Capítulo 7
La mente de Byakuya era un caos, se encontraba en la cocina de su departamento, aún estaba luchando con los síntomas de la resaca pero también con sus propios pensamientos. Había llegado unos minutos atrás luego de ir a comer con Rangiku y Gin, la chica se había quedado dormida en el camino por lo que Gin la estaba llevando a su habitación.
De alguna manera le había afectado lo renuente que estaba la chica de oficializar un compromiso con él. Entendía las razones, la principal era por no permitir que los demás decidieran su vida, esa era la misma razón que él tenía para rechazar esa propuesta, pero sabía que la otra razón que tenía ella era porque simplemente no sentía más que una simple amistad por él. No entendía por qué diablos le afectaba a pesar de que comprendía sus razones.
Nunca había sido una persona sentimental, era analítico y para nada impulsivo, instintivo o sensible, pero aun así no podía dejar de sentirse de alguna manera dolido. Era como si estuviera en un estado anémico y era extraño. Lo estaba experimentando los últimos días pero cada vez lo sentía con más fuerza.
Odiaba no controlarse a sí mismo, odiaba sentirse de esa manera. Empezaba a arrepentirse de haberse ofrecido que ellos se quedaran en el departamento, debía haber evitado lo que ya sabía iba ocurrir, él no entraba en la ecuación. Y lo que más odiaba era que él no podía evitarlo, saber que ella está herida lo hacía sentir mal, saber que ella necesita ayuda lo desesperaba, estaba malditamente jodido y lo peor es que no era reciproco.
Y no podía dar un paso en falso porque valoraba demasiado la amistad que tenía con Gin, sabía que su amigo adoraba a Rangiku, lo había visto los últimos días tan cansado y preocupado por ella. Él definitivamente no avanzaría, esa batalla estaba perdida antes de comenzarla, desde un principio él sabía que aquello que estaba empezando a experimentar no iba a salir bien, después de todo él había entrado en la ecuación mucho después de ya ellos tener un vínculo muy fuerte. Siempre había visto esa mirada en Gin, estaba muy seguro que antes que Rangiku se empezara a dar cuenta de sus sentimientos, su amigo ya lo sabía.
Aun recordaba aquella ocasión en la que le rompió la boca a la mitad del equipo de fútbol del instituto por haber estado divulgado estupideces de Rangiku, Byakuya se había unido por no dejar que la otra mitad le cayera encima, y se había burlado de su estupidez. El karma era una maldita perra, unos años después él se iba a sentir de la misma manera pero con un final poco probable.
Estaba frustrado, necesitaba salir del departamento y pensar con frialdad, debía dejar de tener todo ese caos en su mente, tenía que tener la mente centrada en el problema que se les avecinaba.
Los accionistas no se iban a quedar de brazos cruzados y tampoco los padres de Rangiku, sabían que buscarían la manera de empujarlos a ambos de aceptar aquel trato. El dinero y las posiciones con las que jugaban eran muchas y la mayoría tenían grandes ambiciones.
—Maldición —bufó
—Segunda vez que te escucho maldecir, de verdad que somos mala influencia —Byakuya alzó la mirada encontrándose a Gin, el chico lo veía con curiosidad, probablemente causada por no estar actuando como normalmente lo hacía.
—¿Rangiku? —Byakuya desvió la mirada, no necesitaba que su amigo lo viera de esa manera, ya él sabía que estaba fuera de sí, no necesitaba también se lo recordaran.
—Esta noqueada, ni se despertó cuando la dejé en la cama —respondió sentándose en la silla junto a él —. Fue un día intenso ¿Tú estás bien?
—Si —fue lo único que respondió, Gin notó que no quería hablar pero aun así permaneció junto a él, Byakuya sabía que no se rendiría.
—Agradezco que no cedieras ante esa propuesta, sé que te estás jugando el cuello porque ellos pueden buscar la manera de destituirte —comentó observándolo.
—No irían a ese extremo, saben que no pueden hacerlo, además, odio que quieran controlar mi voluntad.
—Lo sé, y sé que no estabas de acuerdo, aun así te agradezco eso, sé que lo haces por Rangiku también…De verdad, siento que…—Gin se veía incómodo y Byakuya empezaba a estarlo, no quería realmente tocar ese tema.
—Sé que vas a decir Gin, no es necesario—Byakuya, su rostro se veía igual de indiferente pero Gin lo conocía demasiado—. Entiende, esto es algo que voy a tener que solucionar, tú no tienes la culpa ni ella, y espero que ella no lo sepa, ¿entendido? Ya suficiente es contigo dirigiéndome esa maldita mirada —Gin asintió, sorprendido —. Saldré por un momento, pendiente de Rangiku —se levantó dejando a Gin antes de que este dijera algo más.
*.*.*
La luz que sentía sobre sus parpados la empezaba a molestar, abrió sus ojos con pesadez, se sentía desorientada y cansada. Observó la habitación blanca en la que se encontraba y no recordaba ni donde estaba, escuchó el sonido de goteo, sintió un poco de ardor en sus muñecas, las tenía vendadas. Los recuerdos la asaltaron, se había sentido tan desesperada, quiso llorar, se sintió la peor persona del mundo pero no lo lamentaba, ella quería dejar el dolor, pero sabía que no había sido el mejor camino y tampoco lo había logrado.
Escuchó una respiración suave, desvió su mirada a un lado, Gin se encontraba dormido en un sillón, parecía extremadamente cansado. Rangiku supo que lo había asustado, tal vez era lo mejor para ella pero no había sido lo mejor para él. Lo haría sufrir, Gin era su pilar pero también sabía que el chico la veía de la misma manera a ella, se odiaba de haberlo hecho pasar por aquello.
—Lo siento —susurró
—Shhh, tranquila Ran —esa voz la tranquilizaba.
Abrió los ojos, sentía que Gin la estaba abrazando, sus ojos estaban húmedos, había estado llorando, probablemente Gin la había escuchado. Odiaba seguir mostrándose débil pero en ese momento no le importo, el chico la aliviaba.
—¿Qué soñabas? —susurró acomodándole el cabello.
Ella solo desvió su mirada a las cicatrices descubiertas en sus manos, acostumbraba utilizar algo para que no se vieran, aunque sabía que casi ni se notaban, pero se podían sentir, ella acarició una de ellas. Gin quiso tomar sus manos pero Rangiku las apartó, no quería que él las tocara, ella estaba marcada y esa era la muestra de lo rota que había estado. Gin igual tomó ambas muñecas, acarició ambas cicatrices y luego la besó.
—Son solo una marca de tus batallas, Rangiku. El símbolo de que tú eres más fuerte
—Siempre sabes que decir —Ella solo sonrió y se abrazó a él.
Se sentía bien estar así con él, de verdad que había anhelado este tipo de relación. Aún tenía miedo pero había decidido que lucharía para mantener esto, dejaría de preocuparlo y también quería recuperar sus amistades, ser la Rangiku animada de siempre, solo que esta vez estaba decidida a ser más fuerte, no doblegarse por esos pensamientos y sentimientos. Solo había algo que le molestaba en ese momento y le estaba preocupado, no sabía qué hacer con respecto a ese problema.
—Puedo escuchar tus pensamientos —susurró Gin—. ¿Qué ocurre?.
—¿Sabes? Puedo actuar muchas veces despistada, pero sabes muy bien que no lo soy. Yo…yo sé porque Byakuya ha estado actuando extraño en estos días —Gin acarició suavemente su cabello.
—¿Lo sabes?
—Solo…no sé cómo decirle, yo no quiero lastimarlo, Gin. Byakuya siempre ha estado ahí, él es nuestro amigo. Yo realmente no quise que él se interesara de esa manera en mí —tenía miedo de que él pensara mal, después de todo ella había también salido con muchas personas, había tenido una mala reputación, esa era una de las razones por las que había entendido a Nell, Rangiku había tomado muy malas decisiones en su vida.
—Ran, está bien. Es inevitable, tú tienes una personalidad muy extrovertida y atractiva, es normal que ocurriera, no tienes por qué explicarte
Ella se quedó callada, aun así no podía evitar sentirse culpable, sabía que lastimarían a Byakuya, aunque no quisieran, pero quería buscar la manera de no hacerlo tanto. Nunca se imaginó que Byakuya pudiera sentir algo más que amistad por ella, después de todo no era su tipo, ella era escandalosa y dramática, eran completamente distintos y siempre chocaban. El chico podía tener a muchas babeando por su estoica y misteriosa personalidad pero ella nunca lo había visto más que como su amigo.
—Creo que lo mejor será que volvamos a tu departamento —Gin la vio sorprendido.
—¿Te sientes lista para hacerlo? —En realidad no, pero era la mejor decisión, aun se sentía algo inestable pero debía mantenerse fuerte, las chicas estaban luchando con los mismos demonios y ella también debía hacerlo.
—Si, será mejor regresar. Extraño las ocurrencias de Nell y a la adorable Orihime
*.*.*
—¿Va ordenar algo o va a seguir viendo el menú por otra hora más? —Byakuya se sorprendió ante la pregunta. Alzó la vista encontrándose a una pelinegra, algo menuda y de ojos oscuro. La chica lo vio con algo de molestia que estaba tratando de ocultar, por un momento le pareció conocida pero no supo asociar de dónde.
Tenía el uniforme del lugar por lo que pudo saber que era una empleada, no se había dado cuenta lo perdido que estaba en sus pensamientos y la chica parecía irritada de esperar.
—¿Siempre tratas a tus clientes de esta manera?
—¿Normalmente tardas tanto en decidir un pedido? —La chica estaba a la defensiva y parecía no importarle quien era él.
—No
—Yo tampoco, pero he venido más de tres veces a su mesa por su pedido. ¿Está usted bien? ¿O no le gusta nada del menú? —Byakuya estaba sorprendido, le hablaba con demasiada confianza y parecía estar demasiado molesta con él, no creía que fuera solo por la espera.
—Solo deme un té —por un minuto pensó que la chica rodaría los ojos pero simplemente asintió.
—Como ordene, por favor no tarde lo mismo en bebérselo, cerramos a las siete
—Que chica más rara —pensó mientras la veía irse, estaba seguro que era nueva empleada, él frecuentaba este lugar cuando estaba algo cansado de la rutina. Una privada cafetería en el este de la ciudad.
Tendría que hablar con la dueña del lugar, era una persona que conocía desde mucho tiempo atrás, definitivamente tenía que aconsejarle que amonestara a aquella mesera, se iba a quedar sin clientes con esa actitud.
*.*.*
Rangiku se encontraba apoyada en Gin, ambos se encontraban en la sala supuestamente viendo una película, ninguno parecía estar presándole atención. Esperaban a Byakuya, habían decidido que lo mejor era irse el día siguiente.
Cuando la puerta se escuchó ambos se incorporaron, el pelinegro entró, se veía cansado pero su rostro era lo más parecido que había tenido en el día al Byakuya que conocían. Sus ojos grises cayeron sobre ellos al notarlos en la sala.
—Creo saber por qué me esperaban —comentó sorprendiéndolos.
—Gracias por dejarnos quedarnos, Byakuya —dijeron los dos, el pelinegro asintió sin cambiar su tranquila expresión.
—¿Cuándo se van?
—Mañana, no parezcas tan desilusionado —respondió Gin sonriendo.
—Por fin recuperare mi cama —comentó Byakuya con una pequeña sonrisa para luego volver a su rostro sereno.
—Idiota —Bufó Rangiku.
—Él nos extrañará, Ran
—No se hagan mucha ilusión. Si eso es todo, iré a dormir —Byakuya les dio la espalda y se dirigió a la habitación que estaba ocupando.
Rangiku vio a Gin y este asintió, el chico se volvió a sentar en el sofá mientras la rubia siguió al otro chico. Tocó la puerta con suavidad y fue abierta unos segundos después, Byakuya realmente se veía agotado.
—¿Qué sucede, pequeña demente? —la dejó pasar.
Ella realmente no sabía cómo iniciar esa conversación pero debía hacerlo, tenía que desprenderse un poco de eso que le preocupara y también tratar de liberar un poco a Byakuya.
—Solo quería agradecerte por todo lo que hiciste por mí, Byakuya. Gracias por seguirme ese día, traerme y dejar que me desahogara. Gracias por dejar que Gin se quedara, realmente eres un excelente amigo y estoy en deuda contigo por todo lo que hiciste —trató de mostrarse lo más sincera, era muy cierto que le debía demasiado al chico.
—No agradezca tanto
—Hay algo más que quiero hablar o más bien, de lo que me quiero disculpar. Valoro demasiado nuestra amistad por lo que espero que no rompas lazos y sigamos igual, sé que soy egoísta pero tú y Gin, son las personas que más aprecio y que han siempre estado conmigo, no quiero que esto se rompa. Lo siento por no corresponder tus sentimientos —Byakuya pareció sorprendido pero luego lo disimuló.
—¿Gin te comentó algo? —No la veía y Rangiku no podía saber que pasaba en ese momento por su mente, estaba nerviosa y asustada.
—A pesar de lo que las chicas decimos, la mayoría sabemos cuándo alguien gusta de nosotras
—Al parecer no lo notaste con Gin —comentó curioso.
—No siempre lo vemos, a veces tenemos puntos ciegos, él fue el mío. No te vayas a alejar de nosotros por favor.
Byakuya la vio fijamente en ese momento, sus ojos grises no reflejaban nada y su silencio no la ayudaba, Rangiku no podía ver si lo estaba lastimando pero igual se sentía culpable.
—Créeme no he encontrado el remedio para eso. —Su comentario la relajó un poco y sonrió—. No me pudo librar del pegajoso de Gin y mucho menos de tu escandalosa presencia. No creo haber aun encontrado la manera.
—Tu no cambias. De verdad, gracias y lo siento
—Deja de disculparte, si necesitas algo sabes dónde estoy, lo mismo va por Gin. Ve y duerme tranquila —él asintió, abrió la puerta, Rangiku no pudo evitarlo y lo abrazó, realmente se sentía agradecida con él.
Él correspondió su abrazo y para su sorpresa besó su cabello, fue un gesto dulce y que esperaba que no causara más dolor en Byakuya el permitir que sucediera. Rangiku salió más tranquila, tenía un peso menos, por lo menos no había finalizado esa amistad pero se mantendría un tiempo al margen para darle espacio a Byakuya.
—¿Todo bien? —preguntó Gin cuando llego junto a él
—Si —Sonrió y entrelazó sus dedos.
*.*.*
—¡Diablos!. Estoy malditamente aburrido —bufó Grimmjow, volvió a zigzaguear en los canales por tercera vez buscando una película interesante que ver.
El apartamento de Gin estaba demasiado silencioso para su gusto, las chicas eran el alma de ese lugar, se había acostumbrado a escucharlas hablar, reír, extrañaba hacer sonrojar a Orihime, extrañaba mucho a Nell y ninguna de las dos se había dignado a regresar, el departamento se sentía también vacío sin la vitalidad de Gin y Rangiku, ellos daban como la luz al sitio.
Había estado tentado de ir por Nell muchas veces, estaba por enloquecer, y sabía que no era el único. Ulquiorra había estado inusualmente inquieto, parecía no poder mantenerse en un solo sitio y eso podía ser gracioso si él no estuviera en el mismo caso.
—¡Emo, ven a ver una película conmigo! —Gritó cuando escuchó abrirse una puerta en el pasillo—. Sé que también estas aburrido
—Deja de joder —fue la respuesta del chico, el pelinegro se dirigió a la cocina
—¡Yo tambien quiero café!
—Jodete
—Sé que soy sexy pero no le voy a eso
—Maldito
—Que bella manera de volver a mi departamento, escuchar a mis dos compañeros insultarse, extrañaba esto —comentó Gin haciendo de Grimmjow por poco se rompiera el cuello al girar hacia la puerta, se levantó y acercó al chico.
—Al fin te dignaste a volver, maldito. Querías saltarte el pago de las cuentas ¿verdad?. Zorro astuto —Grimmjow palmeó su hombro.
—¿Cuándo has visto que un zorro que no lo sea? —Bromeó Gin—. Además, mira quien habla, tu siempre estas esperando que muera de alguna manera para quedarte con el departamento
—No hay pruebas que lo confirmen. ¿Dónde está, Rangiku? —Grimmjow volvió a sentarse.
—Fue por las chicas, ella sabía que ustedes deben estar por enloquecer
—Oye, tu no hables mucho —ambos soltaron una carcajada.
—Gin —Saludó indiferente Ulquiorra la salir de la cocina, dio un asentimiento hacia el chico y luego volvió a su habitación.
—Que humor lleva
—Esta volviendo a ser él, todo taciturno y oscuro—comentó Grimmjow sonriendo.
—Orihime es su rayito de sol
—Tu lo has dicho —apoyó el chico, Gin se sentó junto a él—. Por cierto, ¿Cómo esta, Rangiku?
— Bien, pero no tan bien como quisiera
—Te sugiero que la mantengas un poco al margen de las redes sociales
—¿Por qué? —Gin se incorporó y lo vio con curiosidad.
—Están hablando de un supuesto compromiso entre ella y Kuchiki, Nell me envió el articulo temprano. Está preocupada por las repercusiones que pueda tener ella
—Ella ya lo sabe —El chico volvió a dejarse caer otra vez en el sofá, Grimmjow lo observó.
—Que jodido estas, Gin
