Todos miraron a Oliver que al verse observado se calmó un poco y preguntó con un puchero:
-¿Puedo?
-Sí señor Wood- respondió el director con una sonrisa divertida mientras le enviaba el libro.
En cuando Oliver abrió el libro un trueno sacudió el castillo seguidos de otros un poco más fuertes. Pasaron como diez minutos en el que la tormenta asustaba a los más chicos y que parecía que quería entrar al castillo.
Harry empezó a pensar en el fenómeno; cómo es qué una tarde soleada y sin una nube podría generar esa tremenda tormenta y cuando iba a hablar de la conclusión a la que había llegado empezó la lluvia torrencial y el viento fuerte y su versión futurista le confirmó las sospechas al decir enojado:
-Es Carolina, está llorando desesperada. En cuanto termine el segundo libro, usted va a retirar ese hechizo estúpido que realizó, entendió, señor Director.
Luego de decir eso, todos los del pasado lo miraron extrañados excepto Dorea y Charlus que tenían una mirada de incredulidad pensando "Está loco", "Pobrecita". Los del presente no sabían de qué se trataba el problema y entonces Harry cuestionó a los del futuro diciendo:
-¿Seguimos sin la Tía Caro?
-Sí, yo iré con ella. Trataré de calmarla- contestó Harry P. levantándose y saliendo.
Justo cuando se cerraron las puertas todos pudieron ver una luz intensa en el cielo que iba a muchísima velocidad, tanto que no sabían a donde se dirigía.
-¿Empiezo a leer?-preguntó Oliver para sacar a todos del shock.
-Sí, comienza- dijo el Director pensativo.
- Capítulo 18: Quidditch
Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió muy frío. Las montañas cercanas al colegio adquirieron un tono gris de hielo y el lago parecía de acero congelado. Cada mañana, el parque aparecía cubierto de escarcha. Por las ventanas de arriba veían a Hagrid descongelando las esco bas en el campo de quidditch, enfundado en un enorme abrigo de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor. (-Pobres animales- murmuraron muchos)
Iba a comenzar la temporada de quidditch. Aquel sábado, Harry jugaría su primer partido, después de semanas de entrenamiento: Gryffindor contra Slytherin. Si Gryffindor ganaba, pasarían a ser segundos en el campeonato de las casas.
-¿Sólo segundos?- preguntó James.
-Sí, porque el profesor Snape quita puntos a las demás casas porque sí- dijo Oliver y siguió con la lectura antes de que mataran a Snape.
Casi nadie había visto jugar a Harry, porque Wood había decidido que sería su arma secreta. Harry también debía mantenerlo en secreto. Pero la noticia de que iba a jugar como buscador se había filtrado, y Harry no sabía qué era peor: que le dijeran que lo haría muy bien o que sería un desastre.
-Depende de la persona que sea- comentó Katie.
-A mí me da igual- dijo Oliver y continuó.
Era realmente una suerte que Harry tuviera a Hermio ne como amiga. No sabía cómo habría terminado todos sus deberes sin la ayuda de ella, con todo el entrenamiento de quidditch que Wood le exigía. La niña también le había pres tado Quidditch a través de los tiempos, que resultó ser un libro muy interesante. (El más interesante pensó Oliver)
Harry se enteró de que había setecientas formas de co meter una falta y de que todas se habían consignado durante los Mundiales de 1473; (-Que violentos los de 1473- murmuraron Harry y Albus P.) y que los buscadores eran habitualmente los jugadores más pequeños y veloces, y que los acci dentes más graves les sucedían a ellos; que, aunque la gente no moría jugando al quidditch, se sabía de árbitros que ha bían desaparecido, para reaparecer meses después en el de sierto del Sahara.
-¿Cómo?- preguntó Hugo G mientras la lluvia paraba un poco.
-Con el Evanesco y pensando en el lugar- contestó Harry mientras se acordaba de los libros que habían leído para los exámenes de primero por consejo de Hermione.
Al ver que nadie decía nada aunque los docentes sonreían al muchacho confirmando su respuesta. Oliver siguió.
Hermione se había vuelto un poco más flexible en lo que se refería a quebrantar las reglas, desde que Harry y Ron la salvaron del monstruo, y era mucho más agradable. El día anterior al primer partido de Harry los tres estaban fuera, en el patio helado, durante un recreo, y la muchacha había he cho aparecer un brillante fuego azul, que podían llevar con ellos, en un frasco de mermelada. (-Buena mamá- dijo Albus P al oído de Hermione P que le sonrió.) Estaban de espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruzó el patio. De inmediato, Harry se dio cuenta de que Snape cojeaba. (Qué le habrá pasado pensaron los del pasado.) Los tres chicos se apiñaron para tapar el fuego, ya que no estaban seguros de que aquello estuviera permitido.
-Sí, está permitido, alumnos- comentó McGonagall haciendo que Snape se encogiera.
Oliver siguió leyendo.
Por desgracia, algo en sus rostros culpables hizo detener a Snape. Se dio la vuel ta, arrastrando la pierna. No había visto el fuego, pero pare cía buscar una razón para regañarlos.
—¿Qué tienes ahí, Potter?
Era el libro sobre quidditch. Harry se lo enseñó.
—Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio —dijo Snape—. Dámelo. Cinco puntos menos para Gryffindor.
-Eso no es verdad- afirmó McGonagall.
-Cinco puntos para Gryffindor- agregó Salazar y Oliver continuó un poco enojado por las injusticias de Snape.
—Seguro que se ha inventado esa regla —murmuró Harry con furia, mientras Snape se alejaba cojeando—. Me pregunto qué le pasa en la pierna.
—No sé, pero espero que le duela mucho —dijo Ron con amargura.
-Ron- dijo suavemente Arthur.
-Sí, papá- dijo Ron haciéndose el inocente lo que hizo que su papá no dijera nada.
-Buena esa hermanito- dijo Fred por lo bajo que sólo lo escucho Ron y Oliver. Éste último siguió leyendo.
En la sala común de Gryffindor había mucho ruido aquella noche. Harry, Ron y Hermione estaban sentados juntos, cer ca de la ventana. Hermione estaba repasando los deberes de Harry y Ron sobre Encantamientos. Nunca los dejaba copiar («¿cómo vais a aprender?»), pero si le pedían que revisara los trabajos les explicaba las respuestas correctas.
-Debo agregar que las de Harry estaban muy bien y que Ron tenía algunos problemas de puntuación pero el contenido estaba bien resumido- informó Hermione.
Los docentes miraron al trio con cariño. O sea se ayudaban en lo que podían, sin levantar sospechas y sin desearle un daño al otro. Oliver continuó pensando Que raros son.
Harry se sentía inquieto. Quería recuperar su libro so bre quidditch, para mantener la mente ocupada y no estar nervioso por el partido del día siguiente. ¿Por qué iba a temer a Snape? Se puso de pie y dijo a Ron y Hermione que le pre guntaría a Snape si podía devolverle el libro.
—Yo no lo haría —dijeron al mismo tiempo, pero Harry pensaba que Snape no se iba a negar, si había otros profeso res presentes.
Bajó a la sala de profesores y llamó. No hubo respuesta. Llamó otra vez. Nada.
-Eso es realmente injusto- dijo Sirius de repente.
-¿Qué cosa?- preguntaron Harry y Albus P curiosos.
-Encontrar el aula de profesores vacía y sin nadie- dijo Sirius produciendo que todos se rieran. Cuando se calmaron, Oliver continuó.
¿Tal vez Snape había dejado el libro allí? Valía la pena intentarlo. Empujó un poco la puerta, miró antes de entrar... y sus ojos captaron una escena horrible.
Snape y Filch estaban allí, solos. Snape tenía la túnica levantada por encima de las rodillas. Una de sus piernas es taba magullada y llena de sangre. Filch le estaba alcanzando unas vendas.
—Esa cosa maldita... —decía Snape—. ¿Cómo puede uno vigilar a tres cabezas al mismo tiempo?
-Así que intentando robar algo, Quejicus- dijo burlón James.
-Cállate, Potter- dijo Lily enojada dado que si bien le gustaba no dejaría que siguiera molestando a la gente.
James se sentó y cuando iba a replicar para dicutir, Oliver continuó.
Harry intentó cerrar la puerta sin hacer ruido, pero...
—¡POTTER!
El rostro de Snape estaba crispado de furia y dejó caer su túnica rápidamente, para ocultar la pierna herida. Harry tragó saliva.
—Me preguntaba si me podía devolver mi libro —dijo.
—¡FUERA! ¡FUERA DE AQUÍ!
Harry se fue, antes de que Snape pudiera quitarle pun tos para Gryffindor. Subió corriendo la escalera.
—¿Lo has conseguido? —preguntó Ron, cuando se reu nió con ellos—. ¿Qué ha pasado?
Entre susurros, Harry les contó lo que había visto. (-Como siempre hacen- murmuró fastidiado Neville.)
—¿Sabéis lo que quiere decir? —terminó sin aliento—. ¡Que trató de pasar por donde estaba el perro de tres cabe zas, en Halloween! Allí se dirigía cuando lo vimos... ¡Iba a buscar lo que sea que tengan guardado allí! ¡Y apuesto mi escoba a que fue él quien dejó entrar al monstruo, para distraer la atención!
Hermione tenía los ojos muy abiertos.
—No, no puede ser —dijo—. Sé que no es muy bueno, pero no iba a tratar de robar algo que Dumbledore está cus todiando.
Nadie dijo nada, sólo la observaron un poco detenidamente y tomando un respiro Oliver siguió.
—De verdad, Hermione, tú crees que todos los profeso res son santos o algo parecido —dijo enfadado Ron—. Yo es toy con Harry. Creo que Snape es capaz de cualquier cosa. Pero ¿qué busca? ¿Qué es lo que guarda el perro? (-Claro la piedra filosofal- murmuraron muchos dándose cuenta del título del libro.)
Harry se fue a la cama con aquellas preguntas dando vueltas en su cabeza. Neville roncaba con fuerza, pero Harry no podía dormir. Trató de no pensar en nada (necesitaba dor mir; debía hacerlo, tenía su primer partido de quidditch en pocas horas) pero la expresión de la cara de Snape cuando Harry vio su pierna era difícil de olvidar.
La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las sal chichas fritas y las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de quidditch.
-Quidditch, querido- murmuraron Flint, Oliver, Ron, Charlie, Molly, los Gemelos W, los Gemelos P, Harry, Minerva y James. Algunos que los escucharon rodaron los ojos y Oliver siguió.
—Tienes que comer algo para el desayuno.
—No quiero nada.
—Aunque sea un pedazo de tostada —suplicó Hermione.
—No tengo hambre.
-Ahora mamá se sienta arriba y le da la comida si papá no quiere-dijo Lily P con sonrisa pícara.
-Lily- dijo Hermione P sonrojada.
-Está buena esa práctica. Ya sabes Hermione si no quiere comer antes del partido, oblígalo- dijeron Ron, los Gemelos P y Gemelos W.
Las versiones adolescentes de Harry y Hermione se sonrojaron por lo dicho y Oliver continuó sonriente.
Harry se sentía muy mal. En cualquier momento echa ría a andar hacia el terreno de juego.
—Harry, necesitas fuerza —dijo Seamus Finnigan—. Los únicos que el otro equipo marca son los buscadores. (-Mala manera de animar a alguien Tío Seamus- murmuraron Lily P y Albus P por lo bajo.)
—Gracias, Seamus —respondió Harry, observando cómo llenaba de salsa de tomate sus salchichas.
A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch. Muchos alumnos tenían prismáticos. Los asientos podían elevarse pero, inclu so así, a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo.
Ron y Hermione se reunieron con Seamus y Dean en la grada más alta. Para darle una sorpresa a Harry, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers había estropeado. Decía: «Potter; presidente», y Dean, que dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego Hermione había realizado un pequeño hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color.
-No lo agradecí pero era muy lindo el cartel y ayudó, chicos- dijo Harry sonriendo mientras la Tía Petunia sonreía internamente por lo educado que era su sobrino.
Los chicos sólo le devolvieron la sonrisa y Oliver continuó.
Mientras tanto, en los vestuarios, Harry y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las túnicas color escarlata de quidditch (Slytherin jugaba de verde).
Wood se aclaró la garganta para pedir silencio.
—Bueno, chicos —dijo.
—Y chicas —añadió la cazadora Angelina Johnson.
—Y chicas —dijo Wood—. Éste es...
—El grande —dijo Fred Weasley
—El que estábamos esperando —dijo George.
—Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver —dijo Fred a Harry—. Estábamos en el equipo el año pasado.
—Callaos los dos —ordenó Wood—. Éste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos años. Y vamos a ganar.
-Tú también ves el futuro- dijo Percy burlón mientras sus hermanos le sonreían.
-No, solo era una forma de decir- dijo Oliver y siguió porque todos se reían de él.
Les lanzó una mirada que parecía decir: «Si no...».
—Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos.
Harry siguió a Fred y George fuera del vestuario y, espe rando que las rodillas no le temblaran, pisó el terreno de jue go entre vítores y aplausos.
La señora Hooch hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.
—Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos —dijo cuando estuvieron reunidos a su alre dedor.
Harry notó que parecía dirigirse especialmente al capi tán de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto año. Le pareció que tenía un cierto parentesco con el trol gigante. Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando sobre la muchedumbre: «Potter; presidente». Se le aceleró el corazón. Se sintió más valiente.
—Montad en vuestras escobas, por favor.
Harry subió a su Nimbus 2.000.
La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y es taban muy lejos. (-Quidditch- murmuraron algunos con emoción.)
—Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta joven y, a propósito, también es muy guapa...
-Así que atractiva- dijo George celoso por como su amigo piropeaba a la chica que le gustaba.
-Bueno lo es- contestó Lee un poco temeroso por la mirada fulminante que le estaba dando George.
Oliver para salvar la situación siguió.
—¡JORDAN!
—Lo siento, profesora.
El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, era el co mentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profeso ra McGonagall.
—Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spin net, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasa do estaba en reserva... Otra vez Johnson y.. No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va... Flint vuela como un águila... está a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle... Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor; buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y.. ¡Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludger en la nuca... La quaffle en poder de Slytherin... Adrian Pucey co giendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cuál de los dos... bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuela, evita una bludger, los postes de gol están ahí... vamos, ahora Angelina... el guardián Bletchley se lan za... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR! (-Gryffindor el mejor- murmuraban los leones y el fundador aplaudió con frenesí.)
Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire frío, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin.
—Venga, dejadme sitio.
—¡Hagrid!
Ron y Hermione se juntaron para dejarle espacio a Hagrid.
—Estaba mirando desde mi cabaña —dijo Hagrid, ense ñando el largo par de binoculares que le colgaban del cue llo—. Pero no es lo mismo que estar con toda la gente. Toda vía no hay señales de la snitch, ¿no?
—No —dijo Ron—. Harry todavía no tiene mucho que hacer.
-Estaba buscándola malo- dijo en broma Harry.
-Lo siento amigo- dijo Ron con el mismo tono.
Oliver continuó leyendo entusiasmadísimo.
—Mantenerse fuera de los problemas ya es algo —dijo Hagrid, cogiendo sus binoculares y fijándolos en la manchita que era Harry.
Por encima de ellos, Harry volaba sobre el juego, espe rando alguna señal de la snitch. Eso era parte del plan que tenían con Wood.
—Manténte apartado hasta que veas la snitch —le ha bía dicho Wood—. No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo.
Cuando Angelina anotó un punto, (Los leones volvieron a aplaudir.) Harry dio unas volte retas para aflojar la tensión, y volvió a vigilar la llegada de la snitch. En un momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley; en otro, una bludger decidió perseguirlo, como si fuera una bala de cañón, pero Harry la esquivó y Fred Weasley salió a atraparla.
-¿Cómo sabes que era yo?- dijo Fred perplejo.
-Siempre he podido diferenciarlos. Ustedes tienen sus diferencias- contestó Harry.
-¿Cómo lo hace señor Potter?- preguntó Snape porque él no podía.
-Observando. A parte George es más calmado- dijo Harry.
-No digas nada más Harry- dijo Fred suplicante.
Oliver siguió pensativo, él no podía diferenciarlos al igual que muchos.
—¿Está todo bien, Harry? —tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la bludger con furia hacia Marcus Flint.
—Slytherin toma posesión —decía Lee Jordan—. El ca zador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y al cazador Bell, y acelera... esperen un momento... ¿No es la snitch?
-NO TIENES QUE DECIRLO LEE- gritaron algunos leones mientras Lee se encogía y murmuraba:
-Lo siento.
Oliver lo miró mal y continuó.
Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pu cey dejaba caer la quaffle, demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el relámpago dorado, que había pasado al lado de su oreja izquierda.
Harry la vio. En un arrebato de excitación se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado. El buscador de Slytherin, Terence Higgs, también la había visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la snitch... Todos los cazadores parecían ha ber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.
Harry era más veloz que Higgs. Podía ver la pequeña pe lota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aumentó su velocidad y..
¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Harry, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferra ba para no caer.
-¿Cómo mínimo lo castigaron?- preguntó furioso Salazar.
-No, sólo marqué una falta- dijo Hooch.
-Ok, entonces cinco puntos menos para Slytherin- dijo Salazar.
-Señor, ¿por qué nos baja puntos?- preguntó Blaise un poco tímido.
-Porque un Slytherin de verdad no hace eso- contestó Salazar y agregó- sigue muchacho, por favor.
Oliver lo hizo un poco confundido.
—¡Falta! —gritaron los Gryffindors.
La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego orde nó tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol. Pero con toda la confusión, la snitch dorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.
Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.
—¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!
—Esto no es el fútbol, Dean —le recordó Ron—. No se puede echar a los jugadores en quidditch... ¿Y qué es una tar jeta roja?
-¿Cómo sabías que era el fútbol?- preguntó Hugo G.
-Porque Dean no habla de otra cosa- contestó Ron un poco ofuscado.
Oliver sólo respiró con fuerza para parar una posible discusión entre Ron y Dean y continuó dado que nadie dijo nada más.
Pero Hagrid estaba de parte de Dean.
—Deberían cambiar las reglas. Flint ha podido derribar a Harry en el aire.
A Lee Jordan le costaba ser imparcial.
—Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa...
—¡Jordan! —lo regañó la profesora McGonagall.
—Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta...
—¡Jordan, no digas que no te aviso...!
—Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor, cosa que le podría suceder a cualquiera, estoy se guro (Que irónico pensaron Frank, Augusta y Neville) , así que penalti para Gryffindor; la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y continúa el juego, Gryffindor todavía en posesión de la pelota.
Cuando Harry esquivó otra bludger, que pasó peligrosa mente cerca de su cabeza, ocurrió. Su escoba dio una súbita y aterradora sacudida. Durante un segundo pensó que iba a caer. Se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Nunca había experimentado nada semejante.
Sucedió de nuevo. Era como si la escoba intentara derri barlo. Pero las Nimbus 2.000 no decidían súbitamente tirar a sus jinetes. Harry trató de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensión del partido, y entonces se dio cuenta de que su escoba estaba completamente fuera de control. No podía dar la vuelta. No podía dirigirla de ninguna manera. Iba en zigzag por el aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo ha cían caer.
-Alguien está manipulando la escoba- dijo Moody pensativo.
Oliver siguió al ver a las mujeres asustadas incluso a su Katie como él le decía y eso que ella sabía cómo había terminado ese partido.
Lee seguía comentando el partido.
—Slytherin en posesión... Flint con la quaffle... la pasa a Spinnet, que la pasa a Bell... una bludger le da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (era una broma, profeso ra), Slytherin anota un tanto, oh, no... (-Nadie se dio cuenta- susurró Dorea aferrándose a su marido, mientras éste le acariciaba la espalda.)
Los de Slytherin vitoreaban. Nadie parecía haberse dado cuenta de la conducta extraña de la escoba de Harry Lo lle vaba cada vez más alto, lejos del juego, sacudiéndose y retor ciéndose.
—No sé qué está haciendo Harry —murmuró Hagrid. Miró con los binoculares—. Si no lo conociera bien, diría que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser...
De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Harry por encima de las gradas. Su escoba había comenzado a dar vuel tas y él apenas podía sujetarse. Entonces la multitud jadeó. La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry quedó colgando, sujeto sólo con una mano.
-¡Qué alguien le ayudé!- exclamó asustada Lily.
-Eso ya pasó mamá- dijo Harry calmando un poco a la joven.
Oliver siguió pálido por el recuerdo.
—¿Le sucedió algo cuando Flint le cerró el paso? —susu rró Seamus.
—No puede ser —dijo Hagrid, con voz temblorosa—. Nada puede interferir en una escoba, excepto la poderosa magia tenebrosa... Ningún chico le puede hacer eso a una Nimbus 2.000.
-Un chico no, pero un profesor sí- murmuró Sirius sin mirar a alguien.
-Sí, eres tú Snape te mato- dijo James enojado y asustado.
Lily le dijo:
-Cálmate, James.
Oliver continúo antes de que alguna madre como Molly sufriera un colapso.
Ante esas palabras, Hermione cogió los binoculares de Hagrid, pero en lugar de enfocar a Harry comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud.
—¿Qué haces? —gimió Ron, con el rostro grisáceo.
—Lo sabía —resopló Hermione—. Snape... Mira. (-Maldito Quejicus- murmuró Peter.)
Ron cogió los binoculares. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos. Tenía los ojos clavados en Harry y murmuraba algo sin detenerse.
—Está haciendo algo... Mal de ojo a la escoba —dijo Her mione.
—¿Qué podemos hacer?
—Déjamelo a mí. (-Pobre profesor- murmuró en broma Neville.)
Antes de que Ron pudiera decir nada más, Hermione había desaparecido. Ron volvió a enfocar a Harry. La escoba vibraba tanto que era casi imposible que pudiera seguir col gado durante mucho más tiempo. Todos miraban aterroriza dos, mientras los Weasley volaban hacía él, tratando de po ner a salvo a Harry en una de las escobas. Pero aquello fue peor: cada vez que se le acercaban, la escoba saltaba más alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caía. Marcus Flint cogió la quaffle y marcó cinco tantos sin que nadie lo advirtiera. (-Cinco puntos menos para Slytherin- dijo Salazar harto del comportamiento de los alumnos de su casa.)
—Vamos, Hermione —murmuraba desesperado Ron.
Hermione había cruzado las gradas hacia donde se en contraba Snape y en aquel momento corría por la fila de aba jo. Ni se detuvo para disculparse cuando atropelló al profesor Quirrell (¿Por qué menciona a Quirrell? pensaron cuestionándose Lily, Alastor, Sirius, Canuto, Remus y Lunático.) , y cuando llegó donde estaba Snape, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras.
Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la túnica de Snape. El profesor tardó unos treinta segundos en darse cuenta de que se incendiaba. Un súbito aullido le indi có a la chica que había hecho su trabajo. Atrajo el fuego, lo guardó en un frasco dentro de su bolsillo y se alejó gateando por la tribuna. Snape nunca sabría lo que le había sucedido.
-Ahora lo sé- dijo Snape.
-¿Va a castigarme?- preguntó la castaña mirándolo a los ojos.
-No, dado que se lo prometimos al principio- dijo el hombre.
Oliver siguió.
Fue suficiente. Allí arriba, súbitamente, Harry pudo su bir de nuevo a su escoba.
—¡Neville, ya puedes mirar! —dijo Ron. Neville había estado llorando dentro de la chaqueta de Hagrid aquellos úl timos cinco minutos.
Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosió y algo dorado cayó en su mano.
—¡Tengo la snitch! —gritó,agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.
-La verdad que fue muy raro- comentó Flint.
-Pero legal- aportó Higgs
Todos asintieron y Oliver contento siguió
—No es que la haya atrapado, es que casi se la traga —to davía gritaba Flint veinte minutos más tarde. Pero aque llo no cambió nada. Harry no había faltado a ninguna regla y Lee Jordan seguía proclamando alegremente el resultado. Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesen ta. Pero Harry no oía nada. Tomaba una taza de té fuerte, en la cabaña de Hagrid, con Ron y Hermione. (-El mejor té del mundo- murmuró Ron W con una sonrisa.)
—Era Snape —explicaba Ron—. Hermione y yo lo vimos. Estaba maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te quitaba los ojos de encima.
-Así se hace también el contrahechizo- informó Minerva a lo que todos escucharon y asintieron. Oliver siguió.
—Tonterías —dijo Hagrid, que no había oído una pala bra de lo que había sucedido—. ¿Por qué iba a hacer algo así Snape?
Harry, Ron y Hermione se miraron, preguntándose qué le iban a decir. Harry decidió contarle la verdad.
—Descubrimos algo sobre él —dijo a Hagrid—. Trató de pasar ante ese perro de tres cabezas, en Halloween. Y el perro lo mordió. Nosotros pensamos que trataba de robar lo que ese perro está guardando.
Hagrid dejó caer la tetera.
—¿Qué sabéis de Fluffy? —dijo.
—¿Fluffy?
-Que nombre tan extraño para semejante animal- comentó Canuto.
Muchos le dieron la razón y Oliver continuó.
—Ajá... Es mío... Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año pasado... y se lo presté a Dumbledore para guardar...
—¿Sí? —dijo Harry con nerviosismo.
—Bueno, no me preguntéis más —dijo con rudeza Ha grid—. Es un secreto.
—Pero Snape trató de robarlo.
—Tonterías —repitió Hagrid—. Snape es un profesor de Hogwarts, nunca haría algo así. (Pues el ladrón tambien era un profesor pensó Harry.)
—Entonces ¿por qué trató de matar a Harry? —gritó Hermione.
Los acontecimientos de aquel día parecían haber cambiado su idea sobre Snape.
—Yo conozco un maleficio cuando lo veo, Hagrid. Lo he leído todo sobre ellos. ¡Hay que mantener la vista fija y Sna pe ni pestañeaba, yo lo vi! (Volveré a leerlo pensó Hermione.)
—Os digo que estáis equivocados —dijo ofuscado Ha grid—. No sé por qué la escoba de Harry reaccionó de esa ma nera. .. ¡Pero Snape no iba a tratar de matar a un alumno! Ahora, escuchadme los tres, os estáis metiendo en cosas que no os conciernen y eso es peligroso. Olvidaos de ese perro y ol vidad lo que está vigilando. En eso sólo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicolás Flamel... (-Ya le diste la información- dijo Sprout en voz baja al hombre en tono divertido y regañón.)
—¡Ah! —dijo Harry—. Entonces hay alguien llamado Nicolás Flamel que está involucrado en esto, ¿no?
Hagrid pareció enfurecerse consigo mismo.
-Ya terminó el capítulo- informó Oliver.
En cuanto el joven dejó el libro en el lugar de reposo (mesa del director) y se volvió a sentar se abrieron las puertas. Por ellas entraron Caro más calmada aunque con los ojos un poco rojos de llorar y Harry P.
Los dos fueron caminando a sus lugares y se sentaron y la chica preguntó:
-¿Qué leyeron?
-El primer partido de Quidditch- respondió James mirándola un poco preocupado.
-Ah, Harry ya me lo contó- comentó ella y agregó preguntando - Bueno, ahora ¿Por qué no lee usted Señora?
Hoy es un día especial dado que cumplo años.
El próximo sábado ya estaremos en el penúltimo mes, falta poco para que se termine este año.
