Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Capítulo 2: Vuelo final.

Starlight Saint Lu.

Las cosas no siempre fueron fáciles para ambos, pues en una ocasión un suceso puso a prueba a los dos.

Dos años habían pasado desde que santito y jovencita se habían conocido y para Kiki las cosas comenzaron a cambiar. Su mente y cuerpo estaban cambiando. Pronto, sus manos de niño se alargaron, así como su cuerpo, su cabello comenzaba a ser más largo y su mente poco a poco olvidaba aquellos cuentos infantiles que tanto le divertían leer.

Y no solo eso, el tiempo que compartía con Helen ya no se sentía igual, su aroma, su sonrisa chispeante y calidez eclipsaban toda su mente aun cuando solo debía concentrarse en tareas sencillas como entrenar, y así supo que poco a poco sus sentimientos por ella estaban cambiando.

Cada vez Helen era más necesaria para el pequeño lemuriano, incluso haciéndole reclamarle su compañía, pues necesitaba escuchar su risa, su voz y sentir sus abrazos esporádicos diariamente más que ocasionalmente.

Pero Helen ahora tenía un sueño en mente, deseaba tener su propia chocolatería y ayudar a los viejitos con los que vivía por lo que tiempo era lo que menos tenia ayudando, preparándose y estudiando para tal labor. Fue entonces que mientras paseaban por los alrededores del puerto griego donde llegaban enormes barcos de toneles de alimentos, un poco más lejos de Rodorio, Kiki comenzó a objetarle a la joven castaña lo poco que se veían.

- ¿Cuándo iremos a la playa a nadar, Helen?, ya ha pasado mucho tiempo desde que fuimos. -pronunciaba el pelirrojo avanzando por el puerto mientras mordía una manzana.

-Lo siento Kiki, ahora es difícil, de hecho, hoy no debí salir de casa. -suspiro la jovencita de coletas jugueteando con una manzana que el pelirrojo le había dado. Tenía una mirada preocupada, por lo que animo era lo que más necesitaba. - La señora Atila ha estado algo enferma últimamente, pero me ha insistido en venir contigo tras una semana de no verte.

-Oh, Helen, últimamente es difícil verte. -suspiro el guerrero rascándose la cabeza mientras le señalaba a la jovencita para acercarse hacia un barandal que daba hacia los barcos y el mar.

-Lo siento Kiki, todo está cambiando muy rápido y yo solo deseo poder prepararme pronto para poder irme a la Ciudad de Atenas a estudiar.

- ¿Irte? -aquellas palabras tomaron desprevenido al pequeño lemuriano incluso haciéndole soltar su manzana.

-Sí, un día me iré en un barco enorme como estos junto al muelle a estudiar. -decía con cierto entusiasmo la jovencita.

- ¿Por qué tienes que irte? -suspiro el jovencito- ¿Qué voy a hacer sin ti, Helen?

-Solo será un tiempo Kiki, allá puedo estudiar, y después volveré y tendré en Rodorio la mejor chocolatería del mundo. -ella sonrió ante la mueca de tristeza que se dibujó en el futuro santo de Aries.

El silencio fue la única respuesta, percibiendo como la brisa de la tarde les removía los cabellos.

- ¡No es justo, no quiero que te vayas! -dijo tras un largo mutismo el pelirrojo.

-Pero Kiki…

- ¡Tu prometiste que estarías aquí para mi Helen, pero tú también vas abandonarme, como lo hicieron todos! -dijo realmente disgustado el joven ariano. Aquellas palabras dejaron boquiabierta la pequeña.

El santo apretó sus puñitos, recordando momentáneamente la promesa hecha aquel día que la conocía bajo las estrellas y decidió salir corriendo de aquel lugar antes de que las lágrimas brotaran de nuevo.

- ¡Kiki espera, no es así! -grito la pequeña castaña viendo como el jovencito corría por el muelle, abandonándola.

El pequeño lemuriano se echó a correr hacia la calle contraria del puerto y la pequeña jovencita le siguió. No, no le dejaría escapar así. Sin embargo, un auto a toda velocidad comenzó a avanzar hacia la dirección donde se encontraban ambos jovencitos. Kiki con sus sentidos alertas, percibió el sonido de las llantas de aquel auto acercándose hacia ellos y atento, vio cómo se dirigía a Helen a metros cerca de él.

- ¡Helen! -grito Kiki empujando a la pequeña castaña hacia la banqueta para protegerla, sin embargo, él no había corrido con tan buena suerte.

Helen pudo ver a Kiki siendo lanzado por los aires algunos metros para después caer sobre la acera. El diminuto cuerpo fue golpeado por aquel auto haciendo que su cabeza tocara el cristal y dibujara en su frente una línea escurridiza de sangre, dejándole tendido en el suelo.

La pequeña niña, quien había sufrido una herida en su brazo ante su caída, se abalanzo de inmediato hacia donde estaba el pequeño guerrero sin importar el dolor en su brazo.

- ¡Kiki, Kiki! -grito la niña sintiendo como las lágrimas que había contenido anteriormente, caían ardorosas por sus mejillas.

_X_

Kiki fue llevado a una clínica cercana y la pequeña jovencita pudo verlo tras un cristal, ahí con la respiración quieta y sus ojos apagados debajo de una sábana.

Tras un par de horas de estar ahí, por fin pudo colarse hacia la habitación del joven Aries, quien portaba una venda en su cabeza y en su brazo.

Helen se acerco al borde de la camita donde se encontraba Kiki, acariciando sus cabellos que salían de los vendajes y suspiro hondamente tratando de calmar su incipiente llanto.

-Perdóname Kiki, todo ha sido mi culpa…-susurro la jovencita sosteniendo la mano del ariano. -Perdóname.

El pequeño santito que hasta hace unos minutos soñaba al sentir la calidez de la mano de Helen, abrió lentamente sus ojos. Ella se abrazó a sus piernas y sollozo suavemente.

-Kiki yo no voy a dejarte, no a la única personita que ha sido amable y tierno conmigo. -el ariano sonrió adolorido al escucharla-Se eres tú y no hay nadie como tú. Realmente me agradas y te quiero y quiero consolarte y abrazarte una vez más. Eso es algo que pude hacer y me odio a mí misma por perder esa oportunidad. Somos similares, somos iguales. -suspiro ella con pesadez -Te extraño mucho y quiero tomarte de la mano una vez más e ir a caminar por ahí mientras me escuchas. Kiki eres el mejor. Me asegurare que no estés solo nunca más.

El corazón de Kiki comenzó a latir agitadamente ante la magia de las palabras de la castaña. Oh realmente eran poesía pura. ¿Acaso eso era amor, acaso esa sensación era de la que hablaban Shiryu y Seiya al referirse años atrás a Shunrei y Saori? Era difícil convertirse en adulto y comprender cada una de sus emociones.

-Helen. -pronuncio en un susurro el pequeño santito sorprendiendo a la jovencita, que de inmediato se alzó a descubrir los enormes ojos azules del albino, observándola.

- ¡Kiki! -el jovencito sonrió al verla sostenida de su mano.

- ¿Estas bien?

-Lo estoy, seré un santo de Athena así que esto no es nada. -acertó a decir el jovencito.

-Kiki no sabes lo preocupada que estaba yo…, lo siento tanto.

Él le negó con la cabeza ante su disculpa. -Eres único para mi Kiki, si estamos juntos no volveremos a llorar.

-Helen.

Ella le devolvió la sonrisa amable. - ¿No te iras, cierto?

-Nunca…-susurro entre lágrimas la niña apretando suavemente la cálida mano del pelirrojo.

Tras enfrentar sus miradas brillantes unos minutos con aquel cálido sentimiento, el santo murmuro.

-No llores, no me gusta que lo hagas.

-No lo hare más. -ella se quedó silente unos segundos. -Pero dime, ¿por qué lo hiciste, por qué me protegiste?

-Siempre Helen. -la miro fijamente-Siempre voy a protegerte, esa fue la promesa que te hice cuando te conocí aún si estas lejos, las estrellas lo harán por mí.

La jovencita por fin pudo descubrir un sentimiento en ella que le emocionaba al escuchar al pequeño santo. Ella no pudo más, venció lentamente el espacio entre el adolorido santo y ella acerco sus diminutos labios hacia el joven pelirrojo, posándolos sobre la delicada piel. Lo había hecho cientos de veces en su mejilla, pero esta vez, rozar su boca le estremecía. El santo abrió sus ojos sorprendido pues el sentir a Helen de esa manera le encendió los sentidos, haciéndole latir el corazón agitadamente y respirar con dificultad.

Ese había sido el primer beso de Kiki y uno que jamás olvidaría...

_X_

Un año después de aquel suceso, Helen llego hasta el Coliseo donde entrenaba Kiki con los ojos empañados en lágrimas.

- ¡Kiki, Kiki! -el santo quien apretaba los vendajes de sus manos a punto de entrenar con unos jóvenes de plata, se detuvo a recibir a la jovencita que jamás le visitaba en el Santuario desde que él se lo había prohibido ante el peligro que eso suponía para ella. La tomo de los hombros y la obligo a mirarle.

- ¿Qué sucede, qué haces aquí, Helen?

-Ya no respiran, la señora Atila y su esposo, hoy esta mañana, -la jovencita apenas hilar sus ideas envuelta en llanto. -Ayúdame Kiki.

El lemuriano la abrazo a su cuerpo tratando de calmarla ante los murmullos de los presentes. Una hora después ya en Rodorio, Helen vio salir envueltos en una sábana a aquellos viejitos que le habían acogido. Una vez más se había quedado sola, en ese mundo.

Kiki se quedó a su lado, velando sus sueños durante una semana, incluso posponiendo su entrenamiento para ofrecer su compañía y consuelo a aquella jovencita que se había robado su corazón.

Y una tarde, tras darle un plato de sopa al que solo le había dado un par de cucharadas en su depresión la castaña, Kiki le hablo seriamente.

- ¿Sabes? he pensado en tus sueños.

- ¿Si? -ella respondió con la mirada perdida.

-Tienes que irte Helen, a Grecia como querías.

Las palabras dejaron extrañada a la jovencita.

-Creí que no querías que me fuera.

-No quiero, pero debes hacerlo, porque eso va a hacerte feliz y eso es lo único que importa. -suspiro el ariano buscando su delegada mano por la mesa-Tienes que hacerlo Helen, debes irte, yo puedo esperar aquí por ti.

-Kiki. -ella le miro con los ojos centellantes de sorpresa.

-No quiero verte en este lugar encerrándote en dolor, envolviéndote una y otra vez en recuerdos felices de este lugar como yo lo hice cuando perdí a mi maestro y amigos. Tú tienes la opción de irte de aquí, no como yo, yo que jamás pude abandonar el Templo de Aries porque nací para ser un santo, así que tienes que irte y volver cuando ya éstes lista, tus recuerdos no duelan más y cumplas tus sueños.

El lemuriano, que estaba cerca de su aprobación de armadura de Aries, le sonrió amable.

-Estoy agradecido contigo por haber sido mi sostén por tantos años, porque sin ti Helen jamás hubiera podido superar la muerte de quienes más quería, porque gracias a ti volví a sonreír, pero no quiero atarte a mí solo por esto. Yo también quiero verte feliz y llegar lejos.

Ella le miro conmovida. -Así que mañana mismo a vayamos a buscar tus pasajes a Atenas.

-Kiki.

La castaña confió en las palabras que el joven futuro santo le profesaba y así de su mano, compro un pasaje a la enorme ciudad de Atenas.

Dos días pasaron y la jovencita envolvió las pocas pertenecías que tenia, el poco dinero que le había dado aquellos viejecitos y con una maleta que le había obsequiado Kiki, se dirigió al puerto cercano de Rodorio, recordando aquella vez del accidente.

Kiki hizo un pequeño papalote del tamaño de su mano y lo envolvió en una cajita, dirigiéndose hacia el muelle donde Helen le aguardaba para despedirle.

Llego hasta ella puntual y le sonrió entregándole la cajita.

-Toma, para cuando extrañes este lugar y quieras recordar. -la castañita le sonrió al lemuriano al recibir aquel obsequio. -Solo piensa que tienes que volar lejos.

-Pronto me convertiré en un adulto, ¿vas a reconocerme Kiki?

-Claro Helen, siempre sabré que serás tú.

-Bien, entonces conviértete en un gran caballero y cuando vuelva puedas protegerme.

-Lo haré. -susurro el jovencito mientras la joven abordaba una escalera hacia un enorme barco. -Hasta entonces cuídate.

La castañita una vez abordo, sonrió por el borde del barco observando cómo se veía el pequeñito santo en aquella altura.

- ¡Vuela Helen, vuela lejos! -grito el joven caballerito mientras sus ojitos se sonrojaban al ver a su amiguita partir en aquel gran navío, llenado sus ojitos de ella. -Y regresa pronto.

- ¡Adiós Kiki, espérame santo de Atena! -grito la joven, apretando la caja en sus manos dada por el lemuriano.

-Adiós…

Aquellas palabras habían sido pronunciadas, dejando que el tiempo se desvaneciera cambiando minuto a minuto su destino.

_X_

Diez años después.

La jovencita que atendía aquel local se tensó ante aquella voz varonil dentro su local.

-Señorita, ¿no está abierto cierto? -volvió a pronunciar aquel apuesto caballero.

Esa voz dejo inerte a la jovencita, hasta sentir un escalofrió recorriéndole la espalda. Ella se giró lentamente y observo unos brillantes ojos azulados viéndole fijamente. Eran realmente hermosos.

- ¿Señorita? -ella no pudo decir nada. No podía creer en lo guapo y bien parecido que se había convertido Kiki a través de los años. Él, "su primer amor" ya era todo un hombre y ella una bella mujer. Ella negó a su misma con los ojos enrojeciendo ante su imagen, haciendo que el santo le entendiera que no estaba abierto.

-Lo siento entonces. -esbozo el alto santo, dándose media vuelta sobre sus pies y avanzo hacia la puerta.

-No me reconocer, ¿verdad? -el santo detuvo sus pasos y poso su mano en el pomo de la puerta sin entender si esa joven le hablaba a él.

El santo de cabellos pelirrojos se dio media vuelta para observar los ojos a aquella hermosa mujer. Esa mirada, ese cabello, esa sonrisa sin duda por fin, tras muchos años volvían a agitar su corazón. Era a "ella" a quien tanto estaba esperando por más de diez años.

-Helen…

Las lágrimas aparecieron en la emocionada joven al escuchar su nombre en aquella voz. - ¿Entonces no olvidaste la promesa?

-No la olvidaría jamás.

La castaña salió del exhibidor nerviosa y se acercó hasta el santo fundiéndose en un abrazo al santo.

-Ha pasado mucho tiempo. -el santo se conmovió ante la energía de aquel abrazo. Tan cálido como él la recordaba.

-Te extrañe tanto, Kiki.

- ¿Fuiste feliz Helen, volaste lejos? -murmuro el santo tras segundos de silencio si romper aquel tacto.

-No lo fui completamente, siempre estuve pensando en ti Kiki.

-Y yo en ti, Helen.

- ¿Te has convertido en un gran caballero?

-Si.

- ¿Entonces ahora vas a protegerme?

-Solo si no te vas de nuevo, tu último vuelo ha tomado más tiempo del que esperaba.

-Lo siento. No lo haré, ya no, no sin ti mi caballero de Aries.

Fin….

Gracias a quien se ha tomado un tiempo para leer.