Capítulo 10: Decisiones
Observó en silencio el Halcón Milenario. Conforme estaba estacionado podía asegurar que el piloto no había aterrizado con mucha delicadeza, más bien, podía aventurarse a decir que había sido un aterrizaje más que forzoso por la posición en la que estaba, y sobre todo por los árboles caídos alrededor de la nave, que rompían la pureza nevada y perfecta del paisaje.
Esperó pacientemente a que el pelotón que se había introducido en la nave saliera de la inspección. Uno de sus hombres había insistido en la importancia de inspeccionar la nave en busca de posibles bombas en el carguero, ya que la nave podría ser una trampa de la resistencia. Obviamente ninguno de los hombres en la Primera Orden tenía idea de lo que Han Solo se estimaba ese trozo de chatarra, jamás lo usaría como una trampa.
—La nave está vacía, señor. No se han encontrado trampas ni formas de vida en su interior—Dijo el líder de la inspección cuadrándose ante él.
Kylo Ren lo ignoró, sabía que no había ninguna trampa, el tiempo que pasó esperando su informe lo usó para respirar profundamente, haciéndose a la idea de que tenía que entrar en ese maldito trozo de basura espacial.
Dio un paso al frente, indicándoles a los soldados que lo esperaran allí y revisó todos los rincones de la nave, tomándose su tiempo. No sabía qué demonios estaba buscando en esa nave maltrecha, pero miraba a todas partes buscando en ella algo reconocible, algo que le diera información, aunque no sabía de qué.
Se introdujo en la cabina con paso firme y lento, quitándose la capucha y colocándose entre los dos asientos, fijando su vista en los dos dados colgados en la cabina, recordando fragmentos del pasado, un pasado en el que esa nave maltrecha y vieja le había parecido espléndida.
—¡La nave de mi padre puede realizar el corredor de Kessel en 12 parsecs! ¡Eso no podría hacerlo un trozo de chatarra espacial!
Esas habían sido las palabras de un joven Ben Solo de seis años, las recordaba, se acordaba de cómo había fanfarroneado delante de los niños que aseguraban que el Halcón Milenario era un trozo de chatarra, orgulloso de ser el hijo de dos de los héroes de la resistencia, orgulloso de su padre y de la nave que había podido hacer tal proeza.
—Mira chico, sé que le prometí a Leia que te llevaría de paseo, pero esto ha sido una aventura mucho mejor ¿Te ha gustado?
—¡Sí!—Respondió con una gran sonrisa un joven Ben Solo de ocho años.
—Pues entonces si quieres que el tío Chewie y yo volvamos a llevarte de paseo en el Halcón, no le puedes decir a tu madre que hemos sido perseguidos por esos viejos amigos de papá. Esto debe de ser un secreto entre hombres.
—¿Un secreto entre hombres?—Preguntó el niño sin entender bien—¡Vale!
—Buen chico.
En ese entonces no lo había entendido, pero con los años se dio cuenta que su paseo en el Halcón Milenario debía ser un secreto para Leia porque Han Solo había vuelto a las andadas y volvía a deber dinero a lo peor de la galaxia, había puesto en peligro a su hijo, pero el pequeño Ben se lo había pasado mejor que nunca dando vueltas de campana en la nave, observando como el hombre y el wookiee a los mandos de la nave sorteaban disparos y destruían naves.
Otro recuerdo llegó a su memoria, uno en el que Leia y Han discutían sobre su futuro. Han Solo no entendía lo que ocurría en el interior de su hijo, no quería que su hijo fuera diferente a los otros niños, la fuerza era algo que no entendía ni quería entender y no quería que nadie lo entrenara. Eso de la fuerza era algo que sabía que le pasaba a su gran amigo y cuñado Luke, pero no quería que le pasara a su hijo, creía simplemente que se le pasaría, como si la fuerza fuera un resfriado, que volvería a ser un niño normal si obviaban que era afín a ella. Sus padres pasaron semanas discutiendo, y un día tomaron la decisión de dejarlo en ese planeta con la promesa de que le escribirían, con la promesa de que lo visitarían a menudo.
Los puños de Kylo Ren se apretaron encima del reposa cabezas del asiento. Nunca volvió a ver a sus padres desde ese día. Eso que decían que hacían por su bien lo había empujado justo al camino que querían evitarle. La soledad y el abandono de todos esos años, unida a la traición de su tío, lo habían llevado por el camino del lado oscuro.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el atronador rugido de un escuadrón de X-wings que cayó del cielo y se dirigió con dirección a la base. Kylo Ren se giró, mirando la salida con los ojos abiertos como platos y corrió fuera, justo a tiempo para ver cómo los cazas de la Resistencia empezaban a bombardear la enorme estructura.
Se dio prisa en llegar a la base, debía eliminar a los intrusos y encontrar a la chica, rápido. Desplegó de nuevo a los soldados de asalto y parado en una de las barandillas de la base les dio la orden de encontrar a sus enemigos. Los soldados se desplegaron pero él no se movió, mirando a su alrededor en busca de algo.
—Él está aquí—Pensó Kylo Ren.
Alzó la mirada fijándose en una de las columnas que estaba tras él. Avanzó lentamente hacia ella, pensando que podría haber alguien detrás, algo le decía que el hombre que buscaba estaba allí, pero no había nadie, no había nada.
Se giró, algo desconcertado por haber fallado, y se dirigió a una pasarela que se extendía hacia un amplio espacio abierto, dando grandes y amplias zancadas.
—¡Ben!
Sus pasos se pararon en seco y su corazón dio un vuelco al escuchar una voz que tantas veces había oído en su infancia. Giró su cuerpo, volviendo sobre sus pasos, lentamente, había pensado en ese momento miles de veces, pero jamás se lo había imaginado así. Cuando era un adolescente soñaba con verlo bajar del halcón, decía su nombre y le pedía disculpas por no haber insistido más en que era un error dejarlo ir, se fundían en un abrazo y volvía a casa, donde su madre lo esperaba con los brazos abiertos y le llenaba la cabeza de besos como cuando era un niño.
Cerró el puño con fuerza, debía dejar de pensar en esas cosas, debía dejar de recordar. Ben Solo estaba muerto, él había acabado con él, Snoke se lo había ordenado y era lo que había hecho y para demostrar a Snoke que era el hombre sin sentimientos que necesitaba, que no era tan débil en ese aspecto como Vader, debía hacer algo radical, aunque no sabía si podría hacerlo.
—Han Solo—Dijo por fin—Desde hace mucho tiempo esperaba este día.
Han avanzó unos pasos, en silencio, tenía la vista fija en él, en la máscara, en su imponente figura, como si no le temiera, como si esperara algo con muchas ganas. Ambos hombres estaban tan concentrados uno en el otro, tan inmersos en su encuentro, que no notaron unas nuevas presencias en una pasarela superior. Rey y Finn habían llegado hacía un rato y los observaban desde arriba, mientras Chewbacca se preparaba con su arma, listo para disparar a alguno de los soldados que también miraban a la extraña pareja.
—Quítate esa máscara—Dijo autoritario—No la necesitas aquí, y mucho menos conmigo.
—¿Qué crees que verás si me la quito?—Preguntó él.
—El rostro de mi hijo.
Kylo Ren tragó saliva, era extraño escuchar a Han Solo volver a llamarlo hijo, con todo lo que había pasado desde la última vez que se habían encontrado, Han debía odiarlo, no debía llamarlo hijo. Algo se sentía mal en esa conversación.
Alzó los brazos, lentamente, apretando el botón de la máscara que tras un ruido se abrió. Se quitó la máscara observando la reacción del hombre que estaba delante de él, parecía confundido, se había llegado a estremecer, y sabía por qué. Esperaba la cara infantil y sonriente de su hijo, y se había encontrado un rostro adulto, a un hombre totalmente formado que lo miraba con sus mismos ojos oscuros. Era en lo único en lo que en verdad se parecían, sus ojos, sus ojos color café.
—Tu hijo se ha ido—Dijo enfatizando sus palabras—Era débil y estúpido, como su padre, así que lo destruí.
—Eso es lo que Snoke quiere que creas—Respondió Han acercándose más a él—Pero no es verdad. Mi hijo sigue vivo. Lo estoy mirando en este momento.
—¡No! El Líder Supremo es sabio. Él es el único que…
—Snoke te utiliza por tus poderes, está manipulándote para tener tus habilidades a su merced. Cuando haya conseguido todo lo que desea de ti, te destruirá. Sabes que es verdad.
El moreno vaciló. Han tenía razón en una cosa. Snoke era una serpiente traicionera que lo desecharía en cuanto no le hiciera falta, pero nunca dejaría de hacerle falta. El poder, para quien lo probaba, era como una droga, él lo sabía, había probado ese mismo poder y Snoke no lo destruiría, sabía que le era de mayor utilidad vivo y coleando, y de todas formas ya no quedaba nada que destruir dentro del hombre que era en ese momento. Kylo Ren estaba destinado a ser un contenedor vacío, un arma, no un hombre.
—Es demasiado tarde—Le dijo apretando los labios.
—No, no lo es—Han le estaba sonriendo.
Lo era. Porque había acabado con vidas, había aplastado a sus enemigos, se había convertido en un monstruo en esos doce años a las órdenes de Snoke y si volvía a la luz, si volvía con los que habían sido sus padres, si Ben Solo volvía, se destruiría a sí mismo al pensar en las cosas que había hecho siendo Kylo Ren. Volvería a sentirse fuera de lugar, porque en la resistencia también había monstruos, y volvería a no saber si estaba en el lado correcto, sería el mismo problema que en ese instante, pero en el bando contrario.
—Ven conmigo. Vuelve a casa—Sin el más mínimo rastro de malicia o de engaño, volvió a hablar—Te echamos de menos.
Kylo sintió como sus ojos escocían, esa sensación era rara, hacía tiempo que no le pasaba, hacía años que no sentía la humedad de sus propias lágrimas en su rostro, porque había mentido, no había acabado con Ben Solo, se alzaba dentro de él, era la parte de él que quería creer que Han Solo y Leia Organa lo amaban y que querían que volviera, que, como había dicho Han, lo echaban de menos, pero no podía, sentía que era una mentira, porque si lo hubieran querido, si lo hubieran echado de menos, habrían ido a por él cuando estaba en el templo Jedi, habrían ido a visitarlo, por lo menos para ver cómo estaba, se habrían preocupado por él.
—Me están desgarrando por dentro. Quiero… quiero liberarme de este dolor.
Lo dijo en serio, su confusión llegaba a puntos insospechados, sentía dolor en el pecho, sentía que podía creer en las palabras de Han pero luego, luego los recuerdos de su soledad y su abandono le hacían replantearse de nuevo viejas palabas de Snoke, palabras que hablaban de su propia debilidad, de la misma debilidad que tenía su abuelo y por la que había muerto. Debía acabar con su debilidad, sabía qué debía hacer, pero lo poco que quedaba de Ben Solo en su interior lo estaba parando.
—Sé lo que tengo que hacer, pero no sé si tengo la fuerza para hacerlo—Ren dio un paso hacia delante, con los ojos aun llenos de lágrimas—¿Me ayudarás?
—Sí—Dijo Han—Haré lo que sea por ti.
Apretó la boca, tirando la máscara al suelo y desenfundando su espada láser, contemplándola por un momento, borrosa por las lágrimas que aún se amontonaban en sus ojos. Debía acabar con su debilidad, alzarse como Kylo Ren, el maestro de los caballeros de Ren, un hombre sin sentimientos, era lo que tenía que hacer para no acabar haciendo lo mismo que su abuelo, porque los sentimientos lo harían débil, los sentimientos eran lo único que lo había estado destruyendo desde el principio, desde que era un simple adolescente atormentado, desde que Leia y Han lo habían dejado en ese templo Jedi. No había marcha atrás.
Han sonrió y extendió una mano para tomar el arma, convencido de que volvería a casa con él. La luz de la estancia se fue apagando, rodeándose de una profusa oscuridad, al mismo ritmo que en el cuerpo del hombre ante Han, donde se acallaba la voz de Ben Solo para dejar paso a Kylo Ren, quien encendió el sable de luz y dejó que el inestable rayo rojo perforara el pecho del que era su padre.
—Gracias—Murmuró Ren con un tono de voz más profundo que el que había usado anteriormente.
El viejo hombre en que se había convertido Han Solo con los años lo miró con aceptación, acariciando cuanto apenas el rostro de su hijo, sin creerse lo que acababa de ocurrir. En su interior sabía que debía haber luchado más por no separarse del lado de su hijo, que tenía que haber permanecido más en casa cuando él solo era un chiquillo asustado. Porque aunque lo que había hecho era una aberración, solo era el chiquillo asustado que él y Leia habían dejado en manos de Luke, desentendiéndose de él temerosos de que eligiera mal, pero sus decisiones habían hecho que el chiquillo que amaban, aquel que querían proteger eligiera de la peor manera posible.
Kylo apagó el sable láser y mantuvo la mirada a su padre hasta que el hombre se desplomó, cayendo hacia abajo, desapareciendo bajo la pasarela en la profundidad del abismo. Escuchó una voz de mujer, gritando, pero su cabeza la ignoraba. Su cuerpo no pudo aguantar más y cayó, de rodillas en la pasarela. Ren pensó que ese simple acto lo haría más fuerte, tal y como le dijo Snoke, que era necesario, que había que deshacerse de las debilidades, pero no fue así, se sentía aún más débil que antes y el dolor de su pecho se incrementaba empezando a ser insoportable, aunque no era de extrañar. Acababa de matar a su padre.
Escuchó el rugido de un wookiee y poco después sintió una punzada directa en su costado que lo derribó. Miró hacia arriba observando a Chewbacca, con una ballesta apuntando hacia él. Un grupo de soldados de asalto fue a su auxilió y dispararon contra el gran wookiee, quien parecía apretar un interruptor mientras retrocedía. Escuchó las explosiones y vio parte de la base venirse abajo, pero su escrutinio de la parte superior le había hecho obviar las explosiones para centrarse en las dos personas que lo miraban desde una barandilla superior. El traidor y la chica.
La impresión que se llevó al reconocerlos lo ayudó a recuperar el equilibrio, permitiendo que se levantara y se dirigiera hacia ellos. El traidor había encontrado a la chica y la alejaría de él. Ese simple pensamiento, aunque estaba herido y perdiendo sangre con cada una de sus rápidas zancadas, le daba fuerzas para seguir, para perseguirlos.
Los vio introducirse en el bosque, ese bosque rodeado de nieve por el que estaba caracterizada esa base. Y los siguió, hasta que los vio pararse, los vio mirarse como si no supieran exactamente cuál debía ser su próximo paso.
—¡Alto!—Gritó.
Vio como los dos jóvenes se giraban, a unos diez metros de distancia de él y sacó su sable de luz al ver como la chica echaba mano a su bláster, apuntando hacia él.
—Eres un monstruo.
La voz de ella se hizo eco en su cabeza. El dolor en su pecho, la presión, se intensificó solo al escuchar esas palabras salir de sus labios. Con los años, se había acostumbrado a escuchar la palabra monstruo, o bien directamente, o en las mentes de otras personas, pero que ella le dijera esas mismas palabras con esa mirada de odio… era insoportable. Su mirada furiosa y decidida se le clavaba en lo más profundo del alma.
—Solo estamos nosotros ahora, Han Solo no va a venir a salvarte.
Sintió otra punzada de dolor en el costado donde Chewbacca le había dado y su visión se emborronó, estaba perdiendo sangre, pero no podía caer, no en ese momento. Se pegó unos cuantos golpes en el costado, para que el dolor hiciera reaccionar su cuerpo instintivamente, para que el dolor activara en su cuerpo su sistema de defensa y no lo dejara caer, no hasta que se aseguraba que tenía a la chica y acababa con el traidor.
Vio a la muchacha intentar dispararle con su bláster y levantó una mano, con un movimiento enérgico, usando la fuerza para levantar a Rey por el aire y hacer que se empotrara contra un árbol, cayendo al suelo inconsciente.
—¡Rey!—Escuchó gritar al traidor.
La había atacado con el objetivo de que se quedara inconsciente, así sería mucho más fácil de llevar hasta Snoke, había perdido la base ante la resistencia, pero no perdería a la chica. Observó como el traidor se acercaba a ella y tocaba su rostro, preocupado. Movió su espada láser dispuesto a enfrentarse con él y le gritó. Observó como el muchacho se giraba mirando a todas partes buscando algo con lo que enfrentarlo, hasta que agarró de su cinturón un arma que reconocía perfectamente, un sable de Luz azul que reconocía como el sable de su abuelo.
—Esa espada láser… es mía—Dijo apuntándole con su propia arma.
—Ven a por ella.
Kylo Ren se irguió al observar como el traidor se lanzaba hacia él, sujetando esa arma tan familiar. Logró desviar todos sus golpes mientras observaba como la lucha hacía que todo a su alrededor se iluminara, que la blanca nieve se tiñera con los colores de su lucha. Pero se sorprendió al ver que el traidor no era tan débil como creía, sus golpes eran repelidos con la misma rapidez y fuerza con la que lo hacía él mismo, lo que lo hacía envestir a su adversario con más fuerza.
Eso lo divertía, le gustaba pelear y encontrar un adversario que aguantara contra él más de unos segundos era difícil. En un momento de despiste, después de herir al traidor en el hombro, Finn desvió uno de sus ataques, girando sobre sí mismo, hiriendo el brazo de Ren. Kylo Ren paró un segundo mirando su brazo herido reconsiderando seriamente a su enemigo y en un abrir y cerrar de ojos volvió a lanzarse hacia él, atacando de forma implacable, impulsado por la ira y por el dolor.
El cambio en el estilo de lucha de Kylo Ren fue sutil, pero salvaje, y en pocos segundos el sable láser que sostenía Finn salió volando cayendo a unos metros de ellos, sobre un montículo de nieve. Sin arma y acorralado Finn intentó dar marcha atrás, pero al girarse, dándole la espalda a su enemigo, fue herido en la espalda con un certero y profundo golpe de espada láser. Todo había terminado en esa lucha.
Kylo respiró hondo, le había costado más de lo que pensaba derribar al traidor, lo que pensaba que iba a ser una ejecución fácil se había convertido en una lucha bastante interesante en la que había tenido que dar más de sí de lo que pensaba al principio. Ren, adolorido y cansado, apagó su arma, extendiendo un brazo hacia el sable que había caído en el montículo de nieve. Este comenzó a vibrar, respondiendo a la llamada de la Fuerza, pero pasaba algo, era como una resistencia, algo estaba interfiriendo entre él y el sable. Por fin el sable se elevó, volando hacia su mano extendida, o no…
El moreno, sorprendido, tuvo que hacer un movimiento antinatural para esquivar el sable láser que le pasó de largo. Desconcertado, se giró y vio como el arma llegaba a la mano de la chica, quién miraba el sable igual o más sorprendida que él, adquiriendo una postura de lucha bastante correcta para ser una mujer sin formación.
Él, desconcertado y sorprendido, no podía dejar de mirarla, esa sensación cálida que se extendía desde su cuerpo hacia el suyo le recordaba una sensación lejana, una sensación que recordaba y que se le incrustaba en la piel como una enfermedad. Sabía donde la había sentido antes.
—Eres tú…—Murmuró sorprendido.
No había ninguna duda, esa sensación, esa calidez… no podía ser más que la niña de sus visiones, esa chica era la misma niña a la que estaba conectado de alguna manera y por fin la tenía cara a cara, ya no había dudas, era una realidad. Ella estaba conectada a él y la fuerza y el destino la habían traído hacia él, se la habían mostrado por algo, por algo que quería descubrir.
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¡Y capítulo recién subido!
Este capítulo me ha resultado bastante difícil de escribir, es un capítulo doloroso en el que espero haber captado bien el conflicto y los sentimientos del personaje, no creo, porque no creo que la muerte de Han le haya sido tan indiferente a Kylo como leo en algunos sitios, y menos después de lo que se ha visto en "los últimos Jedi", no sé qué pensareis de esto, espero que me comentéis vuestras sabias opiniones en los comentarios ;)
De nuevo, ¡muchas gracias por los comentarios! Leerlos me da fuerzas para seguir escribiendo ahora que estoy en la recta final de la universidad haciendo mi trabajo final de grado, espero no morir en estos meses.
¡Nos leemos!
Helen Martinelli ;)
