Capítulo 5: El niño que vivió

El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente (-Si, claro- murmuró Harry irónicamente) .Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño oh misterioso,

-¿Qué quiere decir? - preguntó Blaise Zabini.

-Se refiere a la magia- contestaron Harry y Hermione P. (1) La profesora continúa leyendo

porque no estaban para cuentos tonterías.

El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros.

-¿Qué son los Tapalos? - preguntó Charlus.

-Taladros, señor Potter, son artefactos muggles que se usan para hacer agujeros de distinto tamaño y en distintos materiales ya sea piedra, ladrillo, madera, etc.- describe Harry a Charlus.

-Entiendo y dime abuelo- dijo Charlus. Al no haber más conversación la profe continuó.

Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso (-Que lindo- murmuró con ironía Tonks) . La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándose por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos.

-Chismosa- dijo Sprout. Los demás asintieron y McGonagall continuaron

Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley, y para ellos no había un niño mejor que él.

-Apenas sabe leer- dijo furiosa Hermione abrazando a Harry protectoramente. La profesora continuó.

Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también tenían un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no habrían soportado que se supiera lo de los Potter.

-¿Qué significa eso? - preguntó Lily furiosa.

-Ya se explica señorita Evans- dijo Harry tranquilizándola e hizo un gesto a la profe. La profesora continuó.

La señora Potter era hermana de la señora Dursley, pero no se veían desde hacía años; tanto era así que la señora Dursley fingía que no tenía hermana,

-Estúpida Tuney- dijo susurrando Carolina- ¿y yo no existo? - agregó cuestionando y confusa.

Como nadie supo responderle la profe de transformaciones continuó mientras Albus pensaba me van a matar cuando se enteren lo que hice.

porque su hermana y su marido, un completo inútil, eran lo más opuesto a los Dursley que se pudiera imaginar (-Menos mal- murmuraron muchos en el gran comedor). Los Dursley se estremecían al pensar qué dirían los vecinos si los Potter apareciesen por la acera. Sabían que los Potter también tenían un hijo pequeño, pero nunca lo había visto. El niño era otra buena razón para mantener alejados a los Potter: no querían que Dudley se juntara con un niño como aquél.

-Pero si tu hijo sabe leer es porque yo le ayudé- dijo Harry enfadándose.

Antes que el joven matara a alguien, la profe continuó

Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta. Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y misteriosos que poco después tendrían lugar en toda la región. El señor Dursley canturreaba mientras se ponía su corbata más sosa para ir al trabajo, y la señora Dursley parloteaba alegremente mientras instalaba al ruidoso Dudley en la silla alta.

-¿Quién quiere forcejear con un niño- dijo Harry. Ante este comentario del moreno, muchos pensaron que había algo raro. La docente siguió.

Ninguno vio la gran lechuza parda que pasaba volando por la ventana.

-¿Qué? - preguntaron extraños los del pasado.

-Fue ese día- dijo Harry y la lectura continua.

A las ocho y media, el señor Dursley cogió su maletín, besó a la señora Dursley en la mejilla y trató de despedirse de Dudley con un beso, aunque no pudo, ya que el niño tenía un berrinche y estaba arrojando los cereales contra las paredes . «Tunante», dijo entre dientes el señor Dursley mientras salía de la casa. Se metió en su coche y se alejó del número 4.

Al llegar a la esquina percibió el primer indicio de que sucedía algo raro: un gato estaba mirando un plano de la ciudad.

-¿Es usted profesora? - preguntaron Harry y Hermione de ambos tiempos. La profesora asintió y siguió leyendo.

Durante un segundo, el señor Dursley no se dio cuenta de lo que había visto, pero luego volvió la cabeza para mirar otra vez. Sí había un gato atigrado en la esquina de Privet Drive, pero no vio ningún plano. ¿En qué había estado pensando? Debía de haber sido una ilusión óptica. El señor Dursley parpadeó y contempló al gato. Éste le devolvió la mirada. Mientras el señor Dursley daba la vuelta a la esquina y subía por la calle, funcionan al gato por el espejo retrovisor: en aquel momento el felino estaba leyendo el rótulo que decía «Privet Drive» (no podía ser, los gatos no saben leer los rótulos ni los planos). El señor Dursley meneó la cabeza y alejó al gato de sus pensamientos. Mientras iba a la ciudad en coche no pensó más que en los pedidos de taladros que esperaba conseguir aquel día .(—Aburrido— murmuraron los gemelos P)

Pero en las afueras ocurrió algo que apartó los taladros de su mente. Mientras esperaba en el habitual embotellamiento matutino, no pudo dejar de advertir una gran cantidad de gente vestida de forma extraña. Individuos con capa.

-¿Cómo qué extraña? - preguntó una chica de primero de Slytherin confundida.

- Primero ¿Cómo te llamas? - preguntó Harry amablemente

-Jane- contestó la niña.

-Bueno Jane. Lo que pasa es que los muggle dejaron de usar capas en el siglo XVIII- explicado Harry sonriéndole. (2) Todos asintieron y la profe siguió.

El señor Dursley no soportaba a la gente que llevaba ropa ridícula. ¡Ah, los conjuntos que llevaban los jóvenes! Supuso que debía ser una moda nueva. Tamborileó con los dedos sobre el volante y su mirada se posó en unos extraños que estaban cerca de él. Cuchicheaban entre sí, muy excitados. El señor Dursley se enfureció al darse cuenta de que dos de los desconocidos no eran jóvenes. Vamos, uno era incluso mayor que él, ¡y vestía una capa verde esmeralda! ¡Qué valor!

- ¡Cómo qué atrevido! - dijeron los sangres puras.

-No se preocupen que es un hombre vulgar y cerrado de mente— dijo Harry tranquilizando a todos aunque su tío lo fulminaba con la mirada, la profe sigue luego de esto.

Pero entonces se le ocurrió que debía ser alguna tontería publicitaria; era evidente que aquella gente hacía una colecta para algo. Sí, tenía que ser eso. El tráfico avanzó y, unos minutos más tarde, el señor Dursley llegó al aparcamiento de Grunnings, pensando nuevamente en los taladros (—Aburrido— murmuraron los bromistas).

El señor Dursley siempre se sentaba de espaldas a la ventana, en su oficina del noveno piso. Si no lo hubiera hecho así, esa mañana habría costado concentrarse en los taladros. No vio las lechuzas que volaban en pleno día, aunque en la calle sí que las veían y las señalaban con la boca abierta, mientras que las aves desfilaban una tras otra. La mayoría de las personas que no habían visto una lechuza ni siquiera de noche. Sin embargo, el señor Dursley tuvo una mañana perfectamente normal, sin lechuzas. Gritó a cinco personas. Hizo llamadas telefónicas importantes y volvió a gritar.

- ¡Qué maleducado! - exclamó Molly.

- ¿Pero qué es eso de que se dejen gritar y no se quejen? - dijo Harry asombrado.

-Esa empresa debe ser tuya— dijo Hugo Evans — la he puesto a nombre de Lily y tú eres su único heredero— agregó.

-Pero ¿Por qué no lo sabía? - preguntó Harry extrañado. (3)

-No sé, tal vez sos demasiado joven— dijo Elizabeth.

-Voy a averiguarlo como que me llamo Harry James Potter Evans— dijo el joven con una mirada muy decidida. La profesora continua

Estuvo de muy buen humor hasta la hora de la comida, cuando decidió estirar las piernas y dirigirse a la panadería que estaba en la acera de enfrente.

Había olvidado a la gente con capa hasta que pasó cerca de un que estaba al lado de la panadería. (Muerto de hambre pensaron Caro y Lily) Al pasar los miró enfadado. No sabía por qué, pero le ponían nervioso. Aquel grupo también susurraba con agitación y no llevaba ni una hucha. Cuando regresaba con un donut gigante en una bolsa de papel, llegó a oír unas pocas palabras de su conversación.

- Los Potter, eso es, eso es lo que he oído ...

- Sí, su hijo, Harry ...

El señor Dursley se quedó petrificado. El temor lo invadió. Se volvió hacia los que murmuraban, como si quisiera decirles algo, pero se contuvo.

Se apresuró a cruzar la calle y echó a correr hasta su oficina. Dijo a gritos a su secretaria que no quería que le molestaran, cogió el teléfono y, cuando casi había terminado de marcar los números de su casa, cambió de idea. Dejó el aparato y se atusó los bigotes mientras pensaba ... No, se estaba comportando como un estúpido. (—Por fin te diste cuenta— murmuraron Ron y Ginny y luego se sonrieron) Potter no era un apellido tan especial. Estaba seguro de que había muchas personas que se llamaban Potter y que tenían un hijo llamado Harry. Y pensándolo mejor, ni siquiera estaba seguro de que su sobrino se llamara Harry.

—Es cada vez más imbécil— dijo Ginny enfadada y fulminando al hombre con la mirada. Minerva al ver la cara de su leoncita siguió leyendo.

Nunca había visto al niño. Podría llamarse Harvey. Oh Harold. No tenía sentido preocupar a la señora Dursley,

—Llama a nuestra hermana Señora Dursley— dijo Lily preocupada.

—Es extraño, curioso y preocupante— dijo Caro con tristeza. (4)

La profe al ver que nadie decía nada, siguió sin antes mirar preocupada a Petunia.

siempre se trastornaba mucho ante cualquier mención de su hermana. Y no podía reprochárselo. ¡Si él hubiera tenido una hermana así ...! Pero de todos modos, aquella gente de la capa ...

Aquella tarde le costó concentrarse en los taladros, y cuando dejó el edificio, a las cinco en punto, estaba todavía tan preocupado que, sin darse cuenta, chocó con un hombre que estaba en la puerta.

- Perdón —gruñó (—Así que algo de educación tienes morsa— dijo Caro por lo bajo fulminando con su mirada esmeralda el libro) , mientras el diminuto viejo se tambaleaba y casi caía al suelo. Segundos después, el señor Dursley se dio cuenta de que el hombre llevaba una capa violeta. No parecía disgustado por el empujón. Al contrario, su rostro se iluminó con una amplia sonrisa, mientras decía con una voz tan chillona que llamaba la atención de los que pasaban:

- ¡No se disculpe, mi querido señor, porque hoy nada puede molestarme! ¡Hay que alegrarse, porque Quien-usted-sabe finalmente se ha ido! ¡Hasta los muggles como usted debería celebrar este feliz día!

- ¡Qué bien! - dijo Canuto parándose con James.

-No festejes antes de conocer la historia— dijo Harry P.

Todos miraban a James y Canuto hacer un baile ridículo.

-Canuto y James se pueden sentar por favor— pidió Harry.

Cuando los aludidos se sentaron, la docente continuó.

Y el anciano abrazó al señor Dursley y se alejó.

El señor Dursley se quedó completamente helado. Lo había abrazado un desconocido. Y por si fuera poco le había llamado muggle , no importaba lo que eso fuera. Estaba desconcertado. Se apresuró a subir a su coche ya dirigirse hacia su casa, deseando que todo fueron imaginaciones suyas (algo que nunca había deseado antes, porque no aprobaba la imaginación).

Canuto iba a interrumpir pero la profe lo vio e iba a seguir y la interrumpieron todos los merodeadores diciendo:

—Minie

—Más respeto con la docente— los retó Harry. (5)

James iba a decirle algo y Harry lo apuntó con su varita con semblante serio.

Para calmar las cosas la profesora McGonagall continua.

Cuando entró en el camino del número 4, lo primero que vio (y eso no mejoró su humor) fue el gato atigrado que se había encontrado por la mañana. En aquel momento estaba sentado en la pared de su jardín. Estaba seguro de que era el mismo, pues tenía unas líneas idénticas alrededor de los ojos.

—Minie, sigue allí— dijo Canuto confuso.

La profesora siguió luego de fulminarlo con la mirada.

- ¡Fuera! Ofrece el señor Dursley en voz alta.

El gato no se movió. Sólo le dirigió una mirada severa.

—Y vivió para contarlo— dijo Canuto.

Luego de este comentario Carolina le dio un golpecito por la interrupción y la profe aprovechó para continuar

El señor Dursley se preguntó si aquélla era una conducta normal en un gato. Trató de calmarse y entró en la casa. Todavía seguía decidido a no decirle nada a su esposa . (—Que cobarde— murmuraron asqueados los Gryffindor) La señora Dursley había tenido un día bueno y normal. Mientras comían, le informó de los problemas de la señora Puerta Contigua con su hija, y le contó que Dudley había aprendido una nueva frase («¡no lo haré!»). El señor Dursley trató de comportarse con normalidad. Una vez que acostaron a Dudley, fue al salón a tiempo para ver el informativo de la noche.

- Y por último, observadores de pájaros de todas partes han informado de que hoy las lechuzas de la nación han tenido una conducta poco habitual. Pese a que las lechuzas habitualmente cazan durante la noche y es muy difícil verlas a la luz del día, se han producido cientos de avisos sobre el vuelo de estas aves en todas direcciones, desde la salida del sol. Los expertos son incapaces de explicar la causa por la que las lechuzas han cambiado sus horarios de sueño. —El locutor se incluirá una mueca irónica—. Muy misterioso. (—Ese es mi papá— dijo a Charlie la pelirrosa) (6) Y ahora, de nuevo con Jim McGuffin y el pronóstico del tiempo. ¿Habrá más lluvias de lechuzas esta noche, Jim?

- Bueno, Ted el meteorólogo

- ¿Qué es un meteorilogo? - preguntó Arthur curioso.

—Es meteorólogo— empezó Harry.

—Luego le explicamos lo que es— terminó Lily y la profe continuó

- , eso no lo sé, pero no sólo las lechuzas han tenido hoy una actitud extraña. Telespectadores de lugares tan apartados como Kent, Yorkshire y Dundee han telefoneado para decirme que en el lugar de la lluvia que prometí ayer ¡tuvieron un chaparrón de estrellas fugaces! Tal vez la gente ha comenzado a celebrar antes de tiempo la Noche de las Hogueras. ¡Es la semana que viene, señores! Pero puedo prometerles una noche lluviosa.

El señor Dursley se quedó congelado en su sillón. ¿Estrellas fugaces por toda Gran Bretaña? ¿Lechuzas volando a la luz del día? Y aquel rumor, aquel cuchicheo sobre los Potter ...

La señora Dursley entró en el comedor con dos tazas de té. Aquello no iba bien. Tenía que decirle algo a su esposa. Se aclaró la garganta con nerviosismo.

- Eh ... Petunia, querida, ¿has sabido últimamente algo sobre tu hermana?

Como había esperado, la señora Dursley pareció molesta y enfadada. Después de todo, normalmente ellos fingían que ella no tenía hermana.

—Imbécil— dijeron los dos Sirius.

—Tarada— dijeron los Gemelos W.

—Mongólicos— dijeron los Gemelos P.

- ¿Y yo no existo? - volvió a preguntar Carolina extrañada. Nadie le contestó, ella no insistió por ahora y se siguió con la lectura

- No —respondió en tono cortante—. ¿Por qué?

- Hay cosas muy extrañas en las noticias —masculló el señor Dursley—. Lechuzas ... estrellas fugaces ... y hoy había en la ciudad una cantidad de gente con aspecto raro ...

- ¿Y qué? —Interrumpió bruscamente la señora Dursley

- Bueno, pensé ... quizá ... que podría tener algo que ver con ... ya sabes ... su grupo .

- ¿Grupo? - preguntó Draco de malas formas siendo fulminado por su versión futura.

—Se refiere a los magos— le contestó Harry con una amabilidad inmerecida y la profesora continuó.

La señora Dursley bebió su té con los labios fruncidos. El señor Dursley se preguntó si se atrevería a decirle que había oído el apellido «Potter». No, no se atrevería. En lugar de eso, dijo, tratando de parecer despreocupado:

- El hijo de ellos ... debe de tener la edad de Dudley, ¿no?

- Eso creo —respondió la señora Dursley con rigidez.

- ¿Y cómo se llamaba? Howard, ¿no?

- Harry. Un nombre vulgar y horrible, si quieres mi opinión.

—Nadie te lo preguntó— dijo Hermione siendo consolada por Harry.

Esa actitud por parte de la castaña dejó a los del pasado y presente extrañados por la posesividad de la joven.

—El nombre de tu hijo es espantoso— dijo Caro y McGonagall asintiendo siguió

- Oh, sí — dijo el señor Dursley, con una espantosa sensación de abatimiento—. Sí, estoy de acuerdo.

No dijo nada más sobre el tema, y subieron a acostarse. Mientras la señora Dursley estaba en el cuarto de baño, el señor Dursley se acercó lentamente hasta la ventana del dormitorio y escudriñó el jardín delantero. El gato todavía estaba allí. Miraba con atención hacia Privet Drive, como si estaba esperando algo.

- ¿Qué esperas Minie? - preguntó Canuto sonriendo con inocencia.

—Le dije que no me llamé Minie— dio McGonagall y siguió con la lectura antes de que el ojigris le pudiera responder.

¿Se estaba imaginando cosas? ¿O podría todo aquello tener algo que ver con los Potter? Si fuera así ... si se descubría que ellos eran parientes de unos ... bueno, creía que no podría soportarlo.

—Cierra esa maldita boca, maldita morsa— dijo Sirius completamente furioso por el insulto indirecto a su amigo ya Lily.

—La boca Sirius— amonestó también furioso Harry.

- ¿Qué tienes en contra de la morsa? Son solo animales inocentes— dijo una chica desde la mesa de Ravenclaw con su voz soñadora haciendo reír a varios.

- ¿Cómo te llamas? - preguntó Sirius sonriendo.

—Luna Lovegood— dijo ella mientras algunos seguían riéndose.

Una vez calmados la lectura fue retomada.

Los Dursley se fueron a la cama. La señora Dursley se quedó dormida rápidamente,

—Y dale con señora Dursley— dijeron Caro y Lily simultáneamente.

- ¿Por qué no dice el nombre de la tía o que ella es su esposa? - cuestionó extrañado Harry logrando que su yo del futuro y Hermione P se miraran con complicidad. (7)

Algunos de los docentes que entendieron que la situación de Petunia era delicada, miraban al matrimonio Dursley con tristeza y McGonagall continuo

pero el señor Dursley permaneció despierto, con todo aquello dando vueltas por su mente. Su último y consolador pensamiento antes de quedarse dormido fue que, aunque los Potter estuvieran implicados en los sucesos, no había razón para que se acercaran a él ya la señora Dursley. Los Potter sabían muy bien lo que él y Petunia pensaban de ellos y de los de su clase ... No veía cómo a él ya Petunia podrían mezclarlos en algo que tuviera que ver (bostezó y se dio la vuelta) ... No, no podría afectarlos a ellos ...

¡Qué equivocado estaba!

El señor Dursley cayó en un sueño intranquilo, pero el gato que estaba sentado en la pared del jardín no mostraba señales de adormecerse. Estaba tan inmóvil como una estatua, con los ojos fijos, sin pestañear, en la esquina de Privet Drive. Apenas tembló cuando se cerró la puertezuela de un coche en la calle de al lado, ni cuando dos lechuzas volaron sobre su cabeza. La verdad es que el gato no se movió hasta la medianoche.

- ¿Es usted vampira? - preguntó Draco M encogiéndose ante la mirada matadora que le envió la profesora que luego continuó leyendo.

Un hombre apareció en la esquina que el gato hizo estado observando, y lo tan súbita y silenciosamente que se podría pensar que había surgido de la tierra. La cola del gato se agitó y sus ojos se entornaron.

—Ese hombre apareció— comendo Harry con firmeza.

—La profe está contenta de verlo— dijeron Fred y George con mirada sugerente.

Minerva enrojeció y siguió leyendo.

En Privet Drive nunca se había visto un hombre así. Era alto, muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podrían sujetarlos con el cinturón.

—Es usted director— dijo Harry.

- ¿Tienen una cita? - preguntaron los Gemelos W pícaros.

—Sí, señor Potter. No muchachos — contestó riendo Albus D.

Luego le pidió a su colega que siguiera, cosa que ella.

Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y botas con tacón alto y hebillas. Sus ojos azules eran claros, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cristales de media luna. Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado alguna vez. El nombre de aquel hombre era Albus Dumbledore. (Los Gemelos W dijeron Albus Dumbledore a la vez que se leía del libro)

Albus Dumbledore no parecía darse cuenta de que había llegado a una calle en donde todo lo suyo, desde su nombre hasta sus botas, era mal recibido. Estaba muy ocupado revolviendo en su capa, buscando algo, pero pareció darse cuenta de que lo observaban porque, de pronto, miró al gato, que todavía lo contemplaba con fijeza desde la otra punta de la calle. Por alguna razón, ver al gato pareció divertirlo. Rió entre dientes y murmuró:

- Debería haberlo sabido.

Encontró en su bolsillo interior lo que estaba buscando. Parecía un encendedor de plata. Lo abrió, lo sostuvo alto en el aire y lo encendió. La luz más cercana de la calle se apagó con un leve estallido. Lo encendió otra vez y la siguiente lámpara quedó a oscuras. Doce veces hizo funcionar el Apagador (—Quiero uno— murmuró con admiración Ron, su versión adulta sonrió con complacencia sin que nadie se diera cuenta) , hasta que las únicas luces que quedaron en toda la calle fueron dos alfileres lejanos: los ojos del gato que lo observaba. Si alguien hubiera mirado por la ventana en aquel momento, aunque fuera la señora Dursley con sus ojos como cuentas, pequeños y brillantes, no habría podido ver lo que sucedía en la calle.

Dumbledore volvió a guardar el Apagador dentro de su capa y fue hacia el número 4 de la calle, donde se sentó en la pared, cerca del gato. No lo miró, pero después de un momento le dirigió la palabra.

—Eso fue muy grosero, director— lo retó suavemente Harry.

—Lo siento Minerva— se disculpó Albus D sonriendo a su colega. Ella asintió perdonándolo y continuó.

- Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall.

Se volvió para sonreír al gato, pero éste ya no estaba. En su lugar, le dirigía la sonrisa a una mujer de aspecto severo que llevaba gafas de montura cuadrada, que recordaban las líneas que había alrededor de los ojos del gato. La mujer también llevaba una capa, de color esmeralda.

- ¿Cómo los Slytherin? - dijeron algunos alumnos de Gryffindor indignados mirando a su jefa como si los hubiera traicionado.

—Tienen razón chicos, no debí vestirme con ese color— dijo ella - con petulancia mirando de reojo a Snape que la miraba un poco enojado. Continuó al ver que Snape le iba a contestar porque había abierto la boca.

Su cabello negro estaba recogido en un moño. Parecía claramente disgustada.

- ¿Cómo ha sabido que era yo? —Preguntó.

- Mi querida profesora, nunca he visto a un gato tan tieso.

—Querida— dijeron Fred y George elocuentemente.

—Basta Chicos, estoy harta de que interrumpan a cada momento— dijo Molly enojada con sus hijos.

—Basta, Molly no grites tanto ni todo el tiempo— contestó Harry P. mirándola un poco enojado y haciendo que la mujer se callara y dejando a muchos de los que lo conocían muy sorprendidos por eso, dado que Harry era generalmente muy amable. (8) La profe pensó ese carácter me da un poco de miedo y para sacar la tensión generada decidió seguir leyendo.

- Usted también estaría tieso si llevara todo el día sentado sobre una pared de ladrillo —respondió la profesora McGonagall.

- ¿Todo el día? ¿Cuándo podría haber estado de fiesta? Debo de haber pasado por una docena de celebraciones y fiestas en mi camino hasta aquí.

- ¿Qué celebraban? - preguntó curioso Canuto aunque sabía que tenía que ver con el sin nariz.

—No deberían celebrar— dijo indignado Sirius.

—Sirius tranquilo, que no celebraban eso sino lo otro— lo calmó Harry con eso comentario dejando a los del pasado que tenían ni idea extremadamente confundidos. La profe continua

La profesora McGonagall resopló enfadada.

- Oh, sí, todos estaban de fiesta, de acuerdo con la impaciencia—. Yo creía que números un poquito más prudentes, pero no ... ¡Hasta los muggles se han dado cuenta de que algo sucede! Salió en las noticias. —Terció la cabeza en dirección a la ventana del oscuro salón de los Dursley—. Lo he oído. Bandadas de lechuzas, estrellas fugaces ... Bueno, no son totalmente estúpidos. Tenían que darse cuenta de algo. Estrellas fugaces cayendo en Kent ... Seguro que fue Dedalus Diggle. Nunca tuvo mucho sentido común.

- No se puede reprochárselo oferta Dumbledore con tono afable—. Hemos tenido tan poco que celebrar durante once años ...

- ¿Qué pasó? - preguntó Lily sintiendo un nudo en la garganta aunque no sabía porqué.

- ¿Qué celebraban? - preguntó James.

Nadie contestó estas preguntas y la profe continúa la lectura

- Ya lo sé —respondió irritada la profesora McGonagall—. Pero ésa no es una razón para perder la cabeza. La gente se ha vuelto completamente descuidada, sale a las calles a plena luz del día, ni siquiera se pone la ropa de los muggles , intercambia rumores ...

Lanzó una mirada cortante y de soslayo hacia Dumbledore, como si esperara que éste le contestara algo. Pero como no lo hizo, continuó hablando.

- Sería extraordinario que el mismo día en que Quien-usted-sabe parece haber desaparecido al fin, los muggles lo descubran todo sobre nosotros. Porque realmente se ha ido, ¿no, Dumbledore? (¿Qué? pensaron preguntaron alegres los del pasado)

- Es lo que parece decir Dumbledore—. Tenemos mucho que agradecer. ¿Le gustaría tomar un caramelo de limón? (- ¿Un qué? - preguntaron bajito algunos sangre puras)

- ¿Un qué? (Se escucharon algunas risas por la coincidencia)

- Un caramelo de limón. Es una clase de dulces de los muggles que me gusta mucho.

- No, muchas gracias —respondió con frialdad la profesora McGonagall, como si considerara que aquél no era un momento apropiado para caramelos—. (—Aburrida— murmuraron algunos) Como le decía, aunque Quien-usted-sabe se haya ido ...

- Mi querida profesora,

—Otra vez querida— dijeron los Gemelos P sugerentes.

La profe los miró mal y continuó al ver que se encogían

estoy seguro de que una persona sensata como usted puede llamarlo por su nombre, ¿verdad? Toda esa tontería de Quien- usted- sabe ... Durante once años intenté persuadir a la gente para que lo llamara por su verdadero nombre, Voldemort.

—Voldemort— dijo Harry sorprendiendo a los del pasado excepto a Carolina.

—Voldemort— dijo Draco M sorprendiendo a todos menos a los de su tiempo. (9)

—Además ese no es su verdadero nombre— dijo Harry P.

Todos los que no los sabían se quedaron confusos.

—Segundo libro— dijeron Rose, Albus y Scorp chocando sus manos y la profe siguió.

- La profesora McGonagall se echó hacia atrás con temor, pero Dumbledore, ocupado en desenvolver dos caramelos de limón, pareció no darse cuenta—. Todo se volverá muy confuso si seguimos diciendo «Quien-usted-sabe». Nunca he encontrado ningún motivo para temer pronunciar el nombre de Voldemort.

- Sé que usted no tiene ese problema —observó la profesora McGonagall, entre la exasperación y la admiración—. Pero usted es diferente. Todos saben que usted es el único al que Quien-usted ... Oh, bueno, Voldemort, tenía miedo.

—Profe lo consiguió— dijeron felicitándola los Gemelos W.

—Ah, debe ser porque es su querido— bromearon los Gemelos P.

La profe fulminó a los Gemelos P y continuó luego de que ellos se encogieran.

- Me está halagando con calma Dumbledore—. Voldemort tenía poderes que yo nunca tuve.

—Los tuvo pero no lo uso, usted se arrepintió y cambió— dijeron Harry P y su esposa.

Esto dejó confusos a la mayoría que no conocía el pasado de su director ya Albus aliviado porque aunque en el futuro conocían algo de lo que hizo, no lo culpaban. (10) La profe continua

- Sólo porque usted es demasiado ... bueno ... noble ... para utilizarlos.

—Continuando con los halagos querida— dijeron a la vez los Gemelos P y W. La profe siguió pero sonrojada.

- Menos mal que está oscuro. No me he ruborizado tanto desde que la señora Pomfrey me dijo que le gustaban mis nuevas orejeras.

—Enfermera, ¿Quiere robarle el novio a la profesora McGonagall?- preguntó Lee logrando que la mencionada se sonrojara.

La profe siguió todavía con la cara colorada.

La profesora McGonagall le lanzó una mirada dura, antes de hablar.

—Celosa— exclamaron Fred, George y Lee.

Para no cometer un asesinato, ella siguió

Las lechuzas no son nada comparadas con los rumores que corren por ahí. ¿Sabe lo que todos dicen sobre la forma en que desapareció? ¿Sobre lo que finalmente lo detuvo?

Parecía que la profesora McGonagall había llegado al punto que más deseosa estaba por discutir, la verdadera razón por la que había esperado todo el día en una fría pared pues, ni como gato ni como mujer, había mirado nunca a Dumbledore con tal intensidad como lo hacía en aquel momento.

— ¿Está segura profe?- preguntó burlón Sirius.

—Usted se calla que ya está grande y el próximo que haga una alusión al tema será castigado con el profesor Snape— dijo la docente enojada y mirando mal a Snape por sí la contradecía. Él no dijo nada y la profesora siguió

Era evidente que, fuera lo que fuera «aquello que todos decían», no lo iba a creer hasta que Dumbledore le dijera que era verdad.

—Que confianza— comentó Lunático con inocencia.

Al oír el tono del joven todos pensaban que lo iban a castigar pero la profe siguió leyendo

Dumbledore, sin embargo, estaba eligiendo otro caramelo y no le respondió.

- Lo que están diciendo —insistió— es que la pasada noche Voldemort apareció en el valle de Godric. Iba a buscar a los Potter. El rumor es que Lily y James Potter están ... están ... bueno, que están muertos.

- ¿Qué? - dijeron los del pasado.

- ¿Nosotros? - dijeron tristes Lily y James.

- ¿Mi hermano? - dijo Canuto con mirada seria.

- ¿Mi amigo? - preguntaron Lunático, Frank y Peter.

—Mi hermana— dijo Caro con los ojos llorosos, siendo calmada al instante por Canuto.

Luego de que se calmaran un poco y abrazando a las mujeres que lloraban, McGonagall continuó con la lectura aun con un nudo en la garganta recordando esa noche en particular. (11)

Dumbledore inclinó la cabeza. La profesora McGonagall se quedó boquiabierta.

- Lily y James ... no puedo creerlo ... No quiero creerlo ... Oh, Albus ...

Dumbledore se acercó y le dio una palmada en la espalda.

- Lo sé ... lo sé ... oferta con tristeza.

La voz de la profesora McGonagall temblaba cuando continuó.

- Eso no es todo. Dicen que quiso matar al hijo de los Potter, a Harry. Pero no pudo. No pudo matar a ese niño. Nadie sabe por qué, ni cómo, pero dicen que como no pudo matarlo, el poder de Voldemort se rompió ... y que ésa es la razón por la que se ha ido.

—Nuestro hijo es maravilloso— dijo Lily y James con orgullo.

—Los maravillosos son ustedes— dijeron ambos Harry.

—Primer libro— dijeron Albus P., Rose y Scorp a la vez al ver la confusión de muchos.

La profe continua

Dumbledore asintió con la cabeza, apesadumbrado.

- ¿Es ... es verdad? - tartamudeó la profesora McGonagall—. Después de todo lo que hizo ... de toda la gente que mató ... ¿no pudo matar a un niño? Es asombroso ... entre todas las cosas que podrían detenerlo ... Pero ¿cómo sobrevivió Harry en nombre del cielo?

- Sólo podemos hacer conjeturas ofrecidas Dumbledore—. Tal vez nunca lo sepamos. (—Usted ya lo sabía y lo sabe ahora— acusó en voz baja Harry) (12)

La profesora McGonagall sacó un pañuelo con puntilla y se lo pasó por los ojos, por detrás de las gafas. Dumbledore resopló mientras sacaba un reloj de oro del bolsillo y lo examinaba. Era un reloj muy raro. Tenía doce manecillas y ningún número; pequeños planetas se movían por el perímetro del círculo. Pero para Dumbledore debía de tener sentido, porque lo guardó y dijo:

- Hagrid se retrasa. Imagino que fue él quien le dijo que yo estaría aquí, ¿no? (—Seguramente— dijo muy bajito un chico desde la mesa de Ravenclaw a su amigo. Este último asintió)

- Sí oferta la profesora McGonagall—. Y yo me imagino que usted no me va a decir por qué, entre tantos lugares, tenía que venir precisamente aquí.

- He venido a entregar a Harry a su tía y su tío. Son la única familia que le queda ahora . (—Y yo soy una planta— dijo Caro sabiendo la vida que le espera a su sobrino en esa casa) (13)

- ¿Quiere decir ...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! - gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando al número 4— Dumbledore ... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen ... Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos.

—Dejó que la pateara— dijo Caro.

—Con el carácter que tiene nuestra hermana— dijo Lily, dejando a Harry extrañado y muy preocupado. La profe continuó con los mismos sentimientos que su alumno

¡Harry Potter no puede vivir ahí!

- Es el mejor lugar para él oferta Dumbledore con firmeza—. Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.

—¡Usted les explicó en una carta lo que pasó! - exclamó enojada Dorea. McGonagall siguió leyendo para salvar a Dumbledore.

- ¿Una carta? —Repitió la profesora McGonagall, volviendo a sentarse—. Dumbledore, ¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Harry! ¡Será famoso ... una leyenda ... no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter!

—Ni, se les ocurra— dijo enojado Harry.

—En el futuro lo es— dijo Draco M sonriendo de forma pícara.

—Y Draco no tuvo nada que ver— terminó Ron W con ironía.

La profe continuó leyendo un poco divertida al ver la mueca en la cara de Harry

Escribirán libros sobre Harry ... todos los niños del mundo conocerán su nombre.

- Exactamente en Dumbledore, con mirada muy seria por encima de sus gafas—. Sería suficiente para marear a cualquier niño. ¡Famoso antes de saber hablar y andar! (—Los niños de un año ya saben caminar y hablar algo— susurraron Harry (13) y Albus P) ¡Famoso por algo que ni siquiera recuerda! ¿No se da cuenta de que será mucho mejor que crezca lejos de todo, hasta que esté preparado para asimilarlo?

La profesora McGonagall abrió la boca, cambió de idea, tragó y luego dijo:

- Sí ... sí, tiene razón, por supuesto. Pero ¿cómo va a llegar el niño hasta aquí, Dumbledore? —De pronto la capa del profesor, como si pensara que podía tener escondido a Harry.

- Hagrid lo traerá.

- ¿Le parece ... sensato ... confiar a Hagrid algo tan importante como eso?

—A Hagrid le confiaría mi vida— dijeron todos los que lo conocían bien, dejando al aludido de un rojo intenso.

La profe continuó un poco apenada por lo que había comentado sobre Hagrid.

- A Hagrid, le confiaría mi vida — dijo Dumbledore. (Se escucharon risas por la coincidencia)

- No estoy diciendo que su corazón no donde debe estar disponible a regañadientes la profesora McGonagall—. Pero no me dirá que no es descuidado. Tiene la costumbre de ...

¿Qué ha sido eso?

Un ruido sordo rompió el silencio que los rodeaba. Se fue haciendo más fuerte mientras ellos miraban a ambos lados de la calle, buscando alguna luz. Aumentó hasta ser un rugido mientras los dos miraban hacia el cielo, y entonces una pesada moto cayó del aire y aterrizó en el camino, frente a ellos.

La moto era inmensa, pero si se la comparaba con el hombre que la conducía parecía un juguete. Era dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho.

- ¿Estoy tan gordo? - preguntó Hagrid preocupado.

—Es por tu condición— dijo Hermione P palmeándole la media espalda. Todos los del pasado y algunos del presente se extrañaron.

—Cuarto libro— dijeron de nuevo Albus, Rose y Scorp y McGonagall continue.

Se podía decir que era demasiado grande para que lo aceptaran y además, tan desaliñado ... Cabello negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría toda la cara. Sus manos tenían el mismo tamaño que las tapas del cubo de la basura y sus pies, calzados con botas de cuero, parecían crías de delfín.

—Excelente descripción de Hagrid— dijeron riéndose de los Merodeadores.

La docente siguió la lectura

En sus enormes brazos musculosos sostenía un bulto envuelto en mantas.

- Hagrid también aliviado Dumbledore—. Por fin. ¿Y dónde conseguiste esa moto?

- Me la han prestado; profesor Dumbledore —contestó el gigante, bajando con cuidado del vehículo mientras hablaba—. El joven Sirius Black me la dejó. Lo he traído, señor.

- ¿No ha habido problemas por allí?

- No señor. La casa estaba casi destruida, pero lo saqué antes de que los muggles comenzaran a aparecer. Se quedó dormido mientras volábamos sobre Bristol.

Dumbledore y la profesora McGonagall se inclinaron sobre las mantas. Entre ellas se veía un niño pequeño, profundamente dormido. Bajo una mata de pelo negro azabache, sobre la frente, could ver una cicatriz con una forma curiosa, como un relámpago.

- ¿Fue allí ...? —Susurró la profesora McGonagall.

- Sí —respondió Dumbledore—. Tendrá esa cicatriz para siempre.

- ¿No puede hacer nada, Dumbledore?

- Aunque pudiera, no lo haría. Las cicatrices pueden ser útiles. Yo tengo una en la rodilla izquierda que es un diagrama perfecto del metro de Londres.

—No necesitábamos esa información— dijo Fred un poco asqueado.

—Pero tal vez la profe sí— dijo George con la misma expresión.

La profe iba a decir algo, pero Harry P le pidió que continuara, salvando así a los Gemelos W de un castigo cansador. La profe, continuó

Bueno, déjalo aquí, Hagrid, es mejor que terminemos con esto.

Dumbledore se volvió hacia la casa de los Dursley con Harry

- ¿Puedo ... puedo despedirme de él, señor? —Preguntó Hagrid.

Inclinó la gran cabeza desgreñada sobre Harry y le dio un beso, raspándolo con la barba. Entonces, súbitamente, Hagrid dejó escapar un aullido, como si fuera un perro herido.

- ¡Shhh! Oferta la profesora McGonagall—. ¡Vas a despertar a los muggles !

Lo... siento —lloriqueó Hagrid, y se limpió la cara con un gran pañuelo—. Pero no puedo soportarlo... Lily y James muertos... y el pobrecito Harry tendrá que vivir con muggles...

Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos —

— Qué mandona Minerva— dijo Snape.

La profe simplemente lo miró mal y siguió.

susurró la profesora McGonagall, dando una palmada en un brazo de Hagrid, mientras Dumbledore pasaba sobre la verja del jardín e iba hasta la puerta que había enfrente. Dejó suavemente a Harry en el umbral, sacó la carta de su capa, la escondió entre las mantas del niño y luego volvió con los otros dos.

—En el umbral— dijo Lily.

— ¿Y si lo robaban?- preguntó Caro.

—¿Y si se enfermaba?— sugirió Dorea.

—¿Y si se mojaba?— dijo Sirius.

—¿Y si lo atacaba un animal?— dijo Elizabeth furiosa levantándose y dando un paso hacia el director.

Harry P le pidió que se sentara amablemente mientras el joven le aseguraba a todos que no le había pasado nada a todos.

Luego de que se calmaran la profe continue.

Durante un largo minuto los tres contemplaron el pequeño bulto. Los hombros de Hagrid se estremecieron. La profesora McGonagall parpadeó furiosamente. La luz titilante que los ojos de Dumbledore irradiaban habitualmente parecía haberlos abandonado.

- Bueno, finalmente, Dumbledore—, ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.

- Ajá —respondió Hagrid con voz ronca—. Voy a devolver la moto a Sirius.

—Nunca me la devolviste— dijo Sirius.

—Ya te habías ido— respondió Hagrid.

—Me he apresado— informó el ojigris.

—Eso lo cuenta uno de los libro— dijo Ron W.

—Tercer libro— dijeron Harry P y Hermione P, la lectura prosiguió

Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore.

Hagrid se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta, se subió a la moto y le dio una patada a la palanca para poner el motor en marcha, con un estrépito se elevó en el aire y desapareció en la noche.

- Nos veremos pronto, espero, profesora McGonagall oferta Dumbledore, (—Ah, así que espera verla de vuelta— murmuraron los bromistas.) Saludándola con una inclinación de cabeza. La profesora McGonagall se sonó la nariz por toda respuesta.

Dumbledore se volvió y se marchó calle abajo. Se detuvo en la esquina y levantó el Apagador de plata. Lo hizo funcionar una vez y todas las luces de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive se iluminó con un resplandor anaranjado, y pudo ver a un gato atigrado que se escabullía por una esquina, en el otro extremo de la calle. También pudo ver el bulto de mantas de las escaleras de la casa número 4.

- Buena suerte, Harry —murmuró. (—Y la necesité— susurró el muchacho preocupado a quienes lo escucharon.) Dio media vuelta y, con un movimiento de su capa, desapareció.

Una brisa agitó los pulcros setos de Privet Drive. La calle permanecía silenciosa bajo un cielo de color tinta. Aquél era el último lugar donde uno esperaría que ocurrieran cosas asombrosas. Harry Potter se dio la vuelta entre las mantas, sin despertarse. Una mano pequeña se cerró sobre la carta y siguió durmiendo,

—Que tierno— comentaron las mujeres con dulzura. Harry enrojeció y Hermione las mató con la mirada.

La profesora viendo la cara de su leoncita, continuó leyendo.

sin saber que era famoso, sin saber que en unas pocas horas le haría despertar el grito de la señora Dursley, cuando abriera la puerta principal para sacar las botellas de leche. Ni que iba a pasar las próximas semanas pinchado y pellizcado por su primo Dudley. No podía saber tampoco que, en aquel mismo momento, las personas que se reunían en secreto por todo el país estaban levantando sus copas y diciendo, con voces quedas: «¡Por Harry Potter ... el niño que vivió!».

- ¿Qué habrá pasado? - dijo Arthur con confusión y preocupación.

—Ya terminó el capítulo— dijo la profesora.

- ¿Qué quiere leer? - preguntó el director.

—Yo— dijo alguien.


Hola.

Como ya he mencionado estoy reeditando algunos capítulos. Algunas de las cosas que agrego son las notas de autor con algunas de las locuras que se me han ocurrido y que en parte explican ciertos pasajes de mi historia.

Kira


Notas de autor

1) Harry y todos nosotros sabemos que los Dursley en especial los adultos son "antimgia", por eso sabe que piensan. Hermione P sabe por algunas conversaciones que tuvo más adelante con Harry sobre su infancia.

2)Como muchos criados de muggle, Harry en su educación primaria sabe que hace tiempo que los muggles ya no usan capas. Jane es una alumna de Hogwarts que me he inventado. Ya aparecerán otros.

3) He inventado que Grunnings sea una propiedad de Harry por parte de su familia materna, porque me ha gustado la idea y porque me parece irónico que Vernon maltrate a su jefe.

4) Hay más en la historia de Petunia de lo que saben. Parte de ella se enterarán en el libro siguiente y las repercusiones o como se enteraron los del futuro se comenta más adelante.

5)En parte Harry los reta porque piensa que están faltándole el respeto a la profesora (esas versiones son todavía alumnos) y porque no hay que olvidar que tiene un "poco" de carácter, o sea tiene un carácter un poco podrido.

6)Lo he inventado. Mi motivación para esto es que él sabe un poco de lo que pasó y que esto es irónico porque actúa como si hubiera un misterio.

7)Como he mencionado, Petunia va a contar su historia en el libro que viene. De todos modos ellos ya saben que es lo que sucedió con ella y se hablará en detalle de esto en todos los otros libros. Agrego que en el cuarto o quinto voy un capítulo entero sobre la repercusiones que existieron cuando Harry se enteró y como lo hizo.

8)Como se ha demostrado, Harry a pesar de su infancia es educado, amable, etc. Sin embargo muchas cosas hizo mal Molly que de a poco se van a comentar. En mi opinión Molly es una madre posesiva que reprime los deseos y muchas veces intenta sofocar las metas de sus hijos y su marido. Es como si no los dejara ser. Harry P se lo hace saber porque muchas de las cosas que dice no se le debe decir a nadie.

9)Los del futuro dicen todos el nombre inventado de Tommy. Que Draco M lo diga ahora es más demostrar que cambió, maduró y cerró el ciclo anterior.

10)Albus D piensa que en caso de que conozcan su historia lo van a juzgar. Se nota que algunos lo hacen pero no se puede dejar a todo el mundo contento. Los futuro entendieron que la gente puede cambiar.

11)McGonagall al leer ese día recuerda nuevamente que no solo perdió a dos amigos, sino que además una familia fue destruída y perdió a dos exalumnos muy queridos.

12)Harry ya sabe que su madre hizo algo para protegerlo, porque el director ya se lo contó al final de su primer año pero y también sabe que el hombre tiene otros conocimientos del tema. (Como lo de la PROFECÍA)

13) Caro tiene poderes un poco diferentes al resto de los magos. Más adelante empezaré a decirlos. Además de que alguno de esos poderes le permiten saber que Vernon es una porquería y que Harry la pasará muy mal allí. Recuerden que todavía no se ha dicho en el libro nada sobre cómo se trató a Harry, así que por lo que leen nadie debería el conocimiento de lo que el muchacho tuvo que pasar. Es importante para todos que muchos han interpretado algunos aspecto de la mala infancia de Harry por el comportamiento de los Dursley en el libro y algunos comentarios de los que están en el Gran Comedor escuchando.

Nos leemos

Kira