Buenas Noches, espero que todos estén bien y si no lo están, aquí hay alguien en alguna parte del mundo que les envía toda la vibra positiva.

Dejo el capítulo 3 de esta historia, y sé que es un capitulo largo pero no pude resumirlo mucho mas.

En este capítulo decidí remplazar los personajes que yo había inventado para algunas escenas y los remplace por personajes existentes en la serie, los cuales iré acomodando según mi parecer ya que sobre estos nuevos personajes no hay mucho que se sepa.

También quiero informar que hay un flashback y lo que sucede casi en el final, es parte del capítulo 12 Danza del hielo que pertenece a la primera historia.

Quiero informar también que este capítulo contiene algunas líneas que tal vez puedan herir la sensibilidad de alguien o tal vez no, todo depende de la mente de cada uno.

Quisiera prometer que este capítulo no tiene errores ni palabras juntas, al parecer ando un poco ciega así que me disculpo si sucede que si tiene errores, y como siempre estoy agradecida de que me lo hagan saber.

Les agradezco a quienes leen y siguen la historia, y espero que este capítulo sea de su agrado.

Gracias y Buenas noches.

PD: No se si este nombre se escribe: Piccolo- Picollo o Picoro… (tal vez las tres sean incorrectas) yo lo llamaría: Sexy Namekiano orejitas suaves.

Capítulo 3

Tutor

En el planeta kai-shin el espectáculo de ver al niño recién nacido; o mejor dicho de conocer al niño que se suponía que era el hijo de un jardinero, estaba a punto de terminar. Las visitas habían durado varias horas, muchos de los habitantes fueron a darle la bienvenida al pequeño Shin-jin, otros, solo fueron a comprobar cuanto de razón había en que el nuevo niño se parecía a Koro, y otros simplemente se acercaron por obligación como una muestra de agradecimiento a Kaiju.

Algunos supremos kaios murmuraban sobre el paradero de Koro, mientras lanzaban una que otra mirada discreta a la cuna donde se encontraba el bebé. Entre ellos estaba la suprema kaio del universo 5, y sólo andaba allí por cuestiones de estudios los cuales se llevaban a cabo en el castillo. Al escuchar el rumor del nuevo nacido su curiosidad por conocerlo había sido instantánea y no dudo en hacer una pequeña visita.

Ogma, desconocía totalmente el rumor estaba corriendo desde hacía tiempo en el planeta, así que su sorpresa fue grande al escuchar los relatos de varios Shin-jins (Kaios y supremos) , pero la sorpresa de la mujer no se debía a la historia contada sobre un jardinero que enloqueció, su asombro venía de creer en aquella historia y comprobar con sus propios ojos que era verdad.

Las razones por las que Ogma creía en esa historia, eran razones que solo la remontaron a su adolescencia; unos 3 mil años atrás, y estaba a punto de ser enviada al universo 5 por el sagrado kaio. En ese entonces, solía salir de la aldea antes de caer el sol y caminar hasta el árbol para entregarle parte de su energía como forma de gratitud y orar por el bienestar de sus compañeros, ya que la masacre de los kaios no había desistido en años y las muertes y desapariciones continuaban su curso.

Una tarde como cualquier otra, Ogma había terminado su entrenamiento y estaba decidida a visitar al árbol.

Poco después de una ligera caminata silenciosa, llego a unos cuantos metros del árbol en donde pudo ver que no sería un día en el que estaría sola. Un hombre de edad avanzada y piel amarillenta ocupaba el lugar donde solía sentarse y además, no estaba solo.

Una niña que tal vez estaba alcanzando la adolescencia permanecía a su lado, y también estaba segura de que era una Shin-jin; sólo que jamás la había visto, tampoco recordaba que el árbol hubiera dado algún fruto, de todas formas, eso no era relevante ahora. La pequeña tenía una larga cabellera de color gris blanquecino; algo bastante curioso porque la mayoría de los Shin-jin solían usar un corte mohicano como algo sagrado, además la ropa de la niña era bastante extraña para ser la tradicional que usaban en el planeta y estaba algo sucia y desarreglada. Luego de aquella observación Ogma camino hasta acortar la distancia entre el extraño hombre y el árbol.

-Hola- Dijo con una pequeña sonrisa.

El hombre amarillo se sobresalto al escuchar el juvenil timbre de voz, y la pequeña niña a su lado corrió disparada en dirección a los rosales.

-Espera… ¡Towa!- Dijo el hombre intentando detenerla.

Gowasu suspiro cerrando sus ojos y luego volteo a ver a la joven Ogma haciendo una leve sonrisa.

-Lo siento- Dijo Ogma sentándose a un lado del hombre.

-No te preocupes- Respondió Gowasu y luego continuo diciendo -¿Vienes a orar?-

Ogma sonrió y respondió: -Si, lo hago todos los días ¿Usted es un supremo cierto?-

Gowas no tardó en responder y dijo: -Si, hoy es un día en el que desperté con ganas de orar- -Son tiempos difíciles…-

-Si…-

En un breve silencio que hicieron ambos, Ogma volteo a ver en dirección donde minutos antes la niña había salido disparada y no tardó en preguntar: - ¿Quién es la niña?-

El hombre guardo silencio unos cuantos segundos y respondió: - No lo sé…-

-Pero dijo su nombre- Respondió Ogma casi sobre sus palabras.

-Bueno, ella me lo dijo… pero no significa que la conozca- Respondió Gowasu con una sonrisa.

-Pues nunca la había visto-.

-Yo tampoco- -Pero seguramente ha venido a orar como tu-

Ogma medito un momento y respondió: -¿Y porque huyó?-

-¡Oh! Haces demasiadas preguntas-

-Solo le hice dos-

-Pero valen por mil- Dijo sonriendo.

Ogma le devolvió la sonrisa y dijo: -Lo siento, es que sucedieron muchas cosas en estos últimos tiempo y la presencia de esa niña no es conocida aquí-

-No debes preocuparte, ella dijo que tenía un mensaje para Kaiju-

-¿Qué?- respondió sorprendida y luego continuo diciendo - ¿Porque traería un mensaje para kaiju y además que certeza tiene de que la escucha?-

Gowas hizo una pequeña sonrisa mirando al árbol y respondió: ¿Acaso estas poniendo en duda tu fe?-

-¿Qué? ¡No claro que no!-

-Cuestionar la fe de otros es poner en duda tu propia fe, cuando sabes algo desde el corazón, no intentas que otros lo crean, simplemente alcanza con tu propia experiencia. Si la niña trajo un mensaje para Kaiju ¿Qué hay de malo en ello? O es que acaso ¿Ella no tiene la misma creencia que tu, y que yo?-

Ogma miro silenciosamente al hombre y luego al árbol. El anciano le había dado en el blanco, siempre había cuestionado aquello pero en el fondo de su corazón creía que el árbol podía escuchar y que de alguna manera este intentaba bendecirlos con su infinita energía, sin embargo, las muertes y desapariciones de sus compañeros no habían cesado, y allí es donde empezaba a cuestionar sus creencias y su fe. Por otro lado, le preocupaba la niña y lamentaba no haber visto su cara.

-Lo siento – Dijo la muchacha finalmente. – Supongo que todos tenemos derecho a creer que nuestro señor kaiju puede escucharnos y ayudarnos-

-Claro que si…- -y… no debes preocuparte por la niña, seguramente la pasaste por alto y ella vive en la aldea, quien sabe…-

-Claro…-

La joven Ogma dio un sonoro suspiro mientras colocaba sus manos en el árbol y cerraba sus ojos. Una sonrisa se dibujo en sus labios al sentir el contacto con la vieja corteza, porque aquella sensación de calma entre su corazón y mente sólo podía dársela el sagrado árbol del que había nacido, y como nunca antes; había escuchado decir: "Abre los ojos".

•••

Ogma dio unos cuantos parpadeos escuchando de fondo unos pequeños quejidos provenientes de la cuna; motivo por el cual volvía a su realidad actual, y caminaba en dirección al niño.

El bebé de piel verde pálido, comenzaba a mover sus pies y sus manos dejando escapar algunos chillidos, y esto era normal porque desde que había nacido sólo se lo escucho lanzar un sonoro llanto que lo había dejado exhausto y listo para dormir.

La mujer tomó al pequeño entre toda aquella multitud, quienes no paraban de hablar y murmurar una y otra vez la historia del jardinero, y rápidamente volteo a dar una molesta mirada para sus alrededores sin perder la oportunidad de hablar:

-Oigan, el espectáculo término, vayan a contar sus historias a otra parte o no ven que este niño necesita descansar-

Más y más murmullos llegaron luego de escuchar a la mujer, pero con obediencia los presentes comenzaban a retirarse de la habitación, de forma lenta y tranquila, solo una kaio posiblemente enfermera permanecía allí con un biberón y algo de ropa.

Ogma noto a la joven kaio y pregunto: -¿Quieres que yo me encargue?-

-Claro – respondió extendiendo sus manos para entregarle las pertenencias del niño. -No hemos tenido tiempo de bañarlo… ya sabe…- Dijo mientras daba una fugaz mirada hacia la puerta refiriéndose a las visitas que ya se habían ido.

-Oh… no te preocupes, conozco a esa bola de Shin-jins mañosos y solo han venido aquí con sus bla bla bla… y la condena del pobre Koro-

La kaio agachó su cabeza algo apenada y respondió: -Si… lo lamento mucho por Koro, el es un buen hombre-

-Lo sé- Respondió Ogma encaminándose a una mesa que estaba en la habitación y creando con su magia una especie de bañera plástica para el niño. -Conozco a Koro y durante mi infancia solía regalarme pequeños rosales para mi casa de la aldea, aunque jamás había dicho nada con respecto a ser padre... Además en ese tiempo era una niña y probablemente el no hablaría ese tipo de cosas conmigo… ¿Tu que crees?-

La joven alzó su cabeza sorprendida por la pregunta y respondió: -Bueno… no lo sé suprema Ogma. Se dicen Muchas cosas aquí…-

La mujer quitando la fina tela que cubría al pequeño bebé respondió casi sobre las palabras de la joven diciendo: - No me importa lo que piensan ellos, te estoy preguntando a ti que es lo que piensas o ¿Realmente no lo sabes?-

-Es que... Yo sí creo en Koro- Respondió en confianza con la mujer.

Ogma sonrió de lado y respondió: -Lo suponía, igual yo-

-De todas formas… lo que yo piense no solucionará su destino- Dijo apenada.

Ogma estaba dispuesta a responder aquello de forma afirmativa, sin embargo sus palabras se detuvieron al momento de ver como aquella gris mirada la observaba antes de que esta decidiera darle un baño. Estaba totalmente sumergida en esos ojos, sorprendida; dejándolo notar en sus facciones. Aquel color no podía ser real, jamás en la historia se había visto un Shin-jin de mirada cristalina, y ninguno en la historia actual tenía tan sorprendente mirada. Era la primer testigo de aquellos ojos, el destino había querido que los viera, y el destino también quería que viera algo más a través de ellos, pero algo desconecto aquel encuentro con un molesto bramido proveniente de alguien que entraba a la sala.

-jajaja ¿con que este es el niño proclamado como hijo del jardinero?- Dijo Rou con voz enérgica y sarcástica.

La suprema erizo las cejas en un segundo completamente molesta y respondió -¿Qué quieres Rou?-

-Vengo a ver al mocoso ¿o que? ¿No está permitido?-

Ogma hizo un revoleo de ojos, dándole la espalda al molesto Rou y metiendo al pequeño a la bañera. Luego respondió: -No si vas a entrar haciendo un berrinche como enano de edad media-.

-¡¿Qué?!- Dijo Rou apretando los puños con un gesto furioso en su cara.

-¿Y que haces en el planta kai-shin? ¿No se supone que deberías estar en tu universo?-

-Eso a ti no te incumbe, ¿Y tu que haces aquí?-

-ESO… a ti no te incumbe- Respondió la mujer burlonamente-

-¡Jaja! Si que eres ruda-

-Y tu un completo fastidio- Respondió la mujer.

Rou hizo una pequeña mueca socarrona, pero esta vez guardo silencio, discutir con la diosa Ogma no era divertido y hasta el momento esa mujer era la única que lograba hacerlo callar o quitarle las ganas de molestar. Como estaba derrotado la mejor idea era acercarse a conocer al niño de una vez.

Su observación fue rápida, era un bebé como cualquier bebé, pequeño y con molestos gorgoritos que hacía mientras metía una mano en su diminuta boca, su piel era verde pálido; igual que el jardinero, pensó, pero aun así era estúpido de parte de ese hombre creer que podría tener un hijo… tal vez le haría una visita a ese jardinero para divertirse un buen rato. Sonrió nuevamente dándole una última mirada al niño y dijo:

-¡Ja! El sagrado kaio tiene razón, posee una potente energía y al parecer será un Shin-jin de fuerza y destreza física. Bien, acepto ser el tutor del niño-

-¡¿Qué?!- Dijo la mujer casi en un grito volteando para mirarlo directo.

-Ah, si… A eso venía, a conocer al niño que entrenare- Respondió burlonamente y manteniendo una desagradable mueca parecida a una sonrisa. -Supongo que aquí todos son unos incompetentes y por eso el sagrado Kaioshin solicitó mis servicios-

Ogma volvió la mirada hacia el niño y guardo silencio, lo observo unos segundos mientras pensaba en su suerte, porque tal vez lo que le esperaba era un maestro molesto y chillón sin contar las burlas que sufriría si este le recordaba ser el supuesto hijo de un jardinero…. Pero estaba lejos de sus posibilidades hacer algo, y además era indiscutible que Rou poseía unas interesantes técnicas, no solo en combates y demás cosas, también en la creación de materia tanto viva como inerte.

El Kaioshin Rou estaba a punto de retirarse con su repugnante sonrisa victoriosa, ya que como siempre, disfrutaba hacer callar a cualquiera que se cruzará en su camino, más aún si se trataba de un kaioshin.

-Pobre niño…- Dijo sonando audible para el supremo y la joven kaio enfermera que estaba olvidada en un rincón acomodando la cuna del niño.

-¿Qué dices?- Respondió volteando e intentando ocultar su enojo, aunque el timbre de su voz lo delatara…

-Que es una lastima… habiendo supremos como Iru o el jovencito EA que tienen alta reputación, te eligieran a ti que eres muy fuerte pero para nada inteligente-

-¡¿Qué dices?!- Grito furioso volviendo a presionar sus puños e intentando no abalanzarse sobre ella.

Ogma casi sobre sus palabras respondió: -Que eres un infeliz y que no importa lo fuerte que seas si no puedes mantener el equilibrio entre la inteligencia y la fuerza-

-¡Cierra la boca maldita! ¡Ya lo veras, te haré tragar todas tus estúpidas palabras a ti y a toda esta montaña de inútiles!-

-Sisi Rou… ve a contarle a otro el cuento-

-¡Cállate! Tu eres una incompetente y estas celosa porque no te lo dieron a ti…-

La mujer sonreía para el pequeño mientras notaba que debía tener hambre ya que su puño estaba completamente en su boca. Apenas podía escuchar el berrinche del pequeño hombrecillo a sus espaldas; casi como un susurro, y aun así respondió nuevamente.

-Si Cómo digas Rou….-

El hombre continuo vociferando miles de palabras más, pero Ogma estaba lejos de darle atención ahora, su ojos estaban embelesados observando al niño mientras lo levantaba del agua y notaba los redondos y sonrosados cachetes, sus cortas piernas que se cruzaban en sus tobillos y la fuerza que hacía con su boca para succionar su mano; eso, le recordó que estaba muerto de hambre y que debía ser un niñito muy bueno para no llorar durante su primer baño sin contar que este no había sido alimentado.

-Oye linda, deja la cuna y calienta un poco ese biberón, este niñito esta hambriento- Dijo Ogma antes de secar y vestir al niño.

-¡¿Me estas escuchando?!- Grito Rou completamente enfurecido a unos pasos del umbral de la puerta.

La suprema Ogma esta vez escucho claramente al molesto hombre obligándose a quitar la atención hacia el niño. Si no tuviese las manos ocupadas seguramente estaría luchando a puño con ese molesto supremo, aun así, totalmente enfurecida camino a paso firme hasta Rou y dijo:

-¡Ay ya cierra pico enano de jardín!- y en un solo movimiento empujó al hombrecillo fuera de la habitación para luego cerrarle la puerta en la cara. -Que escándalo… lo siento niña pero ese hombre es insoportable-

La kaio luego de observar la escena, tímidamente Respondió -si...-

-Creo que te dejare a ti el trabajo de alimentar al pequeño, yo… tengo que ir a ver a sagrado Kaio y además antes de irme buscare algunos juguetes para este hermoso bebé-

-De acuerdo…-

La mujer abandono la habitación poco después de vestir al niño, dejando a solas a la joven kaio quien alimentaba al pequeño en silencio.

Entre pensamientos y mas pensamientos, los minutos pasaron rápido y para cuando quiso darse cuenta el niño ya se había acabado el biberón y hasta parecía que nuevamente iba dormir, pues la pesadez en sus ojos se lo hicieron notar, lo más seguro es que aquel baño y el liquido caliente lo habían relajado por completo. Coloco al niño en la cuna con toda la delicadeza posible y se dispuso a cerrar las cortinas de las ventanas, luego apago las luces y dejo solo un velador para que alumbrar lo necesario, así el niño podría descansar y ella continuar con sus tareas.

La kaio abandonaba la habitación dejando al niño en soledad, y en ese silencio el bebe había quedado moviendo sus pequeños pies y haciendo uno que otro gorgorito, estaba completamente despabilado; entretenido con aquel móvil de cuna que algún simpático shin-jin había colgado, era uno de esos juguetes que tenía muchos animalillos y giraban si alguien le daba cuerda. La puerta de la habitación del niño se abrió nuevamente, a lo que el bebe solo por ser un bebe le dio nada de importancia, no obstante, su mirada fue desviada al encontrase con el rostro de un niñito.

-Te encontré- Dijo Shin con una sonrisa.

Fin de flashback

La agonía del ángel

Para el joven asistente, era imposible calcular el tiempo que llevaba sentado en la cama de Shin, en silencio, sin hacer un mínimo movimientos y con la mirada bajo sus piernas donde la cabeza del supremo se encontraba recargada. Tal vez, Shin también había perdido la cuenta del tiempo que llevaba en esa posición, y quizás tampoco recordaba como fue que llego hasta allí, de todas maneras, no importaba…

Había olvidado esa sensación de calma en donde podía observar y sentir su respiración; pausada, sin apuros, sin siquiera una gota de preocupación. De vez en cuando podía sentir la mano de Wiss acariciando sus finos y revoltosos cabellos; de forma sutil, rozando cada hebra. En esa placentera caricia es donde se sumergía cada vez más hasta el punto de querer permanecer así para siempre, pero la realidad aún estaba presente y sabía que ello terminaría en algún momento; y no muy lejano.

El rostro de Wiss estaba casi inexpresivo, pero sus ojos le dedicaban toda la atención a Neptuno, su manos; tibias y secas, lo tocaban como si se tratase de un privilegio que le fue concedido, y así lo era… su Neptuno le estaba dando aquella oportunidad. No se había atrevido a moverse por miedo a interrumpir su tranquilidad, lo cierto es que detrás de aquel rostros impasible y en el fondo de su corazón, podía escucharse llorar a sí mismo, hundido en la resaca de todo lo sucedido en los últimos años, en el peso que le generaba tener que esconderse y a la vez soportar aquella situación en la que el mundo se ponía del revés y se encontraba con un Shin que clamaba por su presencia.

La caja había logrado que Shin vuelva a el, y quien se la haya puesto frente a sus ojos sabía lo que hacía…Si hubiese sabido antes que la caja le devolvería a Neptuno, ya lo hubiese hecho el mismo, pero agradecía que no fuera así, porque lo que menos necesitaba ahora era cargar con más culpas, sin embargo, y aunque no lo dejara notar estaba aterrado, asustado, perdido, temeroso de que algo pudiera sucederle a Shin.

Las preguntas del ángel daban vueltas en su cabeza desde el preciso instante en que entro a esa habitación ¿Qué debía hacer? Y más aún con la presente situación, ¿Qué explicación le daría si este comenzará a cuestionarlo? Porque él no había dicho una palabra todavía, pero sabía que ese momento llegaría.

Involuntariamente dejo escapar un suspiro audible que llegó a los oídos de Shin, haciendo que vuelva a la realidad y obligándose a hablar.

-¿Quieres irte?- Pregunto Shin con una voz que al principio sonó carraspeada .

El asistente detuvo sus caricias al escuchar al supremo. Preguntarle si quería irse era el insulto más grande que podía haber escuchado en el día, sin embargo y por mas que tuviera el gusto de gritar que deseaba quedarse, no sabia si decirlo o no, porque confirmar que deseaba quedarse era darle a Shin la oportunidad de notar que aún estaba interesado en el...y ahora también sabía que Shin deseaba estar a su lado.

-No tienes que ser cortés conmigo y decir algo que me conforme- Dijo Shin volviendo a romper él silencio por la ausencia de respuestas del ángel.

La presión en esas palabras hicieron que Wiss respondiera rápido y desde el corazón.

-No quiero irme supremo…-

-Dime Shin- respondió casi interrumpiendo.

-Oh, de acuerdo – dijo haciendo una leve sonrisa que no fue vista por el muchacho. Al cabo de una pequeña pausa continuo diciendo – Aún así… tengo que volver con el señor Bills-

-Entiendo-

Wiss sonrió nuevamente por la rápida respuesta, en cierta forma estaba seguro de que Shin entendía la posición en la que se encontraba, siendo el asistente de un dios y conociendo los límites que este tenía, sin embargo, antes de retirarse le dedicaría unas cuantas caricias más, intentando olvidar cualquier pensamiento negativo… ya tendría tiempo de ahogarse en silencio pero ahora solo quería disfrutar el poco tiempo que le quedaba.

Una nueva y leve sonrisa se dibujo en la cara de Wiss mientras tomaba la decisión de acercarse un poco más y depositar un beso al costado de la cabeza de Shin, como si se tratase de un niño, y en ese instante la puerta de la habitación se abrió para que Kibito se encontrará con aquella escena.

El hombre estaba algo atónito por la escena, sin embargo, para Wiss que había roto el contacto por la repentina entrada y para Shin que continuo en aquella posición; no parecía haberlos sorprendido. Sobre todo el joven supremo que Parpadeaba con lentitud observando la figura de su asistente parado en la puerta.

-Eh…- Dijo el hombre sin palabras.

-Estoy bien Kibito-. Respondió Shin aún relajado

El asistente intento salir de ese asombro y de forma atropellada respondió: -Si, si… bueno, es que el señor Bills decidió irse-

-¡Oh! Ohoho finalmente se aburrió- Dijo Wiss haciendo una pequeña risa, típica de el. -Bien, entonces creo que ya es el momento.

De forma veloz el joven supremo se incorporó para quede sentado al lado de Wiss y preguntar: -¿Cuándo vuelves?-

-Recuerda que el señor Bills dijo que vendrá cada semana-

-Es mucho tiempo- Respondió Shin.

-Lo se…-

Kibito observaba la conversación en silencio, aun confundido por la escena encontrada, y además confundido con la actitud de su superior, quien al parecer estaba como hechizado por el ángel guardián, podía notarlo por ese comportamiento desvergonzado; ese no era el Shin que una hora atrás había abandonado la sala… o quizás estaba exagerando y su superior sólo había encontrado un pequeño consuelo en las palabras del joven Wiss, no obstante, era imposible que a su mente no llegue el recuerdo de la charla que había mantenido con los duendes. Empezaba a sentir de manera involuntaria un escalofrío a lo largo de su columna y una pequeña puntada en la boca de su estómago, como si estuviera experimentando un ataque de nervios que aún no terminaba de deducir el porque, pero lo mas seguro es que todo eso se debía a ver con sus propios ojos como el supremo Shin se abalanzaba sobre Wiss para quedar abrazado a su cuello.

El ángel no correspondió hasta que pasara su sorpresa, pero al cabo de unos pocos segundos rodeo con sus brazos aquel metro cincuenta y cinco frente a Kibito y sin importar lo que el hombre pudiera pensar. En realidad, no importaba la opinión de nadie, ni siquiera la de su amo Bills.

Sabía que estaba cometiendo un nuevo error, pero completamente perdido actuaba conforme a la disposición de su Neptuno. Alejarse el resto del día de Shin era lo mejor que podía pasarle, y así intentaría pensar con claridad para no continuar caminando a ciegas.

-Debo irme…- Dijo Wiss en un susurro al oído de Shin.

El supremo se mantuvo en silencio unos segundos y luego interrumpió el abrazo mientras respondía: -Lo se...adiós-

El ángel le dedico una leve sonrisa y finalmente se levantó para caminar hasta la puerta, donde Kibito aún tenía los ojos clavados en la figura de Shin, y la cual cambio de dirección al ver su aproximación.

El rostro del hombre estaba inexpresivo sobre la figura de Wiss; observando cómo este terminaba de acortar la distancia hasta llegar a él.

El ángel se detuvo esperando a que Kibito le cediera el paso, con una mirada igual de imperturbable; algo incómoda también, porque sin duda empezaba a comprobar que no importaba si al asistente mayor también le había borrado la memoria; este siempre volvería al punto exacto donde terminaría viéndolo con malos ojos.

-¿Qué intentas hacer?- dijo por lo bajo.

Wiss sonrió levemente y tratando de calmar a Kibito respondió: -Todo esta bien, solo necesitaba relajarse. No armes un escándalo delante de él porque no hay necesidad… y solo intente ayudarlo-.

-Soy su tutor-

-Ya no y no se a que viene esa respuesta, pero ahora eres su asistente… y no voy a discutir contigo frente a él. Hazte a un lado por favor-

Kibito apenas se hizo a un lado; rozando el hombro de Wiss de una manera bastante intencional; una clara demostración de que no le haría las cosas fáciles, menos ahora que sospechaba de que Shin había perdido la memoria o estaba hechizado… o lo que fuera, y que ese "lo que fuera" había sido creado por alguien que no era de este mundo. Sin duda, el ángel era quien estaba en la mira principalmente, sin importar que este fuera el asistente del dios destructor, sin importar si sus intenciones eran buenas o malas, porque a esas alturas ya no podía confiar ni siquiera en su propia sombra.

-Déjame sólo por favor-. Dijo Shin quitando al hombre de sus pensamientos.

-De acuerdo, solo que seria conveniente que antes se alimente-

-Luego lo hago Kibito – Respondió Shin aún sentado en su cama y mirando a su asistente.

-Podría traerle algo de comer aquí-

Shin dio un profundo suspiro, como si no quisiera hablar mucho mas y respondió: -No es necesario…-

El hombre sonrió levemente y respondió: -Vamos no debe estar sin alimentarse por tanto…-

El joven supremo volvió a interrumpir esta vez en un tono más duro y alzando su voz: -¡Ya no soy un niño Kibito déjame sólo!-

Esa respuesta lo había tomado por sorpresa, y sin embargo tenía la leve sensación de que ya había pasado por una situación similar con el joven Shin, aunque no recordaba como fue y en qué momento. Pensó en retirarse sin decir una sola palabra, ya que si algo conservaba hacía el supremo Kaio era el respeto, pero por dentro la sangre le hervía de solo pensar que había elegido a Wiss para hablar y refugiarse ; justo a quien empezaba a tener entre las cejas gracias a los duendes y que además éste parecía estar interesado en su superior; no lo sabía aún, claro que no, pero algo oscuro y oculto había en todo ello… No podía estar tan equivocado, su intuición era mas fuerte que cualquier palabra dicha o cualquier acto realizado que se le permitiese ver.

En un tono duro y calmado el hombre mayor respondió: - No vuelva a contestarme de esa manera-

Shin se levantó de la cama en donde había estado sentado y respondió: -Y tu no vuelvas a tratarme como si fuera un niño porque ya no lo soy-

-Solo intento cuidarlo-

-¿De que?- dijo casi interrumpiendo. -¡Dímelo! Porque intento saber que sucede y ni siquiera puedo entrar en tus pensamientos-

-¡Oh! Sabía que haría eso, pero no es a mi a quien tiene que invadir, más bien debería fijarse en quien confía- Dijo Kibito casi sin pensarlo .

El joven supremo completamente molesto camino unos pasos al frente y respondió: - ¿Cuál es tu problema con Wiss? Porque de eso se trata ¿no? Y no necesito leer tus pensamientos para saber que te molestaste porque estaba aquí conmigo. Solo me sentí bien con el y encontré un poco de tranquilidad ¿Cuál es el problema?-

-Tal vez hablemos más tarde supremo- respondió Kibito con una voz calmada e intentando retirarse-

-¡No! ¡Dime cual es tu problema con Wiss y dímelo ahora porque soy el supremo Kaiosama-

-¡Oh!- Dijo volteando nuevamente a Shin -No intente sobornarme con sus actos de superioridad, ahora más que nunca pienso que esta perdiendo el juicio y que debería dejarlo solo-

Kibito estaba más que apenado por esas actitudes, y tal vez el también estaba equivocado al intentar entrometerse en la vida de su superior, aun así, no estaba del todo arrepentido y muy dentro de su corazón sabía que algo no andaba bien en el ambiente que rodeaba a Shin. Era el momento de retirarse de allí y dejar que el joven se tranquilizará; y porque no, él también. Sin decir una sola palabra más el hombre se retiraba no sin antes escuchar hablar al joven supremo nuevamente:

-¡Ya no soy un niño y nada sucederá si el termina entre mis piernas!-

-Oh por dios…- Dijo Kibito en un susurro y cerrando la puerta tras el.

….

El hijo del dragón y la hija del sol

El medio día no había llegado aún en el planeta sagrado, y la noche estaría próxima dentro de unas cuantas horas mas. Kibito había decidido que saldría en las madrugadas para investigar sobre su superior, pero como estaba molesto; y demasiado, decidió que lo mejor seria abandonar el planeta sagrado e ir en busca de aquella mujer que el duende sabio le había platicado.

No le dijeron donde podía encontrarla, y a decir verdad el planeta tierra era lo suficientemente grande como la buscar brujas. Seguro que había miles, pensó, y lo único que esperaba es que no hubiera miles de brujas con el mismo nombre y que además no tuviera que recorrer cada rincón del planeta para encontrarla.

Volar sin rumbo tampoco era algo que le resultará divertido, pero no sabia a quien acudir, visitar a los humanos que conocía para buscar a la particular señora significaba de alguna manera explicar lo que estaba sucediendo con el dios creador; y sin ofender, este no era un asunto en que los humanos debían meterse, esto era asunto de dioses, no obstante, era irónico que para poder resolver algo de lo que sucedía con Shin tuviera que acudir precisamente a una humana.

Meditaba a cada paso en su vuelo, pensando que tal vez podría visitar a alguien que no le hiciera demasiadas preguntas y que aceptará ayudarlo a buscar a la mujer, así fue como a su mente llegó la imagen de Picoro.

El Namekiano era discreto y hasta mantenía la distancia en asuntos que no eran suyos, era de pocas palabras; las justas y necesarias y además, era muy inteligente.

Rápidamente cambiaba su rumbo para dirigirse al templo sagrado de kamisama, y por lo que parecía tampoco estaba muy lejos ya que podía sentir el Ki del Picoro muy cerca.

En su camino al encuentro del ex kamisama o simplemente Picoro no fusionado, el hombre empezaba a sentir una gota de esperanza, un alivio, y aunque le costará reconocerlo, porque siempre pensó que los humanos eran bastante estúpidos, razas como los Namekusei siempre tenían algo interesante. Hasta podría jurar que los Namekiano no sólo le podrían dar una mano o guiarlo a la bruja sino que también podrían darle una opinión si les contará al menos algo referido a Shin.

De alguna manera, Kibito necesitaba creer en alguien mas, estaba desesperado por hablar con alguien de todo lo que sucedía y por un momento,de el nacía las ganas de confiar en la familia del dragón, quizás los únicos humanos capaces de llegar a comprender algo profundo como seres de otros planos, pero quizás subestimaba a los terrestres.

En pocos minutos se vio llegando a su destino, podía ver el templo sagrado y también sentir la presencia de ambos Namekianos. En menos de un minuto el hombre ya se encontraba descendiendo sobre los suelos del templo sagrado y como lo suponía picoro estaba sentado frente a las puerta de la entrada.

-Hola. Siento venir sin previo aviso…-

El Namekiano abrió sus ojos mientras hacia una leve sonrisa y le daba la bienvenida a Kibito: -¡Ha! Que sorpresa tenerte aquí-.

-Se… Espero no incomodar con mi visita- Respondió Kibito devolviendo la sonrisa.

Picoro se incorporó quedando frente a Kibito y respondió: -¿Quieres pasar?-

-Eh… No, solo estoy de paso para preguntarte algo, no quiero quitarte mucho tiempo tampoco-

-Descuida- hizo una pequeña pausa y continuó – Y… ¿Qué quieres?-

-Bueno…-Dijo Kibito sobando sus manos algo nervioso, pues este ni siquiera sabía cómo empezar o que preguntar exactamente.

El ex Kamisama observaba minuciosamente la actitud de Kibito, pues era raro que el hombre tuviera ese tipo de comportamiento cuando en realidad solía ser serio y muy seguro, sobre todo a la hora de hablar. Para el Namekiano era una señal de que algo no muy bueno estaba sucediéndole o quizás quien estaba pasándola mal era el supremo Kaioshin; que por cierto, no estaba con el.

-¿Te sucede algo a ti o al supremo Kaiosama?- pregunto el hombre verdoso más como una afirmación de que algo sucedía.

Kibito abrió sus ojos sorprendido y respondió de forma veloz y farfullando: -¡No! Es decir…-

Piccolo cruzó sus brazos al tiempo que cerraba sus ojos y respondió: -¡Ham! Si no quieres decirme que sucede no lo hagas, pero al menos dime a que has venido-

En un breve silencio Kibito suspiro dejando escapar algo de preocupación y luego intento hablar: -Lo siento, es una descortesía de mi parte llegar aquí y no saber que decir exactamente. Estoy buscando a una mujer, es una bruja y me dijeron que su nombre es Uranai baba-

-Oh… ¿Uranai Baba dices? Ella es la hermana del maestro Roshi, aunque dudo mucho que este con el. El paradero de esa mujer siempre fue un misterio y a decir verdad tampoco afirmaría que esta en la tierra-.

-¿Qué? -Dijo Kibito hablando sobre las últimas palabras del Namekiano. -Pero me enviaron aquí-

-Bueno, de todas maneras podemos averiguar en donde esta o traerla hasta aquí, si lo deseas claro-.

-¡Claro! – Respondió enérgico y haciendo una sonrisa.

-Déjame ver, tal vez este con Enma sama en las puertas del cielo y el infierno-

-Oh…-Susurro Kibito sorprendido. - ¿Una humana en las tierras de las almas?-

-Se… como sea, esa mujer tiene más se 500 años y nadie sabe si será eterna, además tiene acceso a los Kaiosamas lo que realmente es extraño. Te sorprenderás pero esa bruja tiene hasta el poder para revivirte por un día-

-¡Oh!-Dijo sorprendido. -¡Cielos! No creí que un humano tuviera ese tipo de habilidades-.

-Por eso dije que te sorprendería. Esa mujer esta en otro nivel y cuando digo otro nivel no me refiero al de poder y fuerza-

Kibito aún sorprendido respondió rápidamente: -Entiendo lo que dices… es como…-pensó un momento. -Otro nivel de conciencia-

Piccolo sonrió y respondió: - A eso me refería, por eso es interesante hablar contigo-.

El hombre rosado le devolvió la sonrisa, y pensaba que por primera vez diría que sentía algo de agrado hacia un humano: -Lo mismo digo-.

-¡Haha! ¿Te pondrás cariñoso también?- Dijo en un tono burlesco.

-¡Oh! Jajaja Olvídalo… Digamos que no eres mi tipo-

Piccolo volvió a reír una vez más, y al cabo de pocos segundos intento contactar con Enma sama. Durante los primeros minutos no consiguió respuesta alguna, hasta que finalmente el ogro guardián de las puertas del cielo y el infierno se digno a responder con un:

-¿Que es lo que quieres?-

El Namekiano miro al cielo; como si necesitará ubicar la mirada en algún lado y respondió: - El asistente del supremo Kaiosama está aquí y necesita hablar con Uranai baba-

Conciso y directo como siempre en sus palabras, Piccolo esperaba una respuesta y que fuera de igual manera, lo cual tardó unos segundos en que Enma sama respondiera:

-Llegará allí en unos minutos-.

-Gracias Enma-Respondió para luego dirigirse a Kibito-Ya oíste llegará en unos minutos ¿Quieres hablar con ella aquí o prefieres ir a otro lado?-

-Oh…-Dijo Kibito en un suspiro, mostrándole al Namekiano un gesto por demás avergonzado; preocupado también y triste.

Para Piccolo ese estado indefinido entre miles de sentimientos no paso desapercibido, y por un momento dudo en preguntar nuevamente que sucedía, pero sabía sus límites, como dios de la tierra que alguna vez fue, sabía que los dioses de otros rangos tenían otros tipos de problemas, y además sabía perfectamente su posición; en conclusión… sólo se limitó a hacer silencio.

La espera fue más que unos cuantos minutos, y durante ese tiempo ambos mantuvieron el silencio esperando a la mujer. Por su parte Kibito esperaba que ella pudiera saber algo sobre Shin, o que quizás pudiera ayudarle a investigar un poco más a fondo su situación.

La palabra "situación" le recordó al incómodo momento que paso horas atrás con Shin… ¿Cómo pudo insistir en forzar una conversación cuando el joven estaba más que sobrecargado? Y lo que era peor aún… Escuchar eso último sólo le dejo en claro el interés hacia el ángel. ¿Debía contarle eso a Uranai Baba? Porque ciertamente moría de vergüenza de solo pensarlo y jamás imagino que Shin pudiera decir una cosa así…

Dio un sonoro alarido agotado y miro al cielo; justo para visualizar la figura de una pequeña señora que descendía sobre una brillante bola de cristal; idéntica a la que traía el Elder.

-Siento la demora-.

El asistente hizo una pequeña reverencia en forma de saludo y respondió: -Despreocúpese, es un honor conocerla-

-El honor es mío. Debo reconocer que estoy asombrada de que él asistente de un ser supremo me solicite-

-¡Oh! Por favor… el supremo Kaiosama también necesita a alguien que pueda ver lo que él no-

La pequeña mujer bajo de su espera de cristal y respondió: - Mmm… Sin embargo eres tu quien esta buscándome-

-Pero no hablaremos de mi, señora- respondió haciendo una pausa -… o mejor dicho quisiera que usted escuche lo que tengo para decir respecto a él-

La mujer observaba el lugar mientras pensaba en las palabras de Kibito, todo indicaba que aquella charla tardaría más que unos minutos y de ser así debía ponerse lo más cómoda posible. Piccolo también noto las intenciones de la mujer y al instante ofreció una sala más tranquila, haciendo que pocos segundos después Kibito y Uranai siguieran el camino que indicaba.

La sala era bastante pequeña pero cómoda para una conversación, además se encontraba lejos de la zona que frecuentaban Dende y Mr. popo por lo que Kibito estaría más que tranquilo sabiendo que nadie escucharía la conversación y mucho menos que saldría del templo. No necesitaba tener grandes poderes para notar que el hombre intentaba ser discreto en cuanto asuntos relacionados al dios creador… pero tenia razón y estaba en todo su derecho.

-Bien, aquí los dejo- Dijo Piccolo antes de retirarse.

-No espera, quédate. Tal vez tu sepas algo-

-¿Y que sucede?- Pregunto Uranai bastante ansiosa

-Antes quisiera decirle que los duendes me enviaron para hablar con usted y que accedí porque confío en ellos-

-¿Duendes?- Respondió Uranai pensativa - ¡Ah! Si los recuerdo muy bien aunque ya no frecuentan la tierra-

-Eso mismo dijeron y al parecer el supremo Kaiosama es el responsable, pero sinceramente eso no es muy importante para mi ahora. Desde hace tiempo; unos cuantos años Shin estuvo cambiando su comportamiento, e incluso me atrevo a decir que sus últimos días de lucidez han sido cuando vinimos a informar sobre majin bo y hasta el momento en que nos fusionamos. En ese tiempo convivimos como uno solo, pero él siempre predominó en todo, y…- El hombre hizo una pausa memorizando aquello que sintió hasta antes de separarse. -… Y en esa fusión pude ver algo que jamás creí que vería en mi vida, no se trata de algo que pueda describir con palabras y ni siquiera se como explicarlo, pero lo diré de la forma que salga. Ese niño al que cuide para que sea un dios, no es sólo un dios, es un ser extraño, esta ocupando un cuerpo pero…-

La mujer, escuchando atentamente respondió interrumpiendo: -Tu mismo te estás respondiendo…-

-No- Dijo Kibito rápidamente -Yo no se que hace aquí, yo no entiendo que es lo que vi exactamente, pero le aseguro que el no es de aquí y los duendes me lo confirmaron. Necesita ayuda para encontrarse o para encontrar algo o ¡No se! El no entiende nada y yo tampoco. Los duendes dicen que convive con una energía extraña y que ella no es de este mundo al igual que él-.

-Estas diciendo que ¿El supremo Kaiosama viene de un lugar tan lejano como Wiss?- Pregunto Piccolo

Kibito guardo silencio junto con Uranai Baba, sobre todo la mujer. Aquello era algo revelador y podría decirse que la tarea más difícil de realizar era decir las palabras mas justas. Ella era una mortal y como toda mortal tenía sus limitaciones.

-Muchacho…- Dijo la mujer rompiendo el corto silencio. -Lamento mucho decirte esto, pero saber sobre seres de otras dimensiones no está dentro de mis posibilidades, mi límite es un Kaiosama. Durante años trabaje duro para ser una bruja adivinadora y cobre mucho dinero por mis servicios, y con el tiempo empecé a recibir recompensas de seres que podrían estar a mi altura, cuando llegue a un Kaiosama supe que hasta allí se me permitiría ver. Solo te diré que el siguiente paso es el despertar de los dioses, y cuando ellos cambien, el mundo cambiara también, tienes que saber que todo lo que sucede ahora tiene una causa y también sufrirá un efecto, la aparición de un dios destructor y un ángel no son coincidencia, ellos también están cumpliendo algo aquí, y no hay ser por más grotesco que sea que no esté cumpliendo un propósito y una misión, así sea que sirva de alimento para otro. Cuando alguien de otros planos viene a este mundo es porque necesitan enviar un mensaje o tal vez están buscando algo o alguien que trae consigo un significado grande pero que no es tomado en cuenta. Los seres interdimensionales o también llamados seres del mas allá, no tienen que ver con un muerto o un alma, más bien tiene que ver con el cruce que hacen de dimensión a dimensión y generalmente ellos abandonan su lugar cuando necesitan manifestarse, los ángeles son provenientes de dimensiones distintas que nada tienen que ver con este mundo pero que son enviados para controlar el límite de lo justo e injusto y es así como lleva las riendas a los destrozos de un dios destructor, sin embargo… ellos son impredecibles a la hora de actuar y eso los hace más misteriosos. Un ser como el supremo Kaiosama, que está en ese cuerpo; es porque no desea ser visto como en realidad es, sin embargo tu has tenido el privilegio de tocar hasta el punto más profundo de su ser y conociste su verdadero rostro, tu estas confundido ahora entre lo que pudiste ver allí adentro y lo que vez ahora afuera, y el Está confundido porque lo que ve al mirarse al espejo no coincide con lo que siente que realidad es o con lo que cree que es, y lo que es peor, su mente charlatana producto de este maravilloso universo tampoco le permite descubrirse. Cuando la mente y el corazón se encuentren el ser surgirá por si solo y entonces recordará lo que debe hacer. Olvídate ahora de aquella energía oscura, preocúpate por escucharlo, guarda silencio un segundo y observa, obsérvate a ti mismo y te ayudaras, porque cuando lo hagas también estarás ayudándolo a él. No hay tiempo que perder, para que un ser como el decida nacer en el cuerpo de un dios es porque algo esta por suceder y necesita ubicarse en aquella posición "La de un dios" ¡Pero no te desesperes! Porque cuanto más desesperado estés menos te ayudaras y mucho menos lo ayudaras a él.

-Carajo…- Susurro Piccolo de forma muy inconsciente. Hasta el punto de creer que no debía haber escuchado todo eso.

Las condiciones en las que estaba Kibito, no podían ser dichas, el hombre ni siquiera parpadeaba como señal de haber comprendido algo, no obstante, lo había entendido todo, había oído con atención cada palabra dicha por esa mujer que era una humana bendecida por miles y miles de años y que había recibido la grata iluminación de algún dios bondadoso que intuyo que sería muy necesaria para este universo. Le había puesto valor a cada palabra dicha porque ahora estaba mucho más seguro de lo que tenia que hacer, ahora confirmaba que Shin no pertenecía a este mundo y que algo debía hacer para ayudarlo, tal vez comprendía también el porque de su calma al estar con Wiss, y se preguntaba si Wiss sabía algo más. Pero no se precipitaría. Guardar silencio era lo que debía hacer antes de actuar incorrectamente, y luego ayudarlo a despertar. No tenía idea de que deparaba el futuro, pero poco importaba lo que pasaría mañana cuando la existencia misma estaba en el ahora.

-¿Y que hay de las esferas del dragón?-Pregunto Piccolo rompiendo nuevamente el silencio y quitando a Kibito de sus pensamientos.

Uranai baba se adelantó y respondió rápidamente: -Ni siquiera las super esferas del dragón te dirán algo referido a otros planos, están configuradas para está dimensión, para estos universos… Entiende Piccolo que ellos no pertenecen aquí y por lo tanto si le preguntas a un dios dragón sobre ellos, te contarán lo que ven desde afuera, te dirán quienes son de acuerdo al cuerpo que tomaron pero jamás sabrán que son en verdad-

-Entiendo… esto esta fuera de los límites- Dijo el Namekiano

-Así es- respondió la mujer y luego se dirigió a Kibito – intentaré investigar sobre el tema aunque dudo mucho que pueda decirte algo más, mientras tanto intenta comprender al supremo Kaiosama, en este momento está librando una sangrienta batalla entre ser el rey dios de un universo y ser lo que su centro le dice que es, no es su culpa… y me atrevo a decir que antes de llegar aquí el sabía lo que podría suceder, su esencia verdadera no la puedes ver ahora pero estoy segura de que temerosamente esta se asoma manifestándose en forma de sensibilidad o quizás un amor puro difícil de describir. Pero descúbrelo tu… porque tu serás quien lo ayudará a saber quien se esconde detrás de esa piel-

El asistente guardo silencio y dio un profundo suspiro; aliviado, calmado, como si se hubiese quitado un enorme peso. Ahora no se sentía sólo, finalmente pudo compartir su secreto con alguien, y no importaba si estos eran humanos hijos del sol o del dragón. En ellos había encontrado el soporte que necesitaba para sostenerse y la mujer le había sugerido un camino que debía recorrer hasta llegar al final.

-Es muy probable…- Dijo la mujer quitando a Kibito de sus pensamientos. -Es muy probable que este buscando a un par-.

-¿Cómo? – Pregunto confundido.

-Lo que quiere decir es que si esta ocupando el cuerpo de un supremo Kaiosama es porque su búsqueda esta dentro de esa jerarquía. No sería un dios si lo que buscará fuera una gallina… Tiene que ser alguien en quien pueda verse reflejado y le muestre la misma u otra cara de la moneda ¿Entiendes?-

-¿Dices que busca a otro dios?-.

-No. Estoy suponiendo, pero no es muy difícil de deducir tampoco, y cuando digo que busca a alguien del mismo rango, me refiero a que puede ser cualquier ser que este por encima de los mortales, es decir que tampoco sabes si lo que quiere es a un kaioshin o aún dios destructor o tal vez al mismo dios del todo… porque el dios del todo es el dios de toda esta dimensión pero ahí termina su gobierno. El todo no es creador ni poseedor de otras dimensiones porque seguramente aquellas otras dimensiones tienen su TODO ¿No lo crees? Y quien te dice que tal vez, tu tengas en ese planeta sagrado al TODO de otra dimensión-

-Mierda Picoro…- Susurro Kibito sorprendido y sin poder expresar nada mas.

No llores niño

El regreso al templo desde los acantilados se había realizado en silencio y con un vuelo ligero. Había pasado alrededor de una hora desde que el último sol se escondió, dejando en el planeta una plena y negra oscuridad.

El templo estaba completamente iluminado aún, lo que indicaba que sus habitantes todavía se encontraban despiertos; aunque bastante exhaustos.

Zamasu preparaba la cena para su maestro en silencio; lo conservaba desde la pequeña discusión que había tenido en los acantilados. En varias oportunidades Gowasu había hecho uno que otro comentario chistoso con el fin de apaciguar el mal humor que traía, pero sus esfuerzos fueron en vano.

A esas alturas del día, lo único que quitaría todo ese coraje que el viejo le provocó sería darse un baño y echarse a dormir. Ese era el motivo por el cual apuraba el fuego y la velocidad en el preparado de la comida, porque estaba claro que necesitaba estar a solas.

El viejo Gowasu esperaba paciente su alimento, mientras miraba algunas noticias en universo Tv; aunque sólo simulaba estar atento al programa porque en realidad estaba más atento a los movimientos de su alumno, la velocidad y la agresividad con la que hacías las cosas, el pequeño temblor en su pierna derecha y la forma en que estiraba su cuello de un costado al otro con la intención se hacer sonar sus huesos. Todo eso, para el anciano era producto de lo irritado que estaba, y quizás por eso había decidido cerrar la boca y dejarlo tranquilo.

En fondo estaba preocupado; demasiado para su gusto y tenía que aceptar que quiera o no tendría que volver a tocar los temas que lo molestaban, pero también tenía que tomar una rápida decisión en la que se veía obligado a investigar todo sobre el jovencito, no bastaba con solo observarlo y obligarlo a preparar el té; lo sabía, y aun así no lo descartaba. Durante muchos años había intentado conocerlo escuchando sus propios relatos, pero ello se vio interrumpido porque de alguna manera el no deseaba hablar y luego; bajo su propia responsabilidad le borro la memoria. Intentar conocerlo ahora sería una estupidez porque el no recordaba nada; salvo, su desprecio a la humanidad y estaba seguro de que "algo" había provocado tal motivo para odiar.

El ruido del plato sobre la mesa, hicieron que el hombre saliera bruscamente de sus pensamientos, siendo inevitable también encontrarse con la mirada del aprendiz; apagada y opaca, llena de oscuridad, y si observaba con más detalles su rostro completo podía ver el entrecejo marcado y como su labio inferior era fuertemente mordió por sus dientes. Nunca antes había visto una desesperación tan grande por huir.

-Gracias- Dijo el anciano sosteniendo la mirada un momento más. -Ve a descansar si quieres-.

El aprendiz desvío la mirada y sin siquiera despedirse se encaminó hasta la salida de la sala; con un paso casi desesperado. Juraba que si estaba mucho más tiempo frente a su maestro acabaría por destruir todo a su paso, jamás se le ocurrió atacarlo y por mas que lo pensara eso era algo que descartaba; tal vez por el momento.

El cuarto de baño se transformaba en su refugio, dando un sonoro portazo y como si no le importara lo que su maestro pudiera decirle porque de todas formas estaba a punto de explotar.

Mientras la bañera se llenaba comenzó a quitarse la ropa, con la misma desesperación que camino para llegar allí, y una vez desnudo busco cualquier instrumento que pudiera utilizar, y afortunadamente agradecía que el viejo dejará las navajas de cortar cabello dentro de un pequeño cajón.

Esta vez, su rostro lucia enojado, su agitación no era de angustia si no de irá, y recordar cómo el anciano disfrutaba arrastrándolo hasta tocar el tema de los humanos; hacían que los cortes que empezaba a provocarse en su cadera y parte baja del abdomen fueran hechos sin ningún tipo de delicadeza, desgarrando bruscamente heridas antiguas; tal vez muy antiguas y abriendo otras mucho más recientes. El recuerdo de aquel sueño en donde asquerosamente disfrutaba de un encuentro sexual sólo aumentaban la presión en aquella navaja ¿Cómo se atrevía a soñar con algo tan rebajado como el sexo humano? Aquella divinidad que permitía la reproducción y creación de la vida y que ni siquiera era tomada en cuenta con el respeto que merecía.

Estaba seguro de que en ese sueño sólo existía la lujuria por poseer y vaciarse sin siquiera tener una gloriosa conexión; se odiaba profundamente, y cada corte realizado era su castigo para recordarse que no debía soñar, que no debía hablar sobre su odio a la humanidad, que no debía mostrar ni a sí mismo la tormenta en su interior, que al sentir el ardor y el dolor en el día solo pudiera pensar en ello como un escape al tormento que realmente padecía de ver como cada ser vivo y planta indefensa eran masacradas sin piedad, como la inconsciencia era gobernante antes que el profundo amor por la vida y la creación.

La sangre se escurría bajando por sus piernas y machado el suelo, pero sus ojos no veían eso como algo que lo asustará; por el contrario, su ira comenzaba a descender dejando caer la navaja, aun mantenido su rostro en completa sombra, observando con desprecio lo que acababa de cometer, pero lejos de sentirse arrepentido.

Su respiración empezaba a normalizarse y finalmente volteaba para meterse en la bañera y dejarse caer con tranquilidad, observando sin ninguna expresión como el agua se teñía del color de ese líquido que aún brotaba de sus heridas.

Poco después recargo su espalda en la bañera y decidió olvidarse de todo lo que sucedió, dejándose caer en el dulce dolor que se había provocado y que lo aislaba de toda la realidad que lo rodeaba.

Gowasu había acabado con su cena desde hacía unos 40 minutos, tiempo suficiente que le bastó para pensar y decidir qué a primera mañana iría al planeta kai-shin sin recibir la confirmación del hombre sagrado, esa carta que había enviado podría tardar días en ser respondida y el necesitaba una respuesta rápida.

Pensar tanto le había traído un fuerte dolor de cabeza y lo mejor seria ir a descansar, por lo que no dudo es abandonar finalmente la sala.

Durante el camino a su recámara, notó que la puerta al final del pasillo estaba abierta y que Zamasu no estaba allí. Sabía que estaba en la ducha seguramente, y vaya a saber porque motivo al hombre se le cruzó por la cabeza caminar hasta la habitación de su alumno; quizás aprovechar su ausencia para dar una fugaz mirada dentro, no solía hacer ese tipo de cosas pero una fuerza involuntaria lo impulsaba a continuar. Quizás porque estaba ansioso por conocer un poco más de el y no podía esperar a la respuesta del hombre sagrado, o tal vez porque había sido uno de esos días en los que Zamasu estaba más irritado de lo normal.

Sea cual sea el motivo, el hombre llegó hasta la habitación encontrándose con el pequeño velador encendido y la cama aún estirada.

-Nada fuera de lo normal- pensó

Pero luego decidió adentrarse un poco más, dando minuciosas miradas a los alrededores de la habitación, a las paredes blancas y sin vida, al escritorio de roble antiguo donde tenía varios libros que había quitado de la biblioteca, una silla con una montaña de ropa, sobre todo trajes que solía utilizar en el día, un antiguo cuadro del supremo antepasado que había ilustrado e inmortalizado la cascada del éste, y uno que otro papel descartable que el joven utilizaba para su resfrío matutino.

En la pequeña mesa de luz que estaba al costado de la cama, yacía el libro de Alquimia que había comenzado a leer. El hombre hizo una sonrisa al recordar que Zamas prefería que le cuenten el final antes que leerlo, ya que a primera vista no había captado su atención. Dio una mirada más a todo el sector que conformaba la mesita y la cama y finalmente se detuvo entre las sábanas blancas borrando su sonrisa al instante.

-¿Qué hace aquí? – Pregunto Zamasu

El anciano supremo se mantuvo en silencio por dos o tres segundos, hasta que volteo a mirar a su alumno y respondió: - Desnúdate-

-¿Qué? – pregunto totalmente desprevenido.

Gowasu aún sosteniendo la mirada en su aprendiz volvió a decir: -Desnúdate ahora-

Las facciones del aprendiz cambiaron a uno más duro mientras decía: -No-

Para Gowasu, todo empezaba a ponerse de cabeza, más aún escuchando la negación del muchacho, sin embargo, no estaba decidido a irse de allí. De un solo movimiento arrancó las sábanas de la cama mostrando las oscuras manchas de sangre.

-No hagas que yo te la quite. Desnúdate ahora-.

Un escalofrió sacudió el cuerpo del muchacho, mientras su gris mirada empezaba a volverse cristalina, sus dientes hacían presión endureciendo su mandíbula, su corazón latía con más frecuencia de normal y sus manos temblaban mientras empezaban a recorrer la cintura de su pantalón azul de dormir.

Empezó a deshacerse de la azulada prenda mientras agachaba su cabeza para dejar escapar las primeras lagrimas involuntarias; las que su maestro le provocaba obligándolo a mostrarse, pero además deseaba ocultar su dolor y su vergüenza. Miro sus piernas ahora descubiertas unos segundos y luego se dirigió a su maestro dejando escapar mas lagrimas, frunciendo sus cejas y apretando mucho mas su mandíbula; todo un esfuerzo en vano para no llorar…

Allí se detuvo unos segundos más, balbuceando palabras y negando con su cabeza levemente, pidiendo a gritos con la mirada que el anciano kaio no continuara obligándolo.

-Por favor….- Dijo en un susurro ahogado.

Pero sus esfuerzos por clamar misericordia fueron en vano para un hombre que aun estaba perplejo con sus ojos clavados en los suyos. No tenía fuerza para sostener aquella mirada dura y acosadora que le decía que continuara desvistiéndose.

-Maestro…- Dijo en otro susurro completamente rompiendo su voz.

-Quítatela ahora- Respondió el hombre omitiendo cualquier otro tipo de suplica.

Sus manos temblorosas, tomaron los bordes que su camiseta azul con extrema pesadez y comenzó a quitarla, encorvándose un poco para ocultar las partes de su cuerpo que empezaban a quedar descubiertas, y en solo un segundo término por quitarla tirándola al suelo.

Enderezo su columna hasta quedar frente a su maestro, mostrando así, cada herida provocada, cada corte pronunciado y cada cicatriz sanada. Todo estaba expuesto ahora, todo su dolor estaba en aquellas marcas, marcas personales, marcas con historias; viejas y nuevas… Todos sus años de sufrimientos estaban plasmados en ese cuerpo flagelado que había escondido cuanto pudo…

-Oh… Zamasu- Susurro el anciano mirando aquellas recientes marcas el incluso el brote de sangre en varias de ellas.

El llanto de Zamasu se hacía más intenso a cada segundo, temblando e intentando ocultar su rostro de los ojos de Gowasu, sufriendo espasmos cada vez más fuertes y balbuceando nuevamente la palabra "por favor", pero el anciano ya no estaba escuchando absolutamente nada, sus pasos se hacían cada vez más pesados en su desesperación por querer llegar a su alumno, y pese a que lo separaban unos cuantos metros, esa distancia le parecía eterna.

Tomo la mano fría y temblorosa de su alumno tirando de ella, para atraerlo a su cuerpo, mientras Zamasu accedía a aquel contacto sollozando y gimiendo descontrolado, hundiendo su cara en el cuello del hombre, un hombre quebrado de dolor y que por primera vez compartía aquellas lagrimas dolorosas, participando en cada quejido escuchado por el joven muchacho, sintiendo rabia de su ceguera al no ver antes lo que estaba sucediendo.

Era él quien rogaba clemencia por sus errores cometidos, porque tal vez si hubiese puesto mas atención en su aprendiz, este no hubiese llegado al punto de herirse para esconder aquello que lo hacía agonizar momento a momento.

-Ya…- decía el hombre acariciando la cabeza de su alumno, mientras escuchaba cada llanto desgarrador y desconsolado. - Ya no llores niño- -Todo está bien, todo estará bien-.

continuara…