Perder la cabeza


8


No había sido su intención. Mirai estaba...

Bueno.

Dejó de moverse al abrazo de Yu. Su cuerpo lleno de luz se volvió opaco. Cenizas.

Gritó. Gruñó.

Puede que haya visto a Shiho con sus ojos de pupilas sesgadas.

Pero no lo reconoció. Él no era más que cualquier otra criatura imperfecta a su alrededor. Errores divinos a borrar de la faz de la tierra pecadora.

Y lo peor...

Cuando Mirai cayó al suelo con Yu sobre ella, clavándole los dientes y las uñas enormes...

Muerta.

Shiho tuvo que contener un suspiro de alivio.

Fue ese instante el que lo decepcionó tanto. Y le costó su sanidad.

Fue esa complacencia.

No tan en el fondo, nunca esperó que ella se recuperara.

No tan en el fondo, Mirai en el recuerdo se había adentrado en una zona fría, que nada tenía que envidiarle a la de una mortaja.

Enterró a su hermana en vida.

Y aquel monstruo que Yu mató...

Era muchas cosas. Menos ella.

Ese pensamiento quizá debió darle paz. Pero no era heroico. Sino realista. Contradecía todas sus lecturas sobre momentos cúspides.

Como la muerte.

¿Él era tan cobarde y conformista?

Quizá no pudo pensarlo racionalmente.

Pero cuando aquel vampiro se cruzó con él, en lo inmediato, algo resurgió en su interior.

La ira.

Desenvainó sus armas y cortó.

El llamado Lacus Welt no era otra cosa que un blanco negro, borroso, que desgarró en montones de pedazos bruscamente, con los dientes apretados y sin llegar a escuchar el grito.

De Yoichi. Atrás.

No entendió al principio. Pensó que le advertía sobre el vampiro que iba a atacarlo.

Pero.

Al volverlo cenizas, Yoichi cayó al suelo ante él, como si Shiho hubiera sido su verdugo y no el de Welt.

—Qué hiciste.

No era una pregunta. Pero sus ojos brillaban, repletos de lágrimas. Su boca estaba abierta, se arrodilló temblando. El tatuaje de sangre negra comenzó a subir hinchando las venas de su cuello.

Babeaba por la ola de odio que lo sacudía.

Y Shiho tuvo que esquivar sus flechas.

Una. Dos.

—¡No! ¡Qué demonios, Yoichi! ¡Justo ahora!

Qué. Demonios.

Vio rojo. Toda la ira que contenía por Guren. Por sí mismo. Por Yu inclusive...

Cortó. Igual que al vampiro.

Cuando quiso acordarse, Narumi lo sacudía. Shinoa y Mitsuba rodeaban a Yoichi. Yu parpadeaba confundido en brazos de Mika.

Los vampiros reían, comentando entre ellos la vispera con frivolidad.

Él sangraba. Pero su estado no era tan lamentable como el de Yoichi, cuyos dientes estaban afilados, la piel del rostro oscurecida e hinchada.

Shiho se desmayó, enfadado con aquella realidad cruel y estúpida donde no tenía el lujo de poseer nada. Ni a nadie, aparte de la risa sofocada de Kiseki-o.

Y horas más tarde, Shinoa le pidió que se disculpara.


9


Mantuvieron el silencio por más tiempo del que hubieran debido, quizá. Yoichi sostenía una tenue sonrisa enfermiza. Se había quitado las vendas antes de cenar. Estaba pálido, las cicatrices desvanecidas por la dedicación del demonio.

No era para tanto, se dijo Shiho para sí mismo, limpiándose la boca con una servilleta de seda bordada con sobrecargadas flores rojas.

Ningún aspecto de la situación. Sin embargo, Yoichi esperaba algo de su parte. Lo observaba como si este regalo extra a la cena fuera a venir tarde o temprano y a relajar las últimas tensiones en su relación.

Shiho se negó a esas expectativas. Había cocinado y fue amable en un intento de paliar la absurda disputa. Pero hasta ahí llegaban sus atenciones. Comprensiblemente.

Hasta ahí y a lo sumo...

—¿Te gustó? —preguntó de repente Shiho Kimizuki, para hacer conversación, bajándose lo que quedaba del vino en su copa hasta el final de la garganta.

—Si...supongo —contestó Yoichi, desviando la mirada, frotándose una mejilla sonrojada por unos pocos sorbos a su propia copa.

—"Gracias" estaría bien con lo que me costó asar esa carne y sacarles el gusto de conserva a las papas.

No había sido tan difícil. Pero quizás el alcohol lo ponía de mal humor.

Quería que el ambiente fuese romántico. Las cacerías y excursiones en el pasado lo eran, pese a lo problemáticas de algunas.

Yoichi estaba vacío de color, un resentimiento extraño le tensaba los músculos y no hacía el más mínimo esfuerzo por sostener una charla mínimamente amena. Volvía el rostro constantemente hacia la puerta que daba a la cocina, como preguntándose si su amiga...no, la cosa, estaba cómoda.

Shiho no era un maldito mueble. Estaba pasando por una situación de luto. Un poco de amabilidad hubiera estado bien. ¿No trataba él mismo de ser atento?

...Por cosas como estas se alegraba, en cierto modo, de que las circunstancias lo hubieran alejado de Mirai. Le costaba imaginar cómo se hubiera dado su noviazgo homosexual con Yoichi en la vieja ciudad sitiada de Shibuya.

A Yu se le dio bien esperar junto a la cama de una muchacha cuya vida había sido extrañamente velada. No hacía preguntas incómodas sobre los amuletos cabalísticos que Shiho mismo no entendía...ni quería comprender debido a una horrible sospecha que lo colmaba cuando dudaba sobre investigar.

Yoichi, por otro lado...

Era una escena imaginaria fútil. No tenía un solo punto acariciar esa idea idiota. Pero Shiho se dio cuenta de que hubiera aborrecido tener a Yoichi allí con él.

Yoichi sonriendo como si estuviera en una toma de rehenes. O cumpliendo el horario pactado para un encuentro de prostitución. Yoichi sobresaltándose ante el roce obligado de la mano de Mirai. Y siguiendo la corriente especulativa absurda de Shiho sobre una próxima recuperación inexistente.

Lo habría odiado.

Más de lo que ya...


10


No, la verdad es que le habia gustado Yoichi. Quizá siempre sintió una leve atracción por debajo de esa resistencia a su persona.

Quizás eran los prejuicios. Durante sus estudios en la Academia había evitado pensar en su sexualidad. Pensó que aquello lo distraía.

Lo inmediato, además, era prestar atención a las niñas irritantes y ni siquiera Shinoa y Mitsuba, versiones subvertidas de las mujeres superficiales que detestaba, habían conseguido seducirlo.

En teoría.

Hizo un esfuerzo. Por debajo de las palabras crueles.

Obedeció a las muchachas. Cuando mostraron valor y fuerza, las admiró. No como admiraba a Yu, por supuesto, como si fueran ángeles caídos del cielo en su esplendor corrupto.

Pero las miró. Detenidamente.

Se soñó tocándolas y acaso la idea no le resultó aborrecible. Por un segundo o dos.

Es solo que esos impulsos no tuvieron futuro en el pasado.

Yoichi, por otro lado...

—¿Quieres el postre?

—Shiho...

—Vamos. Puedo hacerte sentir bien. Recuerdo cómo. Quieres eso, ¿no?

Maldita sea. Había conseguido que se sintiera de maravillas. Más de una vez. Con torpeza. Pero lo hizo. Y era mutuo.

Yoichi seguía incómodo. Negó con la cabeza pero tampoco se pronunció a viva voz cuando Shiho fue hacia él, bebió en un sorbo torpe lo que quedaba de la copa de vino, la dejó a un lado, se arrodilló, separó sus piernas y bajó la bragueta del pantalón con los dientes.

—¡Kimizuki! Argh...no hemos terminado...—intentó empujarlo, débilmente, con la voz en un hilo. Shiho alzó la vista con la esperanza de verlo sonrojado. Temblaba, después de todo, con la misma fingida inocencia del pasado en sus viejas provocaciones. Su semblante, sin embargo, era frío. Expresó cansancio.

Kimizuki Shiho se irritó. Con bolsas bajo los párpados inferiores, tan falto de color y de sal en la sangre, Saotome Yoichi no era sino un fantasma de su lujurioso ser. No estaba ni siquiera su falsa inocencia.

El Yoichi ante Shiho mantenía las piernas separadas con resignación, sus hombros estaban bajos, sus labios tensos y resecos, torcidos en una mueca de...

Asco.

El estómago se le dio vuelta con los últimos manjares preparados y devorados por Shiho en la última hora. No cedió al malestar, sin embargo.

Aquel rechazo lo incentivó.

Tanto esfuerzo no sería vano.


N/A: Feliz Yule. La estación con el solsticio de invierno ya está tan fría como la relación entre Shiho y Yoichi. Disfruten la decadencia por 1/4 de tercero en disputa. xD

Lo siento, Akane. Soy malvado pero te amo y a estos dos.

Saludos, sobre todo a Mel y quienes agregaron el fic a favoritos o Follow. Que tengan mucho, mucho yaoi de su agrado en adelante.