Capítulo 6: Kylo Ren

Las diferencias entre el entrenamiento del lado oscuro y la luz eran bastante visibles. Luke Skywalker entrenaba a sus alumnos en la meditación y la paz, Snoke forzaba a sus alumnos tanto física como psicológicamente. Le daba igual cómo quedaran sus aprendices después, debía hacerlo, según él, para conseguir resultados. Snoke decía que para aumentar el poder se necesitaba pasión y fuerza, y para ello había que sacrificarse, hasta el límite. Si morías… si morías era simplemente que eras débil.

Kylo llegó a su habitación lleno de magulladuras y golpes. Cayó en la cama a plomo, sin siquiera quitarse la ropa oscura manchada de sangre que llevaba. Sabía que no podría moverse de todas formas y debía recuperarse para seguir su entrenamiento al día siguiente. Si bien era cierto que esos meses de entrenamiento infernal habían dado resultados su cuerpo todavía se resentía día a día debido al esfuerzo.

Algunos de los pequeños que habían llegado con él no habían aguantado tal brutalidad a la hora de entrenarlos y en esos momentos se encontraban en la enfermería, siendo atendidos por unos droides médicos a expensas de recuperarse o morir, esperaba que se recuperaran, pues no por nada había sido él quien los había metido directamente en el infierno.

Sus pensamientos iban lentos, después de la lección de ese día, en la que Snoke le quería mostrar cómo resistirse a un interrogatorio con la fuerza, su cerebro casi había quedado hecho papilla. No recordaba haber sentido antes un dolor semejante a ese, a parte de sus magulladuras, golpes y cortes, por el comienzo de su entrenamiento, ahora tenía que sumar el desgaste emocional y el profundo dolor de cabeza.

Volvía a sentir ese molesto frío…

Cuanto más se introducía en la oscuridad, más notaba esa sensación de vacío en su pecho y ese frío profuso que le calaba los huesos.

Intentó estirarse para agarrar las mantas de la cama, pero no pudo mover un solo músculo y se quedó ahí, tendido, temblando como un animal herido. Estuvo un rato así, con los ojos cerrados, muerto de frío y adolorido, hasta que algo cálido comenzó a devolverle la temperatura corporal. Era ella, otra vez, estaba seguro, esa cálida sensación llevaba meses sin sentirla, pero estaba convencido de dónde procedía.

Abrió los ojos, cuanto apenas, ahora ya no se encontraba en su habitación, sino en ese habitáculo desastrado y metálico que le pertenecía a la chica. Ese lugar estaba más oscuro aún de lo que recordaba, solo había una pequeña lámpara medio rota iluminándolo, y la muchacha se encontraba frente a él, con una manta enrollada al cuerpo, incluso su cabello estaba tapado por la manta.

Le dio curiosidad, aunque no se acercó a mirarla, no pudo moverse…

Escuchó unos golpes en el exterior y cuando la niña pegó un respingo se dio cuenta de que el pequeño habitáculo se movía, cuanto a penas, pero se movía, al parecer estaba ocurriendo algo fuera que le ponía a la pequeña los pelos de punta.

No quería saber de qué se trataba, no quería estar en ese lugar, no entendía por qué la fuerza era tan cruel con él. Esa niña pensaba que era un monstruo, un auténtico monstruo y aún ni siquiera lo había visto en persona, solo había visto lo que podía hacer con la fuerza. Estar en ese lugar le recordaba constantemente el rostro horrorizado de esa pequeña, le recordaba el monstruo que había elegido ser, y en el que se convertiría con el tiempo, alguien mucho peor de lo que era en ese instante.

—¿Por qué me haces esto? ¿Por qué tengo que verla?—Preguntó al viento—Para. Para con esto.

La fuerza era cruel con él en muchos sentidos, le daba el calor de la luz, pero se lo daba en forma de esas visiones con esa niña que lo hacían querer vomitar, porque se sentía asqueado de aquel en el que se estaba convirtiendo solo al recordar su rostro más que horrorizado, por un momento olvidaba que esa transformación era necesaria, que debía hacerlo y volvía a dudar, pero las dudas no cabían más en sus pensamientos y esa chica lo descentraba de su verdadero objetivo.

Por otro lado, hacía tanto tiempo que no sentía su calor… Hacía tanto que no sentía esa sensación tan agradable en su cuerpo…

Las visiones nunca habían sido constantes, se había dado cuenta muchas veces, que esas visiones aparecían cuando a la fuerza le daba la real gana, no era algo que ocurriera para que sintiera ese calor únicamente, la fuerza se la mostraba por algo y no siempre, desde la última vez habían pasado meses, pero debía admitir que la había echado en falta, simplemente porque gracias a su calor y a su presencia, no se sentía tan solo.

Un pequeño gruñido lo hizo descentrarse de sus pensamientos para centrarse en la niña frente a él. La mocosa se movía para coger el pequeño muñeco del piloto a medio coser, y cuando consiguió alcanzarlo se abrazó a él, aterrorizada, casi como él había estado los últimos meses, solo que él en lugar de abrazarse a un pequeño muñeco para darse coraje aún era más cobarde y vivía con ese miedo incrustado en la piel.

Otro ruido fuerte en el exterior y un movimiento del habitáculo le hicieron preguntarse qué demonios estaba pasando.

—Tra… tranquilo amiguito… solo es una tormenta de arena… no es nada que no hayamos vivido antes ¿verdad?

La niña empezó a hablar, separándose un poco del pequeño muñeco, hablándole directamente, pues supuso que esas palabras no eran dirigidas a él, ya que no podía verlo. Un ruido de un estómago hambriento resonó en la habitación, haciendo que la niña se sonrojara.

—Sé que tienes hambre, pero no sabemos cuánto va a durar la tormenta. La otra vez duró cuatro días y solo tenemos comida para dos. Debemos ser fuertes.

El moreno se sorprendió, sacando fuerzas de donde no las tenía para sentarse, con la espalda apoyada en la pared metálica. A parte de sola y abandonada esa chica estaba hambrienta. Ahora entendía los ruidos provenientes del exterior, al ser un lugar desértico no sería extraño que hubiera tormentas de arena, y por lo que había dicho la niña eran bastante fuertes y duraderas.

Esa niña tenía tanto coraje… por una parte la admiraba.

Al intentar incorporarse sintió cómo algo se le clavaba en la mano y observó lo que era, un alargado tornillo partido por la mitad se clavaba en su piel, lo tocó, rodándolo con sus dedos, sintiendo las hendiduras de la rosca en sus yemas.

—Pensar en comer solo nos dará más hambre… ¿Qué tal si pensamos en otras cosas?

Ben se sorprendió, al estar concentrado en el tornillo esperando que la visión terminara no esperaba que ella volviera a hablar, aunque obviamente nadie le respondió, el muchacho no pudo evitar asentir, pensar en otra cosa era buena idea, eso lo estaba distrayendo del dolor y a ella la distraería del hambre.

—¿Sabes cómo llaman los teedo a una tormenta de arena?

—¿Teedo?—Susurró Ben sin que ella pudiera escucharlo.

—La llaman X'us R'iia*, que significa "aliento del dios R'iia".

El chico escuchó a la muchacha, miraba directamente a ese muñeco mal hecho mientras hablaba, tenía una voz dulce, infantil, relajante, pero algo en ella también le transmitía su soledad. Debía sentirse tan sola… al igual que él.

—Al parecer R'iia no es un dios muy benevolente. Los teedo lo culpan prácticamente de todo: De la hambruna, de la sequía, de que las bestias lugga se hayan vuelto desobedientes... incluso dicen que los cementerios de naves son una prueba de la ira de R'iia.

—Menudos idiotas…—Dijo Kylo con una mueca de dolor en el rostro.

—Menudos idiotas ¿verdad?

El chico se sorprendió ante la coincidencia en sus comentarios. Definitivamente no eran muy diferentes, ambos eran almas solitarias llenas de miedo y pura fuerza.

—La tormenta da miedo porque puedes morir en cualquier momento sepultado en la arena, pero es estúpido pensar que sea el aliento del dios R'iia… ¿No crees?

La niña sonrió y siguió parloteando, no pudo evitar seguir escuchándola con atención, hasta que se quedó dormido y se despertó de nuevo en su gran habitación. No recordaba la última vez que se había sentido así, que había podido dormir tranquilo, sin despertarse en mitad de la noche con pesadillas o dolores infernales.

Se incorporó, notando algo en su puño cerrado, había agarrado algún objeto con fuerza mientras dormía. Destensó la mano descubriendo en su palma el tornillo partido, sorprendido por haberse llevado algo de la visión con él. Sonrió cuanto apenas, abriendo uno de los cajones vacíos de la mesa y lo metió dentro, yendo hacia el baño para tomar una ducha, preparándose de nuevo para ese entrenamiento infernal.

Los años pasaban y comenzó a acostumbrarse a los entrenamientos burdos de Snoke, tal vez no lo quería admitir, pero si había sobrevivido los primeros años había sido en parte porque la fuerza le mostraba a esa chiquilla, intentando sobrevivir, y eso le hacía forzarse más a sí mismo, como hacía la chica. Las visiones de la fuerza no eran constantes, la había visto en contadas ocasiones, pero las veces que lo había hecho se había sentido en paz consigo mismo y con el mundo, ella se había convertido en un faro de luz en esa inmensa oscuridad, su única luz, pero de repente, un día, dejó de verla.

Al principio había pensado que la visión se retrasaba y no le dio importancia, pero cuando las estaciones pasaron y después le siguieron los años, pensó que su luz simplemente se había apagado, que la niña había muerto. Aunque… ¿qué se podía esperar de una niña sola en el desierto rodeada de chatarreros sin escrúpulos? Una vez la salvó, ni siquiera quería pensar en cuantas otras veces la habrían atacado cuando él no podía verla, a veces sus visiones la mostraban golpeada, pero ella seguía sobreviviendo, luchando como una leona contra el mundo, pero eso seguramente no había sido suficiente y esa pequeña y frágil niña se había quebrado, su luz se había apagado por siempre.

—Señor, tenemos la información que nos pidió.

Abrió los ojos, volviendo a la realidad, mirando a uno de los oficiales de la primera orden temblar ante él. Los años, los golpes, los abusos y el entrenamiento infernal de Snoke lo habían convertido en ese monstruo que había elegido ser, un monstruo que incluso sus propios subordinados temían, no solo por su carácter explosivo y voluble, sino por su aspecto.

Siempre había sido alto para las personas de su edad, pero ahora, que era un adulto formado por completo, era más que un muchacho desgarbado y alto. Su metro noventa de altura, sumado a sus ropajes negros y su ancha constitución, lo hacían verse de por sí temible sin necesidad de decir una palabra. Además, para proteger su identidad como Ben Solo, hijo de dos héroes de la resistencia, Snoke había creado para él y para todos sus caballeros mascaras parecidas a la de Darth Vader, que escondían sus rostros, dándole así un aire aún más siniestro.

Había sobrevivido al entrenamiento de Snoke para convertirse en el maestro de los caballeros de Ren, quienes años atrás habían destruido el templo Jedi a su lado, pero aún no podían dar caza a Luke Skywalker, en esos malditos doce años no habían podido acabar con la última esperanza de los Jedi y eso lo hacía enfurecer.

—Habla—Ordenó.

Su voz sonaba robótica y lejana por la máscara que usaba, pero firme y autoritaria.

—Cre… creemos que la resistencia tiene un mapa… para encontrar a Skywalker… solo… esto… puede que la resistencia guarde los datos en…

—Manda la información a mi datapad y avisa a los caballeros de Ren. Tenemos trabajo que hacer. Ahora.

Se giró mirando al oficial, no se había movido, seguramente aterrado por su tono autoritario y enfadado, pero no podía evitarlo, cada vez que escuchaba a alguien nombrar a Skywalker algo ardía en su interior, pues ese jedi había estado doce años jugando a las escondidas con él y no podía más que odiar a ese cobarde que se escondía mientras ellos masacraban a los que hacía un tiempo habían sido sus amigos, su esperanza. No había otra palabra para describirlo, el héroe jedi de la resistencia era un maldito cobarde.

—He dicho… Ahora.

—¡S…Sí, señor!

Leyó los datos en su datapad, algo sobre una base de la resistencia incomunicada y llena de oficiales de alto rango, pero eso no le interesaba, lo importante era lo que había leído después, que en esa base de la resistencia se guardaba un mapa correspondiente con antiguos datos del imperio, datos que se había descubierto que correspondían al actual paradero de skywalker.

Apretó los dientes recordando el rostro de la persona que llevaba persiguiendo tantos años y cuando se dio cuenta se encontraba en el transporte hacia esa base de la resistencia, con sus caballeros. Aquellos seis aspirantes a Jedi que se habían unido a él doce años atrás, habían sobrevivido con él al duro entrenamiento en el lado oscuro, pero por senderos diferentes, no todos eran diestros con la espada láser, sino que tenían preferencia por otras armas, aunque cada uno de ellos tenía algo en común, su fidelidad hacia él.

El transporte aterrizó y salieron al exterior. Llovía a mares, casi no podía ver lo que tenía delante. Su ropa empezaba a empaparse, pero eso no lo molestaba, lo que realmente le molestaba era que nadie se hubiera dado cuenta de que estaban ya allí, no, ni siquiera las personas que formaban esa inútil resistencia eran tan estúpidas como para haber obviado el enorme transporte de la primera orden.

—Así que una emboscada…—Susurró de repente.

No le hizo falta decir nada más, sus caballeros lo entendieron y se alejaron un poco de él, extendiéndose por el lugar, como en un plan no hablado. Los primeros disparos de blaster se empezaron a escuchar por detrás de algunas de las rocas de las que estaba rodeado el terreno y hombres y mujeres se lanzaron directamente hacia ellos. Kylo paró uno de los láseres que se dirigían hacia él con la fuerza, repeliéndolo y lanzando justo hacia el lugar de donde había venido. Encendió su espada láser y rechazó algunos disparos más con gran facilidad.

Los atacantes salían de todas partes, pero sus caballeros y él mismo no tuvieron ningún problema en deshacerse de ellos. En cuestión de segundos solo quedó una persona delante de él, un cobarde vestido de negro con un casco en la cabeza que huía al ver la matanza, pero no se lo permitió, no le dejó ir y acabó con su vida en segundos clavándole su espada en el pecho. Se paró en seco cuando el hombre cayó al suelo por lo que captaban sus orbes tras el casco.

Veía a una mujer joven, vestida de color crema, no podía distinguir su rostro por la lluvia y la oscuridad que los rodeaba, pero esas ropas, ese repentino calor a su alrededor... la chica se movió para atrás lentamente y él dio varios pasos hacia delante. No podía ser, pero era ella, estaba seguro, la niña había crecido, de repente se sentía ansioso por ver en lo que esa niña se habría convertido porque por primera vez en años sentía de nuevo el calor de la luz atravesándolo.

Al avanzar hacia delante para poder ver su rostro notó que ella se alejaba hacia atrás, más y más, como si tratara de huir de él. Eso lo hizo pensar que ella también podía verlo, dándole una esperanza de hablar con ella cara a cara después de tanto tiempo, pero de repente desapareció, antes siquiera de poder ver su rostro.

Paró de andar, sintiendo la lluvia sobre él, se había vuelto a ir.

—Ren, ¿Ocurre algo?—Preguntó una voz femenina.

Se giró observando como sus caballeros se acercaban a él, al ver que estaba actuando extraño, la persona que hablaba era la única de sus caballeros de sexo femenino.

—No… vamos—Ordenó.

Se movieron rápidamente hasta la base y como había pensado, la información ya no estaba en los sistemas. Solo una mujer joven había sobrevivido a la matanza. Uno de sus caballeros la cogió, levantándola del suelo, los datos que había allí no eran nada que no hubieran rescatado ellos mismos de los archivos del imperio, pero faltaba un trozo del mapa, justo lo que necesitaba.

—¿Dónde está?—Preguntó autoritario.

—No… no sé de qué me hablas.

La mujer comenzó a temblar, y su caballero le dio la vuelta, para que pudiera hacer un interrogatorio en condiciones. Ese tipo de interrogatorios era algo desagradable, pero si quería conseguir lo que quería no tenía más opción.

—He oído por ahí que tenéis en vuestro poder un mapa con la localización de Skywalker, quiero saber dónde puede estar y seguro que tú...—Dijo mirándola de arriba a abajo—una oficial de la resistencia... puedes ayudarme.

—No sé nada—Dijo ella sintiendo como un sudor frío resbalaba por su espalda.

—Hay dos formas de hacer esto: la fácil, en la que tú me dices lo que quiero saber; y la difícil, en la que yo consigo lo que quiero, pero tú sufres un interrogatorio inhumano y doloroso. Y tengo muy poca paciencia.

Se vio reflejado en los ojos de la chica, introduciéndose en su mente y una palabra era lo único que se hacía eco en ella "monstruo", pero no era la primera vez que lo veía en la mente de otros, lo que pensaban de él, del monstruo que era ahora. La chica no dijo nada más y su paciencia se agotó, acercó la mano a su rostro adentrándose profundamente en la mente de esa necia, provocándole el dolor inimaginable del que hablaba. Observó en su memoria planes inútiles contra la primera orden, maquinaria defectuosa y…

—Arena—Dijo Kylo ren.

Podía ver la inmensa arena en la mente de la chica, al parecer antes de que llegaran habían mandado la información hacia un planeta desértico, su incomunicación debido al asedio de la primera orden había impedido que se comunicaran con la resistencia para mandar directamente el mapa hacia la general, así que, al verse acorralados habían enviado el mapa directamente al planeta más cercano en el que había miembros retirados de la resistencia.

—Así que el mapa lo tiene Lor San Tekka, en Jakku.

Vio a la chica adolorida, llorando desconsolada, sabiendo que no había podido resistir lo inevitable, que él consiguiera lo que quisiera de ella, después de todo no había nadie, a parte del mismo Snoke, con capacidad de plantarle cara en esos juegos mentales.

—Definitivamente han mandado ese mapa a ninguna parte—Comentó girándose de vuelta a la nave.

Escuchó el grito de la chica mientras se iba camino hacia el transporte, seguramente alguno de sus caballeros la había asesinado, pero eso no le importó, tenía otras cosas más urgentes que hacer que preocuparse por una chica de la resistencia. Hacía mucho tiempo que matar ya no era un problema para él, la oscuridad estaba en su interior, pero lo que estaba pasando no era un juego de niños, eso era una guerra y en las guerras no había compasión. Snoke le había enseñado que la compasión no existía en un mundo como ese y si quería ser Kylo Ren, las cosas deberían seguir así.

Ahora su principal preocupación era darse prisa en llegar a Jakku, antes de que Lord San Tekka mandara ese mapa directo a la resistencia, directo a… la general.

Tragó saliva, haciendo un mohín con la boca, el casco tapaba sus expresiones, pero el ver la imagen del holograma de la general de la resistencia no había podido evitar darse cuenta de lo que había cambiado esa mujer, quien se encontraba más envejecida pero igual de fuerte.

—Avisad al general Hux, que prepare el Finalizador y que ponga rumbo a Jakku. No creo que os necesite mientras estoy allí, después de todo Lor San Tekka no es más que un viejo charlatán, volved a vuestras naves y esperad órdenes.

—Como quieras...

Debía hacerse con el mapa y acabar con Skywalker a como diera lugar…

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*X'us R'iia: Datos sacados de la novela de star wars "Antes del despertar" de Greg Rucka.

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¡Buenas! ¡Capítulo de la semana subido!

El capítulo siguiente posiblemente sea un remix de la novela de star wars, porque chicos, ya es hora de meternos en la historia canon ¿o no?

¡Muchas gracias por vuestros comentarios! Sé que el martes pasado y parte del miércoles, hubo problemas para dejar comentarios en la historia, no sé qué pudo pasar, pero bueno, ya vi vuestros mensajes privados con todos los ánimos, muchas gracias ;)

Una cosita, como soy un poco ansias, creo que os voy a dar una mala noticia, posiblemente a partir de esta semana los capítulos sean cada dos semanas, porque me he metido en otro proyecto por un favor personal, pero posiblemente si puedo publique semanalmente, aun no está clara la cosa... así que no os asustéis.

Bueno y creo que ya está todo lo que os tenía que decir, ¡Gracias y nos leemos!

Helen Martinelli ;)