Buenas tardes, espero que estén bien. Aquí dejo el capítulo 7 de esta historia y espero que lo disfruten.

Bueno… lo de siempre, hice revisiones pero algún error debe tener jaja. juro que ya tengo mis lente de aumento… en fin.

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer y tengan buenas tardes/Noches.

Abrazos

Capitulo 7

El recluso celestial en Arena Crystal

Los pequeños remolinos de arena pasaban velozmente por los suelos desérticos. El sol parecía inexistente sin tener lugar a rebotar sobre la dorada arena que bañaba el terreno. Sus enormes montañas no permitían el acceso a la luz y el camino entre una larga y angosta fosa permanecía en penumbra desde los años más remotos.

La vida en el Altar de la sombras había culminado alrededor de dos millones de años, pero la maravillosa arquitectura tallada con las piedras calizas más antiguas perduraban intactas haciendo del lugar un espectáculo para contemplar.

Habían decidido caminar un poco para observar de cerca las enormes estatuas de piedra, así como los templos construidos, sin embargo, al terminar de pasar por las pirámides todo se había vuelto más sombrío y deshabitado.

-¿Estás seguro que es por aquí Dende?- Pregunto Piccolo dando una mirada rápida los alrededores.

-Si señor Piccolo. Pude verlo desde el templo sagrado- Respondió convencido.

Uranai Baba iba unos pasos más adelante en su bola de cristal escuchando la conversación, y al igual que Piccolo, la anciana creía que estaban perdidos o bien, que Dende se había equivocado en algo. Segundos después comento: - Y dime muchachito ¿La sala de la fidelidad es un enorme templo?-

-No. El templo donde está la sala de la fidelidad se llama arena Crystal- Dijo Dende. –Y por eso me resulta extraño que no hayamos encontrado el lugar. Se supone que estaba a unos cuantos kilómetros de las pirámides-

-¡Grandioso! Más nombres extraños…- Respondió Piccolo

- Oh… Sin embargo el joven Dende tenía razón- Respondió la anciana señalando a lo lejos.

Desde la distancia que se encontraban, podían divisar el gran templo, asi como también las enormes esculturas que adornaban la entrada. Tanto para Piccolo como para Dende que conocían la historia, poder reconocer que esas estatuas eran dos ángeles parecidos a Wiss les provoco asombro, y también algo de incertidumbre. Se suponía que iban en busca de información que fuera útil para el supremo Kaiosama o quizás para que Kibito pueda continuar haciendo su trabajo. Esperaban encontrarse con más esculturas humanoides o mejor aún, enormes estatuas de elfos tallados a manos o hechos con magia, pero no esperaban encontrar dos ángeles en representación de un templo.

-Qué extraño. Eso no parece el templo de los elfos. ¿Estás seguro que era real esa leyenda, mito o lo que sea?- Pregunto el Namekiano Mayor

-Usted la creyó- Respondió Dende con una sonrisa.

-¡Yo no creí en nada!- Respondió Piccolo molesto. – Es un recuerdo de Kamisama-

-Ya dejen de discutir ustedes dos. Sea el templo de los elfos o de ángeles esto no es menos interesante. Además los ángeles no pertenecen a este mundo ¿Por qué existirían estas esculturas aquí? Como ninguno de los dos tiene idea será mejor que continuemos investigando- Dijo la anciana con firmeza.

La distancia de la entrada hacia el templo Crystal Arena quedaba a unos cuantos pasos más. Los ojos de Piccolo se vieron sorprendidos al ver la altura que tenia la entrada y sus estatuas, hasta daba por seguro que por allí podía entrar un gigante. Los bordes de la entrada estaban tallados con diferentes símbolos, aunque estos no eran los que traían Wiss y Bills; no recordaba haberlos visto en ninguna otra parte, pero por otro lado, quizás eran símbolos que usaban los elfos; era lo más probable.

El paso de los Namekianos al igual que Uranai eran bien decididos, ninguno parecía sentir una pizca de miedo o arrepentimiento. Por parte de la anciana, esta entraba segura al sentirse acompañada de los hijos del dragón, pues consideraba que no importaba que hubiera allí adentro ya que eso no mataría a los Namekianos de un Hit; y sabia que estos no la dejarían morir.

El lugar era frio; casi helado, y la oscuridad avanzaba a cada paso que se alejaban de la entrada, los pasos retumbaban haciendo eco por el pasillo, un pasillo que parecía no tener fin pero que debían transitar para llegar al destino que desconocían, porque en realidad ninguno sabia a donde iba exactamente. Poco después Piccolo se dejo oír.

-Que mala suerte… No traemos velas-

- Aah, ¿pero qué cosas dices? Mi bola de cristal iluminara el camino- Respondió la anciana

El Namekiano hizo un reboleo de ojos y respondió: -Era un chiste, Señora-

A lo lejos, empezaba a verse una especie de luz amarilla, como si un fuego estuviera iluminando algo, lo que resulto la señal perfecta para darse cuenta de que el pasillo no era infinito.

En medio del silencio, los oídos de Dende estaban fuertemente agudizados. Podía escuchar entre las paredes el sonido que hacia una extraña energía en los alrededores, pero lejos de ser agresiva o malvada. Ese sonido le indicaba de una manera inconsciente que ellos eran invitados a transitar por los oscuros pasillos. Las palabras no lo podrían haber explicado mejor y sin duda sus deseos de avanzar se incrementaron.

-Podemos avanzar aun más- Dijo Dende. – Nosotros somos sus invitados-

-¿Qué?- pregunto Piccolo.

-No lo sé… Simplemente debemos avanzar-

-Genial. Porque ya me estoy aburriendo…-

En unos pocos segundos, el camino finalmente acababa dando paso a la gran sala de la que Dende había hablado. Era iluminado por cuatro gigantes piedras con luz propia que se encontraban en la escultura principal y que ocupaba el centro de la sala; dos especies de estatuas, altas y quizás tan altas como para rasguñar el techo. Parecían ser dos elfos juntando espalda con espalda, un elfo mago y un elfo arquero. El báculo y el arco eran los portadores de las piedras que iluminaban la gran sala.

Era una escultura fascinante, sin duda, pudiendo provocar el asombro de cualquiera que tuviera el agrado de contemplarlas. Así es como se encontraban los rostros de los Namekianos y la hija del sol; sorprendidos, maravillados con lo que sus ojos veían, asombrados de poder ver la posición de ataque de cada elfo. Quienes fueran que hayan esculpido esas estatuas no eran de este mundo y hasta llegaban a pensar que tal vez habían sido creadas con algo más que simples manos.

-Esto es asombroso- Dijo la anciana en un susurro aun contemplando las esculturas. – Ellos eran reales-.

Piccolo observaba igual de asombrado que la anciana y Dende. Los rasgos de cada estatua estaban perfectamente tallados, haciendo que cualquiera pueda contemplar la belleza en esos rostros sin importar que fueran de piedra. Rostros finos, agraciados, con ojos en forma de almendras y orejas puntiagudas, de figuras perfectas por donde quiera que mirara. Un báculo y un arco haciendo referencia a dos especies iguales pero con razas diferentes, eso era algo que no esperaba ver, y que aun no alcanzaba a comprender, ya que entonces ambos elfos cumplían diferentes misiones.

Dende caminaba por los alrededores, notando que las estatuas llevaban grabadas algunas frases con un idioma familiar.

-Aquí…- dijo Dende. – Escuchen esto- . Hizo una pausa y leyó: - ¡Oh! Que la llama no se extinga en esta oscura caverna, en estos templos sagrados nutridos por el amor…-

-¿Acaso lees el idioma de los elfos?- Dijo Piccolo caminando hasta donde se encontraba Dende.

-No es el idioma de los elfos señor. Es el idioma de los dioses- Luego continuo leyendo. – Aquellos oídos que sean capaces de comprender lograran romper el silencio de los labios que están sellados-

-Vaya…- Dijo la anciana. – Menos mal que estas aquí para leer esto. Tenemos cuatro entradas pero solo debemos ir a la sala de la armonía ¿Verdad?-

-Sí, y es la que está al Este. Pero según tengo entendido debemos pasar por las demás antes de poder entrar allí. Las puertas son gigantes y de piedra, eso supone que debe haber una magia especial que activa las puertas y eso sucede cuando pasamos por la primera que es la única a la no se nos impide pasar-

-¡Bonito juego!- Dijo Piccolo en forma de queja.

-Lo sé señor Piccolo, pero no tenemos opción-

Uranai baba había dejado atrás a los Namekianos para explorar más de cerca las 3 puertas que permanecían cerradas. Parecía como si realmente no hubiera puertas y la única forma de identificar que podría ser una entrada eran los extraños símbolos que había en cada región.

-¡Bien! No perdamos más tiempo. Debemos encontrar una solución para el supremo Kaiosama y saber que sucede con los dioses- Dijo Piccolo dándose ánimos y apurando la situación caminando unos cuantos pasos para dirigirse a la primera entrada.

Una leve vibración comenzó a ascender desde el suelo de la sala. Las paredes se sacudían haciendo que todo se removiera dentro dejando caer polvillo y pequeños trozos de piedras añejas del techo.

Piccolo y los demás se detuvieron, asombrados y esperando un posible derrumbe. Aunque no habían hecho nada, era posible que ya no fueran bienvenidos como lo eran antes, o tal vez Dende no debía leer nada de lo que estaba escrito. Miles de cosas pasaban por la mente de Piccolo, pero no por que tuviera miedo, más bien, por la incertidumbre que le generaba no saber que habían hecho mal.

La enorme puerta de piedra que obstruía el paso a la sala de la Armonía comenzaba a abrirse de par en par; una clara invitación al paso. Dende miraba sorprendido el episodio, convenciéndose de que realmente eran sus invitados. Solo una fuerza poderosa podría permitir el paso a la última sala sin hacer que pasaran por las demás. Ahora estaba seguro de que algo los esperaba… Finalmente, el temblor se hacía más leve hasta que poco después desaparecía por completo, dejando a los presentes en un estado de quietud y mirándose las caras unos a los otros.

-Creí que moriría- Dijo la anciana dando fugaces miradas a los Namekianos.

-Pues yo creí que nos estaban quitando la invitación…- respondió Piccolo observando fugazmente el lugar.

Sin dar demasiadas vueltas, el Namekiano mayor fue el que dio el primer paso y camino hasta la entrada de la última sala. Reconocía que le daba gusto estar allí e investigar que más podría encontrar ¿Elfos escondidos quizás? Segundos después, acelero sus pasos entrando por completo al pasillo. Dende y Uranai baba no dudaron en seguirlo, porque al igual que él, ellos también querían investigar.

El corto camino fue en silencio, y en pocos segundos la entrada a la clamada sala se encontró frente a ellos. Dentro que aquel cubo sin ventanas, la claridad era visible gracias a alguna fuerza desconocida. No había focos, ni piedras brillantes, ni velas o nada que se le pareciera. En cada esquina había una enorme estatua que representaba a un elfo, y en el centro de la sala se encontraba un brillante trono de espaldas a ellos.

Aquel estrado era lo único fascinante en esa habitación. Piccolo no pudo evitar sentirse decepcionado y desanimado a la vez, ya que esa sala parecía ser más corriente que la magnífica sala de la fidelidad, allí, no había nada que pudiera llamar la atención salvo por la extraña luminosidad dorada que permitía poder ver… solo era un cubo con una silla y algunas estatuas. Esperaba encontrarse con algo mucho más maravilloso, portales a otra dimensión, una mesa con varios libros, paredes escritas con símbolos extraños o lo que fuera…

-Sean bienvenidos…- Se escucho decir a una muy añeja voz que provenía del trono.

- ¡Oh santo cielos!- Dijo Uranai corriendo a refugiarse detrás de Piccolo.

Piccolo no pudo evitar ponerse en una posición defensiva al tiempo que respondía: -¿Quién eres?-

Sin ningún tipo de temor Dende camino decidido atraído por la voz proveniente del trono. Estaba dispuesto a darle la vuelta y encontrarse cara a cara con esa persona. La boca del jovencito Namekusei se abrió dejando escapar un leve gemido sorprendido, abriendo sus ojos enormemente sin dar crédito a lo que estaba visualizando.

-¡Maldición Dende! ¿Qué es lo que haces?-

-Oh… tranquilo Piccolo- Dijo la voz avejentada.

Piccolo gruño por lo bajo, siendo desconfiado su actitud no era nada extraña. Dio una fugaz mirada a Uranai para comprobar si estaba dispuesta a avanzar o irse, a lo que la mujer solo respondió con un gesto de afirmación. Segundos después ambos decidieron seguir a Dende, pues además era claro que este se había convertido en el blanco perfecto para que ese individuo quisiera causarle algún daño, y en pocas palabras ya lo hubiera hecho.

Los pasos que faltaban para llegar pronto desaparecieron, ambos, al igual que Dende, pudieron contemplar y asombrarse de lo que sus ojos veían.

No era un elfo, sin duda. La piel azulada; casi grisácea y los opacos y cansados ojos rosados pudieron mostrar claramente que quien ocupaba el trono era un anciano ángel. Un ángel listo para pasar a la siguiente vida, quien dijera que los ángeles no morían seguramente no habían visto jamás el estado de este. El traje era diferente al que utilizaba Wiss, pero traía consigo símbolos parecidos a los de este y a los de su hermana, entre otros. El báculo del ángel reposaba entre sus piernas al igual que sus manos, y su boca arrugada mostraba señales de dejar escapar las siguientes palabras.

-Espere este momento por miles de años…- Dijo el ángel tosiendo un poco. -Millones de futuros sin posibilidad alguna de encontrarnos y finalmente y como los dioses lo predijeron aquí están los hijos del dragón y la hija del Sol-

-¿Qué?- Pregunto Piccolo confundido.

-Pero no esperaba tu visita Piccolo- Dijo en anciano. – En mi destino un Hijo del dragón y un hijo del sol vendrían en mi búsqueda- Hizo una pequeña pausa y continuo. –Veo que los cambios en el tiempo fueron drásticos…-

Dende aun sin poder salir de su asombro por ver a un anciano ángel dijo entre balbuceos: - ¿Cómo, como que creyó que llegaríamos tarde? Nosotros no sabíamos que debíamos venir-.

-Lo sé…- Respondió el ángel anciano. – Pero yo sí. En varios futuros ustedes vendrían a mí, y en otro futuro solo vendría la hija del sol, pero reconozco que es agradable tener a los hijos del dragón aquí o de otra forma mi condena seria eterna…-

-¿Quién eres?- Pregunto Piccolo algo tenso.

-Oh...jojo- Dijo haciendo una pequeña sonrisa. – Soy otra forma de vida en el universo-

-Eso no responde a mi pregunta- Dijo Piccolo Desconfiado. - ¿Eres familiar de Wiss?-

-Wiss…- Dijo el anciano con una voz quebradiza. - Si, pero dudo que conozca mi existencia-.

-¿Cómo?- Preguntaron los tres al unisonó.

-Espere- Dijo Piccolo esta vez. -¿Qué hace aquí?-

El viejo ángel rio un poco entre ahogos y respondió: -Haces demasiadas preguntas. Si lo que quieres es más respuestas entonces deberás darme algo a cambio-

-¡¿Qué?!- Dijeron nuevamente los tres.

El anciano ángel sonrió cerrando sus ojos. Un gesto cansado de su parte… poco después continúo hablando: -Que dices hijo del dragón… ¿Estás dispuesto a dar algo por más respuestas?-

La pregunta irrito por demás a Piccolo haciendo que este apretara sus puños intentando contenerse para no empezar a los gritos. No había viajado tan lejos para ser sobornado por un extraño ángel viejo que parecía no haberse movido de ese trono de oro en años.

-¿Qué es lo que quiere?- Pregunto el Namekiano dejando notar su molestia.

-Oh… Luego lo sabrás- Respondió el ángel.

-¡Disculpe!- Dijo irritado y levantando la voz. – ¡Pero no le daré nada que no quiera!-

-Entonces no hay trato- Respondió rápidamente.

-Santo cielo…- Dijo Uranai baba acercándose un poco al ángel. - Hemos viajado desde muy lejos para encontrar respuestas. Si usted quiere puedo darle lo que desea-

El anciano arrugo su rostro un poco más al hacer una nueva sonrisa agotadora, dando un leve suspiro; porque sabía que Uranai no podría dar absolutamente nada. Aun así respondió: - De acuerdo…-

-¡Olvídelo!- Dijo Piccolo anteponiendo su mano delante de la mujer que flotaba en su bola de cristal. – Si alguien tiene que exponer su vida seré yo. Ahora responda ¿Quién es usted?-

El anciano ángel hizo un breve silencio y dijo: - Bien. Admiro tu valentía para tomar el lugar de Uranai Baba- Hizo una pausa y continúo. – Mi nombre es Hon. Soy el último guardián de los elfos y he custodiado este lugar por miles y millones de años. Mi destino era esperar su llegada en cualquiera de los futuros existentes. Muchos de ellos no hubieran sido posible y aun así todo hubiese sucedido de igual manera… pero con una pequeña diferencia, sin embargo alguien hizo cambios en el tiempo, modificando la línea existente en la que nosotros nos encontraríamos. Esto provoco un desequilibrio total, y hubiera preferido que nuestro encuentro no fuera existente y que el destino sucediera de todas formas- Hizo una nueva pausa gracias a la falta de aire y la fatiga de hablar. – Aun así, el joven que altero el tiempo no es solo el responsable de que esto sucediera. Los hilos oscuros que manejan a los infinitos universos conspiran día a día para lograr el rompimiento o remover cualquier despertar o destino existente...-

Un pequeño escalofrió recorrió el cuerpo de los tres que aun miraban atónitos al anciano. No sabían por dónde empezar realmente, que preguntas correctas debían hacer, porque ahora no solo sus preguntas incluían a Shin; todo se iba más allá. Pero no era momento para callar y finalmente Uranai Baba dijo:

- Sabemos que se aproximan tiempos difíciles, y lo que es peor aun es que no sabemos por dónde empezar a hablar o preguntar. Pero tal vez usted pueda guiarnos, hace mas de 1000 años llego un ser que no pertenece aquí, y trajo consigo un objetivo…-

La risa gastada del anciano resonó entre las cuatro paredes haciendo interrumpiendo las palabras de Uranai. Luego respondió: - ¿Objetivo? El no tiene un objetivo, querida. El tiene un "Destino"- Concluyo remarcando la última palabra.

-¿Un destino?- Objeto Piccolo. - ¡El destino no existe!-

-Te equivocas. Tu destino era morir en manos de los androides y sin embargo alguien llegó para jugar a ser dios y darte la oportunidad de que estés aquí, no puedes modificar el destino de nadie porque eso traería consecuencias terribles, solo un dios y nadie más que un dios puede cambiar el destino. Tu, hijo del dragón, no puedes afirmar la existencia del destino o acaso ¿Tu sabes cuál es tu destino? Claro que no, no puedes confirmar algo como tal porque lo desconoces y por eso no eres el indicado para decir que existe, de lo único que puedes tener alguna certeza es de que no sabes absolutamente nada. Tu destino era morir en manos de los androides y sin embargo hoy estas aquí. Hay tres maneras de modificar el destino, pero no de cambiarlo, y esas formas son; las esferas del dragón de las cuales solo un Namekusei proveniente de su planeta conoce su debido uso, los viajes en el tiempo y las manos de un ángel, todas ellas son peligrosas. Deben reconocer que en los últimos años han sido salvados bajo su propio sentido de justicia y me asombra de ver que hasta un Ángel haya puesto su propio destino en riesgo por salvar sus pellejos, nadie jamás comprendería el amor y la bondad con la que ese ángel se expuso. Y ahora respóndeme Piccolo ¿Quiénes son los que pagan por las modificaciones en el destino?-

Piccolo se mantenía en silencio con sus ojos depositados en la mirada del anciano. Sabía que no era un reproche lo que estaba escuchando, pero podía sentir un peso bastante considerable. Apenas negó con su cabeza, sin saber que responder y esperando las nuevas palabras del anciano.

-Los dioses claro… ¿Quien más? Y no solo deben enfrentar sus propios problemas si no que también deben cargar con un destino removido intentando encontrar el camino que los conduce a su despertar y a sus destinos. Sin embargo no solo lo humanos son culpables de este caos. Existe algo más profundo y oscuro que por millones de años ha intentado mantener las leyes a su conveniencia y nuevamente nos encontramos con la modificación del destino-

Absortos en sus pensamientos después de escuchar al ángel, ninguno deseaba decir algo realmente. Dende mantenía la mirada sobre el suelo, se sentía tan culpable de controlar el destino como cualquiera dentro de la sala, pero jamás había sido con la intención de provocar un mal, siempre pensó que todo seria para un futuro mejor.

-Lo siento…- Dijo Uranai Baba sintiendo peso por las palabras del ángel.

El anciano ángel miro a la mujer y respondió: - Uranai baba. Tu destino no era morir junto con este planeta. Tú eras la única sobreviviente de los terrestres-

-¿Cómo?- Dijo sorprendida.

-Tu destino es estar junto al ser por el que has venido a preguntar-

De manera atropellada la mujer dijo sobre sus palabras: - Y, y ¿Usted conoce el nombre de ese ser?-

-Lo conozco como la palma de mi mano. Su nombre es Neptuno, Rey dios Neptuno y trae consigo un destino y ese destino tendrá como resultado la ascensión de sacerdote-

-Un momento ¿De qué sacerdote está hablando?-

-Pronto lo sabrás. Y no se mucho más que ustedes, si desean saber mas tendrás que buscar el libro de Crystal el único libro que los elfos escribieron con su puño y letra-

-¿Y qué tiene que ver ese libro con Neptuno- Pregunto Piccolo casi interrumpiendo.

El ángel respondió rápidamente: -No solo tiene que ver con Neptuno, también tiene que ver contigo, Piccolo. Los elfos dejaron escrito sus conocimientos y también parte del despertar de los dioses, pero no puedo decirles más sobre eso, porque no poseo mas conocimiento de ello y tampoco me compete-

El silencio inundaba la sala después de varias preguntas, lo que para Piccolo no era algo demasiado bueno, pues no había solucionado mucho y por el contrario ahora también se encontraban con que debían buscar un libro.

-¿Y ese libro ayudara a Neptuno?- Pregunto la anciana quitando a Piccolo de sus profundos pensamientos.

-No lo sé- Respondió el ángel.

-¿Cómo que no lo sabe? Nos está mandando a buscar un libro…-

El ángel interrumpió rápidamente diciendo: - Te dije que serviría para saber más, no para ayudar a Neptuno. Los Elfos jamás me proporcionaron mas información de la que yo debía saber, eran listos, pero estoy seguro de que este era escrito sobre todo para los Shin-jin, estos son la única raza proveniente de un mismo planeta y son los encargados de la vida en cada universo… dejo a tu criterio su importancia, hijo del dragón-

La anciana medito unos cuantos segundos. Era lamentable pensar en eso pero sabía que se iría de allí aun mas confundida que antes, no obstante, aun faltaban preguntas por realizar y estaba decidida sacarle todo lo que pudiera al anciano.

-Bien…-Dijo Uranai. – Pero aun tengo muchas preguntas por hacer después todo lo que dijo, sin embargo, hay una pregunta que necesito saber con urgencia ¿Por qué Neptuno es incapaz de recordar al menos su destino?-

-No poseo esa información. Pero si a lo que te refieres es porque no recuerda su destino después de llegar a este mundo es porque no lo sabe. Si me preguntas porque no encuentra lo que está buscando es porque modificaron partes de su destino-

-¡Y aquí va otra vez…!- Dijo Piccolo completamente irritado . -¿Neptuno no sabe que tiene un destino?-

-Oh jajajaja- Dijo el ángel sin poder evitar reír. -¿Acaso alguien sabe cuál es su destino? Solo los elfos lo conocían y por eso se tomaron el tiempo de escribir un libro. No es culpa de Neptuno desconocerlo. Pero la verdadera pregunta aquí es ¿Por qué Neptuno abandonaría sus comodidades para llegar a un mundo como este? Lo más probable es que la respuesta este en ese libro-

-Usted es un ángel como Wiss y posee magníficos poderes- Dijo Piccolo como un reproche.

-Joven hijo del dragón, soy un mortal al igual que tu, fui desterrado de mi mundo hace mas años de los que llevo contados y si no fuera por los elfos no estaría aquí en este momento. Si quieren más respuestas deben encontrar el libro de Crystal. Solo una cosa más, el libro debe caer en las manos correctas; podría ser peligroso. Las manos que ha de recibirlo aun no están preparadas y eso es fácil de saber porque de otra manera ustedes no estarían aquí. Estamos frente al futuro más difícil y peligroso, porque este ha sido corrompido por más manos humanas y las fuerzas oscuras. A pesar de las modificaciones del futuro , tu Uranai baba que eres la hija del sol, la única sobreviviente de los terrestres, has llegado a la cima para convertirte en la consejera del supremo Kaioshin, ese momento llegara muy pronto y cuando suceda sabrás como guiarlo-

La mujer confundida no tardo en responder: -Pe, pero, Kibito es el asistente del Supremo, él es quien debe guiarlo-

-El juego ha cambiado, y los elfos me mostraron que tú serias la leal consejera del rey dios Neptuno, tú no tienes nada más que hacer en la tierra, desde hace muchos años has dejado de habitarla para vivir entre las puertas de los dos mundos, has caminado por los sagrados suelos de los kaiosamas y ahora tu deber en la tercera dimensión será caminar al lado Neptuno, junto con Kibito sabrán que hacer para contener lo que se acerca, tu deber ahora es informarle a Kibito que Wiss no es el enemigo…-

-¿Wiss?- Dijo Piccolo Confundido. - ¡Santo cielo no entiendo nada!-

- No hay nada que debas saber del otro mundo, no por ahora. Wiss es el asistente del dios destructor y el también tiene un destino. Es por eso que no deben interferir, nadie más debe interferir en el destino de Neptuno-

-¿Qué es lo que busca Neptuno?- Dijo Uranai baba. Desesperada y sin darle lugar al anciano a que continuara hablando. –Por favor, necesitamos saber que está buscando…-

-Lo siento, Neptuno jamás diría lo que busca. Los elfos tampoco me han enseñado, ellos tenían sus secretos muy bien guardados y yo jamás me entrometí en lo que no debía. Como guardián de los elfos, siempre fui fiel bajo los principios que me otorgaron, así como un ángel es fiel a su dios destructor, por eso nunca intente saber más de lo que ellos me permitían…-.

El anciano nuevamente guardaba silencio, pero esta vez para poder sacar algo que estaba dentro de su túnica.

El color de aquella piedra transparente se vio reflejado en los ojos de los Namekianos y de Uranai. Era el cristal más hermoso y pulido que podía existir en el universo, cualquiera diría que aquella piedra no podía ser real. Millones de personas pelearían por él con solo propósito de tenerlo en sus manos, porque ese cristal podía volver poderoso a quien lo tuviera; pero eso solo era una estúpida ilusión humana.

-Uranai Baba. Este es el último recurso al que acudirían los elfos si finalmente les tocara transitar por el sendero más inseguro. Tienes que cuidarlo con tu propia vida, alejarlo de las manos oscuras que intentaran corromperlo. Este cristal será la salvación y cuando veas el caos frente a tus ojos deberás entregárselo a quien corresponda, no debes hacerlo antes, pues el cristal solo es un fragmento extra del libro de Crystal, en este momento solo es un cristal con el que podría hacerse una linda joyería, no tiene poder alguno, sin embargo se activara cuando las esperanzas estén perdidas y entonces el libro aparecerá-

-¡Ha! ¿Qué sentido tiene el libro si las esperanzas están perdidas? ¿No es el libro el que debe aparecer para que Neptuno o el supremo Kaiosama…? ¡Ya estoy perdido con todo este cuento! Pero ¿No es importante que el libro aparezca?-

-Lo es. Vi un libro en el futuro…- Dijo recordando uno de los posibles futuros que le mostraron, pero el anciano ángel estaba algo confundido. El era un mortal mas, desterrado de todos sus poderes que alguna vez lo convertían en ángel de la dimensión 26, y el poder conservar aun tantos recuerdos podía ser un milagro, o tal vez, un obsequio de los elfos. Luego continuó diciendo. – Lo vi en llamas, estaba en un círculo de fuego… pero, lamentablemente los futuros que ellos me mostraban solo eran pequeños momentos…- Hizo una pausa sobando su cabeza. – Lo siento… he cumplido con mi misión. Toma el cristal Uranai, no hay más nada que pueda decirles…-

Uranai extendió su mano tomando la piedra preciosa, sintiendo el suave contacto con ese material. El anciano mentía, ese cristal tenia la energía latente en su interior, desbordándose por cada uno de sus lados. Era una anciana común, pero podía sentir la energía de otro mundo allí, y junto con esa energía llegaba a su mente una gran revelación. Los ojos de la anciana se posaron en la triste y cansada mirada del ángel, quien hacia una pequeña mueca de lado; cómplice, diciéndole solo con unos cuantos gestos que ella descubriría algo importante. Suspiro profundo mientras sus cejas se alzaban como si estuviera tratando de aceptar el enorme peso que debía cargar ahora, sintiendo el verdadero peso de las palabras del ángel anciano. Había llegado a la cima, y no era un poderoso guerrero que debía combatir el mal y a los villanos, era la consejera que debía guiar a un ser de otro mundo a un destino

-No tengas miedo Uranai. Eres digna, eres grande, este era tu destino desde el día en has nacido…

-Oh, por dios…- dijo la anciana casi derrumbada, sintiendo más peso en esas palabras.- Yo solo soy una anciana bruja que tiene un hermano menor en este mundo y que soñaba con tener mucho dinero…- - ¿Cómo es posible que este sea mi destino?-

-Así debe ser. Tus sueños solo son el producto de esta ilusión, muchos deben seguir soñando pero tú ya estas despierta no tienes nada que hacer aquí, tu misión en este mundo término ahora elévate y busca la verdad junto al supremo Kaiosama. Como me lo prometieron deben darme algo a cambio, yo he cumplido y ahora es su turno-

-¿Qué es lo que quieres?- Dijo Piccolo a la defensiva nuevamente, pensando en lo que podría pedir el ángel.

El anciano parpadeo unos segundos, con sus ojos lagrimosos a causa de la vejez, mientras respiraba lentamente y respondía: - Muerte-

-¿Qué?- Dijeron los tres.

-Deben darme la muerte-

-Oh no- dijo Uranai haciendo unos pasos atrás. –Lo siento yo no puedo matarte-

-Lo sé, no serás tú quien lo haga. No es esta línea de tiempo…- Dijo mirando a Dende.

-¿Eh? ¿Yo? ¡No! No me mire así señor. ¿Por qué yo?-

-Porque Piccolo no debe hacerlo. Me han mostrado la valentía para aceptar mis palabras a cualquier precio y la protección del cristal. Solo quedas tú para mostrar tu valentía y darle muerte a este viejo ángel hechizado por los poderes de los elfos para que no pudiera morir hasta cumplir mi misión, ellos me dijeron que tú posees la magia para darle fin a mi existencia. Tu creador de las esferas del dragón, tú que le das magia y vida al dragón para cumplir los deseos mas mundanales, tú tienes en tus manos lo que yo deseo. Puedes hacerlo…-

El joven Namekiano, no pudo evitar enmudecer ante las palabras del anciano, en sus ojos ahora podían verse las lagrimas, pero no eran las lagrimas por que debía matarlo, sus lagrimas eran de compasión, porque sabía que no había nadie más que pudiera darle libertad a ese anciano, y sin saberlo, pero sabiéndolo en un instante, camino hasta el viejo ángel depositando las manos en su pecho. El anciano sonrió levemente asintiendo con su cabeza y cerrando sus ojos, esperando el dulce sueño que había planeado durante los últimos años. Dende dejo escapar de sus manos una suave luz blanca depositándola en el pecho del hombre, haciendo que esta traspasara la túnica. El anciano dejo escapar su último aliento y finalmente la luz se extinguió junto con su vida. Su cuerpo se desintegro convirtiéndose en polvo sin dejar ningún rastro, como si nunca hubiese existido…

El silencio inundo la gran sala de la armonía, ahora podía decirse que realmente la sala estaba en armonía. Ninguno tenía palabras exactas para decir, después de haber escuchado por un buen rato al anciano, muchas preguntas habían quedado por hacer. Jamás les dijo que vinculo tenia con Wiss o porque había sido desterrado de su dimensión, o como fue a parar a las manos de los elfos y convertirse en su guardián…

La sala de la armonía, se había transformado en la celda de un anciano… no había portales como la leyenda decía, o tal vez los habían pero los elfos los habían cerrado… no lo sabían, y tal vez no iban a saberlo jamás. Quizás ya estaban cerrados porque la era de los elfos había terminado, quien sabe…

Había otra vez

Los segundos pasaban lentos para un anciano que jalaba la mano del Supremo del universo 7. El pasillo se transformaba en el camino más largo de recorrer cuando la urgencia se trataba sólo que sacar al jovencito del castillo; ponerlo a salvo. Lo decía un corazón palpitante y acelerado, ahogado en el temor de que esa atrocidad estuviera persiguiendo a Shin. No lo sabía, pero la sensación de sentirse observado a cada paso se convertía en una inminencia; un riesgo. ¿De qué? De cualquier cosa que haya cometido ese acto de maldad. Estaba seguro de encontrarse frente al comienzo de una nueva masacre, no podía ser de otra manera… y su pavor aumentaba al recordar que su alumno estaba sólo en alguna parte del planeta.

-Date prisa- Dijo el anciano acelerando su paso.

Shin, aceleró sus pasos respondiendo al pedido del anciano. Sin importar cual fuera el motivo por el que ese Shin-jin estaba a la vista de todos, sabía que algo no andaba bien, entonces lo sintió. Sus pasos de detuvieron haciendo que el anciano frenará sintiendo el tirón en el brazo de Shin.

-¿Qué estás haciendo muchacho? Esto no es seguro…-

Shin miro a los ojos de Gowas y respondió interrumpiendo: -Esta viva…-

-¿Qué?- Respondió el anciano en un susurro mostrándose confundido.

-La Shin-Jin. Esta viva- Dijo volteando hacia atrás.

-No, no. Tenemos que salir de aquí ahora- Respondió Gowas empezando a jalar del brazo de Shin. -Debemos ponernos a salvo…-

El jovencito interrumpió nuevamente: -¡Ella está viva no podemos dejarla allí! Está muriendo-.

-Alguien más notará que está viva. Tú no debes volver allí- Respondió y volvió a tirar de su mano retomando el paso-

El Supremo Shin aceptó las palabras del anciano aunque sin poder evitar mirar hacia atrás. Su cuerpo podía sentir el ardiente dolor que la Shin-Jin estaba padeciendo, los gritos resonaban en su cabeza penetrando cada célula nerviosa haciendo que el dolor en su piel, sus músculos y sus huesos se hicieran más intensos.

Con un solo movimiento de su mano el anciano expulsó una fuerte ráfaga de viento, provocando que las enormes puertas del castillo de abrieran de par en par.

El aire fresco y el agua que golpeaba con fuerza sobre los supremos, no hacía más amena la situación.

El asistente del jovencito y el desconocido anciano estaban dentro del templo principal y rápidamente dirigió sus pasos en aquella dirección. Debía transitar el camino lo más rápido posible y poner a salvo a Shin, a Zamasu y a él mismo, pues sólo ellos parecían ser de su prioridad.

En largo camino de piedras, Gowasu pudo notar una silueta sobre la fuerte tormenta que se transformaba en neblina lo suficientemente difícil para lograr visualizar. Sus pasos se detuvieron sintiéndose amenazado, con la sensación punzante de que tal vez estaba frente al sujeto que había provocado aquel acto en la gran sala.

La energía del anciano de incremento en señal de defensa, y fuera lo que fuera que estuviera frente a sus ojos no dudaría en atacarlo.

Los pasos de la silueta comenzaron a avanzar haciendo que el anciano se colocará frente al Supremo Shin, quien aun estaba sumergido en los intensos gritos que resonaban en su cabeza, ajeno al momento actual que tenía frente a sus ojos.

Al instante, Gowasu lograba visualizar y reconocer a la persona que tenía frente a su atormentada mirada, cruzándose con la gris mirada de su aprendiz; otro cielo tormentoso, pero en calma.

La mandíbula del anciano se dejo caer un poco frente al asombro de tener a Zamasu presente, teniendo a sus espaldas al Supremo Kaiosama del que lo había privado años atrás.

Quizás debía ceder; una difícil decisión de tomar en ese instante, sin embargo, la decisión sólo era una vaga ilusión de una mente asustada y pavorosa por encontrarse cara a cara con un momento que esperaba que sucediera; el encuentro de ellos dos.

-Maestro…- Dijo Zamas en un susurro casi quebradizo.

El caótico momento que estaba viviendo el planeta, los gritos y las huidas de los Shin-Jin cuando llegaron a sus oídos el asesinato de un habitante, provocaron que el joven aprendiz corriera en dirección a su maestro temeroso de que haya ocurrido algo con él.

El anciano endureció sus facciones, decidido a enfrentar la situación y reconociendo que no había escapatoria. De un solo movimiento tiró del brazo de Shin, quitándolo de sus espaldas para exponerlo frente a los grises; casi cristalinos ojos de Zamasu.

Apenas alcanzaba a reaccionar si ningún gesto en su rostro. El tiempo volvía a correr con lentitud cuando Shin finalmente notaba la presencia del aprendiz. Su mirada se perdía en la profundidad de aquellos tormentosos ojos sin dar lugar a un posible parpadeo.

El estremecimiento sobre el cuerpo de Shin sacudió con fuerza su corazón, sintiendo la agitación y como el flujo sanguíneo aumentaba mientras mantenía la mirada sobre la de Zamasu.

La voz del anciano se transformaba en la única alarma para romper aquel encantamiento que sólo podía existir en un flujo atemporal. Estiró la mano de Shin en dirección a su alumno y dijo:-Huyan de aquí-

Zamasu parpadeo quitando la mirada sobre la de Shin para dirigirla hacia su mano. Aceptando sin ninguna objeción la petición del anciano. Tomó la mano del Supremo y sin ninguna palabra tiró de ella empezando a alejarse de su maestro.

Shin aceptaba la acción sin oponer resistencia, caminando a paso ligero detrás de Zamasu. Escuchaba como su corazón golpeaba con fuerza sobre su pecho, empezando a sentirse confundido, pronto, sus ojos dejaron de ver el camino y las botas blancas del joven aprendiz golpear sobre las piedras. Sus ojos ahora se depositaban en las imagines de su mente viviendo de manera real el fuego a su alrededor, sintiendo como una energía oscura penetraba sin piedad cada parte de su ser.

Sus ojos se cruzaban con la rojiza mirada intimidante de aquel ser desconocido y que vil mente despedía odio, desprecio e infortunio de sus ojos. Sus piernas flaqueaban amenazando con dejarlo caer, poco a poco su cuerpo dejaba de responder deseando sumergirse en un profundo sueño, dejando cruelmente que su mente continuara atormentada en un tiempo que se detuvo sin haber sido notado.

El agua filtrándose en sus botas le hizo saber que en el mundo exterior estaba pasando por un lugar algo inundado. Los arboles chillaban con ayuda del viento reconociendo que estaba pasando por un pequeño bosque; uno que podía reconocer, en el que había estado cuando era un niño…. "No te olvidare" dijo su propia voz aniñada dentro de su cabeza, transportándose de manera brusca a un momento tal vez olvidado, visualizando ahora la gris mirada que pertenecía a los ojos de un dulce niño que plantaba tulipanes en el jardín.

El fuerte rechinar de una puerta de madera, lograron quitar al joven supremo del mundo interior que solo podía ser visualizado por el mismo.

Zamasu soltó la mano Shin una vez dentro de la pequeña casita de la aldea cerrando la puerta velozmente. Corrió hasta un pequeño armario buscando alguna especie de abrigo o manta; algo que sirviera para secar el exceso de agua y lo que no tardo en localizar. Coloco la manta sobre Shin cubriéndolo y finalmente volvió a mirarlo a los ojos encontrándose con aquella oscuridad penetrante.

Su cuerpo se inclinaba hacia adelante, como una reverencia y finalmente cerró sus ojos diciendo: -Estoy a su servicio superior-

Kibito corría desesperado por el templo junto al antepasado, siendo su objetivo principal buscar a Shin para abandonar el planeta, sin embargo, por alguna extraña razón habían dejado de sentir su Ki. El terror en los ojos de Kibito solo podían expresar lo peor, mientras sus pensamientos lo torturaban segundo a segundo temiendo que algo le hubiera ocurrido. Ese no podía ser el final de Shin; pensó. No, claro que no, porque el objetivo de Shin aun no estaba terminado, el debía vivir para cumplir con lo que sea que tuviera en mente.

-Iré al castillo- Dijo el anciano haciendo que Kibito volviera a la realidad. –Tú ve a la aldea y si lo encuentras huye de aquí-

-De acuerdo- Respondió el asistente cambiando de dirección entre una multitud que corría despavorida sin saber bien qué dirección tomar.

Su instinto lo llevaba en dirección a la aldea, donde podía presentir la fuerte energía de un Shin-jin. No era uno ordinario, tal vez era el Ki uno de los Shin-jin más poderosos del planeta y a su lado pudo localizar finalmente; de manera muy tenue y apagada el Ki de Shin. Sus ojos se abrieron desmesurados al comprender que era la presencia con la que convivió fusionado la única capaz de apagar la energía del cuerpo de un Shin-jin.

Su trayecto hacia la aldea tomó velocidad, pasando el pequeño bosque que separaba el templo de la aldea. Sus pasos se detuvieron frente a la pequeña casilla cuando volvía a sentir la fuerte energía que acompañaba a su superior. Su deseo de interrumpir lo que fuera que hubiera detrás de la puerta se hacían lejos frente a un sentimiento que pugnaba porque retrocediera sus pasos no entrara allí. ¿Cómo saber que no estaba cometiendo un error? ¿Cómo saber si Shin realmente estaba bien allí dentro?

Como un niño, solo se atrevió a mirar por el pequeño hueco que había dejado la cortina que cubría la ventana. Los ojos del asistente se abrieron de manera sorpresiva al ver a su superior sentado en una silla, cubierto con una manta azul y frente a este un joven asistente en cuclillas mirándolo a los ojos.

La mirada del joven supremo Shin no se apartaba de los grises ojos de Zamasu. El aprendiz permanecía arrodillado esperando tal vez algún tipo de señal por parte de su superior, o la orden de abandonar el planeta. Podía hacerlo por su cuenta, pero el ser aprendiz no le permitía tomar ciertas decisiones, además su maestro desconocía totalmente que conservaba la habilidad de la tele transportación. No sabía porque la ocultaba, pero desde hacía bastante tiempo inconscientemente había decidido que así tenía que ser.

-¿Qué desea que haga superior?- Pregunto Zamasu rompiendo el silencio.

El supremo reacciono sobre saltado por la voz de Zamas, pues aun vagaba en sus pensamientos; en pequeños fragmentos de recuerdos perdidos, sin éxito de ser distinguidos, sin poder construir un recuerdo completo de su pasado, sin embargo, el estado de calma era presente en su ser. Segundos después respondió:

-No debes hacer nada. No hay peligro…-

Zamasu guardo silencio pensando unos cuantos segundos y luego respondió: -Oí que un Shin-jin fue asesinado y…-

-Quien cometió ese acto no está en este planeta. No hay motivos para huir de aquí- Dijo Shin Convencido.

-¿Sabe quien fue?- Pregunto.

Shin negó con su cabeza al instante. No sabía quién era realmente, pero sin duda, aquella mirada rojiza y llena de oscuridad había quedado grabada en su mente, en su corazón y en su ser.

Zamas volvió a guardar silencio tras la respuesta de Shin, y luego, como rayo de luz, sintió la presencia de Kibito detrás de la puerta.

-Un momento- Dijo Zamasu en un susurro solo audible para Shin, y rápidamente camino hasta la puerta.

La acción no dio tiempo a Kibito para que huyera de allí y no interrumpir el momento. Ya lo había hecho, y como respuesta en un instante se encontró con la puerta abierta y con los ojos del aprendiz.

-Lo siento- Dijo Kibito rápidamente.

-¿Kibito?- Dijo Shin al escuchar la voz de su asistente.

La respuesta de Zamasu llego haciéndose a un lado para permitir el paso de Kibito, a lo que Kibito solo pudo correr desesperado en dirección a su superior con el solo propósito de abrazarlo.

-Oh Shin. Estaba preocupado por ti- Dijo Kibito de rodillas abrazo al delgado cuerpo del Shin.

-Estoy bien Kibito- respondió el jovencito.

-Yo, no podía encontrarte. Tu Ki… no podía encontrarlo- Respondió asustando

-No te preocupes- Dijo rápidamente. –Otro supremo Kaiosama me saco del castillo-

-Mi maestro- Respondió Zamasu entrando en la conversación

Kibito volteo rápidamente al escuchar la voz del joven aprendiz al tiempo que se ponía de pie. En un nuevo silencio ambos asistentes se miraron sin saber que decir exactamente, aun que en realidad, el joven Zamasu solo esperaba una respuesta por parte del hombre, sin embargo, para el hombre mayor la palabra maestro solo le trajo en mente que aquel maestro del que hablaba el joven no era más que ese tal Gowasu y que a quien tenía enfrente no era más que Zamasu; podía palpitarlo, el cruzarse con esa cristalina mirada le traía una nostalgia de hacía tiempo atrás, sintiendo muy profundo haberla visto antes. Triste, apagada, con miles de secretos guardados. Con un alma desesperada y atormentada a la espera de que alguien pudiera arrastrarlo de un tirón hacia la luz que tanto reclamaba en silencio. ¿Cómo es que nadie más podía ver aquel grito desesperado en sus ojos? Sin duda la presencia de ese joven aprendiz era la de Zamasu.

El destino los ponía en frente nuevamente, sin importar cuán peligroso podía ser ese encuentro, y estaba seguro que él era más sabio que cualquier acto o plan que pudiera haber idealizado para que ello se provoque. Solo aconteció, sin ningún tipo de esfuerzo… y tal vez era el momento de que volviesen a caminar por el mismo sendero.

-Zamasu- Dijo el jovencito estirando su mano en forma de presentación.

Su palpitación se hacía real tras escuchar ese nombre y respondió copiando la acción del aprendiz:- Mi nombre es Kibito. Soy en asistente de…-

-Sé quién eres- Respondió Zamas interrumpiendo mientras estrechaba la mano del hombre.

-Oh…- Alcanzo a decir en forma de sorpresa. – Bien…-

-Lo note por como lo abrazaste y por tu traje de asistente-

El hombre dio una fugaz mirada a sus atuendos diciendo: -¡Sí! Así es-

-Kibito…- Dijo Shin a sus espaldas.

-¡Sí! Dime Shin- Dijo el hombre volteando

-Quiero irme ya-

-Si…- Respondió Kibito en un susurro. Pero también aquel "Si" sonaba dudoso, porque se suponía que ese encuentro serviría de algo, no obstante, su superior pedía irse del planeta.

El silencio de Zamasu era algo que también lo alarmaba, porque ni siquiera se lo oía decir algo como "Espera" o "No te vayas" por el contrario esa separación parecía que sería inevitable, así como también era inevitable no pensar que algo estaba saliendo mal. Si quien estaba en frente suyo era Zamasu entonces ¿Por qué simplemente hacían como si no se conocieran? O como si no sintieran en su interior absolutamente nada. ¿Cómo era posible que Shin no se percatara de que estaba frente a su objetivo? Por un momento el deseo de gritar la verdad invadía a Kibito inevitablemente, no podía estar sucediendo aquello cuando su objetivo era que se encontraran…

-Gracias por ponerme a salvo- Dijo Shin poniéndose en frente de Zamasu, y rompiendo los pensamientos de Kibito.

Zamasu sonrió y respondió:- En realidad no hice nada-

-Lo hiciste- Dijo Shin casi sobre sus palabras. –Me protegiste y me diste abrigo-

El aprendiz sonrió de manera complaciente y respondió: - Fue un placer-

La desesperación de Kibito porque algo mas ocurriera no podía ser más visible, sus ojos viajaban de una cara a otra esperando que algo mas sucediera o que simplemente algo detuviera ese alejamiento. No podía evitar sentir una especie de irritación, enojo o furia hacia el condenado destino responsable de que nada mas pudiera suceder entre ellos dos, necesitaba culpar a alguien por lo que no estaba sucediendo entre esos dos individuos, y su furia ahora comenzaba a canalizarse sobre el ángel del dios destructor.

Poco importaban las palabras de Shin en la mañana, cuando dijo que no olvidaba lo que estaba buscando y que Wiss era parte de su búsqueda. Todo le parecía que era una maldita manipulación del ángel; otro de sus juegos, y que estaba conspirando en la mente de Shin o lo que fuera para que estos no se reconocieran.

-Vamos Kibito- Dijo Shin.

La voz del supremo retumbo sobre los oídos de Kibito y automáticamente el hombre se dirigió hasta Zamasu tomando su mano y dijo: - Me siento agradecido contigo, espero volver a verte-

-Está bien- Respondió Zamasu haciendo una leve sonrisa.

Kibito no deseaba romper ese contacto; soltar su mano empezaba a convertirse en una batalla titánica. La necesidad de expresarse y decir algo más para garantizarse un próximo encuentro con Shin se hacían inevitables de decir.

-No dudes en localizarme si necesitas algo- Dijo el hombre asomándose un poco más al rostro de Zamas.

-Claro- Respondió rápidamente.

-Adiós- Dijo Shin y luego camino hasta la puerta dispuesto a irse del planeta.

Era inevitable para el joven aprendiz no haber reconocido aquella piel; su color, su temperatura y la suavidad. Sus sueños, aquellos tan prohibidos que llevaba guardados día tras día; ocultos en el fondo de su ser podían hacerle eco recordándole; dándole una señal a quien pertenecía ese cuerpo que había poseído con deseo. Nuevamente se había convertido en el rey de la mentira, sin emitir ni hacer un mínimo sonido o gesto que le indicaran al joven supremo todo lo que su cuerpo sentía por tenerlo cerca. Pero ese encuentro no solo despertaba su deseo producto de un sueño, ese encuentro había logrado calmar todos sus tormentos, sintiéndose al menos por unos minutos en paz.

-¡Esto es una gran amenaza!- Grito el supremo Peru con el rostro enrojecido.

La sala del sagrado supremo, había sido el lugar donde todos los Kaioshines estaban reunidos intentando manifestarse después de lo ocurrido. Gritaban uno sobre el otro, mientras el hombre sagrado intentaba captar alguna frase completa de todo el bullicio. Sus ojos iban de un lado al otro tratando de encontrar el momento de poner silencio a la situación, sin embargo sus esfuerzos parecían ser inútiles, no tenía lugar alguno a decir algo, no hasta que los supremos lograran calmarse después de encontrarse con aquel momento.

Gowasu guardaba silencio a un lado del gran supremo. No muy lejos podía notar la mirada del extraño antepasado que horas antes había estado con Shin y el asistente. Lo desconocía totalmente, sin embargo, el anciano mayor parecía conocerlo más de lo que él creía…

La suprema Ogma también permanecía al otro lado del gran hombre sagrado, en silencio y observando el griterío de palabras indescifrables por parte de los supremos kaioshines, sin contar que del otro lado de la puerta muchos otros Shin-jin rogaban a los gritos una explicación a lo que estaba sucediendo.

-Disculpe Gran supremo- Dijo Ogma acercándose al hombre. – Esto se salió de control y tal vez deberíamos tomarnos un descanso para poder hablar sobre lo que sucede-

-Suprema Ogma, no creo que quieran descansar después de lo que todos vimos, además es imposible callarlos, están alterados y es comprensible. Tenemos que tomar medidas antes de que esto se salga de control, estoy seguro de que el inicio de una nueva masacre está a punto de comenzar- Respondió el hombre preocupado.

-Lo sé señor…- Dijo la mujer preocupada. –Debemos actuar rápido, pues el enemigo lo hará antes que nosotros si es posible-

-¡Todo esto es culpa ese fenómeno!- Grito Rou enfurecido. – Ese maldito brujo del universo 7…-

-¡Oh por dios!- Grito Ogma enfurecida sin importar que el gran supremo estuviera en frente. -¡¿Cómo te atreves a insultar a un compañero?! ¡Con que fundamentos te permites decir algo así Rou!-

-¡Tu cierra la boca! ¡Estoy seguro de que eres cómplice de ese maldito Kaioshin endemoniado!

-Oh… por favor- Dijo Gowasu más para sí, conteniéndose de no abalanzarse sobre ese enano mal educado y cizañero.

-¡Ah! ¡Tú no vas a insultarme así enano bueno para nada!- Respondió Ogma sacada de sus cabales, tal vez por primera vez en su vida. Totalmente enfurecida la mujer se encamino hasta Rou con el único propósito de golpearlo. Su enojo la había cegado completamente y ahora solo quienes la rodeaban podían llegar a detenerla.

Anato y Ea fueron los primeros supremos en sostener a la enfurecida mujer que estaba a unos cuantos pasos de propinarle un certero golpe a supremo del universo 9. Lo merecía y los jóvenes lo sabían, pero también sabían que de esta manera no podrían solucionar nada, así como también se desviaba el motivo principal de porque estaban todos reunidos.

-¡Suéltenme! Voy a darle un golpe en la cabeza que le acomodare todas las ideas…- Gritaba Ogma totalmente sacada.

-No es correcto Ogma…- Dijo Anato entre tirones con la mujer.

-Sí. Déjalo ya- Continúo diciendo el supremo Ea.

-¡¿Qué no es correcto?! ¡Ya suéltenme par de blanditos! ¡Voy a darle una tunda a ese enano que ya no tendrá ganas de seguir diciendo estupideces-

-Ya es suficiente por favor…- se escuchaba decir muy en el fondo al gran supremo intentando calmar la situación.

-¡Tu eres la que necesita acomodar esas ideas querida! ¡¿Acaso no lo viste bien?! ¡El es un maldito demonio, un brujo, un despreciable hechicero oscuro y si no hubiese venido aquí nada de esto hubiera pasado! ¡¿Por qué crees que nació en invierno?! ¡Porque es un maldito fenómeno que llego a este mundo para traer solo la oscuridad…!-

-¡Ah Ya cállate!- Dijo Gowasu perdiendo los estribos sin poder continuar escuchando las palabras de Rou. A pocos segundos el hombre se encontró frente al enano del universo 9 proporcionándole un fuerte golpe a puño cerrado directo en la cara haciendo que Rou volara contra una de las paredes.

El silencio reino repentinamente dentro de la sala. Los supremos finalmente habían cerrado la boca, observando con enormes ojos sorprendidos lo último que alcanzaron a ver y lo que no les dio tiempo a reaccionar.

Probablemente ninguno iba a saltar en defensa del molesto Rou, y eso era un hecho ya que nadie se movía con la intención de ver si este se encontraba bien, y en efecto, no debía encontrarse muy bien porque no se había levantado de donde estaba.

El anciano parpadeo unos cuantos segundos recuperando la conciencia y respondió: -Lo siento…-

-¡Ay por favor no te disculpes! Es lo mejor que podrías haber hecho- Dijo Kuru.

Gowas lanzo una fugaz mirada a Kuru y luego se dirigió al gran supremo: -Me disculpo por mi atrevimiento señor. Pero ese Kaioshin es perverso, solo esta plantando malas intenciones hacia todos nosotros e insulta innecesariamente al joven supremo del universo 7. No es correcto señor, no conseguiremos nada agrediéndonos los unos a los otros, y si alguien como la suprema Ogma es capaz de perder los estribos por las constantes acusaciones de Rou, entonces quiere decir que cualquiera de nosotros podría hacerlo. Soy responsable de haber agredido a un compañero, pero ha escuchado usted mismo la cantidad de comentarios malintencionados que ha dicho. No permaneceré en una reunión con ese hombre presente, no hasta que se disculpe por comportarse de esa manera tan arrogante. Estamos frente a una nueva masacre, eso ya lo sabemos, y esa muchachita que hace minutos murió, era la joven Kaiosama Tieer, y ha pasado por un momento espantoso lleno de dolor y sufrimiento, ha estado agonizando por horas y nadie puede ver ni sentir aquel dolor. Solo el joven supremo del universo 7 pudo notar que esa jovencita aun despellejada continuaba viva. No lograremos un acuerdo hasta que aprendamos a escucharnos correctamente siendo importante el uno para el otro.- El hombre tomo una bocanada de aire lo suficientemente afligido y continuo diciendo. – Me retiro-

Nada más que el silencio era quien acompañaba a Gowasu hasta la salida de la sala, y tal vez por respeto hacia el anciano fue que ninguno dijo absolutamente nada más que agachar sus cabezas como una señal de reflexión. Ni siquiera el gran supremo era capaz de decir algo, porque sabía que las palabras de Gowasu eran ciertas. El era uno de los supremos mas reservados y también un psicoanalista del comportamiento Shin-jin. Pero lejos de querer juzgar a alguno por su comportamiento, solo dejo en claro que acto como el que realizo segundos atrás y griteríos como los de sus compañeros nunca llevarían a un buen acuerdo y un trabajo en equipo.

El anciano abrió la puerta de la sala encontrándose con un tumulto de Shin-jins desesperados; otros más del montón que no podían conservar la calma y reaccionaban bruscamente. Entendía que habían vivido episodios traumáticos, el lo sabia como nadie, había estado en 2 masacres y la ultima casi le costaba la vida, siendo el único sobreviviente de su planeta los rostros desconocidos, pudo visualizar el de su alumno y rápidamente tomo la mano del jovencito alejándolo del lugar unos cuantos metros.

-Maestro…. Dijo Zamas mirando todo el desastre y griteríos.

-¿Dónde está el supremo?-

-Su asistente llego y se fueron a su planeta-

-Bien, nosotros también nos vamos de este loquero. Kai-Kai- Dijo el hombre tomando la mano del aprendiz y desapareciendo al instante.

Tarde de tormenta

(Escena retrospectiva)

La luz que desprendía la vela estaba más tenue que nunca, tal vez en cuestión de segundos se extinguiría por completo dejando al jardinero en plena oscuridad. Cuando sucedía, solía echar cuanta maldición se le ocurriese hacia los kaioshines que custodiaban el lugar, pero de todas formas; era una maña.

Como Shin-jin; poseedor de numerosas habilidades, había aprendido a crear velas y hasta podría fabricar su propio velador si lo quisiera, pero le gustaba insultar a los guardias.

Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba dentro de las mazmorras, un día, despertó y como por arte de magia olvido que día era y no recordaba cuando volvería el Kaioshin de los locos. No lo extrañaba, para nada, pero se le había hecho costumbre ver de reojo al anciano sentado en el taburete, mientras rechinaba sus dientes y golpeaba el talón de su pie derecho contra el suelo.

Para Koro, esas acciones no podían ser más que la de un hombre impaciente; desesperado. Actitudes como esas, hacían que el jardinero disfrutara de un espectáculo… pero nadie culparía al hombre si estuviera en su lugar, completamente encerrado y aislado del mundo.

Los ojos de Koro le dedicaban toda la atención a un dibujo que llevaba haciendo un buen rato. suponía, que aun era de mañana por que su desayuno no había llegado, y lo único que faltaba es que esos desgraciados olvidaran que debía comer; pensó. No era nada extraño si lo hacían, después de todo habían mostrado la peor desconsideración hacia su persona cuando le quitaron a su niño…. Los odiaba ¡Claro que sí! y desearía que estuviesen todos muertos, pero eso, solo era una ilusión en la mente de Koro porque su corazón era demasiado noble como desear que sus hermanos muriesen a sangre fría… pero si deseaba que muriesen ahogados con sus propios alimentos; volvió a pensar.

Un fuerte golpe muy alejado de la celda hicieron que el hombre dejara de mover su lápiz sobre el cuaderno. Nuevamente pensó, que los desgraciados ya habían recordado que debía desayunar… aunque eso, también era una maña; podía crear su propia comida, aunque su sabor fuera asqueroso… en fin.

Las zancadas que escuchaba no muy lejos, provocaron que el hombre hiciera una mueca de miedo lado con su boca. Su atención continuaba dirigida a su dibujo y no iba a quitarla por la presencia que estaba llegando, pues esas zancadas eran reconocidas y no era nada más ni nada menos que el anciano impaciente, ahora recordaba que había pasado 3 días al menos.

El supremo Gowasu llegaba envuelto en una oscura capa, mientras sacudía sus botas contra el sueño intentando que estas se escurrieran un poco; estaban empapadas. Por lo bajo daba uno que otro insulto incomprensible al tiempo que comenzaba a tironear de la capa que lo había mantenido seco todo el camino hasta el castillo.

-Veo que no es un día muy agradable allí afuera Gowas- Dijo Koro aun sin quitar su vista del dibujo.

El anciano tiro la capa al suelo y respondió: - ¡Ag! Maldita tormenta del demonio. Sería un buen día si no tuviera que salir de mi templo-

-Oh… ya veo. De ser así no debía haber venido-

-Eso sería algo de su conveniencia sin duda Koro- Respondió Gowas tomando asiento en el taburete.

-Mmm- dijo pensativo. - No se crea importante pero… Estaba extrañándolo-

Gowas hizo una leve sonrisa y dijo: - Lo tomare como un cumplido-

-Como sea…- Dijo Koro, cerrando su cuaderno.

Como siempre solía hacerlo, Gowas dio una fugaz mirada a la celda, se le había hecho una costumbre, sobre todo cada vez que veía el cuaderno sobre la mesa. El notar que lo había cerrado provocaba una nueva curiosidad, no es no la haya sentido antes, lo hacía en cada visita, pero esta era la oportunidad perfecta para preguntar nuevamente por él y esta vez con la esperanza de que Koro accediera a responder.

-Veo que ha estado utilizando su cuaderno. La última vez que le pregunte por el no he recibido respuestas…-

Koro se tomo un momento para acomodarse en su silla de frente a Gowas y poco después respondió: - Solo es un cuaderno señor Gowas-

-¿Lo es?- Pregunto el anciano

-Así es…- Respondió el jardinero. Luego medito un momento. - Si quiere ver lo hay dentro tiene que hacerme una promesa-

El anciano pensó un momento, solo un mentiroso o un ingenuo podría prometer algo que no sabe si podría cumplir, o también podría ser alguien que está totalmente fuera de sus cabales expuesto a tomar una decisión de vida o muerte. Aun así, fuera cual fuera el caso jamás podría prometer algo de lo que no está seguro.

-Lo siento Koro. Por mas deseos que tuviera de ver ese cuaderno yo no soy capaz de prometerle algo-

-¡Ja! Lo supuse- Respondió Koro levantándose de su silla.

El jardinero camino hasta la pequeña mesa y tomo el cuaderno en sus manos, luego volvió a dirigirse donde estaba para tomar asiento nuevamente. Extendió su mano hasta salir de la reja y dijo: -Tómelo-

El anciano miro dudoso el cuaderno durante unos segundos. Si hubiese querido pedirlo de otra manera quizás ni conseguiría obtenerlo, sin embargo, le resultaba algo raro que Koro aceptara así como si nada entregar su cuaderno cuando en las sesiones anteriores no había podido quitárselo de las manos.

-¿Por qué me mira así supremo Gowas? ¿No es esto lo que ha querido desde que llego aquí?- Pregunto Koro sosteniendo la mirada con Gowasu.

Gowas dio un gran suspiro antes de responder y luego dijo: - Lo es. Y me asombra que después de varias sesiones finalmente me lo ceda-

-Pues… Tal vez es momento de que lo vea señor- Respondió moviendo su mano en señal de que tomara el cuaderno.

- Bien…- Respondió Gowas tomando el cuaderno.

No tardo demasiado cuando el hombre se dispuso a revisarlo. Era extraño porque las primeras hojas estaban en blanco; y las siguiente, y otras mas que le siguieron. Gowas levanto su mirada hacia el jardinero unos cuantos segundos, solo para asegurarse de que este no estaba burlándose o haciéndole un chiste de mal gusto. Quería percibir alguna especie de sonrisa o lo que fuera y que le diera una señal de que era una jugarreta, no obstante, koro se mantenía callado con sus ojos en el cuaderno.

-Dígame…- Dijo Gowas comenzando a pensar que Koro se había burlado, pero este interrumpió rápidamente.

-Debe mirar más atrás- Dijo Koro pacientemente.

El anciano asintió con su cabeza y paso las hojas a más velocidad. Finalmente podía encontrarse con lo que seguramente Koro estaba haciendo minutos antes de que llegara. Era el dibujo perfecto de un niño; un bebe para ser más exacto. Gowasu estaba seguro de saber de quién se trataba aquella ilustración pero le era inevitable querer confirmarlo con palabras y segundos después volvió su vista al jardinero diciendo:

-Es un bello dibujo. Quiero suponer que este es su niño-

Por mas intentos que hiciera koro no pudo evitar ensombrecerse al escucharlo, sin embargo, en el fondo de su corazón deseaba que alguien notara que era su pequeño. luego respondió con seriedad: - Lo es, señor-

Un pequeño silencio inundo la celda. Gowasu volvió su vista al dibujo para observar más detenidamente el rostro del niño, sin duda era un pequeño precioso, no había tenido la oportunidad de conocerlo aun, pero tampoco lo había deseado. Es como si huyera de ello, tal vez porque se había convertido en el psicólogo de Koro y no deseaba involucrarse mucho más en el tema. Por momentos tenia la leve sensación de que si veía a ese niño terminaría por convencerse de que tener al jardinero en una celda y en condiciones deplorables era una completa injusticia. Temía enfrentarse a algo que lo quitara de sus cabales y que finalmente tuviera que discutir hasta morir con el gran supremo… nada de malo había en discutir con el hombre, pero eso significaría no poder volver a tratar al jardinero y hacer un intento por quitarlo de ese lugar.

- Llevo su rostro grabado en mi mente…- Dijo koro sacando al anciano de sus pensamientos y obligándolo a mirarlo. luego continuo. - Yo lo vi, vi sus ojos al pasar a su lado cuando me traían de camino a este lugar. Sus ojos son dos cristales transparentes… estoy seguro de cada día cuando la luz toca su rostro esos enormes ojos se volverán grises… Oh… - Dijo el hombre pensativo y algo abatido.

Gowasu dejo escapar un nuevo suspiro después de ver el rostro de Koro expresando tristeza y dijo: - Yo… yo aun no lo conozco…-

-Lo sé- Dijo Koro haciendo una pequeña mueca de sonrisa. - Pero algún día lo hará, señor. ¡Lo hará! Posee una belleza exótica y lo será aun mas cuando crezca. El será su perdición…-

El anciano no pudo evitar hacer un gesto de extrañeza, apenas haciéndolo visible y luego dijo casi en un susurro: - ¿Qué…?-

Koro sostenía la mirada con el anciano al tiempo que estiraba su mano nuevamente para tomar el cuaderno: - si usted lo desea puede verlo ahora, señor Gowas-

-¿Qué cosas dice…?- Dijo Gowasu confundido.

-Aun hay tiempo…- Respondió. - Tome al niño y llévelo al bosque Jikan…-

Gowasu negó con su cabeza apenas levemente y respondió con una voz estremecida: -No, yo… yo no puedo hacer eso. Eso es, eso es peligroso…- Dijo dudando un momento.

-Lo sé, pero usted puede tomar al niño en la madrugada… nadie lo verá, nadie sabrá nada señor y usted continuara viniendo unos días mas y luego dirá que yo no tengo cura. Usted dará por hecho que estoy completamente loco y este lugar será mi tumba-

-No Koro, no…- Dijo Gowas intentando componerse. - ¿Qué locuras está diciendo? ¿Cómo se supone que diré que usted está loco? y además ¿ Porque llevaría a ese bebe al bosque Jikan? ¿acaso perdió la cabeza? Nadie jamás ha pasado al otro lado del bosque y así lo hiciera podría morir y ¿Qué cree que sucederá con ese niño? Usted está condenando al pequeño a la muerte-

-¡No!- Respondió Koro enfureciéndose repentinamente y levantándose de su silla para pegarse a los barrotes de la celda. - Son ustedes los que están condenando a mi niño ¡La maldad de este mundo corrompido acabara con mi pequeño si usted no lo saca de este lugar! ¡No haga como que esto no le importa Gowasu vea en el fondo de su corazón y comprenda lo que estoy diciendo! ¡Algo oscuro se acerca a pasos agigantados, pisoteara su alma, la mía y la de todo aquel que sea inferior a él, no sea estúpido y sáquelo de aquí!-

Gowasu se levanto retrocediendo unos pasos y respondió rápidamente: - ¿De qué demonios está hablando Koro? Comprendo que el encierro ha provocado que usted se sienta temeroso del mundo allá afuera. Aun así no puedo hacer lo que me pide. Lo siento… Creo que debo irme por hoy-

El jardinero se vio aun mas enfurecido con la respuesta de Gowasu. Su cuerpo se pegaba aun mas a los gruesos barrotes mientras sacaba sus manos y las estiraba casi con dolor, intentando alcanzar al anciano. Luego dijo a todo pulmón: - ¡No sea estúpido! ¡Lo está arruinando todo maldita sea, no me dé la espalda como lo hicieron todos en este planeta…

-Lo siento Koro…- Susurro Gowas colocándose su capa y escondiendo aquella mirada que solo podía expresar tristeza y desasosiego.

Sin pensarlo Gowasu decidió darle la espalda al jardinero dispuesto a retirarse. No podía evitar pensar que quizás debía haberse quedado en el templo… no era un buen día; desde el inicio. Solo podía sentirse aun mas incomodo que cuando había llegado, escuchando los gritos de Koro, sus insultos y sin poder evitar sentirse culpable… era extraño, no debía sentirse culpable, sin embargo lo hacía. Esa sensación extraña recorría todo su ser mientras escuchaba una vez más las palabras desesperadas del jardinero.

-¡Usted lo arruinara! ¡¿Me Hoyo?! ¡Lo arruinara y será su perdición!

continuara…