Buenas noches, espero que todos estén bien, dejo el capitulo 4 para quienes deseen leerlo.

Creo que el capítulo de hoy es más tranquilo que el anterior, aunque quisiera haber agregado muchas cosas más, pero lo deje para el próximo porque si no quedaría demasiado largo.

Me despido por hoy y me disculpo si no respondí algún mensaje, a veces o falla la casilla y no llegan o llegan y no puedo leerlos… no sé, creo que la pagina me odia.

Y como siempre digo, si el texto tiene algún error o algo y gustan hacérmelo saber solo me avisan y lo corrijo

Muchas gracias por leer y espero que este capítulo sea de su agrado.

Buenas noches.

Capítulo 4

Tierra del eterno sueño

"Tierra del eterno sueño" o "Tierra del sueños eternos" Algo así; era como le había puesto Dabura a su castillo y alrededores. Era igual, pero Dabura solía decirlo de ambas formas; recordaba el anciano Mechikabura.

Se había coronado rey nuevamente después de que el retrasado demonio; como solía llamarlo desde casi dos años atrás, no tuvo mejor idea que acceder al control del mago Babidi para cumplir sus macabros planes… aunque esos planes eran tan macabros como los suyos .

Para Mechikabura no dejaba de ser un aficionado más que quería ser el rey del mundo, lo que tenia muy claro es que tanto Babidi como su padre odiaban a los Kaioshin…

De todos modos, su nieto no dejaba de ser un estúpido que dejó atrás la idea de salir del mundo demonio y buscar el libro, para ser gobernado por un asqueroso mago que solo deseaba conquistar el universo.

El también lo deseaba… pero desde otro ángulo, matando a los Kaioshines, si podía comérselos… mejor, y conquistando el universo también…

Así era como entraba en un nuevo dilema, en el cual se veía enfrentado a sí mismo porque terminaba descubriendo que su plan era tan mediocre, vulgar o corriente como el de Babidi, luego recordaba que quería cambiar la historia y se convencía de queno era tan mediocre como ese mago u otro estúpido ser capaz de querer conquistar el universo… Cambiar la historia era el consuelo que tenia el anciano demonio para querer resaltar de cualquier otro.

Su nieta, su adorada y amada Towa había desaparecido por muchos años, y durante ese tiempo había esperado pacientemente que esta logrará quitar el sello. Sabía que la jovencita poseía la clave, porque si algo había aprendido muy bien como habilidad principal era a leer las mentes e incluso le había enseñado esa técnica a Towa. Posiblemente por eso no entendía como esta pudo ser tan hipócrita para mirarlo a la cara sabiendo que podría sacarlos de allí. Lo cierto era, que poco después de la muerte de Dabura, la joven había vuelto y aun así no había sido capaz de confesar que poseía la clave.

Se sentía traicionado, y bastante, porque había depositado toda su confianza en la joven Bruja; su nieta, la única capaz de sacarlo de allí…

Ese día era un día silencioso, Towa había decidido a vistas a su abuelo una vez más, pero el hombre estaba más silencioso que de costumbre, tal vez porque la mesa de la sala era demasiado larga y este no tenía ganas de alzar la voz; o quizás porque estaba aburrido y sin poder salir. La palabra "Salir" hacia que la joven se sintiera considerablemente culpable, porque se suponía que obtendría la clave para abrir el mundo demonio y lo liberaría; ese había sido su principal objetivo.

-Y dime…- Dijo el viejo rompiendo el hielo. -¿Hay algo de nuevo allí afuera?-

Towa mantuvo el silencio unos segundos y luego respondió: -No abuelo, todo esta igual-.

-¡Oh! Ya veo- Respondió el anciano. -Y…¿Sigues buscando lo que te pedí?-

La mujer dio un corto suspiro y respondió: -Si abuelo, pero no hay señales de ningún libro-

-Sigue buscado entonces- Respondió en anciano.

Está vez la mujer mofó muy audible, frunciendo sus cejas y respondiendo: -¿En donde quieres que lo busque? Ya lo hice y no está por ninguna parte, esto es absurdo estuve 10 años buscando algo que no existe en verdad.-

Mechikabura se levantó de su silla totalmente impulsado, con su rostro enfurecido; tal vez tan enfurecido como pocas veces. Golpeó sus manos con fuerza en la mesa y respondió: -¡Entonces deja este estúpido juego de mantenerme encerrado y actúa! ¡Tienes la clave del mundo demonio y no fuiste capaz de intentar utilizarlo! ¿A que le temes Towa? ¿A un estúpido ángel con sus bajas pasiones y grandes deseos de cojerse a un Kaioshin? Tu retrasado hermano ya no está para vengarse y si hubiese querido hacerlo ya lo hubiera hecho...- Hizo una mueca de medio lado con su boca y continuo: -Eres tan mala para ocultarte que hasta descubrí que él está contigo fuera de este agujero. ¿Acaso pensaste que podías eludirme y que no me enteraría de que utilizaste las esferas del dragón para volver a la vida a tu hermano? ¡Responde maldita sea!- termino por decir golpeando la mesa una vez más.

Towa interrumpió a su abuelo y dijo en un tono calmado: -No lo entiendes abuelo…-

-¡No! Eres tu la que no entiende. Quita el maldito sello y déjame hacer mi trabajo-.

-¿Y que harás luego?-

-Buscare el maldito libro por mi cuenta y despedazare a cada kaioshin que se cruce en mi camino. Ganaré esta guerra, cambiare la historia y luego dormiré tranquilo. Ahora quita el condenado sello o ve a buscar a ese supremo para que lo haga ¿Te debe un favor cierto? Pues búscalo entonces…-

La joven bruja sostenía una mirada suplicante en su abuelo, en verdad no quería que este saliera allí afuera y sus razones eran muchas, pero ciertamente el peso de la mirada de Mechikabura era mas dura y finalmente hablo:

-Esto es más difícil de lo que crees…-

-¡Dime todo lo que sabes entonces!- Dijo en un grito casi sobre sus palabras.

-No se mucho más que tú- respondió haciendo una pausa. -Pero el dios destructor de este universo esta alerta y muy despierto, y antes de que quieras asesinar al supremo del éste, él te matará y no sabemos que ocurre en el resto de los universos-

-¡Ag! ¿Y a quien le importa el resto de los universos?- Dijo el viejo completamente molesto.

-¿Y cómo eliminarás a todos los kaioshines? Porque eso quieres, con libro o sin libro tu objetivo es destruirlos-

-Buscare el libro primero, allí debe haber algo que termine por eliminarlos sin necesidad de que tenga que pasear por los universos-

Para Towa todo era un absurdo, por más que quisiera tomar enserio a su abuelo; no era sencillo, y tal vez el anciano tampoco tenía idea de que buscaba realmente. Todo le resultaba a un estúpido cuento en el que su abuelo había proyectado una conquista de algo… o quien sabe. Ni siquiera estaba seguro de que ese libro fuera a darle la victoria, y volver a preguntarle de donde había sacado esa estúpida idea de que un libro lo llevaría a la conquista, significaba volver a escuchar lo mismo de siempre… Sin embargo, era su abuelo y por mas que quisiera hacer oídos sordos a sus asuntos no podía.

-Buscamos el libro pero si no tenemos un nombre tampoco podemos saber mucho más, hemos torturado millones de personas en miles de galaxias y nadie conoce un libro sin nombre en donde sus personajes son elfos, nadie conoce la palabra elfo en este mundo y no hemos llegado al planeta tierra para saber si allí conocen algo al respecto porque en ese planeta vive un sujeto llamado Goku, con otras especies de humanos y ellos están fuertemente custodiados por el dios destructor ¿Lo entiendes abuelo?-

-Lo entiendo- Respondió rápidamente. -Y estas queriendo decirme que soy un idiota que solo quiere salir allí afuera por un capricho…- -Tengo la libertad de hacer lo que quiera cuando salga de aquí pero ahora dime algo más… ¿Qué hizo tu hermano durante este último año?-

-investigando sobre los Shin-jins de fruto dorado, para llegar a cumplir tu sueño, para complacerte, esta vez no lo metas en tu furia porque el no es responsable. Ha trabajado duro y lo sigue haciendo desde que fue revivido, pero no es fácil si no existe un nombre con el que podamos guiarnos-

Mechikabura volvió a guardar silencio unos segundos, recordando que su nieta si había ido a la tierra y aun así, no había buscado el libro. Estaba obsesionado, eso era cierto, pero era su obsesión y estaba dispuesto hacer lo que fuera para conseguir ese condenado libro. poco después volvió a hablar:

-¿Cómo conseguiste revivir a tu hermano con las esferas del drago si te era imposible entrar allí?-

-Estuve vigilándolos, y ellos abandonaron el planeta una mañana, se suponía que harían un torneo con otro universo y vi mi la oportunidad de entrar y buscar las esferas del dragón, no me tomo demasiado tiempo encontrarlas. El dragón concedía 3 deseos y con el primero reviví a Dabura, con el siguiente deseo le pedí que trajera a mis manos el libro que hablaba de los elfos y los Shin-jins ¿Y quieres saber que me respondió?-

El anciano hizo una sonrisa sarcástica y respondió: -¿Y tú qué crees?-

-Me dijo que no podía comprobar su existencia. ¿Lo entiendes abuelo? Ni siquiera el Dragón pudo comprobar la existencia de ese libro… no es real.

El anciano dio un profundo respiro, mientras procesaba las últimas palabras de la joven y luego se dejo escuchar: -Ese libro es real… y no me importa lo que ese dragón diga… tu eres la que no entiende nada. Quita el sello ahora y te daré un nombre para ese libro.

La voz del olvidado

El escalofrío en su cuerpo y la nariz heladas le indicaron al anciano que finalmente el invierno había llegado. Desde la ventana podían verse algunos árboles de tamaño mediano completamente desnudos, era una mañana fría; más de lo normal.

Aun estaba medio dormido y medio despierto, arrastraba sus pies por toda la cocina con extrema pereza, pero se había propuesto preparar el desayuno. Debía decir que la costumbre de preparar su desayuno habían quedado pérdidas en el tiempo, sin embargo hacia un esfuerzo; un gran esfuerzo, y tal vez aquellos esfuerzos sólo podían ser provocados por la oscura y caótica noche que tuvo con su aprendiz. No estaba dispuesto; de ninguna manera, a que Zamasu trabajara el día de hoy.

En una mesa rectangular de té además de llevar dos tazas, una tetera, azúcar y algunos pastelillos, tenía varias gasas y un extraño ungüento de color oscuro que él mismo había preparado para las heridas de Zamas, sin duda, el preparado de aquello fue lo que más tiempo le tomó.

Intento curarlo con su magia, pero entre llantos y constantes ataques de nervios junto con balbuceos por parte de Zamasu había oído que no quería ser curado con magia, el deseaba tener esas heridas y aunque al anciano todo ello le pareció una locura en el momento (Lo que aún conservaba) sabía que no estaba en la posición de contradecirlo. Pensó que ya tendría tiempo de entender un poco mejor las cosas, así que sólo se dedicaría a curar las heridas de forma natural, sin presionar al muchachito.

Reconocía que todo lo sucedido en la noche lo había dejado exhausto, sin energías, angustiado y muy estresado también. Después de miles de años había derramado muchas lágrimas como nunca creyó que lo haría, compartió el dolor de su joven aprendiz como si realmente fuera a el a quien le sucedía todo y no se arrepentía de haberlo hecho, pero ciertamente esperaba poder llegar a una pronta solución.

Sabía que si quería una solución tendría que ir al planeta kai-shin y en cuanto el muchacho estuviera mejor lo haría, porque tampoco sabía sería conveniente dejarlo sólo.

Cuando tuvo todo listo el hombre se dispuso a caminar hasta la última habitación donde estaba su alumno; lo que no tardó en llegar, y por fortuna el aprendiz ya estaba despierto aunque silencio, observando a cualquier parte y probablemente perdido en algún viejo recuerdo o en algún futuro incierto.

-Que bueno que despertaste- Dijo el anciano sonriendo de manera amable. -Te traje el desayuno. Té amargo y unos pastelillos hechos con leche de almendras. Aunque primero curaremos las heridas ¿Qué dices?-

La gris mirada se desvió hacia la figura de su maestro y respondió: -Yo puedo hacerlo maestro-

-Déjame hacerlo por favor…- Respondió calmado. -Prepare algo para esas heridas y creo que son bastante profundas…Por favor...-

Quizás porque estaba sin fuerzas; Zamasu acepto ser curado, colocándose de frente y destapando sus heridas. Lo que menos deseaba era que su maestro tuviera que verlo nuevamente o que lo viera de forma acusadora por lo cometido, o quizás que hoy continúe con sus irritantes cuestionamientos, no obstante, tenia la leve intuición de que el hombre venía en son de paz, no lo decía un desayuno bien preparado, lo decía su rostro, sus ojos hinchados que le recordaban que este también había llorado, sus ojeras oscuras y pronunciadas a causa de haber pasado toda la noche en vela; de un lado a otro y vigilando que estuviera durmiendo. Estaba claro que el hombre ofrecía una tregua…

Gowasu sonrió de medio lado al ver que no tenia que continuar insistiendo y rápidamente comenzó a sanar sus heridas.

-Creo que hoy podrías descansar- Dijo el viejo.

-Puedo volver a mis labores maestro, estoy bien-. Respondió el aprendiz.

El anciano sonrió y respondió: -Lo se. Pero yo también me tomare el día- -Dime… ¿Qué te gustaría hacer hoy?-

El aprendiz medito aquella pregunta, porque en verdad solo quería descansar y relajarse, el también se encontraba cansado, su noche no había sido la mejor de todas. Poco después respondió de la forma más honesta: -Quisiera descansar-.

-¡Oh! ¿Lo ves? Realmente quieres hacerlo e igual yo-.

-Solo será hasta la tarde, luego volveré a mis labores-. Dijo el jovencito.

-No Zamas, nada de eso, el día de descanso debe ser completo, medio día de descanso no seria un día completo al contrario seria medio día de descanso...-

El aprendiz interrumpió rápidamente antes de que el hombre continuara con un discurso de esos bien repetitivos y respondió: -Si ya entendí…-

Gowas sonrió levemente una vez más, al tiempo que terminaba de sanar las heridas de Zamasu y dijo: - Bien. Ya estas curado ahora será mejor que desayunemos algo-

Antes de que el hombre comenzara a llenar las tazas el aprendiz dijo: -Lo siento…-

El supremo se detuvo mirando en dirección al muchacho, sosteniendo una mirada que en realidad podía decir mucho más que cualquier palabra, pero cualquier palabra que pudiera decir no tenía nada que ver con un reproche, más bien ellos expresaban culpa y un inmenso deseo de ser el quién debía disculparse. Al cabo de unos segundos respondió mientras comenzaba a llenar las tazas de té.

-Ah… No te preocupes…- Respondió el hombre, intentando decir lo justo y necesario. Si había algo que empezaba a comprender es que no debía hablar de más con Zamasu.

-De verdad lo siento maestro…- Volvió a decir un poco mas avergonzado e intentando no mirar demasiado al amarillento hombre.

Gowasu cedió la taza de té a Zamasu y respondió: - Oye… no lo sientas, no importa lo que sucedió ayer hoy es un nuevo día-

El joven dejó escapar un leve suspiro al que luego le siguieron unos cuantos más, sobretodo cuando el silencio era incómodo y se volvía eterno. El silencio no debería ser un motivo de incomodidad, pero si lo eran después de esos episodios, y ahora que su maestro sabía el secreto que escondía nada sería lo mismo. Si bien en su mente no estaba la idea de seguir cometiendo aquello, el pensar que tendría a su maestro siguiendo sus pasos le resultaba invasivo y sabía que debía trabajar duro para que el hombre lo dejará en paz.

-Maestro…- Dijo casi en un susurro

-Dime-

Zamas dudo un momento en hablar y luego respondió: - ¿Esta molesto conmigo?-

El hombre dio un sorbo a su taza de té y luego respondió: - No lo estoy. Tu, ¿Estas molesto contigo?-

El joven aprendiz hizo silencio, mientras le dedicaba a su maestro una mirada poco expresiva, sin gestos, sin embargo, no estaba ocultando irritación, molestia o desasosiego. Aquella pregunta solo lo había llevado a cuestionarse si realmente estaba enojado consigo; era una pregunta extraña… al menos para él.

-No, no lo sé- Respondió honestamente.

Gowasu le dedico una media sonrisa y respondió: -Oh bueno… no saberlo es un paso importante-.

-¿Lo es?- pregunto casi sobre sus palabras.

-Claro que si. Y puedes descubrirlo o bien dejarlo como esta-

-Si…- Respondió en un suspiro.

La habitación quedo nuevamente en silencio, tal vez unos cuantos minutos, haciendo que el transcurso del desayuno fuera pensativo y profundo para ambos.

A pesar de que el hombre moría por hablar y preguntar, se había prometido un día de descanso y no solo por él; también por el muchacho. De todas maneras no descartaba la posibilidad de que hablara sin que tuviera que indagar o preguntarle. La conclusión a la que había llegado es que Zamasu se exalto con la charla que tuvieron, lo cual también resultaba un problema porque sin duda antes de continuar en solucionar los problemas de su alumno con respecto a los humanos, tenia que solucionar sus ataques a si mismo.

Poco tiempo después el hombre noto que su taza de te estaba vacía, y eso le indicó que el desayuno había terminado. Era el momento de dejar a su alumno sólo y dedicarse a ordenar su biblioteca o hacer alguna otra cosa que lo mantuviera entretenido un buen rato.

-Eh… bueno. Estaré en la biblioteca o en alguna parte del templo, si necesitas algo solo dime-.

El Aprendiz sonrió de medio lado y respondió: -No se preocupe. Gracias-

Gowasu abandonó la habitación poco después para dejar a Zamasu a solas. Si había algo que el hombre pretendía era que Zamasu reflexione sobre su situación y lo que había sucedido en la noche; era el motivo real por el que había decretado un descanso, y esperaba que ello sirviera también para que al menos hablara con respecto al tema… o lo que fuera. Tal vez pedía demasiado, pero no perdía las esperanzas.

Los años que paso junto a su Zamasu solo le mostraron la desconfianza con la que vivía el muchacho; no es que el viejo sea ciego y no lo haya notado antes, pero podía decirse que intentaba mirar hacia un costado; como lo hacía con todo, más aún si se trataba de su alumno. Gowasu siempre pensó que la falta de confianza de Zamas estaban allí desde antes que llegará al planeta sagrado, siendo así, el primer planeta que debía investigar era el planeta Kai-Shin.

Durante las siguientes horas, Gowasu ocupaba su tiempo en la biblioteca, acomodando algunos libros y algunas carpetas de ex alumnos que tenía cuando daba clases en el Castillo del planeta Kai-Shin; lo había olvidado, habían pasado muchos años; muchísimos… 4000 o 5000 años quizás, luego volvió, pero sólo para tratar un asunto especial.

En un principio había rechazado la oferta de tratar la locura de un pobre hombre que había trabajado toda su vida en la jardinería y que luego fue puesto en las mazmorras por el fino delirio de tener un hijo…

-Que desgraciado final- pensaba el anciano en aquellos tiempos.

Sin duda el recuerdo del jardinero, le traía un sabor amargo, porque pese tomar el caso e intentar hacer lo posible por reincorporarlo a la sociedad Shin-Jin, este parecía rechazar la oferta… su voluntad y su verdad eran inquebrantables.

(Escena retrospectiva)

Gowasu esperaba al sagrado Supremo en la oficina principal, lugar donde el hombre pasaba la mayor parte del tiempo, era raro que el no estuviera, sobre todo cuando sabía que tendría visitas, no obstante, debía esperar igual.

Habían pasado cuatro semanas desde que fue solicitado y con sinceridad no tenía la más mínima intención de ser el psiquiatra de nadie, sus días como el Doc de la locura ya habían pasado de moda, en ese entonces tenía 700 años y vivía con la esperanza de entrar al mundo de los demonios y cambiar sus mentes; hacerlos pensar diferente, o simplemente preguntarles: ¿Cómo te sientes al respecto? ¿Por qué odias esto? ¿Por qué odias aquello? Cuéntame de ti ¿Qué tal el río de lava?

En pocas palabras, esos tiempos en donde rebosaba de juventud y ansiaba sanar las mentes enfermas de los Shin-jins que fueron llamados Makaioshins, habían acabado, y el responsable de ello tenía el nombre del Sagrado Supremo que controlaba el planeta, porque cuando se vio recibido y propuso el plan fue rechazado automáticamente sin darle oportunidad alguna. Su idea había sido catalogada como "Descabellada" un absurdo, algo irracional, e incluso dejó allí esa idea antes de terminar en las mazmorras… como el jardinero.

Pocos minutos después, el sagrado Supremo hacia acto de presencia cargando su enorme barriga y acomodando sus redondeados lentes. Traía una cara espantosa, más precisamente de preocupación, y también de molestia. Bajo su brazo traía algunas cuántas hojas y una carpeta en la que seguramente tenía toda la información de Koro.

Gowasu esperaba que aquella cara de pocos amigos no tuviera que ver con la demora en responder si trataría o no a Koro, después de todo… estaba ofendido, porque había estudiado para nada y después de 3500 años o más era solicitado por la gran estupidez de considerar locura a un hombre que creía que tenía un hijo.

-Creí que no vendría- Dijo el sagrado tomando asiento rápidamente mientras dejaba en la mesa los papeles.

Gowasu hizo una media sonrisa y respondió: -Oh bueno… no iba hacerlo señor. Y disculpe si lo ofendo pero digamos que… un Shin-Jin que enloqueció porque dice tener un hijo no es información suficiente para llamarle "Locura"-

El sagrado Supremo tomó aire hasta contener la respiración, inflando sus cachetes y tornándolos algo rojizos; ocultando la ira… irá que aumentaba de sólo notar como una vez más escuchaba que su decisión era un tanto "exagerada". Segundos después respondió: - Yo, determinó sí es una locura o no-

-¡Oh! ¿Y entonces porque estoy aquí? Ese es mi trabajo- Respondió Gowas

El hombre sagrado arqueo una ceja y en un tono determinante respondió: -No, su trabajo es quitar esa locura, curarlo, sanarlo… ¡Lo que sea! Me vi en la obligación de encerrar a ese hombre antes de que pudiera contagiar a alguien ¿Qué tal sí todos los habitantes luego creen que pueden tener hijos y demás cosas del diablo? ¿Y que si salen con algo peor?-

Gowasu lanzó inconsciente risa burlona y respondió: -¡Bueno! Sin duda si algo peor pasará no sería culpa de Koro e insisto, yo le daré el diagnóstico de ese hombre. Su sabiduría de 3 millones de años no opacará mis años de estudio conociendo a la mente Shin-Jin, y disculpe si mi manera de responder no resulta la adecuada para usted-.

El sagrado Supremo, dejó sus ojos clavados en la mirada de Gowasu unos cuantos segundos, estaba ofendido; lo suficiente como para largarlo a patadas. Siempre tuvo contradicciones con Gowasu; desde su niñez, adolescencia y ahora su madurez. Ese amarillento hombre siempre había sido el Kaioshin más tranquilo pero también el más terco, su razón era siempre más fuerte que la de otro… quizás igual que la suya.

Posiblemente Gowasu le mostrará al hombre un reflejo de el mismo… aunque el gordo lo negará.

-Bien…- Respondió sereno y luego arrastro sobre la mesa la carpeta que contenía información de Koro. -Haga su diagnóstico entonces-

El supremo del universo 10 hizo una pequeña mueca de lado mientras tomaba la carpeta y respondía sin quitar la mirada del bigotudo hombre: -Con su permiso, señor-.

Camino furioso unos cuantos minutos… o quizás todo el trayecto que lo llevo hasta el castillos. Ese hombre gordo, de espantosos anteojos y con 4 pelos en la cabeza, lograba ponerlo incómodo; siempre había sido así… no veía porque eso fuera a cambiar.

Las mazmorras se encontraban en la zona más baja del castillo, jamás había ido allí, y pocos minutos después cuando se vio frente a la puerta que debía atravesar; sintió un leve arrepiento. Esas mazmorras estaban protegidas con los poderes más fuertes del planeta Kai-Shin, imposible escapar sin la ayuda de alguien que supiera controlar esa mágica energía.

Entró sin pensarlo mucho más, o acabaría por retractarse y así se armería un escándalo con el Supremo sagrado, y quien sabe si terminaba encerrado como el jardinero.

El descenso que iniciaba en las escaleras con un pasillo angosto de paredes adoquinadas estaba poco iluminado, unas pequeñas lámparas colgaban a sus costados, y esperaba que el resto del camino fuera así, como también esperaba que las celdas no estuvieran en completa oscuridad y tuviera que adivinar el rostro del jardinero.

Como lo suponía, en los 3 camino que surgían al finalizar el pasillo; también había algo de iluminación. Si mal no recordaba al leer la primera página del expediente de Koro; este se encontraba al final del camino derecho. No tardó demasiado en llegar allí, pues sus pasos eran apresurados y ansiosos.

Recordaba a Koro, aunque con dificultad, porque en ese entonces ya era supremo del universo 10 y casi no frecuentaba el planeta; y agradecía eso, porque de continuar mucho tiempo más en el planeta hubiese terminado en las mazmorras y sería compañero de Koro… Inevitable no pensar en ello.

La última celda estaba condicionada, desde las rejas podía ver que el hombre tenía una cama,velas, una pequeña mesa, un cuadernillo y lápices. Se sorprendió al notar que Koro no estaba en las condiciones que estaría un makaioshin, y sin duda debería de estar agradecido de que no haya sido tomado como tal por el sagrado que tenían como gobernador… pero alguien tenía que poner las reglas en el lugar...como cualquier otro lugar. La libertad, también era relativa…

Por cuestiones de "seguridad" según el Hombre sagrado, Gowasu no podía pasar del otro lado de la celda y al llegar al destino sólo tomó asiento en un pequeño taburete que alguien había dejado intencionalmente. Aclaro su voz un poco intentado hacerse notar frente al corpulento hombre que estaba recostado en la cama y mirando hacía la pared, pero sus intentos fueron absurdos.

Dejó pasar unos cuantos minutos más y finalmente hablo: - Hola Koro. No te preguntaré como estas…- Dijo mientras daba una fugaz mirada a los alrededores. -… porque, sería una pregunta bastante estúpida. Nadie puede estar bien aquí dentro y sinceramente no voy a seguir el protocolo de preguntas idiotas… pero tal vez… quieras decirme algo-

Los segundos pasaron y pronto se transformaron en minutos; largos, minutos que se hacían eternos y amenazaban con transformarse en horas, lo que dejaba más que claro las intenciones del jardinero. Gowas dejó escapar un nuevo suspiro y dijo:

-Mientras venía de camino aquí leí en tu expediente que le dijiste al guardia que jamás volverías a hablar y que te cortarías la lengua por si algún idiota osaba obligarte a hacerlo, pues… intuyo que soy ese idiota pero no estoy aquí para obligarte, más bien… yo me siento obligado de venir aquí por un diagnóstico que considero equívoco…-

La última frase, había sido suficiente para que el jardinero moviera al menos un trozo de su cuerpo; un brazo o lo que sea, para que luego tomará la decisión de quedar sentado en cama. El hombre miraba a la pared frente a el, no era necesario hacer su mirada al costado para ver a Gowasu y dar una corta respuesta:

-Vete al infierno- Dijo Koro con total tranquilidad, ocultando tras la tenue luz sus ojos en los que podían reflejarse toda la ira contenida.

Gowasu guardó silencio unos cuantos segundos y luego respondió: -Bueno… me siento satisfecho de saber que no te has cortado la lengua-.

El jardinero, contuvo su ira en una bocanada de aire y corrió hasta las gruesas rejas que lo separaban del Supremo Gowasu. Luego grito: -¡Vete al infierno!-

En un instante Gowasu ya estaba parado y a unos cuantos centímetros de las rejas, su mirada no era acusadora, ni asustada o molesta, más bien, era desafiante. Sus ojos estaban clavados en la figura del hombre por mero capricho, como si le estuviera mostrando que con ese grito sólo había captado su atención y que no se desharía de el tan fácilmente.

-¿Quieres un té?- Dijo Gowasu apenas gesticulando.

(Fin flashback)

En unos cuantos parpadeos el anciano volvía a la realidad, dando lentas miradas a sus alrededores y con la carpeta donde traía el informe de Koro, aunque eso no era importante; no en el momento actual, porque la causa de que saliera de esos pensamientos, venían del jardín, el cual podía visualizar si miraba desde la ventana. Estaba perdido en el pasado pero aun así pudo notar la energía de su alumno fuera del templo, no se movía; estaba fija en un lugar.

Cualquiera que fuera el motivo por el cual Zamasu abandono la cama, era algo positivo para el hombre, porque en ese momento caótico que había vivido, creyó que su aprendiz no volvería a levarse ni volvería a decir una sola palabra, sin embargo ya se encontraba descansado en el jardín seguramente, y lo comprobaría asomándose a la ventana para visualizarlo, además de controlar que todo estuviera bien.

Su asombro fue instantáneo y sólo alcanzó a decir: -Cielos…-

A largos metros del templo, Zamasu había cavado alrededor de 40 pozos, más de la mitad ya estaban cerrados y con coloridos tulipanes florecidos, su magia; aunque no tan potente como la de un Shin-jin mágico, le había permitido acelerar el crecimiento de aquellas flores.

Sus ojos brillaban mientras en su boca se dibujaba una pequeña sonrisa, cantando en pausados susurros que no podrían ser escuchados por el anciano si este no lograba acercarse un poco más.

-Oh Neptuno ¿Dónde estas? Aquí, allá o más alto. ¿En que dimensión estarás? ¿Dime que camino escogerás?, tal vez deberías regresar, mira hacia atrás, mira hacia atrás o algo vas a olvidar. Despierta, despierta ahora, abre tus ojos… o ¿Alguien está jalando tu mano?...-

-¿Zamas?- Preguntó Gowas extrañado y al mismo tiempo sorprendido.

El aprendiz volteó rápido, sobresaltado, dejando que en sus ojos se viera reflejado el repentino pasmo de ser sacado de ese mundo personal; donde estaba refugiado, encontrándose con la mirada de su maestro. Segundos después observó sus manos y su delantal embarrado al tiempo que dejaba escapar algunas palabras: -Lo siento… yo…-

La mirada del hombre estaba maravillada con los tulipanes de Zamas, sus colores y la perfección con las que habían sido hecho. Tampoco podía creer que tuviera como aprendiz al creador legitimo de aquellas hermosas flores que una mañana habían empezado a adornar el planeta Kai-Shin, sabía que era el verdadero creador porque la energía que desprendían esas flores eran las mismas que sentía en aquel planeta. Aun así, debía romper aquel encanto y dirigir la mirada en dirección al joven que aun continuaba mirando su delantal y sus manos sucias, como si realmente fuera importante haber estropeado un traje o como si este hubiese quedado suspendido en aquel momento y mirando sin mirar. Por otro lado, no pudo evitar escuchar la suave canción que apenas susurraba pero que sus agudos oídos alcanzaron a entender.

-¿Quién es Neptuno?- pregunto el hombre a quemarropa, no como un reproche si no por curiosidad y quizás con la leve sensación de haber oído ese nombre alguna vez.

El joven no tardó en dirigir la mirada al hombre, sin embargo estaba muy lejos de responder, quizás ni siquiera el sabia lo que había dicho.

-Oye…- Dijo el hombre agachándose para quedar justo en frente de Zamas. -¿Qué sucede?-

La pregunta llegó claramente a sus oídos, y en unos cuantos parpadeos indicando que todo se volvía más lúcido Zamasu respondió: -¿Qué?-

-¿Estas bien?- pregunto el hombre.

-Si- Dijo dando una rápida mirada a sus alrededores. - ¿Qué paso?-

-No lo se, dímelo tu- Respondió señalando en dirección a las flores.

Zamas volteo encontrándose con lo que había creado y mostrando todo su asombro, como si no creyera que fuera el protagonista de aquello que había creado o como si en realidad no reconociera lo que había hecho con sus manos; sus poderes o lo que fuera.

-Yo, no sé qué…- Dijo balbuceando y algo desconcertado.

-Será mejor que vayamos adentro...- Respondió el hombre jalando su brazo aunque sin poner demasiada fuerza.

-No… no- Respondió Zamas poniendo algo de resistencia y encontrándose más desorientado.

Completamente extrañado Gowasu aflojó el agarre que sostenía el brazo de su alumno. No deseaba obligarlo a entrar si realmente no quería, aun así no podía evitar insistir en preguntar.

-Dime que sucede Zamas ¿Puedo ayudarte en algo?- Dijo el hombre ya más preocupado.

El pecho del aprendiz empezaba a agitarse mientras su memoria insistía en armar una historia, sin saber si era una fantasía o una realidad ¿Cómo saberlo? Todo ese recuerdo estaba hecho de heridas y otros ni siquiera eran suyos o si... No lo sabía. Su caída, violenta, lastimosa...cayendo en las profundas sombras de un mundo invertido, donde podía verse parado frente a un enorme halo de luz rodeado de las penumbras, el miedo quemaba a cada segundo, en cada paso de aquel sendero que se tornaba más y más inseguro; lleno de obstáculos. La luz… allí estaba, pasando el valle de los oscuros matices que revelaban su existencia; su nueva existencia. Finalmente sus ojos se abrían en el mundo donde nadie jamás lo nombraría, esperando a la luz capaz de despertarlo y recordarle lo que había olvidado…

Cómo si su cerebro hubiese sido desconectado, el aprendiz cayó al suelo desvanecido, desconectándose del mundo que lo rodeaba y de un maestro alarmado que gritaba su nombre en vano.

Miedo al despertar

El anochecer estaba a unas pocas horas de llegar, el templo estaba silencioso aunque dentro el anciano Elder acompañaba a Kibito.

El hombre llegó de la tierra completamente calmado, con una mente serena y un corazón atento a cualquier cosa que sucediera a su alrededor. Hablar con Uranai baba había resultado gratificante y hasta pensaba en volver a verla, pero por el momento podía decir que estaba listo para un nuevo encuentro con su superior. Mientras tanto continuaría leyendo algún libro hasta que el joven necesite algo.

Al parecer el supremo andaba molesto aún, porque ni siquiera había asomado su pequeña y esbelta nariz a la sala. Podría estar preocupado, tal vez el antiguo Kibito lo hubiera hecho, pero el nuevo Kibito estaba calmado, se proclamaba un mar en calma… Eso hacia que pudiera pensar con más claridad y estaba seguro que Shin saldría cuando menos lo espere.

El Elder, silencioso pero lo suficientemente sabio o chusma, sabía que Kibito se había ausentado así como también sabía que había estado en la tierra y acompañado de los humanos, lo cual hacia que sintiera algo de curiosidad por ello. Era raro ver a Kibito en el planeta tierra, más aún cuando tenía desconfianza hacia los humanos.

-¿Qué te traes en manos?- Pregunto el Elder entre cerrando sus ojos y erizado sus cejas.

Kibito, totalmente desorientado y metido en sus pensamientos respondió: -¿Qué?- .

-¿Qué hacías visitando la tierra?-

-¡Oh Jajaja! ¿Me esta espiando?- Pregunto levantando la mirada de su lectura.

-No , estaba mirando bellas señoritas y te vi a ti-. Respondió con sinceridad.

Kibito hizo un revoleo de ojos y respondió: -Claro… En realidad estaba algo aburrido- Dijo intentando volver a su lectura.

Ni lento, el anciano volvió a entrecerrar sus ojos y respondió: -Eres un mentiroso, no irías a la tierra aunque fuera el día más aburrido de tu vida-

El hombre sorprendido volvió a desviar su vista de la lectura y respondió: -Intento socializar, solo eso-.

-Si no me lo dices lo averiguare…- Dijo desafiante.

Kibito lanzo una mirada en donde podía verse la pereza y luego respondió: -Oh… antepasado…-

El anciano, casi interrumpiendo a Kibito dijo: -Se trata de Shin ¿verdad?-

El hombre dejo su mirada pasmada sobre el Elder uno cuantos segundos, su lectura ya había sido interrumpida más de 3 veces y eso indicaba que continuaría siendo así al menos hasta que pudiera sacarse de encima a ese hombre. Dio un largo suspiro y luego respondió: -Si-

-¿Y porque recurres a los humanos para hablar sobre él?-

-Superior… no creo que sea conveniente hablar de esto ahora, el esta despierto y aunque aún está…-

Nuevamente el anciano interrumpió diciendo: -Está molesto. Cuando llegue estaba pateando el árbol del jardín ¿Imaginas eso? Te lo dije hace tiempo, ese muchachito esta perdiendo la cabeza, si no lo educas tu lo haré yo. Fue demasiado pronto para convertirlo en un gran supremo-.

El hombre rosado no pude evitar sentir irritación ante esas palabras e interrumpió rápidamente: -Disculpe, pero el hecho de que haya quedado como gran supremo sólo fue parte del destino. Shin fue el más joven de todos los supremos y usted lo sabe, su edad promedio ahora y si mis cálculos no fallan en años humanos serían 20, y por supuesto que no esta listo para ser un gran supremo sobre todo si usted intenta opacarlo-.

Esta vez el hombre mas arrugado interrumpió: -¡Oh! ¿Me estas atacando Kibito?-.

-Si y lo siento señor. Pero usted no ayudará a Shin si continua juzgando cada acción. Por eso prefiero mantener silencio. Lo siento y me disculpo en mi atrevimiento de hablarle de esa manera, pero ya no dejaré que usted lo maltrate o le de un golpe en la cabeza por que simplemente cree que es un tonto. Si usted quiere saber que hable allí en la tierra vaya y averígüelo pero no escuchara nada de mi boca. Con su permiso-

El corazón del hombre latía a mil, nunca se había creído que hablaría de esa forma a un antepasado. Esa fuerza que lo impulso a hablar tal vez era la rebeldía que nacía del amor hacia Shin. No estaba arrepentido pero salir de aquella sala evitaría otro enfrentamiento, su habitación sería el refugio perfecto y si Shin necesitaba de el seguramente lo buscaría allí.

-Lo siento- Dijo una voz detrás de él en medio del pasillo que conducía a la habitación.

Kibito freno sus pasos y volteo rápidamente hacia la figura de aquella voz tan familiar y llena de arrepentimiento.

-De acuerdo- respondió el hombre mayor.

Shin sostuvo la mirada unos segundos y luego volvió a decir: -Lo siento de verdad Kibito-.

-Lo se- Respondió con sinceridad y serenidad.

El supremo dejo escapar un suspiro, mientras agachaba su cabeza y miraba sus pies. Estaba avergonzado y también molesto, no molesto con Kibito, si no con el mismo, aunque fuera difícil de aceptar, Kibito no había sido tan responsable o para nada responsable… porque después de todo, su asistente siempre se había comportado amable y sobreprotector.

-Estaré en mi habitación si necesitas algo sólo avísame Shin-.

El muchacho alzó su cabeza sorprendido al tiempo que decía: -Me dijiste Shin-.

-Si, así es como quieres que te llame ¿Verdad?-

Shin asintió con su cabeza en un gesto afirmativo. El silencio volvía a hacerse presente en el, dejando algo de vacío entre aquella conversación. Los suspiros eran escuchados por el hombre que estaba a unos cuantos metros y fue este quien rompió el silencio nuevamente.

-Bueno, ya sabes donde buscarme- Respondió y luego volteo para continuar con su camino.

-No quiero estar solo- Dijo Shin con una voz aún más avergonzada, algo trémula también.

Kibito volteo nuevamente clavando la mirada en el muchacho. ¿Era una señal del universo? ¿Debía interpretar la necesidad de su superior como algo que se revelaba ante el?

-De acuerdo. ¿Quieres ir al jardín?-

El muchachito, con su mirada algo entristecida, negó con su cabeza. Para Kibito aquella mirada no pasaba desapercibida, y tal vez no venía sólo a disculparse o a buscar algo de compañía. Una palpitación dentro del hombre se hacía cada vez más intensa con el correr de los segundos.

"No hay tiempo que perder" dijo aquella mujer y ello llegaba a su mente como otro fugaz recuerdo.

-Quiero mostrarte algo- Dijo la voz del jovencito.

Segundos después Shin volteaba para dirigirse a su habitación , a lo que Kibito interpretó que este quería que lo siguiera; no hacía falta decir mucho más.

El hombre camino detrás de Shin, recordando cada palabra de Uranai baba; como si estuviera hablándole en ese preciso instante, como alguna otra señal del universo para que mantenga sus ojos abiertos, quizás para aceptar cualquier cosa que estuviera por llegar o tal vez para recibir más señales y poder guiar a Shin; lo que fuera, cualquier cosa podría servir de ayuda.

El supremo Shin entró en la habitación quedando de pie a unos cuantos metros de la puerta, Kibito no tardó en llegar y finalmente la cerró.Esperaba una palabra, una acción por parte del muchachito, no obstante, los primero segundos fueron silenciosos, ensordecedores, tanto que inquietaba e irritaba al hombre mayor, pero no por enojo, si no por deseo de saber que sucedía.

"¡Pero no te desesperes! Porque cuando más desesperado estés menos te ayudaras… y mucho menos lo ayudaras a él" volvió a escuchar esa voz dentro de su mente, tan claro como cuando fue oída por primera vez. Aquella mujer volvía a hacerse presente.

Finalmente sus pasos se hicieron en dirección a la silla que estaba de frente al escritorio. Allí esperaría, sereno y manteniendo al margen cualquier otro pensamiento de desesperación; nada de eso ayudaría ahora.

-Prométeme que me creerás-.

Kibito alzó su mirada hacia el jovencito aún de pie y dándole la espalda. Luego respondió: -No sería correcto prometer algo que no se si pueda cumplir Shin. ¿Lo entiendes?-

Aquella respuesta, había hecho sentir al supremo como a un pequeño niñito. Pero así se sentía, pequeño, indefenso e incomprendido.

-Lo siento. No se en que estaba pensando cuando te dije eso- Respondió segundos después.

En un solo movimiento con su mano derecha hizo que la caja apareciera, luego volteo para quedar frente a Kibito.

El hombre miro la añeja caja recordándola al instante. Ese era el viejo artefacto que había encontrado debajo de la cascada, él también le había dado una mirada a ese lugar antes de ir a la tierra, pero allí no había ninguna cueva o algo parecido, y por un momento pensó en que Shin sufría delirios. Afortunadamente el tratar con esa mujer podía dejarle en claro que tal vez, en el mundo de la propia proyección del jovencito si había una cueva y lo mas probable es que de allí mismo; de ese mundo personal, de aquel pequeño hueco en donde se abrió otra dimensión estaba la caja.

-Yo puedo escucharla- Dijo finalmente. Mostrando en su mirada la desesperación porque alguien mas que Wiss le creyera… o más bien, que Kibito le creyera.

El hombre volvió a dirigir la mirada en la caja de forma fugaz y luego miro a Shin. Su rostro serio y amargado no era nada novedoso por lo que no debía fingir frente a Shin, en realidad no podía gesticular ni decir algo que valiera la pena, porque el momento era solo de observación a sí mismo y a Shin.

-Dime algo por favor…- Dijo Shin con voz casi inaudible y suplicante. -No te quedes callado. No me digas que tengo que mirar hacia adentro, todo esta oscuro allí y no veo nada. Todos mis pensamientos se mezclan y puedo escuchar a mi mente diciendo miles de frases que no llegan a concluir…-

Kibito interrumpió y dijo: -¿Le temes a tu mente?-

-Si- Respondió al instante.

Kibito medito un momento y luego pregunto: -¿Y quien le teme a tu mente Shin?-.

Un corto silencio invadió a Shin, sin duda era una pregunta difícil de responder, y quizás cualquier cosa que respondiera sería incorrecta. Sin embargo respondió: -Yo-.

-¿Quién es ese "yo"?- pregunto el hombre rápidamente.

-No lo sé…- respondió pensativo, sumergido en aquella última pregunta.

-El que yo no pueda escuchar esa caja no significa que no sea real…-

-Lo se… Wiss puede escucharla-.

Kibito hizo una pequeña sonrisa de lado mientras asentía con su cabeza. Escuchar de la boca de Shin aquello le demostraba que Wiss podía llegar a saber todo ¿Podía?, no, definitivamente Wiss lo sabía todo. Poco después de un breve silencio respondió: -¿Y a eso le teme tu mente?-

-Si- Respondió con sinceridad y sosteniendo la mirada con su asistente luego continuo:- El me hace sentir en mi hogar. No me veas como un estúpido niño enamorado… por favor- Dijo eso último agachando su cabeza.

-No te preocupes por lo que yo pienso Shin, no tiene valor…

Shin interrumpió diciendo: - Y entonces ¿Qué debo hacer?-

-Eso es una pregunta muy difícil de responder. Yo no se que debes hacer. No se que quieres, pero eso tampoco debe asustarte a ti…-

-Me da miedo pensar en que no se lo que sucede conmigo- Respondió sobre las palabras de Kibito.

- ¿Y si empiezas a olvidar el miedo? ¿y si dejas de identificarte con todo lo que le pasa a tu mente? Si Wiss es quien ahora te hace sentir en calma entonces permanece allí. Si el escucha esa caja al igual que tu ¿Por qué te niegas a aceptar lo que es visible en tu corazón?-

En aquella última pregunta, el supremo presionó fuertemente sus diente mientras sus ojos comenzaban a aguarse, sin tardar demasiado en que sus lágrimas cayeran sin previo aviso para ninguno, puesto que Kibito tampoco esperaba aquello.

-¡Porque siento que estoy olvidando algo!- Respondió rompiendo en llanto. -Tu no sabes lo que es despertar y sentir todos los días como intento acomodar en mi cabeza lo que sucede, puedo escucharlo todo el tiempo y cada día se hace mas intenso. Estoy desesperado buscando algo que no se si es real y siento que estoy volviéndome loco, ¿Hasta donde todo esto es real Kibito? ¿Cómo se que no estoy volando dentro de un sueño? ¿Qué diferencia hay entre el sueño y la realidad? ¿Estoy despierto o estoy soñando? Las respuestas no están en Wiss, no están en ti y no está aquí en este mundo…-

Kibito escucho atentamente pero su mente había quedado atrás en una frase y eso impulso al hombre a interrumpir al jovencito, el momento del caos era el momento justo para que hablara: -¿Qué escuchas Shin?-

-¡A el!¡Su voz…!- Respondió en un llanto más doloroso. – Lo perdí…- Dijo mirando a los ojos de su asistente.

En aquel punzante llanto, Shin dejaba ver todas las heridas causada por el pasado borrado, algo que ambos desconocían, sin embargo, Kibito creía en cada una de esas palabras, y pese a no moverse de su silla compartía el sentimiento de desasosiego con su superior. Shin pedía a gritos encontrar eso que le hacía falta, tal cual dijo Picoro y Uranai baba.

-Creo que se me perdió…- Dijo Shin aún en llantos y desorientado, sin saber si lo que decía era correcto. Daba igual, por que lo manifestado estaba brotando de un corazón desbocado y no de una mente pérdida. Su respuesta era clara para Kibito, y ahora sabía que en el fondo Shin era consciente de que buscaba a alguien, sabía que lo escuchaba y entonces esa persona también lo estaba buscando a él.

Era un terreno completamente desconocido, dos seres buscándose entre sí ¿para que? ¿Con que fin? ¿Cuál era el secreto que se escondía detrás de ese desesperado encuentro entre dos seres? ¿Por qué ellos habían elegido este mundo para encontrarse? Ambos seres caminando por el lado oscuro de una tablero de ajedrez, sin figuras, sin líneas. ¿Cómo el universo podía ser tan cruel y no cederles el paso a que se encuentre? ¿o tal vez alguien movía los hilos para que no suceda?

Habían perdido el camino y ahora no sabían como seguir, tal vez ese otro alguien estaba tan herido como el, al borde de la cornisa y con los ojos secos de tanto ver hacia fuera, buscando respuestas en sus alrededores.

El abismo

El ángel permanecía de pie y bastante ansioso, caminando de un lado a otro y mirando de vez en cuando la orilla del abismo. El abismo de la dimensión 26 era el lugar de encuentro de los ángeles, un lugar vacío, con diferentes tonalidades que formaban extrañas figuras sin ninguna forma conocida; demasiado complejo para describir.

Estar en aquel abismo no le agradaba demasiado, pues desde allí inicio su caída Neptuno hasta la tercera dimensión; abriendo con su vibración cada portal que separaba las superficies. Ese lugar sólo le recordaba el preciso instante en que Neptuno renunciaba a su eterna energía divina para transformarla en una dormida y llena de sentimientos mundanales, vacíos e incomprensibles.

Wiss odiaba recordar aquello, y maldecía cada vez que esos pensamientos resonaban en su mente, si su padre viera aquellos sentimientos lo más probable es que lo desterraría de la posición en la que estaba… claro que sí… la tercera dimensión había logrado absorberlo y bastante… pero aun sobrevivía.

La luz brillante e incandescente que ascendió hasta tocar el borde del abismo, fue la señal de que el Sacerdote Daishinkan había llegado.

El hombre llevaba una sonrisa muy característica de todos los ángeles, o mejor dicho la que todos sus hijos traían; seguramente la habían heredado de el. Sus manos estaban detrás de su espalda como en la mayoría de las veces, sin embargo, la energía que desprendía era algo intimidante. Lo era para Wiss, quien podía sentirlo, lo conocía y su apariencia engañaba más que cualquier cosa en el mundo; en este o en otro… era igual.

-Padre…- Dijo Wiss en forma de saludo e inclinándose apenas un poco.

Daishinkan observó la acción al mismo tiempo que la ignoraba sin responder al saludo, sin perder el tiempo pregunto: -¿Qué estás haciendo?-.

El ángel volvió a su posición erguida y respondió dubitativo: -Yo… te estoy saludando-.

Una pequeña sonrisa y el hombre respondió: -No esquives mi pregunta-.

-¿Qué?- Pregunto confundido.

-¿Necesitas que te lo recuerde? Bueno…- Respondió haciendo una nueva sonrisa.

Sin perder el tiempo el sacerdote alzó su mano creando así una gran bola de energía, esta desprendía un radiante color verde en los bordes pero su centro era transparente, allí y no muchos segundos después; podía visualizarse el planeta sagrado del universo 7.

Todas eran imágenes pasadas, recuerdos pasados. El nacimiento, la niñez, su adolescencia, adultez, la vida de Shin pasaba por aquella gigantesca bola de energía que funcionaba como una vieja cinta de recuerdos. Cada suceso era visto por los ojos del joven asistente de Bills, y que solo le recordaba lo que debía hacer.

-¿Ahora recuerdas?-

-Padre…-Dijo en un susurro.

-Sabes que no funciona así. ¿Lo sabes verdad?-.

El ángel agachó su cabeza mientras pensaba en las palabras de su padre y que responder. Sin duda, lo que fuera que tuviera para decir sería utilizado en su contra, aun así, respondió: -Si-.

-Bien…-Dijo el hombre haciendo una pausa y luego continuo: -Entonces, quítalo de mi camino-

-Oh papá…-Dijo en un lamento. -Por favor-.

-¿Qué sucede contigo Wiss?-

-Déjalo morir y volver aquí- Dijo de manera suplicante.

-No lo quiero aquí. Y no lo dejarás morir… y tampoco volverá... Ya no- Dijo al tiempo que hacía desparecer la bola de energía. -Hice unos pequeños cambios en esa caja y ahora Neptuno solo se mantendrá contigo ¿Eso querías verdad? Cuando muera su energía continuará su ciclo sirviendo como mineral de otra forma de vida… o lo que sea, y tu volverás aquí para tomarte un descanso, creo que ese mundo esta acabando contigo…- Hizo una pausa acompañado de una corta risa y luego continuo: -Te has vuelto débil… y así no me sirves. Te recomiendo que disfrutes de la compañía de Neptuno mientras puedas porque esta será la última vida en donde lo verás-.

Los puños de Wiss estaban fuertemente presionados, mientras miraba el suelo ocultando sus ojos y la forma en que estos empezaban a volverse cristalino a causa de las lágrimas. Su objetivo único era contener aquellos espasmos que el llanto provocaba, ocultando de los ojos de su padre los incontables huecos que tenia en su alma, sin embargo su objetivo parecía estar a una distancia demasiado lejana para alcanzarla. La muerte en vida había llegado cuando escucho que ya no podría acunar a su ángel; su amado Neptuno, de nuevo a su mundo.

-¿Por qué haces esto?- Pregunto con un hilo de dolor en su voz.

Daishinkan conservaba el silencio, dedicándole a su hijo una mirada indiferente y fría, carente de cualquier sentimiento. A simple vista parecía que disfrutaba con aquellas lágrimas que había logrado arrancarle, disfrutaba del apenas audible quejido que dejaba escapar de sus labios mientras esperaba una respuesta de su parte.

-Mírate Wiss… te has vuelto tan vulnerable, tan susceptible…- -Pero hiciste un buen trabajo. Gracias a ti pude saber a quien buscaba- Dijo estirando su mano nuevamente para volver a formar la bola de energía y poder mostrar a Zamasu. -Bonito niño ¿Verdad? ¿Sabes para que lo busca?-

El ángel sólo negó con su cabeza mientras continuaba en su silencioso llanto.

-Yo tampoco… Aunque creí que solo quería salvarlo, pero no es así ¿Verdad?- dijo volviendo a sonreír. -No… claro que no, Neptuno no renunciaría a todo esto para salvar a "una" de millones de vidas más . Pero lo averiguare y de todas formas nunca se encontrarán. Aún así, cuando el universo los junte y sus cuerpos se vean jamás se reconocerán. Antes de que te vayas quisiera que sepas que gracias a ti Neptuno finalmente fue visible para mi, sus momentos más débiles hicieron que fuera capaz de poder verlo, de otra manera no podría haber guardado estos recuerdos…-Hizo una pausa sonriendo- Te los daré luego… y en cuanto a este joven aprendiz, yo me encargaré de él. Ahora vete-.

Wiss se mantuvo allí frente a su padre por largos segundos, sus puños estaban aún más presionados; casi doliendo. Sin importar en mostrar el dolor y como estaba muriendo por dentro hablo.

-¡¿Por qué haces esto?!- Grito enfurecido y bañado en lágrimas.

Casi sobre sus palabras Daishinkan respondió alzando su voz: -Agradécele a Neptuno… si no hubiese huido de aquí desesperado y ocultándome lo que trae en manos esto nunca hubiese ocurrido, pero siempre tuvo su manera de hacer las cosas… Y mira que grandioso es que hasta este momento ni tu ni yo sabemos que quiere en realidad con este desgraciado muchachito, pero sea lo que sea no lo conseguirá, nunca lo hará y tu no seguirás desobedeciendo porque si lo haces te haré desaparecer y ya nunca más podrás estar ni aquí, ni allá… y tampoco podrás vivir hundido en los recuerdos de tu querido Neptuno. Ahora vete antes de que cambie de opinión y despierte a uno de tus hermanos para que haga el trabajo que tu no quieres hacer-.

El ángel completamente desesperado se dejó caer de rodillas frente a su padre, vencido, perdido, ahogado en los recuerdos futuros del trabajo que debía realizar, completamente negado. Nuevamente como años atrás volvía a implorar no ser obligado a sabotear los planes de Neptuno.

Bajo la mirada de su padre, nada había sido sencillo, y por mas voluntad que tuviera de evadirlo eso era algo que no podía conseguir. Había sido el puente para que este llegará hasta Neptuno… ahora entendía porque su padre estaba tan deseoso de que Zamasu no tuviera la caja y había sido muy estúpido en creer que cuando la guardo estaría segura de cualquier otro ser. Había creído en las palabras de su padre de que sólo deseaba que la caja volviese a el; como si en realidad le estuviera haciendo un favor.

Por años había sido el títere de su padre para llegar a descubrir los planes de Neptuno, haciendo que su agonía sea cada vez más y más profunda, quedando como un ser malvado frente a su hermana, la única hermana que se tomaba el tiempo de preocuparse por el y comprender lo difícil que le era transitar el tercer mundo.

Vados había bajado sus brazos luego del robo de aquella caja, así se lo hizo creer su propio padre y desde allí la joven ángel se había limitado a cruzas palabras con el. Ella era la única testigo de que Neptuno estaba en la tercera dimensión, y había sido la elegida para proteger a Champa quien no era más que una división de la increíble y destructiva energía de Bills; juntos eran extremadamente poderosos.

-No lo hagas por favor…- Dijo finalmente suplicando tocando los pies de su padre. -Te lo ruego, no le hagas esto-.

El sacerdote miro hacia la cabeza de su hijo, frío, inmutable y luego respondió: -Oh Wiss… estas dando lástima. Sabes... lo único que no se detiene es el tiempo, y desde ahora deberías empezar a considerarlos e ir en busca que tu querido Shin- -Vete ya…-

-Te doy mi vida a cambio de la suya…-

Daishinkan interrumpió rápidamente sonriendo: -¿Qué? No quiero tu vida hijo, ¿para que quiero eso? Tengo suficiente poder, y tampoco quiero a Neptuno, mucho menos aquí…-

El Joven ángel volvió a interrumpir diciendo entre mas llantos incontrolables: -Entonces déjame irme con el. Hazme mortal déjame morir con el para no recordar nada de esto, no me dejes aquí para que viva eternamente en la oscuridad, no me pongas a dormir para que en sueños pase buscándolo. Te lo suplico padre no me dejes vivir sin siquiera poder saber de el. Borra de mi estos 12.600 millones de años en su compañía y déjame vagar por el espacio sin importar donde sea, cualquier cosa será mejor antes que vivir sin saber que nunca más volveré a verlo-

El Llanto de Wiss, se hacía lejos en los oídos de su padre, sosteniendo el mismo rostro insensible, con su mirada imperturbable. Decidido, retrocedió unos cuantos pasos para que su hijo dejará de mojar con lágrimas sus oscuros zapatos. La despedida no se realizaría, porque de todas formas lo volvería a ver; quizás en unos meses más. Sin decir una palabra el sacerdote desapareció de la escena dejando unos pequeños rastros de luz.

Continuará…