Dipper se acomodó en su lugar, de manera que estuviera de frente al rubio, para poder hablar mejor.

—No sé en dónde catalogar este tema en sí, pero Dipper—. Bill se detuvo, le daba pena. Estaba levemente sonrojado.

—Pareces nervioso, Bill—. Dipper le sonrió—. Tranquilo, ¿sí? No muerdo, ni me enojo, o al menos no mucho.

—Vale, comencemos a hablar de otra cosa... Oh, mira—. Bill señaló un carrito con un letrero muy colorido.

Dipper se volteó y sus ojos parecieron iluminarse.

—Quédate aquí, no tardo, ¿quieres uno?—preguntó, levantándose rápidamente de su asiento. Bill negó y eso fue suficiente para que el Pines corriera a donde estaba el pequeño puesto ambulante de helados.

No pasó mucho tiempo cuando volvió con un cono de helado de chocolate.

—¿Tanto te gustan los helados para comportarte así?—preguntó con un tono levemente burlón el rubio, haciendo que Dipper le enseñara la lengua en un gesto inmaduro—. Oye, me ofendes—dijo sarcástico, sacándole una sonrisa a Dipper al tiempo que rodaba los ojos y se sentaba junto a Bill otra vez.

—Entonces, ¿de qué podemos hablar?—. Dipper comenzó a comer su helado de la manera más decente posible, tomando en cuenta que cualquier movimiento en falso podría tomarse en doble sentido o algo por el estilo. Bill solo lo veía lamer gustoso el helado con una sonrisa.

—A ver... Pues no sé—. Bill se puso a pensar.

—Es imposible que no se te ocurra nada—mencionó el Pines un tanto concentrado en devorar su helado.

—Pues no hay mucho de qué hablar, Pinito—. Dipper, al escuchar el apodo, tragó mal el helado haciéndole toser inmediatamente, como le pasó cuando le dijo Pino por primera vez. No es que fuera un apodo tierno o algo así, pero nadie jamás le había puesto un apodo que no fuera ofensivo o comprometiera una relación familiar. A parte de todo esto, el apodo hacía referencia a su gorra, su amada gorra, esa que no dejaba más que para dormir, lo cual le gustaba.

—Pinito—susurró para sí mismo—. Suena tierno, demasiado diría yo. Yo no soy tierno, ¿verdad?—. Se volteó a ver al mayor, quien le acarició la mejilla suavemente.

—Mentira—respondió—. Eres increíblemente tierno.

Al escuchar eso, la pena se apoderó de Dipper, quien, sin mucho esfuerzo terminó su helado con la mirada gacha y las mejillas completamente rojas.

—Por lo visto, tiendes a sonrojarte—volvió a hablar Bill—. ¿Lo haces con todos o solo conmigo?—. Dipper sintió unos dedos posarse en su barbilla y después un poco de fuerza que le hizo alzar la mirada, quedando a centimetros de Bill.

—Eh, y-yo... B-Bill—. Ambas bocas estaban a nada de juntarse y, obviamente, no hubo nada que lo impidió.

Dipper cerró los ojos al sentir lo labios del rubio sobre los suyos. No duró mucho ese pequeño beso, ya que el propósito de Bill con éste había sido romper el hielo con el castaño.

—¡¿Qué fue eso?!—gritó Dipper cuando hubo reaccionado, con mucha vergüenza, cubriendo su rostro.

—¡Siempre quise besarte!—gritó de vuelta Bill.

—¿Eh?—. Dipper le miró confundido a lo que Bill sonrió apenado—. ¡¿Qué está pasando? Exijo explicaciones!

Bill le miró sorprendido.

—¿A qué te refieres?

—A que me acabas de besar. También, dijiste que "siempre" quisiste besarme, nos conocemos de hace semana y media, ¿eso es siempre? Porque esa palabra suena exagerado para poco tiempo. Y a esto, van dos cosas que no encajan—. Y Dipper hubiera continuado hablando histéricamente si Bill no le hubiera callado poniendo su mano sobre la boca del menor, quien le miró enfadado, cerrando su boca.

—Tranquilo—. Bill retiró su mano y justo cuando Dipper abrió la boca para seguir hablando, le reprendió—. No, Dipper, no hables. A ver, te besé porque siempre quise hacerlo, sí: siempre—aclaró—. Tal vez tú no recuerdes pero nos conocemos de antes, de mucho antes. Tendrías unos... ¿6 años? Sí, yo tenía 8 años.

El Pines cerró sus ojos. No tenía muchos recuerdos de sus seis años, ni siquiera fotos, por alguna razón, sus padres había perdido todo lo relacionado con un periodo de tiempo que iba desde la fiesta de seis años de los gemelos hasta el inicio de vacaciones de verano siguiente, es decir casi un año.

No podía recordar mucho, en realidad, su memoria no era muy buena cuando de su pasado se trataba. Iba descartando recuerdos vagos de por ahí hasta que apareció un pequeño y fugaz recuerdo de un rubio sonriente sentado junto a él en el suelo de la sala de su casa. Retuvo el rostro del niño en su mente y lo analizó un poco. Sorprendido, abrió los ojos encontrándose el mismo rostro, solo que un poco más varonil.

—Oh, Dios... Bill—. Dipper tomó en sus manos las mejillas del rubio y comenzó a mover la cabeza del rubio, revisándolo—. No puede ser... Es imposible. Bill, tú te habías ido...

—¡Y regresé, Pino!—. El Cipher tomó las manos del más pequeño en la suyas y las sostuvo por unos segundos hasta que Dipper se alejó.

—Regresaste—repitió aturdido—. ¿Por qué?

—¿Y por qué no?—. Bill se trató de acercar pero Dipper le detuvo—. Tranquilo, ¿sí?—. Extrañaba a mi mejor amigo... Me preguntaba cómo estarías, es decir, solo fuimos mejores amigos por un año, pero fue el mejor año de mi vida. Lo demás fue pura mierda, y solo porque mis papás querían extender su empresa. No los extraño para nada, he de decir—. Bill estuvo a nada de comenzar a divagar—. El caso es... Que en esta semana y media me sorprendiste demasiado. No has cambiado en nada y me encantas...

Dipper le miró con un poco de miedo.

—Bill, ¿te gusto?—preguntó sin más, con las ilusiones por sobre las nubes.

—Mucho, Pino—respondió con sinceridad—. Y de esto quería hablar—. Agachó su cabeza avergonzado—. Sé que es apresurado, pero haré lo posible por gustarte y si crees que no nos conocemos lo suficiente... Pues pregúntame lo que quieras... Yo te quiero y...

Antes de que Bill siguiera hablando, Dipper le detuvo con un beso rápido y suave.

—¿Y eso qué fue?—preguntó el rubio nervioso.

—Fue un: también me gustas, Bill—admitió sonrojado y en seguida sintió unos brazos fuertes rodearlo.

Desde que Dipper salió solo de la escuela, Mabel le siguió un poco. Se dió cuenta que su hermano iba susurrando algunas cosas, como hablándole a la nada, estaba segura de que el castaño imaginaba a Bill.

Se estresó un poco y dejó de seguirlo. Sacó su teléfono de su mochila y buscó entre sus contactos a su novia. Pasar un rato con Pacífica no le haría mal.

En cuanto a Dipper, todo lo que hizo lo hizo solo, recibiendo miradas confundidas y extrañadas, pero cómo lo iba a notar si estaba tan concentrado en ver a Bill.

—Entonces, Dipper—. Bill se separó un poco para poder ver al menor directo a los ojos—. ¿Quisieras... Ya sabes... Eh... Ser mi n-novio?

Dipper abrió los ojos de manera exagerada y asintió enérgico.

—¡Claro, me encantaría!—. De pronto reaccionó a la manera en que lo decía—. Uh, lo siento, me emocioné—balbuceó.

—¡Está bien que te emociones!—gritó exaltado Bill—. ¡Yo también estoy emocionado!

—El caso es que estaba tranquila limpiando la blusa en seco con un poco de detergente, y mientras Candy y Grenda estaban jugando con Soos y Wendy a lanzar brillantina... No estoy segura de porqué—. Pacífica tomó un poco de su malteada—. Cuando de la nada, Candy tomó el vaso con el detergente y se lo echó todo a Soos, quedó empapado—. Mabel y Pacífica se echaron a reír.

—¿Por qué tomó el vaso con el detergente?—preguntó extrañada la castaña pero con una sonrisa.

—Ah, eso se explica fácil, a la inteligente de tu novia se le ocurrió agarrar un vaso semejante a los que usaban para el juego y lo llenó del detergente que necesitaba para quitar vino de una blusa blanca—explicó Pacífica con un tono obvio—. Mientras todo esto ocurría tú y Dipper estaban metidos en el baño hablando, se lo perdieron—. Y le dió otro sorbo a su malteada.

—Oh, cierto—. Mabel se sonrojó—. Esa noche estaba muy nerviosa, ya sabes... Estaba dispuesta a decirte pero estaba muy nerviosa... Dipper me estaba tratando de ayudar pero mi inseguridad le daba gracia. Recuerdo estar toda roja segundos antes de salir del baño. Fue muy...

Un sonido la interrumpió. Era un "beep" repetitivo, como una alarma. Pacífica se asustó.

—¡Dios, ¿qué es eso?—preguntó viendo a todos lados, hasta que vió a su novia sacar su teléfono y contestar una llamada, para después ponerla en alta voz. En ese momento el ruido se detuvo.

—Era mi teléfono, Dipper también se asusta y me da gracia—explicó rápido—. ¿Qué sucede, Wendy?

—Mabel, Soos y yo estamos en el parque central, Dipper está aquí, sentado en una banca hablando solo—susurró Wendy en la otra línea.

—¿Y por qué susurras?—preguntó la rubia.

—Oh, estamos escondidos en un arbusto detrás de Dipper—. Soos guardó silencio—. Dipper ya se levantó, se está riendo...

—Es algo gracioso ahora que lo dice Soos... Está corriendo al rededor de la fuente—dijo Wendy en un tono burlón—. Creo que cree que es un avión.

—¿Un avión? ¿Dices que el parque central?—. Mabel se volteó y buscó la fuente del parque de al lado de la cafetería, vió a Soos y a Wendy sentados junto a un arbusto. Wendy alzó la mano saludando.

—Creo que ya sabes—volvió a decir Wendy señalando a Dipper, haciendo que Mabel lo buscara con la mirada, cuando lo encontró, sonrió.

Mabel colgó.

—¡Hay que ir, Paz!—. Tomó el brazo de la rubia quien a penas y pudo dejar el dinero de las bebidas en la mesa. Fue arrastrada hasta llegar junto a Soos y Wendy—. ¡Dipper está haciendo el ridículo!

Entró a la aplicación de cámara de su teléfono y comenzó a grabar.

—Eso te servirá para extorsiones futuras—mencionó Wendy con un tono malicioso.

—Lo sé, de eso se trata—concordó Mabel, pero segundos después enfocó algo en su cámara—. Hay que detener a esa señora—. Guardó su teléfono y señaló a una mujer que, indignada y molesta, se dirigía a Dipper.

Los cuatro chicos corrieron evitando a Dipper hasta llegar a la señora.

—Con permiso—espetó molesta, esperando que los los chicos se separaran para dejarla pasar.

—Señora, ¿de pura casualidad quiere reprender a ese chico?—preguntó Pacífica señalando a Dipper. La mujer asintió.

—¿Por qué?—preguntó Soos.

—Está alborotando el ambiente... Los niños se querrán comportar con poca decencia como él—explicó enojada.

—Eso suena estúpido, ¿estamos de acuerdo?—. Wendy vió cómo sus amigos asentían—. Entonces, señora amargada—. La mujer le miró enfadada—. Le pido que se marche a otro parque o a un lugar más "decente" con sus hijos, para que no sean contagiados por la felicidad.

—Ustedes, jóvenes, ya no respetan en nada a sus superiores—. La mujer comenzó a caminar hacia otro lugar.

—¡Wendy eso fue brillante!—gritó Mabel llamando la atención de todos, incluyendo a Dipper, que se detuvo en seguida.

La nueva pareja quiso divertirse un rato, por lo tanto, Bill hizo (obligó) a Dipper subirse en su espalda y comenzó a correr con él encima, hasta que Dipper pidió que se detuviera.

—Escuché a Mabel—explicó.

—¿Tu hermana?—preguntó Bill mientras Dipper se bajaba de su espalda asintiendo—. Oh, cierto, está allá—señaló a cuatro personas.

—¡Mabel!—gritó Dipper acercándose, haciendo que todos se voltearan—. ¿Qué haces acá? Creí que irías a casa.

—Oh, no, salí con Paz—explicó señalando a la rubia, quien saludó.

—Oh, qué bien—. El castaño sonrió mucho—. Espero se hayan divertido mucho.

—Sí, en realidad sí nos divertimos—. Mabel abrazó a Paz—. Por cierto, qué bueno que estés tan feliz, pero... ¿puedo saber por qué?

—Oh, claro—. Dipper se hizo a un lado, dejando ver mejor a Bill, que hace unos segundos se encontraba detrás de Dipper—. Bill es mi novio ahora.

Todos explotaron internamente, más aún, Mabel.