Hey aquí Powerdark.

¿Estan listos para el capitulo siguiente? ¡Pues aqui esta!

Espero que lo disfruten mucho. Un saludo y un beso.


Todo el auditorio se llenó de escándalo. Kori tomo el documento y procedió a leerlo.

—Pero esto… esto es imposible; le entregaríamos todo, ¿Cómo pretende que podamos hacer esto?

—Este documento pide que entreguen la mitad de sus tierras y que cada hombre y mujer, a partir de los dieciocho años, acceda a la retención del químico negro en su cuerpo. En caso de rehusarse, se le considerara un rebelde y por lo tanto; un traidor.

Los capitanes que estaban al lado de Mojo pusieron dos portafolios en la mesa y los abrieron al mismo tiempo. Uno de esos portafolios traía una bomba, la otra maleta tenía jeringas y químico negro en frascos.

—Si se niegan, todos en este lugar morirán.


—Y una vez más todo está bajo control, no gracias a Him —dijo una de esas voces burlándose de Him, el cual miraba una de tantas pantallas en las que había revueltas y protestas contra sus nuevas demandas.

—Sólo son unos contratiempos menores.

Las tres sombras que estaban detrás del hombre parecían estar riendo por lo anteriormente dicho.

—Te advertimos sobre esto —habló la segunda sombra, con tono de reproche.
Him puso los ojos en blanco tratando de apaciguar lo que sus compañeras le decían.

—Supongo que no tengo opción… —dijo mirando como su base en el país del tratado de paz estaba siendo atacado por un montón de alborotadores. Fue hasta uno de los comandos y consiguió comunicarse con dicho lugar—. Les habla Him. Esta es una orden directa: Evacuen al arma, es prioridad… —hubo unos momentos de silencio en los que el interlocutor suplicaba que mandaran ayuda–. Eso es imposible, he enviado a mis tropas al tratado de paz. Están solos. Pero si el arma no está a salvo entonces créanme que será mejor que estén muertos antes de que yo me entere.

Corto la comunicación y las voces comenzaron a reír de nuevo.


Cuando Mojo dijo eso, todo aquello se volvió un completo caos, los reporteros explotaron con preguntas y millones de flashes de sus cámaras inundaron la sala; momento que Kori tomó para romper el tratado, tomar el maletín de la bomba y salir corriendo. Fue en cuestión de segundos.

— ¡Atrápenlo! —gritó Mojo señalando al hombre. Kori se dirigía a la puerta principal, donde ya lo esperaban al menos cuatro capitanes de la muerte cerrándole el paso.

Kori al ver aquello corrió hacia otra puerta abriéndose paso entre los testigos. Brick apareció a su lado en un momento comenzando a disparar a los capitanes, los cuales caían, pero momentos después volvían a levantarse, más molestos que antes.

— ¡No disparen! —ordenó Mojo mirando a varios de los suyos apuntarle a Kori–. Podrían activar la bomba, estúpidos.

Los capitanes guardaron las armas reprochan tés y corrieron hacia Kori y Brick, los cuales habían conseguido escabullirse hacia el interior del congreso por los muros.

Varios de los representantes ya habían desaparecido, igual sus guarda espaldas habían actuado y hecho que desaparecieran. Al menos ellos estarían a salvo. Por lo que solo quedaban algunos reporteros que los capitanes no habían conseguido detener y los guarda espaldas de Kori.


Los muros temblaban ante las fuertes revueltas que se habían estado generando desde que Mojo y los demás habían hecho aquella declaración de opresión. El segundo lugar al que las personas se les había ocurrido dirigirse para demostrar su inconformidad fue a la misma base de Him, que estaba a las afueras de la ciudad. No habían tardado en llegar ahí, muchos tenían armas en la ciudad, no era un secreto que muchos de los que solían estar en la resistencia huyeran a países donde se había declarado neutralidad, para vivir en lo que ellos llamaban "paz".

Era más que lógico pensar que sería ahí donde atacarían, el primer lugar naturalmente fue el congreso donde ese repentino golpe de estado estaba dando lugar. Pero era tan curioso todo aquello, parecía tan bien organizado que dudaba mucho que fuera algo tan repentino. O quizás se debía al hecho de que todos eran ex militares.

—Him nos dio órdenes especificas —dijo uno de los científicos mirando aterrado a su alrededor–. Si no evacuamos al arma, Him personalmente nos matara.

Muchos de los científicos temblaban mientras tecleaban tratando de estabilizar el arma para poder trasladarla sin que esta despertara y poder huir lo más rápido posible.

—Es una locura —dijo Tyler sintiendo los temblores.

—No pasaran las defensas —decía Nirvana recargando una de sus armas–, esta base está muy bien capacitada para su seguridad —terminó y miró a Tyler, el cual seguía recargado en la pared—. Tu quédate y asegúrate de que puedan hacer que ella se vaya —señaló al arma dentro del contenedor–. Yo iré a apoyar arriba.

Tyler asintió mirando al arma, aún no podía explicarse lo que había visto la noche anterior, pero ya no parecía importar, tomando en cuenta lo que estaba pasando. Eso era lo de menos.

— ¿Alguna idea de cómo vamos a sacar al arma dentro de esa cosa sin que se despierte? —preguntó Tyler al ver como Nirvana desaparecía tras la puerta.

—El plan es que una vez estabilizada tengamos tiempo de enviarla por una capsula de escape subterránea que la llevara a ella a otro laboratorio donde podremos continuar el trabajo, conectándola de nueva cuenta. Pero mientras este en el líquido con suficiente oxigeno seguirá dormida.

Tyler no estaba muy convencido, pero parecía que todo estaba en orden. Aun así podía sentir el ambiente tensarse a cada segundo, los científicos parecían estar asustados y temblando mientras más tiempo pasaba.


— ¡Ah!, ¡Maldita sea! —gritó Butch al sentir como su brazo había sido abierto por una bala que le pasó rozando, sentía esa zona caliente y como si quemara, salía sangre poco a poco a punto de empapar la manga.

Boomer lo miró preocupado, en cuanto Mojo había dado aquella amenaza tan abrupta los dos guardias de Him que estaban en la planta alta con ellos se habían abalanzado sobre los demás guardias. A veces Boomer olvidaba los veloces y terribles que eran esas cosas, pero si de algo estaba seguro era que nadie era más rápido que él, ni siquiera un estúpido capitán. Se puso de pie nuevamente y comenzó a disparar mientras corría rodeando la protección aproximándose al capitán, el cual al verlo de repente cara a cara pareció sorprenderse, Boomer aprovecho aquello para dispararle un par de veces en el estómago y golpearlo con la misma arma haciendo que chocara contra la protección y cayendo en seco al primer piso.

Snake al mirar aquello dejo de pelear contra uno de los guardias y simplemente saltó sobre él y con un movimiento rápido le quebró el cuello, saltó atravesando el vacío para llegar directamente hasta donde Boomer estaba, cayó justo sobre él y ambos rodaron por el suelo hasta que ella quedo sobre él y saco un cuchillo mientras frenéticamente trataba de apuñalarlo, pero Boomer conseguía mover la cabeza donde el cuchillo iba a incrustársele, haciendo arañones en el suelo a su lado en más de una ocasión, Snake pudo hacerle unos rasguños.

— ¡Ya muérete! —gritó ella y levantó el cuchillo tomándolo con ambas manos, tratando de clavárselo en el pecho esta vez, pero Boomer apenas y pudo detenerla, ya que era muy fuerte.

Snake gritó aplicando más fuerza, pero entonces se escuchó un disparo y Snake salió volando hacia atrás dejando libre a Boomer. El hombre rubio miro hacia atrás incorporándose notando que Butch estaba ahí aún apuntando. Boomer miro hacia donde la mujer estaba tirada en el suelo a pocos metros frente a él.

—Vamos —dijo Butch dándole la mano a su hermano para que se levantara y Boomer la tomo lo más rápido que pudo y comenzaron a correr hacia el interior del edificio para buscar a los otros.

Sabían que los capitanes de la muerte eran más resistentes y veloces, por eso no podían fiarse de que Snake no volviera a atacarlos. Bajaron las escaleras y bloquearon la puerta.

— ¡Corre! —gritó Butch mirando como la puerta se sacudía violentamente una vez que la habían bloqueado.

—De los dos yo soy el más veloz, voy lento por ti —gritó Boomer mirando a Butch mientras ambos corrían.

Butch no pudo evitar verlo mal provocando que ambos chocaran contra otro chico. Los hombres se levantaron y el muchacho parecía asustado al mirarlos. El muchacho tenía unos ojos azules que a Butch le recordaron mucho a los de su hermano.

— ¿Estas bien? —preguntó Boomer ayudándolo a levantarse–. Este lugar no es seguro, será mejor que salgas.

Butch se llevó una mano hacia su auricular para comunicarse.

—Roxy, hay un niño aquí, ¿crees que puedas ayudarme con él? —hubo un segundo de silencio—. De acuerdo, fuera. Las salidas están selladas —informó sacando una arma de su bota.

Boomer miro hacia el suelo por un segundo analizando las opciones y luego volvió a escuchar los golpes de la puerta cercana. Escucharon la puerta hacerse trisas y miraron como de esta salía Snake con el pecho abierto y la sangre negra saliéndole a chorros de la herida.

— ¡Ustedes! —gritó furiosa.

Butch y Boomer se pusieron azules del miedo. Tomaron por los dos brazos al muchacho y comenzaron a correr mientras trataban de no gritar.


Tyler seguía ensimismado en sus pensamientos cuando la tierra de la nada se oscureció, todo pareció ir tan rápido, incluso para él, que seguramente para todos fue solamente un parpadeo. Para cuando se dio cuenta de sus acciones se encontraba debajo de uno de los escritorios. Todo a su alrededor estaba lleno de escombros, humo, sangre y huesos, eso era lo que se podía apreciar por todos lados.

A su alrededor solo escuchaba gritos y el sonido del agua al ser derramada.
Se puso de pie abriéndose paso entre las partes caídas del techo y miro a su alrededor. El lugar donde solían estar la mayoría de los científicos se había caído de golpe aplastándolos junto con su trabajo. La alarma volvía a sonar como cuando despertaba de un sueño y él estaba en la cabina del arma.

— ¡No!, No, no, no, no… —murmuraba uno de los científicos que parecía seguir con vida entre los cimientos. Tyler fue hasta él y con ayuda de otros tres científicos que parecían estar en mejores condiciones, levantaron la piedra y lo sacaron.

El hombre tenía su pierna rota, pero sin duda le había ido mejor que a los demás, de los cuales su cuerpo no parecía siquiera aparecer entre las salpicaduras de sangre y extremidades que sobresalían.

—Estamos muertos —gritó uno de los cuatro científicos que quedaban al ver que las computadoras habían quedado atrapadas también.

— ¡Him va a matarnos! —gritó otro pasándose las manos por la cabeza en clara señal de desesperación.

Tyler miro del otro lado del cristal donde tenían al arma en su cabina de contención, la cual ahora estaba caída, el arma ya no se veía al otro lado, pero podía ver el agua salir de ella. Luego vio a los científicos y tomó una decisión.

—No… —dijo Tyler irguiéndose y cargando al científico con la pierna rota—. No pienso morir así otra vez.

— ¿Qué haces? —preguntó uno de ellos.

—Voy a sacarlos de aquí —respondió corriendo por el pasillo que seguía intacto a pesar de las sacudidas, y así debía ser, puesto que si era la ruta de escape, debía ser la resistente.

Los científicos parecían impresionados de que un capitán se mostrara tan decidido a desobedecer órdenes directas de Him, pero si había una oportunidad de poder salir vivos de aquel sitio, sin duda la aprovecharían.

Cuando llegaron al final del pasillo atravesaron una puerta de metal gruesa, del otro lado de esta había un espacio igual a una parada de trenes, solo que no había un tren esperando, sino algo parecido a un tubo gigante de mensajería.

Dos de los científicos abrieron el tubo y ayudaron a Tyler con el tercer científico. Luego los cuatro se quitaron las batas de laboratorio, dándoselas a Tyler junto con sus identificaciones.

—Estas vías llevan al subterráneo de la ciudad —decía el científico que restaba mientras escribía las coordenadas en la sofisticada máquina de controles.

—Tómenlo y lleven a este hombre a una enfermería para que atiendan sus heridas, luego de eso, confúndanse entre la multitud. Tendrán que asegurarse de que Him no los rastree —les decía Tyler ayudando al hombre con las coordenadas y una vez terminado, se dirigía a la palanca para activarlo.

— ¿Tú no vienés? —Tyler negó con la cabeza mostrando las batas e identificaciones.

—Tendré que hacer que parezca que ustedes también murieron. Además, el arma está destruida Him no puede herirme, pero a ustedes sí. Es lo mejor…

—Suerte muchacho... —dijeron los cuatro para después cerrar la capsula.

Tyler jalo la palanca y la capsula salió disparada por las vías perdiéndose de vista, aún quedaba otra capsula, pero dudaba mucho que la necesitara. Sabiendo que no contaba con mucho tiempo antes de que los rebeldes entraran y dieran con él, corrió hacia el cuarto donde estaban los científicos y dejo las batas junto con las identificaciones regadas y manchadas de sangre, así Him no sospecharía si tenía que hacerle preguntas.

Miró a su alrededor y no pudo evitar sentir pena por las personas que murieron así. Y aún más pena por todas esas que iban a morir y ni siquiera lo sabían. Pensó en Him y en lo mucho que hubiera deseado seguir muerto a tener que trabajar para él, igual que un títere.
Pero ahora se sentía diferente, desde que había tenido esas visiones con esa niña pequeña todo había sido diferente. Antes solo había oscuridad, liquido negro que quemaba la piel y pesadillas. Y ahora era como quitar todo eso y darte cuenta que también hay un poco de luz en todo aquello.

Entro al cuarto del arma, donde el líquido ya se había vaciado por completo y ahora solo quedaba una muchacha pálida y de cabellos rubios hecha un ovillo. Su piel parecía de papel.

Tyler se puso en cuchillas para poder verla mejor a través del cristal fracturado. Metió su mano para moverla y ver su cara, cuando lo hizo fue como si una ráfaga de recuerdos que él no sabía que tenía volvieran.

Volvió a ver a su hermana menor corriendo bajo las colinas en los campos verdes donde se encontraba su casa, vio a una mujer alta y bella y un padre que no dejaba de hacer bromas excéntricas. Vio a esa misma niña llorando por las pesadillas y el corriendo a su rescate para apaciguarlas.

Fue rápido, pero duró. Una lágrima escurrió por la mejilla del hombre y solo el hecho de que apenas podía sentir algo lo hizo despertar de esas visiones, para notar que frente a él, el arma estaba limpiando con su fría y húmeda mano la lagrima que él había llorado.
Él no supo cómo actuar en realidad, pero solo reaccionó para quitarse el saco del uniforme y dárselo a ella, la cual estaba completamente a la intemperie, pero no parecía ser consciente de que eso fuera un problema.

Se miraron a los ojos un rato más. El arma, la cual tenía los ojos más azules que nunca había visto más que en sueños, tenía el aspecto de una muchacha.


Snake seguía lanzándoles cosas sin parar. Los hermanos trataban de esquivar todos hasta que llegaron de nuevo a un lugar sin salida, había solo una puerta y Butch no pensó en tirarla.

—Aquí estaremos a salvo —le dijo a su hermano y al muchacho.
Pero luego escucharon el sonido de un arma al cargarse, y un carraspeo de garganta, los tres voltearon con lentitud y justo ahí se encontraba Mojo al lado de dos capitanes, todos con fuertes armas apuntándoles.

Los dos hermanos rápidamente pusieron al joven que los acompañaba detrás de ellos para protegerlo. Pero el sonido de otra arma al cargarse los hizo voltear, el muchacho les estaba apuntando, con manos temblorosas, temblaba como un chihuahua, pero el arma con la que les apuntaba era real y tan letal como cualquier otro.

—Bien hecho Jin —dijo Mojo sonriendo satisfecho al muchacho—. Parece que finalmente te has ganado ser un capitán.

Boomer y Butch se pusieron espalda con espalda mientras levantaban las manos, acorralados.

—Por eso odio que haya niños…


—Tendremos que usar los túneles para salir —decía Brick mientras Ken y Kori desactivaban la bomba.

—Esos túneles podrían ser una trampa —dijo Kori mientras con unas pinzas cortaba unos cables y el temporalizador de la bomba se detenía—. Mierda, esto pudo acabar con todos en un radio de cinco cuadras, ¿En que estaba pensando Mojo?, ellos también hubieran muerto.

—A Him no le interesa que ellos mueran —dijo Ken mirando la bomba serio—. Him puede crear más sirvientes, con cada persona muerta él incrementa su ejército volviéndolos necróticos, no importa quien muera, él podría revivirlos. Y escuche que sus capitanes de la muerte también fueron personas que murieron y el resucito con mayor cantidad de su químico negro. Por eso no importa si mueren, Him puede revivirlos, para él no es un impedimento.

Se generó un silencio en la habitación en la que se encontraban.

—Chico, sí que eres tétrico —dijo Kori mostrándose impresionado de sus conocimientos.

—Sólo estoy informado —simplificó Ken.

Hubo otro silencio. No era cómodo hablar de ese tipo de cosas con nadie en particular, nadie se sentía cómodo, pero era la verdad, alguien debía decirla. En este caso, un niño que había vivido toda su vida en un mundo de guerra. Brick había conocido el mundo antes de eso, y parecía un sueño precioso. Un sueño que no podía tener nunca más.


El edificio del tratado se había vuelto un caos, tanto fuera como dentro. Fuera había un montón de protestantes, pero los necróticos lo rodeaban y eso hacía que todos tuvieran miedo de atacar, miedo de que esas cosas los mataran como los rumores, los vídeos y las historias habían dicho y mostrado que lo hacían. Eran violentas, rápidas y despiadadas, ya que no contaban con un corazón.

Los necróticos tenían esa "barrera" como un perímetro en el que no permitían que nadie se acercara. Y dentro de ese perímetro estaban los capitanes de la muerte, vigilando y controlando a todos esos necróticos, todos bien distribuidos alrededor. Nadie entraría ni saldría sin que ellos lo permitieran.

Utonio se abrió paso entre las multitudes a empujones, al ver como muchas personas le abrían el paso, supo que lo habían reconocido, pero eso no importaba, si había una oportunidad de poner en practica esa nueva arma, era esa.

Al llegar hasta el frente, encontró a Roxy y Jess, las cuales miraban hacia adentro desesperadas, las habían forzado a salir, pero ya no podían entrar para ayudar, y dar pelea no ayudaría.

— ¿Dónde están los demás? —preguntó Utonio mirando a los necróticos que tenía delante.

—Adentro —dijo Jess cruzada de brazos. Los separó cuando Utonio le extendió un rifle, esta lo tomo y miro el arma. Se veía diferente, comprobó si tenía balas y se sorprendió de ver su aspecto, eran blancas y casi parecían brillar.

— ¿Eso es…? —pero no hubo tiempo de hacer más preguntas.

— ¡Las negociaciones aún se están llevando a cabo dentro! —gritó el capitán de la muerte que estaba justo en la entrada principal—. Desistan de cualquier ataque.

Utonio disparó con la otra arma que tenía hacia el hombre, el cual cayo de golpe y sin decir nada. Todos se quedaron atónitos por aquello. Otro capitán corrió a auxiliarlo y se horrorizó al comprobar que estaba muerto.

—No vine a negociar —dijo serio—. Vine por mi hijo.


Tyler cargaba a la muchacha en brazos mientras corría para salir de ahí. La coloco delicadamente en la capsula de escape redirigiendo las vías para no terminar donde hayan terminado los otros hombres, sería mejor para ellos mientras menos supieran.

La chica rubia tenía un cabello tan largo que casi tocaba el suelo.

— ¡Tyler! —se escuchó una voz a lo lejos y el capitán miro hacia esa dirección.

Nirvana estaba ahí, con heridas y una mirada de locura

— ¿Qué ha pasado? Todo el laboratorio se ha destruido y cuando vi la capsula del arma también estaba…

Se cayó de golpe al ver como la muchacha de la cabina asomaba la cabeza, sin nada más que una chaqueta de capitán cubriendo su desnudo cuerpo.

Nirvana tenía los ojos tan abiertos que parecía que se le saldrían.

—El arma… —dijo Nirvana pareciendo apenas razonar las cosas—, se ha despertado.

—El líquido que la mantenía dormida se tiró y los científicos murieron, así que ya no hay forma de que se duerma.

Nirvana pareció asustada, miro a su compañero y no pudo evitar estremecerse.

—Si hemos conseguido salvar al arma es más que suficiente —dijo Nirvana entrando a la cabina junto con ella—. Him estará complacido —le dijo mientras le sonreía a la muchacha.

Pero ella no le sonrió al escuchar el hombre de su señor, sólo miro hacia Tyler, el cual se sentó a su lado, y al hacerlo ella sonrió. Un momento después, la capsula salió disparada por las vías comenzando el viaje.

—Sea como sea, desde aquí no podremos ir donde Him está, debemos conseguir un lugar con una radio que podamos usar sin correr demasiado peligro.

—Los acuerdos —dijo Tyler repentinamente—, ahí estaremos seguros, a este punto ya todo debe estar apaciguándose por allá.

Nirvana soltó un chasquido molesta.

—Cualquiera puede controlar la situación cuando tiene necróticos —dijo ella molesta cruzándose de brazos—. Sin esas cosas fue muy fácil para esos idiotas revoltosos destruir la base. Si hubieran enviado más como les pedimos…

—Pero no lo hicieron, la producción apenas está comenzando. Deimos, Karin y Alexandra apenas se familiarizaron con el trabajo y además se necesita el químico negro. Por eso pudieron vencer esta base decadente. A pesar de que no sabían que escondíamos un arma tan poderosa ahí fueron al enterarse de los nuevos términos para protestar.

Nirvana volvió a ver al arma, la cual no parecía estar en la plática que ellos tenían, sino que más bien parecía ensimismada jugando con las mangas de la chaqueta.

— ¿Estás seguro de que ella es un arma?

Tyler miro a la muchacha y ella lo volteo a ver con una sonrisa, que Tyler le regreso con gusto.

—No lo sé… —dijo Tyler abrazando a la muchacha que estaba temblando de frio. Aún seguía empapada—. Pero siento una rara conexión con ella. Quiero protegerla.

Nirvana no dijo nada. Solo miro hacia otro lado esperando llegar rápido a su destino.


Jess y Utonio consiguieron abrirse paso entre todos los capitanes y necróticos que había en las entradas, abriendo un pequeño hueco por el que al menos una docena de personas consiguió entrar para ayudarlos. En seguida bloquearon la entrada con lo que hubiera a la mano para evitar que entraran.

La mayoría de los capitanes estaban dentro, así que a partir de ahora las cosas se complicarían aún más.

Al lado de Utonio se encontraban Roxy, Jess y Dany. Y detrás de ellos, estaban todos los ciudadanos que habían estado protestando, dispuestos a hacer una revuelta.

Boro salió de uno de los pilares que parecían seguir intactos después de la lucha. La entrada parecía un lugar muy tranquilo en esos momentos, y a pesar de que salió con los brazos en alto y sin armas a la vista, todos le apuntaron.

— ¡Wow! Esa sí que es una entrada —dijo Boro usando un tono irónico.

Utonio fue el primero en bajar su arma y todos lo imitaron excepto Jess, aunque Boro la miro sin ninguna sorpresa, como si fuera normal esperar aquello de ella.

— ¿Dónde están los demás? —preguntó.

—No lo sé, perdí comunicación con ellos hace media hora.

Roxy soltó un resoplido preocupada, pero se serenó casi de inmediato.

—Entonces no hay tiempo que perder —dijo Dany comenzando a caminar a prisa hacia el interior del edificio seguida por los demás.

Caminaron rápido, pero en silencio, años de entrenamiento los habían adiestrado en aquello a todos los presentes.


Brick caminaba a prisa buscando a sus hermanos, había dejado varios metros atrás a Ken y Kori, pero sabía que estaban detrás. Se detuvo en seco al escuchar pisadas, los otros dos lo imitaron. Brick camino de tal forma que parecía deslizarse como un fantasma, algo que impresiono a Ken bastante.

—Quédense aquí —dijo en un susurro y los dos obedecieron.

El hombre se perdió de vista girando en una de las esquinas, pero se escuchó un grito y de pronto Brick reapareció estrellándose contra la pared y cayendo estrepitosamente al piso. Mientras Brick se levantaba con dificultad una mujer apareció, la mujer tenía un enorme hueco en el estómago que chorreaba un líquido negro asqueroso.

Ken se paralizó al verla.

—Brick Rowdy… ¿Quién lo diría? —ironizó la mujer. Ella lo tomó por los hombros y lo hizo levantarse, a pesar de estar así de malherida, no parecía siquiera tener dificultad—. ¿Dónde está la bomba?

Brick sonrió y haciendo una maniobra que Ken solo podía soñar con hacer, consiguió patear a la mujer en la quijada y apartarla cayendo de pie y corriendo hacia ella sin darle oportunidad. No podía dársela. Sería estúpido, y le costaría la vida.

—Ya no hay bomba —la tomó por el cuello comenzando a asfixiarla. La mujer podía luchar, pero Brick podía con ella—. Ahora es tu turno, ¿Dónde están mis hermanos?

Kori y Ken aparecieron y la mujer sonrió.

— ¿Qué hermanos? —dijo la mujer. Sujetó el brazo por el que Brick la sostenía, dio un salto haciendo que por la inercia ambos cayeran al suelo. La mujer rodó, salto sobre Kori y le encajo un cuchillo.

—¡NO! —gritó Brick desde el suelo.

Kori miro a Brick aturdido, la mujer desapareció entre los pasillos, pero Brick no fue tras ella, tomó a Kori tratando de evitar que se desangrara, pero la sangre salía sin detenerse.

— ¡Kori! No te preocupes, estarás bien —mintió sonriéndole—. No es tan grave.

—Mentiroso… —dijo Kori sonriendo igual —.Siem… Siempre sonríes así… Cuando todo está jodido… —hablaba entrecortadamente.

Extendió su mano para tocar la cara de Brick, dejando ver su tatuaje de fénix.

—Brick, quema mi cuerpo —le pidió Kori mirando, pero su vista se volvió borrosa y solo veía manchas negras, blancas y el rojo cabello de Brick.

—No, no haré eso, vas a estar bien.

—Brick, sabes que eso no es verdad. Escucha… Si… Si alguien encuentra mi cuerpo… Podrían hacerme volver como un monstruo… No quiero eso. Destrúyeme, que no quede nada que ellos puedan usar. Quema todo este lugar, Brick. Hazlo.

Brick asintió, el hombre le agradeció y cerró los ojos.

—Que los guerreros descansen en paz… —dijo Brick mirando a su amigo.

—Y su muerte no sea en vano —completó Ken tratando de ocultar las lágrimas.

Brick lo volteo a mirar un tanto sorprendido.

—Era el dicho que usaban la organización Fénix cuando alguien moría… Era su forma de rendir respeto.

Brick asintió comenzando caminar. Ken lo siguió.

— ¿A dónde vamos?

—A matar a una perra.


Boomer y Butch estaban sentados en el suelo mirando a Mojo regodearse, yendo de un lado a otro de la habitación diciendo como estaban perdidos, como los capitanes y Him habían ganado y como todo el mundo era finalmente libre.

—Bla, bla, bla… —decía Butch mirando un lado y otro aburrido.

— ¿Quieres callarte?, Harás que nos maten.

Butch lo miró molesto.

—Mira a tu alrededor, Boomer, ya estamos muertos —dijo el moreno de mal humor.

A lo lejos se escuchó un ruido fuerte y Mojo detuvo su habladuría.

—Sólo estás molesto porque un niño te engaño.

—No me engaño.

— ¿Qué ha sido eso? —preguntó Mojo mirando hacia la puerta curioso.

Mojo mando a dos de los capitanes que estaban ahí para investigar. Mientras él abría el otro maletín y sacaba una de las jeringas, la cual estaba lista para ser usada.

Boomer y Butch se tensaron de inmediato fijando toda su atención en las manos de Mojo, el hombre se acercó a Butch, el cual parecía bastante serio. Pero la verdad es que estaba asustado, Boomer lo conocía demasiado bien, y no podía culparlo, él estaba aterrado de que Butch volviera a tener químico negro en sus venas y fuera controlado como hace unos años.

— ¿Sabes porque Him aún no ha mandado matarlos?

Ambos se quedaron callados. Mojo no parecía complacido.

—Porque sólo tú has tenido químico negro en las venas, y logrado quitártelo por completo sin morir, Butch.

El hombre miro a Mojo. Lo recordaba. Recordaba la sensación, de cómo Him entraba en su mente mientras cada gota de su sangre ardía como si hierro fundido se tratara. Aún tenía pesadillas sobre eso y era algo que aún no les contaba a sus hermanos porque sabía que aunque quisiera no lo hubieran entendido.

Solo una persona había entendido su dolor, pero Kaoru había muerto hace ya mucho tiempo.

—Him quiere saber que pasara cuando vuelvas a tenerlo en tus venas.

—Eso no pasara —dijo el moreno mirándolo con furia.

— ¿De verdad lo crees? —ironizó.

Mojo hizo una seña y dos capitanes de la muerte tomaron a Boomer, lo levantaron con fuerza mientras el rubio pataleaba, pero fue en vano. Mientras que otros dos capitanes, entre risas, ponían boca abajo a Butch pisoteándolo, pero dejando ver lo que pasaría, inmovilizándolo.

Tomaron a Boomer y lo recargaron contra una de las mesas poniendo su cara contra la madera, Butch observó paralizado como Mojo se acercaba hasta su hermano y le colocaba parte de la dosis justo en una vena del cuello.

— ¡Boomer! —gritó Butch aterrado.

Antes de que pudiera terminar de ponerla se escuchó golpe sordo contra el piso.

Todo pareció ralentizarse por un momento. Aquello que cayó al suelo fue la mano de Mojo con la jeringa aun sosteniéndola.

Brick apareció justo interponiéndose entre Boomer y Mojo, el cual se retorcía del dolor retrocediendo mientras sostenía su brazo aterrado. Butch aprovecho aquello para zafarse del agarre de los tres capitanes, lanzarlos hacia el otro lado de la habitación y correr hacia Boomer. El cual parecía estar a punto de convulsionarse.

— ¡Boomer! —gritaron sus dos hermanos al verlo de aquella forma.

—Está funcionando... —dijo Mojo mientras se reía —. El químico fluirá por su cuerpo hasta llegar a su corazón, y cuando eso pase, tu querido hermano podrá ser manipulado por Him. Igual que todos nosotros.

Ken entro a la habitación, miró a Brick y asintió. El muchacho levantó lo que traía en su mano. Un arma. Ken disparó hacia los capitanes y aunque fue muy rápido, los hermanos pudieron ver una especie de luz bastante brillante salir del arma.

Chorros de sangre negra rodearon todo, pero ninguno volvió a levantarse.

—Bien hecho niño —dijo Brick quitándole el arma y revisando las municiones. Ya no había.

—Aun así odio que haya niños en las misiones —dijo Butch mirando Jin, el cual estaba tan muerto como los demás.

Se escucharon disparos a lo lejos. Aún no estaban solos en aquel lugar, quedaban muchos capitanes que entrarían cuando notaran que no había comunicación con el interior, y entonces tendrían problemas.

Brick les ordeno a todos que se escondieran, pero entonces la puerta se abrió y Utonio apareció junto con los demás miembros del equipo Alfa.

—¡Papa! —gritó Ken abrazando al hombre el cual ablando la mirada al ver al muchacho.

—Veo que no necesitan ayuda —dijo Utonio mirando cómo estaban los capitanes.

—En realidad si lo necesitamos —dijo Butch mostrando lo débil que Boomer se había vuelto—. Unicamente usted puede extraerle el químico negro.

Utonio revisó a Boomer y sacó una jeringa de su mochila.

— ¿Qué es eso?

—No puedo hacer nada aquí… Solo darle esto; es una droga que hará que su corazón lata demasiado lento, no lo matara, pero lo evitara que el químico siga expandiéndose por su cuerpo.

Butch y Brick se miraron por un segundo, Boomer comenzó a gritar y sin siquiera pensarlo más tiempo Butch lo acepto.

—Hazlo.

Y Utonio la colocó.

—No hay tiempo que perder, hay un túnel que nos llevara a la salida —dijo Brick cargando a Boomer, el cual parecía haberse quedado inconsciente.


Cuando la capsula se detuvo en seco todos salieron disparados hacia el extremo opuesto del que se encontraban. La capsula se abrió y Nirvana salió de ahí con vidrios rotos incrustados en todo su cuerpo.

La muchacha que se encontraba dentro miraba aterrada a Tyler, el cual parecía haberse quedado inconsciente por el fuerte golpe. En el último momento él la había envuelto con su cuerpo para que no se lastimara, pero él había recibido todo el impacto.

Nirvana se puso de pie con dificultad encontrándose con un túnel que los llevaba directo con los demás capitanes.

Ahí podrían finalmente estar a salvo. Fue hacia la capsula llena de vidrios rotos y miro a su interior, la muchacha lloraba.

— ¿Está muerto? —preguntó Nirvana.
La muchacha acariciaba la cara del hombre.

—No —habló por primera vez, su voz se escuchaba aguda y rasgada, como si no la hubiera usado en mucho tiempo. Si es que alguna vez la hubiera usado—. Está muy débil. Necesitará químico para poder curar sus heridas.

Nirvana miró a su alrededor preocupa. Le tendió la mano.

—Ven conmigo, te llevaré a un lugar seguro donde podemos conseguir químico para salvarle la vida.

La muchacha abrazo aún más al hombre, temerosa.

—Si nos quedamos aquí él morirá. No lo abandonaremos. Te doy mi palabra.

La muchacha dejo a Tyler hecho un ovillo en la capsula destruida y salió de ahí.

Nirvana le colocó la capucha de la chaqueta de Tyler para ocultarla mejor.

Ambas comenzaron a avanzar hasta que se dieron cuenta de que había un pequeño grupo de hombres armados frente a ellas saliendo del túnel.

Nirvana ocultó a la chica detrás de ella evitando que la vieran a la cara directamente.


Todos corrían rápido tratando de hacer el menor tiempo posible para que Boomer estuviera a salvo del químico, hasta que encontraron a las capitanas bloqueándoles el paso.

Antes de poder hacer preguntas o poder decir cualquier cosa Butch se había lanzado contra la primera y la había inmovilizado. Fue más fácil, ya que ella estaba herida con todos esos vidrios en su cuerpo. Fue aún más fácil dejarla inconsciente.

Fue ahí cuando miraron a la segunda, pero está se había puesto una capucha no dejando ver su rostro.

—Uno de los suyos tiene químico negro —dijo la muchacha acercándose hasta Brick y Boomer, pero Roxy fue la primera en apuntarle con un arma—. No queremos herirlos, pero necesito ese químico.

Aunque Brick no podía ver su cara, si pudo ver sus ojos por apenas un segundo, y eran de un azul que no mostraba mentiras. Ella no podía ser una capitana de la muerte si tenía color en sus ojos.

— ¿Puedes quitárselo aquí mismo?

—Si pero…

—Sin peros —cortó Brick dejando a Boomer en el suelo —hazlo o se muere tú amiga.

La muchacha miró a Nirvana inconsciente y a Utonio apuntándole. Esa arma contenía químico blanco, ella lo podía sentir.

—Bien —dijo la muchacha arrodillándose al lado de Boomer.

Puso sus manos en el pecho de Boomer y poco a poco pudo sentirlo, pudo sentir el químico negro recorrer lentamente todo su cuerpo. La muchacha sonrió un poco y besó a Boomer, fue rápido, pero al separarse la chica escupió lejos el químico negro que se había acumulado en sus labios.

—Listo —dijo la muchacha poniéndose de pie—. Lo he drenado todo.

Brick tomo a su hermano y Butch tomo a la muchacha.

—Bien. Vámonos.

Dicho eso comenzaron a llevarlas, a ella y Nirvana con ellos.

—Esto no era parte del trato.

—Debo asegurarme que no le hayas hecho nada raro a mi hermano, porque si no es así… te haré pagar —dijo Brick con fuerza, demostrándole que hablaba enserio.

La muchacha tembló mientras se la llevaban, pero antes de irse del lugar hacia la ciudad, pudo ver como el químico que había extraído del hombre rubio estaba moviéndose con lentitud, pero hacia la dirección correcta; hacia donde Tyler se encontraba, con el químico necesario para poder curarlo. Y solo por un segundo sonrió.


Him estaba caminando de un lado a otro hablando consigo mismo cuando fue interrumpido.

—Señor, la base fue destruida por los rebeldes y alborotadores, los científicos han muerto y el arma también parece haber sido destruida.

Him seguía mirando el suelo, como si estuviera a años luz de aquella habitación.

—No… —dijo Him apenas en un murmullo, buscando las sombras que siempre se burlaban de él—. No está destruida, solo está perdida.

—Pero señor…

El pobre mensajero no pudo decir más, pues Him ya lo había matado. Tomó su celular y marcó un número mientras salía de la habitación.

—Tienes que despertarla. Ahora.

—Recibido señor. Despertando al arma tres.


A miles de kilómetros de aquel lugar en una base oculta en las montañas bajo toneladas de nieve, metros de roca y muros de hierro, había una base secreta de Him en la que cientos de militares trabajaban y vivían con un único propósito, hacer que el arma número tres de Him siguiera durmiendo.

Cuando recibieron la llamada, hubo bastante sorpresa, pero aun así lo hicieron.

Una chica de cabello rojo estaba dentro de una capsula de criogenia, y estaba entrando en calor lentamente, hasta que fue capaz de responder.

Cuando la chica abrió los ojos, y miro a su alrededor, nadie esperaba que lo primero que hiciera fuera gritar.


Shoudren y Damian habían bajado como todos los días con la prisionera y habían charlado durante un buen rato, no habían tardado tanto en llevarse bien. De hecho, los tres habían hecho una gran amistad.

— ¿Qué tal Akatia? —dijo Shoudren.

Se había tomado muy enserio su labor de darle un nombre que a la chica le gustara, pero ninguna de sus opciones le había terminado de convencer.

—Eso suena como de anciana.

Los tres comenzaron a reír, pero de un segundo a otro, los tres sintieron un escalofrió, como si su sangre (o su químico) temblaran. Duro apenas un momento, pero fue suficiente para que todos se calmaran.

La muchacha de cabellos negros se puso de pie, y sus cadenas tintinearon.

— ¿Qué ha pasado?

—Tienen que sacarme de aquí —gritó la muchacha y los capitanes la miraron sorprendidos.

—Oye —dijo Shoudren tomando su mano del otro lado de los barrotes—. Tranquila; todo está bien.

Eso la había calmado un poco. Después de muchas veces que la habían visitado, decidieron que tocarse a través de los barrotes no les haría ningún daño, y hacían eso cada que alguno necesitaba calmarse.

—No es verdad, Shoudren —habló una voz, los tres voltearon encontrándose con Him en las escaleras—. Nada está bien.

Him caminó hasta los barrotes, y la muchacha fue lo más atrás posible de su celda.

—Ha despertado —dijo Him mirando a la chica a los ojos—, y tu otra hermana está perdida. Te dejare salir y no te dejare volver a esta celda, si me traes a tu hermana de vuelta.

La muchacha vio sus cadenas y luego a los capitanes que ya consideraba sus amigos.

—Te traeré lo que quieras.