Fue un encuentro bastante casual, tal vez aquello estaba destinado a suceder al fin de cuentas. Algo en aquella persona le hizo voltear, simplemente para ver aquel encantador rostro. Quedó prendado a esa hermosa mujer que vestía con el uniforme de la guardia francesa, lo que le dio a entender al instante lo diferente que ella era en comparación de las otras mujeres. No intercambiaron muchas palabras, él simplemente se presentó ante ella; además, no vio prudente molestarla, parecía apurada. Se mantuvo viéndola en su elegante caminar, hasta que desapareció por completo de su campo de visión.

Oscar abrió poco a poco sus ojos, encontrándose en una habitación que desconocía. Logró ubicarse notando que estaba en un hospital.

— Lady Oscar, lady Oscar, ¡gracias a Dios! — Dijo una dulce voz en un sollozo.

— ¿Rosalie?

— Lady Oscar, está viva, me siento tan feliz. — La rubia más joven abrazó con fuerza a quien alguna vez cuidó de ella.

— Veo que está despierta, brigadier Oscar Françoise de Jarjayes. — Dijo una voz masculina bastante fuerte.

Sus ojos se encontraron con aquellos oscuros y atentos como los de un águila, el joven Napoleón Bonaparte, aquel con ojos de emperador.

— ¿Y André? ¿Dónde está mi André? — Preguntó la rubia mientras sus ojos eran cubiertos por lágrimas.

— Lady Oscar, André ha muerto, no pudimos hacer nada por él. — Dijo Rosalie con voz quebrajada.

Ambas rubias se echaron a llorar, mientras compartían un abrazo.

Napoleón se mantuvo mirando a Oscar con aquellos fieros ojos, supuso que André fue el amante de aquella mujer, pero lograría olvidarlo. Napoleón se aseguraría que él fuese el siguiente hombre al que Oscar amaría, aunque eso significase tener que secuestrarla con tal de que no viese a nadie más.

La rubia más joven se había retirado y Oscar estaba acostada en la cama durmiendo, él tomó la mano de la mujer que había captado su atención, besando el dorso de la misma.

— Le prometo, brigadier Oscar, que usted será a mi lado más feliz de lo que alguna vez pudo serlo con su fallecido esposo — Susurró antes de depositar un suave beso sobre aquellos labios de rosa.