Disclaimer: CCS y sus respectivos personajes no me pertenecen. Estos pertenecen a las CLAMP.
Summary: A Sakura le gusta Eriol Hiragizawa, quien no parece tener interés en nadie, ignorando lo que su mejor amigo siente por ella. ¿Las consecuencias? Un Syaoran con novia y a ella con un conflicto de sentimientos.
. . .
Y el karma dijo
"Amarás a quien no te ama, por no haber amado a quien te amó…"
. . .
— II —
Desde que inició su relación con Syaoran, Sayuri imaginó cientos de escenarios para lo que sería su primer beso con él. Cada uno de ellos bastantes románticos, cabe decir. Sin embargo, cuando lo vio en esa esquina, dirigiéndole una pequeña sonrisa mientras hablaban de los planes en los que él estaba dispuesto a ayudar, además de que prácticamente no había personas transitando la calle, no pudo detenerse y conteniendo la angustia de que no le correspondería, lo besó.
Para su fortuna, Syaoran le había respondido el beso y la había tomado levemente de la cintura, consiguiendo que sintiera ese momento como mágico... hasta que Kinomoto hizo acto de aparición.
Observó a la chica, quien tenía una cara de absoluta sorpresa y cuando notó que el castaño se alejaba de ella como si su contacto quemara, lo observó y pudo ver que él miraba a Kinomoto con cierta culpabilidad.
El pinchazo en su pecho no tardó en aparecer, por lo cual agachó la mirada.
Ella lo entendía. Entendía que la persona a la que Syaoran amaba era Kinomoto, pero eso no quería decir que los sentimientos que ella tenía no tuvieran importancia.
—Syaoran —le llamó para obtener su atención. Como aún mantenía la mirada algo agachada no se percató que el castaño dio un breve sobresalto por su llamado, levantó sus ojos azules para observar los ojos ambarinos de él, que la miraban con algo de culpa. Yo lo entiendo, se repitió mentalmente y suspiró lentamente—. Me iré a mi casa para ir preparando el pastel de mi mamá —le dijo y tomó las bolsas que él cargaba—, habla con ella.
—Pero —trató de empezar a decir, pero lo interrumpió.
—No te preocupes —dijo con una breve sonrisa—, buscaré una receta, pero si más tarde puedes ir, eres bienvenido.
—Sayuri…
—Lo entiendo, Syaoran —dio un paso hacia él y le dio un beso en la mejilla para después susurrar—. Espero verte más tarde.
Le dirigió una breve mirada a Kinomoto, quien se dedicaba a mirar fijamente a su novio y procedió a continuar su camino, sin atreverse a mirar atrás.
Se detuvo justo cuando giro en una calle y colocó su mano derecha sobre su pecho. ¿Era correcto lo que hacía, verdad? Y si lo era, ¿por qué sentía que lo podía perder?
«¿…estás seguro de estar con una chica cuando amas a otra?»
El recuerdo de la plática entre Daidouji y su novio vino a su mente, como un flash, dándole una respuesta a sus inquietudes.
Syaoran tenía que hablar sobre su relación con Kinomoto, sin que ella interviniera en el proceso, para iniciar a darle un cierre a los sentimientos que él tenía. Hace algunos días, no, horas, hubiera tenida la duda de si Syaoran preferiría a Kinomoto, sin embargo, se sentía con la confianza de que no sería así.
Confiaba en él.
Lo entiendo, se volvió a decir con más convencimiento mientras reanudaba a caminar.
«…ahora estoy seguro que sí.»
.
Sakura vio de reojo como Sayuri Natsume se alejaba, justo después de volver a besar a Syaoran (pero fue en la mejilla, se dijo mentalmente) y le susurraba algo con los ojos brillantes; fue cuando decidió no seguir mirándola y se concentró en su amigo, quien tenía un reflejo de culpa en sus ojos.
Cuando la chica ya se había ido, todo quedo en silencio entre ellos, ambos se miraban directamente a los ojos.
—Di algo —pidió al fin, cansada de aquel silencio.
Syaoran suspiró y rascó su cabello, mientras pensaba en lo próximo que diría.
—¿Qué haces aquí?
Sí, él estaba tratando de ganar tiempo. Lo último que esperaba que sucediera cuando estaba con Sayuri era que Sakura apareciera justo en el momento en el que ella lo había besado y él había correspondido. ¿Por qué había hecho eso? Por la misma razón por la que había decidido contarle a Sakura sobre su relación al día siguiente.
Pero claro, las cosas no tenían que salir como él las tenía contemplada y ahora tenía a su mejor amiga mirándolo con un leve reproche.
—Mi mamá olvidó unas cosas —contestó algo renuente.
La observó con duda al preguntar lo siguiente.
—¿Quieres que te acompañe?
De reojo se percató que el celular de Sakura continuaba en el suelo, por lo que terminó de acercarse para poder tomarlo y ofrecérselo.
—Gracias —murmuró al aceptar el aparato, observó su teléfono y por suerte la caída no le había afectado en lo más mínimo. Una vez más miró a Syaoran, se había percatado que él estaba tratando de evitar el tema—. Quiero me expliques lo que acabo de ver —respondió como respuesta a la pregunta que él había realizado anteriormente.
Porque ella no le permitiría que desviara el tema.
—Te lo explicaré adentro —declaró. Inició a caminar de nuevo hacia la entrada de la tienda y al notar que Sakura no lo seguía, se detuvo y la volteó a ver—. Anda, sé hará más tarde y estoy seguro que no querrás perderte el regreso de tu padre.
Sakura hizo un puchero e inició a avanzar, odiaba admitir que él tenía razón.
Varios minutos después, ambos se encontraban caminando a través de los pasillos, Sakura rápidamente había logrado localizar la mayoría de la lista y ya solamente les faltaban dos cosas. Sin embargo, ese silencio estaba causando estragos en ella, ¿por qué Syaoran no le decía nada? ¿Será que Natsume trato de aprovecharse de él y no lo quería admitir?
Ese último pensamiento causó que se detuviera abruptamente, lo que provocó que el castaño la mirara con duda, sobre todo por su gesto de angustia.
—¿Te encuentras bi—?
Pero ni siquiera logró terminar de preguntar ya que la chica lo abordó con cuestiones bastante elocuentes.
—¿Acaso te está amenazando con algo? ¿Es una apuesta? ¿Le debes algo? ¿Meiling te obliga?
—Sakura, basta —le tomó de los hombros, pues la chica continuaba murmurando cosas sin sentidos.
—¡Entonces explícame! —dijo.
Syaoran suspiró y quito sus manos de los hombros de ella.
—Inicié a salir con Sayuri hace un mes —empezó a decir, mientras guardaba sus manos en sus bolsillos—, ella me confesó sus sentimientos una tarde después de los entrenamientos y yo le contesté unos días después, aceptando que ella se convirtiera en mi novia.
Sakura asintió lentamente, asimilando lo que escuchaba.
—¿Por qué no me habías contado nada? —murmuró, dolida.
Porque en definitiva era lo que más le dolía, que Syaoran no confiara en ella como tanto creía. Llevaba toda la tarde teniendo ese tipo de dudas, sobre la confianza que le tenía él, y que se enterara de lo forma en la que lo había hecho, era lo peor.
—Tenía pensado hacerlo mañana…
—¿Y por qué tardar tanto en decírmelo? —al fin se atrevió a hablar con tono de reclamo.
—Quería estar seguro de que hacia lo correcto.
—¿Seguro de qué? —cuestionó. ¿En si soy de confianza?, ¿si aún soy importante en tu vida?, pensó.
—De si era correcto.
Eso la confundió, y la expresión en su rostro lo reflejó.
—¿Correcto?
—Así es —dijo, tomando la canasta y la lista de sus manos. Inició a avanzar por su cuenta, siendo seguido rápidamente por ella—. Como te lo dije, ahora lo estoy y es por eso que te lo iba a contar mañana, eres mi mejor amiga Sakura y no me gusta ocultarte nada.
La castaña sintió una punzada en su pecho ante las palabras de él.
—¿De qué estás seguro? —preguntó con suavidad, una parte de ella temía de la repuesta que él pudiera darle.
Syaoran volteó a verla directo a los ojos, y destellando seguridad (no sólo en su mirada, también en su hablar), dijo algo que la dejo paralizada.
—De que ella me gusta.
.
.
.
—Estoy en casa —murmuro con cansancio en cuanto ingreso a través de la puerta.
Inmediatamente sintió como su acompañante le golpeaba en las costillas con su codo, por lo cual frunció el ceño y la miro con enojo.
—No regresas tú solo —dijo ella con una sonrisa, como respuesta a su golpe.
Rodó los ojos, con fastidio.
—Yo no te invite.
Ella continuó sonriendo, se quitó sus zapatos y después de ponerse una de las pantuflas que se encontraban en el recibidor de la casa de los Kinomoto, inició a caminar al interior del lugar justo en el momento en el que Nadeshiko aparecía para darle la bienvenida a ambos, pues se había percatado que su hijo mayor no había llegado solo.
—Bienvenidos —les dijo con una sonrisa.
La joven de cabello castaño dio una rápida reverencia hacia la mujer frente a ella.
—Es un gusto verla, señora Nadeshiko.
—¿Dónde está el monstruo? —preguntó a su madre, pues se había percatado que las pantuflas rosas de su hermana se encontraban en el recibidor.
—Sakura me hizo el favor de ir a comprar unas cosas que olvide para el postre que le quiero preparar a tu padre —les respondió mientras volvía a regresar a la cocina, no quería que por distraerse, aunque fuera muy poco, se le fuera a quemar algo.
Ellos rápidamente lo siguieron.
—¿No le habías dicho que no anduviera de un lado al otro? —le cuestionó a la castaña, quien asintió.
—Eso le dije, pero tranquilo Touya —le dijo, mientras sonreía y le daba una palmada en el hombro. Después se dirigió a lavar sus manos—, no creo que Sakurita se vaya a provocar alguna otra pequeña hemorragia.
—Ese monstruo es tan torpe que estoy seguro se puede tropezar con una piedra y golpearse con un poster.
—Ya no debe tardar en llegar —le dijo Nadeshiko, mientras iniciaba a picar unas verduras.
—Permítame ayudarle —le dijo Nakuru a la peli-negra, quien le agradeció con una sonrisa.
—Iré a buscarla, lo más seguro es que también olvide algo.
—Pero ni siquiera sabes a donde fue —le dijo la chica deteniendo lo que hacía, sus ojos castaños destellaban burla.
Él la miro con algo parecido a la superioridad.
—Eso no me importa —contestó y salió de la cocina.
Nakuru suspiro profundamente.
—Debo admitir que es tan lindo ver como Touya se preocupa por su hermana.
Nadeshiko soltó una pequeña risa.
—¿Verdad que sí?
Nakuru asintió efusivamente e iba a decir otra cuando escucharon como Touya abría la puerta e iniciaba a hablar con un tono bastante irritado.
—¿Qué hace el mocoso contigo monstruo?
Ambas rápidamente dejaron de hacer lo que realizaban en ese momento y se dirigieron al recibidor, donde se encontraba Touya de pie, con la puerta abierta; esta dejaba apreciar a Sakura y Syaoran.
—¡Syaoran, querido, que bueno que decidiste acompañarnos! —habló Nadeshiko, avanzando a la puerta y tomando al castaño del brazo, logrando que entrara a la casa y apenas dándole oportunidad de quitarse los zapatos.
—Señora, yo…
—Mamá, espera…
Dijeron los dos castaños, al mismo tiempo, mientras ingresaban.
—¿Por qué el mocoso nos debe acompañar? —soltó Touya con fastidio—. Es suficiente con que Nakuru se haya auto-invitado.
—¡Ey! —le dio un breve golpe y después se abrazó al brazo de él, causando que Touya la viera con los ojos entrecerrados.
—¿Sakura te comentó que haría el postre que tanto te gusta? —siguió hablando Nadeshiko, ignorando sin querer lo que decían los más jóvenes—. Si quieres puedes realizar ese pastel de chocolate del que Sakura ha presumido muchas veces, dice que te queda muy bien —le sonrió.
—Yo… ah… —Syaoran no sabía que decir, y observó a Sakura con auxilió, quien, ya cansada, sólo cerró los ojos y miro a otro lado.
—¡Yo no probaré nada que haga el mocoso! —demandó Touya.
—¡Yo quiero el pedazo de Touya! —dijo Nakuru con entusiasmo, levantando uno de sus brazos.
—Estoy segura que a Fujitaka le dará mucho gusto verte —dijo la peli-negra, al fin soltándolo y dando un aplauso con sus manos—. ¡Todos a la cocina! —demandó con alegría, y antes de que su hijo mayor dijera algo, volvió a hablar—. Sin excepciones, cariño.
Nadeshiko inició a avanzar y Nakuru fue la primera en seguirla, llevando a Touya en el proceso, quien la fulminó con la mirada primero a ella y después al castaño.
Entonces se dio cuenta.
Se detuvo, ocasionando que la chica de ojos castaños también lo hiciera y lo observara de forma extraña ante su expresión de seriedad.
—Mamá, espera —le dijo antes de que ella entrara a la cocina.
El mocoso miraba hacia su hermana con seriedad y ella ni siquiera se atrevía a dirigirle la mirada, además de que traía el ceño levemente fruncido, cosa rara en ella. Además, el monstruo ni siquiera lo había defendido cuando le llamó "mocoso".
Ahora que lo recordaba, antes de que abriera la puerta había logrado escuchar la voz de Sakura bastante molesta.
—¿Qué pasa? —le preguntó su madre, confundida.
—Creo que el mocoso quiere decir algo —dijo, ocasionando que este le regresara la mirada. Touya elevó una de sus cejas, dándole a entender al castaño que se había percatado de la pequeña tensión entre los dos.
Syaoran suspiró y miro a Nadeshiko con una pequeña sonrisa de disculpa.
—Lo siento de nuevo, señora Nadeshiko —dijo, sabiendo que repetiría una palabras similares a las que le había dicho hace una hora, casi dos—, aún tengo un pendiente por realizar.
Nadeshiko lo miro con algo de tristeza y cuando estaba a punto de decir algo, se inició a escuchar una risa por parte de Sakura.
—Llama a ese pendiente como se debe—la castaña de ojos verdes dejó de reír y lo miro directamente. Syaoran cerró los ojos por un momento, ya se imaginaba con que saldría Sakura, podía sentir la mirara de ella en su persona—. Disculpa a Syaoran, mamá —dijo ahora mirando a su madre, quien la veía algo confundida—. Él hará un pastel hoy, pero no puede hacerlo aquí, su novia lo está esperando en su casa para que le ayude.
—Sakura… —Syaoran se acercó para hablar con ella, pero la chica lo ignoró y caminó rumbo a su madre para entregarle la bolsa.
—Aquí tienes, mamá —la peli-negra tomo la bolsa y la observó con leve preocupación—. Iré a cambiarme, bajo en un momento a ayudar.
Y justo cuando empezó a caminar rumbo a las escaleras, Syaoran volvió a llamarle.
—Espera, Sakura, tenemos que hablar —le dijo; ya no importando si el lugar era el indicado o no.
Sakura, que estaba en el pie de la escalera, se detuvo pero no se giró a mirarlo.
—Hablaremos mañana, eso es lo que querías desde un principio —contestó e inicio a subir inmediatamente.
El castaño iba a seguirla pero fue detenido por Touya, quien colocó su mano en uno de sus hombros.
—Iré a dejar al mocoso —dijo Touya con calma, sorprendiendo al susodicho—. Mamá, ¿me prestarías tu auto? Nakuru y yo vinimos aquí en la motocicleta.
—Deje las llaves en la cocina —el peli-negro asintió y ella le extendió la bolsa—. ¿Podrías dejarla ahí, por favor?
Touya asintió y tomo las bolsas.
—Espera aquí —le dijo a Syaoran antes de ir a la cocina.
—Iré a ver que no se haya quemado nada —dijo Nakuru, y siguió rápidamente a Touya.
En el lugar quedaron Nadeshiko y Syaoran. Él miraba hacia una de las paredes donde se encontraba una foto de Sakura en su primer día en la secundaria; recordaba ese día a la perfección, ellos apenas iniciaban a ser amigos y a pesar de eso ella le había pedido con entusiasmo que se tomaran una foto juntos, para que recordaran para siempre ese día.
Bajo esa lluvia de cerezos y las risas discretas de Tomoyo, fue la primera vez que él se había sonrojado ante ella, por causa de esos ojos brillantes y su gran sonrisa.
Despertó de sus pensamientos al sentir una delicada mano sobre su hombro, miro a su derecha y notó que aquella cálida mujer que le había abierto las puertas de su casa desde el primer momento en el que lo conoció, lo miraba con leve tristeza.
—¿Estás seguro? —le preguntó con suavidad.
Porque Nadeshiko lo sabía –a decir verdad, todos lo sabían, excepto una despistada y terca chica que se negaba a ver más allá–, que el muchacho frente a ella le dedicaba un gran sentimiento a su hija. ¿Y cómo no darse cuenta? Si se notaba cada vez que la miraba.
—Sí, lo estoy —contestó con firmeza.
—Entonces ella debe ser una gran chica —dijo, sorprendiéndolo.
Y antes de que el castaño pudiera responder algo, Touya volvió a aparecer con las llaves tintineado en su mano derecha.
—Andando, mocoso —dijo al pasar al lado de él.
—Nos vemos, señora Nadeshiko —se despidió dando una pequeña reverencia.
—Eres bienvenido cuando gustes, querido —le contestó una dulce sonrisa.
Syaoran le dedicó una pequeña sonrisa e inició a seguir a Touya.
Cuando salió de la casa y estuvo al lado del auto, miro a la única habitación del segundo piso que mostraba sus luces encendidas, la habitación de Sakura, y después de empuñar sus manos para calmar a sus instintos que le pedían ir a buscarla, subió al auto.
Sayuri lo estaba esperando.
.
.
.
Llevaban cerca de cinco minutos en el auto y el único sonido era el de la radio y las leves explicaciones que él daba.
—¿Por qué me estás llevando? —preguntó, ya cansado de tratar de adivinar porque Touya Kinomoto se estaba comportando amable con él.
Touya no contestó, algo que no le sorprendió, por lo cual bufó y decidió mirar por la ventana.
—Tengo mis motivos —escuchó que él decía, logrando que volteara la cabeza para verlo—, así como tú debes tener los tuyos.
—¿Acaso quieres hablar de mi relación? —preguntó con sarcasmo y sorpresa.
Si llegaba ser así, sería el colmo. Porque sería la cuarta persona (bueno, tercera, la señora Kinomoto parecía apoyarlo) que dudaba de su facultad para tomar decisiones. Y no es que tachara al peli-negro de entrometido, pero, ¿acaso él le andaba cuestionando sobre la extraña relación que tenía con Nakuru Akizuki?
Además, desde su perspectiva, Kinomoto debería ser la persona a la que le diera más gusto su relación.
—Eso me importa muy poco —le contestó con un gruñido.
Ambos continuaron el viaje en silencio por algunos minutos más, hasta que el castaño le indicó donde pararse, en una casa azul muy bonita de dos pisos.
—Gracias por traerme —dijo en voz baja el castaño una vez que se había bajado del auto. Estaba a punto de darse la vuelta cuando la voz de Touya lo detuvo.
—Mocoso —le llamó y Syaoran lo miro con algo semejante al cansancio, ¿qué le diría ahora? Seguramente sería algo cómo: "Ahora sí aléjate de mi hermana" o alguna semejanza—, piensa bien en lo que haces, más de una persona puede salir lastimada.
Después de eso piso el acelerador y se fue, dejando a Syaoran sorprendido.
¿Acababa de recibir una especie de consejo de Touya Kinomoto?
.
Observó la pantalla de su laptop con angustia, tenía alrededor de siete pestañas abiertas en su navegador favorito y sólo le habían causado confusión cada una de ellas.
¡Y es que todas las recetas eran tan parecidas y diferentes a la vez! No sabía a cuál irle y por un segundo pensó en buscar videos en YouTube pero desechó la idea, sólo le causarían más confusión.
Colocó su rostro entre sus manos, con frustración. Quizá era el momento para iniciar a tomar clases de repostería; es más, le diría a Meiling si se quería inscribir con ella.
Quito las manos de su cara y observó la hora en la computadora. Aún es temprano, pensó, debería ir a una pastelería…
Justo cuando estaba a punto de dirigirse a su cuarto para buscar su cartera y checar cuánto dinero le quedaba, escuchó como sonaba el timbre de su casa.
Al abrir la puerta, no pudo evitar su sorpresa.
Se trataba de Syaoran.
—H-hola, yo… pensaba que ya no vendrías —saludó algo avergonzada. Al darse cuenta que seguían en la entrada, se hizo a un lado y le permitió pasar.
—Pensé que tenías algunos problemas —le contestó al pasar y quitarse los zapatos para ponerse unas pantuflas que le dio la chica—, además…
—¡Fueron por los mensajes con las páginas de recetas! —exclamó sonrojada por la vergüenza, cuando le mandó esos mensajes lo había hecho en medio de su desesperación de no saber a cuál receta hacerle caso.
Lo más seguro es que lo haya interrumpido mientras hablaba con Kinomoto.
Sinceramente no sabía si eso ultimo le preocupaba o aliviaba.
—Tranquila —le dijo él con una pequeña sonrisa—, yo te lo prometí, por eso vine.
Le correspondió la sonrisa, sin embargo la duda seguía en ella.
—¿Cómo te fue con Kinomoto? —preguntó sin poder evitarlo.
Syaoran desvió la mirada y después sonrió con algo de ironía.
—Bien. Es más, ella me dijo que viniera para acá —respondió.
Sayuri detectó el tono irónico en la voz de él y se preocupó, quizá las cosas con Kinomoto no habían salido del todo bien.
Lo mejor que podía hacer era que, aunque fuera por un rato, él se distrajera.
—¿Sabes? Fue bueno que llegaras en este momento—eso llamó la atención de Syaoran—, estaba a punto de rendirme e ir a una pastelería.
El castaño bufó con algo de gracia, caminó hasta ella para tomarla de la mano y llevarla a la cocina.
—Vamos o se hará más tarde.
La chica de ojos azules miro la unión entre ellos y sonrió enternecida, con las mejillas sonrojadas.
—Claro —le respondió risueña.
.
.
.
Se colocó la blusa blanca y conforme abrochaba los botones pudo notar una leve sensación fría en su espalda, todo gracias a la poca humedad que aún presentaba su cabello. Se puso el saco azul pero no lo abrochó, daba igual, de todos modos ya se iba a ir a casa.
—Nos vemos mañana, Meiling —escuchó como se despedían las únicas chicas que, hasta ese momento, la acompañaban en el vestidor.
Asintió e hizo un ademan con su mano, como gesto de despedida.
Estiró su cuello hacia la derecha y emitió una mueca, estaba tan cansada por el entrenamiento… quizá había exagerado un poco esta ocasión.
Tomó la toalla azul que se encontraba en el banquillo a su izquierda y se sentó para poder continuar secando su largo cabello negro.
Mientras lo hacía un pensamiento llegó a su mente, uno que llevaba varios días en ella.
Quizá debía cederle el puesto de capitana a otra de las chicas del equipo.
El año escolar estaba a punto de terminar y el próximo debía dedicarse a decidir lo quería hacer con su vida, buscar universidades y prepararse para entrar en alguna.
Ojalá fuera sencillo para ella decidir qué hacer, como a la mayoría de sus conocidos.
Eriol y Syaoran, por ejemplo. Los dos, a pesar de que tenían que estudiar Administración de Empresas o algo similar debido a sus herencias, sabían que a lo que deseaban dedicarse era a la medicina y la arqueología, respectivamente; sin embargo, ambos ponían sus propios deseos de lado con tal de no defraudar a la familia.
A veces le daba pena la situación en la que estaban, pero los dos eran demasiados tercos para su propio bien. Syaoran decía que era su responsabilidad y que no permitiría que alguna de sus hermanas dejara lo que amaba hacer para recluirse en una oficina; Eriol, por su parte, decía que le había hecho una promesa a su madre y que la cumpliría sin importar que.
Negó suavemente con la cabeza y suspiró, quería hacer algo por los dos pero no sabía qué…
—¿Meiling? —escuchó una delicada voz a su izquierda, sabía perfecto de quien se trataba.
Volteó y notó que Tomoyo iba entrando al vestidor. Alzó una de sus cejas al notar que aún vestía el uniforme deportivo.
—¿Qué haces vestida así?
Daidouji sonrió y se dirigió al pequeño locker donde guardaba sus cosas.
—Hace rato no pude cambiarme porque fui a ver a Sakura a la enfermería —inició a explicar. Meiling asintió, sabía gracias a un mensaje Sayuri que Kinomoto había tenido un accidente y que por lo mismo su primo la llevaría a casa—, el tiempo se me fue volando y no alcance a regresar aquí.
—¿Fuiste a tu practica del coro con tu uniforme deportivo? —preguntó incrédula.
Tomoyo sonrió avergonzada, como pocas veces lo hacía.
—Me debatí entre mi puntualidad y mi presentación, ganó la puntualidad.
Meiling continuó secando su cabello mientras pensaba en Tomoyo, la conocía y era por eso que le sorprendía lo que había hecho pues Tomoyo era muy parecida a Eriol, al menos en la fachada que ambos se empeñaban en mostrar a los demás: personas perfectas que sabían cómo lucir y hablar ante todos sin mostrar algún error.
Sin importar si eso los hacía realmente feliz o no.
—Por cierto, creo que olvidaste eso en uno de los patios —levantó la vista hacia ella y notó que ella ya se había terminado de cambiar y que le extendía una pulsera roja.
Abrió los ojos con impresión y rápidamente llevo su mano a su muñeca izquierda, sintiendo como sólo había dos pulseras en ella y no tres como era costumbre.
Estaba tan distraída que no se había percatado que no llevaba la pulsera que Eriol le había regalado cuando eran niños.
—Gracias —dijo y la tomó para ponérsela inmediatamente—. Ni siquiera había notado que la había perdido —se atrevió a confesarle mientras veía y acariciaba su muñeca.
—No te preocupes —le sonrió Tomoyo—, supuse que la plática entre Syaoran y yo te había distraído tanto para ni siquiera darte cuenta.
Meiling la vio directo a los ojos, sin decir nada.
—No te preocupes, Syaoran no se percato de que nos escuchabas.
—Vaya, eso me hace sentir mejor —dijo con evidente sarcasmo.
—Lo que me sorprende es que no me hayas interrumpido cuando le estaba haciendo ver a Syaoran lo mal que está tomando sus decisiones últimamente.
—¿Disculpa? —cuestionó, con un tono agresivo, sabiendo bien de lo que la chica frente estaba hablando—. ¿Malas decisiones?
—Así es —contestó con serenidad, sin importarle el tono que Meiling había utilizado con ella—. Sabes muy bien a que me estoy refiriendo.
—Te refieres a la relación entre mi primo y Sayuri —el silencio de Tomoyo fue todo lo que necesito como respuesta—. ¿Cuál es tu problema, Tomoyo?
—Que Syaoran no está pensando con sensatez las cosas y sólo va a obligarse a creer que siente algo por Natsume —contestó—. Él ama a Sakura.
—¡Pero ella a él no! Y Xiao Lang tiene todo el derecho a querer olvidar sus sentimientos y Kinomoto debe ver que él no será por siempre el mejor amigo incondicional, viendo como ella suspira por otros.
—Sakura lo ama, sólo que-
—Sólo que ella no se da cuenta —la interrumpió, con evidente burla en su voz. Tomoyo se permitió fruncir levemente el ceño—. A la mierda con eso. Sayuri es una gran chica y sé qué hará que Xiao Lang superé a Kinomoto.
Meiling logró notar la sonrisa irónica que Tomoyo soltó como por un segundo mientras se colgaba su bolsa y fue ahí cuando lo supo.
No se trataba de que Syaoran quisiera olvidar a Sakura.
Todo tenía que ver con la chica con la que quería olvidarla.
—¿Cuál es tu problema con Sayuri? —le preguntó directamente.
Tomoyo la miro a los ojos y le sonrió con condescendencia.
—Ninguno —respondió bastante segura de sí misma, actitud que Meiling no le creyó ni por un segundo—. Debo admitir que me sorprende la gran fidelidad que le tienes, cuando hace algunos años tu misma me ayudabas a juntar a Syaoran y Sakura.
—Me di cuenta que perdía el tiempo —contestó altivamente—, tú también deberías darte percatarte de eso.
—Fue un gusto hablar contigo —se despidió mientras le sonreía una vez más. Mientras avanzaba, continúo diciendo una cosa más, jamás quito su sonrisa—. Por cierto, deberías cuidar ese lenguaje; si tu tía te escuchara, pensaría que no te educó bien.
Y salió del vestidor, dejando sola a Meiling, quien empuñó las manos y fue tras ella.
—Esa es la diferencia entre nosotras y la razón de que dejáramos de ser amigas hace años —dijo en voz alta, causando que Tomoyo se detuviera—. No me gusta ser la muñequita de porcelana que hace todo lo que le dicen y no puede mostrar quien es realmente, muriendo lentamente por dentro. Fue un gusto hablar contigo.
Le regresó sus palabras con notario sarcasmo y regresó al vestidor.
Varios segundos después, Tomoyo continuó caminado, está ocasión sin la sonrisa en su rostro.
.
.
.
Sakura marcó al celular de Tomoyo como por quinta ocasión en los últimos tres minutos y al notar que nuevamente timbraba hasta mandarla al buzón de voz, suspiró.
Recordaba que ese día Tomoyo había olvidado su celular en casa, pero sinceramente esperaba que ella se encontrará ya en su casa y así pudieran hablar.
Ante de bloquear su celular, decidió mandarle un mensaje para después dejarlo sobre el buró al lado de su cama.
Fue cuando notó un portaretrato con una de sus fotografías más queridas, lo tomó entre sus manos y no pudo evitar sonreír con nostalgia.
Se trataba de Syaoran y ella, en su primer día de secundaria.
Era la época en la que Tomoyo aún gustaba de cargar su cámara, por lo cual habían aprovechado para capturar todos los recuerdos que podían de ese día.
Vio el rostro de Syaoran y su sonrisa creció un poco más, él era tan tímido en ese tiempo que le había costado convencerlo en tomarse tal fotografía.
Una parte de ella llegó a pensar que estaba abusando de su suerte, pues su amistad tenía unos cuantos meses de haberse concretado y no quería que él pensara que se estaba aprovechando o algo así, era sólo que quería un recuerdo con él, porque ella había tenido el presentimiento desde entonces: Syaoran se volvería alguien importante en su vida.
Y lo era. Por eso dolía estar molesta con él.
¡Pero no podía evitarlo! No sabía que la hacía estar tan enojada y era por eso que deseaba hablar urgentemente con Tomoyo.
Necesitaba uno de sus consejos.
Suspiró cansada y dejó el portaretratos en su lugar para después levantarse de su cama.
Tenía que bajar y ayudar con la cena.
.
—No sé qué me sorprende más —empezó a decirle Nakuru a Nadeshiko—: que Li tenga una novia que no sea la pequeña Sakura o que Touya se haya ofrecido a llevarlo.
—La amabilidad de Touya no es algo que debería sorprenderte, Nakuru —le dijo sonriendo Nadeshiko, causando que la chica se sonrojara levemente—, y con respecto a lo de Syaoran, es una decisión que se debe respetar, es un joven muy maduro para su edad y si tomó esa decisión es por algo.
—La única que parece tener un problema con eso es la pequeña Sakura —respondió con un suspiro.
—Es lo malo de cuando uno se da cuenta a tiempo de las cosas —habló Nadeshiko mientras continuaba revolviendo el contenido del sartén frente a ella—. Mejor dime, Nakuru, ¿cómo es que terminaste acompañando a Touya?
La chica soltó unas risas mientras le pasaba la verdura ya picada.
—Fui a la facultad a dejar unos papeles sobre las practicas que estaba realizando en la preparatoria Seijo, ahí me encontré a Touya y logré conseguir que me trajera —la observó con cierta duda—. ¿Creé que me aproveché?
—Si mi hermano no hubiera querido, no te hubiera traído —escucharon la voz de Sakura detrás de ellas.
Ambas giraron a verla y la pudieron notar ya más calmada, ya no tenía puesto su uniforme si no un pantalón negro y una blusa verde.
Nakuru hizo un chasquido son sus dedos y asintió con una sonrisa.
—Tienes toda la razón, pequeña Sakura. A tu hermano a de encantarle mi presencia.
—Eso sólo en tus sueños —escucharon la voz de Touya detrás de Sakura.
—Dejame decirte que sempre estás en ellos, querido —le guiñó un ojo Nakuru, causando que Touya rodara los ojos pero Sakura pudo notar la pequeña sonrisa en sus labios.
—¿En qué quieres que te ayude, mamá? —le preguntó Sakura.
—¿Podrías remover esto para evitar que se queme? —le señaló lo que estaba enfrente de ella, la castaña asintió y de inmediato fue a sustituirla—. Gracias, cariño. Ahora iniciaré a preparar el postre. Touya ayuda a Nakuru a ir colocando la mesa —ambos asintieron y fueron rápidamente a hacerlo.
Estando ya solas en la cocina, Nadeshiko se acercó a Sakura.
—Cariño —le llamó, causando que girara levemente hacia ella.
—¿Sí?
Lo pasó a continuación le sorprendió, su mamá tomo sus manos entre las de ellas y la miro directo a los ojos.
—Las personas que están destinadas a estar siempre con nosotros, lo estarán; no importa lo que se interponga o la forma en la que lo estén —le sonrió dulcemente—. Espero que siempre tengas presente eso.
Sakura la miro sin saber que decir, Nadeshiko sólo le dio un breve abrazo antes de soltarla y seguir con lo que dijo que haría.
—Vamos cariño —le dijo—, o se hará más tarde.
La castaña asintió distraídamente, aun procesando las palabras de su madre.
Ahora se sentía más confundida.
.
.
.
Sayuri continuó embarrando el contenido del envase de nutella al pastel frente a ella, lo hacía con calma, tratando de no agregar contenido de más en algunas partes.
Syaoran, quien se encontraba frente a ella, la observaba con una sonrisa.
Le sorprendía la dedicación que mostraba, se había propuesto a realizar casi todo, dejándolo prácticamente sólo como un instructor. Además, cada que le decía algún paso, primero lo anotaba en una pequeña libreta y después lo hacía con mucho cuidado.
—Por si se ofrece en el futuro —le respondió con una sonrisa cuando le había cuestionado la razón por la que lo estaba haciendo.
Observó nuevamente con detenimiento a la chica frente a él.
Su largo cabello rojizo se encontraba amarrado en una coleta alta, dejando que unos cuantos mechones enmarcar su rostro. En su cara se podían apreciar unas cuantas manchas de harina, pero no parecía importarle. Sus ojos azules realmente parecían concentrados en su tarea y no perdían ningún detalle. También pudo notar como mordía su labio inferior…
—¡Listo! —exclamó la chica frente a él, despertándolo de sus pensamientos—. ¿Qué sigue?
—Eh… bueno —tosió un par de veces, queriendo apartar el sonrojo que había subido a sus mejillas—, lo último es cuestión decorativa —estiró el recipiente con las fresas que antes había cortado—. Se me ocurrió que podías decorarlo con fresas, me dijiste que era la fruta favorita de tu mamá, ¿no?
La chica asintió efusivamente y tomó el recipiente para colocarlo al lado del pastel, tomo la libreta a su derecha e inicio a escribir.
—Decorar al gusto —murmuró, dándole a saber a Syaoran que continuaba escribiendo los pasos.
Después de varios minutos, la chica termino de colocar las fresas, las había puesto en la parte superior, logrando que pareciera una flor.
Sayuri sonrió, contenta por su resultado y miro a Syaoran, esperando a que él le dijera su opinión.
—Quedo perfecto.
—¡Debo mandarle una foto a Meiling! —exclamó la chica tomando su celular y tomando varias fotos del pastel, mandándoselas a su mejor amiga—. Se ve tan bonito que me dará pena que mamá lo tenga que partir más tarde, ¡pero estoy segura de que le encantará!
La chica continuaba hablando para después reír, parecía que Meiling había respondido con algo gracioso.
Sus ojos azules brillaban y él, callando la voz en su interior que le decía que no hiciera nada apresurado, dijo lo siguiente:
—Me gustas.
La peli-roja levantó la vista rápidamente hacia él, para verlo con sorpresa.
Hace años hubiera negado que existiera la posibilidad de que alguna chica lo hiciera olvidar el sentimiento que tenía por Sakura Kinomoto, sin embargo, desde hace un par de semanas se había percatado que eso ya no era del todo cierto.
La chica frente a él podía lograrlo.
Pero no mentiría, aún amaba a Sakura. Lo supo cuando después de besar a Sayuri, y que ella los viera, un sentimiento de culpa se instalara en su corazón, pero ya era suficiente. Como decía Meiling, era el momento para que él decidiera ser algo egoísta y buscara tener algo bueno con alguien quien también lo merecía.
—T-tu también me gustas —musitó ella, con un gran sonrojo.
Y en su opinión, iba por buen camino.
Notas:Y nuevamente decido actualizar a la 1:06 de la mañana, no sé qué pasa conmigo, sobre todo sabiendo que debo trabajar en unas horas…
En fin, eso es lo menos importante.
Tardé en actualizar un poco más de lo esperaba, pero al menos puedo decir que fue antes de cumplir el mes de publicar esta historia. Para mí, eso ya es un logro hahaha.
Si se percataron, no sabemos –bueno, yo sí– de que estuvieron hablando Sakura y Syaoran después de él le confesara que le gustaba Sayuri. Debió ser algo serio para que Sakura estuviera tan molesta, o quizá es sólo que la chica en este momento no tiene en claro lo que siente y lo único que puede expresar bien es el enojo de saber que la persona en la que más confías, no confié en ti de la misma forma. Lo que hablaron los castaños lo sabremos en el siguiente capítulo, no se preocupen.
La escena entre Tomoyo y Meiling no fue algo que tenía planeado en un principio (de hecho, Tomoyo iba a tener una escena totalmente distinta) pero no pude detenerme cuando inicié a escribirla. Necesitaba dar a notar que, a diferencia de Un Destino Confuso, en esta historia las chicas no son amigas.
¡Estoy muy contenta por la respuesta que tuvo la historia! Hacen que me llene de alegría, haré mi mejor esfuerzo por que les siga gustando.
Así que ya saben, cualquier comentario de ustedes es bienvenido.
¡Nos veremos pronto!
PD: Es probable que la actualización de Un Destino Confuso llegué antes o el mismo fin de semana próximo, por si hay alguien aquí que también lea esa historia.
PD2: ¿Ya vieron el nuevo anime? Es tan bello que mi corazón duele.
Respuestas a reviews:
LadyNoir Love: ¡Siento mucho lo de tu corazón! Créeme que al ser Sakura y Syaoran mi OTP, también se rompía el mío al escribir esto. ¡Pero no lo podía evitar! (creo de cierta forma soy masoquista(?)).
Y sí, Syaoran se resignó a no decir nada de sus sentimientos, pero no lo podemos culpar, todos tenemos un límite y él llego al suyo. No sé si sea spoiler, pero no, no pasara nada con Eriol, para él tengo otros planes. Más que ser Syaoran quien la pierda para siempre, siento que esas palabras deberían ser para Sakura, es ella quien no quiere darse cuenta de lo que siente, nuestra muchacha es muy terca.
La mitad del capítulo lo escribí mientras escuchaba canciones sad, quizá por eso te lo pareció a ti (?)
¡Me da gusto que te haya gustado!
Yamila: ¡Hola!, aquí está la continuación, espero que no te haya decepcionado haha. ¡Espero que hayas tenido unas felices fiestas también!
Pao: ¡Hola! Me da alegría saber que te gustó y con respecto a tu esperanza, por primera vez no estoy segura del todo si será así. ¡Pero hay que tener fe de que así será! ;)
Suzy: ¡Hola! Sinceramente no te puedo dar una respuesta fija para eso, con el trabajo y el servicio social apenas tengo tiempo, y pronto inicio semestre en la facultad por lo que seré un zombie. Así que me dedicaré a escribir cada que tenga un tiempo libre y en fines de semana.
Anneyk: ¡Que gusto que te encante! Aquí tienes la continuación :D
Noir: Respetó tu opinión, por un tiempo también tenía esas ideas en historias de otros fandoms y en alguna que otra de este. Y quizá tienes razón, hay varias historias que manejan situaciones similares; pero, en mi opinión, lo importante es ver como se manejan las cosas.
Sólo debo aclarar una cosa: entre Tomoyo y Eriol no hay ningún tipo de interés romántico en este momento.
Lorena: ¡Hola! Es cierto lo que dices, en cierta forma Syaoran está aplicando ese dicho. También quiero que todo salga bien entre ellos, pero sólo el tiempo lo dirá.
Rub: Gracias por lo de la redacción, es un aspecto en el que tenía sus dudas, ya que con las prisas a veces se va uno que otro detalle; pero me da gusto saber que al menos hago un trabajo decente haha. Me parece gracioso lo que dices, porque justo en este capítulo la misma Nadeshiko dio a revelar que prácticamente todos sabían lo que Syaoran siente por Sakura; sólo ella que es tan despistada y terca... Pero tienes razón, eso es lo que lo hace interesante. Las historias siempre deben tener algo de drama, es mi dicho haha.
¡Espero encontrar tu opinión de este capítulo y, sé que es tarde pero, feliz navidad!
eli ventura: La menos culpable de este asunto es Sayuri, ella sólo se atrevió a hacer lo que Syaoran no pudo hacer con Sakura en tantos años: confesarse. Pero tienes razón, si Sakura no quiere perder el amor de Syaoran (porque estoy segura que independientemente de todo, siempre contará con su amistad) debe apresurarse y darse cuenta de lo que realmente siente.
¡Espero que hayas tenido una buena navidad y un gran inicio de año!
Fercho: ¡Hola! Aquí se encuentra la actualización haha.
Annaita: No sería capaz de dejar esta historia, tiene un gran pedazo de mi corazón como para hacerlo haha. ¡También amo a Tomoyo y Eriol! Pero eso no quiere decir que se las pondré fácil en esta historia, haha.
¡Gracias a todos los que agregaron a favoritos y dieron follow! ¡También a todos a aquellos que no dejaron ningún comentario, pero que llegaron hasta aquí!
PD3: Cuando termine de escribir esto y editando en FF, dieron las 2:27 a.m. Alguien se estará muriendo de sueño en el trabajo, ya lo veo venir…
