Capítulo 11: Separación

—Eres tú…—Murmuró Kylo Ren sorprendido.

Rey, por su parte, se estremeció, sus palabras la asustaban, ya que no era la primera vez que le parecía que él sabía más sobre ella que ella misma, que él la conocía por alguna extraña y siniestra razón, pero no tenía ganas de preguntar, él había herido a su primer amigo, estaba demasiado enfadada para ponerse a conversar.

En la posición de lucha en la que estaba, furiosa a más no poder, encendió el sable de luz y atacó, lanzándose hacia un sorprendido Kylo Ren que respondió al ataque con su propio sable de luz. Aunque en un principio esperaba que los ataques de la mujer que tenía en frente fueran burdos y elementales, la furia con la que lo atacaba, incluso sus movimientos, le recordaron a los suyos propios, no era algo que una mujer sin entrenamiento pudiera hacer.

El bosque fue iluminado por el choque incesante entre sus sables, a Kylo le sorprendió su ferocidad y su fuerza, era impresionante que una mujer como ella pudiera luchar así, pues él obviamente le doblaba el tamaño y se consideraba un hombre fuerte, pero ella no se achantaba ante sus golpes, incluso los esquivaba con gracia.

La superioridad en fuerza de Ren se notó al pasar un tiempo, en el que ella se dedicó simplemente a esquivar y a huir. mientras respondía a los embistes de su espada láser con la suya propia, mientras los arboles a su alrededor eran presa de sus armas.

Un ruido sordo se escuchó por todo el bosque y Rey se dio cuenta de que parte del mismo se estaba viniendo abajo justo tras ella. En el borde, combatiendo al gran hombre que tenía delante, echó un vistazo al fondo, descubriendo así que el abismo era tan profundo que se perdía en una nube de polvo y destrucción, si caía por él probablemente moriría.

El choque de los sables la cegaba, y el empuje de él la estaba haciendo perder el equilibrio, como no cambiaran pronto las tornas definitivamente caería por el precipicio muriendo en el acto.

—¡Necesitas un maestro!—Exclamó él sorprendiéndola.

La miró al rostro, iluminado aun por el choque entre los sables láser, estaba claro que ella necesitaba alguien que la guiara en los caminos de la fuerza, supuso que por eso mismo la fuerza la había "conectado" a él durante todos esos años, que ese era el motivo de las visiones, esa muchacha necesitaba alguien que pudiera mostrarle ese mundo nuevo que se abría ante sus ojos, estaba seguro de que si la entrenaba sería poderosa, a la par a él.

—¡Yo puedo mostrarte los caminos de la fuerza!

Vio como sus ojos se achicaban ante sus palabras, como si estuviera confundida, como si no supiera de qué le estaba hablando, hasta que lo entendió.

—¿La fuerza?—Preguntó.

Aun en esa misma posición, acorralada en el borde del mismo abismo, Rey cerró los ojos, desconcertándolo por completo, pues Ren comenzó a sentir un cambio en ella mientras observaba su rostro, algo estaba cambiando a su alrededor, incluso en su interior.

Los ojos de Rey se abrieron de repente y lo atacó con fiereza, de una manera de la que no la sabía capaz, blandiendo una y otra vez su arma, y obligando a Kylo Ren a retroceder debido a la sorpresa. En un instante predominaba uno y al siguiente el otro; si él tomaba ventaja, de inmediato la enfurecida Rey retomaba el control. Incluso llegaron a forcejear por los sables de luz, llegando Rey a clavar el sable de él en el suelo con todas sus fuerzas en pleno forcejeo.

En cierto momento, Rey lo obligó a replegarse, y de un certero movimiento lo desarmó, derribándolo y propinándole un corte, producido por el sable de luz, en el rostro y en el pecho. Cayó de nuevo al suelo, con una quemadura que le atravesaba el rostro, parte del cuello y el pecho. Debilitado, extendió la mano hacia su sable de luz, tratando de atraerlo, pero la pelea acabó allí, pues el planeta empezaba a desmoronarse por completo y como si la propia fuerza lo hubiera planeado, ambos se separaron, quedando cada uno en un lado, con un abismo separándolos. Era como si la misma fuerza no hubiera permitido que los dos se mataran entre ellos.

Kylo Ren observó como la chica salía corriendo de allí, alejándose de él de nuevo. Se sentía humillado y dolorido, había perdido una batalla contra una mujer que había visto crecer y que nunca había sido instruida en la fuerza, una persona que había sido entrenada durante años primero como Jedi, y después como seguidor de Snoke había perdido contra una novata. La rabia subía por su cuerpo como un vendaval.

Escuchó voces tras él, la pérdida de sangre, primero por la herida que le había provocado Chewbacca, por la herida del hombro que le había hecho el traidor, y por último, la quemadura que le había hecho ella en el rostro, le pasaban factura. Estaba perdiendo el conocimiento.

Le pareció escuchar la voz de Hux, dando órdenes de que lo trasladaran a una nave de transporte antes de que el planeta se hiciera añicos, y después, después solo vio una sucesión de escenas inconexas y extrañas, luces y por último la nada. Definitivamente había perdido tanta sangre que se había desmayado.

Cuando volvió de nuevo en sí estaba en su cama, con el pecho tapado por unas vendas y un droide médico intentando tratarle la herida del rostro. La rabia volvió a él y ni siquiera le dejó avanzar en su trabajo. Solo se incorporó un poco y le grito, le gritó con todas sus fuerzas.

—¡Lárgate!

Una sucesión de pitidos mostraron la disconformidad del droide, pues la indicación que se le había hecho había sido la de curarlo, pero lo que necesitaba en ese momento no era un droide mareándolo con sus pitidos, era estar solo. Se sentía humillado, vacío y cada vez que recordaba lo que había hecho en la base con el que un día había llamado padre un dolor profundo en el pecho lo embargaba.

Había pensado que matar a Han Solo le traería la paz que esperaba, que sería el empujón que necesitaba para convertirse en lo que había decidido ser, ese monstruo que necesitaba Snoke, pero se había equivocado, no había matado a Ben Solo hacía doce años, Ben Solo seguía en su interior y ahora se sentía el ser más repugnante de la galaxia por haber matado a su padre, estaba totalmente destrozado por ello.

—¡Que te largues, maldito trozo de chatarra!

El droide no se movió y en medio de su rabia, usó la fuerza para aplastarlo, haciéndolo un cubo de chatarra, no habría manera de volver a convertir esas piezas en un droide médico como el que acababa de destrozar.

Acabó de incorporarse y se giró, quedándose en el borde de la cama, con los labios apretados y esa sucesión de imágenes de Han cayendo al abismo en llamas de la base Starkiller repitiéndose en su cabeza, en un siniestro y descorazonador bucle.

Definitivamente estaba roto. Lo que había hecho lo había partido en dos, le había partido el alma y se dio cuenta de que se creía invencible y sin sentimientos, pero lo único que era, era un maldito hombre solitario y asustado. Era débil, no poderoso como se pensaba.

Cerró sus puños, apretándolos con fuerza hasta que sintió como sus uñas se clavaban en sus propias palmas. Tanta fuerza usaba en sus manos que las veía temblar entre sus propias lágrimas. Lágrimas… hacía mucho tiempo que no veía sus propias lágrimas en sus ojos, desde que era un niño, desde que Snoke lo había entrenado de las maneras más duras que conocía, desde que había perdido su alma… aunque al parecer no lo había hecho, simplemente la había escondido para protegerse.

Fue al baño para observar en el espejo la quemadura de su rostro. Esa cicatriz sería el recordatorio de su debilidad, pues estaba seguro que había perdido en el combate por estar demasiado ocupado pensando en lo que había hecho, porque matar a su padre le había afectado de maneras insospechadas. Esa marca le recordaría que esa chica no era alguien a quien entrenar, sino alguien a quien destruir, se sentía avergonzado. Había estado tan sumergido en ella, en la posibilidad de que fuera la niña que veía en sus sueños, en la atracción tan extraña y fuerte que sentía por ella, que había perdido de vista lo importante, había actuado casi igual que esos hombres débiles que perdían el norte y sus objetivos de vista por una mujer bonita. Esa mujer era parte de la resistencia y debía acabar con ella.

Debía matarla, matarla porque aparte de Han Solo, ella era también una de las personas que le recordaba una y otra vez, desde que era un simple adolescente atormentado, que era humano, y que no solo le atraía la oscuridad y el poder, sino que le atraía en igual medida la luz y ese calor que desprendía. Le atraía esa mujer como nunca nadie lo había hecho, era la primera vez que sentía esa atracción tan fuerte, casi enfermiza por alguien.

Metió las manos bajo el grifo, viendo correr el agua cristalina, dispuesto a lavarse la cara marcada por la vergüenza. Cuando acabó de lavarse la cara volvió a mirar su reflejo en el espejo.

—Ella tiene razón, eres un monstruo—Se dijo a sí mismo—Y por eso tienes que matarla, los monstruos no tienen remordimientos, Ren.

Salió del baño totalmente convencido, debía hacerlo, debía acabar con ella, acabar con la resistencia, encontrar a Skywalker y reducir todo a cenizas, es lo que había hecho desde joven, era lo único que sabía hacer, destruir.

De repente un calor lo invadió, y sus ojos pasaron por toda la estancia, buscando desesperadamente a la persona que sentía, pero era imposible, la había visto salir corriendo, había sentido como se marchaba, como huía, pero ahora estaba allí, lo sabía, era ella.

Sus ojos se pararon en seco, en un bulto encima de la cama, pero era imposible, ella no podía estar allí, y menos en su cama, se acercó, poniendo su mano sobre la espada láser que llevaba agarrada en su cintura, no emitió ningún sonido hasta que estuvo bien cerca de ella, porque definitivamente era ella. Llevaba otra ropa, pero reconoció su rostro, su cabello castaño cogido en esos tres moños imposibles, incluso el calor que desprendía.

Esa visión no era como las otras que había tenido hasta el momento. En las otras visiones veía su entorno, incluso podía tocarlo, pero esa vez solo la veía a ella, tumbada en su cama, durmiendo plácidamente sin saber que la fuerza la había llevado justo al terreno del cazador, ni siquiera se hacía la idea de que era su presa. Era como aquella visión que había tenido hacia un tiempo, cuando la había visto en medio de su lucha, cuando le había parecido que ella le miraba. Y se preguntó si ella podría verlo, aunque posiblemente nunca lo sabría, pues acabaría con ella mucho antes de averiguarlo.

Soltó la espada de su cintura y la activó, dispuesto a probar si podía atravesarla, dispuesto a matarla. El rojo de su sable láser le iluminaba el rostro y se acercó sigilosamente a ella, subiéndose en la cama de rodillas, tirando su brazo hacia atrás para apuñalar a la fuente de su humillación con fuerza.

—Han…—La escuchó decir entre sueños.

Se paró en seco, mirando la lágrima que se escapaba de sus ojos cerrados. Esa chiquilla solo había estado con su padre unos días y ya lo echaba de menos como si fuera el suyo propio, lo añoraba porque era una de las pocas personas que se habían preocupado por ella. Y lo entendía, su padre no era un mal hombre, simplemente temía a la fuerza, estaba temeroso de que su prole acabara justo como había acabado, su miedo y temor lo habían empujado al lado oscuro, pero él había decidido matarlo en lugar de volver con él a la luz una vez que le había abierto su corazón.

Apagó su espada láser y la enfundó, quedándose de rodillas en la cama, mirando a la mujer que seguía durmiendo profundamente en ella. Se había dado cuenta de una cosa, había matado a personas a sangre fría, había destruido ciudades en nombre de la primera orden, incluso había matado a su propio padre, pero a ella, a ella no podía matarla.

Miró su rostro dormido y después observó su mano desnuda, sin guante. Acercó su mano a su rostro, dispuesto a tocar su piel, un simple roce, solo una caricia con la yema de los dedos, pero no llegó a tocarla, pues la puerta de su habitación se abrió de par en par, mostrando a un soldado de asalto.

—Señor, el líder supremo solicita su presencia.

Asintió, mirando al soldado de asalto marcharse, pues no había razón para que se quedara si ya le había transmitido el mensaje. Cuando giró el rostro para mirar a la muchacha de nuevo, ella había desaparecido y el calor y la calma que le transmitía se habían ido con ella, el vacío que sentía volvió a oprimirle el pecho recordándole que era un monstruo capaz de asesinar a su padre, que era un monstruo que servía a un monstruo aun mayor, Snoke, quien le esperaba en su sala del trono.

Se puso su túnica y cubrió su rostro con la máscara. Él sabía que estaba roto, pero aun había una posibilidad de que Snoke no se diera cuenta si se ocultaba tras la máscara, con ella puesta se sentía menos vulnerable, sentía que era Kylo Ren, que había matado a Ben Solo, aunque en realidad solo fuera fachada, pues bien sabía que nunca lo había hecho.

Cuando llegó a la sala del trono de Snoke se cruzó con el general Hux, le mostraba su sonrisa de superioridad usual, seguro había hecho algo para lamerle el culo a Snoke y sabía que él no tenía nada para que Snoke le felicitara, pues había tenido que ser rescatado de la base Starkiller y hasta el momento había estado siendo curado por los droides médicos en su habitación.

Kylo intentó con todas sus fuerzas ignorar al general cuando se arrodilló ante Snoke, pero incluso el propio Snoke sintió el odio que sentía solo de ver la sonrisa altanera del pelirrojo.

—¿Te preguntas por qué mantengo a un perro rabioso en un lugar de poder así? La debilidad del perro bien manipulada puede ser un arma afilada.

El moreno simplemente lo ignoró, o por lo menos lo intentó, con todo lo que había pasado no tenía la fuerza ni el humor necesario para que Snoke le intentar dar una clase de liderazgo y manipulación. No estaba preparado para las enseñanzas del líder supremo.

—¿Cómo están tus heridas?—Le preguntó captando su atención.

La forma en la que habló Snoke le había parecido una burla, no se intentaba preocupar por sus heridas como parecía, solo se estaba burlando de él.

—No son nada—Respondió secamente.

Aunque obviamente no era cierto, pues su rostro había sido cuidadosamente suturado por el droide médico, y decía cuidadosamente porque ya sabía que esa cicatriz se iba a quedar por siempre en su rostro, además, la herida de su abdomen, la que le había hecho Chewbacca, habría resultado mortal de no ser porque había contenido la mayoría de la energía del disparo con la fuerza.

—El poderoso Kylo Ren. Cuando te encontré vi lo que todos maestros sueñan alguna vez con ver: Rabia, un poder salvaje e indómito, y más allá algo realmente especial, el potencial de tu linaje, a un nuevo Vader…

Ren apretó los labios, por el tono que estaba usando Snoke no estaba ahí precisamente para alabarlo, en cualquier momento esperaba su castigo, su castigo por haberse dejado vencer por esa mujer, esa mujer con la que no podía acabar.

—Ahora, me temo que me equivoqué contigo.

Levantó su mirada, observando la alta y enfermiza figura de su líder supremo con el ceño fruncido, se esperaba un castigo, una reprimenda, una llamada de atención, pero esas palabras destruían todo lo que le había dicho hasta el momento, que era el legítimo sucesor de su abuelo, que su poder era igual que el suyo…

—Todo lo que tengo, todo lo que era, te lo he dado, se lo he entregado al lado oscuro. Todo—Dijo con una voz robótica alterada por el casco.

—Quítate esa máscara ridícula para dirigirte a mí.

Snoke habló con disgusto, dejando helado al hombre frente a él. Lentamente siguió sus órdenes y se quitó la máscara revelando su cara marcada por la cicatriz.

—Sí… ahí está…

El líder supremo se movió de su trono y se acercó a él, arrastrando los pies como si le costara levantarlos del suelo, andando lentamente, haciendo un ruido infernal con sus propios pasos. Kylo aguantó mostrando un rostro de piedra ante Snoke, rezando para que no descubriera lo que pasaba en su interior, para que no supiera cuan arrepentido estaba por haber acabado con su padre.

El dedo de Snoke se paseó por la cicatriz de su aprendiz, lentamente, dejando un dolor y una picazón en la piel del joven, aunque no dijo nada.

—Tienes demasiado del corazón de tu padre en ti, joven Solo.

Apretó los labios, sintiendo una furia sobre humana y lo miró, levantó la mirada que hasta el momento había mantenido en el suelo para observarlo con rabia, directamente a su rostro deforme, descubriendo ante él su secreto, los sentimientos que celosamente intentaba esconder de él.

—Yo maté a Han Solo, maté a mi propio…—Paró, no podía decirlo—¡Cuando el momento llegó no dude! ¡Le clavé mi sable láser en el pecho y lo maté!

—Veo insolencia, no fuerza en ti. Mírate. Ese simple acto ha partido tu espíritu en dos, estás arrepentido hasta los huesos. Te desequilibraste, perdiste el norte y…—Conforme iba hablando su tono de voz iba subiendo— ¡Fuste derrotado por una chica que nunca había sujetado un sable de luz! ¡Has fallado!

Sintió que la rabia incrementaba en su cuerpo, como una quemazón en su pecho, el mismo inferno estaba en sus entrañas y se levantó, dispuesto a atacar a Snoke, a cerrarle la boca por recordarle su propia humillación, pero Snoke se había anticipado también a eso.

En cuanto Kylo se levantó y puso su mano en el sable láser, los dedos de Snoke se iluminaron y unos rayos salieron de ellos, derribándolo y dejándolo adolorido en el suelo. Los guardias pretorianos de Snoke se prepararon para luchar, poniendo sus ojos en Kylo, aunque un simple gesto de mano de su amo los calmó y bajaron las armas, aun con sus ojos puestos en el joven que se había atrevido a alzarse contra su señor.

—¡Skywalker sigue vivo!—Gritó—La semilla de la orden Jedi vive. Mientras lo haga, la esperanza vivirá en la galaxia, con él.

El hombre volvió a caminar lentamente hacia su trono, con el mismo paso, arrastrando los pies, nadie habría dicho que ese hombre de aspecto débil acababa de derribar a su aprendiz, un hombre de aspecto sano, alto y fuerte, con un solo rayo. Kylo se levantó sin quitar la vista del hombre frente a él, mirando de reojo a la guardia que esperaba cualquier movimiento suyo para matarlo.

—Pensé que tú serías quién extinguiría esa esperanza, pero desgraciadamente no eres Vader. Solo eres un niño con una máscara.

Kylo se giró, dándole la espalda a Snoke, dispuesto a marcharse. Intentó con todas sus fuerza enmascarar la rabia que sentía y se perdió la sonrisa cruel y victoriosa que tenía su líder supremo en sus labios.

En el ascensor, en cuanto se cerraron las puertas, el muchacho se destensó. Con los labios apretados y a punto de derrumbarse de nuevo, miró el casco en sus manos, recordando las palabras de Snoke. Se lo había dado todo a ese hombre, incluso la vida del hombre que algún día había llamado padre y aun no era suficiente, no para Snoke, no para el lado oscuro, jamás sería bastante.

La rabia que había estado aguantando hasta el momento salió en oleadas, como un fuego que había retenido en su interior y que quemaba todo a su paso. Cogió el casco que tenía en la mano y gritó, empotrando la máscara que le había hecho Snoke con la pared del ascensor. La fuerza en su interior salió en oleadas, dándole la fuerza suficiente para aplastar el casco de metal contra la pared del ascensor hasta que quedó reducido a una maraña retorcida de color negro y plata.

Las puertas del ascensor se abrieron y dos oficiales se sorprendieron al verlo dentro de la estancia tan alterado, incluso llegando a pensar que iba a matarlos.

—¡Preparad mi nave!—Gritó.

Salió de allí volando, pensando que le enseñaría a Snoke quién era en realidad, que le mostraría que no era ningún niño con máscara, sino un hombre poderoso capaz de acabar con la resistencia, cuando acabara con todos ellos, cuando terminara con el último rebelde, Snoke no tendría más quejas de él, lo haría ver quién era realmente y de lo que era capaz.

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¡Hola! Aquí estoy de nuevo, tarde pero aquí sigo ;)

Como habéis podido ver hemos cambiado de película/libro del canon, así que seguimos para bingo. Ben/Kylo sigue más perdido que un elefante en una cacharrería, está confuso y no sabe muy bien lo que quiere, vamos, es como yo cuando voy a comprar ropa, la diferencia es que ahora vemos que haber matado a su padre le pasa factura, cosas de la vida.

Espero que os haya gustado el capítulo y perdonad por ser tan lenta, la vida, la vida y la universidad me roban tiempo para escribir, no sé cuando será el próximo capítulo, estoy en ello, solo os puedo decir eso.

¡Muchas gracias por los comentarios!

¡Nos leemos!