Buenas tardes, espero que estén bien y pasando un relajante fin de semana, ese no es mi caso… me toca examen la próxima semana, pero eso no evita que me divierta un rato. Así que aquí les dejo en siguiente capítulo. Espero que haya quedado bastante prolijo en cuanto a errores ortográficos y de tipeo como ser palabras juntas y esas cosas y siento siempre decir lo mismo pero en mi caso es muy desagradable leer algo mas escrito y resulta que siempre me pasa lo mismo y soy quien comete esos errores jajaja, sepan también que si algo esta mal pueden decírmelo y lo corregiré.
Bueno espero que disfruten el capitulo, muchas gracias a las personas que pasan a leer este humilde escrito y quiero agradecer a la nueva lectora Fany a quien no pude responderle su comentario porque al parecer es invitada, pero que sepa que me alegra que le haya gustado lo que lleva de esta historia y que es un placer que este presente.
Los dejo, hasta la próxima y tengan buenas tardes.
Capítulo 6
Claustro Lunar
Galaxia Baran, el espectáculo más colorido del universo 7, cubierta con magníficos brotes estelares, situada a 24 mil millones años luz de la galaxia Vía Láctea.
La galaxia más brillante del universo llevaba consigo al planeta Namari o también llamado; el planeta gris.
Namari poseía una verde Vegetación, pero imposible de distingir. La gran nube de neblina ocultaba cualquier color, sólo a su paso era posible apreciar cada matiz.
Sus árboles, altos; tan altos como para alucinar que tocaban el cielo, servían de protección para apaciguar el intenso calor de su tierra. Las pequeñas hojas en forma de espiral, verdes y duras, parecían poder soportar con violencia los finos y agresivos rayos de luz ardiente que podrían quemar a cualquier criatura vulnerable. Allí, en esa pequeña porción del planeta, el milagro de la vida se había hecho posible.
Los Garnet; diminutos paracitos que lograron evolucionar hasta convertirse en la raza dominante de Namari, habían sido la única forma de vida inteligente durante más de 4 millones de años, y bajo la zona arbolada; construyeron su imperio llamado Claustro Lunar. Se había ganado ese nombre cuando las primeras civilizaciones idealizaron una mediana galería que luego construyeron alrededor del primer árbol más grande y macizo del mundo; su mundo. Poco después se formo un hermoso jardín dentro, donde los Garnet le oraban a la estrella de hielo; lejana y apenas visible por la neblina, que la estrella de fuego no los consumiera antes de que pudieran empezar a vivir.
Sus creencias, se resumían a la llamada estrella de hielo y estrella de fuego; sus dioses. Tenían la esperanza de que algún día la estrella de hielo se hiciera más grande y apagara el fuego para que pudieran explorar aquel territorio inflamable imposible de habitar. Sin embargo, su agradecimiento al milagro o lo que fuera que les haya dado la vida, era más grande que el deseo de querer más.
Pero los Garnet no sabían con exactitud absolutamente nada, solo reconocían que tenían el poder para expulsar fuego de sus bocas. Era irónico, una burla de la naturaleza, ser frágiles a los quemantes rayos de fuego y tener la habilidad de lanzar fuego. Aun así, jamás tomaron como un castigo el expulsar de sus bocas aquello a lo que tanto le temían, simplemente no lo entendían y la vida continuaba para ellos.
Estas Criaturas tenían un color tan verde como cada planta situada en aquella zona, su piel era dura, áspera y algo escamosa. La estatura variaba, pero ninguna sobrepasaba la altura media, sus caras eran redondas con enormes ojos amarillos y pupilas de aguja. Eran de brazos largos hasta un poco más debajo de las caderas pero fornidos al igual que sus abdómenes y sus piernas, y sus vestimentas, normalmente eran de un cuero blanquecino extraído del único animal que vivía fuera de las zonas arboladas y que llegaban al lugar solo para tomar agua de sus alrededores.
Ellos eran pacíficos, protectores hacia ellos mismos, grandes arquitectos con las enormes piedras que habitaban en la zona, de gran fuerza y destreza, habían creado todo lo que pudieron con la ayuda de lo que la naturaleza les proporcionaba, y su mundo no era más grande que el lugar donde habitaban. Pese a tener la antigüedad de 4 millones de años, ninguno de ellos alcanzaba a pensar que fuera de esa pesada bola de plomo girando dentro de un sistema solar en una colorida galaxia, pudiera existir otra aparente forma de vida. Sin embargo, un día gris y nuboso, como solían ser todos los días el planeta de plomo, un demonio morado bajo del oscuro cielo y con un solo movimiento de su dedo termino con la gran civilización; quizás por furia o tal vez por capricho, lo cierto es que los Garnet habían desaparecido del universo.
…
-Amm… bonita historia…- Dijo Dabura dejándose escuchar bastante desinteresado con el relato de su hermana, mientras daba una lenta inspección al lugar completamente maltratado, oscuro y cubierto de polvo.
La joven y atractiva Towa, caminaba unos pasos más adelante moviendo sus pronunciadas caderas mientras respondia: -¿Bonita? ¿Qué estás diciendo? Fueron asesinados por Bills el destructor-
-Tal vez lo merecían- Respondió el demonio rosa.
Con una sonrisa algo sarcástica la mujer respondió: - ¿Qué lo merecían?- luego volteo un momento y dijo. – Eran pacifistas y creían solo en lo que veían-
-¡Lo ves! Por eso lo merecían. Eran idiotas y jamás pensaron que algo destructivo podía rasguñarles el culo. Además… eran ingenuos, dijiste que su piel era verde y dura y… bla bla bla ¿Acaso en 4 millones de años no fueron capaces de descubrir que tenían la capacidad para soportar los putos rayos del sol? ¡Vaya estupidez!-
-Pues…- dijo pensativa. –Tienes razón. Pero de todas formas es una lástima que estén muertos-
Dabura no pudo evitar lanzar una carcajada y entre risas respondió: - ¡Jajaja! ¡Oye! ¿Te estás volviendo blandita? ¿Qué es todo eso de que es una lástima y que no lo merecían por ser pacifistas? ¿Qué sucede contigo?-
-No seas idiota. Es una lástima que ya estén muertos porque justamente lo que necesito ellos lo poseen-
-¡¿Qué?!- Respondió el demonio frenando su paso. – ¿Entonces qué demonios hacemos caminando por aquí?
La mujer detuvo su andar al igual que Dabura y volteando a mirarlo respondió: - Cierra la boca. Yo soy la bruja…-
-¿Y con eso qué?- Dijo interrumpiendo. – hemos caminado por horas ¿y solo para hacer un tour por el planeta y que me cuentes su patética historia?-
Towa suspiro profundo para contener algún tipo de escándalo y respondió: - ¿Quieres decir algo más?-
-¡Sí!- respondió demandante y casi furioso.
-Pues no lo harás- Dijo la bella mujer y continúo caminando. – Ahora cerraras tu maldita boca y continuaras escuchándome… o si no ¿Cómo pretendes que te diga lo que estoy buscando?-
El demonio un tanto más enfurecido respondió: -¡Maldición Towa! ¡Deja de ser tan misteriosa y habla de una vez!-
-Jajaja- Fue la sonora respuesta de la mujer. – Ya… de acuerdo. Estamos buscando un mineral llamado Rub y es una piedra algo alargada de unos 20 centímetros, tiene un color metálico en la extremidad y es algo brillosa con varios matices diferentes…-
La respuesta solo hizo que Dabura se enfureciera más y como era de esperarse respondió a todo pulmón: -¡Mierda! ¡¿Estamos aquí por una maldita piedra?! ¡¿No me digas que solo buscas guardar reliquias o cosas extrañas?! ¡Porque juro que te matare aquí mismo!...-
-¡Ya cierra la boca!- respondió la bruja volteando y esta vez irritada. – Necesito esas piedras para un experimento que…-
-Brujería- Respondió interrumpiendo.
-¡Sí! Ahora ¿Quieres ayudarme a buscarlas o solo te la pasaras quejándote detrás de mí?-
El demonio mofo revoleando sus ojos y respondió: - Eres detestable... Busquemos las malditas piedras-.
Tras un largo suspiro por parte de la Mujer, ambos hermanos volvieron a retomar el andar. Buscando con la mirada cualquier cosa parecido a una piedra algo metálica y brillosa.
Afortunadamente, los rayos de luz ardientes no golpeaban sobre la tierra y esto se debía a que "la estrella de hielo" como decían los Garnet, finalmente se había hecho más grande, aun que en realidad solo se había acercado al planeta gris; así que caminar en aquellos suelos no era para nada dificultoso.
-Si los Garnet estuvieran vivos serian extremadamente felices- pensaba la mujer al recordar que los Garnet rezaban incansablemente.
Pero también sufrirían considerablemente el frio, porque estaba claro que ellos eran capaces de tolerar el calor…en fin, Dabura tenía razón, eran ingenuos y habían desperdiciado millones de años de evolución por creer que eran intolerantes a los rayos del sol.
-Bingo- Se escucho decir a Dabura.
El Demonio había localizado una de las piedras, al menos se veía parecida a la descripción que hizo su hermana, sin mucho esfuerzo y con una sola mano la tomo rápidamente jalándola de la tierra y diciendo: -Que piedra tan extraña, son livianas. Además soy muy bueno buscando-
-No, solo fue suerte- Dijo rápidamente. Haciendo que su hermano frunciera el ceño molesto pero sin emitir sonido. La joven señalo en una dirección y dijo: - Y allí tenemos más de esa suerte-
En ese sitio señalado a pasos de una enorme cueva que había en la zona, se encontraban unos 10 minerales más iguales a los de Dabura poseía. La bella Towa sonrió ampliamente y luego dijo: - Con esto será suficiente-.
-Menos mal, porque no seguiré caminando-.
-Descuida solo necesito 4 de estas y mi experimento…-
-Brujerías- Dijo Dabura interrumpiendo nuevamente
-Como sea…- respondió sin importancia. – Mis experimentos no fallan-.
Poco después, Towa y Dabura comenzaron a juntar las piedras necesarias, sin embargo esas piedras por si solas no valían nada.
-Maldito dios destructor- Pensaba la mujer mientras recogía las ultimas piedras del suelo. Si no fuera por ese gato, los habitantes del planeta gris estarías con vida y todo resultaría más fácil para ella. Había oído que el dios destructor era caprichoso, pero no imagino la magnitud, sin duda, lo había dejado marcado en las quebradizas tierras que ahora estaba pisando.
El asesinato de los Garnet, no tenía más de 2 años de haber ocurrido, y Towa se sorprendía al pensar que de todas maneras fue un milagro que hayan vivido tantos miles de años sin ser atacados antes por alguna otra raza buscapleitos o algún otro lunático con aires de emperador.
-¿Y se puede saber para qué quieres estas piedras?- Pregunto Dabura intrigado y quitando a la joven mujer de su mundo personal.
Towa volvió a la realidad al escuchar el timbre de voz del demonio rosado y poco después respondió: - Eso no es de tu incumbencia-
Dabura no pudo evitar gruñir por lo bajo. Desde que había sido revivido por Towa, esta no hacía más que tratarlo como a un criado, debía obedecer las órdenes de su estúpida hermana y eso era algo que jamás había hecho, pero tampoco tenía demasiadas opciones. Su abuelo; el viejo Mechikabura estaba furioso con él; y no era para menos, porque de manera muy torpe, no había tenido mejor idea que inclinarse a los pies de Babidi. Eso lo convertía en una deshonra para los Makaioshin mas aun siendo el rey de las tinieblas, y tal vez por eso guardaba silencio y solo aceptaba las órdenes.
-¿Al menos me dirás que tienen de especial?- Pregunto intentando mantener la calma.
La joven mujer guardo la última piedra y respondió: - En realidad no será especial si antes no tiene el toque final-
Tras aquellas últimas palabras, Towa miro en dirección a la cueva haciendo una amplia sonrisa triunfal. Camino decidida hasta la entrada y luego hablo de manera amable: - ¿Qué tal si me dan una mano amiguitos?-
La bella bruja se mantuvo en la entrada de la oscura cueva esperando una respuesta de los dos únicos habitantes que habían logrado sobrevivir. Era un milagro que estuviesen vivos, y podría jurar que esos revoltosos Garnet no estaban en la zona arbolada al momento de la explosión ocasionada por Bills el destructor. Eran Garnet niños, seguramente curiosos y traviesos, deseosos de conocer más de su propio planeta, capaces de romper las reglas de su propio pueblo tras el deseo de experimentar... ¿Quién diría que aquella curiosidad les había salvado la vida? Además de comprender que el intenso calor no podía matarlos. Probablemente, estas pequeñas criaturas ahora tras un frio invernal empezaban a comprender para que les sirviera el fuego que expulsaban de sus bocas.
La bruja no pudo evitar hacer una pequeña sonrisa, después de todo los Garnet tal vez necesitaban de una destrucción para lograr alguna evolución. Por otro lado, esa sonrisa se debía a que finalmente las cosas no le resultarían tan difíciles.
-¿No me digas que allí dentro hay de esas estúpidas especies?- Dijo Dabura.
-¡Shh! Cállate - Respondió molesta.
-¡Carajo Towa! Si los quieres yo mismo los traeré- Dijo el demonio perdiendo la paciencia y caminando hasta la entrada.
-¡Ni se te ocurra!- Respondió en un grito. – Así no funcionara-
-Discúlpame pero lo hice toda mi vida y siempre funciono-
El demonio dio un empujón haciendo a un lado a su hermana para luego entrar a la cueva. No fue necesario que fuera tan profundo ya que los Garnet no estaban muy lejos. Habían pasado bastante tiempo observando a los invasores, muertos de miedo y en completo silencio, sin embargo Towa estaba atenta a cualquier movimiento y no le fue muy difícil reconocerlos por su ki; ardiente y luminoso. No paso demasiado tiempo cuando Dabura salía de la cueva con los 2 pequeños Garnet sosteniéndolos de la ropa. De un solo movimiento los arrojo a los pies de su hermana y dijo: - Allí los tienes, ahora vámonos ¿O es que también los quieres cocinar aquí?-
-¿Qué demonios estás diciendo Dabura?- Pregunto mostrando desagrado.
-¡Claro! Ahora tampoco pones a hervir pies de yadorak…- Respondió irónico.
-Eres un estúpido. No voy a cocinar a estos niños-
-¡Entonces dime qué diablos hacemos aquí parados!-
La mujer esta vez perdiendo la paciencia con su hermano; lo que no era nada nuevo, respondió: - ¡Fuego estúpido! ¡Necesito su fuego al menos en 4 piedras de ellos! ¡Y ahora cierra la maldita boca y déjame hacer mi trabajo!-
El demonio volvió a gruñir, esta vez para nada disimulado y luego se hizo a un lado dejando a la mujer a solas con los dos sobrevivientes. Detestaba profundamente las brujerías de su hermana, pero reconocía que siempre resultaban efectivas, esperaba que aquello que estuviera tramando solo fuera algún tipo de conjuro que trajera el condenado libro que su abuelo estaba buscando, lo cual eso lo tenía bastante nervioso. También dudaba que aquellas piedras fueran para el libro porque al igual que ella, sabía que no se podía comprobar su existencia; lo había dicho el dragón y el estuvo presente.
Los niños Garnet no hacían mucho por huir, por el contrario; se mantenían sentados a los pies de la joven bruja, como si estuvieran esperando alguna sentencia de muerte. No era extraño que pensaran eso, después de todo habían sobrevivido al ataque de Bills y podrían esperarse algo similar o tan malo como lo que destruyo su mundo. Towa les dedico una fugaz mirada, fría y desinteresada para luego agacharse y quedar a la altura de los niños, tomo una de las piedras que había estado acumulando justos a su lado y la extendió hasta dejarla a unos cuantos centímetros del rostro de los niños.
-Fuego- Dijo Towa con una leve sonrisa.
Los pequeños abrieron sus bocas dejando escapar el azulado fuego ardiente, llenando de color y fulgor la extraña piedra que poco a poco se tornaba mas y mas roja, desprendiendo una extraña y morada aura a su alrededor. Towa volvía a mostrar una sonrisa triunfal, en sus ojos se reflejaba la intensa energía que comenzaba a brotar de ese mineral. Poco después hizo lo mismo con la siguiente piedra, una vez cargadas las 4 tendría la primera parte completa.
Dabura no tenía la más mínima idea de lo que Towa estaba tramando, pero ver el brillo de aquellas piedras le parecía algo maravilloso, aunque conociendo a Dabura seguramente las usaría para decorar la sala del mundo demonio, y en efecto, eso era lo que estaba pensando.
Al cabo de varios minutos, la última piedra era iluminada y así Towa finalmente había concluido en aquel planeta.
-Ya vámonos-. Dijo la mujer caminando unos pasos hasta Dabura.
-Bien. ¿Y qué haremos con estos?-
-¿Qué?- Pregunto extrañada mirando en dirección a los Garnet.
Dabura formo una sonrisa maliciosa en su rostro y dijo: - Sera mejor que acabe con ellos-
-Espera ¿Y por qué vas hacer eso?- Dijo sonando extrañada.
-¿Eh? ¿Oye que te pasa? Hay que exterminarlos-
La mujer miro en dirección a los pequeños unos cuantos segundos y luego volvió su vista a Dabura diciendo: - No es necesario, déjalo así y ya vamos-
-¿Qué no es necesario? No me interesa si es necesario ¿Para que los quieres con vida?-
Towa interrumpió rápidamente diciendo: - ¿Y para que los quieres muertos?-
El demonio clavo su mirada completamente enfurecida en los ojos de su hermana, esta vez sin saber que responder. Su irritación era completamente visible al ver cómo era cuestionado; quizás como nunca antes, pero estaba lejos de tener respuestas convincentes de porque tenían que ser asesinados, además… jamás se había hecho ese tipo de preguntas.
-Podrías intentar por una vez en tu vida ser piadoso frente a la adversidad ¿Acaso no ves el infortunio en sus ojos?- Dijo Towa
El demonio rosado volteo la mirada hacia su hermana, pero esta vez confundido por aquellas palabras. Al mirarla solo pudo descubrir que lo decía enserio y que realmente no estaba dispuesta a terminar con la extinta raza, aquello que su hermana planteaba traía consigo una energía totalmente desconocida para él; repugnante para su gusto y que lo dejaba incapaz de poder actuar. Quizás por primera vez haría una excepción y aceptaría las palabras de la joven Towa en silencio. Las manos de Dabura se aflojaron en una señal de que no atacaría y luego volteo dándoles la espalda a los niños para retirarse junto con su hermana.
…
La confesión
Para ser una mañana de reuniones, el día dejaba mucho que desear. La tormenta dentro del planeta sagrado del universo 10 era torrencial, el césped estaba completamente inundado por el exceso de agua, y las gruesas gotas golpeaban considerablemente los ventanales del templo, apenas podía visualizarse algún objeto o figura desde adentro.
El anciano Gowas, miraba desde la ventaba la prominente tormenta mientras pensaba que el día solo se prestaba para quedarse dentro y dormir un poco más, pero una reunión importante lo esperaba. Detestaba la junta y más aun cuando se trataba de debates; casi siempre acababan en una discusión y nunca se ponían de acuerdo, por eso los universos siempre terminaban siendo individuales y cada uno con sus costumbres. Personalmente; para el anciano, esa junta de kaioshines era una pérdida de tiempo. En los últimos 50 años la discusión había llegado a tal grado que todos terminaron a los golpes por 2 estúpidas palabra que dijo el joven kaioshin del universo 11; "Amor y respeto" Y todos perdieron la cabeza… Aquello se había transformado en la telenovela más vista en el canal universo TV. Podía jurar que los dioses destructores; y todo tipo de dioses que tuvieran acceso al canal universo TV, habían visto semejante circo hecho por supuestos dioses creadores; una completa vergüenza pensaba el aciano…
-Oh… Cielos- Dijo en un susurro inconsciente y desanimado mientras miraba la tormenta por la ventana.
Pocos segundos después Zamasu entraba a la sala, aun sin vestir el usual traje que siempre llevaba puesto, y el actual indicaba que recién acaba de despertar. Todavía podía sentir la pesadez en sus ojos, y el sonido que hacían las gotas de lluvia al caer en el techo solo era la música perfecta para continuar durmiendo. Refregó un poco sus ojos y dijo: - Hoy no es un buen día…-
Gowas no se había dado por enterado de la presencia de su alumno, y quizás no lo hubiera notado si este no hablaba primero, estaba tan absorto en el nuevo capítulo de novela que darían en esa reunión que había olvidado por completo que convivía con Zamasu. En efecto, el muchachito tenía razón; hoy no era un buen día.
-Es cierto… no es un buen día- respondió el anciano. – Y vístete porque me acompañaras a la reunión.
Zamasu aun con su rostro semidormido, frunció el ceño y respondió desanimado: - Oh… maestro-
-No te quejes. Podrás ir a la biblioteca y leer algún libro mientras-
-¿Y porque mejor no me quedo aquí?- Dijo en el mismo tono desanimado.
-Olvídalo…- Respondió el hombre abandonando la ventana y caminando hasta la mesa.
Zamasu mofo con atrevimiento y sin delicadeza, dejándose oír por Gowas y respondió: -Pero ¿Por qué?-
-Prepara el desayuno así nos vamos- Respondia esquivando la pregunta y como forma de distracción encendió la TV.
El joven aprendiz volvió a erizar sus cejas algo molesto y dijo: - ¿Esta esquivando mi pregunta?-
-¡Cielos! Lo que faltaba… en el planeta Kai-shin también está lloviendo… ¿pero qué sucede hoy?- Dijo mirando las noticias.
-¡Superior!- Dijo Zamas mucho más molesto.
- La respuesta es no Zamasu, tú vendrás conmigo y te quedaras en la biblioteca-
El joven aun mas irritado respondió sobre sus palabras: -"No", no es una respuesta para mi pregunta señor-
-Oh vamos Zamas, apenas es de mañana, no vamos a discutir ahora sobre el porqué no te puedes quedar aquí solo…-
El jovencito volvió a interrumpir al hombre diciendo: - Pero no hay que discutirlo, solo tiene que decirme porque NO y cerrare la boca-
-¡Bien!- dijo el anciano algo irritado. – No te quedaras aquí porque hace dos días sufriste un desmayo y previamente a eso encontré que mi alumno se mutila en los baños del templo, por lo tanto…-
-¿No confía en mí?- Dijo Zamasu interrumpiendo.
El anciano guardo silencio unos cuantos segundos, no sabía si en realidad confiaba o no, pero estaba preocupado y no por los cortes; ellos sanarían y aseguraba que no lo volvería hacer ya que hasta se había ganado que lo revisara todos los días, algo bastante molesto, pero era la única manera de mantener el control. Su preocupación venia del momento previo a su desmayo, algo que todavía no alcanzaba a entender y que tampoco se había sentado a pensar detenidamente en alguna respuesta. Para el aprendiz solo había resultado un desmayo, ni siquiera recordaba haber plantado los tulipanes, sin embargo, se alegro cuando volvió a verlos; como si no le preocupara que en verdad no recordara en qué momento los hizo.
-Zamasu…- Dijo finalmente el anciano con un tono de voz que sonaba agotador.
El rostro de Zamasu había quedado completamente serio, con los ojos puestos en la figura de su maestro. El escuchar como el anciano solo susurraba su nombre le daba la última respuesta a su pregunta.
-Iré a vestirme- Respondió en un tono tenue y volteo rápidamente retirándose de la sala.
Las intenciones del hombre estaban lejos de herir a Zamasu, no obstante, temía que lo había hecho, había sonado bastante cruel al recordarle sus heridas, sobre todo cuando aun no sabía el verdadero motivo de ellas. Nuevamente se había equivocado al responder de esa manera tan directa cuando en realidad estaba preocupado por lo que pudiese ocurrirle si volvía a entrar en ese extraño estado en donde lo encontró plantando tulipanes. Para el anciano aquello era un nuevo síntoma que presentaba su alumno y algo que le preocupaba mucho más que encontrarlo con su cuerpo lastimado… aunque si profundizaba en el asunto podía jurar que muchas de esas heridas eran antiguas y con un pasado traumático, sin descartar que su comportamiento era bastante suicida.
En los últimos días que habían pasado tampoco recibió respuesta del Gran supremo, necesitaba urgente aquellos expedientes para al menos estudiar la situación de su alumno. Si lo pensaba detenidamente se podía considerar un estúpido al recordar que cuando fue a buscarlo para que sea su aprendiz el Gran supremo jamás le haya dado ninguna historia, no había papeles, ningún indicio de sus estudios ni comprobantes y diagnósticos de los universos en los que había estado. ¿Cómo pudo ser tan idiota de no notar que 1000 años atrás se estaba llevando a un niño sin historias? ¿En qué demonios estaba pensando cuando entro en aquella sala y solo tomo al pequeño como si fuera un costal de papas que estaba en ofertas?
Era razonable que se sintiera de esa manera tan desagradable, no obstante, le asombraba la forma en la que el niño fue entregado por el gran supremo sin siquiera ser el mismo quien ofrecía una historia del alumno. Pronto, sus ganas de ir a esa reunión se incrementaron, porque no solo iría para hacer acto de presencia, si no que antes iría por su propia cuenta hasta la sala del hombre sagrado y pediría los expedientes de Zamasu.
-Ya estoy listo- Dijo Zamas haciendo que su voz sacaran al hombre de esos pensamientos que ya lo habían irritado por completo.
En anciano dio un pequeño suspiro dedicándole a su alumno una mirada que hablaba por si sola; estaba arrepentido de lo que dijo e intentaría acomodar el asunto antes de partir a su planeta de origen.
-Lo siento…- Dijo sonando cabizbajo.
Zamas solo se limito a guardar silencio. Estaba ofendido, pero sabía que el hombre tenía razón, sin embargo no podía evitar sentirse molesto, y tal vez esa verdadera molestia no era hacia su maestro. Poco después, desvió la vista del anciano solo para comenzar a caminar en dirección a la pequeña cocina y comenzar a preparar el desayuno.
-No se disculpe- Respondió poco después.
Aquello sorprendió a Gowasu. No esperaba una respuesta de parte de su alumno y mucho menos de esa manera tan rápida, sin importar si aceptaba las disculpas o no, segundos después el muchachito continuo hablando de espaldas mientras servía las tazas de té.
-Yo… - Dijo haciendo una pausa, quizás intentando formular una oración. – Creo que estoy enfadado conmigo…- Hizo nuevamente una pausa. – No estoy enojado con usted-.
Gowas observaba la espalda de su alumno en silencio, recordando que esa respuesta venia a la pregunta después de haberlo encontrado lastimado, Precisamente el día que curaba sus heridas y el joven pregunto si estaba enfadado con él. Sin embargo no podía evitar sentir algo de culpa por haber sido tan directo.
-De todas maneras no debí decir eso- Respondió el hombre con sinceridad.
-Si debía…- Dijo Zamas casi sobre la respuesta del hombre. – Me ayudo a entender que yo genere esa desconfianza en usted- hizo una pausa esta vez trayendo las tazas de té en sus manos y acercándolas a la pequeña mesa. – Y entiendo que estoy enfadado conmigo-
Tal vez para Gowas, esa confesión empezaba a ser la puerta para comenzar con sus preguntas, una a la vez y de la manera más sutil y delicada posible, sin sobrecargar los limites de Zamasu. Aun así, el inicio de esa conversación o mejor dicho de la pregunta que llegaría después podía sonar completamente agresiva.
Tomo una gran bocanada de aire, como si estuviera juntando valor o intentando formular la pregunta y finalmente lanzo el comentario: - Y…- -¿Tu sabes o quieres decirme algo?-
Zamas tomo asiento frente al anciano y luego fijo sus grises y casi cristalinos ojos sobre los del supremo. Pensaba en aquella pregunta, pero sin lograr expresar lo que quería decir o si tal vez quería decir algo, en verdad no lo sabía…
La respuesta no tardo mucho en llegar, haciendo que el muchacho solo negara levemente con su cabeza y aun mirando a su maestro, luego respondió apenas en un susurro.
-No, no lo sé-
-Bien…- Respondió algo extrañado. - ¿No sabes porque estas enojado contigo? O… ¿No quieres decírmelo aun?-
Zamas bajo su mirada rápidamente, depositando sus ojos en la taza de té y respondió: - Yo, yo- dijo entre varios balbuceos.
-De acuerdo- Respondió el hombre intentando calmar los visibles nervios de su alumno. – No presionaremos aquí…-
Zamas interrumpió las palabras del hombre volviendo a mirarlo a los ojos y dijo: - Usted no sabe lo difícil que es para mí aceptar este mundo…-
-Oh…-Alcanzo a decir el hombre casi sin aliento.
Una respuesta directa era lo que justamente no esperaba, y tal vez no estaba preparado para ello. Al escucharlo solo pudo enmudecer, el tiempo era corto para continuar ese tipo de conversación, y el momento de la reunión estaba próximo en unas cuantas horas. Detrás de las palabras de Zamasu, podrían esconderse miles y miles de respuestas más, no aceptar el mundo incluía nuevamente a la humanidad; otra vez volvía a nacer el tema de la humanidad, algo que aun no había resuelto. Volvía a recordar el episodio en que la joven y bella bruja había puesto sus garras en él para borrar su memoria, y sin embargo aquello no había funcionado, o al menos si funciono por unos cuantos años. No aceptar el mundo, también significaba no aceptar nada; o eso pensaba el hombre en el momento actual.
Un intenso dolor de cabeza lo invadió al tiempo que recordaba la respuesta de Zamasu como si ya antes la hubiera escuchado de parte de alguien más…
-Lo siento…- Respondió el aprendiz frente al mutismo del hombre. – Yo le prometo que cambiare mi forma de pensar-
-Zamasu…- Dijo el hombre intentando acomodar sus ideas. Dando un nuevo suspiro y recordando la fastidiosa reunión. – No tienes que disculparte, puliremos el tema luego y si deseas continuar hablando de ello. Ahora debemos irnos a la reunión, pero no creas que lo que dices no me interesa. Si tú me das una oportunidad podemos hablarlo luego-
El joven respondió con su cabeza de manera afirmativa, apenas con un leve movimiento. Como pocas veces; o quizás como nunca, Zamas comenzaba querer confiar en su maestro, no era fácil y tenía la leve sensación de que en su vida; jamás lo había sido, pero no tenia recuerdos exactor se su pasado, tampoco de su permanente odio a la humanidad, solo sabía que ellos estaban equivocados, que los humanos solo traían guerra y dolor al mundo y que no eran dignos del milagro de la vida cuando solo se encargaban de destruirla, no había forma de vida existente que pueda hacer que vea las cosas de forma diferente.
…
La advertencia
-¡Estúpida reunión!- Dijo el joven supremo acomodando su cinturón naranja frente al espejo de su habitación y con el ceño fruncido, mostrando una visible irritación.
Kibito, quien se encontraba lustrando las botas de su superior, escucho aquella queja y no pudo evitar sonreír. Por un momento había olvidado lo molesto que se sentía desde el día anterior después de ver que Wiss estaba a su lado y cumpliendo con los objetivos que decía aquel papel. Trataba de seguir las órdenes del antepasado, de dejar que Wiss jugara sus cartas, y odiaba reconocerlo pero esta vez el anciano tenía razón. Además no pasaría demasiado tiempo antes de que comiencen a actuar.
Después de la reunión pondrían manos a la obra para comenzar a investigar a Gowasu y conocer a Zamasu, y luego intentarían acercarlos. No estaba del todo seguro como resultaría aquello, tampoco sabía si era conveniente hacerlo, y por momentos tenía ganas de volver a visitar a la anciana Uranai. Los tiempos estaban muy justos ese día como para que el hiciera una rápida visita a la mujer, sin contar que tendría que molestar nuevamente a Piccolo para localizarla y ello llevaría tiempo. Por otro lado, ahora tenía que consultarlo con el Antepasado ya que el hombrecito había puesto algo de interés en el asunto y en verdad eso le resultaba una ayuda; también un gran alivio.
-Estoy enojado- Dijo Shin quitando al hombre de sus pensamientos.
-Bueno… experimenta tu enojo entonces- Respondió con tranquilidad
-Eso no es un consuelo- Respondió aun mas irritado.
-No, no es un consuelo-
El joven Shin esquivo rápidamente la respuesta de su asistente y dijo: - ¿Y que se supone que tengo que decir?-
-No lo sé. Como ya no eres un niño tienes derecho a aportar algún tipo de proyecto a futuro que pueda favorecer al universo, a los humanos y también a ustedes-
Luego de un largo suspiro en joven supremo respondió: - No sé que tengo que decir Kibito, y también tengo derecho a permanecer callado-.
-Pero este no es el caso- respondió con una sonrisa. –Bien, practiquemos entonces-
-De acuerdo- respondió el jovencito tomando asiento en la silla y esperando que Kibito diera alguna idea.
-Pues… a ver- Dijo pensativo. - ¿Qué propones para solucionar el drama de los humanos y sus constantes ganas de armas desastres?-
Shin pensó un momento y luego respondió: -Bueno… Yo creo que deberíamos dejarlos que solo se den cuenta de sus errores. De hecho no podemos interferir en su evolución-.
Kibito pensó un momento y respondió: - Es una buena respuesta, pero te encontraras con kaioshines que no piensan lo mismo que tu, y te cuestionaran, muchos de ellos creen que si podrían intervenir-
-Lo sé, pero eso no cambiara mi forma de ver las cosas, sin embargo si ellos proponen algo mejor entonces puedo aceptarlo aunque no esté de acuerdo-.
-¡Oh! Eres listo. ¿Lo ves? No es tan difícil. Solo tienes que proponer algo y ya-.
El jovencito suspiro convencido. Poco a poco su mal humor desaparecía mientras empezaba a esbozar una gran sonrisa para su asistente. Kibito siempre lograba sacar lo mejor de él…
El hombre rosado, le devolvió la sonrisa y luego dijo: - Me alegra verte sonreír-
-Gracias Kibito- Respondió Shin con una nueva sonrisa.
Pero Kibito no pudo evitar hacer un comentario más, sabiendo el verdadero significado de aquella sonrisa.
-Cielos, él en verdad te hace bien… -
El jovencito, borro su sonrisa de forma automática, haciendo que las palabras de Kibito dejaran un pequeño sonrojo y respondió: - ¡No! ¿Qué estás diciendo? Yo…-
El asistente interrumpió rápidamente y dijo: Vamos Shin… Ayer ni siquiera te inmutaste cuando estaba viéndolos de lejos. Vi que estabas a gusto con él-.
-Sí pero…- Alcanzo a decir Shin antes de ser nuevamente interrumpido.
-El te acariciaba con total libertad… Y tú correspondías a ello-
-Oh Kibito…- Dijo ya muy avergonzado. - ¿Por qué me dices estas cosas? Harás que olvide todo lo que debo hablar en la reunión-
-Lo siento- respondió en forma de disculpas e hizo una pequeña pausa. – Solo quería comprobar que realmente estas a gusto-
-Lo estoy…- respondió para luego hacer una pequeña pausa. – No debes preocuparte por el-
-¿Qué?- dijo el hombre sorprendido
Shin le dedico una sonrisa nuevamente y respondió: - Se que hay algo que te molesta de Wiss-
-No Shin, espera- Dijo interrumpiendo.
-El no me hará daño- respondió sobre sus palabras.
De solo escucharlo al hombre le hirvió la sangre, si Shin supiera sobre ese papel encontrado entonces no pensaría lo mismo. No había deseo más grande que poder enseñarle ese papel para que finalmente comprendiera que Wiss no era el ángel que creía ver y hasta aseguraba que de ángel no tenía nada. Wiss era perverso, posesivo, egoísta, un ángel malvado sumergido en sus propios deseos, ocultando toda su maldad detrás de aquella irritante sonrisa y simpatía que demostraba solo para lograr sus objetivos. Odiaba reconocerlo, pero Wiss había ganado la primera partida de ajedrez, sin duda su jaque mate había sido estupendo; estratégico.
Kibito dio un largo suspiro, mientras sostenía la mirada con Shin y poco después respondió casi sin aliento: - Cielos… Lo siento. No tengo nada en contra de Wiss. – hizo una nueva pausa y luego intento desviar los verdaderos motivos. – Mmm, a veces pienso que mi problema es creer que aun eres un niño y también aceptar que ser un kaioshin no te prohíbe poner tus ojos en otro u otra. ¡Son mis prejuicios! Y no tienen importancia en verdad, acepto que te sientes a gusto con él y solo…-
Esta vez Shin interrumpió diciendo: - Estoy buscando lo que perdí Kibito-
El asistente cambio su semblante a uno más extrañado y respondió: - ¿Estas utilizando a Wiss?-
-Durante nuestra conversación me dijiste que permanezca con Wiss si me hacía sentir a gusto, pero no me olvido de haberte dicho que estoy buscando algo ¿Lo entiendes?-
La profunda y oscura mirada penetraron los ojos de Kibito. El asistente confuso y a la vez sorprendido guardo silencio completo sin poder responder la pregunta. Él lo comprendía, y sabia que Shin empezaba a mirar con otros ojos el mundo, empezaba a alejarse de los miedos y las dudas, aquellas palabras solo le afirmaban que el supremo comenzaba a caminar por el sendero oscuro. El sutil silencio permitía que el asistente lograra canalizar eso que tanto tiempo busco, aquel extraño y desconocido ser que había nacido en el cuerpo de un Shin-jin estaba más presente que nunca, lo sabía, había estado fusionado y podía reconocerlo.
-Oh…- Dijo apenas en un murmullo.
-Jamás utilizaría a Wiss para mi propósito, yo no sé qué sucede aun y es posible que jamás lo sepa o que cuando lo sepa sea tarde. Yo, tengo miedo de descubrir algo que no pueda soportar. Todo es extraño y sé que te dije que buscaba algo… o…- Pensó un momento dudando. – O a alguien. No puedo evitar tener sentimientos hacia Wiss y de hecho siento como si siempre estuvieron allí. Yo estoy aterrado Kibito, pero tú me enseñas que debo mantener la calma, tú haces que yo enfrente con miedo o sin él lo que me sucede y Wiss es parte de lo que me sucede. Me preguntaste porque me negaba a ver lo que es visible queriéndome decir que soy alguien como Wiss y que por eso el escucha la caja musical al igual que yo, pero Wiss no es lo que tú ves…-
Sin poder contenerse Kibito lanzo una pregunta totalmente reveladora: - ¿Y tú? ¿Tú eres lo que veo?-
Shin pensó un momento sin poder evitar dudar de su respuesta, pero en realidad no tenía muchas opciones y sin pensarlo mucho mas respondió: - No lo sé. Solo sé que necesito encontrar lo que estoy buscando Kibito.
El hombre volvía a guardar silencio, mientras sentía un ligero escalofrió recorrer su cuerpo. Apretaba sus dientes con fuerza por no hacer una pregunta más o simplemente decirle a quien buscaba, tal cual decía aquella carta. Odiaba tener la respuesta y no poder decirla por temor a entorpecerlo, aquel condenado papel solo era la respuesta a lo que había sucedido después de ver al muchachito, aquel desmayo que sufrió en ese entonces fue por su despertar, pero debía ser la cara de la otra moneda la que volviera a recordarle todo o bien encontrar el camino por sí mismo.
Sus deseos por consultar a Uranai baba se incrementaban, debía contarle lo de aquella carta y preguntar que debía hacer. Sentarse a mirar y esperar no alcanza cuando podía ver en los ojos de Shin el deseo por saber la verdad.
-Bien…- Dijo Kibito intentando relajarse.
El joven supremo sonrió y respondió: - Wiss dice que estaré bien-.
-De acuerdo- Respondió tratando de devolver sonrisa.
A lo lejos, comenzaba a escucharse los primero truenos de la fuerte tormenta que se avecinaba en el planeta sagrado.
…
La mentira es la oscuridad que envuelve en penumbras a la sutil e ilusoria mente del individuo.
La mentira es como la noche y pronto acabara, la luz de la verdad romperá su cascara porque la oscuridad jamás podrá encapsular a la luz.
Fragmento- Crystal.
La Tormenta bañaba por completo los sagrados suelos del planeta Kai-Shin, no había un solo lugar que no estuviera mojado por las enormes gotas que caían del cielo, sus campos y aldeas estaban inundados, y sus habitantes habían hecho una rápida evacuación dentro del templo.
Era un gran desfile de Shin-jin, y lo que normalmente era un templo silencioso y de tranquilidad, en el momento actual se había transformado en un bullicio. Los comentarios sobre la extraña tormenta no decrecían ni aumentaban; todos hablan de lo mismo. No era usual ese tipo de tormentas, como tampoco era usual que nevara, aun así, no era algo que descartaran, ya que como todo planeta, allí regia la naturaleza y ella era totalmente individual a ellos impredecible al actuar.
El Gran supremo no parecía estar muy alegre con la situación, fuera de su sala podía escuchar claramente el escándalo que los Kaios y otros Shin-jins. Ahora recordaba porque había aislado a los habitantes y se le había ocurrido crear una pequeña aldea con casitas individuales… No era por privacidad hacia cada uno de ellos, era por la suya. Su mal humor; además de ser provocado por el parloteo de los Shin-jin, se debía a la reunión que tendría que dar en una hora, y si realmente estaba molesto con el bullicio de más de 1000 habitantes, aun faltaba la orden suprema que comandaban los universos y que en los debates no había quien los callara. Solo esperaba que después de 50 años los kaioshines hayan reflexionado y esta vez no se lancen a dar golpes y patadas por todo el salón; algo parecido a esas viejas películas en donde el bar esta en silencio y repentinamente vuelan las piñas, balas y patadas…
El primero en llegar había sido el supremo kaioshin del universo 10 junto con su aprendiz, y había decidido llegar lo antes posible porque tenía la pequeña esperanza de que tal vez pudiera hablar con el Gran supremo antes de que comenzara la reunión. Entendía que el hombre estaría ocupado, pero el necesitaba aquel historial para trabajar en Zamasu. Por otro lado, Gowasu no podía evitar un ligero estado de nerviosismo porque durante el tiempo que tomaba la decisión de traer consigo a Zamasu, sabía que podía encontrarse con Shin. No… claro que no, no había olvidado ese momento y cada 50 años hasta el tiempo actual siempre que llegaban las reuniones temía encontrarse con ese muchachito… sin embargo, el supremo Shin llevaba tiempo ausente en las juntas.
Por ese motivo había mantenido a Zamasu dentro del planeta sagrado y aislado de su planeta de origen. Sin embargo, con los últimos acontecimientos de que había sufrido su alumno se encontró entre la espada y la pared haciendo que tomara una rápida decisión… o tal vez, no tenía ninguna opción; solo la ilusión de tenerla.
El joven Zamasu, miraba la sala del templo algo confundido, sabía que por naturaleza debía conocer cada rincón de ese lugar, pero no conseguía conciliar con ninguno de sus recuerdos, apenas tenía una pequeña sensación de haber estado en ese templo. El aroma del lugar le parecía familiar, sus cuadros en las paredes, sus decoraciones con grandes plantas, pero ningún recuerdo exacto de ellos.
Poco después de una minuciosa observación al pasillo repleto de Shin-Jins que iban y venían, comenzaba a sentirse incomodo; sentado allí, esperando a que su maestro hablara con el gran supremo aunque no tenía idea para que. Y lo que en verdad estaba poniendo inquieto al aprendiz eran las constantes miradas que todos los habitantes le hacían, no eran miradas acusadoras… no obstante tampoco eran miradas alegres.
-Maestro…- Dijo el joven Zamas en un murmullo y algo inquieto.
-Dime-
- ¿Por qué me ven así?-
-¿Qué?- Dijo el hombre algo desorientando. Mirando a todos los Shin-jins que pasaban por el ancho pasillo.
Zamasu se contrajo algo cohibido y volvió a hablar en un murmullo: - No estoy a gusto aquí, todos están mirándome-
Definitivamente, el aprendiz no estaba loco, y al anciano solo le basto poner algo de atención a su alrededor para confirmar las palabras de su alumno. Luego respondió: - Eh… no lo sé- Luego dio una mirada completa a la figura de Zamas y continúo. – Eres un muchachito muy bonito… tal vez es eso-
Zamasu frunció el ceño y respondió: - ¿Bonito?-
-Claro que sí. Además, es normal que los Kaioshines sientan atracción hacia otros kaioshines e incluso está comprobado que un shin-jin puede sentir atracción hacia otra especie-
-¿Qué?- Pregunto aun mas confundido. – Yo no siento atracción por nadie-
-Lo que no significa que algún día lo hagas-
Zamas hizo una pequeña sonrisa y negando con su cabeza respondió: - Eso no pasara…-
El anciano devolvió la sonrisa respondiendo: - ¡Oh! De acuerdo, pero eso no lo sabes-
El muchacho estaba a punto de responder a su maestro, cuando la puerta de la sala del Gran supremo de abrió. El corpulento hombre de grandes anteojos traía consigo una cara muy poco amigable y sin hacerse esperar hablo:
-Supremo Gowasu. Es un honor volver a verlo después de tanto tiempo, lamento haberlo hecho esperar, hoy es un espantoso día de tormenta y además aun falta la reunión- Rápidamente dio una fugaz mirada a Zamasu y dijo. – Es bueno volver a verte por aquí ¿Zamasu? ¿Así es como te llamo tu maestro verdad?-
El joven aprendiz miro al hombre con algo de recelo; desconfiado. La última vez que lo vio fue hacia cincuenta años atrás, solo ese recuerdo tenia del hombre, en resto eran fragmentos perdidos, algo que aun no había confesado a su maestro, pero que tenía pensado hacer ni bien se diera la oportunidad. Al cabo de pocos segundos el joven aprendiz respondió: - Si-
-Lamento interrumpir su trabajo Gran supremo, pero antes de comenzar la reunión quisiera hablar con usted a solas-
-De acuerdo- Respondió el hombre accediendo rápidamente.
-Gracias. Zamasu ve a la biblioteca un rato o puedes dar un paseo- Dijo el hombre rápidamente.
-Si maestro-
Al cabo de unos pocos minutos Gowasu ya había pasado la puerta encontrándose dentro de la sala principal del hombre, todo estaba como hacia cincuenta años atrás y como lo había estado siempre.
-¿Y en que puedo ayudarlo?- Pregunto el Gran hombre sentándose en su sillón
Gowas copio la acción frente a este y dijo sin vacilaciones: - Bueno, hace no muchos días envié una carta explicando que necesitaba hablar con usted pero no recibí respuestas, supongo que el buzón universal está colapsado y que mi pedido no llego…-
El hombre interrumpió rápidamente sobre las palabras de Gowas y dijo: -¡Oh! No. Lo siento, es que su carta llego hace dos días, pero con todo este asunto de organizar la reunión olvide enviarle mis respuestas. De hecho…- Metió la mano en uno de los cajones y saco el papel. – Aquí está la respuesta. No fue mala voluntad Supremo Gowas espero que comprenda-
-Descuide. Ahora entiendo, de todas formas ya estoy aquí y llegue antes para poder hablar personalmente así que le agradezco que me haya atendido. Sé que hoy es un día fatal y la extraña tormenta no ayuda demasiado, de hecho en mi planeta sagrado también hay una fuerte tormenta, pero eso no importa ahora…-
-Qué extraño…- Respondió y luego dijo. – Bueno, solo es casualidad. Dígame en que puedo ayudarlo-
-Sí. Es que cuando tome a Zamasu como mi aprendiz, jamás recibí un historial de él, no tengo ningún archivo de su pasado y usted tampoco me dio nada al momento de venir a buscarlo. No es que este echándole en cara que no lo haya hecho, solo que necesito ese historial-.
El sagrado kaio frunció su ceño algo confundido, o más bien pensativo, como si no recordase muy bien el porqué no le había dado ningún expediente o algo parecido. Poco después respondió: - Bueno, no sé qué decirle, normalmente no suceden estas cosas y no estoy del todo seguro porque no le di nada del jovencito. Han pasado muchos años desde que usted lo tomo como aprendiz y me sorprende que casi 1000 años después usted solicite ese historia-.
Como era de esperarse, Gowasu tomo aquella respuesta como un reproche, sin embargo no estaba dispuesto a discutir ahora y también debía aceptar que parte de lo sucedido era su culpa.
-Lo sé. Y también es una irresponsabilidad de mi parte no haber no haber solicitado su historial. No sé en que estaba pensando cuando me lleve al niño de aquí… fue un descuido-
El gordo sonrió y dijo: - Descuide. Estas cosas suelen suceder- Luego hizo una pequeña pausa y continúo. – Puedo recordar que Zamasu estuvo en varios universos y ciertamente no recuerdo si cuando llego aquí el traía su expediente-
-Oh…- Dejo escapar Gowas de su boca sonando decepcionado. - ¿No me diga que su historia esta pérdida? Por favor. –
-Bueno... yo no lo sé, déjeme ver si encuentro algo en los archivos. Será sencillo ya que están ordenados por año en nacimiento y si el historial esta aquí pues será el único en los últimos mil años. No hubo más nacimientos hasta ahora-
El hombre comenzó a buscar entre los archivos, mientras Gowasu no podía evitar mostrar toda la preocupación en su rostro. El hombre empezaba a desanimarse pudiendo sentir por dentro una especie de soledad y desesperación. Claro que se sentía solo… siempre se había sentido a si con respecto a su alumno, sin una voz amiga a la cual poder contarle lo que estaba sucediéndole. Era un milagro que haya sobrevivido y no se haya vuelto loco durante todos los años que convivió con el jovencito. Tampoco podía evitar sentir un castigo, sin duda, la culpa por haber borrado su memoria lo seguía como una sombra a cualquier parte que fuera, y no había un solo día en que su alma descansara en paz cuando su conciencia le reprochaba haber utilizado tanta oscuridad para tapar los problemas de su alumno… que al fin de cuentas, no sirvieron para nada.
-Bueno- Dijo el sagrado Kaio sacando bruscamente a Gowasu las sombras en las que estaba sumergido. – Hoy esta de suerte Gowas- coloco la carpeta frente a los ojos del supremo. – Lamento que esto haya sucedido, usted debía tener esta carpeta en sus manos hace tiempo-
El alma parecía volver al cuerpo del supremo Gowas al tiempo que esbozaba una gran sonrisa, aliviado y esperanzado. Juraría que si no fuera por la poca simpatía que llevara hacia el gordo; lo besaría sin duda.
-Oh… se lo agradezco- Respondió Gowas aun con la sonrisa pintada en su cara.
-No hay nada que agradecer. Es algo que le corresponde, pero dígame ¿Sucede algo? Es decir, en todo este tiempo su aprendiz no le ha contado nada de su vida.
-Bueno… Zamas es un muchachito especial- respondió Gowas intentando no dar demasiadas explicaciones-
El Gran Kaio volvió a tomar asiento y respondió: - Bueno… - Dijo pensativo. – Su alumno es un joven bastante especial en realidad. Usted tiene como aprendiz a uno de los 10 Kaios mas fuertes del planeta Kai-Shin… y además, es un excelente artesano, sobretodo del reino plantae. No ha habido en este planeta alguien que haya creado tantas cantidades de plantas como lo ha hecho Zamasu en su niñez y es extraño que no haya reconocido su energía en cada creación que hay en estas tierras. Por muchos años Zamasu ha sido la envidia de los amantes del reino Plantae, ningún shin-jin, kaio o Kaioshin a podido superar las innumerables especies que ha creado así como también la perfección con las que están hechas…-
-¡Oh jojo!- Dijo Gowas interrumpiendo con una risita nerviosa. – Lo siento… estoy un poco confundido Gran kaio, y nervioso. Tengo la sensación de que he perdido muchos años sin conocer realmente a mi aprendiz. Yo, yo no sé… me siento algo avergonzado de no poder decir nada al respecto más que sentirme asombrado, haces unos días, el creo unos bonitos tulipanes en mi jardín y solo pude reconocer que él era el creador de los tulipanes de este planeta, pero no tenía idea de que fuera el autor de muchas más y mucho menos que fuera la envidia del planeta, sobre todo porque no suelo venir tan seguido-
-Despreocúpese- Dijo el supremo. – Lo único que me sorprende es que su aprendiz no le haya comentado nada de esto, por lo que recuerdo… sé que es un jovencito bastante reservado pero aun así no sé porque no ha dicho nada de su pasado-
-si…- Dijo el hombre susurrando. En realidad, lo único que sabía de su pasado era que había estado en varios universos, pero Zamas nunca más volvió hablar de eso. Se preguntaba si Zamasu recordaba sus cambios por el universo así como su odio a la humanidad, pero temía hacer esa pregunta y solo empeorar su situación-
-Estoy seguro que en su historial usted encontrara todas las respuestas que busca. Solo puedo decirle que es fue un niño especial y que además es muy fuerte. Ahora, si me permite, la reunión esta a minutos de empezar.
-¡Oh Si! Lo siento. Le agradezco su tiempo, será mejor que vaya camino al castillo- Dijo Gowas recordando la reunión.
-Lo veré ahí- respondió con una pequeña sonrisa.
Gowasu tomo la carpeta y rápidamente salió de aquella sala. El pasillo era un aglomeramiento de Shin-jins que aun iban y venían. Busco con la vista a su alumno y poco después recordó que lo había enviado a la biblioteca. Mas que querer ir a la reunión, deseaba encerrarse en su cuarto; cuan niño desesperado por un juguete nuevo y comenzar a leer las hojas que estaban en esa carpeta y que ahora eran una información valiosa para él. Estaba a punto de comenzar su caminata hasta el castillo cuando fugazmente vio al kaioshin del universo 7, a sus costados venia un anciano al que no había visto antes y que también parecía ser un supremo y al otro lado estaba el asistente del jovencito.
La última vez que lo vio había sido en aquel encuentro con Zamasu, donde su alumno afirmaba que Shin era a quien estaba buscando, y nuevamente aquel recuerdo hacia que golpeara en su conciencia, siempre estaba allí, porque aquel día su aprendiz lucho como nunca para permanecer junto a ese supremo que llevaba consigo miles de misterios. Pero estaba demasiado ciego en aquel entonces, intentando solucionar los tormentos de su alumno que eran provocados por una extraña caja y que alguien lo manipulaba a través de ella, sin embargo, debía recordar nuevamente que se sentía estafado por esa mujer, porque todo ese jueguito de borrar los recuerdos no habían servido para nada…
Notaba que el jovencito caminaba en dirección en donde estaba aun parado, y que venía hablando muy entretenido con su asistente, sus deseos por hablarle eran exhaustivas pero temía que preguntara por Zamasu o peor aún, temía que lo viera e intentara recordarle algún episodio pasado, eso haría que Zamas se hiciera miles de preguntas y que todo acabe en un desastre.
No paso mucho tiempo más cuando Shin finalmente pasaba por al lado del hombre sin siquiera mirarlo; ignorándolo por completo y dejando un extraño semblante en la cara del anciano; algo molesto también, como si ahora juzgara al muchachito por no dirigirle la palabra. Le parecía un completo mal educado, después de haber presenciado su fiesta de cumpleaños y luego haberlo visto junto con Zamasu, pero pronto pensó que quizás el supremo Shin estaba ofendido por lo sucedido, después de todo… él ni siquiera había ido a disculparse o dar alguna explicación de lo sucedido, aunque tampoco las tenia, y mucho menos tenía la certeza de que si ambos se veían podía pasar algo.
Notar que había llegado a un momento de reflexión, podía hacero sentir en un estado miserable, porque era duro reconocer que se había equivocado desde el preciso instante que tomo a Zamasu como aprendiz. Reconocía que había estado muy preocupado en la oscura y traumática mente Zamas y había descuidado lo importante que era escucharlo y conocerlo un poco más. Sus años en soledad le habían hecho perder aquella conexión que normalmente los individuos hacían con el nombre de amistad, hasta las especies menos inteligentes lo hacían, formando vínculos…
Tal vez Zamasu solo intentaba pedir ayuda de alguna manera, quizás el aprendiz veía exactamente lo mismo que él veía en Shin, alguien con un aura extraña, pero lejos de ser agresiva o perversa. Tenía el poder innato para reconocer a seres de otros niveles ¿Por qué se negaba a creer en lo que podía ver? Tal vez todo ese tiempo había estado engañándose a sí mismo…
…
Dentro del gran castillo, la sala de espera estaba invadida por los supremos Kaioshines de todos 12 universos; a la espera de que el Gran Kaioshin comenzara con la fastidiosa junta. Algunos mantenían el silencio, en especial el supremo EA y el supremo Anato, la joven kaioshin Oguma solo se limitaba a observar los pequeños grupitos de Kaioshines que empezaban a murmurar, era algo normal, ese grupito que componía al Supremo Iru, Kai y a Peru, siempre tomaban el mismo papel de cuchichear en secreto como si escondieran algo. Pero eso no era problema para la suprema Oguma, solo que para el resto de los supremo podría resultar una falta de respeto.
No había nadie más irrespetuoso que Rou, pensó luego. Ese enano miserable ya estaba molestando a cuanto supremo había en la sala de espera y no había nada que deseara más que cualquiera de ellos le diera un certero golpe en la nariz; o unos cuantos quizás. Para la mujer, habían pocos kaioshines que valieran la pena, y cuando pensaba en ello como valer, hacía referencia a aquellos Kaioshines que no se metían en discusiones y que tampoco andaba de chismosos por ahí. Por eso, sus preferidos eran Anato y Shin, aunque del último jovencito conocía muy poco o nada. El supremo Shin era el único Shin-jin que menos tiempo había pasado en su planeta de origen, ni siquiera podía decir que lo había visto unas cuantas veces, por el contrario esta era la primera vez que lo veía… y aun así, era uno de sus preferidos.
Era una gran observadora, y había notado que el muchachito estaba aislado, y no es que los demás fueran poco sociables, pero había ciertos rumores de que el Gran Kaioshin tenía una preferencia por el supremo del universo 7; o algo parecido. De todas las reuniones a lo largo de los últimos años, este nunca se presento, salvo cuando era un niño pero ella tampoco lo había notado.
Los chismes volaban cuando se trataba de juzgar a alguien o simplemente criticarlo por el hecho de hacer nada, vaya a saber el motivo por el cual el joven Shin no presencio todas las reuniones, de todos modos, no se perdía de nada.
La mujer suspiraba con pesadez al sentir que sus pensamientos eran obstruidos por la molesta, latosa y chillona voz del pequeño hombrecillo Rou, era detestable y como nadie le daba importancia podía notar como este empezaba a caminar en dirección al joven Shin. La mujer, no pudo evitar hacer un gesto de total desagrado mezclado con molestia… seguramente iba a alardear delante del jovencito sin conocerlo, pero era un hecho que si tenía que salir en su defensa lo haría… porque detestaba a Rou.
A simple vista, podía verse que el Supremo Shin no hacía más que mirar en dirección a la puerta de la sala donde se llevaría la junta. Estaba ansioso y no por escuchar aquella charla y dar propuestas, más bien le urgía irse a su planeta. Podía notarse incomodo y tal vez eso se debía a las fugaces miradas que los demás Kaioshin lanzaban en su dirección. Se sentía como un pequeño niño en la escuela al que todos burlaban. Imaginaba que todos hablaban de el por su ausencia en las anteriores reuniones, y si supiera el motivo de su ausencia sin duda lo gritaría a los cuatro vientos para que dejasen de verlo como el consentido del gran Kaioshin. Ni siquiera alcanzaba a ser cierto, apenas había cruzado palabra con ese hombre. Dio un largo suspiro y pocos segundos después volteo al otro lado al sentir que alguien se aproximaba.
-Pero miren nada mas- Grito Rou llamando la atención de todos. - ¿Qué no es este el fenómeno que nació en invierno?-
Sin duda, Rou había captado la atención de todos los supremos haciendo que volteen solo para observar como Shin ahora se convertía en el blanco de ese molesto enano.
-¡Ay que fastidio!- Dijo el delicado supremo Kuru al oír la voz de Rou y luego volteo a dar la espalda a la situación.
-Pobrecito…- Comento el supremo Agu.
El resto solo se mantenía en silencio, incluyendo al perezoso supremo Fuwa del universo 6. Conocía a Shin y sabia que este también lo conocía, sin embargo no tenia deseos de discutir con Rou o meterse en algo que no le competía, después de todo Shin era lo suficientemente adulto como para defenderse.
El joven Shin apenas alcanzo a reaccionar cuando Rou se dispuso a continuar con su palabrerío: - Y dime fenómeno ¿Qué haces aquí?-
La respuesta de Shin no se hizo esperar: -Lo mismo que tu-
-¡Ay, pues entonces solo viniste a fastidiar!- Dijo Kuru volteando a lo lejos.
Las primeras risitas se dejaron escuchar en la sala, y esto hacia que Oguma sonriera de la manera más amplia y visible, estaba de más decir que tenía inmensos deseos de lanzar una carcajada, pero se reservaría para después…
-¡Cierra la boca y no te metas en asuntos que no son tuyo!-
-¡Por favor! Eres tan patético que ni asuntos tienes… así que tampoco son tuyo- Volvió a responder.
Esta vez el joven Shin no pudo evitar hacer una pequeña sonrisa acompañando al resto que reía sin ningún tipo de disimulo en la cara del molesto gnomo.
-¿Y tú de qué te ríes niño mimado? Voy a sacarte esa sonrisa a los golpes y veremos cuantas ganas te quedan luego-
-¡Pues esa es la única forma en la que sabes resolver las cosas Rou!- Dijo Oguma ya bastante molesta al notar la agresión hacia el jovencito.
-¿Y cuál es tu problema? Acaso estas defendiendo a este extraño fenómeno consentido por el gran kaioshin-
-¿Ese es tu problema conmigo?- Pregunto Shin captando la atención del enano.
El rostro de Rou comenzaba a tornarse molesto de solo escuchar una respuesta por parte de Shin y respondió: - Por supuesto, todos lo que estamos aquí pese a nacer de frutos dorados tuvimos que pasar por este castillo y estudiar incansablemente antes de asignarnos como Kaioshin de un planeta y llegas tu; un anómalo que nace en invierno y es enviado al planeta sagrado para convertirse en un supremo Kaioshin siendo apenas un bebe. Ni siquiera reúnes las condiciones para proteger al universo, eres débil y lo puede decir la gran paliza que te dio ese tal majin Bo. ¿Qué has venido hacer aquí? Nadie quiere escuchar tu propuesta o es que acaso es ¿Esconderte?-
-¿Y qué tal si mejor no te metes con un kaioshin mágico y enfrentas a un físico?- Dijo una voz detrás de Rou.
El supremo Gowasu caminaba por la gran sala de espera en dirección a Rou. El anciano era uno más que se sumaba al odio que sentía sobre Shin-jins como el supremo del universo 9. Había estado escuchando todo el gallinero, pero intentaba mantenerse a distancia de Shin, sin embargo no pudo evitar meterse en la conversación, sobre todo cuando la ofensa era hacia uno de los pocos y tal vez único kaioshin mágico que quedaba entre los 12 universos, pero además sentía unas extrañas ganas de proteger al muchachito. No es que lo subestimara, sabía que Shin podía defenderse de las agresiones de Rou pero ese hombrecillo capaz de levantar su mano contra otro kaioshin.
Rou no pudo evitar hacer un gesto irritado, lo que luego cambio a uno completamente burlón, sosteniendo una sonrisa espantosa de esas que dan ganas de borrarlas de un buen cachetazo. Poco después respondió: - ¿Qué es lo que quieres viejo? ¿No estás demasiado anciano para continuar como supremo de un universo?-
-¿Y tú no estás demasiado grande para gritar como un desesperado por la sala del castillo tratando de llamar la atención? ¿Acaso no estás demasiado grande para hacer escándalos de colegiala en pubertad?-
El Supremo Rou no pudo evitar que su rostro se desencajara, lo que luego se transformaron en gesto furiosos que se dejaban ver en todo su cuerpo tensionado. Estaba decidido a responder, nunca se quedaba callado y esta no sería la excepción, no obstante Gowasu interrumpió antes de que pudiera decir algo.
-Tus actitudes no son más que el reflejo de la pobreza que hay en ti. Caminas por la vida siendo odiado por todos los que están aquí…-
-¡Ni que lo digas!- Dijo Kuru interrumpiendo.
-¿Lo ves? Si lo que quieres es sobre salir para ser admirado por todos porque eso fortalece tu ego entonces haz cosas que realmente valgan la pena… aunque eso jamás te llenara, siempre desearas más y más solo para que los demás admiren lo que dices que crees ser. No tienes derecho a faltarle el respeto a un hermano y mucho menos hacer ofensas para herirlo…-
Esta vez el supremo Shin interrumpió: - No se preocupe. No estoy herido- Finalizo con una sonrisa.
-Por supuesto que no. Eres demasiado integro, amable y bondadoso para ofenderte por las idioteces que dice este bueno para nada-
-¡Cierra la boca maldito viejo! Eres tu el que esta ofendiéndome ahora-
-Y lo seguiría haciendo todos los días de mi vida porque tu no mereces respeto y te aconsejo que hagas tratarte con un especialista porque estas demente-
Como si se tratara de un loco, Rou comenzó a reír a carcajadas, frente a los rostros de los Kaioshines que no hacían más que mirarse entre sí, probablemente afirmando las palabras de Gowasu.
Gowasu observaba el escándalo que Rou hacia con su estúpida risa debido lo nervioso que estaba y la poca falta de argumentos para defenderse. Aun no comprendía como un ser tan despreciable era capaz de ser un Kaioshin, si fuera el Gran kaioshin; sin duda, estaría encerrándolo en un manicomio para Shin-jins lo cual no existían, pero moría de ganas por que haya uno. Solo faltaba una pequeña pizca de maldad para que ese sujeto fuera enviado al mundo demonio… sin duda, si fuera un asesino estaría condenado vivir allí adentro.
Entre carcajadas Rou intento decir algo mas, solo con la intención de ofender al anciano, pero esto no fue posible gracias al sonido de la puerta que la sala hizo informando la llegada del Gran kaioshin. La actuación del desagradable enano rápidamente descendía volviéndose más serio y hasta respetuoso, y quizás esto es solo podía significar a quien debía temerle realmente, pues si él fuera el gran kaioshin ya se hubiese mandando a las mazmorras.
-Sepan disculpar las demoras, hoy en un espantoso día de tormenta y el templo está completamente lleno de Shin-jins desorbitados. No continuemos perdiendo el tiempo, supongo que tenemos muchas cosas por decir…- Dijo interrumpiendo su discurso al notar a Shin presente. – Oh, Supremo Shin… que sorpresa, me alegra saber que esa grave enfermedad no acabo contigo-
El jovencito dio una fugaz mirada a sus compañeros, sobre todo porque estos notarían su rostro extrañado y también confundido. No sabía que decir exactamente, no recordaba haber estado enfermo tantos años, sin embargo mantener la calma en esa circunstancia era lo que había aprendido en los últimos días y no hubiese sido así de no tener la ayuda de Kibito principalmente, y de Wiss.
-Yo, yo…- dijo entre balbuceos e intentando mentir. – Yo me recupere muy bien… Gran supremo, hace poco tiempo-.
- Si y se te ve muy bien. Sera un honor que hoy nos acompañes-
-Muchas gracias señor-
-Bien, entonces vamos a la sala de junta- Respondió el hombre encaminándose a destino.
-Te salvaste de esta niño…- Dijo Rou al oído de Shin.
Con aparente molestia Shin corrió su cabeza a un costado al sentir la voz de Rou sobre su oído, además ya estaba empezando a sentirse irritado por la presencia de ese kaioshin. No solía darle importancia a lo que en verdad no la tenía, sin embargo, prefería tener lejos a ese sujeto.
-Tranquilo…- Dijo Rou en respuesta a la actitud de Shin.
-Aléjate, ya déjame en paz- Respondió Shin frunciendo el ceño haciendo visible su molestia.
En un susurro socaron el hombrecillo respondió: -Oh… ¿Eres rudo?-
Esta vez el muchachito no respondió, solo intento apurar su paso con la intención colocarse al lado de Gowasu.
-¿También lo eres la cama…?- Pregunto con lascivia.
Shin miro a Rou completamente perturbado, pero sin responder a aquello, por el contrario solo apuraba su paso aun mas, haciendo que esta vez Rou lo tomara por el brazo y permitiéndose cualquier otro tipo de acción considerando que iban detrás de todos.
La distracción por parte de Rou y Shin entre el forcejeo, no les permitió notar que Gowas había frenado sus pasos volteando y dando la cara a Rou, haciendo que este se chocara con su pecho.
-Quítale las manos de encima ahora porque juro que te hare pedazos lejos de aquí-
Gracias a la presencia del gran kaioshin, aunque este estuviera delante de todo, Rou guardo silencio soltando el brazo de Shin, no sin antes dedicarle una amenazante mirada al anciano. Estaba más que deseoso de responder, así sea para terminar a los golpes, pero intentaba mantener la postura delante de su único superior, pues, había oído que el sagrado kaioshin tenía deseos de retirarse y su gran ego le permitía querer postularse para ser el siguiente Sagrado Kaioshin.
Para cualquiera que leyera sus pensamientos, dirían que el supremo Rou si estaba lunático, o en verdad era demasiado ingenuo para creer que con el odio que generaba y los pleitos que armaba, sin contar con el reciente acoso hacia un supremo, podría ser elegido como el siguiente sagrado kaioshin ¡Un sueño completamente imposible! Pero no para Rou…
La entrada a la sala de junta estaba a pocos pasos del gran supremo, y sin mucho preámbulo o mejor dicho nada de presentación la abrió, permitiendo que se viera la roja y larga alfombra que conducía al escenario.
Los rostros apenas alcanzaron el asombro cuando comenzaban a tornarse aterradores. La alfombra con grandes desgarros de sangre seguían un trayecto decidido y sin pausas, continuando por las escalinatas del escenario. El cuerpo despellejado de aquel Shin-jin, descansaba sobre la silla que había sido puesta arriba del altar para que fuera lo primero que se viera cuando las puertas se abrieran. Los ojos de los Kaioshines permanecían inmóviles frente a pavoroso acontecimiento que no podía resultar más que una amenaza, un acto de rebeldía, de odio, de maldad, y sobre la blanca pintura que recubría la pared podía leerse el mensaje: "Contemplar"
-Oh por todos los dioses…- Dijo Kai antes de caer desmayado y con la suerte de que Kuru lo tomara por la espalda.
-Esto no es posible…- Susurro el gran Kaioshin mostrando todo su temor. Haciendo varios pasos hacia atrás y empujando a los Kaioshines que estaban junto a él.
-Debemos refugiarnos, no sabemos qué está sucediendo aquí gran supremo- Dijo la diosa Oguma sin poder quitar sus ojos del episodio.
El joven Ea hizo unos pasos hacia atrás y dijo casi en un susurro: -Lo siento… esto no me gusta, yo me voy de aquí-
-Asombroso…-Dijo Rou con una mueca indescifrable que dibujaba su boca.
Con un ligero escalofrió Shin apenas reacciono, sus ojos no podían alejarse de ese shin-jin que estaba sobre el escenario. De todos los años que había vivido, podría haber visto miles de atrocidades, pero jamás un acto de perversión, morbosidad, donde un cuerpo era desnudado, despellejado y puesto frente a alto escenario para que todos lo vieran. Sus deseos por abandonar el lugar se incrementaron haciendo que retrocedieran unos pasos, ahora más que nunca quería volver a su planeta, volver con Kibito y con el antepasado. Nada de lo que estaba viendo podía traerle una buena señal, una positiva intuición. Aquel mensaje era puesto con varias intenciones y no era necesario pensar mucho más.
-Sera mejor que nos alejemos de aquí- Dijo Gowasu, tomando a Shin por los hombros a sus espaldas. – Te llevare con tu asistente-
Temor, era la sensación que invadía el cuerpo de Gowasu, y sabia que sus compañero estaban de igual manera, sin embargo era más fuerte el sentimiento de alejar a Shin de la escena antes que al resto. El sentimiento protector hacia el joven Shin no era más que la respuesta hacia una extraña energía que podía sentir en el fondo de su ser.
Continuara…
