Y aquí llega el turno de Kakashi, que no es nada parecido al que quería hacer al principio, pero bueno...


Cuatro - Sus niños

─Fuiste un pésimo maestro, Kakashi-sensei.

Le dice un día Sakura, cuando el sol está en lo más alto del cielo y los niños corren por las calles de piedra, ajenos a las miradas que los vigilan desde el tejado y levantando nubes de polvo que a Kakashi todavía le huelen un poco a sangre y un mucho a Asuma hablando de proteger las siguientes generaciones, el humo de un cigarrillo desapareciendo en el aire y una mirada que nunca consiguía disimular del todo en la vaga dirección de casa de Kurenai.

Kakashi pasa a la siguiente página de su novela, donde espera leer a Hitomi-san confesar que lleva enamorado de Ri-chan desde ese primer día en los baños termales y ese primer beso debajo del agua. A su lado, Sakura suspira mirando el infinito, el sol de espaldas y la oreja parada en un grupo de niños jugando al escondite.

Cuanto ha crecido, piensa con la sonrisa escondida en la máscara, porque Sakura tiene el poder de enviarlo al hospital cuando se enfada con él y ya lo ha utilizado en más de una ocasión.

En realidad, cuanto han crecido todos. Desde la Roca Hokage, Naruto sonríe a toda la villa con la sonrisa tallada de alguien que ha cumplido un sueño (Kakashi se imagina que la cara de Obito se hubiera visto igual de ridícula que la de Naruto, pero el sol le pica en la esquina del ojo izquierdo y no es momento de ponerse a pensar en pudieras).

Mah, mah. Eso es un golpe bajo.

Sakura suelta un bufido y ríe y Kakashi piensa ah, mi niña y dice —ah, mi niña —porque hay cosas que no se pueden dejar pasar y avergonzar a sus estudiantes (a sus niños) es una de ellas. Es como pagar una comida cuando Yamato también está ahí: imposible.

Y el puño de Sakura roza donde momentos antes estaba su estómago, un posible golpe bajo literal, pero Kakashi la ve rodar los ojos y sabe que no va del todo en serio.

En las páginas, Ri-chan está llorando en los brazos de su amado, el corazón en la garganta y el estomago como un nido de mariposas y Kakashi continúa leyendo, porque nunca lo dirá, pero el beso que se viene es de las mejores descripciones que Kakashi ha tenido el placer de leer.

En tres semanas, cuando Sasuke pare por la Aldea y esté todo el equipo siete en el despacho de Naruto, susurrará a Yamato un —cuanto nos crecen nuestros niños, ¿no crees? y disfrutará de cada reacción y luego disfrutará cuando hablen de los gritos que se oían en el despacho del Hokage.