Capítulo 3: Oscuridad

—Ahora, mi joven aprendiz, sigue al pie de la letra mis órdenes…

—Sí, maestro.

Se puso a caminar, dispuesto a cumplir las órdenes de su ahora nuevo maestro, observando como todo a su alrededor era iluminado por los primeros rayos de la mañana que estaban siendo mitigados por unas cuantas nubes que presagiaban lluvia.

Por primera vez se sentía libre para elegir, aún seguía siendo un aprendiz, pero esa vez lo había elegido. No sabía si por su propia voluntad o por la traición que acababa de sentir, pero había elegido, aunque la rabia lo carcomiera por dentro.

Muchas veces se había referido al lado oscuro como una enfermedad que se abría paso en su interior, pero ahora, en ese momento en el que había dejado de controlarse, las cosas eran mucho más sencillas, el verdadero mal de la galaxia no era el lado oscuro, el verdadero mal de esa podrida galaxia eran los Jedi y debía acabar con ellos de raíz.

Las enseñanzas Jedi estaban equivocadas, los Jedi eran unos hipócritas, unos hipócritas que ponían normas estúpidas a todo el mundo menos a ellos mismos. Se sentía estúpido, estúpido al pensar que toda su vida había seguido el camino que le habían dictado, había sentido tanta inquietud, tanta desesperación por la posibilidad de defraudar a sus progenitores, por no ser lo bastante fuerte como nieto y sobrino de dos leyendas Jedi, pero no había servido de nada vivir preocupado por ello. Sus padres lo habían dejado, lo habían abandonado en ese planeta con su tío para ser conducido hacia el lado de la luz o morir, no había término medio, y si no había término medio podía ir directo hacia la oscuridad, sin restricciones.

Recordó a sus padres, esos que había añorado todo ese tiempo, ni siquiera sabían el aspecto que presentaba ahora. No lo habían visto desde que tenía once años. Su madre nunca mandaba hologramas, solo notas escritas a mano, y su padre… su padre parecía haberse desentendido de él hacía mucho tiempo, cuando supo que tenía cierta afinidad a la fuerza, cuando entendió que él jamás comprendería lo que ocurría dentro de su hijo, que jamás podría sentir lo mismo que él.

Al fin llegó a la sala de entrenamiento, donde algunos de los alumnos de Luke se encontraban ya esperando a su maestro para la lección del día. Perfecto, podría cumplir el mandato de su nuevo maestro cuanto antes, quería perder de vista ese lugar lo más rápido posible.

—El maestro aún no ha llegado, es bastante extraño, siempre es el primero en llegar…—Dijo uno de los niños que hablaba con otro de los aprendices.

—Se habrá entretenido con algo por…—El niño observó al adolescente entrar en la sala—Ben, ¿has visto al maestro skywalker?

El adolescente no respondió, entró en la sala lentamente, mirando a todos esos niños afines a la fuerza, sabía que ninguno era tan fuerte como él, ni siquiera una milésima parte. No tardaría mucho en hacer exactamente lo que su maestro le había ordenado y no le temblaría el pulso, si había elegido ser el monstruo que todos esperaban no había lugar para las lamentaciones y los escrúpulos, pero… eran solo unos críos.

—¿Ben?—Volvió a insistir el niño.

—Vuestro maestro ha muerto—Respondió por fin.

—¿Pero qué estás diciendo, Ben?

—Skywalker ha intentado matarme mientras dormía y he tenido que defenderme.

—¿Pero qué locura estás diciendo? El maestro no sería capaz de…

—El ma… él es muy capaz porque lo ha hecho. No he sido el único al que Skywalker ha engañado… vosotros confiabais en él, como yo, en sus enseñanzas, en el lado de la luz... En los Jedi…

Paró de hablar, la última palabra le había salido forzada, como si le diera asco incluso que saliera de sus labios. No podía casi pronunciarla… y menos llamar tío o maestro a Skywalker, no después de esa traición tan reciente.

—Los Jedi son la verdadera enfermedad de este mundo, son el verdadero problema. Nos dicen cómo debemos vivir, las reglas que tenemos que seguir… nos esforzamos por seguir su camino y después… Después ellos intentan matarte mientras duermes porque perciben lo poderoso que eres...

Todos los presentes empezaron a mirarse entre ellos, confundidos. Pensar que su amable maestro había intentado hacer algo tan horrible era algo que sus jóvenes mentes no podían procesar.

—Debemos dejarlos morir para alzarnos como algo diferente… como algo que nos haga más fuertes…—Siguió el muchacho.

—¿De… dejarlos morir? No… no te entendemos Ben… —Balbuceó uno de los niños más jóvenes.

—Uníos a la primera orden… Uníos a mí y juntos crearemos un mundo diferente, sin Jedi.

Se hizo un silencio aún mayor. Algunos aún intentaban comprender cómo su maestro había sido capaz de algo tan horrible, otros pensaban en la posibilidad de unirse a Ben y los demás… los demás estaban seguros de que Ben Solo estaba en un estado completo de enajenación.

—¿Pero qué se supone que estás diciendo? No voy a unirme a ti. Ninguno de nosotros lo hará. ¡¿Te has vuelto…?!

Encendió su espada láser acercándola al cuello del adolescente que acababa de hablar. Los dos tenían una edad parecida, habían empezado ambos a la vez con Skywalker en su nuevo templo Jedi, pero sabía quién ganaría en esa contienda, al igual que el joven quién había empezado a temblar como una hoja.

—Podéis elegir, claro que sí… pero la otra opción no os va a gustar tanto como la de uniros a mí.

Hizo una pausa mirando los rostros de todos los presentes, viendo el terror reflejado en sus orbes. Así que eso era ser el monstruo que todos esperaban… infligir terror en los demás, obligarlos a respetar sus deseos, sentirse poderoso entre todas esas personas afines a la fuerza. La oscuridad le complacía, más de lo que jamás lo había hecho el camino Jedi.

—Uníos a la primera orden o morid.

Su última sentencia había caído entre los presentes como un jarro de agua fría, algunos habían dado un paso al frente, no le hizo falta leer sus mentes para saber que habían aceptado el nuevo orden, que habían aceptado unirse a él y a la primera orden. En cuanto a los demás, no parecían muy convencidos, no le creían, él tampoco lo hubiera hecho semanas atrás si le hubieran dicho que Skywalker había intentado matar a uno de sus alumnos, aquellos a los que había denominado como el futuro de la galaxia en numerosas ocasiones.

En medio de sus pensamientos pudo ver que el chico al que amenazaba con su sable láser había decidido actuar, había aprovechado el momento de debilidad de Ben, perdido en sus propios pensamientos, para coger su propio sable láser y plantarle cara, pero no había conseguido dañarlo, Ben lo había esquivado y ahora ambas espadas láser estaban enfrentadas, soltando chispas debido a la fricción.

En cuestión de segundos los otros aprendices de Skywalker decidieron atacar, aquellos que habían decidido unirse a él al ver que decía la verdad con respecto a su intento de asesinato, lo defendieron de los embistes de otros aprendices aún leales al camino del Jedi y él se centró en su lucha contra su ahora nuevo enemigo.

Recordaba como ambos habían llegado a ser aprendices de Skywalker casi al mismo tiempo, como al principio habían sido algo parecido a amigos y compañeros, pero ahora mismo tenía una nueva misión, acabar con los Jedi y con todo lo que significaban, librar de mentiras a la galaxia.

Atacó con más fuerza, embistiendo al muchacho que casi no podía defenderse, los ataques de él se habían convertido en pura defensa cuando había visto que Ben era mucho más agresivo y fuerte que él, hasta que decidió acabar con eso y el muchacho salió volando perdiendo su espada láser.

En el suelo, herido, sangrando por el hombro, lo observó, parecía estar intentando entrar en su mente, pero no podía, así que le dejó, le dejó ver el recuerdo más reciente que tenía de Skywalker y sus ojos se abrieron como platos al darse cuenta de que no mentía, de que su maestro en efecto era el monstruo que Ben les había dicho.

—Es… es cierto… el maestro… el maestro intentó matarte.

Lo vio empezar a negar con la cabeza, como si se hubiera dado cuenta de golpe que ese ser divino al que idolatraba no era más que un monstruo. Le dejó ver la oscuridad dentro de él, esa enorme oscuridad que había dejado entrar en su interior. El chico frunció el ceño, sorprendido por la cantidad de poder que él le estaba mostrando, dándose cuenta por fin contra quién se estaba enfrentando.

Se distrajo mientras le mostraba su oscuridad y no se dio cuenta que otro niño se acercaba hacia él con clara intención de acabar con todo. Cuando quiso detenerlo, el muchacho en el suelo lo había hecho por él. Extendía su brazo, el que no había herido, usando la fuerza para pararlo.

—¡Skywalker intentó matar a Ben! ¡Lo he visto! ¡Es cierto!—Gritó desde el suelo.

Todos los aprendices pararon de repente. Algunos yacían en el suelo, heridos, otros habían parado de luchar, sobre todo cuando habían visto al que parecía el líder de la resistencia contra Ben Solo volverse directamente parte de su bando.

—Ben tiene razón… Skywalker nos mintió ¡Por el creador! Estuvo dispuesto a matar a su propio sobrino, como si fuera un animal, cuando en teoría el camino del Jedi es un camino de luz y de paz… ¡Nos ha estado mintiendo todo este tiempo!

—¡Sí! Skywalker intentó matarlo, pero ¿no lo veis? ¡Intentó librarnos de él porque se ha rendido al lado oscuro!—Gritó otro.

—¿El lado oscuro es tan abominable? ¿El lado oscuro es el lado incorrecto de la balanza?—preguntó Ben—Hemos estado todo este tiempo pensando que estábamos en el lado correcto, pero ¿Y si nos hemos equivocado? ¿Y si Skywalker no tenía la verdad absoluta como todos pensábamos?

—¡Deja de confundirnos!

El grito del aprendiz se escuchó en toda la sala. Se había lanzado directamente hacia él de un salto, con su espada láser encendida, dispuesto a partirlo en dos como si fuera una fruta. Y lo paró, en el aire, centrándose en ese poder oscuro que sentía en su interior.

—Última oportunidad—Dijo aun manteniendo al otro muchacho en el aire—¡Elegid!

Los niños se volvieron a mirar entre ellos, y aquellos que aún se resistían a él decidieron atacar. En un momento la sala de entrenamiento Jedi se convirtió en una batalla campal, pero los ganadores se alzaron en pocos minutos.

Ben observó en el suelo a todos sus excompañeros, todos aprendices leales a Skywalker, futuros Jedi, futura basura de la galaxia. Algunos habían sido heridos, otros estaban muertos, pero no podía haber supervivientes, su nuevo maestro le había dicho que dejar a uno solo de esos pequeños Jedi vivo era un peligro para el nuevo orden de la galaxia, uno de esos pequeños Jedi podría pudrir la galaxia entera, así que debía…

Mátalos…

La voz en su cabeza se volvió a hacer eco en su cerebro. Sabía que era Snoke. Incitándolo, pero… eran simples críos y no estaba muy seguro de que eso fuera correcto. Sí que estaba seguro de que dejar a los Jedi pulular por la galaxia no estaba bien, pero, matar a unos críos…

—¿Y ahora qué, Ben?

Miró a su compañero. Lo había herido, pero al enseñarle lo que había pasado con Skywalker, lo poderoso que era el lado oscuro, había cambiado, se había unido a él, como los otros cinco aprendices que había tras él. Debía tomar una decisión.

Mátalos…

—¿Qué hacemos con ellos?

Mátalos…

—No podemos dejarlos para que sigan con el camino del Jedi… Ese camino es un camino podrido—Contestó.

—¿Y entonces? ¿Qué hacemos con ellos?—Volvió a preguntar.

Mátalos…

Cerró los ojos, fuertemente. No quería, no quería hacerlo. Darse cuenta de que el camino Jedi era el camino equivocado, sentir la traición de Skywalker, todo eso lo había llevado hacia el lado oscuro, pero matar a unos críos, matar a unos críos era otra historia, eso no estaba bien, daba igual en qué lado de la balanza se situara.

Deja a uno vivo y la enfermedad se extenderá por toda la galaxia…

Debe haber otra manera… —Pensó a sabiendas de que Snoke leería sus pensamientos.

No la hay joven Solo… Skywalker lo hizo contigo… él intentó matarte porque no hay otra solución posible cuando quieres deshacerte de algo por siempre…

Tragó saliva. Sus otros compañeros lo miraban, esperando una orden, expectantes, lo que no sabían era que se estaba librando una pequeña batalla en su cerebro.

Incluso tus padres estaban al tanto de que no hay otra forma de hacer las cosas… ellos estaban de acuerdo, o elegías el lado de la luz o morías…

Ellos querían que muriera…—Repitió en su mente.

Ellos iban a matarte si no elegías el camino que ellos pensaban era el correcto.

Iban a matarme.

Recordó la sonrisa de su madre y se preguntó por qué habría decidido separarse de su lado, ella parecía quererlo, siempre había estado ahí, a su lado, comportándose como una verdadera madre. Lo quería… o eso había pensado toda su vida, hasta que su poder se había manifestado cuando ese hombre había intentado matarla y él lo había parado usando por primera vez la fuerza. En ese momento la mirada de su madre cambió, ya no lo miraba con amor, lo miraba con horror, como si fuera…

Como si fueras un monstruo joven Solo. Es lo que todos piensan que eres… Demuéstrales tu fuerza…

Miró a los niños atados, de rodillas frente a él. Lo observaban con ojos cansados, como si supieran lo que iba a venir.

Mátalos…

—Matadlos—Dijo al fin—No puede quedar un solo Jedi vivo.

Encendió su sable láser y atravesó al adolescente que tenía delante de él. Cuando retiró su espada láser del cuerpo del adolescente lo vio caer, sin vida, delante de él. Se sintió enfermo, pero eso era lo que tenía que hacer, eso era necesario.

Vio a sus nuevos compañeros hacer lo mismo que él y cuando se dio cuenta no quedaron más seguidores Jedi que matar. Destruyeron el templo, no podían quedar seguidores Jedi, pero tampoco vestigios de esa maldita religión hipócrita.

Observó las llamas cebarse con el templo que había sido su hogar por esos últimos años y los recuerdos de sus padres volvieron a asaltarlo, oscureciéndolo aún más. La luz en su interior se había apagado por completo, en su interior ya no había lucha posible entre ambos bandos, solo la más absoluta oscuridad.

Escuchó una nave descender tras ellos y cuando la puerta se abrió, observó cómo varios soldados de asalto acudían corriendo hacia ellos.

—El líder supremo quiere verlo, señor—Dijo uno de los soldados.

—Bien… vamos allá...

.

.

¡Hola! Aquí os dejo el capítulo de esta semana, supongo que intentaré publicar un capítulo a la semana, porque no me da para más, es lo que tiene la vida jajaja

¡Muchísimas gracias por vuestro apoyo! ¡Me alegro que os guste mi historia y la forma que tengo de escribir, la verdad es que vuestros comentarios me ayudan a sacar tiempo para escribir. De verdad, muchas gracias.

¡Nos leemos en el siguiente! Espero que me dejéis vuestra opinión por aquí ;)

Helen Martinelli