Shape of my heart

Capítulo XII: Idiomas.

La luz del sol era clemente con los hombres de aquellas tierras. Alumbraba bellamente sin quemar o molestar a los ojos y las horas que avanzaban lentamente desde muy temprano, se veían eternas y arduas a llegar al medio día. Sin embargo, la brisa hacía del día brillante y con grandes nubes en el cielo, que se sintiera algo de frio en el ambiente.

- Todo lo contrario al corazón del príncipe. – Comentaba pensativo un caballero pelilargo y de ojos agiles, quien pretendía ocultarse detrás de los arbustos con sus dos ahijados y un cachorro prestado de los brazos de Gaius, pues aún quedaba saber cómo seguiría de salud el padrino más temible de aquellas tierras para los días siguientes. El viento se estaba portando inclemente por esos días de cambio de estación reciente. – Mis amores, hablemos despacito por un momento. – Apaciguo divertido a los cachorros inquietos a sus pies.

- Maestro…- Si, de esa manera tan tierna le llamaba el mayor de sus ahijados, por lo que los más pequeños le imitaban. - …el príncipe está actuando extraño, ¿Qué fue lo que ese árbol gigante le hizo? ¿Está molesto porque el tronco se cayó y se partió en dos?...si es por eso, le está haciendo más daño con la espada al golpearle como un leñador. – Gwaine rio con su mirar ante las hipótesis de su alumno mayor, al imaginarse la expresión que pondrá su futuro rey al enterarse con que noble oficio le acaban de comparar y él, como buen maestro que era, no podía negarle al pequeño la tan exacta comparación que había realizado.

- Si esperamos un poco, tal vez lo sabremos, mis pequeños y temibles guerreros. – Les contesto el padrino, sentado con las piernas cruzadas de lo más relajado, mientras de vez en cuando tiraba de las ropas de los niños hacia el suelo, para que no sobresalieran ni sus pequeñas armas ni sus cabecitas del follaje del bosque. – Dejemos que el príncipe se desquite un poco más. Parece que tiene mucha energía y nosotros traemos muchos alimentos para la merienda de medio día. – Sonrió ampliamente el joven caballero, mientras tomaba de las manos al pequeño ahijado de Percival, a quien mantenía sentado en una de sus piernas. - ¿Quisieran practicar un poco también? Si nos quedamos por aquí, nos daremos cuenta cuando el príncipe se canse de "practicar con el árbol", el cual, si me preguntan mis pequeños, no tiene culpa de su mal humor.

- ¡Siii! – Contestaron los tres entusiasmados, levantándose de sus lugares, siguiendo al mayor con sus pequeñas armas hechas a la medida. – ¡El árbol no tiene culpa alguna!

OoOoOoOoOoOoO

El ajetreo dentro del castillo ya se había acabado debido a que la mañana había avanzado tranquila, por lo que de vez en cuando se veían siervos y siervas andar de aquí para allá, revoloteando entre sabanas y ropajes, atendiendo los cuartos o en la cocina, rodeados de las preparaciones para el almuerzo. Es por ello que en el andar de Merlín, solo le acompañaban los grandes cortinajes, los colores danzantes de los vitrales, la agradable brisa que se había levantado desde los balcones que daban al valle y los innumerables cuadros y candelabros que adornaban los enormes pasillos de piedra. Sus pasos se movían despacio, observando el lugar en su andar, tarareando y cantando uno que otro verso de un cantico antiguo que solía recitar su madre cuando se encontraba sumida en sus asuntos domésticos.

Por bosques, llanuras y mares me perdí

Rodeado por bestias y oscuridad

Cantando en tu nombre caminé

Buscando mí libertad….

El joven mago se demoraría unos cuantos minutos en llegar a las catacumbas desde el lugar en el que se encontraba, puesto que aquel lugar se hallaba en el ala opuesta de los aposentos de su príncipe. Suspiró. Serian unas tres veces, contando la de anoche, la cantidad de veces que había andado por aquellos lugares; ya que el castillo era enorme, ideal para jugar a las escondidillas. Y el moreno no pudo evitar preguntarse a sí mismo si alguna vez su príncipe cuando pequeño se escondió por aquellos pasillos fríos de piedra, de sus deberes. Lo pensó como una afirmación, no como una pregunta, lo cual le resulto simpático. El pelinegro rio un poco y siguió cantando.

La luna y el sol, ¡Oh! Mi Lord,

Me acompañan en la lucha.

Seré digno de su amor

Si a salvo regreso con fortuna…

Las escaleras de piedra aparecieron ante sus ojos, al igual que el término de los candelabros y la luz del sol de la mañana, sin embargo, las antorchas aparecieron ante la oscuridad de aquel lugar. El mago, por precaución, se volteó en su lugar y se devolvió unos cuantos pasos en su andar, para verificar que nadie le estuviera observando. Cuando estuvo conforme de ello, Merlín extendió su mano y antes de que sus largos dedos tocaran la porra, las llamas de fuego se encendieron, lo que tomo por sorpresa al muchacho.

- Debo ser más cauteloso, ¡por los dioses! – Su corazón dio un vuelto del susto que el mismo se había dado. Aun en ciertas ocasiones el joven mago no podía controlar las acciones a sus necesidades naturales de los usos diarios de su magia. Recobro el aliento, tomando mucho aire, suspiro ruidosamente y con cuidado comenzó a bajar uno a uno los casi interminables escalones de la gran escalera de piedra que daba a las mazmorras, y para distraerse, continuo con su cantico, dándole un ritmo mucho más lento y aplacado de lo que en verdad era, para concentrarse en los escalones bajo sus pies.

Cartas le escribiré, mi Lord

Y canticos interminables.

Porque he jurado fielmente

Que seré el único a quien usted ame.

Los pies del joven mago llegaron sin hacer ruido alguno al recibidor, en donde dos caballeros de los nobles hombres que tenían guardia esa mañana se habían adelantado para recibir la gran antorcha que el siervo traía consigo, puesto que habían percibido el cantar de este y luego la luz cálida que se acercaba a ellos.

- Espero que tenga un buen día, jovencito. – Saludó sonriendo con los ojos un alto muchacho de fornida estampa, quien le había arrebatado de las manos el garrote que traía más luz a la habitación.

- ¿Pero que dice, mi señor Galahad? – Preguntó el otro hombre un poco mayor que el anterior. – El pequeño solo tiene en el cuerpo dos Samhain menos que usted. – A eso le llamo descaro. – Sonrió ampliamente el de cabello ondulado y de barba divertida, mientras arreglaba un poco el cabello revoltoso del joven mago, el cual se dejó hacer, sonriéndole divertido ante el comentario.

- Gracias por su ayuda Sir Rowan. – Le agradeció la defensa y el rápido arreglo a su cabello desaliñado. – Espero que ustedes también tengan una buena mañana.

- Lo será cuando vengan por nosotros quienes nos reemplazaran a medio día. – Anunció alegremente el más alto. – Esperamos ansiosos atender los mandatos de nuestros pequeños discípulos, mi Merlín.

- ¡Ooooh!, el día de ayer nos ayudaron mucho a mantener la calma en las caravanas hacia el castillo, puesto que hay muchos niños pequeños que han tenido que salir de casa debido a los barbaros y ellos les ven como hermanos mayores entre los enanos que trajimos el día de ayer. – Comentó el mayor ahí presente. – Por cierto, ese idioma de hace poco… - Comento abstraído el joven Rowan, pensando en la canción que venía cantando el pelinegro. - …mi abuelo hablaba aquella lengua antigua, lo recuerdo bien.

- Es una canción muy famosa en mi región. – Informo Merlín, encontrándolo lo más normal del mundo. – La gente la suele cantar exactamente para el festival de la cosecha.

- Hoy en día, son pocas las personas que recuerdan canticos tan antiguos. – Medito Galahad, tomándose el mentón, intentando recordar algo. – Por cierto, el señor Lethol ha sugerido que pase sin cuidado al cuarto en donde descansa el prisionero. – Merlín lo miro dudoso por unos momentos, observando la gran puerta del fondo del recibidor y el rostro de los guardias de turno.

- No se preocupe, nuestro príncipe ha dejado que usted entre al cuarto; siempre y cuando, se encuentre en la habitación su amado tío, y él ya se encuentra esperándole. – Le aseguró el más joven de los caballeros, sonriendo por el apego ciego del muchacho en las palabras del futuro rey.

- Entonces no hare esperar al señor Lethol, nos venos pronto. – Se despidió el pelinegro, no sin antes recibir en sus manos un pequeño candelabro, el cual le alumbraba bastante y para su gracia, se trataba de luz cálida, que contrastaba con lo frio que se sentían aquellas estancias bajo tierra.

OoOoOoOoOoOoO

- Entonces, queridas mías…- Suspiro tranquilamente el galeno, mientras atendía a un jovencito que miraba muy atentamente el procedimiento del hombre ante su pierna lastimada. - …mañana deben ir por los alrededores del Bosque de las ruinas.

- Así es. – Contestaron ambas doncellas al unísono, ante el resumen del médico de la corte.

- Creo entonces, que lo más correcto sería que hoy prepararan el camino al lago, alistaran comida y abrigo para las criaturas, pues me temo que caerá una suave llovizna, si es que estos ojos cansados no están tan viejos aun. – Gaius se detiene un segundo en su labor, para mirar la sonrisa en ambas damas. – Además de pedirle a Arthur, Merlín, Gwaine, Lancelot y tal vez a Tristán que las acompañen, por si se topan con dificultades. – Las mujeres se sonrieron entusiasmadas y como si recordase algo de repente, Gwen saco dentro de sus ropas una pequeña libreta.

- Mi señora, la dama Caersy ha dicho que tendrá el primer conjunto listo para mañana, antes del medio día; que podemos pasar por la casa Dennys antes de la merienda. – Le aseguro picara la doncella.

- ¡Eso es fantástico! – Se alegró aún más la protegida del rey, notándose en su mirar como su mente trabajaba rápidamente, como si estuviese tramando alguna calamidad. – Entonces debemos partir ya, mi querida cómplice y no, mi amado Gaius…- Aclaro la morena de ojos vibrantes y azules a su fiel amigo, quien suspiraba en sus labores por las ocurrencias de aquellas señoritas. - …no son maldades.

OoOoOoOoOoOoO

Entre sonrisas algo preocupadas, los caballeros que resguardaban las mazmorras durante aquella mañana anunciaron la llegada del siervo del príncipe a quienes se encontraban esperando en el sector que habían arreglado para atender a los prisioneros heridos. Ambos jóvenes abrieron las grandes y pesadas puertas de roble, para dejar pasar al moreno, quien sonrió al notar que estaba el cuñado del rey en su interior, descubriendo recién la herida que el gran hombre tenía en el costado. El mago les agradeció a Sir Rowan y a Sir Galahad por sus siempre, preocupadas atenciones con él y ellos se despidieron, pues acababa de llegar el cambio de guardia.

- Buenos días, señor Lethol, señor Dengisik. – Saludó el menor haciendo la tierna reverencia que solía realizar cuando se sentía nervioso, a lo que el gran hombre herido sonrió ampliamente incorporándose en el lecho con dificultad, sin embargo, no dejo que sus acompañantes le ayudasen. Cuando los ojos inquietos de ambos sirvientes de aquellas tierras se quedaron conformes por ver al gran hombre quedarse cómodamente expuesto ante ellos, la voz del pelilargo claro se escuchó.

- Buenos días cariño mío. – Le devolvió el saludo dulcemente el tío de su señor, posando una de sus manos en la mejilla derecha del recién llegado. – Al parecer mi sobrino dejo que vinieras. – El de rubios cabellos sonrió ampliamente, mientras se hacía a un lado, para dejar espacio para que el menor pudiese acercarse y tomar asiento junto al herido de las tierras del Norte.

- Algo así…- Sonrió Merlín no muy convencido con su respuesta.

- ¿No fue especifico? – Le aseguró más que preguntar, mientras tomaba vendas nuevas y las ordenaba una a una sobre su regazo.

- ¡Oh sí! Sí que lo fue, pero no me permite estar solo con el señor Dengisik, sin embargo…- Se interrumpió a sí mismo, mientras acercaba sus labios a la frente del convaleciente, para corroborar la temperatura. Merlín sonrió ampliamente, al notar que la fiebre estaba casi lejos de aquel gran cuerpo, mientras arreglaba los cabellos del Bárbaro a un lado de su rostro, para mirarle fijamente a los ojos e iluminarse aún más dulce si eso era posible. - …sin embargo, me permitió aprender el idioma, mi señor. – Afirmo contentísimo al recordar aquello.

- Sí que es adorable la panterita. – Comento el gran hombre para sí, observando las expresiones y los movimientos del más joven, el cual intento repetir las palabras que había dicho su paciente. – Nooo. – Negó con la voz y la cabeza, ahora, más interesado en el moreno de ojos azul eléctrico, extendió una de sus grandes manos y sostuvo la del mago, quien sin miedo se la tendió suavemente, para que este mirara atentamente el movimiento de sus labios y repitiera una vez más la frase que había dicho, pero esta vez más lento y mejor modulado. – Eso es, con esa linda sonrisa. – Frase que igualmente el menor repitió con éxito.

- Merlín es muy bueno con los idiomas. – Le afirmó Lethol, en tanto les oía y seguía acomodando las telas en su falda.

- No sé qué estoy diciendo, pero debe ser algo bueno. – Se veía entusiasmado el moreno, mientras se acomodaba en el asiento, para estar más cerca de la herida del costado del gran hombre.

- ¡Oh! Lo es. – Se sonrió el principal del rey, al notar como la mirada del Bárbaro se suavizaba notoriamente al tratar con Merlín y veía como este le llevaba la mano que había tomado sobre la herida que tenía en el costado.

- De esta forma, mi cuerpo se curara más rápido – Afirmó sonriente el hombre de las pieles, notando como el jovencito, alistaba sus implementos con la otra mano restante.

- Mi señor Lethol, ¿Cómo puedo preguntar "como se siente"? o "¿Siente algún dolor?" – Pregunto el menor interesado en aprender el idioma. El de rubios cabellos se le acercó y le susurro en el oído, para que repitiera lo que él le decía. Entonces Merlín observo atento al señor Dengisik y pregunto, observando a ambos por una aprobación, a lo que ambos sonrieron.

- Adolorido por las heridas, pero mejor… gracias a sus lindas manos y cálidos labios, como por las atenciones de mi rayo de sol. – Le respondió el gran hombre del Norte, a lo que el tío de Arthur le tradujo, notoriamente sintetizado y al punto. El Bárbaro miro ofendido al de rubios cabellos. – Si va a hacer de traductor, hágalo como corresponde. – Dijo el gran hombre de manera seria, pues sin saber el idioma, supo que le había dicho menos de la mitad de lo que él le respondió. – No querrá que la panterita aprenda mal por su culpa.

Un notorio rubor llenó las mejillas del tío del príncipe y una sonora carcajada se escuchó en la habitación.

Y el mayor tradujo palabra por palabra.

Y Merlín también enrojeció.

- Mis disculpas…con su permiso. – Se anunció uno de los caballeros asomándose entre las grandes puertas, observando a los tres dentro de la habitación y sonriéndoles, mientras se hacía a un lado, para guiar con una de sus manos cubiertas por la armadura a un menor, que tímidamente camino dentro del cuarto, sin soltar nunca al caballero. – El pequeño Joseph tiene un mensaje para usted, mi señor Lethol. – Introdujo divertido el joven guerrero, mientras posaba ambas manos sobre los hombros del niño, para ayudar a que se relajase.

- Gracias por acompañarle, Sir Elduin – Le agradeció el detalle el de ojos color del cielo, regalándole una sonrisa al de grandes y ondulados bucles castaños. – Dime pequeño, ¿qué es lo que desea su maestro?

- E-el…el Rey desea verle. – Mencionó el menor, mientras sus grandes ojos revoloteaban por el cuarto y terminaron por posarse en el prisionero, quien le saludó con una leve inclinación de cabeza. El chico se encogió de hombros y levanto tímidamente una de sus manos como saludo. – Mi maestro dice que se ha levantado y ha dado varias órdenes desde muy temprano…- Los ojos del pequeño se posaron nuevamente en los del gran hombre. - …Mi maestro dice que ha dado claros indicios de agotamiento y claridad…que pronto le necesitara y pregunta por su posible presencia y ayuda. – Concluyó el pequeño, acercándose al mago, quien se encontraba limpiando la herida del costado del bárbaro, sin soltar en ningún momento las manos del caballero quien le daba el apoyo moral suficiente, como para arrastrarle dentro del cuarto. – ¿Por qué?...- Pregunto a los dos asistentes, quienes habían detenido sus labores, al notar la preocupación en la voz del menor- … ¿por qué si está herido, no se encuentra arriba con los otros pacientes? – El cuñado del rey tomó mucho aire en sus pulmones.

- Digamos que este señor pertenece a las fuerzas que están lastimando a los pacientes que el señor Gaius y tú, amado mío, están cuidando. La guardia real no está segura de muchas cosas y él está huyendo de algo malo que esta allá afuera, así que hasta que no se sepa claramente que ocurre, el señor Dengisik se tendrá que quedar aquí. – Aseguró, no muy convencido de que el menor le entendiera, mientras tomaba las manos de Joseph entre las suyas y le había hecho espacio, para que el niño pudiese revisar el trabajo que realizaba Merlín.

- Pero parece muy grave. – Refutó el de grandes bucles, centrando la mirada suplicante al joven mago, quien asintió ante la verdad. Los mayores se miraron los unos a los otros, sin saber bien que contestar.

- Aun no es posible, cariño mío. – Se atrevió a contestar Merlín. A lo que los demás asintieron, asumiendo que el hombre no había hecho nada condenable y que solo se encontraba en las mazmorras por ser un Bárbaro y posible participante de los saqueos, incendios, destrozos y matanzas de las localidades cercanas. – No al menos, hasta que sepamos bien que hace el señor Dengisik en estas tierras y nos den el permiso para trasladarlo.

- Comprendo…- Declaro el pequeño, soltando las manos del principal del Rey, para posarlas sobre la que podía ver del Bárbaro, quien le acaricio las pequeñas manos con su pulgar, como si pudiese entender de alguna manera la preocupación del pequeño niño por su integridad. Una imagen que dejo asombrado a Sir Elduin, quien no se imaginó nunca una reacción así, de alguien tan grande y que inspiraba respeto. –…lo que no quiere decir, que comparta aquella decisión.

- Nosotros tampoco estamos de acuerdo con ello. – Aseguro Lethol, poniéndose de pie y llamando con un ademan a Joseph, para que partieran prontamente a donde les llamaban sus obligaciones. El menor de ojitos olivo, quien realizó una respetuosa reverencia al convaleciente y le dio un sonoro beso en la mejilla a Merlín, también se decidió por partir, cogiendo en su ida las manos del guardia de turno y del cuñado del rey.

- Un momento. – Reacciono el joven moreno asustado, haciendo que las tres personas que se disponían a salir de la mazmorra le observaran curiosos. – Yo, yo no puedo…

- ¡Oh! – Comprendió Lethol abriendo brillantes sus claros luceros, sonriendo al instante. – Solo será un momento. – Aseguro el mayor, guiñándole un ojo. – Arthur no está aquí, ¿o sí? - Merlín negó, ante lo obvio. - Créeme, nadie dirá nada. Además, Arthur pidió mi presencia a tu llegada, no fue específico en que debía mantenerme a tu lado a todo momento, más aún, Sir Elduin estará aquí pendiente por ayudar si es necesario. – El principal del rey sonrió con una maldad antes pocas veces vista. – Mi sobrino debe ser más concreto y especifico con las condiciones que impone, si quiere ser un buen futuro Rey.

OoOoOoOoOoOoO

- ¡Hora de Comer! – Anunciaron tres pequeñas voces al unísono con las manitas en alto y grandes sonrisas saltando detrás de los arbustos que les cubrían las cabezas riendo, al notar que habían asustado enormemente al Príncipe, quien había caído entre las malas hiervas, mientras se sujetaba el pecho con una mano, pues sintió que algo en su cuerpo le acababa de abandonar.

- ¿Se murió? – Pregunto Ethan, el menor de los ahijados de Gwaine, quien se tomaba el estómago con ambas manos de tanta gracia que le había hecho al ver la mueca que puso el príncipe cuando su corazón dejo de latir.

- Creo que le dolió algo. –Aseguro Fenrir a su hermano, mientras se acercaba al príncipe, para tocarle con uno de sus dedos índice y ver si se movía.

- Ten cuidado…- Pidió Gabrielle, temeroso mientras se aferraba al hermano menor de bucles grandes y castaños, quien con sus grandes ojos estaba atento a cualquier movimiento, porque comenzó a preocuparse. - …de verdad, parece que lo matamos.

Gwaine no podía dejar de sonreír, así como tampoco podía dejar ese emparedado con carne del ciervo que había cazado el día anterior. La vida, en esos momentos, le sabía a gloria.

- Por todos los Dioses, como disfruto mi vida.

OoOoOoOoOoOoO

- En el pasado… - Mencionó animosamente el bárbaro, una vez que todos se fueron y noto a la joven pantera volando en sus pensamientos, mientras que por inercia tomaba su lugar en el lateral, frente a la herida del costado, la cual aún estaba a medio paso de estar limpia. Merlín al sentir su voz, se olvidó de sus preocupaciones y quiso poner todos sus esfuerzos en intentar entender o relacionar las palabras que el hombre frente a él le dijera y tratar de encontrar alguna similitud en otras lenguas que sabía. – los amos compartían el idioma con sus siervos de una manera especial. – El señor Dengisik sonrió ante la atención prestada por Merlín, quien sin duda no le entendía.

Le hizo señas para que de a poco, palabra por palabra, él le repitiera frase por frase. El gran hombre rodeado por gruesas pieles se acomodó en el lecho, sintiendo como su herida tiraba un poco lo que alarmo al joven mago, quien se incorporó rápidamente. El señor bárbaro, solo le sonrió e impidió que le ayudase y una vez incorporado, tomo de las manos al moreno y le pidió con suaves ademanes que se sentara entre las colchas frente a él. Merlín simplemente siguió la petición del mayor y le sonrió tan dulce cuando sintió las cálidas y enormes manos del hombre tomarle las mejillas y acariciarlas con sus pulgares con tanto cuidado y esmero, que no pudo evitar recordar a su madre una vez más.

- Creo…- Dijo el de ojos eléctricos, permitiéndose sentir las agradables caricias del mayor. - …creo que no puedo entender por más que quiera…espero que el señor Lethol llegue pronto.

- Merlín. – Le llamó con cariño, con ese acento tan particular y lindo, sin dejar de mirarle profundamente. – Míreme, solo unos segundos más… - Merlín no le entendió, pero sintió que debía quedarse quieto, observando esos negros y profundos ojos, hasta que se alarmo al ver el destello dorado que tanto conocía. - No tenga miedo. - Dijo el gran hombre, y con aun más suavidad se acercó y besó su frente durante unos segundos. El joven mago entendió y se sonrojó, aunque sabía que aquel beso era paternal y con cariño, no podía creer que la magia le concediera otra habilidad. Al separarse un poco, el gran hombre volvió a sonreír más gratamente incluso con sus oscuros ojos habló y Merlín le entendió. – ¿Siente algo diferente?- ¡El joven no lo podía creer! Ahora entendía cada palabra que salía de los labios del señor Dengisik.

- ¡Puedo comprender lo que me dice! – Hablo alto y completamente sorprendido, mientras que por acto reflejo se cubría la boca con sus manos, al escucharse así mismo hablando en otro dialecto sin saberlo, comprenderlo o conocerlo. ¡Por los Dioses! El señor Dengisik había utilizado magia sobre él, lo que le era completamente desconocido, ya que solía ser siempre al revés.

El convaleciente rio estruendosamente sujetándose levemente la herida del costado, ante la gracia que le hacía ver al menor frente a él con los ojos abiertos como platos, asustado y sorprendido a la vez de lo que había pasado recientemente.

- Es lo único que quería desde que le vi, mi pequeña pantera. Solo espere a tener las fuerzas para hacerlo…

- Es…ese beso… -

- Existen hechizos en esta vida que necesitan de uno. – Aclaró, más que feliz el gran hombre de bucles gruesos, largos y negros, señalando nuevamente con una de sus manos el lugar que había dejado el menor a su lado en el lecho de la cama. - No subestime el poder de los deseos, pequeño mago. – Ahora Merlín entendía, porque se había sentido tan atraído a este hombre que tiene al frente, pues la magia le llama, no hay duda. - Ahora sabe y comprende otro idioma ¡felicidades!

- Lo que me dijo hace poco…antes de que usted me…de que usara su magia…

- ¡Oh! – Entendió el bárbaro, tomando nuevamente de sus blanquecinas manos, sin dejar de lado su gran sonrisa. - En el pasado, los amos compartían el idioma con sus siervos de una manera especial. Solo debes dejar que la magia que recorre tu cuerpo aplaque el deseo de tus necesidades básicas, así como sonreír o sentir amor o el cariño de quienes te quieren y estiman.

- Conozco esas palabras... – Concluyo Merlín, a lo que el mayor asintió satisfecho, mientras se recostaba nuevamente en las colchas y descubría otra vez las ropas del costado, para que el joven mago continuara con su trabajo. – Eso me lo había dicho antes Gaius.

- El único detalle, es que se utiliza demasiada energía y una gran voluntad... y yo poseo una muy grande cuando quiero algo… – Merlín asintió. - Haga caso de sus palabras y crea en usted y en sus capacidades. – Pero de pronto, la cara del menor cambio a uno de preocupación como si se hubiese acordado de algo muy importante.

- ¡Mi señor Dengisik! ¡No puede contarle a nadie más sobre esto! Mientras se encuentre en estas tierras, no puede hacer uso de su magia, sé que es difícil, pero el Rey de estas tierras no lo permite, no puedo garantizar su seguridad si alguien más se entera. Yo…¡yo no…! – El mayor posó sus grandes manos sobre los hombros del menor, intentando calmarle, en lo que siseaba suavemente con los labios, como cuando las madres calman a los niños pequeños.

- El dueño de mis sueños, el señor Lethol, me puso al corriente de esos temas, pequeña pantera, no debe preocupar esos lindos ojitos con esas cosas.

- ¿El du…el dueño se sus sueños? Y a Merlín se le olvidaron una vez más, todas las preocupaciones del mundo. – Que bonito suena eso…

OoOoOoOoOoOoO

El futuro rey de aquellas tierras se encontraba descansando entre los pastizales al lado de un gran roble muerto y algunas partes de este que se habían hecho astillas gracias a un gran mandoble que había quedado olvidado hace unos momentos atrás. Rodeando tenía su cuello, de un par de brazos de un pequeño de ojos grandes y bucles gorditos, quien con descaro, había dejado caer su pequeño cuerpo sobre el infartado pectoral del príncipe. Se encontraba canturreando una canción alegre de niños que le había enseñado su Merlín el día de ayer. Sonrió al sentir como los otros dos aplaudían ante la tonada juguetona y como se sentía el balancear de las pequeñas piernas del menor sobre su pecho. Cuando la canción acabo, el mismo pequeño se puso de pie sobre el moribundo, mirando a su alrededor, como si de una pequeña montaña se tratase.

- ¡Maestro! ¡El príncipe tiene hambre! – Anuncio a los cuatro vientos, mientras buscaba con sus agiles ojos a su mentor.

- ¿Cómo lo sabes Ethan? – Pregunto Gwaine, elevando la cabeza detrás de los matorrales, en donde ya tenía acomodadas todas las cosas que necesitaría para alimentar a sus ahijados.

- ¡Porque hay un león viviendo dentro de su cuerpo! – Afirmo, pegando un saltito en dirección a su padrino, quien levanto una ceja asimilando información.

- Debe ser uno muy grande. – Afirmó el ahijado mayor con una de sus orejas pegadas al pecho del rubio, quien se mantenía completamente inmóvil aun entre los pastizales.

- Ahí no está el estómago Fenrir. – Dijo despacito el más pequeño de los tres, como sugerencia al supuesto desconocimiento del mayor.

- ¿A no? – Pregunto con inocencia extrema, juntando las cejas de manera pensativa. – ¿Entonces porque aquí suena: tu-tum, tu-tum, tu-tum?

- Ese es el corazón. – Respondió con lógica Gabrielle, mientras se acercaba a gatas hacia el cuerpo del príncipe, observando atento a su compañero, mientras este se le acercaba de frente pero del otro lado y se colocaba a la misma altura que su nuevo amigo, quien le indicaba con sus pequeñas manos el estómago, señalándole en círculos y sin tocar el área en donde habitaba el león, como le llamo Ethan hace unos momentos. – De aquí viene el sonido.

El mayor de los pequeños se miró su propio cuerpo y se toqueteo con brusquedad la pansa. Volvió los ojos a los de Gabrielle, su amigo de bonitos y grandes ojos claros, para preguntarle a través de la mirada si estaba seguro de sus palabras. El de largas pestañas asintió. Entonces la curiosidad les llamo a los dos. Fenrir, tomo con sus manos las ropas que cubrían el vientre del príncipe y dio a conocer su ombligo.

- ¿Aquí dices? – Pregunto, para corroborar el de largos cabellos castaños, mientras posaba una de sus manos en los oblicuos del mayor, quien al sentirle se retorció un poco hacia donde estaba el ahijado mayor de Gwaine. Este curioso por el actuar del "infartado", como le había llamado su maestro, toco un par de veces más, notando como el cuerpo debajo de ellos se movía levemente. – No se escucha nada.

El pequeño castaño pelilargo, se decidió por posar su cabeza nuevamente, pero esta vez, convencido que los rugidos del león venían de ese lugar en particular. Se levantó al no oír nada por unos segundos y miro con duda a Gabrielle, quien se decidió, con algo de recelo, a tocar la piel del "infartado" y posar también el oído sobre el estómago.

Esperaron unos segundos, pero nada paso.

- Se durmió el león. – Afirmo Ethan, con la boca llena de pan y carne, quien despreocupado, con una mano se balanceaba de uno de los brazos de su padrino, mientras comía su merienda de mitad de mañana.

- Hazle oler tu emparedado pequeño, así despertara. – Sugirió Gwaine, completamente seguro. El pequeño de bucles grandes y ojitos destellantes corrió a tomar asiento a un lado de la cabeza del príncipe, prácticamente estampándole su comida en el rostro.

El mayor no se movió, pero a sentir el olor de la comida, inmediatamente su estómago rugió.

Y tres pequeños gritaron al unísono.

-¡EL LEÓN!