Buenas noches, y buena madrugada para otros. Después de varias semanas, creo que fueron bastantes, dejo el siguiente capítulo de esta historia. Normalmente me gusta subir capítulos una vez a la semana, pero estoy pasando algunos problemas de salud y aunque estoy ya hace dos semanas en cama no he tenido muchas fuerzas para escribir y mi mente estaba nublada así que tampoco podía acomodar las ideas jajaja
Afortunadamente, estoy un poco mejor aunque debo esperar a realizar un estudio más antes de volver a mi rutina. La idea no es aburrir a nadie con el circo de mi vida jajaja así que me despido hasta la próxima. Tengan muy buenas noches y madrugadas.
Muchas gracias por leer.
Nota: 28-04 Modifique algunos errores en el texto, los note al volver a leer el capitulo para continuar con el siguiente, olvide decir a quienes leen esta historia, que si gustan pueden avisarme de los errores que trae la historia. Saludos
Capítulo 5
Polaridad
-En 168 horas y treinta y cinco minutos sólo escuche decir "Vete al infierno"- Dijo Gowasu.
El único motivo por el que Gowasu quitaría la vista del expediente del jardinero, seria para echar un vistazo dentro de la celda y comprobar cuanto se movía el hombre después de escucharlo.
Koro tras las rejas, parecía no haber percibido nada, y para Gowasu; a simple vista, le parecía que dormía profundamente… pero el anciano sabía que no era así.
Había acordado con el sagrado kaioshin que asistiría a Koro al menos dos veces la semana, y la idea principal consistía en adelantar el proceso de sanación de Koro; si es que la tenía. Estaba claro que esa idea solo podía venir de parte del sagrado kaioshin, ya que el hombre llevaba prisa; como si realmente a alguien le importará que el jardinero estuviera prisionero. Parecía que en ese planeta a nadie le importaba si un inocente pasaba el resto de su vida dentro de un calabozo, pero la verdad detrás de la fachada era que nadie quería contradecir a un hombre de 3 millones de años.
Para Gowasu permanecer en las mazmorras empezaba a convertirse en un calvario, puesto que éste no había dicho ni una palabra salvo "Vete al infierno" sin embargo, estaba intrigado por conocerlo, por cuestionarlo y además poder ayudarlo.
Había tenido tiempo de leer todo ese papeleo que llevaba en las manos; no era demasiado, y lo que estaba allí escrito sólo era más de lo mismo "El hombre cree que tiene un hijo"
-¡Que mierda!- pensaba. Sobre todo cuando leía 5 páginas seguidas donde insistían que el pobre jardinero estaba chiflado.
Estaba intrigado por saber que lo llevo a creer que podría tener un hijo, o ¿Cómo lo sabía? ¿Por qué? Arriesgarse a decir algo como eso ameritaba tener fundamentos, porque cualquier Shin-Jin en "su sano juicio" diría y daría por hecho que pese a poder crear magníficas cosas, no le era posible que tuviera un hijo, sin importar el género.
Mientras Gowasu permanecía sentado en el taburete, con sus brazos cruzados y una pierna sobre la otra; había tenido suficiente tiempo para que sus ojos inspeccionaran aquel cuadrado y las cosas que había allí, y el cuaderno sobre la mesa era algo que había llamado su atención, tanto así que pensó que podría echarle una mirada; y si lo conseguía…
Luego de un largo y sonoro suspiro el Supremo dijo: - Ese cuaderno que tienes allí ¿Lo usas para algo en especial?-
Pero no hubo respuestas, Koro continuaba en la misma posición; acostado, mirando a la pared y en la zona más oscura de la celda, sin emitir un mínimo sonido.
Esta vez, el amarillo hombre expulso un suspiro quejoso, cerrando sus ojos y sobándose el rostro ligeramente. Hacer que el hombre hablara podía resultar tarea difícil, o lo más probable es que jamás volviera escucharlo decir algo como "vete al infierno", sin embargo, para Gowas podría haber un método, aunque algo cruel, y ello consistía en hacerlo enojar, decirle algo ofensivo y que al menos volteara a dar un insulto, pero eso también era algo estúpido de su parte ya que Koro necesitaba confianza, y con soberbia u ofensa no lo conseguiría.
Gowas tomó una bocanada de aire y luego volvió hablar: -Escuche Koro, sé que no haré que confíe en mí, pero tiene que empezar a considerar la oferta. Puedo ayudarlo a salir de este lugar pero para eso debe colaborar… ¿Lo entiende?- Hizo una pausa mientras le daba una rápida mirada al expediente y luego continuo diciendo: -Aquí dice que… usted ha orado a Kaiju durante…-
- Un año y treinta y cinco días-. Respondió Koro con una voz grave y potente que retumbo en las paredes adoquinadas de la celda.
Con los ojos bien abiertos y su boca acompañándolos Gowasu guardo silencio… solo por respeto; respeto hacia koro, o tal vez una manera de agradecerle haberlo escuchado después de 3 sesiones de silencio, pero además esperanzado con sacar al hombre de allí.
-Gracias- Dijo Gowasu aun sorprendido y con sus ojos clavados en la figura del hombre quien aun estaba en la cama.
Aun silencioso; silencio que en realidad calculaba para no sobrecargar con demasiadas preguntar al hombre, pensaba que tal vez podría continuar hablando si mantenía un margen entre preguntas, o que podría intentar contar algo sobre él con el fin de mantenerlo cayado y darle algo de confianza.
-Sabe… yo también solía orarle a Kaiju- Dijo tratando de volver al tema. –Solía hacerlo durante mi niñez y adolescencia, pero luego cuando el universo diez se quedo sin supremo salí sorteado para remplazarlo. Después no pude venir por mucho tiempo- Hizo un nuevo silencio, esta vez pensativo, remontándose a algún viejo recuerdo, poco después hizo un pequeño gesto curvando su boca; algo parecido a una sonrisa y dijo: - Solía orar por el bienestar y la protección del pueblo. En ese tiempo digamos que… naci en una época catastrófica para el Shin-jin, todo estaba en caos y nuestra raza se mataba a sí misma, bebes, niños… ¡Daba igual! La guerra no discriminaba cuando se trataba de una exterminación masiva… o mejor dicho…- Hizo una pequeña pausa. –Los Shin-jins llamados Makaio-Shins no discriminaban cuando se trataba de asesinar a otro Shin-jin, sobre todo si eran nacidos de manzanas doradas. Muy pocos sobrevivimos a ese ataque de hecho muchos están fuera de este planeta refugiados en el Reino Celestial o también puedes decirle Toki-Toki ¿conoce acerca de ese lugar cierto?- Pregunto. Aun así el Jardinero no emitió sonido alguno por lo que Gowasu continuo diciendo. –Lo cierto es que aunque no pude ver eso con mis propios ojos porque apenas era un bebe, todavía puedo recordar los gritos de mis compañeros pidiendo ayuda y refuerzos, puedo escuchar los estruendos que las gigantescas bolas de fuego hacían al caer sobre nuestro planeta… aun puedo oler la vegetación quemada y la carne de los cuerpos chamuscados…-
En aquel relato, algo llamo la atención de koro, y de forma rápida tomo asiento en la cama. Por primera vez el hombre le dirigía la mirada sin ningún tipo de odio o irritación, calmado y sereno, también con algo de curiosidad que nacía al escuchar a un supremo kaioshin, no es que no los haya escuchado antes, solo que en su mayoría los supremos se mantenían bastante aislados haciendo otro tipo de tareas que tal vez un Shin-jin de fruto común no hacía y por consiguiente estos hablaban mas entre ellos. Poco después Koro pregunto:
-¿Recuerda ese momento?-
-Sí. Lo recuerdo- Respondió el anciano Gowasu al instante.
-¡Ha! A eso le llamo estar consiente- respondió Koro con una sonrisa de medio lado y luego continuo diciendo. –Ustedes los Shin-jin de fruto dorado tienen grandiosas habilidades-.
El hombre amarillo pensó un momento y luego respondió: - Mmm No creo que ser consciente sea un premio por nacer de una manzana dorada Koro. La conciencia no hace ese tipo de elecciones. Todos tenemos conciencia y algunos son mas consientes que otros, podría decir que el hecho de haber percibido todo eso y que haya quedado en mi memoria solo fue por…-
-Por ser consiente- Respondió interrumpiendo.- No quiera ser humilde conmigo. Por millones de años los kaioshines han gobernado este mundo y no solo por nacer de un fruto dorado si no porque tienen la grandiosa capacidad de crear vida-
Esta vez el anciano Gowasu hablo casi interrumpiendo y dijo: - ¿Y usted no crea vida Koro? ¿Todas esas flores y arboles acaso no son creadas por usted?-
-Depende desde donde quiera verlo supremo Gowasu. Las creaciones son copias de otros creadores, jamás he creado algo que sea un invento exclusivo de mi, pero eso no me importa y ahora que estoy aquí mucho menos-.
-Entiendo…- Respondió Gowas.
Un nuevo silencio apareció entre ambos hombres, pero Gowasu en realidad solo intentaba mantenerse borde; como lo había planeado, entre preguntas y diálogos, en un intento porque el jardinero no se cansara y pudiera guiarlo un poco más a donde quería llegar. Por su parte Koro, respiraba calmado, sobando sus manos con tranquilidad y preparándose para ser quien rompía ese silencio.
-Quiero hacerle una pregunta-. Dijo Koro.
-Adelante-
-¿Por qué los Makaio-Shins siempre resultan ser frutos comunes?-
El rostro de Gowas se extraño y respondió al instante: - No creo que eso sea del todo cierto. Se dice que el mundo demonio tiene un rey de las tinieblas que resulta ser un fruto dorado-
-¡Oh Haha! No lo creo. Pero de todas maneras… ¿Por qué Kaiju traería a este mundo a un Makaio-shin?-
-Kaiju no es responsable de nuestros actos Koro. El nos dio la vida pero somos nosotros los que decidimos que hacer con ella. Existen 10 mil maneras de ocuparse de la vida, sin embargo el secreto está en la conciencia. Y así, volvemos al tema principal que es ser consciente.
-¡Oh No! Déjeme decirle algo, usted está equivocado. Un Makaio-shin además de ser en su mayoría de fruto común, aunque usted afirme que el dios de las tinieblas es un fruto dorado, estos son energía invertida y desde allí es que se los hace ver malvados. Entonces vuelvo a preguntarle ¿Por qué Kaiju traería a este mundo un ser malvado?
El anciano, ciertamente no tenia aquella respuesta, pero todo indicaba que Koro deseaba llegar a algún lado con aquella pregunta, tal vez, después de que sufriera aquel episodio donde le quitaron al niño el hombre finalmente empezaba a cuestionar toda su fe. Suspiro profundo, con su mirada clavada en el hombre de larga barba que lo veía con ojos acusadores, esta vez, con molestia; algo de irritación también.
-Tal vez… Kaiju solo desea mantener el equilibrio Koro. Todo debe mantener un equilibrio y si es consciente de ello y miras detenidamente a su alrededor vera que todo tiene un equilibrio. También leí en su expediente, que usted solía decir que Kaiju no traería a este mundo a alguien destructivo o que pudiera ocasionar algún mal, pero vuelvo a repetirle, no es Kaiju responsable de esto, somos nosotros. El motivo por el cual decidí estudiar la mente Shin-jin siempre fue con la esperanza de salvar a un Makaio-shin, sin importar si estos nacieron con energía invertida, yo vivía con la ilusión de que estos pudieran cambiar, sobre todo porque no logro entender porque tienen tanto odio hacia nosotros…- Hizo una pequeña pausa y luego continuo. – Ahora… dígame Koro ¿Acaso está poniendo en duda su fe?-
-¡Oh! No es así, yo confió plenamente en Kaiju, sin embargo es usted el que no comprende porque le han tapado la historia. Como lo hacen con todo lo que no debe saberse porque no les conviene a unos pocos, y esos pocos son el resultado de los que han llegado más alto-.
Gowasu pensó un momento, quizás un momento largo; más de lo normal y luego se atrevió a preguntar: -¿Qué cree usted Koro?-
Koro tomo una gran bocanada de aire para luego dejar escapar un suspiro y respondió: -Yo no creo, yo lo sé-.
En la penetrante mirada que el Jardinero expresaba, Gowasu se detuvo unos cuantos segundos, aun mas pensativo, curioso, como si aquel hombre realmente tuviera algo que decir; como si realmente supiera algo. Pero ¿Por qué él? ¿Por qué un jardinero conocería un profundo secreto? Hacía unas semanas atrás, solo regaba los jardines hasta que se cruzo por su cabeza que el fruto caído del árbol era su hijo… Sin duda, para el amarillento hombre, Koro empezaba a ser un misterio, y a decir verdad, estaba muy lejos de creer que estuviera loco. Dio una mirada fugaz en dirección a la salida, como si quisiera cerciorarse de que no viniera nadie a interrumpir el momento o que escuchara algo que Koro no quería que se supiera, poco después pregunto:
-¿Y qué sabe usted Koro?-
El hombre se detuvo un momento a pensar, mientras el supremo respetaba aquel ensordecedor silencio. Se había prometido no decir una sola palabra, por su niño; su hijo, y le había sido revelado el motivo por el cual no debía hablar. Kaiju, la gracia y el amor de su creador le confiaba un secreto, y en el preciso instante que todo le fue revelado, ya no hubo motivo para utilizar las palabras.
-No estamos hablando de su hijo- dijo Gowasu quitando al hombre de sus pensamientos, alcanzando a ver solo en su mente, y estando seguro que no era él quien bloqueaba sus pensamientos. Allí dentro de ese hombre, penetraba una energía mucho más potente que la suya, estaba casi seguro que el protagonista de ello era el celestial Kaiju trabajando en el.
Por dentro, el jardinero se vio sorprendido, sin embargo, por fuera su rostro y facciones eran un tempano, con su boca cerrada y sus ojos totalmente enunciando frialdad acompañados de un cuerpo totalmente inmóvil.
-No meta a mi niño en esto-. Respondió finalmente.
-No lo hare- Dijo casi sobre sus palabras. –Pero sepa que de todas maneras no puedo entrar a su mente señor Koro. –Hizo una pequeña pausa pensando en las palabras adecuadas antes de nombrar al árbol y luego continúo: -Kaiju obstruye mí paso ¿lo sabe verdad? Pero al pensar en su niño usted se debilito… aun así, no deseo estar en sus pensamientos, yo prefiero hablar con usted y no intentare volver a entrar en su mente, porque nuestro gran creador Kaiju lo custodia para que nada se sepa. Lo entiendo, y tal vez no haya nadie aquí que pueda sentir la gran energía de nuestro señor en usted-
-Entonces ¿qué quiere?- Dijo Koro interrumpiendo. –Usted pierde el tiempo aquí, porque no le diré nada de mi hijo y jamás negare que es mío para conformar a toda esa masa de idiotas que está allí afuera ¡Ciegos en sus propias creencias! ¡Creyendo que su verdad es absoluta! Usted viene aquí porque quiere sacarme de este agujero ¿No es verdad? Pues no negare que es mi hijo, nunca lo hare-.
-¿Y quién quiere que usted niegue eso? Le creo y sé que ese niño es su hijo. Es cierto, si, llegue aquí enviado por el gran supremo para hacerle entender a usted que los Shin-jin somos grandes creadores de vida pero que no podemos crear un hijo propio, sin embargo, la frecuencia vibratoria a su alrededor no es más que la del poderoso Kauji y él me está demostrando que usted tiene razón y por si no se ha dado cuenta en este momento estoy aquí porque la conversación llego a un punto en la que usted sabe algo que yo no, pero no estoy tan seguro de que Kaiju quiera que yo lo sepa. ¿Lo entiende?
El Jardinero parpadeo unas cuantas veces, con su mirada algo irritada, recordando fugazmente aquel episodio donde le quitaban a su niño, recordando también lo molesto que estaba con el sagrado kaioshin y con el resto de sus compañeros que guardaron silencio sin siquiera defenderlo o al menos oponerse a que este fuera encerrado. La injusticia a la que había sido sometido solo por pensar diferente, sin embargo, como rayo de luz había llegado un anciano supremo, y este parecía creerle en verdad, no eran sus palabras las que hacían que ese hombre se viera importante, era la profundidad de sus ojos, en aquellas oscuras y dilatadas pupilas a causa de la falta de luz; podía notar la verdad y la energía que salía de allí, esa energía, su agitación, hacían que se expresara la verdad en ese hombre, y sin pensarlo mucho mas dijo:
-Solo le diré que, con energía invertida o no, Kaiju jamás le daría un hijo malvado al mundo. Es el mundo el que hace malvado a un Shin-Jin mi señor, y así se contaminan las demás especies… todas las creaciones… Abra los ojos, mire detenidamente y vuelva al tema principal que es la conciencia-.
El supremo Gowas una vez más quedo sumergido en las palabras del hombre de larga barba. La discusión del Makaio-shin sobre su maldad, siempre había sido un tema interesante y también un misterio. Aunque le costara reconocerlo, no era Koro quien dudaba en la fe de Kaiju, era él quien se contradecía cuando lo bueno y lo malo se hacían presente.
La ley de polaridad, según el entendimiento de Gowasu era que todo tenía su doble, todo lleva un polo opuesto, cualquier semejante o antagónico son la misma cosa pero en diferente grado. Toda la verdad es semi verdad y todas las paradojas pueden reconciliarse. Su comprensión hacia la polaridad, abría el paso a la aceptación de que Kaiju era capaz de crear seres con energía invertida, sin embargo la contradicción invadía su mente cuando se trataba de relacionar lo invertido; no negativo; como algo malvado. ¿Por qué lo negativo debería ser malvado? Aquello hacia que el hombre nuevamente recuperara la esperanza de poder cambiar la mente de un Makaio-shin aunque su energía fuera invertida, lo negativo, de ninguna manera podría ser algo malvado ¿Por qué ellos se veían así?
-Disculpe…- Dijo un desconocido y joven kaioshin que custodiaba el lugar. –La sesión termino-.
La molesta voz del hombre, saco a Gowasu de los profundos pensamientos en los que realmente quería permanecer, y no deseaba abandonar el lugar, mucho menos ahora que Koro había hablado, no obstante debía esperar a la siguiente sesión la cual estaba deseoso de que llegara.
Dio un largo suspiro y luego se dirigió a Koro:- Volveré en 3 días Koro. Gracias por la charla-.
(Fin de Flashback)
…
Altar de las sombras
La búsqueda hacia las respuestas de aquella charla que Kibito y el habían tenido con Uranai baba; no había tenido descanso en los siguientes dos o tres días. Admitía que en verdad no hubiera deseado escuchar todo eso, y después de que Kibito abandono el templo, el Namekiano se dispuso a investigar sobre las teorías de seres de otros planos. Estaba claro que no le competía, de hecho ese era un asunto de los dioses, pero siempre había conservado un gran respeto hacia el supremo kaioshin, tal vez, era quien más respeto le tenía a Shin. No podía evitar sentir preocupación, o hacer como si nada estuviera ocurriendo y de allí que se encontrara con montículos y mas montículos de libros a su alrededor.
Por más búsqueda intensa que se haya propuesto, en aquellos libros no había gran cosa que pudiera saber, e incluso era mucho menos de lo que Uranai Baba había dicho… o definitivamente, allí en esos escritos no había nada que realmente pudiera valer la pena. Al no ser de su incumbencia tal vez debería dejar de buscar; pensaba en repetidas oportunidades, sin embargo algo dentro de él lo impulsaba a continuar.
No había pasado demasiado tiempo cuando la puerta de la pequeña habitación se abrió y el joven Dende hacia acto de presencia diciendo: -Disculpe señor Picoro pero ¿Hay algo en lo que pueda ayudar?-
-¿Lo sabes verdad?-
El joven Namekiano meneo la cabeza y respondió: -Si… ¡Pero no es lo que usted piensa! Yo jamás escucharía conversaciones…-
Pronto, el hombre mayor interrumpió diciendo:-Yo no te he dicho nada, ya sé que no escuchas conversaciones ajenas, lo sabes porque es tu naturaleza como dios de la tierra. Ahora dime ¿Qué piensas acerca de eso?-
Dende tomo asiento en la silla contigua a Picoro y respondió, algo Dudoso: -Bueno… pienso que no hay nada que podamos hacer nosotros para ayudar al supremo Kaioshin, es decir… Desconozco lo que sucede con los dioses más altos, pero el despertar de los dioses probablemente me incluya al ser el dios de esta tierra, siendo sincero, el universo está pasando por grandes cambios y hasta puedo decirle que tiene la inmensa necesidad de manifestarse; de decir algo. Como dios de la tierra se que algo se aproxima, pero soy incapaz de conocer el motivo por el cual un ser de otra dimensión puede estar aquí, si bien los seres de otros planos ya no son una novedad gracias a que conocimos a un ángel protector del dios destructor, la dimensión del señor Wiss no es la única existente y Uranai baba tampoco ha dicho si Shin o quien está en ese cuerpo pertenece al mismo lugar que Wiss…-
Picoro interrumpió rápidamente y pregunto: - ¿Y qué sucedería si fuéramos nosotros los que le preguntáramos a Wiss sobre el supremo Kaiosama?-
-No creo que eso sea conveniente señor Picoro. Y podrían suceder dos cosas, que Wiss dijera algo al respecto, aunque no creo que fuera así, o que simplemente ignore lo que preguntamos porque no nos incumbe, además tampoco podemos saber si Wiss realmente sabe algo al respecto…-
El Namekiano mayor volvió a interrumpir y respondió: - Te aseguro que Wiss sabe mucho más de lo que creemos tu y yo, no hace falta ser un genio para saber que él puede reconocer a otros seres, es un hecho y estoy seguro que lo oculta de Bills el destructor. Todos estos libros jamás ayudaran a Kibito a solucionar los problemas del supremo Kaiosama y eso me enfurece porque además presiento que alguien está intentando boicotear al supremo-
-¿Usted también?- Pregunto Dende sorprendido.
-Por supuesto, no necesito estar en el planeta de los dioses más altos para darme cuenta de eso, cuando Kibito estuvo aquí pude notar esa preocupación y también se que algo sucedió con él; ese Kibito que llego aquí estaba temeroso y asustado, ni siquiera era digno de proteger al supremo y si no fuera por la anciana ahora estaría llorando por cada rincón para que alguien lo ayude a solucionar lo que está pasando del otro lado. Dudo mucho que esto suceda porque solo ocurrió así, al igual que toda causa sabemos que hay un efecto y esta de más decir que alguien corrió esos efectos para su conveniencia porque de otra manera esto no tendría que estar ocurriendo-
Picoro concluyo la frase dejando un semblante bastante irritado, mientras cerraba frente a él un libro que había estado leyendo desde hacia largar horas. Como ex Kamisama, podía notarse frustrado, impotente al no poder hacer algo por su dios creador, a demás, ese presentimiento en Dende solo le demostraba que ellos, por mas seres humanos insignificantes que fuera; uno más de millones de especies que existían en el universo, también tenían un papel dentro de lo que sucedería, y si alguien estaba perjudicando los planes de Shin entonces nada podía resultar bien. Poco a poco sentía que la desesperación que vio en Kibito se apoderaba de él también, y podía entender la situación en la que se encontraba el hombre.
El joven Dende, también sentía frustración y preocupación, solo que a su mente llegaba una idea que tal vez podría ayudar en algo, como quizás no, pero no perdía nada con intentarlo. Poco después quito al hombre mayor de sus pensamientos con su tímida voz: -Tal vez… tal vez podamos hacer algo para descubrir que busca el supremo Kaiosama-
-¿Qué?- Pregunto Picoro sorprendido.
-El corazón de la verdad, y de las razas de este universo, misteriosamente se encuentran en una ciudad muy alejada de aquí, antiguamente conocida como Egipto hace millones de años y luego llamada Altar de las sombras por las ultimas razas que ocuparon el lugar. Está ubicada en las zonas desérticas de este planeta y abandonada hace más de 2 millones de años. Los ex habitantes de aquella región y las anteriores, protegieron desde los tiempos más remotos una enorme y antigua construcción a la que llamaron la Sala de la Fidelidad, se dice que al entrar en esas gigantescas ruinas se encuentran cuatro caminos que hacen referencia al, este, oeste, norte y sur. El Norte lleva a la sala de la justicia, el sur conduce a la bóveda celestial, en el oeste se encuentra el laboratorio de alquimia; y este fue utilizado por todas las civilizaciones antiguas que estuvieron allí, y por ultimo al este se encuentra la sala de la Armonía y en la cual solo podían entrar quienes hayan pasado por las 3 salas anteriores-. El joven hizo una pausa y luego continúo. – Se dice que la sala de la Armonía escode dos portales, uno de ellos conduce a la sala de la eternidad y el otro a la sala de la salvación, sin embargo no puedo comprobar si aquellos portales existen y nadie lo ha hecho tampoco. Se dice que las antiguas civilizaciones utilizaron esos portales para escapar de este planeta cuando estaba siendo destruido por fuerzas naturales del universo, pero sin duda dentro de aquella sala de la armonía se encuentran las respuestas a las búsquedas del supremo Kaioshin, el está en este mundo y lo que sucederá está escrito allí adentro-
-Conozco esa historia, y nuestros hermanos Namekianos también la conocen. Y no dudo que alguien mas además de nosotros la conozca en este mundo. Bulma es un ejemplo.
Esta vez Dende interrumpió: - Eh… Bulma ha estado allí pero jamás pudo entrar, pero no es conveniente que acudamos a ella ahora, o a los demás, ese lugar es sagrado señor Picoro y somos consciente de que si Bulma tuviera la tecnología lo cual ahora la tiene, solo destruiría el lugar, lo mismo sucede con Vegeta o Goku, no podemos entrar allí por la fuerza, porque cuando usted vaya a ese lugar vera que los signos dibujados en las paredes de esas ruinas son idénticas a las que trae el dios destructor y el señor Wiss en sus atuendos, por eso le digo que este planeta y ese lugar son el corazón de la verdad. Usted se preguntara ¿Por qué en este planeta llamado tierra? Pues porque los elfos así lo decidieron-.
-¿Qué? ¿Elfos? ¿Me estás hablando de los Elfos mitológicos? Tú crees ¿Qué en verdad existieron elfos en este planeta?- Pregunto erizando sus ceñas.
- Así es señor Picoro. Pero no tienen nada que ver con lo mitológico- Respondió. –Ellos no tienen que ver en este universo; ellos tienen que ver todo con el universo-
Picoro miro extrañado, confundido y luego pregunto: -¿y qué hay del resto?-
-También… pero curiosamente este universo es el que más misterios esconde, es así que somos el único universo en donde existen esferas del dragón, nuestra descendencia; en nuestra sangre muy en el fondo de cada partícula que compone nuestra materia, está el legado de los elfos-.
El Namekiano mayor había quedado sumergido en aquellas últimas palabras, no le era posible creer en ello, quizás no por el momento, pero sentía curiosidad. Si la existencia de los elfos era real ¿en donde estaban? ¿Realmente estaban muertos? Se decía que eran seres inmortales, pero ¿En donde se escondían entonces? ¿Eran superiores? ¿Qué eran exactamente los elfos?
-Señor Picoro-. Dijo el jovencito volviendo a quitar al hombre de sus pensamientos. –Si usted lo desea, puedo acompañarlo a buscar respuesta a las ruinas del Altar de las sombras. No perdemos nada con intentarlo y creo que también podríamos llevar a Uranai Baba, estoy seguro de que ella será bienvenida. No garantizo que realmente pudiéramos entrar allí, pero no lo sabremos si primero no lo intentamos-.
-De acuerdo- Respondió decidido. Tampoco estaba seguro de poder entrar allí, de hecho si la mujer que gobernaba un planeta con su tecnología no lo había hecho tiempo atrás, dudaba que ellos pudieran hacerlo, sin embargo, también cabía la posibilidad de que en ese lugar muerto pero a la vez lleno de vida tuviera la sutileza de permitirles la entrada.
…
Noticia
-¿Por qué tengo que ir allí?- Dijo Shin parado sobre un pequeño taburete con sus manos levantadas y esperando a que Kibito terminara de tomar las medidas al traje.
El hombre Negaba con su cabeza a cada berrinche que escuchaba salir de la pequeña boca del su superior. Los años no habían hecho cambiar esa actitud cuando se trataba de visitar el planeta Kai-shin para las famosas reuniones que se hacían cada 50 años.
-Porque eres el supremo Kaiosama y debes participar de esa reunión-. Dijo Kibito calmado y sonriente. - A demás te acompañare…-
-Eso será imposible- Dijo el Elder recostado en el amplio sofá de la sala. –Ya no es un niño y no te permitirán que entres allí. Es una reunión de supremos Kaiosama y tu eres el asistente, el hecho de que hayas podido presenciar las reuniones anteriores solo fue por la corta edad que tenia-
-¿De qué habla?- Pregunto Shin intentando voltear para ver al hombre mayor. –Yo no fui a ese lugar-
-Pues eres un muchachito despistado, tienes más de mil años, ya has ido a varias reuniones de ellas ¿Cómo no vas a recordar eso?- Respondió el anciano molesto.
-No es cierto. Kibito dile que no es cierto- Dijo Shin removiéndose en el taburete y dificultando a Kibito a que tomara las medidas.
-Cielos… Shin, quédate quieto-.
El Supremo dirigió la mirada hacia Kibito y haciendo un gesto molesto respondió: - ¿Qué? Llevo quieto más de 2 horas y todavía no tienes las medidas ¡Ni que fuera tan alto! Y dile que no fui a esas reuniones-.
El hombre suspiro profundo y luego respondió: -Antepasado… Shin jamás fue a esas reuniones…-
-¡Deja de decir cosas para conformarlo!-
El hombre volteo molesto y respondió: -Pues entonces siga discutiendo con el-
-¿Qué?- Dijo Shin frunciendo sus cejas y su boca. -¿Estas diciéndolo para conformarme? Ya vez como eres Kibito…-
-¡Ya!- Respondió antes de que Shin empiece con la cantaleta. – Cuando eras niño, te acompañe a una reunión, pero no fuimos a las siguientes reuniones y tampoco recuerdo porque-
-¿Haz faltado a las demás reuniones? ¿Y cómo es que el sagrado supremo jamás envió a decir nada? No puedes faltar así porque si. Esas reuniones son obligatorias…-
Kibito interrumpió y respondió rápidamente: -Pues no lo sé-.
-¿Cómo que no lo sabes?- Pregunto el anciano mas irritado.
-Dijo que no lo sabe-.
-Tu cállate… ya veo porque se llevan tan bien ambos viven en cualquier parte menos en este mundo. En mis tiempos…-
Mientras en hombre empezaba a relatar sus viejos tiempo, el joven supremo resoplo audiblemente acompañado de un revoleo de ojos y dijo casi para sí. –Aquí vamos…-
-¡Por supuesto que aquí vamos! Deberías empezar a prestar más atención de lo que ocurre a tu alrededor. Te la pasas de perezoso en tu habitación o deambulando por el planeta y por eso no recuerdas nada y no sabes ni en donde estas parado-
-Ya basta…- Dijo Kibito tomando las medidas de la cintura de Shin.
-¡Claro que se en donde estoy parado! Estoy en un taburete y Kibito está tomando mis medidas…-
-¡Pues claro! Si ni siquiera puedes crearte tu propio traje porque vives distraído y no sabes lo que traes puesto…-
-¡Ya basta!- Dijo Kibito en un grito y volteando al anciano. –Antepasado, yo tampoco recuerdo las reuniones anteriores y sinceramente olvide como hacer este traje. Solo hagan silencio porque necesito terminar esto para el día de mañana-
-¡Vaa!- Dijo el anciano haciendo un gesto de poca importancia con sus manos.
-Lo siento Kibito-. Respondió Shin, aunque en su rostro se dejaba ver una pequeña sonrisa después de discutir con el anciano. De alguna manera Kibito siempre salía en su defensa.
-Descuida…- respondió el hombre. –Bien, puedes irte ya, creare este traje y lo dejare en tu habitación-
-Gracias- Dijo rápidamente y luego continúo hablando. –Oye… ¿Y de que hablaron en esa reunión cuando era pequeño?-
El hombre tomo asiento fatigado, más por escuchar las discusiones entre ambos supremos y luego respondió: - Bueno… yo no recuerdo muy bien. Pero allí se discutía sobre las nuevas medidas que podrían tomar para mejorar la calidad de vida en los universos… entre otras cosas-
-No recuerdo nada de eso-.
-¡Ni lo recordaras! Porque te escapaste de allí-
-¡Ajaaa!- Se escucho decir al anciano que estaba atento a la conversación. - ¿Ya ves? Eres un inconsciente…-.
El joven supremo volvió a erizas sus cejas acompañando a su boca con una gran trompa, molesto e irritado pero aun así evitando voltear para ver a su antepasado. Luego pregunto: - ¿Y a donde fui Kibito?-
El hombre medito un momento, remontándose en aquel pasado, intentando bucear entre los añejos recuerdos. Estaba confundido, sin embargo, algo de aquel momento podía conservar, aunque difuso…
-Pues… el supremo del Norte se enfureció cuando noto que no estabas… aunque lo supo cuando la reunión termino. El supremo del sur grito eufórico "Escondidas" y empezó a buscarte y yo intente alejarme lo posible del resto para no escuchar sobre todo al supremo del norte. No estabas muy lejos de allí, recuerdo que le di la vuelta al castillo y tú estabas entre algunos árboles casi llegando a la entrada de la aldea del planeta, también recuerdo que en tus manos tenias una pequeña maceta con tierra en la tiempo después creció un tulipán-
Kibito había finalizado su relato, dejando a Shin perdido en aquel momento que intentaba recordar. Era extraño que no recordase algo como aquella maceta, siendo que los tulipanes era algo que adoraba crear. Al cabo de unos pocos segundos el joven pregunto: -¿Por qué no recuerdo eso?-
El hombre se encogió de hombros haciendo una pequeña mueca con su boca y respondió: -No lo sé, pero estoy seguro de que lo recordaras. Además… me dijiste una frase con respecto a tu maceta que fue algo así como: "La semilla debe morir y dejar de ser semilla…"
-Para convertirse en una flor…- Dijo Shin al mismo tiempo que Kibito y completando la frase.
-¿Lo recuerdas?-
-Si- Dijo Shin extrañado aunque completamente seguro de su afirmación.
Kibito sonrió y luego respondió: - Eso es bueno-.
El jovencito dirigió su vista hacia Kibito haciendo una leve sonrisa de medio lado y respondió: - Claro…-
Ese cruce de miradas, solo significaba el entendimiento de ambos al verse envueltos en un recuerdo que pudieron construir, ellos solos, sin ayuda de nadie. Después de la última conversación que habían tenido días atrás, el supremo finalmente aceptaba; o más bien, comprendía que debía atar los cabos sueltos, sin estar seguro de lo que realmente buscaba o que sucedía. Kibito también intentaba recordar cosas, y trabajar en conjunto es lo que comenzaba a hacer las cosas más fáciles.
El anciano por su parte, estaba ajeno a cualquier tema que ocurriera entre ellos, de hecho, ni siquiera estaba enterado de la última charla que se llevo a cabo en la habitación de Shin. Pese a ser un viejito metiche y gritón sabia que no debía poner la oreja detrás de la puerta de nadie, mucho menos de un Supremo, y aunque a simple vista pareciera no respetar al jovencito, lo hacía a su manera; o lo intentaba…
Por otro lado, el anciano estaba aburrido, sus años como supremo del este ya habían pasado hacia mucho… mucho tiempo atrás y además había perdido muchos años encerrado en aquella espada por Bills el destructor, quien se aprovecho de que curiosamente no llevaban un vinculo… algo extraño, pero aceptable para el anciano, y no iba a buscar ese tipo de respuesta cuando ya estaba próximo a cumplir 1.125.000 años.
Como cualquier dios antiguo que ya había cumplido con su propósito de proteger el universo y hacer grandes creaciones; tenia la leve sensación de que ya era hora de partir, y tal vez no era mala idea ir al refugio de los antiguos Shin-jins, pues allí en Toki-Toki; el gran planeta celestial, albergaban todos los Shin-Jin mas ancianos y los sobrevivientes de la gran masacre. Sin duda, era algo que estaba meditando seriamente en silencio, y tal vez no era solo por su avanzada edad que deseaba irse, si no porque en los últimos tiempos había notado que era un estorbo para el nuevo supremo.
Shin era demasiado joven, tranquilo, amable, con una sonrisa cálida y un carácter del carajo cuando realmente se molestaba, era despistado, algo perezoso también… y sin duda el antiguo Supremo no tenia paciencia para Shin, y por más que quisiera darle lugar a participar siempre acababa entorpeciéndolo todo, e incluso terminaba en una gran discusión con Kibito ya que este cada día hacia más intensa su defensa hacia Shin; ni hablar de la agresividad en cada respuesta, pero siempre se disculpaba, era como si una fuerza desconocida se apoderara de ese hombre y le diera valor para enfrentar a un supremo sin importar las consecuencias… en fin, el era un anciano pacifico y si irse del planeta era lo mejor para el Supremo Shin, entonces lo haría.
-Creo que iré a plantar tulipanes- Dijo Shin, lo que automáticamente provoco que tanto el anciano como Kibito salieran de sus pensamientos.
En tan solo unos pequeños movimientos con su mano derecha y un poco de magia, el asistente creo el nuevo traje de Shin y luego respondió: - De acuerdo, pero antes dime ¿Qué te parece el traje?-
-Se ve bien- Respondió con una sonrisa. – Y se luciría mejor si no fuéramos a esa aburrida reunión-
-Oh… Pues no te salvaras esta vez, debes ir y te acompañare aunque no pueda entrar-
- De acuerdo…- respondió derrotado. –Iré a decorar el jardín-
No pasaron demasiados segundos cuando el joven Supremo desapareció en la salida de la sala, dejando a solas al anciano y a Kibito, pero en silencio. Ya que Kibito andaba por demás molesto con el viejo, sobre todo cuando se metía en las conversaciones.
Para el Elder, las actitudes de Kibito no pasaban desapercibidas, el hombre buscaba torpemente algo con que divertirse, preparar el té, cocinar algunos pastelillos de limón; de esos que solo a Shin le gustaban, o hacer cosas como lavar cuando en realidad su magia era suficiente para dejar un mantel o las cortinas limpias.
-Oye…- Dijo el anciano observando a Kibito mientras acomodaba el traje de Shin.
-¿Si?-
-Ya deja de estar molesto conmigo. Solo intento ayudarlo-
Kibito miro al hombre velozmente y respondió: - No discutiré con usted antepasado, comprendo que en su época los shin-jin o los kaioshin eran diferentes. Más serios, mas aplicados a sus creaciones… no lo sé, eran diferentes, quizás tenían otra manera de pensar y de ver las cosas. Ciertamente usted, tiene más de un millón de años, yo tengo quince mil años y Shin tiene mil cinco años. Podríamos decir que Shin pertenece a la nueva generación de Shin-jins y que es normal que no acepte las reglas de hace miles de millones de años atrás o tal vez con las que usted creció. Pero le aseguro señor, que ese no es el problema del supremo Kaiosama-
-Eso ya lo sé. Soy un viejo berrinchudo y meto la nariz en donde no debo…- Dijo el anciano haciendo una pausa y comenzando a sacar un papel de su bolsillo. –Si lo que escribiste aquí es cierto, entonces tienes mirar por donde estas caminando ahora-
El rostro de Kibito rápidamente se torno dudoso, frunciendo el ceño y haciendo un pequeño movimiento de negativa con su cabeza, estaba totalmente desorientado con las palabras del hombre. Segundos después el Elder puso sus ojos en el papel y comenzó a leer:
-Shin, Wiss pretende manipularte y alejarte de tus objetivos. Sé que no recordaras nada cuando encuentres este papel, pero debes hacer un esfuerzo. Descubrió tu misión y dice que tú buscas a un Shin-jin. También debes saber que él quería verte muerto y por eso jamás acudió a tu ayuda para salvarte de majin boo. Tú no lo recordabas porque cuando naciste aquí habías olvidado todo y solo tenias un recuerdo del agrado hacia él, pero luego se borro de tu memoria porque no soportaba la forma en la que lo recordabas. El solo complico tu búsqueda porque no deseas que hagas nada más que adorarlo a él. Dice que posee en sus manos la guía con la que tú encontrarías al shin-jin aunque desconozco que es. Tienes que hacer un esfuerzo por recordar y no permitir que arruine tus planes, se que detrás de ellos tienes algo mucho más importante que solo buscarlo o salvarlo, se que has venido a esta dimensión solo por salvar a alguien, yo lo vi en tus ojos y ellos ocultan algo más…-
El asistente interrumpió al anciano rápidamente, mostrándose extrañado y confundido, sintiendo en su cabeza un pequeño dolor a causa de todo lo que había escuchado. – Espere… ¿Qué demonios es eso?
-Aun no termine- respondió el anciano y volvió a su lectura. – Fuimos al planeta Kai-shin y frente a nosotros apareció un aprendiz de kaioshin, el dijo que te había encontrado y ahora no tengo duda de que el pobre muchacho no estaba mintiendo. Me siento terrible porque fui un idiota al querer alejarlo de ti, tú estabas frente a él y yo lo entorpecí por sobreprotegerte, y estoy seguro de que si ahora despertaras, no solo recordarías ese momento, lo recordarías todo. Entiendo que finalmente despertaste de un largo sueño y que fue mucho para ti. Tiene que saber que el anciano del universo 10 es su maestro, el nombre del aprendiz es Zamasu-.
Segundos después el anciano doblo el papel y continúo diciendo: - El resto de lo que dice es con respecto al ángel del dios destructor ¿Quieres leerlo tú? Sin duda tú lo escribiste-
Kibito, en solo un instante tomo asiento en el sillón, mientras lanzaba miradas a su alrededor bastante confundido, completamente enrollado con todo el mar de pensamientos y sentimientos que se cruzaban por su cabeza. Si él había escrito algo así, entonces lo que mantenía a Shin alejado de sus objetivos también lo mantenía alejado a el de poder ayudarlo. Ahora comprendía porque tampoco recordaba muchas cosas que lo unían con Shin, y también sabía el porqué de su rechazo inconsciente hacia el ángel del dios destructor. Después de todo, Wiss había participado en confundir a Shin… Eran demasiadas cosas para ponerlas en su lugar ahora, sobre todo cuando Shin empezaba a acercarse más a Wiss, y ese papel afirmaba que el ángel deseaba estar con él, ¿Pero qué paso con el aprendiz?
Confundido, asustado, ofuscado, molesto… y con miles de sensaciones mas, no alcanzaba a procesar todo lo que pasaba a su alrededor. Solo sabía que no era algo bueno, y que probablemente todos estaban viviendo un engaño.
-Dime qué quieres que haga- Dijo el Elder haciendo que Kibito volviese a la realidad.
El hombre miro aun confundido y respondió: - Yo…Yo no sé antepasado. Creo, creo que estoy muy confundido y… y también estoy asustado. Todo estaba en calma hasta hace unas horas y no sé cómo llego eso a sus manos y tampoco sé en qué momento lo escribí-.
El anciano lanzo un leve suspiro y luego dijo: - Encontré esta carta en las criptas hace unos días, cuando Bills llego aquí una mañana y decidí esconderme porque ese gato me da escalofríos. Estaba en la tumba de una suprema y creo que fue puesta ahí por ti intencionalmente. Y ni creas que la leí por metiche y curioso, solo me pareció extraño encontrar un papel en el lecho de una difunta y por eso la tome- El hombre hizo una pequeña pausa tomando aire y luego continúo diciendo. – Se que soy un estorbo para ti y Shin, y lo he comprendido cuando leí esto. Yo, probablemente me vaya al planeta celestial, tengo demasiados años y quiero descansar, pero antes dime qué quieres que haga ¿Necesitas ayuda para guiar a ese ente o lo que sea que ocupa el cuerpo de un shin-jin? Puedo decir que estoy tan preocupado como tú con respecto a Shin; y desde el inicio ese muchachito no es normal, sobre todo porque el nacimiento de Shin ha sido poco ortodoxo, para nada dogmático diría… Nace en invierno, es enviado a un planeta sagrado sin siquiera cuestionar porque se le otorga un puesto como supremo a tan corta edad, se le envía con un asistente para que lo crie, pero no cualquier asistente, lo envían contigo que eras un personal de limpieza amable y respetuoso, capaz de hacer florecer el amor en ese muchachito… además; y lo más extraño, es que solo el mantiene el vinculo con el dios destructor. Me perdí de muchas cosas cuando estuve encerrado en esa espada, digamos que el Bills que me encerró no es el mismo que está ahora en su planeta comiendo o echándose una siesta. Y me atrevo a decir que a todo este embrollo de memorias, dioses y ángeles, lo envuelve una gigantesca y oscura energía que no desea que lo que tiene que ocurrir realmente ocurra-
-cielos….- Dijo Kibito sobando su cabeza. –No puedo pensar correctamente antepasado, yo necesito recordar esto y… y no lo sé. La bruja que visite en la tierra me dijo que solo podía guiarlo…-
En anciano interrumpió y dijo: - hablare con ella personalmente. Y si lo deseas hare una visita a Toki- Toki-
-¿Cómo? ¿Y qué es eso?-
-¡Oh!-Dijo el anciano sonriendo. – El lugar donde iras cuando desees descansar hasta el día de tu muerte, pero además es el lugar donde se protege el flujo temporal y nada se escapa de los ojos de Chronoa…-
Esta vez Kibito interrumpió preguntando: - ¿Y en que ayudaría?-
-Bueno… Ella podría ayudar a que Shin recupere toda su memoria, sin ser perjudicado-
-No, no disculpe, no lo entiendo- Dijo Kibito negando. – Nada puede alterar la mente de Shin, y eso me quedo claro-.
-Nadie alterara nada, el ya está listo Kibito. Ve allí afuera y míralo, míralo ahora por la ventana. Ese jovencito está listo hace millones de años, pero no lo sabe y no es su culpa. Es hora de que te hagas la idea de que Shin en realidad no existe, no es quien tú crees que es. Después de leer este papel he sentido las enormes ganas de confiar en alguien que llega a este mundo para hacer algo importante. Tienes que saber que cuando todo esto acabe el volverá a su mundo-
-Eso no puede saberlo antepasado- respondió con aparente molestia, porque Kibito no deseaba que Shin se fuera. – En ese papel no solo habla de un objetivo, también habla del aprendiz del supremo del universo 10 y aun no sabemos para que lo busca, ni quien es o que esta haciendo en este momento, pero podríamos empezar por acercarlos ¿No cree?-
El anciano pensó un momento. No era mala idea, sin embargo, no se podía planear un acercamiento sin antes ver que sucedía del otro lado. Luego respondió: - Si me permites, primero hare una visita al supremo del universo 10 y además veré quien es Zamasu-.
Luego de un largo suspiro Kibito respondió: - De acuerdo. Pero no le diga nada de esto al supremo del universo 10. Aquí en este papel dice que el hombre estaba molesto por el encuentro de Shin con Zamasu. No sabemos qué sucedió y un movimiento en falso podría arruinar las cosas-.
-No se arruinaran más de lo que están- dijo el anciano con una sonrisa de medio lado. – De todas formas, no diré nada. Hay mucho por hacer ahora, y mañana luego de la reunión en el planeta Kai-shin será un buen momento para encontrarse con el supremo del universo 10 y planear alguna cena especial… tal vez una tarde de te-
-Bien- respondió el asistente. Intentando convencerse de que todo saldría bien. Después de aquel papel y sus declaraciones no estaba muy cómodo con muchas cosas a su alrededor, y una de ellas era Wiss. Nuevamente volvía a poner sus ojos en el ángel, no era algo nuevo, ya había estado en esa situación pero ahora que sabía la verdad, empezaba a sentir miedo de que Wiss pudiera hacer algo para perjudicar al Supremo. - ¿Qué haremos con Wiss?- Pregunto preocupado.
-Déjalo jugar sus cartas- Dijo el anciano seguro de sí. – Si te mantienes en silencio y haces todo en silencio, el ángel no lo sabrá.
-Pero, el intenta tener a Shin-.
-Ya lo tiene- Respondió el anciano aun más seguro.
…
Pasaría un buen tiempo para que esos tulipanes florecieran, porque estaba claro que no utilizaría su magia para su crecimiento. Esta vez sería natural, como el avance en su búsqueda de la verdad.
El Supremo llevaba una sonrisa firme, con un rostro que reflejaba tranquilidad; quietud, una inmensa calma. Hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación de paz y si lo pensaba detenidamente podía decir que estaba profundamente agradecido. La causa, posiblemente fuera el hecho de haber hablado con su asistente, Kibito siempre lograba ponerlo en su lugar; o mejor dicho, siempre lograba señalarle un posible camino.
Por momentos, a su mente llegaba la idea de que se había vuelto dependiente de ese hombre, y que el Elder no estaba tan equivocado cuando decía que era un muchachito consentido; lo era, en efecto y lo había aceptado para dejar de molestarse con el anciano...Después de todo, era verdad.
Desde niño había sido criado por Kibito, y de todos sus recuerdos perdidos aún conservaba los momento más felices junto al hombre; como los días en que solía crear fantásticas especies de plantas, hongos, larvas, e infinidad de materia viva, sólo para sentarse y verlos evolucionar. Luego volvía a los brazos del hombre ya que este decía que era suficiente…aunque para él nunca era suficiente.
En aquel viaje de recuerdos, a su mente llegaba la imagen de un episodio extraño, algo que no estaba seguro de haber vivido pero que no resultaba ajeno a su vida; su niñez para ser más exacto.
Tenía 5 años, Kibito disfrutaba su tiempo preparando un pastel y él había creado con su grandiosa magia e imaginación miles de tintas de colores. Así fue como había llegado a colorear la pared de la sala principal y lo que luego se transformó en una discusión entre Kibito y el Supremo del norte….
Sentado aun en el suelo y con sus manos embarradas de tierra, el joven Shin comenzaba a borrar su sonrisa, porqué a pesar de ser un recuerdo confuso aun podía percibir que ello había ocurrido realmente y que además había sido un episodio traumático.
Aquel día, había experimentado por primera vez el enojo y el rechazo, había sido llamado Makaio-shin y luego huyó al planeta de Bills. El único lugar donde podía sentirse seguro, protegido y aceptado.
Ese día había aprendido a tele transportarse, buscando en el espacio infinito aquella sutil y potente energía llena de pureza y amor; llegando poco después a los brazos de quien lo protegería de un mundo cruel donde los adultos peleaban por un dibujo, un mundo en donde la libre expresión era juzgada. Por primera vez comprendía que el mundo no era bello, era cruel, y a una corta edad había entendido que el mundo no sólo era cruel porque los adultos discutían o peleaban, también era cruel al mirar con sus propios ojos a la partícula más insignificante de universo buscando de donde sostenerse para poder vivir; supervivencia, era el verdadero nombre de la vida…
Una suave brisa, golpeó su cuerpo haciendo que parpadeara unas cuántas veces, rápidamente visualizo la figura del ángel en quién había estado pensando. Le dedico una mirada extrañada, ya que se suponía que vendría cada semana con el señor Bills porque así lo había determinado; contra su voluntad. No obstante, el gato no estaba presente, y el rostro de Wiss no era precisamente el más agradable.
La sonrisa que caracterizaba a ese ángel estaba oculta tras la amargura inevitable de distinguir. Parecía como si esta vez fuera el joven asistente quien necesitaba refugiarse en los brazos del único ser capaz de apaciguar su tormento.
-Creí que estarías feliz de verme- Dijo Wiss conservando un semblante apagado
-Es que pensé que vendrías la próxima semana - Dijo el supremo, sin tardar en responder.
Wiss hizo unos segundos de silencio dando una fugaz mirada a los alrededores del lugar, para luego caminar hasta quedar un poco más cerca de Shin. Poco después respondió: - Aun así, no es motivo para verme con esa cara de susto-
-No estoy asustado- Respondió rápidamente haciendo una pequeña sonrisa. -Solo que no esperaba tu visita tan pronto.
Luego de aquella respuesta, Shin se incorporo para luego sacudir su traje y continuar hablando: - ¿Quieres pasar? Podemos tomar algo si lo deseas-
-Así está bien- Respondió en ángel casi sobre las palabras de Shin. - Quiero estar a solas contigo y allí dentro es imposible-
-Entiendo- Dijo Shin volviendo a sonreír. Luego pregunto. - ¿Te encuentras bien?-
-Estoy bien, si- Respondió intentando devolver la sonrisa. - Solo tenía ganas de verte-.
-Está bien- Respondió Shin, sin saber exactamente de qué manera comportarse. Wiss, comenzaba a ponerlo nervioso, y no deseaba alejarse de él, pero tenía dudas con respecto a sus recuerdos recientes y dudaba si realmente era el momento para hablar o preguntarle.
Para el ángel tampoco era sencillo estar cerca de Shin, encontrándose bajo la lupa de su padre, sin saber si podía ser visto o no por este. Normalmente el sacerdote no vigilaba a sus hijos, sin embargo, Wiss era motivo de vigilancia. Los nervios avanzaban conforme pasaban los segundos de silencio y por ese motivo se decidió a hablar.
-¿Quieres venir conmigo? Tal vez podríamos salir un momento de este planeta- Dijo el ángel haciendo una pequeña mueca con su boca.
Shin, apenas negó con su cabeza y respondió rápido: - No. Lo siento, aun tengo cosas que hacer aquí y debería estudiar un poco. Luego el Elder dice que soy un perezoso- Dijo finalmente con una sonrisa.
-Necesito estar contigo- Dijo Wiss a quemarropa sobre las últimas palabras de Shin. - Solo déjame estar contigo un momento y luego me iré- Tras esas últimas palabras, el joven asistente camino hasta acortar la poca distancia que los separaba para luego y sin previo aviso tomar las manos de Shin.
-Si…- Dijo Shin retrayendo sus manos pero sin separarlas de Wiss.
-¿Qué tal si vamos a la cascada?- Dijo Wiss a gran velocidad y comenzando a tirar del brazo de Shin en aquella dirección. Empezando a sonar desesperado, con la intención de alejarlo todo lo posible del templo.
Era imposible saber que tenía en manos el ángel, aunque tal vez, no había nada extraño allí más que el deseo de estar a solas un segundo, solo para disfrutar el corto tiempo que la vida le ofrecía a su lado. Su padre había sentenciado un cruel destino para Neptuno y también para él. El tiempo corría sin piedad y sin importar lo que se llevase a su paso, eso hacía que el ángel tuviera prisa; por estar al lado de su compañero, por amarlo y escucharlo, escucharlo hasta el cansancio, intentar despejar sus dudas, intentar mirarlo a los ojos y buscar la forma de evadir a su padre para poder hacer su último intento… Eso era… Su amado Neptuno era incapaz de recordar que podía bloquear a su siniestro padre si así lo quisiera, con solo tener un pequeño vislumbre del magnífico poder que poseía sería capaz de ayudarlo a despertar sin que su padre lo supiera, podría tener coartada y hasta tendría tiempo de hacer lo que fuera que tuviera en mente.
Shin aceptaba ser jalado y llevado en la dirección que Wiss ofrecía, su temor hacia el ángel ya había desaparecido desde hacía un tiempo. En pocos segundo tomo vuelo aun de la mano del joven asistente para llegar pronto a la cascada, lo cual no tardo demasiado ya que este llevaba prisa.
Descendieron sobre la roca en la que Shin solía sentarse rápidamente, y en un corto lapso de segundos el ángel tomo la segunda mano de Shin para atraerlo más hacia él y poder besarlo; sin importar la reacción de su Neptuno.
Era un beso suave; pese a la velocidad con la que fue recibido, era un contacto cálido y lleno de sentimientos amorosos, no solo por parte del ángel sino también por parte de Shin, quien sin cavilar demasiado y dejándose llevar por ese contacto placentero; abrió su boca con la intención de que Wiss también lo hiciera y así permitirse explorar sus cavidades con el rose de sus lenguas. Era un beso inocente, casi sin pensamientos, solo con el dulce presente acompañándolos y permitiéndose que sus sentidos se hicieran cargo de todo.
Pocos segundos después Wiss rompió el contacto de forma lenta notando como Shin intentaba acercarse más para soslayar esa ruptura. No pudo evitar hacer un gesto de molestia aun con los ojos cerrados, los cuales se abrieron solo para fruncir el ceño y hacer un pequeño reproche:
-¿Por qué hiciste eso?-
-¿Besarte?- Pregunto Wiss confundido.
-No, dejar de hacerlo- Pregunto aun algo molesto.
- Lo siento. Es que no se de que manera aprovechar más tiempo contigo-
Shin se extraño frente a esa respuesta y luego respondió: - ¿Por qué dices eso? No nos iremos a ningún lado o ¿Sucede algo?-
-Todo está bien Supremo-.
-Acabas de besarme, no me digas supremo como si no me conocieras- Respondió en un reproche.
-De acuerdo. Es mi naturaleza mantener el respeto contigo-
-Puedes dejar de ser tan formal y mantener ese respeto- Respondió Shin - Y ahora dime que sucede-.
-Necesitaba privacidad contigo- Respondió mientras miraba de reojo a un costado fugazmente. - Y por lo visto es imposible…-
El Supremo no lo había notado antes, pero Kibito ya estaba cerca y observando descaradamente en la dirección de ambos. Segundo después respondió: - Lo siento, Kibito solo intenta protegerme-
-¿De mi?- Pregunto Wiss con una pequeña sonrisa, luego tomo asiento en una de las rocas. Esa acción solo era para demostrarle a Kibito que no se iría tan rápido ni se amedrentaría por su descarada vigilancia. Lo que menos deseaba era tener pleitos con el asistente del Shin y si había algo que admiraba del hombre es que sabiendo la diferencia de poderes que había siempre le haría frente sin importar el resto, sin duda, era digno de ser el asistente de Shin. No obstante, al ángel le agradaba la idea de molestarlo, quizás por picardía, así fue que en un solo movimiento, tomo la mano de Shin atrayéndolo y obligándolo a sentarse entre sus piernas.
Seguramente para el hombre que miraba desde lejos aquella acción, solo demostraba quien tenía poder, o al final de cuentas, quien era el que controlaba la situación y era inevitable que no lo viera como a un enemigo. Después de haber leído ese papel todavía se sentía confundido, presionado al ver que Wiss le había arrebatado todos sus recuerdos y que lo había alejado de Shin, porque eso es lo que veía; como su superior era poseído por las delicadas mentiras de un ángel malvado. La impotencia se apoderaba de él de solo ver con sus propios ojos como ese descarado ángel acariciaba y sobaba la espalda de Shin a cada segundo, odiaba como sus manos viajaban tocando sus piernas, sabiendo que era él quien estaba presenciando aquello. Pero no podía culpar a Shin por aceptar ese manoseo, porque el jovencito solo respondía al dulce encantamiento del ángel. Maldecía haber aprobado que Shin sintiera deseos de estar con Wiss, y si hubiese encontrado esa carta antes nada de ello estaría pasando.
-Respóndeme- Dijo Wiss mientras continuaba acariciando la espalda de Shin. - Kibito ¿Te protege de mí?-
-Bueno…- Dijo pensando un momento. - Le conté que tú me haces bien en este momento-
-Está bien- Respondió rápidamente.
-Y le dije que tú escuchabas la caja musical al igual que yo…-
Las manos del asistente frenaron su curso con brusquedad al mismo tiempo que su rostro se volvía más serio y luego hablo: - ¿Qué?-
-Lo que oíste. Le dije a Kibito que tú escuchas la caja musical al igual que yo. Y no me has dicho porque puedes escucharla-
Wiss interrumpió rápidamente respondiendo: -Creo que no es necesario que hablemos de eso ahora. Vine para estar contigo y…-
Shin interrumpió: - ¿Por qué no quieres decírmelo? Solo dímelo y ya, yo lo entenderé y quiero que me digas si cuando era niño fui al planeta de Bills y tú me llevaste en brazos-
El rostro de Wiss rápidamente se torno más duro, sus facciones que antes estaban algo relajadas, y sus manos que disfrutaban el contacto con el cuerpo de Shin; todo ello se transformó en un estado de tensión. No estaba molesto porque Shin recordase algo, estaba asombrado porque lo hiciera, y sin duda, a su padre se le estaba escapando de las manos nuevamente. El había borrado ese recuerdo, y fue por eso que tras la visita de Bills estos no se reconocieron antes, si Shin estaba recordando probablemente era necesario que no lo demostrara aun, no era el momento, ni la situación. No obstante, la respuesta que le diera marcaria un paso importante en los recuerdos de Shin. ¿Cómo escapar de las preguntas de su dulce Neptuno sin herirlo, sin mentirle o decirle la verdad?
Su oscura mirada pedía a gritos la respuesta, podía ver dentro de Neptuno el deseo por escuchar la verdad, su pequeña boca se curvaba de deseos por volver repetir que quería escuchar la verdad, y su mirada acusadora se transformaba en la invitación para que de una vez lo dijera.
-Yo te amo- Dijo Wiss.
-Eso ya lo sé. Hace años me lo dijiste. Ahora… ayúdame a recordar…- Dijo casi en un susurro.
Solo bastaron esas últimas palabras, para que el ángel notara quien estaba detrás de ellas. Sus ojos se abrieron sorprendidos, su boca se entreabrió sin poder contener el asombro de escuchar como Neptuno estaba presente ahora, pidiéndole ayuda para recordarlo todo. Las manos le temblaban al saber que él estaba allí nuevamente después de tantos años en ausencia, no podía evitar sentir vergüenza frente a esa mirada que había dejado de parpadear solo para continuar mirándolo a los ojos… esperando una respuesta.
-Lo siento…- Dijo en un susurro casi inaudible mientras sus ojos comenzaban a volverse cristalinos. La presión de tener a su padre observándolo comenzaba a pisar cada parte de su alma, pudiendo ver como esta se quebrará en mil pedazos, obligándolo a mentir nuevamente frente a un Neptuno que estaba presente, afectado por los terribles hilos malditos de su padre que habían logrado hacer que este olvidara todo, sin embargo, Neptuno le mostraba que pese a haberle quitado todo, aun no le había quitado lo más importante, la certeza del simplemente "Yo soy".
Bajo su dolor y el de Neptuno, Wiss intentaría responder con una mentira y una verdad, esperando a su suerte que este lograra comprender: - Puedo escuchar esa caja porque estoy unido a ti eternamente y tu estas unido a mí. Ella te conduce hacia tu verdad, pero tienes que descubrirla…-
-¿Por qué?- Pregunto interrumpiendo en un susurro.
Wiss volvía a sentir el peso de su padre sobre sus hombros y aun con la presión respondió: - Por favor…- Susurro, suplicando con la mirada que entendiera lo que ocurría.
El joven Supremo volvió su vista en sus alrededores, como si intentara entender lo que Wiss quería decir, pudiendo sentir la tensión en este y como se esforzaba por expresa lo que sabía. Finalmente respondió: - De acuerdo-
El ángel suspiro, dejando escapar todo el aire que contenía en sus pulmones, muriendo en un instante para volver a tomar aire y sentir como la vida entraba a sus pulmones nuevamente. Su cuerpo aun temblaba sintiendo la energía de Neptuno sobre sus piernas.
Shin parpadeo unas cuantas veces volviendo su vista a los ojos de Wiss y luego volvió a hablar mostrando en su voz un hilillo de miedo: - ¿Estaré bien?-
-Lo estarás- Respondió Wiss, aun sabiendo que en realidad no lo sabía.
Detrás del rostro preocupado y temeroso del supremo Shin, poco a poco se dibujaba una leve sonrisa hasta sentir la necesidad de rodear con sus brazos el cuerpo de Wiss, perdiéndose en aquel contacto que fácilmente podía arrastrarlo a la verdad que tanto buscaba.
…
La puerta Negra
(Escena retrospectiva)
Aprender a caminar, había sido la tarea mas fácil de realizar para el pequeño niño de ojos grises, y eso había sido hacia dos años atrás. Con tres años de edad, quienes lo educaban; entre ellos algunos supremos y otros kaios, habían notado que el pequeño llevaba leído mas de la mitad de los libros que había en el planeta Kai-shin, sin contar que tenía grandes habilidades para crear diferentes especies de plantas y animales. Esto, llamaba la atención de los habitantes incluyendo al gran supremo quien recibía las noticias dentro de su oficina ya que el corpulento señor no despegaba su culo del cómodo sillón.
Una manzana común, con excelentes habilidades, ameritaba subir su rango sin la necesidad de tener que pasar por miles de estudios, sin embargo, el gran supremo siempre decía que las reglas estaban para cumplirlas, y fue así que había tomado la decisión de que continuaría con lo que ya tenía planeado para el niño.
Ser entrenado por el Supremo Kaioshin Rou, era el plan del hombre, y finalmente, ese momento había llegado.
El pequeño Shin-jin aun no se daba por enterado de lo que sucedía; o de lo que le deparaba el futuro, y mientras tanto, solía seguir a la joven kaio que había cambiado sus pañales durante el primer año de su vida. Ella solía leerle en las noches y fue ella quien le enseño a leer tras ver la intensa curiosidad del niñito por comerse los libros. Su mundo se resumía al porque que solían decir todos los niños y la joven kaio Tieer accedía a las respuestas siempre y cuando las tuviera.
Era un niñito adorable, educado y muy bien hablado, su mundo parecía ser mucho más grande y maravilloso que el del resto, y en su mundo solo existía la risa y el amor, pero ese amor era solo proporcionado por la joven Kaiosama. Muchos decías que aquel amor que la muchacha le profesaba era por el respeto que tenía hacia Koro, porque a pesar de lo que la mayoría decía de este, ella continuaba creyendo que el jardinero tenía razón.
Durante los últimos dos años, la joven Kaio Tieer había logrado que el sagrado supremo le diera el permiso para compartir la habitación con el niño, pues este solía decir en la mayor parte del tiempo que alguien estaba observándolo en la ventana.
-Asunto de niños- Decía el Gordo señor con el culo en el sillón.
Pero la Kaio parecía comprender el temor del niño frente a algo desconocido, y a pesar de que descartaba de que alguien realmente lo observara no hacia oídos sordos al pequeñín. Afortunadamente y gracias a la generosidad del sagrado supremo el niño podía pasar más tiempo en su habitación y dormir en ella sin tener que correr asustado.
Su habitación era colorida; así le gustaba, las paredes dibujadas con enormes flores que el mismo inventaba y salían de su imaginación, eran las que luego de un tiempo creaba por arte de magia en el inmenso jardín del planeta. No había rincón donde no haya una pequeña planta creada por el niño y sin duda, eso también traía un cierto grado de envidia a los kaios que estudiaban en el gran castillo y que aun luchaban por crear una semilla propia.
Estaba más que espantoso sentir celos o envidia hacia un pequeño niñito, pero así solían comportarse algunos Shin-jin, ese era el motivo por el cual el niño solo recibía el amor y la atención de la kaio Tieer.
….
El día apenas comenzaba en el planeta Kai-shin, la joven kaio vestía al niño con prisa mientras hablaba entre dientes diciendo:
-Es tarde… es muy tarde, muy, muy tarde niño- Dijo eso ultimo mirando fijamente a los grises ojos del niñito.
-¿Para qué es tarde Kaio Tieer?-
La muchacha intentando ponerle el pantalón al niño respondió: - ¡Shh! No hables ahora, solo intenta acomodarte ese cabello. Es muy tarde, muy tarde…- Volvió a decir repetidamente entre susurros.
-Como quieres que arregle mi cabello si estas jalando mis piernas- Dijo el niño acostado en la cama.
-Tienes razón, tienes razón. Lo siento- respondió rápidamente mientras abrochaba el pantalón del pequeñín y tiraba de sus brazos para que se parara. -Bien, ahora peinaremos ese cabello y luego iremos a la sala del Gran supremo-
-Pero tengo hambre…- Dijo quejándose.
-Lo siento cariño, pero tendrás que esperar hoy. Solo será un momento y luego les diré que tienes que comer algo- Respondió mientras daba dos o tres pasadas con el peine al cabello del niñito.
La muchacha tomo al niño entre sus brazos a toda velocidad para luego salir de la habitación a los tropiezos entre juguetes y ropa. El camino hasta la sala del sagrado supremo se mantuvo en silencio, ya que el niño había entendido que la kaio Tieer estaba bastante apurada como para que el dijera algo que la distrajera. Era listo, y solía captar rápido las situaciones en las que se encontraban los adultos, de hecho pasaba mucho tiempo observándolos, sin importar cuán ocupado estaba en sus dibujos, creaciones de flores o lo que fuera; siempre estaba observándolos.
Poco después la joven Kaio llegaba a la puerta del sagrado supremo. Sin previo aviso, la muchacha se lanzo abriendo la puerta a gran velocidad, encontrándose con los rostros de los hombres, no muy amigables.
-¡Lo siento! lo siento, de verdad lo siento. Anoche nos acostamos tarde y yo...-
-¡Yaaa! suficiente niña- Dijo Rou haciendo un gesto completamente irritado.
La joven guardo silencio rápidamente y solo dirigió sus ojos al gordo sagrado, solo para que este le dedicara la mirada más molesta que podría haber recibido en la mañana.
-Señor…- Susurro la muchacha.
-Ya deja al niño y vete- Respondió el hombre.
-No quiero quedarme aquí Kaio Tieer- Dijo el niño abrazando a la muchacha.
- Lo siento, nos veremos después ¿Si? Una nueva etapa empieza para ti y estoy segura que será un beneficio-
El pequeño escondió la cabeza en el hombro de la joven completamente negado y con una voz temblorosa y vergonzosa dijo: - ¿Qué es un beneficio? Yo quiero quedarme contigo-
-Oh cariño…- Respondió la muchacha acariciando la cabeza del niño. -Nos veremos luego…-
El sagrado supremo, observo la situación mientras iba perdiendo la paciencia a cada segundo y sin poder contenerse mucho más dijo: - No hagas tanto escándalo niño ya deja de ser tan consentido-
-Jajaja- Se escucho reír al Supremo Rou y luego continuo: - Permítame actuar Gran supremo-.
-Adelante- Respondió el hombre sagrado.
Rou camino hasta llegar al niño, lo que provoco en un primer instante que la joven kaio hiciera un paso hacia tras. Ese enano jamás le había caído bien y de solo pensar que ahora el pequeño Shin-jin iba a quedarse a su cargo le provocaba escalofríos. Bajo su juicio, la muchacha pensaba que Rou no era el indicado para entrenar a un niño como él, y probablemente no sería el indicado para entrenar a nadie. Si bien, era un Kaioshin con grandes poderes, también era un ser desagradable, maleducado, burlón y competitivo, era un ser que solo se preocupaba por él y por nadie más, disfrutaba de las desgracias ajenas, decía ser el mejor en todo pero jamás comprobaba nada, era el sujeto mas fanfarrón que podía haber conocido y ahora debía entregar al pobre pequeño en aquellos brazos que solo podían causar pavor.
-Oye…- Dijo Rou en un susurro para el niño. - Mírame…-
El pequeño escuchaba pero no emitía respuesta, en verdad el hombre le daba miedo, tal vez porque en sus primeros años de vida, solo vio como en su mayoría los grandes kaios estudiantes lo ignoraban y hasta intentaban alejarlo. Su entendimiento lo llevaba a comprender que muchos de ellos no se sentían felices de sus progresos, y finalmente acababa por apocarse para poder intentar agradarles o al menos que le dirigieran la palabra.
¿Cómo podría sentir confianza de un Shin-jin más después de ser indiferente para muchos?
Rou dio un gran suspiro, más para ocultar su irritación y volvió a decir: Mírame… Tengo una pequeña casa en la aldea y allí prepare una habitación para ti…-
El niño interrumpió hablando sobre el hombro de la kaio y dijo:- No quiero ir contigo. Y me gusta mi habitación-
Con un gran esfuerzo, el enano verdoso tomo una bocanada de aire y respondió: - Se que tienes miedo… No te culpo, pero si me das una oportunidad te demostrare que tú y yo podemos ser amigo. Podrás ver a la Kaio Tieer todos los días y además ella podrá visitarte ¿Qué dices?-
-¡Supremo Rou!- Dijo el sagrado supremo reprendiéndolo y levantándose del sillón. -¡Deje de consentir al niño!.
Rou volteo a mirar al hombre y respondió: -Señor… con su respeto, a partir de este momento soy el maestro del niño y no creo que algo de comprensión este mal ¿Verdad Kaio Tieer? Si le arranco al niño de los brazos a esta mujer ¿Cómo cree que resultara todo?
El hombre sagrado dio un suspiro volviendo a su asiento, mientras empezaba a reconocer que Rou tenía razón. Todo acabaría en un terrible escándalo por parte del niño que se iría llorando. Medito un breve instante y respondió: - Solo haga su trabajo.
-Por supuesto señor…- Dijo y luego volvió su vista al pequeño. - Oye pequeño, que dices si tú y yo damos un paseo por el castillo.
Pronto, la atención del niño era captada por Rou. El pequeño despego su cara de la joven Kaio y luego deposito su inocente mirada en la figura del enano supremo. El hombre esbozo una gran sonrisa indefinida para cualquier adulto que lo mirase, pero convincente para un niño de 3 años.
-¡Oh! Es cierto ¿Verdad? Aun no conoces el castillo, pero ya es hora y se que tienes ganas de ir allí, además me han dicho que lees mucho y allí hay una biblioteca más grande que la de aquí ¡Te encantara! Y como eres un aprendiz de Kaio podrás tomar los libros y llevarlos a tu nueva habitación… La que hice para ti-
El niño, dio varias miradas a la figura completa de Rou, buscando la forma de convencerse de que el hombre le ofrecía algo mejor, sin embargo, no deseaba algo mejor, su deseo solo permanecía en quedarse con la Kaio Tieer en la pequeña y colorida habitación del templo principal, no necesitaba más juguetes, y tampoco quería mas libros. Tampoco quería conocer el castillo… porque pronto descubría que ¡Solo era un gran castillo! ¿Y con eso qué?
No deseaba absolutamente nada de ese feo hombrecito, con enorme cabeza y pequeño cuerpo fino y delgado… parecía un embudo; pensaba el niño….
Sin embargo, una vez más podía entender la situación de aquellos adultos, nerviosos y tensionados porque solo hiciera caso y se despegara de la kaio de una buena vez. Así, finalmente jugaba a convencerse de que irse con Rou sería una buena idea. Por primera vez el pequeño sentía dolor al tener que aceptar ese cambio que repentinamente llego al abrir los ojos en la mañana, ese dolor jamás antes había sido experimentado, no era un dolor de estomago por comer dulces o chocolates, tampoco era el dolor que sintió cuando cayó de la cama más alta, aquel dolor era por dentro y sentía más fuerte; menos controlable. Ni siquiera un té de manzanillas como el que le daba la kaio Tieer ´podrían sanar ese malestar.
El niño empujo el pecho de la joven en señal de que lo pusiera en el suelo, y en pocos segundos se encontraba mirando a los ojos de Rou. El hombre rápidamente le extendió la mano y con una gran sonrisa dijo:
-Que buen niño eres. ¿Podemos irnos entonces?- Al finalizar extendió su mano hacia el pequeño.
El niño asintió con su cabeza y finalmente tomo la mano del hombre, ya sin pensar demasiado; así debía ser, el mundo de las doctrinas de los adultos eran detestables… pero si quería sobrevivir a su corta edad, debía adaptarse a ellas.
-Bien, ya vámonos- Dijo Rou rápidamente para luego dirigirse a la salida-.
-Adiós Kaio Tieer- Dijo el niño estirando su manos mientras era llevado al pasillo.
-No me digas adiós, nos veremos luego- Respondió la joven con una sonrisa.
En poco tiempo el hombre y el niño, se alejaron de la sala, mientras se encaminaban hasta el castillo. El enano Rou, consideraba que debía cumplir la promesa al niño de conocer el castillo, era una bonita forma de hacerlo entrar en confianza.
-y dime niño ¿Cómo te llaman aquí?-
-Yo no tengo nombre- Respondió el niño.
-Genial, te llamare niño entonces- Respondió desinteresadamente y apurando un poco su paso. - ¿Tienes pertenencias que haya que buscar en tu antigua habitación?-
-Si- Respondió el niño.
-Bien, iré a buscarlas yo, mientras tú conoces el castillo, puedes hacerlo solo no me necesitas ahí para eso.
-Señor-.
-¿Qué quieres?- respondió no muy amigable.
-¿Podre ir al castillo todas las veces que quiera?-
Rou mofo y luego respondió: -Si, pero no deber ir a jugar a ese lugar. Luego me regañaran a mí porque soy tu tutor y no quiero que me traigas problemas. Así que será mejor que obedezcas y no hables demasiado-
Al cabo de unos pocos minutos, y con la velocidad que llevaba el hombre por querer llegar dentro del castillo, finalmente se encontraban pisando sus suelos dorados. Poco después el Supremo Rou dijo:
-Bien, este es el castillo, cada puerta te conduce a otros lugares en donde hay más puertas y muchas más puertas, no entres en las que dice prohibido su paso y tampoco toques ningún adorno o reliquia, no corras aquí, no grites, mantén el orden y no comas en ninguna sala-
-De acuerdo…- Dijo el pequeño un poco cohibido.
-Bien, ahora vete- Respondió Rou proporcionándole un pequeño empujón al niño.
El pequeño avanzo unos pasos por el impulso para luego depositar su mirada en el largo pasillo y encontrarse con una inmensa puerta en el final; muy alejada de donde se encontraba.
-Señor…- Dijo el niño.
-¿Y ahora que quieres?- Respondió este ya más molesto.
-¿Por qué esa puerta es negra?-
Rou miro en dirección donde veía el pequeño encontrándose con la puerta oscura. Al instante su sonrisa se volvió maliciosa y llena de burlas. Su primera clase, sería el conocimiento de la puerta negra, pues claro, era la única puerta que resaltaba en el dorado lugar. aquella puerta hecha con un material oscuro, pesado y algo brillante, una gigantesca piedra de materia inorgánica que valía la pena tallar y convertir en puerta, digna de estar allí por el solo hecho de separar lo bueno de lo malo…
-Bueno… Allí, detras de esa puerta van los seres malvados llamados Makaioshins, y es negra porque expresa toda la maldad... Es un oscuro y espantoso lugar en donde no existen ventanas, allí adentro no oyes nada y nadie te oye a ti. Le llaman las mazmorras y el lugar fue creado por los antiguos Kaioshines de este planeta…-
- ¿Allí adentro hay Makaioshins?- Pregunto asustado.
Rou hizo una gran sonrisa burlona y respondió: -¡No! Ellos están en otro mundo ahora, pero luego te lo contare. Allí…- Dijo volviendo a señalar la puerta a lo lejos. - Allí adentro hay algo peor…-
El pequeño volteo asustado y respondió: - ¿Qué? ¿Qué puede ser peor que un Makaioshins?-
El supremo enano volvió a sonreír y respondió: - Un loco-
-¿Un loco? ¿Qué es eso?-
-Bueno… un loco es- Hizo una pausa pensando. - Es un Shin-jin que creyó que podía tener un lindo, fuerte y sano niño… como tu-
El niño frunciendo el ceño confundido e inocente respondió: - ¿Y es cierto eso?-
-¡No niño claro que no!- Respondió casi eufórico. - Los Shin-jins no tenemos hijos, eso lo sabes desde que naces. Nuestro único padre es el árbol Kai-ju y solo él tiene hijos. Pero ese jardinero loco, creyó que cuando la manzana cayó del árbol era porque Kai-ju le estaba concediendo un niño. ¿Quieres conocerlo? Le dará gusto ver a un niñito como tu…- Acabó por decir dando un nuevo empujón al niño.
Esto hizo que el pequeño Shin-jin negara con su cabeza unas cuantas veces y respondiera: - No quiero ver al loco...-
-¿Por qué no? Esta encerrado y será divertido-
-Pero tengo miedo-. Respondió con voz trémula casi en un susurro
Rou hizo un gesto de molestia y respondió: - No vengas aquí con estupideces. El miedo te limita niño, tienes que superar los miedos…- Dijo comenzando a jalar al niño hasta la gran puerta. - Un niño con miedo, será un niño cobarde, un completo fracaso para la sociedad Shin-jin. El miedo te paraliza sin darte oportunidad a que puedas reaccionar. Y un loco encerrado será el primer entrenamientos que tendrás, deberás enfrentarlo, mirarlo a los ojos y decirle algo que le duela para que se sienta miserable y tú sientas el orgullo de que venciste el miedo.
El niño Shin-jin clavaba sus pequeños pies en el suelo brilloso y dorado sin éxito, mientras intentaba hablar sobre las palabras de Rou negándose una y otra vez a entrar allí. Esta vez, y pese a ver el enojo de su nuevo superior, se negaba a querer conformarlo. Estaba temeroso de entrar allí, completamente asustado con la idea de encontrarse al ser que lo observaba tras la ventana de la habitación. Su pequeño corazón se aceleraba a cada paso que el hombre daba mientras tironeaba de su delgado brazo.
Para cuando quiso notarlo sus ojos estaban depositados frente a la enorme puerta negra. Rou volvió a sonreír de forma despreciable, asquerosa. Sabía que no había guardias a esa hora por lo que nadie oiría los gritos de un pequeño niño, mucho menos con el grosor de ese material.
El Supremo verde, se agacho hasta quedar a la altura del niño para sacudirlo con fuerza y de forma agresiva, obligándolo a callar y darle atención: - ¡Escúchame! Cierra la boca ahora y haz lo que te digo. Entraras allí y vencerás el maldito miedo. Y más te vale no comenzar a gritar porque si lo haces voy a hacerte daño-. Rápidamente saco una pequeña hoja afilada y continuo hablando. - Esto, esto te hará daño, cortare cada parte de tu cuerpo por cada error que cometas y ese dolor te recordara que debes hacer lo que te digo y que lo debes hacer bien…-
El niño había quedado lejos de seguir escuchando a Rou, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos de solo sentirse presionado y amenazado con ser lastimado. Rou no resultaba ser quien había demostrado, y entendió que si se negaba o no a ir con él, desde un principio acabaría frente a la gigante puerta porque de todas formas iba a ser castigado.
El hombrecillo abrió la enorme puerta negra tan solo con un poco de magia y luego tomo al niño del brazo aventándolo a ese oscuro lugar. La caída sobre los primero 4 escalones descendientes no le dio tiempo al pequeño de levantarse y luchar una vez más para no ser abandonado allí abajo. La puerta se cerró a gran velocidad dejando el ensordecedor sonido del pasillo dorado.
Continuara…
