Déjà vu

by Kita-chan

CAPÍTULO IV:'This is the first (thing I remember)'

Abrir los ojos fue lo que se llama un suplicio. Ardían tanto que ni siquiera me servían para enfocar la habitación; razón por la que volví a cerrarlos en un vano intento por volver a dormir.

Recuerdo… recuerdo haber pasado toda la noche entre unos brazos muy cálidos; de hecho, aún puedo sentirlos, aunque… -¿Leorio?- él ya no está aquí abrazándome. ¿Qué diablos pasó anoche?

Como puedo me levanto. No fue la manera más elegante de hacerlo, pero sencillamente no soy capaz de tenerme en pie sin apoyarme de algo. Mi cabeza… oh, hacía días que no me dolía así. Sin embargo, eso no es un impedimento para guiarme por el pasillo y llegar a la cocina donde… ¿Leorio usa ese delantal rosa chillón de nuevo y canta una canción mañanera?

- ¡Yo no soy esa mujer que no sale de casa y que pone a tus pies lo mejor de su alma!-

- Me alegro de saberlo…- le respondo en un tono que no sé por qué salió tan irónico. Digamos que vino de mi alma.

- Ehm… sí, era… una broma… ¡ja, ja, caíste! Sabía que venías ahí caminando y…- se lleva una mano al mentón, asintiendo con la cabeza –Cantaba para hacerte reír… y la coreografía era parte de eso… Sí, ¿tienes hambre?-

Conveniente cambio de tema… conveniente para mi estómago que no me deja en paz –Pues sí, bastante… Er, ¿cocinaste tú?-

- Claro, ¿quién más?-

No sé, ¿quién sea? ¿Alguien que sepa?

- ¡Es la especialidad de la casa: 'Huevos a la Leorio'!- …y 'a la Leorio' no debe ser muy bueno, porque el plato de huevos que es puesto frente de mí… ¿cómo decirlo? Parecen estrellados contra el sartén y dudo que sean así de negros por naturaleza…

En la mesa además hay Hot Cakes. - ¿No puedo comer de esos mejor?- señalo al centro, donde están.

- ¡No, tienes que probar mis huevos!-

- ¡Es que tus huevos no me apetecen!-

…Ok, ¿soy yo o esta escena es realmente estúpida? ¡Es realmente estúpido! Nos miramos un par de segundos, buscando alguna manera de arreglarlo… Como es de esperarse, no hay ninguna, así que sólo queda… -¡Jajajajajajaja!- …el largarse a reír.

Es increíble cómo hace que me olvide de todos mis malestares por al menos un instante. Entre risas vuelvo a observarlo; será un pésimo cocinero, tendrá horribles hábitos de limpieza y dudaré mucho de sus habilidades como doctor, pero debo decir que verlo reír es algo maravilloso; siempre lo ha sido.

…¿Siempre? Sí, siempre. Siempre… siempre… ¿lo he visto reír siempre? Rayos, no… no puedo recordar, ¡estoy seguro de que lo tenía!

- ¿Kurapika?… ¿qué pasa? Te callaste de pronto, ¿te sientes mal?-

- No, estoy bien…- ¿por qué le miento? -¿Puedo comer Hot Cakes entonces?- ¿por qué no le digo que casi recuerdo algo? Es mi doctor, de algo podría servir…

- Jeje, puedes comer lo que quieras- sonríe, sentándose frente a mí para servirme un vaso de jugo de frutilla –Mientras comas, todo bien-

- Gracias…-

Es sólo que… cada vez que se preocupa por mí, lo siento como más que un doctor. Supongo que de alguna forma recuerdo nuestra amistad; debe estar muy grabada en mi interior, ya que me siento cómodo con su presencia. No quiero defraudarlo… lo que deseo es recordar todo de una vez y poder ver su rostro completamente feliz, no decepcionado porque faltan cosas.

- ¿Te sientes mejor? Anoche tuviste fiebre muy alta…- me comenta en un tono que pretende ser casual, mas me deja distinguir algo de culpabilidad.

- Me duele un poco la cabeza y me ardían los ojos, pero ya me siento mucho mejor- sonríe dándome más razones para decir lo que estaba pensando desde que desperté –Gracias por dormir conmigo… anoche…- ¿por qué ahora suena embarazoso y hasta humillante?

-¿Eh? No… yo…- no entiendo por qué se sonroja; prefiero no preguntar… -Sólo estaba cuidándote, por si la fiebre subía y eso… Es lo que haría cualquier doctor- tose un poco, levantándose abruptamente.

- Oh, bien entonces - contesto en tono firme. Claro, lo que haría cualquier doctor, ¿eh? …Lo que él haría con cualquier paciente.

- Kurapika, cuando termines el desayuno ve a ducharte- me dice desde la entrada de la cocina, dándome la espalda –Tengo que hacerte algunas curaciones y cambiarte los vendajes, así que voy a estar tu pieza esperándote-

Ni una palabra más… y eso fue tan frío. ¿Se molestó por algo que dije?

x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x

Ya en el baño respiro más tranquilo. No sé por qué, pero éste es el momento más relajante en mi día. Aseguro la puerta de manera distraída; desconozco la razón, es algo que hago de manera inconsciente… Je, como si Leorio fuera a espiar o entrar sin tocar primero…

Evito mirarme en el espejo. Hay un elemento que me molesta, ni idea qué y no estoy con las ganas de descubrirlo. Simplemente entro en la ducha y dejo al agua hacer su trabajo mientras yo limpio con mucho cuidado el resto.

La mayoría de los parches tienen una tela impermeabilizante encima, me lo explicaron en el hospital, así que puedo mojarlos sin problemas. Los vendajes también tienen esto, pero debo tener más cuidado con ellos, sobre todo los de mi cabeza, dijeron. Ahora que lo pienso, Leorio no ha visto todo esto… Yo sí, no completo, pero sí gran parte, y me horroricé de mí mismo.

No… No quiero pensar en eso. No quiero preguntarme de nuevo cómo pasó. Esta es una nueva duda, ¿quiero, realmente, recordar cómo quedé así? ¿No sería mejor nunca saber? Quizá… no quiero del todo recuperar mi memoria…

Abro la puerta del baño con la vista gacha, fija en el suelo. Me vestí a la rápida dentro, sin siquiera molestarme en secar mi cabello, ni mucho menos en ordenarlo. Leorio está sentado al borde de mi cama, contemplándome… Y no es que yo me haya dado cuenta, es algo que siento, porque su mirada es malditamente penetrante.

- Listo- murmuro con voz apagada. Me hace una seña de que me acerque, cosa que obedezco sin decir nada; no sé por qué tengo esa sensación de ser un muñeco.

- Necesito que… te quites…- señala mi torso. ¿Por qué le costará tanto decirlo?

A decir verdad, a mí también me cuesta comenzar a desabrochar mi camisa, y no por el hecho de haberla abrochado apenas unos minutos antes, si no por la atenta mirada de Leorio. Al terminar, la dejo caer por mis hombros y brazos hasta el suelo, donde él la recoge, la dobla y la deja sobre mi cama.

Él me hace sentir como un niño, muchas veces. La mayoría de ellas intento demostrarle que está equivocado; sin embargo, en situaciones como ésta, sólo quiero dejarme consentir.

¿Y por qué no? ¿No lo he pasado mal? Desde que desperté, desde que tengo conciencia, he estado solo. Si él insiste en ofrecer su compañía, ¿por qué no? Si puedo sentir sus manos ahora mismo rozar con delicadeza mi piel, ¿por qué no buscar su mirada y pedirle más cariño? Mas no la encuentro. No me mira. Sus ojos están fijos en mis heridas, o sea, su trabajo.

Giro el rostro, olvidándome de recibir algo más que un tratamiento médico de él. Lo sabía desde el principio, pero es que no lo entiendo, ¿no es mi amigo? ¡Dijo que lo era! ¿¡Por qué no me hace caso cuando quiero!? ¿¡Por qué me evita así!? …¿Dónde está la línea que separa al doctor de mi amigo? Estuvo conmigo anoche, abrazándome, ¿eso es de doctor también?

De pronto, el corazón se me acelera, liberando un torrente de emoción a todo mi cuerpo: las manos de Leorio han bajado al borde de mi pantalón. Lo observo de reojo sin querer, más por sorpresa que otra cosa.

- Tienes más heridas aquí, ¿no?- afirma todavía sin darme la cara, haciendo un notable esfuerzo por desabrochar la prenda y bajar el cierre, para después dejarla caer por mis piernas. Traga con especial dificultad al mirarme.

Y tras eso, el silencio.

Silencio relativo, que dejaba escuchar hasta el más mínimo movimiento, hasta esa voz en mi cabeza. "Juro que apenas me sienta bien te voy a golpear por esto, Leorio." No puedo creerlo, esa voz se escucha exactamente como la mía, pero, ¿de dónde salió ese pensamiento? Yo… no quiero golpear a Leorio, ha sido demasiado bueno y paciente conmigo, hay que decirlo.

Siento su mano en mi pierna, subiendo hasta rozar el borde de la ropa interior, seguramente inspeccionando. "¡Ya basta, haz algo, maldición, que no te toque!". ¿Que no me… toque? Pero si es el doctor… No entiendo. Así como tampoco entiendo por qué mi cuerpo se tensa inmediatamente a su tacto, es como si… ¿me hubiera tocado antes?

- Leorio…- llamo alzando levemente la vista. -¿Qué tipo de relación teníamos...?-

Él me mira sorprendido, aunque me sonríe. – Somos amigos.- contesta simplemente.

- Ajá, pero… ¿Cómo nos llevábamos? ¿Cómo era… el trato?-

- Ah, eso, pues…- se rasca la mejilla, mirando hacia arriba con aire de pensar mucho (y de que le cuesta), pasando a reírse al decir lo siguiente. –Peleamos todo el tiempo. Es… difícil de explicar, la mayoría de la gente cree que no podríamos pasar más de cinco minutos en la misma habitación o estallaríamos. Y en un principio supongo que también pensé eso, ¿sabes? Sólo que… al final, nadie se entiende mejor que nosotros, te lo aseguro.-

Tomo una pausa para asimilar tales palabras. Es una relación complicada la que tenemos, al parecer; comienzo a comprender ciertas cosas, que antes no tenían sentido para mí, sobre todo esos impulsos que tengo a la hora de responderle o juzgar sus actos. Sin embargo, lo que puedo concluir, es simple:

- Somos buenos amigos… ¿por eso me estás cuidando? – aventuro a preguntar además; creo estar llegando a algo.

Suspira. – Sí, es justamente por eso, Kurapika. –

Y me hace lógica, al fin. Esto explica muchos porqués que me planteé anteriormente, como por qué durmió conmigo anoche, saliendo de su rol exclusivo de doctor, también por qué estoy en su casa en lugar del hospital y por qué lo veo tan decepcionado cada vez que me tiene que contar cosas que no recuerdo de mi vida.

No somos sólo conocidos, no soy un caso interesante; soy su amigo.

Vuelvo de mis conjeturas al sentir la tela de los pantalones contra mis piernas. "¡Hey, me las puedo arreglar solo, gracias!", escucho en mi cabeza; alcanzo a separar los labios para decirlo, mas no tengo energías suficientes. Lo dejo pasar, después de todo, ya entiendo por qué Leorio quiere ayudarme. Me termina de vestir sin que yo diga nada al respecto. Creo que es mejor así, quizá pueda hacer algo para mejorar esta relación, ignorar esa voz en mi cabeza que insiste en que me aparte de él y haga las cosas por mí mismo; ¿qué tiene de malo dejar que te…?

- ¡Argh, no puedo más! –

Anonadado, observo cómo Leorio se levanta de la cama y se lleva las manos a la cabeza, en un gesto de profunda frustración. - ¡No puedo, no lo soporto! – vuelve a exclamar, desordenándose el cabello. - ¿¡Por qué actúas tan dócil!? -

- ¿Qué…? – trato de formular una pregunta; mi voz apenas sale, no tiene fuerza, más que nada por lo desconcertado que estoy.

-¿¡Por qué no cuestionas mis métodos!? ¡Éste no eres tú! – reclama. - ¡¿Cómo es que todavía no recuerdas nada!? ¡Viste a Gon y Killua! ¡Te contamos la historia, cómo te conocimos, qué hiciste mientras estuviste con nosotros! –

Puedo ver más fácilmente de lo que quisiera la desesperación en los ojos de Leorio, además de la decepción, que yo ya noté antes. De a poco, voy sintiendo una presión muy desagradable en el pecho, junto con un nudo en la garganta, que no me permite decir palabra.

- ¡Y tus cosas! ¡Ni las has visto! ¡No las has tocado! ¡Ni siquiera has pedido tu ropa, Kurapika! –

¿Mi… ropa? El comentario me quita esas sensaciones, y de pronto me concentro en lo que dijo. Es verdad, vi algunas prendas extrañas en lo que sería mi habitación, pero… Observando con detenimiento lo que tengo puesto: - Ya me parecía raro que me quedara tan grande, es claramente un par de tallas más que la mía. – me llevo una mano al mentón. – O sea que es ropa tuya. – lo miro, frunciendo levemente el entrecejo. - ¿No te parece poco apropiado pasarme ropa tuya? Debiste darme la mía, es mucho más viable que recuerde algo a través de mis propias cosas que de las tuyas… -

Lo admito, me sorprendí a mí mismo, pero en definitiva el más sorprendido fue Leorio.

- ¿Te grito y tu respuesta es un análisis de la ropa? – murmura después de unos segundos.

Parpadeo un par de veces, quizá volviendo en mí, o en lo que creo que soy yo, y me cuesta muchísimo hallar respuesta. Lo que sea que me poseyó, se acaba de ir.

- Sí… lo siento… no sé qué fue… - hablo en susurros. - Tienes razón, voy a poner más de mi parte para… -

- ¡No, no te disculpes! – exclama Leorio. – Es decir, no es tu culpa, está bien… -

Vuelve a pasarse la mano por la frente. Se nota contrariado, y debería, porque no me está dejando entender nada. ¿Qué se supone que tengo que hacer? Si no quiere que me disculpe, entonces…

- Perdóname, no debí gritarte. –

Llama mi atención nuevamente. En silencio lo miro acercarse hacia mí, y no aparto la vista cuando nuestros ojos se encuentran a tan poca distancia, aunque tenga que levantar el rostro para poder verlo bien; sus ojos reflejan demasiado ahora como para ignorarlos.

- Es sólo que… - dice, en voz baja, en un tono que estoy seguro de haberle escuchado antes, pero no intento recordar cuándo. – Te extraño tanto, Kurapika… -

Sigo quedándome quieto, pese a que siento sus brazos alrededor de mi cuerpo y su corazón latiendo al quedar mi mejilla sobre su pecho. – Necesito que seas tú de nuevo, que me regañes, que me corrijas, que… - toma aire, y noto cómo le tiembla la voz. – Que estés conmigo. –

De pronto, sujeta mi rostro y hace que lo levante, permitiéndome sentir la última línea de su discurso sobre los labios. – Te necesito, Kurapika… - susurra.

Cierro los ojos instintivamente cuando la distancia entre nuestros labios deja de existir. No entiendo bien qué está pasando, ni el por qué de esta sensación de satisfacción, que hizo callar la voz dentro de mí; es como si fuera justo lo que debía decir. ¿Leorio lo sabía…? ¿Sabía que yo quería oír esas palabras… que Kurapika las estaba esperando?

Rápidamente eso deja de ser importante; me fijo en algo más: en sus labios. Yo… ya los conozco. Ya los había sentido, ya… los había besado. En algún momento, en algún punto de mi existencia, besé estos labios, con la misma pasión que estoy teniendo ahora, y con exactamente el mismo sentimiento de que algo está mal en la situación. Sí, estoy seguro de haber experimentado ya esta mezcla de triunfo y derrota. No hay duda de ello.

Otro déjà vu.

Abro los ojos de golpe. Una escena viene a mi cabeza y sólo puedo observarla como espectador…

Era la habitación donde estuvieron por cincuenta horas en la tercera prueba del cazador luego de que Leorio perdiera en las apuestas. Allí, donde tenían varias entretenciones, pero ninguna que les hubiera salvado del aburrimiento y la tensión que dominaba el ambiente. Estaba Tompa, en una esquina, durmiendo, y además roncando como si se encontrara solo en el mundo.

Ninguno más del grupo podía dormir, y no era tanto por los ronquidos de Tompa.

Killua, Gon, Leorio y Kurapika estaban despiertos, sentados en una formación de círculo, muy cerrado, y se miraban circunstancialmente unos a otros. Habían comenzado un juego, claramente sugerido por Killua, ya que fue él quién se levantó e insistió:

- ¡Una vez que eliges entre verdad o desafío, tienes que cumplir el desafío, Leorio! – le recriminó al ya mencionado, apuntándolo con el dedo. - ¡Sino, no tiene gracia! –

- Pero Killua, ¿no crees que ese reto es algo…? – trató de intervenir Gon, mas fue interrumpido.

- ¡Claro que no! ¡Es perfecto! – y se notaba en su sonrisa maliciosa lo bien que le parecía. – Leorio debe besar a Kurapika y ya. Así de simple. –

- ¡Es una locura! – afirmó Leorio, negando con la cabeza. - ¿Besar a otro hombre? ¡Puaj! ¡Estás mal de la cabeza, Killua! Es verdad que Kurapika parece chica, pero no… Ni siquiera así. – se cruzó de brazos. – A este juego le hace falta mujeres. –

- ¡Por eso es un buen reto! ¡Si fuera con una mujer, sería darte un premio! – contestó Killua. – Jaja, no puedo creer que quieras convertirte en cazador y no puedas cumplir un desafío tan simple… -

- ¿¡Qué me dijiste!? – estalló Leorio, poniéndose de pie, amenazando al peliblanco con el puño.

- Ya basta, ambos. –

Los tres, incluido Gon, miraron a Kurapika de la misma manera que mira un cachorro a su dueño cuando se da cuenta que llevó el juego de morderle la pierna demasiado lejos. – Killua, deberías cambiar el desafío. –

- ¡Pero la gracia es…! –

Kurapika lo miró directamente a los ojos, serio. – Probablemente no lo entiendas porque aún eres un niño, pero besar es algo muy importante como para usarlo en un juego. Nadie debe besar a otra persona obligado. –

- Kurapika… - murmuró Gon.

- Aparte que yo tampoco siento ningún deseo en besar a Leorio. – giró el rostro hacia el lado opuesto, en un claro gesto de desprecio.

- ¿¡Ah sí!? – el mayor de los cuatro se tornó en contra del kuruta esta vez. - ¿¡Acaso te crees demasiado bueno para mí!? ¡Ven aquí que te daré el mejor beso de tu vida! –

- Ni aunque mi licencia de cazador dependiera de ello… -

Vuelvo a la realidad tan abruptamente como la abandoné. Me doy cuenta de que aparté a Leorio, y éste me mira afligido; lo empujé mientras me besaba, con esta misma expresión en mi cara, de que no puedo creer lo que sucede, y aquello me horroriza.

- Kurapika… - llama Leorio. Alza una mano para tratar de ponerla en mi hombro, pero yo me alejo, con miedo de que este recuerdo se vaya si me toca. – Perdóname, no lo volveré a hacer… - la culpabilidad está impregnada en su voz. – Me dejé llevar, lo siento, no volverá a pasar, de verdad… -

- ¡Hey, oji-san, deberías cerrar mejor la puerta! – se escucha un llamado, proveniente de la otra habitación. - ¡No siempre vas a tener la suerte de que seamos nosotros quienes vienen! –

Es Killua; ¡él debe saber qué pasó después!

Sin dar explicaciones, apresuro mis pasos hasta la puerta de la habitación y salgo de ella. Tengo que saber, no puedo esperar. Necesito saber qué pasó. - ¡Killua! – exclamo, aproximándome rápidamente hasta el mismo, tomándolo por los hombros apenas estoy frente a él. - ¡En la Torre de los Engaños! ¡Qué pasó en la Torre de los Engaños! –

Siento tanto la mirada sorprendida del albino como de Gon sobre mí, pero no me puede importar menos. - ¿¡Qué pasó!? – continúo, sacudiéndolo frenéticamente.

- ¡Calma, Kurapika! – exclama Gon. - ¡Salimos bien de la torre, alcanzamos a salir en el último minuto! –

- ¡No! – niego con la cabeza. - ¿¡Leorio me besó o no!? –

Repentinamente… el silencio. Gon, Killua y Leorio, en cuya cercana presencia no había reparado hasta ahora, intercambiaron algunas miradas y sonrojos varios. Sí, los tres se sonrojaron; algunos más que a otros, pero definitivamente logré incomodar a todos con la pregunta, inclusive a mí mismo, ya que siento la cara arder.

- ¡Alguien respóndame! – rompo con el silencio, ignorando la vergüenza colectiva.

- ¡No! – contesta Killua. – No te besó. Tú dijiste que… -

- Que besar era algo muy importante como para que alguien lo hiciera obligado. –

Volví a ser el centro de atención al completar la frase. – ¡¡Kurapika, recobraste la memoria!! – exclama Gon, abalanzándose sobre mí. - ¡¡Yo sabía que pasaría pronto, que te acordarías de todas nuestras aventuras y…!! –

- No te acuerdas de qué pasó después. – sentenció Killua. - ¿Verdad? Recordaste sólo un pedazo. –

- ¡Por supuesto que no, Killua! – reclama Gon, todavía apretujándome. Hay que decir que tiene bastante fuerza para ser tan pequeño… - ¡Se acuerda de todo! –

Una vez más, niego con la cabeza. – No sé qué más pasó. Recuerdo hasta que… Leorio insistió porque lo hice enojar… - miro a Leorio de reojo; él evita mi mirada, parece concentrado en algo más. – Killua, necesito saber… - vuelvo la vista al peliblanco.

- Mira… Lo que yo sé es que siguieron discutiendo un rato y luego nos mandaste a dormir porque quedaban sólo unas cuantas horas para salir. – cruza los brazos tras su cabeza, se ve algo molesto al hacer memoria. – Dijiste que los niños necesitaban más horas de sueño. –

Decepcionado, decido dejar el interrogatorio: - Disculpa, realmente pensé que tú sabrías qué pasó… -

- Pero Leorio debe saber. – puntualiza Gon, bastante más asertivo que yo en este momento. - ¿No, Leorio? –

Los tres giramos para verlo a él. Da la impresión de que se esperaba esta atención y que había planeado cómo escaparse de ella. – Sí, pero… - sus ojos dan con los míos; noto una cierta incomodidad y… no sé qué más. - ¿Quieres que lo cuente? –

En ese instante reparo en ese leve sonrojo que exhibe Leorio en el rostro, y lentamente voy alcanzando la tonalidad rojiza con el mío. Sin embargo, aquello sólo logra que mi curiosidad aumente, por lo que muevo la cabeza de arriba a abajo en un "sí". Él se toma un minuto para pensarlo, dejándonos en un suspenso desagradable…

- ¡Ya, oji-san! – alega Killua. - ¡Ya nos metieron en el asunto, así que no nos vas a dejar sin saber qué pasó! ¿Lo besaste o no? –

- No. – contesta. – No lo besé. –

Inevitablemente, frunzo el entrecejo. Estoy seguro de que algo aconteció ese día, por alguna razón lo recordé. – Pero, ¿qué pasó después? – pregunto una vez más.

- ¡Eso! – apoya Gon. - ¡Cuenta la historia completa, quizá así Kurapika pueda recordar más cosas! –

- ¡Solamente discutimos un poco más! – rebate el mayor.

- ¡No importa, cuéntalo todo! –

Creo que a Leorio le da la misma impresión que a mí: a Gon se le metió la idea en la cabeza de que aquello me ayudará y no hay manera posible de hacer que la abandone. Por lo tanto, se limita a suspirar y murmurar un: - Me lo temía… -, mientras avanza hacia el sofá. Se sienta y nos hace un gesto de que lo acompañemos.

- Pasó que… - se aclara la garganta en un vano intento de ganar más tiempo; nuestros ojos siguen sobre él, pendientes de cualquier palabra que vaya a decir. – Después de que Gon y Killua se fueran a dormir… Yo… volví a insistir. Claro, tengan en cuenta que Kurapika había dicho eso sólo para provocarme, o sea, es culpa de él, ¿no creen? No tenía por qué decir algo así y… -

- Al grano, Leorio. – dijimos los tres al mismo tiempo, con la misma expresión de fastidio.

- Vaya… - se sorprendió él de su audiencia. – Bueno, la cosa es que… Le pregunté que qué tan terrible sería, quitando el hecho de que ambos somos hombres y… - tomó aire, y estoy seguro de que intentó pedirme disculpas con la mirada. – Que sería sólo un beso más, pues seguramente él ya había besado a varias chicas y algo de experiencia no estaría mal… -

- Degenerado… - se me escapa decir.

- Algo así fue lo que me dijiste. – comenta Leorio con sorpresa… y mucho alivio, cabe mencionar. - ¿Ya recuerdas el resto? –

- No… - contesto con un suspiro. – Continúa. –

- Está bien… - se pasa la mano por el cabello, resignado. – Ya se me había hecho personal el cumplir el desafío y conseguir un beso de Kurapika. Le di muchos más argumentos, razones… e incluso le ofrecí cosas a cambio, hasta que supongo que lo saqué de quicio, porque terminó gritándome que era un idiota por cómo veía las cosas, y que los besos se daban únicamente por sentimientos y, además, nunca…- hace una pequeña pausa. – Bueno, que nunca… -

- ¿¡NUNCA!? – exclama Killua, y Leorio asiente.

Gon y yo los miramos alternadamente. - ¿Nunca…? – ladeamos la cabeza al mismo tiempo.

- Que… nunca había besado a alguien. – completa Leorio, acompañando la oración de una pequeña tos mal fingida. – Y claro, que yo no sería el primero. – agrega.

Mi cara se vuelve el punto rojo en la bandera de Japón.

- ¡Wow! ¿Y qué más pasó? – pregunta Gon, pasando por alto cualquier reacción que yo tenga.

- Nada. – concluye. – Con eso entendí que era importante para él y no sacaba nada con seguir molestándolo, así que nos fuimos a dormir después. – nos da una mirada significativa. – Como ya les dije, no lo besé ese día. –

Gon y Killua parecen decepcionados del relato y lo comentan con Leorio, diciendo que su historia había sido aburrida y otras cosas a las cuales no presto atención, porque, efectivamente, la historia me había revuelto la memoria, sacando esa escena a la superficie.

Recuerdo la desilusión que sentí cuando Leorio desistió de su idea y concluyó con aquella frase: "Está bien, debe ser con una persona que tú quieras y que te quiera. Espero que la encuentres", junto con las ganas de confesarle los sentimientos que tenía por él y decirle que sólo quería encontrarlo a él. También vuelvo a sentir ese peso en el estómago; "¿Besar a otro hombre? ¡Puaj! ¡Estás mal de la cabeza, Killua!" y la ira me invadió al pensar que él dijo que me parecía a una chica. Todo; revivo todo lo que sentí ese día.

No sé cómo quitarme esta sensación tan abrumadora, los recuerdos se encuentran demasiado vívidos en mi cabeza y es todo lo que la ocupa por ahora.

- Disculpen… no me siento muy bien. Iré a recostarme. – anuncio por encima de su conversación, procediendo a levantarme.

Antes de que pueda darme vuelta, Gon se coloca en frente mío. – Espera, Kurapika – me dice, en tono serio primero, que cambia al exhibir una sonrisa en su rostro. – Ya recordaste un poco hoy, ¿no? ¿Te acuerdas de Killua y de mí? –

El optimismo en sus palabras logra que yo también esboce una sonrisa. – Sí, sé quiénes son. – respondo. – Gracias por la paciencia, Gon, Killua. – les hago una pequeña reverencia con la cabeza al decir el nombre de cada uno. Por supuesto, Gon pasa por alto mi gesto y vuelve a lanzarse para abrazarme, asegurándose de apretarme muy fuerte. Esta vez decido devolver el abrazo. – Ya, ya… Tengo que ir a descansar. – le digo con voz calmada.

- ¡Sí, ve! ¡Mañana te vendremos a ver de nuevo! – asiente, aún mostrándome esa sonrisa llena de esperanza.

Al retirarme a mi habitación, me pregunto cómo es que una celebración así, proveniente de una persona como Gon, no es capaz de alejar mi mente de ese día, ni quitarme las ganas de golpear a Leorio por contar esa historia en público.

x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x

Me dediqué a leer durante unas horas, en las que no tuve interrupciones de ningún tipo. Mis emociones lograron calmarse y enfriarse, como si mi psiquis hubiera comprendido que el incidente ocurrió hace demasiado tiempo ya y no sirve de nada seguir dándole vueltas. Qué curioso me resulta, que leer me tranquilice tanto y ayude a pensar en otras cosas, no necesariamente el tema que está escrito en estas páginas.

Supongo que por eso le doy una mirada indiferente de "si-no-es-una-emergencia-no-me-interesa" a Leorio cuando veo que la puerta se abre.

- ¿Cómo te sientes? – pregunta, sin adentrarse aún en la habitación.

- Bien, gracias. –

- Ajá… Eso es bueno… sí, muy bueno.- asiente, aunque noto inmediatamente que no es todo lo que quiere decir. Vaya, conozco bastante a este sujeto, ¿no?

- ¿Qué pasa? – lo animo a hablar, cerrando el libro y dejándolo sobre mi regazo, dándole a entender que tiene mi atención.

- Es que… Me preocupa que… - le cuesta; vaya que le cuesta seguir hablando. – Te suceda lo mismo que anoche. –

Ni había pensando en eso. Es cierto, tuve algunas alucinaciones y bastantes pesadillas, pero, ¿cuál es la idea? ¿Acaso quiere vigilarme toda la noche? Porque no puede ser que pretenda dormir conmigo, es decir, eso está fuera de discusión, es una pésima idea.

- Deberías estar acompañado, por las dudas… -

Enarco una ceja. – Me las puedo arreglar solo. – especialmente sin él, sr. "no-me-gustan-los-hombres-y-no-te-beso-pero-luego-sí".

Creo que sigo molesto…

- ¿Me avisarás si tienes algún problema? –

No, nunca, prefiero morir. – Sí, te avisaré. Quédate tranquilo. –

Aunque no se ve más tranquilo que cuando entró, Leorio desiste al final y se retira de mi cuarto, cerrando la puerta tras él. Yo sí estoy tranquilo, ahora que descubrí el placer de leer; lo único que necesito es este libro y seguir dejando que Sartre me narre sobre su familia y su visión del mundo a los diez años.

Al pasar la página, mi vista se fue sólo una milésima de segundo al vacío del resto de la habitación. Es… lúgubre. La lámpara en mi velador alumbra parcialmente mi cama, dejando que se formen sombras alrededor; siento un escalofrío y, por más que lo intento, no puedo volver a posar mis ojos sobre las letras del libro. La oscuridad me perturba, siento que me va a atacar en cualquier momento si la dejo de mirar; quién sabe qué se puede ocultar en ella...

De a poco, me voy arrinconando en una sola esquina de la cama, tratando de ver toda la habitación al mismo tiempo. ¡Pero es imposible! ¡No puedo vigilarlo todo yo solo! ¿Y si salta algo de la izquierda? ¿Y si en realidad está en la derecha? ¡O en el armario! ¡O debajo de esta misma cama! ¡Podría estar en cualquier parte! Ese enemigo invisible… está por ahí, lo sé…

La cabeza me da vueltas; lo mismo de ayer se repite. Escucho que algo se quiebra, mas no le presto atención, ya casi no estoy consciente y en lo único que puedo pensar, es que no tengo fuerzas para llamar a Leorio… O más bien, aún tengo el orgullo manejando mis cuerdas vocales.

No voy a llamarlo. No, pase lo que pase, no voy a…

- Oye, Kurapika… - escucho su voz repentinamente; esta vez ni supe cuándo abrió la puerta. – Me acaba de pasar lo más tonto del mundo, jaja, ¡derramé el café en mi cama y…! – se me acerca abruptamente. – No te ves bien… ¡Tienes fiebre de nuevo! – exclama tras tocar mi frente. - ¿Kurapika? –

Mis brazos no se mueven de su posición; cruzados sobre mi pecho, y mis ojos no dejan de buscar aquello en la oscuridad que me observa. Hace sólo unos segundos que todo se volvió rojo.

Apenas percibo la mano de Leorio sujetando mi barbilla, mirándome el rostro. – Tranquilo, no hay nadie más que yo aquí… -

- El… Genei… -

- Shht… - sale de sus labios, al tiempo que sus brazos rodean mi cuerpo. – No hay nada. – repite en un tono suave. Me abraza más fuerte, pasando los dedos por mi cabello, calmándome de a poco.

Paulatinamente el rojo se va y mis párpados se vuelven pesados; me arden los ojos, pero menos cuando están cerrados. Siento que Leorio pasa sus dedos por mi mejilla, quitando alguna humedad. Su cuerpo emana un calor especial que me adormece, y mientras voy perdiendo el conocimiento, intento recordar por qué se me hace tan familiar… Por qué siento que es lo único que me puede hacer dormir…

Debe ser porque así dormí anoche.

x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x

Notas de Autor: Los dejo con un capítulo larguito para compensar la demora (sí, sé que debiera ser un capítulo con 18 mil páginas para cumplir el principio de equivalencia, y qué?). Espero les haya gustado. Se me fue un poco por el lado cómico, no? Mejor alegrar la vida. Ojalá les guste, y nos vemos la próxima semana en alguna otra historia que actualice. Un KuraxLeo, me parece que va a ser...

Besos de su Kita-autora!