Miércoles pasó rápido en la escuela, o al menos para Dipper, quién se quedaba pensando profundamente en Bill, inventándose una historia de amor con él.
Sonó la campana que significaba el final de las clases, sacándolo de su mente.
—Eh, Dipper—llamó Mabel cuando pareció que el menor ya había reaccionado del todo—. Vamos a casa.
El castaño asintió tomando su mochila y sus libros.
—Solo iré a guardar esto.
—Vale, te espero aquí, bro—. Y con eso el Pines desapareció por la puerta mientras Mabel sacaba su teléfono para hablar con la Northwest.
Pasaron unos minutos y Dipper apareció demasiado feliz. Tomó su mochila y comenzó a caminar apresurado, parecía que había olvidado a su hermana.
—¡Mason!—gritó ésta levemente molesta al ver que había sudo olvidada. Dipper se detuvo en seco a medio pasillo y se aseguró de que nadie haya oído. Le tranquilizó ver que la escuela estaba vacía, pero igual se volteó con enfado a ver a su melliza.
—¡¿Qué te sucede, Mabel? Odio mi nombre y lo sabes!—. Mabel corrió hasta su hermano con una mueca.
—Lo siento, pero me dejaste ahí sola, ¿por qué tan emocionado?—preguntó.
—¡Una cita! ¡Bill! ¡Ahora!—. En cuanto Mabel le preguntó porqué estaba así recordó qué había pasado.
Salió del salón tranquilamente buscando su locker en los pasillos de la escuela. Cuando lo encontró y guardó todas sus cosas cerró el locker con un poco de fuerza y se volteó para caminar de vuelta al salón, chocando inmediatamente con un chico, cayendo al suelo ambos, aunque Dipper sobre el desconocido.
—¡Dios, lo siento!—. Se quitó rápidamente del chico y se arrodilló junto a él—. ¿Te encuentras bien?—. En ese momento alzó la mirada sonrojándose al ver de quién se trataba—. B-Bill.
—¡Pino!—. Bill se incorporó sentándose en el suelo—. ¿Se hará costumbre encontrarnos así?
—Espero que no—mencionó avergonzado el Pines. Se levantó lentamente y le extendió una mano al rubio—. Te ayudo.
Bill tomó la delicada mano de Dipper y se apoyó levemente para levantarse.
—Gracias—dijo con una sonrisa—. Bien, Dipper, me alegra encontrarte—comenzó a decir—. Quería salir contigo y hablar de algunas cosas que me quedan pendientes contigo, al parecer.
—¿Ah, sí?—. Dipper le miró confundido—. ¿Y eso es...?
—Lo sabrás si aceptas salir conmigo hoy—. El rubio miró su reloj—. En unos cinco minutos.
—¡Oh, claro!—. Dipper sonrió sonrojado—. Solo iré por mis cosas—. Comenzó a caminar a su salón—. Espérame afuera de la escuela.
Bill asintió y comenzó a caminar a la salida.
Dipper corrió a su salón emocionado y entró para después tomar su mochila. Esto nos lleva a la situación actual con Mabel, a unos metros de la salida principal de la escuela.
—¿Bill?—preguntó en una extraña mezcla de confusión, molestia, cansancio y preocupación—. Dipper ya hemos hablado de esto.
—Cállate, Mabel—. Dipper le miró molesto—. Sí existe y tendré una cita con él ahora.
Dipper comenzó a caminar rápido hacia donde se suponía estaba estaba Bill, ignorando las palabras de Mabel. Al salir de la escuela se encontró al rubio recargado en la pared. Sonrió inconscientemente al ver cómo éste se acercaba.
—¿Nos vamos?—preguntó.
—Sí, claro—afirmó tranquilo el más pequeño, esperando a que Bill comenzara a caminar—. ¿A dónde piensas llevarme?
—Pues... Tengo una reservación en una banca en el parque central de la ciudad—presumió falsamente el rubio, con una cara puramente arrogante, sacándole una pequeña risa al castaño.
—Se oye lujoso—siguió la broma—. ¿Crees que está bien mi atuendo para tal lugar?
—Así te ves perfecto, Pino—. Bill le sonrió pícaro al tiempo que pasaba una mano por el cabello castaño del más pequeño, quien se sonrojó en seguida.
Bill pasó un brazo por los hombros de Dipper y comenzó a caminar, haciendo que éste también caminase.
—Y dime, Pino—comenzó a decir Bill—. ¿Cuántas pretendientes tienes en la escuela? Porque tienes un rostro muy bonito, ¿sabes?—. Dipper se sonrojó de nueva cuenta—. No has cambiado nada—susurró lo más quedo posible.
—¿Eh?—. Dipper se hizo el desentendido, aún habiendo escuchado, pero no comprendió a qué se refería el rubio. Después reaccionó a la pregunta—. ¿Pretendientes? En realidad no tengo. Ninguna chica se acerca a mí, no soy bueno para atraer a nadie. Y tampoco es que me interesen las chicas—comenzó a balbucear—. Prefiero a los chicos.
—Oh, qué bien—dijo el Cipher para sí mismo.
—¿Qué bien?—. Dipper se extrañó aunque guardó un poco de esperanza al pensar que el Cipher podría gustar de él.
—Sí, qué bien—. El Cipher apretó levemente su agarre y añadió:— Eso significa que tengo más posibilidades, ¿no?
—Eh, bueno—. Dipper no sabía qué decir, así que sin darse cuenta, comenzó a balbucear—. Pues... Uh... Me parece que sí, es decir, eh...
—Eres adorable, Dipper—soltó Bill sin más, haciendo que el mencionado guardase silencio completamente avergonzado—. Hablemos de otra cosa, ya que parece que te ha comido la lengua el ratón con un pequeño cumplido... O halago, no estoy seguro. Pero sí es una verdad... ¿De qué quieres hablar?—. Por un momento Bill comenzó a divagar hasta que recordó que quería cambiar el tema.
—Uh—. Dipper tenía la mente en blanco—. No sé... ¿De qué quieres hablar tú?
—¿Yo?—. Bill se señaló con su mano libre—. En realidad de varias cosas, pequeño, pero esperemos al parque, ¿te parece?
Y Dipper asintió con un movimiento de cabeza un poco enérgico al ver que ya estaban a una distancia corta del parque.
—Eh, Dipper, ten cuidado con esa grieta en el piso—advirtió Bill al ver un hueco en el piso como a un metro del castaño, quien no pudo escuchar a su rubio favorito por un camión que pasó haciendo todo el ruido posible.
—¿Qué dijiste, Bill?—preguntó el castaño volteando su cabeza hacia el oji-ámbar para después tropezar con el hueco y caer. Bill, al tener un agarre con él, trató de detener la caída pero lo único que logró fue caer también.
—Que cuidado con la grieta—mencionó ya en el piso, sentado junto a Dipper, quien se tapó la cara con las manos.
—Ay, lo siento—comenzó a decir—. Qué vergüenza, pero bueno, ya te acostumbrarás... Soy muy torpe al caminar.
Las pocas personas que pasaban por la banqueta se quedaban un rato viendo al Pines hablar solo para después continuar su caminata.
—Bueno, ya estamos cerca del parque, no hay que quedarnos aquí—. Bill tomó la iniciativa y se levantó, sacudiéndose un poco. Ayudó a Dipper a levantarse y revisó rápido que estuviera bien.
—Vamos entonces—. Ambos comenzaron a caminar otra vez. Llegaron a una banca en el centro del parque en el que se encontraba una pequeña pero hermosa fuente de piedra. Se sentaron y suspiraron.
—Bien, Dipper—. Bill sonrió nervioso.
—¿De qué quieres hablar?
