En cuanto a la luz roja lo iluminó, Arthur se paró y fue a buscar el libro que el director le estaba tendiendo. Una vez que lo tomó volvió a su lugar, se sentó, lo abrió, carraspeó y dijo: Capítulo 11: El viaje desde el andén nueve y tres cuartos
El último mes de Harry con los Dursley no fue divertido.
- ¿Alguna vez lo fue? - preguntaron algunos del Gran Comedor.
Como Harry solo se encogió de hombros. Arthur continuó
Es cierto que Dudley tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no lo encerraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le gritaban. (La gente no sabía cuál era el problema entonces excepto Hermione y Caro) En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estaba vacía. Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.
- ¡Ah! - murmuraron lo que no había lo comprendido antes, ahora haciéndolo
Arthur que era uno de ellos asintió y siguió
Harry se quedaba en su habitación, con su nueva lechuza por compañía. Decidió llamarla Hedwig , un nombre que encontró en Una historia de la magia . Los libros del colegio eran muy interesantes. Por la noche leía en la cama hasta tarde, mientras Hedwig entraba y salía a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en la habitación, porque Hedwig llevaba ratones muertos. Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno de septiembre.
—¿Leíste los libros? - preguntó asombrado Seamus
—Si, todos los de primero aunque no los aprendí de memoria— dijo Harry.
—No, lo perdimos definitivamente— dijeron James y Canuto.
—Es igual a la pelirroja— murmuró Alice W
—Cállate amiga— dijo Lily colorada y pidió con la mirada a Arthur que siguiera, cosa que hizo.
El último día de agosto pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King Cross, al día siguiente. Así que bajó al salón, donde estaban viendo la televisión. Se aclaró la garganta, para que supieran que estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.
- Hum ... ¿Tío Vernon?
Tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.
—Siempre tan educado— comentó Caro con la cara llena de dolor y enojo.
—¡Tú te callas monstruo! - gritó Vernon.
—Tú eres el que se calla— le gritó Elizabeth furiosa y con la mirada llena de odio hacia ese "hombre" por cómo le había hablado a su hija
—Y no le hables así a mi hija, idiota— gritó ahora Hugo E.
—Gracias mamá, papá por defenderme— dijo Caro con tristeza.
—No hay de que mi cielo— dijo Elizabeth.
Pasaron como cinco minutos viendo cómo Hugo E. consolaba a su hija más chica. Arthur continuó cuando se calmaron.
- Hum ... necesito estar mañana en King Cross para ... para ir a Hogwarts.
Tío Vernon gruñó otra vez.
- ¿Podría ser que me lleves hasta allí?
Otro gruñido. Harry interpretó que quería decir sí.
- Muchas gracias.
—Que buenos modales tienes— dijo Dorea sonriéndole a su nieto.
- ¿De dónde los sacaste? - preguntó curiosa Elizabeth.
—De la escuela, y de algunos vecinos— contestó Harry sonrojado.
Mientras la gente lo escuchaba Snape pensaba "igual a Lily pero sin ayuda, que nobleza tiene este chico"
Arthur decidió seguir.
Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
- Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?
Harry no contestó nada.
- ¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?
- No lo sé Harry; dándose cuenta de eso por primera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid le había dado—. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana —leyó.
Sus tíos lo miraron asombrados.
- ¿Andén qué?
- Nueve y tres cuartos.
- No digas estupideces oferta tío Vernon—. No hay ningún andén nueve y tres cuartos.
Arthur fue interrumpido por el sonido de varios golpes que Carolina le dio a Vernon diciéndole:
—Tú ya sabes que existía esa plataforma.
Cuando la chica volvió a sentarse, Arthur siguió luego de mirar al hombre golpeado con mala cara.
- Eso dice mi billete.
- Equivocados oferta tío Vernon—. Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si no, no me molestaría.
- ¿Por qué vais a Londres? —Preguntó Harry tratando de mantener el tono amistoso.
- Llevamos a Dudley al hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.
Esto provocó que se rieran todos, incluso Dudley se reía y eso que fue él la víctima. (1) Cuando pararon Arthur continuó.
A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a dormir.
—Como todos los que van a primero— dijo Carolina sonriendo a su sobrino.
El chico le devolvió la sonrisa y Arthur continuó leyendo.
Se levantó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren.
—Me asombra tu capacidad de sentido común— dijo sonriendo a Hagrid.
—¿Por qué le dices eso? - preguntó Gregory.
—Porque aunque no se lo informé, él actuó con cuidado— contestó Hagrid y Arthur siguió.
Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se levantaran. Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry estaba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry, para poder marcharse.
—Demasiada amabilidad— dijo Remus.
—Espero por el bien de él que no le haga nada al cachorro— dijo Sirius apretando los dientes.
Arthur supuso que había pasado algo y para saciar su curiosidad creciente siguió con la lectura.
Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la estación. Harry pensó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
- Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez ... Tú andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?
Y ahora Arthur fue interrumpido por la cachetada que Hermione P le dio a Vernon por cómo había tratado a su marido. Cuando ella se sentó, Arthur siguió mientras Petunia temblaba de miedo.
Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.
- Que tengas un buen curso de oferta tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más. Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían. (Algunos los miraron mal) Harry sintió la boca seca. ¿Qué estaba llamando la atención, a causa de Hedwig . Tendría que preguntarle a alguien.
Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a mencionar el yén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito. Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer. Estaba en medio de la estación con un baúl que casi no podía transportar, un bolsillo lleno de monedas de mago y una jaula con una lechuza.
—Siento Harry haberme olvidado ese detalle— dijo disculpándose simplemente Hagrid.
—No te preocupes que todo está bien— contestó el joven con una sonrisa.
—Sí, no te preocupes— afirmó Harry P con la misma expresión que su versión más joven.
Arthur que no sabía lo que había pasado con exactitud y siguió.
Hagrid debió de olvidar decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para entrar en el callejón Diagon. Se preguntó si debería sacar su varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.
En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.
- ... lleno de muggles , por supuesto ...
—Por fin alguien que te va a ayudar— dijo Dorea.
—Si, y a quién lo hizo le regalaré mil galeones— agregó Charlus.
Arthur continuó.
Harry se volvió para verlos. La que hablaba era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo. Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y llevaban una lechuza.
- ¿Son ustedes? - preguntó Canuto señalando a los Weasley.
—Sí, pero no todos— afirmó Fred.
—Faltaban Charlie, Bill y papá— aclaró George.
- ¡Ah! - exclamó Canuto.
Charlus cómo había prometido se paró y le dio el dinero a Molly diciendo:
—Gracias— y negándose a que se lo devolvieran.
Arthur más rojo que un tomate por este hecho, continuó. (2)
Con el corazón palpitante, Harry empujó el carrito detrás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo bastante cerca para escuchar lo que decían.
—Qué chusma ...— empezó Lavander con desdén.
—Mira quién habla— replicó Luna defendiendo a Harry.
—Tú te callas Lunática— dijo Lavander.
—¿Puedo papá? - preguntó Rose W viendo como esa trataba a su madre.
Ron W lo pensó y decidió que mejor es que su hija no hiciera nada, por lo que, negó. Rose entonces sólo la fulminó con la mirada.
Sin embargo, Ginny no preguntó, se levantó y le mandó un mocomurciélago diciéndole a gritos y enfadada:
—NO INSULTES A LUNA EN MI PRESENCIA
Dumbledore a los dos minutos sacó el hechizo y le sacó 20 puntos a Gryffindor por Lavander y su insulto y 10 puntos a Gryffindor por Ginny y su lealtad.
Arthur sacó pecho de orgullo por su hijita y siguió leyendo.
- Y ahora, ¿cuál es el número del andén? Oferta la madre.
- ¡Nueve y tres cuartos! Ofrece la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—. Mamá, ¿no puedo ir ...?
- No tienes edad suficiente, Ginny Ahora estate quieta. Muy bien, Percy, tú primero.
- ¡Que carácter Molly! - exclamó empezando a Fabián.
—Hermanita tu hija estaba quieta— terminó Gideon defendiendo a su sobrina.
—Es que me lo preguntaba todo el tiempo— detallado defendiéndose Molly.
—Es normal dado que sus hermanos se iban— comentaron los Gemelos P. (3)
Molly le pidió perdón a su hija, ella asintió y Arthur retomó la lectura.
El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba, procurando no parpadear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
—Mala suerte Potter— afirmaron muchos.
Los Potter de la sala se encogieron (Harry y Albus P se sonrojaron también) y el pelirrojo que estaba leyendo, siguió.
- Fred, eres el siguiente excluir la mujer regordeta.
- No soy Fred, soy George oferta el muchacho—. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta de que yo soy George?
—FRED… - empezó a Fabián.
—Eso no se le dice a una madre— terminó Gideon mientras George asentía de acuerdo.
—Lo siento mamá, era una broma— se disculpó Fred.
—Está bien ... - empezó Molly y continuó— yo siempre sé cuál es cuál, no lo olvides.
—¿Estás haciendo una broma, mamá? - cuestionó George sorprendido.
—Puede que sí, puede que no— replicó Molly con una sonrisa siniestra
Arthur se rió un poco de la cara de los gemelos que era un poema y continuó.
- Lo siento, George, cariño.
- Estaba bromeando, soy Fred- dijo el muchacho, y se alejó. Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no estaba. Pero ¿cómo lo había hecho?
Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie más.
- Discúlpeme- dijo Harry a la mujer regordeta.
—Una vez bueno, pero ya dos ¡Harry! - exclamó Molly por lo de regordeta.
—Lo siento, señora Weasley— se disculpó Harry
—No importa— dice ella mirando a su marido con reproche.
Arthur continuó para que no le preguntaran nada. (4)
- Hola, querido viejo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.
Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.
—Amigo, ¿Cómo qué flacucho? - preguntó Ron y antes que Harry respondiera agregó— habló él hombre mosca porque tú sí que era chiquitititito.
Arthur siguió antes de que alguien "Harry" pudiera ser comparado con el polvo.
- Sí- dijo Harry—. Lo que pasa es que ... es que no se cómo ...
- ¿Como entrar en el andén? —Preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.
- No te preocupes ofrecido—. Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
- Hum ... De acuerdo con Harry.
Empujó su carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.
Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al yén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y debería tener problemas. Se inclinó sobre el carrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí ... Cerró los ojos, preparado para el choque ...
—Ahí va Harry, cierra los ojos y sigue pensando en chocar… - empezó Fabian con aire solemne y una mano en el corazón.
—Y aun así corre hacia una pared de ladrillos— terminó Gideon haciendo el mismo gesto que su hermano.
Los merodeadores y el resto de los bromistas se reían tirados en el piso. Cuando se volvieron a sentarse, Arthur siguió.
Pero no llegó. Siguió rodando. Abrió los ojos.
Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: «Expreso de Hogwarts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hierro hacia donde debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».
Lo había logrado.
El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:
- Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
- Oh, Neville —oyó que suspiraba la anciana.
—Anciana ¿yo? ... - empezó Augusta y agregó— pero si soy una fruta joven.
—Mamá no molestes — pidió Frank.
—Frank tu mamá si es una fruta joven— comenzó Alice provocando una sonrisa en Augusta— del siglo pasado— terminó y la sonrisa de la señora mayor desapareció.
Lily, Alice y Lia se rieron por esto. Pero Arthur creyó conveniente seguir al ver la mirada asesina de Augusta.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
- Déjanos mirar, Lee, vamos.
El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior salió una larga cola peluda.
Harry se abrió paso hasta que encontró un compartimiento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón. Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se cayera golpeándole un pie.
- ¿Quieres que te eche una mano? —Era uno de los gemelos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barrera de los andenes.
- Sí, por favor —jadeó Harry.
—Bien hecho George— felicitó a Gideon a su sobrino.
- ¿Cómo sabes que es él y no yo? - preguntó Fred.
—Se parece a mí— contestó Gideon y agregó— tú primero te hubieras burlado un poco—.
—Tienes razón, fue él— terminó Fred con una sonrisa.
Arthur palmeó el hombro a George y continuó con una sonrisa de orgullo.
- ¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmente quedó en un rincón del compartimiento.
- Gracias, Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.
- ¿Qué es eso? Fuente de pronto uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry
—Saben que mi cicatriz no emite ninguna luz— dijo Harry.
—Nos referimos a que es notoria— explicó George.
—Ah— dijo Harry entendiendo y pidió con un gesto a Arthur que siguiera. Él lo hizo.
- Vaya - dijo el otro gemelo—. ¿Eres tú ...?
- Es él mismo el primero—. Eres tú, ¿no? —Se dirigió a Harry.
- ¿Quién? —Preguntó Harry.
- Harry Potter —respondieron a coro.
- Oh, él- replicó Harry—. Quiero decir, sí, soy yo.
—Qué extraña conversación— dijo Theo.
—Sí, es cierto— contestaron Harry, Fred y George dedicándose una mirada cómplice por la coincidencia. Y Arthur continuó
Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba. Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
- ¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?
- Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.
Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían. La madre acababa de sacar un pañuelo.
- Ron, tienes algo en la nariz.
El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.
- Mamá, déjame —exclamó apartándose.
- ¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? Fuente uno de los gemelos.
- Cállate- replicó Ron.
- ¿Dónde está Percy? —Preguntó la madre.
- Ahí viene.
El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P
- No me puedo quedar mucho, mamá- Dijo—. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos ...
—¿Alguien te lo había preguntado? - preguntó un poco enojado Sirius.
—Porque la verdad sólo sonabas creído— dijo Ron.
—Sos un pomposo insoportable— agregó Ginny.
—Percy, hay cosas en la vida más importantes, como la familia— agregó Harry P con tono de consejo.
Percy asintió y Arthur continuó.
- Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? - Preguntó uno de los gemelos, aire de gran sorpresa—. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
- Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo dicho el otro gemelo—. Una vez ...
- O dos ...
- Un minuto ...
- Todo el verano ...
- Oh, callaos- replicó Percy, el prefecto.
- Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? - Cuestionó uno de los gemelos.
- Porque él es un prefecto - dijo afectuosamente la madre—. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.
Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
- Ahora, vosotros dos ... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho ... estallar un inodoro o ... (Buena idea pensaron los merodeadores )
- ¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
- Pero es una gran idea, mamá. Gracias.
- No tiene gracia. Y cuidad de Ron. (—Me recontra cuidaron— murmuró Ron)
- No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.
—El pequeño Ronnie le va a dar una patada en el culito— dijo Ron fulminando a sus hermanos.
Arthur siguió leyendo porque su mujer quería decirle algo a Ron
- Cállate- dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.
- Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren? (Serán parientes de Hagrid pensó James) (5)
Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran.
- ¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?
- ¿Quién?
- ¡Harry Potter!
Harry oyó la voz de la niña.
- Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Ay, mamá, por favor ...!
- Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
—Sabes Ginny eso hizo posteriormente que me enojara contigo… - empezó Harry.
—A pesar de qué ya lo habías visto, sólo te interesó cuando supiste quién era… - siguió Ron.
—Como Percy, te quieres codear de lo famoso y no piensas que siente el famoso— terminó Hermione.
Arthur asintió y continuó mientras muchos reflexionaban sobre lo dicho.
- Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí ... como iluminada.
- Pobrecillo ... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén ...
—Gracias señora Weasley— dijo Harry.
Arthur vio como su mujer le sonreía al joven y continuó feliz.
- Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
La madre, súbitamente, se puso muy seria.
- Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
- Está bien, quédate tranquila.
Se oyó un silbido.
- Daos prisa- dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.
- No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.
- Y un inodoro de Hogwarts.
—Nunca me llegó— dijo Ginny.
—Alguien lo necesita más— se defendió George.
Ginny aceptó el motivo y Arthur continuó
- ¡George!
- Era una broma, mamá.
El tren comenzó a moverse. Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano ya la hermanita, mitad llorando, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando.
Harry piensa a la madre y la hija hasta que desaparecieron, cuando el tren giró. Las casas pasaban a toda velocidad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo que iba a pasar ... pero sería mejor que lo que dejaba atrás.
La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.
- ¿Hay alguien sentado ahí? —Preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry—. Todos los demás vagones están llenos.
—Sí, Ron te sentaste arriba de mi amigo invisible— dijo Harry bromeando.
—Me refería a si estaba reservado— comentó Ron.
—Ya lo sé, sólo bromeaba— replicó Harry.
Los merodeadores lo miraron con esperanza y Arthur continuó para que no lo asediaran.
Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó. Lanzó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observando. Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.
- Eh, Ron.
Los gemelos de nuevo.
- Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla. (Si bien ningún profesor dijo nada McGonagall miró mal a Lee por lo irresponsable de traer ese tipo de animal al colegio)
- De acuerdo —murmuró Ron.
- Harry- alternó el otro gemelo—, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron, nuestro hermano. Nos veremos después, entonces.
- Hasta luego —dijeron Harry y Ron. Los gemelos salieron y cerraron la puerta.
- ¿Eres realmente Harry Potter? —Dejó escapar a Ron.
Harry asintió.
- Oh ... bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George - dijo Ron—. ¿Y realmente te hiciste eso ... ya sabes ...?
Señaló la frente de Harry.
Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.
- ¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes ...?
- Sí- dijo Harry—, pero no puedo recordarlo.
- ¿Nada? - Preguntó Ron en tono anhelante.
- Bueno ... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.
- Vaya- comentó Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.
- ¿Sois una familia de magos? —Preguntó Harry, ya que fueron a Ron tan interesante como Ron lo fueron a él.
- Oh, sí, eso creo —respondió Ron—. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.
- Entonces ya debes de saber mucho sobre magia.
Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que habían hablado el pálido muchacho del callejón Diagon.
—No, nos compares con esa mugre— se interrumpió Arthur.
—¡Oye! - exclamó Scorpius M siendo apoyado por Albus y por Rose.
—Puede que hayan cambiado pero por ahora es lo que pienso— contestó Arthur al chico antes de retomar la lectura.
- Oí que te habías ido a vivir con muggles- comentó Ron—. ¿Cómo hijo?
- Horribles ... Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres hermanos magos.
- Cinco —corrigió Ron. Por alguna razón parecía deprimido—. Soy el sexto en nuestra familia que va a asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch . Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos. Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero.
—Molly ese sentimiento de inferioridad de tu hijo es cosa tuya— reclamó Fabian.
La mujer no le contestó, se limitó a abrazar a su hijo mientras murmuraba -después hablamos . Arthur simplemente le sonrió y siguió.
Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco hermanos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charles y la vieja rata de Percy
—Rata de porquería— murmuró Sirius.
—No sirve para nada— siguió Ron indignado.
Remus calmó a Sirius y Harry abrazó a Ron.
Arthur los miró curioso como el resto y decidió seguir para salir de dudas.
Ron buscó en su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
- Se llama Scabbers y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hicieron prefecto, pero no podía comp ... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers .
Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que había hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla.
Harry no creía que nada hubiera malo en no poder comprar una lechuza.
Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso pareció animar a Ron.
—Pensé que era un ejemplo— dijo Ron mirando mal a los Dursley.
—Ah… - empezó Sirius
—Porque serías un mal amigo si te alegrarás en serio de eso— terminó Remus.
Arthur los miró mal y siguió; mientras Molly volvió a abrazar a su hijo y le hacía a Remus y a Sirius un gesto nada maternal
- ... y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort ...
Ron bufó.
- ¿Qué? - Preguntó Harry.
- Ha pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes- contestó Ron, tan conmocionado como impresionado—. Yo creí que tú, entre todas las personas ...
- No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre- agregó Harry—. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas que aprender ... Seguro —añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mucho—, seguro que seré el peor de la clase.
—No mientras yo esté en tu mismo curso— dijo Neville.
—Neville, tú no eres el peor de la clase y a parte eres el mejor en Herbología… - empezó Ron W.
—A parte de un excelente amigo… - siguió Luna W.
—Y todavía tienes tiempo para mejorar y lo harás— le animó Harry P.
Arthur asintió sabiendo que muchos mejoraban después de cuarto y sonriéndole al chico, continuó.
- No será así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.
Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedará mirando un rato, en silencio, el paisaje.
A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomó y les dijo:
- ¿Queréis algo del carrito, guapos?
—A mi me parece, es la segunda señora que le dice a Harry, guapo— dijo Caro.
—Hijo, estás rompiendo corazones— dijo a las risas Lily.
Ambos Harry se sonrojaron, las Hermione los abrazaron y para evitarle vergüenzas dado que muchos se reían, Arthur prosiguió
Harry, que no había desayunado, se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y murmuró que había llevado bocadillos. Harry salió al pasillo.
Cuando vivía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprar todas las barras de chocolate que pudiera llevar. Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, em panada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida. Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.
Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
- Tenías hambre, ¿verdad?
- Muchísima oferta Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.
Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo:
- Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la carne en conserva.
—Es a mi mamá— dijo Charlie.
—Lo siento mi amor— dijo Molly con lágrimas mirando a Ron.
—No pasa nada mami— dijo el chico
Arthur miró a su hijo rebosante de orgullo y siguió.
- Te la cambio por uno de estos- ofreció Harry, alcanzándole un pastel—. Sírvete ...
- No te va a gustar, está seca- dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo - agregó rápidamente —... Ya sabes, con nosotros cinco.
- Vamos, sírvete un pastel- volvió a ofrecer Harry, que nunca había tenido nada que compartir, en realidad, nadie con quien compartir nada. Era una agradable sensación, estar sentado allí con Ron, comiendo pasteles y dulces.
- ¿Qué son asados? —Preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad, ¿no? —Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.
- Si- dijo Ron—. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.
- ¿Qué?
- Oh, por supuesto, no debes saber ... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo.
Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore .
- ¡Así que éste es Dumbledore! - Exclamó Harry.
- ¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledore! - Replicó Ron—. ¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa ... Gracias ...
Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó:
Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel. (—Estúpido cromo de chocolate— murmuraron las dos versiones de Trío de oro)
El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara ya los bolos.
Harry dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asombro, que el rostro de Dumbledore había desaparecido.
- ¡Ya no está!
- Bueno, no iba a estar ahí todo el día- dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida ... ¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos.
Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
- Sírvete- ofreció Harry—. Pero oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
- ¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven? —Ron estaba atónito—. ¡Qué raro!
—Igual a su padre— dijeron los tres Prewett (Molly y sus hermanos)
—Orgulloso de serlo— dijeron los dos Ron.
Arthur sonrió a las dos versiones de su hijo Ron y continuó emocionado
Harry miró asombrado, mientras Dumbledore regresaba al cromo y le dedicaba una sonrisita. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracelso y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores.
- Tienes que tener cuidado con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice «todos los sabores», es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.
—Así que, ¿te gustan los duendes Georgie? - dijo Molly en broma.
—No, me gustan las chicas— contestó George tan avergonzado que se notaba en la cara.
—Entonces, ¿cómo sabías a qué sabía un duende si nunca lo probaste? - preguntó Molly con tono solemne.
—Era una joda. Disculpa Ron— dijo George.
—Ok— dijo Ron.
Arthur siguió leyendo para no dilatar la situación, dado que muchos estaban cansados.
Ron eligió una verde, the role with care and mordió un pedacito.
- Puaj ... ¿Ves? Coles.
Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Harry encontró tostadas, coco, judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fue lo bastante valiente para morder la punta de una gris, que Ron no quiso tocar y resultó ser pimienta.
En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro.
Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.
- Perdón corriente—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?
Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió.
- ¡La he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!
- Ya opera Harry.
- Sí oferta el muchacho apesadumbrado—. Bueno, si la veis ...
Se fue.
- No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers , así que no puedo hablar.
La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.
- Podría estar muerta y no notarías la diferencia de oferta Ron con disgusto—. Ayer traté de volverla amarilla para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar, mira ...
Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.
—¿Saben que la varita tenía que ser nueva? ... - empezó preguntando Flitwick.
—Menos mal que parece que la magia de Ron es similar a la de Charlie… - siguió Sprout.
—Por suerte para él… - siguió Albus D.
—Sino podría haber pasado una catástrofe— terminó McGonagall.
—Es que no tenían plata— dijo Draco con arrogancia.
—Y tú no tenías valores propios— amonestó Draco M a su versión joven.
Sorprendido por la defensa y preocupado por Ron, Arthur siguió.
- Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos ...
Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.
- ¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno cerrado.
Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.
—Siempre tienes que definir de forma graciosa a la gente Harry — dijo Hermione un poco enojada.
Harry no le contestó, sólo sonrió disculpándose y Arthur lo sacó del apuro leyendo.
- Ya le hemos dicho que no- dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba estaba mirando la varita que tenía en la mano.
- Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.
Se sentó. Ron parecía desconcertado.
- Eh ... de acuerdo.
Se aclaró la garganta
- . «Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita.»
Charlie dio a los gemelos un coscorrón a cada uno que ellos no entendieron. Su padre continuó mirándolos enojado.
Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
- ¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? —Preguntó la niña—. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente ... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?
—Hermione debes respirar— dijo Jane.
—Un día te puede dar una parálisis cerebral por la falta de Oxígeno— siguió Hugo G.
—Además puede Herms que el hechizo sea real pero no haya funcionado por algún motivo— aportó Harry.
- ¿Cómo cuál? - preguntó la curiosa McGonagall.
—Como si el animal fuera en realidad un animago o que la varita no es del todo apropiada— sugirió Harry.
—En realidad, yo leí el hechizo… - empezó a explicarse George.
—Lo siento por el golpe chicos— se disculpó Charlie apenado por hacer un juicio apurado.
George asintió y Fred le sonrió.
Arthur les dedicó una mirada de aprobación y siguió.
Dijo todo aquello muy rápidamente.
Harry miró a Ron y se calmó al ver en su rostro aturdido que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.
- Yo soy Ron Weasley —murmuró Ron.
- Harry Potter exterior Harry.
- ¿Eres tú realmente? Oferta Hermione—. Lo sé todo sobre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moderna, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos del siglo XX .
—No sabías nada de mí— dijo Harry cabizbajo.
Hermione le susurró una disculpa, le dio un besito y Arthur siguió.
- ¿Estoy yo? Fuente Harry, sintiéndose mareado.
- Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que podría ofrecer Hermione—. ¿Sabéis a qué casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas. Oí que Dumbledore estuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala ... De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Neville. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.
Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.
- Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté disponible Ron. Arrojó su varita al baúl—. Qué hechizo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.
—Lo siento George— dijo Ron.
—Es lógico, con la cantidad de bromas que te hacemos— dijo George sonriéndole a su hermano
Arthur sonrió por el intercambio y siguió.
- ¿En qué casa están tus hermanos? —Preguntó Harry
- Gryffindor oferta Ron. Otra vez parecía deprimido—. Mamá y papá también estuvo allí. No sé qué van a decir si yo no estoy. No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero imagina si me ponen en Slytherin.
—Tu hijo serías un buen Hufflepuff— dijo Molly empezando a entender a su hijo.
Ron sonrió, Arthur asintió y siguió
- ¿Esa es la casa en la que Vol ... quiero decir Quien-tú-sabes ... estaba?
- Ajá oferta Ron. Se echó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.
- ¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras ofertas Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas—. Y, a propósito, ¿qué hacen ahora tus hermanos mayores?
Harry se preguntaba qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.
- Charlie está en Rumania, estudiando dragones, y Bill está en África, ocupándose de asuntos para Gringotts —explicó Ron—. ¿Te enteraste de lo que pasó en Gringotts? Salió en El Profeta , pero no creo que las casas de los muggles lo reciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.
Harry se sorprendió.
- ¿De verdad? ¿Y qué les ha sucedido?
- Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado. Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada. Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello.
Harry repasó las noticias en su cabeza. Había comenzado a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quien-tú-sabes. Suponía que era una parte de entrar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable poder decir «Voldemort» sin preocuparse.
—Ahora lo dices siempre… - empezó Hermione.
—Sí porque me dijeron que se podía decir— dijo Harry.
Arthur continuó al no haber más comentarios.
- ¿Cuál es tu equipo de quidditch ? —Preguntó Ron.
- Eh ... no conozco ninguno —confesó Harry.
- ¿Cómo? —Ron pareció atónito—. Oh, ya verás, es el mejor juego del mundo ... —Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, describiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos
—Por fin alguien le explicaba lo que es el mejor juego del mundo— dijeron entusiasmados los Sirius, James, Charlie, Charlus, Bill, Oliver y Carolina.
Los demás solo asintieron y Arthur continuó.
y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero. Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger.
Entraron tres muchachos, y Harry reconoció de inmediato al del medio: era el chico pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin. Miraba a Harry con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagon.
- ¿Es verdad? —Preguntó—. Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?
- Sí —respondió Harry. Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.
- Oh, éste es Crabbe y éste Goyle ofrece el muchacho pálido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultando una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró.
- Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.
—Estaba celoso— dijo Draco M.
—¿Por qué? - preguntó Lucius con arrogancia
—Porque yo no tenía hermanos, ni nadie con quien jugar— contestó Draco M. a su padre que asintió entendiendo. (6)
Arthur continuó luego de esa explicación.
Se volvió hacia Harry.
- Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.
- Creo que puedo darme cuenta solo de resultados son los indebidos, gracias - dijo con frialdad.
—Eso es— dijeron los Gryffindor.
—De verdad papá eras un pesado— dijo Scorpius M sorprendido.
—Sí, y lo lamento— dijo Draco M mirando a todos.
La mayoría, asintió y Arthur continuó.
Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.
- Yo debería tener cuidado, si fuera tú, Potter oferta con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.
—Draco una semana castigado— dijo Narcissa.
—Pero mamá… - empezó el joven.
—La verdad papá es que eso no se dice — dijo Astoria MG
—Pide disculpas— ordenó Narcissa.
—Lo siento— dijo Draco apenado.
Harry y Ron asintieron, éste último a regañadientes. Arthur le sonrió a su hijo y continuó.
Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
- Repite eso oferta.
- Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh? —Se burló Malfoy.
- Si no os vais ahora mismo ... Harry, con más valor que el que sintió, porque Crabbe y Goyle eran más fuertes que él y Ron.
- Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vosotros parece que todavía tenéis algo.
—Señor Malfoy 5 puntos menos para Slytherin— dijo Flitwick.
—Pero eso ya pasó— se quejó Draco.
—Por eso mismo no son más— replicó Flitwick.
Arthur siguió.
Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido terrible.
Scabbers , la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus nudillos. Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron. (Los que sabían de la identidad de la rata del presente se quedaron pensando que tal vez ayudó por cargos de conciencia. Los del futuro sin embargo sonreían.) Tal vez pensaron que había más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.
- ¿Qué ha pasado? —Preguntó, mirando las golosinas tiradas por el suelo y Ron que cogía a Scabbers por la cola.
- Creo que se ha desmayado oferta Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir.
Y era así.
- ¿Conocías ya a Malfoy?
Harry le describe el encuentro en el callejón Diagon.
- Oí hablar sobre su familia original Ron en tono lúgubre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro.
—LE CREYÓ— gritó indignada Dorea.
—Es qué… —empezó Fudge.
—Usted es un maldito corrupto— dijo Charlus sabiendo que había obtenido algún dinero para eso.
—Cuando terminemos quiero que arregle todo o lo denunció— le ordenó Harry mientras lo fulminaba con la mirada.
—TÚ NO PUEDES DECIR NADA, MOCOSO— gritó Umbridge enojada y con ganas de hacer algo.
—Usted se mueve y le toca un pelo a mi sobrino y la mato, entendió— replicó Caro mientras todo temblaba.
Canuto la calmó y Arthur siguió antes que alguien fuera asesinado.
- Se volvió hacia Hermione—. ¿Podemos ayudarte en algo?
- Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vals a meter en líos antes de que lleguemos!
—Mamá, tú no puedes mandonearlos— dijo Lily P. indignada por el comportamiento de su madre.
—La verdad es que eras insoportable como Percy, tú también— dijo Albus P. con frialdad.
La castaña se disculpó con los chicos, ellos le sonrieron y Arthur continuó emocionado porque le encantaba cómo se llevaban Ron y sus amigos
- Scabbers se estuvo peleando, no nosotros oferta Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?
- Muy bien ... Vine aquí porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos ofrecen Hermione en tono despectivo—. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?
Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. El tren parecía aminorar la marcha.
Él y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podía ver los pantalones de gimnasia.
Una voz retumbó en el tren.
- Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.
El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas. Llenaron sus bolsillos con lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.
El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó una voz conocida:
- ¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?
La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.
- Venid, seguidme ... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!
Resbalando ya tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry pensó que debía haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.
—Primer año mi año de llorar— murmuró Neville.
—No es para tanto amigo— dijo Seamus.
—Es verdad sólo estableció asustado por lo desconocido— completó Luna.
—Tienen razón— dijo Neville un poco más animado.
Arthur continuó leyendo porque faltaba poco para terminar el capítulo y varios tenían sueño. (7)
- En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.
Se produjo un fuerte ¡ooooooh!
El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas. (Lindo paisaje pensó Carolina soñadora recordando los momentos con su Reg)
- ¡No más de cuatro por bote! —Gritó Hagrid, señalando una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Neville y Hermione.
- ¿Todos habéis subido? —Continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!
Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acerca cada vez más al risco donde se erigía.
- ¡Bajad las cabezas! —Exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.
- ¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? Excepto Hagrid, mientras vigilaba los
botes y la gente que bajaba de ellos.
- ¡Trevor! —Gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.
Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
- ¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?
Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
—Estaba pesado con mi sapo, profesor- comentó Neville.
—Es que tu padre lo vivía perdiendo— explica Hagrid.
—Eso es todo— anunció Arthur.
En cuanto Arthur devolvió el libro el director le preguntó a los del futuro:
—¿Dónde dormiremos? -
Y entonces Harry P dijo…
Nota de autora
La presente es solo para aclarar términos para el primer libro:
Los del futuro van a estar escritos con nombre y la primera inicial del apellido, las mujeres el apellido de casada salvo Astoria la hija de Draco que va a escribirse como Astoria MG. O
Los del pasado van a estar llamados por su nombre excepto Sirius y Remus del pasado que se llamarán Canuto y Lunático y Hugo Evans que es Hugo E.
Los del presente por el nombre excepto algunos adultos que pondré el apellido como los profesores. Hugo Granger será Hugo G
Como sabrán se tratarán algunos temas relacionados con el libro y si tienen preguntas me gustaría que las hicieran y lamento no haberme acordado de escribir antes esto aunque ya lo tenía pensado.
Notas de autor 2:
1)Ahora con todo lo que ha escuchado, Dudley cambiará de a poco. A parte en si la cola de cerdo no lo dañó.
2) Arthur está muy rojo por el dinero que le dan a Molly, porque entre muchas otras cosas es muy orgulloso.
3)Debió haber sido horrible para Ginny estar sola en casa todo un año sin sus hermanos.
4)Sabemos por comentarios en la saga que para muchas familias sangre pura, el patriarcado es muy importante. Este tema se retoma después
5) Porque cambian de tema bruscamente.
6)No hay que olvidar que Draco era un niño que no tenía más familia que sus padres. Lo lógico es que a pesar de todo tuviera celos de otros por eso.
7)Arthur se dio cuenta de eso porque algunos se tocaban los ojos.
Nos leemos
Kira
