Notas de la Autora:

Holaaaa espero que estén muy bien! Espero que no estén molestas o molestos con la tardanza pero he tenido problemas...más bien es el hecho de ir a la universidad te quita mucho tiempo . pero ya estoy dispuesta a actualizar más seguido! Sin más espero que disfruten!

Shape of my heart

Capítulo IV: Petición.

Por alguna razón los aposentos del galeno se encontraban apagados tanto en sentimiento como en luz, razón por la cual, los varones que hace unos segundos atrás habían atravesado los umbrales del lugar se vieron un poco ofuscados por la atmosfera del recinto. Las damas presentes rápidamente hicieron desaparecer las penas de sus rostros cuando les sintieron irrumpir con temor el lugar e incomodas se creyeron al verse vistas tan vulnerables. Incomodidad que prontamente desapareció al ver a los señores presentes dándoles los respetos en una bella reverencia con una suave entonación, que se les oyó al unísono como pequeños niños ante ellas.

- Buenas mis señores. – Saludo mucho más animada la pupila del rey a los recién llegados, mientras Gwen asentía con una hermosa sonrisa, la cual en un instante ilumino el lugar, mas aun con el mirar gentil que ambas damas les dirigieron a los presentes haciéndoles pasar dentro para que tomaran asiento, pues debían esperar indicaciones.

- ¡Hoy tenemos muchos aprendices! – Dijo alegremente el anciano, cambiando en un segundo su rostro de preocupación, observando más detenidamente al menor que acababa de entrar en el lugar, quien también le miraba atento, como si quisiera descubrir algo. – ¿No son más pequeños cada vez o solo es mi impresión? – Hiso su observación el galeno dando un suspiro divertido, mientras recibía gustoso de parte de Merlín, lo que había encargado esa mañana.

- ¡Pero si es muy lindo! - Comento Gwen acercándose al menor, quien se contrajo un poco, escondiendo la mitad del rostro entre las ropas de su mentor, dejando solo uno de sus ojos atento al movimiento a su alrededor. Percival en apoyo a su aprendiz, coloco una de sus manos sobre su cabeza, para que se sintiese más seguro. Hecho esto, el menor se acurruco más en el cuerpo del mayor, tomando con sus pequeñas manos dos de los dedos del caballero sobre su frente, quien sintió su opresión y sonrió en una leve mueca, acto a lo que los demás también sonrieron.

Al parecer el menor estaba nervioso.

- ¿Es su pupilo mi señor Percival? – Pregunto acercándose también la bruja, mientras se hincaba muy cerca de ellos con la intención de tomar una de las manos al pequeño. El caballero simplemente asintió orgulloso.

Al sentir la presencia de otra persona a su lado el menor sintió curiosidad. Levantó dos de los dedos de la gran mano que cubría su cabeza y ojos, para poder observar lo que pasaba. Pero al verle se quedo sorprendido de quien era…muchas veces le había visto por los campos, pero nunca aquella dama le había mirado. La mujer de largos cabellos le sonrió como esperando algo de su pequeña persona, así que le hablo.

- Gabrielle. – Dijo la dulce voz del menor, acto al que los demás quedaron confundidos.

- Es su nombre. – Asintió el Caballero más temible de Camelot, ante la extrañeza del resto de los presentes y la mirada atenta de su señora.

- Es un nombre muy lindo. – Comento Merlín, mientras sacaba algunos implementos y los colocaba sobre un gran mesón en el centro del salón por petición de Gaius, quien también tendía algunas mezclas de hierbas sobre otro de los mesones, poniendo ya a trabajar a los pupilos del resto de los caballeros, que ya eran bastante más crecidos y podían seguir indicaciones más complejas. El pupilo de Percival sonrió feliz de la vida al comentario del mago. Miro por unos segundos a su maestro y este le asintió. En el acto el menor se dirigió donde el moreno para ayudarle en lo que pudiera.

- Mi señora, mi señor Gaius, debemos partir. – Anuncio Gwen al momento en que recibía un gran canasto de parte de Joseph, quien saludó a todos los presentes algo sorprendido de ver a tantas personas en el lugar.

- ¡Tienes razón! – Dijo un poco alarmada Morgana, mientras se dirigía con prisa dentro de una de las habitaciones interiores.

- ¿Que ocurre, mi querida Gwen? – Pregunto preocupado el mago, mientras los caballeros se acercaban al mesón en donde se encontraba Merlín empaquetando algunas cosas y la muchacha con preocupación visible en su mirar tomo asiento frente a este, junto a los caballeros.

- Es el rey…- Dijo tristemente y un poco nerviosa, pues estrujaba con sus pequeñas manos uno de los pañuelos que Gaius le había tendido momentos anteriores. - …hoy como siempre fuimos a verle muy temprano, pues por noticias del señor Lethol, nos enteramos de que otra vez se encontraba murmurando cosas sin sentido en sueños, pero nada coherente como para que Gaius pudiese ayudar en algo…*suspiro* pero hoy le hablo muy claro a mi señora, le platico sobre nuestro señor Arthur y… sobre una mujer, que al parecer tiene rasgos similares a Morgana…se le veía muy afectado.

- ¿Una mujer? – Pregunto pensativo el moreno, terminando de envolver lo que su Gaius le había pedido con tanto cuidado. – Sera que nuestro rey ha soñado con su amada cuñada.- Acoto sin querer la cosa, mientras le tendía un ramo con Narcisos amarillos a Gabrielle, a quien se le iluminaron los ojos por la belleza de las flores, mas aun, lanzo una pequeña risita al ver que su mentor se le acercaba con un gran florero y lo dejaba estar frente a ellos en el gran mesón, mientras Merlín le tendía un par de tijeras al mayor, por lo que pronto el caballero se acomodo en el mesón sosteniendo a su ahijado, para que no fuera a dañarse en el proceso, mientras cortaban las flores.

- Eso me temo… - Continuo Gwen, observando enternecida la escena frente a ella. Pero sus facciones se ensombrecieron al recordar lo sucedido un par de horas atrás. - …pero aquello no es lo que más nos preocupa. – La muchacha suspiro pesadamente mirando a los demás caballeros ante ella, quienes la observaban preocupados. – Son sus arrebatos…esta mañana entro en coraje lanzando lejos a Delmer, el menor de los protegidos del señor Lethol, el principal del rey…- Dijo aclarando el asunto hacia los demás caballeros. Dio una pausa, observando con intensidad a su amigo de ojos claros, quien sorprendido lo entendió, su amiga estaba preocupada por el bienestar del tío de su Morgana, concluyendo en lo que mas temía…- …el rey descargo su ira sobre el pequeño y termino por romperle un brazo. – Concluyo mirando intensamente hacia los cuartos interiores de los aposentos del galeno.

OoOoOoOoOoOoO

Un suave tarareo se oyó en tanto se abrieron con pausa las enormes puertas del lugar, dando una sensación tranquilizadora, mas aun por la tenue luz cálida que se colaba entre los gruesos cortinajes casi transparentes que cubrían la gran cama del rey de Camelot, dejando los alrededores en una verdadera penumbra.

Lethol no se inmuto en cuanto sintió el abrir de las puertas, menos cuando unos suaves pasos se aproximaban lentamente hacia el lugar en donde se encontraba tendido con el rey. Su mirar estaba clavado en las gruesas cuerdas que sostenían los pesados cortinajes, mientras era acunado por el lento respirar de su rey, quien le tenía sujeto fuertemente del cabello a la altura del corazón, pero no por eso se sentía incomodo, simplemente la envejecida mano de su protector le tenía preso sobre su pecho que bajaba y subía conforme a los arrullos que sus labios dejaban salir. Con la calma que lo caracterizaba, dirigió su mirada hacia unas blanquecinas manos que se abrieron paso entre los pesados cortinajes y una dulce sonrisa lo inundo por completo. El joven pupilo de Gaius le devolvió la sonrisa humildemente, mientras abría espacio y se hacía a un lado para que Morgana pudiese tomar asiento en la cabecera del lecho.

La jovencita saludo a su tío con una caricia en la mejilla, mientras acompañaba al de rubios cabellos en su entonación, haciendo que el rey decidiera abrir sus ojos lentamente, como si estuviese siendo dopado con algún medicamento; pues observo a sus dos protegidos con la confusión en su mirada. La joven mujer en un movimiento lento se quito las zapatillas y se incorporo dentro del lecho llevándose en el camino a Merlín a quien le ofreció asiento en el lugar que ella había ocupado recientemente. El mago sonrió apenado mientras era incentivado por aquellas dos personas a que les acompañara en el canto. El muchacho les hiso caso.

Morgana llevo una de sus manos hacia la frente del rey, pues tenía las mejillas enrojecidas y se veía en su letargo un poco agitado. Al contacto se asusto y observo con preocupación a su joven amigo quien le entendió al instante. El moreno observo al galeno, quien se encontraba alistando unas pócimas, pero al fijarse con la vista, el anciano decidió cambiar los medicamentos, dándole la aprobación de inmediato con un ademan, para que el jovencito hiciese los procedimientos por él.

Ante la aprobación del galeno, la doncella dirigió una de las manos de Merlín hacia una de las del rey, quien al sentirle, le observo con cansancio por unos segundos, hasta darse cuenta de algo, pues cambio su mirada a una de un profundo dolor, mientras los tres seguían entonando la suave melodía.

- Gorlois…- Susurro sin fuerzas, cegado completamente por el dolor que sentía, mientras el joven mago confundido seguía sosteniendo una de las grandes manos de su rey en una suave caricia. Pero un leve quejido por parte del cuñado del rey se escucho, alarmando a los presentes y asustando a los más jóvenes.

En su reaccionar al ver a Merlín, Uther Pendragon cayó en una profunda tristeza y en un segundo, se encontraba tirando de los cabellos rubios de su cuñado, cuando momentos antes los había estado acariciando, dándole mucha paz. El joven mago asustado por la reacción del hombre tomo la mano que tenia entre las suyas llevándosela al pecho, mientras intentaba decir algo por la angustia. Morgana, quien seguía tarareando con su tío, le pidieron que se calmara con la mirada. "estoy bien" había modulado el principal del rey, mientras aguantaba el dolor que sentía y la jovencita en una idea rápida le susurro unas palabras al oído del joven mago, quien asintió algo nervioso e indeciso por los aconteceres. Pero la pena del rey era grande, y las lágrimas comenzaron a caer por segunda vez ese día.

- Gorlois…lo siento…- Dijo con tanta pena, que el corazón de Lethol se detuvo por unos segundos, completamente conmocionado, dejando su canto y solo oyéndose las voces más jóvenes en la habitación con la melodía.

Con decisión, el joven moreno se acerco al rey, quien le miraba con una pena contenida inimaginable años atrás, la cual envolvió a los presentes en un sentimiento mutuo; pero aun así, Merlín le miro directamente a los ojos enrojecidos por el llanto y le acaricio las mejillas. Al contacto, el respirar del rey se contuvo, como si tuviese miedo de las palabras que saldrían de aquella boca, la que le sonrió dulcemente y con una mirada cómplice se le acerco aun mas.

- No fue su culpa, mi señor…- Dijo el moreno desde lo más profundo de su corazón, mas aun sintió sus palabras al notar como una brillante sonrisa ilumino el rostro envejecido del rey, que aun dejaba caer lagrimas por el camino, pues una carcajada cansada inundo la habitación.

- … ¿Me perdonas?... – Pregunto incrédulo, con la voz raspada.

- Lo perdono, mi señor. – Fue lo que dulcemente le contesto el mago, mientras notaba como soltaba de su agarre al tío de su Morgana.

- No…no sabes…lo feliz que me hace…- Dijo en un suspiro casi inaudible, mientras la voz y el cuerpo le temblaban en un intento por alcanzar el rostro del joven frente a él.

- No se esfuerce, mi señor. – Le aconsejo el moreno tomando su mano y ayudándole a posarla en una de sus mejillas, mientras él se inclinaba sobre su cuerpo para posar sus labios en la frente del rey por unos segundos y de ese modo poder medir su temperatura. - …Tiene que descansar. – Concluyo, al notar lo alta que esta estaba, por lo que Merlín se separo un poco, manteniendo la otra mano en la frente de su señor, mientras le modulaba a su Gaius lo que necesitaba. El galeno le tendió en la inmediatez un paño helado, para ayudar a bajar la fiebre que tenia. Una vez puesto, le tendió unos frascos.

Y el arrullo de los tres continuaba su andar.

- Siempre has sido…muy benevolente, Gorlois…- Concluyo el rey, cerrando los ojos claros una vez que el menor le dio a beber las pócimas y le acariciaba las manos en conjunto con Morgana y Lethol, a quien aun le caían algunas gruesas lágrimas de vez en cuando, producto de las palabras de su señor, mientras notaba como el palpitar del corazón de su rey se tranquilizaba una vez más. -…tanto como tú, mi bella Igraine…- Susurro una vez más y con sus últimas fuerzas dirigió su mirada y las caricias de los cabellos a su cuñado, quedándose tan débil, que el Dios del sueño no tuvo más opción que llevárselo con él.

OoOoOoOoOoOoO

El día había pasado en un suspiro y por alguna razón el cálido sol se había esfumado a cambio de muchas nubes en el cielo, dando una sensación semejante al clima antes de que la lluvia irrumpa en el cielo. Era mitad de la tarde y muchas de las familias ya se habían retirado a sus casas sustitutas, mientras el menor de los médicos, Joseph, se encargaba de atender a unas pequeñas damitas con algunas heridas menores.

- No se preocupen, pequeñas, no quedara marca alguna. ¡Lo prometo! – Había asegurado Gaius mientras las menores sonreían embobadas al chico de castaños bucles, mientras realizaba de lo más concentrado su labor con sumo cuidado, pues se trataba de un par de señoritas.

- Creo que me has mentido otra vez, Merlín…- Dijo de forma picara Gwaine, mientras abrazaba cariñosamente al más bajo, rodeando su cintura y posando su rostro sobre uno de sus hombros, mientras hacía que este dejara de lado sus labores para dirigirle el cuerpo y voltearle por sobre sus talones, hacia la dirección del menor de los discípulos del galeno.

- ¿eh…que es lo que dice? – Preguntó confundido el mago, a lo que se respondió solo al darse cuenta de lo que su amigo le señalaba y una sonrisa juguetona apareció sin más en su rostro. - Lo que pasa, es que usted esta celoso, mi querido amigo. – El más alto rio en burla de las palabras del menor, apretándolo más en sus brazos. – ¡Hey! – Se queja el mago al sentir la fuerza rodeándolo y dejándole sin respirar, acto por el cual, el más alto se llevo una patada bien dada en las canillas. – ¿Quería decirme algo?

- … voy a considerar reclamarle algo de nuevo, mi Merlín. – Concluyo, sobándose el lugar de la patada, mientras el mago seguía con sus labores. – Pero es verdad, quien se lleva más halagos es Joseph, ¿no lo cree usted?

- ¡Ah! Eso es porque hace muy bien su trabajo, estoy muy contento. – Dijo el joven mago con una gran sonrisa, mientras se encaminaba de nueva cuenta hacia las estanterías del segundo piso, por las barandillas. - …además, los demás se han ido a reubicar a las demás familias, así que no puede formarse una opinión aun, ya que no están con nosotros…bueno, al menos los demás caballeros han llegado temprano el día de hoy. – Dijo con una alegría mayor a lo que el autoproclamado, mejor caballero de Camelot, le respondió de la misma forma, yendo hacia donde Joseph y las damitas mientras se hacía espacio para seguir mirando a su amigo en el segundo piso.

- ¿Y Arthur? – Pregunto al aire sin ninguna formalidad el joven pelilargo, a lo que recibió un suave golpe en el estomago, de unas cuantas telas blancas por parte de Gwen quien acababa de entrar al salón, las cuales recibió torpemente por reflejo para dejarlas sobre el gran mesón. No se había dado cuenta de que acababa de entrar a la instancia y se había ido a saludar a Gaius, quien ese día no podía estar de mejor humor. – Lo siento, mi Gwen ¿Dónde está el señor Arthur?

- Se encuentra con el señor Lethol teniendo una conversación. – Concluyo la joven mientras se dirigía con prisa hacia la entrada, para ayudarle a su señora quien también venia cargando un par de cosas hacia la estancia del galeno. – ¿Está bien mi señora? Le dije que podía con todo, no debió molestarse.

- ¿Por qué a las damas les agrada hacer las cosas por sí mismas? – Se pregunta perturbado y refunfuñando Sir Gwaine, mientras tomaba con suma elegancia, los canastos y telas a las mujeres de entre los brazos, mientras ellas, entre risas y molestia dejaban ir de sus manos los objetos que traían. Pero el ánimo les cambio al notar a Merlín bajando por las escaleras con una pila de libros grandes y viejos, quien al parecer no se había percatado se su presencia. Cuando el mago las noto, las doncellas le lanzaron un par de besos como saludo y este en un ademan para recibir los besos en el aire, se resbalo un par de escalones hacia abajo, quedando sentado en la mitad de su trayecto logrando que ningún libro se le fuera de las manos. Las mujeres en reacción, corrieron a atenderle, pero al llegar rieron dulcemente al notar como el mago al verlas, se había llevado la mano con la que atrapo sus cariños al corazón con una gran sonrisa.

Gwaine se acerco a ver el porqué de tantas risas cómplices, pues él no había visto nada, mas aun, estaba un poco triste porque le habían dejado hablando solo en una esquina del salón. Pronto noto a su querido Merlín sentado en medio de las escalas y asumió, que por el sonido que había sentido, había tenido un pequeño accidente, por lo que se acerco para arrebatarle la pila de libros de su regazo y los dejo sobre el mesón más próximo, donde las recién llegadas tomaron asiento y observaban como el mejor caballero de Camelot ayudaba a su amigo a ponerse de pie.

- Gracias Gwaine.

- No es nada. – Dijo aun más pensativo que veces anteriores, mientras observaba a las damas detenidamente.

- ¿Que ocurre Gwaine? – Pregunto divertida Morgana, mientras miraba cómplice a su mejor amiga, quien se había cubierto la boca para no reírse estruendosamente.

- Ustedes y Merlín…son muy parecidos….- Comento mas para sí que para los demás. - … ¿Por qué les gusta hacer las cosas por sí mismas, si siempre hay alguien quien les puede ayudar?

- Porque para eso existen caballeros atentos como usted, quienes pueden servir y ayudar a los demás. – Comentó contento Gaius, mientras se despedía tiernamente de las pequeñas damitas en el umbral de su estancia, quienes se irían acompañadas por Joseph hasta sus casas. – Vayan con cuidado.

- Pero…tan solo digo que podrían darnos algún tipo de señal… para socorrerlas.- Comento su opinión, sentido en lo más profundo mientras tomaba asiento entre las damas y el mago.

- Si fuese así de fácil, no existirían los amigos mi Gwain. Además en temas de mujeres es mejor no formar parte de la conversación, es necesario guardar un poco el misterio, ¿no lo cree? – Comenta de lo más seria Gwen, a lo que Morgana rio divertida al ver la expresión en el rostro del caballero.

- ¡Mi Gwen! Si le dice eso a los chicos, no querrán saber nunca más de alguna mujer. – Concluyo la maga, frase a la que los cuatro quedaron en silencio por unos segundos observando atentamente el rostro del caballero, quien no tenía idea a que se referían las damas. Bueno, hasta que estallaron en carcajadas unos segundos después.

- ¡Vamos! No es cierto. Lo sentimos, es culpa de nosotras por querer hacer las cosas a nuestra manera. – Dijo Gwen contentísima, mientras recibía una libreta de parte de su señora.

- Solo espero que cuando necesiten de nuestra ayuda, sinceramente nos la hagan saber. – Concluyo de mejor humor, mientras aquella libreta que tenia Gwen en sus pequeñas manos, se había robado por completo su atención.

– Por cierto cariño…- Dijo Morgana, posando una de sus manos en las del muchacho a su lado con una gran sonrisa. - …muchas gracias por lo de hoy.

- No…no fue nada. – Aseguro, negando con la cabeza. - Hice lo que pude. – Dijo consciente de su situación en el castillo, a lo que la pelinegra le modulo de nueva cuenta sus agradecimientos con una gran sonrisa.

- Gorlois fue mi padre. – Dijo la muchacha tomando una cinta, para entregársela a Gwen, quien de inmediato se puso de pie para acercarse al moreno. Todo esto siendo visto por una curiosidad enorme por parte del mejor caballero de Camelot, quien hasta ahora no se había atrevido a interrumpirlos, pues creía que al verles encontraría sus respuestas. - ...lo único que sé es que murió un año antes de que Arthur naciera, eso es todo...-Comento algo pensativa mientras observaba como su adorada criada realizaba algunos nudos con respecto a la cinta que le había entregado, terminando por conseguirle un par más a su amiga. -…y al parecer nuestro rey tiene preferencias con algunas personas ahora que los años le han caído encima. ¿Puedes ponerte de pie, Merlín? – Comento más alegre la de ojos claros.

- ¿Eh? – Le miro desorientado el joven pálido, mientras observaba con gran curiosidad a sus dos amigas, quienes le rodearon.

- Gwen necesita algunos datos importantes. – Comento la morena sin tomarle importancia, mientras agrupaba algunas telas y el nombrado era incentivado a pararse por petición de la doncella de la pupila del rey.

- Aguarda un segundo Mer-Mer. – Le dijo sonriente el pelilargo, mientras recibía algunos alimentos de parte del anciano. – Muchas gracias Gaius.

- ¿Uh? – El poema en el rostro del moreno era muy gracioso, pues su Gwen le estaba tomando algunas medidas con aquella cinta, la cual anudaba de vez en cuando, lo que le perturbo de cierta forma. - ¿Qué hace mi Gwen?

- ¿Qué color será? ¿Ya lo saben?- Pregunto divertido el caballero al notar que su amigo no tenía idea que hacían con él.

- !Ssshhhh! – Es una sorpresa, ¿ya le ha visto la cara que ha puesto? – Comento divertida la criada mientras le daba las gracias al galeno por un té que le había preparado. Y unas suaves risas se oyeron en el cuarto, mientras el mago no tenía más opción que dejarse hacer y estirar los brazos como le pedía la pupila del rey.

- ¿Se puede saber qué es lo que le hacen a Merlín? – Pregunto curioso el príncipe de Camelot desde el umbral de la puerta, mientras recibía un pan recientemente preparado por el galeno de la corte a quien saludo con un cariñoso abrazo.

- Si Gwen… ¿podrías decirnos que es lo que le estás haciendo a nuestro Merlín? – Le pregunta Morgana con una sonrisa cómplice hacia su sierva, mientras estira sobre el mesón algunas telas con el rostro tan iluminado, que nadie se atrevería a preguntar más.

- ¿Qué le he estado haciendo, mi señora? No tengo la menor idea de lo que me está preguntando, ¿usted sabe algo, mi queridísimo Gwaine? – Le responde de lo más divertida la doncella, mientras escondía lo que estaba haciendo dentro de sus ropas y tomaba asiento a un lado de Gwaine, quien le tendía una de sus manos para ayudarle a tomar asiento junto a él. El nombrado negó con la cabeza de manera divertida, mientras pasaba uno de sus brazos por los hombros de la mujer para demostrar complicidad.

- Para nada mi bella Gwenevere, el príncipe solo imagina cosas.

- Bien, no tiene importancia. Creo que será mejor que no me entere. –suspiro- ¿Nos vamos Merlín?

- Si, mi señor.

OoOoOoOoOoOoO

"Desde la primera vez que lo oí de sus labios no lo podía creer..."Percival, ese es el nombre de mi primer amigo" fue lo que me dijo al atardecer con la sonrisa más bella que mis ojos hayan visto en su corta existencia. Una de las oraciones que más amo en la vida fue dicha antes de que su difunta madre se lo llevase entre los brazos a encontrarse con los sueños la noche en que cumpliría sus seis primeras primaveras. Lo recuerdo perfectamente.

El destino nos separo quince largos años y aun oigo en sueños los llantos de la despedida. Tuvimos la suerte de reencontrarnos y de disfrutar nuestra compañía, aun cuando los días se sientan como estrellas fugases que pasan rápidamente, al igual que los recuerdos de la música alegre y las risas de nuestra fiesta, los bailes y la comida duraron varios días…no tiene idea, mi León, de lo feliz que soy.

Gracias a usted y al destino he conseguido un pupilo. La templanza lo invade al igual que a usted, ¡si supiera que durante la madrugada mis manos le han fabricado implementos en tan solo unas cuantas horas!

Vera usted, el señor de mis sueños, como mi vida ha sido bendecida de muchas formas, mas de las que imagine alguna vez. Sin embargo, hoy le he dejado en este sobre, unas palabras en su escritorio para que lo viese cuando sus sutiles pasos le lleven al hogar al termino de sus. No ha de extrañarle, pues suele recibir cartas mías. Lo que debe parecer extraño a sus ojos es el pulso de mis manos…él es quien no deja que le pregunte algunos asuntos que tengo pendientes con usted.

Mi ser ha estado pensando constantemente durante esta semana…sobre dos caballeros altamente condecorados por nuestro futuro rey al que le debemos más que la vida y nuestra lealtad. Mi corazón late fuerte de solo recordar la ceremonia que unió nuestras vidas hace siete hermosos días, de pensar en cómo seguimos con las tradiciones paganas de nuestros ancestros y como con orgullo nos presentamos ante el pueblo y nuestros amigos para la unión de manos…

Sé que no podre escribir lo que quiero con tantas ganas preguntarle, pero espero que lo entienda…el cuerpo me tiembla al igual que la voz al releer lo que mis manos le han escrito con cariño. Solo aguarde un momento, pronto, al terminar mis deberes le visitare y si me adentro en sus aposentos sin hacer ruido, no se asuste, solo espero que tome mis manos y me regale la dulce mirada que sus ojos tienen."

Fue lo que mentalmente releía por segunda vez el de ojos verdes, mientras se paseaba de un lado a otro dentro de sus aposentos. El nerviosismo le calaba hondo, pero se tranquilizaba al llegar al final, al releer por quinta vez la dulce despedida de quien con tantos temblores le había escrito aquellas palabras.

- ...Siempre mi corazón ha sido suyo… - Pronuncio con tanta felicidad la despedida de aquella carta, que las lagrimas le amenazaron con verse muy presentes en sus mejillas. -...Le amo, más allá de lo que el cuerpo o el alma podrían decirle...

- Su amado Percival. - Fueron las palabras que más había estado esperando oír León durante los momentos en que se encontraba atrapado por las palabras vertiginosas y emocionadas de su caballero, quien apareció de un momento a otro, como lo anunciaban ya sus palabras en las hojas que se refugiaban en sus pálidas manos.

En el momento en el que el de verde mirar le oyó, su cuerpo, atraído como una pequeña embarcación a un remolino, se le lanzo a los brazos que cálidos le recibieron con un profundo cariño por varios segundos, hasta que el más bajo le guio el camino hacia los pies de su lecho para observarle con una alegría inmensa, mientras que torpemente y sin darle la espalda al mayor dejaba con cuidado la carta que acababa de leer sobre su escritorio y volvía rápidamente para tomar asiento junto al recién llegado y con esto coger sus grandes manos y acariciarlas, pues el gran hombre estaba temblando por completo. León le miro expectante, intentando calmarle con caricias a sus manos pero solo consiguió que temblara con mayor intensidad, por lo que su preocupación aumento, pues el semblante del caballero había cambiado a una decisión muy fuerte.

- Mi Percival, ¿está usted bien? – Le hablo mientras llevaba una de sus manos al rostro del caballero, quien le detuvo en el acto para rápidamente ponerse de pie y alejarle torpemente.

- León...- Pronuncio tan triste que algo se quebró en el corazón del rubio, quien se puso de pie para acercarse al más alto, sin lograr verle directamente a los ojos.

- ¿Qué ocurre? – Pregunto ya asustado por el actuar del hombre. – ¿Percival...? – Fue lo que alcanzó a decir cuando el más alto le miro fijamente, apartándole con delicadeza las manos del pelilargo.

- Debía pedirle...algo muy importante, pero no puedo. – Dijo en un tono demasiado serio, lo que no dejo reaccionar a León, quien le observaba a cierta distancia, pues el mayor no dejaba que se le acercase. - No puedo, lo siento.

- ¿Percival, Qué ocurre? – Le pregunto siguiéndole los pasos, pero el más alto le observo de manera seria, pocas veces antes vista, lo que paralizo al caballero de aquellos aposentos.

Sin decir más, el caballero más temible de Camelot continúo con la marcha. El de rubios cabellos al reaccionar noto que Percival ya se encontraba en el primer piso de su casa, por lo que corrió a encontrarle.

- Han pasado siete días ya. – Le confesó ya compuesto del actuar del caballero, quien al oírle se detuvo en su andar. – Se que nos ha costado bastante, pero yo esperaba que entendiera...- Dijo con tristeza en sus palabras mientras notaba sin querer que el más alto apretaba con fuerza los puños. "Está enojado" se dijo así mismo mientras bajaba de las pocas escaleras que le separaban. León se decidió a intentarlo de nuevo. - ...esperaba que entendiera que lo amo.

- No puedo. – Dijo con impotencia contenida el más alto. – Usted no es una dama. – Concluyo firmemente, para unos segundos después, al no ver respuesta del más bajo, se decidió a seguir con su camino.

Y la puerta se cerró ante la figura de León.