ojos ambarinos de él una gran sabiduría y madurez en ellos.
– Abel. – susurró en un tono tierno y dulce, el muchacho se estremeció ahí mismo cuando recibió un fuerte abrazo, alrededor de su cintura, por parte de la princesa alada. – ¡Gracias! ¡Gracias por esas gentiles palabras de aliento que me hacen sentir más tranquila y feliz!
– No es para tanto. – gruñó él haciendo reír a la pelivioleta. Abel miró hacia el otro lado mientras que un ligero sonrojo había decorado sus mejillas.
Al ver la sonrisa de la chica no pudo evitar sentir aquel cálido y agradable sentimiento que cada vez florecía con el paso del tiempo que pasaba con ella a su vez que una diminuta sonrisa había decorado los labios del muchacho.
No se sabía con exactitud cuántas horas se la había pasado Pigeon con Abel esa noche, pero al ver que la luna ya estaba al punto más alto y notable del nocturno cielo, la chica se dispuso en soltar un suspiro a su vez que infló sus mejillas como niña pequeña.
– Es hora de que te vayas. – dijo Abel a la princesa. – Si los soplones de la Reina le cuentan que has huido del palacio probablemente te encerrará por el resto de tu vida en una torre como castigo.
– Jajaja, oh Abel, ella no sería capaz de hacer eso. Aunque reciba un castigo de ella por abandonar el palacio ella no me encerraría en una torre. – rió divertida Pigeon mirando con diversión a su amigo. – Aunque claro si eso llegase a pasar, esperaría a que alguien me salve de mi cautiverio.
– El típico principito de cabellos dorados, ojitos azules, vistiendo su armadura brillante y con su caballo blanco ándate. – la titán alada soltó una fuerte carcajada al escuchar aquello que pronunció su amigo, a la vez que él ponía una cara irritante con tan sólo imaginarse dicha escena del típico príncipe encantador rescatando a la Princesa de Thilandel de su cautiverio.
– A decir verdad Abel yo tengo otros gustos. – el muchacho se le quedó viendo, mientras observaba detalladamente a la chica cómo si quisiera descifrar lo que estaba pensando en ese momento ella.
– Si tú lo dices.
– Abel… antes de que me vaya quiero decirte algo. Algo que he guardado esto durante mucho tiempo. – el susodicho la miró y juró que vio un notario sonrojo en las mejillas de la joven a la vez que la voz de ella se notaba a un más tierna y dulce que otra veces anteriores.
– ¿Qué es? – preguntó con suavidad Abel haciendo que el corazón de Pigeon latiera rápidamente de su pecho que hasta se juraba que en cualquier momento saldría disparado de éste.
– Yo… yo… – la voz comenzó a temblarle a la vez que su rostro se tornaba carmesí que hasta el rojo más llamativo se quedará corto. – Quiero decirte que yo… ¡Quiero que seas el invitado de honor de mi fiesta de cumpleaños!
– ¡Tonta! – gritaron las emoticlones de Pigeon.
– Ay Pigeon. – ladeó negativamente Spleinder mirando con lastima y desaprobación a la joven soberana.
– ¿Sólo era eso? – preguntó Abel alzando una ceja mientras que la Princesa de Thilandel asentía rápidamente la cabeza y completamente roja de la vergüenza.
– S-Sí. Solamente era eso. – respondió ella con una voz apenada. – ¡Eso no era lo que quería decirle! – se gritó mentalmente asimisma.
– Lo mantendré en mente. – replicó él con suavidad, haciendo que todos los nervios de la chica se esfumarán. – Recuerda bien que ahora soy el líder de mi clan y ya casi no tengo el tiempo necesario para un descanso.
– Sí. Lo comprendo Abel, pero me gustaría mucho en que asistieras a esa fiesta, y por qué no, también con tu familia y con los muchachos. Además… he estado esperado este momento para que tú conozcas a mi hermana y ella a ti. – el corazón del muchacho comenzó a acelerarse rápidamente, mientras que sus ojos ambarinos se dilataron de más debido a la sorpresa que le causó su amiga.
Para Abel, el simple hecho de escuchar esas palabras que fluyeron de los labios de la princesa era como si… su relación fuera más allá que una simple amistad. Era casi como si una chica quisiera presentarle a su novio a la familia de ésta.
– Así que sólo es por eso. – se limitó a decir Abel, pero, lamentablemente para Pigeon pensó que había sido otra cosa cuando escuchó a su amigo decir eso.
– Sí. Entonces… ¿Asistirás? – preguntó ella con inocencia.
– Lo tendré en mente.
– Bien, entonces está todo claro. Te enviaré la invitación a ti y a los muchachos, y no acepto un "No" como respuesta Abel. – dijo con decisión la Princesa de Thilandel mientras se levantaba de su lugar.
– Ya qué. – suspiró cansado el muchacho mientras se levantaba también de su lugar.
Spleinder se encaminó hacia la titán alada mientras que ella se procuraba en montar a su noble corcel, claro que ella fue ayudada por su amigo para que ella se subiera en el caballo y no cayera en el intento de subirse en la silla. Justamente cuando Pigeon iba a tomar las riendas, sus manos chocaron con las de Abel al momento en el que él se las iba a dar. Al sentir el toque, ambos jóvenes sintieron una descarga eléctrica recorriéndoles por todo el cuerpo a la vez que sus corazón latieron al unisonó. Las mejillas de Pigeon se tornaron rojas como una cereza mientras que Abel simplemente la miraba fijamente con un intenso brillo en su mirada ambarina. Un brillo que siempre Pigeon le había agradado desde el primer momento en que le vio por primera vez.
– Abel… – justamente cuando Pigeon iba a decirle algo al muchacho, él se limitó en interrumpirla.
– Será mejor que te escolte hasta la salida del bosque.
– Está bien. – dijo ella con una sonrisa. – ¿Unas carreras entonces?
– ¿No crees que ya eres mayor para esas cosas infantiles?
– ¿No crees que ya soy mayor cómo para que alguien siga cuidando de mí?
– Touché. – Pigeon sonrió divertida ante aquel infantil juego de palabras. – Está bien. Sólo por esta vez.
– Siempre dices eso. – rió divertida la joven soberana.
– Será mejor que ya te dispongas a irte de aquí, antes que mis hermanos descubran tu presencia. – dijo Abel entre un tono irritado y molesto, cosa que para Pigeon soltará una carcajada divertida e infantil.
– De acuerdo. Andiamo Spleinder. – la titán alada susurró en un tono suave y dulce al oído de su compañero mientras que ella le dio una suaves y ligeras palmaditas en el cuello del corcel.
– Sí. – dijo Spleinder soltando un fuerte relincho, a la vez que levantó sus dos patas delanteras y sosteniéndose con las traseras.
– Adiós, Chico del Bosque. – dijo ella dedicándole una sonrisa angelical.
– Adiós, Niña de los Ojos Amatistas. – con eso último que dijo él, Pigeon hizo una seña a Spleinder, para después salir galopeando como el viento.
Pigeon se hizo cuerpo un poco más hacia adelante mientras disfrutaba la fresca del viento nocturno sobre su rostro, haciendo, que algunos mechones de su cabellera violeta se movieran con gracia. Un fuerte y audible aullido de un lobo se escuchó a lo lejos, llamando así la atención de la joven soberana, quien, en ese momento, ella giró hacia su lado izquierdo y observó la enorme y bestial silueta de una creatura que la seguía entre los árboles. Una sonrisa decoró los labios carnosos de la chica mientras azotaba las riendas de su corcel seguido por un fuerte "vamos Spleinder", haciendo que el caballo corriera más a prisa en aquel sendero hasta que finalmente jinete y corcel salieron del bosque alejándose a unos metros de distancia de ahí.
Pigeon detuvo el galope de su compañero mientras miraba por su hombro izquierdo la silueta de Abel entre los árboles, observándola fijamente y con un brillo en sus orbes ambarinas. La chica sonrió cálidamente haciendo que sus mejillas se tornarán un ligero color rosado. Hizo una señal de despedida con su mano hacia su amigo antes de que ambos tomarán nuevamente su camino.
– Pensé que hoy seria en que te declararías al joven Abel, Sonridente Ragazza. – dijo Spleinder haciendo que la pobre titán alada se tensará a la vez que su porcelano rostro se pusiera notablemente rojo.
– ¡Spleinder! ¡Pero qué dices! – gritó en pánico y avergonzada la muchacha. – Abel y yo sólo somos amigos. AMI-GOS.
– Puede que para ti lo sea. Pero a mí y los otros no nos engañas, Pigeon. – confesó el caballo azabache.
– A quién engaño Spleinder. Ni siquiera yo misma me puedo creer lo que le dije a Abel. – se quejó ella soltando a la vez un largo y profundo suspiro. – Se supone que hoy mismo ya tenía decidido en decirle mis sentimientos a él. Y mira que me salió todo mal. Tantas semanas de práctica y todo se fue al fondo del abismo.
Pigeon escuchó la risa de Spleinder mientras que ella lo miraba incrédula y confundida.
– ¿Y esa risa?
– Oh, nada. Sólo me estaba imaginando en qué cara pondría su Majestad si se llegase a enterar de que la Princesa de Thilandel se ha enamorado de un Hijo de Thurndöik, y más sobre todo si se trata de un… – Pigeon interrumpió a su amigo mientras que un notable sonrojo había aparecido en su rostro.
– Ya entendí, Spleinder. No tienes que darme todos los detalles.
Al llegar al palacio, Pigeon dejó a Spleinder al establo deseándole a él y a todos los caballos presentes las buenas noches. La titán alada desprendió sus alas dirigiéndose hacia su habitación, al llegar ahí, se puso sus pijamas y se arropó entre las sábanas y cobijas de su cama. Poco a poco el sueño la venció a la vez que una sonrisa cálida y soñadora decorará sus labios carnosos.
Alrededor de las 4:30 de la mañana, un fuerte grito se escuchó por todo el palacio, haciendo que a los titanes, en especial las chicas, la Reina, el Capitán Valois y algunas personas de la servidumbre junto con Aquamarine se despertarán del espanto. Aquel grito desgarrador provenía de la habitación de Pigeon, Raven fue la primera en ir a la habitación de su hermana, mientras que la titán oscura se estremeció con tan sólo pensar de que algo o alguien había atacado a su gemela mientras dormía. Al entrar a la habitación de su gemela, Raven vio cómo Pigeon se convulsionaba en su cama, su cuerpo daba fuertes y bruscos espasmos mientras que su garganta liberaba fuertes gritos estremecedores que hicieron temblar a cada titán.
– ¡Pigeon! ¡Pigeon, levantaste! ¡Estás teniendo una pesadilla! – gritó Raven mientras intentaba por despertar a su gemela, pero ella continuaba gritando, repitiendo una y otra y otra vez la misma frase aquella extraña lengua de los thilandenos.
– *Gen limyè a la extend! Tanp yo tonbe! San an pral koule atè paran! Kriye manman pa yo ap sispann! Kòlè a nan timoun yo tonbe nan revanj! Dimansyon yo, galaksi ki, mond disparèt!*
– ¿Qué pasa? ¿Por qué Pigeon está gritando? – preguntó mortificado Robin quien junto a los demás observaron mortificadamente preocupados a su amiga repitiendo una y otra vez aquella misma frase.
– ¡Y yo cómo voy a saber! ¡Pigeon, por favor despierta! – gritó aún más fuerte la titán oscura tratando de que su hermana despertara de su sueño, pero al no ver ningún resultado decidió por optar en lo siguiente. – Lamento por lo que voy a hacer.
Raven tomó un jarrón y le arrojó el agua en el rostro de su gemela, haciendo que ella se levantara de su sueño hiperventilando, llorando y sudando frío.
– Gen limyè a la extend! Tanp yo tonbe! San an pral koule atè paran! Kriye manman pa yo ap sispann! Kòlè a nan timoun yo tonbe nan revanj! Dimansyon yo, galaksi ki, mond disparèt! – dijo la Princesa de Thilandel mientras aferró sus manos en el pijama de su hermana.
– ¡¿Pigeon de qué estás hablando?! – preguntó preocupada la Roth mayor mientras que la menor rompió el llanto.
– Raven… tengo miedo… tengo mucho miedo… – sollozó Pigeon mientras ocultaba su rostro en el pecho de su hermana temblando hasta morir.
Raven sintió cómo su corazón se encogió al ver a su pobre hermana temblando terriblemente y sollozando con profundo miedo.
– Sólo fue un sueño, Pigeon. No llores, todo está bien, sólo fue un mal sueño. – dijo ella consolando a su gemela mientras la abrazaba protectoramente, a la vez que le acariciaba la cabeza como si de una madre se tratase.
– Fue tan real. – sollozó la pelivioleta menor. – Fue… real.
Todos miraron preocupados, asustados y consternados a las gemelas, en especial por la menor quien no dejaba llorar como Magdalena. La Reina de Thilandel miró fijamente y celosamente a Raven; Starfire, además de Alois, fue la única quien la observó haciendo que a la Princesa de Tamaran le preocupara y, a su vez, le diera una curiosidad por qué razón aquella mujer miraba de esa manera a su amiga.
– Aquamarine. – llamó la Reina a la chica.
– ¿Sí, su Majestad? – la chica de cabellos celestes agachó su mirada mientras escuchaba claramente la orden de la mujer.
– Llévale a la princesa un té y algo dulce para calmar sus nervios. Dentro de muy poco tiempo los Sacerdotes llegarán y quiero que ella este calmada cuando lleguen. – dijo sin emoción la Reina, cosa que hizo enfadar no además a Aqualad sino también a Chico Bestia por la manera en como ella trataba a la pobre muchacha.
– Cómo usted ordene, Majestad. – dicho y hecho, Aquamarine se fue directamente a la cocina a prepararle algo dulce y el té a la titán alada.
– Y ustedes, ¿Qué hacen todos aquí? Este no es un espectáculo de entretenimiento, váyanse todos a sus habitaciones inmediatamente. – ordenó y vociferó la Reina a los titanes. – ¡Y también tú! ¡Retírate en este preciso momento de la habitación de la princesa! – señaló a Raven, mientras que ella la miraba sin emoción también.
– No me iré de aquí, señora. – dijo seriamente Raven haciendo que a la mujer lo mirará con repudio.
– Cómo osas en hablarme de esa forma Terrano. – escupió venenosamente la pelinegra.
– Majestad, con el debido respeto. ¿Por qué no deja a Raven con Pigeon? – interfirió en ese momento Chico Bestia, ganándose una fría y repudiada mirada de la Reina, al principio él sintió un tremendo miedo recorriéndole por la espalda, pero, al ver la situación en que se encontraban las dos gemelas reunió el valor suficiente para seguir hablando. – Digo, ¿Es qué acaso, no ve en cómo se encuentra Pigeon? Ella ahora está asustada a medio morir, y, la única persona quien puede controlar ese miedo es Raven, su hermana.
– Chico Bestia. – Raven susurró el nombre de su compañero, mientras lo miraba incrédula, al igual que sus demás compañeros.
– Aun así, aunque esa joven sea su hermana no tiene el derecho de permanecer en su habitación. – dijo la mujer en un tono serio.
– Bien, entonces irá a la mía si yo no puedo estar aquí. – replicó Raven en un tono frío y serio.
– Raven… Majestad… – las dos mencionadas observaron a Pigeon, quien con una voz entrecortada y débil siguió hablando. – No peleen por favor… ya me siento un poco mejor… lamento mucho en… en levantarlos a todos ustedes… no volverá a pasar se los prometo. Sólo fue… una pesadilla. – la voz de la chica cada vez fallaba al hablar, ella intentó con sonreír despreocupada, pero en cambio a eso, sólo se pudo distinguir una de tristeza y miedo en sus labios.
Todos sintieron un vuelco en sus pechos al ver a la joven, aun temblando, quien miraba con perdón a la Reina; el pálido rostro junto con las gotas de sudor y del agua aun resbalando por su rostro pareciera que en verdad tuvo una pesadilla bastante fuerte. La mujer de larga cabellera oscura apretó sus labios mientras seguía frunciendo su ceño, cerró sus ojos y soltó un largo y tenso suspiro, volvió abrir su ojo libre y observó a la titán alada con una mirada comprensiva.
– Agradécele al muchacho verde en que te estoy dando mi autorización para quedarte por hoy en la habitación de la princesa, Raven de Azarath. – todos se sorprendieron por la petición de la mujer hacia la titán oscura, pero la que más le sorprendió fue a Pigeon al escuchar que detrás de aquella voz tranquila había ocultado otro sentimiento más.
– Gracias, su Majestad. – reverenció agradecida la titán alada.
Unos minutos después…
– ¿Ya te encuentras mejor, amiga Pigeon? – preguntó Starfire a su amiga, quien comía una rebana de pastel de chocolate que Aquamarine le había dado.
– Sí… ya me encuentro un poco Star. – respondió la azariana menor sonriendo débil pero tranquilamente.
– Nos has dado un buen susto chica, pensamos que algo o alguien te había atacado mientras dormías. – dijo Abeja, haciendo que la titán alada los mirará apenada.
– L-Lo lamento mucho chicos… n-no era mi intensión de despertarlos con mis gritos.
– No tienes nada de que disculparte Pigeon. Lo único importante aquí es que te encuentras bien. – dijo Robin colocando una mano sobre el hombro de su compañera.
– Gracias por esas palabras de aliento, Robin. Las necesito más que nunca, y más en estos momentos. – replicó Pigeon agradecida mientras que su compañero asentía.
– Por cierto Pigeon hay algo que me está dejando curioso. – dijo Cyborg llamando la atención de todos sus compañeros y de la Princesa de Thilandel.
– ¿Y qué es Cy? – preguntó la pelivioleta menor.
– Bueno… antes de que Raven te despertará lanzándote el chorro de agua de la jarra. – una vena palpitante rebotó en la sien de Raven mientras veía a Terra haciendo una mueca burlona. – Tú… repetías algo en una extraña.
– Ah… ¿Sí? – tartamudeó nerviosa la chica.
– Sí, de hecho lo grabe. – Cyborg reprodujo de su brazo izquierdo la grabación en dónde Pigeon decía en aquella de los thilandenos. – ¿Sabes lo que significa?
– Yo… – la joven palideció mientras que su cuerpo comenzó a temblar levemente. Fue en ese momento en que Aquamarine intervino en el momento justo.
– Bien será mejor que dejemos descansar a Gigi, ya que dentro de muy poco ella tiene que levantarse para comenzar sus deberes sacerdotales.
– Está bien. – dijeron todos los titanes. Se despidieron de su amiga y se retiraron cada quien en su habitación, a excepción Raven quien se quedó con su hermana.
Ambas se miraron y Pigeon sonrió con nostalgia y alegría.
– Hacia tanto tiempo que no dormíamos juntas de esta forma. – dijo Pigeon.
– Si.
– Tal vez no te acuerdes pero… recuerdo que cada vez que solía tener pesadillas solías en meterte a mi cama mientras me cantabas la canción de cuna que madre nos cantaba. – dijo nostálgicamente la Princesa de Thilandel.
– ¿Quieres que te la cante? – preguntó Raven mientras que su hermana negaba con su cabeza ligeramente.
– No tienes que hacerlo.
Sin importar las palabras de su gemela, Raven comenzó a cantarle aquella canción de cuna que poco a poco hizo dormir a su hermana, quien mostraba en ese instante una paz y tranquilidad en su rostro con una sonrisa tranquila y pacifica que hizo aliviar a Raven de su preocupación. Al ver que su hermana se había quedado profundamente dormida, la titán oscura acarició los cabellos de su gemela, la misma forma que Arella, su madre, hacía con ellas cuando eran pequeñas y cuando sentían miedo y tristeza.
– Que tengas dulces sueños, Gigi. – susurró Raven, mientras que el sueño le había vencido.
En aquella imagen se podía apreciar a una Raven tomándole la mano a una Pigeon, mientras que ambas tenían una sonrisa en sus labios.
Los días pasaron lentos para Pigeon, puesto a que ella tenía que cumplir sus deberes sacerdotales de allí para allá que apenas sí tenía tiempo para estar con sus amigos y por sobre todo con su hermana, quien por supuesto le molestaba que los sacerdotes y en especial por la Reina de Thilandel estuvieran presionando a la joven soberana en sus obligaciones. Y cada vez que Raven veía cómo aquella mujer presionaba a su hermana le hervía su sangre que hasta había momentos en las que la titán gótica defendía a su gemela de la Reina, cosa que le hacía enfadar a la mujer por el mal comportamiento de la pelivioleta mayor y que además ponía en pánico a Pigeon cuando sentía una fuerte rivalidad y molestia entre las dos femeninas.
Un día cualquiera, mientras que los titanes se la pasaban de lo divertido en los alrededores de Thilandel, Pigeon se encontraba en uno de los jardines del palacio tomando el té con la Reina mientras que la mujer comentaba acerca el comportamiento de Raven a su joven heredera.
– Evengelina, ¿Cómo puedes soportar y permitir que esa joven a la que tienes por hermana te trate de esa forma tan posesiva?
– Jeje, Majestad, como usted lo sabrá, mi hermana aún no se acostumbra a lo que estoy haciendo. Desde mi estadía con ella en la Tierra, ella ha cambiado en muchos aspectos. Se ha vuelto una persona que se preocupa por los demás que hasta incluso las protege como si fuera su más grande y valioso tesoro. – explicó Pigeon con una gran sonrisa en su rostro.
– Aun así, ella no tiene derecho a meterse en tu vida o en tus deberes, deberías ponerle un alto a la rebeldía que tiene tu hermana sobre ti. – dijo monótonamente la Reina antes de tomar pequeños sorbos a su té.
– Al igual que usted, Majestad, ella sólo se preocupa por mi bienestar. – al escuchar eso, la mujer se atragantó con su bebida, miró a la princesa con una mirada llena de molestia que sólo Pigeon podía entender que hizo una comparación de aquella mujer con su hermana.
– ¿Acaso escuché que me comparaste con tu hermana, Evengelina?
– No la comparé Majestad. – dijo tranquilamente la pelivioleta agachó su mirada en el té en la que ella bebía mientras comenzaba a explicarle de lo que estaba tratando de decir. – Y sí lo hice, quiero pedirle perdón por ello. A lo que me estoy refiriendo Majestad es que cuando estuve en la Tierra, vi reflejado en mi hermana a usted, sé que el carácter de Raven con la de usted es algo difícil de creer, pero aunque suene raro es verdad. Mi hermana y su Majestad se preocupan por mi bienestar que hasta temen de que algo malo me pueda suceder.
–…
– He visto en mi hermana una gran preocupación cada vez que regreso agotada y desvelada haciendo este sacrificio por el bienestar de Thilandel, no estoy diciendo que me molesta en hacer mis deberes porque me en verdad me gusta hacerlo, pero, la verdad no quiero preocupar más a mi hermana en el estado que me encuentro cada vez que regreso de mis deberes, ni mucho menos que ella se desquite con su Majestad o con los sacerdotes por mi culpa por mi debilidad. – confesó la Princesa de Thilandel haciendo que la mirada verde de la Reina se dilatará de más. – Ya he hablado con ella en estos días y le explicado que lo que estoy haciendo no además es mi deber como Sacerdotisa sino que lo hago por el bienestar de Thilandel, je, claro que recibí por parte de Raven un largo sermón de hermana mayor. Pero. Sé que muy desde el fondo del corazón de mi gemela me estará apoyando en todo lo que hago, aunque eso le moleste y le preocupe en mi salud.
– Se nota que le tienes un gran apreció hacia tu gemela. – confesó la Reina de Thilandel.
– Sí. Raven y yo siempre hemos estado unidas desde el momento en que estuvimos en el vientre de nuestra madre. – dijo Pigeon antes de beber su té.
– ¿Le tienes demasiado aprecio, no es así?
– Sí… después de todo ella y mi madre son los únicos familiares que tengo. – ante esa confesión que hizo la joven titán, la Reina de Thilandel disimuló en tomarse su té cuando hizo una mueca de dolor y de disgusto. – Además… había estado esperando este reencuentro con mi hermana.
– Ya veo. – afirmó la Reina. – Será mejor que te vayas preparando en arreglarte, los sacerdotes y las sacerdotisas no tardarán mucho por llegar y llevarte a hacerte la limpia del alma, cuerpo y mente.
– Sí Majestad.
Con eso último, Pigeon se retiró con elegancia y discreción del jardín, dejando por sí sola a la hermosa mujer quien observaba desde su asiento a la joven princesa alejándose de ahí. Un suspiro silencioso dejó escapar la mujer, bajó su vista para encontrarse que su taza en la que bebía su té ya se encontraba vacía.
– Al igual que esta taza…así es como mi corazón se siente así… vacía.
Al llegar al palacio Pigeon fue recibida por Aquamarine en ese momento.
– Hola Pigeon. ¿Y esa casualidad de que no estés al lado de la Reina? – preguntó curiosa la chica.
– Ah, su Majestad me pidió en que me arreglará para llegada de los sacerdotes y sacerdotisas. – respondió ella.
– Bien. En ese caso vamos a arreglarte. – dijo con un sonrisa divertida Aquamarine mientras que ambas jóvenes iban directamente a la habitación de la pelivioleta.
Al momento en que apenas iban subiendo las escaleras una voz llamó familiar llamó atención de la Princesa de Thilandel.
– Ah! ¡Hola Rae! – era Raven quien veía a su hermana menor sin emoción. – ¿Pasa algo?
– Quiero hablar contigo. A solas. – dijo en un tono monótono la titán gótica que hizo confundir a su gemela y estremecer un poco a la amiga de su hermana.
– Aqua. ¿Podrías esperarme en mi habitación mientras que atiendo a mi hermana?
– Con gusto lo haré Pigeon. – con eso último, Aquamarine subió las escaleras mientras se dirigía a la habitación de su amiga, pero en vez de acatar la orden de ella, decidió en escuchar la conversación de las dos heroínas.
– ¿De qué quieres hablar conmigo, Raven? – preguntó tranquilamente Pigeon a su gemela.
– Sobre esta tontería de tus deberes sacerdotales. – escupió venenosamente Raven, cosa que impactó y sorprendió a Pigeon. – Ya es hora de que pongas un alto a todo esto que estás haciendo Pigeon, ¿Qué acaso no te preocupa tu salud?
– Raven… ya hemos hablado de esto y te lo explicado un sinfín de veces. – suspiró cansada la Princesa de Thilandel. – Además… no puedes ordenarme en que deje algo que me gusta hacer.
La mirada de Raven se dilató de más al escuchar aquella confesión de su hermana.
– ¿Cómo te puede gustar esto? ¿Acaso ya olvidaste lo que aquellos sacerdotes nos hicieron cuando vivíamos en Azarath? – preguntó entre dientes Raven.
– Lo recuerdo claramente como el agua. Pero eso ya es pasado Raven, vive el presente tal como yo lo hago.
– Esos sacerdotes, Pigeon, nos separaron de nuestra madre a la edad de 2 años. Ya olvidaste que también siempre nos insultaban e incluso que siempre recibíamos castigos de ellos. – la mirada amatista de Raven comenzó a llenarse de repudio, odio, cólera y dolor al recordar la dura y cruel infancia que tuvo que pasar ella sola junto a su hermana en el corto periodo antes de que ambas fueran separadas por el cruel destino. – Y ahora que me enteró de que eres una de ellos ya no sé ni que pensar de ti ahora.
– Rae… que el odio no te ciegue… sé cuánto has… sufrido todos estos 14 años sola en mi ausencia. Sin tener el apoyo de alguien a tu lado fue algo duro para tu infancia y adolescencia. – Pigeon miró a su hermana con tristeza y preocupación.
– Sabes lo que pienso de todo esto. Que esas personas se están aprovechando de tu poder y de tu ingenuidad. Eso es lo que pienso, Pigeon. Abre bien los ojos. Esas personas simplemente están aprovechando de ti y del poder que posees, es por esa razón por la cual te eligieron como su "Sacerdotisa"
– No fueron ellos a quienes me eligieron Raven. Fueron los mismos dioses quienes me eligieron como su servidora. – respondió ella en un tono seguro y recto la titán blanca, haciendo callar a su hermana. – Si vas a seguir queriendo hablando de esto, creo que estás perdiendo en ello, y también el mío, así que, por favor ya no sigas insistiendo más Rachel, porque siempre vas a recibir la misma respuesta. Ahora, si me disculpas hermana, tengo que vestirme antes de que los sacerdotes vengan a recogerme.
Pigeon ni dio el primer paso cuando la voz de su gemela le había llamado.
– Ya ni siquiera te reconozco quien eres en realidad Pigeon. Haz cambiando en todos sus aspectos.
– ¿Y eso a ti te molesta? – preguntó la Roth menor un poco triste al saber que su hermana no la aceptaba por cómo era.
– Hubiera preferido la Pigeon que estuvo en la Tierra a esta que está enfrente de mí. – la Princesa de Thilandel sintió como un puñal había atravesado su corazón al escuchar esa respuesta de los labios de su gemela, Pigeon suspiró resignada y le contestó con una voz de decepción que hizo estremecer a Raven.
– Jamás pensé que tú, Raven, mi propia hermana y mi sangre, me rechace por como soy ahora. Siempre pensé que algún día lo entenderías… pero… por lo que veo y escucho ahora lo comprendo todo. No tengo nada más que decir.
Dicho esto, Pigeon subió con la frente en alto las escaleras sin ni siquiera mirar a su gemela, mientras que Raven veía con anonadada como su gemela mantenía un perfil seguro de sí misma y a su vez que portaba una elegancia y de nobleza en él. La titán gótica no sabía si era su imaginación o la realidad de lo que sus ojos presenciaban, en el momento en que Pigeon tomó la parte derecha de las escaleras ahí pudo ver como los rayos del sol que atravesaban entre el cristal de los enormes ventanales de las escaleras le prestaban su brillo solar a la joven princesa, haciéndola lucir angelicalmente hermosa. Raven se sintió desfallecer al ver la belleza de su querida hermana mientras sentía como su corazón se volcaba al reflexionar que aquellas palabras que le había dicho a Pigeon fueron lo suficientemente dañinas como para romper el frágil corazón de una persona.
Al momento en que Pigeon había tomado su camino hacia su habitación, se detuvo, ella se encontraba ahora cabizbaja mientras que su vista poco a poco comenzó a nublarse para después que las lágrimas cayeran de sus ojos hasta chocar contra el fino y brilloso suelo del pasillo. En ese momento, la Roth menor, cayó al suelo mientras había soltado un débil y silencioso sollozo. Las lágrimas cayeron de sus ojos amatistas mientras recordaba las duras y dañinas palabras que le había dicho su gemela. Jamás pensó que su propia hermana, su propia sangre, le diría todo eso. Pero también. Pigeon sabía perfectamente que Raven no lo dijo con mala intención, ella sabía muy bien que su gemela nunca le había agradado a las personas que eran sacerdotes o sacerdotisas, ya que, la infancia de ambas había sido llena de insultos, aborrecías y dolor por esas personas.
Pigeon comenzó a calmarse poco a poco, respiró y exhaló profundamente, se secó sus lágrimas, se levantó y anduvo otra vez en su camino dirigiéndose a su habitación. Cuando llegó a la puerta de su recamara, antes de girar el picaporte para abrirla, nuevamente dio un profundo respiró junto con una exhalación, y entró, con una enorme y brillante sonrisa que alumbró su rostro.
– ¿Ya está todo listo Aqua? – preguntó sonriente la princesa a su Dama de Compañía.
– Todo listo, Pigeon. – respondió Aquamarine con una amplia sonrisa.
– Bien. Entonces a vestirse se ha dicho. – soltó una risa angelical la pelivioleta mientras cerraba la puerta detrás de ella.
– Pero antes tienes que bañarte, tontuela. – rió divertida la peliceleste.
– Oh, cierto. Jeje.
Una vez que Pigeon se dio un refrescante baño de lilas con orquídeas, Aquamarine le ayudó a vestirse en un hermoso y largo vestido blanco hecho de lino fino y algodón, con mangas cortas que a su vez alrededor de éstas venían colgando unas monedas de oro puro, alrededor de la parte de la clavícula del vestido tenia de adorno un colgante de oro con zafiros preciosos. En la parte de la falda baja venia un diseño árabe color marrón con hermosos bordados dorados horizontales, mientras que al final de la falda venían colgando una monedas de oro puro. Como último toque, sobre la cabeza de la joven princesa le colocaron un velo blanco y largo que sobrepasaba el hermoso vestido, en todos los bordes del velo venían colgados también las mismas monedas de oro al igual que en la cabeza de la chica como soporte para que no se le cayera.
Pigeon se colocó una zapatillas cerradas blancas con diseños dorados mientras se observaba fijamente al espejo, su cabello estaba suelto y bien peinado con unos finos rizos en la parte de las puntas, su rostro estaba limpio y fuera de maquillaje, aunque claramente ella sabía que ella no lo necesitaba, pues, la belleza natural era más hermosa que ocultarla detrás de una máscara de maquillaje.
– Ya estas lista. – dijo Aquamarine a Pigeon mientras la miraba con una sonrisa triunfal y de orgullo por haberla permitido vestir.
– Gracias Aqua, esta será… la última vez que me vestirás. Puesto a que una vez que inicie mi sesión de purificación, nadie podrá tocarme. – dijo con un deje de tristeza y afligida.
– No estés triste Pigeon. Todos aquí sabemos los sacrificios que has estado haciendo por todos nosotros desde que te convertiste en nuestra sacerdotisa. – concluyó la Dama de Compañía de la princesa.
– Lo sé… pero… los muchachos y mi hermana no lo saben todavía. – la Princesa de Thilandel miró a su amiga a través del espejo, mientras que Aquamarine lo comprendió todo en un segundo.
– ¿Lo dices porque incomodarás a tus nuevos amigos o lo dices por tu hermana, Pigeon?
– Por ambas. Los muchachos pueden que… lo que estoy haciendo les será algo complicado de entender… pero por mi hermana… ese es otro caso. A Raven nunca le ha gustado estar cerca de las personas religiosas, es más, ni siquiera las quería cerca de ella o de mí. – confesó la titán blanca. – Creo que será algo incómodo y molesto para mí hermana, ver que su familiar se haya convertido en una persona con servicios sacerdotales será algo difícil de que lo comprenda.
– Lamento escuchar todo lo que me estás diciendo Pigeon. – dijo Aquamarine al ver a su amiga triste.
– Sabes Aqua… cuando era pequeña, yo siempre le decía a Raven que cuando fuera adulta como mi madre me convertiría en una Sacerdotisa como lo fueron mi mentora Gayla y la Sacerdotisa Azar. – rió nerviosamente la pelivioleta. – Hubieras visto la cara de mi hermana cuando le mencioné aquello, se quejó tanto que ella me dijo: "ni si te vuelva a ocurrir eso de quieres ser como esas personas, pues si lo haces no sabes te va a ir".
La Dama de Compañía de la Roth menor rió al escuchar la voz de la princesa imitando la voz de su gemela al decir todo aquello.
– Se nota mucho de que usted valora mucho a su gemela.
– ¿Tanto así?
– Por supuesto.
– Gracias Aqua por escuchar. – dijo agradecida Pigeon.
– No hay de qué. Para eso estamos las amigas, Pigeon. – confirmó Aquamarine. – Bien será mejor, que ya vayamos abajo. ¿No querrás hacer esperar a los viejos?
– Aqua. No les llames de esa forma a los Sacerdotes. – regañó a su amiga mientras hacia un ligero puchero que hizo reír con ganas a la chica.
– Ya, ya, vámonos.
Dicho y hecho ambas muchachas se retiraron de la recamara mientras se dirigían en la planta baja, donde allí se encontraban seis hombres de fascinantes vestimentas esperando a su princesa, o en este caso a su Gran Sacerdotisa, la Reina de Thilandel junto con el Capitán Valois también se encontraban a ahí para despedir a la Princesa de Thilandel antes de que los Sacerdotes se la llevasen del palacio. Mientras que aquellas personas importantes esperaban con paciencia a que la joven de cabellera violeta bajará, en ese momento, habían llegado los Jóvenes Titanes y Lucia junto con Raja y Leónidas quienes observaban extrañados aquellos hombres con la Reina y el Capitán mirando las escaleras.
– ¿Qué estará pasando con ellos? – preguntó Robin algo curioso. – ¿Por qué ellos ven con impaciencia las escaleras?
– ¿Qué acaso no sabe, joven Robin? – dijo Raja al Chico Maravilla.
– ¿Saber qué? – preguntó él.
– Hoy es el día en que nuestra princesa ya será purificada. – confirmó el tigre.
– ¿Purificada? – preguntaron todos los titanes, a excepción de Raven quien solamente hizo una mueca de disgusto.
– Así es. – afirmó el felino blanco.
– No lo entiendo. ¿Para qué necesita Pigeon ser purificada? – preguntó Chico Bestia.
– Para que ella… – antes de que Raja lo explicará, la Reina de Thilandel se le adelantó.
– Porque así deben ser las cosas para una Sacerdotisa.
– Majestad. – dijeron al unisonó los dos felinos y los titanes mientras hacían una ligera reverencia.
– Cómo entenderán. Evengelina no es una chica común como ustedes, no además es la Princesa de Thilandel sino que también nuestra Gran Sacerdotisa. – comenzó a explicar la hermosa mujer sin dejar de observar a los todos los titanes presentes. – Ella fue elegida por los mismos dioses para que ella fuera su Sacerdotisa, y bajo a ese rango su deber es cumplir las normas y reglas sacerdotales, y una de ellas es "La Purificación".
– Eso ya lo sabemos, su Alteza. Pero, ¿Por qué nuestra amiga Pigeon debe hacerse esa purificación? – preguntó con inocencia y confundida Starfire, lo cual esto le agrado a la Reina puesto a que la Princesa de Tamaran le recordaba demasiado a la joven de cabellera violeta.
– Porque es importante para una joven que se convierte en sacerdotisa, querida. – concluyó la Reina mientras le levantaba el mentón de la tamareana con su abanico para verla fijamente. – Esta purificación es muy importante para las sacerdotisas, y mucho más para la Gran Sacerdotisa, puesto a que ella será la que lleve todo el poder de los dioses sobre la Tierra y todo que lleve en ella, al igual que en las dimensiones y otras galaxias.
– ¿Quiere decir que Pigeon es como la portadora del poder que llevará para este ritual? – preguntó Lucia haciendo que los jóvenes héroes y heroínas la mirarán con incredulidad.
– Algo así. – dijo la Reina.
– ¿Qué es lo que debe hacer Pigeon para su purificación? – preguntó Abeja.
– Son tres fases de purificación: cuerpo, mente y alma. – respondió la mujer. – En la purificación del cuerpo, Evengelina debe ser bañada de una manera muy especial y seria, su cuerpo debe estar completamente limpio y puro sin ninguna mancha o imperfección en él. El siguiente es la purificación de la mente, ella deberá estar encerrada en una recamará totalmente deshabitada donde allí meditará todas las cosas positivas y hacer a un lado las cosas negativas. Y el ultimo el más importante, la purificación del alma; a ella se le llevará entre la naturaleza donde deberá encontrarse con su paz interior.
– Se ve sencillo. – dijo Robin.
– Eso lo crees tú, joven terrano, sólo porque lo estas escuchando se te hace sencillo pero es todo lo contrario para aquellos que lo hacen. – confirmó la Reina.
– ¿Por qué dice eso su Majestad? – preguntó Aqualad.
– Porque para hacer todo eso, se requieren de muchos sacrificios. – respondió la mujer. – Y uno de ellos es… la distancia.
Ante aquella confesión la mirada de Raven se dilató de más.
– Ósea para que Pigeon tiene que hacer todo eso que usted explicó. ¿Debe de estar distanciada? – preguntó Terra con una socarrona sonrisa, lo cual para la Reina le había molestado bastante y a su vez le producía tremendo asco por la actitud de la rubia.
– Si, así es.
– Pero… ¿Por qué? – preguntaron al unisonó Más y Menos.
– Porque pequeños, ella debe de hacerlo. Si ella no obedece a lo que se le dice, entonces, la purificación de ella con el Espíritu de la Vida sería un completo fracaso para nuestra tierra, las dimensiones y las galaxias existentes. – explicó detalladamente la mujer a los niños.
– ¡Con ustedes la Gran Sacerdotisa; Evengelina! – en ese momento la voz de un heraldo llamó la atención de todos.
Los titanes junto con Raven y Lucia observaron boquiabiertos la increíble y magnifica belleza de Pigeon al verla así vestida como una Sacerdotisa bajando con elegancia y total tranquilidad las escaleras. Con aquel porte de nobleza Pigeon hizo que todo el mundo se mantuvieran calladas y a su vez parecían que no respirarán ante su presencia. La joven heredera al trono thilandeno se detuvo ante los seis hombres mientras mantenía su mirada fija en ellos, que en ese momento, ellos, hicieron una reverencia hacia la muchacha mientras que los seis Sacerdotes comenzaron a escoltarla, tres enfrente y tres atrás.
Pigeon tragó grueso sintiendo unas increíbles nauseas cuando miró de reojo como sus amigos y sobre todo a su hermana la miraban incrédulos. Antes de que la Princesa de Thilandel partiera hacia su destino, la Reina de Thilandel se colocó a un lado de ella. El único ojo verde de la hermosa mujer miraba fijamente hacia los ojos amatistas de su heredera mientras la observaba con un increíble orgullo. Detrás de su abanico, la Reina pronunció unas últimas palabras a la joven Sacerdotisa lo cual para ella fueron fuertes palabras de inspiración.
– No nos decepciones. – dijo la pelinegra en un tono frío y monótono, lo cual para esto hizo estremecer a los titanes e hizo enojar a Raven y a Lucia. Pero. Al ver a su compañera alada quien le sonrió a la hermosa les confundió demasiado.
– No tiene nada de que decepcionarse, ni de qué preocuparse Majestad. – respondió tranquila y serenamente la Princesa de Thilandel una vez que ella salía del palacio junto con los Sacerdotes.
– Espero que así sea. – se dijo a sí misma la mujer mientras se retiraba con elegancia de la entrada junto con el Capitán Valois, dejando allí solos a los dos grupos de nuestros queridos héroes
Lo que los titanes no contaban que detrás de aquellas palabras que dijo la Reina de Thilandel que sólo Pigeon podía entender eran "Qué Aashta te proteja y te mantenga pura en tu purificación".
Volviendo a la realidad.
Raven no se quedó con los brazos cruzados, pues, aun se encontraba molesta por lo que estaba pasando con su hermana y todo ese sacrificio que hacía por la purificación entre ella y el Espíritu de la Vida. La Roth mayor siguió sigilosamente a la Reina, quien se dirigía hacia sus aposentos a descansar después de tener un largo día entre el trabajo y la última estadía con Pigeon. En los aposentos de la Reina, ella se encontraba recostada sobre su Chaise-Longue mientras apoyaba su cabeza sobre mano mientras tenía su mirada en un punto ciego de su habitación. Entrecerró su único ojo mientras recordaba sus últimas palabras que le dijo a su heredera, la cual ella perfectamente había captado muy bien el mensaje detrás de ese frío y monótono comentario.
– Evengelina. – susurró el nombre de su princesa en un tono maternal y nostálgico. – Mi Pequeña Evengelina.
– ¿Por qué pronuncia el nombre de mi hermana de esa forma? – la Reina ni se musitó después de escuchar aquella voz proveniente de la titán oscura, un tic apareció en su único ojo mientras se enderezó bruscamente en el mueble mirando sorpresivamente fría hacia la susodicha.
– ¿Cómo osas entrar de esa forma a mis aposentos, azariana? – levantó la voz frívolamente y sombríamente la mujer.
– No me ha contestado a mi pregunta, señora. Dígame, ¿Qué tanto se trae usted con esos malditos Sacerdotes que obligan a mi hermana hacer este tipo de trabajo santo? – escupió venenosamente Raven haciendo que a la mujer le tuviera un repudio inmenso hacia a ella por hablarle de esa forma tan rebelde.
– Lo que haga Evengelina no es tu incumbencia, azariana. – agredió la Reina a la gemela de la Princesa de Thilandel.
– Claro que es de mi incumbencia, señora. – dijo monótonamente Raven. – Es mi hermana y merezco saber todo acerca de ella. Dígame, ¿Por qué le permite a Pigeon en seguir con este maldito sacerdocio?
– No fui yo quien le metió esa opción del sucedió, ni tampoco los Sacerdotes o Sacerdotisas de Thilandel. Fueron los dioses mismos y la misma diosa Aashta quien la eligió para que fuera su Sacerdotisa y de los demás dioses. – concluyó la Reina de Thilandel con una voz llena de repudio y venenosa hacia la titán oscura.
– A mí no me importa si fue usted, ellos, o esos dioses suyos que la eligieron a ella. Aquí mi pregunta es, ¿Por qué le permite a Pigeon en seguir con este sacerdocio?
– Porque así lo decidió tu hermana, Raven de Azarath.
Reina y heroína se miraron fijamente en una batalla de miradas. Verde con amatista. Al ver el increíble poder de la Reina sobre de ella Raven había sido vencida por ella.
– ¿Por qué tanto repudio hacia la decisión de tu hermana por convertirse en la Gran Sacerdotisa, Raven de Azarath? – preguntó sin emoción la mujer hacia la heroína.
– ¿Por qué quiere saberlo? Si usted sabe la respuesta a esa pregunta. – contestó con repudio y asco Raven de tan sólo recordar su infancia.
– Créeme. Ni yo tampoco sé la razón sobre tu odio hacia la elección que hizo tu hermana al convertirse en Sacerdotisa. – la Reina observó sin emoción a Raven quien ya estaba lo suficientemente molesta para contestarle.
– Se hace la que no sabe. Sé perfectamente que mi hermana le contó a todo el mundo y a usted sobre mí y cuando ella vivió en Azarath. Sé que usted se está haciendo la que no sabe nada sobre mi odio hacia las personas "santas" y de lo que ellos nos han hecho pasar a mí y a mi hermana.
– ¿Por qué tu odio hacia los Sacerdotes y Sacerdotisas? – preguntó la pelinegra alzando una ceja.
– Mejor cállese. No quiero seguir hablando de esto. – escupió venenosamente la titán gótica queriendo olvidar esos malos momentos que tuvo que pasar sola por los seguidores de Azar.
– Tu hermana es feliz por cómo es ella. – dijo la Reina, haciendo que a Raven le diera una tremenda cólera de rabia. – Ella buscó la paz a través del sacerdocio y de todo lo que le rodea. ¿Por qué tu no?
– ¡Y usted que sabe de mí! ¡Usted no sabe nada, absolutamente nada de mí! – gritó con tremenda rabia y cólera Raven que hasta sus gritos se podrían escuchar por todo el palacio, pero esto no hizo ni musitar a la hermosa mujer.
– Tienes razón, tienes toda la completa razón, Raven de Azarath. – respondió la Reina sorprendiendo en ese instante a la chica gótica. – Puede que no sepa nada de ti. Pero. Llevas el mismo sufrimiento que Evengelina tuvo cuando llego aquí. En Thilandel.
Al escuchar ese comentario por parte de la Noble, Raven se mantuvo callada por unos instantes mientras seguía escuchando el pequeño relato de la Reina.
– Piensas que tu hermana vive en un mundo de alegría y de color rosa, ¿No es así? Pues pensaste mal. El sufrimiento que tú misma llevas en estos momentos también los tuvo tu gemela, pero, el sufrimiento de Evengelina no son nada comparado a los tuyos. Tú no viste el verdadero aspecto de tu propia hermana cuando llegó a Thilandel, ni cuando piso por primera vez el palacio. Tu hermana tuvo que pasar por muchos obstáculos tan difíciles que ni siquiera tú podrías soportar. – la hermosa mujer se levantó con gracia y elegancia de su asiento sin quitar su vista de Raven. – Tu hermana tuvo que hacer demasiados sacrificios, dolorosos sacrificios para llegar a donde está ahora. No sé cómo fue su vida cuando estuvo en Azarath, pero, sólo sé que ella fue demasiado feliz junto contigo y con su madre antes de su cruel destino. Dices que yo no sé nada de ti, Raven de Azarath, pero, ¿Qué hay de ti? ¿Acaso sabes algo sobre de tu hermana, tu propia sangre?
– Yo… yo…
– No lo sabes verdad. – sonrió fríamente la Reina haciendo estremecer a la pobre titán oscura quien ya comenzaba a temblar del miedo. – Pues deberías saberlo. Pero no por parte de mí, sino por el lado de tu hermana. Después de todo… son tan unidas, ¿No es así?
–…
– Escúchame bien, Raven de Azarath. Si te atreves otra vez a decirle un insulto más a Evengelina o a decirle que ella deje su profesión como la Gran Sacerdotisa que es ella. Me veré obligada en acusarte de traición por tus blasfemias hacia la Princesa de Thilandel y sobre todo por la Gran Sacerdotisa Evengelina. ¿Quedó claro? – Raven no sabía que decir o que pensar, aquella mujer la había intimidado de la peor manera, y sobre todo por dejarla en cierta duda sobre su hermana.
– Sí… – musitó ella.
– Bien, entonces hazme el favor de retirarte de mis aposentos, estoy realmente cansada de toda esta infantil discusión. Ya ni tu hermana que parece ser más madura que tú. Aunque no lo creas, Raven de Azarath, "Detrás de una golondrina se encuentra un audaz halcón".
Raven se retiró lo más rápido posible de la habitación de la Reina dejando así una triunfal batalla para la audaz mujer quien observó al frente suyo, arriba de la chimenea, un enorme y hermoso retrato de ella misma en el hermoso jardín sentada en un elegante Chaise-Longue vistiendo un blanco vestido con el nacimiento de sus voluptuosos pechos al descubierto mientras se observaba a una Pigeon de 15 años dormida en su regazo vistiendo el mismo tipo, a excepción de que ella no mostraba el nacimiento de sus pechos, y a su vez liberando unas alas que cubrían su cuerpo como si de una manta se tratase.
– Raven de Azarath… si tan sólo supieras que Evengelina siempre ha ocultado su dolor y sufrimiento detrás de una sonrisa. – dijo la hermosa mujer de cabellera negra quien no dejaba observar con dolor hacia la retratada figura de la princesa. – La sonrisa de un ángel.
Raven salió corriendo de la habitación de la Reina y del palacio hasta llegar a los jardines tratando de ocultarse de los demás. Llegó hacía en lo que parecía ser una pérgola de piedra mientras que sus columnas parecían ser tipo romano, a la vez que había una piscina larga y amplia con hermosas flores acuáticas y otros tipos de vegetales acuáticos. En aquella pérgola había un elegante y hermoso Chaise-Longue con finas telas y suaves y acolchonadas almohadas; Raven se sentó en aquel mueble mientras trataba de mantener su respiración controlada a la vez que sus sentimientos que estaban fuera de sí.
Respiró y exhaló con dificultad mientras que su mantra comenzó a rodear en algunos objetos de valor de aquel lugar donde se encontraba y que estaban a punto de romperse o quebrarse. Al sentir que estaba a punto de perder el control, Raven cerró sus ojos mientras esperaba a que aquel ruido de algo rompiéndose se escuchase, pero, en cambio de eso, ella escuchó algo que la dejó tranquilo confundida.
Entreabrió un poco sus parpados y se sorprendió por lo que ella estaba escuchando el canto de un hermoso ruiseñor, y lo más sorprendente fue que aquella hermosa ave se encontraba posada en su rodilla izquierda. El ruiseñor comenzó a cantar una hermosa tonada que al parecer le había sorprendido bastante a Raven, era raro que una pequeña y hermosa ave se aprendiera una melodía así tan celestial y divina, aquella tonada eran tan mágico que todo ese miedo y todos esos problemas habían desaparecido así de la nada. La titán oscura cerró sus ojos y recargó su cabeza sobre su mano derecha mientras se dejaba llevar por aquel fino canto del ave.
Al dejarse llevar por ese canto, Raven comenzó a entreabrir sus ojos cuando se juró escuchar una voz bajo el mismo tono que cantaba el ave, la chica cuervo abrió sus parpados y para sorpresa de ella se encontró al final de la piscina a una hermosa niña alrededor de unos 11 o 12 años de edad cantando. Aquella hermosa niña tenía un vestido de tirantes extremadamente delgados y dorados y la tela de esta vestimenta era completamente blanca y con doble tela, la primera tela moldeaba lo que sería su pequeño y fino cuerpo mientras que la segunda era una transparente revelando la primera tela junto a aquel cuerpecito de la niña. Su cabeza la tenía cubierta en un velo un poco transparente que apenas si se podía ver su cabello, Raven no se sabía con exactitud de qué color era el cabello de la pequeña, pero lo que si podía notar en esa niña era que ella emanaba una gran calma y paz a través de ese hermoso canto.
Raven rió débilmente cuando un pensamiento invadió en su cabeza, en aquel momento en que vio a esa niña le recordó bastante a su hermana.
– Qué locura. Pensando en mí hermana sólo porque esa niña me recordó a ella. Debo estar loca.
Sin moverse de su lugar, Raven contempló aquella niña quien aún seguía cantando sin ninguna molestia junto con aquel precioso ruiseñor. Al momento en el que Raven iba a cerrar sus ojos, la voz de esa pequeña se detuvo por completo. Raven abrió algo espantada sus parpados cuando escuchó a un lado suyo la dulce y gentil voz de aquella niña decirle en un tono lleno de inocencia.
– ¿Qué otra canción quiere escuchar?
– Uh… la que sea. (?) – respondió desubicada la titán oscura mientras miraba a la niña quien tenía el rostro bajo y cubierto con aquel velo.
– Está bien. Todo lo que usted me pida son órdenes para mí. – dijo la niña con una gran educación.
– Oye tampoco es para tanto. – mencionó Raven, pero fue ignorada por la niña quien comenzó a cantar.
Soyokaze yasashiku
Watashi no kami wo surinukeru
(Con suavidad al caminar el viento
mi cabello acaricia)
Raven tenía levemente su boca un poco abierta casi formando una pequeña "O" mirando completamente sorprendida por la suave y dulce voz de la niña.
Kinou to kawaranu
Shizukana yuugune ni hitori
Nani wo miteru no
(Y todo es igual que ayer,
la tarde pasa lenta
y casi es noche aquí
No hay novedad alguna)
No sabía en qué momento pensar o decir, la voz de la niña la había mantenido callada en esos instantes. El suave tono de su voz la hizo sentirse confortable y por así decirlo segura de sí misma.
Tooi manaazashi
Mitsumeteiru saki
Furi kaerazu ni tsutsunde
(Mis ojos sin querer
se pierden en los tuyos,
quieren ver lo que traerá
el futuro)
Poco a poco, Raven apoyó su mentón sobre sus brazos cruzados, los cuales ya se encontraban en lo que era el brazo de piedra del asiento mientras disfrutaba el dulce canto angelical de la pequeña.
Tokidoki wa setsunakutte
Tokidoki wa kurushikutte
Kakeyotte dakishimete tsutaetai
Demo ima wa iwanai no
Anata ga jibun no yume
Tsukamitoru sono hi dake shinunjiteru
(No voltees atrás, sigue adelante,
en tu vida habrá algo interesante.
Llega sin temor, viene lo mejor
cada instante.
No le temas nunca a tu destino,
siempre ayuda algún poder divino,
tienes que confiar y nunca dudar,
tú podrás triunfar)
Una sonrisa cálida y pacifica había decorado los labios de la titán oscura cuando la pequeña cantante transmitía todo esos sentimientos positivos y alegres a través de ella, era algo difícil de explicar, es más, ni siquiera sus emociones tampoco podían explicarle a su portadora de lo que había ocurrido en ese instante. Cuando la niña había finalizado la canción, Raven se levantó para suplicarle a la niña que continuará cantando, pero, para su más grande sorpresa ella ya no se encontraba por ninguna parte.
– Pero… qué… ¿Qué fue todo eso? – se dijo así misma confundida la heroína.
– Vaya, al fin ha despertado, Señorita Raven. – una voz varonil y pacifica la llamó y casi alertándola que esto la hizo caer de manera algo torpe del Chaise-Longue.
– Maldición… eso dolió… – dijo Raven maldiciendo y a su vez sobándose la cadera en la zona donde había recibido el golpe.
– ¿Se encuentra bien Señorita Raven? – nuevamente preguntó el hombre en un tono preocupado mientras se colocaba enfrente de la heroína.
– No vuelva a hacer eso de nuevo, ¿Me entendió? – gruñó entre adolorida y molesta la titán oscura.
– Mis disculpas, no era mi intención con espantarla, Señorita Raven. – se disculpó apenado el hombre.
– ¿Y usted es…?
– ¿Qué acaso ya no se acuerda de mí? – preguntó divertido el hombre.
– Oh, sí, claro… el Capitán Valois, supongo.
– Ese mismo. – sonrió divertido Alois. – Permíteme ayudarla, Señorita Raven. – dijo con educación y caballerosidad el Capitán.
– Yo puedo sola, gracias. – respondió ella un tanto ruda y apenada, pero al momento en que Raven intento en levantarse el dolor en su cadera se lo impidió. – Rayos. – masculló de dolor.
– Insisto, déjeme ayudarla.
– ¿Y cómo sabré que usted no se aprovechará de la situación en la que estoy? – preguntó algo desconfiada, cosa que esto hizo soltar una tremenda carcajada al hombre.
– Señorita, con todo respeto, yo no soy ese tipo de hombre que se propase con una hermosa joven como lo es usted. – dijo él sin dejar de reír. – Ni mucho menos si se trata de la hermana de la Pequeña Golondrina.
– ¿Pequeña Golondrina? – alzó una ceja Raven.
– Así le llamó a su hermana menor, a nuestra Princesa Evengelina. – explicó Alois.
– Ah, ya.
Al momento en que el Capitán Valois cargó a Raven entre sus brazos sintió una inmensa calidez cómo nunca antes había sentido, no, más bien era la forma en cómo aquel hombre la estaba tratando; no la trataba como a una invitada de su propia hermana, no, sino que en ese momento Raven sintió como si ese hombre la tratará como a una hija, e incluso, pudo notar en aquella mirada azul cielo del hombre un destello paterno.
– ¿Quiere que llamé a alguien para que la traten, Señorita Raven? – preguntó el Capitán Valois a la chica, lo cual ella se lo negó.
– No es para tanto.
– Como usted lo ordené. – dijo él.
– ¿Por qué me trata así? – preguntó incomoda y para sí misma la titán.
– ¿Perdona? – el hombre la miró un tanto confundido, lo cual esto hizo estremecer un poco a la chica.
– N-Nada hablaba conmigo misma. – dijo Raven mientras volteaba a un lado para así no ver el rostro del hombre.
– Jaja, debo decir que usted se parece un tanto a su hermana.
– Argh, ¿Por qué todo el mundo me comenta eso? Desde que llegue a este lugar he estado escuchando cada minuto eso. "Se parece mucho a su hermana". – pensó algo cabreada la titán oscura mientras que el Capitán Valois vio el severo ceño fruncido de la chica mientras murmuraba cosas sin sentido.
– ¿Acaso le molesto el comentario que le hice, Señorita Raven? – preguntó preocupado y apenado el rubio hombre. – Mis disculpas si la he ofendido o le haya sentido hacer mal, Señorita Raven. – se disculpó con educación y arrepentimiento el caballero, lo cual esto hizo que la joven titán lo mirará sorprendida.
– Oiga… ¿Por qué se disculpa?
– Por lo que vi, a usted no le gusta que la comparen con su gemela. ¿No es así?
– La verdad no.
– Perdone si la he incomodado. Lo que pasa es que usted y la Pequeña Golondrina son tan parecidas. – Raven miró con incredulidad la sinceridad pura a través de aquellos hermosos ojos azul cielo del hombre, lo cual la hizo sentir confiada.
– Usted… ¿Aprecia mucho a mi hermana no es así?
– Sí. – afirmó Alois con una cálida y tierna sonrisa, cosa que hizo sentir a Raven una calidez en su pecho. – Después de todo, la Pequeña Golondrina, perdón, Evengelina hizo muchas cosas por Thilandel y sobre todo a su Reina. Incluyendo la mía.
– ¿A qué se debe eso Señor Valois? – miró con curiosidad al Capitán.
– A lo que me refiero es que le debo muchas cosas a su hermana, pero sobre todo, mi vida. – concluyó Alois sorprendiendo en ese momento a la titán oscura. – Aunque usted no lo crea, Evengelina me ha rescatado un sinfín de veces, entre ellas de la muerte misma. Aun no le he olvidado, aquella vez en que me sentenciaron en una horrida ejecución, la Pequeña Golondrina casi iba a perder su propia vida por sólo tratar de defenderme de un delito que no había cometido. Evengelina es sumamente valiente, a ella no le importaría perder su vida con tal de defender la de un inocente.
– Pigeon… ¿Hizo eso? – pensó con incredulidad Raven mientras seguía escuchando al sabio hombre quien estaba a un lado de ella.
– Escuché que usted discutió con la Reina. ¿Qué le dijo cómo para hacer enfadar a su Majestad, Señorita Raven? – preguntó el hombre quien miró a la joven titán con una mirada paternal y tranquila.
– Nada. Sólo que esa señora tiene un mal sentido de humor. – dijo con despreció Raven recordando la plática que tuvo con la Reina.
– Por lo que veo es que usted discutió con su Majestad sobre Evengelina. ¿O me equivoco? – Alois sonrió triunfantemente cuando vio la mirada amatista de la chica dilatarse a la vez que su cuerpo se había tensado después de escuchar aquello.
– C-Claro que no…
– Jeje, bien si usted dice que no es así, lo entiendo. – rió divertido el pelirrubio. – Sabe… aunque usted no crea en mis palabras, sé que a usted le molesta que su hermana tenga este deber como la Gran Sacerdotisa de Thilandel.
– No es que me molesta, lo que pasa es que no me agrada en que utilicen a mi hermana como un objeto religioso. – el Capitán observó a la joven titán oscura quien tenía un semblante frío y molesto. – Y sobre todo… nunca me ha gustado la idea en que Pigeon se convirtiera en lo que más odio. Cuando éramos pequeñas, los sacerdotes de nuestra dimensión, Azarath, nos separaron de nuestra madre a una temprana… pero… eso ahí no termina ellos siempre nos han discriminado y blasfemado desde que tenemos memoria.
La mirada azul de Alois se había dilatado de más, pues, eso jamás lo había escuchado de Evengelina; ya que él siempre había escuchado de ella cosas positivas de los sacerdotes y sacerdotisas de su antiguo hogar y debido a ello, la Princesa de Thilandel siempre había deseado y anhelado ser, en lo que sería ahora, como la Gran Sacerdotisa de Thilandel. El hombre ante el gran respeto de los comentarios de ambas pelivioletas decidió en mantenerse callado, pues, no quería que una palabra suya desatará una fuerte discusión entre ambas hermanas.
– Es por esa la razón en la que discutí con esa señora, porque quiero que ella le ordene a mi hermana que renuncie a esa estúpida profesión del sacerdocio.
– No fue la elección de la Reina en que Evengelina tomará ese camino, ni tampoco fue el de tu hermana. Fue la elección de los dioses en escoger a tu hermana como su servidora, mensajera y la Gran Sacerdotisa de ellos hacia Thilandel. – concluyó con sabiduría Alois cosa que hizo enfadar a Raven. – Te diré las mismas exactas palabras que Evengelina, tu hermana, me dijo un tiempo atrás… "A veces el destino trata de cambiar nuestras vidas para que en un futuro seamos alguien importante y con buenas intenciones, no importa cuántas veces tengamos que caer, tropezar o sufrir para que las cosas salgan bien en nuestro camino sí seguimos adelantes cosas maravillosas pasarán ante nuestros ojos y a nuestra vida". Esas palabras las dijo una niña de apenas 7 años de edad, Señorita Raven, su hermana es una joven realmente inteligente y llena de sabiduría que hasta terminó siendo en lo que es ahora… una persona muy importante, con buenas intenciones y, sobre todo, una excelente jovencita que es reconocida por sus grandes talentos que ha inmovilizado y sorprendido a todo el mundo.
–…
– Evengelina tuvo que hacer muchos sacrificios para ser lo que es ahora. Ella haría cualquier cosa con tal de que las cosas a su entorno sean próspero y llena de paz y luz. ¿Sabía usted que si no fuera por Evengelina, usted y sus amigos no estarían en este momento Thilandel?
– ¿Qué trata de decir con eso? – preguntó Raven confundida.
– Jeje, tal como se lo había dicho con anterioridad, Evengelina tiene una gran sabiduría junto con otros grandes talentos que posee; cuando Evengelina tenía 14 años creo una ley para que todo ser o creatura tengan la oportunidad de pisar o vivir en Thilandel. Hasta debo confesar que a esa misma edad Evengelina fue la primera jovencita más joven de todo el Congreso Thilandeno entre otros.
– ¿Enserio? – exclamó con incredulidad la Roth mayor.
– Por supuesto. Evengelina ha sido bendecida con grandes creces en su vida. No cabe duda alguna en que esa hermosa joven de gran sabiduría ha sido bendecida por los mismísimos dioses desde el momento en que piso este lugar. – Raven observó un gran destello de profunda felicidad y orgullo en el hombre mientras que su sonrisa se había ampliado de más e incluso iluminando su blanco rostro. – Sólo tengo que decirle algo importante, Señorita Raven.
– ¿Y cuál es?
– Ya no discuta más con su hermana. Cómo usted sabrá, la Pequeña Golondrina sabe cómo defenderse sobre sus opiniones, por ejemplo, en el sacerdocio. Usted me ha dicho su odio hacia los Sacerdotes y Sacerdotisas, pero, no odie a su hermana simplemente porque a ella le gusta ser lo que es y de lo que hace. – explicó Alois mientras que Raven escuchaba atentamente. – Aunque usted vea a Evengelina cómo a una joven fuerte, yo sé muy bien que ella sufre por dentro, guarda su tristeza y dolor a través de una sonrisa para que nadie la vea decaer en su sufrimiento. Sé todo de ella, he visto con mis propios ojos crecer a su hermana en estos últimos 14 años y sabe una cosa, jamás había visto a Evengelina tan feliz en estos últimos años. Ella ha anhelado con reencontrarse con usted Señorita Raven, desde que era muy pero muy pequeña, la Pequeña Golondrina siempre había deseado estar al lado de su hermana mayor. Así que… por favor, no haga entristecer más a su hermana, se nota que las dos son demasiado unidas como para discutir por algo que será pasajero.
– Yo… la verdad no sé qué esperar de mí… porque sé que Pigeon ya sabe lo que hace. Pero yo…
– No apresure las cosas, medítalas Señorita Raven. Por el momento, sea feliz con su hermana. – Raven se mantuvo callada mientras veía al Capitán Valois dedicándole una sonrisa cálida y paternal.
– Está bien… lo haré. – aseguró la Roth mayor.
– Será mejor que nos retiremos de aquí, en unos minutos se servirá la cena. – comentó el buen hombre, se levantó del asiento y para sorpresa de Raven vio cómo Alois le había ofrecido su mano justo enfrente de ella. – ¿Me permite bella señorita escoltarla dentro del palacio?
– ¡Qué caballeroso es! – gritaron las emociones de Raven mientras se sonrojaban al máximo por la caballerosidad de él.
– Sí. – respondió la titán oscura en un tranquilo tono de voz mientras aceptaba la mano del Capitán.
Al salir del jardín y entrar dentro del palacio, para sorpresa de los titanes, en especial para cierto metamorfo verde, miraron con incredulidad a Alois escoltando a Raven dentro del comedor. La Reina de Thilandel alzó una ceja mientras mantenía su mirada fija en el Capitán Valois queriendo saber lo que estaba pasando.
– Lamentamos haber llegado así tan tarde mi Reina. – se disculpó con educación el hombre haciendo una reverencia a la hermosa mujer.
– Luego hablaremos de eso más tarde Capitán Valois. – dijo la mujer sin ningún tono en su voz.
– Majestad, quisiera que usted me dé su autorización de que la Señorita Raven se siente a mi lado si no es mucho pedir. – comentó Alois pidiendo la autorización de la mujer, mientras que cierto chico verde sentía en ese momento unos tremendos celos hacia el hombre cuando éste le dedicó a la titán oscura una sonrisa alegre y tierna, es más, hasta sintió cómo "La Bestia" ya tenía esas ansias por atacar al hombre en el cuello y empezar una masacre sobre él.
– ¿Y por qué razón quiere usted, Capitán, que la hermana de la Princesa se siente a su lado y no en el asiento en dónde Evengelina se lo indicó en el principio? – preguntó la Reina monótonamente esperando con paciencia una respuesta concreta del pelirrubio.
– Cómo usted verá Majestad, la Señorita Raven y la Princesa Evengelina son bastante unidas, y, ya que la Princesa Evengelina no está disponible ella misma me sugirió en que su hermana se sentará a un lado mío.
– ¿Evengelina te dijo eso? – preguntó la Reina sin poder creer palabra alguna de Alois, pero, ella sabía muy a fondo de las intenciones de Pigeon.
– Así es Majestad. La Princesa Evengelina se lo quería decir personalmente a usted, pero debido a que tuvo que empezar con sus obligaciones no tuvo el tiempo necesario cómo para decírselo. – comentó el buen hombre.
– Bien. Entonces que se haga y se cumpla las órdenes de la Princesa Evengelina. – ordenó la hermosa mujer.
– Le agradezco mucho por su autorización, mi Reina. – agradeció el Capitán Valois haciendo una reverencia de respeto y agradecimiento.
Uno de los sirvientes que se encontraban ahí agregó una silla a un lado del asiento del Capitán, mientras que él y Raven se dirigieron a sus lugares, el hombre, como el gran caballero que era, retiró la silla a la chica para que después ella se sentará en su lugar. Al sentir las miradas de sus compañeros sobre de ella las ignoró por completo, mientras tanto Chico Bestia estallaba de celos al ver cómo la titán gótica le dedicó al buen hombre una mirada llena agradecimiento, entre tanto Terra maldecía mentalmente a la pelivioleta por robarle la atención del metamorfo sobre de ella, y bueno, la situación estaba como color de hormiga, cosa que para Lucia se moría internamente de la risa por la divertida situación del triángulo amoroso titán.
Mientras tanto en algún lugar del Reino de Thilandel…
En un gigantesco, amplio y hermoso templo, rodeado de hermosos jardines silvestres. Dentro de ahí se encontraba Pigeon aun vestida en su traje de sacerdotisa e hincada rezando a una enorme estatua de lo que parecía ser una mujer con una hermosa decoración de oro puro y piedras preciosas en ella. La joven titán alada no dejaba ni un solo segundo en dejar de rezarle a la imagen de la mujer mientras que su alrededor se escuchaban leves murmullos de sacerdotisas y sacerdotes rezándole a la imagen. El dulce y agradable incienso inundó las fosas nasales de la chica dejándole una tranquila sensación de su ser.
Pigeon abrió sus ojos mientras alzó su rostro mirando a la hermosa estatua de la mujer mientras que los rayos del atardecer alumbraban el espacioso lugar del templo. En ese momento, la voz de un hombre llamó la atención de la princesa, haciendo que ella dejará de rezar.
– Gran Sacerdotisa Evengelina. Es hora de que usted descanse, pero antes de que la lleven a sus aposentos las novicias la bañarán.
– Sí Sacerdote Gold. – dijo Pigeon levantándose con gracia y elegancia del suelo mientras que tres sacerdotisas le seguían a su paso.
– Recuerde que antes del alba debe estar despierta y comenzar con las purificaciones y sus deberes como Sacerdotisa. – le recordó el hombre a la chica.
– Sí Sacerdote Gold. – asintió la Princesa de Thilandel mientras la guiaban hasta un grupo de jóvenes nodrizas.
– A partir de aquí es dónde mantendremos nuestra distancia. Nos veremos el día de la purificación, que Aashta y los dioses la guíen en el buen camino de la purificación Gran Sacerdotisa Evengelina.
– Sí Sacerdote Gold. – dicho esto, Pigeon respiró profundamente mientras se quitaba el collar de cuervo de su cuello, para después colocar el dicho accesorio dentro de un mediano cofre de oro puro y a la vez sobre una tela de seda fina blanca en él, que por supuesto esto lo tenía sostenido una de las nodrizas. – Cuídenlo con su vida, Thilandel depende de ello también. – comentó la pelivioleta a la novicia quien asintió a sus instrucciones.
– Gran Sacerdotisa, ¿Está lista para su baño? – preguntó una joven de 15 años de cabellera marrón, tez blanca, ojos rosados y complexión delgada.
– Sí. – respondió Pigeon. – Andando.
Dicho y hecho, las nodrizas escoltaron a la joven titán alada a una retirada habitación. Tres novicias se quedaron fuera escoltando la puerta del lugar, mientras que cinco estaban dentro de lo que era un amplio y enorme baño que solamente contaba con una bañera en forma circular y a su vez enorme que podrían caber 100 personas dentro. Las cinco novicias desvistieron con sumo cuidado a Pigeon y una vez desvestida ella entró a la bañera emergiendo y sumergiendo poco a poco su cuerpo.
Una de las novicias comenzó a poner sobre el suelo prendas y telas para secarse para cuando Pigeon terminará de bañarse. Después de terminar su baño, Pigeon, salió de la bañera mientras tomaba una larga tela de algodón y se secaba con ella, después comenzó a untar por todo su cuerpo con aceites naturales, y al último se colocó una subuluca; una especie de túnica interior para dormir. Luego de terminar de bañarse, las novicias comenzaron a salir de la habitación escoltando a su Sacerdotisa a su habitación. Caminaron y caminaron hasta llegar a lo que sería la habitación de la chica alada. En la habitación solamente había una cama, una mesita de noche con una lámpara de aceite, y un escritorio que tenía sobre de esta un tazón y una jarra de porcelana de agua.
– Que descansé Gran Sacerdotisa. Que la diosa Zajra vele sus sueños. – comentó una de las novicias.
– Igualmente para ustedes jóvenes aprendices. Nos veremos el día de la purificación. Que Aashta las cuide. – mencionó Pigeon mientras veía como la jóvenes novicias cerraban la puerta.
La joven princesa giró su cabeza sobre su hombro mientras observaba como la luna ya estaba en el punto exacto del cielo. La brillante luz lunar iluminó toda la habitación de la joven, la chica dejó escapar un suspiro cansado y largo mientras se encaminaba a la ventana y contemplar la belleza del cielo nocturno.
– Dentro de muy poco se llevará a cabo la purificación. Pero. ¿Por qué este sentimiento que siento en mi pecho no se va? – se dijo para sí misma la joven alada. – Será mejor que ya me vaya a dormir ha sido un día demasiado largo para mí y los demás.
Al decir eso, Pigeon retiró las mantas de la cama mientras se metía en ellas y a acomodarse para así poder al fin descansar. La chica dejó escapar otro suspiró al recordar el rostro de desaprobación de su hermana, lo cual esto hizo sentir triste a la titán alada.
– Raven… espero que algún día puedas comprender lo que significa todo esto para mí. – dijo ella en un susurró con la esperanza de que el viento se las llevará a su destinaria gemela. Poco a poco los parpados de la joven Sacerdotisa se cerraron dejándose así llevar en un profundo y grato sueño.
Al momento en que Pigeon cayó profundamente dormida, un destello comenzó a aparecer en el resplandor de la luna, poco a poco ese destello fue adquiriendo la forma de una mujer quien miraba con un profundo anhelo y admiración hacia la joven dormida. La misteriosa figura de la mujer se acercó hacia la titán alada y le acarició maternalmente y cariñosamente la mejilla de ella a la vez que le retiraba unos cuantos mechones traviesos de su juvenil rostro.
– Tan pura, tan perfecta, tan inocente. Piensas más en los demás en vez de ti misma Pigeon de Azarath. Es por eso que le enviaré tu mensaje a tu hermana para que tu corazón y tu ser sientan la paz nuevamente. – dijo con una voz maternal la misteriosa mujer. – Tienes que ser fuerte para lo que viene, mientras tengas esa luz y esperanza en ti las fuerzas oscuras del mal no se atreverán a tocarte, mi Pequeña Gran Elegida.
Antes de desaparecer, la misteriosa mujer beso la frente, justo en donde se encontraba el chacra, de Pigeon mientras que este brillo al igual que todo el cuerpo de la pelivioleta, una leve sonrisa de agrado decoró los labios de la joven mientras que en su rostro se podía ver una paz, tranquilidad y relajación en la juveniles facciones de la Princesa de Thilandel.
Mientras tanto en el palacio…
Raven se encontraba recostada en su cama mientras que su mente no dejaba de vagarle aquella conversación que tuvo con el Capitán Valois en el jardín, jamás se imaginó que su hermana haría todas aquellas cosas que ni ella misma pudiera hacer, bueno no exactamente porque también podría hacerlas, pero, estaba hablando de su hermana. Aquella hermana que hacía 14 años pensaba que estaba muerta por todos los cielos. La titán oscura dejó escapar un profundo suspiro mientras salía de su cama para caminar de un lado a otro de su habitación.
Fue en ese momento cuando ella escuchó unos leves golpes tocando a su puerta. Le pareció bastante raro a Raven, ya que probablemente pasarían más de las 9 de la noche y todo el personal ya se encontraba dormido, los golpeteos en la puerta no dejaban de escucharse, lo cual esto hizo que Raven decidiera atender de una vez a la persona quien irrumpía su privacidad y sus pensamientos.
– ¿Qué? – preguntó secamente la titán gótica después de que abriera la puerta. Para su sorpresa era Aquamarine junto a Leónidas y Raja.
– Lamentamos mucho en despertarla, Señorita Raven. – se disculpó la amiga de Pigeon.
– No estaba dormida si es que lo estaban pensando. – replicó la titán. – ¿Qué es lo que quieren?
– Umm… ¿No le molestaría si nos dejará pasar sólo por unos minutos a su habitación? – volvió preguntó Aquamarine.
– ¿Para qué? – cruzó Raven sus brazos mientras ponía un perfil autoritario.
– Queremos hablar con usted de algo muy importante que es privado. – respondió Raja.
– Está bien. Pero que sea rápido. – replicó la chica dejando pasar a los amigos de su hermana dentro de su habitación.
Una vez que los tres pasaron, Raven los miró sin emoción mientras que con una voz monótona les preguntó.
– ¿Y bien? ¿De qué es lo que querían hablarme?
– Es sobre de su hermana, Señorita Raven. – respondió Leónidas.
– Si se trata sobre todo eso de su profesión en el sacerdocio, están perdiendo los tres su tiempo y el mío también. – Aquamarine junto con los dos felinos se quedaron callados por unos segundos hasta que el tigre decidió en romper toda la tensión de la situación.
– Sólo… queremos que usted no sea ruda con Pigeon, Señorita Raven. Cómo usted ya sabrá a lo que le dijeron de ella, Pigeon fue escogida por los dioses, al principio ella quería rehusarse en ese deber como la Sacerdotisa de los dioses. Ya que Pigeon sentía que ella no se sentía merecedora de ese puesto tan importante. Ni mucho menos para una niña marcada.
– ¿A qué te refieres con eso? – preguntó Raven cambiando su semblante.
– ¿No lo sabe? – dijo Raja.
– ¿Saber qué? ¿Qué es lo que tengo que saber? – el tigre miró a la Dama de Compañía de su princesa y a su vez preguntándole.
– ¿Ella no lo sabe, verdad Aquamarine?
Aquamarine lo negó, mientras se maldecía así misma por haber olvidado avisarles a Leónidas y a Raja sobre los momentos pasados de Pigeon.
– Exijo saber lo que está ocurriendo aquí. – ordenó una explicación la titán gótica. – Desde que Pigeon ha estado en Jump City ha estado actuando bastante rara y aún más cuando ella decidió en regresar a este lugar, no hay ni un solo día en que yo escuché mencionar las extrañas conversaciones de otras personas sobre mi gemela. Ahora díganme, ¿Qué están ocultando? ¿Qué es lo que mi hermana oculta de mí?
– Nosotros no tenemos ese derecho ni la obligación de decirle lo que le pasa a su hermana, Señorita Raven. – comentó Leónidas. – Sí su hermana no le ha contado de lo que pasa a su entorno debe ser porque aún no se siente preparada para ello. Sólo téngale paciencia a la Princesa Evengelina hasta que decida hablar.
– Sí algún día Pigeon decida en contarle a usted, Señorita Raven, sobre su vida entonces ya sabrá a lo que usted ha escuchado todos estos días. Hasta entonces sea usted paciente para ese día. – sugirió Raja a la titán, quien sólo se limitó en asentir.
– Una vez que el día de la Purificación se termine hable con Pigeon, aunque usted no esté de acuerdo a las decisiones de su hermana tan siquiera respételas. – suplicó Aquamarine. – Aunque usted no lo crea… yo… siempre he considerado a Pigeon como mi hermana pequeña, e incluso, me llego a preocupar por ella en todo momento por lo que ella ha pasado todos estos años. Así que, por favor, como su hermana mayor no haga sentir mal a Pigeon, se nota que su gemela la admira y la adora mucho. Es por eso que ella nunca ha dejado de hablar de usted desde el momento en que ella piso este lugar.
– ¿Por qué? – cuestionó Raven llamando la atención de los dos felinos y de la Dama de Compañía de Pigeon. – ¿Por qué Pigeon ha hablado de mi estos 14 años cuando yo ni siquiera he hablado de su existencia?
– ¿Qué? – exclamaron los tres amigos de la princesa.
– ¿Cómo es eso de que usted no hablo de la existencia de su hermana? ¿Acaso usted se avergüenza de ella? – preguntó Leónidas decepcionado y algo molesto por aquella confesión de Raven.
– ¡Claro que no! ¡No odio a Pigeon! Jamás la he odiado. – confesó aquello ultimo con una voz suave y a la vez quebradizo. – Estos últimos 14 años… nos hicieron creer a mi madre y a mi… de que mi hermana… Pigeon… había muerto en una de las dimensiones fuera de Azarath. La única evidencia que tuvimos de ella era su capucha blanca cubierta de sangre… eso fue lo único que los buscadores encontraron de Pigeon.
La habitación de la chica oscura ahora encontraba silenciosa. Aquamarine, Leónidas y Raja sintieron como su sangre se había congelado a la vez que un sudor frío le recorrió por el cuerpo de la peliceleste. Esa revelación fue como un balde de agua fría para los oyentes, en especial para Aquamarine, pues con anterioridad ella había confesado que ella consideraba a Pigeon como su hermana pequeña, y ahora que ella había escuchado aquella parte de la historia de Raven sobre la Princesa de Thilandel no pudo evitar que en su garganta se le formará un nudo y a la vez una fuerte presión de dolor en su pecho.
– No lo sabíamos. – dijo Leónidas.
– Pues ahora ya lo saben. Una cosa lleva a la otra. No odio a mi hermana sí es lo que querían saber… y aunque no lo crean… ustedes también harían lo mismo. – dijo Raven en un tono monótono.
– Seguramente que sí. – dijo Raja algo cabizbajo.
– Ahora sí no les importa quiero dormir. Estoy cansada. – comentó la titán en un tono rudo.
– Cómo usted lo desee. – dijeron al unisonó los felinos y Aquamarine mientras salían de la habitación dejando ahora sí sola a la Roth mientras recordaba aquel doloroso recuerdo de su pasada niñez cuando su hermana había sido separada de ella y de su madre.
– Lo que me faltaba… que esos tarados me recordarán ese maldito recuerdo que he intentado enterrar en estos años. – gruñó con rabia la titán mientras sentía como su corazón se estrujaba poco a poco en su pecho.
Mientras tanto Leónidas, Raja y Aquamarine se alejaban de la habitación de Raven mientras aún estaba en shock por la oscura y dolorosa confesión que les hizo la heroína a ellos.
– ¿Ustedes creen que deberíamos decirle la verdad a Raven sobre el pasado de Pigeon? – preguntó Aquamarine a los felinos.
– No es nuestra obligación Aqua. – respondió Raja. – Aunque… escuchar la otra parte del pasado de nuestra princesa desde la perspectivita de la Señorita Raven es algo triste de escuchar.
– No sé cómo lo vaya a tomar la Señorita Raven cuando Pigeon le cuente toda la verdad de su pasado. – dijo Leónidas con un deje de preocupación y tristeza.
– Tenemos que estar preparados para cuando eso pase muchachos, aunque Pigeon sea una joven fuerte aún sigue siendo una persona de frágiles sentimientos. – comentó la chica a los felinos. – Será mejor que ya se vayan a descansar muchachos.
– Sí. – afirmaron los dos amigos a la peliceleste. – Que descanse Aquamarine.
– Igual para ustedes chicos.
Con eso último la chica se fue dejando a los dos felinos ahí solos en el pasillo.
– Es muy silencioso aquí, ¿No lo crees amigo mío? – preguntó Raja a su compañero.
– En efecto. Sin la presencia de Pigeon el palacio es muy silencioso y vacío. – replicó el león. – ¿Iras con su Majestad?
– Efectivamente. Recuerda que antes yo era el custodio de su Majestad antes de que me entregará a Pigeon como su protector. Es mi deber como el guardián de su Majestad y de la futura Reina de Thilandel. – sonrió ampliamente el tigre. – Nos vemos en la mañana amigo mío.
– Sí. – contestó Leónidas observando a su compañero alejarse de ahí para dirigirse a los aposentos de la Reina. – Bien. Es hora de cumplir con las órdenes que usted me dio, Pigeon. En cuidar de su hermana.
Dicho esto el león se fue nuevamente a la habitación de Raven, se acomodó justamente a la entrada de la puerta y se dejó vencer por el sueño que ya le había pesado hasta los hombros.
Queen-Werempire: YAAAAAAAAAAAAAY. AL FIN, TODO ESTOS LARGOS MESES POR FIN HE TERMINADO OTRO CAPITULO MÁS.
Pigeon: Felicidades Queen.
Raven: Es bastante largo.
Queen: Lo sé :3. Después de todo recuerden que esto equivale como doble capítulo.
Chico Bestia: Enhorabuena Queen. Cada vez vas progresando en tus historias.
Queen: Gracias Bestita.
Robin: Sí, aunque tardes mucho para publicar los capítulos eres buena escribiendo.
Starfire: Por cierto, amiga Pigeon no sabía que ya tuvieras novio.
Pigeon: N-No lo tengo Star… Abel y yo s-sólo somos amigos… si amigo. O/O
Abeja/Jinx: Así… ¿Y por qué ese sonrojo?
Pigeon: ¿Q-Qué sonrojo? O/O
Terra: Argh, por favor, ¿Qué te vería en ti ese chico tan guapo?
Queen: Mucho Terra. Es más, para que soy buena te dejaré este resumen de Abel. *Le entrego a ella un papel sobre Abel*
*Lo comienza a leer y se queda con cara de POKER*
Terra: ¿QUÉ? ¿ESTO TIENE QUE SER UNA BROMA?
Queen: Pues no lo es. Me harían los honores, por favor.
Los titanes del Este: No se le olviden comentar; se aceptan buenos y malos comentarios, y sugerencias también.
Jinx y Kid Flash: No seas un lector fantasma.
Lucia: Nos leemos en la próxima.
Traducciones:
*Adiamo Spleinder* significa *Corre Spleinder*
*Gen limyè a la extend! Tanp yo tonbe! San an pral koule atè paran! Kriye manman pa yo ap sispann! Kòlè a nan timoun yo tonbe nan revanj! Dimansyon yo, galaksi ki, mond disparèt!*
Significa
*¡La luz se extinguirá! ¡Los templos colapsarán! ¡La sangre de los padres se derramará! ¡El llanto de las madres no se detendrá! ¡La furia de los hijos recaerá en la venganza! ¡Las dimensiones, las galaxias, los mundos desaparecerán!*
