Charlie Weasley se vio señalado y convocó el libro de donde estaba. Lo abrió y dijo: Capítulo 22: Norberto, el ridgeback noruego

-Había un dragón- dijo enojada McGonagall.

-Tal vez- dijo Harry.

Charlie continuó sabiendo el secreto.

Sin embargo, Quirrell debía de ser más valiente de lo que habían pensado. En las semanas que siguieron se fue po niendo cada vez más delgado y pálido, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido.

Cada vez que pasaban por el pasillo del tercer piso, Harry, Ron y Hermione apoyaban las orejas contra la puerta, para ver si Fluffy estaba gruñendo, allí dentro. Snape seguía con su habitual mal carácter, lo que seguramente significa ba que la Piedra estaba a salvo. Cada vez que Harry se cru zaba con Quirrell, le dirigía una sonrisa para darle ánimo, y Ron les decía a todos que no se rieran del tartamudeo del profesor. (Ya estaba siendo un bobo pensó Ron.)

Hermione, sin embargo, tenía en su mente otras cosas, además de la Piedra Filosofal. Había comenzado a hacer ho rarios para repasar y a subrayar con diferentes colores sus apuntes. A Harry y Ron eso no les habría importado, pero los fastidiaba todo el tiempo para que hicieran lo mismo.

-Mamá cada uno tiene su método para estudiar- dijo calmado Albus P. a la versión joven de su madre.

-Lo siento chicos- dijo ella cabizbaja.

-No pasa nada- dijo Harry porque a él no le molestaba tanto.

-Disculpas aceptadas pero conmigo no lo hagas más- dijo Ron tranquilo y su hermano continuó.

Hermione, faltan siglos para los exámenes.

Diez semanas —replicó Hermione—. Eso no son si glos, es un segundo para Nicolás Flamel.

Pero nosotros no tenemos seiscientos años —le recor dó Ron—. De todos modos, ¿para qué repasas si ya te lo sabes todo?

¿Que para qué estoy repasando? ¿Estás loco? ¿Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exámenes para entrar en segundo año? Son muy importantes, tendría que ha ber empezado a estudiar hace un mes, no sé lo que me pasó...

-De ahora en más sólo estudias tres horas por día y cinco si se acercan los exámenes- dijo Jane G.

-Pero mamá…- empezó la joven.

-Jovencita Granger. Es cierto porque más que eso generan enfermedades casi todas cerebrales- le dijo Rowena.

-Ok- dijo la castaña y Charlie continuó.

Pero desgraciadamente, los profesores parecían pensar lo mismo que Hermione. Les dieron tantos deberes que las vacaciones de Pascua no resultaron tan divertidas como las de Navidad. Era difícil relajarse con Hermione al lado, recitan do los doce usos de la sangre de dragón o practicando movi mientos con la varita. Quejándose y bostezando, Harry y Ron pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca con ella, tratando de hacer todo el trabajo suplementario.

Nunca podré acordarme de esto —estalló Ron una tar de, arrojando la pluma y mirando por la ventana de la biblio teca con nostalgia. Era realmente el primer día bueno desde hacía meses. El cielo era claro, y las nomeolvides azules y el aire anunciaban el verano. (-Que lindo día- murmuraron Lily y Caro con idénticas sonrisas.)

Harry, que estaba buscando «díctamo» en Mil hierbas mágicas y hongos no levantó la cabeza hasta que oyó que Ron decía:

¡Hagrid! ¿Qué estás haciendo en la biblioteca?

Hagrid apareció con aire desmañado, escondiendo algo detrás de la espalda. Parecía muy fuera de lugar; con su abri go de piel de topo.

Estaba mirando —dijo con una voz evasiva que les lla mó la atención—. ¿Y vosotros qué hacéis? —De pronto pare ció sospechar algo—. No estaréis buscando todavía a Nicolás Flamel, ¿no?

Oh, lo encontramos hace siglos —dijo Ron con aire grandilocuente—. Y también sabemos lo que custodia el perro, es la Piedra Fi... (-Shhh- dijeron algunos.)

¡Shhh! —Hagrid miró alrededor para ver si alguien los escuchaba—. No podéis ir por ahí diciéndolo a gritos. ¿Qué os pasa?

En realidad, hay unas pocas cosas que queremos pre guntarte —dijo Harry— sobre qué cosas más custodian la Piedra, además de Fluffy...

-Tenía 11 años. Además aunque nos escucharan nadie sabía ni que piedra, ni quién era Fluffy- explicó Harry fastidiado cuando lo mariban cómo si fuera un estúpido.

Los adultos le dieron la razón y Charlie pensando que astuto es siguió.

¡SHHHH! —dijo Hagrid otra vez—. Mirad, venid a ver me más tarde, no os prometo que os vaya a decir algo, pero no andéis por ahí hablando, los alumnos no deben saber nada. Van a pensar que yo os lo he contado...

Te vemos más tarde, entonces —dijo Harry

Hagrid se escabulló. (Harry no se va a olvidar por más que huyas pensaron Hermione y Ron un poco fastidiados.)

¿Qué escondía detrás de la espalda? —dijo Hermione con aire pensativo.

¿Creéis que tiene que ver con la Piedra?

Voy a ver en qué sección estaba —dijo Ron, cansado de sus trabajos. Regresó un minuto más tarde, con muchos li bros en los brazos. Los desparramó sobre la mesa.

¡Dragones! —susurró—. ¡Hagrid estaba buscando co sas sobre dragones! Mirad estos dos: Especies de dragones en Gran Bretaña e Irlanda y Del huevo al infierno, guía para guardianes de dragones...

Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocí —dijo Harry. (-Es cierto- murmuraron los que se acordaban.)

Pero va contra nuestras leyes —dijo Ron—. Criar dra gones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, to dos lo saben. Era difícil que los muggles no nos detectaran si teníamos dragones en nuestros jardines. De todos modos, no se puede domesticar un dragón, es peligroso. Tendríais que ver las quemaduras que Charlie se hizo con esos dragones salvajes de Rumania.

-¿Cómo lo sabes?- preguntó asombrado Sirius.

-Por Percy. Él se sabe las leyes de Pe a Pa. Y yo siempre lo escucho. También a Charlie y a Bill- dijo Ron con el rostro rojo.

-Te queremos hermanito pequeño- dijeron Percy, Bill y Charlie prometiendo contarle más cosas. Él último siguió leyendo.

Pero no hay dragones salvajes en Inglaterra, ¿verdad? —preguntó Harry

Por supuesto que hay —respondió Ron—. Verdes en Gales y negros en Escocia. Al ministro de Magia le ha costado trabajo silenciar ese asunto, te lo aseguro. Los nuestros tie nen que hacerles encantamientos a los muggles que los han visto para que los olviden.

Entonces ¿en qué está metido Hagrid? —dijo Hermione.

Cuando llamaron a la puerta de la cabaña del guardabos ques, una hora más tarde, les sorprendió ver todas las corti nas cerradas. Hagrid preguntó «¿quién es?» antes de dejarlos entrar, y luego cerró rápidamente la puerta tras ellos.

En el interior; el calor era sofocante. Pese a que era un día cálido, en la chimenea ardía un buen fuego. Hagrid les preparó el té y les ofreció bocadillos de comadreja, que ellos no aceptaron.

Entonces ¿queríais preguntarme algo?

Sí —dijo Harry No tenía sentido dar más vueltas—. Nos preguntábamos si podías decirnos si hay algo más que custodie a la Piedra Filosofal, además de Fluffy.

Hagrid lo miró con aire adusto.

Por supuesto que no puedo —dijo—. En primer lugar; no lo sé. En segundo lugar, vosotros ya sabéis demasiado, así que tampoco os lo diría si lo supiera. Esa Piedra está aquí por un buen motivo. Casi la roban de Gringotts... Aunque eso ya lo sabíais, ¿no? Me gustaría saber cómo averiguasteis lo de Fluffy. (Casualidad pensó Hagrid.)

Oh, vamos, Hagrid, puedes no querer contarnos, pero debes saberlo, tú sabes todo lo que sucede por aquí —dijo Hermione, con voz afectuosa y lisonjera. La barba de Hagrid se agitó y vieron que sonreía. Hermione continuó—: Nos pre guntábamos en quién más podía confiar Dumbledore lo sufi ciente para pedirle ayuda, además de ti.

Con esas últimas palabras, el pecho de Hagrid se ensan chó. Harry y Ron miraron a Hermione con orgullo. (-Buena esa nuera- dijo James a la castaña mientras ésta se sonrojaba.)

Bueno, supongo que no tiene nada de malo deciros esto... Dejadme ver... Yo le presté a Fluffy... luego algunos de los profesores hicieron encantamientos... el profesor Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall —contó con los dedos—, el profesor Quirrell y el mismo Dumbledore, por su puesto. Esperad, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el pro fesor Snape.

¿Snape?

Ajá... No seguiréis con eso todavía, ¿no? Mirad, Snape ayudó a proteger la Piedra, no quiere robarla. (Eso si sorprendió a muchos sobre todo a los merodeadores.)

Harry sabía que Ron y Hermione estaban pensando lo mismo que él. Si Snape había formado parte de la protección de la Piedra, le resultaría fácil descubrir cómo la prote gían los otros profesores. Es probable que supiera todos los en cantamientos, salvo el de Quirrell, y cómo pasar ante Fluffy.

Tu eres el único que sabe cómo pasar ante Fluffy, ¿no, Hagrid? —preguntó Harry con ansiedad—. Y no se lo dirás a nadie, ¿no es cierto? ¿Ni siquiera a un profesor?

Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo —dijo Ha grid con orgullo. (Entonces porque Voldemort lo sabe pensó Caro.)

Bueno, eso es algo —murmuró Harry a los demás—. Hagrid, ¿podríamos abrir una ventana? Me estoy asando.

No puedo, Harry, lo siento —respondió Hagrid. Harry notó que miraba de reojo hacia el fuego. Harry también miró.

Hagrid... ¿Qué es eso?

Pero ya sabía lo que era. En el centro de la chimenea, de bajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.

Ah —dijo Hagrid, tirándose con nerviosismo de la bar ba—. Eso... eh...

¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron, agachándose ante la chimenea para ver de cerca el huevo— Debe de haberte costado una fortuna. (Qué raro pensaron Caro y Lily.)

Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero.

Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —pre guntó Hermione.

Bueno, estuve leyendo un poco —dijo Hagrid, sacando un gran libro de debajo de su almohada—. Lo conseguí en la biblioteca: Crianza de dragones para placer y provecho. Está un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo. Mantener el huevo en el fuego, porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarón, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, cada media hora. Y mirad, dice cómo reconocer los diferentes huevos. El que tengo es un rid geback noruego. Y son muy raros.

Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero Hermione no.

Hagrid, tú vives en una casa de madera —dijo.

Pero Hagrid no la escuchaba. Canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego.

Así que ya tenían algo más de qué preocuparse: lo que podía sucederle a Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dra gón ilegal en su cabaña.

-Él es un adulto Harry- dijo Lily sabiendo que iba a hacer algo para ayudar.

-Pero es mi amigo, y no estaba en sus cabales- dijo Harry.

-Está bien- dijo Lily orgullosa de todos modos mientras Minerva palidecía.

Charlie continuó.

Me pregunto cómo será tener una vida tranquila —sus piró Ron, mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les daban los profesores. Hermione había comenzado ya a hacer horarios de repaso para Harry y Ron. Los estaba volviendo locos.

Entonces, durante un desayuno, Hedwig entregó a Harry otra nota de Hagrid. Sólo decía: «Está a punto de salir». (-Bien- dijeron Sirius y Remus.)

Ron quería faltar a la clase de Herbología e ir directa mente a la cabaña. Hermione no quería ni oír hablar de eso.

Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón saliendo de su huevo?

Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo...

¡Cállate! —susurró Harry

Malfoy estaba cerca de ellos y se había quedado inmóvil para escucharlos. ¿Cuánto había oído? A Harry no le gustó la expresión de su cara.

-Tienen que tener más cuidado donde discuten y por qué- dijo harta de esto Lily.

-Van a provocar la muerte de alguien por eso- dijo Caro.

Charlie asintió de acuerdo, ante la cara de desconcierto de Hermione y Ron, y continuó.

Ron y Hermione discutieron durante todo el camino hacia la clase de Herbología y, al final, Hermione aceptó ir a la cabaña de Hagrid con ellos durante el recreo de la maña na. Cuando al final de las clases sonó la campana del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y corrieron por el parque hasta el borde del bosque. Hagrid los recibió, excitado y ra diante.

Ya casi está fuera —dijo cuando entraron.

El huevo estaba sobre la mesa. Tenía grietas en la cásca ra. Algo se movía en el interior y un curioso ruido salía de allí.

Todos acercaron las sillas a la mesa y esperaron, respi rando con agitación.

De pronto se oyó un ruido y el huevo se abrió. La cría de dragón aleteó en la mesa. No era exactamente bonito. Harry pensó que parecía un paraguas negro arrugado. Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacu cho. Tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las pun tas de los cuernos ya le salían y tenía los ojos anaranjados y saltones.

Estornudó. Volaron unas chispas.

¿No es precioso? —murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos colmillos puntiagudos.

¡Bendito sea! Mirad, conoce a su mamá —dijo Hagrid.

Hagrid —dijo Hermione—. ¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks noruegos?

-Depende- se interrumpió Charlie.

-¿De qué?- preguntó la castaña.

-Del género. Las hembras más rápido y son más fieras- informó Charlie a todos antes de retomar la lectura.

Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro pali deció. Se puso de pie de un salto y corrió hacia la ventana.

¿Qué sucede?

Alguien estaba mirando por una rendija de la corti na... Era un chico... Va corriendo hacia el colegio.

Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible:

Malfoy había visto el dragón.

-Maldición- dijo Lily P sin poder contenerse.

-Hija- amonestó Harry P tranquilo.

-Lo siento. Charlie continua por favor- dijo Lily P roja.

Charlie continuó guiñándole un ojo a la pequeña.

Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana si guiente ponía nerviosos a Harry, Ron y Hermione. Pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la oscura cabaña de Ha grid, tratando de hacerlo entrar en razón.

Déjalo ir —lo instaba Harry—. Déjalo en libertad.

No puedo —decía Hagrid—. Es demasiado pequeño. Se morirá.

Miraron el dragón. Había triplicado su tamaño en sólo una semana. Ya le salía humo de las narices. Hagrid no cum plía con sus deberes de guardabosques porque el dragón ocu paba todo su tiempo. Había botellas vacías de brandy y plu mas de pollo por todo el suelo.

He decidido llamarlo Norberto —dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos húmedos—. Ya me reconoce, mirad. ¡Nor berto! ¡Norberto! ¿Dónde está mamá?

Ha perdido el juicio —murmuró Ron a Harry.

Hagrid —dijo Harry en voz muy alta—, espera dos se manas y Norberto será tan grande como tu casa. Malfoy se lo contará a Dumbledore en cualquier momento.

Hagrid se mordió el labio.

Yo... yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo.

Harry se volvió hacia Ron súbitamente.

Charlie —dijo.

Tu también estás mal de la cabeza —dijo Ron—. Yo soy Ron, ¿recuerdas?

No... Charlie, tu hermano. En Rumania. Estudiando dragones. Podemos enviarle a Norberto. ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad!

-CHARLIE, NO AYUDASTE ¿VERDAD?- gritó Molly histérica.

-Que le dije de gritar señora Weasley- dijo Harry P. enfadado mientras Ron W miraba mal a su madre.

-Nos ayudó porque es buena persona y no moleste- dijo Hermione P. enojada.

Para que no mataran a su madre, Charlie continuó aunque no entendía el enojo de los del futuro con su madre del todo.

¡Genial! —dijo Ron—. ¿Qué piensas de eso, Hagrid?

Y al final, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie.

La semana siguiente pareció alargarse. La noche del miérco les encontró a Harry y Hermione sentados solos en la sala común, mucho después de que todos se fueran a acostar. El reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la nada, al quitarse la capa invisible de Harry.

-Prestaste la capa a Ron- dijo asombrado Sirius.

-Sí, porque es mi amigo y sabía que iba a cuidarla- dijo Harry

Sirius solo le sonrió orgulloso, luego miró James un poco mal. Éste bajo la cabeza porque él nunca prestaba su capa a menos que estuviera allí y si se la agarraban hacía un escándalo de mil demonios. Charlie continuó sin nada que agregar aunque sonrío a Harry por ser así con su hermano.

Había estado en la ca baña de Hagrid, ayudándolo a alimentar a Norberto, que ya comía ratas muertas.

¡Me ha mordido! —dijo, enseñándoles la mano envuel ta en un pañuelo ensangrentado—. No podré escribir en una semana. Os aseguro que los dragones son los animales más horribles que conozco, pero para Hagrid es como si fuera un osito de peluche. Cuando me mordió, me hizo salir porque, según él, yo lo había asustado. Y cuando me fui le estaba can tando una canción de cuna.

Los Weasley y Prewett miraron mal al guardabosque que mirando a Ron dijo:

-Lo siento.

El muchacho asintió y Charlie siguió.

Se oyó un golpe en la ventana oscura.

¡Es Hedwig! —dijo Harry, corriendo para dejarla en trar—. ¡Debe de traer la respuesta de Charlie!

Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.

Querido Ron:

¿Cómo estás? Gracias por tu carta. Estaré encan tado de quedarme con el ridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí. Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos llevando un dragón ilegal. ¿Podríais llevar al ridgeback noruego a la torre más alta, la medianoche del sába do? Ellos se encontrarán contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad.

Envíame la respuesta lo antes posible.

Besos,

Charlie

-Gracias por ayudarlos Charlie- dijo Lily.

-No es nada- replicó él y siguió.

Se miraron.

Tenemos la capa invisible —dijo Harry—. No será tan difícil... creo que la capa es suficientemente grande para cu brir a Norberto y a dos de nosotros.

La prueba de lo mala que había sido aquella semana para ellos fue que aceptaron de inmediato. Cualquier cosa para liberarse de Norberto... y de Malfoy.

Se encontraron con un obstáculo. A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal. No sabía si convenía ir a ver a la señora Pomfrey ¿Reconocería una mordedura de dragón? Sin em bargo, por la tarde no tuvo elección. La herida se había convertido en una horrible cosa verde. Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno.

-¿Dolió?- preguntó Charlie preocupado por su hermano.

-Un poco- dijo Ron quitándole importancia al asunto.

Charlie siguió aliviado de que no hubiera más consecuencias.

Al finalizar el día, Harry y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron y lo encontra ron en un estado terrible.

No es sólo mi mano —susurró— aunque parece que se me vaya a caer a trozos. Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo rien do de mí. Me amenazó con decirle a ella quién me había mor dido (yo le había dicho que era un perro, pero creo que no me creyó). No debí pegarle en el partido de quidditch. Por eso se está portando así.

Harry y Hermione trataron de calmarlo.

Todo habrá terminado el sábado a medianoche —dijo Hermione, pero eso no lo tranquilizó. Al contrario, se sentó en la cama y comenzó a temblar.

¡La medianoche del sábado! —dijo con voz ronca—. Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie es taba en el libro que se llevó Malfoy, se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto.

Harry y Hermione no tuvieron tiempo de contestarle. Apareció la señora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir.

-Debería permitirle quedarse- dijo Godric.

El resto de los fundadores asintieron y Charlie siguió.

Es muy tarde para cambiar los planes —dijo Harry a Her mione—. No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechu za y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Y tenemos la capa invisible y Malfoy no lo sabe.

Encontraron a Fang, el perro cazador de jabalíes, senta do afuera, con la cola vendada, cuando fueron a avisar a Ha grid. Éste les habló a través de la ventana.

No os hago entrar —jadeó— porque Norberto está un poco molesto. No es nada importante, ya me ocuparé de él.

Cuando le contaron lo que decía Charlie, se le llenaron los ojos de lágrimas, aunque tal vez fuera porque Norberto acababa de morderle la pierna.

¡Aaay! Está bien, sólo me ha cogido la bota... está ju gando... después de todo es sólo un cachorro.

El cachorro golpeó la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas. Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensación de que el sábado no llegaría lo bastante rápido.

Tendrían que haber sentido pena por Hagrid, cuando llegó el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocu pados por lo que tenían que hacer. Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaña de Hagrid, porque tuvieron que esperar a que Peeves saliera del vestíbulo, donde jugaba a tenis contra las paredes.

Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.

Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje —dijo Hagrid con voz amable—. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo.

-Hagrid. Norberto es un Dragón no un perro. Sino comprendes eso provocarás que alguien salga gravemente lastimado- dijo Caro con calma.

Hagrid lo pensó, se disculpó con sus amigos con la mirada. Ellos asintieron y Charlie siguió.

Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que hi cieron pensar a Harry que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito.

¡Adiós, Norberto! —sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa invisible y se metían dentro ellos también—. ¡Mamá nunca te olvidará!

Cómo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre del castillo fue algo que nunca supieron. Era casi mediano che cuando trasladaron la jaula de Norberto por las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Su bieron una escalera, luego otra... Ni siquiera uno de los ata jos de Harry hizo el trabajo más fácil.

¡Ya casi llegamos! —resopló Harry, mientras alcanza ban el pasillo que había bajo la torre más alta. (Todos estaban entusiasmados y expectantes.)

Entonces, un súbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula. Olvidando que eran invisibles, se en cogieron en las sombras, contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres metros de ellos. Una lámpara brilló.

La profesora McGonagall, con una bata de tejido esco cés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

¡Castigo! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

-Soplón de mierda- dijo Ron.

Charlie continuó de acuerdo con su hermano.

¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Va mos, Malfoy!

Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre más alta les pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto.

¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar!

No lo hagas —la previno Harry.

-Es cierto, mami porque tú más que cantar...- empezó Lily P.

-Chillarías- terminó Albus P

La gente río un poco y cuando se calmaron Charlie continuó.

Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndo se en su jaula. Diez minutos más tarde, cuatro escobas ate rrizaron en la oscuridad.

Los amigos de Charlie eran muy simpáticos. Enseñaron a Harry y Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto entre ellos. Todos ayudaron a co locar a Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les dieron las gracias.

Por fin. Norberto se iba... se iba... se había ido.

Bajaron rápidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón, y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad?

-Con tu suerte es mejor no preguntar- dijo Peter un poco cohibido pero ya había hablado con la versión adulta de su sobrino y él lo había perdonado.

Charlie con nervios siguió.

La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad.

Bien, bien, bien —susurró Harry—. Tenemos pro blemas.

Habían dejado la capa invisible en la torre.

-¡CÓMO!- exclamó enojado James al ver que su hijo había abandonado una reliquia de la familia.

Sirius y Remus lo miraron mal, mientras Harry se enfadaba con su padre.

-¡TÚ NO LE GRITES A MI HIJO/SOBRINO/NOVIO/NIETO/PAPÁ/AMIGO!- exclamaron enojadas Lily, Caro, Hermione, Elizabeth, Lily P y Ron.

-Fin del capítulo- informó Charlie para apaciguar las aguas dado que James se había encogido de miedo.

-Ahora lea alguien del pasado- pidió Harry P.

-¿Quién se ofrece?- preguntó Hermione P. mientras veía que su hijo calmaba a su hija.

-Tú, hijo- propuso una señora.