Buenas noches para todos, espero que tengan un buen fin de semana. Dejo el siguiente capítulo para quienes deseen leerlo. Si hay errores… bueno ¡Como siempre! voy a ir corrigiéndolos a medida que los encuentre, al parecer necesito más de cinco revisiones para comprobar que esta correcto.

Bueno, este capítulo es un poquitín más largo que el anterior pero logre escribir todo lo que tenía planeado sin nada que haya quedado afuera, normalmente me sucede por no hacerlo tan extenso.

Le envió mis saludos a Fany y mi agradecimiento por estar presente y comentar, aun no puedo responderle un mensaje porque continua como invitada. Muchas gracias Fany.

Muchas gracias por leer, tengas buenas noches y hasta la próxima.

Capitulo 8

El placer de algunos dioses

Psicosis

-Para el antiguo Rey y señor de los elfos había más de un tesoro reluciente. Dieron forma y forjado y a la luz atraparon. Escondiendo en palabras un secreto sagrado-.

Al caer la noche las esperanzas de que la tormenta pudiera inmovilizarse se habían desvanecido. Ni en miles de años atrás el anciano Gowas recordaba una noche tormentosa como esa. Parecía que fuera provocada por algo más que la simple naturaleza.

Las reflexiones del anciano iban y venían en su mente, mientras cantaba susurrando y con una voz entre cortada el fragmento de alguna vieja canción. Sus manos enjuagaban los finos cabellos gris blanquecino de un aprendiz que reposaba en la bañera en total quietud; sumergido en un mundo propio del cual no parecía querer abandonar.

Zamasu estaba en silencio desde la llegada del planeta Kai-Shin, pero su silencio solo era una forma de respetar a su maestro. Afortunadamente en situaciones como esas era agradable que fuera de pocas palabras y estaba casi seguro que el anciano se sentía profundamente agradecido. De los años que llevaba acompañándolo nunca lo había notado tan serio, molesto también, y con un dejó de tristeza, sin embargo no era capaz de preguntarle algo; nunca lo había hecho y no lo haría en ese momento. Por otro lado, sabía que su silencio era causado por lo ocurrido en el planeta kai-Shin, algo que sin duda alarmaba a cualquier shin-Jin; no lo comprendía del todo pero lo visto le había dejado en claro que estos sentían extremo pavor por aquello desconocido que había atentado contra la vida de un kaiosama.

-¿Te encuentras Bien?- Pregunto el anciano sentado detrás de la bañera en un pequeño taburete.

El aprendiz parpadeo varias veces y respondió: -Si. Pero no es necesario que haga esto, puedo bañarme solo-.

El hombre hizo una leve mueca en respuesta y luego dijo: - Oh. No se me caerán los anillos…-

Zamas interrumpió: -Debe ser al revés. Yo debería estar lavando su cabello-.

-¡Ag! ¿Dónde está escrito?- Dijo Gowas. -Además hoy no fue un buen día, debes estar cansado y algo asustado también-.

Zamas sonrió y rápidamente dijo: -¿Eso justifica tanta atención?-

-Mmm… podría ser- Respondió sonriente.

Tras unos cuantos segundos de silencio Zamasu dijo: - Pero no estoy asustado-.

Gowasu detuvo sus manos sobre el cabello de Zamas. La respuesta hizo que el hombre mirara extrañado al jovencito por un momento,para luego recordar que estaba bajo los hechizos de Towa. Le parecía totalmente razonable que no tuviera idea de lo que ese asesinato significaba, y nuevamente como otras tantas veces más podía padecer la culpa que descansaba ruidosamente sobre su espalda.

La verdad quemaba en su garganta por las palabras que deseaban salir de una vez por todas. No le importaban las consecuencias ¿Qué podría ser peor que seguir ocultándole, no sólo la vivida masacre que sufrió, sino también el recuerdo de la caja y del kaioshin que había estado buscando?

Sus pensamientos lo torturaban día tras día sin darle descanso a su mente. Mirar a Zamasu a los ojos se había convertido en una batalla monstruosa, y empezaba a admitir totalmente que todo lo que le ocurría al jovencito no era más que responsabilidad suya… solo suya y de nadie más.

-El supremo del universo 7 dijo que quien había cometido esa atrocidad no estaba en el planeta Kai-Shin- Dijo Zamas.

El anciano volvió a la realidad rápidamente al escuchar al aprendiz y respondió: - Si… eso era cierto-

-¿Y usted que cree?- Pregunto Zamas sin dar lugar al silencio.

-Yo…- Dijo dudando. -Yo no lo sé Zamasu…-

-El parecía saberlo muy bien- Respondió.

El hombre volvió detener sus manos en la cabeza de Zamas. Sus nuevos deseos eran preguntar algo con respecto a ese encuentro y sabiendo la posibilidad que había de que Zamasu no lo recordará realmente…

"Esto no puede continuar así" Pensó el anciano dejando ver en su rostro el lamento por no poder hablar con total libertad.

Abandonó el taburete para recoger una toalla y luego respondió: -El supremo del universo 7 tiene una buena percepción-

El aprendiz volteó rápidamente en la bañera para mirar a su maestro y dijo: - Lo se. ¿Usted lo conoce?-

Aún con la toalla en sus manos, el anciano se detuvo para mirar a los ojos a su aprendiz. ¿Qué sabía realmente? ¿Cuánto podía conocer del joven supremo del séptimo universo? ¿La pregunta era señal de algún recuerdo? O ¿tal vez Zamasu jugaba con el a causa de haber recordado algo?. Poco a poco empezaba a sentirse amenazado con la interrogación, sin saber exactamente de que manera responder.

El tiempo en el que solía evadir todo tipo de preguntas habían quedado atrás, o mejor dicho, habían culminado el día que Zamasu dejó de callar en los acantilados, porque desde ese preciso instante el joven había tomado la confianza para enfrentarlo, y callar, era un motivo de conflicto entre ellos.

Camino unos cuantos pasos y le extendió la toalla al aprendiz mientras respondía: -… Conozco algo de el. ¿Por qué mejor no sales y te vistes?-

-Claro- Respondió el joven tomando la toalla. - ¿Desea revisarme?- Pregunto rápidamente haciendo referencia a sus heridas, ya que el anciano solía revisarlo a diario.

-¿Debería hacerlo?- Pregunto Gowas. El fin de esa pregunta era demostrarle a Zamasu que intentaba darle una oportunidad para restaurar la confianza.

Zamas sonrió levemente y respondió: -No maestro-

-Bien- Dijo el anciano volteando para darle la espalda. Luego se dirigió a la puerta hablando nuevamente. -No te demores demasiado. Comerás algo antes de dormir-.

-Si...- Respondió Zamas mientras colocaba la toalla en su cintura.

Tras cerrar la puerta, finalmente el anciano podía encontrarse a solas en el largo pasillo. Dejó escapar un suspiro lastimoso, había vivido uno de los días más tensos después de muchos años. Deseaba casi con locura poder encontrarse solo sin sentirse presionado con la sola presencia de su aprendiz, la cual no hacía más que recordarle lo avergonzado que debía estar después haberle ocultado su vida, su pasado. Todo lo que pudo haber pasado en aquella masacre.

Otra vez volví esa sensación de culpa, por meter a Towa en su vida, por despegarlo de Shin en aquel momento, por no haberlo escuchado, por no aceptarlo cuando mostró ser un Shin-jin diferente con tan solo confesar que tenía sueños. ¿Y que había si podía soñar? ¿Qué había si podía escuchar una caja que el no? ¿Cuál era el problema de que Shin fuera lo que él decía haber encontrado?

Estaba hundido, así se encontraba frente al presente, sumergido en problemas que el mismo había generado y que pudo haber evitado si le daba más atención al aprendiz, pero además podía presentir en su corazón el nuevo caos que vendría después de la muerte de esa kaio. Tenía la seguridad de que estaba frente a una nueva masacre y lo que era peor; es que esta era impredecible, sin posibilidad alguna de saber cuando atacaría o que universo caería primero, porque no era un asunto de universos, era asunto de Shin-jins y la masacre no excluía entre los universos.

El recuerdo del expediente trajo al hombre nuevamente a la realidad. Ahora tenía datos de su aprendiz bajo su manga y estaba deseoso de leerlos, sin embargo, antes debía deshacerse del muchachito y esperar a que estuviera durmiendo. Lo que menos quería es que esos papeles le dijeran todo sobre el y que este no entendiera nada.

Meneo su cabeza como si tratará de olvidar el asunto y poco después empezó a dirigirse a la cocina, quería terminar rápido la cena y poder leer tranquilo todo ese historial.

Un fuerte estruendo proveniente del cielo, le recordaron que la tormenta continuaba allí afuera y también esperaba que está se detuviera en algún momento, aunque mantenía que ese tipo de tormentas no eran simples de la naturaleza… o tal vez si, y de ser así tenía que ser demasiada coincidencia para que ocurriera en el planeta kai-Shin también.

Los ventanales de la sala estaban empañados pero aún así podía ver como las gotas caían sobre su jardín estropeando todo a su pasó, su mesa de te, el gran árbol bajo el cual solía pasar la tarde quien era la víctima de recibir fuertes sacudidas a causa del viento; el que terminaría pelado de continuar con la sudestada, y también se habían estropeado los bellos tulipanes que había plantado Zamasu. No obstante, ahora no era el momento para preocuparse por los destrozos, para el anciano habían asuntos peores, cosas que deseaba resolver lo antes posible con su alumno y por otro lado buscar la forma de huir de la masacre.

Antes de quitar la mirada del ventanal sus ojos no pudieron evitar ver algo fuera, como una especie de figura, algo que parecía tener el aspecto un tanto humano. Estaba seguro de que la figura era humana o no humana en si, pero con rasgos humanoides. Sus cejas se fruncían en un gesto de confusión, haciendo una fuerza visible con la intención de identificar que había afuera. Poco a poco el temor se apoderaba de su mente y también su cuerpo, empezando a caminar hasta la ventana tembloroso, nervioso y ansioso.

Aquella figuras era imposible de descifrar a esa distancia y con una tormenta cayendo sobre el jardín,sin embargo pese a rechazar totalmente lo que fuera que estuviera invadiendo su planeta no se detuvo un segundo a pensar si debía enfrentarlo.

Sus pasos fueron apresurados al salir de la sala. El camino hacia la salida se había transformado en el trayecto más largo de recorrer, pero quería saber de quien se trataba, incluso sabiendo que ello sólo podía tratarse de las figuras que no se mostraban pero que asesinaban a los kaioshines.

Hubo un tiempo, en los que se decía que los Makaioshins tenían la habilidad de transformar en sombras sus figuras, y luego frente a la masacre comprobó que esto era real y que los Makaioshins no dejaban que fueran reconocidos. A lo largo de su vida había tenido el desagrado de conocer a un Makaioshin y esa era Towa, sin embargo, aquella figura no era la de una mujer... Su confusión se hacía más grande al sentir que esa presencia no parecía ser de un Shin-Jin, ya sea con energía invertida o no. Había algo extraño en ella y apenas podía percibirlo...

Abrió la puerta del templo a toda velocidad, encontrándose al instante con la fuerte tormenta que arrasaba todo a su paso, pero aún así no se detuvo y corrió casi desesperado y entre tropiezos hasta el jardín donde había visto la figura.

Sus pasos se detuvieron a varios metros de distancia, siendo de todas formas difícil de visualizar lo que tenía en frente. El anciano presionaba sus ojos con fuerza intentando despejar el agua que caía sobre ellos pero los esfuerzos eran inútiles…

-¡¿Quién eres?!- Dijo Gowasu en un grito casi violento y desesperado, apretando sus puños con el solo propósito de tomar coraje para continuar enfrentándolo.

La figura parecía moverse unos cuantos pasos al frente haciendo que Gowas retrocediera también, pero aún sin hacer que guardará silencio el hombre volvió a gritar exasperado: -¡Vete! ¡Fuera de aquí! ¡No tienes derecho a pisar mi planeta, no eres bienvenido en estos...!-

Casi sin poder continuar la frase, Gowasu se interrumpió a si mismo retrocediendo unos cuantos pasos más al notar que la extraña sombra volvía a avanzar.

-¡¿Qué es lo quieres?!- Dijo gritando hasta casi lastimar su garganta. Sonando esta vez angustiado y atrapado. -¡No te acerques a mi templo! ¡Vete de aquí! ¡Vete!- repitió lo último retrocediendo aún mas de solo ver como "eso" avanzaba nuevamente.

El anciano se dejó caer de rodillas, sintiéndose vencido, sabía que aquellos gritos no amedrentarían al sujeto si el objetivo era continuar caminando hasta tenerlo suficientemente cerca como para asesinarlo. Sus lamentos se dejaban oír entre murmullos mientras apretaba con fuerza el pasto y la tierra mojada; completamente inundada.

-Vete por favor… vete… no entres a mi templo…- Decía el anciano entre susurros con palabras que se quebraban en su garganta.

Las lágrimas del hombre se mezclaban con la lluvia que caía en su rostro, y sólo los sollozos que salían de su garganta dejaban en evidencia que esta vez se sentía completamente derrotado. La derrota frente a ese sujeto tal vez era producto de la presión que había padecido a lo largo del día, encontrándose sin escapatoria en más de una ocasión. Estaba cansado de huir del pasado, de cargar sobre sus hombros todos los errores cometidos… que lo llamen cobardía… cualquiera podría llamarlo así de solo ver como se postraba a los pies de alguien que deseaba aniquilarlo, y estaba claro que no había ser que deseara la muerte más que él en aquellos momentos, porque sólo así y de una vez por todas acabaría con el martirio…

-No lastimes a Zamasu….- Dijo en un nuevo susurro.- Te lo suplico… El no es un kaioshin… por favor…- repitió varias veces entre sollozos.

Finalmente el hombre guardaba silencio para llorar en paz y despedirse del mundo; esperando el golpe de gracia. Sus ojos se cerraron con más fuerza, y sus codos ahora tocaban el suelo sagrado mientras esperaba la sentencia.

-¿Maestro…?- Se escuchó decir no muy lejos.

Gowasu abrió desmesuradamente sus ojos encontrándose con el suelo y rápidamente volteó en dirección a su aprendiz. El terror se hacía más grande de solo pensar que por estar presente también caería en manos de la sombra siniestra. Olvidándola por completo grito:

-¡No! ¡Vete! ¡Aléjate de aquí huye ahora!-

El rostro empapado de Zamas hizo un gesto extrañado, y sus pasos comenzaron a avanzar. -¿Qué sucede?- Pregunto acortando la distancia.

-¡No, No!- Dijo el anciano arrastrando de rodillas hasta su alumno. - ¡Vete! ¡Es una orden…!-

El aprendiz llego hasta su maestro para luego dejarse caer hasta llegar a su altura. Sus manos viajaron hasta los hombros del anciano y rápidamente dijo: -¿Qué sucede Maestro?-

-Oh…- Dijo en un nuevo llanto lastimoso y mirando a los ojos de su alumno. -No debes estar aquí… el te matara a ti también-

La gris y gélida mirada velozmente abandonaron al hombre mayor, esta vez buscando frente a un torrencial aquello que había dejado en esas condiciones a Gowasu, no obstante, allí sólo había tormenta y árboles que se mecían furiosos de un lado al otro. Segundos después el aprendiz respondió:

-No hay nada aquí maestro…- Dijo en un tono preocupado. -Vamos adentro. La tormenta es muy fuerte-.

-¡No, No! El viene por mi ¡Viene por mi! ¡Yo lo se! El está aquí para llevarme al infierno…-Dijo con una voz trémula y palabras atropelladas.

Zamas interrumpió rápidamente al notar la desesperación del anciano en sus palabras y al mismo tiempo comenzaba a tirar de los brazos del hombre para alejarlo del lugar.

-No hay nadie aquí maestro. Vámonos ya…- Dijo calmado, o al menos sonando de esa manera en un intento por tranquilizar al anciano.

Gowas acepto la propuesta pero sin poder evitar mirar en dirección donde segundos antes estaba la figura, la que ahora en presencia de su alumno ya no estaba. Se había esfumado de un momento a otro, dejando el rostro del anciano totalmente desencajado y lleno de tormentos expresados en un instante.

-No…- Dijo apenas audible y buscando con la mirada al sujeto. Al mismo tiempo Zamas continuaba jalándolo en dirección al templo. – El estaba aquí… yo lo vi-

El aprendiz negaba con su cabeza levemente, sin llegar a razonar la repentina actitud que el hombre tenía. Sus pasos eran apresurados pero lejos de ser a causa del miedo, porque no podía sentir miedo de algo que no había visto, además le urgía poner al anciano a salvo, ya que este definitivamente parecía haber perdido el juicio.

Los centímetros restantes a la entrada fueron transitados de manera veloz, y finamente ambos se encontraron dentro del templo en poco menos de un minuto.

Las luces del templo se apagaron a la misma velocidad con la que Zamas cerró la puerta, ahora encontrándose a oscuras totalmente, sin una gota de energía que pudiera darles claridad.

-¡Es él! ¡Viene por mi!- Grito Gowas totalmente desesperado.

-Shh… maestro por favor. Solo se fue la energía- Respondió Zamasu. Segundos después camino decidido arrastrando al hombre hasta la sala.

La mano derecha del aprendiz creaba una pequeña bola de luz dorada, iluminando el sillón en donde estaba dispuesto dejar a su maestro.

Los ojos aterrados del anciano ahora podían contemplarse. Su mirada continuaba viajando de un lado a otro, esperando poder encontrarse con eso que afirmaba que venia por él.

-Maestro…- Dijo el aprendiz tratando de captar su atención. -No hay nada aquí… míreme. Míreme por favor-

El anciano agitado y entre jadeos volvió su vista encontrándose con la mirada de Zamasu, en los cuales podía notar preocupación, lo decía el brillo que esta traía, y no solo eso, también notaba algo de temor.

Aquella mirada lentamente parecía jalarlo hacía la realidad; un presente que había olvidado por un momento, ni siquiera recordaba cuando ocurrió, solo sabía que Zamasu tomaba su mano presionándola levemente, como si estuviera diciéndole que todo estaba bien, que estaría bien.

-Oh…- Dijo el anciano en un suspiro perdiéndose en la gris mirada. -Zamasu…-

El aprendiz sonrió levemente Y respondió con aparente calma: - Todo está bien-

-Lo siento tanto…- Respondió casi sobre las palabras Zamas. – De verdad lo siento niño…-

-No se preocupe. Esta asustado por lo que sucedió… lo entiendo y...

-No…- Respondió en un susurro interrumpiendo. -Yo lamento ser tan duro contigo…-

El aprendiz negó con su cabeza algo confundido y respondió: - Lo llevaré a su habitación. Usted debe descansar ahora…-

Zamas jalo al anciano nuevamente dispuesto a retirarlo de la sala, pudiendo notar que no había oposición alguna. Empezaba a creer que el hombre se había vuelto loco en cuestión de minutos, tal vez una hora. Quizás lo que vio en el castillo había esfumado por completo su cordura, y de ser así solo esperaba que con unas cuantas horas de sueño pudiera recuperarlas.

….

El cuento de un abuelo

El universo es mental. Y el "Todo" es la mente universal. Oh… ¿Quién se esconde detrás? ¿Quién hace esa afirmación?

Fragmento: Crystal

(Escena retrospectiva)

Detrás de la enorme puerta negra, nadie podría oír jamás el llanto desconsolado y los golpes que sus pequeñas manos daban contra el macizo metal. Sus intentos por ser escuchado se disolvían con el correr del tiempo. No era consciente de él, claro que no; solo era un niño y de tiempos solo reconocía la hora de bañarse al caer el último Sol, la hora de desayunar al salir el primero, Y la hora de estudiar tras la llegada apresurada de la joven Kaio Tieer cuando decía que era muy tarde y que aún no había hecho nada de todo lo que debía hacer.

La hora de estudiar era su preferida, porque lo hacía en compañía de la Kaio Tieer, ella estudiaba cosas más difíciles pero nunca desistía de darle atención, ni siquiera cuando el tiempo le pisaba los amor hacía esa mujer era algo que el niño no sabía explicar, pero tampoco era algo que le importará. Le bastaba con saber que podía decirle "te amo" con su fina voz aniñada y ella correspondía con una sonrisa diciendo "Igual yo".

La extrañaba, deseaba que estuviera allí para sacarlo de ese oscuro lugar, donde la luz no era capaz de filtrarse ni por el más mínimo orificio. Añoraba que la joven Kaio pudiera curar las heridas que sus rodillas y manos se habían ganado gracias al empujón que Rou le había proporcionado. Lo había arrojado con fuerza, una fuerza no medida que podría haberlo hecho caer escaleras más abajo, sin embargo y por desesperación había logrado detener la caída con la esperanza de que el hombre no le cerrará la puerta.

Limpiaba sus lagrimas mientras dejaba escapar más de aquel llanto desconsolado. A una corta edad se preguntaba que error había cometido para ser castigado de esa manera, porque solo era un niñito… ¿Qué mal había hecho? Trataba de ser lo más silencioso posible en un mundo de sordos... porque entendía que los Shin-Jin no calificaban de "buenos" por ayudar sino por No molestar. Con solo tres años veía a su planeta como un lugar extraño al que no pertenencia. La Kaio Tieer era la única que conocía sus pensamientos, y a quien le hablaba de los demás como si el no perteneciera o no formará parte de ellos.

Nuevamente recordaba lo sucedido y sus sollozos hacían eco escaleras abajo, mientras su desesperación crecía al pensar que allí abajo estaba el loco y que si este lo oía probablemente hasta podría comérselo. Entonces, solo entonces tapó su boca con el objetivo de apaciguar su llanto.

Las lagrimas continuaban surcando sus mejillas y su cuerpo buscaba el rincón más alejado del siguiente escalón. No deseaba descender ni uno más, y ya no tenía deseos de saber qué había detrás de la puerta… sin embargo, algo hizo que el pequeño callara rápidamente.

-para el antiguo Rey y señor de los elfos, hay más de un tesoro reluciente. Le dieron forma, le dieron forjado y a la luz atraparon...-

El silencio, nuevamente invadía el oscuro lugar. Los ojos del niño continuaban abiertos mientras su cuerpo temblaba involuntariamente.

En un instante el miedo había desaparecido. No había un motivo para que dejará de sentir temor, pero tampoco había un motivo para que continuará llorando.

Esa voz, lejana y algo anciana también, no le daba lugar a querer escapar si quiera. Su sed de curiosidad volvía nuevamente con el deseo de descender y llegar hasta su poseedor.

Algo comenzaba a iluminar a lo lejos. La luz dorada le permitía al niño ver el final de las escaleras y el comienzo de las mazmorras. Ahora podía comprobar que las paredes estaban hechas con grandes adoquines al igual que las escaleras.

La luz permanecía al final, como si estuviera esperándolo, invitándolo a descender, pero el niño aún conservaba sus dudas. Si su nuevo maestro lo había castigado solo por curiosidad ¿Qué haría el loco después de haber visto sus sueños interrumpidos por un niño llorón?

-No temas…- Se escucho decir la voz del hombre, aunque esta había sonado solo en la mente del niño; al igual que la canción.

El niño se alarmo al instante de haber escuchado nuevamente al hombre, y sus ojos comenzaron a mirar los alrededores, solo aquellos que apenas era visibles.

-En la bruma que nacía sobre el mar el rey dios elfo abandono el hogar. No estaba destinado a sufrir las penas ni desgracias porque no estaba ligado a los ciclos de este mundo…-

De manera involuntaria él niño se levantaba del lugar donde se había mantenido a salvo. Totalmente llamado; como hechizado por la grave voz que llegaba desde lo más profundo. Sus pequeños pies tomaban como objetivo llegar hasta la luz dorada que lo esperaba al final del pasillo.

Caminaba lento detrás de la bola lumínica, habiendo olvidado todo el temor de verse encerrado. Sus manos secaban las últimas lágrimas involuntarias mientras bajaba torpemente los altos escalones.

Sobre el final podía verse la última celda, apenas iluminada con una vela. Desde aquella distancia el pequeño aún no distinguía que había dentro, y su curiosidad nuevamente se incrementaba por querer conocer a quien ocupaba ese lugar.

El jardinero veía desde lejos la llegada del pequeño, con ojos brillosos y abiertos de par en par; sorprendido. Sentado en el frió suelo, el hombre pegaba su cara a los barrotes mientras estiraba sus manos en el afán de poder alcanzar al niño; maravillado con su presencia.

La luz comenzaba a hacerse más pequeña amenazando con extinguirse, pero está no abandonaría al pequeño sin llegar a su destino antes.

Los segundos se volvían eternos frente a la silenciosa desesperación de Koro, sus deseos de poder aunque sea tocar al niño un momento se incrementaban a cada paso de verlo más cerca.

El niño no apartaba la gris mirada sobre la figura del hombre, apenas alcanzaba a creer que el loco era malvado y agresivo, solo veía a un hombre, un Shin-Jin al igual que el pero tras las rejas. Un loco que por ser loco no debía estar allí adentro…

El silencio se volvía ensordecedor para un jardinero que ansiaba escuchar decir miles de cosas a su niño. No podía estar equivocado ¡claro que no! El pequeño era su hijo…

La luz finalmente se extinguió cuando el pequeño llego a centímetros de la celda. Mirándose frente a frente, con la vela que alcanzaba a iluminar sus rostros y así poder al menos descifrar lo que no podía ser dicho en palabras.

-Oh…- Dijo el hombre con una brillante mirada; completamente extasiado. -Eres tú…-

El niño, silencioso y con un rostro apacible; dulce, se limitaba a observarlo sin quitar sus orbes de la figura.

Los brazos del jardinero colgaban atreves de las rejas; esta vez sin hacer ningún tipo de esfuerzo por llegar al niño. Parecía que toda aquella sensación de querer tocarlo; abrazarlo, podían ser apaciguadas tan solo con una mirada.

-Eres como te idealicé en mi mente- Dijo Koro con una voz calmada, sonriendo como si estuviera enamorado de lo que veía.

El niño parpadeo varias veces después de un buen rato sin haberlo hecho y pregunto con un hilillo de voz tímido: -¿Tienes nombre?-

La boca y los ojos de Koro se abrieron sorprendidos al escuchar la dulce y melodiosa voz del niñito. Completamente anonadado respondió: - Si…- -Me dicen Koro…-

El pequeño hizo una especie de puchero con su boca y respondió: -Yo no tengo nombre-

-Oh… No lo necesitas- Dijo el jardinero abriendo los ojos enormemente.

En un pequeño silencio, el niño meditaba la respuesta del loco. No tenía interés en tener un nombre, le parecía algo innecesario y tal vez por eso jamás había reclamado uno. La Kaio Tieer tampoco había decidido un nombre para el…

-¿Eres el loco?-Pregunto rápidamente.

Koro sonrió sin poder evitar que las palabras sonarán divertidas al ser dichas por un niño, y luego respondió: -Yo soy el loco-

El pequeño meneo la cabeza no muy convencido y luego dijo: -Pero... pero no te ves malvado-

-Por supuesto que no- Respondió sosteniendo la mirada con el niño. Luego de una pausa continuó – Hay personas que no están locas y son malvadas…-

El pequeño hizo silencio reflexionando en la respuesta del jardinero y poco después pregunto-¿Cómo Rou?-

Koro asintió con su cabeza y dijo: - ¿El te envío aquí verdad?-

Una respuesta positiva llego ante el jardinero al ver el movimiento que hacía la cabeza del niño. En pocos instantes podía sentir la ira recorrer cada vaso sanguíneo; su sangre se envenenaba al recordar el desagradable rostro de ese malvado kaioshin, con su repulsiva sonrisa y sus turbadoras carcajadas resonando en la celda.

En el preciso instante que había sido encerrado, tuvo la desdicha de recibir la visita del supremo Rou. Le había dicho cosas espantosas, y todas ellas hacían referencia a su niño. Ahora sabía que Rou no estaba mintiendo y como lo había prometido, al cumplir los tres años el niño lo visitaría. Había olvidado aquel episodio… los años dentro de aquella celda le habían hecho olvidar todo, solo una cosa perduraba en su memoria y ese era el bello rostro de su niño.

La voz del pequeño nuevamente se dejaba oír haciendo eco en las mazmorras: - Usted no está loco señor-

El anciano jardinero salió de sus tormentos rápidamente y respondió: - ¡Oh! Pero lo estoy…-

El niño sonrió inocentemente y dijo: -No es cierto-.

-Claro que si…- Respondió Koro devolviendo la sonrisa. -Te contaré porque ¿Quieres saberlo?-

La sonrisa del niño se borró al instante y dijo: -Yo se porque le dice el loco…-

-¡Nada de eso!- Replicó el anciano. – Si quieres conocer la historia real tienes que escuchar la historia del loco… ¿Qué dices?-

La mirada del niño se detuvo unos cuantos segundos en el rostro risueño del jardinero loco. Recordó que debía decirle algo muy feo; como Rou dijo y además perder el temor, pero se veía incapaz de decirle algo profundamente lastimoso. Su corazón se negaba a lastimar a ese hombre así como ese hombre se negaba a lastimarlo a él. Era un pequeño ¡Lo era! Pero al instante reconoció que no era Koro quien lo había herido.

-No temas…-Dijo Koro notando el breve silencio del niño.

El niño salió rápido de sus pensamientos y después camino a paso calmado los últimos centímetros que faltaban para llegar a los barrotes de la celda, quedando cerca; muy cerca del jardinero, quien no hacia mas que mirarlo con ojos maravillados, teniendo tan cerca a su hijo con la posibilidad de poder tocarlo, abrazarlo, recuperar los años perdidos por culpa de la injusticia que regía en su planeta.

Quería llorar desconsoladamente al sentir la impotencia de no poder rescatarlo de las sucias manos del mal, porque solo el podía ver el poco tiempo que su niño tenía luego de que fuera absorbido…

Fue el pequeño quien nuevamente quitaba al hombre de sus tormentosas visiones; torturas que habían sido serenadas con el correr de los años y que hoy el destino volvía a ponerla frente a sus ojos como una señal de alarma.

El niño puso sus manos en los barrotes mientras le dedicaba una mirada más que inocente al jardinero, segundos después se colocó de lado y fácilmente pasó entre los gruesos barrotes dentro de la celda. Koro abrió enormemente sus ojos dejando caer su mandíbula, porque su emoción se hacía más evidente al saber que ya no tenía impedimentos para abrazar a su niño.

-Eres… eres un niño muy listo- Dijo Koro conteniendo las ganas de abrazarlo.

Tenía miedo de hacerlo y que el niño se asustara, así que pensó que lo mejor sería conservar la distancia. La mirada del pequeño no expresaba temor pero un movimiento en falso podría arruinar el momento, sin más, el jardinero suspiro profundo y dijo:

-Quieres conocer la historia de este loco ¿Verdad?-

Los ojos del niño dieron una rápida mirada a la celda, luego camino hasta la cama y allí tomo asiento. Segundos después respondió: -Si-.

-Bien- Dijo Koro levantándose del suelo para sentarse en la silla. – Había una vez un Shin-Jin; uno común, de esos que no siempre tienen la suerte de su lado y que necesitan trabajar duro, pero trabajar duro no era algo que le molestaba a ese Shin-jin, porque disfrutaba de la vida en su planeta. Era curioso y le gustaba leer, además deseaba conocer los grandes misterios que envolvían al Shin-jin y durante muchos años busco las respuestas en los libros más antiguos ¡Y hasta robaba libros para leer! Aunque luego los devolvía así que… ¿Eso cuenta como un robo?-

El niño torció su cabeza mientras alzaba sus hombros y respondió: -Préstamo momentáneo-

-¡Oh jojo! ¡Lo sabía! Eres muy listo. Pues bien, el Shin-Jin tomaba préstamos momentáneo pero aún así no le fue posible conocer los secretos del Shin-jin; su origen y otras cosas más, sin embargo, el Shin-Jin, al que luego sus compañeros le llamaron Koro, nunca desistió y por muchos años más continuó buscando la verdad…-

El niño interrumpió abruptamente diciendo: -¿Y la encontró?-

-¡Oh No!- Respondió eufórico y luego dijo. -No pudo encontrarla... No aún. De todas formas eso no hizo infeliz al jardinero Koro ¡Claro que no! Y por muchos años encontró su lugar en los jardines del planeta kai-Shin, jamás había creado maravillas propias pero era excelente manteniendo las especies existentes y cuidando de ellas, adornando los alrededores del Castillo y las aldeas. Koro era feliz…-Dijo haciendo una pausa. – Pero el jardinero Koro tenía un sueño más grande… y su sueño era poder tener un hijo... y así fue…-

Koro guardo silencio nuevamente. En su mirada podía verse el torrente de emociones que lo albergaban, porque tener al niño frente a sus ojos era el resultado de sus oraciones, pero no solo eso… Kaiju le había otorgado un hijo con una condición.

-¿Eso es cierto?- Pregunto el niño volviendo a sacar a Koro de sus pensamientos.

-Lo es- Respondió con un dejó de tristeza y luego dijo. -El árbol Kaiju le concedió su deseo a Koro.

El niño sorprendido hizo un breve silencio mientras tomaba aire y luego pregunto tímidamente: -¿Y en donde está su hijo señor…?-

-¡Oh, jojo!- Dijo Koro mostrando una sonrisa llena de amargura y con una mirada inundada de tristeza.

La inocencia del niño había devorado su corazón,y eso le demostraba que a pesar de llevar consigo un gran destino no era capaz de reconocer que era el niño amado de un simple jardinero.

Había jurado protegerlo, amarlo y guiarlo como tantas veces le había prometido a su sagrado creador; él, quien había puesto en sus manos el tesoro más grande que podría tener este mundo, un mundo carcomido por el sufrimiento, un mundo turbado y azorado donde no había lugar para el amor.

El deseo de gritar que era su hijo pugnaban por salir de su garganta, Pero se abogaban al recordar que sólo podía ser revelado del otro lado del planeta, donde la oscuridad se convertiría en luz tras la llegada de Neptuno; pues sus destinos estaban unidos antes de nacer, mucho antes de que la destrucción fuera protagonista de una maravillosa creación ¡Lo sabía! Kaiju se lo había revelado, no había errores; ni equivocaciones…

Desde aquel entonces, encerrado tras las rejas, esperaba que algún día el desconocido Neptuno pudiera encontrar e iluminar el camino de su pequeño. Kaiju había sido demasiado generoso en darle su nombre, sin embargo, no conocía la apariencia física en la que se escondía, solo aquel día que este llegara por su niño sabría de quien se trataba.

No mucho tiempo después el anciano Koro trato de componer la postura, sonrió y dijo: - ¿De verdad quieres saber donde está mi niño?-

-Si- Respondió el niñito emocionado con gran brillo en sus ojos.

-El se encuentra del otro lado del gran muro…-

-¿El gran muro?- Pregunto confundido. -Pero, pero está prohibido ir hacia el otro lado del muro-

-Lo se…- Dijo el hombre haciendo luego una pequeña pausa. – Pero a veces necesitamos hacer lo prohibido. Y lo prohibido no debería ser calificado como malvado pequeño Shin-jin...-

El pequeño interrumpió y dijo: - Pero si está prohibido entonces es malo…-

Koro sostuvo su vista un momento con el pequeño. Podía observar en su cristalina mirada la mixtura de pensamientos que iban y venían de la inmadura mente que aún poseía, después dijo: - Pequeño Shin-Jin, está prohibido encerrar a un niño en las mazmorras y sin embargo estas aquí…- -Quien lo hizo, quebranto las reglas de lo permitido generándote un dolor innecesario, ni siquiera a doblado la regla para hacerla algo aceptable pues esta; es inaceptable. ¿Crees que ir del otro lado del muro le provocaría un mal a esta sociedad? ¡Claro que no! La censura para ir más allá solo ha sido impuesta por viejos relatos y mitos que envuelven la delicada mente de un Shin-Jin. ¿Cómo es posible saber que hay del otro lado si nadie en millones de años ha intentado explorar que hay más allá? ¡Están presos del temor! Lo desconocido causa temor, cuando ese Kaioshin te arrojó aquí lastimando tus rodillas, tus manos y fisurando tu espíritu, estabas muerto de miedo porque creías que el loco iba hacerte daño. Mírate ahora… obsérvate ¿Puedo causarte algún mal?-

El niño mantuvo la quietud sosteniendo una mirada sería y pensativa y tras unos segundos, logró hacer un gesto negativo con su cabeza en forma de respuesta.

Koro le dedicó una cálida sonrisa y luego dijo: - La libertad de mi pequeño estaba del otro lado del muro…-

-¿Por qué usted no se fue con el señor?- Pregunto el niño mostrándose algo consternado.

El jardinero suspiro y respondió: - Esa es la parte triste de la historia pequeño Shin-Jin. El jardinero no logró salir a tiempo…-

-Oh…-Respondió el niño aún más acongojado.

Koro, contempló la tristeza del niño, y no pudo evitar experimentar su dolor. El niño, no por ser un niño había creído en su historia, lo había hecho por su integridad; por su pureza, con una mente abierta a cualquier tipo de posibilidad.

-No te aflijas niño- Dijo Koro rompiendo el silencio.

-Es injusto…- Respondió el niño sobando sus pequeñas manos, las que aún estaban raspadas y con hilillos de sangre.

-Para la mente siempre habrá algo justo o injusto, Pero fuera de ella todo es lo que es. En este juego hemos de seguir la rectitud haciendo lo correcto y en libertad pero esa libertad jamás debe perjudicar al prójimo, no es algo sencillo porque siempre habrá alguien que se vea perjudicado, aun; sin ser realmente perjudicado. El egoísmo es un enemigo y es el quien envuelve todas las injusticias de este mundo. Recuerda esto pequeño Shin-Jin: "El ego jamás te dejará vivir libremente. Jamás podrás saber quién eres si el obstruye tu pasó. Nunca encontrarás el camino que te lleva a casa si primero no erradicas al ego. El es silencioso, no sabes que está ahí, porque es parte de tu mente y también una ilusión de ella. Debes ser cuidadoso y aprender a observar para notar cuando este se hace presente; así, sólo así podrás ver el mundo como es y con total libertad"-

El pequeño solo se limitaba a mirar los enormes y oscuros ojos de Koro; brillosos y con una sagaz profundidad.

Su corta edad tal vez era el primer impedimento para comprender el mensaje, sin embargo, nadie podía dar por hecho cuanto de aquel mensaje había penetrado los pensamientos del niño. No por ser un niño se debía subestimar su comprensión y tal vez sólo Koro era consciente de ello.

El niño poco después de una breve meditación dijo: - ¿Yo puedo ayudarlo?-

-¿Cómo?- Dijo Koro confundido.

Rápidamente el niño contesto: - Usted debe salir de aquí señor-

-¡Oh! No, no pequeño. No hay nada que puedas hacer por mi, pero…-

-Usted no merece estar aquí, su hijo lo espera del otro lado del muro- Respondió la infantil vocecita del niño en un tono entusiasmado.

-No debes preocuparte por eso ahora. Escucha…- Respondió Koro, y se tomó el atrevimiento de caminar hasta el niño y tomar asiento a su lado. – Tu puedes ir del otro lado del muro. Si lo haces, habrás hecho por mi más de lo que te imaginas…-

El niño apenas negó con su cabeza mostrándose temeroso y respondió: - Pero tengo miedo…-

-No, no. Mirame…- Dijo Moro y un segundo después alzó su mano cerca de la barbilla del niño; aunque sin tocarlo. – Si tienes miedo, hazlo con miedo. Deja que el penetre cada parte de tu ser pero enfréntalo y entonces habrás entendido una gran verdad. Eres un niño fuerte, puedes ir del otro lado y acompañar a mi niño…- Hizo una pausa cerrando sus ojos por un momento y disculpándose silenciosamente por las pequeñas mentiras que salían de su boca para convencer al niño. – Por favor… puedes hacerlo, yo se que tu puedes hacerlo-

El niño sostenía la mirada con Koro. No podía evitar pensar que aquello que el jardinero pedía era una tarea muy difícil para un niño, o tal vez no, pero tal y como dijo Koro; él temor lo apresaba al desconocer que había del otro lado. Las dudas del niño quizás eran demasiado maduras para alguien de su edad, pero inevitable de pensarlas y eso lo impulso a preguntar nuevamente:

-¿Y qué haré cuando encuentre a su hijo? No debo traerlo aquí, usted dijo que afuera está su libertad-

-¡Y también la tuya!- Respondió con énfasis.– Descúbrelo tú, hazlo-

-No entiendo…- Dijo el niño con vergüenzas y en un susurro.

-Pequeño Shin-Jin. Rou cometió un error. Pero el destino quería que estés aquí. Escucha tu corazón; es el único conectado con tu ser y la única forma que tiene este de comunicarse con tu mente. Cruza la muralla… por favor-

El niño volvió meditar en un breve silencio ensordecedor, Y poco después respondió: -Usted debe estar con hijo señor…-

-Lo sé- Respondió Koro interrumpiendo al niño, y notando como sus esperanzas se perdían sin poder convencerlo.

Empezaba a desesperarse porque quizás está era la última oportunidad que tenía para alejarlo.

El niño interrumpió esta vez: -Pero yo iré con usted, no quiero quedarme con Rou…- Dijo lo último apenado; recordando el mal trato que había recibido.

-Oh…- Dijo Koro en un suspiro lastimoso. -No hay deseo más grande que poder ir contigo pequeño…- -Pero eso no será posible. Sólo un Kaioshin tiene el poder para abrir estas puertas cargadas de energía y magia. ¿Lo entiendes verdad?-

El niño negó levemente con su cabeza, y Koro sonrió amablemente diciendo : - La magia natural, es incognoscible y los dioses poseen parte de ella, la que han utilizado para la creación y también otros fines oscuros… ya no queda mucha de ella y solo se conservan las enseñadas durante millones de años. Este lugar, ha sido inundado con la magia antigua para mantener a los Makaioshins excluidos de la sociedad. Si entiendes esto, habrás comprendido que mi destino es quedarme aquí adentro…-

-No es cierto- Respondió el niño molesto. Segundos después, a lo lejos podía escucharse una especie de ruidos, ese sonido provenía del pasillo escaleras arriba.

Los ojos del niño se abrieron sorprendidos, porque sabía que Rou estaba devuelta y pronto recordó que debía enfrentar al loco y decirle algo que lo hiriera; para que se sintiera miserable. Así, le demostraría a Rou y así mismo; que había vencido al miedo…

Su pequeño corazón latía a gran velocidad, nuevamente era preso del miedo; miedo que solo Rou era capaz de provocarle con tan solo unos minutos de haberlo conocido. Ahora volvía a recordar el ardor en sus rodillas y sus manos…

Los pasos se hacían cada vez más cercanos, provocando en el pequeño un ligero temblor. Koro podía contemplar aquello con dolor y a su vez ira; no podía evitarlo…

rápidamente el niño volteo mirando al jardinero y dijo: -Lo siento… debo hacer algo-

-Haz lo que tengas que hacer...- Respondió Koro convencido.

Sorpresivamente, el niño se abrazo al amplio abdomen del jardinero provocándole un ligero estremecimiento. Aquel contacto veloz, cargado de profundo amor habían dejado al hombre sin poder reaccionar. Con la misma velocidad de aquel abrazo el niñito se separo para después correr en dirección a los gruesos barrotes de la celda y pasar entre ellos quedando ahora lejos de Koro.

La gris mirada del niño volvía a encontrarse con la oscuridad de Koro. Sus cejas se fruncieron un poco y sus labios hicieron presión mientras esperaba la llegada del supremo Rou.

-¡En donde demonios estas niño!- Vociferaba el enano a varios metros.

-Lo siento…- Dijo el niño en un susurro.

La presencia del hombrecillo rápidamente llego a las espaldas del niño; no muy lejos de él, sintiéndolo cada vez más cerca. su tiempo se agotaba y era el momento de demostrar aquello que su nuevo maestro le había obligado a hacer.

Tomo aire y sin pensarlo grito con su aniñada vos: - ¡Eres un viejo loco! ¡Te pudrirás aquí adentro por la eternidad y tu alma nunca tendrá descanso!-

Koro se mantuvo inmutable, mirando a los ojos del niño; solo unos segundos, porque su mirada en realidad iba dirigida a quien tenía a sus espaldas, con un rostro sonriente; una sonrisa de pura crueldad. Los ojos entrecerrados del pequeño hombrecillo decían más que cualquier palabra, su boca curvada ahora reflejaba el triunfo. ¡Estaba satisfecho! Y eso es lo que debía conseguir el niño. Su ser respiraba aliviado de saber que el niño lo había complacido finalmente, porque tal vez así no tendría un nuevo castigo. No estaba seguro de ello, pero al menos sabia que por el momento ese miserable Kaioshin no desquitaría su furia por la desobediencia del pequeño.

-Debe ser duro ¿Verdad?- Dijo Rou mientras ponía sus manos en los hombros del niño.

Koro camino lentamente hasta los barrote, después, puso sus manos sobre estas y respondió: - No como lo será para ti…-

-Oh… ¿Me estas amenazando?- Respondió presionando los hombros del niño. Una clara muestra de chantaje.

Koro observo la acción presionando sus dientes, esta vez, se limito a responder. Era sencillo jugar a ser malo frente a un niño que aun era indefenso y más sencillo era amenazar a alguien tras las rejas…

-Ah… solo me pareció ¿Cierto?- Dijo Rou con una nueva sonrisa.

-Así es señor- Respondió Koro a gran velocidad sin ningún tipo de expresión

-¡Qué bien!- Dijo Rou con una nueva gesto socarrón. Segundos después coloco sus manos en el cuello del niño y respondió. - Vas a pudrirte aquí adentro ¿Sabes? Jamás veras la luz del sol y tu castigo será pudrirte en este lugar lleno de oscuridad por blasfemar en el nombre de nuestro creador-

El jardinero apretaba sus puños cubierto por la ira, sin poder evitar dirigir la mirada al rostro del niño. Hubiera preferido no mirarlo para no descubrir las gruesas lagrimas que empañaban sus cristalinos ojos, notando la extrema fuerza que hacía para que estas no fueran liberadas. Su castigo seria aun mayor, pensó en anciano, y poco después volteo dándole la espalda a ambos, y dejándose caer en la cama.

(Fin Flashback)

El Vinculo

Como en todos los planetas donde habitaban los dioses creadores, la tormenta bañaba los suelos sagrados del séptimo universo.

El templo, completamente en silencio mostraba en la sala principal las figuras de un anciano supremo y un asistente de edad menos avanzada, ambos compartían de ese necesario mutismo después de un día de caos.

Kibito mordía sus uñas mientras su mente viajaba en los recuerdos de aquel encuentro que solo podía calificar como fallido. Estaba furioso y abatido a la vez, por momentos, tenía la sensación de colapsar, entrar a la habitación Shin y decirle la verdad. Pronto recordó también que su superior había estado el resto de la tarde en la cama y a oscuras. No había probado bocado, sin embargo, eso no era lo que preocupaba al hombre mayor, sino, su energía; un Ki apagado casi extinto, y más alarmante era no poder sentir tampoco esa conocida energía de la que alguna vez formo parte.

Había entrado en su habitación mas de diez veces interrumpiendo la soledad del joven supremo, y sus excusas se fueron terminando una por una en cada visita. la respuesta siempre era la misma "Estoy bien Kibito"… Tal vez, lo que esperaba el hombre era otro tipo de respuesta, y tal vez tampoco le importara tanto el Ki escondido de su superior, y en realidad todo giraba en torno al joven aprendiz del universo 10. le urgía tenerlo más cerca, estudiarlo, conocerlo… saber quién era y porque era tan importante para Shin.

-Ya no soporto esto…- Dijo Kibito en un susurro

El anciano que había estado observándolo un buen rato respondió: - No tienes demasiadas opciones. Ninguna te dirá nada por el momento. Estuve demasiados años encerrado en la espada Z y desconozco totalmente al supremo Gowasu y lo que he escuchado de su boca fueron palabras muy ciertas. Sin embargo, hay algo extraño en ese hombre y tal vez con un poco de suerte; simpatía y confianza logre saber algo mas…-

Kibito interrumpió diciendo: - No me interesa el supremo Gowasu, solo quiero al muchacho cerca de Shin. Usted no lo entiende maestro, ninguno se ha inmutado, eran dos desconocidos hablándose ¿En donde quedo el encuentro de sus seres? ¿Por qué no se reconocieron?-

El Elder casi sobre las palabras de Kibito, respondió: - Como quieres que se reconozcan si ni siquiera pueden conocerse a sí mismos…-

-¡No, no!- Respondió Kibito nervioso; perturbado. -Esa carta dice que Zamasu si reconoció a Shin ¿Por qué no lo hizo ahora?-

-No sabemos qué sucedió con ese muchachito. Y no lo sabré hasta que no lo vea, y si algo se esconde yo lo notare, si han utilizado magia oscura para corromperlo solo podre notarlo si es de este mundo, pues soy un Shin-jin mágico. Si la magia es de otro mundo como la que rodea a Shin entonces no lo sabré. Lo mejor será que primero visite a ese supremo, y si las cosas no toman su curso natural nuevamente entonces acudiré a Chronoa en Toki-Toki-

Kibito dejo escapar un largo suspiro quejoso. Las cosas iban demasiado lentas para su gustos. A esas alturas ya había olvidado cada palabra de Uranai baba, la paciencia y la perseverancia ahora eran sus nuevas enemigas. Unos segundos después respondió: -De acuerdo-.

-Vamos… Relájate. Hay algo peor que un ente olvidadizo en el planeta sagrado…- Dijo con una leve sonrisa. – El peligro que corre de ser asesinado a manos que cualquiera que haya puesto el cuerpo de una jovencita Kaio frente a la junta. Ahora debemos protegerlo, si un Makaioshin está detrás de este asesinato entonces los primeros en caer serán de manzana Dorada. Usualmente su ira es descargado contra nosotros primero, y luego planean una gran matanza para aquellos frutos comunes que no se rinden a sus pies. Eso significa que tu también caerás después que tu superior-

-Moriré con honor si lo hago por Shin. Sólo quiero que encuentre su camino de una vez-.

-Sólo conserva la calma- Dijo el anciano.

-Lo intentaré…- Respondió Kibito. -Iré a ver a Shin…-

-¡Te dije que mantengas la calma! ¡No seas cabeza hueca y déjalo en paz!- Reprochó el anciano irritándose repentinamente.

El asistente resoplo cansado. Pero el anciano tenía razón y mantener la calma también significaba dejar descansar al supremo Shin. Dejó escapar varios suspiros más sumergido en su preocupación y luego susurro: -Ahogare mis penas en la cocina…-

El Elder estaba a punto de responder, y hubiese sido posible si la agresiva y amenazante presencia de cierto Dios destructor no comenzaba a invadir el templo con su aura.

-¡Donde demonios esta!- Grito Bills en medio de la sala.

-¿Eh?- Alcanzó a decir Kibito confundido.

-¡Tu! ¡Se suponía que tenias que cuidar de él!- Dijo furioso.

Kibito le lanzó una fugaz mirada al ángel. Ver aquel rostro sonriente logro que aumentará su ira y frustración. Segundos después respondió: -¿Qué le sucede? El Supremo Shin está descansando en su habitación-

-¡Claro que está descansando! ¡Y si estuviera muerto yo no estaría aquí!- Respondió frenético. -Te dije que iba a estar observándolo. Dime ¿Por qué demonios no me informaste?-

-Lo siento señor. Usted ya se informó solo…- Respondió Kibito con algo de soberbia no pensada.

-¡¿Qué?!- Respondió el gato sorprendido y enfurecido. - ¡¿Cómo te atreves a faltarme el respeto?!-

La cercanía del Dios destructor provoco que el anciano abandonara el sofá para interponerse frente delante de Kibito. Ciertamente, no sabía en qué pensaba cuando se le ocurrió hacer eso, no obstante, ya se encontraba allí y dispuesto a hablar: -Estoy seguro que no fue la intención de Kibito responder de esa manera señor Bills-

-Hazte a un lado- Dijo el gato amenazante.

-Por favor, sepa disculparlo. Kibito ha hecho un gran trabajo con Shin y lo que sucedió hoy se escapó de nuestras manos. El no tenía permitido el paso al castillo por eso lo perdimos de vista unos minutos…-

El Dios destructor interrumpió con un nuevo grito: -¡Una hora! ¡¿Sabes lo que es eso?! ¡En una hora podría estar muerto!-

-Mi señor…- Se escuchó decir a Wiss.

-¡¿Qué quieres?!- Vocifero.

-Kibito es un excelente asistente. Sólo fue un descuido-

El Dios destructor protestó por lo bajo, poco después intento calmarse.

Los puños de Kibito hicieron presión fuertemente, como un signo de irritación la cual era provocada por las salvadora palabras del ángel. Otras vez, como tantas otras veces el asistente del Dios destructor mostraba ser superior; salvándolo de las garras del gato mañoso. Lo odia, y la tensión dentro de la sala solo incrementaba su odio así como su frustración en sentirse tan vulnerable e incapaz de poder hacer algo hasta por el mismo.

-Wiss- Dijo Bills captando la atención de todos. -Ve a buscar al supremo kaiosama. Nos vamos-

-¡¿Qué?!- Dijeron Kibito y el anciano.

-Si señor-

-¡No, espera!- Dijo Kibito alarmado. – Señor Bills…-

El gato interrumpió nuevamente y dijo: -Cierra la boca. Cuando tienes su vida en tus manos también tienes la mía. No puedes protegerlo y eso me pone en riesgo-.

-Por favor Señor Bills- Dijo el anciano supremo. -El tiene un deber en este planeta…-

-Pues hazlo tú. No es mi deber buscar a quien anda matando Kaioshines por el universo, pero si encuentro a quien lo hizo lo aniquilare- Respondió, y luego continuó. -¡Wiss! ¿Qué estás haciendo?-

-Ya, Ya…- Respondió entre suspiro.

Sólo en cuestión de segundos el Ángel se dispuso a caminar en dirección a Shin y cumplir con la orden de su amo. Kibito no pudo evitar apresurarse detrás; casi pisando sus talones, tampoco le importaba si lo hacía… Al demonio con el Ángel y sus aires de superioridad…

-Lo siento. No es contigo…- Dijo Wiss caminando.

Kibito frunció el ceño y de un solo movimiento tomo el brazo de Wiss obligándolo a detenerse y volteándolo.

-¡Tiene que ver conmigo por que soy su asistente!-

-Suéltame por favor- Respondió el Ángel mirando su brazo y luego a Kibito.

-No necesito de tu caridad para no morir en manos de tu mañoso amo…-

-Dije que me sueltes- Respondió Wiss sonando más firme.

-¡No puede llevárselo!¡Haz que se detenga!-Respondió Kibito casi desesperado.

-¡Suéltame ahora!- Respondió Wiss molesto.

Kibito soltó el agarre rápidamente acompañado de un retroceso en sus pasos.

-No puedo darle órdenes a mi señor- Respondió Wiss.

-Tú eres más poderoso que Bills ¿Dime porque aceptas todo lo que te Dice?-

El ángel guardo silencio unos cuantos segundos, hizo una pequeña sonrisa y respondió: -Mi deber es proteger, controlar al señor Bills y crear los cuerpos celestes de este universo. No puedo dar órdenes que sobrepasen las reglas permitidas. No puedo ordenarle a mi señor que deje aquí al supremo kaiosama-

-Porque a ti no te conviene ¿cierto?- Dijo en un reproche.

-¿Qué sucede contigo? No estoy aquí para alterar la posición de Shin…-

Nuevamente Kibito presionó sus puños, su rostro se endureció aún más. Mordió su lengua desesperado por no dejar escapar todo el reproche que tenía para hacerle al maldito ángel que sólo llevaba de ángel el disfraz. Su rostro afirmaba que no soportaría un segundo más la agraciada sonrisa que este sostenía en su cara ¡Estaba furioso! Lo decían sus ojos que parecían desprender fuego, la ira de abalanzarse y golpear ese perfecto y celestial rostro quemaban sus puños, aún sabiendo que no tenía oportunidad de hacerle un rasguño…

Wiss volteó dando la espalda nuevamente, dispuesto a continuar su camino hasta llegar a Shin, pero al instante volvió a escuchar la sonora voz de Kibito.

-Cómo pudiste ser tan egoísta y borrar sus recuerdos…- Dijo finalmente. Sus palabras sonaron dolorosas y apenado, pero sin una gota de arrepentimiento por ser dichas.

Wiss detuvo sus pasos. Agradecía que nadie pudiera ver la sorpresa que traía en su cara al escuchar esas palabras. La expresión cambiaba conforme avanzaban los eternos segundos y la pregunta llego a su mente ¿De dónde había sacado esa información? ¿Acaso recordó algo?

-Dime… ¿Cómo pudiste hacerle eso? Todos estos años… ha sufrido como no tienes idea. Ha vagado sin rumbo intentando saber que sucede con él. ¿Cómo te atreviste a controlar la vida de un dios creador? ¿Para eso si tienes poder verdad? Tu lo condenaste a la miseria, haz hecho de él una marioneta tuya y todavía tienes el descaro de tocarlo con tus sucias manos.

-No discutiré eso contigo ahora…- Dijo Wiss apenas con un hilillo de voz.

-No- Dijo Kibito con una media sonrisa. -Claro que no lo harás. Porque eres un cobarde y no te atreves a enfrentar lo que digo-

-El señor Bills está esperando en la sala. Debo apresurarme…-

-Por supuesto. Solo déjame decirte algo más. Has estado observándolo y de otra manera no se hubiesen enterado de lo que sucedió en el planeta Kai-Shin- Hizo una pausa mientras apretaba sus puños nuevamente y dijo. - No te atrevas a separarlos otra vez. Porque no te matare a ti de eso estoy seguro, pero me asegurare de Shin te odie por el resto de su vida-

El ángel, aun de espalda, dejo pasar unos segundos; tal vez meditando… luego continuo caminando hasta la habitación del supremo. No estaba demasiado lejos y no tardo en llegar, sin embargo se detuvo en la puerta. Nuevamente volteo a ver en dirección a Kibito, quien estaba unos pasos más atrás y dijo: -No hay lugar para el odio en el corazón de Shin. Nunca lograras que me odie…- - ¡No puede!- Dijo eufórico mostrando una mirada empañada de lagrimas contenidas.

-Cierra la boca de una vez…- Dijo Kibito en un susurro y calmado. - Ve, y haz lo que sabes hacer con él, Obligarlo- Reprocho y acto seguido volteo en dirección contraria para volver a la sala.

Sin más palabras para decir, Wiss giro el picaporte abriendo la puerta de la habitación y encontrándose en la oscuridad. No era de su naturaleza entrar sin avisar, y agradecía aquella imprudencia cometida por los acosos de Kibito. Había logrado ponerlo incomodo sobre todo cuando aun no sabía cuál era la fuente de información. Sin duda no deseaba interferir esta vez, pero… ¿Cómo informar aquello? aun podía sentir la mirada de su padre sobre los hombros.

-Estoy bien Kibito…- Dijo la voz del supremo haciendo que Wiss volviera a la realidad.

-Siento entrar de esta manera- Respondió el ángel.

El joven supremo encendió la luz del velador rápidamente y respondió: - Wiss ¿Qué haces aquí?-

-Por tu seguridad- Respondió haciendo una pausa, recordando las últimas palabras de Kibito. -Por tu seguridad el señor Bills deseas que vengas con nosotros-

-¿Qué dices?- Respondió Shin frunciendo el ceño y saltando de la cama. -No. No iré con él, estoy bien aquí-

-Insisto. El señor Bills cree que estarás mas seguro en su planeta-

Shin sonrió, como si hubiera escuchando un chiste y luego dijo: - No voy a ir con Bills. No tiene derecho-

Wiss, dejo escapar un suspiro agotador. Cerro sus ojos intentando pensar en las palabras correctas, no quiera caer en las predicciones de Kibito; no deseaba obligarlo…

-Por favor…- Dijo Wiss; mas en un suplicio.

-¡No tiene derecho Wiss!- Dijo Shin completamente molesto.

-No hagas esto difícil por favor…- - No quiero obligarte- Dijo finalmente, aun mas suplicante. - No quiero irme de aquí contigo arrastrándote, no quiero que discutas con el señor Bills. Solo acepta lo que dice, no será para siempre-

-¿Por qué siempre tengo que acudir a los caprichos de los demás?- Pregunto molesto evadiendo las palabras del asistente.

-Lo siento…-

-Tú eres su asistente, dile que no es correcto. No puedo abandonar mi planeta soy el supremo Kaiosama y tengo una obligación aquí-

-La única obligación que tienes es de sobrevivir- Se escucho decir a Bills apoyado en el umbral de la puerta. -Empaca tus cosas, "Querida". Nos vamos-

- No puedes obligarme- Dijo Shin completamente sulfurado; como pocas veces.

-¿Quién lo dice? ¿Tu? Tu ni siquiera puedes protegerte a ti mismo, y no voy arriesgar mi vida por tu estúpido capricho de quedarte aquí. Ahora muévete-

-¡No lo haré!- Respondió determinante. -¡No vas a manejarme a tu antojo, no tienes derecho!-

-¡Si lo tengo! ¡Es mi vida la que corre peligro maldita sea, no me hagas perder el tiempo en este aburrido lugar que huele a flores silvestre y muévete!-

-¡Te dije que no iré contigo! ¡No vas a obligarme y si lo haces me iré de todas maneras!-

El dios destructor corrió completamente enfurecido hasta Shin para luego tomarlo del traje y dijo: -¡Si tú haces eso…!

-¡¿Qué?!- Respondió Shin en un grito. Después, sonrió y continuo. -¿Vas a matarte? ¿Vas encerrarme en una espada? Suéltame y déjame tranquilo-

-Wiss- Dijo el dios destructor aun sosteniendo a Shin.

-Oh… no señor- Respondió Sabiendo a lo que se refería.

-¡No te niegues a una petición mía!¡Es una orden! ¡Absorbe ahora sus poderes y larguémonos de aquí!-

En un intento por zafarse, el jovencito forcejeaba su traje y empujaba las manos de Bills.

El gato, no poseía habilidades como absorber poderes y mucho menos encerrar a kaioshines en espadas, su única función era simple; destruir. Su arma más poderosa siempre había sido Wiss; el encargado de hacer el trabajo sucio.

-No te atrevas…- Dijo Shin observando el acercamiento de Wiss.

-Señor Bills- Dijo Wiss.

-Y ahora ¿Qué quieres?-

-Cumpliré su petición. Tan solo ¿Podría dejarme a solas con el supremo Kaiosama?-

-¿Por qué haría tal cosa?- Pregunto Bills.

-Porque tengo respeto hacia él y no me gustaría hacer esto mas forzoso de lo que ya es-

Bills resoplo mientras soltaba a Shin y respondió: -Apresúrate-

El dios destructor abandono la habitación rápidamente. Y en pocos segundos Wiss ya estaba más cerca de Shin. La mirada acusadora que le dedicaba tal vez era la peor que podría haberle mostrado a alguien. Por primera vez podía ver la furia de Shin; y no era para menos, porque su amo había sobrepasado sus límites. Sus acciones no eran correctas, sin embargo, nada podía hacerlo cambiar de opinión cuando su único interés era mantenerse con vida.

Tomo asiento en la cama e intento serenarse teniendo la esperanza de que también podría calmar el visible enojo de Shin, segundos después estiro sus brazos con el propósito de atraer a Shin y tomar sus manos, no obstante, el jovencito respondió haciendo unos pasos atrás.

-Supremo…-

-¿Ahora soy supremo?- Pregunto Shin aun enfadado.

-Shin…- Dijo en un susurro. - Ven por favor…-

La respuesta del jovencito no se hizo esperar y dijo: -No quiero estar contigo, quiero que tu y Bills se vayan de mi planeta-

-No te enojes conmigo. Escucha, sabes que es mi deber cumplir con sus órdenes. Entiéndelo…-

-¿Y quién me entiende a mi? Porque a todos en este maldito mundo parece que les vale madres un dios creador-

-Yo te entiendo a ti y por eso no quiero hacer esto. Ven por favor…- Dijo Wiss en un suplicio. -No me rechaces por tu enojo hacia Bills. El no tiene nada que ver conmigo… Ahora entiéndeme tu a mi-

Shin, intento calmarse, esta vez aflojando sus hombros en un intento por dejar ir la tensión. A paso calmado acortaba los pocos centímetros que lo separaban del Ángel, y en un instante ya tenía sus manos sobre las de Wiss. El ángel las presiono levemente esperando poder inspirarle seguridad y calma. El objetivo de atraerlo hacia su cuerpo y abrazarlo empezaban a hacerse posibles ahora que el joven supremo se dejaba llevar por los encantos del ángel.

-Confía en mi…- Dijo Wiss una vez teniendo el rostro de Shin a escasos centímetros. - No durara para siempre y yo estaré contigo cada día hasta que vuelvas aquí-

Los ojos de Shin se aguaron rápidamente, y su frustración e impotencia eran vista con total claridad frente a la mirada de Wiss, quien lamentaba profundamente todo lo que estaba sucediendo, pero sin poder hacer algo realmente.

-¿Por qué no puedo tener mi libertad?- Dijo Shin, dejando que sus lagrimas cayeran. - ¿Por qué todo es tan difícil para mí? Yo, yo no quiero vivir así…-

-Oh Shin…- Dijo Wiss abrazándolo. - Lo siento…-

Quizás solo Wiss era capaz de percibir el dolor; él, el único que había vivido su historia y aun conservaba cada recuerdo en su memoria.

Los brazos del jovencito finalmente rodearon el cuello del ángel. Estaba derrotado, y su renuncia era presentada frente a los ojos de Wiss con ese abrazo, esperando de una vez que hiciera lo que debía hacer antes de causar más caos dentro de su planeta.

El convenio

-Después de siglos de tanto esperar. Se despertaron para regresar. Magia, lujuria y hechizos de amor. Ritos ocultos sombría pasión-

Las frases de la Hechicera Towa eran acompañadas la melodía de su propia voz. su sonrisa, mostraba claramente que todo marchaba a la perfección en su vida. En los últimos días, había dedicado todo su tiempo a convertir en polvo las piedras que había tomado del planeta Garnet.

Dabura acompañaba a la mujer en silencio. En sus manos sostenía uno de los tantos libros que había hurtado del algún planeta lejano; luego de asesinar a toda las especies, claro. De vez en cuando, le dedicaba una que otra mirada a su hermana para observar que demonios hacia con las condenadas piedras, pero además, quería observarla para hacer uno que otro revoleo de ojos por escucharla cantar.

-Eres malditamente diabólica…- Dijo Dabura apenas alzando su vista.

-Lo sé…- Respondió la joven Towa sin poder evitar sonreír y bailar sobre el lugar.

-¿Y a que se debe tu perversa felicidad?- Pregunto volviendo a quitar la vista del libro. -Porque te recuerdo que no hemos conseguido nada y esto no le gustara al abuelo…- Hizo una pausa y continuo. -Por cierto… ¿En donde esta?-

Towa sonrió y respondió: -Causando algún destrozo supongo. Recupero su libertad ¿Qué esperabas?-

-Amm… Por supuesto. Ahora dime, tú no eres un Kaioshin ¿Cómo diablos abrirse las puertas del mundo demonio?-

-¡Oh! Jajaja- respondió risueña. -Hasta que por fin lo preguntas… Bueno, digamos que el anciano del universo 10 le entrego la clave a una bruja… y pude hacer algunos cambios.

El Demonio sostuvo la mirada con la mujer unos cuantos segundos y dijo: -Eres mas diabólica de lo que pensé-

-¡Lo sé!- Respondió entusiasmada y esbozando una gran sonrisa. - Sucesos maravillosos ocurren cuando la ultima sacerdotisa Shin-jin de la magia oscura, está viva-

-Ya… Me das asco. Deja de lucirte- Respondió mientras revoleaba el libro. -Ese maldito libro no tiene nada sobre elfos. Empiezo a odiarlos….-

-Relájate Hermano. Estas muy tenso…-

-Y tu demasiado feliz, y te odio- Respondió y luego recargo su espalda en un lujoso sillón.

-Y yo te odio a ti, querido. Es mutuo, pero tendremos que soportarnos. Aunque si quieres puedes volver a tu castillo, ahora puedes entrar y salir las veces que quieras-

Dabura miro con desconfianza a la mujer y respondió: -Olvídalo, no confió en ti…-

Towa interrumpió rápidamente y dijo: -¿Qué estás diciendo? ¿Acaso me crees capaz de encerrarte en ese agujero otra vez? Tu puedes entrar y salir cuando lo desees. En cuanto a los demonios, saldrán cuando reciban mis órdenes-

-Yo, soy un demonio, querida- Dijo Dabura rápidamente.

-Rey dios Demonio. No confundas tu posición con la de esos Shin-jins oscuros muertos de hambre- Dijo la mujer seriamente. Poco después volcó el polvo en un recipiente y continuo diciendo. - Tu eres el Rey y deberías tomar tu castillo nuevamente. En cuanto al abuelo, yo cuidare de él, créeme, tiene más miedo que tu de volver al mundo demonio-

El demonio rosado meditaba las palabras de su hermana con total seriedad. Tenía grandes deseos de volver a su hogar pero el temor de ser encerrado lo invadía a cada momento. No podía fiarse de Towa, nunca lo había hecho; esta siempre traía un AS bajo la manga.

-Lo pensare- Respondió Al cabo de unos segundos.

La joven sonrió casi complaciente, aunque en el fondo aquella sonrisa no era más que la máscara que usaba cuando se sentía amenazada o en su defecto, cuando su hermano no confiaba en ella; no lo culpaba, si ella fuera él tampoco confiaría, aun así, era capaz de ofenderse. Rápidamente, los ojos de la mujer se posaron en la puerta de entrada, tenía la leve sensación de que alguien había del otro lado, lo cual era raro, nadie la visitaba y si su abuelo fuera el recién llegado; ni siquiera tocaría a la puerta.

Camino a paso lento hasta la puerta; desconfiada, como si lo que estuviera del otro lado no le fuera de agrado, o como si realmente no pudiera definir quién osaba invadir su solitario, oscuro y nefasto planeta. Era un chiquero, libre de vegetación o cualquier otro ser vivo, era un pedazo de roca flotando en el universo, uno de los tantos planetas deshabitados que Bills el destructor no había notado. Al llegar a picaporte solo coloco su mano y se tomo unos segundos más para abrir la puerta, no sin que antes fuera interrumpida.

-Oye… ¿Qué sucede?- Pregunto Dabura extrañado.

-Shh, Cierra la boca- respondió la mujer. Acto seguido, y con todo el aplomo abrió la puerta de su demacrada choza.

La hechicera retrocedió unos pasos mientras su cara mostraba con enormes ojos y boca abierta la sorpresa de ver a alguien que jamás creyó que vería en su vida. Sin embargo, no estaba feliz de tener aquella presencia en su planeta.

-Agradezco tu recibimiento- Dijo Daishinkan con una gran sonrisa.

-Oh… maldición- Alcanzo a decir Dabura retrocediendo todo lo que podía.

Towa, aun sorprendida, dibujaba una leve sonrisa que adornaba su rostro. Era una sonrisa sincera, porque a decir verdad; estaba demasiado loca como para no sentir una pizca de temor frente al sacerdote, el Rey y padre de los ángeles.

-Espero no haber llegado en un mal momento-

velozmente la mujer se compuso y con una nueva sonrisa respondió: -Por supuesto que no. Usted es bienvenido-

-Es agradable oír eso. Pero de todas formas no te robare mucho tiempo- Dijo el Sacerdote dedicándole a la mujer una agradable sonrisa.

-¡Oh! No se preocupe. Es una falta de educación no invitarlo a pasar, después de todo mi planeta no es muy agradable que digamos-

-¡Ah! Descuida. No estoy aquí por tu planeta- Respondió Daishinkan, luego acepto la invitación de Towa.

-Ah ¿No?- Respondió la mujer en forma de chiste. -Y… entonces. ¿A qué se debe su agradable visita? Si prefiere hablar conmigo a solas puedo decirle a mi hermano que se vaya…-

-¡Oh no!- Respondió dedicando una rápida mirada a Dabura que yacía de rodillas ante su presencia, totalmente silencioso. - Eso no será necesario. De hecho tal vez necesites ayuda-

-¿Cómo?- Pregunto confundida.

Daishinkan suspiro conservando su sonrisa y dijo: - Seré breve. Tú me consigues información del aprendiz del universo 10 y yo cambiare la historia que tu tanto deseas. Los Kaioshines pasaran a prisión, o serán asesinados ¡Como tú lo deseen! gran sacerdotisa oscura. Tendrás a tu merced todo lo quieras y yo me encargare de protegerte… ¿Qué dices?-

La joven hechicera permitió que una nueva sonrisa; esta vez triunfal, adornaran su bello rostro. Sus ojos no abandonaban la figura del sacerdote demostrándole que estaba profundamente feliz, entusiasmada con lo que acababa de escuchar; su felicidad era inevitable de no ver.

-Mmm… Me conmueve poder contemplar su sonrisa- Dijo el sacerdote respondiendo a su expresión.

-¡Oh por dios! Lo siento. Estoy, yo estoy…- Dijo entre balbuceos. -Estoy emocionada y a la vez profundamente agradecida con usted-

A lo lejos, Dabura conservaba su ojos en el suelo. Estaba tan sorprendido como su hermana, pero sin poder emitir un sonido. Por otro lado, la futura y positiva respuesta de su hermana le traía un mal presentimiento. Estaba siendo apresurada en cuando a su decisión, pensaba. No estaba jugando con cualquier ser ordinario de este mundo… El inicio de su juego estaba a punto de hacerlo con un sacerdote; un ser misterioso que era la mano derecha del todo.

-Bien, frente a tu respuesta… Supongo que puedes saber todo acerca de ese joven muchachito- Dijo Daishinkan.

-Puedo hacerlo, claro que si- Respondió con una gran sonrisa.

-Y además tengo entendido que también has visitado a su maestro. Espero que el anciano no sea un problema para ti-

-Despreocúpese, puedo manejar a ese anciano. Sin embargo- Dijo haciendo una pausa. -Sería un honor para mí saber el motivo de su interés por el aprendiz-

El sacerdote hizo unos minutos de silencio contemplando el rostro risueño de la mujer y segundos después respondió: - Es un asunto delicado. Sospecho que no es solo un simple aprendiz…-

-Pues no lo es- Respondió Towa rápidamente. - Y ciertamente no comprendo cómo es no logro notar que él no es de este mundo-

En cuestión de instante la sonrisa de Daishinkan comenzó a borrase. Esto provoco que la mujer también dejara de sonreír y que nuevamente hablara.

-¡Oh! ¡Lo siento! Dije algo que no debía, no quise decir que usted es tonto y que no pudo verlo antes…-

-No es de este mundo…- Dijo extrañado.

-No. No lo es- Respondió Towa, casi sin poder hacerlo a ser indagada nuevamente.

-¿Quién mas lo sabe?-

-Solo yo, y mi hermano-

Aun desorientado el sacerdote volvió a preguntar: - ¿Y el anciano?-

-¡Oh! jaja-Respondió Towa y después dijo: - Ese viejo no entiende nada. Esta demasiado sumergido en este mundo para notarlo.

El sacerdote sumergido en sus pensamientos, había dejado atrás a la mujer. Su mente ahora intentaba acomodar sucesos pasados, alguna pista que Neptuno haya dejado. Estaba seguro de que todo tenía que ver con Neptuno; no podía ser de otra manera. Por dentro, el ángel hervía de solo pensar que Neptuno podría tener el juego ganado. ¡Ni siquiera sabía qué demonios planeaba! ¡Lo odiaba! Detestaba profundamente a Neptuno; siempre lo había hecho. No había forma de librarse de él, o eso pensaba en aquellos momentos. Su odio, crecía día a día al no poder descubrir nada. Debía eliminarlo cuanto antes, sin embargo dudaba en hacerlo…

La certeza de estar haciendo lo correcto pisaba sus pensamientos una y otra vez. Ya no sabía que era mejor, si tenerlo vivo o muerto, cerca o lejos. Solo sabía que su odio se incrementaba a pasos agigantados… Ahora solo se encontraba completamente confundido.

Continuara.