Frank miró extrañado a su madre. Luego sin decir nada pero sin cambiar el semblante fue a buscar el libro, volvió a su lugar y luego se dispuso a leer. Carraspeó su garganta y dijo: Capítulo 23: El bosque prohibido
Las cosas no podían haber salido peor.
Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso, donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione temblaba. (-Pobre mi mamá- murmuró Albus P.) Excusas, disculpas y locas his torias cruzaban la mente de Harry, cada una más débil que la otra. No podía imaginar cómo se iban a librar del problema aquella vez. Estaban atrapados. ¿Cómo podían haber sido tan estúpidos para olvidar la capa? (-Es cierto- murmuró James todavía enojado.) No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre más alta de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si añadía a todo eso Norberto y la capa invisi ble, ya podían empezar a hacer las maletas.
-Sí que están en problemas- dijo Charlus preocupado.
-Pero si los expulsaba podrían ir a otro colegio, dado que ellos no habían realizado ninguno de los actos que ameritan una expulsión- dijo Scorp.
-Es cierto- apoyó Rose.
-Y no tendría que recibir miradas de odio o admiración- siguió Lily P.
-Deberíamos haber pedido pase- dijo Hermione que no sabía nada de ese tema.
-Tenés razón. Así tal vez no blasfemaban sobre nosotros ninguna persona- terminó Harry recordando el año pasado.
Frank siguió con los ojos entrecerrados.
¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Es taba equivocado. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.
—¡Harry! —estalló Neville en cuanto los vio—. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...
-5 puntos para Gryffindor por su lealtad- dijo Helga.
-Bien hecho hijo/papá- murmuraron Alice y Frank y sus nietos dejando a Neville muy sonrojado por los halagos.
Frank siguió luego de que su hijo le sonriera.
Harry negó violentamente con la cabeza, para que Nevi lle no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio. Lo miró como si echara fuego igual que Norberto y se irguió, amenazadora, sobre los tres.
—Nunca lo habría creído de ninguno de vosotros. El se ñor Filch dice que estabais en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una explicación.
Ésa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de un profesor. Miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.
—Creo que tengo idea de lo que sucedió —dijo la profeso ra McGonagall (-No lo creo- dijo Charlus a su esposa conociendo a la docente.) —. No hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos.
-¡Qué!- exclamó Dorea sabiendo por donde iba.
-Profesora. Le parece a usted actuar igual que Snape- dijo Caro con decepción.
-¿Cómo?- preguntó McGonagall un poco enfadada por ser comparada con Snape.
-Sí, lo que escucha, está intentando ver en Harry a su padre. Un chico de buen corazón pero malcriado y con buena infancia- replicó Caro.
Frank asintió de acuerdo con la chica y continuó mientras Minerva se sentía fatal y se metió en sus pensamientos.
Te he atrapa do. Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom
-Profesora McGonagall creí que era justa- dijo Sirius.
-Sirius. Ella generalmente lo es- dijo Harry P.
Frank continuó antes que Charlus hechizara a la profe.
oyera la historia y también la creyera, ¿no?
Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido. (-No pasa nada- murmuró Neville.) Pobre mete-patas Neville, Harry sabía lo que debía de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos.
-Y eso que le tenía miedo a la oscuridad- dijo él orgulloso por primera vez de él.
-Eso es valentía, Tío Neville- dijo Scorp con una sonrisa a ambos Neville.
-Eso es papi- dijo Alice L.
Frank hinchó el pecho de orgullo y continuó.
—Estoy disgustada —dijo la profesora McGonagall—. Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así! Tu, Hermione Granger, pensé que tenías más sentido común. Y tú, Harry Potter... Creía que Gryffindor significaba más para ti.
-¿Se da cuenta que habla con niños de 11 y 12 años, no?- preguntó Caro enfadada mientras Lily murmuraba cosas por lo bajo.
-Con que eso se repita, lo saco de esta escuela, McGonagall- dijo Sirius enfadado y los padres de Hermione asintieron de acuerdo.
Frank continuó leyendo.
Los tres sufriréis castigos... Sí, tú también, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, en especial en estos días: es muy peligroso y se os descontarán cincuenta puntos de Gryffindor.
-A Malfoy le sacó sólo 20 puntos- dijo Albus P.
-Es que…- empezó ella.
-No diga nada. Harry no es James, si estaba afuera de la torre era por algo- dijeron Sirius y Remus furiosos.
-Preferencia inherente por los sangre pura- dijo Hugo E.
-Y luego dicen que son abiertos- terminó Frank antes de seguir.
—¿Cincuenta? —resopló Harry. Iban a perder el pri mer puesto, lo que había ganado en el último partido de quidditch.
—Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGo nagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.
-Si nuestros cálculos son correctos perdieron ese día 150 puntos…- empezó Godric.
-Cuando por norma deberían haber perdido 60 puntos como máximo…- siguió Salazar.
-O sea que la resta dice… - continuó Helga.
-que 90 puntos para Gryffindor- terminó Ravenclaw.
Los de Gryffindor aplaudieron y Frank siguió cuando dejaron de hacerlo.
—Profesora... por favor...
—Usted, usted no...
—No me digas lo que puedo o no puedo hacer; Harry Pot ter. Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.
Ciento cincuenta puntos perdidos. Eso situaba a Gryffin dor en el último lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry sentía como si le retorcieran el estómago. ¿Cómo podrían arreglarlo?
Harry no durmió aquella noche. Podía oír el llanto de Neville, que duró horas. No se le ocurría nada que decir para consolarlo. (-Normal- murmuraron Lily y Caro enfadadas.) Sabía que Neville, como él mismo, tenía miedo de que amaneciera. ¿Qué sucedería cuando el resto de los de Gryffindor descubrieran lo que ellos habían hecho?
Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena, que informaba de la puntuación de la casa, pensaron que había un error. ¿Cómo iban a tener; súbi tamente, ciento cincuenta puntos menos que el día anterior? Y luego, se propagó la historia. Harry Potter; el famoso Harry Potter, el héroe de dos partidos de quidditch, les había hecho perder todos esos puntos, él y otros dos estúpidos de primer año.
De ser una de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry súbitamente era el más detestado. Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff le giraban la cara,
-¿Y por qué no intentan ganar ustedes?- preguntó Caro enojada.
Nadie respondió nada aunque muchos adultos le daban la razón y Frank continuó.
porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la copa. Por donde quiera que Harry pasara, lo señalaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlo. Los de Slytherin, por su parte, lo aplaudían y lo vitoreaban, diciendo: «¡Gracias, Potter; te debemos una!».
Sólo Ron lo apoyaba.
—Se olvidarán en unas semanas. Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que están aquí y la gente los sigue apreciando.
—Pero nunca perdieron ciento cincuenta puntos de una vez, ¿verdad? —dijo Harry tristemente.
—Bueno... no —admitió Ron.
Era un poco tarde para reparar los daños, pero Harry se juró que, de ahí en adelante, no se metería en cosas que no eran asunto suyo. Todo había sido por andar averiguando y es piando. Se sentía tan avergonzado que fue a ver a Wood y le ofreció su renuncia.
—¿Renunciar? —exclamó Wood—. ¿Qué ganaríamos con eso? ¿Cómo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al quidditch?
Pero hasta el quidditch había perdido su atractivo. El resto del equipo no le hablaba durante el entrenamiento, y si tenían que hablar de él lo llamaban «el buscador».
-Debería haber renunciado de todos modos- dijo Harry.
Oliver puso por este comentario cara de espanto y lo abrazó diciendo:
-Es mío.
Frank continuó luego de que Oliver soltara a Harry
Hermione y Neville también sufrían. No pasaban tan tos malos ratos como Harry porque no eran tan conocidos, pero nadie les hablaba. Hermione había dejado de llamar la atención en clase, y se quedaba con la cabeza baja, trabajan do en silencio.
-¿Y cómo iban a ganar puntos?- preguntó confuso Godric.
-La insultaban si lo hacía…- empezó explicando Harry.
-Y la profesora McGonagall nos mandaba más deberes- terminó Ron.
-Y decía que era para que nos cansáramos así no salíamos tarde de la torre- aportó Dean que había escuchado a la profesora murmurar el motivo de tantos deberes.
Caro simplemente anotó algo. Sirius miró mal a McGonagall y Remus dijo furioso:
-Deja de ser oficialmente mi profesora favorita.
Frank continúo pero estaba todavía enojado con la profesora.
Harry casi estaba contento de que se aproximaran los exámenes. Las lecciones que tenía que repasar alejaban sus desgracias de su mente. Él, Ron y Hermione se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche, tratando de recordar los ingredientes de complicadas pociones, apren diendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los gnomos.
Y entonces, una semana antes de que empezaran los exámenes, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le concerniera sufrieron una prueba inespe rada. Una tarde que salía solo de la biblioteca oyó que alguien gemía en un aula que estaba delante de él. Mientras se acercaba, oyó la voz de Quirrell.
—No... no... otra vez no, por favor...
Parecía que alguien lo estaba amenazando. Harry se acerco.
—Muy bien... muy bien. —Oyó que Quirrell sollozaba.
Al segundo siguiente, Quirrell salió apresuradamente del aula, enderezándose el turbante. Estaba pálido y parecía a punto de llorar. Desapareció de su vista y Harry pensó que ni siquiera lo había visto. Esperó hasta que dejaron de oírse los pasos de Quirrell y entonces inspeccionó el aula. Parecía vacía, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta. Harry estaba a mitad de camino, cuando recordó que se ha bía prometido no meterse en lo que no le correspondía.
Al mismo tiempo, habría apostado doce Piedras Filoso fales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Harry había escuchado, Snape debería estar de mejor humor... Quirrell parecía haberse rendido finalmente. (Ese tipo es muy sospechoso pensaron Alastor, Kingsley, Lily, los merodeadores y Caro.)
Harry regresó a la biblioteca, en donde Hermione esta ba repasándole Astronomía a Ron. Harry les contó lo que había oído.
—¡Entonces Snape lo hizo! —dijo Ron—. Si Quirrell le dijo cómo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras...
—Pero todavía queda Fluffy —dijo Hermione.
—Tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin pre guntarle a Hagrid —dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban—. Seguro que por aquí hay un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas. ¿Qué va mos a hacer, Harry?
La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron, pero Hermione respondió antes de que Harry lo hiciera.
—Ir a ver a Dumbledore. Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con segu ridad vamos a perder.
—¡Pero no tenemos pruebas! —exclamó Harry—. Qui rrell está demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape sólo tiene que decir que no sabía cómo entró el trol en Ha lloween y que él no estaba cerca del tercer piso en ese mo mento. ¿A quién pensáis que van a creer, a él o a nosotros?
-No lo conocía director- se disculpó Harry frente a la mirada herida del anciano.
-No pasa nada, señor Potter. Sin embargo saben que confían en mí si tienen algún problema.
Frank continuó.
No es exactamente un secreto que lo detestamos. Dumble dore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen. Filch no nos ayudaría aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape y, mientras más alumnos pueda echar, mejor para él. Y no olvidéis que se supone que no sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy. Serían muchas ex plicaciones.
Hermione pareció convencida, pero Ron no.
—Si investigamos sólo un poco...
—No —dijo Harry en tono terminante—: ya hemos in vestigado demasiado. (Me da miedo ese tono pensaron Draco M, Ron, Ron W y Lily L.)
Acercó un mapa de Júpiter a su mesa y comenzó a apren der los nombres de sus lunas.
A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry, Hermio ne y Neville, en la mesa del desayuno. Eran todas iguales.
Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche.
El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.
Prof M. McGonagall
En medio del furor que sentía por los puntos perdidos, Harry había olvidado que todavía les quedaban los castigos. De alguna manera esperaba que Hermione se quejara por te ner que perder una noche de estudio, pero la muchacha no dijo una palabra. Como Harry, sentía que se merecían lo que les tocara.
-No se lo merecían- empezó Scorp con rabia.
-Según las normas del colegio, si un profesor ve a un alumno fuera de la sala común de la casa a la que pertenece a deshora o le quita puntos o lo castiga pero no las dos cosas a la vez- siguió Albus P con voz calmada que decía que se acercaba peligro.
-Y en caso de no ser así- siguió Rose calmando a Albus P masajeándole la espalda.
-Ustedes estaban allí por ayudar a un amigo, por lo tanto no se lo merecían en absoluto- aportó Lily L.
-Y si los adultos como usted o el profesor se hubiera dado cuanta del Dragón- siguió Alice L.
-NADA DE LO QUE VIENE AHORA HUBIERA PASADO- exclamó Frank L. furioso.
Cuando se calmaron un poco, Frank siguió leyendo mientras Albus D, Filius, Minerva, Severus y Pomona pensaban estos chicos tienen la razón.
A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville. Filch ya estaba allí y también Malfoy. Harry también había olvidado que a Malfoy lo habían condenado a un castigo.
—Seguidme —dijo Filch, encendiendo un farol y condu ciéndolos hacia fuera—. Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad? —dijo, mi rándolos con aire burlón—. Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión... es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo, unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan... Bien, allá vamos, y no penséis en escapar, porque será peor para vosotros si lo hacéis.
-No se meta con los niños, estúpido- dijeron Hugo E y Hugo G.
-¿Por qué no lo despiden?- preguntó Elizabeth furiosa.
-Porque son idiotas- dijeron Lily y Lily P.
Frank asintió de acuerdo y continuó.
Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenzó a respirar con dificultad. Harry se preguntó cuál sería el cas tigo que les esperaba. Debía de ser algo verdaderamente ho rrible, o Filch no estaría tan contento.
La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándo los en la oscuridad. Delante, Harry pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano.
—¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.
El corazón de Harry se animó: si iban a estar con Hagrid, no podía ser tan malo. Su alivio debió aparecer en su cara, porque Filch dijo:
—Supongo que crees que vas a divertirte con ese papa natas, ¿no? Bueno, piénsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde iréis
-Estás loco Dumbledore- dijo Lily asesinando con la mirada al director.
-¡Cómo que al bosque!- dijo Charlus con miedo.
-Ya van dos profesores- dijo Sirius.
Frank miró a su hijo que estaba a salvo y continuó sin antes olvidar mirar mal a los docentes.
y mucho me habré equivocado si volvéis todos enteros.
Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.
—¿El bosque? —repitió, y no parecía tan indiferente como de costumbre—. Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.
-Los hombrelobos son personas generalmente, Malfoy- dijo Harry enojado.
-Tú eres peor que ellos- dijo Hermione enfadada.
Frank continuó antes de que lo mataran mientras James miraba a su hijo con un poco de miedo.
Neville se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado.
—Eso es problema vuestro, ¿no? —dijo Filch, con voz ra diante—. Tendríais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos.
Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talo nes. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.
—Menos mal —dijo—. Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien, Harry, Hermione?
—Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid —dijo con frialdad Filch—. Después de todo, están aquí por un castigo.
—Por eso llegáis tarde, ¿no? —dijo Hagrid, mirando con rostro ceñudo a Filch—. ¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora, me hago cargo yo.
—Volveré al amanecer —dijo Filch— para recoger lo que quede de ellos —añadió con malignidad. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad. (-Está despedido- dijo Godric.)
Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid.
—No iré a ese bosque —dijo, y Harry tuvo el gusto de no tar miedo en su voz.
—Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad—. Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar.
—Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él... (Niño de papi sin neuronas, desleal y tramposo pensó Theo que no se llevaba bien con Malfoy y sus testículos.)
—Te dirá que es así como se hace en Hogwarts —gruñó Hagrid—. ¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Ha réis algo que sea útil, o si no os iréis. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!
Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada.
—Bien, entonces —dijo Hagrid—. Escuchad con cuida do, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue. Seguidme por aquí, un mo mento.
Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desapa recía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les le vantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.
—Mirad allí —dijo Hagrid—. ¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segun da vez en una semana. Encontré uno muerto el último miér coles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.
-¿Cómo qué unicornios heridos?- preguntó Helga con voz llorosa.
-Sí, dos- dijo Harry también triste.
-Y ¿Lo sabían?- dijo Godric mientras trataba de calmar a la distancia a Helga.
-Sí pero lamentablemente nadie debe haber investigado nada como todo acá- dijo Sirius con voz de acostumbrado.
-Éste debe ser sin duda el peor país del mundo mágico, ganan los puristas y los adinerados y pierde la gente decente- dijo Harry haciendo reflexionar a muchos.
Frank miró asombrado al muchacho y luego continuó.
—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuen tra a nosotros primero? —dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.
—No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang —dijo Hagrid—. Y seguid el sen dero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lu gar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.
—Yo quiero ir con Fang — dijo rápidamente Malfoy, (-Mala idea- murmuraron Rose, Albus P. y Scorp que ya conocían al perro.) mi rando los largos colmillos del perro.
—Muy bien, pero te informo de que es un cobarde —dijo Hagrid—. Entonces yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y Fang, (
-No creo que sea una buena división- aportó Alastor pensaivo.
-Es cierto, si bien Neville es buena persona, Malfoy es un idiota y seguro hace algo- aportó Caro.
-Con que eso pase, estarás castigado hijo, ¿entiendes?- dijo Narcissa mientras pateaba a su marido.
-Si, mamá- dijo Draco con la cabeza baja mientras su padre se masajeaba la pierna que era donde Narcissa le había golpeado.
Frank, luego de eso siguió.
por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos to dos... así que tened cuidado... en marcha.
El bosque estaba oscuro y silencioso. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba. Harry, Hermione y Hagrid fueron hacia la izquierda y Malfoy, Neville y Fang se dirigieron a la derecha.
Anduvieron en silencio, con la vista clavada en el suelo. De vez en cuando, un rayo de luna a través de las ramas ilu minaba una mancha de sangre azul plateada entre las hojas caídas.
Harry vio que Hagrid parecía muy preocupado.
—¿Podría ser un hombre lobo el que mata los unicor nios? —preguntó Harry. (-No- dijeron muchos que sabían que esos animales eran demasiado rápidos.)
—No son bastante rápidos —dijo Hagrid—. No es tan fá cil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mági cas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno.
Pasaron por un tocón con musgo. Harry podía oír el agua que corría: debía de haber un arroyo cerca. Todavía había manchas de sangre de unicornio en el serpenteante sendero.
—¿Estás bien, Hermione? —susurró Hagrid—. No te preocupes, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos... ¡PONEOS DETRÁS DE ESE ÁRBOL! (-Chicos- murmuraron preocupados muchos entre ellos Remus y Sirius)
Hagrid cogió a Harry y Hermione y los arrastró fuera del sendero, detrás de un grueso roble. Sacó una flecha, la puso en su ballesta y la levantó, lista para disparar. Los tres escu charon. Alguien se deslizaba sobre las hojas secas. Parecía como una capa que se arrastrara por el suelo. (Lo era pensaron abrazados Harry y Hermione.) Hagrid miraba hacia el sendero oscuro pero, después de unos pocos segun dos, el sonido se alejó.
—Lo sabía —murmuró—. Aquí hay alguien que no debe ría estar.
—¿Un hombre lobo? —sugirió Harry.
—Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio —dijo Hagrid con gesto sombrío—. Bien, seguidme, pero te ned cuidado.
Anduvieron más lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco más adelante, algo se movió visiblemente.
—¿Quién está ahí? —gritó Hagrid—. ¡Déjese ver... estoy armado!
Y apareció en el claro... ¿era un hombre o un caballo? De la cintura para arriba, un hombre, con pelo y barba rojizos, pero por debajo, el cuerpo de pelaje zaino de un caballo, con una cola larga y rojiza. Harry y Hermione se quedaron bo quiabiertos.
—Oh, eres tú, Ronan —dijo aliviado Hagrid—. ¿Cómo estás?
Se acercó y estrechó la mano del centauro.
—Que tengas buenas noches, Hagrid —dijo Ronan. Te nía una voz profunda y acongojada—. ¿Ibas a dispararme? (-No iba a saludarte con la ballesta- ironizó Hagrid, lo que lo escucharon sonrieron.)
—Nunca se es demasiado cuidadoso —dijo Hagrid, to cando su ballesta—. Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Harry Potter y ella es Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Y él es Ronan. Es un centauro.
—Nos hemos dado cuenta —dijo débilmente Hermione.
—Buenas noches —los saludó Ronan—. ¿Estudiantes, no? ¿Y aprendéis mucho en el colegio?
—Eh...
—Un poquito —dijo con timidez Hermione.
—Un poquito. Bueno, eso es algo. —Ronan suspiró. Tor ció la cabeza y miró hacia el cielo—. Esta noche, Marte está brillante.
-Quiere decir que se avecina una guerra- dijo Harry que se acordó de ciertas clases de la primaria aunque ese día no se había dado cuenta.
-¿Cómo lo sabes?- preguntaron Sirius, Remus y Ravenclaw.
-Porque Marte es el nombre romano del Dios de la guerra, Ares para los griegos- contestó Harry.
Frank con un poco de miedo por esto continuó.
—Ajá —dijo Hagrid, lanzándole una mirada—. Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un uni cornio herido. ¿Has visto algo?
Ronan no respondió de inmediato. Se quedó con la mira da clavada en el cielo, sin pestañear, y suspiró otra vez.
—Siempre los inocentes son las primeras víctimas —dijo—. Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora. (-Tienen razón- murmuraron Harry P. y Luna W. recordando a Cedric.)
—Sí —dijo Hagrid—. Pero ¿has visto algo, Ronan? ¿Algo desacostumbrado?
—Marte brilla mucho esta noche —repitió Ronan, mien tras Hagrid lo miraba con impaciencia—. Está inusualmente brillante.
—Sí, claro, pero yo me refería a algo inusual que esté un poco más cerca de nosotros —dijo Hagrid—. Entonces ¿no has visto nada extraño?
Otra vez, Ronan se tomó su tiempo para contestar. Has ta que, finalmente, dijo:
—El bosque esconde muchos secretos.
Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un se gundo centauro, de cabello y cuerpo negro y con aspecto más salvaje que Ronan.
—Hola, Bane —saludó Hagrid—. ¿Qué tal?
—Buenas noches, Hagrid, espero que estés bien.
—Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente. Han herido a un uni cornio. ¿Sabes algo sobre eso?
Bane se acercó a Ronan. Miró hacia el cielo.
—Esta noche Marte brilla mucho —dijo simplemente.
—Eso dicen —dijo Hagrid de malhumor—. Bueno, si al guno ve algo, me avisáis, ¿de acuerdo? Bueno, nosotros nos vamos.
Harry y Hermione lo siguieron, saliendo del claro y mi rando por encima del hombro a Ronan y Bane, hasta que los árboles los taparon.
—Nunca —dijo irritado Hagrid— tratéis de obtener una respuesta directa de un centauro. Son unos malditos astrólo gos. No se interesan por nada más cercano que la luna.
—¿Y hay muchos de ellos aquí? —preguntó Hermione.
—Oh, unos pocos más... Se mantienen apartados la ma yor parte del tiempo, pero siempre aparecen si quiero hablar con ellos. Los centauros tienen una mente profunda... saben cosas... pero no dicen mucho.
—¿Crees que era un centauro el que oímos antes? —dijo Harry.
—¿Te pareció que era ruido de cascos? No, en mi opinión, eso era lo que está matando a los unicornios... Nunca he oído algo así.
Pasaron a través de los árboles oscuros y tupidos. Harry seguía mirando por encima de su hombro, con nerviosismo. Tenía la desagradable sensación de que los vigilaban. Estaba muy contento de que Hagrid y su ballesta fueran con ellos. Acababan de pasar una curva en el sendero cuando Hermio ne se aferró al brazo de Hagrid.
—¡Hagrid! ¡Mira! ¡Chispas rojas, los otros tienen pro blemas!
—¡Vosotros esperad aquí! —gritó Hagrid—. ¡Quedaos en el sendero, volveré a buscaros!
Lo oyeron alejarse y se miraron uno al otro, muy asusta dos, hasta que ya no oyeron más que las hojas que se movían alrededor.
—¿Crees que les habrá pasado algo? —susurró Hermione.
—No me importará si le ha pasado algo a Malfoy, pero si le sucede algo a Neville... está aquí por nuestra culpa.
-Eso no es cierto padrino- dijo Rose.
-Es verdad. Él estaba allí por su culpa en cierto modo- aportó Scorp.
-Y también por culpa de McGonagall- dijeron Albus P. y Frank L.
Frank continuó luego de que Harry asintiera estando de acuerdo mientras los adultos pensaban que los malditos Dursley habían dejado una profunda huella en Harry al creer que todo era culpa de él.
Los minutos pasaban lentamente. Les parecía que sus oídos eran más agudos que nunca. Harry detectaba cada rá faga de viento, cada ramita que se rompía. ¿Qué estaba suce diendo? ¿Dónde estaban los otros?
Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunció el regreso de Hagrid. Malfoy, Neville y Fang estaban con él. Ha grid estaba furioso. Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas. (- 5 puntos menos para Slytherin- dijo Salazar. -Castigado mi pequeño Dragoncito- murmuró Narcissa por lo bajo a su hijo que sólo asintió)
—Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que habéis hecho. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Neville, tú te quedas conmigo y Her mione. Harry, tú vas con Fang y este idiota. Lo siento —aña dió en un susurro dirigiéndose a Harry— pero a él le va a costar mucho asustarte y tenemos que terminar con esto.
-Y en caso de que lo intentara lo habría hechizado- dijo Harry con una mirada que atemorizaba un poco.
Frank se estremeció recordando a Lily y su carácter y luego continuó.
Así que Harry se internó en el corazón del bosque, con Malfoy y Fang. Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy grue sos. Harry pensó que la sangre también parecía más espesa.
Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor. Harry pudo ver un claro, más adelante, a través de las enmarañadas ramas de un viejo roble.
—Mira... —murmuró, levantando un brazo para detener a Malfoy
Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acer caron más.
-Cuidado hijo- dijo Narcissa mientras apretaba el brazo de Lucius que poco a poco iba perdiendo la sensibilidad del mismo.
-Estoy bien mamá- dijo Draco para tranquilizarla provocando que su madre soltara el brazo de su padre.
Frank continuó para que pudieran cenar porque muchos incluso él ya tenían hambre.
Sí, era el unicornio y estaba muerto. Harry nunca había visto nada tan hermoso y tan triste. Sus largas patas delga das estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.
Se decidió hacer un minuto de silencio por la muerte del animal. Lily P. lloraba siendo consolada por su padre. Cuando terminó el minuto, se calmaron los que habían llorado y Frank continuó.
Harry había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Harry, Malfoy y Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.
-Ese hijo de puta- dijo encolerizada Caro.
-¿Quién es?- preguntó furioso y asustado Sirius.
-Es Voldemort- dijo Caro y agregó ante las miradas atemorizadas de todos- Frank continúa por favor.
Él lo hizo.
—¡AAAAAAAAAAAAAH!
Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang. La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él... Harry estaba paralizado de miedo.
Entonces, un dolor le perforó la cabeza, algo que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose. Casi sin poder ver, retrocedió. Oyó cascos galopando a sus es paldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura. (-Bien hecho- murmuró Hermione abrazada a Harry.)
El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cayó de rodi llas. Pasaron unos minutos antes de que se calmara. Cuando levantó la vista, la figura se había ido. Un centauro estaba ante él. No era ni Ronan ni Bane: éste parecía más joven, te nía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.
—¿Estás bien? —dijo el centauro, ayudándolo a ponerse de pie.
—Sí... gracias... ¿qué ha sido eso?
El centauro no contestó. Tenía ojos asombrosamente azules, como pálidos zafiros. Observó a Harry con cuidado, fi jando la mirada en la cicatriz que se veía amoratada en la frente de Harry.
—Tú eres el chico Potter —dijo—. Es mejor que regreses con Hagrid. El bosque no es seguro en esta época en especial para ti. ¿Puedes cabalgar? Así será más rápido...
-¿Te dejó cabalgar?- preguntó Godric asombrado.
-Sí, ¿Por qué?- dijo cuestionando Harry.
-Eres tú- contestaron con una sonrisa los fundadores.
-Yo soy, ¿Qué?- preguntó Harry que no entendía nada.
-Ya te lo diré- contestó Godric con tono misterioso y alegre.
Frank que tampoco entendió nada siguió.
Mi nombre es Firenze —añadió, mientras bajaba sus patas de lanteras, para que Harry pudiera montar en su lomo.
Del otro lado del claro llegó un súbito ruido de cascos al galope. Ronan y Bane aparecieron velozmente entre los ár boles, resoplando y con los flancos sudados.
—¡Firenze! —rugió Bane—. ¿Qué estás haciendo? Tie nes un humano sobre el lomo! ¿No te da vergüenza? ¿Es que eres una mula ordinaria?
—¿Te das cuenta de quién es? —dijo Firenze—. Es el chi co Potter. Mientras más rápido se vaya del bosque, mejor.
—¿Qué le has estado diciendo? —gruñó Bane—. Recuer da, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá?
Ronan dio una patada en el suelo con nerviosismo.
—Estoy seguro de que Firenze pensó que estaba obran do lo mejor posible —dijo, con voz sombría.
También Bane dio una patada, enfadado.
—¡Lo mejor posible! ¿Qué tiene eso que ver con nosotros? ¡Los centauros debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando huma nos extraviados en nuestro bosque!
De pronto, Firenze levantó las patas con furia y Harry tuvo que aferrarse para no caer.
—¿No has visto ese unicornio? —preguntó Firenze a Bane—. ¿No comprendes por qué lo mataron? ¿O los plane tas no te han dejado saber ese secreto? Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo. (-Bien dicho- murmuraron Albus P, Scorp, Rose con cara de enojados porque los tres le tenían aprecio a Harry.)
Y Firenze partió rápidamente, con Harry sujetándose lo mejor que podía, y dejó atrás a Ronan y Bane, que se interna ron entre los árboles.
Harry no entendía lo sucedido.
—¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó—. Y a pro pósito, ¿qué era esa cosa de la que me salvaste?
Firenze redujo el paso y previno a Harry que tuviera la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tan to tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a hablar le. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.
—Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?
—No —dijo Harry, asombrado por la extraña pregun ta—. En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuer nos y el pelo de la cola de unicornio.
-Ahora sé que tiene varios usos cómo por ejemplo es un ingrediente especial para mejorar la poción matalobos- dijo Harry.
-¿Cómo sabes eso?- preguntó Rowena sorprendida.
-Lo decía en el libro de primero que consulté para el examen de defensa- contestó el moreno.
-5 puntos para Gryffindor- dijo Rowena.
Frank continuó mientras Lily felicitaba a su hijo por esos puntos con una sonrisa.
—Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso —dijo Firenze—. Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La san gre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al bor de de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios.
Harry clavó la mirada en la nuca de Firenze, que parecía de plata a la luz de la luna.
—Pero ¿quién estaría tan desesperado? —se preguntó en voz alta—. Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no? (Buenos valores pensaron los fundadores, los del pasado y Albus D sonrientes.)
—Es así —dijo Firenze— a menos que lo único que nece sites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes qué está escondido en el colegio en este preciso momento?
—¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién...
—¿No puedes pensar en nadie que haya esperado mu chos años para regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad?
Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de Harry. Por encima del ruido del follaje, le pare ció oír una vez más lo que Hagrid le había dicho la noche en que se conocieron: «Algunos dicen que murió. En mi opinión, son tonterías. No creo que le quede lo suficiente de humano como para morir».
—¿Quieres decir —dijo con voz ronca Harry— que era Vol...?
-Tenías razón Caro- dijo Lily angustiada.
-Sí- afirmó Caro aunque prefería haberse equivocado esta vez.
Frank miró a todos que tenían la misma mirada de miedo que él y siguió.
—¡Harry! Harry, ¿estás bien?
Hermione corría hacia ellos por el sendero, con Hagrid resoplando detrás.
—Estoy bien —dijo Harry, casi sin saber lo que con testaba—. El unicornio está muerto, Hagrid, está en ese cla ro de atrás.
-Encima se acordó del unicornio- dijo Astoria MG.
-Harry es así- murmuraron ambas Hermione.
Los aludidos se sonrojaron y Frank siguió.
—Aquí es donde te dejo —murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a examinar al unicornio—. Ya estás a salvo.
Harry se deslizó de su lomo.
—Buena suerte, Harry Potter —dijo Firenze—. Los pla netas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por cen tauros. Espero que ésta sea una de esas veces.
Se volvió y se internó en lo más profundo del bosque, de jando a Harry temblando.
Ron se había quedado dormido en la oscuridad de la sala co mún, esperando a que volvieran. Cuando Harry lo sacudió para despertarlo, gritó algo sobre una falta en quidditch. Sin embargo, en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras Harry les contaba, a él y a Hermione, lo que había sucedido en el bosque.
Harry no podía sentarse. Se paseaba de un lado al otro, ante la chimenea. Todavía temblaba.
—Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort está esperando en el bosque... ¡Y todo el tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico! (-Lo siento profesor- dijo Harry mirando a Snape y modulando estás palabras. El docente asintió.)
—¡Deja de decir el nombre! —dijo Ron, en un aterroriza do susurro, como si pensara que Voldemort pudiera oírlos.
Harry no lo escuchó.
—Firenze me salvó, pero no debía haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me ma tara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.
—¿Quieres dejar de repetir el nombre? —dijo Ron.
-¿Cuál?- preguntó pícaro Fred.
-Firenze- propuso George.
-Snape- propuso Fabian.
-O voldemort- finalizó Gideon.
Ron les mostró su lengua y Frank entre risas siguió con la lectura.
—Así que lo único que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra —continuó febrilmente Harry—.. En tonces Voldemort podrá venir y terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estará contento.
Hermione parecía muy asustada, pero tuvo una palabra de consuelo.
—Harry, todos dicen que Dumbledore es al único al que Quien-tú-sabes siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, Quien-tú-sabes no te tocará. De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos y la profesora McGonagall dice que ésa es una rama de la magia muy inexacta.
-Es muy subjetiva- dijo Albus P.
-Hay más interpretación propia que otra cosa- agregó Scorp y Frank siguió.
El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar. Se fueron a la cama agotados, con las gargantas secas. Pero las sorpresas de aquella noche no habían terminado.
Cuando Harry abrió la cama encontró su capa invisible, cuidadosamente doblada. Tenía sujeta una nota:
Por las dudas.
-Fin del capítulo- dijo Frank.
-Ahora vamos a cenar y luego a dormir- informó Harry P.
-Ok-dijo el director y agregó para la alegría de muchos - A cenar.
