Buenas Noches, apenas empecé la universidad otra vez y ya mañana no tengo clases… Así que me tome esta noche para revisar el segundo capítulo de esta historia y creo que esta vez no hay HORRORES ortográfico, pero si los hay estaría encantada que quien lo lea me lo haga saber, porque es tedioso tener una lectura con errores y sé que el fanfic anterior tuvo bastantes.

Bueno no quiero aburrir con mi vida, suficiente tienen con las suyas.

Muchas gracias a quienes leen y tengan buenas noches.

Capítulo 2

Espectro del pasado

El universo 10 mantenía la calma en una calurosa madrugada de verano, apenas se oía a lo lejos unos cuantos grillos cantar y uno que otro animalito desconocido que rondaba por las afueras del jardín. Las luces iluminaban tenuemente el patio del enorme templo y su entrada, no había movimiento alguno, ni una mísera alma en desconsuelo causando destrozo, ni una mínima forma de vida husmeando el lugar gracias a la ausencia de algún dios o aprendiz. El silencio dentro del templo era asquerosamente agobiante, el pasillo apenas era iluminado por dos largas lámparas que colgaban del techo, y a lo lejos en la última puerta podía escucharse apenas audible un jadeo entrecortado.

El aprendiz contorneaba con sus manos la delicada figura lila que yacía en su cama, con sus piernas abiertas, arqueándose de placer por cada caricia proporcionada. Sus manos iban y venían rozando el abdomen del joven Shin-jin mientras podía escucharlo susurrar un: -No te detengas…-

¡por supuesto que no iba a detenerse! La sonrisa del joven aprendiz era calidad y feliz, su lengua estaba dispuesta a recorrer esa piel sin ningún tipo de pudor, dejando su saliva en cada parte de aquel pequeño abdomen, incluso en cada rincón de ese cuerpo, sus inquietas manos acariciaban con ímpetu los glúteos, los muslos y sus alrededores. La boca del joven aprendiz descendía llegando a las caderas del Shin-jin y lamiendo cada parte de ellas descendiendo lentamente hasta los pliegues, sintiendo sobre su barbilla el rose de ese pene que estaba completamente erecto y reclamando atención. Tenía la necesidad de introducirlo en su boca, de saborearlo hasta el cansancio, de acariciarlo con su lengua en un vaivén entre cabeza y tronco, pero su destino lo llamaba casi en un grito de suplicio, su deseo estaba aún más abajo y era mucho más profundo.

El aprendiz se incorporó liberando el cuerpo del jovencito por un momento, y en un movimiento con sus manos tomó la cintura volteándolo de manera suave y correspondida. Los pequeños glúteos redondos y bien formados estaban totalmente expuestos a las primeras caricias del aprendiz, a los primeros besos proporcionados y sintiendo como su pene crecía y se endurecía en cada morboso pensamiento de querer introducirse en el, lento, sin apuros, haciendo que sintiese como la cabeza de su miembro entraba por aquella austera cavidad y lo desgarraba hundiéndolo en el placer...placer que solo él quería darle hasta escucharlo gritar.

La oscuridad no le permitía ver ese delicado rostro, pero ello no era necesario porque podía reconocerlo con solo tenerlo cerca y ahora a su merced, listo para recibirlo.

La respiración Zamasu era agitada y jadeante, casi desesperado, perdido en aquel júbilo de comenzar a sentir como la punta de su pene tocaba ese pequeño orificio.

El joven Zamasu abrió sus ojos desesperado, ahogando un leve quejido y sentándose en la cama. Su respiración estaba acelerada y el sudor en su frente caía recorriendo ambos lados de su cara.

Parpadeaba mirando a su alrededor mientras intentaba recobrar la postura, había tenido un sueño; no cualquier sueño, era un sueño húmedo, vergonzoso, aterrador. Las manos del joven estaban tan su dadas y temblorosas como el resto de su cuerpo. Si había algo que realmente lo asustaba era el hecho de haber soñado que poseía a alguien pero mucho más aterrador era sentir la dureza entre sus piernas y que podía marcarse visiblemente en las sábanas.

Un pequeño golpecito en la puerta y esta se abrió dejando ver la figura del viejo Gowasu vestido al mejor estilo Indiana Jones.

-¡Oh! Qué bueno que estas despierto, hora de ir a los acantilados- Dijo el anciano con una sonrisa.

El aprendiz sorprendido aún por la repentina intromisión bajo las manos en dirección a su miembro y respondió: -Estaré listo en un momento-

-De acuerdo- respondió el hombre para luego retirarse.

-Para el antiguo rey y señor de los elfos, hay más de un tesoro reluciente. Dieron forma y forjado y la luz atraparon. Para esconder las gemas en la empuñadura de la espada…- Decía el anciano Gowas en un melódico canto.

A lo lejos podía visualizarse el acantilado, tal vez unos 20 kilómetros más. El camino estaba algo apedreado y arenoso, además podía visualizarse que este se encontraba en ascenso lo que ciertamente dificultaba la llegada al destino, sin embargo, eso no parecía molestarle al anciano que iba melodioso y cantarín, sin preocupaciones y moviendo sus pies al compaz de su música.

-¿No es mejor ir volando?- Pregunto Zamasu algo desanimado

-¿Y para que tienes pies?- Pregunto el anciano sonriente

-¿Y para que puedo volar?-

-¡Shh!- Reprendió el viejo en un gesto de silencio. -¿Qué harías si no tuvieras el poder de volar?-

Zamas resoplo y respondió: -Caminar-

-¡Pues camina!- Respondió con otra gran sonrisa.

-Este no es el caso, puedo volar…-

-se… y también puedes hablar- Respondió Gowas fatigado por la subida del camino.

El aprendiz volvió a resoplar esta vez algo molesto y respondió: - ¿Cuál es su problema?

Gowasu volteo un segundo y pregunto: - ¿Y cuál es el tuyo?

- ¡Que estoy cansado!-

- ¡Ja! ¿Y que harás cuando seas un dios creador? ¿También estarás cansado y no crearas nada?

-¡No es lo mismo!- Respondió enojado

-¡De acuerdo!- Dijo sonriendo – Que mal genio que tienes hoy…-

El silencio invadió por un momento, finalmente el anciano había cerrado la boca para dar algo de tregua a su aprendiz malhumorado, aunque reconocía que le agradaba molestarlo ¿Qué había de malo en ello? A veces hasta creía que este también disfrutaba que lo molesten.

-Lo siento…- dijo Zamasu en un susurro.

-Ah, no te preocupes- -¿Todo esta bien hoy?- Pregunto mostrando interés. Tal vez como pocas veces lo había hecho.

El joven mantuvo unos cuantos segundos de silencio y respondió: -Si…-

-Mmm…De acuerdo- respondió no muy convencido

Más bien, para nada convencido. Había retrocedido unos 900 años en el tiempo; como cuando el jovencito apenas pisaba el templo y de el no salía una palabra ni con forceps, tal vez una taza de té le solucionaría el asunto pero aun así jamás sabría que ocurría realmente. Obligarlo a hablar tampoco era una opción, porque de todas formas hasta podría mentir.

Su idea se volver a empezar para conocer a su alumno había estado dando vueltas en su cabeza durante varios años, sin embargo, temía que este pudiera tener algún recuerdo… siempre era lo mismo, el obstáculo siempre era el mismo, ni en 1000 años mas lograría conocer a su alumno si antes no quitaba esa estúpida idea de que pudiera recordar.

Gowasu se detuvo repentinamente; la palabra recuerdo le había traído un viejo recuerdo, justo antes de que la bruja lo manipulara, este había ido al planeta Kai-shin; algo extraño para el… Ni siquiera había tenido en cuenta algo que tal vez era clave para comprender al menos un poco de su alumno. Había sido tanto su miedo que jamás oyó con atención el preciso instante en que Zamasu decía conocer al kaioshin del este; un joven que había sido un tanto especial por nacer en una época invernal y que además predominaba sobre el una extraña aura; imposible de no notar, en su caso claro, que era experto en reconocer seres de otros planos… sin embargo, hasta eso solía ser solo una barata impresión y algo de lo que no se debía confiar… porque de todos modos, el supremo del este solo era un Kaioshin.

Pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos por el jovencito quien había frenado sus pasos al igual que su maestro: -¿Qué sucede?-

El anciano en un respingo por volver bruscamente a la realidad respondió: -¡Oh! No es nada- - ¿Sabes? Creo que mejor volaremos hasta llegar-

-¿Se encuentra bien?-Volvió a preguntar extrañado.

-Si, solo estoy cansado. Recordé que ya no tengo tu edad y que estoy demasiado viejo para caminar bajo este sol-

-De acuerdo-

El resto del camino transcurrió en silencio. Gowasu había enmudecido, no dejaba escapar ni un suspiro, o mejor dicho; de este no salía ni un suspiro ni nada parecido, y podía decirse que por primera vez este sentía una especie de remordimiento mezclada con la curiosidad de saber de qué hablaba Zamasu aquella vez. Pesaba que tal vez podría hacerle una breve visita al supremo del universo 7 e intentar recordarle aquel día en que correspondió el abrazo de su aprendiz, además también sentía algo de curiosidad porque desde lo ocurrido jamás se escucho un reclamo por parte del supremo del universo 7, o tal vez es que no estaba interesado en todo el berrinche de ese día…

Sin duda visitar al supremo era peligroso y de hecho era algo que el anciano no deseaba nombrar, aun así, debía aunque sea hacer un intento por investigar sobre su alumno, siempre y cuando esté no lo notase.

-Aquí nos quedaremos- Dijo Gowas mirando al horizonte frente al mar -Es un bonito lugar ¿No crees?

-Claro- respondió haciendo una pequeña sonrisa

-Bueno, mi objetivo esta cumplido y ahora me sentaré aquí a descansar y ver la caída del primer sol. Así que… puedes ir creando algún tipo de comida-

-¿Qué?- -No se crear comida-

-Pues aprende-

-Ay… maestro por favor…- Replicó angustiado dejándose caer en el pasto

-Vamos… piensa en algo que te agrade… no lo se. ¡Un pastel!-

-No me gustan los pasteles-

-¡Oh! Entiendo. Entonces ¿Qué te gustaría comer?-

Zamas pensó un momento y luego respondio: - una cazuela de Udon-

-¡Puajj!- Dijo el hombre con un gesto de desagrado. -¿Comes Udon?-

-Sin caldo de pescado…-

-Mmm… pues yo prefiero algún Ogirini-

-pobres peces…-

El anciano viró hacia su alumno sorprendido y respondió: -¿Cómo?-

-Se que son parte de la cadena pero no me agrada comerlos-

Gowas hizo silencio unos segundos y luego respondió: - Es cierto, no comes animales, lo había notado antes pero jamás te dije nada porque supongo que tienes tus razones. Pero… ¿Y porque comes vegetales? Puedo deducir que estas respetando la vida de un ser vivo pero las plantas también son seres vivos-

Zamasu hizo una pequeña sonrisa y respondio: -A pesar de que las plantas no tienen un sistema nervioso, ellas pueden sentir también, los árboles incluso parecen temblar cuando sienten que van a ser talados. Y eso no es una novedad, es decir, les arrebatan su vida cuando justamente el juego de este universo es sobrevivir. Comprendo que la vida es cruel hasta para la más grotesca partícula, pero elegí comer plantas y vegetales para sustentar este cuerpo antes que alimentarme de un animal, pero eso no significa que este mal comer animales, un león necesita comer carne y otros animales necesitan comer plantas. Eso no los hace mejores ni peores… Es igual. ¿Qué está bien y que esta mal maestro?-

El hombre había quedado meditando en esas palabras un momento. En verdad su alumno había dicho mucho más de lo que esperaba y hasta la charla comenzaba a ponerse interesante.

-Bueno… ¿Tu que crees que esta mal y que esta bien?

Zamas miro el horizonte y respondió sin titubear: -Está bien tomar de la naturaleza lo necesario para sobrevivir, esta mal abusar de la naturaleza por codicia, avaricia y todo lo que tenga que ver con querer sólo por un mero capricho- - Los humanos, toman hasta el cansancio todo lo que quieren, sobrepasan los límites de su propia naturaleza y ni siquiera son capaces de agradecer a la maravillosa creación de la vida por ese regalo…-

-Oye, oye espera…- interrumpió Gowas. -Creo que hemos llegado a la parte en donde debes pensar ¿Por qué crees que eso está mal?-

Zamasu sonrió esta vez algo irónico y respondio: -¡Ha! ¿Es chiste? Destruyen todo a su paso, no tienen respeto por otros ni tan siquiera por ellos mismos ni entre ellos mismos, se lastiman, se golpean, maltratan la naturaleza, desperdician la vida, se creen únicos, corren contra el tiempo y hasta quieren controlarlo, lo único que hacen es querer y desear más y más, nunca están contentos y si pueden dañar a otros para conseguir un instante de felicidad lo hacen. Entonces dígame usted maestro ¿Qué tan grandioso es un humano si no puede ver la maravilla de la vida?-

-Zamasu… Ellos deben aprender…-

El joven interrumpió rápidamente: -¿Cuándo? ¿Cuándo aprenden? ¿De que aprenden? ¿De sus errores? ¡No los ven! El humano es un error creado por los Kaioshin y si se les dio la capacidad de pensar y ser conscientes pues creo que entonces la falla esta desde la creación porque hasta ahora no conozco un humano que haya sido consciente y fiel a si mismo y a su entorno. El humano no es más que una extraña criatura codiciosa de poder y sangre…-

Gowas interrumpió nuevamente: -Oh… creo que dejaremos esto por hoy-

-No, usted me arrastró hasta aquí y quería escucharme decir esto y esto es lo que pienso, lo que sucede es que usted no quiere escuchar lo que no está dentro sus expectativas y tampoco quiere aceptar que la humanidad es un completo desastre, usted no acepta que su creación es un fiasco…-

-Zamasu, debes entender…-

Zamas interrumpió al instante y respondió: -Entiendo que solo hay un mundo de maldad-

Esa conversación sin duda, había dejado perplejo al anciano kaioshin. Ni siquiera era necesario un té de hojas rojas para comprobar lo irritado, molesto y oscuro que se encontraba su alumno, ahora podía sentirse realmente estafado por esa bruja que supuestamente había acabado con los recuerdos de la caja maldita que había puesto farsas en la cabeza del aprendiz. Por nueve años se había mantenido alejado de los temas relacionados con la humanidad para no descubrir lo que en esos momentos se estaba manifestando; un aprendiz con odio hacia ellos. Nueve años observándolos bajo el silencio de su aprendiz que solo se limitaba a eso; observar.

Gowasu no tenia preocupación mas grande que la que manifestaba en su presente, sin duda, el Zamasu que hace 9 años atrás tenía un rechazo hacia la humanidad, no se comparaba con el que estaba frente a sus ojos, el cual desprendía un odio y una repulsión intensa hacia la vida inteligente…¿Qué había hecho?

Por primera vez y como nunca antes su alumno había sido capaz de enfrentarlo y hasta podía decirse que lo había dejado sin palabras.

Los minutos pasaban lentos para un dios destructor que estaba a punto que caer en un profundo sueño, y no era para menos, porque había llegado del planeta tierra desde unas cuantas horas, con la barriga llena y aturdido por el bullicio de la corporación capsula. Si algo predominaba en esa casa era el desfile de familias y críos, más que una casa aquello parecía un hotel de alojamiento. Sumado a su cansancio, venia un aburrimiento por la ausencia de su asistente quien se había tomado unas cuantas horas para entrenar a Vegeta,.

Cada vez que recordaba que su asistente estaba ocupado los segundos pasaban más lentos y hasta tenía la sensación de aburriste mucho mas, ya que Wiss además de ser su asistente y su protector también era una especie de compañero con el cual podía charlas por largas horas

-Esos chupa ángeles están quitándome la atención de Wiss-Pensaba el gato en repetidas oportunidades, porque no sólo Vegeta entrenaba con él sino que además se había colado el pendejo Goku y sus incansables ganas de pelear… pero ¿Qué más podría hacer? Todo era su culpa por permitir de alguna manera tener una "amistad" con los humanos.

De tanto en tanto daba alguno que otro bostezo mientras observaba la tv apagada esperando que mágicamente se encendiera, pues era tanta la flojera que ni siquiera tenía fuerzas para encenderlo, pero por fortuna, y para consuelo de su aburrimiento el pez oráculo hacia acto de presencia. Este traía consigo (y como siempre) una inmensa alegría con una sonrisa más amplia que su propia cabeza, y Bills ya especulaba que el simpático ejemplar consumía algún tipo de droga de la felicidad porque no había un solo día en que dijera: -Oh… estoy tan triste-

Moría por escuchar al pez decir que estaba triste, y no era maldad… aunque tal vez sí, porque el condenado sonreía hasta cuando decía que podrías morir… y eso si era maldad.

-¿Y qué te trae por aquí?- Dijo Bills dando un amplio bostezo

-¡Ooh! Es que observar el entrenamiento me aburrió-

-Ag… es cierto…- - Y lo único positivo de tener a esos humanos aquí es que puedo comer nuevos banquetes deliciosos-

-Eso se oyó a que eres un interesado-. Respondió el pez con una sonrisa.

Bills salto de su sillón y respondió:-¡Por supuesto!- -¿Qué esperabas?-

-No lo sé, tal vez un poco de afecto-.

El gato abrió sus ojos sorprendido y contestó:-¡¿Quee?! ¿Afecto?- -¡A lo único que le tengo afecto es al ser que me mantiene con vida!-

El oráculo hizo un momento de silencio pensativo y luego respondió:

-¿A si? Pues no lo parece-.

-¿A qué te refieres?- pregunto el gato un poco molesto y frunciendo el ceño

-Me refiero a que no morirás hoy-

Una gruesa vena se dejo ver en la frente del gato, y su motivo se debía a que estaba perdiendo la paciencia, porque el pez cizañero disfrutaba creándole problemas y hasta pensaba que un día moriría y no precisamente porque el dios creador muera; sino por un ataque al corazón provocado por el condenado bicho.

El gato morado clavo sus garras en el sofá y dijo:

-¡Dime de una vez!- - ¿Acaso el supremo Kaiosama está en peligro?-

El pez volvió a sonreír y respondió:-No, pero lo estuvo-.

Bills pensaba en lo dicho por el oráculo mientras esté continuaba divertido en su acuario de 1x1. La confusión llevaba al dios destructor a continuar preguntando, aunque en realidad las flechas apuntaban en otra dirección…

El pez dio un par de vueltas mas y volvió a hablar quitando a Bills de su estado estupefacto: -El supremo Kaiosama casi pierde la vida en manos de majin bo-

Casi interrumpiendo el gato pregunto: -¿Y quién es majin bo?-

-Bueno… majin boo era una criatura malvada creada por un antiguo mago, y este fue liberado 2 veces, la primera vez asesino a todos los supremos de este universo a excepción del joven supremo Shin quien sobrevivió con la ayuda de sus compañeros y su asistente, y la segunda vez fue liberado hace más de un año en el planeta tierra y no hubiese sobrevivido si no fuera por ese sujeto llamado Goku y sus amigos-.

El relato había confundido a Bills, y no pudo hacer más que tomar asiento y pensar los motivos por los cuales su asistente no había acudido a la ayuda del supremo sabiendo que sus vidas estaban vinculadas y además, ¿Por qué no le había contado nada de esto luego de despertar? No habían pasado días desde lo sucedido… por el contrario habían pasado años y según el pez, Shin había estado en peligro en dos oportunidades. En el fondo, temía que su asistente no tuviera una respuesta convincente para esto y que pudiera estar ocultando algo. Ya desde hacía tiempo en su cabeza solo pasaba la idea de que Wiss quería deshacerse de él y poner a Goku como dios destructor, pues, un dios destructor puede venir de cualquier planeta, pero un dios creador no. Por otro lado, sabía que Goku era fuerte y podía decirse que aun no sabía hasta donde llegaría.

Sin duda, el dios destructor comenzaba a sentirse más ofendido, y en los últimos tiempos lo que solía decir como un chiste con respecto a que Wiss quería remplazarlo, en los momento actuales ya no le sonaba gracioso y mucho menos quería decirlo enserio, porque su vida había estado en riesgo 2 veces y el maldito ángel no había quebrado ni una uña.

-¿En dónde estaba Wiss cuando esto sucedió?- Pregunto Bills

-yo creo… Que deberías preguntárselo a él-

Tal vez esa respuesta era la que esperaba, ya que en esas palabras había mucha razón. No había nadie mejor que el ángel para responder aquello, aunque no estaba seguro de querer saberlo ya que su temor crecía al pensar que Wiss podría traicionarlo.

Por dentro estaba furioso, a punto de hacer explotar cualquier cosa que tuviera enfrente, aun así, por primera vez intentaba calmar toda esa maraña de sensaciones por sí solo y en silencio, lo cual intuía que tampoco iba a durar demasiado. Si había algo a lo que era intolerante era la traición.

Bills era explosivo, caprichoso, a veces también; como un niño quejoso, pero si había algo que el asistente le había enseñado era a no traicionar, a respetar, a ser educado, a pedir por favor, a escuchar, a dar oportunidades, pero por sobre toda las cosas a no traicionar la confianza de nadie, y hasta se sentía doloroso que justamente quien le enseñó a sobrevivir hoy le estuviera dando la espalda.

Pero tampoco era algo que sabía con exactitud y por mucho que quisiera esperar a estar calmado, no funcionaria con él, porque eso… era algo que no había aprendido.

Pocos segundos pasaron para que saliera disparado por la ventana en busca de Wiss y casi desesperado, lo cual no tardó el visualizarlo y como estaba furioso tampoco importaba si destruía parte de su planeta. Al instante y solo con una mano había creado una especie de bola de energía morada que tenía como destino caer sobre los Sayajines y quienes apenas pudieron esquivar.

-¡Fuera de mi planeta cucarachas invasoras!- Vocifero Bills

-¿Eh?- Alcanzaron a decir los Saiyajines

-¿Y ahora que hice?- Pregunto Goku.

-¡Cierra la boca y vete!- Volvió a gritar Bills

La mirada molesta del dios destructor pronto cambio en dirección a Wiss, y este observaba en silencio toda la situación y el griterío previo conservando su rostro inexpresivo, ahora también sabía que a esas alturas el problema no era con los saiyajines; sino con él, era simple de deducirlo porque ese ataque lanzado había sido como una especie de espanta suegras, y si hubiese querido hacerles daño; en efecto, lo habría hecho.

-Tu…- Dijo con la voz algo trémula a causa de los nervios que intentaba ocultar. -Dime porque pusiste en peligro la vida del supremo Kaiosama?-

-¿Qué? ¿El supremo Kaiosama está en peligro?- Pregunto Goku entrometiéndose

Bills volteo furioso y con sus ojos chispeantes vociferando: -¡Cállate maldita sea! ¿Cuándo dejarás de meterte en asuntos que no son tuyos? ¡Vete o te volare en pedazos juntos con tu despreciable planeta?-

-Vamos kakaroto-. Dijo vegeta volteando a dar la espalda al escándalo.

-¿Qué? Pero estamos entrenando-

-No seas imbécil ¿No te das cuenta? Además está diciendo que nos vayamos-.

-Pero…-

-¡Ag!- -Obedece estúpido, el es el dios destructor, no es tu amigo, ¡Ya vamos!.-

El saiyajin hizo un gesto de decepción antes de caminar y acortar los pocos centímetros que faltaban para llegar a Vegeta. El príncipe era como una especie de conciencia para Goku, y no es que el hombre más fuerte de la tierra sea un tonto, solo que a veces no sabía cuando era "basta". No paso mucho tiempo cuando finalmente los sayajines abandonaron el planeta dejando a Bills y a Wiss a solas.

-Habla ahora- Dijo el gato sosteniendo la mirada con Wiss

El ángel ni siquiera alcanzaba a hacer una mueca parecido a una sonrisa, sus ojos al igual que los de su amo estaban clavados en su figura, inmóvil y con pocas palabras que sonarán contundentes, argumentativa, pero además, tampoco sabía que decir o como empezar a hablar.

Recordaba que años, cuando había sido dividido de Neptuno y apenas era un felino humanoide proveniente de un planeta que se situaba a millones y millones de años luz de la galaxia en la que se encontraban; tuvo la vaga idea de recordarle a Bills quien era o que fue, e incluso se lo dijo en repetidas ocasiones cuando aún caminaba en cuatro patas y usaba un chupón para aplacar su hambre.

-Señor Bills… Usted es y será la eterna energía negativa de Neptuno, durante millones de años han sido uno pero luego cuando trascendió decidió separarse y enviarlo como dios destructor desde que los universos fueron creados en esta dimensión, así ha estado en miles de cuerpos recordando y olvidando una vida tras otra, lástima que haya sido dividido para crear un gemelo en esta última vida … Pero mi querido Neptuno sabe lo que hace así que usted no debe preocuparse. Después de tantas vidas usted vuelve a vincularse con Neptuno y sé que en el fondo conoce el motivo. Por eso señor… usted debe ayudarlo y recordar también.

solía repetirlo unas 99 veces al día, en su baño diario, en su desayuno, cena, antes de dormir y cada vez que podía hacerlo, porque para el ángel era imprescindible que estuviera bien despierto. También, solía repetirle incansablemente que Shin venía a cumplir una misión y que debía ayudar a recordarle, porque nadie más que él sabía los planes de Neptuno, y es que ellos eran uno solo.

Sin embargo con el tiempo su corazón había sido bloqueado por los pensamientos, y había sido advertido miles de veces, incluso su propio padre solía decirle:

-No dejes que tus pensamientos te confundan con lo que eres en realidad-.

Tal vez para el ángel esas palabras habían llegado tarde, cuando su sed de deseo ya lo había consumido por completo. Cuando era inevitable detenerse en el afán de recuperar lo que alguna vez creyó que le pertenecía. Soltar a Neptuno había sido la decisión más difícil de tomar, lo amaba y lo odiaba, como se ama y se odia a sí mismo, ya no era cuestión de voluntad, y en ese entonces el deseo de poseer actuaba por sí solo.

El día que logró pasar aquella red que separaba sus pensamientos de su "yo" real, había renacido el verdadero amor que tenia hacia Neptuno, y el falso amor/odio se habían esfumado.

El rápido parpadeo en sus ojos y la vuelta a la realidad, tenían como protagonista al eufórico grito de Bills quien esperaba su respuesta.

-¡Llévame con el supremo Kaiosama!-

La voz del Bosque

El sol aun no había salido en el planeta supremo, de vez en cuando Kibito daba ligeras miradas por la ventaba del templo visualizando la oscuridad y el contorno de los árboles que se situaba en el bosque del sur, si el Elder o Shin lo vieran, dirían que el hombre fantaseaba con alguna película terrorífica y que de allí saldría alguna especie de creatura fantástica...pero nada de eso, más bien quería comprobar que el alba no estuviera próximo o de otra forma no resultaría lo que tenía en mente.

En el último año Kibito había gastado la mayoría de sus cartas intentando; principalmente, conocer o reconocer la atávica energía de Shin. Había quedado extasiado, asombrado de aquello que sintió, siendo el protagonista de presenciar a lo que él empezó a llamar "energía cero", capaz de existir y moverse sin la necesidad de la materia; no obstante, hasta allí llegaba su conocimiento y si podía llamarlo conocimiento, porque aquellos libros que había leído sobre temas esotéricos, no le había solucionado nada, por el contrario, habían clavado más dudas. Dio una última mirada a la sala que daba al pasillo y se dispuso a salir del templo.

A decir verdad, la madrugada no era el mejor horario para salir, sobre todo porque que su edad ya empezaba a fallarle la visión, pero si quería hablar con algún duende debía hacerlo en la noche, más precisamente en la madrugada. No tenía idea de porque estos elegían la oscuridad para salir y además… tampoco sabía cómo eran… aunque tiempo atrás había visto uno pero solo de lejos.

Adentrándose en el camino del Sur, el hombre se detuvo unos segundos a meditar, ¿Realmente encontraría algún duende? Tal vez estos habían abandonado el planeta asustados o quién sabe, de todas formas, tenía que intentar localizarlos y hablar con alguno de ellos.

Kibito estaba desesperado, necesitaba ayuda de alguien que pudiera guiarlo con respecto a Shin, y quizás los duendes no era la mejor opción pero ¿A quién mas acudir?¿Al Elder? Este tenía miles de años pero a decir verdad no era el indicado para conversar ese tipo de temas, y quizás… ese tipo de temas no eran posible hablarlos con nadie.

Sin darse cuenta, el hombre había llegado al inicio del bosque, donde los árboles eran mucho mayor de lo que podría considerarse "normal" notando a su vez que estos poseían un brillo que a distancia del templo no era visible, parecían irradiar luz; algo fluorescente, como un bosque encantado o algo así…

-¿De verdad existe un bosque así en este planeta?-

Pensaba frunciendo el ceño extrañado pero también sorprendido. Había vivido más de mil años allí y jamás se había puesto a explorar el gigantesco planeta. A veces pensaba que era demasiado grande para 2 supremos y un asistente, y pues es que estos no usaban más que la parte central, a excepción de Shin que era algo más curioso y bueno… explorar su propio planeta solía ser una aventura; no obstante, jamás había oído hablar de aquella zona arbolada.

-¿Hola?- Dijo el hombre mientras observaba el lugar.

Pero no recibió respuesta, lo único que podía escucharse era el canto de los grillos y seguramente de algún otro insecto, así como solo podía visualizar las luciérnagas que pasaban como flash frente a sus ojos. Escuchaba el río a los lejos, y sin pensarlo mucho emprendió camino en aquella dirección, tal vez si seguía el río encontraría algo o alguien pensó; de otra forma, volvería al templo y dejaría esa loca idea de buscar criaturas de cuentos de hadas.

-¡Hola!...- volvió a repetir un poco más enérgico y seguro.

Los ruidos detrás Kibito, hicieron que voltee rápidamente y con la esperanza de encontrar lo que buscaba, pero su decepción fue instantánea al encontrarse sólo con los árboles, millones de arbustos y un sinfín de piedras y rocas.

Kibito suspiro aflojando sus hombros por su cuerpo agotado y su mente estresada, y una vez más hablo: -¡Oigan! Por favor, necesito preguntarles algo, no me llevará mucho tiempo…-

Pero ninguna respuesta surgió para el asistente; aún así volvió a decir:

-El supremo Kaiosama no se encuentra bien…-

-¿Cuál supremo?- Dijo una vocecita escondida.

-¡Shh! ¿Cómo que cuál supremo?- Respondió otra vocecita

-cállate, existen 2 supremos ¿Cuál de los dos?-

-¡Pues el más pequeño!-

-¡Idiota los dos son pequeños!-.

-No inventes el otro es viejo-

-Pero sigue siendo pequeño-.

-Shh… ¡cállate!-

Kibito dio una fugaz mirada a sus alrededores desesperado, buscando las minúsculas voces y diciendo: -Oigan ya no estén jugando y salgan de una vez-

-¡Oblígame gigantón!-.

-Vamos…- Respondió con una voz extenuada. -Ya no se a quien acudir y francamente estoy agotado, no he dormido en meses, las madrugadas son los únicos momentos en los que puedo salir porque ni siquiera tengo valor para mentirle a mi señor…-

Un pequeño silencio invadió el lugar nuevamente, mientras Kibito tomaba asiento en una de las piedras esperando algún tipo de respuesta o que estos se dejarán ver.

-De acuerdo…- Respondió algún duende.

El pequeño salió de su escondite mostrándose frente a Kibito. El tamaño de aquel ser humanoide no era más que de un metro, su piel era algo verdosa, tenía unas orejas puntiagudas similar a los Shin-jins y ojos grandes almendrados. Kibito sonrió de medio lado en un gesto de satisfacción, además por primera vez se encontraba con esos pequeños hombrecitos dueños de innumerables historias y cuentos de hadas, y eran tal cual estaban escritos en los libros.

-De todas maneras estas mintiéndole…-

Kibito lanzo un gran suspiro y respondió: -Lo sé…- -Gracias atender mi llamado-

-Olvídalo… ¿En que podríamos ayudarte?- Pregunto el duende mayor.

-Bueno… El supremo no está muy bien que digamos...-

-¿Está muriendo?-

-¡¿Qué?!- Gritaron varios duendes saliendo de su escondite. -El supremo está muriendo. Estamos perdidos, estamos perdidos-.

Un alboroto de duendes empezó a corretear de un lado a otro mientras otros gritaban desesperados y asustados, en tanto Kibito intentaba hablar.

-¡Es el fin! ¡Apocalipsis!-

-Oigan… ¡No! El no está muriendo ¿Qué sucede?-

-¡Ya cálmense bola de enanos estúpidos!- Dijo el duende mayor enojado. -Sucede que somos producto de su imaginación y no ha habido otro Kaioshin en cientos de años que nos haya dado vida. Si el muere moriremos también-

Kibito abrió sus ojos sorprendido y respondió: -Oh… Asombroso…-

-Lo sé, fuimos creados cuando él era un niño y eso lo convierte en nuestro dios.-

-Ya lo creo…- Respondió en un susurro.

-¡Todo esto!- Dijo abriendo sus manos y ampliando el panorama- Va cambiando conforme a sus pensamientos, y si lo cree… pues lo crea… Y debo admitir que tiene una importante imaginación- Finalizó con una sonrisa

-¡Y además! Abre portales- Dijo otro duendecillo.

-Cielos…-Respondió el hombre mirando el bosque. -ahora entiendo…- -Pero… oye dices que ¿abre portales?-

-Pues claro y de esa forma visitamos todos los universos- Respondió el duende mayor - Ahora dime ¿Cómo podemos ayudarte?-

-¡Oh si!- Dijo sorprendido. -Bueno… el supremo Kaiosama dice estar deprimido aunque yo no lo veo así, más bien intuyo que esta algo confundido-.

-¡Pues claro! Si perdió la memoria-. Grito un pequeño a lo lejos.

-¡Shh cállate tarado! El no perdió la memoria ¡Está hechizado!-

El asistente hizo un gesto negando con su cabeza y aceleró su pregunta:-¿Cómo? ¿De qué están hablando?-

-¡No está hechizado esta embrujado!-

-¡Es lo mismo idiota!...-

Kibito interrumpió la discusión alzando su vos y pregunto:

-Esperen ¿Cómo que esta hechizado? ¿De qué están hablando? ¿Acaso es un cuento de hadas?-

-Más o menos- Dijo una pequeña duende bonita y coqueta.

-¿Cómo?- Pregunto Kibito

-Escucha gigantón, no sabemos qué sucedió, pero el supremo Kaiosama convive con una energía oscura desde hace tiempo y eso obstruye sus pensamiento-.

-¡Es cierto! ¡Ha matado a sus tulipanes y a las aves! ¡Pobres creaciones!- Dijo un duende a lo lejos

-¿Qué?-Volvió a preguntar Kibito ya mucho más confundido- ¡Oigan, ya! ¡No entiendo nada!-

-¡Nosotros tampoco!- Respondió el duende mediano.

-¡Ya cállense lo están confundiendo!-

El hombre dejo escapar un suspiro, poco después notaba como el amanecer podía verse en el horizonte. -Escuchen, el día se acerca y debo volver al templo, no quiero que el supremo sepa que estoy investigando sobre su pesar ¿entienden? Porque estoy seguro que esto no es depresión, además estuve fusionado con él y estoy seguro de él no pertenece aquí, no sé cómo explicarlo…No lo sé-.

El duende mayor interrumpió y dijo: - Por que no es de este mundo-

-¿Qué? –

-¿Querías que alguien te lo confirme? Pues ahí tienes, Sin embargo no puedes decirle nada al respecto…-

Kibito negó con su cabeza y pregunto confundido: -Pero ¿Por qué?-.

-¡Porque esta hechizado acabará por enloquecer y se suicidara! ¡Aaaaaah!- Grito una regordeta duende amarillenta corriendo en dirección al río.

El duende mayor mofó audiblemente mirando al cielo y continuó hablando: -Solo puedes guiarlo a encontrarse o bien buscar a alguien que rompa ese hechizo o maldición… o como quieras llamarlo. Pero si vas a buscar a alguien que le quite esa masa de energía putrefacta tienes que ser selectivo al elegir, porque si algo sale mal puede acabar por enloquecer o lo que es peor; poner en riesgo su vida. También tienes que saber que ese maleficio esta hecho por alguien que no es de este mundo y que hay una probabilidad del 95% que el sujeto elegido para quitarlo falle. Lo mejor que puedes hacer es guiarlo a encontrar el camino…-

El asistente negó con su cabeza varias veces e interrumpió hablando atropelladamente: -Pero, pero ¿Qué camino? ¿A dónde voy a guiarlo?-

-Pues...- Dijo pensativo - Los seres de otras dimensiones más altas a la nuestra no suelen llegar aquí a veranear y están por algo, al igual que el ser que le puso el hechizo ¿No crees?-

-Cielos…- Susurro Kibito en un suspiro -Estoy… estoy… ¡Tan asustado!- - No sé qué decir, ni siquiera sé por dónde empezar ahora y no creí que algo oscuro estuviera perjudicando a mi señor. Pensé que el solo era de otro mundo y que necesitaba comprender eso… o ¡No se!. Lo siento… ya no sé lo que estoy diciendo-

-Descuida, quisiéramos poder ayudarte de alguna otra manera. Nosotros también necesitamos que despierte, su negatividad ha cerrado los portales que nos comunican con el planeta tierra y otros sitios. Ya no podemos proteger la naturaleza y tampoco podemos viajar por los universos. Somos seres interdimensionales y atemporales, cuando un Kaioshin nos inventa podemos elegir nuestro hogar. No deseamos abandonar el sagrado planeta pero necesitamos tener comunicación con los mundos ¿Entiendes? Además…

-Ya es suficiente Zeta-. Dijo un duende algo anciano interrumpiendo.

El duende mediano revoleo los ojos y dijo: - ¡Ahh! Solo eso faltaba, el duende viejo y sabio.

-Señor Kibito, si usted quiere ayudar al supremo Kaiosama le sugiero que viste a una vieja amiga.-

El asistente interrumpió hablando atropelladamente: -¿Y… y en donde puedo encontrarla?-.

El anciano Duende giro su báculo de madera en dirección al este y respondió: -En el planeta tierra-

La claridad se asomaba por la ventana del joven Supremo que apenas dormía hacía unos 40 minutos. No paso mucho tiempo desde que había logrado conciliar el sueño. Sus ojos hacían fuerza intentando no dejar pasar la luz, pues pese a estar dormido podía sentir aquella claridad. Giro su cuerpo para darle la espalda a la ventana, tapando su cabeza con las sabanas, sin embargo, la puerta se abrió dejando ver la figura del anciano Kaioshin.

-¡Oye! ¡Despierta!- Dijo alterado.

El supremo murmuro por lo bajo haciendo más fuerte el contacto con las sabanas en su cabeza y volvió a girar apoyando su cara de lleno en la almohada.

-¡Oye! te dije que despiertes, tienes que levantarte ahora-.

-Es temprano aun…- Respondió apenas sonando audible.

El anciano hizo un gesto de molestia caminando hasta la cama y con toda sus fuerzas tiro de las sabanas y gritando: - ¡Despierta ahora porque afuera se encuentra Bills el destructor-.

-¡¿Qué?!- Respondió Saltando de la cama.

El rostro de Bills lucia completamente irritado, sus pierna estaban cruzada al igual que sus brazos mientras observaba a Kibito colocar las tazas de té en la mesa, esperar no era algo que le agradase, y el Supremo del este ya se estaba tardando demasiado para su gusto.

El ángel, desde la salida del planeta de su amo no había cambiado su expresión seria y preocupada, estar allí adentro no le traía buenos recuerdos y la ultima vez todo había salido muy mal, por su culpa claro. Si bien, había tenido la oportunidad de ver a Shin en el torneo de Champa y Bills, no habían cruzado palabra alguna y podría decirse que estaban próximos a los 10 años de haber dejado de comunicarse. Pero Wiss tenía una sensación peor, cargada de inquietud y nerviosismo la cual intentaba aplacar detrás del silencio, sabía que Bills no lo había llevado a pasar una linda mañana de te; sino que buscaba quitarle la máscara frente al supremo y preguntarle directamente si al menos había intentado llamar a su asistente para que lo ayudase contra majin bo. Tampoco es que sucedería algo intenso, pues Bills estaba muy lejos de poder hacerle daño, sin embargo como leyes escritas para los dioses destructores, este podría hacer una queja al gran sacerdote y comunicar que su ángel atentó contra su vida y la del dios creador con una posible alteración del equilibrio en el universo, y si para el sacerdote fuera relevante acabarían por enviarle otro asistente, no obstante, eso tampoco parecía preocupar realmente al ángel.

En un intento por parecer simpático Kibito intento entablar una conversación diciendo: -Y… ¿Qué tal el universo? ¿Turbulencia?-.

el gato movió sus ojos en dirección a Kibito, esperando que con una mirada entendiera la respuesta.

-Eh… Iré por algún pastel- Respondió el hombre caminando rápidamente a la cocina.

Wiss resoplo y dijo: - Tal vez debimos venir más tarde-

-Cállate- Respondió Bills sonando amenazante pero tranquilo.

Pasaron varios minutos más, antes de que apareciera el Supremo Shin. Su traje se veía elegante como siempre, salvo su cabello que aun estaba algo despeinado; como si lo hubiese olvidado, por otro lado, su rostro lucia cansado y a decir verdad ni siquiera sabía cómo debía comportarse con Bills el destructor el cual desconocía. Sus ojos no visualizaron al gato en primer lugar, y parecía que solo el asistente estuviera allí y que no hubiera nadie más.

El corazón de Shin empezaba a latir con premura; casi insoportable, y aun así no estaba angustiado aunque su cuerpo no le dijera lo mismo, o tal vez sí, porque hacía mucho tiempo no tenía tan cerca al ángel que había intentado besarlo, o más bien, que lo había besado apenas rosándolo… no lo había olvidado.

-Siento la demora- Dijo Shin dirigiendo la mirada al dios destructor.-Me presento…

-Se se…-Respondió en gato haciendo un gesto desinteresado con sus manos - Como sea, solo vengo a preguntarte algo y a comprobar por mi mismo que estas en perfecto estado de salud-

El supremo miro algo confundido a Bills, para luego dirigir la mirada hacia Wiss, y ahora comprendiendo que todo esto venia a raíz de que Wiss estuvo desaparecido durante muchos años.

-Entiendo…- Dijo en un susurro tomando asiento.

-Claro que entiendes, porque mi asistente no ha sido capaz de ayudarte a eliminar a Majin bo ¿No es cierto?-

El joven ángel alzo su mirada para depositarla en Shin, sin duda, esperaba el impacto de sus palabras e incluso esperaba que esas palabras sonaran dolorosas, delatadoras. No había peor castigo para el ángel que ser despreciado por su amado Neptuno, no lo había olvidado, al contrario, y en los últimos años su desesperación había crecido. Pero comprendía que le había hecho un daño irreparable a su ser y que pese a ser perdonado no se sentía digno de mirarlo. Su compañero… su único compañero a lo largo de millones de años y el único capaz de comprender su ensombrecido corazón… lo había arruinado y el recuerdo se lo mostraba cruelmente.

-Yo se lo impedí- Respondió Shin volviendo la mirada a su vinculo.

-¡¿Qué?!- Grito el gato parándose en el sillón para luego saltar y caminar hasta el muchacho -¡¿Cómo se te ocurre hacer esa locura y poner en riesgo mi vida?!-

-Lo siento señor Bills, pero también es mi vida y majin bo era asunto mío-.

El gato enfurecido acortó los últimos centímetros que faltaban para llegar a Shin y luego lo tomo del traje haciendo que este abandone su asiento.

-Escúchame con atención, no voy a morir por imprudencia tuya, desde ahora en adelante vendré al menos una vez a la semana y además le diré a Wiss que me permita verte a distancia, no volverás a cometer otra locura y si lo intentas juro que vivirás el resto de tu vida encerrado en mi castillo…-

-Suéltame- Dijo Shin forcejeando el agarre. -No tienes derecho a manejar mi vida…-

Bills interrumpió aún más furioso y grito: -¡También es mi vida y…-

-¡Suficiente señor!- Dijo Wiss anteponiendo su mano entre los dos.

Rápidamente el gato soltó a Shin haciendo un gesto desagradable con su cara, sin embargo más allá de su enojo para eso estaba su asistente para controlar esa explosión repentina en la que podía ser capaz de atentar contra su propia vida. En ocasiones gracias a esa irá el gato cometía errores por no pensar en las consecuencias.

-Te estaré vigilando- Repitió ya más calmado.

El supremo sostenía la mirada irritada sobre la figura del gato, y podía sentirse realmente molesto por esa conversación. Había notado que Kibito se había quedado inmóvil en el umbral de la puerta, y probablemente aún no había reaccionado, pero no era para menos. El asistente de Shin no estaba preparado para ese momento y tampoco había imaginado una rabieta así por parte de Bills, como tampoco había imaginado que su superior mintiera de esa manera y viéndolo a los ojos.

-Kibito, encárgate de las visitas- Dijo aún sosteniendo la mirada con Bills – Supongo que tendrán hambre-

-¡Sí, sí enseguida!- balbuceo Kibito.

Segundos después el supremo se dispuso a salir de aquella sala. La mañana había empezado un asco, y probablemente ese condenado gato se quedaría el resto del día en el templo.

Camino lo más deprisa que pudo hasta su habitación con el solo propósito de encerrarse y no salir al menos hasta que Bills abandone su planeta. No estaba en sus mejores condiciones, y ver a Wiss tampoco lo había ayudado demasiado. Sus pensamientos se alteraban al mirarlo a los ojos y su corazón latía con fuerza haciendo que hasta llegase a doler. Podría decirse que volver a verlo y tenerlo cerca había sido una sensación extraña que desconocía totalmente y aun no comprendía si ello podía ser agradable o desagradable.

Cerró la puerta de la habitación de un golpe, y allí podía verse la furia de Shin descargada contra la madera que mantenía su privacidad, esta no tenía la culpa, pero cualquier cosa era mejor que dar insultos al gato y armar una guerra. Por otro lado sentía mucho dejar a Kibito sólo, porque el Elder, había salido disparado a quien sabe donde como alma que lleva el diablo y nadie sabría a ciencia cierta cuando el viejo aparecería.

De vez en cuando dejaba escapar algunos suspiros mientras observaba la caja ahora sentado frente a su escritorio. No la había olvidado, por el contrario la había observado toda la noche acostado en la cama, pensando como esa cosa había llegado hasta la cascada. De la emoción por encontrar un objeto antiguo, había olvidado la forma en la que este supuestamente había llegado, porque estaba seguro que esa luz que se adentro en la cascada era precisamente la caja musical. Recordó entonces a las aves, eso también había sido algo curioso y tampoco había reparado en ello, parecía ser que todo era insignificante tras la cercanía de ese objeto que según Kibito y el Elder; estaba averiado.

El leve golpe en la puerta quito a Shin de sus pensamientos, haciendo que parpadee unas cuantas veces hasta salir por completo de su ensueño.

-¿Quién es?-

La voz del otro lado de la puerta, tardó unos segundos en responder, como si dudará.

-Wiss-.

El joven volteo hacia la puerta sintiendo el fuerte golpe en su corazón, en un instante todo su nerviosismo se hizo presente, y sin conocer la causa. Tampoco sabía si responder con un "puedes pasar" porque en realidad ni siquiera sabía si quería eso.

-Lo siento… De verdad no quiero molestarte-. Volvió a repetir Wiss del otro lado.

Para el joven los segundos eran eternos, entre decidir si responder o bien dejar que Wiss interpretará el silencio y se fuera. No sabía con claridad si estaba preparado para hablar a solas. Lo sucedido en la sala había sido fugaz y sin embargo lo único que le intimidaba más que Bills era la mirada del ángel.

Tenía miedo pero ¿De qué? Apenas lo había escuchado hablar y con el firme propósito de calmar al dios destructor o para evitar un desastre por aquel imprudente.

Unos segundos más y el joven se veía corriendo hasta la puerta para abrirla. Allí se encontraba, con el ángel del espaldas aceptando el silencio y dispuesto a retirarse.

-Puedes pasar- Dijo Shin con una voz calma ocultando la marea en su corazón.

Wiss volteo mostrando tranquilidad, dedicándole apenas una mirada apagada, como si le costará sostenerla, camino nuevamente hasta la puerta viendo como Shin le cedía el paso a su habitación. En algún otro momento de su vida hubiese estado agradecido por ese gesto de parte de Shin, pero con el peso que generaba todo el daño y el hecho de ser consciente de aquello, no le daba lugar a siquiera hacer una mueca de sonrisa como forma de festejo.

Sintió la puerta detrás de él cerrarse y entonces su dolor se hizo más grande al saber que Shin estaba confiando nuevamente. No había otra respuesta para ese gesto, podría haberle dicho que hablarían en el jardín y sin embargo estaba en su habitación mirando hacia la desarmada cama del jovencito y a la ventana.

Nunca creyó que su silencio sería tan eterno, y que no tendría palabras para decir sin antes querer caer angustiado en los brazos de Shin y con la suerte de que este quisiera recibirlo.

-¿Por qué…? ¿Por qué le mentiste al señor Bills?- Dijo en un susurro

Shin mantenía el silencio mirando la espalda del ángel, y pensando en la verdadera razón de ello.

-Por qué no me importan las razones por las que no viniste-

-Lo siento…- dijo sonando lastimoso -Yo…-

-Ya no importa Wiss, estoy bien y… tu amo es un idiota-.

El ángel volteo y respondió: -No sabía cómo. ..

Shin interrumpió: -Dije que ya no importa-

-Sí, lo siento-.

Por un breve instante el silencio volvía a embargarlos. El ángel jamás había preparado una frase para este momento y de hecho creyó que jamás iba a volver a tener un momento en solitario como para decir algo o disculparse… o lo que fuera. Tal vez era momento de retirarse, pensó, porque de cualquier forma no habían demasiadas palabras para decir y al parecer Shin tampoco.

Volteo decidido a retirarse, pero el objeto en el escritorio lo detuvo haciendo que sus ojos se abrieran enormemente, sin poder ocultar esa sorpresa delante de Shin, no obstante, intento componerse hablar rápidamente.

-Bonito objeto-

Shin parpadeo unas cuantas veces quitando la atención hacia Wiss y depositándola ahora en la caja y respondió: -Si…-

El ángel camino hasta el escritorio y rápidamente tomó la caja entre sus manos. Parecía como si toda esa sensación de dolor, miedo y vergüenza que venía experimentando desde que había llegado se desvanecieran en cuestión de segundo al ver el objeto. Dio un profundo suspiro y pregunto:

-Y… ¿De dónde la sacaste?-

-La encontré debajo de la cascada del éste-

La mirada de Wiss rápidamente abandono la figura del supremo volviendo a depositar su atención en la caja. Solo una mirada confundida era lo que podía dedicarle a ese inanimado objeto, el cual se suponía que estaba en sus manos desde hacía varios años, y podría decirse que hasta lo había olvidado. En todos esos años lejos de Shin había luchado hasta el cansancio por dejarlo atrás e intentar recordar su posición en el mundo, y por esa razón había ocultado la caja hasta de el mismo. Las preguntas del ángel ahora eran ¿Cómo llegó a la cascada? ¿De qué forma? ¿Quién más aparte de él podía saber el escondite de ese artefacto?

-Toma- Dijo Wiss mostrándose inexpresivo y extendiendo su mano.

Shin tomó la caja y respondió: - Gracias, aunque esta averiada-

El joven asistente fijo la mirada en Shin unos segundo y luego volvió a la caja respondiendo casi para sí: -No es cierto…-.

-¿Qué? – pregunto entre sorprendido y confundido.

-Será mejor que me vaya – Respondió caminando hasta la puerta algo apresurado

-No espera- respondió obstruyendo el paso -Dime... dime porque puedo escucharla-

Wiss medito unos segundos pensando en lo que iba a decir, y por empezar tal vez no debía haberle confirmado que no estaba averiada, esto, sería un nuevo castigo para él y quizás también para Shin… y esta vez, hacerle daño no estaba en sus planes, como tampoco estaba en sus planes ver la caja.

-Wiss, espera – Dijo adelantándose

El ángel freno nuevamente depositando sus ojos en Shin, su corazón le decía que era el momento de huir de aquel lugar. Tampoco quería darle más explicaciones a Shin porque hacer eso significaba poder lastimar lo mucho más. Quien haya puesto la caja en sus manos ciertamente quería ver muerto al jovencito, pensó…

-Lo siento, tengo que irme- Respondió nuevamente esquivando a Shin-

-¡No me dejes solo!- Respondió Shin casi en un grito y asustado.

Su corazón palpitaba fuertemente, asustado, aterrado por aquel sonido que no paraba de escuchar aún sin girar la cuerda. Por un momento sentía que su único refugio era el asistente del dios destructor, que este podía calmar la sensación punzante y quemante que padecía desde hacía tiempo, como si todo lo que necesitase estuviera resumido en ese ser protector.

-Estoy… estoy muy confundido- alcanzó a decir en un murmullo.

El ángel miraba la puerta de la habitación aún cerrada, sus ojos estaban llenos de lágrimas que ahogaba dando la espalda a Neptuno. El miedo podía afilarse las uñas en él como si este fuera un tronco, en otra oportunidad hubiera sido maravilloso que su niño le dijera eso, pero no ahora, no ahora que necesitaba curar sus propias heridas y las de Shin. Quedarse un momento más significaba darle más explicaciones, o por el contrario ver como Shin comenzaba a aferrarse a él cómo lo estaba haciendo mientras se sumergía en sus temerosos pensamientos.

Su respiración se detuvo al sentir el contacto de Shin rodeándole la cintura con sus brazos, sintiendo como su cabeza era apoyada en la parte media de su espalda. El temblor en el pequeño cuerpo del Kaioshin era tan visible como el suyo, dejándolo totalmente expuesto a cualquier sensación existente y sin poder ocultarlas, sin siquiera tener fuerzas para detenerlo o detenerse.

-Tu…- Dijo Shin con voz temblorosa -Tu me haces sentir en mi hogar-

Continuará…