Disclaimer: Hetalia no me pertenece.


Caminó por los pasillos hacía la salida, junto con otros alumnos que se amontonaban en la puerta para poder salir cuanto antes de la escuela. Antes de cruzar la puerta, sintió una mano tomarle de la muñeca. Extrañado, se volteó y se encontró cara a cara con Vash, junto con Lily a su lado.

—No tuve oportunidad de decírtelo antes, pero, me gusta cómo te ves con anteojos.

Lovino se sonrojó ante el cumplido, antes de que pudiera preguntar el por qué se lo dijo tan repentinamente, el suizo se apresuró a irse, seguido de su hermana menor que se reía dulcemente.

—¡Lovi!

Feliciano agitaba su brazo para llamar la atención de su hermano, el italiano mayor salió de su trance cuando escuchó a su hermano.

—¿Qué?

—Vamos a casa, ya terminaron las clases, ¿O tienes que hacer algo antes?

—Eh… No, vamos.

Ambos hermanos caminaron rumbo a casa, mientras que en otro lado, Vash se moría de vergüenza por haberle dicho por fin un halago a Lovino. No estaba acostumbrado a decirle cosas agradables o ''lindas'' a otra persona, excepto a su hermana menor, pero ella no contaba.


Después del almuerzo, recibió una llamada de Lukas. Arqueó su ceja y abrió el mansaje con curiosidad: ''¿Te parece si salimos hoy?, mi primo de Dinamarca está de visita, es realmente molesto y no quiero tratar con él. Es insoportable''

Lovino lo pensó unos momentos, no tenía nada que hacer, Feliciano había ido a casa de Kiku porqué uno de sus hermanos estaba de visita y tenía que hablar con él. Su abuelo llegaría tarde y en verdad se iba a aburrir si solo se quedaba en casa sin hacer nada, sin dudarlo más, respondió: ''Bueno, te veo afuera de la escuela''

No espero respuesta y se colocó una chaqueta color negro que estaba colgada en el perchero de la entrada, puso dinero en sus bolsillos, con su celular en mano, finalmente tomó sus audífonos y salió de la casa, cerrando con llave. Su abuelo tenía la llave original y su hermano tenía la copia, por lo que no había problema alguno.

Enchufo sus audífonos al celular y los puso en sus oídos, camino unos cuantos minutos hasta llegar a las afueras de la escuela. Observó por los alrededores en busca del noruego, pero al parecer aun no llegaba, vivía muy lejos, se atrasó por alguna razón o simplemente se arrepintió.

Sacó su celular del bolsillo para ver los mensajes, y no, no tenía ninguno de Lukas. Se acomodó los anteojos y se cruzó de brazos, frunciendo levemente el ceño.

Pasaron cinco minutos… veinte minutos… treinta minutos y recién Lovino comenzó a hartarse de esperar, se dio la vuelta dispuesto a irse a su casa.

—¡Lovino!

Arqueó su ceja, observando a la persona que se acercaba corriendo, al reconocerlo, detuvo la canción que se encontraba escuchando y guardo los audífonos en su bolsillo. Lukas se detuvo frente a él tratando de recuperar el aliento.

—Lo siento, mi primo quería acompañarme. Logre escaparme de Mathias unas calles atrás.

—¿Lo dejaste solo?

—Sí, no conoce bien la ciudad, pero sabe el camino de vuelta a casa, estará bien el idiota.

—Ah… ¿Tiene tu edad?

—No, es mayor, tiene veintidós.

—Oh…

—Supongo que te preguntaras por qué quería invitarte a salir.

—Realmente, no me había pasado por la cabeza hasta que lo mencionaste.

—Yo, quería que nos conociésemos más, es decir, no pareces cómodo hablando sobre lo que te molesta con otras personas presentes. Quiero saber de ti, quiero saber cuáles son tus sueños, tus miedos y tus intereses. Quiero que confíes en mí, lo suficiente como para que seas a quien busques cuando necesitas desahogarte o tengas algún problema.

Lovino se sonrojó ante lo dicho y bajo la mirada, Dios, no era como cuando Feliks o Peter se lo habían dicho, y no sabía por qué pensó por unos instantes que lo había dicho con doble sentido. No debía encontrarle nada extraño, era solo su amigo, ¿Verdad?

—Vamos, quiero ir al centro, hay un lugar de comida muy llamativo.

Lukas tomó su mano con delicadeza, entrelazando sus dedos y Lovino no podía sentirse más avergonzado por el contacto que estaba manteniendo con el noruego en este instante. ¡Feliciano lo hacía casi todo el tiempo y no se sentía de la misma forma!

Caminó junto al rubio, sin soltar su mano y escuchando los murmullos de algunas personas que no tenían nada mejor que hacer y comenzaban a hablar sobre ellos.

Llegaron a un local bonito, el interior era grande, por lo que encontrar una mesa no les fue nada difícil, se sentaron y Lukas apoyó sus codos en la mesa, mientras que Lovino miraba a través de la ventana a la gente que iba y venía por la calle.

—¿Qué desean ordenar?

—Lovino, tú primero—Le instó Lukas.

—Quiero un café.

—¿Sólo eso?—Cuestionó el noruego.

—Sí.

—Quiero lo mismo.

La mesera asintió y se retiró. Lukas sacó su celular al recibir un mensaje, frunció el ceño y suspiro con un poco de cansancio, para luego guardarlo sin responder.

—¿Pasa algo?

—Mathias, está buscándome.

—Deberías avisarle que estas aquí.

—¿Para qué?, no pienso dejar que arruine este momento.

—Parece que no le tienes mucha estima a tu primo.

—No, es decir, no creas que no lo quiero, es solo que es muy insoportable y me hace perder la paciencia muy rápido. Supongo que trato de tolerarlo, pero me cuesta.

—Oh...

—Oye, ¿Ese es Feliciano?

Lovino volteó a mirar la vidriera, notando a su hermano junto a Kiku, un tipo parecido a Kiku pero que se veía intimidante y Ludwig atrás, tratando de que no hablasen tan alto porqué la gente les quedaba viendo mal.

—Lo es, creo que ese es el hermano de Kiku—Dijo al observar al muchacho de ojos rojizos.

—No sabía que tenía más de un hermano, solo había escuchado de un tal Yao.

—Solo sé que tiene dos hermanos, a Yao lo conozco, pero a su otro hermano no.

—Ya veo.

La mesera llego con los dos cafés, les dedico una sonrisa amistosa y se fue a tomar las órdenes de las personas que venían llegando.

—Háblame de ti—Dijo rápidamente.

—… ¿Perdón?—Lukas le miró sin comprender.

—Que me hables de ti.

—¿Desde antes de llegar aquí?

—Como tú quieras.

—A ver… Nací en Noruega, específicamente en Oslo, pero me criaron en Islandia. Mi madre es de nacionalidad islandesa, por lo que quería que mi hermano menor naciera allá. Cuando tenía once años nos mudamos a Estocolmo, finalmente nos mudamos aquí.

—¿Estas bien con los cambios?, es decir, Italia es muy diferente a los lugares en los que has vivido.

—Um… La verdad es que no me afecto en nada mudarme, ya estaba acostumbrado a esos cambios tan repentinos. Aunque aquí no es tan frío como en Noruega, Islandia o Suecia—Dijo tomando un sorbo de café.

—¿Cómo es tu familia?

—Mi madre se llamada Johanna, mi padre Sigurd y mi hermano menor Emil. Me considero afortunado de tenerlos en mi vida, siempre han estado conmigo, incluso si mi querido hermano menor lo ha negado un par de veces.

—¿Qué edad tiene Emil?—Cuestionó tomando un poco del líquido caliente.

—Quince, es solo un año menor.

—Cuando hablas de tu familia, se nota que les quieres mucho.

—¿En serio?, nadie había mencionado algo al respecto antes.

—¿Y sobre ti?, de cómo eras antes y eso—Dijo sin saber muy bien cómo explicarse.

—Oh… Mi vida no tiene nada de interesante. Recuerdo que a los catorce tuve mis momentos de rebeldía, no sé lo que me pasaba por la cabeza en ese tiempo.

—¿En verdad?

—Sí, mira—Lukas levantó un poco de su cabello, dejando al descubierto su oreja derecha y un apenas notable agujero-Me hice una perforación a los dos meses de haber cumplido catorce, me había dolido.

—¿No te has vuelto a poner algún pendiente?

—Eh… No, cuando me lo hice creí que se vería cool, pero la verdad es que no tiene ninguna gracia y pienso que me veo mal.

—A mí me gustaría verte con un pendiente, ¿Podrías ponértelo mañana?

—¡¿Eh?!, ¿Hablas en serio?

—Sí.

—Dijiste que tu amigo llegara a la escuela mañana, no quiero darle la impresión de que su mejor amigo tiene malas juntas.

—Jajaja… A Peter le encantan las personas con perforaciones o tatuajes. Por favor…

—Lo pensare.

—Está bien.

—Bueno, aparte de la perforación, hice algunas travesuras con mis amigos de la otra escuela, pero nada grave. Ahora es tú turno.

—Nací en aquí en Roma, después del nacimiento de Feliciano, mi madre nos dejó. Mi padre y mi abuelo se encargaron de cuidarnos, cuando yo tenía diez y Feliciano nueve, recibimos la noticia de que nuestro padre falleció debido a un criminal que lo apuñalo repetidas veces en el pecho, la ambulancia no llego a tiempo y murió desangrado. Recuerdo que para el funeral, el abuelo Rómulo se mantuvo serio, Feliciano solo lloró un poco, pero yo lloraba y gritaba tanto, que creí que me quedaría sin voz. Supongo que es debido a que mantenía una estrecha relación con mi padre, nos entendíamos a la perfección y él no me pedía que fuese alguien más, sino que fuese yo mismo. Las personas siempre decían que debía ser como mi hermano, más esto y más aquello, pero él no, incluso me defendía ante esos comentarios.

—¿Cuál era el nombre de tu padre?

—Luciano… Siempre me he preguntado, ¿Cómo se sentirá mi padre al ver quien soy hoy?

—Orgulloso.

—¿Eh…?

—Dije: Que tu padre se sentiría orgulloso de lo que eres, que no te dejas derribar por las personas y que te mantienes fuerte a pesar de todo. Desde que te conocí, he deseado estar más cerca de ti y creo que es porqué te he llegado a apreciar en tan poco tiempo, pienso que tu padre que te conoce desde hace años, debe quererte mucho, tanto antes cuando seguía con ustedes, como ahora que te cuida desde el más allá.

—R… Realmente sabes cómo hacerme sentir tantas emociones a la vez.

Lovino se veía frágil, con las mejillas rojas y los ojos borrosos de lágrimas que se negaba a soltar, pero que caían una por una, recorriendo sus mejillas y cayendo en la mesa. Lukas tomó su mano por sobre la mesa y la acarició con su dedo pulgar.

—Y espero hacerlo muchas veces más—Soltó el noruego con una pequeña sonrisa cariñosa.

El italiano seguía llorando, le daba pena que Lukas le dijese esas cosas tan bonitas. Miró la vidriera nuevamente y ahí es cuando notó, un tipo alto, rubio y de ojos azules. Al darse cuenta que les estaba observando, apartó su mano, levantó sus anteojos y limpió rápidamente sus lágrimas con la manga de su chaqueta, provocando que el noruego arquease una ceja ante el repentino cambio de actitud de Lovino.

Lukas aun confundido, examino el rostro de su acompañante, notando que los ojos de este, estaban fijos en algo de afuera. Dirigió su mirada al lugar que contemplaba Lovino y su ceño se frunció con enojo, ''No puede ser, el idiota me encontró''.

—Mathias—Dijo entre dientes el noruego.


¡Hola de nuevo!, espero que disfruten del capitulo. Tal vez demore mucho más en actualizar, mañana entro a primero medio, estoy nervioso, habrá mucha gente nueva (。•́︿•̀。)

SweetHoneyBee: Vash is really ashamed of his feelings. See you next time (ノ´ヮ`)ノ*: ・゚

Nos vemos 〜٩(^▿^)۶〜