Capítulo 8: La chica
Cuando Mitaka salió de la destruida habitación aun temblando por su encontronazo tan cercano y terrorífico con Kylo Ren, éste se quedó solo, intentando tranquilizarse. Desde que el teniente había hablado sobre una chica que había ayudado a escapar al droide y al traidor, el asunto del mapa había empezado a disiparse de su mente para ser remplazado por la misteriosa chica.
Sabía que su prioridad debía ser el droide y el mapa, pero la posibilidad de que esa muchacha y la chica de sus visiones fueran la misma persona lo había absorbido por completo. Necesitaba saber, necesitaba descubrirlo, aunque una parte de él le gritara que se dejara de estupideces, quería entender el motivo por el que la veía, el motivo por el que la fuerza lo empujaba hacia ella, si es que esa chica era la misma chica.
Debía informar a Snoke en la base Starkiller, así que tenía que tranquilizarse, pensar en el mapa, solamente en el mapa y en su venganza contra Skywalker, o Snoke sabría de la chica y la destruiría antes de descubrir por qué estaba conectado a ella, por qué sentía que ese calor que desprendía en sus visiones era lo que necesitaba desde siempre. Su maestro no debía saber de sus pensamientos y mucho menos de la importancia que tenía descubrir qué significaba ella para él, porque ni siquiera él lo sabía y quería descubrirlo.
Horas después Kylo y Hux se encontraron justo delante de aquel que decía ser líder supremo de la primera orden, Snoke. Se encontraban ya en la base, una base que antaño había sido un planeta pero que en ese momento había cambiado su aspecto hasta no conservar casi nada de sus orígenes. Su temperatura iba de fría hasta un clima ártico de unas regiones a otras, y sus montañas, glaciares y valles, habían sido modificados hasta perder el aspecto que les había dado la propia naturaleza, ahora no era más que una base metalizada que había ido perdiendo la vida propia de un planeta hacía mucho tiempo.
Hux y Ren observaban el imponente holograma azulado que tenían en frente, en esa oscura habitación. El holograma mostraba la enfermiza y deshumanizada imagen del líder supremo, con su aspecto monstruoso, sus ojos azules y asimétricos y su piel ceniza. Snoke se alzaba imponente en un enorme holograma en medio de la estancia, y mientras hablaba se podía sentir su ira y su disconformidad con todo lo que estaba ocurriendo, nada de lo que había ocurrido hasta el momento lo había complacido lo más mínimo.
—El droide estará pronto en manos de la Resistencia —Afirmó Snoke con voz grave—Lo que los llevará con el último Jedi. Skywalker volverá y los nuevos Jedi resurgirán de sus cenizas.
Kylo Ren permaneció firme, imperturbable, sin hablar ni dar señales de lo que estaba pensando, debía centrarse en la conversación, mantener el asunto que le preocupaba lejos de su mente, pues no hacía mucho había sentido algo, era algo extraño en la fuerza, como si algo de repente hubiera surgido de la nada y estaba seguro de que esa extraña y perturbadora presencia en la fuerza tenía algo que ver con la chica.
Hux inclinó su cabeza como una disculpa silenciosa y dio un paso hacia adelante, asumiendo toda la responsabilidad, mostrándose fuerte antes de que Kylo Ren o algún otro pudiera informar a Snoke de que el traidor había ayudado al droide a escapar.
—Líder Supremo, asumo toda la responsabilidad por el…
—Sus disculpas no son una estrategia, general. Una disculpa no cambiará nada—Lo interrumpió Snoke.
—Señor, el arma está lista. Creo que es tiempo de usarla para destruir aquellos gobiernos afines a la resistencia. Todos aquellos gobiernos que respaldan la república—Paró un momento para respirar, cogiendo aire que le diera fuerzas para hacer la proposición a Snoke.
Kylo Ren lo miró un momento, viendo la parsimonia y tranquilidad con la que el pelirrojo hablaba de destruir planetas enteros con su arma, miles de vidas que se apagarían si Snoke estaba de acuerdo con su idea. A veces se preguntaba si el más loco en ese lugar era el mismo Snoke o su general.
—Si destruimos a todos aquellos que respaldan esta rebelión inútil, no tendrán recursos, ni fondos, serán vulnerables y podremos acabar con ellos antes de que encuentren a Skywalker.
—Sí. Audaz, mi general. Estoy de acuerdo, el tiempo para tales medidas ha llegado. Adelante. Supervise los preparativos necesarios.
—A la orden, Líder Supremo —Respondió Hux
Ren lo observó mirarlo, antes de hacer una reverencia y salir de la estancia con largas y rápidas zancadas. Estaba satisfecho con el resultado, eso lo notaba, y la mirada que le habría mandado era un claro mensaje de superioridad, le hacía saber que él no era un inútil peón al que podría mangonear. Hux era peligroso y su locura… su locura lo hacía inestable y voluble, no se fiaba de él.
—Ha habido un despertar…—Habló Snoke—¿Lo has sentido?
El muchacho se sorprendió y dejó de mirar como el pelirrojo se marchaba para centrar toda su atención sobre Snoke, esperaba que no se hubiera dado cuenta de lo mismo que él, pero al parecer él también lo había sentido, con fuerza.
—Sí—Respondió con dificultad.
—Hay algo más mi prometedor aprendiz… El droide está a bordo del Halcón Milenario. En las manos de tu padre, Han Solo.
Algo en su interior se contrajo de repente, volvía a sentir esa sensación de vacío de su juventud, ese vacío que le oprimía el corazón cada vez que pensaba en sus padres, y sabía que debía controlarse, ya no era un niño abandonado en las manos de su tío, era un hombre adulto que no tenía pasado, ni lazos.
—Ese nombre no significa nada para mí—Respondió.
—Incluso tú, el maestro de los caballeros de Ren, nunca has enfrentado semejante prueba.
—Son sus enseñanzas las que me fortalecen, Líder Supremo. Por la gracia de su entrenamiento no seré seducido.
El holograma de Snoke se dobló un poco para delante, haciendo que el encapuchado que lo miraba no pudiera apartar sus ojos de él, de su cadavérico rostro.
—Kylo Ren, vi al Imperio Galáctico surgir y caer y sé que los historiadores están equivocados. Lo que hizo que el Imperio cayera no fue una mala estrategia ni la arrogancia de ninguno de sus líderes. Tú sabes lo que fue, dímelo.
—Los sentimientos.
—Así es. Si Lord Vader no hubiera sucumbido a las emociones, si hubiera matado a su hijo, el Imperio habría prevalecido. Y tú te sientes atraído por la luz, quieras o no.
—Se equivoca maestro, soy inmune a la luz, nada en ella me atrae—Aseguró con toda confianza.
—Tu confianza es admirable, pero no dejes que te ciegue, igual aun no lo sabes, pero desde el inicio tu destino está atado a la luz, y ella te nubla el juicio.
Ren pensó detenidamente su respuesta, pero no se le ocurrió nada, así que siguió en silencio, esperando una orden para que dejara esa sala de conferencias. No sabía a qué se refería con eso último
—¿Estás seguro de que la luz no te ha seducido nunca? Ese calor puede afectar incluso al más oscuro de los guerreros.
—Mi lealtad siempre estará contigo, maestro—Respondió secamente.
—Veremos. Veremos.
Aquella fue una indicación de que podía retirarse, ya que el holograma desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Kylo Ren se dio la vuelta, inmerso en sus pensamientos, y siguió los pasos del general Hux hacia el exterior de la cámara. Las palabras de Snoke le dieron mala espina, como si supiera mucho más de lo que aparentaba, sus insinuaciones sobre el calor de la luz, sobre que su destino estaba unido a ella aunque no lo supiera… se preguntó si Snoke en ese momento se había referido a la luz o si él sabía algo de la chica.
El droide estaba en manos de Han Solo, el mismo Han Solo con el que había jugado cuando era un mocoso en los mandos del Halcón milenario, el mismo con el que disfrutaba yendo de una punta a otra de la galaxia cuando pensaba que era un niño normal, un niño como cualquier otro, aquel que le había dejado tirado como un trasto viejo cuando las cosas se habían complicado al descubrir que era afín a la fuerza.
Se dirigió al único lugar de toda la galaxia en el que no debía sonar amenazador, el único sitio en el que podía relajarse siendo él mismo. Los recuerdos lo atormentaban justo cuando pensaba que había aprendido a controlar las emociones con los años, pero no era así, por lo que entró en el oscuro habitáculo en el que la máscara destruida de su abuelo lo miraba rodeada de un silencio sepulcral.
Se sentó en la silla, respirando con dificultad y se quitó la capa con la capucha, dejándose puesta la máscara y mirando al suelo, como si se sintiera avergonzado, totalmente atormentado por sus propios pensamientos y enfermizos sentimientos.
—Perdóname—Le costaba incluso hablar, por lo que su tono era bajo—Lo he sentido otra vez. La llamada de la luz. El Líder Supremo lo siente también. Muéstrame de nuevo el poder de la oscuridad, y no dejaré que nada se interponga en nuestro camino.
La máscara, como era normal, no contestó y él no se atrevió a tocarla, no lo había hecho desde que se le había mostrado cómo había sufrido su abuelo a manos de su maestro.
—Muéstrame cómo y terminaré lo que empezaste, abuelo.
Se levantó, temblando ligeramente, y se dirigió a otra parte de su habitación privada. No hubo respuesta de aquel con quien hablaba. No se mostró de acuerdo ni en desacuerdo. Sólo hubo silencio por parte del objeto deforme al que le había hablado, así que salió, para encontrarse de bruces con la realidad. Hux había dado la orden de disparar su arma, que pronto acabaría de golpe con las vidas de millones de personas, con todos aquellos planetas que no eran afines a la primera orden.
Sintió una alteración en la fuerza cuando las vidas de esas personas se fueron apagando. Era aterrador como la fuerza parecía tambalearse al son del láser de Hux. Definitivamente si había alguien igual de loco que Snoke, ese era el general.
—Se ha encontrado la nave en la que escapó el droide. Está en Takodana.
Un soldado de asalto había aparecido tras él mientras observaba la matanza del arma de Hux, sacándolo de sus pensamientos.
—Dile al general que cambiamos el rumbo a Takodana, no me fío más de sus artimañas, yo mismo iré a buscar al droide. Preparad una nave de transporte—Ordenó autoritario.
—Sí, señor.
Observó como el soldado desaparecía entre el metálico y oscuro pasillo, y volvió a respirar profundamente, debía prepararse mentalmente para encontrarse con su progenitor y con la chica que le acompañaba.
En cuanto la nave aterrizó y puso un pie en el planeta sintió algo bastante inusual. Estaba rodeado por el caos de la batalla, sus hombres luchaban con algunos rezagados y los cazas TIE disparaban a diestro y siniestro, convirtiendo el edificio ante él en un montón de cenizas y escombros, pero algo lo llamaba, era una sensación extraña, como un impulso que lo atraía hacia el bosque, como si la fuerza lo llamara y lo arrastrara hacia la frondosa vegetación.
—¡Señor!—Gritó un soldado de asalto—Seguimos buscando a Solo, pero el droide fue visto yendo hacia el Oeste con una chica.
—La chica…—Pensó clavando la vista hacia la dirección que se le había indicado.
Justo lo que pensaba, el oeste, el bosque, la vegetación… la fuerza lo atraía hacia ella. Se encaminó hacia el bosque sintiendo a donde tenía que ir, como si esa pequeña chica tuviera un dispositivo de rastreo, la sentía, de una forma clara, no era la misma sensación que en sus visiones, no sentía ese atrayente calor, pero aun así, lo que lo atraía hacia ella era fuerte, tan fuerte que no tardó mucho en localizarla, en medio del bosque, aterrada.
La veía sobresaltarse con cualquier mínimo movimiento o sonido, sosteniendo con firmeza un bláster, preparada para atacar a cualquier enemigo que se encontrara en su camino. Era una muchacha delgada que no llegaría a la veintena, de cabello castaño y ojos avellana. Portaba tres complicados moños en su cabeza, exactamente igual que la niña de sus visiones y unos ropajes claros, perfectos para un clima desértico y árido como el de Jakku.
Tenía curiosidad por ver cómo se comportaba al verlo, por si ella lograba reconocerlo, tanta curiosidad tenía que en parte había olvidado lo que había ido a buscar, centrándose en la asustada mujer, en el atrayente empuje de la fuerza.
Por fin salió de su escondite, para ver cómo actuaba la muchacha, y la sorpresa que se llevó fue enorme al ver que, aun asustada como estaba, lo había obligado a usar su espada láser para parar todos los disparos del bláster que llevaba en la mano. Era una mujer fiera, pero también estúpida por intentar enfrentarse a él.
La chica corrió, intentando huir de él. La persiguió desviando todos los disparos que la chica lanzaba hacia él. Parecía que estuvieran jugando a un juego de atrapar a la presa, pero se cansó de jugar, no quería jugar con ella, quería respuestas, respuestas a todas las preguntas que se formulaban una y otra vez en su mente.
Levantó una mano, cansado del juego, y con la palma apuntando hacia ella la paralizó. Sintió que ella se sorprendía y se aterraba al mismo tiempo, congelada totalmente en esa posición. Sabía que estaba intentando moverse, pero no podía, en esa posición pudo observarla con más detenimiento, de arriba abajo, sin ninguna clase de pudor, de la cabeza a los pies, parándose en cualquier detalle que le dijera que esa chica era la misma chica de sus visiones, pero nada podía confirmárselo, sentía la atracción de la fuerza que lo empujaba irremediablemente hacia ella, pero no sentía la paz, el calor y todos los sentimientos que había percibido con la chica de sus visiones, lo que lo desconcertaba.
—Supongo que tú eres la chica de la que tanto he oído hablar…
Se acercó un poco más, a un metro de distancia aproximadamente, y estudió sus expresiones con cautela, era mucho más baja que él, aunque para ser una mujer era alta. Las sensaciones que lo atravesaban eran extrañas y cuanto más se acercaba más sentía esa atracción misteriosa.
—Estás asustada…—Dijo sorprendido—Sin embargo, el que debería haberse asustado tendría que ser yo. Tú me disparaste primero.
—Sé lo suficiente de la primera orden para hacer lo que he hecho.
Se sorprendió de su fiereza y valentía, aunque obviamente el que le había vencido había sido él aún tenía valor para retarle. Le gustaba eso.
—¿Quién eres?—Preguntó absorto.
—No… no te entiendo—Respondió ella.
Le dio una vuelta completa y el disparo de un caza lo devolvió al mundo real, recordando por un momento qué había ido a hacer allí. Levantó su sable de luz y lo puso justo en su cuello, amenazante.
—¿Dónde está el droide?—Preguntó.
—No sé de qué me hablas.
Ren apagó el sable de luz y lo colgó de su cinturón sin dejar de contemplar a su inmóvil presa, no podía dejar de mirarla, intentando descubrir qué había de especial en ella como para que ejerciera esa atracción sobre él.
Se acercó lentamente y tocó su cara, ejerciendo una presión con la fuerza en su mente, necesitaba el mapa y el mapa estaba en el droide. La notaba forcejear con él, estaba provocándole dolor, si no se estuviera resistiendo las cosas serían mucho más fáciles, pero todo el mundo se empeñaba en resistirse.
—Una chatarrera de Jakku…—Dijo más para sí mismo que para ella.
—¿Cómo sabe eso?—Escuchó su voz en su mente.
Esa chica era una simple chatarrera solitaria de Jakku, casaba con la chica de sus visiones, pero, ¿por qué la fuerza lo atraía de esa manera tan enfermiza hacia ella? no veía que fuera nadie especial, no tenía nada de especial, era una niña huérfana, una don nadie de un planeta que podría ser considerado ninguna parte.
—Has conocido al traidor.
Ese simple pensamiento relacionándola con FN-2187 lo enfadaba, el traidor había estado con la chica y ella…
—Incluso has comenzado a estimarlo. A un traidor sin honor. La amistad es una debilidad.
De pronto, puso su cara tan cerca de la de ella que la máscara casi tocaba su tersa piel. Había encontrado algo interesante en su mente, algo que superaba todo lo que había esperado encontrar escudriñando en su memoria.
—El mapa. Lo has visto.
La mente de ella gritó alertada mientras inútilmente intentaba alejarlo, sacarlo de golpe de sus pensamientos, pero él no se alejaba, quería saber, entender…
Un puñado de soldados de asalto apareció entre los árboles y, respirando con dificultad, se acercaron a él, interrumpiéndole en medio de su improvisado interrogatorio.
—Señor… ¡naves de la Resistencia!—Gritó el líder.
Kylo Ren reflexionó durante unos segundos, apartándose cuanto apenas de la inmóvil muchacha, aunque técnicamente no estaba a cargo de las decisiones del campo de batalla, ningún oficial se atrevería a rechazar alguna decisión suya, por eso debía actuar rápido.
—Retire a nuestras tropas. Tenemos lo que necesitamos.
El líder del escuadrón se cuadró, observando con fascinación como Kylo Ren se acercaba a la joven y con un gesto de su mano la hacía perder el conocimiento. La joven se había derrumbado por completo como si fuera un peso muerto, pero antes de que llegara al suelo, como había esperado que pasara, observó como el hombre enmascarado la cogía, acomodándola en sus brazos. El soldado bajo el casco se tensó observando cómo su superior había agarrado a la chica, sujetándola en una posición antinatural para una prisionera, aunque no dijo nada, simplemente se encaminó a cumplir lo que se le había ordenado, no por nada estimaba que su cabeza siguiera sobre sus hombros y cuestionar el comportamiento del asesino de Jedis no era algo que quisiera probar.
Kylo caminó hacia el transporte con la chica entre sus brazos, si ella había visto el mapa tenía todo lo que necesitaba, sacaría el mapa de la mente de la chica, por lo que sabría el paradero de Skywalker, y podría seguir descubriendo algo sobre su conexión con ella, era perfecto.
Cuando la puerta del transporte se abrió, para él no pasaron desapercibidas las miradas de los soldados de asalto, pero le dio igual, dirigió la mirada hacia ellos y en cuestión de segundos las miradas de desconcierto cesaron, sentía su terror y eso estaba bien. En todo el camino a la base ni siquiera se separó de la muchacha, la acomodó inconsciente en uno de los asientos de la nave de transporte y en cuanto llegaron la volvió a cargar en sus brazos, no iba a perderla de vista ahora que creía haberla encontrado.
—Señor, nosotros nos encargamos de la prisionera, no se preocupe—Escuchó decir a uno de los oficiales.
En cuanto bajó de la nave se acercó a él, lo recordaba de la vez que habían interrogado a Poe Dameron, el piloto capturado de la resistencia, había usado métodos de interrogación físicos, primitivos, le había dejado la cara hecha un cromo al piloto, pero esa situación era diferente, debía dejar claro que lo era.
—No—Respondió autoritario—Es mi prisionera. Déjeselo claro a sus hombres, teniente. Solo yo voy a interrogarla. ¿Ha quedado claro?
El hombre tiró dos pasos hacia atrás y se cuadró, aterrorizado, lo había entendido. Solo él tenía derecho a interrogarla, solo él le sacaría la información que necesitaba, y no iba a dejar que ninguno de esos salvajes primitivos la tocara, no les iba a dejar golpearla como a Dameron, porque ella no era una prisionera normal, era su prisionera y la necesitaba de una pieza.
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Siguiente capítulo subido, me ha costado menos de lo que creía.
¡Muchas gracias por los comentarios! no me ha dado mucho tiempo a responder a ninguno de vuestros valiosos comentarios, espero que podáis entenderlo y que os haya gustado el capítulo, ya sabéis que leer vuestras opiniones me da la vida y que siempre respondo, pero me ha sido imposible.
En el momento que me vaya de la personalidad de los personajes agradecería que me lo dijerais, para volver, aunque creo que aun no me he ido, no sé lo que pensareis, ya me lo direis jajaja
¡Nos leemos!
Helen Martinelli ;)
