—…lea usted—terminaron.
El director que estaba más contento hoy aunque sólo Caro sabía porque, carraspeó y dijo:
—Ok.
Luego fue a buscar el libro y todo el mundo se sentó derecho para escucharlo. Se aclaró la garganta y empezó:
Capítulo 13: El sombrero seleccionador
La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda
—El verde de Slytherin— dijo Canuto y James con asco.
—Sí, señores Potter y Black, es mi color favorito— dijo la docente.
—A mí también me gusta— dijeron a coro Lily, Elizabeth, Caro y Hermione.
— ¿Por qué? — preguntó curioso Ron.
—Es el mismo color de nuestros ojos y los de papá— dijeron Caro y Lily.
—Es el mismo color de ojos que los de Harry— dijo Hermione con la mano entrelazadas con las del moreno.
—Mi Hugo tiene ese color de ojos— dijo Elizabeth
Los dos hombres estaban rojos. Y el director siguió
, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.
—Eso es cierto— dijeron Hermione P y Luna W.
—Es muy severa—dijeron Draco M, Ron W y Harry P.
—Pero le saca los ojos a alguno que toque a sus alumnos— dijeron Hannah L y Astoria M.
El director continuó mientras el comedor asentía a lo dicho por estos y la profesora sonreía.
—Los de primer año, profesora McGonagall —dijo Hagrid.
—Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Dursley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.
Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.
—Es que todos estábamos nerviosos— dijo Ron.
—Yo también lo estuve— dijo Dumbledore y siguió al ver que nadie comentó nada, aunque todos lo miraban imaginándoselo cómo niño, cosa que para algunos era difícil.
—Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGonagall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestro lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts.
—Eso no es tan así— dijo Ron.
— ¿Cómo? — preguntó la docente indignada.
—En este libro y el siguiente no se comportaron conmigo como si fueran mis familiares. Es más se portaron de cierta manera cómo mis tíos— explicó Harry.
—En cuanto lleguemos a esa parte se verá— dijo la profe sin salir de su indignación.
El director miró brevemente mal a los alumnos de Gryffindor, logrando que algunos bajaran la cabeza (1) y continuó con la lectura.
Tendréis clases con el resto de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasaréis el tiempo libre en la sala común de la casa.
»Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin.
Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos.
—Estoy de acuerdo con ustedes— empezó Harry P.
— ¿Cómo? — preguntaron Canuto, James y Ron.
—Sí— afirmó Harry P.
—Yo pienso que lo que nos define es lo que hacemos, no lo que somos— empezó Harry y continuó explicando— no todos los Slytherin son malos, sino miren a mi abuela.
Todos entendieron el punto, Dorea se levantó y le dio un abrazo a su nieto y el director con una sonrisa continuó.
Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos vosotros seréis un orgullo para la casa que os toque.
»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mientras esperáis, os arregléis lo mejor posible.
Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, Harry trató de aplastar su cabello.
—Imposible peinarlo— dijo Dorea con una sonrisa pícara, haciendo que algunos se rieran.
—Es culpa de la maldición Potter— dijo Charlus sonrojado.
El director continuó luego de que los presentes se terminaron de reír. (2)
—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.
Salió de la habitación. Harry tragó con dificultad.
—¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos? —preguntó a Ron.
—Creo que es una especie de prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que era una broma.
—¡Fred! Te dije que no se la hicieras— dijo George enojado con su hermano gemelo.
—Pero… — empezó Fred.
—Pero nada, discúlpate— dijo George
—Lo siento, Ron— dijo suplicante y desesperado Fred.
—Está todo bien— dijo Ron.
El director continuó mientras Fred intentaba hablar con su hermano. George se había enojado muchísimo porque le había pedido que no le hiciera ninguna broma con la selección y lo había hecho igual. Lo que quedaba del capítulo no le iba a hablar.
El corazón de Harry dio un terrible salto. ¿Una prueba? ¿Delante de todo el colegio? Pero él no sabía nada de magia todavía... ¿Qué haría? No esperaba algo así, justo en el momento en que acababan de llegar. Miró temblando a su alrededor y vio que los demás también parecían aterrorizados. Nadie hablaba mucho, salvo Hermione Granger, que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se preguntaba cuál necesitaría. Harry intentó no escucharla. Nunca había estado tan nervioso, nunca, ni siquiera cuando tuvo que llevar a los Dursley un informe del colegio que decía que él, de alguna manera, había vuelto azul la peluca de su maestro.
—Pero ¿Por qué? — preguntó enojada Lily
—Por muchas cosas: primero me estaba gritando, segundo no me dejó responder una pregunta que él había hecho y nadie había levantado la mano, tercero nunca me trataba bien, cuarto me había golpeado, quinto me había obligado a hacer un trabajo con Dudley sabiendo que él me maltrataba— explicó Harry para todos.
— ¡Ah! Hijo estuvo bien— dijo Lily más tranquila.
— ¿Cómo se llama? — preguntó Sirius.
— ¿El profesor? — preguntó Harry y agregó cuándo Sirius asintió— Aron Voltu. (3)
—Una broma para él también— dijeron Sirius y el profesor Lupin.
El director y los profesores estaban sorprendidos con los estallidos de magia, sólo se parecían a los de Carolina su propia tía. Luego de que se terminaran los murmullos sobre el tema, el anciano continuó.
Mantuvo los ojos fijos en la puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y lo llevaría a su juicio final. (—Exagerado— murmuraron algunos)
Entonces sucedió algo que le hizo dar un salto en el aire... Muchos de los que estaban atrás gritaron.
—¿Qué es...?
Resopló. Lo mismo hicieron los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:
—Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...
—Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí? El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año.
Nadie respondió.
—¡Alumnos nuevos! —dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Estáis esperando la selección, ¿no?
Algunos asintieron.
—¡Espero veros en Hufflepuff—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.
—Esa es una broma nuestra— dijo Fabian orgulloso de sí.
—La de los fantasmas— explicó Gideon al ver caras de confusión. El director continuó
—En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
—Ahora formad una hilera —dijo la profesora a los de primer año— y seguidme.
Con la extraña sensación de que sus piernas eran de plomo, Harry se puso detrás de un chico de pelo claro,
—Ese soy yo— dijo Seamus entusiasmado.
—Yo no salgo— se quejó Dean.
—No, todavía no— dijo Harry.
El director continuó.
con Ron tras él. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.
Harry nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alumnos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar todas las miradas, Harry levantó la vista y vio un techo de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Oyó susurrar a Hermione: «Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».
—¿Por qué tan atenta en Harry? — preguntó Lily con un poco de celos a la castaña.
—No sé, destino— dijo ella.
—Sí, el destino y el amor— dijo Caro emocionada y con un brillo diferente en los ojos.
El director captó la mirada de Carolina Evans y se sintió un poco culpable por lo que había hecho. Luego suspiró y continuó.
Era difícil creer que allí hubiera techo y que el Gran Comedor no se abriera directamente a los cielos.
Harry bajó la vista rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio. Tía Petunia no lo habría admitido en su casa.
—Si, lo hubiera hecho— contradijo Petunia con una sonrisa extraña en la cara.
—Claro, luego de lavarlo, secarlo y pedirle que no hable— dijo Caro devolviéndole la sonrisa.
—Exacto— dijo ella.
—Te dije que no te juntes con ellos— dijo Vernon amenazador.
—Y yo te dije que no hablaras así que estamos a mano— dijo Harry.
El señor Dursley alias la morsa se calló, Caro tranquilizó con la mirada a su hermana Petunia y la gente del gran comedor lo miró mal. El director siguió.
Tal vez tenían que intentar sacar un conejo del sombrero, pensó Harry algo irreflexiblemente, eso era lo típico de... Al darse cuenta de que todos los del comedor contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos pocos segundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:
Oh, podrás pensar que no soy bonito,
pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Sobre la mesa de Gryffindor apareció una luz roja y dorada. El director continuó porque Carolina lo impulsó a hacerlo con la mirada.
Puedes pertenecer a Hufflepuff
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen el trabajo pesado.
Una nueva luz apareció en la mesa de Hufflepuff solo que esta era amarilla y marrón oscuro. El director curioso continuó.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí a sus semejantes.
La luz sobre la mesa de Ravenclaw era azul y negra. El director continuó.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
La luz con los colores verde y plateado brilló en la mesa de Slytherin y el director continuó
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.
Todos habían estado mirando las extrañas luces. Cuando estas desaparecieron fueron sustituidas en el centro por un león del tamaño de un centauro, un tejón del de un conejo, un águila del tamaño de Fawkes y una serpiente del tamaño de un humano. Los animales miraron a todos y luego se bajaron de las mesas. Los jefes de casas se pararon y fueron atraídos a estos. Los animales se acercaron, se pusieron delante de los docentes. Cuando Snape apuntó a la serpiente con su varita, ésta simplemente escupió un líquido plateado hacia el pocionista, la profesora McGonagall recibió un flujo de aliento, el tejón se acurrucó sobre las piernas de Sprout y Flitwick recibió un picotazo.
Después de un minuto los animales se transformaron. El tejón y el águila en dos mujeres y los otros dos animales en dos hombres. Estas personas eran diferentes entre sí.
—Hola ¿Cómo están? — dijo amablemente una de las muchachas que era baja, delgada, de ojos color miel y pelo morocho con algunos reflejos rubios— Me llamo Helga Hufflepuff, díganme Helga— agregó.
—Yo soy Slytherin— siguió el hombre con cara de simio, poco pelo, canoso, pálido, de ojos grises y con un semblante serio.
—Hola Hogwarts soy Gryffindor o mejor dicho Godric— se presentó el segundo hombre con una mirada simpática, ojos verde— amarillos, mucho pelo rubio y rizado, alto y con una espada enganchada en la cintura.
—Y yo soy Ravenclaw— dijo la segunda mujer alta, también delgada pero con más curvas, ojos grises claros, pelo largo y amarillo salvo por mechas oscuras y con una mirada más fría.
—¿Ustedes son los fundadores? — preguntó Percy estupefacto.
—Si— respondieron las dos mujeres.
—¿Y por qué hicieron eso? — preguntó un Hufflepuff.
—¿Eso qué?- preguntó Godric haciéndose el inocente.
—Escupir, picotear a nuestros profesores— dijo indignado Zacharias Smith.
—¿Alguien sabe la respuesta? — preguntó Rowena.
Harry levantó la mano enseguida.
—¿Cómo te llamas?— preguntó con respeto Salazar al muchacho.
—Harry Potter— contestó Harry.
—¿Tú sabes la respuesta?- preguntó Salazar y al ver que asentía dijo— ¿Cuál es?-
—Los fundadores pusieron un encantamiento de repulsión sobre el puesto de jefe de Casa, si una persona no es digna para este puesto, el profesor en cuestión es aislado del castillo…— empezó a explicar Harry. (4)
Todo el gran comedor miraba diferente al chico, "parecía que iban a leer una selección especial" pensaban todos. Harry tomó aire y continuó:
—Lo que acaba de pasar es que los fundadores le dieron la bendición o sea que los están aprobando personalmente.
Decir que estaban sorprendidos era poco. Salazar le dirigió una mirada amable y dijo dejando a todos mudos:
—15 puntos para Gryffindor.
El director decidió seguir con la lectura luego de que los fundadores se sentaran en cada mesa.
Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.
—¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero! —susurró Ron a Harry—. Voy a matar a Fred.
—Ron jamás digas eso— dijo Molly indignada y un poco temerosa.
—Mamá, no lo decía en serio, me disculpo contigo Fred— dijo Ron mientras miraba a su hermano.
—Está bien— dijo Fred.
El director continuó la lectura con sus pensamientos dirigidos a su hermano.
Harry sonrió débilmente. Sí, probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos. El sombrero parecía exigir mucho, y Harry no se sentía valiente ni ingenioso ni nada de eso, por el momento. Si el sombrero hubiera mencionado una casa para la gente que se sentía un poco indispuesta, ésa habría sido la suya.
—En ese momento nadie se sentía digno de ninguna de las cuatro casas— dijo Ron tranquilizando a Harry.
Todos asintieron y la lectura continuó.
La profesora McGonagall se adelantaba con un gran rollo de pergamino.
—Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Abbott, Hannah!
Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
—¡HUFFLEPUFF!—gritó el sombrero.
La mesa de Hufflepuff aplaudió y el director siguió cuándo se hizo el silencio.
La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de
Hufflepuff. Harry vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la
niña.
—¡Bones, Susan!
—¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.
—¡Boot, Terry!
—¡RAVENCLAW!
La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez.
Lo mismo sucedió esa vez. El director pidió silencio con la mirada y cuando le hicieron caso, continuó.
Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.
Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Harry pudo ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando. Bulstrode, Millicent fue a Slytherin. Tal vez era la imaginación de Harry; después de todo lo que había oído sobre Slytherin, pero le pareció que era un grupo desagradable.
—Estaba siendo muy prejuicioso— se disculpó Harry.
—Ok, aceptamos tus disculpas— dijo la prefecta de esa casa.
El director le sonrió a la muchacha y continuó con la lectura.
Comenzaba a sentirse decididamente mal. Recordó lo que pasaba en las clases de gimnasia de su antiguo colegio, cuando se escogían a los jugadores para los equipos. Siempre había sido el último en ser elegido, no porque fuera malo, sino porque nadie deseaba que Dudley pensara que lo querían.
—¡Finch-Fletchley, Justin!
—¡HUFFLEPUFF!
Harry notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.
—Finnigan, Seamus. —El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.
—Granger, Hermione.
Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa.
—¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero.
—¡Viva mamá! — exclamaron varias voces desde el techo.
—¡Arriba la madrina! — exclamaron otros alentándola.
El director se rió un poco y curioso continuó.
Ron gruñó.
Un horrible pensamiento atacó a Harry, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se habían equivocado y que era mejor que volviera en el tren?
—Claro mi amor, porque Hagrid va a ir a buscarte al medio del mar por equivocación— ironizó James.
Harry se puso colorado por la ridiculez de su pensamiento y el director continuó para que no lo miraran tanto.
Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete.
—Igual a Frank— dijeron James, Canuto, Peter y Lunático.
Frank y Neville se sonrieron sonrojados y el director siguió
El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos,
—Igual a Alice— dijeron Lily y Lia.
Madre e hijo se sonrieron y al segundo Harry le preguntó:
— ¿Cómo pudiste ver con el sombrero puesto?
—Él me lo decía— respondió éste.
— ¿Y no te avisó antes que te lo sacaras? — preguntó Luna.
—No— negó Neville.
—Igual que a tu madre— dijo Albus D sonriendo divertido.
Las personas se rieron por la coincidencia y el director siguió leyendo cuando se calmaron.
a MacDougal, Morag.
Malfoy se adelantó al oír su nombre y de inmediato obtuvo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!
Malfoy fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.
Ya no quedaba mucha gente.
Moon... Nott... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente:
—¡Potter; Harry!
Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.
—¿Ha dicho Potter?
—¿Ese Harry Potter?
Lo último que Harry vio, antes de que el sombrero le tapara los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero. Esperó.
—Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. (—Gryffindor— murmuraron los Gemelos P) Tampoco la mente es mala. (—Ravenclaw— murmuró Luna sonriendo) Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo,
—Hufflepuff— dijo Hannah.
McGonagall no estaba sorprendida pero si estaba aliviada, dado que en algunas ocasiones su leoncito había demostrado potencial de otras casas. (5) Albus D siguió
esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?
Harry se aferró a los bordes del taburete y pensó: «En Slytherin no, en Slytherin no».
—En Slytherin no, ¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza.
—Casi acaba en Slytherin— dijo Daphne y agregó— Malfoy un día te matamos.
—¡Oh! ¿Por qué? — preguntó el chico.
—No se hijito debe ser porque lo molestas y por eso él no quiso ir a la misma casa que tú— ironizó Narcissa.
El rostro de Draco se pareció a un tomate y el director decidió ahorrarle la vergüenza continuando.
No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!
Harry oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Estaba tan aliviado de que lo hubiera elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el momento. Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley aullaban: «¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!».
—Los lobos Weasley— dijeron Albus, Rose y Scorp
Los Gemelos Weasley se pusieron colorados y Fred les dijo:
—No aullábamos
—Es verdad— empezó George— yo gritaba y él chillaba— agregó.
—Oye, yo no chillaba— chilló Fred.
—Tal vez ahí no, pero aquí sí— dijo George y no le prestó más atención.
El director continuó.
Harry se sentó en el lado opuesto al fantasma que había visto antes. Éste le dio una palmada en el brazo, dándole la horrible sensación de haberlo metido en un cubo de agua helada.
Podía ver bien la Mesa Alta. En la punta, cerca de él, estaba Hagrid, que lo miró y levantó los pulgares. Harry le sonrió. Y allí, en el centro de la Mesa Alta, en una gran silla de oro, estaba sentado Albus Dumbledore. Harry lo reconoció de inmediato, por el cromo de las ranas de chocolate. El cabello plateado de Dumbledore era lo único que brillaba tanto como los fantasmas.
—Gracias al Pantene que le regalé— informó Canuto.
—Es cierto— informó Albus D sonriendo y continuó leyendo.
Harry también vio al profesor Quirrell, el nervioso joven del Caldero Chorreante. Estaba muy extravagante, con un gran turbante púrpura. (Ambas versiones del trío dorado gruñeron)
Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccionar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y Harry cruzó los dedos debajo de la mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!
Harry aplaudió con fuerza, junto con los demás, mientras que Ron se desplomaba en la silla más próxima.
—Bien hecho, Ron, excelente —dijo pomposamente Percy
—A Percy deberíamos cambiarle el nombre— dijo a todos Canuto.
—¿Por cuál? — preguntó Percy curioso.
—Por P Weasley— contestó James.
—¿Por qué P? — preguntó el aludido.
—Por Pomposo, Percy, Prefecto Perfecto— contestaron los merodeadores en su versión pasado.
El alumnado rió fuertemente incluso Percy aunque un poco rojo y luego que se calmaron el director continuó.
Weasley, por encima de Harry, mientras que Zabini, Blaise era seleccionado para Slytherin. La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.
Harry miró su plato de oro vacío. Acababa de darse cuenta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le parecían algo del pasado.
Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.
—¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!
Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no.
—Está... un poquito loco, ¿no? —preguntó con aire inseguro a Percy.
—¿Cómo vas a decir eso Harry? — preguntó Dorea escandalizada.
—Es que el discurso que hizo no me pareció adecuado para un director. Me refiero a que estaba acostumbrado a directores serios— explicó Harry y agregó— disculpe director.
—Yo no soy un poco loco, soy del todo— comentó Albus D para tranquilizar al alumno.
Como nadie dijo nada el director continuó leyendo.
—¿Loco? —dijo Percy con frivolidad—. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿Patatas, Harry?
—¡Percy! — exclamó enojada Molly.
—Señora Weasley le voy a pedir que no se ponga boba con cosas que ya han pasado si además al director no le importan— le pidió cortésmente pero furioso Harry P.
—Puede continuar— pidió Luna W. también un poco enojada
El director carraspeó y continuó.
Harry se quedó con la boca abierta. Los platos que había frente a él de pronto estuvieron llenos de comida. Nunca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsa de tomate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.
— ¿Harry es necesario describir toda la comida? — preguntaron los Sirius y los Weasley
—Bueno son mis pensamientos, che— se quejó Harry medio disculpándose pero no del todo.
El director siguió
Los Dursley nunca habían matado de hambre a Harry, pero tampoco le habían permitido comer todo lo que quería. Dudley siempre se servía lo que Harry deseaba, aunque no le gustara. Harry llenó su plato con un poco de todo, salvo los bombones de menta,
—¿Por qué? ¿Qué tienes en contra de los bombones de menta? — se interrumpió el director preguntando.
—Nada señor Director lo que pasa es que para mí eso va en el postre dado que es dulce— explicó el muchacho.
—¡Ah!- murmuró el director sonrojado y para salir del apuro que el mismo se había metido, continuó.
y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.
—Eso tiene muy buen aspecto —dijo con tristeza el fantasma de la gola, observando a Harry mientras éste cortaba su filete.
—¿No puede...?
—No he comido desde hace unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, por supuesto, pero uno lo echa de menos. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.
—¡Yo sé quién es usted! —dijo súbitamente Ron—. Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!
—¿Cuál de todos te lo contó? — preguntó Charlus curioso.
—Fue Charlie— informó Ron.
Albus D siguió debido a que no hubo más comentarios.
—Yo preferiría que me llamaran Sir Nicholas de Mimsy... —comenzó a decir el fantasma con severidad, pero lo interrumpió Seamus Finnigan, el del pelo color arena.
—Rubio, R—U—B—I—O— protestó Seamus
—¡Ah! — dijo Harry y agregó logrando que Seamus se ruborizara— entonces eres el chico con el pelo de color rubio.
En base a ese comentario en el Gran comedor se comenzaron a escuchar risas que sólo pararon luego de 10 minutos. Incluso Snape se reía porque era el tipo de bromas que hacía Lily. El director cuando hubo silencio, siguió
—¿Casi Decapitado? ¿Cómo se puede estar casi decapitado?
Sir Nicholas pareció muy molesto, como si su conversación no resultara como la había planeado.
—Así —dijo enfadado. Se agarró la oreja izquierda y tiró. Teda su cabeza se separó de su cuello y cayó sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. Era evidente que alguien había tratado de decapitarlo, pero que no lo había hecho bien. Pareció complacido ante las caras de asombro y volvió a ponerse la cabeza en su sitio, tosió y dijo: ¡Así que nuevos Gryffindors! Espero que este año nos ayudéis a ganar el campeonato para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha ganado la copa seis veces seguidas!
— ¡Seis veces! — dijeron los Gemelos P y los merodeadores.
—Sí, sobre todo desde que Snape es profesor— informó Hermione.
—Ya verán porque lo dijo— agregó Ron.
Albus D miró extremadamente mal al profesor, lo mismo que hacía Salazar S y continuó la lectura.
El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable... Él es el fantasma de Slytherin.
Harry miró hacia la mesa de Slytherin y vio un fantasma horrible sentado allí, con ojos fijos y sin expresión, un rostro demacrado y las ropas manchadas de sangre plateada. Estaba justo al lado de Malfoy que, como Harry vio con mucho gusto, no parecía muy contento con su presencia.
—¿Cómo es que está todo lleno de sangre? —preguntó Seamus con gran interés.
—Nunca se lo he preguntado —dijo con delicadeza Nick Casi Decapitado.
Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los gustos que uno se pudiera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, relámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos borrachos, fresas, jalea, arroz con leche...
Mientras Harry se servía una tarta, la conversación se centró en las familias.
—Yo soy mitad y mitad —dijo Seamus—. Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casaron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.
—Lógico…— dijo Salazar
—Tu madre hizo además algo muy peligroso…— continuó McGonagall
—Y prácticamente algo ilegal— informó Percy mientras el Ministro asentía.
—Además tu madre es una idiota— dijo Albus P. (6)
—¿Cómo? — preguntó furioso y gritando Seamus.
—Primero no le grites a mi hijo y segundo espera— le contestó fríamente Hermione P.
-Quinto libro- dijeron sincronizados Albus P, Rose y Scorp.
El director que no sabía nada, decidió continuar.
Los demás rieron.
—¿Y tú, Neville? —dijo Ron.
—Bueno, mi abuela me crió y ella es una bruja —dijo Neville—, pero la familia creyó que yo era todo un muggle, durante años. Mi tío abuelo Algie trataba de sorprenderme descuidado y forzarme a que saliera algo de magia de mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de Blackpool, pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie había ido a tomar el té y me tenía cogido de los tobillos y colgando de una ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y él, accidentalmente, me soltó. Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba. Y tendríais que haber visto sus caras cuando vine aquí. Creían que no sería tan mágico como para venir. El tío abuelo Algie estaba tan contento que me compró mi sapo.
—Bueno entonces es a tu tío Algie al que voy a arrojar del balcón cuando lo vea— dijo furiosa Narcissa mientras su hijo y su marido se alejaban de ella.
—Otra ilegalidad— informó Percy.
—A parte hacer eso hubiera sido fatal. Son también formas de castigar que suprimen la magia— agregó Harry P.
McGonagall frente a lo leído echaba chispas por los ojos. Los Weasley miraban a Neville horrorizados menos Percy que no lo había escuchado sino hubiera hecho algo. Albus D en cambio se puso sombrío y sólo cuando pudo calmarse continuó.
Al otro lado de Harry, Percy Weasley y Hermione estaban hablando de las clases. («Espero que empiecen en seguida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesada en Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas en y todo eso...»)
El director al terminar este monólogo tuvo que tomar aire y luego siguió
Harry, que comenzaba a sentirse reconfortado y somnoliento, miró otra vez hacia la Mesa Alta. Hagrid bebía copiosamente de su copa. La profesora McGonagall hablaba con el profesor Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un profesor de grasiento pelo negro, nariz ganchuda y piel cetrina.
Todo sucedió muy rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de Quirrell, directamente a los ojos de Harry... y un dolor agudo golpeó a Harry en la cicatriz de la frente.
—¡Ay! —Harry se llevó una mano a la cabeza.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Percy
—N-nada.
El dolor desapareció tan súbitamente como había aparecido. Era difícil olvidar la sensación que tuvo Harry cuando el profesor lo miró, una sensación que no le gustó en absoluto.
—¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell? —preguntó a Percy.
—Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.
—Saber sobre algo no significa saber enseñarlo…— empezó Lily.
—Sobre todo porque para enseñar se debe tener paciencia algo que Snape no posee— agregó Caro
El director que ya sabía esto y continuó para no quedarse sin el profesor
Harry vigiló a Snape durante un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo.
Por último, también desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.
—Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año.
»Los de primer año debéis tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo.
Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.
—El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuerde que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos. »Las pruebas de Quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch. »Y por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.
Harry rió, pero fue uno de los pocos que lo hizo.
—¿Lo decía en serio? —murmuró a Percy.
—Eso creo —dijo Percy, mirando ceñudo a Dumbledore—. Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al menos, debió avisarnos a nosotros, los prefectos.
—Percy para ti, ¿Qué hace un Prefecto? — preguntó Hermione P.
—Es una figura de autoridad, que tiene que dar el ejemplo y no romper las reglas— contestó Percy.
—En cierta forma eso es así— empezó Hermione P y agregó— un prefecto es un adolescente que tiene que ayudar y evitar que se rompan las reglas. Esas reglas que si son incumplidas podría perjudicar pero no dejar de ser un chico que por la edad debería divertirse. Charla con tus amigos y cosas así. No te olvides. Sé tú mismo o podría pasar algo. (7)
El director continuó mientras Percy se ponía a pensar.
—¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore. Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas.
Dumbledore agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.
—¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dumbledore—. ¡Y allá vamos!
Y todo el colegio vociferó:
Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,
enséñanos algo, por favor.
Aun que seamos viejos y calvos
o jóvenes con rodillas sucias,
nuestras mentes pueden ser llenadas
con algunas materias interesantes.
Porque ahora están vacías y llenas de aire,
pulgas muertas y un poco de pelusa.
Así que enséñanos cosas que valga la pena saber,
haz que recordemos lo que olvidamos,
hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto,
y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.
Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al final, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melodía de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.
—¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote! (Como los caballos pensaron algunos)
Los de primer año de Gryffindor siguieron a Percy a través de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subieron por la escalera de mármol. Las piernas de Harry otra vez parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y comida. Estaba tan dormido que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando Percy en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredizos y tapices que colgaban de las paredes. Subieron más escaleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Harry comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían seguir, se detuvieron súbitamente.
— ¿Cuánto caminaron? — preguntó Elizabeth preocupada por el cansancio que en el libro tenía su nieto.
—Como veinte minutos— contestó Percy.
—La verdad que el camino representaba muy bien a un laberinto— completó Ron.
—Es mejor así por si hay una invasión— replicó Godric como si nada.
—Siempre hay que estar alerta— lo secundó Harry.
—Este muchacho tiene razón— terminó Alastor.
Antes de que el exauror se lanzará a una discusión sobre su Alerta Permanente, Albus D. Siguió.
Unos bastones flotaban en el aire, por encima de ellos, y cuando Percy se acercó comenzaron a caer contra él.
—Peeves —susurró Percy a los de primer año—. Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist. —Levantó la voz—: Peeves, aparece.
La respuesta fue un ruido fuerte y grosero, como si se desinflara un globo.
—¿Quieres que vaya a buscar al Barón Sanguinario?
—No mejor que se encargue Harry— dijo Ron riendo.
—Primer libro— agregó Hermione por la mirada confundida de los demás.
El director siguió.
Se produjo un chasquido y un hombrecito, con ojos oscuros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.
—¡Oooooh! —dijo, con un maligno cacareo—. ¡Los horribles novatos! ¡Qué divertido!
De pronto se abalanzó sobre ellos. Todos se agacharon.
—Vete, Peeves, o el Barón se enterará de esto. ¡Lo digo en serio! —gritó enfadado Percy
Peeves hizo sonar su lengua y desapareció, dejando caer los bastones sobre la cabeza de Neville.
—Lo siento hijo, eso es culpa mía— le dijo apenado Frank.
—No pasa nada papá. Él al menos no me humilla— dijo Neville dejándolo preocupado.
El director continuó.
Lo oyeron alejarse con un zumbido, haciendo resonar las armaduras al pasar.
—Tenéis que tener cuidado con Peeves —dijo Percy, mientras seguían avanzando—. El Barón Sanguinario es el único que puede controlarlo, ni siquiera nos escucha a los prefectos. Ya llegamos.
Al final del pasillo colgaba un retrato de una mujer muy gorda, con un vestido de seda rosa.
—¿Santo y seña? —preguntó.
—Caput draconis (Muerte a los dragones)
— ¿Cómo? — preguntó furioso Charlie.
— ¡Eh!, ¡Eso! — dijo Percy.
— ¿Quién corno puso esa contraseña? — preguntó Charlie fingiendo tranquilidad.
—Lo sugirió Quirrell porque no se nos ocurría ninguna contraseña— dijo McGonagall intentado calmar a Charlie.
—Ah, está bien— dijo Charlie más tranquilo y el director siguió.
—dijo Percy, y el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos se amontonaron para pasar (Neville necesitó ayuda) y se encontraron en la sala común de Gryffindor; una habitación redonda y acogedora, llena de cómodos sillones.
Percy condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al final de una escalera de caracol (era evidente que estaban en una de las torres) encontraron, por fin, sus camas, cinco camas con cuatro postes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.
—Una comida increíble, ¿no? —murmuró Ron a Harry, a través de las cortinas—. ¡Fuera, Scabbers! Te estás comiendo mis sábanas.
Harry estaba a punto de preguntar a Ron si le quedaba alguna tarta de melaza, pero se quedó dormido de inmediato.
—Sí que te gusta— dijo Arthur riéndose.
—Como a mí— dijeron Caro y Hugo E.
El director continuó mientras Harry contento pensó estoy conociendo cosas de mi familia.
Tal vez Harry había comido demasiado, porque tuvo un sueño muy extraño. Tenía puesto el turbante del profesor Quirrell, que le hablaba y le decía que debía pasarse a Slytherin de inmediato, porque ése era su destino. Harry contestó al turbante que no quería estar en Slytherin y el turbante se volvió cada vez más pesado. Harry intentó quitárselo, pero le apretaba dolorosamente, y entonces apareció Malfoy, que se burló de él mientras luchaba para quitarse el turbante luego Malfoy se convirtió en el profesor de nariz ganchuda, Snape, cuya risa se volvía cada vez más fuerte y fría... Se produjo un estallido de luz verde y Harry se despertó, temblando y empapado en sudor.
Se dio la vuelta y se volvió a dormir. Al día siguiente, cuando se despertó, no recordaba nada de aquel sueño.
—Que sueño tan bonito— ironizó Fabian.
—Ahora puedo elegir yo quién lee— pidió Helga.
—Sí— contestó Harry P.
— ¿Por qué no lees tú? — preguntó Helga señalando a alguien.
Hola Reeditando
Estén atentos que pronto actualizo en la otra historia
Kira
Notas de autor:
1) Los que bajaron la cabeza tristemente eran algunos de los de tercero en adelante.
2) Obvio que solo los que se habían reído.
3) Guiño a Aro Vulturi, el más histérico de los personajes de Crepúsculo. Se lo imaginan como maestro de primaria?
4) En la selección de Harry, el sombrero lo quería poner en cualquier casa como ya mencioné. De a poco se va a ir mostrando el conocimiento de él, un conocimiento que obtuvo de varias situaciones. Snape para mi, puede ser un "mal profesor" en general, pero nadie niega que es un GRAN Slytherin.
5)Como cuando le dijo a McGonagall que no quitara puntos a Gryffindor porque el curso no había empezado.
6)Libro 5.
7) Para mí ser por efecto también significa que los otros alumnos puedan confiar en ti, contarte los problemas sus inquietudes. Me refiero a la pelea que tuvo con su familia.
Nos leemos
Kira
