Cuando Lily vio que Sirius se dirigió a ella, se levantó a abrazarlo y agarró el libro que éste le daba, lo abrió para continuar leyendo sintiendo más que nunca curiosidad por la vida de su hijo. Capítulo 7: Las cartas de nadie

—Son las de Hogwarts— anunció Harry para parar los murmullos y que su madre pudiera continuar.

La fuga de la boa constrictor le acarreó a Harry el castigo más largo de su vida.

—Mierda— dijeron algunos en el gran comedor.

—¿Cuánto tiempo? - preguntó Charlus sabiendo que no le iba a gustar la respuesta.

— Como dos semanas— contestó cabizbajo Harry mientras él pedía a su madre que continuara, cosa que ella hizo luego de gruñir.

Cuando le dieron permiso para salir de su alacena ya comenzó las vacaciones de verano y Dudley había roto su nueva filmadora, consiguió que su avión con control remoto se estrellara y, en la primera salida que hizo con su bicicleta de carreras, había atropellado a la anciana señora Figg cuando cruzaba Privet Drive con sus muletas.

—Cerdo mimado— dijo Hermione.

—Ellos tienen la culpa— dijo Luna simplemente mientras señalaba a los tíos de Harry.

—Me parece que esto puede tomarse como negligencia— dijo Caro mirando mal a Vernon y agregó— Lily cálmate y continúa.

Ella suspiró y siguió.

Harry se alegraba de que el colegio hubiera terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Dudley, que visitaba la casa cada día. Piers, Dennis, Malcolm y Gordon eran todos grandes y estúpidos, pero como Dudley era el más grande y el más estúpido de todos, era el jefe. Los demás se sentían muy felices de practicar el deporte favorito de Dudley: cazar a Harry.

—Cazar a Harry— dijo encolerizado Flitwick.

—Mejor cacémoslos a ellos— dijo Sprout mientras McGonagall respiraba furiosa por el trato que se le daba a su leoncito y los alumnos se sorprendían porque los profesores Flitwick y Sprout eran bastante tranquilos y rara vez se enojaban.

Pasados cinco minutos, se calmaron y Lily continuar

Por esa razón, Harry pasaba tanto tiempo como le resultara posible fuera de la casa, dando vueltas por ahí y pensando en el fin de las vacaciones, cuando podría existir un pequeño rayo de esperanza: en septiembre estudiaría secundaria y, por primera vez en su vida, no iría a la misma clase que su primo.

—Es que iras a Hogwarts— dijeron Lunático, Canuto y James.

—Ya lo sé, pero ahí no lo sabía— dijo Harry rodando los ojos exasperado, señal que su madre tomó para seguir antes que murieran algunos de sus compañeros.

Dudley tenía una plaza en el antiguo colegio de tío Vernon, Smelting. Piers Polkiss también iría allí. Harry en cambio, iría a la escuela secundaria Stonewall, de la zona. Dudley estaban eso muy divertido.

Harry miró a todos para que no interrumpiera la lectura porque ya había quedado claro ese punto al principio del párrafo y pidió a su madre que siguiera. Ella lo hizo con una leve sonrisa. (1)

- Allí, en Stonewall, meten las cabezas de la gente en el inodoro el primer día- dijo a Harry—. ¿Quieres venir arriba y ensayar?

- ¡Qué mal que sonó eso! - exclamaron Neville y su padre. Luego se sonrieron por la coincidencia y Lily con una sonrisa continúo.

- No, gracias —respondió Harry—. Los pobres inodoros nunca han tenido que soportar nada tan horrible como tu cabeza y pueden marearse. —Luego salió corriendo antes de que Dudley pudiera entender lo que le había dicho.

—Muy buena esa — dijo Draco riéndose.

—Pero creo que era innecesario que corrieras Harry— comenzó Theo controlando su risa y agregó— no lo va a entender.

—¿Lo entendiste ahora? - preguntó Luna sin malicia.

—No, no lo hice respondió— y agregó— Sigue tía.

—Los modales— lo regañó Harry.

—Puedes continuar tía, por favor— pidió Dudley a Lily.

Lily iba a continuar con una sonrisa por lo educado que era su hijo cuando Vernon dijo gritando furioso:

—NO LE HAGAS CASO A ESTE ANORMAL—

—Cállate— dijeron los magos de la sala más furiosos con él, el hombre se encogió. Lily continuó refunfuñando un poco.

Un día del mes de julio, tía Petunia llevó a Dudley a Londres para comprarle su uniforme de Smelting, dejando a Harry en casa de la señora Figg. Aquello no resultó tan terrible como de costumbre. La señora Figg se había fracturado la pierna al tropezar con un gato y ya no parecía tan encariñada con ellos como antes. Dejó que Harry viera la televisión y le dio un pedazo de pastel de chocolate que, por el sabor, parecía que había estado guardado desde hacía años.

—¿Y esos modales Harry? - lo regañó Dorea.

—Abuela, yo no lo he dicho, lo he pensado— empezó Harry.

— Y por ahora se puede pensar lo que uno quiere — terminó Hermione.

Dorea frente esto asintió porque los chicos tenían razón y pidió disculpas a Harry. Harry asintió y Lily continuó.

Aquella tarde, Dudley desfiló por el salón, ante la familia, con su uniforme nuevo. Los muchachos de Smelting llevaban frac rojo oscuro, pantalones de color naranja y sombrero de paja, rígido y plano. También llevaban bastones con nudos, que utilizaban para pelearse cuando los profesores no los veían. Debían de pensar que aquél era un buen entrenamiento para la vida futura.

—Con razón esta basura es así— empezó Caro murmurando algunas maldiciones por lo bajo.

— Y su hijo va camino a convertirse en una persona sin cerebro— terminó Lily, continuando con la lectura después de ese comentario.

Mientras miraba a Dudley con sus nuevos pantalones, tío Vernon dijo con voz ronca que aquél era el momento de mayor orgullo de su vida. Tía Petunia estalló en lágrimas y dijo que no podía creer que aquél fuera su pequeño Dudley, tan apuesto y crecido. Harry no se atrevía a hablar. Creyó que se le iban a romper las costillas del esfuerzo que hacía por no reírse.

—¿Chiquito ?, ¿Cuándo fue chiquito? - preguntó Draco M enojado por la forma en que trataban a Harry.

—Cuando era bebé— contestó Harry extrañado por el enfado de su enemigo actual.

—¿Hacías mucho esfuerzo o tenías algo en la costilla? - preguntó preocupada Elizabeth.

—Las dos cosas porque pocos días antes Vernon me habían tirado al piso y todavía me dolía— dijo Harry como si nada.

Elizabeth se levantó y le dio una patada a Vernon en una pierna, luego se sentó y pidió a Lily que siguiera. Ella respiró 10 veces y continuó.

A la mañana siguiente, cuando Harry fue a tomar el desayuno, un olor horrible inundaba toda la cocina. Parecía proceder de un gran cubo de metal que estaba en el fregadero. Se acercó a mirar. El cubo estaba lleno de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris.

—¿Qué es eso? - preguntó Fred confundido.

Harry pidió a su madre que continuara porque allí estaba la respuesta lo que generó más incertidumbre y preocupación.

- ¿Qué es eso? —Preguntó una tía Petunia. La mujer frunció los labios, como hacía siempre que Harry se atrevía a preguntar algo.

- Tu nuevo uniforme del colegio- dijo.

—¡Qué! - exclamó el gran comedor.

—¡Te voy a denunciar por maltrato! - agregó Snape mirando a Vernon, sorprendiendo a todos por la furia que demostraba su mirada. Lily se puso a llorar y fue consolada por Sirius. Cuando se calmó, continuó.

Harry volvió a mirar en el recipiente.

- Oh —comentó—. No sabía que tenía que estar mojado.

- No seas estúpido- dijo con ira tía Petunia—. Estoy tiñendo de gris algunas cosas viejas de Dudley. Cuando termine, quedará igual que los de los demás. (- Si claro— murmuraron los magos del gran Comedor además de los Evans y los Granger)

Harry tenía serias dudas de que fuera así, pero pensó que era mejor no discutir. Se sentó a la mesa y trató de no imaginarse el aspecto que debería en su primer día de la escuela secundaria Stonewall. Seguramente parecería que llevaba puestos pedazos de piel de un elefante viejo. (—Mente merodeadora— murmuraron los Sirius, los Remus y James con una sonrisa.)

Dudley y tío Vernon entraron, los dos frunciendo la nariz a causa del olor del nuevo uniforme de Harry. Tío Vernon abrió, como siempre, su periódico y Dudley golpeó la mesa con su bastón del colegio, que llevaba a todas partes.

Todos oyeron el ruido en el buzón y las cartas que caían sobre el felpudo.

- Trae la correspondencia, Dudley- dijo tío Vernon, detrás de su periódico.

—¡Apocalipsis! - exclamó Sirius tirándose al piso.

—Todos debajo de las mesas— secundo Canuto.

Solo unos pocos no le hacían caso, entre ellos, los docentes, los del futuro, la mayoría de los adultos, los Dursley, Lily, Caro, Hermione y Harry que se reían de las caras molestas de los Dursley, que estaban indignados. Unos pocos minutos después Harry dijo:

—Todos se calman y se sientan.

Todos los que estaban debajo de las mesas le hicieron caso y Lily entre risas continuar.

- Que vaya Harry

- Trae las cartas, Harry.

- Que lo haga Dudley.

- Pégale con tu bastón, Dudley.

Harry esquivó el golpe y fue a buscar la correspondencia. Había tres cartas en el felpudo: una postal de Marge, la hermana de tío Vernon, que estaba de vacaciones en la isla de Wight; un sobre color marrón, que parecía una factura, y una carta para Harry.

—La carta de Hogwarts— dijeron los del Gran Comedor.

—Ábrela Harry— pidieron los abuelos del muchacho sonriéndole a un libro.

—Mamá por favor seguí leyendo porque ahora le hablan a un libro— pidió Harry sonriendo.

Lily continúa mientras los aludidos se sonrojaban.

Harry la recogió y la miró fijamente, con el corazón vibrando como una gigantesca banda elástica. Nadie, nunca, en toda su vida, le había escrito a él. ¿Quién podía ser?

—Muy buenas preguntas señor Potter— lo alabó Moody sorprendiendo a varios porque varios sabían que él rara vez alababa a alguien.

—Gracias— agradeció el joven un poco colorado.

Su madre orgullosa siguió leyendo.

No tenía amigos ni otros parientes. Ni siquiera era socio de la biblioteca,

—¿Somos pintura? - preguntó Sirius.

—Sirius, yo no me acordaba de tu existencia— dijo Harry.

—¿Y yo ?, ¿Dónde estoy? - preguntó Caro preocupada por la situación.

—No sé, no te conozco— dijo Harry sonriéndole para calmarla.

—Tal vez, estés muerta— comentó Ron con su habitual poco tacto.

—No, no lo estoy, eso es seguro— dijo Caro de forma misteriosa.(2)

Lily continuó.

así que nunca había recibido notas que le reclamaran la devolución de libros. Sin embargo, allí estaba, una carta dirigida a él de una manera tan clara que no había equivocación posible:

Señor H. Potter

Alacena Debajo de la Escalera

Privet Drive, 4

Little Whinging

Surrey

El sobre era grueso y pesado, hecho de pergamino amarillento, y la dirección estaba escrita con tinta verde esmeralda. No tenía sello.

—¿No tiene qué? - preguntaron los sangre pura y McGonagall. (3)

—Son pequeñas imágenes que se le pone a los sobre de las cartas que indican el valor que sale mandarla— descrito Harry.

Los demás asintieron entendiendo y Lily continuó.

Con las manos temblorosas, Harry le dio la vuelta al sobre y vio un sello de lacre púrpura con un escudo de armas: un león, un águila, un tejón y una serpiente, que rodeaban una gran letra H.

- ¡Date prisa, chico! —Exclamó tío Vernon desde la cocina—. ¿Qué estás haciendo, comprobando si hay cartas-bomba? —Se rió de su propio chiste.

—¿Su qué? - preguntaron los Gemelos W indignados.

—Eso no fue un chiste— agregaron los Gemelos P de igual ánimo que sus sobrinos.

Lily siguió para no dilatar la situación.

Harry volvió a la cocina, todavía contemplando su carta. Entregó a tío Vernon la postal y la factura, se sentó y lentamente comenzó a abrir el sobre amarillo.

—Debiste abrirla antes, lejos de tus familiares— dijo James apesadumbrado.

—Ya me di cuenta papá— dio Harry y Lily continuó.

Tío Vernon rompió el sobre de la factura, resopló disgustado y echó una mirada a la postal.

- Marge está enferma —informó a tía Petunia—. Al parecer comió algo en mal estado.

- ¡Papá!- exclamó de pronto Dudley—. ¡Papá, Harry ha recibido algo!

—Metiche malcriado— dijeron algunos y Lily siguió leyendo mientras miraba mal a su sobrino.

Harry estaba a punto de desdoblar su carta, que estaba escrita en el mismo pergamino que el sobre, cuando tío Vernon se la arrancó de la mano.

- ¡Es mía!- gritó Harry; tratando de recuperarla.

—Carácter Evans a la vista— dijo Ron con un poco de miedo y Lily, Caro, Hugo y Harry se sonrojaron. La primera siguió.

- ¿Quién te va a escribir a ti?- dijo con tono despectivo tío Vernon, abriendo la carta con una mano y echándole una mirada. Su rostro pasó del rojo al verde con la misma velocidad que las luces del semáforo. Y no se detuvo ahí. En segundos adquirió el blanco grisáceo de un plato de avena cocida reseca.

- ¡Pe ... Pe ... Petunia! —Bufó. (—¡Qué exagerado! - murmuraron exclamando Hugo y Elizabeth)

Dudley trató de coger la carta para leerla, pero tío Vernon la mantenía muy alta, fuera de su alcance. Tía Petunia la cogió con curiosidad y leyó la primera línea. Durante un momento pareció que iba a desmayarse. Se apretó la garganta y dejó escapar un gemido.

- ¡Vernon! ¡Oh, Dios mío ... Vernon!

Se miraron como si hubieran olvidado que Harry y Dudley todavía estaban allí. Dudley no estaba acostumbrado a que no le hicieran caso. Golpeó a su padre en la cabeza con el bastón de Smelting.

—Estás castigado— dijo Elizabeth.

—Tú imbécil, no puedes castigarlo— le gritó amenazador Vernon a su suegra.

—Y tú ballena no le grites— dijo Harry P. matándolo con la mirada mientras cerraba sus manos en forma de puños.

Lily siguió leyendo para que nadie saliera herido pero queriendo golpear a Vernon por hablarle así a su madre.

- Quiero leer esa carta disponible a gritos.

- Yo soy quien quiere leerla- gritó Harry con rabia—. Es mía.

—Carácter Evans— dijo esta vez Sirius.

Lily simplemente siguió

- Fuera de aquí, los dos —graznó tío Vernon, metiendo la carta en el sobre.

Harry no se movió.

- ¡QUIERO MI CARTA! —Gritó.

—Carácter superEvans— dijo Canuto.

—Cállate por favor— dijo Harry todo rojo. Éste se calló, se encogió y Lily aprovechó para seguir.

- ¡Déjame verla! —Exigió Dudley

- ¡FUERA! —Gritó tío Vernon y, cogiendo a Harry ya Dudley por el cogote, los arrojó al recibidor y cerró la puerta de la cocina.

Por esto Vernon se ligó 2 trompazos, un piñazo y dos patadas en las piernas. (4) Lily que fue la que le dio la piña, se sentó, respiró varias veces y siguió.

Harry y Dudley iniciaron una lucha, furiosa pero callada, para ver quién espiaba por el ojo de la cerradura. Ganó Dudley, así que Harry, con las gafas colgando de una oreja, se tiró al suelo para escuchar por la rendija que había entre la puerta y el suelo.

- Vernon —decía tía Petunia, con voz temblorosa—, mira el sobre. ¿Cómo es posible que sepan dónde duerme él? No estarán vigilando la casa, ¿verdad?

- Vigilando, espiando ... Hasta pueden estar siguiéndonos —murmuró tío Vernon, agitado.

—Si fuera así— empezó Caro furiosa.

—Ya te habrían esposado— continuó Lily.

—O mejor aun asesinado— terminó Hermione mientras le daba una sonrisa siniestra a Vernon que se encogió de miedo.

Lily decidió seguir luego de calmarse.

- Pero ¿qué podemos hacer, Vernon? ¿Les contestamos? Les decimos que no queremos ...

—¿Tú sabes que eso no es posible? - dijo interrogante Snape. Lily sonrió a su amigo y continuó.

Harry pudo ver los zapatos negros brillantes de tío Vernon yendo y viniendo por la cocina.

- No boca finalmente—. No, no les haremos caso. Si no reciben una respuesta ... Sí, eso es lo mejor ... No haremos nada ...

- Pero ...

—¿Qué ibas a decir hija? - preguntó Elizabeth preocupada por su hija.

—Nada, no te comuniques con ella— dijo Vernon mientras se levantaba.

—Te quedas ahí, quetito y sentado— dijo Harry sacando su varita con un muy mal presentimiento.

Vernon se sentó y Lily con el mismo presentimiento que su hijo continuó.

- ¡No pienso tener a uno de ellos en la casa, Petunia! ¿No lo juramos cuando recibimos y destruimos aquella peligrosa tontería?

Aquella noche, cuando regresó del trabajo, tío Vernon hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Harry en su alacena.

- ¿Dónde está mi carta?- preguntó Harry, en el momento en que tío Vernon pasaba con dificultad por la puerta—. ¿Quién me escribió?

- Nadie. Estaba dirigido a ti por error- dijp tío Vernon con tono cortante—. La quemé.

- No era un error- replicó Harry enfadado—. Estaba mi alacena en el sobre.

—Eso sobrino— dijo Remus asombrando a sus alumnos.

—Saca a relucir tu carácter Evans— continúa Sirius.

—Por favor pueden dejar que mamá continúe— pidió Harry.

Pero eso hizo que la gente se riera al ver que los dos adultos eran callados por un joven de manera amable, y porque sus caras eran para reírse. Cuando se calmaron Lily siguió con una sonrisa burlona.

- ¡SILENCIO! —Gritó el tío Vernon, y unas arañas cayeron del techo. Respiró profundamente y luego sonrió, esforzándose tanto por hacerlo que parecía sentir dolor.

- Ah, sí, Harry, en lo que se refiere a la alacena ... Tu tía y yo estuvimos pensando ... Realmente ya eres muy mayor para esto ... Pensamos que estaría bien que te mudes al segundo dormitorio de Dudley.

—Segundo dormitorio y te hacían dormir en una alacena— dijo Lily.

—¿Cómo que segundo dormitorio? - preguntó Charlus enfadado.

—Mi nieto que es el mago más rico del mundo durmiendo en una alacena— comenzó Dorea enfadada y terminó mirando a Vernon— tú no te salvas.

—Amigo, no decías una situación hipotética— susurró Ron sintiendo mucha vergüenza.

—No, era cierto— empezó Harry y —AHORA SE CALMAN— dijo a gritos.

Lily intentó calmarse mientras su magia hacía que las cosas temblaran y luego de 10 minutes cuando Caro la calmó siguió.

- ¿Por qué?- preguntó Harry

- ¡No hagas preguntas! —Exclamó—. Lleva tus cosas arriba ahora mismo.

La casa de los Dursley tenía cuatro dormitorios: uno para tío Vernon y tía Petunia, otro para las visitas (habitualmente Marge, la hermana de Vernon),

-¿Ella?- preguntó Ron expectante.

—La que voló, voló— dijo Hermione sonriendo. (5)

—Si la simuladora de globo terráqueo— terminó Harry riendo.

Lily que no tenía idea de que hablaban siguió aunque un poco curiosa.

en el tercero dormía Dudley y en el último guardaba todos los juguetes y cosas que no cabían en aquél. En un solo viaje Harry trasladó todo lo que le pertenecía, desde la alacena a su nuevo dormitorio.

—¿Un viaje solo? - preguntó extrañado Ron agregó— yo sólo con las cosas de los Cannons debería qué hacer 3.

—Es que no tenía muchas cosas— contestó Harry y pidió a su madre que continuara. Ella lo hizo después de suspirar.

Se sentó en la cama y miró alrededor. Allí casi todo estaba roto. La filmadora estaba sobre un carro de combate que una vez Dudley hizo andar sobre el perro del vecino, y en un rincón estaba el primer televisor de Dudley, al que dio una patada cuando dejaron de emitir su programa favorito. También había una gran jaula que alguna vez tuvo dentro un loro, pero Dudley lo cambió en el colegio por un rifle de aire comprimido, que en aquel momento estaba en un estante con la punta torcida, porque Dudley se había sentado encima.

—Todo eso es muy caro— informó Hermione a los que no lo sabían.

—Y mientras le compraban eso a un niño no necesita, no le compraban ropa propia a Harry— reclamó Caro.

—¿Esperabas otra cosa de Petunia? - preguntó Lily con la ceja alzada.

—La verdad que sí, después de todo su hermana Lily murió, de mí no se sabe nada, nuestros padres están muertos y los Potter también y ella se supone que creció— contestó Caro con evidente enfado en el rostro.

—Mamá, te voy a pedir por favor que continúes— pidió a Harry salvando así a su tía. Lily siguió.

El resto de las estanterías estaban llenas de libros. Era lo único que parecía que nunca había sido tocado.

—Cerdo inculto— dijo Hermione fulminando a Dudley con la mirada.

—Qué me hablas así anormal— dijo Dudley bajo la mala mirada de los magos y la aprobación de su padre.

—Para que sepas que acá primito casi todos somos "anormales". Y nunca le hables así a Hermione, me entendiste o te hago un dibujito— dijo Harry con suavidad pero una mirada siniestra. Dudley se calló y Lily continuó.

Desde abajo llegaba el sonido de los gritos de Dudley a su madre.

- No quiero que esté allí ... Necesito esa habitación ... Échalo ...

—¿Permitiste que te gritara? - preguntó Lily interrumpiéndose, Petunia la ignoró y Lily luego de un suspiro continuó.

Harry suspiró y se estiró en la cama. El día anterior habría dado cualquier cosa por estar en aquella habitación. Pero en aquel momento prefería volver a su alacena con la carta a estar allí sin ella.

—Lo volverán a intentar— comentaron todos, Harry asintió y Lily pudo continuar.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, todos estaban muy callados. Dudley se hallaba en estado de conmoción. Había gritado, había pegado a su padre con el bastón de Smelting, se había puesto malo a propósito, le había dado una patada a su madre, arrojado la tortuga por el techo del invernadero,

—No entiendo quienes son los padres y quién es el hijo— dijo Luna con su tono soñador.

—Malditos abusadores— dijo Snape furioso.

—Si vuelven a maltratarlo les arrancaré la cabeza— dijo Hagrid furioso y el moreno se río frente a un recuerdo similar.

Mientras esto pasaba McGonagall retaba a Dumbledore como si este fuera un niño, y él asentía.

—¿Cómo está la tortuga?- preguntó un alumno de Hufflepuff

—La llevé a una veterinaria al animal- contestó Harry.

Lily continuó luego de que todos incluso ella se calmaran.

y seguía sin conseguir que le devolvieran su habitación. Harry estaba pensando en el día anterior, y con amargura pensó que ojalá hubiera abierto la carta en el vestíbulo. Tío Vernon y tía Petunia se miraban misteriosamente.

Cuando llegó el correo, tío Vernon, que parecía hacer esfuerzos por ser amable con Harry, hizo que fuera Dudley. Lo oyeron golpear cosas con su bastón en su camino hasta la puerta. Entonces gritó.

- ¡Hay otra más! Señor H. Potter, El Dormitorio Más Pequeño, Privet Drive, 4 ...

Con un grito ahogado, tío Vernon se levantó de su asiento y corrió hacia el vestíbulo, con Harry siguiéndolo. Allí tuvo que forcejear con su hijo para quitarle la carta, lo que le resultaba difícil porque Harry le tiraba del cuello.

—¿Estás seguro que no practicabas para Halloween? - preguntó Ron acercándose a su amigo.

—Sí, era en realidad una simulación— secundó Hermione.

—Puede ser— le contestó Harry y los tres se rieron.

Los restantes del comedor no entendían y cuando Lily iba a preguntar para saciar su curiosidad, Neville le dijo:

—No te preocupes, ellos hablan de secretos hasta rodeados de gente y nadie les entiende.

Caro río porque ese comportamiento era parecido al de los merodeadores. Lily pensando lo mismo siguió.

Después de un minuto de confusa lucha, en la que todos recibieron golpes del bastón, tío Vernon se enderezó con la carta de Harry arrugada en su mano, jadeando para recuperar la respiración.

- Vete a tu alacena, quiero decir a tu dormitorio- dijo a Harry sin dejar de jadear—. Y Dudley .. Vete ... Vete de aquí.

Harry paseó en círculos por su nueva habitación. Alguien sabía que se había ido de su alacena y también parecía saber que no había recibido su primera carta. ¿Eso significaría que lo intentarían de nuevo? Pues la próxima vez se aseguraría de que no fallaran. Tenía un plan.

—¡No! - exclamó dramáticamente Ron.

—Tus planes son un desastre mi amor— secundó Hermione.

—Pero bien que siempre nos salvamos— terminó Harry un poco abochornado.

El intercambio dejó preocupados a los adultos, su propia madre asustada decidió seguir sabiendo que así encontraría respuestas.

El reloj despertador arreglado sonó a las seis de la mañana siguiente. Harry lo apagó rápidamente y se vistió en silencio: no debía despertar a los Dursley. Se deslizó por la escalera sin encender ninguna luz.

Esperaría al cartero en la esquina de Privet Drive y recogería las cartas para el número 4 antes de que su tío pudiera encontrarlas. El corazón le latía aceleradamente mientras a través del recibidor oscuro hacia la puerta.

—Para tener 10 años es un buen plan señor Potter— alabó Moody logrando un sonrojo en el mencionado. Lily llena de orgullo siguió.

- ¡AAAUUUGGG!

Harry saltó en el aire. Había tropezado con algo grande y fofo que estaba en el felpudo ... ¡Algo vivo!

—Una babosa— conjeturó Charlie. Lily siguió para saber de qué se trataba.

Las luces se encendieron y, horrorizado, Harry se dio cuenta de que aquella cosa fofa y grande era la cara de su tío.

—Falsa alarma— empezó Charlie.

—Aunque es mejor que no haya sido una babosa así se lleva un buen susto— concluyó Percy bromeando.

—Buena broma hermano ...— empezó Fred chocando sus manos con Percy.

- Eso es hermano— terminó George haciendo lo mismo que su gemelo.

Lily continuó luego de que se calmaran las risas.

Tío Vernon estaba acostado en la puerta, en un saco de dormir, evidentemente para asegurar de que Harry no hiciera exactamente lo que intentaba hacer. Gritó a Harry durante media hora y luego le dijo que preparara una taza de té. Harry se marchó arrastrando los pies y, cuando regresó de la cocina, el correo había llegado directamente al regazo de tío Vernon. Harry pudo ver tres cartas escritas en tinta verde.

- Quiero ... —comenzó, pero tío Vernon estaba rompiendo las cartas en pedacitos ante sus ojos.

Aquel día, tío Vernon no fue a trabajar. Se quedó en casa y tapió el buzón.

—Paranoico— dijeron los Slytherin.

—No servirá— canturrearon los Gemelos W.

Harry P y Hermione P se miraron con nostalgia. (6)

- ¿Te das cuenta? —Explicó a tía Petunia, con la boca llena de clavos—. Si no pueden entregarlas, tendrán que dejar de hacerlo.

- No estoy segura de que esto resulte, Vernon.

—Y lo sabes perfectamente, Petunia— dijo Snape enojado. Lily le sonrió a su amigo y siguió.

- Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Petunia, ellos no son como tú y yo oferta tío Vernon, tratando de dar golpes a un clavo con el pedazo de pastel de fruta que tía Petunia le acababa de llevar.

—Menos mal — dijo Hugo G.

—Porque a nadie se le ocurre clavar clavos con una torta— dijo Luna.

—Imagínense comer martillos ...— empezaron Fabian y Fred a la vez.

—Y clavar con tortas— terminaron Gideon y George.

Lily se rió con los demás ante la coincidencia y cuando se tranquilizaron pudo continuar.

El viernes, no menos de doce cartas llegaron para Harry. Como no las pueden echar en el buzón, las he pasado por debajo de la puerta, por entre las rendijas, y unas pocas por la ventanita del cuarto de baño de abajo.

Tío Vernon se quedó en casa otra vez. Después de quemar todas las cartas, salió con el martillo y los clavos para asegurar la puerta de atrás y la de delante, para que nadie pudiera salir.

—Te martillaremos a ti— comentaron enojados los merodeadores excepto Peter que no hablaba.

—¿Por qué nadie fue personalmente? - preguntó Caro.

—Eso es verdad, Harry se crió como muggle después de todo— dijo Dorea.

—Sí fueron— dijo Harry y le pidió con la mirada a Lily que siguiera. Ella continúo aliviada.

Mientras trabajaba, tarareaba De puntillas entre los tulipanes y se sobresaltaba con cualquier ruido. (—Paranoico— murmuraron los Gryffindor asqueados)

El sábado, las cosas comenzaron a descontrolarse. Veinticuatro cartas para Harry entraron en la casa, escondidas entre dos docenas de huevos, que un muy desconcertado lechero entregó a tía Petunia,

—Buen confundus— dijo Harry misteriosamente.

Lily curiosa siguió leyendo.

a través de la ventana del salón. Mientras tío Vernon llamaba a la oficina de correos y a la lechería, tratando de encontrar a alguien para quejarse, tía Petunia trituraba las cartas en la picadora.

—Salsa de cartas con churrasco de tío Vernon— dijo Ron riendo.

—Indigestión asegurada— le secundaron los Gemelos W a su hermano.

Durante lo que fueron como 5 minutos la gente del Gran Comedor no pudo suspender las risas, hasta Snape se reía. Se calmaron y Lily continuó.

- ¿Se puede saber quién tiene tanto interés en comunicarse contigo? - preguntaba Dudley a Harry, con asombro.

—Era realmente asombro— se defendió Dudley frente a las miradas del resto.

—Tienes razón, pero de ahora en más piensa por ti mismo, ya es tiempo— le dijo Harry P con tono educado y cálido. Dudley le sonrió y Lily orgullosa de su hijo continuó.

La mañana del domingo, tío Vernon estaba sentado ante la mesa del desayuno, con aspecto de cansado y casi enfermo, pero feliz.

- No hay correo los domingos —les recordó alegremente, mientras ponía mermelada en su periódico—.

—Ahora encima comemos periódico— dijo Bill a las risas.

—Imagínense comerse el profeta ...— empezó a Ron.

—Indigestión y muerte cerebral asegurada ...— siguió Harry.

— O le devolvemos su dinero— terminó Hermione con voz de presentadora.

La gente del comedor se rió y Lily continuó cuando se hizo el silencio y ella misma pudo dejar de reír.

Hoy no llegarán las malditas cartas ...

Algo llegó zumbando por la chimenea de la cocina mientras él hablaba y le golpeó con fuerza en la nuca. Al momento siguiente, treinta o cuarenta cartas cayeron de la chimenea como balas. Los Dursley se agacharon, pero Harry saltó en el aire, tratando de atrapar una.

—Ese es mi chico— dijo Oliver con orgullo.

—¿Es qué no podría agregar alguna del suelo? - preguntó Dean.

—No, estaba practicando— concluyó Harry inocentemente.

Lily lo miró y luego miró a su hermana haciendo ping pong entre ellos dos con la cabeza (7) y después de varias veces siguió leyendo.

- ¡Fuera! ¡FUERA!

Tío Vernon cogió a Harry por la cintura y lo arrojó al recibidor. Cuando tía Petunia y Dudley salieron corriendo, cubriéndose la cara con las manos, tío Vernon cerró la puerta con fuerza. Podían oír el ruido de las cartas, que seguían cayendo en la habitación, golpeando contra las paredes y el suelo.

- Ya está- dijo tío Vernon, tratando de hablar con calma, pero arrancándose, al mismo tiempo, parte del bigote—. Quiero que estéis aquí dentro de cinco minutos, listos para irnos. Nos vamos. Coged alguna ropa. ¡Sin discutir!

Parecía tan peligroso, con la mitad de su bigote arrancado, que nadie se atrevió a contradecirlo. Diez minutos después se han abierto camino a través de las puertas tapiadas y estaban en el coche, avanzando velozmente hacia la autopista. Dudley lloriqueaba en el asiento trasero, pues su padre le había pegado en la cabeza cuando lo pilló tratando de guardar el televisor, el vídeo y el ordenador en la bolsa.

—¿Eso de que te iba a servir? - preguntaron los sangre pura a Dudley sin saber para que servían esos objetos.

—A él tampoco hay que pegarle— dijo Molly a gritos a Vernon.

Lily furiosa siguió.

Condujeron. Y siguieron avanzando. Ni siquiera tía Petunia se atrevía a preguntarle adónde iban. De vez en cuando, tío Vernon daba la vuelta y conducía un rato en sentido contrario.

- Quitárnoslos de encima ... perderlos de vista ... —murmuraba cada vez que lo hacía. (—Definitivamente paranoico— murmuraron algunos) No se detuvieron en todo el día para comer o beber. Al llegar la noche Dudley aullaba. Nunca había pasado un día tan malo en su vida. Tenía hambre, se había perdido cinco programas de televisión que quería ver y nunca había pasado tanto tiempo sin hacer estallar un monstruo en su juego de ordenador.

—De ahora en más vas a leer más y no usar tanto el ordenador— ordenaron Harry y Carolina.

Dudley los miró, pensó las palabras de ánimo cuando Harry le ayudaba a leer y para sorpresa de todos asintió.

Lily se sintió feliz y antes de continuar dijo:

—Te conviene por salud hacer dieta y algo de ejercicio—

Dudley volvió a asentir (8) y Lily siguió con la lectura.

Tío Vernon se detuvo finalmente ante un hotel de aspecto lúgubre, en las afueras de una gran ciudad. Dudley y Harry compartieron una habitación con camas gemelas y sábanas húmedas y gastadas. Dudley roncaba, pero Harry permaneció despierto, sentado en el borde de la ventana, contemplando las luces de los coches que pasaban y deseando saber ...

—Tú, y tu estúpida costumbre… - empezó Dean.

—De sentarte en las ventanas— terminó Seamus.

Harry les sonrió, y se encogió de hombros mientras Snape lo miraba fijo recordando que Lily hacía lo mismo. La pelirroja sonrió al descubrir que su hijo tenía otra más cosa en común con ella y contenta siguió.

Al día siguiente, comieron para el desayuno copos de trigo, tostadas y tomates de lata. Estaban a punto de terminar, cuando la dueña del hotel se acercó a la mesa.

- Perdonen, ¿alguno de ustedes es el señor H. Potter? Tengo como cien de ellos en el mostrador de entrada. (—Si que son insistentes— murmuró Draco) Extendió una carta para que puedan leer la dirección en tinta verde:

Señor H. Potter

Habitación 17

Hotel Railview

Cokeworth

Harry fue a coger la carta, pero tío Vernon le pegó en la mano.

Lo mismo le hicieron a Vernon, Ron y Hermione. Lily sólo siguió enfadada.

La mujer los miró asombrada.

- Yo las recogeré- dijo tío Vernon, poniéndose de pie rápidamente y siguiéndola.

- ¿No sería mejor volver a casa, querido? —Sugirió tía Petunia tímidamente, unas horas más tarde, pero tío Vernon no pareció oírla. Qué era lo que buscaba exactamente, nadie lo sabía. Los llevó al centro del bosque, salió, miró alrededor, negó con la cabeza, volvió al coche y otra vez lo puso en marcha. Lo mismo sucedió en medio de un campo arado, en mitad de un puente colgante y en la parte más alta de un aparcamiento de coches.

- Papá se ha vuelto loco, ¿verdad? —Preguntó Dudley a tía Petunia aquella tarde. (—Por fin te das cuenta— murmuró Ginny enfadada) Tío Vernon había aparcado en la costa, los había encerrado y había desaparecido.

Comenzó a llover. Gruesas gotas golpeaban el techo del coche. Dudley gimoteaba.

- Es lunes- dijo a su madre—. Mi programa favorito es esta noche. Quiero ir a algún lugar donde haya un televisor.

Lunes. Eso hizo que Harry se acordara de algo. Si era lunes (y habitualmente se podía confiar en que Dudley supiera el día de la semana, por los programas de la televisión),

—Debería saberlo por educación no sólo por la televisión — dijo Hermione siendo apoyada por todas las madres. Lily miró a su sobrino y continuó.

entonces, al día siguiente, martes, era el cumpleaños número once de Harry. Claro que sus cumpleaños nunca han sido exactamente divertidos: el año anterior, por ejemplo, los Dursley le regalo una percha y un par de calcetines viejos de tío Vernon. Sin embargo, no se cumplían once años todos los días.

Tío Vernon regresó sonriente. Llevaba un paquete largo y delgado y no contestó a tía Petunia cuando le preguntó qué había comprado.

- ¡Encontré el lugar perfecto!- exclamó el Tío Vernon y agregó—. ¡Vamos! ¡Todos fuera!

Hacía mucho frío cuando bajaron del coche. Tío Vernon señalaba lo que parecía una gran roca en el mar. Y, encima de ella, se veía la más miserable choza que uno se pudiera imaginar.

—No los lleves ahí— dijo Hugo E.

—Puede haber un accidente— terminó Elizabeth.

Lily un poco asustada por las palabras de sus padres poco alentadoras, decidió continuar temiendo por su hijo.

Una cosa era segura, allí no había televisión.

- ¡Han anunciado tormenta para esta noche! —Anunció alegremente tío Vernon, aplaudiendo—. ¡Y este caballero aceptó gentilmente alquilarnos su bote!

Un viejo desdentado se acercó a ellos, señalando un viejo bote que se balanceaba en el agua verde plomizo.

- Ya he conseguido algo de comida- dijo tío Vernon—. ¡Así que todos a bordo!

En el bote hacía un frío terrible. El mar congelado los salpicaba, la lluvia les golpeaba la cabeza y un viento gélido les azotaba el rostro. Después de lo que pareció una eternidad, llegaron al peñasco, donde tío Vernon los condujo hasta la desvencijada casa.

—En definitiva estabas actuando en una película de frío mortal— dijo Hermione logrando que se tranquilizaran un poco. Lily siguió leyendo.

El interior era horrible: había un fuerte olor a algas, el viento se colaba por las rendijas de las paredes de madera y la chimenea estaba vacía y húmeda. Sólo había dos habitaciones.

La comida de tío Vernon resultó ser cuatro plátanos y un paquete de patatas fritas para cada uno.

—Eso no es comida— afirmó Molly mirando a Harry para ver su estado físico.

Harry le quitó importancia y le pidió a su madre que continuara. Ella lo hizo.

Trató de encender el fuego con las bolsas vacías, pero sólo salió humo.

- Ahora podríamos utilizar una de esas cartas, ¿no?- dijo alegremente.

Estaba de muy buen humor. Era evidente que creía que nadie se iba a atrever a buscarlos allí, con una tormenta a punto de estallar.

—Ni un huracán pararía a Hagrid— le susurró Dumbledore a McGonagall. Esta asintió.

—Siguen con los susurros profesores— dijo Fred de forma pícara.

—Ah, qué románticos— siguió Percy sorprendiendo a todos.

Lily para salvar a sus profesores favoritos que estaban rojos, siguió leyendo.

En privado, Harry estaba de acuerdo, aunque el pensamiento no lo alegraba.

Al caer la noche, la tormenta prometida estalló sobre ellos. La espuma de las altas olas chocaba contra las paredes de la cabaña y el feroz viento golpeaba contra los vidrios de las ventanas. Tía Petunia encontró unas pocas mantas en la otra habitación y preparó una cama para Dudley en el sofá. Ella y tío Vernon se acostaron en una cama cerca de la puerta, y Harry tuvo que contentarse con un trozo de suelo y taparse con la manta más delgada.

—Te mato, Petunia— dijo Lily.

Petunia pensó internamente "de está no paso , maldito seas Vernon". Lily siguió.

La tormenta aumentó su ferocidad durante la noche. Harry no podía dormir. Se estremecía y daba vueltas, tratando de ponerse cómodo, con el estómago rugiendo de hambre. Los ronquidos de Dudley quedaron amortiguados por los truenos que estallaron cerca de la medianoche. El reloj luminoso de Dudley, colgando de su gorda muñeca, informó a Harry de que tendría una vez años en diez minutos. Esperaba acostado a que llegara la hora de su cumpleaños, pensando si los Dursley se acordarían y preguntándose dónde estaría en ese momento el escritor de cartas.

Cinco minutos. Harry oyó algo que crujía afuera. Esperó que no fuera a caerse el techo, aunque tal vez hiciera más calor si eso ocurría.

—Dulce sarcasmo— dijo Caro sabiendo que esa cualidad de su sobrino era suya.

James que estaba furioso con los Dursley por cómo se trataban a su hijo, asintió y Lily siguió.

Cuatro minutos. Tal vez la casa de Privet Drive estaría tan llena de cartas, cuando regresaran, que podría robar una.

Tres minutos para la hora. ¿Por qué el mar chocaría con tanta fuerza contra las rocas? Y (faltaban dos minutos) ¿qué era aquel ruido tan raro? ¿Las rocas se estaban desplomando en el mar?

Un minuto y debería once años. Treinta Segundos ... Veinte ... Diez ... Nueve ... Tal Vez despertara a Dudley, solo para molestarlo, (-Pensamiento merodeador- Dijeron Sirius (los dos), James y Remus (los dos) SONRIENDO.) Tres ... dos ... uno ...

—Feliz cumpleaños— le felicitó la gente del Gran Comedor incluso Snape que le sonreía dado que había cambiado por completo su opinión del chico.

—Por favor qué eso fue como hace dos años— dijo Harry entre feliz y fastidiado.

Lily sonrió y siguió.

PUM. (—¿Qué fue eso? - preguntaron todos con preocupación.)

Toda la cabaña se estremeció y Harry se enderezó, mirando fijamente a la puerta. Alguien estaba fuera, llamando.

—Alerta permanente muchacho— empezó Moody.

—Sólo tenía 11 años, bastante observaba, ¿de verdad usted con esa edad era así? - interrumpió Harry disculpándose con la mirada con el señor.

—Tienes razón, lo siento muchacho— dijo Moody.

Lily luego de ese intercambio dijo:

—Capítulo terminado—

Dumbledore tomó el libro luego de convocarlo y preguntó:

—¿Quién quiere leer el siguiente capítulo? -

—Yo quiero— dijo una voz.


Hola

Acá, Kira reeditando los capítulos y colocando notas de autor

Aclaraciones para los nuevos y para los viejos también

Para identificar a Albus el hijo de Harry, le pongo la P del apellido, lo mismo con Lily Potter Granger.


Notas de autor:

1)Sonríe porque claramente su hijo es muy respetado dado que con una sola mirada, le hacen caso.

2)Caro es una persona con muchos poderes extras. Comentaré más adelante alguno de ellos.

3)McGonagall ha demostrado en la saga de libros que no sabe mucho del mundo muggle. Aunque eso no me parece muy lógico porque ella es la que va a las casas de los hijos de muggles para presentarles el mundo mágico

4)A Vernon le pegan mucho más porque están defendiendo a ambos niños.

5)Más allá de que hay una historia detrás de Marge, Hermione ya escuchò a su versión mayor maldecir a la mujer. Eso la hace pensar que Harry tuvo un buen motivo para inflarla.

6)La nostalgia es porque hace mucho que no escuchan a ambos canturrear así.

7)A su hermanita también le encanta agarrar cosas del aire.

8)Dudley es un malcriado pero ha escuchado a muchos insultarlo por lo bajo por gordo. No lo dicen fuerte porque le tienen miedo.

Kira