James Potter se levantó con dramatismo haciéndose ver un poco, camino hasta donde estaba el director con el libro. Cuando llegó le sonrió al director, agarró el libro que éste le daba, volvió a su lugar y se sentó. Abrió el libro en la página correspondiente, se aclaró la garganta con un carraspeo y dijo: Capítulo 15: El duelo a medianoche

-HARRY JAMES POTTER EVANS en que lío te metiste- gritó Lily.

-Mamá primero deja que lean y luego me gritas- dijo Harry.

-Ok- dijo ella calmándose un poco y agregó- James continúa.

El ojivellana siguió, mirando antes a su hijo por no haber tenido miedo frente a la furia de su madre.

Harry nunca había creído que pudiera existir un chico al que detestara más que a Dudley, pero eso era antes de haber conocido a Draco Malfoy. Sin embargo, los de primer año de Gryffindor sólo compartían con los de Slytherin la clase de Pociones, así que no tenía que encontrarse mucho con él.

-Que bueno- dijeron los del pasado.

-No cantes victoria antes- dijo Harry.

James continúo porque tenía curiosidad.

O, al menos, así era hasta que apareció una noticia en la sala co mún de Gryffindor; que los hizo protestar a todos. Las leccio nes de vuelo comenzarían el jueves... y Gryffindor y Slytherin aprenderían juntos.

-¿Por qué?- preguntó Carolina.

-Porque qué, señorita Evans- dijo Dumbledore confuso.

-Porque hacen que en las materias más complicadas aprendan juntos si saben que se detestan- explicó la chica.

-Ah, lo que pasa es que me parecen que si pasan más tiempo juntos en primero van a mejorar sus relaciones- explicó el director

Todos en el gran comedor lo miraron escépticos y James continuó leyendo.

Perfecto —dijo en tono sombrío Harry—. Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridículo sobre una escoba de lante de Malfoy.

Deseaba aprender a volar más que ninguna otra cosa.

No sabes aún si vas a hacer un papelón —dijo razo nablemente Ron—. De todos modos, sé que Malfoy siempre habla de lo bueno que es en quidditch, pero seguro que es pura palabrería.

-Si aprendió con el padre es obvio que es pura palabra…- empezó Arthur.

-Si lo hizo con la madre, no- agregó Sirius.

El joven Malfoy se puso colorado dando a entender que Arthur había acertado y James siguió para enterarse como era su hijo en una escoba.

La verdad es que Malfoy hablaba mucho sobre volar. Se quejaba en voz alta porque los de primer año nunca estaban en los equipos de quidditch y contaba largas y jactanciosas historias, que siempre acababan con él escapando de helicópteros pilotados por muggles.

-¿Qué es un helicóptero, Malfoy?- preguntó Sirius al chico.

Él no contestó y se puso aún más rojo.

-Es un aparato que vuela cuando las hélices giran a gran velocidad- explicó Draco M.

-Ah, está bien pero tú yo chico no lo sabe- siguió un poco burlón Canuto.

-Lo siento, solo quería impresionar- explicó Draco con mucha vergüenza.

James simplemente lo miró con un poco de simpatía dado que él era un poco así y continuó

Pero no era el único: por la for ma de hablar de Seamus Finnigan, parecía que había pasado toda la infancia volando por el campo con su escoba. Hasta Ron podía contar a quien quisiera oírlo que una vez casi ha bía chocado contra un planeador con la vieja escoba de Char les.

-Otra vez Charles- se quejó Charlie.

-Sí, no jodas- dijo Bill.

-¿Cómo que casi chocas con mi escoba?- preguntó un poco furioso Charlie dejando de lado como lo mencionaban en el libro.

-Bueno, es que mamá me dijo que la podía usar- explicó Ron un poco asustado por la posible respuesta de su hermano.

-Charles, comparte tus cosas- gritó Molly.

-Mamá, ¿yo presto las tuyas?- le preguntó Charlie.

Molly negó y murmuro a Charlie:

-Lo siento hijo.

Charlie asintió y James continuó.

Todos los que procedían de familias de magos hablaban constantemente de quidditch. Ron ya había tenido una gran discusión con Dean Thomas, que compartía el dormitorio con ellos, sobre fútbol. Ron no podía ver qué tenía de excitante un juego con una sola pelota, donde nadie podía volar. Harry había descubierto a Ron tratando de animar un cartel de Dean en que aparecía el equipo de fútbol de West Ham, para hacer que los jugadores se movieran.

-¿Cómo?- espetó Dean.

-Ah, eh, no lo logré- dijo Ron.

-Los deportes son distintos Tío Ron, pero no por eso uno es mejor que otro- explicó con calma Albus P.

James lo pensó y continuó luego de que Lunático lo zarandeara un poco.

Neville no había tenido una escoba en toda su vida, por que su abuela no se lo permitía. Harry pensó que ella había actuado correctamente, dado que Neville se las ingeniaba para tener un número extraordinario de accidentes, incluso con los dos pies en tierra.

Hermione Granger estaba casi tan nerviosa como Neville con el tema del vuelo. Eso era algo que no se podía aprender de memoria en los libros, aunque lo había intentado. En el desayuno del jueves, aburrió a todos con estúpidas notas sobre el vuelo que había encontrado en un libro de la bibliote ca, llamado Quidditch a través de los tiempos. Neville estaba pendiente de cada palabra, desesperado por encontrar algo que lo ayudara más tarde con su escoba, pero todos los demás se alegraron mucho cuando la lectura de Hermione fue interrumpida por la llegada del correo.

-Sabes, yo, hay cosas que se aprenden de la experiencia- comentó Hermione P.

Muchos asintieron y James siguió.

Harry no había recibido una sola carta desde la nota de Hagrid, algo que Malfoy ya había notado, por supuesto. La le chuza de Malfoy siempre le llevaba de su casa paquetes con golosinas, que el muchacho abría con perversa satisfacción en la mesa de Slytherin.

Un lechuzón entregó a Neville un paquetito de parte de su abuela. Lo abrió excitado y les enseñó una bola de cristal, del tamaño de una gran canica, que parecía llena de humo blanco.

¡Es una Recordadora! —explicó—. La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que te has olvidado de hacer. Mirad, uno la sujeta así, con fuerza, y si se vuelve roja... oh... —se puso pálido, porque la Recordadora súbitamente se tiñó de un brillo escarlata—... es que has olvidado algo...

Neville estaba tratando de recordar qué era lo que había olvidado, cuando Draco Malfoy que pasaba al lado de la mesa de Gryffindor; le quitó la Recordadora de las manos.

-5 puntos menos para Slytherin- dijo la profesora McGonagall.

Nadie necesitó preguntar porqué y James siguió con una sonrisa.

Harry y Ron saltaron de sus asientos. En realidad, desea ban tener un motivo para pelearse con Malfoy, pero la profe sora McGonagall, que detectaba problemas más rápido que ningún otro profesor del colegio, ya estaba allí.

¿Qué sucede?

Malfoy me ha quitado mi Recordadora, profesora.

Con aire ceñudo, Malfoy dejó rápidamente la Recordadora sobre la mesa.

Sólo la miraba —dijo, y se alejó, seguido por Crabbe y Goyle.

Aquella tarde, a las tres y media, Harry, Ron y los otros Gryffindors bajaron corriendo los escalones delanteros, ha cia el parque, para asistir a su primera clase de vuelo. Era un día claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia.

Los Slytherins ya estaban allí, y también las veinte esco bas, cuidadosamente alineadas en el suelo. Harry había oído a Fred y a George Weasley quejarse de las escobas del cole gio, diciendo que algunas comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto, o que siempre volaban ligeramente torcidas hacia la izquierda.

-¿Qué le parece director si cada padre dona lo que pueda para comprar escobas para prácticas?- propuso Narcissa.

-Es cierto, los chicos podrían dañarse- aportó Andrómeda sonriéndole a su hermanita.

El director asintió y James continuó muy contento.

Entonces llegó la profesora, la señora Hooch. Era baja, de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón.

Bueno ¿qué estáis esperando? —bramó—.

-A que usted llegara- dijeron Lily y Carolina.

La gente rió y James continuó cuando pudo calmarse un poco.

Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.

Harry miró su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja sobresalían formando ángulos extraños.

Extended la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch— y decid «arriba».

¡ARRIBA! —gritaron todos.

La escoba de Harry saltó de inmediato en sus manos, pero fue uno de los pocos que lo consiguió. La de Hermione Granger no hizo más que rodar por el suelo y la de Neville no se movió en absoluto. «A lo mejor las escobas saben, como los caballos, cuándo tienes miedo», pensó Harry,

-Que interesante teoría- dijo Flitwick.

-Es que las escobas están encantadas, entonces de alguna manera tienen vida- explicó Harry su pensamiento recordando el auto del padre de Ron.

Los de Ravenclaw le dieron la razón, la sabia fundadora le sonrió y James continuó orgulloso de su hijo.

y había un tem blor en la voz de Neville que indicaba, demasiado claramen te, que deseaba mantener sus pies en la tierra.

Luego, la señora Hooch les enseñó cómo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corri giéndoles la forma de sujetarla. Harry y Ron se alegraron muchísimo cuando la profesora dijo a Malfoy que lo había es tado haciendo mal durante todos esos años.

Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada —dijo la señora Hooch—. Mantened las escobas fir mes, elevaos un metro o dos y luego bajad inclinándoos sua vemente. Preparados... tres... dos...

Pero Neville, nervioso y temeroso de quedarse en tierra, dio la patada antes de que sonara el silbato.

¡Vuelve, muchacho! —gritó, pero Neville subía en lí nea recta, como el corcho de una botella... Cuatro metros... seis metros... Harry le vio la cara pálida y asustada, mirando hacia el terreno que se alejaba, lo vio jadear; deslizarse hacia un lado de la escoba y..

BUM... Un ruido horrible y Neville quedó tirado en la hierba.

-Ah, mi pobre bebé- dijo Alice aferrándose a Frank y casi sacándole el brazo.

-Estoy bien mamá- dijo Neville y agregó- continúe señor Potter.

James lo hizo.

Su escoba seguía subiendo, cada vez más alto, hasta que comenzó a torcer hacia el bosque prohibido y desapareció de la vista.

La señora Hooch se inclinó sobre Neville, con el rostro tan blanco como el del chico.

La muñeca fracturada —la oyó murmurar Harry—. Vamos, muchacho... Está bien... A levantarse.

Se volvió hacia el resto de la clase.

No debéis moveros mientras llevo a este chico a la en fermería. Dejad las escobas donde están o estaréis fuera de Hogwarts más rápido de lo que tardéis en decir quidditch. Vamos, hijo.

-Así que dejó a los alumnos de primero solos…- empezó Dorea.

-Les dijo que se quedarán quietos…- siguió Elizabeth.

-Y encima los amenaza- terminó Charlus.

-Lo siento chicos - dijo a todos la profesora de vuelo.

James continuó luego de que los alumnos le aceptaran las disculpas a la docente.

Neville, con la cara surcada de lágrimas y agarrándose la muñeca, cojeaba al lado de la señora Hooch, que lo sostenía.

Casi antes de que pudieran marcharse, Malfoy ya se es taba riendo a carcajadas.

¿Habéis visto la cara de ese gran zoquete? (Tú eres más patético pensó Peter)

Los otros Slytherins le hicieron coro.

¡Cierra la boca, Malfoy! —dijo Parvati Patil en tono cor tante.

Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? —dijo Pansy Parkinson, una chica de Slytherin de rostro duro. Nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Parvati.

¡Mirad! —dijo Malfoy, agachándose y recogiendo algo de la hierba—. Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.

La Recordadora brillaba al sol cuando la cogió.

Trae eso aquí, Malfoy —dijo Harry con calma. (-Carácter Evans a la vista- susurraron Sirius y Hermione)

Todos dejaron de hablar para observarlos.

Malfoy sonrió con malignidad.

Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque... ¿Qué os parece... en la copa de un árbol?

¡Tráela aquí! —rugió Harry, pero Malfoy había subido a su escoba y se alejaba. No había mentido, sabía volar. Des de las ramas más altas de un roble lo llamó:

¡Ven a buscarla, Potter!

Harry cogió su escoba.

¡No! —gritó Hermione Granger—. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío.

-Él único que se iba a meter en problemas era él- dijo Snape un poco cortante todavía.

-Era eso lo que me preocupaba- explicó Hermione.

Harry le dio un besito e hizo una seña a su padre para que continuara. Éste lo hizo sonriéndole un poco a la castaña.

Harry no le hizo caso. Le ardían las orejas. Se montó en su escoba, pegó una fuerte patada y subió. El aire agitaba su pelo y su túnica, silbando tras él y, en un relámpago de feroz alegría, se dio cuenta de que había descubierto algo que po día hacer sin que se lo enseñaran. Era fácil, era maravilloso. Empujó su escoba un poquito más, para volar más alto, y oyó los gritos y gemidos de las chicas que lo miraban desde abajo, y una exclamación admirada de Ron.

-¿Cómo te diste cuenta de eso?- preguntaron Ron asombrado y Moody maravillado.

-Observación- contestó Harry y James siguió mientras Moody lo seguía mirando maravillado.

Dirigió su escoba para enfrentarse a Malfoy en el aire. Éste lo miró asombrado.

¡Déjala —gritó Harry— o te bajaré de esa escoba!

-Lo hiciste enojar, Malfoy- dijo Sirius que conocía a Lily.

-Suerte con eso- terminó Ron y James continuó asintiendo.

Ah, ¿sí? —dijo Malfoy, tratando de burlarse, pero con tono preocupado.

Harry sabía, de alguna manera, lo que tenía que hacer. Se inclinó hacia delante, cogió la escoba con las dos manos y se lanzó sobre Malfoy como una jabalina. Malfoy pudo apartarse justo a tiempo, Harry dio la vuelta y mantuvo fir me la escoba. Abajo, algunos aplaudían.

Aquí no están Crabbe y Goyle para salvarte, Malfoy —exclamó Harry

Parecía que Malfoy también lo había pensado.

¡Atrápala si puedes, entonces! —gritó. Giró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba.

Harry vio, como si fuera a cámara lenta, que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer.

-Adiós recordadora- se interrumpió James.

-Espera, lee y verás- le dijo Ron W. James lo hizo curioso.

Se inclinó hacia delante y apuntó el mango de la escoba hacia abajo. Al mo mento siguiente, estaba ganando velocidad en la caída, per siguiendo a la bola, con el viento silbando en sus orejas mez clándose con los gritos de los que miraban. Extendió la mano y, a unos metros del suelo, la atrapó, justo a tiempo para en derezar su escoba y descender suavemente sobre la hierba, con la Recordadora a salvo.

La lectura se detuvo para que el joven Harry fuera felicitado. James estaba mudo, no podía creer lo que había leído y cuando salió del shock, le sonrió a su hijo y siguió leyendo con una sonrisa de felicidad en el rostro que hacían brillar sus ojos.

¡HARRY POTTER!

Su corazón latió más rápido que nunca. La profesora McGonagall corría hacia ellos. Se puso de pie, temblando.

Nunca... en todo mis años en Hogwarts...

La profesora McGonagall estaba casi muda de la impre sión, y sus gafas centelleaban de furia.

¿Cómo te has atrevido...? Has podido romperte el cuello...

No fue culpa de él, profesora...

Silencio, Parvati.

Pero Malfoy..

Ya es suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo.

En aquel momento, Harry pudo ver el aire triunfal de Malfoy, Crabbe y Goyle, mientras andaba inseguro tras la profesora McGonagall, de vuelta al castillo. Lo iban a expulsar; lo sabía. Quería decir algo para defenderse, pero no po día controlar su voz. La profesora McGonagall andaba muy rápido, sin siquiera mirarlo. Tenía que correr para alcanzar la. Esta vez sí que lo había hecho. No había durado ni dos se manas. En diez minutos estaría haciendo su maleta. ¿Qué dirían los Dursley cuando lo vieran llegar a la puerta de su casa?

Subieron por los peldaños delanteros y después por la escalera de mármol. La profesora McGonagall seguía sin hablar. Abría puertas y andaba por los pasillos, con Harry corriendo tristemente tras ella. Tal vez lo llevaba ante Dumbledore. Pensó en Hagrid, expulsado, pero con permiso para quedarse como guardabosque. Quizá podría ser el ayudante de Hagrid. Se le revolvió el estómago al imaginarse obser vando a Ron y los otros convirtiéndose en magos, mientras él andaba por ahí, llevando la bolsa de Hagrid.

-Harry muchacho…- empezó Albus D.

-Cómo ibas a llevar la bolsa de Hagrid…- siguió Minerva con tono de pregunta.

-Si era el doble de usted en tamaño y cuatro veces su peso- terminó Sprout sin dejar que el muchacho contestara.

James siguió al ver que la versión mayor de su hijo se lo pedía, dado que la otra versión fulminaba a los docentes con la mirada.

La profesora McGonagall se detuvo ante un aula. Abrió la puerta y asomó la cabeza.

Discúlpeme, profesor Flitwick. ¿Puedo llevarme a Wood un momento?

«¿Wood? —pensó Harry aterrado—. ¿Wood sería el en cargado de aplicar los castigos físicos?» (Debe estar acostumbrado a que le peguen pensó Lucius)

Pero Wood era sólo un muchacho corpulento de quinto año, que salió de la clase de Flitwick con aire confundido.

Seguidme los dos —dijo la profesora McGonagall. Avanzaron por el pasillo, Wood mirando a Harry con curio sidad.

Aquí.

La profesora McGonagall señaló un aula en la que sólo estaba Peeves, ocupado en escribir groserías en la pizarra.

-¿Quién le enseñó a Peeves a escribir y leer?- preguntó Jane la niña de primero de Slytherin.

-Yo- contestó Albus D. sorprendiendo a muchos.

–Ah- dijeron algunos.

James que fue uno de los sorprendidos continuó.

¡Fuera, Peeves! —dijo con ira la profesora.

Peeves tiró la tiza en un cubo y se marchó maldiciendo. La profesora McGonagall cerró la puerta y se volvió para en cararse con los muchachos.

Potter, éste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado un buscador.

-Buscador como yo- dijo Caro orgullosa de su sobrino.

Lily y James se levantaron, lo abrazaron y él último continuó cuando se sentó.

La expresión de intriga de Wood se convirtió en deleite.

¿Está segura, profesora?

Totalmente —dijo la profesora con vigor—. Este chico tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. ¿Ésta ha sido tu primera vez con la escoba, Potter?

Harry asintió con la cabeza en silencio. No tenía una ex plicación para lo que estaba sucediendo, pero le parecía que no lo iban a expulsar y comenzaba a sentirse más seguro.

Atrapó esa cosa con la mano, después de un vuelo de quince metros —explicó la profesora a Wood—. Ni un rasguño. Charlie Weasley no lo habría hecho mejor. (Charlie sólo aplaudió)

Wood parecía pensar que todos sus sueños se habían he cho realidad.

¿Alguna vez has visto un partido de quidditch, Potter? —preguntó excitado.

Wood es el capitán del equipo de Gryffindor —aclaró la profesora McGonagall.

Y tiene el cuerpo indicado para ser buscador —dijo Wood, paseando alrededor de Harry y observándolo con atención—. Ligero, veloz... Vamos a tener que darle una es coba decente, profesora, una Nimbus 2.000 o una Cleans weep 7.

Hablaré con el profesor Dumbledore para ver si pode mos suspender la regla del primer año. Los cielos saben que necesitamos un equipo mejor que el del año pasado. Fuimos aplastados por Slytherin en ese último partido. No pude mi rar a la cara a Severus Snape en vanas semanas...

La profesora McGonagall observó con severidad a Harry, por encima de sus gafas.

Quiero oír que te entrenas mucho, Potter, o cambiaré de idea sobre tu castigo.

Luego, súbitamente, sonrió.

Tu padre habría estado orgulloso —dijo—. Era un excelente jugador de quidditch.

-Gracias profe por hablarle de mi- dijo James y luego de que la profe le sonriera continuó.

Es una broma.

Era la hora de la cena. Harry había terminado de contar le a Ron todo lo sucedido cuando dejó el parque con la profe sora McGonagall. Ron tenía un trozo de carne y pastel de ri ñón en el tenedor; pero se olvidó de llevárselo a la boca.

¿Buscador? —dijo—. Pero los de primer año nunca... Serías el jugador más joven en...

Un siglo —terminó Harry,

-Y yo, ¿qué soy?- preguntó Caro sin entender nada.

-¿De qué hablas?- preguntó Harry a su tía.

-Yo también entré en primero y también de buscadora- le contestó la chica.

Dumbledore quería que se lo tragara la tierra e hizo una seña a James para que continuara; éste lo hizo un poco extrañado.

metiéndose un trozo de pas tel en la boca. Tenía muchísima hambre después de toda la excitación de la tarde—. Wood me lo dijo.

Ron estaba tan sorprendido e impresionado que se que dó mirándolo boquiabierto.

Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene —dijo Harry—. Pero no se lo digas a nadie, Wood quiere mantenerlo en secreto.

Fred y George Weasley aparecieron en el comedor; vie ron a Harry y se acercaron rápidamente.

Bien hecho —dijo George en voz baja—. Wood nos lo contó. Nosotros también estamos en el equipo. Somos gol peadores.

Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de quidditch este curso —dijo Fred—. No la ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo de este año será muy bueno. Tienes que hacer lo bien, Harry. Wood casi saltaba cuando nos lo contó.

Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio.

Seguro que es el que hay detrás de la estatua de Gre gory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra prime ra semana.

Fred y George acababan de desaparecer, cuando se pre sentaron unos visitantes mucho menos agradables. Malfoy, flanqueado por Crabbe y Goyle.

¿Comiendo la última cena, Potter? ¿Cuándo coges el tren para volver con los muggles?

-En junio- dijo jodiendo Harry.

-Ya me dí cuenta- dijo Draco.

James con una sonrisa siguió.

Eres mucho más valiente ahora que has vuelto a tie rra firme y tienes a tus «amiguitos» —dijo fríamente Harry. Por supuesto que en Crabbe y Goyle no había nada que justificara el diminutivo, pero como la Mesa Alta estaba llena de profesores, no podían hacer más que crujir los nudillos y mi rarlo con el ceño fruncido.

Nos veremos cuando quieras —dijo Malfoy—. Esta no che, si quieres. Un duelo de magos. Sólo varitas, nada de con tacto. ¿Qué pasa? Nunca has oído hablar de duelos de magos, ¿verdad?

Por supuesto que sí —dijo Ron, interviniendo—. Yo soy su segundo. ¿Cuál es el tuyo?

-¡Ron cómo que aceptando!- exclamó Molly enojada.

-Estaba en juego la dignidad de Harry- respondió Ron mirándola fijamente.

James siguió luego de sonreírle al chico por ayudar a su hijo.

Malfoy miró a Crabbe y Goyle, valorándolos.

Crabbe —respondió—. A medianoche, ¿de acuerdo? Nos encontraremos en el salón de los trofeos, nunca se cierra con llave.

Cuando Malfoy se fue, Ron y Harry se miraron.

¿Qué es un duelo de magos? —preguntó Harry—. ¿Y qué quiere decir que seas mi segundo?

Bueno, un segundo es el que se hace cargo, si te matan —dijo Ron sin darle importancia. Al ver la expresión de Harry, añadió rápidamente—: Pero la gente sólo muere en los duelos reales, ya sabes, con magos de verdad. Lo máximo que podéis hacer Malfoy y tú es mandaros chispas uno al otro. Ninguno sabe suficiente magia para hacer verdadero daño. De todos modos, seguro que él esperaba que te negaras.

¿Y si levanto mi varita y no sucede nada?

-La tiras y le pegas en la nariz- dijo Arthur.

James que había leído un poco más se rió y continuó.

La tiras y le das un puñetazo en la nariz —le sugirió Ron.

Todo el mundo se rió y ambos se miraron sonriendo por la coincidencia. Luego Arthur besó en la cabeza a su hijo y cuando se calmaron todos, James siguió.

Disculpad.

Los dos miraron. Era Hermione Granger.

¿No se puede comer en paz en este lugar? —dijo Ron. (Que grosero pensaron algunas mujeres)

Hermione no le hizo caso y se dirigió a Harry

No pude dejar de oír lo que tú y Malfoy estabais diciendo...

No esperaba otra cosa —murmuró Ron.

... y no debes andar por el colegio de noche. Piensa en los puntos que perderás para Gryffindor si te atrapan, y lo harán. La verdad es que es muy egoísta de tu parte.

Y la verdad es que no es asunto tuyo —respondió Harry. (-Tiene razón- murmuraron Albus P., Rose y Scorp.)

Adiós —añadió Ron.

De todos modos, pensó Harry, aquello no era lo que llamaría un perfecto final para el día. Estaba acostado, despierto, oyendo dormir a Seamus y a Dean (Neville no había regresado de la enfermería). Ron había pasado toda la velada dán dole consejos del tipo de: «Si trata de maldecirte, será mejor que te escapes, porque no recuerdo cómo se hace para parar lo». Tenían grandes probabilidades de que los atraparan Filch o la Señora Norris, y Harry sintió que estaba abusando de su suerte al transgredir otra regla del colegio en un mis mo día. Por otra parte, el rostro burlón de Malfoy se le apa recía en la oscuridad, y aquélla era la gran oportunidad de vencerlo frente a frente. No podía perderla.

Once y media —murmuró finalmente Ron—. Mejor nos vamos ya.

Se pusieron las batas, cogieron sus varitas y se lanzaron a través del dormitorio de la torre. Bajaron la escalera de ca racol y entraron en la sala común de Gryffindor. Todavía bri llaban algunas brasas en la chimenea, haciendo que todos los sillones parecieran sombras negras. Ya casi habían llega do al retrato, cuando una voz habló desde un sillón cercano.

No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry.

Una luz brilló. Era Hermione Granger; con el rostro ce ñudo y una bata rosada.

-De ahora en más temeré a solo una cosa…- empezó misterioso Sirius.

-¿A qué?- preguntó Remus.

-A…- empezó Sirius- las batas rosadas- terminó.

Todos rieron y cuando pararon James siguió.

¡Tu! —dijo Ron furioso—. ¡Vuelve a la cama!

Estuve a punto de decírselo a tu hermano —contestó enfadada Hermione—. Percy es el prefecto y puede deteneros.

Harry no podía creer que alguien fuera tan entrometido.

Vamos —dijo a Ron. Empujó el retrato de la Dama Gorda y se metió por el agujero.

Hermione no iba a rendirse tan fácilmente. Siguió a Ron a través del agujero, gruñendo como una gansa enfadada.

No os importa Gryffindor; ¿verdad? Sólo os importa lo vuestro. Yo no quiero que Slytherin gane la copa de las casas y vosotros vais a perder todos los puntos que yo conseguí de la profesora McGonagall por conocer los encantamientos para cambios.

-Hermione no te parecía…- empezó Sirius con tranquilidad.

-Sí, lo sé- dijo ella y agregó- lo siento chicos.

-Eres nuestra y así te queremos- dijo Ron sonriéndole.

James acordándose de su amistad con los chicos, siguió.

Vete.

Muy bien, pero os he avisado. Recordad todo lo que os he dicho cuando estéis en el tren volviendo a casa mañana. Sois tan...

Pero lo que eran no lo supieron. Hermione había retroce dido hasta el retrato de la Dama Gorda, para volver; y descu brió que la tela estaba vacía. La Dama Gorda se había ido a una visita nocturna y Hermione estaba encerrada, fuera de la torre de Gryffindor.

¿Y ahora qué voy a hacer? —preguntó con tono agudo.

Ése es tu problema —dijo Ron—. Nosotros tenemos que irnos o llegaremos tarde.

No habían llegado al final del pasillo cuando Hermione los alcanzó.

Voy con vosotros —dijo.

No lo harás.

¿No creeréis que me voy a quedar aquí, esperando a que Filch me atrape? Si nos encuentra a los tres, yo le diré la verdad, que estaba tratando de deteneros, y vosotros me apo yaréis.

Eres una caradura —dijo Ron en voz alta.

Callaos los dos —dijo Harry en tono cortante—. He oído algo.

Era una especie de respiración.

¿La Señora Norris? —resopló Ron, tratando de ver en la oscuridad.

No era la Señora Norris. Era Neville.

-Miau- dijo Neville provocando carcajadas a todos.

Al cabo de 5 minutos todos se calmaron y James siguió.

Estaba enroscado en el suelo, medio dormido, pero se despertó súbitamente al oírlos.

¡Gracias a Dios que me habéis encontrado! Hace horas que estoy aquí. No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.

No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «hocico de cerdo», pero ahora no te servirá, porque la Dama Gorda se ha ido no sé dónde.

¿Cómo está tu muñeca? —preguntó Harry

Bien —contestó, enseñándosela—. La señora Pomfrey me la arregló en un minuto.

Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos más tarde...

¡No me dejéis! —dijo Neville, tambaléandose—. No quiero quedarme aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pa sado dos veces.

Ron miró su reloj y luego echó una mirada furiosa a Her mione y Neville.

Si nos atrapan por vuestra culpa, no descansaré hasta aprender esa Maldición de los Demonios, de la que nos habló Quirrell, y la utilizaré contra vosotros.

Hermione abrió la boca, tal vez para decir a Ron cómo utilizar la Maldición de los Demonios (Hermione miró a Harry con un gesto de acertaste), pero Harry susurró que se callara y les hizo señas para que avanzaran.

Se deslizaron por pasillos iluminados por el claro de luna, que entraba por los altos ventanales. En cada esquina, Harry esperaba chocar con Filch o la Señora Norris, pero tuvieron suerte. Subieron rápidamente por una escalera hasta el ter cer piso y entraron de puntillas en el salón de los trofeos.

Malfoy y Crabbe todavía no habían llegado. Las vitrinas con trofeos brillaban cuando las iluminaba la luz de la luna. Copas, escudos, bandejas y estatuas, oro y plata reluciendo en la oscuridad. Fueron bordeando las paredes, vigilando las puertas en cada extremo del salón. Harry empuñó su varita, por si Malfoy aparecía de golpe. Los minutos pasaban.

Se está retrasando, tal vez se ha acobardado —susu rró Ron.

Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. Harry ya había levantado su varita cuando oyeron unas voces. No era Malfoy.

Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón.

-¿Qué hiciste, Malfoy?- preguntó con mucha calma Daphne, su compañera.

-Trampa- murmuró él intentando sonreír a la chica para calmarla.

-Saben ese es el tipo de persona que defiende el señor Snape- dijo con sencillez Harry.

Los de Gryffindor que no sabían de eso, miraron en partes iguales a Malfoy y Snape. James que estaba enojado decidió continuar antes de matar a alguien.

Era Filch, hablando con la Señora Norris. Aterrorizado, Harry gesticuló salvajemente para que los demás lo siguie ran lo más rápido posible. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch. Neville acaba ba de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos.

Tienen que estar en algún lado —lo oyeron murmurar—. Probablemente se han escondido.

¡Por aquí! —señaló Harry a los otros y (-Harry modo lider activado- susuraron Ron y Hermione), aterrados, co menzaron a atravesar una larga galería, llena de armadu ras. Podían oír los pasos de Filch, acercándose a ellos. Súbi tamente, Neville dejó escapar un chillido de miedo y empezó a correr, tropezó, se aferró a la muñeca de Ron y se golpearon contra una armadura.

Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo.

¡CORRED! —exclamó Harry, y los cuatro se lanzaron por la galería, sin darse la vuelta para ver si Filch los seguía. Pasaron por el quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro, Harry delante, sin tener ni idea de dónde estaban o adón de iban. Se metieron a través de un tapiz y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que sabían que estaba a kilómetros del sa lón de trofeos.

Creo que lo hemos despistado —dijo Harry, apoyándo se contra la pared fría y secándose la frente. Neville estaba doblado en dos, respirando con dificultad.

Te... lo... dije —añadió Hermione, apretándose el pe cho—. Te... lo... dije.

Tenemos que regresar a la torre Gryffindor —dijo Ron— lo más rápido posible.

Malfoy te engañó —dijo Hermione a Harry—. Te has dado cuenta, ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle.

Harry pensó que probablemente tenía razón, pero no iba a decírselo.

Vamos.

No sería tan sencillo. No habían dado más de una docena de pasos, cuando se movió un pestillo y alguien salió de un aula que estaba frente a ellos.

Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría.

Cállate, Peeves, por favor... Nos vas a delatar.

Peeves cacareó.

-Peeves va a sufrir una broma- sentenció Sirius mientras los bromistas asentían.

James siguió.

¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, os agarrarán del cuellecito.

No, si no nos delatas, Peeves, por favor.

Debo decírselo a Filch, debo hacerlo —dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente—. Es por vuestro bien, ya lo sabéis.

Quítate de en medio —ordenó Ron, y le dio un golpe a Peeves. Aquello fue un gran error.

¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! —gritó Peeves—. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!

Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... que estaba cerrada.

¡Estamos listos! —gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta—. ¡Esto es el final!

-Que dramático- dijo Bill.

-Es que íbamos a ser expulsados para mí- dijo Ron.

James asintió dado que él muchas veces había pensado lo mismo, y siguió.

Podían oír las pisadas: Filch corría lo más rápido que podía hacia el lugar de donde procedían los gritos de Peeves.

Oh, muévete —ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!

El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.

¿Adónde han ido, Peeves? —decía Filch—. Rápido, dímelo.

Di «por favor».

-Ah, están a salvo- dijo Canuto.

-Peeves no los va a denunciar- siguieron Lunático y Peter.

James continuó con una sonrisa recordando cuando a Peter se le ocurrió enseñarle a Peeves esa broma.

No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.

No diré nada si me lo pides por favor —dijo Peeves, con su molesta vocecita.

Muy bien... por favor.

¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja! —Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido.

Él cree que esta puerta está cerrada —susurro Harry—. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! —Porque Neville le tiraba de la manga desde hacia un minuto—. ¿Qué pasa?

Harry se dio la vuelta y vio, claramente, lo que pasaba. Durante un momento, pensó que estaba en una pesadilla: aquello era demasiado, después de todo lo que había suce dido.

No estaban en una habitación, como él había pensado. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabían por qué estaba prohibido.

Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.

-Hay que lavarle los dientes- dijo jodiendo Fabian.

-Sí, pero primero lo dormimos- continuó Gideon.

James estaba pálido, él era bromista y rompía las reglas, pero que su hijo se hubiera enfrentado a esa bestia lo asustaba. Se le cayó el libro. Caro lo agarró, le dio un besito en la frente para llamarle la atención y se lo devolvió señalando a Harry para demostrarle que estaba bien. Cuando James se calmó del todo siguió.

Estaba casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos, y Harry supo que la única razón por la que no los había matado ya era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran in confundibles.

Harry abrió la puerta. Entre Filch y la muerte, prefería a Filch. (Yo también pefería a Filch pensaron todos.)

Retrocedieron y Harry cerró la puerta tras ellos. Corrie ron, casi volaron por el pasillo. Filch debía de haber ido a buscarlos a otro lado, porque no lo vieron. Pero no les impor taba: lo único que querían era alejarse del monstruo. No de jaron de correr hasta que alcanzaron el retrato de la Dama Gorda en el séptimo piso.

¿Dónde os habíais metido? —les preguntó, mirando sus rostros sudorosos y rojos y sus batas desabrochadas, col gando de sus hombros.

-Y ella lo pregunta- dijo Lily enojada.

-Deberían poner a una que no se fuera por ahí- dijeron enfadados Dorea y Hugo E.

-A parte de que usted profesora McGonagall debería asegurarse de que todos los alumnos estuvieran en sus camas o hacer una excepción con Neville- propuso regañando Carolina.

La profe agachó la cabeza sintiendo vergüenza y James asintiendo de acuerdo con las sugerencias continuó con la lectura.

No importa... Hocico de cerdo, hocico de cerdo —jadeó Harry, y el retrato se movió para dejarlos pasar. Se atropella ron para entrar en la sala común y se desplomaron en los si llones.

Pasó un rato antes de que nadie hablara. Neville, por otra parte, parecía que nunca más podría decir una palabra.

-Hola, hola, hola. Probando "1 palabra", 1, 2, 3- dijo Neville para calmar un poco la tensión haciendo reír a muchos. James cuando paró de reír continuó.

¿Qué pretenden, teniendo una cosa así encerrada en el colegio? —dijo finalmente Ron—. Si algún perro necesita ejercicio, es ése.

Hermione había recuperado el aliento y el mal carácter.

¿Es que no tenéis ojos en la cara? —dijo enfadada—. ¿No visteis lo que había debajo de él?

¿El suelo? —sugirió Harry—. No miré sus patas, esta ba demasiado ocupado observando sus cabezas.

No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.

Se puso de pie, mirándolos indignada.

Espero que estéis satisfechos. Nos podía haber mata do. O peor, expulsado.

-Hermione, deberías realmente ordenar tus prioridades porque si te matan no podes venir a Hogwarts- intervino Sirius sin reírse. James asintió y continuó.

Ahora, si no os importa, me voy a la cama.

Ron la contempló boquiabierto.

No, no nos importa —dijo— Nosotros no la hemos arrastrado, ¿no?

Pero Hermione le había dado a Harry algo más para pensar, mientras se metía en la cama.

-¿Qué cosa?- preguntó confundido Moody porque a él no se le venía nada a la cabeza.

-Aquí lo dice- dijo James y continuó para dar la respuesta.

El perro vigilaba algo... ¿Qué había dicho Hagrid? Gringotts era el lugar más seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocul tar... excepto tal vez Hogwarts.

-Te acordabas de eso- dijo Hagrid.

-Obvio eras mi amigo y me estabas enseñando algo importante- dijo Harry, Hagrid sonrió y James siguió.

Parecía que Harry había descubierto dónde estaba el pa quetito arrugado de la cámara setecientos trece.

-Guau- dijo Moody maravillado- este chico es increíble- agregó con el mismo semblante.

-Sabes no deberías estudiar Aurología- dijo Dora Tonks y aclaró al ver las caras- ya lo sabe todo.

-El capítulo terminó- dijo James y se lo devolvió al director.

-Ahora a comer dijo el director con los brazos abiertos.


Fin de capítulo.

Lectores el próximo será un break en la lectura del libro.

Les recomiendo a todos la historia de mi compatriota Gadapa Cullen Potter que hoy actualizó.

Nos leemos y dejen algún comentario con alguna sugerencia u otra cosa.

KIRA


A Cuest ya arreglé lo de los gemelos P y Gemelos W de todos modos me fijaré nuevamente por las dudas