Buenas tardes, espero que todos estén bien. Tenía pensado subir este capítulo el día viernes, pero estuve dos días sin internet por problemas técnicos en casa, quise subir anoche cuando volví del trabajo y vi que tenía señal, pero fue una mentira y descubrí que aún no tenia, en fin. Aprovecho el día de hoy para subirlo… no sea cosa que termine sin internet más tarde.
Quisiera informar que este capítulo tiene algo de violencia, lo aviso antes para que quienes leen en su momento no se encuentren con que realmente no querían leerlo ya que puede herir la sensibilidad de alguien. Como quizás no hiera a nadie, no lo sé, cada cabeza es un mundo.
Bueno, también en este capítulo se resuelvan algunas dudas más como quizás y quienes ya lo notaron se den cuenta de que estaban en lo cierto. No pude hacer más corto el capítulo y de hecho no reúne mis expectativas para ser publicado pero bueno… dejo el resto para el próximo como siempre. Espero que sea de su agrado.
Me disculpo con aquellas personas que me enviaron un mensaje privado y no pude responder a tiempo, además de no tener internet tenia exámenes finales.
Muchas gracias por pasarse a leer y tengan una buena tarde. Saludos
PD: Como siempre digo… Si hay errores y gustan hacérmelos saber pueden decirme.
nota: 15-07-2017 Encontré varios errores, entre ellos diálogos que estaban mas redactados, frases no concluidas y algunos errores de ortografía. Los solucione. Disculpen los errores. Saludos
Annanda
Capítulo 10
Rey Dios Neptuno
Somos "eso". Lo que penetra todo, eso en quien todos los seres residen y que reside en todos los seres. Somos el alma suprema del universo. Somos "eso" que llena todo completamente desde adentro y desde afuera, el supremo noble no dual.
Cristal
El ángel abrió las puertas de la sala; algo brusco. En su cara no se expresaba nada, ni tampoco algún gesto agradable o desagradable. Sin embargo, emocionalmente estaba tumultuoso; con deseos de gritar y decir cuánto insulto se le cruzara por la mente. Pero tampoco es que sintiera culpa por ese repentino sentimiento; culpa por ser un ángel, claro. Esas eran las desventajas de estar en la tercera dimensión.
El motivo de la perturbación estaba frente a sus ojos, y sabía que cuanto abriera las puertas se encontraría con el semblante de su padre; en efecto; allí estaba. Brindaba su mejor faz, sonriente y agradable; asquerosamente agradable, lo suficiente como para golpearlo por sonreír estúpidamente. Lo hacía como si hubiera descubierto el gran chiste cósmico y ya no tuviera motivos para preocuparse por nada. A todo ese alboroto silencioso y como si fuera poco tener que soportar sus marranas expresiones, también tenía la fineza de hablar.
—No se te ve muy feliz de verme— Dijo el sacerdote — Y yo que venía a proponerte nuevas aventuras…
El ángel sonrió; con toda la naturalidad posible, aunque se sabía que era una fachada, luego respondió: —Lo siento. Buenos días padre. No te esperaba hoy, de hecho, estoy bastante ocupado.
—¡Lo imagine! — Exclamo aparentando importancia —Pero no te quitare mucho tiempo. Es una linda mañana ¿Quieres salir a recorrer el jardín?
Wiss lanzo una mirada confusa, aunque también algo sorprendida, pues aquella frase fue la primera que le dijo a Shin al visitarlo hacía unos minutos atrás. Por supuesto que escuchar la respuesta fue desagradable, tanto como comprobar que su padre lo observaba en todo momento y hasta se tomaba la molestia de recordárselo, como si estuviera diciendo: Cuidado ¡te estoy observando! Como si no lo supiera…
—¿Qué ocurre? — Pregunto Daishinkan al notar que Wiss estaba petrificado sin quitarle la mirada de encima y sin decir una sola palabra — Hablo enserio, caminemos un momento— Dijo. Pero Wiss continuo con su silencio y se limitó a asentir con su cabeza para luego empezar a caminar.
El recorrido fue silencioso, y no mucho después ya se encontraban bastante alejados del castillo. Suspiro a cada paso que dio, y hasta se desesperaba por darle fin a esa tortura deseando que su padre se fuera por donde llego. Pero sus sueños estaban lejos… porque antes debía escuchar "La nueva aventura" y la que seguramente no podría rechazar, además también tendría que escuchar un nuevo sermón…
—Aquí está bien— Dijo el sacerdote frenando sus pasos y volviendo a sonreír como de costumbre. Wiss también se detuvo colocándose frente a este y esperando a que su padre hablara nuevamente, lo cual no tardó mucho en hacer solo que ahora le dedicaba una nueva, cochina y mordaz sonrisa. —Debe ser frustrante para ti saber que tu amado Neptuno y ese aprendiz se encontraron ¿Verdad? Al parecer… el destino se empeña en querer cruzarlos — Hizo una pequeña pausa al ver la mirada inexpresiva de su hijo y continuo — Todo esto resulta como un ciclo necesario… y fatal; para mí, claro. Dime ¿Qué crees tú?
—Yo creo que no debes preocuparte, padre— Respondió Wiss, un poco afectado por el comentario, pero intentando no darle importancia alguna, después continuo: —En cuanto a mí, conozco mi posición.
—Por supuesto— Respondió sonriente — Tu posición… ¿La de no hacer nada? …
—Estoy haciendo lo que me pides— Respondió rápidamente
—Pero a mí no me interesa tu posición. Sólo quiero que obedezcas.
—Ya te dije que estoy haciendo lo que me pides— Respondió el ángel esta vez un poco molesto
—No es cierto. Pero hablaremos de eso luego, ahora estoy aquí porque tienes una nueva aventura, le diré aventura porque la palabra "trabajo" suena espantoso.
— No entiendo— Dijo el ángel confundido.
—Es que no he terminado— Dijo casi interrumpiendo, después camino unos cuantos pasos dándole la espalda y dijo: —En un principio tu deber era buscar que demonios quería Neptuno con ese Shin—jin y también mantenerlo bajo las redes de este mundo, por supuesto. Pero debido a que eres un inútil cuando se trata de conseguir algo de información me vi en la necesidad de incluir a Towa en mis aventuras, o en uno de mis planes ¡Como quieras llamarlo! ¿Cómo te gustaría llamarlo? — Pregunto el ángel sobándose las manos y luego volteo rápidamente a mirar al joven ángel
Wiss hizo un reboleo de ojos, para nada disimulado y respondió con una voz irritada: —¿Puedes continuar? Por favor.
—¡Oh claro! Bueno. Towa buscara la forma de saber quién es ese Shin—jin y tú le ayudaras.
—Oh… padre. No — Respondió Wiss mostrando un rostro consternado.
—¡Si lo harás! — Respondió determinante — Y, además, como ya sabes lo que sucedió en el planeta kai—shin, también estarás enterado que los dioses destructores quieren aniquilar a ese asesino. De esta forma Towa no puede moverse libremente por algunos universos… sobre todo el universo diez. Así que debes distraer a tu pequeña hermana y buscar la forma de que fije sus ojos en otro lugar que no sean los universos.
—¿Y cómo quieres que la distraiga? No puedo armar ilusiones con ella, es mi hermana y conoce todos mis trucos.
—No lo sé, ya te las arreglaras. Tu solo has lo que te pido.
—¡Es que estoy haciendo todo lo que me pides! — Respondió alzando su voz con ferocidad — ¡Hago todo lo que me pides, pero no puedo mentirle a Cus! Lo descubrirá y pensará que estoy planeando un asesinato con los Makaioshin…
—¡Oh, jajaja! — Alcanzo a decir Daishinkan con una sonrisa e interrumpiendo a Wiss. Quien ahora veía a su padre con ojos enmarañados — Que buena percepción tienes…
—¿Qué? — Dijo más confundido al tiempo que negaba con su cabeza — Padre, yo…
Esta vez el sacerdote interrumpió y dijo: — Te comportas como niña…
Wiss apretó los puños. Ahora, totalmente violentado grito: — ¡¿Por qué me cargas a mí con toda esta responsabilidad?! ¡Estoy cansado!
—Yo también estoy cansado Wiss. Estoy cansado de ti, estoy cansado de Neptuno, estoy cansado de no saber qué demonios está buscando y estoy cansado de este mundo.
—¡¿Y cuál es tu problema con eso?! — Dijo Wiss. Al instante el sacerdote interrumpió.
— ¡Él es mi problema maldita sea! ¿Todavía no lo entiendes? ¡Él es mi maldito problema, él y todas las cosas que siempre hizo a escondidas! — Grito — ¡Ya deja de estar jugando con Neptuno! Quiero verlo a tus pies y por el contrario tu estas a sus pies ¿Qué parte no entiendes de que quiero que este fuera de mis planes?
—¡Dime tus planes! — Grito Wiss — ¡Ahora! ¡Dime tus planes de una vez!
— Claro que no, no son asunto tuyo…
—¡Lo son! — Respondió el ángel interrumpiendo — ¿Por qué solo me incluyes a mí en todo esto? ¿Es por Neptuno, por el vínculo amoroso que tenemos? ¿Acaso no te importa el amor que nos ha dado a mí y a mis hermanos en tantos millones de años? ¿Qué sucederá cuando los demás se enteren que no quieres que Neptuno vuelva con nosotros?
—¡Ya! — Dijo furioso — Ya deja de nombrar a Neptuno como si fuera un santo ¡No lo es! ¡No, no y no! ¿Y quieres saber algo más? ¡Tus hermanos están al tanto!
Los ojos de Wiss se abrieron enormemente. El corazón le retumbo y por su Columna paso un ligero escalofrió, luego pensó. Como era posible… ¿Cómo era posible que sus hermanos estén al tanto de lo que su padre planeaba? ¿Cómo era posible que ninguno de ellos dijera absolutamente nada? Pronto se sintió engañado… y apenas dejo escapar en un susurro derrotado: — Que…
—¡Así es! Y no son como tú. No discuten y no objetan nada. Tu eres una maldita desgracia para mi… tu eres un traidor. Pero no te dejare que me traiciones porque si lo haces te pondré en la oscuridad por toda la eternidad. ¡En cambio! Tus hermanos; Korn, sour, Awamo, Campahri… Entre otros. Ellos si son leales a mí y saben perfectamente mis planes.
Con cada palabra el ángel se vio más y más derrotado. De su mano se deslizo el báculo cayendo al suelo, ni siquiera alcanzaba a comprender de qué forma sus hermanos habían aceptado cualquier tipo de plan macabro que su padre tuviera contra Neptuno o contra lo fuera. Su garganta no llegaba a pronunciar ni la más corta palabra, todo lo que pudiera decir se ahogaba antes de fluir, estaba derrotado.
El Sacerdote admiraba toda esa expresión, hasta el punto de regocijarse con solo dedicarle una penetrante mirada y una nueva sonrisa; una de auténtico triunfo, como si tuviera todas las partidas ganadas o como si nada pudiera salir mal. Al cabo de unos segundos y frente a un Wiss completamente atónito, dijo:
—Pero… Sin embargo, no puedo confiar en Vados, tampoco en Cus. Ellas tienen una manera diferente de ver las cosas, algo similar a ti. ¡A la larga tendrán que comprenderlo! Como tendrás que comprenderlo tú, y si se oponen; todos tendrán el mismo destino. Así que no te sientas único porque no lo eres. Busca la forma de distraer a Cus. Towa necesita moverse libremente por el universo diez así que quítala de mi camino… — Hizo una pausa contemplando un momento más el desasosiego de Wiss y dijo: — Y esta demás decirte esto, pero como eres un inútil te lo repetiré: "De ahora en más accederás a trabajar para Towa.
Wiss apretó los puños. La indignación tocaba su punto más alto. El saber que sus hermanos estaban al tanto de todo; ese pensamiento, giraba como gigantesca nube en su mente, provocándole una ira insostenible. Nuevamente volvía a pensar ¿Cómo era posible que sus hermanos olvidaran lo que Neptuno alguna vez significo? Pero otras preguntas más llegaban ¿Qué es lo que sabían exactamente?
¡Pronto! Recordó la conversación que tuvo con Neptuno, en donde este decía que buscara a sus hermanos y los incluyera en su misión… "No estás solo" Escucho decir a la dulce voz de su Neptuno dentro de su cabeza… clara, tan clara como si estuviera escuchándolo en ese mismo instante
—No escucho que estés de acuerdo Wiss— Dijo Daishinkan, resonando con fuerza dentro de los oídos de Wiss y quitándolo de su estado. Pero el ángel aun sobresaltado y bastante desorientado había escuchado sus palabras y rápidamente respondió:
—¿Qué diferencia hay entre estar de acuerdo y no estarlo?
—Que será menos doloroso para ti— Respondió sonriendo satisfactoriamente.
—Dime, dime ¿Qué le ofreciste a Towa exactamente?
—¡Oh bueno! Por eso dije que tenías una buena percepción. Y eso es fácil de saber. Los makaioshins siempre estuvieron enfrentados con los kaioshins por sus estúpidas diferencias. Ellos quieres gobernar en este mundo y enviar a los kaioshins al agujero que ellos mismos crearon para estos. Ella está desesperada por llegar a sus objetivos y yo estoy desesperado por saber qué demonios esconde Neptuno y el porqué de la insistencia con ese aprendiz. ¡De camino aquí! Pensé que tal vez era una buena idea que Neptuno despierte; de esa forma me guiaría a conocer sus propósitos, pero luego comprendí que es arriesgado porque sus planes están fuertemente vinculados con ese Shin—jin y aun no sé quién es o que tiene. En este mundo ese aprendiz es un pobre desgraciado como lo fuiste tú alguna vez, sin embargo, para tu amado Neptuno es importante… por lo tanto también lo es para mí. Si ese Shin—jin se convierte en una amenaza lo eliminare al igual que hare con Neptuno si no lo mantienes dormido en este asqueroso mundo. En cuanto a Towa; le daré lo que quiere… y espero que lo disfrute mientras pueda…
El joven asistente dejo escapar un suspiro, uno de esos cansados y con rastros de dolor, como si ya no tuviera fuerzas para oponerse… Las palabras de Neptuno volvían a su mente "No dejes de hacer lo que te pide" Y ellas penetraban filosamente en su cabeza empezando a querer ceder; estaba cansado. Nuevas preguntas surgían; tenía muchas ¡Demasiadas! Y sabía que tal vez no serían respondidas, pero aun así dijo:
—¿Por qué…? ¿Por qué haces todo esto, padre? Te lo he preguntado miles de veces… y, yo no logro entender. Tú, tu eres la mano del gran Zeno sama…
Daishinkan casi interrumpiendo respondió sobre Wiss: —Cierra la boca. Tu cumple con lo que te digo y no te metas. Tu labor aquí es ponerte entre las piernas de ese kaioshin…
—Oh…padre —Respondió Wiss negando con su cabeza — No es necesario…
—Lo es— Dijo. Y volvió a sonreír ampliamente. Luego continuo: — En este mundo lleno de deseos será efectivo. Aquí, donde el sexo es el origen del amor… el cual es falso, por supuesto ¡¿Qué no hace este mundo por tener amor?! … Canciones de amor, himnos devocionales al amor, dioses inventados que profesaban amor. Pero no hay lugar para el amor en este mundo Wiss. No hay palabra más falsa que el amor humano… por lo tanto ¿Qué queda para los dioses? ¿Acaso ellos conocen el amor? La clase de amor que predica este mundo se ha vuelto una desgracia esencial que solo ha logrado cerrarle todas las puertas al amor.
Wiss curvo las cejas, cambiando su semblante dolido a uno exasperado; incapaz de sosegarse y contener las palabras que venía ahogando en su garganta y que quemaban su estómago. Esta vez no le importaban las consecuencias, y sin muchos rodeos dijo: — ¿Y qué sabes tú del amor?
El sacerdote de volvió furioso en tan solo un parpadeo; violento, mucho más agresivo que minutos antes y al instante alzo su mano presionando su puño. Wiss, allí de frente sintió como la telequinesis de su padre hacia efecto presionando su cuello hasta el punto de sonar como si estuviese rompiéndose. Poco después, volvió a escuchar la voz de su padre: — No me desafíes… Yo te amo Wiss, to lo sabes. Amo tus hermanos, y porque te amo a ti y a ellos debes comprender y hacer lo que te digo ¿Lo entiendes?
—Yo, yo sé, lo que… es amar…— Dijo Wiss con palabras entre cortadas — Shin, el me lo enseño.
—¡Oh por supuesto! Shin… Neptuno. El que te rescato de tu vida mortal cientos de veces; quien te elevo para que nacieras como un ángel. Lo recuerdo… pero Wiss — Dijo haciendo un breve silencio y sonriendo maliciosamente — Eso no significa que te amé… ¿Y sabes por qué? —Pregunto y de detuvo para presionar un poco más su puño haciendo que el cuello de Wiss sonara nuevamente. Luego continúo diciendo: — Porque yo te di la vida. Fui yo quien al final decidió si debías nacer como un ángel o no y ocupas una posición gracias a mí. Yo te di poder, no fue Neptuno…
Wiss apenas negó con su cabeza. Después y casi sin fuerza al faltarle el aire, se dejó caer de rodillas frente al hombre que al parecer deseaba verlo muerto…Morir siendo víctima de quien alguna vez le dio la vida; eso era lo que pensaba… ¡No era para menos! Porque el sacerdote sabía que estaba haciendo daño, siempre le hacía daño… verbal y ahora también físicamente.
—Entiéndelo de una vez Wiss— Dijo el sacerdote — El, no te ama, y nunca lo hizo, y si fuera como tú dices jamás te habría abandonado para correr a los brazos de un simple Shin—jin en este sucio mundo lleno de deseos que nunca satisfacen por completo a la mente…
—No, no es cierto…— Respondió Wiss a duras penas — Yo, yo sé que él tiene un motivo…
—¡Y eso quiero que investigues! ¡Maldita sea! — Vocifero el sacerdote de un momento a otro y completamente embravecido con la respuesta de Wiss. ¡Por supuesto! Esa respuesta era lo peor que podía escuchar. — ¡Tienes todo el poder para jugar con su mente y no eres capaz de saber qué demonios quiere ese desgraciado! Me haces perder el tiempo y la paciencia aquí mismo dejándome expuesto a los ojos de este lugar. Si ese maldito gato o tu dulce Neptuno llegaron a escuchar algo, te pondré en la oscuridad por una eternidad. ¡Ya deja de subestimarme y no creas que soy capaz de perdonar una traición, mucho menos de tu parte! ¡Tú me ayudaras a conseguir todo lo que quiero y yo decidiré que pasara con Neptuno! En este mundo tu amado niño dormido no es capaz ni de protegerse a sí mismo ¡Quiero que lo mantengas dormido! ¡Te quiero entre sus piernas profesando amor eterno! ¡Quiero que uses todo ese poder en fortalecer aún más los hechizos que puse en esa caja, deja de jugar y endúlzalo de una vez! Creo haberte dado ayuda suficiente para que el viento sople a tu favor ¡Pon algo de tu parte también y termina de enamorarlo! Eso, eso que tu vez ahí no es Neptuno ¡Olvídate de él, ya no existe! ¡Yo lo quiero fuera de mis planes y lo quiero ahora! ¡¿Dime porque, porque siempre me arrastras a maltratarte?! ¡Maldita seas Wiss! — Finalmente lo soltó.
El ángel cayó al suelo y empezó a sobar su cuello. Parecía no haber comprendido ni una palabra dicha por el sacerdote y aun tosiendo con gran dificultad, dijo: — ¿Qué es, que es lo que planeas? ¿Por qué rechazas de esa manera a Neptuno? ¡Dime que te hizo! ¡Dímelo por favor!
Los ojos del sacerdote volvieron a clavarse en la mirada de Wiss. Sin palabras que definan las intensas ganas de eliminarlo; hacerlo desaparecer, quitarlo de una vez por todas de este mundo. Estaba deseoso de ponerlo en la oscuridad de una vez y para siempre, porque estaba claro que de todos sus hijos era a quien más aborrecía ¡Lo despreciaba! ¡claro que sí! … Sin embargo, mantuvo el silencio y se detuvo a pensar un momento. ¿Qué planeaba? Mucho… sus planes nacían de un pasado profundo… Allí muy distante en fondo de una inmensa cavidad infinita, y se mezclaban con el odio que se había ganado Neptuno desde unos miles de años. ¡Pero tal vez sus planes nacían antes! ¡No lo sabía! Pero quizás sus planes tenían millones y mas millones de años… cuando el mundo todavía era pequeño y el primer universo apenas comenzaba su expansión. Su mirada se perdió por un instante, y olvido que estaba frente a los ojos de Wiss que lo veían de forma acusadora, con desprecio, de la misma forma que él lo veía…
—Tu…— Dijo Daishinkan saliendo poco a poco de esos oscuros pensamientos — Tu ¿Quieres saber? Bien… Tu y yo no tendremos secretos, pero tendrá un precio y será alto para ti.
—Él siempre ha estado a tu lado papá, él es uno de los nuestros y es quien entrego su vida para salvar la mía— Dijo casi agotado y con algunas lágrimas en sus ojos, las que contenía haciendo un sobre esfuerzo — Nosotros hemos nacido y muerto juntos una y otra vez, pero un día nos separamos y yo vague durante mucho tiempo en la nada formando parte de los astros. Luego el volvió a mi lado… Estoy aquí gracias a él también. Todos hemos recibido sus enseñanzas por millones de años ¿Qué te hizo? ¿Por qué lo desprecias de esa manera? Yo solo quiero entender porque le guardas tanto rencor ¿Qué es lo que yo no veo y tu sí?
Daishinkan conservo nuevamente el silencio. Ahora dudando en responder todas esas preguntas que tenían a su hijo perdido y confundido con todo el pasado. No era novedad que se sintiera de esa forma, pues, de alguna manera ese sentimiento le resultaba familiar, quizás porque una vez se vio tan envuelto y engañado como su hijo.
—No te ensañes conmigo por favor— Dijo el ángel, más como un suplicio. — Estoy muy cansado y necesito saber porque odias a quien tanto amor nos dio. Tu no eras así con el… Por favor…
— Cállate…— Dijo el sacerdote en un susurro. Esas palabras lo perjudicaron, sin embargo, trago saliva y continuo: — Dime. Dime ¿Qué ves cuando tus ojos ven a Neptuno?
Wiss sostuvo la mirada con su padre, apenas unos pocos segundos y luego respondió: — Un ángel.
—¿Y nunca te preguntaste porque ese ángel esta antes que tú y que todos tus hermanos? Incluso antes que yo…
— ¿Qué? — Pregunto confundido — Acaso ¿Tu tenías algo con el antes de que llegara?
— Santos cielos…— Respondió mirando al cielo y revoleando los ojos. — Esa es la pregunta más estúpida que me has hecho. Tu que naciste y moriste a su lado ¿No puedes saber quién es Neptuno? ¿Te das cuenta hasta dónde puede llegar tu amado niño? Nunca tendrás el agrado o desagrado de preguntarle personalmente, pero te lo hare saber yo. Pero si tú me traicionas y dices algo de esto a quien sea o incluso a tus hermanos que no saben y lo haces antes de que acabe con mis planes, juro que no volverás a verlo jamás. Ahora ¿Realmente quieres saber quién es Neptuno?
Los ojos del ángel se abrieron enormemente. Le temblaba la boca temerosa de dejar escapar ese "si" que podía transformarse en una verdad o tal vez en una mentira de su padre para tenerlo de su lado. Neptuno siempre fue un ángel, el ángel más antiguo de todos y quien enseño al resto de los ángeles los valores más importantes. Era testigo de la compañía que su padre recibía de Neptuno y quizás eso era lo que más desorientaba al joven ángel…
—No temas— Dijo Daishinkan viendo la cara aterrorizada de su hijo — Pero cargaras con eso. — A quien tú crees ver, no es en realidad. Neptuno no es un ángel, ni un Shin—jin— tampoco es un humano evolucionado. Tu amado Neptuno es un elfo, y por miles de años creí lo mismo que tu… que era un ángel. Yo lo amaba… y él siempre estuvo a mi lado. Fue un gran compañero y consejero… Él dijo ser el primer ángel que nació en el más allá. Él podía transformar nuestra dimensión; nuestra pequeña dimensión y nuestro mundo en un lugar maravilloso lleno de cascadas y árboles. La dimensión veintiséis y sus castillos, sus grandes bosques cubiertos de criaturas fantásticas… todos esos misteriosos escondites en donde tú y tus hermanos jugaban, los ríos, los mares… ¡El gran Elysium! Y todo lo que hayas visto allí, es producto de la creación de Neptuno. Nosotros éramos los únicos en ese lugar y todo era maravilloso, yo me asombraba de ver cómo le daba vida a cada partícula insignificante y lo admiraba deseando tener esa habilidad. Le pedí infinidad de veces que me enseñara, que yo quería saber todo eso… yo era un niño asombrado por sus maravillas… — Hizo una pausa hundiéndose en un pensamiento profundo, tal vez algo de su niñez, luego dijo: —Un día crecí y me dijo que debía ir a la tercera dimensión cumplir con mi obligación de proteger y ser el consejero de Zeno sama. Pero nunca me explico porque debía hacerlo, solo me dijo que confiara en él y que todo estaría bien. Yo acepte… y aquí me tienes. Durante miles de años iba desde la tercera dimensión hasta nuestra. Pero ese portal era creado por Neptuno y un pase directo de una a otra ¿No lo ves? Nosotros no podemos ir a las demás dimensiones, solo podemos movernos en un salto de esta al más allá — Rápidamente cambio su semblante a uno más indignado — ¿Es que acaso jamás sentiste curiosidad de saber el motivo por el cual saltas dimensiones? ¡Por todos los dioses Wiss! Tu amor es tan ciego que no ves más allá de lo quieres…
Wiss estaba atónito, los músculos de su cara se habían paralizados con los ojos clavados en los de su padre. Las primeras lágrimas rompieron cayendo por sus mejillas a gran velocidad. Su mundo se destruía lentamente, ese mundo donde creyó conocer a su amado Neptuno en todo su esplendor y en quien confió desde que tenía memoria. Se sentía como si le hubiesen tejido los sueños, como si una pantalla obstruyera el paso completo hacia una verdad que parecía ser más profunda de lo que creía…. Apenas podía entenderlo, o quizás, no entendía nada.
—Sé cómo te sientes. Yo me sentí igual que tu — Dijo en una forma de consuelo y continuo con su relato: — Tiempo después Zeno sama decidió crear más universos y así fue como Neptuno me enseñó a crear más vida como la mía atreves de mi propia energía. Así nacieron tus primeros hermanos; seis de ellos y Neptuno era el encargado de enseñarles todo lo que debían saber. Crecieron a gran velocidad… Todo iba muy rápido, todo crecía a gran velocidad… y de repente, la tercera dimensión se había transformado en un enorme circo peligroso. Pronto el odio, el sufrimiento y el dolor abría sus ojos junto con la vida que fluía en este mundo. Zeno sama continuaba creando universos y yo debía enviar a mis amados hijos este miserable globo… — Dijo lo último sonando lastimoso; herido— Tú no eres padre, tú no sabes lo que es tener que ver como tus hijos son castigados vilmente por las manos de este mundo ¿Acaso no te sientes cansado? ¿Te has preguntado en donde está tu libertad? Nada podía calmar mi sufrimiento, y sentí que nada lo haría. Un día Neptuno solicito mi presencia y me sugirió que comenzara a traer más ángeles, pero esta vez con una diferencia, serian almas nuevas de la tercera dimensión, las más próximas a una evolución y entonces me negué. Fue ahí cuando Neptuno me dijo que tenía aceptar las cosas como eran y allí comenzó nuestra gran discusión. –hizo una pausa recordando aquel momento, después continuo. –Ese fue el inicio de nuestros enfrentamientos. Yo le exigía un porqué y él no lograba responderme nada ¡No quería hacerlo, tenía todas las respuestas a mis preguntas y no era capaz de decirme nada! El caminaba sabiendo que yo no descartaba que él sabía algo más… me desesperaba, pero, aun así, elegí a las almas más próximas a la evolución y más hermanos tuyos llegaron aquí; a este sombrío lugar. Un día Zeno sama estaba furioso, y se comportaba como un niñito berrinchero que no sabía que ni lo que quería y destruyo todos los universos, a excepción de uno. Yo vi con mis propios ojos como sostenía en sus manos el gran tablero donde el único universo se tambaleaba de un lado al otro sin saber si caería… pero se detuvo, se detuvo y dijo que el comienzo no podía ser destruido… soltó el tablero y se fue con sus guardias. Ese día volví agotado a la dimensión veintiséis y mis ojos estaban bañados en lágrimas porque creí que mis hijos estaban muertos. Neptuno me recibió en sus brazos y me dijo que no tenía que estar triste porque el ki no podía morir y que detrás de la muerte solo queda la vida. No lo comprendí… no lo hice hasta que vi a mis hijos reunidos en el palacio. Los cuerpos que había creado había desaparecido, pero ellos estaban vivos. Respire aliviado y los deje vivir libremente en nuestra dimensión. Parecía que los tiempos de paz finalmente eran nuestros y el único universo con vida pese a estar en caos podía sobrevivir. Durante ese tiempo Neptuno te vio. Tu no tenías un cuerpo, ni conciencia, solo eras una energía revoltosa y libre, eras el ki astral más libre en ese universo; apenas ocupabas la primera dimensión. Neptuno, él te vio antes que yo y fue él quien te puso frente a mis ojos para que yo te notara, yo te elegí… pero sabiendo que él te había elegido primero. Me dijo que te llamarías Wiss porque el sonido de tu vibración sonaba con Uiis ¡Esa era una locura de Neptuno! Pero acepté y cuando le dije que estaba listo para traerte el respondió que no podía hacerlo así de la nada qué y que solo tenía el poder para moverme en dos dimensiones. Otra vez volvía a querer hacerle miles de preguntas, pero ese desgraciado se adelantó y me mostro otra de sus habilidades. –Hizo una nueva pausa apretando sus puños y luego dijo: — Neptuno te amo desde el primer momento en que te vio ¿Querías escuchar eso? Ahí lo tienes, tu eres el motivo por el cual Neptuno se expuso ante mi mostrándome que él podía elevarte hasta llegar aquí y entonces me encomendó este lugar y mis obligaciones para ir por ti. Estuve millones de años en soledad, mirando a mis hijos descansar y sin saber nada de Neptuno ni de ti, pues la primera dimensión solo podía verla gracias a él. Y un día Neptuno apareció y me dijo que tú estabas listo para nacer aquí. Así llegaste tú… Eres su elegido y no el mío… tú eres el ki más antiguo entre todos tus hermanos a pesar de ser uno de los más jóvenes, y eso es porque tu energía es astral como la mía, lo sabes, yo sé que no eres tonto y que sabes de dónde vienes. Así como también sabias que Neptuno estuvo a tu lado desde el inicio de los tiempos. Pero no debes confundir ese amor con su deseo de salvarte… Tu solo fuiste un capricho de Neptuno porque te vio en la primera dimensión completamente solo…
— Tú, Tú ¿Me haces responsable a mí por tus diferencias con él? — Pregunto Wiss un poco más indignado y evadiendo todo lo que su padre le dijo.
—¿Acaso no escuchaste lo que dije? — Respondió Daishinkan volviendo a poner un rostro tenso, el que poco a poco se cargaba de rabia a cada segundo, poco después exploto en un grito: — ¡Maldita sea Wiss! ¡Él no es un ángel! ¡Neptuno es un maldito elfo y nosotros somos sus prisioneros! ¡¿Por qué demonios no escuchas lo que te digo?! ¿Qué es lo que tienes en la cabeza? Neptuno me mintió durante millones de años y aún no sé qué demonios está tramando a mis espaldas ¡Yo soy el sacerdote! ¡Yo les di vida a ustedes! ¡Y tú no eres más que su elegido por pura lastima, pero gracias a mi estas con vida! ¡Despierta de una buena vez, abre los ojos y mira a tu alrededor! ¡¿Quién demonios es Neptuno para tener poder sobre nosotros y decidir cuál es nuestra libertad y nuestro destino?! ¡Dímelo Wiss!
—Ya para…— Dijo Wiss en un susurro, levantándose del suelo para luego retroceder unos pasos. —No quiero escuchar…
—¡No maldita sea! Ahora seguirás escuchándome, tu querías saber la verdad por la que odio a Neptuno. Te dije que tu curiosidad te costaría y no vas a retroceder ahora porque juro que te eliminare ¡Yo soy tu padre y yo hago contigo lo que quiero, aquí no hay Neptuno que te salve y ciertamente tú eres un ser manipulado por sus encantos! Ni siquiera reconoces que eres tan prisionero de él como yo y como el resto de tus hermanos ¿No quieres saber que planea? ¿No deseas saber quién demonios es y porque nos tiene condenados? ¡Responde Wiss!
—Ya no quiero escucharte más Papá… — Repitió el ángel sobando su sien. Le dio la espalda rápidamente y miro en dirección al castillo; estaba decidido a irse aun contra la voluntad de su padre, negado a seguir escuchándolo.
—¡Ven aquí ahora Wiss o juro que voy a destruirte a ti y a ese maldito elfo! — Grito colérico y corrió unos cuantos pasos adelante con la intención de alcanzar a Wiss
—¡Pues hazlo! — Respondió volteando nuevamente mostrándose completamente violento. — ¡Ya deja de enseñar los dientes y haz lo que quieras de una vez! ¡Ve y mátalo de una vez, aprovecha ahora que está dormido! ¡¿Qué estas esperando, una aprobación?! ¿Sabes porque no lo haces? ¡Porque tienes miedo! ¡Porque no sabes lo que sucederá y porque no tienes poder ni control sobre él, solo simulas tenerlo y tu única salida es mantenerlo dormido en este mundo! ¡Nadie se ha beneficiado más que tu cuando el vino a este mundo, porque sabias que no podría defenderse y entonces viste la oportunidad, pero por dentro morías de rabia al no saber cuál era el motivo que lo llevo a hacer este sacrificio! — Hizo una pausa y sonrió entre lágrimas; imposibles de ocultar, y las que dejaba caer sin ningún tipo de cuidado — Tu le temes a Neptuno papa… Tú, ni siquiera sabes lo que sucederá si lo matas. ¡No! Tu ni siquiera eres capaz de matarlo porque no sabes si morirá y tu mayor problema es que si funcionaran tus planes tampoco estas seguro de liberarte de la prisión que crees tener… No hay nadie más en este mundo que desee su propia verdad como haces tú…
—¡Yo no creo! — Respondió Daishinkan desquiciado. —¡Yo sé que estamos prisionero de él, y tú también lo eres! Yo lo vi con mis propios ojos recibiendo recados de una extraña luz que pisaba nuestros suelos sagrados en el más allá, incluso la caja musical es hecha por elfos ¡Yo vi como esa caja se formaba de la nada y esa extraña luz se depositaba dentro! ¡¿Por qué demonios no comprendes que es un maldito elfo manipulador?! ¡Yo vi su verdadera forma!
—¡ya basta! — Grito Wiss endureciendo su rostro. Y por primera vez su padre cerraba la boca frente a la orden, incapaz de dejar escapar alguna palabra. Los ojos del sacerdote quedaron abiertos y sus pupilas reflejaban claramente la figura de Wiss. Apretaba sus puños con violencia, contenía las ganas de lanzarse a su propio hijo por tener el descaro de levantarle la voz y oponerse; enfrentarlo sin ningún tipo de consideración a quien le dio la vida. Segundos después, Wiss continúo hablando: — Vete ahora de este planeta y déjame hacer mi trabajo—sostuvo la mirada con su padre unos segundos. En el fondo podía ver su terror. Un terror desconocido a todo, después continuo: — Hare lo que me pidas y ayudare a Towa en lo que desea, solo vete y déjame por favor. Solo… vete. Querías a uno más de tus hijos a tu favor; pues aquí me tienes, ahora déjame, te lo suplico. Confía en mi como lo haces con tus otros hijos, pero te diré algo… Si fallas en algo, tú serás el único responsable de lo que te suceda a ti y a nosotros. Tú te condenas y nos arrastraras, no nos culpes por eso luego. Hasta ahora solo fuiste de mártir repartiendo todas tus culpas una por una hacia mí. Ya no quiero saber tus planes… no necesito ser un genio para darme cuenta de eso. Ahora déjame paz…
El silencio finalmente se apodero de ambos ángeles. Daishinkan enmudeció, y solo se mantuvo parado frente a su hijo. ¿Cómo lo veía ahora? ¿Cómo un hijo? O tal vez ¿Un aliado? ¿Un amigo? O un ángel neutro que aceptaba ordenes al igual que todos sus hijos. Finalmente, Wiss cedía a sus órdenes… pero eso no lo hacía sentir más tranquilo, de hecho, cada una de sus palabras se sintieron como profundas puñaladas que se introducían una a una en su cuerpo…
El ángel menor nuevamente le dio la espalda. Su vista se depositó en el castillo y finalmente decidió marchar en esa dirección. No había palabras en la mente del ángel, tampoco había pensamientos. Estaba cansado, la caída fue en picada, sin aviso y dejando a su paso un paraíso totalmente derrumbado.
…
Un pequeño mensaje
El ultimo sol estaba a punto de caer bajo la delgada línea que existe entre el cielo y el mar. Kibito, silenciado, ocupaba el lugar de su superior en la orilla. Era el lugar predilecto de Shin, y cuando era pequeño solía sentarse y esperar la caída del sol. El supremo tenía razón, allí se podía experimentarse paz y era el lugar perfecto para descansar y hacer silencio.
Extrañaba a Shin; su niñez, verlo corretear por el jardín, hacer enfurecer al supremo del norte, extrañaba escucharlo parlotear durante largas horas en la noche hasta que finalmente caía rendido; y aun así continuaba hablando entre dormido… pero sin duda, lo que más extrañaba era ver al niño sentado a la orilla del mar… y esos tiempos de paz.
El antepasado también observaba el atardecer, pero lo hacía mucho más alejado del asistente. Y es que en realidad solo estaba dándole a Kibito un momento de tranquilidad luego de haber escuchado de su boca la respuesta de Gowasu frente a una ayuda. Además, estaba ensañado… y tuvo que escuchar más de una vez cuando Kibito le reprochó haber dicho la verdad. Pues, el asistente creía que lo mejor hubiera sido engañar a Gowasu y acercarse sigilosamente al aprendiz. Kibito estaba indignado, irritado, furioso, triste, y también agotado.
Luego de que le contara lo sucedido, el hombre enloqueció y comenzó a vociferar miles y millones de insultos al aire; todos dedicados al supremo del universo diez. Tuvo que enfrentarlo y discutir a los gritos como jamás lo hizo ya que estaba empeñado en ir a buscar personalmente al aprendiz. Fue así como finalmente se alejó y tomo asiento frente al mar para relajarse… aunque sabía que no lo lograría.
El anciano camino hasta donde se encontraba Kibito, bastante decido ya que pasaron demasiadas horas desde lo sucedido y tal vez el hombre ya estaba en condiciones de volver a hablar.
El asistente notaba la cercanía, y no pudo evitar hacer un revoleo de ojos para luego empezar a ver lejos toda aquella tranquilidad que intentaba encontrar.
Segundos después, el anciano se detuvo tras Kibito y dijo: — Entiende que no podemos interferir con mentiras.
El asistente erizo sus cejas algo molesto y respondió: — Eso no es lo que pensaba antes de salir de aquí y enfrentarlo.
—Así es. Pero mentir hubiera sido peor.
Kibito presiono con fuerza las hierbas bajo su mano. Su cara se mostró aún más colérica, algo que el Elder no podía apreciar, pero le bastaba con sentir su ki. Poco después respondió: — Peor es dejar a Zamasu con ese viejo loco. Usted acabo con la única posibilidad de que ellos se vuelvan a ver. Es que ¿Usted no vio a través de esa mirada?
— ya te lo dije, he visto más de lo que puedes imaginar. Esta manipulado por la energía de un makaioshin y tal vez por eso no recuerda a Shin. Antes de que notara que estaba intentando invadir su mente también pude ver que conserva fugaces recuerdo… y no me dejaste terminar de hablar cuando empezaste a los gritos.
Kibito volteo rápidamente y se incorporó quedando frente al anciano. Luego dijo: — ¿Conserva recuerdos dijo? ¿Qué es lo que vio?
—Ah… ahora ya no estás enojado conmigo verdad— Dijo el viejo en forma de reproche y mirando a un costado.
Kibito revoleo la mirada acompañado de un sonoro suspiro y respondió: — ¡Por todos los dioses antepasado! Este no es momento para sus reproches.
—¡Pues es tu culpa por no escucharme hasta el final! Ahora entiendo de dónde saca Shin todas sus actitudes…
—¡De acuerdo! ¡Lo siento! ¡Ahora cuénteme todo! — Dijo el asistente casi desesperado.
—Va… que interesado eres— Respondió el anciano y tomo asiento mirando hacia el mar. —Bueno, pues tuve que hacerlo rápido. No tienes idea de lo difícil que es meterse en la cabeza en ese muchachito, incluso es más difícil que Shin. Pareciera que esta distraído todo el tiempo, pero en realidad está más atento que cualquiera. Su mente es un laberinto oscuro y está lleno de agujeros en cada sendero, eso es lo que provoco la energía oscura que lo rodea ¿Y quieres saber algo más? —Pregunto ante los ojos atónitos de Kibito.
—¡Por dios! ¿Y usted que cree? — Respondió el asistente desesperado.
—Bueno… Tristemente es la hermana de Dabura quien provoco el hechizo, eso nos da una clara visión de que todo este embrollo fue organizado por alguien de este mundo y ese no es nada más que Wiss. Pero eso ya lo sabíamos desde que encontré tu carta; no es novedad. Sin embargo, es triste saber que todas las manos trabajadoras de este error provienen de aquí y más triste es ver como ese muchachito lucha contra una mente completamente ahogada. Si Shin es capaz de borrar toda esa oscuridad entonces diré que mis poderes como antiguo supremo del este no valen nada. Porque esto no se trata de tener poder; lanzar chispas de un lado a otro y tirar gigantescas bolas de energía por doquier, aquí no entra en juego ningún tipo de magia que haya podido ser dominada por dioses y humanos. Aquí entra en juego lo que ningún dios posee a estas alturas en este mundo; compasión. Esta, es sin duda la otra cara del amor. Ese jovencito es desconfiado, temeroso de su propia mente y sus deseos, cuando lo escuche hablar; las pocas palabras que dijo, solo veía a un anciano Gowasu joven. Y es que el niño se empeñó en actuar de acuerdo a su maestro; una vieja técnica para no ser abucheado. Pero tal vez, no sea solo del anciano de quien se esconde, es probable que algo más haya sucedido con el mucho antes. Pude notarlo incomodo al nombrar al universo 9 y entonces se me ocurrió que quizás algo más sucedió con el mucho antes de pasar a ser el aprendiz de Gowasu. Luego, huyó despavorido, ni siquiera tomo su té y lo que fue aun peor es que noto cuando intentaba entrar en su mente…
—Oh… antepasado…— Dijo Kibito casi en un susurro mientras sobaba su frente.
—¡Pues lo siento! No fue mi intención que me descubriera. Normalmente no es complicado entrar en la mente de un Shin—jin sobre todo cuando son de fruto común y nosotros los kaioshines mágicos tenemos muy desarrollada esa habilidad. Tal parece que subestime demasiado a un fruto común y Zamasu me demostró que no es tonto y que está atento a cualquier movimiento por más insignificante que sea, tiene una percepción increíble, intente escabullirme en su cabeza, pero cuando lo noto al instante lucho conmigo y me vi comprometido, para ese entonces no di el brazo a torcer e intente romper esa barrera que construyo y allí fue cuando se levantó repentinamente ¡Pero antes! Lo debilité por un segundo y pude verlo como kaiosama del norte, pero no estaba solo. El supremo kaioshin del universo nueve estaba a su lado. —Hizo una pausa más para recordar el momento y luego dijo: — Lo que vi no fue agradable. Él era un niño; no más de 6 años, y estaba en un planeta que no era el de su galaxia… ¿Qué niño es convertido en Kaiosama a tan corta edad? Pero sin duda no me sorprendió eso, si no las condiciones en las que estaba ese niño; cubierto de sangre, desnudo en el medio de un bosque y con ese supremo del universo nueve detrás…
—Voy a matarlos a todos…— Dijo Kibito aturdido mientras negaba con su cabeza, después continuo: — ¿Qué cree usted que sucedió en ese momento?
—¡No lo sé! — Dijo molesto, pero con el mismo. — Huyo despavorido. No me dejo ver más que eso ¡y es que ni siquiera fue con su consentimiento! Ese jovencito debe estar odiándome en este momento.
—Ahora me siento más preocupado que antes ¡Gracias!
El anciano volteo a mirar al asistente con una aparente molestia y respondió: — ¡Eres un desagradecido! ¡Ahora ya sé de dónde saca Shin todas sus mañas! ¡Tú querías saber sobre el aprendiz y por eso ahora no te diré lo más importante de todo esto!
Kibito abrió sus ojos como platos sorprendido y grito: — ¡¿Qué?! ¡Por dios! ¡Voy a matarlo! ¿Por qué demonios no termina de contarme de una vez?
—¡Porque eres un atropellado y no me dejas terminar! ¡Pero cómo te sientes taaan preocupado ahora no te diré nada!
— Oh vamos… antepasado, no se comporte como un niño
—Y tu deja de ser tan mal educado. Estas frustrado y lo sé, pero no ayudaras en nada si continuas a la defensiva conmigo, así que deja de guardarme rencor. Tal vez cometí un error al ser sincero con Gowasu y también se me fue la mano al forzar la mente de ese muchachito, pero al menos traspasé esa mente y pude ver atraves de la red que separa los recuerdos y los pensamientos de su ser. Y te tengo una sorpresa, ¡él tampoco es de este mundo!
—¿Qué? — Exclamo Kibito sorprendido y luego dijo: —Entonces… ¿Todo esto es un conflicto entre ángeles?
—Así parece —Respondió el anciano. —Imagine un triángulo amoroso entre Wiss, Shin y el aprendiz…
—¡Antepasado por favor! Este no es momento para chistes— Dijo molesto
—Lo siento. No me culpes. Pero un poco de risa no vendría nada mal después de tanto drama.
—Yo estoy confundido…—Dijo Kibito evadiendo las palabras del anciano. —Yo, no lo sé… creo que estoy olvidando algo…
—¡No me digas! — Respondió sarcásticamente— ¿Ya no recuerdas lo que decía esa carta? ¡Lo olvidaste todo!
—¡Ag! ¡Ya lo sé, no estoy hablando de eso! — Respondió molesto — Lo que intento decirle es que me esfuerzo por recordar algo importante ¡Yo sé que esto no se trata de algo estúpido como un triángulo amoroso entre ángeles! ¡Por todos los dioses, superior! ¡Los ángeles no iniciarían una guerra en este mundo por un capricho amoroso! Además, si fuera un ángel como Shin o Wiss entonces ¿Por qué atacar a su propia familia?
— Lo se. Relájate Kibito, solo fue un chiste y lamento que haya sido de mal gusto para ti. Tal vez esta guerra inicio en el mundo de ellos, no lo sé. También es extraño que Daishinkan no esté al tanto de este asunto. ¡Ha! Todo esto apesta
Kibito se mantuvo meditativo. Hacia un esfuerzo casi desmesurado por recordar, y por un momento sintió como si su cabeza fuera a estallarle. ¡Necesitaba recordar! Recordar, recordar, recordar… esa palabra resonaba tortuosamente en su cabeza.
—Oye…— Dijo el anciano captando la atención del asistente que abrió sus ojos sorprendido.
—¿Eh…? Lo siento antepasado. Lamento mi comportamiento, creo que estoy perdiendo la cabeza…
—Tranquilo. Conozco ese sentimiento llamado impotencia. Entiendo que estés preocupado por Shin…
Kibito interrumpió rápidamente en un tono cabizbajo: —No solo me preocupa Shin en este momento señor… Zamasu está solo allí afuera; y también adentro… No sé quién es, tampoco sé si realmente es un ángel al igual que Wiss. No sabemos nada de él…
—Mmm… Pues solo nos queda ser pacientes y esperar.
—Oh…— Dijo en un lamento. —Esto me desespera.
—No debes desesperarte... Además; Lo había olvidado…pero ceo que es hora de buscar a Chronoa— Dijo el anciano.
—¡Es cierto! — Respondió Kibito Eufórico — Y podremos traer los recuerdos de Zamasu también y así recordará a Shin y entonces vendrá por el ¡Es fantástico!
—Detente ahí— Dijo el anciano meditando un poco — No olvides que está bajo el mando de Gowasu, si el recuerda algo vendrá aquí, pero de todas maneras su maestro hará todo lo posible para impedirlo. Eso es lo que trate de decirle a Gowasu. Quería hablarle de Chronoa, sé que no la conoce o de otra manera ya hubiese acudido a ella antes que pensar en volver con esa bruja, pero en su insistencia él deseaba que me fuera. Ya no quería oírme, entonces lo deje. Pero de todas formas no estoy seguro si hubiera estado bien darle esa información. Zamasu no está en las condiciones de Shin, su vida esta atormentada, es como si de alguna manera su maestro le hubiese hecho un favor al borrar esos recuerdos, pero al mismo tiempo cometió un gran error porque de esta forma no se encontró con Shin. Por otro lado, tampoco sabemos los verdaderos motivos de Gowasu para borrar los recuerdos de su aprendiz, pues, al parecer no coinciden con las patrañas de Wiss. Esto es fácil de saber porque cuando le hable de Shin, no se opuso directamente a no reencontrarlos, sino más bien quería solucionar sus propios asuntos con él.
—Ese miserable de Wiss tiene todo que ver en esto— Dijo Kibito mostrándose inquieto
—No estoy tan seguro— Dijo el anciano rascando un poco su barbilla. — Es decir; sí. Pero de una forma inconsciente para Gowasu. Él tenía sus propios motivos y tiene que ver con los recuerdos de Zamasu, con su vida y con todo lo que lo rodeaba, tal vez… su comportamiento, el cual sigue siendo el mismo porque según Gowasu el muchachito siempre fue muy reservado. Es una lástima que el supremo Gowas no haya confiado en mí para contarme lo que sucedió realmente porque estoy seguro de que podríamos encontrar la solución.
—Que sea reservado no tiene nada de malo Antepasado. Puede que solo sea de pocas palabras, el problema aquí es que no sabemos nada de él.
— ¡Ag! Ya deja de enroscarte. Olvida todo por hoy… — Dijo el anciano ya algo cansado de darle vueltas al asunto…
Kibito estaba a punto de objetar algo más antes de terminar la conversación, pero algo lo detuvo. El Elder también se detuvo. Un leve Ki apenas visible había llegado al planeta sagrado y se encontraba justo a unos cuantos pasos. Kibito Volteo rápidamente encontrándose con el rostro de la anciana Uranai.
—Cielos…— Dijo el antepasado haciendo un sobre esfuerzo con su vista para visualizar a la mujer.
-¿ Uranai Baba?
La anciana, desorientada miro a su alrededor. Apenas alcanzaba a ver con toda esa oscuridad, y agradecía de alguna manera que la luna estuviera presente. Su gastada mirada dio con la figura de Kibito y finalmente dijo: —Lo siento. Tuve un sueño y vi estas palabras allí… Yo solo las nombre. — Concluyo mostrando el papel.
El rostro de Kibito se sorprendió al instante. El Elder, ya levantado del suelo camino hasta situarse más cerca de la mujer y dijo: —Esa es la tele transportación de los Shin—jin — Dijo sorprendido, aunque no expresaba nada en absoluto.
—¡¿Qué?! — Exclamo sorprendida dejando caer el papel y luego dijo. —¡Lo juro! Yo no sé cómo paso esto. Yo solo, solo lo soñé y lo escribí porque desperté con esas palabras.
—Santo cielos…— Dijo Kibito tomando el papel en sus manos y leyendo la palabra "Kai—Kai"
— Mundo a mundo…— Dijo El antepasado. — Esa es una técnica de los Shin—jin. No todos la poseen, alguno ni logran dominarla. Los ángeles no pueden hacerla y los dioses destructores ni siquiera pueden tele transportarse por sí solos. Usted me sorprende…
—¡No, no! ¡Yo soy la sorprendida! Les juro que no hice nada más que decirlas y además…— Hizo una pausa observando nuevamente el lugar y grito alarmada. — ¡¿En dónde estoy?!
Ante la mirada de Kibito aun boquiabierto y sin comprender ni torta del asunto, el antepasado continúo hablando: — Bienvenida al planeta sagrado del supremo Kaiosama.
—¿Qué? ¿Usted es el supremo kaiosama?
—Sí, soy un supremo Kaiosama, pero…
Uranai interrumpió atropelladamente diciendo: — Oh… ¡Usted es Shin!
— Oh no— Respondieron Kibito y el superior. Luego Kibito se adelantó a decir: — Shin no está en planeta, Uranai Baba. Y él es nuestro antiguo supremo del este.
— Entiendo— Respondió aun algo enmarañada con el mar de enigmas que tenía al no saber cómo llego. Pues, apenas tenía las energías para levantarse de la cama ¿cómo diablos iba a llegar a un planeta tan lejano?
La mujer volvió a darle una minuciosa mirada al lugar. Apenas alcanzaba a creer que estaba en el planeta supremo de un dios creador. Llegar a los kaiosamas era más sencillo ¡Pero no menos importante! y que solo debía seguir el camino de la serpiente o bien, ser transportada con alguno de los ogros que habitaban en el otro mundo. Sin duda, no entendía absolutamente nada de lo que sucedía. Poco después volvió hablar: — Lo siento. Es un honor conocer a un dios creador.
—Es un honor para mí conocer al primer ser humano capaz de llegar aquí pronunciando una palabra tan sagrada como el Kai—kai… es un milagro.
—Oh…— Respondió Uranai. — Yo, me siento privilegiada…
—Pues siéntalo con toda confianza. Sera mejor que nos pongamos cómodos. Kibito démosle comodidades a Uranai baba.
—Si. Sígame por favor — Dijo Kibito
Uranai baba, siguió a Kibito y al anciano supremo. Fue un trayecto silencioso, pues la mujer estaba maravillada con el planeta, su tierra, el aire, las plantas y los árboles que podía visualizar en la oscuridad, el mar que ahora se veía a lo lejos. Todo era maravilloso en ese planeta, todo estaba completamente vivo y vibrando en sincronía. Su percepción la llevo a observar a lo lejos en la región del sur donde nacía un gigantesco bosque, allí dentro estaban los duendes ¡Todos ellos! O casi todos. Ahora podía sentir esa sensación de nostalgia; cuando solía comunicarse con los duendes a menudo y estos le traían miles de materiales para su magia o nuevas prácticas.
Su asombro fue mayor al encontrarse con las puertas del maravilloso templo de un dios. Nunca creyó que pisaría uno, o mejor dicho nunca creyó que conocería a un dios creador. El recuerdo del ángel Hon pronto llego a su mente, y entonces comprendió que no estaba allí por obra de un milagro, sino que el destino se las arregló para romper las reglas y situarla en donde tenía que estar. Pronto transito los pasillos y luego la sala; apenas noto que estaba dentro, y fue la voz de Kibito la que finalmente la traía devuelta a la realidad.
—Póngase cómoda Uranai baba. Prepare algo caliente
—No te preocupes Kibito, estoy bien. Solo estoy algo descarriada… aun no entiendo que sucedió.
—Usted dijo que tuvo un sueño — Dijo el anciano tomando asiento en un sillón individual — ¿Por qué mejor no comienza con él?
—Claro…— Dijo la mujer. — Fue un sueño extraño, yo estaba parada frente a unas ruinas. No era el planeta tierra, ese lugar era extraño…— Pensó un instante tratando de recordar algo más. Segundos después sus ojos se abrieron enormemente y respondió alarmada: — Oh, esas ruinas eran este mismo lugar; este templo ¡Reconozco el arco de ese ventanal! —Exclamo señalándolo— Oh por todos los dioses…
— Debe mantener la calma— Respondió el anciano interrumpiendo. — Sus habilidades en la clarividencia no me sorprenden después de haber llegado hasta aquí, por lo que tampoco me asombra que en sus sueños haya visto este templo en ruinas. Pero tiene que saber que solo es una posibilidad entre miles de que algo así suceda. Puede continuar
—Si…— Dijo urania mostrándose bastante afligida. — Las ramas secas tapaban parte de este techo y la luz del sol podía filtrarse entre ellas, yo estaba en este mismo lugar que ocupo… podía escuchar voces que provenían del exterior de las ruinas y ese ventanal — Volvió a señalarlo con enormes ojos. — Desde ese ventanal podía ver la figura de alguien y de ella salió una voz que no reconozco, entonces me dijo que necesitaba que estuviera presente ¡Él me dijo! Moví las fichas ¡Muévete también! Y entonces todo empezó a temblar y yo me cubrí con mis manos la cabeza, fue cuando escuché las palabras. Y desperté…
Kibito preparaba el té, pero estaba atento a toda la conversación. No tardó demasiado cuando finalmente entro en la conversación: —¿Usted vio algo más? ¿Esa figura no le resultaba familiar?
La anciana pensó un momento. Hizo un esfuerzo por recordar, pero casi era difuso, luego respondió: — Lo siento Kibito, yo no recuerdo mucho más. De todas formas, no creo que este aquí por un milagro, creo que fui enviada por una fuerza mayor.
—Shin— Respondió el anciano pensativo. —Nadie más podría traerte aquí. Es extraño, Shin no posee habilidades para tele transportar a alguien a la distancia. En el caso que fuera así, debía hacerlo en donde él estaba, pero eso también es imposible ya que el ángel del dios destructor le quito sus poderes para que no huyera del planeta de Bills.
—Pero, pero ¿Qué sucedió? — Pregunto, tratando de entender algo.
El asistente ahora con las tazas de té en la mano, se adelantó nuevamente a responder: — Los supremos kaioshines tenían una junta y cuando fuimos alguien cometió un asesinato antes de que iniciara. Esto alarmo a Bills porque tiene miedo de morir. Yo para el soy un incompetente, y Shin es un supremo débil que no puede cuidarse por sí solo… De esta manera quedamos fuera de cualquier contacto con Shin, hace más de un día que no lo vemos ni sabemos nada de él y ese desgraciado ángel no fue capaz de venir o al menos contactarnos telepáticamente para decirnos que Shin está bien.
—El ángel…— Susurro la anciana, nuevamente absorta en sus pensamientos. Sabía que olvidaba algo después de varios segundos de silencio en la sala lo recordó. —¡El ángel! — Dijo alarmada —Ya sé porque estoy aquí.
—¿Cómo? — Preguntaron ambos shin—jin
— Tenia que informarte algo a ti Kibito— Dijo la mujer y rápidamente continuo: — Después la visita que hiciste en la tierra, yo intenté buscar por mis propios medios la forma de ayudar a Shin, pero no me resultaba para nada sencillo ya que lo dije en otra oportunidad, no me es posible conocer sobre seres de otros planos. Pero esos benditos Namekianos tuvieron una idea. Ellos conocían una historia en donde se decía que el corazón de la verdad y de las razas de este universo estaban en una ciudad llamada Egipto, a al que luego renombraron como el altar de las sombras. Por supuesto, que al principio todo me sonó extraño, sobre todo porque imagine que ustedes deberían tener conocimiento acerca de ese lugar en la tierra…
—Pues no lo tenemos— Respondió el antepasado. — Como dioses creadores no todo es obra de los mismos supremos, los dioses de la creación ocupan millones y mas millones de años en este mundo. Es posible que otro si allá conocido acerca de ese lugar.
—Bien— Dijo Uranai — Ahora entiendo. Pues, decidí acompañarlos ya que no perdíamos nada con ir a investigar un poco. Y después de un largo camino recorrido encontramos el templo llamado Arena Crystal, tal cual como lo contó el joven dios de la tierra Dende. ¡Ese lugar era increíble! — Expreso la mujer abriendo sus ojos lo más amplio posible — La entrada ocupaba a dos enormes monumentos de ángeles… ¡Gigantescos y esculpidos por las manos de vaya a saber que criatura! No esperábamos encontrar ángeles, claro que no, nosotros esperábamos encontrar algo referido a los elfos, ya que Dende dijo que los Elfos decidieron esconder la verdad en la tierra, también dijo que no tenían nada que ver a los seres mitológico, aunque la mitología si habla de ellos… entonces pensé, los humanos antepasados tuvieron que saber algo de ellos para hasta lograr imaginarlos; darles una imagen y creerlos seres con una extrema sensibilidad... Dende dijo que los elfos tenían que ver con todo; con el universo y por un segundo quise creer en todo eso. Mi sorpresa fue aún mayor cuando entre a la gran sala de la fidelidad, allí había otras dos enormes esculturas y estas ¡Eran elfos! Fue maravilloso poder ver, aunque sea una estatua de ellos. poco tiempo después la puerta que conducía a donde debíamos ir se abrió misteriosamente. No dudamos en entrar, y allí encontramos a un ángel llamado Hon.
—¿Qué? — Pregunto Kibito interrumpiendo inevitablemente y poniéndose incómodo. Lo que menos quería era volver a escuchar la palabra ángel.
—Su nombre era Hon. Era un ángel viejo y parecía enfermo; al menos su semblante lo decía. Estaba cansado... y cuando nos vio dijo que estaba esperando nuestra llegada. Nos hablo del futuro y respondió algunas preguntas que le hicimos.
—Espere. No entiendo nada— Dijo Kibito.
El anciano comenzaba a cansarse y dijo: — Deja de interrumpirla y escucha. No entenderás si no le prestas algo de tu atención y dejas de ponerte paranoico cada vez que escuchas la palabra ángel.
—Lo siento…— Dijo Kibito.
Uranai Sonrió y continuo: —El ángel nos dijo que era el último guardián de los elfos y que había custodiado el templo durante millones de años. Luego nos habló del futuro que los elfos le mostraban. Culpo a los humanos por alterar el tiempo y también dijo que de todas formas no solo ellos intervinieron, sino que también había una fuerza más oscura y poderosa que conspiraba para que remover el despertar de los dioses y el destino. Luego le pregunté si conocía algo de un misterioso ser que llego a este mundo con un objetivo. Él se rio a carcajadas y dijo que ese ser no tenía un objetivo si no que tenía un destino, pero que no lo sabe o no lo recuerda. Me dijo que yo era la única sobreviviente de los humanos luego de la destrucción de la tierra a manos de los androides y que mi destino era estar al lado del ser por el que llegue a preguntar. Allí mismo le pregunte cuál era su nombre y me dijo que su nombre era Neptuno, "Rey dios Neptuno" …
—Oh cielos… —Dijo Kibito interrumpiendo Asombrado. Pues, ahora tenía un verdadero nombre para "eso" que sintió durante el tiempo que estuvo fusionado con Shin
—¿Qué más le contó el ángel Hon, Uranai? — Pregunto el anciano más que intrigado por terminar de escuchar a la mujer.
— Oh bueno. El ángel dijo que conocía a Neptuno y que tenia un destino...Solo eso... y después dijo que cuando lo trajera también llegaría la ascensión del sacerdote. ¿Ustedes conocen algún sacerdote?
—El único sacerdote que conocemos es padre de todos los ángeles que habitan en este universo y su nombre es Daishinkan.
—Pues no me dijo ningún nombre con respecto a él, solo me dijo que ya sabríamos de quien se trataba. Y luego dijo que no tenía más información. — Pronto cayo y se sumergió en un nuevo pensamiento, el cual la llevaba a meditar si debía seguir hablando o no, pero Hon no le dijo que tenía que guardar ese secreto. Segundos después continuos: — Lo siento, temo hablar de más… yo…
—Descuida— respondió el anciano — Nosotros no queremos perjudicar a Shin… o Neptuno. Durante estos últimos días, con Kibito intentamos buscar la forma de solucionar esto. Encontramos una carta y allí revela toda la verdad de lo que sucedió y de porque Neptuno nunca llego a encontrarse con su objetivo.
—¿Quiere decir que ya saben de quien se trata? — Pregunto ansiosa
— Lo sabemos, pero no podemos acercarnos a él. No solo Shin perdió su memoria gracias a las artimañas del ángel Wiss, también lo hizo ese jovencito y a manos de una poderosa Bruja llamada Towa, pero ella no es una bruja común y corriente. Ella es una makaioshin; un shin-Jin malvado y se rumorea que esa muchacha es la última sacerdotisa oscura de los makaioshin. Wiss supo hacer una buena jugada.
La anciana empezaba a enredarse con el relato del antiguo supremo y rápidamente interrumpió: —Espera, Wiss es el ángel del dios destructor ¿Por qué querría arruinar a Neptuno?
— Él no quería arruinarlo. O no de la forma que nosotros lo vemos. Al parecer solo quería quedarse con Shin y a quien le conoce como Neptuno, porque estoy seguro de que ese miserable sabe muy bien quien es Shin.
— Pues… el ángel Hon me dijo que debía informarte que Wiss no es el enemigo.
—¡Oh vamos! — Respondió kibito alterándose al instante y levantándose del sillón — No voy a confiar en un ángel otra vez, no me importa lo que haya dicho ese tal Hon, pero Wiss arruino los planes de Shin y nadie más que él es responsable de lo que está sucediendo en este momento.
—Entiendo tu posición Kibito. Pero no puedo hacer oídos sordos a ese ángel, el me hablo del despertar de los dioses, algo que vengo pensando desde hace tiempo, y es algo que yo te dije a ti antes de que él lo dijera. Tampoco puedo negarme a seguir con este destino… El ángel dijo que, si queríamos conocer más sobre esto y sobre el despertar de los dioses que debíamos buscar el libro de Crystal, el único libro escrito por los elfos.
—Suena interesante…— Respondió el anciano.
—Sí, sin embargo, el ángel dijo que el libro debía caer en las manos correctas y que esas manos aun no estaban listas para recibirlo. Luego me dio un Cristal, no tengo aquí lo escondí en un lugar seguro porque debía protegerlo, Hon dijo que muchas manos intentaran corromperlo. Intuyo que estamos en el sendero peligroso del que nos habló Hon y él dijo que ese cristal era un fragmento extra del libro. "Cuando veas el caos frente a tus ojos deberás entregárselo a quien corresponda, no debes hacerlo antes" Esas fueron sus palabras y pienso cumplirlas hasta el final. Porque Hon me nombro en este juego y dijo que yo sería lo leal consejera de Neptuno. No voy a fallarle a él, ahora sé que estoy aquí gracias a él. No sé cómo lo hizo, pero no llegue a este lugar por capricho.
—Lo comprendo— Respondió el anciano. — ¿Hay algo más que te haya dicho?
—No lo sé, no lo recuerdo bien…
—¿No le hablo de ningún aprendiz? — pregunto Kibito.
— No. De todas formas, con Piccolo llegamos a una conclusión. Que el ángel sabía mucho más de lo que dijo, pero que de alguna manera tenía prohibido darnos más información. El conoció a Neptuno; sabía todo, pero no nos quiso decir, estoy segura. No es extraño que se haya llevado a la tumba la información de ese aprendiz que tú dices Kibito.
— ¿Esta muerto? — Pregunto en un tono desaminado y luego sintió como sus esperanzas se fueron nuevamente al suelo.
— Así es. Él está muerto y a manos de Dende. Fue un trato… pero les contaré luego.
Por un momento la sala se sumergió en un ensordecedor silencio. El anciano meditaba dándole vuelvas y vueltas al asunto. Por otro lado, Kibito aún no quería confiar en las palabras del ángel Hon, y lo peor que pudo haber escuchado era que Wiss no es el enemigo. Para Kibito Wiss era el principal enemigo, el protagonista de todas las desgracias que envolvían a Shin. El relato parecía haber aumentado su odio, y el coraje crecía aún más de solo pensar que todavía no tenía una solución para el aprendiz…
—Hay algo más…— Dijo Uranai recordando su sueño nuevamente. — La figura en mis sueños me dijo "Las fichas se movieron" "Muévete también" Creo que su juego cambio y lo hizo de manera apresurada.
—¿Quiere decir que Neptuno cambio sus reglas? — Pregunto el antepasado bastante confundido y pensativo a la vez.
—No lo sé— Dijo la anciana. — No estoy segura...
— De acuerdo — Dijo el antepasado — Sigamos sus reglas, él dijo que te muevas y tu llegaste aquí ¿Para donde debemos movernos nosotros? ¿Qué ficha somos en su tablero? Para saber eso, tenemos que tener a Shin cerca de nosotros y estudiar cada palabra que dice porque ahora que lo pienso, en cada palabra ese muchachito esconde algo extraño, o chiflado, pero siempre termina teniendo razón.
—Bien. Entonces espero que pronto vuelva aquí, cuando lo haga tal vez pueda venir con su permiso.
El anciano interrumpió: —Yo creo que usted debe quedarse aquí un tiempo Uranai. El movimiento del que le hablo en sus sueños, amerita que usted no se mueva hasta un nuevo aviso. Es una sugerencia, tal vez no suceda nada, pero si usted se queda quizás podamos trabajar juntos y pensar de qué forma movernos para ayudarlos sin perjudicarlos, porque no olvidaremos que Zamasu es parte de esto y es una ficha importante.
Uranai suspiro. Sabía que ese momento llegaría, pero no creyó que fuera en un abrir y cerrar de ojos; literalmente. Apenas traía puesto un oscuro camisón similar a su túnica negra, pero lo más alarmante era que su bola de cristal había quedado en su habitación, y lo que era peor… es que no tenía en sus manos el cristal que debía cuidar. Luego esa breve meditación la anciana respondió: — De acuerdo, pero debo ir por algunas cosas al otro mundo.
…
Un cuento más
(Escena retrospectiva)
Los ojos del niño parpadeaban pausadamente mientras su mirada estaba depositada en un colorido dibujo. Estaba entretenido; lo suficiente, y agradecía al menos poder dibujar en el día de su cumpleaños y no ser enviado a limpiar o hacer cualquier otra cosa poco divertida. La mayor parte del tiempo se dedicaba a las labores de la casa que compartía con el supremo Rou en la aldea. Este casi nunca estaba, pero era su obligación mantener todo en orden o de otra manera se ganaba un castigo.
De vez en cuando desobedecía o causaba alguno que destrozó, o bien, rompía algo que fuera importante para Rou. Luego y como lo había hecho durante casi un año comenzaba a los gritos, daba de patadas en el suelo y lloraba a moco tendido que no lo enviara a las mazmorras…
Era listo… muy listo, y Rou era muy pero muy estúpido para darse cuenta del numerito que montaba solo para correr a los brazos de Koro. Era tan listo, que sus hermosos sueños los transformaba en pesadillas y luego en plena madrugada; y si es que se despertaba, salía de su habitación y corría por toda la sala gritando: "No, no. ¡El malvado jardinero viene a buscarme! Y estaba claro que de esta manera Rou se enfurecía y le repetía: "escuincle baboso, los shin—jin no soñamos, eres un mentiroso" y así es como terminaba ganando y deshaciendo del molesto enano Rou.
Extrañaba por demás a Koro, y no lo veía desde hacía varios días. Pensó que tal vez ese sería su mejor regalo de cumpleaños; poder estar al lado de Koro y recibir un poco de ese cariño que el hombre le brindaba en secreto, además de recibir un cuento y una sienta a su lado… pues, en ciertas ocasiones Rou lo olvidaba durante todo el día. Así sucedió que un día, los guardias entraron para llevarle algo de alimento a Koro y como Rou lo olvido este tuvo que escabullirse debajo de la cama. En otras circunstancias hubiese añorado que lo descubriesen y así Rou pagaría su castigo por enviarlo a un lugar prohibido para niños, pero era listo… y sabía que si lo descubrían no podría volver a ver a Koro.
A lo lejos se escuchó la puerta de la pequeña cabaña, el niño sonrió; amplio, y toda su perfecta dentadura de dejó ver, sus bellos ojos se volvieron como dos granos de arroz ante tan divertida sonrisa y ahora solo esperaba en toque final.
— ¡Maldito niño del demonio! — Se escuchó gritar a Rou desde el otro lado de la puerta.
El pequeño abrió los ojos de forma enorme y rápidamente le hizo un doblaje a su dibujo guardándolo en su túnica. Luego y a gran velocidad la puerta de la habitación se abrió de un golpe haciendo que chocara contra la pared.
— ¡Tu! — Dijo Rou enfurecido y con ojos que parecía que echaban fuego — ¡¿Qué hiciste con mi pastel de manzana?!
— ¡Lo siento, lo siento mucho señor Rou! — Dijo el niño haciendo unos pasos hacia atrás.
— ¡claro que no lo sientes! ¡Lo disfrutaste maldita sea, eres un niño desgraciado y mal educado!
—Lo siento…— Respondió el pequeño agachando su cabeza y a punto de romper en lágrimas
— ¡No! ¡Ni se te ocurra llorar mocoso! — Dijo Rou. Pero fue demasiado tarde, ya que el niño empezó a demarrar lágrimas mientras caminaba hasta un rincón sobándose sus manos; como si le causará dolor.
—Hoy es mi cumpleaños…— Dijo el niño afligido – No me envíe a las mazmorras.
Rojo de irá y con los puños bien apretados el enano respondió: — ¡Y a mí que me importa si es tu cumpleaños, ahora pasarás el resto del día en ese asqueroso lugar y siendo atormentado por el jardinero loco! ¡Ven aquí! – en unos cuantos pasos Rou llego rápidamente al niño y lo tomo del cabello sin ningún tipo de delicadeza. Así es como siempre solía tratarlo, no sólo cuando cometía algún destrozo o por comer un pastel de manzanas, lo hacía cuando le daba la gana.
Para cualquiera aquello podía ser un acto de violencia, pero no lo era para los aldeanos que vivían allí, pues, nadie contradecía a un supremo, además, Rou se había hecho cargo de mostrar al niño como un shin—Jin revoltoso e indisciplinado que no aprendía ni con un golpe. Lo llevo a rastras de los pelos hasta cruzar la sala, entre llantos del niño que eran ciertos ya que después de todo era doloroso ser arrastrado de los pelos.
En pocos segundos ya se encontraba fuera de la cabaña. Los pocos Shin—jin que estaban afuera miraron no muy sorprendido, otros negaron con su cabeza en un gesto indefinido; de no saber si lo hacían porque no podían creer que el niño no aprendiera a comportarse o si realmente negaban el maltrato que Rou tenía contra este. De todos modos, así fue el recorrido hasta llegar al castillo, acompañado de varios cachetazos que se ligó al no dejar de llorar y gritar a todo pulmón…
Al llegar al castillo solo se limitó a comprobar que no estuvieran lis guardias; nunca estaban, y esa era la buena suerte de Rou… y también la del niño.
—Me duele…— Dijo el niño entre más y más lágrimas incontrolables con sus cachetes enrojecidos de tanto ser golpeado.
— ¡Cierra la maldita boca! — Dijo entre dientes – Si alguien nos descubre juro que te sumergiré en agua hirviendo hasta despellejarte. ¡Ahora camina!
De un tirón Rou avanzó con el pequeño aún tomado del cabello hasta la entrada de las mazmorras, entró y arrojó al niño escaleras abajo con menos delicadeza de la que había sido arrastrado hasta allí.
El niño rodo varios escalones, está vez sintiendo mucho más dolor del que imagino ya que no contaba que fuera arrojado de esa manera. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensar en el dolor ya que Rou bajo a gran velocidad hasta alcanzarlo y volvió a tomarlo del cabello esta vez para levantarlo y decir:
— ¡Esto es lo que te ganas por no obedecer! —
El niño derramaba lágrimas auténticas, estas eran mucho más verdaderas, pero siempre llegaba esa parte y quizás era la más dolorosa… porque está se transformaba en la más recordable al llevarla en la piel. Rou desabrocho el cinturón del niño, y a gran velocidad aflojo el botón que tenía el traje, luego y con más brusquedas levantó su camiseta. Saco de su bolsillo una pequeña hoja afilada y de un solo movimiento tiro del pantalón del pequeño para dejar expuesto su abdomen y parte de sus caderas.
El pequeño se cubrió los ojos con sus manos. Allí y en menos de un segundo sintió los veloces y profundos cortes que Rou le provocaba sin piedad. Cada una de ellas quemaba insoportablemente, y cada una de ellas tardaba meses en cicatrizar… algunas, ni siquiera lo hacían porque Rou volvía a arremeter en el mismo lugar. Así el niño moría un poco más, pero así también recuperaba un poco de libertad. Koro, y nadie más que Koro se habían vuelto la salida a su soledad… Koro era el único capaz de brindarle una caricia y recordarle que no era una desgracia para el mundo. Era el jardinero quien se encargaba de demostrarle que el mundo era bello; aunque no lo viera de esa manera… Ese hombre era el único que lo veía con un profundo amor, incluso, más profundo que ese amor que solía recibir de la Kaio Tieer.
Si Koro estaba a su lado, aunque sea un instante, entonces para el niño todo valía la pena; cada golpe, cada grito y cada corte…
— ¡Deja de llorar! — Grito Rou sobre la cara del niño luego de tomarlo fuertemente de la mandíbula – Pasarás aquí el resto del día y pobre de ti si alguien te encuentra. ¡Ahora vístete y desaparece! Maldito castigo de los dioses ¡Eso eres! Un castigo ¡Una maldita plaga que debería ser exterminada! ¡Eres tan despreciable como un humano desesperado y egoísta! ¡Vete ya maldición!
El pequeño apenas limpio sus lágrimas, su dedicación estaba toda en abrochar su ropa mientras caminaba escaleras abajo entre más llantos ahora silenciosos. Escuchaba de fondo todas las palabras de Rou, pero estaba apurado por correr en dirección a Koro, porque seguramente todo el escándalo había hecho eco hasta la celda y estaba seguro de que Koro mordía la almohada o rasguñaba las paredes por no empezar a gritar como un loco por el daño que le causaba ese enano malvado.
El jardinero conocía el truco del niño, y hasta se negaba a continuar si el precio era pagar con golpes antes de ser encerrado, y no contaba con los profundos cortes, porque eso era algo que el niño prefería callar. Moría de dolor y hacía esfuerzos enormes para no demostrarlo frente al jardinero.
Sin notarlo había llegado a su destino. El jardinero estaba parado tras las rejas, con la boca abierta apenas visible por su largo bigote que continuaban como gran extensión a su larga barba. Tenía las cejas; largas como su barba y que casi le tapaban los ojos, completamente fruncidas después de escuchar todo el griterío, y sus manos colgaban entre las rejas. Apenas reaccionó cuando vio a su pequeño, pues ¿cuál había sido el precio nuevamente?
No estaba feliz ¡para nada! Y menos de ver como el niñito llegaba limpiándose las lágrimas rápidamente con tal de hacer más amena su llegada, pero no era para nada agradable… no de aquella forma.
— ¿Qué es lo hiciste ahora pequeño? — Dijo Koro con su grave voz.
El niño se limpió las últimas lágrimas y respondió: —Me comí su pastel de manzanas—
— ¿Qué? — Pregunto más que indignando — ¿Y por eso te golpeo así?
El pequeño se encogió de hombros acompañado de una curva en su boca y respondió: —Es que, es que en realidad no me comí su pastel.
Koro confundido, pregunto: — ¿No? ¿y entonces?
—Se lo di a las gallinas…
—Oh… niño— Respondió Koro y rápidamente estiró sus brazos con la intención de tocarlo.
—No me gusta su pastel de manzanas. Sabe horrible…
Koro sonrió. Sin embargo, era una sonrisa amarga… El antes que cualquiera sabía que día era. Y también sabía que el deseo del niño era estar allí. El pequeño camino los últimos pasos que faltaban para llegar a los barrotes y como siempre lo hacía paso entre ellos para abrazarse directamente al jardinero. El hombre ni siquiera dudo en corresponder. Sus brazos lo rodearon por completo; hasta casi desaparecer entre ese enorme cuerpo.
Las pequeñas manos del niño hacían presión sobre la ropa del hombre, siendo una señal fundamental para Koro de que su pequeño necesitaba de él. Siempre lo supo, y lo sabía cada día de su vida. Aunque su hijo no supiera quien era en realidad, sabía que a su lado era feliz.
—Sabes… hoy te cumpleaños. Y me siento feliz de que estés aquí… Sé que provocaste esto para llegar a mí. Pero no puedes continuar haciéndolo. Rou no tiene piedad contigo y yo no puedo hacer nada por ti aquí adentro.
—Pero yo quiero estar a tu lado...— Dijo el niño con la cara hundida en la barba de su padre.
—Lo sé, lo se niño. Pero Mírate – Respondió y luego despegó al niño de su cuerpo para mirarlo a los ojos. —Mira tu rostro… eres solo un pequeñito y ese hombre se ensaña contigo peor que con un animal ¡Y ni siquiera un animal debe sufrir maltrato! No estamos en este mundo para sufrir si no para experimentar la dicha de la vida.
—¿Qué es la dicha? — Pregunto el niño
-Bueno, pues…— Respondió Koro. Luego de se detuvo un momento a pensar en cómo explicarle al niño. — La dicha lo es todo, pero no puede ser definida con tantas palabras porque entonces se volvería estúpida como el amor. Digamos que la dicha es la contemplación de la vida misma cuando la mente y el corazón sincronizan con el ser, allí es cuando ves el mundo como realmente es y descubres que todo y nada es lo mismo, que tú y yo es lo mismo, que Dios y tu es lo mismo, y que todo es el mismo uno.
—… no entiendo— Respondió el pequeño y recargo su cabeza en el pecho del hombre.
—No te preocupes. Lo entenderás. Tú eres un milagro de la creación ¡qué digo! Tú eres la cabeza de la creación. Eres un ser maravilloso y lleno de amor ¡Oh sí! — Dijo el hombre asintiendo levemente. Después y de un solo movimiento levanto al niño en el aire y lo llevo directo a su cama. Allí lo dejo sentado para luego decir: — ¡Tú eres como una joya preciosa que pasa desapercibida frente a los idiotas que no reconocen un pedazo de vidrio y un cristal! ¡Eres como las joyas que los enanos tiraron al mar porque no tenían el mismo color que el oro…
— ¿Enanos? —Pregunto curioso. — ¿Enanos como Rou?
— ¡Oh no! ¡qué horror! No eran enanos como Rou, nada de eso, estos eran enanos lindos…—Respondió, aunque sabía que los enanos eran horribles; como Rou. —Bueno, ese no es el punto lo cierto es que los enanos se criaron dentro de las oscuras cavernas y cuevas de un extraño planeta… pero ¿Quiénes eran los enanos? — Pregunto Creando algo de suspenso en el niño.
—Mmm… ¿humanos? — Respondió.
— ¡Acertaste! —Dijo con una gran sonrisa —Eran humanos, uno de los primeros humanos.
El niño interrumpió rápidamente: — ¿Y sabes que Kaioshin los creo?
—No ¡No, No! — Dijo y movió sus manos en gesto negativo. —Lo enanos no fueron creados por kaioshines.
El pequeño abrió sus ojos enormes al igual que su boca. Estaba tan sorprendido como intrigado por saber de quién eran obra los Enanos. Por supuesto que Koro sonrió al ver el rostro del niño y su maravillosa mirada gris. pronto, continuó:
—Sabía que te sorprenderías. Y te sorprenderá aún más cuando escuches quienes son los creadores en esta historia. Pues, los enanos fueron la segunda creación de humanos a las que el gran Rey y dios de los elfos les dio la vida.
El niño abrió sus ojos más sorprendido aun e interrumpió casi en un grito: — ¡¿Elfos?!
— ¡Así es! ¿Asombroso verdad? ¡Pues la historia dice que el Rey elfo blanco creo a los enanos y que convivía con ellos en el mismo planeta! Los enanos eran rudos por naturaleza, pero respetuosos con el medio que los rodeaba, sobre todo con los elfos ya que el Rey sentía un profundo cariño hacia ellos porque sus corazones eran tan limpios y puros como las aguas de sus tierras. Solo tomaban de la naturaleza aquello que necesitaban ¡no más! Y esto enorgullecía a cualquier elfo. Los enanos eran pacíficos ¡sí! Pero no estaban solos… Los Orcos, convivían no muy lejos; estos fueron la primera creación de los elfos, y no eran malos por ser feos ¡Nada de eso! Eran malvados porque su naturaleza los hizo agresivos, pero los elfos no querían acabar con orcos, entonces intentaban mantenerlos en un territorio alejado, sin embargo, eso no era del todo posible ya que escapaban y destruían todo a su paso. Los enanos que eran más pequeños pero civilizados intentaron llegar a un acuerdo con los orcos, pero estos solo gritaban y se comunicaban a base de golpes y aullidos extraños, además ¡era imposible acercarse a ellos! En fin… Los enanos le prometieron a Rey elfo y su gente que alejarían a los orcos siempre que pudieran, el rey como muestra de agradecimiento les regalo un territorio cubierto de cristales gigantes, medianos ¡de todos los tamaños! ¡Podían construir enormes palacios con todo ese cristal! ¡Lo que quisiera! Pero no brillaban… no de la forma que lo hacia el oro. No eran amarillos y no sonaban como el oro, y entonces, los enanos sonrieron agradecidos, pero no entendieron que el cristal valía mucho más que el oro…
—Oh…—Dijo el niño temiendo el final — ¿Y qué sucedió?
—Pues todo fue a parar al mar. Y se justificaron diciendo que le hacían una ofrenda a este…
—¿Y qué dijo el Rey?
— Bueno… eso no lo sé. Es una de las tantas historias y anécdotas de los enanos. Pero estoy seguro de que si los enanos supieran el verdadero valor de esos cristales hoy estarían revolcándose en sus tumbas… ¡Pero! No todo fue enviado al mar en realidad, porque los enanos notaron que al romper el cristal y convertirlo en polvo le daba una excelente blancura a los suelos y un brillo mejor que cualquier tierra o arena. Pronto el cristal convertido en polvo les resulto algo novedoso y también digno para que lo pisaran los elfos, y un día los enanos bañaron los suelos del gran territorio de los elfos con polvo de cristal. Fue así como tiempo después este territorio se convirtió en Arena Crystal.
— Ooh…— Dijo el niño sorprendido. — Entonces ¿Los enanos se quedaron con las manos vacías?
—Nada de eso… ¡Tenían oro! Y tampoco les importaba alguna otra joya. Eran felices con su oro y además eran felices brindándole protección a los Elfos. Pero, mucho tiempo después el Rey de los elfos les concedió algo que nunca creyeron que tendrían.
—¿Dientes de oro? — Pregunto el niño
—¡Oh hooh! No, algo mucho mejor. Los elfos le concedieron magia y así repartieron algo de su maravilloso poder con otros seres inferiores. Los enanos eran sabios al utilizar la magia, de esa manera lograron alejar a los orcos de una vez por todas, nunca más se supo sobre estos, otras leyendas dicen que los orcos quedaron atrapados en una dimensión totalmente diferente a la nuestra... y otros relatos cuenta que Orcos hoy en día son los guardianes a los que el mundo de las almas les llama Ogros.
— siento pena por los orcos…— Respondió el niño algo pesaroso.
Koro sonrió y dijo: —Lo sé, pero no eres el único que sufría por ellos, también lo hizo el rey.
El niño hizo silencio un momento. Pensaba en el breve cuento que Koro le obsequio, pero además y como todo niño intentaba imaginar toda esa historia, sobre todo sentirse identificado con algún personaje del cuento, poco después dijo: —Rou me ve como un Orco…
—¡Oh hohoho! — Rio Koro divertido — ¿Qué cosas estas diciendo? Rou es el Orco en esta historia niño ¡Ni siquiera se asemeja a un enano!
—Pero… pero Rou dice que soy una desgracia.
—Escucha…— Dijo el hombre interrumpiendo y miro a los ojos del niño — Todo lo que Rou diga de ti, en realidad es lo que ve de sí mismo en su mente, solo que no lo acepta. Nadie puede decir nada de ti, ni siquiera yo. Ni tú, todo lo que intentes decir sobre ti con palabras será una mentira, pues ¿Cómo puede ser verdad algo que cambia constantemente? ¡Lo absoluto es verdad! El sí mismo está más allá de la mente, no tiene comparación. Así que no te sientas mal por lo que Rou dice de ti. Porque su mente esta consumida por el odio, los celos, la rabia y la envidia, de esa forma ¿Quién puede encontrarse a sí mismo y decir lo que en verdad es? Si quieres saber quién eres primero tienes que saber todo lo que no eres, solo así encontraras la verdad.
—Esta bien…— Respondió el niño. Pronto se incorporó para volver a los brazos del nombre. Koro correspondió el abrazo; algo afligido, pues no podía hacer nada por su pequeño más que contenerlo… de vez en cuando recordaba al anciano Gowasu. El estar tras las rejas no lo hacía ajeno a lo que ocurrió años atrás y si el viejo hubiera accedido a todo, nada de eso le ocurriría a su niño. Ahora sabía que tampoco lograría irse en unas cuantas semanas, ya que Gowasu desobedeció e intento llevárselo antes de tiempo.
El lamento del jardinero era silencioso. Sus ojos habían quedado clavados en la pared, inmerso en todo lo que sucedería con su pequeño ¡No podía soportarlo! Y por su mente pasaban veloces destellos de romper las reglas de Kaiju… una vez más, porque recordaba haber mandado al niño del otro lado del planeta, y no debía hacer eso ¡Pero estaba desesperado! Al cabo de un tiempo agradeció que el niño tuviera miedo de ir solo allí, no obstante, su pesadumbre aumentaba por saber que su hijo todavía estaba en las manos de Rou.
Koro sabía que tenía que confiar en Kaiju; también en Neptuno, pero le resultaba inevitable no cuestionar los motivos por los que su hijo debía pasar por todo ese sufrimiento. Entendía que era parte del camino, pero se negaba a aceptarlo… y pensaba: "Si tuviera una oportunidad, sólo una para salir de aquí entonces no lo dudaría" Era un deseo poderoso. Un inmenso deseo que vibraba con intensidad desde adentro hacía afuera y que penetraba en cada rincón de materia que conformaban y transformaban ese lugar, incluso ese deseo traspasaba hasta el más recoveco lugar donde albergaba tímidamente el ser dentro del pequeño cuerpo de su hijo. El niño levantó su vista, y la profundidad de su mirada toco a gran velocidad el corazón del jardinero... En seguida, la voz de su pequeño se dejó oír:
—Yo puedo sacarte de aquí…
Koro abrió sus ojos exorbitantemente; boquiabierto y sin saber que decir. Se había quedado sin palabras por primera vez frente al niño. Apenas alcanzaba a mover su boca y tartamudear un poco. Ahora entendía que su niño venía solo por ese amor y el impulso de sacarlo de esa prisión… su deseo había calado cada rincón del pequeño hasta el punto de ser capaz de romper con la fuerte magia de los kaioshins
—¿Qué? — susurro Koro.
—Si salimos de aquí tu podrás ver a tu hijo
—Oh… niño— volvió a susurrar Koro y negó con su cabeza —. Espera... ¿Qué estás diciendo? ¿Cómo, como sabes que puedes sacarme de aquí?
El niño, aún con la vista fija en su padre respondió: —No lo se...
Para el hombre aquello era una fuerte decisión. Buscaba entre el silencio una respuesta; de Kaiju, de si mismo… Lo que fuera, pero no escuchaba nada. Sus impulsos eran más fuertes que la voluntad de quedarse allí adentro. Su preocupación no estaba en el sino más bien en el niño. ¡Necesitaba una respuesta de Kaiju! Pero ¿Por qué está no llegaba? Acaso ¿Kaiju estaba de acuerdo en que huyera con el niño? ¿Era correcto tomar tan repentina decisión? ¡No tuvo mucho tiempo más para meditar!… veloz; el pequeño se removió entre los brazos del hombre y se dirigió a la puerta de macizos barrotes.
—Enovalvë (Remueve) — Dijo la dulce voz del pequeño resonando dentro de la celda.
Las paredes no tardaron en temblar y tampoco lo hicieron aquellos barrotes que separaban a Koro de su libertad. Los suelos se volvieron accidentados y una larga línea quebradiza nacía desde los pies del niño hasta llegar a los hierros. En aquel momento la puerta hizo un gran chillido como si estuviera oxidada y finalmente se abría frente a los ojos del niño y de Koro.
No había ningún motivo para decir algo. Koro se mantenía con la boca abierta al igual que sus ojos; tan grande como le era posible y apenas alcanzó a arrastras sus pies unos pasos al frente con pesadez.
Continuara
