Shape of my heart

Capítulo II: Noche.

Hoy he visto a la dama blanca llegar danzando con carestía hacia lo alto del cielo, iluminando con su clara presencia los sueños de quienes lejos de su hogar duermen hoy con nosotros. Las decenas de familias que han venido ocupan mis pensamientos, mas aun por la cantidad de infantes y jovencitos que, sin duda, viven del trabajo en los campos y ayudan a sus padres con el estudio, prometiéndose ellos mismos un mejor futuro. Sin embargo, con estos pensamientos, mi vista no se aparta del casco antiguo de la ciudad, pues aquellas familias destruidas, se ven refugiadas bajo el manto de nuestra misma gente, algunos familiares lejanos que han aprovechado con gusto la situación para reencontrarse tras la desgracia con los suyos. Debemos dar las gracias, pues hoy nuestro pueblo se ha visto más unido que nunca, pues lo he visto cantar alabanzas a sus tierras y regocijarse con los manjares que ella les da, he visto a los jóvenes animar a los heridos y consolar a las mujeres y a los niños, rezar en conjunto para un porvenir digno de seres de bien y rebosantes en esperanzas…solo me resta esperar a que el pasar de los días se lleve estas penas lejos y traigan consigo una mayor claridad.

Aun así, que irónica resulto ser la vida!Mi padre, quien se ha visto consumido por la enfermedad o se ha consumido a sí mismo, como sugiere Gaius, no reacciona. Puesto que no puede ser curado, simplemente porque no lo desea. Se ha sugerido que fue hechizado por Morgause, pues su nombre ha de escaparse de sus labios cada vez que despierta de los sueños y el cansancio que le hace dormir más que a cualquiera, le llama a lo lejos como si pudiese alcanzarla con las manos. Otras veces son los alaridos que emite por la visita de la muerte y mis intentos de reanimarlo como hijo se han visto frustrados por sus fuertes anhelos de morir de la manera más rápida. Intentos que han sido más de los que puedo contar y mi angustia por su actuar hasta hoy me mantiene en vela gran parte de la noche. Por ello, si el rey no ha de responder, ha de ser mi deber como el futuro rey en el que me convertiré, para el pueblo, para ellos, he de llevar la mitad de la carga, pues hoy es el consejo quien realiza lo indispensable para dirigir la monarquía como siempre, aun que gracias a este suceso del sino, fui capaz de darme cuenta que mis amigos, subordinados…mi pueblo, todos me apoyan y creen en mis capacidades para guiarles, aun entre la más profunda oscuridad…

Sin embargo, aun veo las velas encendidas de algunas casas a lo lejos y las antorchas de las cuadrillas que normalmente circulan por las calles y callejuelas de Camelot, solo destellos, destellos como mis nuevos subordinados, como un par de ojos cristalinos y luminosos…si, como los de mi Merlín.

- Mi señor. – Llamó una voz fuerte que se reconoció al instante, sin duda se trataba de Percival. El dueño de los aposentos reacciono calmado, pues el fuerte llamado ni siquiera lo inmuto, acercándose hacia la puerta que los separaba mientras daba la correspondiente autorización para que entrara, noto como el hombre alto abría con un cuidado pocas veces visto las grandes puertas de roble, mientras sostenía con una de sus colosales manos una bandeja de notable tamaño y con la otra se abría el paso, sin más, acompañado de la parsimonia acostumbrada, pues pocas eran las expresiones que aquel hombre mostraba. – Arthur…- Le llamo en una sonrisa fugaz, mientras se adentraba a la sala común sin mayor ceremonia. - ..Espero que no le moleste que haya acompañado a su ciervo hasta sus aposentos. – Concluyo una vez más, conciso, pues nuestro amigo Percival era un hombre que hablaba lo justo y necesario, sin rodeos. Dicho esto, caminó hacia la mesa del comedor, dejando ver en el umbral a Merlín, quien simplemente traía consigo un pequeño candelabro entre sus manos.

- Buenas noches. – Saludo a ambos en una amplia sonrisa el heredero al trono, acto al que ambos respondieron con una leve reverencia, mientras el príncipe hacia un ademan para que ambos tomaran asiento, intento al que el más alto se negó con cierta vergüenza, mientras acomodaba la bandeja sobre la mesa frente a él.

- Lo siento, no puedo quedarme…- Respondió hacia el suelo el gran hombre, a lo que el moreno a su lado rio suavemente con una de sus manos cubriéndose la gran sonrisa que tenia, intento de ocultamiento que al instante noto el más alto, mientras el joven rubio parpadeaba estupefacto ante la reacción de su amigo Percival, pues era gracioso, en cierto modo, ver a un hombre de su tamaño avergonzado por algo que desconocía, aun que si tenía sus sospechas. En eso, observo interrogante a su ciervo, quien enrojeció levemente, bajando la vista unos segundos, al menos hasta que su amigo más alto le ofreció tomar asiento mientras le corría la silla en frente del príncipe, acto al que el moreno no se pudo negar, pues seria descortés, por lo que se sentó apenado, susurrándole un "lo siento", mientras el más alto le ayudaba a acomodarse en el puesto. El mayor solo negó con la cabeza y le sonrió, mientras posaba una de sus grandes manos entre los cabellos de Merlín, revolviéndolos un poco, en señal de perdón. -…Le prometí a León que llegaría temprano. – Termino sentenciando sus intenciones. El príncipe parpadeo sorprendido, pues sus sospechas caminaban, al parecer, por un buen camino. Solo le asintió sonriente.

- Si es eso, entonces está bien. Te doy las gracias por traerme a Merlín, aun cuando debes estar cansado.

- Oh! No es eso, no. El más cansado debe ser el, hoy hubo mucho movimiento y el señor Gaius, a su edad, no está en condiciones para trabajar durante tantas horas, por lo que Merlín ha sido de mucha ayuda. – Respondió sonriendo, por lo que el ánimo del príncipe también creció.

- Eso no es cierto! – Reclamo de inmediato el moreno y como si estuviera castigándolo con la mirada frunció el seño. – Ricardo, Ulrich, Philip y tu, también ayudaron mucho hoy! Espero que nos acompañen el día de mañana, puede ser? – Le pregunto a su príncipe esperanzado, mientras les sonreía a ambos.

- Aun que sea bastante torpe? – Pregunto crédulo Percival, esperando una respuesta, a lo que el moreno se puso de pie animadamente con el puño en alto.

- No eres torpe, solo es falta de práctica! Ya verás! Les enseñare todas mis técnicas. – Concluyo el muchacho de lo más contento.

- Entonces no hay más que decir! – Concluyo animado el príncipe, mientras posaba una de sus manos en los fuertes hombros del mayor, en señal de ánimo. - …si Merlín esta tan empeñado en enseñarles, que así sea.

- Es muy amable de su parte mi señor. – Confirmo sumamente sumiso aquella bestia de batalla, lo que le ha causado gracia al heredero al trono, pues, quien lo diría? Si su amigo solo daba temor en los conflictos, por lo demás era un hombre muy tranquilo e incluso paternal.

- No, gracias a ti, por ser tan amable.

- Solo cumplo con el deber que se me ha encomendado.

- Solo una cosa más. Dale mis saludos a León y dile que hoy ha sido de mucha ayuda, se lo agradezco de todo corazón.

- Por supuesto que se lo diere. Buenas noches, mi señor, Merlín.

- Buenas. – Dijeron ambos al unisonó y una vez solos, el príncipe suspiro tranquilo, pero aquella calma se vio esfumada al notar como al instante su siervo ya se encontraba acomodando los alimentos sobre el mesón.

- Hey! – Se quejo de inmediato, quitándole las copas desde las manos del menor, observándolo con reproche. – Solo siéntate y aguarda. – Le recrimino, mientras rodeaba la mesa para acercarle la silla para que el moreno volviese a tomar su puesto.

- Pero Arthur…- Reclamo sus tareas el de piel blanca, mientras observaba sentado como su señor hacia un intento para acomodar los platos y los alimentos para ambos.

- Déjame hacer esto por ti, aun que sea una vez…- Declaro mientras tomaba su lugar frente a su siervo, quien le observaba confundido, a lo que el de rubios cabellos sonrió, sirviendo algo de agua en ambas copas. – Ten. Debes estar cansado por el trabajo de hoy, no?

- Solo un poco. – Reconoció inquieto el mago, mientras tomaba la copa que le era ofrecida y la dejaba a un lado en la mesa.

- Solo un poco? Eso no me parece correcto. – Refunfuño molesto el príncipe, mientras hacia un leve ademan para que su siervo comenzara a tomar los alimentos que el mismo había puesto frente a él. – Deberías comer apropiadamente, sino Gaius me llamara la atención.

- Eso es curioso – Rio alegremente el moreno, sonriendo con los ojos. -…de eso se encarga él, usted no tiene que preocuparse.

- Cómo no preocuparme si eres mi siervo? – Sentencio alarmado el más alto, mirándolo serio. - Si te encontrase desmallado en algún lugar, crees que no me preocuparía? Qué clase de ser sin emociones ni sentimientos crees que soy?

- Eso fue un accidente. – Contestó al instante en moreno casi en un susurro.

- Accidente…pues a mí no me lo pareció…-Sentencio con furia en su entonación, mientras observaba paciente como Merlín mordía un pedazo de carne y masticaba con lentitud sus alimentos. Y después de unos segundos en silencio continuo declarando. - Hoy hable con Gwenevere…- Dijo serio, mientras bebía de su copa y observaba su plato con cierta tranquilidad.

- Uh? – Reacciono lento el moreno, dejando de lado sus alimentos y prestando total atención a lo que su señor tenía que decirle.

- …me dio buenas noticias. – Sonrió quedamente al notar la confusión en el muchacho frente a él. – Al parecer por fin tendré a alguien que se encargue de mis potreros, mis animales y la mantención de mis elementos de combate como corresponde…

- Eh? Pero…esas cosas son parte de las tareas más importantes como su siervo.

- Pues lo eran. Pienso que no es justo que te encargues de aquellas tareas pesadas todos los días, siendo que puedo tener a alguien quien las haga más eficazmente… - Pero el moreno le interrumpió ofendido.

- Si le parecen insuficientes mis servicios…

- No lo son. – Sentencio tranquilo con palabras que dejaron confuso al menor.

- Entonces, por qué?

- Además de ser mi siervo personal, ayudas a Gaius con sus labores como médico de la corte…Gwenevere y Morgana siempre me hablan de lo temprano que comienzas el día y lo tarde que vuelves a tus aposentos!… más aun… por ellas se que tu andar no se detiene aun cuando el sol ya se ha ido y la luna aparece en lo alto!…- Declaro un poco agitado el de rubios cabellos con prisa. - …me parece correcto que las tareas más pesadas, que no te corresponden, las haga otra persona. – Merlín no hallo otra cosa más interesante que mirarse las manos, pues estaba apenado, porque su señor se había dado cuenta de todas las cosas que hacía para él. – Que te parece?- Pregunto con una gran sonrisa el príncipe, alzando su copa al cielo. – De esa manera no volverás a sentirte indispuesto.

- Pues…me pregunto… si será bueno…- Comentó el moreno ladeando la cabeza hacia la derecha para que el príncipe frente a él no le viera a los ojos que tenía llenos de lágrimas contenidas, en un intento por qué no cayeran, pues no estaba seguro de poder detenerlas. A veces se sentía tan débil.

-Uh? Pues claro que es bueno! – Se altero un poco el más alto, deteniéndose en sus palabras al notar el cambio de humor en su Merlín. – Que ocurre? Hice algo mal?

- No…- Respondió en un leve susurro, mientras escondía su rostro detrás de sus delgadas y pálidas manos, con una notable pena aun contenida.

- Entonces? – Se levanto de su puesto y rodeo la mesa que los separaba para observar más detenidamente la reciente reacción del chico, el cual temblaba casi imperceptiblemente ante él y al percatarse de que su señor se dirigía a su lugar, y al no saber qué hacer, se decidió por sentarse en el suelo, tratando de ocultar su rostro sin gran esfuerzo mas allá del impedimento que ofrecía la cercanía de la mesa del salón con la silla que había dejado caer a lo lejos, pues ya estaba en el suelo. Pero el mayor ya estaba allí en un ademan inseguro por posar al menos una de sus manos sobre el cuerpo del muchacho.

- So…solo es que…- Y las lagrimas cayeron de las fuentes cristalinas de su siervo. Traspasaron sus pálidas manos y aun que no podía verle, noto las mejillas y orejas sonrosadas por el llanto. Un sollozo que no oía desde la muerte de aquel señor de los dragones en aquel bosque que habían conocido hace más de un año…pero si lo pensaba, de cierta forma, se trataba de la primera vez que le veía llorar.

- Merlín…- Le llamo impactado de su reacción. Nunca se imagino más que una sonrisa o un gracias. El cuerpo frente a él comenzó a convulsionar por el intento de detener el llanto, pero le era difícil. Aun así, un recuerdo de Morgana llorando cuando eran pequeños vino a su mente. Ahora lo veía claramente, algo que creía olvidado…un abrazo, cuando ella lloraba por las noches él la cubría entre sus brazos. Y así lo hiso, sin pensar en nada mas, rodeo con sus brazos el cuerpo del muchacho frente a él y este se tenso posando ambas manos en el amplio pecho del príncipe, en un intento por apartarle, acto que funciono, pues el más alto retrocedió al instante con pesar al notar que no era apropiado. No sabía qué hacer.

- No…-Dijo en un leve quejido, mientras se apartaba del pecho de su señor, dejando claras marcas de sus lágrimas en las vestimentas del caballero frente a él. - …no tiene que hacer esto… solo soy su siervo. – Dijo mientras se sostenía con fuerza de las ropas en su regazo.

- Eres mi amigo…o al menos eso quiero creer. – Hablo con dolor en su voz, pues nunca se imagino que su Merlín pensara de esa forma de él mismo. Nunca pensó que se tuviese tan poca estima y ello le hacía sentir peor.

- Lo siento…yo…- Pero no pudo seguir hablando, por alguna razón ese día, tenía ganas de llorar.

Pero de todas formas el más alto se reusó a creer aquello y en una acción rápida, se hinco en su lugar y en un instante tenia al moreno en vilo entre sus brazos y en un par de segundos se encontraba sentándolo en su cama mientras buscaba un pañuelo entre sus ropas. Pero medito un par de segundos más. Al parecer había asustado a Merlín, pues estaba agarrado de sus ropas y no parecía querer soltarlas, no al menos hasta que se diese cuenta. Otra vez actuó sin pensar, pero estaba contento…no de tenerle llorando junto a él, por ningún motivo, si no que porque esta vez fue el moreno quien le busco por protección, aun que el haya sido el causante de su temor. Por esta razón el de rubios cabellos se sonrojo…daba gracias a los dioses pues solo una vela de tenue iluminar se encontraba a un lado de la gran cama en la que se encontraban, por lo que si le miraba, no notaria la pena que sentía al tenerle tan cerca. Sin embargo, le pidió permiso a su cuerpo para moverse, pues el tener a su Merlín así, le impedía pensar con claridad. De nueva cuenta, puso atención a su cuerpo y el que tenía a un lado, pues podía sentir con claridad los cabellos oscuros de su ciervo acariciando su cuello y su aroma. Reacciono, por fin! Y sutilmente acerco sus manos a las del más bajo, quien entro en sí al sentir el tacto que se dirigía a él con temor.

Algo sucedido en ese instante, pues su llanto se detuvo en intensidad en el trayecto del salón al cuarto. Tal vez fue el susto que se llevo al verse en el aire o la calidez que le fue traspasada por aquel abrazo al que el mismo se aferro como si su alma dependiese de ello. *suspiro* A veces no era consciente de su actuar cuando tenía a Arthur frente a él. Sin más, ahora su príncipe deshacía su fuerte agarre y acariciaba sus manos para relajarle. Se había dejado hacer. Pronto se sintió menos tembloroso y exhausto, al parecer se había descargado de alguna forma. El de rubios cabellos se había decidido por tomar su pañuelo y recoger los lamentos, aquellos que seguían brotando de los cristalinos ojos de su siervo…pues sus ojos se habían tornado rojizos y ya estaban hinchados por la pena contenida; con cuidado, suavemente limpio el rostro cansado del ser frente a él quien le miraba directamente…una mirada en la que pudo leer al instante la duda.

- Gracias por ser mi amigo. – Dijo en un susurro perfectamente audible para el príncipe, quien le sonrió con cierto anhelo.

- Gracias por ser el mío...- Respondió el más alto, notando como su siervo tomaba entre sus manos aquella que le repartía cariños a las suyas para posarla sobre una de sus mejillas. Y murmurando un "gracias" inaudible había cerrado los ojos, para solamente sentirlo.

Arthur le observo con un gran dolor en el corazón, sin duda su Merlín se sentía desamparado…él sabía que tenía muchos amigos, pero no sabía…no sabía que tan desolado se sentía. Tal vez extrañaba a su madre, pues hace más de dos años que no le ve…que daría el por ver a su madre también…

- Puedo sentir tu corazón…- Comento de la nada el moreno a la vez que posaba su azul mirar sobre su príncipe, quien le sonrió divertido.

- Late con fuerza…- "por ti…" quiso decir…y otra vez le ocultaba información importante al ser mas importante en su vida.

- Es agradable…- Comento más para sí, por lo que el heredero al trono sintió vergüenza.

- Dime…Merlín…ese dolor que sientes, aquello que te hace derramar lagrimas tiene que ver con mi persona? – Pregunto al instante, observándole detenidamente, por lo que el moreno se tenso un poco, al parecer si tenía que ver el, entristeció por ser así.

- Esta mañana…- Se propuso a responder el más bajo. - …usted me ha preguntado si es que me pasaba algo y yo le habría contestado de no ser por los aconteceres…- Le vio una vez más, sosteniendo ahora la mano de su señor en su regazo delineando las marcas y los rasguños de las palmas del más alto, en contraste con las suyas propias, que estaban llenas de rasguños y partidas por el barro y la tierra de los establos.

- Te vi preocupado de muerte por algo, por eso yo…- Merlín le vio directo de manera seria.

- Tuve miedo, tengo miedo…de que mi ser haya hecho algo que le disguste, pues esta mañana le note molesto con algo, pero no pude descubrir que era, así que pensé que…pensé que como su alma se alegro porque Joseph había venido por mí, era a causa mía su mal estar…pues yo, yo me he dado cuenta de que últimamente canto y tarareo mientras realizo mis deberes…por eso…pensé que su majestad ya no me quisiese como su siervo. – Termino su explicación mientras un par de lágrimas amenazaban por caer, a lo que el mayor reacciono al instante cogiéndolas con el pañuelo que sostenía con su mano libre.

- Eso no es verdad…- Respondió afligido. -…esta mañana estaba bien, hasta que recordé que Morgana vendría por ti y que por eso no te vería durante todo el día…sabes que tengo cierto resentimiento hacia ella y la petición que le hizo a mi padre no se la pudo negar…- Merlín asintió atento a su señor. - Hoy te quería conmigo, sobre todo, porque era el primer día de los novatos…sabes que no soy bueno con los menores…- Refunfuño quedo, mientras notaba como el ánimo en su siervo cambiaba. -…pero en ese momento llego Joseph a buscarte y no podía estar más contento…se que está mal, pero prefiero que estés ayudando a Gaius, a que Morgana te tenga como chaperón para sus locuras…- Medito en silencio más para el que para el menor, pero ya estaba dicho. Simplemente le sonrió.

- Entonces no era lo que yo pensaba…eso me alegra mucho. – Esbozó una sonrisa tranquilizadora mientras cerraba los ojos adoloridos por el llanto.

- Te sientes mejor? – Pregunto el más alto poniéndose de pie mientras jalaba de la mano que su siervo aun le tenía presa, mientras este asentía con poco ánimo. Ambos caminaron nuevamente hacia el comedor que aguardaba por los alimentos aun sin ser tocados. - …entonces me harás un favor y terminaras de comer, he?

- Lo que usted me pida. – Contesto dócilmente al momento en que su príncipe se adelantaba para tomar entre sus manos la silla que momentos antes había caído a unos pasos de su lugar, permitiendo que el moreno tomase nuevamente asiento ante el mesón. -…pero no creo poder con todo.

- Al parecer tienes condiciones para todo lo que impongo. – Sonrió de lado el mayor tomando su lugar frente a su Merlín, quien observaba atento su plato. – Me harás feliz con que comas hasta que estés satisfecho. – Sugirió con una mueca divertida en la boca, mientras comentaba lo gracioso que le pareció que Gwaine sugiriera mandar a sus amigos donde Gaius, pero Merlín le conto su versión. Al parecer los caballeros se sintieron rechazados, pero pronto recuperaron la confianza a lo largo del día, pues habían sido de mucha ayuda, aun que el anciano no lo dijese.

- Arthur…- Le llamo después de unos momentos algo incomodo por el hecho de que sus ojos se habían hinchado y no podía abrirlos con tranquilidad. Merlín sentía que se debía ver más torpe de lo que ya era, si era una persona penosa, al menos en esos momentos.

- Uh?

- Entonces, conozco quien se encargara de la mitad de mis labores? – Pregunto curioso mientras bebía de su copa, aguardando por información.

- No lo creo, pues ni siquiera yo le había visto en el castillo. Pero Gwenevere me ha dicho que es un hombre de mediana edad que viajo desde un pueblo sureño llamado Eldigar en un viaje que sería algo así como ir de aquí hacia las tierras del desierto.

- Un señor? Entonces vino hacia estas tierras con su familia?

- Al parecer con su mujer y un jovencito que quiere ser parte de mis caballeros, por lo que mañana vendrá con nosotros.

- Cada día me parece mejor que las leyes se hayan cambiado… aun que sea un poco. – Dijo sonriendo amistosamente, por lo que el de rubios cabellos suspiro. – Lo siento…no lo digo por su padre…lo digo de corazón.

- Lo sé.

- Una cosa más. – Interrumpió el tema al momento en que sintió que no fue muy inteligente de su parte, mientras acomodaba sus platos a un lado y se ponía de pie para dirigirse hacia uno de los cuartos interiores de los aposentos del príncipe. - …no ha tomado su baño, se lo preparare.

- Pero aun no has comido suficiente!

- Le dije que no podía con todo!

OoOoOoOoOoOoO

- Cómo se encuentra el príncipe? – Pregunto una voz socarrona muy cerca de Merlín, quien se asustó y dejó caer uno de los libros que se proponía a guardar en los amplios y altos estantes de Gaius, mientras dejaba desplomar fuertemente sobre el mesón que tenía en frente el resto de libros que sostenía con su otro brazo. Por suerte Gaius ya se encontraba esclavo del sueño, pues las estrellas tintineaban en lo alto del cielo.

- No me asustes así! – Dijo mientras se alejaba del joven a su lado al instante.

- Hey! Que ocurre con ese genio? Así es como recibes al mejor caballero de Camelot? – Reclamo el joven de cabellos largos, mientras abría los brazos de par en par ante el siervo del príncipe, a modo de saludo con una gran sonrisa en el rostro. El más bajo bufo notablemente enojado al momento en que le apartaba de su camino en un leve empujón, que saco una sonrisa aún más grande del mayor. - …bueno, no el mejor, pero si bueno, no?

El chico no le respondió e hiso como si no estuviese presente en medio de los aposentos del médico de la corte, por lo que cogió un par de tazones y platos para colocarlos sobre el mesón cercano que hacía de comedor frente al fuego que aún seguía encendido, cogió un par de panes calientes y los preparo, uno con mermelada y el otro con carne que había sobrado de los alimentos que Gwen había llevado esa tarde. Los acomodo frente a él y sirvió la sopa del caldero que estaba calentando de hace unos momentos.

- "Bueno" dices… un buen caballero no anda por ahí diciéndoles tonterías a los niños. – Dice por fin, mirándole directamente, además que era la primera vez en el día que se veían, mientras observaba como el de ojos cafés recogía el libro que momentos antes le había hecho botar en el suelo.

- Y un buen hombre no anda por ahí a estas horas de la noche derramando lágrimas por los rincones. Dime, que paso? – Se acercó el más alto preocupado, tomándole el rostro para que le viese y no intentara mentirle, aunque para Merlín, el mentir le era imposible.

- No me has respondido. – Le dijo en un susurro. Gwaine suspiro cansado. Era que ese chico no cambia con nada! Sonrió de lado divertido y carraspeo inquieto, al notar como el más bajo se limpiaba las lágrimas una vez que le soltó, tarea que dejo a medias, pues el de azul mirar se dejo abrazar. El más alto suspiro, enredo sus manos en los cabellos oscuros del menor, quien solo cerro los ojos esperando por su respuesta, pero al no tenerla opto por pellizcarle el estómago a quien le sostenía, por lo que pronto un quejido de dolor se escuchó.

- Eso no es justo, yo me preocupo por ti y me pagas así?

- Joseph me dijo lo que le comentaste el otro día sobre mí.

- Bue…no con las mismas palabras con las que te lo dijo, pero…digamos que…ouch!...Por eso estás enojado?

- Como sabes que me conto? ….Un consejo, mi querido Gwaine? Los niños no mienten, solo repiten las cosas que los "ejemplos adultos" les enseñan! – Le sermoneo golpeando sin mucha fuerza el pecho que tenía en frente, soltando la molestia que sentía en contra de su amigo, quien solo reía bajito, para tratar de no molestar más aun a su amigo. - Gwaine…si fue para vengarte por lo del otro día, te diré que es muy cruel de tu parte. - Le dijo Merlín intentando pellizcarle nuevamente ya que este retrocedía y se retorcía en conjunto con el moreno, quien ahora más animado sonreía por que el chico junto a él no pensaba en soltarle, pues le había cogido con más fuerza, dificultándole más su intento por hacerle pasar un poco de dolor, que a su juicio merece.

- No me castigues así! – Reclamo feliz de la vida una vez que noto que habían ido a parar a la otra esquina de la sala, topando con los estantes de vidrio, por lo que se asusto. Esta mas decir que Gaius no le permitía acercarse a ese lado del salón, por razones obvias. Sin meditar mucho se agacho ante el de ojos claros y lo levanto sobre uno de sus hombros, dando por terminado el juego. Le llevo de manera tan rápida que el de pálida piel, no alcanzó si quiera a reclamar alguna cosa, por lo que terminaron en el mesón que hacía de comedor y le poso con cuidado al lado de él, sirviéndole una tazón caliente con agua de manzanilla, mientras el más bajo, solo para vengarse de lo resiente, tiro de uno de los mechones del cabello del caballero, quien volvió a quejarse entre risas. -…te molestas conmigo y yo solo quiero hacerte reír.

Merlín respiro profundo mientras dejaba de lado su tazón para ayudar a acercarle los alimentos a su amigo y una vez cuando tenía las intenciones de tomar asiento, este le jalo a su lado en la banca y lo acerco con uno de sus brazos, abrazándolo hacia él desde la cintura. El moreno simplemente se recargo con los ojos cerrados en el cuerpo de Gwaine, mientras este probaba la sopa.

- No preguntare, esto lo hizo Gaius. – Y una risa divertida salió de los labios de su amigo quien levanto las manos para volver a tomar su agua de manzanilla. - …será un buen médico, pero si se trata de cocinar, prefiero cientos de veces tu comida. – Aseguró el muchacho tomando uno de los panes con carne. -…me dirás ahora porque estuviste llorando?

- No es nada, Gwaine…

- Otra vez con lo mismo? – Le llamo la atención pellizcándole con la mano que tenia sobre Merlín, una de sus mejillas y no tenía intención de soltarle.

- Duele…- Se quejo bajito al momento de posar una de sus manos sobre la del chico a su lado, para ver si así aflojaba un poco.

- Respóndeme.

- Hoy pol la mañana Adthud padecía enorado ouch! No tides tan fuedte…y penseee que eda a causa mía…- Gwaine le había soltado su mejilla para que hablara con claridad. - …gracias. – Dijo sobándose el lugar dañado. - …cuando me vine para ayudar a Gaius, me mando a decir con Joseph que quería hablar conmigo cuando volviera, por lo que estaba con los nervios de punta cuando Gaius me mando a ir con él, pero por suerte Percival me acompaño, pero se fue tan rápido como llegamos…

- Pero claro! Debe aprovechar el tiempo con León! – Merlín rio al comentario, pero se vio callado por un pan con mermelada que el mayor aprovecho de colocar frente a su boca. – Toma, hay que mantener esas costillas en forma.

- Hey! …hoy comí bastante, cómelo tú que necesitas fuerzas para mañana.

- Nooo…yo me puedo hacer otro. – Dijo mientras se dirigía a buscar más pan y carne. - …no es mi culpa estar sediento de sangre.

- Eso se oyó extraño… no quieres algo dulce?

- Después, por ahora me conformo con esto. – Sonrió al volver a tomar asiento a un lado del muchacho, quien con grandes esfuerzos le daba un pequeño mordisco a su bocadillo, mientras era jalado de nueva cuenta hacia el más alto. - ..Entonces comiste con Arthur.

- Si, en eso estábamos hasta que salió el tema. – Continúo con la mirada fija en su tazón. – me reprocho algunas cosas y luego de la nada dijo que había conseguido a alguien que se encargara de algunos de mis quehaceres.

- Uh? No quiere que sigas siendo su siervo? – Pregunto en extremo confuso, tanto así que había dejado caer sobre su plato el alimento cuando le vio asentir tranquilo mirando hacia la chimenea.

- Eso fue lo que pensé…- Siguió con la vista en sus manos que apartaron de su cuerpo el liquido que las calentaba. -…y las lagrimas brotaron…ves? – Dijo el muchacho, mientras llevaba sus manos delante de sus ojos pero sin llegar a cubrirlos en el momento en que sus ojos nuevamente se llenaron de lágrimas.

- No entiendo…-Dijo el pelilargo en un susurro envolviendo a su confidente entre sus brazos. -…has dicho que "pensaste"…entonces no fue así, no? – El muchacho negó con la cabeza, separándose un poco del caballero, quien lo observaba atento, sin saber que decir, más que aguardar a que su amigo quisiera hablar.

- Lo siento Gwaine…no quería, pero ya ves…- Suspiro por decima vez esa noche. - …cuando mis ojos se cansaron de derramar lagrimas, Arthur me calmo. – En eso se miraron directamente y Merlín le sonrió sinceramente al hombre frente a él, quien le devolvió la sonrisa y llevo sus manos al rostro del menor para secar las lagrimas de sus cansados ojos. – Le conté lo que pensé esa mañana, pues debía ser mi culpa por la que mi señor no quisiese tenerme cerca y que por ello quería una conversación conmigo…*risa suave*…pero solo me quito las tareas más pesadas, por lo tanto, un señor que seguro conoceré mañana se encargara de los potreros, los animales y la armería. - Gwaine abrió los ojos de par en par. Se trataba de algo tan simple y esos dos muchachos se ahogaban en un vaso de agua, en especial Merlín. Puede que sea muy intuitivo y todo lo demás, pero cuando se trata de el mismo, no apunta ni siquiera con una de sus ballestas nuevas.

- Eso quiere decir que por fin Arthur se dio cuenta de que cada día casi mueres por realizar la enorme lista de quehaceres que te da? – Pregunto divertido el más alto.

- No son tantos…solo que yo me demoro mucho en realizarlos…

- Vamos! – Le llama la atención el caballero. – no es por eso que casi no te veo cuando estás en los potreros? Me parece genial! Así podremos salir a beber más seguido! Y podre enseñarte a ocupar algunas de mis armas nuevas! – Decía como un niño pequeño entusiasmado, pues se puso de pie en un instante jalando al más bajo hacia los aposentos de este.

- Hey! Qué crees que haces? – Reclamo mas enérgico el de oscura cabellera de manera divertida, pues ya sabía lo que su amigo tenía en mente.- Ya es muy tarde y mañana tenemos trabajo.

- Eso es cierto…pero…pero yo quería…- Reclama contra el mismo, pues sin quererlo hiso pucheros de los cuales Merlín ríe. Podía verse fuerte y de cierta forma "maduro", pero haciendo esos gestos…tal vez mas de algunas de las doncellas pretendientes de su amigo daría un paso atrás en sus intentos por llamar su atención.

- No importa, mañana veremos qué podemos hacer, de esa forma podrías pasar a ver como Ulrich, Richard y Percival llaman la atención de las mujeres y los niños.

- Wooo! Eso es cierto, debo verlo!

- Los tres juntos se han hecho más reclamados que usted, mi buen amigo – Sonrisa amplia.

- Naa! No tan reclamados…prefiero que me preste atención un muchacho de ojitos azules…- Ríe mientras se adentra en la habitación del mas bajo.

- Te quedaras hoy también? – Pregunta desde el umbral de su cuarto, observando como Gwaine se adentra en los biombos para quitarse las ropas.

- No quiero ir a mi casa…está un poco…digamos que esta un poquitín desordenada.

- Cuando no hallan tantas personas heridas te ayudare, ok?

- De verdad?

- Pues claro, para que están los amigos?

- No se…quizás para hacerle un espacio en su cama de vez en cuando. Hazme un favor y cámbiate y ven a dormir pronto, que mañana tenemos trabajo. – Dijo con el rostro serio, pues ya estaba dentro de las cobijas de la cama del moreno, quien simplemente suspiro y se adentro al cuarto de baño.

- No es justo que repitas lo que te digo.- Le reclamo dentro de la pequeña habitación. – Solo dejo que te quedes, porque me puedo imaginar cómo esta aquella casa, que con tanto cariño te dejo Percival…- Dijo sentándose en una de las orillas de la cama al momento que le golpeaba sin fuerza el hombro más cercano del muchacho junto a él, quien reclama al instante con un quejido fingido. - …aun que me gustaría ver la expresión de León al enterarse…

- No le dirás nada! – Dijo divertido al instante el caballero apagando la vela que tenia Merlín en el mueble junto a la cama, jalándolo dentro de las mantas y de paso, haciéndole cosquillas al estomago del menor, el cual se retorcía de la risa e intentaba por todos los medios posibles alejarle de él.

- Nooo Gwaine! Gaius está durmiendo! – Se altera el menor al recordar que el anciano podría despertar en cualquier momento si mantenían el alboroto, por lo que el joven más alto se detuvo, pues los golpes los recibiría el.

- Te aseguro solo una cosa.

- Que?

- Te arrepentirás si le mencionas algo a León…un día de estos podrías morir por cosquillas, lo has pensado?

- si muero de esa manera, no quiero pensar en que te haría Gaius.

- mmm. Entonces, pensare en otra venganza más efectiva, sin tantas disuasiones…por qué siempre salgo perdiendo cuando se trata de ti?