Disclaimer: Hetalia no me pertenece.
Otra maldito día daba comienzo, Lovino habría sus ojos con pesadez y a pesar de haberse dormido temprano ayer, seguía cansado, como si hubiese tenido solo unas pocas horas de descanso. Se levantó de la cama sintiendo el frío de la habitación erizarle la piel casi al instante.
Abrió las cortinas y miró el cielo nublado, desde antes de ayer que el sol ni siquiera asomaba entre las nubes. Se vistió con una polera manga corta violeta, se colocó encima un polerón grueso color rojo que le quedaba grande, un pantalón negro y unas zapatillas del mismo color.
Tomó el celular de su mesita de noche y lo encendió, notando que tenía varios mensajes… De sus acosadores, reviso el primero y a pesar de que era corto, a Lovino le dolió más de lo que hubiera esperado: ''El mundo estaría mejor sin ti, hazle un favor a todos y suicídate''.
Inmediatamente supo que todos los demás mensajes iban a decir la misma mierda y los borró. Se echó el celular al bolsillo del pantalón y bajó al primer piso, notando que no había nadie, entró a la cocina y ni rastro de su abuelo o de Feliciano.
Había una nota pegada en el refrigerador y la tomó, para luego leerla: ''Fratello, salí con el abuelo a comprar. Espero que no te molesté quedarte solo por unas cuantas horas. Nos vemos~. '' Y en la esquina de la pequeña hoja, había una carita feliz.
Lovino arrugó la nota y la tiró a la basura con molestia, ¿Salían y ni siquiera le preguntaban si quería ir con ellos?, aunque no era novedad, siempre suelen hacer lo mismo.
Tomó un vaso de agua en la cocina y después comenzó a pasearse por la casa. Al no encontrar nada interesante que hacer, decidió ir a hacerle una visita a su amado padre.
Agarro su billetera y salió de la casa. Avanzó por la vereda a paso apresurado, se sentía emocionado de por fin poder estar con alguien que le escuchaba sin criticarle y que quería mucho.
Cuando llego a las puertas del cementerio, paso unas cuantas lapidas y llego a una en especial, que tenía escrito ''Luciano Vargas'' en letras grandes y abajó salía la fecha de muerte. Se sentó al lado de la lápida y con su mano rozó una flor roja que hace unos días le había traído y que se comenzaba a marchitar.
-Papá…-Llamó como si el difunto hombre estuviera presente-Siento que si me vieras, estarías decepcionado de mí… No soy como Feliciano y creo que eso ya lo he repetido varias veces, pero maldición, es verdad, él es perfecto y yo solo soy el error de la familia Vargas. Creo que hubiera sido mejor que solo Feliciano hubiera existido.
El italiano secó una lágrima que se le había escapado y sonrió con tristeza.
-Ni yo puedo quererme-Inconscientemente levantó su manga y rozó las cicatrices, manchándose un poco los dedos con algunas recientes-¿Por qué iba a quererme alguien más?. Tal vez estaría mejor muerto…-Susurró con los ojos cerrados-Las personas estarían mejor sin mí, nadie nunca me necesitó y tengo miedo de ser inservible toda mi vida.
Una gota de agua cayó en la cabeza del italiano y a esa le siguieron muchas más, comenzando una suave lluvia que al parecer se iba a tornar más fuerte.
-¿Alguien me extrañara cuando me vaya…?-Miró fijamente la lápida, sintiendo el agua recorrer su cara y mojar su ropa-¿O simplemente seré olvidado?... Tal vez las personas se alegren de no tener que lidiar más conmigo… Y les haría un favor al suicidarme… Como decía el mensaje de esta mañana.
Se levantó con pesadez y sus ojos estaban algo enrojecidos. Observó el nombre de su padre por unos segundos.
-Gracias por escucharme, papá. Tal vez nos veamos de nuevo en poco tiempo.
Y se alejó de aquella lapida, camino hacía las puertas del cementerio, mientras trataba de ser fuerte para enfrentar a sus compañeros mañana, maldita escuela.
