Notas de la autora:
Mis más sinceras disculpas a quienes han seguido mi historia y han visto como no la he podido continuar, espero, sin embargo, poder seguir escribiendo y me empeñare en ello con el ánimo que siempre me han dado mis amigos del alma! Gracias Daniel! Gorge! Fran! Amshel! Ah! Y siii se que me lees también Karinaa! (Aun que no nos conocemos y eres muy amiga de la Fran, gracias por darte el tiempo de leerme XDD) Les mando mis saludos a mis amiguis!
Y otra cosa, se que la historia de Merlín tiene mucho de OCC pero la idea de hacer un fic es esa! Desvariar un poco y en mi caso, solo centrarme en algunas cosas de la historia! Sin más espero que les guste!
Shape of my heart
Capítulo III: Delirios.
Hoy…he tenido un sueño.
Mi Gwen…un sueño en donde me he visto paseando entre cientos de árboles tan altos como las torres de un castillo, tan bastos que no han dejado alzar la vista más allá de lo que las puntas de mis dedos se extienden al llegar al cielo…tantos colores…tantas fueron las cosas que pude ver, que ahora puedo sentirme en paz conmigo misma. Me gustaría traerte hacia este maravilloso lugar algún día…
He tenido un sueño en donde mis carmesíes vestidos se han visto opacados por la belleza, un sueño en donde mi nombre era pronunciado de los labios de una bella mujer…una mujer que se transparentaba a cada paso que daba…a cada palabra, como una línea imaginaria. Un sueño, en donde recordé a la madre que nunca pude conocer… ¿Has tenido esa sensación mí querida Gwen?
Un sueño en el que te sientes pequeña, como una niña que no puede tomar un libro colorido de una estantería. Soñé con un lugar en donde corres al compas de las hojas que caen a la tierra húmeda y solo te sientes caminar…caminar por caminar a pies descalzos…con cuidado, lentamente y a la vez flotando. Un sueño en el que alguien pronunciaba mi nombre al compas de la música que la brisa daba…cada cuatro tiempos, cada ocho y dieciséis…le oía llamarme con cariño, con amor …"Morgana" me decía, "Morgana" me llamaba….
Y a su ser… ¿Le han llamado en sueños mi Gwen? ¿Le han buscado en ellos?
OoOoOoOoOoOoO
La noche había sido clara y por el momento, durante la madrugada los rayos del sol no querían aparecer, más aun, mi mirada se ha quedado varada en los alrededores de mi cuarto y aun así no me he decidido a levantarme…y una vez más me convenzo a mi mismo de que no se trata de la falta de ánimo; sino de la rutina que en un parpadeo se ha roto…no por completo, pero ahora me doy cuenta de que gran parte de ella simplemente se fue, desapareció como el invierno dio paso a las cálidas noches que se presentan. Pero una vez más mis ojos son atraídos por los leves destellos de unos cristales que cuelgan del cielo de la habitación y que por escasos centímetros no topan con el suelo, los cuales por la tenue luz y la hora, se reflejan sobre la cama y parte de la pared en donde me encuentro sentado. Y me quedo casi inmóvil, pues no quiero despertar al dueño de aquellos regalos…*suspiro* y mis manos tocan los tenues brillos como si de mariposas se tratasen.
Hace mucho que no me siento tranquilo de verdad, tan calmado…bueno, hasta que mis oídos escuchan el cuarto contiguo abriéndose… y me digo a mi mismo que ya es de día y mis obligaciones se ven limitadas a atender a mi señor en lo justo y necesario por ahora, pues no podre acompañarlo a los campos o al entrenamiento, tal vez le vea a lo lejos… mi tiempo lo tendrá a su disposición mi Gaius, al menos hasta que los heridos sean menos. *suspiro*
Me acomodo despacio aun que no quiero despertarle.
Dos de los destellos juegan entre sus cabellos oscuros, los cuales no dejan que le vea el rostro. Le dejare dormir un poco más. Y sin pensarlo mucho me pongo de pie en el lugar que ocupa mi cuerpo y no puedo dejar de preguntarme cuando o en qué momento cambiamos de lugar…pues a Gwaine se le ve muy feliz abrazando mi almohada preferida…y llenándola de baba. Mis pensares se detuvieron por unos segundos, pues soy consciente de que en ocasiones mi cerebro suele desconectarse de mi cuerpo y este momento fue uno de esos. Mi pie derecho se poso sutilmente en su cintura y lo presiono un poco, suavemente y despacio para que la fuerza de gravedad hiciera lo suyo. Las sabanas se irían con él y con aquel impulso, mi rápida ida al cuarto de baño.
Un ruido sordo se oyó a lo lejos, lo que llamo la atención de Gaius, quien se encamino con rapidez a la alcoba de su protegido, encontrándose con uno de los jovencitos que más dolores de cabeza le daba estos últimos días.
- …*bostezo*…otra vez me caí de la cama… - Se quejo aturdido mas para sí, pues no tenía la menor idea de que el anciano le miraba risueño desde el umbral de la puerta. - Merliiiiin… ¿ya te fuiste? – Pregunta Gwaine al aire mientras se arropaba nuevamente con las sabanas que se fueron con él al suelo y se acurrucó de nueva cuenta en el mismo lugar en el que se quedo. – Me mentisteee….dijiste que hoy no te levantarías temprano. – El joven de castaños ojos se acomodo mejor en su lugar y suspiro gustoso. – Si querías que me despertara *bostezo*…esta fue una mala opción. Para la próxima no me molestaría dormir en tu suelo, se está muy cómodo aquí. – Seguía comentando el joven hasta que se decidió a abrir levemente los ojos, divisando con esfuerzo al médico. - …buenos días Gaius… - Le saluda bostezando y a la vez restregando su cara en contra de la almohada que tenia entre los brazos.
- Pues buenos días…- Responde ya más tranquilo el anciano, al notar que no había pasado nada de cuidado. – Es temprano aun, ¿quieres algo en especial para el desayuno?
- ¿Sería mucho pedir que Merlín tome el desayuno con nosotros? – Sentencio ya totalmente despierto acompañando su jovial rostro con una sonrisa esperanzadora, levantándose con las sabanas y la almohada en los costados, para esperar una respuesta de su gusto. - Si no es así, le llamare "el mentiroso Mer-Mer" una y otra vez hasta que mi alma se canse, lo que dudo mucho mi señor Gaius.
- ¿A quien has de llamar mentiroso? – Dijo el jovencito visiblemente ofendido por su amigo mientras cerraba el cuarto de baño y se dirigía a darle un abrazo de buenos días al anciano, quien le respondió acariciándole los cabellos en conjunto de un beso en la frente, mientras le empujaba suavemente para que saliera del cuarto para ayudarle a terminar de preparar los alimentos, el joven más alto sonreía sin más, mientras se palpaba uno de sus hombros, algo le había dolido el golpe que se había dado contra el suelo.
- ¡Wooo! Si que estabas aquí ¡Hoy será un buen día! – Comento para sí, mientras observaba nuevamente el lecho, tentado a recostarse nuevamente.
- Vamos, cámbiate rápido o no alcanzaras a tomar los alimentos con nosotros – Le advierte el hombre de edad, cerrando a la vez la puerta del cuarto, en donde se oyen reclamos a lo lejos.
- Si es temprano…apenas y salió el sol, mi señor... – Se le oía a Gwaine contradiciendo al mayor del hogar, mientras el joven dejaba caer sobre la cama las sabanas y la almohada para dirigirse al cuarto de baño con el seño levemente fruncido.
- Hace poco pasó por aquí Gwen, ¡me dio las buenas nuevas! Al parecer tendrás mas tiempo para estudiar…y para ayudarle al ruiseñor de tu cuarto con las labores en su casa.- Dijo el mayor apurando el paso hacia el mesón en donde acostumbraban a tomar los alimentos, y despejando unas cuantas cosas, el de cabellos blanquecinos por la edad le sonrió al tiempo en que colocaba frente a los ojos del menor cientos de diminutos frascos de colores. – Es más…aquí ¡Tu próxima tarea!
OoOoOoOoOoOoO
- ¿Cómo ha dormido hoy? – Fue el cariñoso susurro que durante las presentes albas intentaba sacar de los oscuros pesares a un gran cuerpo maltrecho y cansado que se dejaba sostener en un gran sillón carmín, aun cuando la respuesta no llegaba.
Las blanquecinas manos de la joven de cabellos largos se posaron en las del mayor, quien sostenía la mirada perdida al frente, hacia el paisaje que su reino le daba. La joven dama sonrió con pesar, eran ya meses los cuales se habían ido ante la mirada de su padre. Suspiro con tristeza, mientras le quitaba la corona para entregársela a Gwen y deshacía una a una las amarras de la gran capa que traía a sus espaldas, sin embargo, se vio detenida por las grandes manos del hombre quien con una mirada profunda, oscurecida y con pesar, le observaba fijamente cuando de un segundo a otro las lagrimas inundaron sus ojos cansados, pero que con asombro, no dejaron caer ninguna.
- He notado…-Dijo el rey con la voz rasposa y cansada. -…como Arthur a cambiado…-Morgana se vio sobrepasada por si misma, pues mas de diez lunas habían pasado desde la ultima vez que oyó salir alguna palabra dirigida hacia su persona. Este hombre seguía siendo el rey, seguía dando ordenes y mandatos, pero no a ellos, sino que a su hombre de confianza, aquel que cumplía mas años de servicio a su lado…no como pensaría cualquiera que le haya conocido antes; ¿Dónde había quedado aquel hombre quien solo creía en sí mismo? Este hombre tal vez es la sombra de lo que fue en algún momento, pero quizás es el hombre que se mantenía oculto bajo la corona que por tantos años sostuvieron aquellos hombros rectos que aun se mantenían en su puesto. - … me encuentro aquí y aun así puedo verlo…estoy cansado.
Fue lo que afirmo antes de que se le quebrara la voz y las lágrimas cayeran de aquellos ojos claros en la misma posición, por ello le miro con mas intensidad, a su hija allí arrodillada a un lado suyo, expectante a sus palabras y un tanto asustada.
- Mi rey…- Le llamo preocupada tomándole con sus pequeñas manos el gran rostro del hombre, incentivándole a seguir con la charla. - … ¿que es lo que ha visto mi señor?
- Una mujer…
- Uh? – Morgana miro confundida a Gwen quien tampoco supo a que se refería.
- Una mujer…- Volvió a repetir con la preocupación teñida en sus palabras.-…una dama con sus cabellos…- Menciono recogiendo las azabaches hebras de la joven de ojos claros. - …con sus ojos, como su madre. – Y sin decir mas la hiso a un lado y camino despacio hacia el balcón frente a él.
Morgana se le quedo viendo preocupada con las manos proyectadas hacia su rey, quien de nueva cuenta se había perdido en el horizonte de su reino a lo lejos. Gwen se encamino de inmediato en busca del principal, puesto que él era el encargado desde siempre del rey. Pronto hicieron acto de presencia dos jovencitos quienes se inclinaron ante la joven presente en la habitación, para quedarse a un costado en espera de las órdenes de su señor; al instante, detrás de ellos su Gwen y su tío, un hombre de tez pálida y largos cabellos rubios lisos que le llegaban hasta la cintura, los cuales, sin embargo, no se veían desteñidos por los años, se encamino con preocupación en dirección al mortal en el balcón.
- Espere un poco tío Lethol…-Le detuvo perturbada poniéndose nuevamente en pie y tendiéndole las manos al hombre para apartarle de los siervos allí presentes y así, poder conversar tranquilamente. -…deje que sus ayudantes se encarguen de nuestro rey, debo hablar con usted. – El de rubios cabellos asintió y dio la orden para que los muchachos se hicieran cargo de atender al rey, mientras preocupado se dirigió donde las damas, quienes le esperaban detrás de los cortinajes del balcón del cuarto.
-Mis pequeñas, ¿qué le ocurrió? Últimamente su padre no se levanta sin que alguien se lo pida. – Les habló sumamente preocupado, sosteniendo en sus manos un frasco azul con la medicina que el galeno de la corte le había dado para situaciones así.
- Tío…hay algo que le perturba. – Le dijo conclusiva, esperando que el hombre frente a ella tuviera algunas luces de lo que pasaba, pero al instante un fuerte sollozo los alarmo.
- ¡Lethol! – Le llamaba envuelto en una pena enorme el rey, mientras sostenía firmemente de uno de sus brazos al más joven de los siervos, quien a penas tocaba el suelo con la punta de los pies, mientras observaba fijamente al horizonte. – ¿Por qué has mandado a tus aprendices? – Dijo completamente dolido, pues sus facciones se habían vuelto más que expresivas estos últimos años y en un desquite de rabia contenida levanto más aun al jovencito.
- ¡Uther no! – Fue lo que alcanzo a decir el cuñado del rey, cuando todos presenciaron como arrojo sin misericordia alguna al pequeño en contra del otro discípulo, quien intento por todos los medios evitar que se dieran un gran golpe al recibir con todas sus fuerzas a su amigo, logrando dar en una de las esquinas del balcón, cuando al instante, el discípulo mayor noto como el brazo de su compañero no paraba de sangrar.
- ¡Maestro! – Le llamo el varón mayor de castaños cabellos, con el miedo impregnado en su voz.
- Uther… ¿Cómo…? – Dijo al borde de las lágrimas al ver a sus pequeños mal heridos, pero mientras emprendía el paso rápido hacia sus muchachos, se vieron detenidos por el rey, quien le corto el paso para abrazarle fuertemente y acariciar los largos cabellos del hombre.
Las damas presentes sin pensarlo dos veces se acercaron con precaución hacia donde los pequeños se encontraban, mientras que Morgana le decía a su tío modulando ampliamente, de que ellas se encargarían de los niños. Sin embargo, una mueca de dolor se vio en el rostro del menor al ser revisado por la mujer de mayor autoridad en el cuarto, pues fue en ese momento que el jovencito cayó en cuenta de que sangraba copiosamente, quedando paralizado por la impresión.
- Delmer ¿Te duele? – Le pregunto afligido su compañero más alto, quien sin pensarlo mucho tomo uno de los pañuelos que hacían parte de la vestimenta que traía puesta para envolver con sumo cuidado el brazo herido.
- No sé. - Fue la respuesta simple, mientras el mayor se ponía de pie nuevamente.
- Mis señoras, le llevare donde el señor Gaius.
- No Astor, iremos también.- Menciono de manera sutil la mujer morena, mientras ayudaba a Gwen y al rubio menor a ponerse de pie.
OoOoOoOoOoOoO
El día había empezado demasiado calmado y la mañana seguía el paso de los tenues rayos del astro, quien les permitía a sus hijos el paso por los grandes vitrales de los enormes salones, llenándolos de vistosas luces danzantes y de los más variados matices que llenan cada día los enormes pasillos que dan hacia los cuartos de la realeza; el ala principal, mas alta y la mas apartada del castillo. Estos son los lugares que frecuentan los siervos más importantes, aquellos que por los años de servicio se han ganado el derecho y la confianza de sus señores para servirles, y es por esta razón que son pocos los guardias los que guardan esta zona. Simplemente se trata de un espacio libre en donde los reyes pueden dejar el protocolo de lado y hacer sus vidas como personas normales; los mismos pasillos por los que en su infancia, Arthur y Morgana utilizaban para jugar, correr y danzar, terminando recién su recorrido por las piedras y el mármol para toparse de lleno por un importante jardín interior. El último regalo que Uther Pendragon le ofreció a su amada esposa, cuando aun gozaba del regalo de la vida.
- Lo siento Arthur, solo necesito un poco de esto. – Dijo pensativo el más bajo, mientras con movimientos sutiles y cuidadosos, tomaba de los tallos algunas hojas que había dejado secar en una de las esquinas del pastizal, al lado de cientos de botones de rosas que se sentían apresuradas por crecer.
- No has de preocuparte, aun es temprano. – Hablo completamente relajado el príncipe, mientras tomaba asiento a un lado del moreno y observaba el cuidado con que el chico a su lado emprendía su tarea. – ¿Cómo es? ¿Se sacan las hojas igual que con el boldo? – Pregunto el príncipe mientras tomaba con precaución un par de ramas y las miraba con el seño fruncido.
- Por supuesto, solo las hojas, las ramitas hay que ponerlas dentro de esta redoma. – Decía el moreno sonriente ante la concentración de su señor, mientras le acercaba el frasco de colores que estaba ocupando para dejar las hojas secas y veía como el príncipe se tomaba más confianza al separar las hojas de las ramas, por lo que no aguanto las ganas de posar algunos dedos de sus manos en las sienes del príncipe para deshacer el fruncido de su frente, lo que el mayor entendió al instante, suavizando su expresión.
El tintinear de los francos de colores no se hiso esperar cuando el joven pálido buscaba entre el canasto que llevaba consigo uno en especial. Pronto llenó el contenido con tan solo las hojas secas que hace unas semanas llevaba guardando para Gaius. El de rubios cabellos no pudo evitar pensar en lo afortunado que era el hombre de edad de tener a su disposición a este jovencito tan precavido y tan atento con los detalles, pues era él quien se encargaba de cuidar de las plantas medicinales, y que por su puesto, nunca hicieran falta. Por esta razón fue que al llegar el buen tiempo, le había pedido a Gwen que consiguiera a alguien para que le habilitara un terreno, un pequeño espacio para que Merlín pudiese cuidar sus plantas sin la necesidad de recorrer casi todo Camelot. La idea le había llenado de emoción, pues, aun que se recienta de Morgana, fue ella quien le había dado la idea tan maravillosa y como un regalo del cielo, podrían disfrutar más aun de la compañía mutua.
Unos golpecitos al frasco para acomodar su contenido y el menor ya se encontraba de pie entusiasmado por acompañar a su señor a recibir al nuevo siervo que se ocuparía en exclusivo de las labores más importantes para su príncipe, pues de ellas dependía mucho el rendimiento, su bienestar y lo más importante, la vida de su señor. Un suspiro.
- Deberíamos apurarnos…- Dijo algo acongojado el más bajo, mientras arreglaba su canasto entre las manos y encaminaba a su señor hacia la salida del jardín central y este fruncía el ceño por segunda vez en el día sin darse cuenta de ello. - …no hay que hacer esperar a las personas, menos el primer día, ¿no es así?
El príncipe rio divertido.
- ¿Se ha oído mi Merlín? – Comento alcanzando su paso con más energía.
- ¿He dicho algo extraño? – Cuestiono con otra pregunta algo confuso.
- El primer día que estuvo usted a mi cargo, llego pasado el medio día, ¿le recuerda algo? – El moreno enrojeció avergonzado encogiéndose de hombros.
- Lo siento por ser tan descuidado…
- Entonces…- Hiso una pausa en su andar, mientras el mago se le quedo viendo extrañado unos pasos más alejado de su señor, mientras él le extendía una de sus manos. - … ¿me harás el honor de acompañarme cada mañana a la armería o mi señor Gaius requiere de sus servicios a estas horas por estos días? – Merlín parpadeo un par de veces incrédulo y sin pensarlo le tendió el canasto que llevaba en sus manos. A esta acción una sonrisa aun más grande se vio en el rostro del joven frente a él, quien sin pensarlo cogió entre sus manos el canasto que le fue tendido. ¿Su señor aun quería de su compañía, aun sabiendo que tenía a su disposición a otro siervo más eficiente que él en esas tareas? El más bajo abrió la boca para contestarle, pero no podía articular palabra alguna. – ¿No quieres? ¿No puedes? ¿No…
- ¡Claro que quiero! - Dijo el moreno rápidamente y al darse cuenta de sus acciones, sintió vergüenza de si mismo… ¿Cómo se le podía ocurrir a su persona pasarle su canasto a su señor? Definitivamente algo debía estar mal con el hoy, pues…ya había votado de la cama a su mejor amigo y ahora quería delegarle sus deberes a su príncipe…deberían castigarle de alguna forma por ser como es, por ser tan Merlín para sus cosas. Por otro lado, no hallo algo más interesante que fijarse en los mosaicos que se dibujaban en el suelo al lado de sus pies. Y así fue como se dio cuenta de que a veces tenia la atención de un mosquito volando por los cielos. – Lo siento…- Se disculpo bajito, mientras extendía nuevamente sus manos para tomar su canasto, el que no alcanzo, porque su señor lo había alejado de su alcance.
- Entonces no hay problema con que me acompañes a la armería, ¿cierto? – Merlín negó quedamente, mientras se encaminan nuevamente hacia los pastizales en busca de las siguientes hierbas.
- Primero son mis atenciones con usted, luego puedo hacer todo lo que Gaius me pida.
- Eso me parece muy bien. – Comenta con una sonrisa aun más notoria. Si alguien le hubiese dicho que aquel día despertaría de tan buen ánimo, tal vez le hubiese creído algo. En este sentido, el príncipe debía de admitir que conocía a la perfección el recorrido que su siervo transitaba al menos dos o tres veces por semana, no por nada, cada vez que podía, estaba pendiente de lo que su compañero hacia. - …aun hay tiempo suficiente como para ir a buscar las hiervas medicinales e ir a conocer a quien nos ayudara con el resto de las cosas. – Sonrió con entusiasmo a los cuatro vientos. - ¡así me gustan las mañanas!
Y el alba conquistaba.
Las grandes nubes se arremolinaban en lo alto, pero el azul del cielo se abría paso sin esfuerzo, pues ya se sentía la calidez característica de los días de primavera en donde los sauces anclados a orillas del gran lago, mecían sus ramas con los recientes brotes verdes al compas del viento.
Unos cuantos varoncitos dirigieron sus pequeños pasos entusiasmados hacia el lugar en donde el príncipe y su siervo se encontraban concentrados llenando unos frascos con hierbas, por lo que no dudaron en preguntar si su señor se detendría mucho tiempo en aquella labor. Los chicos rieron al recordar lo distraídos que eran aquellos jóvenes mentores, por lo que felices de la vida se arremolinaron a hacer parte de la travesía que significaba llenar las decenas de frascos que el galeno de la corte acostumbraba a pedir al siervo de su príncipe, mas aun cuando tenían mucha gente que atender.
- Se nos va a hacer tarde, ¿no es así Percival? – Dijo tranquilamente León, atrás de todos los hombres que se encontraban sentados frente a él, acto por el cual todos los presentes le observaron con una ceja alzada, lo que le hiso gracia al caballero, quien era guiado de nueva cuenta por el caballero más alto de Camelot a su lado, quien asentía quedamente rodeando con uno de sus brazos los hombros de su acompañante hacia la armería que se encontraba al otro lado de aquella estancia.
- Es tarde. – Afirmo escuetamente el hombre más corpulento. Par de palabras que al escucharlas, los jovencitos se pusieron instantáneamente de pie, algo nerviosos y sacudiéndose las ropas, hicieron una rápida reverencia al joven rubio y al moreno, para salir alegremente al encuentro de sus "padrinos", quienes debían de estar esperando por ellos.
- ¡Acabe! – Anuncio el príncipe sacudiéndose las manos. – ¿Nos vamos?
- No sé qué haría mi señor si no tuviéramos a León con nosotros. - Fue el simple comentario que dio Merlín, cuando rápidamente ya había guardado fugazmente los implementos y habían emprendido el camino hacia el mismo lugar que sus amigos.
– Pues para mí, el Dios Cronos es un misterio. – El príncipe rio a sus adentros ante lo dicho, mientras una vez más seguía los pasos de su amigo y le arrebataba de nueva cuenta el canasto de sus manos. - …si no lo fuese, llegaríamos con tiempo a todas partes.
Pero con apuros o sin ellos, la mañana avanzaba tranquilamente y era de esta forma en la que los caballeros se sentían, más aun, la alegría de los varones jóvenes se podía palpar con las manos extendidas en el ambiente que llenaban de buenas energías, mientras muchos de los mayores se aseguraban de que las protecciones de sus ahijados estuvieses bien puestas, otros se retrasaban buscando en la gran armería algún implemento que pudiese servirle.
- Lo siento mucho, señor Gwaine…- Se disculpaba un hombre cuyo físico delataba al instante su antiguo servicio en alguna tropa, pero que por alguna razón lo había dejado atrás. Llevaba el cabello recogido bajo una gran pañoleta y ya traía puestas las botas de trabajo más un delantal de género oscuro y unas cuantas pecheras de cuero pequeñas que llevaba sostenidas en sus grandes manos, mientras dos pequeños y el hombre ya nombrado, buscaban algo por las estanterías. - …al parecer en esta habitación solo se encuentran de este porte, me hubiese gustado ser de ayuda.
- ¡Oh! No se preocupe, pronto vendrá Merlín, él sabrá donde están. – Dijo el pelilargo muy seguro de sus palabras, mientras tomaba entre sus brazos al menor de sus ahijados para sentarlo en sus hombros y de esta manera alcanzar una de las estanterías más altas del lugar, donde se encontraban apilados mas implementos de combate. El pequeño disfrutaba sin más los juegos que mantenía su padrino con ellos, lanzando carcajadas, cuando Gwaine le tomo de las manos y le elevo en lo alto.
- ¡Wooo! ¡Mira Fenrir, soy más alto que tú! – Decía orgulloso de sí mismo el menor, mientras se sentaba recto entre los hombros del pelilargo, su compañero hiso un mohín al oírle.
- ¡Eso no es justo! – Reclamo al instante y al verse ofendido decidió subirse con algo de dificultad al gran mesón de la sala para correr hasta uno de los estantes más altos e intentar de puntillas, escalar las repisas, lo que impidió el hombre de más edad en el lugar, llamándole la atención al menor, quien luego le miro apenado.
- Lo siento señor. – Se disculpo el mentor de los menores haciendo que estos agacharan la cabeza en disculpas al hombre, quien suspiro algo agotado. – Se que es su primer día y estamos aquí desordenándolo todo y haciendo un gran escándalo, lo sentimos.
- No tiene que hacer eso señor Gwaine, soy yo quien debería saber cómo atenderle.
- Está equivocado mi señor…- Fue la suave, pero segura voz que se oyó entre las grandes puertas de la habitación, dirección a la que todos los presentes pusieron sus miradas.
- ¡Mer-mer! – Le llamo alegremente el autoproclamado "mejor caballero de Camelot" quien al escucharle, se dirigió como alma que lleva el diablo para lanzársele a los brazos, labor que no pudo hacer ya que el más bajo le lanzo una mirada que bajo todas las señales debía catalogarse como peligrosa. Se aparto sutilmente cabizbajo y con un puchero notoriamente melancólico en el fruncimiento de sus labios, quienes a ratos se abrían para apelar, pero de los cuales no salían palabras en defensa. -…ya decía que se ha levantado con la maldad dominándole el alma…*suspiro* ¡ouch!
- ¿A quién, se le puede saber, le dice eso? – Pregunto el más bajo tirando uno de los mechones de cabello del pelilargo, quien ahora se encontraba encorvado, saludando con señas al príncipe, quien apenas había aparecido por las puertas del salón, sonrió de lado por el natural actuar de sus amigos y las sorprendidas miradas de los demás presentes, a quienes les dirigió un ademan para que aguardaran un momento, mientras el mismo, se dirigía hacia el gran mesón para posar en él, el canasto que llevaba entre las manos.
- Pero Merlín…- El de piel pálida le miro críticamente, cruzado de brazos en espera de algo coherente. - …prometo que tendré cuidado.
- Eso está bien. Recuerda lo que dije esta mañana, usted está a cargo de jovencitos con mucha energía…más que la suya al menos…así que debe ser capaz de mantener el control, de lo contrario nuestro señor León les dará su cuidado a alguien más. – Dijo seriamente, volviendo su caminar hacia los demás. - …y yo confío en usted…
- ¡Gracias! – Fue lo que se escucho cuando el "mejor caballero de Camelot" le tenia envuelto entre sus brazos y los menores corrían para unírseles en el abrazo de los mayores.
- ¡Gracias Mer-mer! – Agradecieron también los pequeños al unísono en un fugaz abrazo, pues habían dejado de lado a su príncipe, quien paciente esperaba observándolos con buen humor, lo que era poco frecuente.
- Ahora si…buenos días Gwaine, chicos…espero que sean unos buenos días para usted también, mi señor. – Dijo de lo más tranquilo el joven príncipe de esas tierras, mientras tomaba asiento en un lugar junto a él y le tendía la mano en señal de saludo. – Gwenevere me ha hablado mucho de usted. Es un gran honor tenerle entre nosotros desde ahora Sir Geoffrey, mi nombre es Arthur.- El nombrado había quedado muy sorprendido por las palabras de su nuevo señor, al oír aquel nombre.
- Mi señor yo…cuando viaje con mi familia hacia estas bellas tierras, decidí dejar los títulos atrás. Me complacería de sobremanera si no me llamara como uno de sus colegas, hoy soy solo su siervo. – Dijo en completa humildad, el hombre que aparentaba unos cuarenta años.
- *suspiro* En estas bellas tierras, como usted dice, no ha de importarnos lo que quiera hacer con sus títulos, si es que en realidad quiere que le llamemos Geoffrey, mi señor…pero he de pedirle que a mí también me llame por mi nombre. Al parecer en este reino el protocolo está muy marcado desde que mi padre es rey, pero me complacería de sobremanera que usted también me tratara como un servidor mas. – El hombre había quedado sorprendido ante las palabras de su nuevo señor y sin dudar había tomado con más fuerza la mano que este le ofrecía en un nuevo saludo de mayor confianza.
- Había oído rumores, su excelencia…mi señor Arthur de sus virtudes, pero mi alma ha quedado complacida con lo que mis oídos han escuchado de usted y hoy puedo comprobarlo también con mis propios ojos. – El príncipe se había echado a reír divertido, aquello era cierto, se hablaban muchas cosas de él fuera de sus tierras, aun cuando solo era un príncipe bastante joven.
- Eso no hace falta mi señor, hoy somos los que somos. – Observo divertido a sus amigos, extendiendo uno de sus brazos hacia el joven mas pálido del cuarto, a quien se le veía un tanto complicado por los dos menores presentes, quienes lo tenían envuelto entre sus brazos desde la cintura y no le dejaban mover. Al notar esto, Gwaine los observo duramente y a regañadientes los pequeños soltaron a su amigo volviendo junto a su mentor, quien una vez con ellos les agacho la cabeza junto con la suya en señal de disculpa para los demás compañeros presentes, quienes sonrieron de lado. Al parecer el "mejor caballero de Camelot" tendría mucho trabajo por hacer. Una vez el joven mago alcanzo a su señor, este hiso una reverencia a su nuevo compañero. – El es Merlín, quien se encarga de mí.
- Usted es de quien me hablo tanto Gwen, es un gusto. – Dijo complacido el mayor dándole la mano. – Estoy realmente admirado por su trabajo.- El muchacho enrojeció al instante.
- Hago lo que puedo.- Dijo avergonzado de sí mismo.
- Pues ahora me tiene a mí para que me ocupe de las tareas pesadas, que por lo demás, son las mejores…- Sonrisa amplia. –…esa fue una de las razones, mis señores, por las que deje de ser un caballero en esta etapa de mi vida…los caballos y el metal no paraban de llamarme. – Y el brillo en los ojos del hombre mayor no paso desapercibido por ninguno de los comensales en aquella habitación.
- Pues me alegra que ahora se encuentre haciendo lo que su pasión le mande. – Comento entusiasmado el de cabellos rubios, mientras su mirada se topaba a lo lejos, en los pastizales, con sus subordinados, quienes ya tomaban sus lugares. Y el deber comenzó a llamar en el corazón del príncipe, quien poso una de sus manos en el hombro de su pálido amigo, para darle algunas indicaciones. – Merlín…te dejo con Geoffrey para que le enseñes lo que haga falta, ahora voy con León para hablar el tema de su hijo…-Dijo pensativo el príncipe, a lo que el de mayor edad negó felizmente con la cabeza dirigiendo su mirada hacia los demás caballeros a trabes de los grandes ventanales.
- Sir León ya se encargo de mi hijo, mi señor Arthur.
- Realmente no se qué haría sin su ayuda.- Dijo con una gran sonrisa, comentario a lo que los demás presentes rieron divertidos. Arthur se puso serio de repente mirando fijamente a los menores, quienes se quedaron sin aliento al notar este detalle. - …sigan riéndose…los estoy viendo y aun no están listos.
- Meeer-meeer…- Le llamaron ambos muchachitos lanzándoseles a los brazos en una súplica demasiado tierna.
- Ayúdanos a encontrar las pecheras, ¿sí? – Pregunto el menor con un puchero, mientras con una de sus pálidas manos se quitaba los buques de los ojos, para poder mirarle tranquilamente.
- Gwaine las estaba buscando, pero no están. – Aseguro el menor mayor con un tono dramáticamente afligido. – El siervo del príncipe suspiro resignado.
- Llevan dos días con él y ya se le parecen… ¡no quiero imaginar que pasara en un par de años! – Dijo el joven mago frunciendo el seño. - … ¡y son tan pequeños! – Dijo divertido, olvidando su frustración inicial, tal vez, solo tal vez, aquello no sería tan malo.
- ¡Los dejooo! – Anuncio entretenido el príncipe, observando cómo su Merlín intentaba caminar hacia un cuarto contiguo con los dos niños a cuestas. - …se me olvidaba, hoy enviare a los ahijados de los ayudantes contigo Merlín, así que espero que tengan un buen día y a ustedes, los quiero en dos minutos afuera.
- ¡Buena suerte! – Les desearon el nuevo siervo y el joven mago, mientras el resto se encaminaba a seguir al joven pálido que se adentraba por fin al cuarto con plena movilidad.
- Woo…Percival ya se llevo una con el.- Comento mas para sí, leyendo un pequeño papel, mientras le tendía las pecheras a los dos mayores para que estos terminaran de vestir a los menores, quienes abrían los brazos para facilitarles la tarea.
- Como sabes eso, ¿eh? – Pregunto curioso el pelilargo cerrando una hebilla. Pero el más bajo le enseño el pedazo de papel y Gwaine asintió quedamente. – Si, fue el.
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Merlín no sabía porque, pero durante los últimos días se había pasado mucho tiempo mirando el cielo. De esto se había dado cuenta su príncipe, pero al parecer no le había dado mucha importancia, pues al preguntarle, este solo contestaba que le daba la impresión de haber visto que algo que llegaba de los aires. Y razón tuvo esa mañana al ver como un águila que conocía muy bien se aproximaba al aviario, haciendo gala de sus lindos chillidos, dejando saber que traía algo. Los caballeros amigos del menor le miraron risueños, pues sabían quién era el dueño de aquella ave tan grande.
- Se había demorado Tristán en escribirles, ¿no es así? – Comento cantarinamente Sir Ulrich, mientras emprendían nuevamente el camino hacia los dominios del galeno de la corte, quien seguramente estaría esperando por ellos, pues, por alguna razón, ya era tarde.
- Eso es cierto, ya estaba algo preocupado. – Dijo acongojado el joven de pálida tez, mientras llevaba de la mano junto con Sir Percival a su ahijado, el menor de los niños que aquel año habían entrado a la caballería y que al parecer habían establecido en la inmediatez un lazo muy cercano, pues el pequeño no se alejaba del caballero más temible de Camelot por nada del mundo. Esto lo noto de inmediato el joven mago, quien sonrió de lado al recordarlo. – Tan pronto como acabemos hoy iré a ver de que se trata.
- El amor debe ser… - Comento quedo Sir Richard, haciendo que el resto de los caballeros y de los ahijados mayores asintieran al unísono y suspiraran al recordar de quien hablaban.
Pronto habían llegado donde el galeno, pero el ánimo quedo suspendido en el aire al darse cuenta del escueto silencio que moraba en los aposentos de Gaius, pues leves sollozos se oían en su interior, pues dos damas eran consoladas por el anciano, quien mantenía una mirada algo perdida en uno de los cuartos.
Notas de la autora:
Buenas a todos, espero que les haya gustado, aun que sé que estoy recién comenzando con la historia XDDD cualquier comentario y/o opinión será bien recibida, lo admito! No soy mujer rencorosa XD
