Notas de la autora:
Holaaaa! Muy buenas, espero que no les haya molestado mi demora…lo que pasa es que me ha costado dedicarle tiempo a esto…más aun cuando uno está en ultimo año de universidad…uff! No quiero pensar en cuanto me queda por terminar la tesis!
Sin más demora, espero que les guste el capitulo!
Shape of my heart
Capítulo VI: Conversaciones.
Un par de pasos se habían detenido frente a la gran puerta, para que luego de unos segundos una sutil llamada se sintiera retumbar por la habitación. El príncipe simplemente abrió rápidamente las puertas, esperando que su suerte hubiese mejorado con los Dioses y le hayan traído a su Merlín para que pudiese revisar a su amigo, quien ya se encontraba murmurando cosas que no alcanzaba a descifrar. Al parecer la fiebre había aumentado en poco tiempo.
- ¿Arthur? – Pregunto extrañado el pelilargo detrás de la puerta, alzando una de sus cejas en señal de confusión al verle.
- ¿Gwaine? – Pregunto también de vuelta con la misma expresión, algo desilusionado al verle, hasta que cayó en la conclusión de que fuese quien fuese, le serviría para que le ayudara en aquel momento. – necesito que me traigas a Gaius o a Merlín ahora. – Le confesó rápidamente, asiéndose a un lado, para que este pudiese ver la razón, sin preguntar demasiado.
- ¡Wooo rayos! Iré por quien encuentre primero, nos vemos.- Concluyo entregándole sin miramientos un canasto mediano que llevaba consigo, marchándose al instante.
- Bueno…- Suspiro el de ojos azules, mientras tomaba asiento a un lado del pelilargo, dejando el canasto a un lado por el momento, para coger nuevamente el paño que le servía para aminorar la fiebre y refrescarle un poco. - …al menos alguien vendrá pronto.
OoOoOoOoOoOoO
La luna en lo alto del cielo se tornaba a cada segundo más reluciente, aun cuando las nubes se esmeraban por cubrirla por completo, los vientos sureños se encargaban de presentarle a un joven mago, una de las noches más claras que ha visto en mucho tiempo.
Tomo entre sus pálidas y largas manos al ave, quien se asía querer, empujando con su cabeza en el pecho del pelinegro para un mayor contacto, al momento en que el muchacho terminaba de cerrar el morral de cuero con sumo cuidado. Le acaricio las alas con cariño y el animal, hacía gala de su belleza, levantando en cada ocasión alguna de sus alas y extendiéndola para que el mago también le acariciara por esos lugares, rotando en círculos y mordiendo levemente los dedos del pálido siervo.
- Se qué prefieres viajar de noche Merry… - Le comento al despedirse, posando un beso entre las plumas blancas, para dirigirse luego a un gran ventanal dejando ahí al ave, quien le chillo fuertemente en contestación. Giro en su lugar dos veces, desplegando las alas en todo su ancho y esplendor, sacudiéndolas de vez en cuando para volver a chillar en una entonación dulzona, por lo que Merlín rio divertido. - …le pido que le de mis saludos a su amo. ¿Está bien? – Le dijo y con su última caricia de despedida, el ave salto al vacío entonando nuevamente una melodía con sus chirridos suaves. – ¡Ten cuidado! – Y su despedida se fundió en la tranquilidad de la noche, al igual que la blanquecina silueta del águila, que relucía gracias a los fríos rayos de la luna que se reflejaban en el pelaje de plumas del ave.
- Espero que Tristán se encuentre bien. – Dijo una voz desde lo profundo de la estancia.
Merlín no pudo ver la silueta, pues la oscuridad de la noche, lo largo de aquel pasillo y la antorcha se encontraban iluminándole el camino a su alrededor, sin embargo, reconocería aquella voz en cualquier parte.
- ¡Lancelot! – Le saludo el muchacho con una gran sonrisa, quien desistió de darle un abrazo a su gran amigo, al notar que llevaba algo bastante grande entre los brazos. – ¿Son para Gwen? – Pregunto entusiasmado el menor, inspeccionándolo detenidamente mientras el otro joven se le acercaba para saludarle.
- ¿Le gustan? Si las quiere se las puedo dar. – Le aseguro con una gran sonrisa el caballero, entregándole el enorme ramo flores para poder abrazar a su amigo, quien de pasada le alboroto los cabellos oscuros algo ofendido por la sugerencia.
- Son rosas naranja. – Afirmo en un divertido puchero el joven moreno.
- Si, lo son. Puedo reconocer entre una Azucena, las rosas, los lirios y otras flores…al menos eso puedo hacer, mi Merlín. – Reprocho el caballero divertido, yendo en busca de las velas para salir prontamente de la estancia, haciendo un ademan para que el más bajo avanzara primero.
- No es eso Lancelot…- Comento divertido el de ojos claros, oliendo el delicado aroma que aquellas flores desprendían, al momento que bajaban con cautela los escalones, dando rápidamente con la salida del aviario del reino. – Las flores tienen significado. Cada una de ellas representa un sentimiento o estado de ánimo…- Merlín sonrió al notar el interés del caballero por su charla poco trascendental.
- ¿De verdad? Las escogí porque pensé que mi amada Gwen se vería aun más hermosa con ellas. – Le aseguro interesado en el tema el hombre, mientras le abría el paso a través de la gran puerta del final del camino, dando de lleno con la clara luz de la luna, por lo que el más alto opto por acabar con el calor de las velas que llevaba en sus manos.
- Eso fue un lindo gesto, pero es un tema delicado…si es que tiene intenciones de regalarlas. – Merlín se ríe de sus pensamientos. - Sobre todo si le ofrece este tipo de flores a mi Gwen.
- No pensé que fuese tan complejo. – Suspiro algo perturbado por la nueva información que había recibido, hasta que en su mente, algo hiso conexión. – ¡Pero mi Merlín! – Exclamo emocionado de su ocurrencia, aminorizando su entusiasmo, al menos en su voz para acercarse al muchacho para hablarle en la intimidad. -…usted es mago, puede ayudarme un poco con el color de las rosas… - Al de ojitos claros le brillaron las orbes ante las palabras de su compañero.
- E-eso…
- Lo que usted tiene es un don. – Le afirmo sonriente el pelinegro, incentivándole a emprender el andar hacia algún lugar cercano en donde no puedan ser vistos. – Además ¿no me diga que de vez en cuando no utiliza su habilidad para realizar algunas cosas banas…fuera de salvarle la vida a su príncipe, a quien tanto aprecia? – Le dijo Lancelot, mientras le hacía gracia notar en pequeño estremecimiento y sonrojo del menor ante sus palabras. Por ello, paso uno de sus brazos alrededor de los hombros del chico, para dirigir sus pasos al interior de la herrería, que a esas horas se encontraba a oscuras.
Merlín ya completamente convencido, le tendió el gran ramo de rosas a su amigo para volver a echar un vistazo fuera de la estancia. Cerró la puerta tras de sí y al instante una mediana llama a pareció sobre una de sus manos iluminando gratamente bastante espacio.
- ¡Woooo! Eso es útil. – Le felicito contentísimo el pelinegro, tomando asiento en la banca más cercana que pudo notar.
- Gracias, practico de vez en cuando. – Dijo con gracia, pidiéndole con gestos las velas a su confidente, para ponerlas en el candelabro que encontró en la entrada. Al instante encendió las velas y su mano quedo libre.
- ¿Entonces? – Le pregunto expectante, ofreciéndole un lugar junto a él y tendiéndole las flores. - ¿Cómo es que sabes de esto?
- Cuando era pequeño, mi madre solía llevarme a recorrer los campos.- Comento con un deje de tristeza que su amigo noto al instante, sintiéndose algo torpe por preguntarle ese tipo de cosas. – Fue una linda época. – Concluyo fugazmente con una sonrisa melancólica.
- Me alegra saber eso…mi niñez no fue muy buena si lo pienso. Me hubiese gustado crecer en los campos como usted. – Le comento en conjunto con una suave caricia en la mejilla del mas pálido, quien le observo curioso.
- ¿Y ahora?
- ¿Uh? – Lancelot se encontraba algo pensativo.
- En comparación con su niñez, ¿Cómo se encuentra ahora?
- Es un sueño. – Comento, más que agradecido por la pregunta de su confidente. – Más aun que tengo amigos como usted. – Le afirmo sonriente, empujándole levemente con su hombro. – Por cierto, me entere de que a Gwaine lo ataco el halcón de Tristán.
- No le he visto, pero Arthur me dijo que no me preocupara…- Dijo muy pensativo el muchacho, por lo que observo afligido al caballero. – Hablando de Tristán…estoy preocupado por el…
- Bien…- Lancelot suspiro ya más alegre. – Me temo que terminare por enterarme en cuanto pise estas tierras, así que no preguntare Sea lo que sea, crea en el. No conozco a nadie que pueda darle una negativa a ese hombre.
- Eso es cierto. – Y una suave risa se escucho en la habitación. – Bien. Volviendo a las flores…el regalar rosas, sea cual sea el color que tengan, funcionan como una manera de declarar amor, afecto y admiración.
- Voy por buen camino entonces. – Afirmo el caballero, orgulloso de su elección.
- Si, es una buena opción. Sin embargo, las de color naranja significan pasión, así que le sugiero que escoja otro color…
- ¿En serio? – Le hablo tan afectado que a Merlín le pareció gracioso. Se notaba que de verdad le interesaba Gwen. - …rosas de este color no se le puede regalar a una doncella. Mi Gwen pensara muy mal de mí.
- Escoge otro color Lancelot.
-Mmm…¿qué tal las amarillas? También se verían bien en ella. – En el acto las flores cambiaron al color nombrado entre las manos del más bajo, quien le sonreía a su elección.
- Estas si se las puedo aceptar mi señor caballero.
- ¿Estas sí, que significan?
- Simbolizan la amistad.
- Es bueno saberlo, pero no serian para mi dama. ¿Qué tal el rosa?
- Expresa alegría y gratitud.
- Esto se hace difícil, ¿las blancas? – Le pregunto mas esperanzado el muchacho acomodándose en su puesto, viendo como nuevamente los ojos de su amigo se iluminaban y las rosas cambiaban de tono.
- Reflejan el amor puro e inocente.
- Aquellas le servirían a Tristán. – Menciono con un puchero divertido.
- Eso es verdad… ¿qué tal estas? – Le sugirió el muchacho, dándole a conocer su elección.
- ¿Que significa el rojo? ¿No es un color muy fuerte? Aun que son lindas.
- Las rosas rojas simbolizan el amor profundo…un amor que se hace mas fuerte con el paso de los años. Creo que Gwen es muy afortunada de tenerle mi buen Lancelot.
- Esta noche compartimos cumplidos mi Merlín, pues yo creo que mi señor Arthur corre con la misma suerte.
- No sé qué decir a eso… - Dijo completamente apenado el joven mago.
- No necesita decir nada, pues el tiempo le dará mi razón. – Dijo alegremente el de ojos oscuros, yendo por el candelabro para acercarlo a su lugar, sacando algunos papeles y tinta. – ¿Tendrá alguna pluma Merlín?
- ¿Eh?
- Si escribo una nota con estas bellas flores, seré mejor recibido, ¿no lo cree usted? – Menciono contentísimo al recibir la herramienta, mientras respiraba profundo para comenzar a escribir. – Si mi buen amigo Percival puede dedicarle unas hojas a León, ¿cómo no podría yo ser capaz de dedicarle unas cuantas líneas a mi Gwenevere? – Merlín rio ante el comentario, aun que pronto recordó haber visto triste al caballero esa misma tarde.
- Bien, espero que tenga suerte con la escritura.
- ¿No me va a esperar? Aun es temprano para la cena y el príncipe, no creo que se esté muriendo de hambre. – Dijo divertido el caballero. – Por cierto, también vi rosas lilas, ¿Qué significan?
OoOoOoOoOoOoO
- Solo necesita descansar…- Le sugirió el anciano a León, quien se encontraba recostado en su lecho rodeado de almohadones de muchos tamaños, cortesía de los cuidados de Gwain y del príncipe, quienes prácticamente le sentaron en la cama, para gracia del galeno, quien rio ante tanta atención, que si bien el caballero se merecía, le estaban hostigando en vez de dejarle descansar.
Gaius se había alarmado cuando le vio en primer lugar. Al parecer la fiebre se había acrecentado producto del llanto del caballero y su estado de ánimo no había mejorado las cosas, pues sus defensas permitieron que un leve resfriado le afectara. Al menos la continua estancia del príncipe con su protegido le habían dado la sabiduría para poder actuar en aquellas circunstancias, no eficientemente, pero no de mala manera, lo que le ayudo considerablemente a verificar el estado del muchacho, quien al llegar ya estaba recuperando la conciencia.
- Gracias a los Dioses que no es tan grave. – Se dijo a sí mismo el príncipe, acomodándose en su puesto a los pies de la cama, posando una de sus manos en la de su amigo para darle ánimos.
- Toda enfermedad puede ser grave si no se trata correctamente…- Los jóvenes observaron algo asustados al hombre, pues les hablo cortantemente y frunciendo el seño.
- Lo siento…mis disculpas por preocuparles. – Hablo tristemente el paciente, quien no pudo retener algunas lágrimas cansadas que recorrieron sus mejillas sin preguntarle. De inmediato se las quito con el dorso de la mano y un par de brazos le rodearon la cintura.
- Nosotros deberíamos disculparnos con usted, por no darnos cuenta antes de su estado. – Menciono preocupado el de cabellos largos y oscuros, recostando parte de su cuerpo sobre el pecho del rubio, quien se acomodo en su puesto para darle más espacio a su amigo y posar una de sus manos sobre los cabellos de este, como acostumbraba a hacer cuando este se quedaba dormido por ahí. – Sentí curiosidad de ver a Persival esperando por un largo rato ante la casa de alguien…-Dijo pensativo el muchacho, observando las facciones de León, quien a las palabras parpadeo un par de veces curioso.
- ¿Eso es cierto Gwaine?
- ¡Sí! Le vi luego de ir a dejar a mis ahijados, viven por ese sector, por el ala oeste del reino. Nos quedamos un buen tiempo esperando a ver si pasaba algo, pero Percival no paraba de ver un par de hojas que llevaba. No quise interrumpirle, así que nos escondimos detrás de unos arbustos, pero nos quedamos dormidos. – Al comentario tan natural del castaño, el anciano y el príncipe estallaron en carcajadas, por lo que el castaño se aferro más aun al rubio haciendo un mohín muy tierno, algo molesto por la situación.
- Ya me esperaba algo así de usted…-Comento divertido el hijo del rey, observando cómplice al médico de la corte, quien de manera tranquila le negó sutilmente para que los muchachos siguieran hablando.
- ¿No ha visto entonces mi Gwaine, donde ha ido mi Percival? – Le pregunto con tristeza el de ojos verdes, mientras sus orbes se llenaban nuevamente de lágrimas, completamente exento de lo divertido que le parecieron las palabras anteriores a los demás hombres. Al nombrado se le hiso un agujero en el corazón al oírle, al igual que al resto, quienes le observaron afligidos, como el joven se llevaba las manos a los ojos para cubrirlos y evitar que siguieran llorando.
- Cuando desperté, el aun se encontraba de pie ante la puerta. Como había caído el manto oscuro, me decidí por tomar a mis pequeños y llevarles a sus casas. Cuando disponía a irme, por fin llamo mi atención que se hubiese decidido por fin a llamar a la puerta. Luego de unos instantes, el herrero del que gusta su trabajo usted, mi señor Arthur, le recibió, haciéndolo pasar…- Conto los aconteceres pensativo, haciendo una pausa en su narración, notando como las manos de León continuaron con sus caricias a su cabello, al parecer más tranquilo. - …me pareció extraño que Percival no se encontrara con usted hoy…porque me había comentado esta mañana, de lo entusiasmado que estaba…por venir…a…pedirle..que…- El anciano poso una de sus manos en el hombro de Gwaine, para que parara con su charla por un momento. - …si, mejor me silencio… - Concluyo afectadamente, al notar como sus palabras habían dejado a su amigo, reacción que no había notado por estar recostado sobre él, por lo que opto por apartarse un poco para poder verle, esta vez sosteniendo una de sus manos en un apoyo mudo. – Lo siento. – Le murmuro apenado por hacerle tanto mal a alguien a quien quería tanto.
- No…Gwaine, gracias por contarme…- Dijo después de un largo rato, en donde intento borrar los rastros de su sufrimiento, pero sus ojos cansados de tanto llanto le delataban contradictoriamente. - …cuando llegué a casa después de la última misión, me alegre. – Aseguro sonriéndole a las personas que se encontraban con él en el cuarto. – Estaba contento, porque había recibido una carta de mi Percival, ya que lo último que recibí de él fue el presente del acuerdo de manos… - Menciono tomando entre sus manos una flor de Liz hecha de oro blanco, la cual colgaba en su cuello, en una delicada cadena producto de haber pertenecido a la abuela y la madre del dueño de sus sueños, como primer regalo heredado en estas circunstancias. - …además del abrazo que me dio esta tarde cuando vino a encontrarme como prometían sus palabras…todo iba bien…pero algo cambio en un instante. Le sentí tensarse e incluso temblar…no dejó que le tocara, podía notar la confusión en su mirada…hasta que se fue.
- ¿Menciono algo, mi León? – Le pregunto el castaño confundido, en tanto el príncipe se debatía mentalmente por intervenir o guardar silencio como le había sugerido una mirada furtiva por parte de Gaius, quien no había mencionado nada desde su diagnostico
- Luego de evitar mis ojos, me observo con un gran dolor, lo pude sentir…- Le respondió pensativo el de ojitos verdes, los que ya estaban oscurecidos por las tenues luces de las velas a su alrededor. - …me dijo "no puedo"… - Menciono León abriendo con asombro los ojos, como dándose cuenta de algo importante en aquellos instantes. - …y mirándome fijamente antes de partir, dijo con sentimientos encontrados, muy ofuscado "Usted no es una dama"…
- ¿Qué? – Se pregunto confundido el castaño, sentándose a lo indio sobre el lecho, con las manos sobre las rodillas. – Aquello está más que claro ¿a que se referiría?
- Ahora tengo mis temores, pero yo no…
- ¿Saben algo muchachos? – Pregunto de la nada el anciano, interrumpiendo los pensamientos de ambos jovencitos que se encontraban intercambiando palabras. -…hoy me encontraba tranquilamente sumido en mis asuntos, cuando la puerta sonó. – Continuo su charla de lo más tranquilo, mientras hacia un ademan, para que los jóvenes le prestaran atención, mientras se dedicaba a guardar con una lentitud abismante sus implementos en un canasto a orillas de la cama. - …era un joven bien parecido, mas alto que su padre…- Se detuvo pensativo, observando detenidamente al rubio heredero del trono, quien le oyó interesado a los comentarios del anciano, curioso de aquello que se proponía. - …si, mucho más alto que su padre cuando la juventud le invadía; incluso más fornido y en mejor forma…llevaba el cabello cortísimo, de la manera en la que no veremos nunca a este Don Juan. – Rieron todos los presentes al comentario del anciano, quien había logrado cambiar un poco el ambiente.
- Hey! Llevo el cabello así por una buena causa. – Debido a la mirada incrédula por parte de los demás comensales, el joven se vio obligado a ahondar un poco más en su apelación. - …es un recuerdo de mi madre, lo único que me dejo. - El anciano le revolvió cariñosamente los cabellos al muchacho, sonriéndole, mientras observaba como su paciente había desviado sus pensamientos por unos instantes, dedicándole incluso una bella sonrisa.
- Fue un buen regalo entonces. – Le confesó el viejo con una suave palmadita en su hombro, gesto que el menor devolvió con gusto. - Hablando de regalos…- Continúo con su relato el mayor, estudiando escrupulosamente el canasto que había acomodado sobre el lecho delante de él, como si fuese el objeto más fascinante del mundo. - …a este joven, su querida madre le cedió un par de ojos claros muy bellos, los cuales tuve el privilegio de admirar años atrás…hasta que los Dioses le dieron por acabada su tarea en este mundo, dejándole al padre el cuidado de un niño de cuatro años…- Acoto el hombre, al momento en que notaba como los labios de León se abrieron para decir algo, pero la duda a sus palabras no le dejaban completar sus acciones, llegando a posar los verdes cansados en los claros y electrizantes del hombre de edad, quien en un ademan, le incentivo a hablar.
- Gaius…lo que cuentas…
- Aguarda un momento León. – Le aconsejo Arthur, mientras tomaba lugar al lado de este y le envolvía con uno de sus brazos para acomodarse y poder oír las palabras del galeno más cómodamente. El de barba rubia se dejo hacer, desistiendo de decir algo, en tanto Gwaine acomodaba su cabeza en su regazo, con la vista al cielo de la habitación. El mayor asintió gratamente al gesto de los jóvenes continuando a lo que iba.
- Es sabido en estas tierras de la desgracia de perder a las mujeres, más aun a una madre que ha dejado a un marido con un pequeño hijo. Las guerras y los conflictos se han vuelto terribles, aun que en estos últimos años la paz se ha mantenido. Sin embargo, para desgracia o buenaventura de este pequeño que creció lejos de los brazos de su madre y de las tierras que le vieron crecer en sus primeros años de vida, su padre opto por llevarle lejos de todo lo que conocía y cuando cumplió los siete otoños, fue separado de quien más quería en la vida…- Y susurrándoles, como si estuviese contándoles algún secreto, se llevo la mano a los labios. - …aun así, el siendo una criatura aun, los Dioses ya habían dado por escrito su futuro, el cual se tardaría en llegar, pues, su vida comenzaría de nuevo al encontrarse con la persona que él mismo había escogido y que por lo tanto, estaba destinado a conocer a una temprana edad, sin duda alguna, ahora convertido en todo un hombre. Este joven, aun que logro enamorar al ser que más quería por sobre la tierra, muchas dudas le atormentaban…cosas que vivió fuera del hogar de su infancia, las crueldades de la guerra y otras realidades hicieron que el temor se apoderara de él. Por eso recurrió a mi consejo. Le guie, para que por el mismo encontrara las respuestas que buscaba…pues no hay mejor camino, que aquel que uno mismo va descubriendo…una a una revelara sus dudas, estas puede que se hagan añicos, como puede que se incrementen…todo depende del amor que tenga guardado para esta persona especial, que sin duda está esperando por él a que se decida y le explique aquellas dudas que tanto temor le causaron en su interior…
- Me hubiese gustado haber conocido a ese alguien especial en la niñez…- Comento de manera soñadora el castaño, completamente relajado en las faldas de León, quien sonrió dulcemente al comentario de su amigo.
- No sabía que era de pensamientos tan románticos, mi Gwaine. – Comento alegre el hijo del rey, con cierta curiosidad en sus palabras.
- Merlín lo sabe…aun así, el tiene suerte. – Menciono el de ojos miel tristemente, al hacer repaso veloz sobre la vida que llevaba y los nulos intentos de romances que acumulaban en su historial, pues no era el caso de que no le gustaría tener uno…simplemente no se había dado la ocasión. - …simplemente siento que he estado en el lugar equivocado toda mi vida. – El anciano carraspeo suavemente, llamando la atención de los jóvenes, quienes se habían desviado un poco de su conversación. Aun que sin duda, tenía claro de lo genuina de las almas de aquellos chicos…que aun les quedaban muchos años por vivir.
- Son jóvenes mis muchachos…- Les comento el anciano con gratitud en sus palabras, pues la vida y los Dioses le habían dado la oportunidad de aconsejar a las generaciones venideras con su experiencia. - …cada acontecer, por mínimo que sea, a ocurrido por algo. En un par de años mas recordaran estas conversaciones y sonreirán al pensar en ellas… nadie se encuentra en el lugar incorrecto. Pueden sentir dolor, sufrir enormemente y aun así dar gracias por estar vivo…pueden seguir soñando tan románticamente, pues los Dioses les guardan un futuro lleno de aconteceres en donde tendrán que elegir sabiamente…no se desesperen aun pensando en aquellas cosas que no poseen…
- Lo se Gaius…- Menciono León, acariciando los cabellos del castaño, quien se acurruco mas en el. - …si no hemos sentido el dolor, no sabríamos como reconocer la felicidad. Yo…debo ser paciente y esperar. – Concluyo con una sonrisa que levanto los ánimos del príncipe, quien aun se encontraba preocupado por su amigo por los recientes aconteceres, por lo que no pudo evitar darle un abrazo a su compañero en señal de apoyo.
- Usted también mi Gwaine…- Menciono el príncipe, revolviéndole los largos cabellos a su amigo, quien elevó la vista para verle con curiosidad a sus palabras. - …debe ser paciente y esperar a que aquella persona especial aparezca y le de aquello que está buscando con tantas fuerzas.
- Para usted es fácil decirlo…- Le reprocho el castaño volviendo su vista al anciano. - …está enamorado de mi Merlín. – Concluyo notando la risa del anciano a sus palabras y el sonrojo del príncipe a las del castaño. – No crea que somos tontos, Arthur. Usted no hace nada como para ocultarlo y bueno, el es demasiado torpe como para darse cuenta o hacer algo al respecto.
- Gwaine…- Suspiro León, llamándole la atención cariñosamente, este se aferro más aun a su cintura.
- ¿Tan obvio soy? – Se pregunto más a su persona el hijo del rey, sintiéndose avergonzado de sí mismo.
- Aun que si quiere mi opinión…-Acoto Gwaine risueñamente, olvidándose de sus pensamientos poco felices, para burlarse de su señor, ocasión que no pasaba muy a menudo. -…Lancelot esta mas celoso que mi persona por este hecho.
- ¿Qué? ¿Lancelot también lo sabe?- Se altero, tapándose el rostro con las manos por la vergüenza.
- ¡Pero por supuesto! – Exclamo de lo más divertido el joven, disfrutando de lo que sus ojos podían ver. – más aun cuando nos enteramos de la última petición que usted dio…aun que dada la situación, Merlín tendrá más tiempo para nosotros de ahora en adelante. – Rio divertido a sus ocurrencias el castaño, tomando asiento sobre el lecho, con una gran sonrisa, mientras atormentaba al príncipe con sus palabras. - …podre raptarlo cuando quiera, llevarle a la taberna, enseñarle mis nuevas armas y…
- ¡Gwaine! – Le llamo la atención el anciano, tironeando de uno de los mechones de cabello del joven, quien se quejo un poco por el tirón, haciendo un puchero enternecedor. – ¿Conoce la ley del ojo por ojo, diente por diente? – El muchacho asintió sobándose el lugar que aun resentía. – Pues más le vale, porque cuando usted se enamore, ya verá como todas las burlas que lanzo a sus amigos se le devolverán.
- ¡No son burlas, mi señor! – Contra ataco el joven observando decididamente al anciano, soltando por fin a su amigo, quien ahora preocupado les observaba intranquilo. – Solo me siento un poco de lado por los aconteceres. – Le menciono con el ceño fruncido al anciano, quien descolocado por la nueva información, le miraba sorprendido. – Primero veo como poco a poco el tiempo de mi mejor amigo es monopolizado por Arthur desde hace más de un año…- Dijo señalando con el dedo el rostro del muchacho, quien boquiabierto, no pudo renegarlo. El castaño al darse cuenta de lo que había dicho, se sintió rendido, bajo los hombros y la mirada, lo que enterneció al galeno; preocupo hasta el fondo del corazón a León y mantuvo callado al príncipe, a quien le costaba asimilar los sentimientos de Gwain. Pero este siguió con su discurso. – Pasan los días y noto como mi León y mi Percival dejan de acompañarme más que seguido en nuestras salidas. También está Lancelot, quien anda embobado por Gwen, así que digamos que tampoco cuento con su compañía…Elyan también anda prendado de una doncella del castillo, fuera de que los celos del hermano sobre protector le carcomen la conciencia de vez en cuando, ¡sigue sin escucharme!...¿para qué nombrar también a Tristán? …lo entiendo de cierta forma, se que las cosas no permanecerán de la misma manera para siempre, pero me gustaba que fuese así…- Dijo mas que triste el caballero, que en esos instantes parecía un niño pequeño hablando de los dramas familiares que le afectaban. León le tendió los brazos para que este se resguardara en su cuerpo cuando pensó que había terminado de hablar, pero este le abrazo fuertemente de vuelta y continuo con su descarga emocional, mirándole con tanta pena, que al de barba rubia se le cayó el corazón. - …es por esa razón que no he ido a casa de Percival…prefiero dormir con Merlín, porque sé que es la única ocasión que le puedo tener para mí…además que se encuentra muy contento porque pronto se vendría a esta casa con usted y me dejara solo en una casa tan grande…
- ¡Oh! Mi Gwaine. No sabía que se sentía de ese modo. – Le reconforto León, envolviéndole mas entre sus brazos, ante la aprensión del anciano quien se vio vencido por los alegatos del jovencito y Arthur, quien había quedado con la quijada por los suelos y de piedra ante las confesiones del castaño. – Puede dormir conmigo esta noche y las que quiera, ¿está bien? – El de ojitos verdes recibió un tierno beso en la mejilla por su ofrecimiento, acto por el cual el de mayor edad suspiro exhausto de presenciar aquellos aconteceres.
- ¡Bien! Los celos han hablado…- Menciono Gaius masajeándose las sienes por el cansancio. - …no veo con buenos ojos que una persona que hace pocos días contrajo el acuerdo de manos, que por cierto, ni siquiera ha consumado dicho acuerdo, duerma con otra persona antes de hacerlo con su marido…- A la opinión del mayor, León se sonrojo de mala manera, provocando una risa inocente en el chico que tenía entre sus brazos.
- ¿Tiene algo de malo, que quiera dormir con mi León? – Pregunto risueño Gwaine al anciano con una gran duda, pues él no le veía inconveniente ya que Percival no se encontraba, ¿qué malo había en que el durmiese con su amigo? El anciano suspiro pesadamente, al momento en que negaba con la cabeza en respuesta.
- No, pero cuando todo se arregle con Percival, tendrá que seguir durmiendo con Merlín. – Le aclaro el viejo, comentario al que el castaño asintió entendiendo de que iba el asunto. - …solo espero que nuestro príncipe se lo tome con la calma debida de…
- ¡¿Que quiere decir con que duerme con Merlín?! – Reacciono completamente luego de varios minutos en los que su cerebro se detuvo, haciendo oídos sordos al resto de la conversación.
Notas finales:
Espero que les haya gustado! Cualquier duda ya saben!
