Era Lunático que al contrario que su versión del presente solo se levantó sin comentar nada, fue a buscar el libro, volvió a su lugar, se sentó y dijo: - Capítulo 17: Halloween
Malfoy no podía creer lo que veían sus ojos, cuando vio que Harry y Ron todavía estaban en Hogwarts al día siguiente, con aspecto cansado pero muy alegres. En realidad, por la mañana Harry y Ron pensaron que el encuentro con el perro de tres cabezas había sido una excelente aventura, y ya esta ban preparados para tener otra.
-¿Cómo?- gritó enojada Molly.
-Primero señora Weasley, no grite- empezó Harry P. fulminándola con la mirada- y segundo éramos jóvenes- agregó.
Lunático decidió seguir para no generar mayor tensión.
Mientras tanto, Harry le habló a Ron del paquete que había sido llevado de Gringotts a Hogwarts, y pasaron largo rato preguntándose qué podía ser aquello para necesitar una protección así.
Todos en el Gran Comedor pensaban lo mismo, sólo acertó de los que no lo sabía Carolina. Lunático no pensó nada por falta de pruebas y siguió con la lectura.
—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Ron.
-O las dos cosas- dijeron Lily y Carolina.
Lunático siguió leyendo al ver que nadie dijo nada pero que estaban todos pensativos.
—O las dos cosas —opinó Harry
(Se rieron muchos por la coincidencia mientras los profesores pensaban nada mal)
Pero como lo único que sabían con seguridad del misterioso objeto era que tenía unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas.
Ni Neville ni Hermione demostraron el menor interés en lo que había debajo del perro y la trampilla. Lo único que le importaba a Neville era no volver a acercarse nunca más al animal. (El único sensato pensaron los profesores)
Hermione se negaba a hablar con Harry y Ron, pero como era una sabihonda mandona, los chicos lo consideraron como un premio.
-Malos- dijo Hermione.
-Lo siento- dijo Harry, Ron simplemente le dedicó una sonrisa.
Hermione abrazó a Ron y le dio un beso a Harry.
Lunático aprovechó eso para seguir.
Lo que realmente deseaban en aquel momento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran satisfacción, la posibilidad llegó una semana más tarde, por correo.
Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas.
-Deberían haber escogido otras lechuzas o encogido la escoba- dijo Caro.
-Eso ¿Por qué, señorita Evans?- preguntó Minerva McGonagall.
-Porque así nadie se enteraba- dijo ella.
Todos asintieron y Lunático continuó.
Harry estaba tan interesado como los demás en ver qué contenía, y se sorprendió mucho cuando las lechuzas ba jaron y dejaron el paquete frente a él, tirando al suelo su toci no. Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó caer una carta sobre el paquete.
Harry abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque decía:
NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA Contiene tu nue va Nimbus 2.000, pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo de quidditch a las siete, para tu primera se sión de entrenamiento.
Profesora McGonagall
-Gracias Minerva- dijeron Charlus y Dorea.
-No hay nada que agradecer- dijo ella con una sonrisa y Lunático siguió.
Harry tuvo dificultades para ocultar su alegría, mien tras le alcanzaba la nota a Ron.
—¡Una Nimbus 2.000! —gimió Ron con envidia—.
-¿Te diste cuenta de eso, amigo?- preguntó Ron un poco avergonzado.
-Sí, pero no pasa nada- dijo Harry sonriéndole.
Lunático siguió para no avergonzar más al pelirrojo.
Yo nunca he tocado ninguna.
Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Crabbe y Goyle, que les cerraban el cami no. Malfoy le quitó el paquete a Harry y lo examinó.
-Una semana más castigado- dijo Narcissa.
-¿Por qué?- preguntó Draco.
-Por sacarle las cosas a la gente. No te hagas que sé que lo hiciste apropósito. Pide disculpas- dijo con autoridad Narcissa mientras Lucius sólo asentía con un poco de miedo porque Narcissa generalmente era tranquila pero cuando se enojaba podía hacerle competencia a su señor.
-Lo siento- dijo Draco.
-¿Por qué lo hacías?- preguntó Ron un poco enojado.
-Yo quería ser su amigo y tenía envidia- dijo Draco con vergüenza.
-Luego hablaremos- dijo Harry para salvar un poco la situación dado que Ron se había quedado boquiabierto.
Lunático continuó con la lectura.
—Es una escoba —dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara—. Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer año no tienen permiso para te ner una.
Ron no pudo resistirse.
—No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál dijiste que tenías en casa, Malfoy, una Comet 260? —Ron rió con aire burlón—. Las Comet parecen velo ces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus.
—¿Qué sabes tú, Weasley, si no puedes comprar ni la mi tad del palo? —replicó Malfoy—. Supongo que tú y tus hermanos tenéis que ir reuniendo la escoba ramita a ramita.
-Eso fue muy ofensivo, yo chico- dijo Draco M.
-Lo siento- comentó Draco y agregó peleándose a sí mismo- tú también lo dijiste.
Lunático vio que Ron asintió débilmente y siguió.
Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flit wick apareció detrás de Malfoy
—No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —preguntó con voz chillona.
—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rá pidamente Malfoy.
—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, miran do radiante a Harry—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter. ¿Y qué modelo es?
—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no reír ante la cara de horror de Malfoy—. Y realmente es gracias a Malfoy que la tengo.
Harry y Ron subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la evidente furia y confusión de Malfoy.
-La verdad es que su cara era para el olvido- dijo Ron y Lunático siguió leyendo luego de que se dejaran de reír por el comentario de Ron.
—Bueno, es verdad —continuó Harry cuando llegaron al final de la escalera de mármol—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, yo no estaría en el equipo...
—¿Así que crees que es un premio por quebrantar las reglas? —
-Sabes Hermione, una cosa es ser madura y otra muy distinta es ser amargada- dijo Caro sin burlarse.
Hermione simplemente asintió y Lunático siguió.
Se oyó una voz irritada a sus espaldas. Hermione su bía la escalera, mirando con aire de desaprobación el paque te de Harry
—Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry.
—Sí, continúa así —dijo Ron—. Es mucho mejor para nosotros.
Hermione se alejó con la nariz hacia arriba.
Durante aquel día, Harry tuvo que esforzarse por aten der a las clases. Su mente volvía al dormitorio, donde su escoba nueva estaba debajo de la cama, o se iba al campo de quidditch, donde aquella misma noche aprendería a jugar. Durante la cena comió sin darse cuenta de lo que tragaba, y luego se apresuró a subir con Ron, para sacar; por fin, a la Nimbus 2.000 de su paquete.
—Oh —suspiró Ron, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la cama de Harry.
Hasta Harry, que no sabía nada sobre las diferencias en las escobas, pensó que parecía maravillosa. Pulida y brillante, con el mango de caoba, tenía una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».
-Hijo, ¿cómo que no sabías?- amonestó suavemente James.
-Hijo, que no te quedó claro que se "crio" con muggles- dijo Charlus de forma irónica poniendo las comillas en su respecto lugar.
Lunático continuó luego de que James mirara a su hijo que asintió cuando éste murmuró un:
-Lo siento.
Cerca de las siete, Harry salió del castillo y se encaminó hacia el campo de quidditch. Nunca había estado en aquel estadio deportivo. Había cientos de asientos elevados en tri bunas alrededor del terreno de juego, para que los espectado res estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. En cada extremo del campo había tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de plástico con los que los niños muggles hacían burbujas, sólo que éstos eran de quince metros de alto.
-¿Qué son?- preguntó curioso Arthur.
-Luego en el descanso le respondemos- dijo Harry.
Lunático continuó mientras Arthur anotaba la pregunta.
Demasiado deseoso de volver a volar antes de que llegara Wood, Harry montó en su escoba y dio una patada en el suelo. Qué sensación. Subió hasta los postes dorados y luego bajó con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde él quería con sólo tocarla.
-Cómo Caro- murmuraron Remus y Lily mientras la susodicha se sonrojaba. El resto sólo miraba con admiración a la chica y a Harry. Lunático continuó leyendo luego de esto.
—¡Eh, Potter, baja!
Había llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo del brazo. Harry aterrizó cerca de él.
—Muy bonito —dijo Wood, con los ojos brillantes—. Ya veo lo que quería decir McGonagall, realmente tienes un talento natural. Voy a enseñarte las reglas esta noche y luego te unirás al equipo, para el entrenamiento, tres veces por se mana.
Abrió la caja. Dentro había cuatro pelotas de distinto ta maño.
—Bueno —dijo Wood—. El quidditch es fácil de entender; aunque no tan fácil de jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se llaman cazadores.
-O sea Cazadores Johnson, Cazadores Spinnet y Cazadores Bell- dijo Percy con tono burlesco.
Oliver se puso rojo murmurando:
-Que mal amigo
-Buena esa hermano- dijeron Fred y George
Lunático decidió seguir aunque sonreía un poco.
—Tres cazadores —repitió Harry, mientras Wood sacaba una pelota rojo brillante, del tamaño de un balón de fútbol.
—Esta pelota se llama quaffle —dijo Wood—. Los caza dores se tiran la quaffle y tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen diez puntos cada vez que la quaffle pasa por un aro. ¿Me sigues?
—Los cazadores tiran la quaffle y la pasan por los aros de gol —recitó Harry—. Entonces es una especie de balon cesto, pero con escobas y seis canastas.
—¿Qué es el baloncesto? —preguntó Wood.
-Después les contestamos- dijo Dean.
-En realidad tal vez se lo podamos enseñar- dijo Scorpius con un semblante brillante.
Lunático continuó cuando vio que nadie decía nada más.
—Olvídalo —respondió rápidamente Harry
—Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardián.
(-Guardián Wood- murmuró Percy)
Yo soy guardián de Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y detener los lanzamientos del otro equipo.
—Tres cazadores y un guardián —dijo Harry, decidido a recordarlo todo—. Y juegan con la quaffle. Perfecto, ya lo ten go. ¿Y para qué son ésas? —Señaló las tres pelotas restantes.
—Ahora te lo enseñaré —dijo Wood—. Toma esto.
Dio a Harry un pequeño palo, parecido a un bate de béisbol.
(-Luego- murmuró Harry al ver que algunos iban a preguntar)
—Voy a enseñarte para qué son —dijo Wood—. Esas dos son las bludgers.
Enseñó a Harry dos pelotas idénticas, pero negras y un poco más pequeñas que la roja quaffle. Harry notó que pare cían querer escapar de las tiras que las sujetaban dentro de la caja.
—Quédate atrás —previno Wood a Harry. Se inclinó y soltó una de las bludgers.
-No le dijiste que hacer- dijo George furioso.
-Bueno, es que era obvio- dijo Oliver encogiéndose de miedo.
-De todos modos, Oliver deberías haberlo hecho- dijo George calmándose.
Oliver se disculpó con Harry. Éste asintió porque eso ya había pasado y Lunático siguió.
De inmediato, la pelota negra se elevó en el aire y se lan zó contra la cara de Harry. Harry la rechazó con el bate, para impedir que le rompiera la nariz, y la mandó volando por el aire. Pasó zumbando alrededor de ellos y luego se tiró contra Wood, que se las arregló para sujetarla contra el suelo.
—¿Ves? —dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la fuerza y asegurándola con las tiras—. Las bludgers andan por ahí, tratando de derribar a los jugadores de las es cobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo (los geme los Weasley son los nuestros). Su trabajo es proteger a su equipo de las bludgers y desviarlas hacia el equipo contrario. ¿Lo has entendido?
—Tres cazadores tratan de hacer puntos con la quaffle, el guardián vigila los aros y los golpeadores mantienen alejadas las bludgers de su equipo —resumió Harry.
-Así se explica el Quidditch hijo- dijo Charlus.
-Bueno es que yo explicó más detalladas las reglas- dijo James defendiéndose de todos.
-En la primera clase de Quidditch de los de primero- dijo Canuto burlándose un poco de su amigo.
-Ok, lo siento- dijo James sonrojado.
Lunático siguió con una risita.
—Muy bien —dijo Wood.
—Hum... ¿han matado las bludgers alguna vez a al guien? —preguntó Harry, deseando que no se le notara la preocupación.
—Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandíbu las rotas, pero nada peor hasta ahora. Bueno, el último miembro del equipo es el buscador. Ese eres tú. Y no tienes que preocuparte por la quaffle o las bludgers...
—Amenos que me rompan la cabeza.
(- O el brazo- murmuró Harry recordando segundo año.)
—Tranquilo, los Weasley son los oponentes perfectos para las bludgers. Quiero decir que ellos son como una pareja de bludgers humanos.
-Gracias Oliver- dijo George con alegría.
-Es que son muy buenos- dijo Oliver.
Lunático siguió.
Wood buscó en la caja y sacó la última pelota. Compara da con las otras, era pequeña, del tamaño de una nuez grande. Era de un dorado brillante y con pequeñas alas plateadas.
—Esta dorada —continuó Wood— es la snitch. Es la pe lota más importante de todas. Cuesta mucho de atrapar por lo rápida y difícil de ver que es. El trabajo del buscador es atraparla. Tendrás que ir y venir entre cazadores, golpeado res, la quaffle y las bludgers, antes de que la coja el otro buscador, porque cada vez que un buscador la atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, así que prácticamente acaba siendo el ganador.
-Casi siempre pasa eso- dijo Albus P.
-Pero no siempre- agregó Scorp
- A veces el resto del equipo es tan malo que no queda de otra que agarrarla para que no te den la paliza del año- terminó Rose.
Lunático asintió mientras los Quidditcheros asentían.
Por eso molestan tanto a los buscadores. Un partido de quidditch sólo termina cuando se atra pa la snitch, así que puede durar muchísimo. Creo que el re cord fue tres meses. Tenían que traer sustitutos para que los jugadores pudieran dormir... Bueno, eso es todo. ¿Alguna pregunta?
Harry negó con la cabeza. Entendía muy bien lo que te nía que hacer; el problema era conseguirlo.
—Todavía no vamos a practicar con la snitch —dijo Wood, guardándola con cuidado en la caja—. Está demasiado oscuro y podríamos perderla. Vamos a probar con unas pocas de éstas.
Sacó una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos minutos más tarde, Wood y Harry estaban en el aire. Wood tiraba las pelotas de golf lo más fuertemente que podía en todas las direcciones, para que Harry las atrapara. Éste no perdió ni una y Wood estaba muy satisfecho. Después de media hora se hizo de noche y no pudieron continuar.
—La copa de quidditch llevará nuestro nombre este año —dijo Wood lleno de alegría mientras regresaban al casti llo—. No me sorprendería que resultaras ser mejor jugador que Charles Weasley. Él podría jugar en el equipo de Inglaterra si no se hubiera ido a cazar dragones.
-¿Mejor que yo?- preguntó Charlie dado que en ese puesto no era tan bueno aunque había jugado un par de veces
-Sí, eres el mejor- dijo Oliver
Eso provocó un golpe en una mesa. Todos miraron hacia el lugar donde se había escuchado, una chica pelirroja de nombre Carolina era la que estaba y había golpeado la mesa (por eso el ruido del golpe) por lo que habían podido notar. Harry P. Se acercó para tranquilizarla y luego de que se calmara un poco salió llorando del Gran Comedor.
-Oliver, en realidad cómo se habrán dado cuenta…- empezó Hermione P.
-Caro era la buscadora del equipo que tanto gusta a todos, nadie se ha dado cuenta del cambio de años- terminó Harry P.
-Puede seguir, muchacho- pidió amablemente Salazar.
Lunático sólo asintió y siguió.
Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las prácticas de quidditch, además de todo el trabajo del colegio, la razón por la que Harry se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive. Sus clases, también, eran cada vez más interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.
-Te parecían interesantes- dijo Snape cada vez menos sorprendido.
-Si- respondió Harry.
-Ok, oficialmente lo perdimos Canuto- dijo James.
-Salió a mí- dijo Lily orgullosa dándole un beso.
Harry sólo le dio un abrazo y Lunático siguió, asintiendo a lo dicho por sus amigos.
En la mañana de Halloween se despertaron con el deli cioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasi llos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron cómo hacía volar el sapo de Nevi lle. El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran. La pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque Neville había tratado de llamar su atención).
-Lo siento Neville, fui muy desconsiderado- dijo Harry
-Harry, eso ya pasó. A parte sí estuviera en tu lugar tampoco me elegiría- dijo Neville.
-Pero papá tampoco es buena idea elegir a Seamus…- empezó Albus P. haciendo que muchos lo miraran confundidos.
-Probablemente prendería fuego algo- terminó Lily P.
Lunático siguió luego del intercambio.
Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con Hermione Granger. Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos. La muchacha no les hablaba desde el día en que Harry recibió su escoba.
—Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las pala bras mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.
-Eso es mentira- dijo Canuto.
-¿Qué cosa?- preguntó curioso Harry.
-Lo del búfalo…- empezó Lunático.
-Sucede que en lugar del objeto sube el mago- dijo James.
-Creo que lo hace por las dudas, porque seguramente hay hechizos que si causan un daño mayor- dijo Harry mirando a los docentes que asintieron.
-Supongo que lo probaron- dijo Flitwick un poco enojado pero no sorprendido.
-Si- respondieron los merodeadores del pasado mientras Sirius y Remus asentían.
Lunático continuó con la lectura luego de que los docentes los regañaran un poco.
Era muy difícil. Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que debía volar hasta el techo no se movía del pupitre. Seamus se puso tan impaciente que la pinchó con su varita y le prendió fuego, (Albus P y Lily P pensaron lo que decía) y Harry tuvo que apagarlo con su sombrero.
Ron, en la mesa próxima, no estaba teniendo mucha más suerte.
—¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos bra zos como un molino.
—Lo estás diciendo mal. —Harry oyó que Hermione lo reñía—. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.
(-Mamá- murmuraron un poco enojados Lily P y Albus P., Hermione agachó la cabeza un poco apenada)
—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.
-Muy mala idea- dijo Scorp.
-No, desafíes con lo académico a una futura Prefecta Perfecta- agregó Frank L.
Lunático asintió y siguió.
Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus ca bezas.
—¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplau diendo—. ¡Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido!
Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor.
—No es raro que nadie la aguante —dijo a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo—. Es una pesadilla, te lo digo en serio.
Alguien chocó contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le sorprendió ver que estaba llorando.
—Creo que te ha oído.
—¿Y qué? —dijo Ron, aunque parecía un poco incómo do—. Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos.
-Papá- dijo Rose.
-Discúlpate- ordenó Hugo W un poco decepcionado.
-Lo siento- dijo Ron.
-No pasa nada- dijo la castaña abrazada a Harry.
Lunático miró un segundo mal a Ron y Sirius le dio un pequeño golpe en la espalda mientras decía:
-Así, no se trata a una dama.
Lunático continuó.
Hermione no apareció en la clase siguiente y no la vieron en toda la tarde. De camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, Harry y Ron oyeron que Parvati Patil le de cía a su amiga Lavender que Hermione estaba llorando en el cuarto de baño de las niñas y que deseaba que la dejaran sola. Ron pareció más molesto aún, pero un momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las decoraciones de Halloween les hicieron olvidar a Hermione.
Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, como ha bía ocurrido en el banquete de principio de año.
Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el tur bante torcido y cara de terror. Todos lo contemplaron mien tras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba:
—Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.
Y se desplomó en el suelo.
-Ese hombre trama algo- dijo Remus.
-Sí, ¿por qué no estaba n el Gran Comedor?- dijo Lily.
-Lean y sabrán- dijo Harry sonriéndole a su madre y a su tío.
Lunático continuó.
Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos arti ficiales de su varita.
—Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato.
-Ahora que lo pienso- dijo Harry y cuando todos lo miraron agregó- no sería o habría sido más prudente que nos quedáramos en el Gran Comedor.
-¿Por qué lo dice, señor Potter?- preguntó el director.
-Porque el troll estaba en la mazmorra se supone y allí es hacia donde se dirigen los de Slytherin cuando van a su sala común. Podrían haber estado en peligro- explicó el muchacho.
Los profesores estaban sorprendidos dado que el chico tenía razón ellos no se habían dado cuenta. Lunático siguió, asintiendo a lo dicho por el chico.
Percy estaba en su elemento.
—¡Seguidme! ¡Los de primer año, manteneos juntos! ¡No necesitáis temer al trol si seguís mis órdenes! Ahora, venid conmigo. Haced sitio, tienen que pasar los de primer año. ¡Perdón, soy un prefecto!
—¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry, mientras subían por la escalera.
—No tengo ni idea, parece ser que son realmente estúpi dos —dijo Ron—. Tal vez Peeves lo dejó entrar; como broma de Halloween.
-Él no haría eso- dijeron los bromistas.
-Quiere mucho al colegio- agregó Albus D.
Lunático siguió leyendo.
Pasaron entre varios grupos de alumnos que corrían en distintas direcciones. Mientras se abrían camino entre un tumulto de confundidos Hufflepuffs, Harry súbitamente se aferró al brazo de Ron.
—¡Acabo de acordarme... Hermione!
-Siempre preocupado por mamá- dijo Albus P.
-Es cierto, pero tardé lo mío en entender por qué- dijo Harry P. y le dio un tierno beso a su esposa.
Lunático con una sonrisa continuó.
—¿Qué pasa con ella?
—No sabe nada del trol.
Ron se mordió el labio.
—Oh, bueno —dijo enfadado—. Pero que Percy no nos vea.
Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niñas. Acababan de do blar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.
—¡Percy! —susurró Ron, empujando a Harry detrás de un gran buitre de piedra.
Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape. Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.
—¿Qué es lo que está haciendo? —murmuró Harry—. ¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profe sores?
—No tengo la menor idea.
-Buena respuesta hermano- dijo Fred irónico.
Recibió un golpe de George y Charlie dijo:
-No te metas con nuestro hermano
Antes de que dijeran algo más, Lunático siguió.
Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.
—Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Ron levantó la mano.
—¿No sientes un olor raro?
Harry olfateó y un aroma especial llegó a su nariz, una mezcla de calcetines sucios y baño público que nadie limpia. (Que asqueroso pensaron muchos)
Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Ron señaló al fondo del pasillo, a la izquier da. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.
Era una visión horrible. Más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.
El monstruo se detuvo en una puerta y miró hacia el in terior. Agitó sus largas orejas, tomando decisiones con su mi núsculo cerebro, y luego entró lentamente en la habitación.
—La llave está en la cerradura —susurró Harry—. Podemos encerrarlo allí.
(-Muy mala idea- murmuraron ambas versiones del trio de oro)
—Buena idea —respondió Ron con voz agitada.
(-Que diferente el pensamiento de ahora que de antes- murmuraron los que no sabían lo que había pasado.)
Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, re zando para que el trol no decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar la puerta y echarle la llave.
—¡Sí!
Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pa sillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: un grito agudo y ate rrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con llave.
—Oh, no —dijo Ron, tan pálido como el Barón Sangui nario.
—¡Es el cuarto de baño de las chicas! —bufó Harry.
—¡Hermione! —dijeron al unísono.
Las chicas miraban a la niña sin poder creerlo. Los docentes en cambio estaban pálidos y eso que ellos sabían que no había pasado nada.
Los del pasado miraban del libro a la castaña, del libro a la castaña, así como un minuto.
Y por último, Albus P y Lily P. abrazaban asustados a sus padres mientras arriba un chiquitito decía con voz llorosa:
-Mami, papi.
-Estamos bien- respondieron Harry P y Hermione P.
Lunático continuó luego de que se calmaran las cosas.
Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba?
(-Llamar a un profesor- murmuraron Lily, Molly, Elizabeth y Dorea.)
Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, resoplando de miedo. Harry empujó la puerta y entraron corriendo.
Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El per sonaje deforme avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos.
—¡Distráelo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arrojó con toda su fuerza contra la pared.
El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balan ceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había he cho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Harry Va ciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.
—¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Ron desde el otro ex tremo, tirándole una cañería de metal. El ser deforme no pa reció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hoci co hacia Ron y dando tiempo a Harry para correr.
—¡Vamos, corre, corre!
(-Muévete, corre- murmuraban los del Gran Comedor.)
—Harry gritó a Hermione, tra tando de empujarla hacia la puerta, pero la niña no se podía mover. Seguía agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo.
Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.
Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido: corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo.
Ahora la gente miraba con palidez al muchacho. Él sólo rodaba los ojos abrazado a su castaña que temblaba un poco recordando el horrible recuerdo.
Lunático se calmó un poco y continuó.
La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía estaba en su mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orifi cios nasales del trol.
(Qué asco pensaron algunas chicas)
Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo destrozaría, o le daría un golpe terrible con el bastón.
Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empuñó su propia varita, sin saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:
—¡Wingardium leviosa!
El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza so bre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.
Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra.
Hermione fue la que habló primero.
—¿Está... muerto?
—No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desma yado.
Se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris.
—Puaj... qué asco.
La limpió en la piel del trol.
(-Luego la lavé un poco más- murmuró Harry tranquilizando a muchos)
Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol. Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la ha bitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la mar cha. Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.
(-Muy sospechoso- dijeron los del pasado y los del futuro)
Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron y Harry Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos. Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Harry.
—¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la varita levantada—. Tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en los dormi torios?
Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la vista en el suelo. Deseó que Ron pudiera es conder la varita.
Entonces, una vocecita surgió de las sombras.
—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.
(-Eso es cierto- murmuraron en el Gran Comedor.)
—¡Hermione Granger!
Hermione finalmente se había puesto de pie.
—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.
(-Falso- susurraron otros)
Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora?
—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta.
(-Parcialmente verdadero- murmuraron.)
Harry le clavó su varita en la nariz y Ron lo hizo gol pearse con su propio bastón.
(-Dos verdaderos- murmuró James.)
No tuvieron tiempo de ir a buscar ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.
(-Dos verdaderos más- agregó Canuto.)
Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.
—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?
-La cuenta mamá quedó 5,5 a favor de la verdad y 1,5 a lo falso- dijo Lily P. con una sonrisa. Los del Gran Comedor sólo se reían por la cara de la castaña, que era de felicidad.
Luego de unos momentos, Lunático continuó.
Hermione bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la última persona que haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a ellos del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas.
—Hermione Granger, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—. Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.
-Lo siento señorita Granger- dijo McGonagall un poco triste.
-No pasa nada- contestó la castaña.
-5 puntos para Gryffindor- dijo Salazar y agregó al ver las caras de desconcierto- se le devuelven los puntos por algo que no ha hecho.
-Ah- dijeron y Lunático siguió luego de esto.
Hermione se marchó.
La profesora McGonagall se volvió hacia Harry y Ron.
—Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada uno para Gryffindor. El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis iros.
-Sólo eso- murmuró Slytherin.
-10 puntos para Gryffindor por su valentía- dijo Rowena Ravenclaw
-10 puntos para Gryffindor por la lealtad hacia una compañera- dijo Helga.
Y Lunático siguió.
Salieron rápidamente y no hablaron hasta subir dos pi sos. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, además del resto.
—Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos —se quejó Ron.
-5, querrías decir, una vez que se descuenten los de Hermione- dijo Lily. Lunático continuó
—Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione.
(Se rieron por lo bajo por la coincidencia entre madre e hijo.)
—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—. Claro que nosotros la salvamos.
-No había necesitado que la salvaran de no haber encerrado esa cosa con ella- dijo Albus y Lunático siguió
—No habría necesitado que la salváramos si no hubiéramos encerrado esa cosa con ella —le recordó Harry.
(Se volvieron a reír por la coincidencia casi textual entre padre e hijo)
Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.
—Hocico de cerdo —dijeron, y entraron.
La sala común estaba llena de gente y ruidos. Todos co mían lo que les habían subido. Hermione, sin embargo, esta ba sola, cerca de la puerta, esperándolos. Se produjo una pausa muy incómoda. Luego, sin mirarse, todos dieron: «Gracias» y corrieron a buscar platos para comer.
Pero desde aquel momento Hermione Granger se convir tió en su amiga. Hay algunas cosas que no se pueden com partir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres me tros y medio es una de esas cosas.
-Bien cierto- dijo Sirius.
-Terminó el capítulo- dijo Lunático.
-Ahora, ¿Quién quiere leer?- preguntó Ron W.
-Yo, voy a hacerlo- dijo una voz entusiasmada.
