Cuando el profesor Snape se dio cuenta que era él al que estaba señalado. Se levantó, fue a buscar el libro, lo tomó, fulminó a algunos con la mirada, se sentó y comenzó a leer - Capítulo 14: El profesor de pociones

—El idiota de Quejicus tiene capítulo para el solo— se quejó Canuto.

—Los idiotas suelen tener importancia en este libro— agregó James.

—Canuto, James se callan— les ordenó Harry P.

El profesor decidió no darle importancia y siguió.

- Allí, mira.

- ¿Dónde?

- Al lado del chico alto y pelirrojo.

- ¿El de gafas?

- ¿Has visto su cara?

- ¿Has visto su cicatriz?

Los murmullos siguieron a Harry desde el momento en que, al día siguiente, salió del dormitorio. Los alumnos que esperaban fuera de las aulas se ponían de puntillas para mirarlo, o se daban la vuelta en los pasillos, observándolo con atención. Harry deseaba que no lo hicieran, porque intentaba concentrarse para encontrar el camino de su clase.

—¿No te gusta tu fama? - preguntó Zacharias Smith con desdén.

—Ya comenté que no me gusta- respondió Harry sin dar más explicaciones.

Snape se sorprendió levemente, decidió seguir para que nadie se diera cuenta.

En Hogwarts había 142 escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar.

—Putos escalones— dijeron Neville y Alice.

La gente del GC se rió un poco y Snape siguió

Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas. También era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cambiaban de lugar continuamente. Las personas de los retratos seguían visitándose unos a otros, y Harry estaba seguro de que las armaduras podían andar.

—Si pueden— dijeron los del futuro.

Los docentes se alarmaron dado que las armaduras se movían solamente para proteger al colegio y Snape siguió cuando se tranquilizó.

Los fantasmas tampoco ayudaban. Siempre era una desagradable sorpresa que alguno se deslizara súbitamente a través de la puerta que se intentaba abrir. Nick Casi Decapitado siempre se sintió contenido de señalar el camino indica do a los nuevos Gryffindors, pero Peeves el Duende se encarga de poner puertas cerradas y escaleras con trampas en el camino de los que llegaban tarde a clase. También les tiraba papeleras a la cabeza, corría las alfombras debajo de los pies del que pasaba, les tiraba tizas o, invisible, se deslizaba por detrás, cogía la nariz de alguno y gritaba: ¡TENGO TU NARIZ!

-Yo le ensené ese- dijo riendo James.

-Hay que explicarle a Peeves a quien molestar y a quien no- replicó Lunático con seriedad. Snape siguió.

Pero aún peor que Peeves, si eso era posible, era el celador, Argus Filch. Harry y Ron se las arreglaron para chocar con él, en la primera mañana.

-Buena esa… - empezó Lunático.

-Sí… - continuó James.

-Gen merodeador- terminaron Canuto y Peter.

-Fue accidental- replicaron Ron y Harry para que sus mamás no los mataran.

Snape continuó interrumpiendo la respuesta de los merodeadores.

Filch los encontró tratando de pasar por una puerta que, desgraciadamente, resultó ser la entrada al pasillo prohibido del tercer piso.

-Suerte Potter… - empezó Lunático.

-Una suerte cagada por un elefante herido- terminó Canuto.

La gente en el Gran Comedor se rió y sólo pararon quince minutos después en los que Snape se apresuró a continuar.

No les creyó cuando dijeron que estaban perdidos, estaba convencido de que querían entrar a propósito y los amenazó con encerrarlos en los calabozos, hasta que el profesor Quirrell, que pasaba por allí, los rescató.

Filch tenía una gata llamada Señora Norris, una criatura flacucha y de color polvoriento, con ojos saltones como linternas, iguales a los de Filch. Patrullaba sola por los pasillos. Si uno infringía una regla delante de ella, o ponía un pie fuera de la línea permitida, se escabullía para buscar a Filch, el cual aparecía dos segundos más tarde. Filch conocía todos los pasadizos secretos del colegio mejor que nadie

-¿Y nosotros? - preguntaron los merodeadores, los Gemelos P. y los Gemelos W.

-A ustedes no los conocíamos- dijo Ron señalando a sus tíos ya los merodeadores y agregó mirando a sus hermanos- y yo no sabía que ustedes conocían con profundidad el colegio.

Snape continuó.

(excepto tal vez los gemelos Weasley), y podía aparecer tan súbitamente como cualquiera de los fantasmas. Todos los estudiantes lo detestaban, y la más soñada ambición de muchos era darle una buena patada a la Señora Norris.

-¿Por qué no me dejaste? - preguntó refunfuñando a Ron.

-Teníamos que salvar el mundo- contestó Harry simplemente.

Los bromistas del Gran Comedor se sorprendieron porque habían tenido la oportunidad de pegarle una buena patada a la gata del demonio y la dejaron pasar. Antes de que se abriera una discusión Snape decidió continuar.

Y después, cuando por fin había encontrado las aulas, estaban las clases. Había mucho más que magia, como Harry descubrió muy pronto, mucho más que agitar la varita y decir unas palabras graciosas.

Tenían que estudiar los cielos nocturnos con sus telescopios, cada miércoles a medianoche, y aprender los nombres de las diferentes estrellas y los movimientos de los planetas. Tres veces por semana iban a los invernaderos de detrás del castillo a estudiar Herbología, con una bruja pequeña y regordeta llamada profesora Sprout, y aprendían a cuidar de todas las plantas extrañas y hongos ya descubrir para qué debían utilizarlas.

Pero la asignatura más aburrida era Historia de la Magia, la única clase dictada por un fantasma. El profesor Binns

-¿Sigue? ...- empezó Dorea preguntando.

-Sabes Albus, deberías cambiarlo, o sea no motiva ni enseña a los alumnos, ni nada- terminó Charlus aportando su idea.

-Charlus, lo tendré en cuenta- dijo Albus D.

Snape continuó.

ya era muy viejo cuando se quedó dormido frente a la chimenea del cuarto de profesores y se levantó a la mañana siguiente para dar clase, dejando atrás su cuerpo. Binns hablaba monótonamente, mientras escribía nombres y fechas, y hacia que Elmerico el Malvado y Ulrico el Chiflado se confundieran.

El profesor Flitwick, el de la clase de Encantamientos, era un brujo diminuto que tenía que subirse a unos cuantos libros para ver por encima de su escritorio. Al comenzar la primera clase, sacó la lista y, cuando llegó al nombre de Harry, dio un chillido de excitación y desapareció de la vista.

-No se puede aparecer así que supongo que se cayó- supuso James.

-Sí, me alegré de que el hijo de Lily hubiera llegado- explicó el docente.

Harry le sonrió, el profesor se la devolvió y la lectura continuó.

La profesora McGonagall era siempre diferente. Harry había tenido razón al pensar que no era una profesora con quien se pudiera tener problemas. Estricta e inteligente,

La profesora enrojeció por los halagos y musitó:

-Gracias.

-Es la verdad profesora- le dijo el joven.

Snape continuó luego del intercambio.

les habló en el primer momento en que se sentaron, el día de su primera clase.

- Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderéis en Hogwarts- dijo—. Cualquiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Ya estáis prevenidos.

Entonces transformó un escritorio en un cerdo y luego le devolvió su forma original.

-James Sirius, mi hermano convirtió una mesa en un caballo salvaje en su quinto año- explicó Albus P.

-El maldito animal se escapó- aportó Lily P

Todos se rieron y como 20 minutos después Snape continuó leyendo.

Todos estaban muy impresionados y no aguantaban las ganas de empezar, pero muy pronto se dieron cuenta de que pasaría mucho tiempo antes de que podrían transformar muebles en animales. Después de hacer una cantidad de complicadas anotaciones, les dio a cada uno una cerilla para que intentaran convertirla en una aguja. Al final de la clase, sólo Hermione Granger había hecho algún cambio en la cerilla. La profesora McGonagall mostró a todos cómo se había vuelto plateada y puntiaguda, y dedicó a la niña una excepcional sonrisa.

La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Ar tes Oscuras, pero las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma.

-Casi- dijeron con sorpresa todos los alumnos que habían tenido ese profesor.

-Bueno ahora puedo decir que eran toda una broma- dijo Harry para que cambiaran esas caras.

Snape siguió un poco furioso por cómo habían resultado las clases de una de sus materias favoritas.

Su aula tenía un fuerte olor a ajo, y todos decían que era para protegerse de un vampiro que había conocido en Rumania

-No vas más a Rumania Charlie. Te pueden morder los vampiros- dijo Molly alterada.

-Primero mamá cálmate, segundo soy mayor de edad y en tercer lugar en Rumania, en el sur, que es donde está la reserva no hay vampiros por que el clima en general es soleado y templado y los vampiros prefieren lugares nublados y fríos- replicó el muchacho de forma explicativa.

La mujer suspiró aliviada y Snape continuó.

y del que tenía miedo de que volviera a buscarlo. Su turbante, les dijo, era un regalo de un príncipe africano como agradecimiento por haberlo liberado de un molesto zombi, pero ninguno creía demasiado en su historia. Por un lado, porque cuando Seamus Finnigan se mostró deseoso de saber cómo había derrotado al zombi, el profesor Quirrell se ruborizó y comenzó a hablar del tiempo, y por el otro, porque todos notado el curioso olor salía del turbante, y los gemelos Weasley insistían en que estaba lleno de ajo, para proteger a Quirrell cuando el vampiro apareciera.

Harry se sintió muy aliviado al descubrir que no estaba mucho más atrasado que los demás. Muchos procedían de familias muggle y, como él, no tenían ni idea de que eran brujas y magos. Había tantas cosas por aprender que ni siquiera un chico como Ron tenía mucha ventaja.

El viernes fue un día importante para Harry y Ron. Por fin encontraron el camino hacia el Gran Comedor a la hora del desayuno, sin perderse ni una vez.

Todos en el Gran Comedor aplaudieron a los dos sonrojados chicos. Snape solo levantó un poco la comisura de su boca. Cuando se calmó el lugar Snape continuó con la lectura.

- ¿Qué tenemos hoy? —Preguntó Harry a Ron, mientras echaba azúcar en sus cereales.

- Pociones Dobles con los de Slytherin —respondió Ron—. Snape es el Jefe de la Casa Slytherin. Dicen que siempre los favorece a ellos ... Ahora veremos si es verdad.

-Es verdad- murmuraron las otras tres casas.

Snape para no recibir el regaño del año, continuó.

- Ojalá McGonagall nos favoreciera a nosotros - (Lo hace pero es más discreta pensaron los del futuro) dijo Harry La profesora McGonagall era la jefa de la casa Gryffindor; pero eso no había impedido darles una gran cantidad de deberes el día anterior.

Justo en aquel momento llegó el correo. Harry ya se había acostumbrado, pero la primera mañana se impresionó un poco cuando unas cien lechuzas entraron súbitamente en el Gran Comedor durante el desayuno, volando sobre las mesas hasta encontrar a sus dueños, para dejarles caer encima de cartas y paquetes.

Hedwig no le había llevado nada hasta aquel día. Algunas veces volaba para mordisquearle una oreja y conseguir una tostada, antes de volver a dormir en la lechucería, con las otras lechuzas del colegio. Sin embargo, aquella mañana pasó volando entre la mermelada y la azucarera y dejó caer un sobre en el plato de Harry Este lo abrió de inmediato.

Querido Harry (decía con letra desigual),

Sé que tienes las tardes del viernes libres, así que ¿te gustaría venir a tomar una taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que me cuentes todo lo de tu primera semana. Envíame la respuesta con Hedwig.

Hagrid

Harry cogió prestada la pluma de Ron y contestó: «Sí, gracias, nos veremos más tarde», en la parte de atrás de la nota, y la envió con Hedwig.

Fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry a tomar el té, porque la clase de Pociones resultó ser la peor cosa que le había ocurrido allí, hasta entonces.

-Severus, ¿Qué quiere decir el joven? - murmuró lentamente con una voz peligrosa la profesora McGonagall.

El profesor recordando ese día prefirió no contestar y continuar.

Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no le caía bien al profesor Snape. Pero al final de la primera clase de Pociones supo que no se había equivocado. No era sólo que a Snape no le gustara Harry: lo detestaba.

-Sin motivo alguno- dijo Carolina asesinando a Severus con la mirada.

Éste se encogió de miedo y siguió leyendo.

Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin todos aquellos animales conservados, flotando en frascos de vidrio, por todas las paredes.

Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry

- Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva ... celebridad.

-Severus Tobias Snape Prince considérate muerto- dijo Elizabeth furiosa.

Snape agradecía que le tocara leer, porque sin hacer comentario alguno, siguió leyendo.

Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapándose la boca. Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían pensar en túneles oscuros.

- Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones —comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo—. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos ... embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte ... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

-Sabes, la razón por la que le presté tanta atención a tus palabras, era que el discurso era bueno, dejaba ver un poco de la magia de las pociones- describe Harry P.

-Hasta la parte de alcornoques- replicó Sprout furiosa.

-Nunca se insulta a los alumnos. Debes ser tú, él que les enseñe. Para eso estás allí- agregó Flitwick.

Antes de ser golpeado Snape continuó.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas. Hermione Granger estaba sentada en el borde de la silla, y parecía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.

- ¡Potter! - dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo? (-Eso es de sexto- murmuró furiosa Carolina aunque también entendió que Severus le estaba diciendo a Harry que lamentaba la muerte de Lily) ¿Raíz en polvo De qué un Una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron, que parecía tan desconcertado como él. La mano de Hermione se agitaba en el aire.

-Hermione tú no eras Potter. Sabes haces sentir mal a la gente con esa actitud que tenías y que en algún caso seguís teniendo- le dijo suavemente Harry P.

Snape continuó mientras la chica se disculpaba.

- No lo sé, señor —contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

- Bah, bah ... es evidente que la fama no lo es todo.

No hizo caso de la mano de Hermione.

- Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?

-También de sexto- volvió a comentar furiosa Caro ahora en voz alta dejando a muchos sorprendidos porque ella estaba en tercero.

Snape continuó más encogido porque además de la joven que le daba miedo, Minerva también lo estaba fulminando con la mirada.

Hermione agitaba la mano tan alta en el aire que no necesita levantarse del asiento para que la vieran, pero Harry no tenía la menor idea de lo que era un bezoar. Trató de no mirar a Malfoy ya sus amigos, que se desternillaban de risa.

-¿Tú sabías las respuestas Malfoy? - preguntó Lily enfadada.

-Si salió al padre ni por asomo- agregó Caro.

-Ya sabes en primero ya lo pasabas tú Lily- agregó Alice.

-Y eso que él estaba en quinto- terminó Lia.

Snape asintió a lo dicho por las chicas frente a la muda pregunta de Draco, que luego de esto miró mal al padre por mentirle (1) y Snape siguió leyendo.

- No lo sé, señor.

- Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?

Harry se obligó a seguir mirando directamente aquellos ojos fríos. Sí había mirado sus libros en casa de los Dursley, pero ¿cómo esperaba Snape que se acordara de todo lo que había en Mil hierbas mágicas y hongos?

-¿Mil hierbas mágicas y hongos no era el libro de pociones? - se interrumpió Snape preguntando y con gesto burlón.

-Yo dije que lo fuera. No, no lo hice. Sólo pensé que cómo estaban relacionados, me refiero a Herbología y pociones, en el de Herbología estaba. Dado que el de pociones ya lo había leído varias veces y sabía que no estaba allí- explicó el joven dejando al profesor sorprendido.

Snape decidió seguir.

Snape seguía haciendo caso omiso de la mano temblorosa de Hermione.

- ¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?

Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendido hacia el techo de la mazmorra.

- No lo sé Harry con calma—. Pero creo que Hermione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?

Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo. Snape, sin embargo, no estaba complacido.

- Siéntate —gritó a Hermione—.

-Primero Severus, no debes gritarle a un alumno y tampoco debes echarle tu mal humor a ellos- dijo Albus D. con semblante decepcionado.

Snape murmuró:

-Disculpen.

Algunos asintieron y Snape siguió sintiéndose un niño regañado.

Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo estáis apuntando todo?

Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergaminos. Por encima del ruido, Snape dijo:

- Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.

Frente a ese punto, el profesor siente una descarga. Miró hacia Carolina que lo miraba muy mal. Por eso mismo decidió seguir sin comentar nada, no sea que la chica lo sobrecargara de electricidad si decidía quejarse.

Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la clase de Pociones. Snape los puso en parejas, para que mezclaran una poción sencilla para curar forúnculos. Se paseó con su larga capa negra, observando cómo pesaban ortiga seca y aplastaban colmillos de serpiente, criticando a todo el mundo salvo a Malfoy, que parecía gustarle. En el momento preciso en que les estaba diciendo a todos que miraran la perfección con que Malfoy había cocinado a fuego lento los pedazos de cuernos, multitud de nubes de un ácido humo verde y un fuerte silbido llenaron la mazmorra. De alguna forma, Neville se las había ingeniado para convertir el caldero de Seamus en un engrudo hirviente que se derramaba sobre el suelo, quemando y haciendo agujeros en los zapatos de los alumnos. En segundos, toda la clase estaba subida a sus taburetes, mientras que Neville, que se había empapado en la poción al volcarse sobre él el caldero, gemía de dolor; por sus brazos y piernas aparecían pústulas rojas.

- ¡Chico idiota! - exclamó Snape con enfado, haciendo desaparecer la poción con un movimiento de su varita—.

Alice se levantó y fue a pegarle una patada al hombre, luego volvió y se sentó. Frank simplemente lo miró mal.

-No se insulta a los alumnos… - empezó McGonagall.

Snape continuó interrumpiendo el rezongo.

Supongo que añadiste las púas de erizo antes de sacar el caldero del fuego, ¿no?

Neville lloriqueaba, mientras que las pústulas comenzaban a aparecer en su nariz.

- Llévelo a la enfermería —ordenó Snape a Seamus. Luego se acercó a Harry y Ron, que han estado trabajando cerca de Neville.

- Tu, Harry Potter. ¿Por qué no le dijiste que no pusiera las púas? Pensaste que si se equivocaba quedarías bien, ¿no es cierto? Éste es otro punto que pierdes para Gryffindor.

-Yo no sabía que Harry fuera el profesor- dijo Sinistra pegándole una patada suave a Snape bajo la mesa.

-Un punto para Gryffindor- susurró Snape antes de continuar.

Aquello era tan injusto que Harry abrió la boca para discutir, pero Ron le dio una patada por debajo del caldero.

- No lo provoca —murmuró—. He oído decir que Snape puede ser muy desagradable.

Una hora más tarde, cuando subían por la escalera para salir de las mazmorras, la mente de Harry era un torbellino y su ánimo estaba por los suelos. Había perdido dos puntos para Gryffindor en su primera semana ...

-Dos puntos nomás… - empezó Fred.

-No te preocupes, nosotros perdemos como 10 más o menos por día- agregó George.

Molly sabiendo que estaban alentando a Harry no los regañó y Snape decidió continuar.

¿Por qué Snape lo odiaba tanto? (Porque es un inmaduro pensó Caro furiosa.)

- Anímate- comentó Ron—. Snape siempre le quitaba puntos a Fred ya George. ¿Puedo ir a ver a Hagrid contigo?

Salieron del castillo cinco minutos antes de las tres y cruzaron los terrenos que lo rodeaban. Hagrid vivía en una pequeña casa de madera, en el borde del bosque prohibido. Una ballesta y un par de botas de goma estaban al lado de la puerta delantera.

Cuando Harry llamó a la puerta, oyeron unos frenéticos rasguños y varios ladridos. Luego se oyó la voz de Hagrid, diciendo:

- Atrás, Fang, atrás.

La gran cara peluda de Hagrid apareció al abrirse la puerta.

-Hagrid, no crees que deberías afeitarte- dijo Sirius.

-Es que a mí me gusta. Aparte me protege del frío- dijo el aludido.

-Intenta imaginártelo con el pelo corto- dijo Lunático a sus amigos.

-No sería nuestro Hagrid- contestaron los otros tres.

Snape continuó.

- Entrad exterior— Atrás, Fang.

Los dejó entrar, tirando del collar de un imponente perro negro.

Había una sola estancia. Del techo colgaban jamones y faisanes, una cazuela de cobre hervía en el fuego y en un rincón había una cama enorme con una manta hecha de remiendos.

- Estáis en vuestra casa disponible Hagrid, soltando a Fang, que se lanzó contra Ron y comenzó a lamerle las orejas. Como Hagrid, Fang era evidentemente mucho menos feroz de lo que parecía.

- Éste es Ron oferta Harry a Hagrid, que estaba volcando el agua hirviendo en una gran tetera y sirviendo pedazos de pastel.

- Otro Weasley, ¿verdad? Terminal Hagrid, mirando de reojo las pecas de Ron—. Me he pasado la mitad de mi vida ahuyentando a tus hermanos gemelos del bosque.

-¿Qué edad tienes Hagrid? - preguntó Molly.

-63- respondió y agregó preguntando- ¿Por?

-Entonces, ¿te has pasado más o menos 31 años espantando del bosque a dos chicos de 13 años? (2) - preguntó la mujer con "inocencia".

Todos se rieron a carcajadas. Luego los Gemelos P dijeron:

-Esta es nuestra hermanita-

Los gemelos W salieron de su sorpresa y murmuraron:

-Buena esa mamá-

Mientras todos se reían Hagrid se ponía colorado. Snape decidió salvarlo continuando con la lectura.

El pastel casi les rompió los dientes, pero Harry y Ron fingieron que les gustaba,

-¿No le gustaba? - preguntó el semigigante un poco dolido.

-Lo que pasa que tu comida es muy dura y nuestros dientes son más frágiles- detalló Harry mientras los que he probado su comida asentía.

Hagrid asintió prometiéndose así mismo cocinar más blando.

Snape continuó luego de este intercambio.

mientras le contaban a Hagrid todo lo referente a sus primeras clases. Fang tenía la cabeza apoyada sobre la rodilla de Harry y babeaba sobre su túnica.

Harry y Ron se quedarán fascinados al oír que Hagrid llamaba a Filch «ese viejo bobo».

- Y en lo que se refiere a esa gata, la Señora Norris, me gustaría presentársela un día a Fang. ¿Sabéis que cada vez que voy al colegio me sigue todo el tiempo? No me puedo librar de ella. Filch la envía a hacerlo.

-No te preocupes Hagrid… - empezó James.

-Nosotros nos hacemos cargo de eso- terminó Canuto mirando amenazador al animal que se escondió detrás de la silla de su dueño.

Snape sonrió por el destino de la gata molesta y continuó.

Harry le contó a Hagrid lo de la clase de Snape. Hagrid, como Ron, le dijo a Harry que no se preocupara, que a Snape no le gustaba ninguno de sus alumnos.

- Pero realmente parece que me odie.

- ¡Tonterías! Terminal Hagrid—. ¿Por qué iba a hacerlo?

Sin embargo, Harry no podía dejar de pensar en que Hagrid había mirado hacia otro lado cuando dijo aquello.

- ¿Y cómo está tu hermano Charlie? —Preguntó Hagrid a Ron—. Me gustaba mucho,

Una risa estruendosa interrumpió a Snape. Todos miraron a la zona donde se escuchaba sorprendiéndose de que fuera Percy. Su madre lo miraba sin entender y Fred que pensaba que no había nada gracioso preguntó:

-¿De qué te ríes, Percy?

-De que Charlie tiene pareja- respondió Percy.

-¿Qué quieres decir? - preguntó Fred sin entender aun, aunque Ron, Harry, Hermione Caro y Lily ya estaban asintiendo de acuerdo con Percy.

-Hagrid gusta de nuestro hermano- respondió Percy.

Todos se empezaron a reír al entender. Hagrid y Charlie no se reían dado que estaban abochornados.

-Te equivocas Percy. Charlie es novio de una Dragón- dijo Ron como aporte para avergonzar un poco más a su hermano.

Se volvieron a reír y cinco minutos después cuando Charlie estaba a punto de explotar, Snape continuó.

era muy bueno con los animales.

-¡Ah! - exclamaron todos.

-Falsa alarma- dijo Sirius.

Snape continuó rodando los ojos.

Harry se preguntó si Hagrid no estaba cambiando de tema a propósito. Mientras Ron le hablaba a Hagrid del trabajo de Charles con los dragones,

-Charles no, CHARLIE- dijo el muchacho.

-Hermanito, primero estás retando a un libro y segundo tu nombre es Charles te guste o no- le dijo burlón Bill.

-Está bien, William- respondió Charlie.

Snape interrumpió la pelea continuando con la lectura.

Harry miró el recorte del periódico que estaba sobre la mesa. Era de El Profeta.

RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS

Continúan las investigaciones del asalto que tuvieron lu gar en Gringotts el 31 de julio. Se cree que se debe al trabajo de oscuros magos y brujas desconocidos.

Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada. La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.

«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde un gnomo portavoz de Gringotts.

Harry recordó que Ron le había contado en el tren que alguien había tratado de robar en Gringotts, pero su amigo no había mencionado la fecha.

- ¡Hagrid! Oferta Harry—. ¡Ese robo en Gringotts sucedió el día de mi cumpleaños!

-Tienes razón- dijo Percy.

-Ah vamos gente. No creerán en serio que Harry no va a sacar ninguna pista más del diario- dijo Ron con una sonrisa.

Snape continuó

¡Pudo haber sucedido mientras estábamos allí!

Aquella vez no tuvo dudas: Hagrid decididamente evitó su mirada. Gruñó y le ofreció más pastel. Harry volvió a leer la nota. «La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.» Hagrid había vaciado la cámara setecientos trece, si puede llamarse vaciarla a sacar un paquetito arrugado. ¿Sería eso lo que estaban buscando los ladrones?

Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar, con los bolsillos llenos del pétreo pastel que fueron demasiado amables para rechazar; Harry pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como aquella merienda con Hagrid. ¿Hagrid habría sacado el paquete justo a tiempo? ¿Dónde podía estar? ¿Sabría algo sobre Snape que no quería decirle?

-Excelentes preguntas, señor Potter- aportó Alastor sorprendido.

-Fin del capítulo- intervino Snape cerrando el libro.

-¿Quién quiere leer ahora? - preguntó Albus D.

-Yo quiero señor- dijo alguien con la voz con un tono pícaro.


Notas de Autor:

1) Lucius le dijo a Draco que debería darle vergüenza que Hermione lo pasara en segundo año, estando ambos en el mismo año y su padre es superado por una hija de muggle más chica. Aunque me lo inventé, es un poco irónico

2) En ese año que Hagrid lo dice los gemelos tienen 13, aunque ahora tienen 15.

Nos leemos

Kira