Buenas tardes. Espero que estén todos bien en cualquier parte del mundo, yo aquí… caí en cama otra vez… aunque es una gripe que llego desde esta mañana. Bueno, deje el capitulo en dos partes porque si no van a tener que leer 48 páginas… Yo intento escribir más corto pero me gustan los detalles y bue… se me va la mano. Por otro lado, al manejar sucesos del pasado que son significativos tengo que tratar de explicar lo mejor posible.
Este capítulo tampoco reúne mis expectativas para ser publicado, pero como dije anteriormente… es así o tengo que publicar 48 páginas jajaja y eso me recordó a que estoy leyendo un libro que se llama El bazar de los malos sueños de Stephen King y sus capítulos son laaaargo… y yo toda desesperada quiero pasar al siguiente, bueno ya no los aburro conmigo, perdón, siempre termino allá arriba; por las palmeras.
Gracias Fanny por estar presente, aun no puedo responderte por privado ya que entras como invitada, y también, gracias a otra persona que entro como invitada y me hizo saber que le agrada la historia y que dice que Daishinkan se parece a su padre. ¡No te preocupes! El mío es parecido pero lo amo jaja
Espero que sea un capitulo agradable dentro de lo extenso y muchas gracias por tomarse el tiempo de leer.
Tengan buenas tardes. Saludos y hasta la próxima
Annanda
Nota: Un poquis de WissxShin
22-07 Corregí algunos errores, hasta ahora los que vi. Sepan disculpar.
Capitulo 11
Rebeldes – parte 1
Antigua conversación
Zamasu… Eres rebelde, tu, no perteneces a ninguna categoría. Eres rebelde por naturaleza y tal vez es por eso que Towa no ha podido dominarte… Pero, tú apenas eres un rebelde soñador; utópico, y la palabra utopía significa "Lo que no se cumple" Tus sueños son como una droga que te mantienen alucinando en cambiar las cosas, lo haces para no sumergirte en el sufrimiento del presente. Es posible que te conviertas en un verdadero rebelde, y ese día todo cambiara. Pero como autentico rebelde te encontraras con la muchedumbre y es a esta muchedumbre a quien le pertenece el poder. Ellos verán a un rebelde y saben que todo rebelde tiene un punto débil; vulnerabilidad… y entonces te destruirán con facilidad.
Debo reconocer que me siento profundamente conmovido por conocer a un rebelde, y me sorprende ver que no te conformas con el sistema y sus intereses, pero sin duda, tu rebeldía debe ser educada. Tu rebeldía pulida puede ser la salvación de este mundo. Tu, como nuevo rebelde traer la rebelión en todas las dimensiones de la vida… yo se que tu como un rebelde consciente puedes ser un dios creador de consciencia humana. Zamasu ¿Qué es lo que necesitas para instruir tu rebeldía?
El anciano Gowasu llevaba parado frente a la ventana de la biblioteca desde un buen rato, con los ojos puestos en la figura de su alumno, que estaba allí; no muy lejos, realizando un entrenamiento mental que había iniciado en la mañana. Para Gowas el aprendiz no necesitaba entrenamiento; al menos por un tiempo, pero lo que si necesitaba, era hacer una minuciosa observación hacia la vida, quizás empezar a crear algunas plantas, hongos, bacterias de todo tipo; lo que sea que hiciera florecer a la vida. Solo que temía hacerlo entrar en ese territorio en donde hablar de la vida se convertía en hablar de la humanidad, y hablar de la humanidad era motivo para que se le pelaran los cables y lo conquistara la rebeldía…
El viejo rasco su cabeza un momento al mismo tiempo que daba un fuerte suspiro, después y con toda la pesadez del mundo decidió darle una mirada a su mesa de escritorio en donde todavía descansaba el historial de Zamasu. El día anterior le hizo ojos ciegos al asunto y buscaba cualquier excusa válida o no para poner su atención en otra cosa con tal de no enfrentarse a esos papeles que los veía como si estuvieran malditos... Pero además, todavía estaba un poco alterado con la visita del antepasado del universo siete, y cada vez que pensaba en ello se irritaba un poco mas hasta el punto de mandar todo al cuerno, incluso ese bendito historial por el cual había estado tan desesperado por leer.
De un momento a otro, el viejo decidió moverse y caminar al oscuro escritorio. Luego, miro muy pero muy de reojo la carpeta y volvió a suspirar completamente desaminado por tener que enfrentar esos papeles. Ahora se veía como un chiquillo malcriado que no quería hacer los deberes del hogar… eso es lo que pensó, y como si fuera poco su conciencia le decía una y otra vez "Eres un cobarde" "Eres un maldito cobarde que no desea conocer a su aprendiz"
Sacudió la cabeza con algo de fuerza y luego; de una vez por todas, tomo asiento del otro lado abriendo la carpeta al instante y empezando a leer.
Nacimiento: 250 calendario Shin-jin -22 hs
El niño cayó del árbol sagrado siendo un fruto rojo en una noche de primavera a las 22 horas. La Kaiosama Tieer lo recogió y fue asistido en el templo principal por el equipo especializado en medicina Shin-jin. Después de una minuciosa revisión y observaciones, los médicos diagnosticaron que el niño tenía una energía saludable y que ya se alimentaba correctamente. Tiempo después se le asigno una habitación en el templo y allí paso su primer año de vida.
En el mes de noviembre del año 252 el niño paso a convivir con la Kaiosama Tieer, quien se encargo de darle la educación necesaria: Aprender a leer, escribir, aprender modales y tener una buena conducta; entre otras cosas.
En los siguientes años el niño no presento ningún tipo de inconveniente y se lo ve tener una vida feliz junto a su tutora. A los dos años de edad fue capaz de crear sus primeras plantas y diferentes tipos de arbustos, entre ellos, se aprecia la creación legitima de un árbol especial al que llamo "El árbol de taxus" El niño informo y se ha dejando asentado en el gran libro Shin-jin que el árbol posee propiedades curativas.
Notamos a un niño especial en cuanto a sensibilidad, también notamos que es muy intuitivo y racional al momento de comunicarse. Posee emociones muy marcadas y una gran empatía por todo lo que lo rodea.
Es un niño discreto, sumiso y de bajo perfil. Es positivo, sereno y trata de evitar las confrontaciones y los conflictos. Suele hablar poco pero cuando lo hace siempre es en un sentido profundo y con buenas ideas. Le gusta pasar tiempo solo y al parecer no le tema a la soledad.
La Kaiosama Tieer afirma que el niño es extremadamente sensible a todo lo que lo rodea, sonidos, colores, olores y que tiene una gran percepción hacia las energías negativas. Por otro lado se ha notado que el niño aprende a gran velocidad y que es muy inteligente. En ciertas ocasiones se ha notado que es un niño rebelde o inconformista a la hora de practicar con sus creaciones, y creemos que se sobre exige demasiado.
A los tres años fue aceptado como aprendiz del supremo kaioshin Rou del universo nueve, quien se encargo de darle el entrenamiento adecuado para sacar su máximo potencial. En el año 256 el supremo Rou informa que el niño empieza a volverse conflictivo y bastante revoltoso…
El anciano detuvo la lectura por un momento y dijo para sí: ― ¿Qué? ¿Rou fue su maestro? Oh… Ese maldito enano del demonio... ― Luego, y no con el mejor de sus semblantes volvió a poner la mirada en el historial para continuar con la lectura.
Estas actitudes por parte del niño, llevaron al supremo Rou a tomar medidas estrictas que pudieras componer sus actitudes, las cuales con el paso del tiempo fueron mejorando aunque no de la manera en la que exigía su maestro. No obstante, el comportamiento del niño no fue motivo para continuar considerando su potencial y de esta manera fue enviado al universo nueve en donde se convirtió en el Kaiosama del norte para cumplir con el trabajo asignado.
Informe del gran Kaiosama supervisor de los cuatro kaiosamas existentes en cada región:
Me complace conocer al primer Kaiosama más pequeño que he recibido en este mundo a lo largo de mi historia. Durante un tiempo he observado que el niño es bastante reservado. En las primeras dos semanas se ha limitado a pronunciar unas cuantas palabras, pero no he logrado una comunicación fluida con él.
Hasta el momento es uno de los Shin-jin más fuertes que he conocido y a tan corta edad, pero no puedo evitar pensar e informar que traer a un niño a cuidar la galaxia del norte es un tanto apresurado.
Durante los siguientes meses también he notado que el supremo Kaiosama lo visita con frecuencia. Suele llegar en la mañana y se lleva al kaio del norte por largas horas, a veces el niño no regresa hasta el nuevo día. Mi poder para demandar es limitado por lo que solo tuve una oportunidad para preguntarle al supremo Rou, los motivos por lo que se llevaba al niño e incluso lo hacía fallar en sus trabajo como guardián de la galaxia del norte, y la respuesta del hombre fue la siguiente "Por entrenamiento"
No he quedado muy a gusto con su respuesta, y considero que fue muy desabrida como para que la aceptara, sobre todo porque si los motivos son tales como el entrenamiento ellos pueden ser llevado a cabo en el planeta de la galaxia del norte, sin necesidad alguna de que el niño sea transportado. Por otro lado puedo observar que el pequeño kaio no siente agrado alguno por la presencia del supremo Rou. Puedo notar temor y hasta tiene una gran habilidad para demostrarlo. Presiento mucha angustia en él y no es necesario verlo llorar para saber que padece alguna dolencia ya sea física o espiritual. Intente por mis propios medios conocer al niño así como también saber la clase de entrenamiento que recibía, pero no he podido sacarle más que unas cuantas palabras secas y de poco sentido.
El viejo volvió a quitar su vista del historial y dijo: ―Maldito Rou… ¿Qué le hiciste?― Luego volvió a la lectura.
Al tratarse de un niño que es Kaiosama se solicito que alguien de mayor rango y que no fuera el supremo Rou, visitara al niño para comprobar que realmente no estuviera siendo hostigado o maltratado, pero no he recibido respuestas desde el planeta Kai-shin.
Me urge que alguien especializado pueda acercarse a visitarlo, puesto que noto mucho sufrimiento en el pequeño, y su actitud silenciosa ha ido en aumento. Se ha vuelto más hostil en cuanto se trata de vigilar a la galaxia del norte, se nieva a supervisar los planetas que rigen allí y a los humanos. Al ver estas actitudes y notar que no tengo ayuda de un personal especializado desde el planeta Kai-shin, me comprometí a forzar al niño a que hablara sobre los asuntos que lo aquejaban o al menos el motivo por el cual se negaba a realizar su trabajo. Me encontré con un niño paranoico que intentaba huir de mis preguntas, me vi obligado a tomarlo por los brazos e intentar asustarlo de alguna manera, y esto provoco un llanto incontrolable, sin embargo al cabo de unas cuantas horas el niño hablo. Su respuesta fue:
No deseo ver a la humanidad. La humanidad ha vivido creyendo en la realidad del alma y lo ilusorio de la materia, o en lo ilusorio del alma y la realidad de la materia. Nadie ha observado su verdadero comportamiento… y considero que el humano así como esta; solo es una división, no tiene comprensión entre el cuerpo y el alma. El humano es, o bien uno u otro, pero no veo equilibrio en el. Todas las antiguas doctrinas sabios y dioses que los mismos humanos se han creado solo se han encargado de dividir al hombre creando una especie de esquizofrenia en él.
La humanidad es violenta, y la violencia no puede formar parte de lo espiritual. Si se les ha dado la capacidad de pensar ¿Por qué actúan como seres irracionales? Se supone que la humanidad debería crecer a conciencia y sin embargo carecen de conciencia y rebozan de violencia. Traen el dolor al mundo, la miseria y el sufrimiento. No puedo ver un mundo agradable en donde no lo hay, y el mundo así como esta solo se condena a su propia destrucción tras violar a la vida. Su sentido de justicia en sí, es la venganza contra la violencia, y esta a su vez genera más violencia. Entonces ¿En dónde está el sentido de justicia de la humanidad?
Me vi en la necesidad de interrumpir al niño ya que considere que su visión sobre el mundo era algo que no esperaba escuchar. No encuentro calificativos para su respuesta y no me atrevo a decir nada que pueda perjudicarlo y tampoco avalarlo. Una vez más, me vi obligado a informar que es necesario que alguien visite al niño y que tenga encuentra un posible descanso. Su potencial tal vez sea efectivo en unos cuantos años más.
Gowasu se froto la frente quitando una vez más la vista del historial. Apenas alcanzaba a cerrar la boca después de leer la respuesta de Zamasu hacia un gran Kaiosama. Pensaba, que para ser un niño en aquel entonces, tenía una excelente visión y observación sobre el mundo, pero no era correcto para un shin-jin…
Dio un largo suspiro; profundo, y miro el historial nuevamente notando que aun tenía mucho más por decir, pero se vio obligado a cerrarlo de manera apresurada al escuchar el rechinar de la puerta y como esta se abría.
El aprendiz asomo su perfecta mirada lentamente y dijo: ― ¿Maestro…?
―Zamas…― Susurro el anciano―Debes golpear antes de entrar.
―Oh… lo siento― Respondió el aprendiz y cerró la puerta para esta vez golpear. Gowasu revoleo los ojos y al mismo tiempo dijo: ―Zamasu ¿Qué estás haciendo? Entra de una vez.
Zamas abrió la puerta mostrando una pequeña sonrisa y respondió: ― Lo siento. Usted dijo que debía golpear.
―Por todos los dioses antiguos…― murmuro el viejo Gowas echando la espalda hacia atrás hasta tocar el respaldo. ― Solo fue un llamado de atención pero no era necesario que lo hagas ahora.
―Lo sé― Respondió aun más sonriente ― Solo quería fastidiar.
― ¡Oh! Bueno, lo lograste. No es usual en ti…
El aprendiz volvió a sonreír con algo de picardía mientras caminaba nuevamente hasta el pasillo para traer la pequeña mesa en la transportaba el té. En tanto el viejo observaba todos los movimientos del muchachito, dedicándole miradas recelosas y sospechosas, pues, desde hacía mucho tiempo no veía a un aprendiz tan apacible y menos esbozando una traviesa sonrisa.
No paso mucho tiempo cuando Zamasu noto la mirada del anciano y decidió sacarlo de su ensueño diciendo: ― Yo… Yo, he oído que usted nombro a los dioses antiguos…
― Así es…― Respondió el viejo al mismo tiempo que veía como se llenaba su taza de té.
―Bueno… ¿Y porque nombrarlos?
―Oh pues…― Pensó un momento meneando la cabeza de un lado a otro. Un segundo más tarde respondió: ― Pues porque son los dioses antiguos.
― Bueno, eso explica porque la antigüedad persiste.
― ¿A qué te refieres?― Pregunto el viejo con un gesto de extrañeza, luego se acomodo en su silla dispuesto a escuchar.
―Que aún se conservan las doctrinas de la antigüedad, y usted al nombrarlos me las recordó.
―Mmm Bueno…― Respondió el anciano como primer comentario, porque en realidad no tenía la mas mínima de lo que tenía que decir. Pero como segundo comentario, decidió acotar: ― Has leído mucho y pues, eso explica tus conocimientos…
―Es posible…― Dijo Zamasu poniendo la taza de té cerca de las manos del anciano. ― aunque solo es eso, conocimiento, y el conocimiento no sirve de nada para sí mismo, aunque si sirve para enriquecer la mente
― ¿Podrías explicar eso?― Pregunto curioso
― Quiero decir, que el conocimiento adquirido solo son las experiencias y los trabajos de otros. El nuevo Shin-jin confía ciegamente en esos conocimientos hasta el punto de no cuestionarlos. Yo creo que los dioses antiguos tenían costumbres que hoy en día son un blanco para ser cuestionadas.
El viejo se removió un poco incomodo en su silla después de escuchar el comentario de Zamasu, pero más incomodo se veía frente al repentino silencio. Eso significaba que esperaba una respuesta... o algo, lo que sea.
Miro al jovencito intentando fijarse en sus ojos, pero este sonreía alegremente mientras servia su propio brebaje. Eso le dio una clara respuesta de que Zamasu pretendía acompañarlo a tomar el té, así que fue que de un solo movimiento apresurado tomo la carpeta del historial para ocultarlo en uno de los cajones.
―Despreocúpese supremo Gowas…― Dijo Zamas al notar la actitud del anciano. ― No tengo intenciones de meterme en sus asuntos.
― ¡No, no!― Exclamo abriendo los ojos sorprendido y haciendo un gesto de negación con sus manos. ― Discúlpame… es que veras… estos son asuntos del universo.
― Entiendo…― Dijo Zamasu y al mismo tiempo tomaba asiento de frente a su maestro. ― Los asuntos del universo aún no son asuntos míos.
―Bueno, es que todavía eres…
―Un aprendiz, lo sé― Respondió interrumpiendo ― Pero… por fortuna ser un aprendiz no me limita a conocer algunas mañas de las antiguas escrituras. Estas eran bastante claras en cuanto a su interpretación o por lo menos alguno de sus textos. He leído que los antiguos dioses tenían muchas costumbres que a lo largo de los primeros tres millones de años les generaron malos entendidos. Además, luchaban con todas sus fuerzas contra cualquier inclinación que la existencia les haya concedido como por ejemplo; amor y un gran anhelo por conocer la verdad, y sus tradiciones decían "¿para qué necesitas saber la verdad?" "Ya la tienes en frente de tus ojos, las cosas son así, porque si"
―Zamasu…― Dijo el viejo interrumpiendo la conversación al verse un poco embrollado. Por otro lado tampoco estaba seguro de querer entrar en ese tipo diálogo, porque ella podría transformarse en una charla profunda y de allí arrancaría una discordia; un desacuerdo que seguramente terminaría en el enojo del muchachito. A los pocos segundos el aprendiz continúo hablando:
―Lo siento maestro. Pero usted dijo que soy muy reservado y por eso intento mejorar ― Tomo un sorbo de té al tiempo que pensaba en las próximas palabras y después dijo: ― Sin duda… los antiguos dioses preparaban las escrituras para las nuevas generaciones y estas las tomaron incluso hasta eliminar la fe en sí mismos. Algunas de esas escrituras decían "Ten fe, ten fe en el gran supremo; el primer Shin-jin que tuvo la gracias de acariciar con sus pies las tierras sagradas del planeta Kai-shin" "Ten fe en el primer dios que tuvo la benevolencia de amar a los siguientes hijos del gran padre creador y que los condujo a la rectitud" Son palabras muy bonitas, pero en ninguna de ellas dice "Ten fe en ti mismo"
― Espera…― Dijo el viejo interrumpiendo ― ¿Tu…? ― Pero el aprendiz continúo hablando alzando la voz un poco más al verse interrumpido:
― ¡El antiguo supremo era listo! Y en unas pocas frases logro decir "Ten fe en mí y en las santas escrituras, pero no confíes en ti" "Deber ir en contra de ti mismo"
―Espera Zamasu― Dijo Gowasu nuevamente mientras negaba con su cabeza. Después volteo rápidamente a sus espaldas en donde solían estar los libros sagrados y dijo: ― Tú tomaste…
― ¡Oh no!― Respondió el jovencito rápidamente ― Yo no tomaría ninguno de sus libros a no ser que usted me lo permita. De ser así, me habría castigado.
Otra vez, el viejo volvía a sentirse incomodo, o quizás nunca había dejado de sentirse de esa manera, lo cierto es que de repente la respiración le pareció que se tornaba pesada y fue inevitable no fijar los ojos en los grises del aprendiz. Sin embargo y para su sorpresa, la mirada del jovencito no era para nada extraña, no había nada de malo en ella, tal vez algo de atrevimiento o coraje para sentarse y hablar de esa manera tan desbocada, sobre todo porque conocía su comportamiento.
El té preparado señalaba un corazón limpio; tranquilo y despreocupado. Entonces, no debía inquietarse tampoco, pero sin duda estaba intrigado, lo suficiente como para indagarlo, no obstante, no sabía con certeza si quería conocer la fuente de la que había sacado la historia de los grandes antiguos.
Zamasu, mientras tanto decidió no darle tregua al anciano y continuo con la conversación: ― Eran respetables y honrados por los dioses menores, y estos trataban de seguir todas sus reglas; también sus disciplinas aun sabiendo que ellas traían miles de supersticiones horribles; explotaciones físicas, psicológicas y un millón de filosofías para consolarlos de ser oprimidos.
―Detente― Dijo el anciano sin poder soportar más las palabras de Zamasu. ― No sé de donde sacaste esa historia pero…
―Pero no es una mentira, supremo Gowas ― Respondió Zamas convencido. ― ¿Me castigara por no mentir?
El anciano apretó sus dientes reprimiendo las palabras que iba a decir por puro impulso. Pronto pensó, que no estaba listo para esa conversación ni tampoco para ese tipo de preguntas que el jovencito le hacía como si fuera un reproche… estaba claro que no era un reproche, pero su conciencia se lo mostraba de esa manera, quizás porque tal vez en algún momento si hubo castigo…
Zamasu tenía pequeños instantes en los que parecía rugir y decir lo que pensaba, y allí estaba el viejo para contradecir su rebeldía. Pero ¿Eso era rebeldía? o ¿No? Tal vez si lo era, lo era al momento de reconocer que siempre rechazaba la forma de pensar de su aprendiz y también lo era cuando su conciencia lo obligaba a aceptar que había algo de razón en todo sus parloteos.
Ese sentimiento de temor llegaba como una ola arrasadora, y así se encontraba luchando contra sí mismo. La mente era cruelmente quebrantada por una conciencia que exigía libertad, el anhelo de esa misma libertad que poseía su aprendiz y que lo colmaba de júbilo con tal solo expresarse. En seguida, el aciano cerró los ojos dando un sonoro suspiro que se dejo escuchar casi por toda la biblioteca, después dijo: ― No, no voy a castigarte por no mentir…
―Está bien― Respondió Zamasu sonriendo nerviosamente, luego continuo: ― De todas formas… Esas historias no son ningún secreto para la sociedad Shin-Jin.
― Lo sé Zamas. Pero sin duda, muchas cosas aún permanecen ocultas.
― Si... Es que…― Respondió Zamas medio dudando si realmente debía continuar hablando.
― ¿Qué sucede?― Pregunto Gowas al notar el repentino silencio del aprendiz.
―No, no es nada.
―Zamas, si quieres decir algo solo dilo― Respondió el anciano y pensó, después de todo ¿Qué podía ser peor?
― Bueno es que… Para las mentes cómodas es mejor permanecer en un lugar; el más seguro, o bien, el que creen más seguro. Los antiguos dioses ocultaron muchas cosas de los ojos de los shin-jin, sobre todo a los más nuevos, y por eso los nuevos dioses protegen libros sagrados como los que usted guarda a su espalda. Los nuevos dioses son seguidores de los antiguos, no son individuos por derecho propio; solo siguen una cultura. A excepción de las escrituras donde hacia rituales y sacrificios asesinando a los Makaioshins frente al árbol Kaiju… Y yo me pregunto ¿Realmente quería eso? ¿Lo ha dicho? Es decir ¿El árbol dijo que mataran a sus hermanos?
La boca del anciano estaba abierta sin poder articular palabra después de escuchar lo que podía ser peor… juraba que si tenía la oportunidad de desaparecer; lo haría. Creyó que no podría sentirse más inquieto y tensionado, sin embargo, creyó mal porque allí se encontraba nervioso y a punto ser él quien deseaba huir de todo eso. Tal vez ahora sabia como se sentía Zamasu cuando no quería escuchar algo. Sin embargo, no podía darse el gusto quedarse callado o huir horrorizado sin preguntar de donde había sacado esa información.
De un momento a otro cambio su semblante desencajado a un más serio, y con todo el aplomo que requería dejo escapar de su boca una pregunta que sonó apenas en un susurro por temor a lo que podría escuchar: ― Quien… ¿Quién te dijo eso, Zamasu?
Los ojos del aprendiz esquivaron al anciano y finalmente llegaba la parte en la que tenia la necesidad de huir, porque decir la verdad tenía sus consecuencias y aun así también tenia la necesidad de decir la verdad, era un estado contradictorio, pero la necesidad de decir la verdad era más fuerte y crecía desde el fondo sin darle mucho lugar a que realmente quisiera escabullirse… pensó un momento y entonces recordó que después de todo… su visita no era del todo por casualidad.
Entre susurros y algunos balbuceos atropellados Zamasu respondió: ― Yo, es que yo… lo soñé, maestro…
―Por todos los dioses…― Dijo Gowas sonando cansando y recargándose en el respaldo de la silla nuevamente.
―Lo siento― Dijo el aprendiz como si estuviera sintiendo culpa, y al instante agacho su cabeza tímidamente al notar los ojos aterrorizados de su maestro ― ¿Me castigara por tener sueños?
―Oh Zamas…― Susurro el anciano al sentirse culpable de la repentina actitud vergonzosa y temerosa de Zamasu. Trago saliva sintiéndose lastimado con esas palabras y de repente se vio cruel; como un monstruo, se veía como un maldito viejo sin corazón. Todavía recordaba con claridad la primera vez que el aprendiz confeso los sueños y la forma en la que actuó…
―Solo, yo solo quiero saber si me castigara por tener sueños…― Dijo el aprendiz quitando al hombre de sus pensamientos.
― No…―susurro negando con su cabeza ― Ya es suficiente… No más. Yo no voy a castigarte Zamasu. Pero ¿Por qué me cuentas todo esto ahora? ¿Desde cuándo tienes sueños?
― No lo sé, yo, yo realmente no lo recuerdo bien. Lo siento…
― No te preocupes...
― Pero si me preocupa. Me preocupa si lo que padezco me limita a ser un buen aprendiz. Sé que no soy lo que usted esperaba.
― ¿Qué? No, no espera Zamasu…
― Ayer el antepasado del universo siete sugirió que debía mezclarme con otros Kaioshines y usted dijo que yo no estaba listo… usted dijo que yo era muy reservado, pero yo se que en verdad no quiere que me acerque a otros kaioshines por mi forma de pensar…
― No Zamasu, escúchame…― Dijo Gowas, pero fue nuevamente interrumpido
―Yo le juro que nunca diré que tengo sueños… intentare ser normal y…
―Ya no quiero escucharte más Zamasu― Interrumpió Gowas. Después estiro su mano todo lo que pudo hasta llegar a las de su aprendiz y dijo: ― Confía en mi así como lo has hecho hoy. Trabajemos juntos y cuéntame tus sueños, yo no te juzgare, lo prometo. No habrá castigo para ellos y no quiero que sientas temor. Tú serás un dios creador algún día y debes estar preparado; listo para ver el mundo y comprenderlo.
― ¿Y usted lo comprende?― Pregunto Zamasu haciendo que el viejo callara repentinamente y abriera sus ojos asombrado. ― Usted ¿Comprende el mundo, maestro?
El anciano sufría silenciosamente, y era posible con solo ver a los ojos del aprendiz y como estos reflejaban inseguridad; dudas verdaderas con respecto al mundo y sus doctrinas, veía las dudas con respecto a su propia raza y otra vez volvía a tener esa sensación de aceptar las razones de su alumno. Zamasu parecía pedir auxilio, como si siquiera hasta deshacerse de sí mismo y de sus propios pensamientos; o eso creía. Pudo notar al jovencito confundido, quizás tan confundido como él, porque en lo más profundo de su corazón también lo estaba.
― Podemos descubrirlo― Dijo finalmente. ― ¿Qué dices Zamas?
Zamasu dejó sus ojos clavados en el anciano y asintió levemente. La visita a su superior había sido con las mejores intenciones de llevarle algo caliente de beber. Suponía que tenía trabajo, y además, aunque no quisiera aceptarlo buscaba algo de cariño en el hombre, tal vez un poco de atención, porque su sueño no era una mentira, y le parecía que hasta había leído un libro completo. Por otro lado, el aprendiz también parecía sentirse presionado, y en efecto lo estaba. Su tensión nacía al recordar el sueño con el humano, pero además su tensión aumentaba al recordar como el antepasado del séptimo universo logró romper con la fuerte barrera de su mente.
De pronto, estaba desnudo, y lo poco que recordaba estaba expuesto a la mente de ese antiguo hombre. Luego sintió temor de lo que pudiera decirle a su maestro, y más tarde sintió la necesidad de acercarse a él y buscar una especie de refugio, un poco de confianza quizás, alguien a quien confesarle lo que su mente padecía. El anciano era lo más cercano que tenía a una familia. Lo consideraba un hombre anticuado, serio y retrógrado, pero él era mejor que no tener nada…
Mientras tanto Gowasu, podía notar algo de pena en el jovencito, y sabia que esta venia por haber confesado algo que conservaba; sus sueños. Rápido comprendió que Zamas no solo conservaba sus sueños si no que también conservaba su rechazo a la humanidad. Entonces… ¿Towa nunca pudo hacer nada realmente?
Tal vez sí, pero no del todo, y el anciano tenía muy claro que de todas formas Zamasu no tenia recuerdos del pasado, no recordaba a Shin, tampoco la caja por la que sufrió… Zamasu no recordaba haber pasado castigos severos sin comer, ni beber o dormir, y si recordase algo entonces jamás le hubiera confesado su secreto.
Ahora sabía que esos sueños eran reales, tan real como él, si no… ¿De qué otra forma podría obtener información tan sagrada y oculta como los rituales que se hacían con los Makaioshins?
―Maestro… ― Dijo Zamasu dudando un momento en hablar, porque su confianza en el anciano no era íntegra. No obstante, otra vez volvía esa necesidad de confesar― Hay algo más…
― Dilo…― Susurro sobándose la frente.
― Hay muchas cosas que no recuerdo. ¿Sucedió algo conmigo? Yo, yo intento recordar pero no puedo…
― Todo estará bien…― Respondió Gowas. Después, se levantó de su asiento y camino hasta el aprendiz para tomar su mano más de cerca. Podía sentirse el hombre más hipócrita del mundo y si se viera a un espejo se escupiría a sí mismo por cubrir su trasero, porque lo sabía y sabía muy bien lo que estaba a punto de decir: ―No sé qué sucedió contigo Zamasu. Tú nunca me contaste nada sobre ti y yo no puedo saber qué es lo que recuerdas y lo que no recuerdas. Pero no debes preocuparte por eso, porque tú y yo encontraremos la forma de solucionar esto. Confía en mí.
La mirada del aprendiz volvió a depositarse en los oscuros ojos del anciano. Su mutismo era la afirmación de que confiaría en el hombre, segundos después inclinó su cabeza al frente como si quisieras recargarse en algún lado. Gowasu interpretó aquello y al instante se acercó un poco más solo para cumplir el deseo del jovencito. Las manos del hombre tocaron su cabeza para luego dedicarle una caricia.
Tal vez se había salvado el pellejo, sin embargo, había mentido, y las palabras del antepasado volvían como un recuerdo "Las mentiras hacen que uno se consuma" "No permita que consuma a su alumno también" Pero, tenía miedo ¡claro que Si! Temía… le temía a su alumno ¡No podía evitarlo! Su aprendiz… ese dulce jovencito que ahora recargaba su cabeza en la parte alta de su abdomen, era un rebelde… No le importaba si tenía razones o no, su aprendiz era un rebelde.
…
Dioses
El Supremo Shin despertó no hacía mucho tiempo; una hora quizás. Todavía descansaba en la cama con su vista pegada a las cortinas de la ventana que flameaban con fuerza al tiempo que entraba una brisa suave y primaveral.
Los motivos que lo mantenían en la cama, en realidad no era más que su propio cuerpo, con intensos dolores en cada uno de sus huesos, y además contaba como muy poca energías.
De vez en cuando parpadeaba como señal de vida, sin embargo, no pasaron muchos minutos cuando algo llamo su atención haciendo que despegara la cabeza de la almohada. El motivo era el castillo y su silencio, pues, el gato era molesto y le parecía extraño que no estuviese causando algún escándalo o revoleando cosas al aire.
Dejo escapar un suspiro y decidido tomo fuerzas para levantarse. Como su paciencia no era la misma que el día anterior, ni siquiera reparo en que estaba descalzo y aun así camino hasta la salida. Se encontró con un pasillo tan silencioso como la habitación, ni un sonido, ni un chillido… tampoco había señales del pez oráculo o de Wiss. De todas formas, se conformaba con que no estuviera Bills dando vueltas por el castillo.
El recorrido era bastante minucioso, y los oscuros ojos con forma de almendras se posaban en cada habitación que tenia las puertas abiertas, curioso de ver que tanto podría tener el dios destructor en cada una de ellas; mas y mas camas, solo eso...
Paso rápidamente la sala principal, igual de silenciosa que el pasillo y enseguida llego a la salida del jardín tracero. Allí sus pasos fueron más apresurados y un minuto más tarde se encontró con los enormes arbustos del jardín; verdes y coloridos, gigantes y llenos de vida, tanto, que le parecía extraño que el planeta de Bills el destructor tuviera tan agraciada naturaleza. Los arboles también gozaban de una buena vida, e incluso unos cuantos animalillos que correteaban por el jardín.
Alzo las cejas bastante sorprendido y pensó "Tal vez debería ver con mejores ojos a Bills" pero al instante sacudió un poco su cabeza y recordó que era desagradable, y que siempre quería mantener el control de todo, y que además, debía cumplir con las órdenes que dictaba como si fuera su padre. Eso lo enfureció haciendo que cambiara su semblante a uno fastidioso y que ni siquiera notara que había llegado hasta el enorme pozo de aguas termales, lugar donde el dios destructor solía darse varios baños al día.
Camino en aquella dirección, y cuando estuvo mucho más cerca pudo notar la figura del gato entre los vapores que brotaban del agua, también noto como esbozaba una alegre sonrisa mezclada con un poco de maldad, como si solo estuviera esperando su llegada para decir alguna frase antipática u ofensiva.
Rápidamente freno sus pasos para dar la vuelta y volver por donde vino, sin embargo antes de que diera el primer paso se escucho gritar al gato: ― ¡Ven aquí!
Shin suspiro fuertemente volteando a dar la cara, segundos después término por acercarse hasta unos pocos metros antes de llegar al pozo de sales.
―Veo que la bella durmiente por fin se despertó…― dijo Bills sonriendo larga y burlonamente. ―Creí que tendría que despertarte con un beso de amor verdadero.
El supremo resoplo revoleando los ojos y respondió: ― ¿Siempre eres tan desagradable?
―Jajaja― Rio el gato ― Créeme, tu no me conoces cuando soy desagradable.
Como no estaba dispuesto a seguir escuchando, el supremo volvió a darle la espalda para retirarse. Pero la voz de Bills lo detuvo nuevamente: ― ¡Ven aquí!―
Shin volteo rápidamente y dijo ― ¿Qué es lo que quieres? No voy a discutir contigo.
― ¡Ya!― Dijo encrespado. ― Que mal humor tienes niño. Quítate la ropa y ven aquí.
―No― Respondió el supremo casi sobre las palabras del gato.
―Ham, no te estoy preguntando. Quítate la ropa y ven aquí― Ordeno nuevamente.
―No quiero bañarme. Volveré a mi habitación y me quedare allí
―No hagas que vaya por ti. Quítate ese aburrido traje que por cierto es horrible y ven aquí ¡ahora!
Shin apretó los puños con fuerza y su rostro se volvió más duro como señal de defensa, aunque esas cosas no amedrentaban al gato, mucho menos si venían de parte de un kaioshin. Ciertamente se sentía dominado, y no es que fuera algo nuevo tampoco. Desde que conoció a Bills el destructor siempre resultaba humillado con sus palabras o acciones. El gato se aprovechaba y en varias ocasiones tenia la leve sensación que hasta lo odiaba.
― ¿Qué estas esperando?― Dijo Bills haciendo que Shin se sobresaltara y agachara la mirada dispuesto a esconderse de sus ojos
No mucho tiempo después empezó a aflojar su cinturón, mientras tanto, continuaba escondiendo su rostro cohibido y humillado, pues, sabía que no ayudaría en nada y que solo aumentaría las burlas en el gato. Dejo caer el cinturón y la primera parte de su traje al suelo, para luego escuchar nuevas e irritantes palabras.
―Que lento eres ¿Quieres que yo te la quite, princesa?
Shin le dedico una mirada hastiada, pero continúo quitándose el resto de la ropa, en tanto apretaba los dientes con fuerza para no dejar escapar ningún comentario o empeorar los insultos de su vínculo.
― ¡Oh! ¡Tienes un buen pene!― Grito el gato eufórico después de ver que Shin estaba completamente desnudo.
― ¡Ya déjame en paz!― Grito Shin enfurecido e interrumpiendo el jolgorio.
El gato reía a carcajadas, mientras Shin caminaba furioso y avergonzado hasta el pozo de sal. La desnudez no era el motivo de su vergüenza, sino sus comentarios, porque a decir verdad, para los Shin-jin la desnudez no solía ser un tabú o una deshonra.
Se sumergió a gran velocidad y pronto volvió a cruzar la mirada con Bills. El gato sonreía como si mirarlo fuera lo más chistoso que sus ojos podían mostrarle, por otro lado, la sonrisa de Bills no era burlona, era una autentica sonrisa de satisfacción después de conseguir lo que quería.
― ¿Ya estas contento?― Pregunto Shin completamente enojado.
―Lo estoy― Respondió Bills acercándose un poco a lo que Shin respondió de forma negativa y retrocediendo hasta chocar la espalda con las paredes del pozo. ― Relájate…
―No te acerques. No es necesario ― Dijo Shin viéndose acorralado.
―Sí lo es. ¿A que le temes? No voy a lastimarte. Eso sería estúpido de mi parte porque si mueres también lo hago yo, y ciertamente no voy a cogerte si eso es lo que te preocupa ― Respondió Bills con una gran sonrisa.
Shin aparto la mirada del dios destructor, al mismo tiempo sintió como Bills le toma las manos por debajo del agua haciendo que se sobresaltara al instante.
―Tranquilo…― Dijo Bills, pero ahora con una voz más calmada acompañado de un semblante libre de sarcasmo o ironía. Aunque eso no era suficiente para Shin que se mostraba bastante nervioso e incomodo… y después de todo, estaba ahí en contra de su voluntad. En seguida y no mucho después de ver las manos de Bills unidas a las suyas, sintió como su cuerpo se llenaba de energía que entraba desde las palmas de sus manos recorriendo sus brazos, llegando a sus hombros y finalmente estallando para esparcirse por completo.
Poco a poco los dolores en los huesos iban desapareciendo así como también su energía empezaba a recuperarse. Abrió sus ojos sorprendidos y por un momento olvido que estaba enfadado y que aun permanecía en el planeta del dios destructor.
―Es bueno saber que no solo sirvo para destruir…― Dijo Bills mirando sus manos y la luminosidad que las cubría ― También para compartir mi energía contigo.
―Gracias― Respondió Shin aun asombrado.
― Olvídalo. Aunque… esto es extraño, ayer perdiste mucha energía en pocos segundos y lograste que me preocupara. Llegue corriendo a tu habitación y cuando entre Wiss te sostenía. Dijo que te desmayaste y entonces me quede contigo un buen rato esperando a que despiertes, porque no puedo compartir mi energía contigo si no estás consiente para recibirla. Y eso es una ironía de este mundo, es una burla. ¿Puedes creer eso? Lo único maravilloso que puedo hacer es salvar tu vida.
Los ojos de Shin se volvieron algo sospechosos. Luego y sin medir las palabras dijo; mas como un impulso: ―Lo cual para ti debe ser una valiosa bendición porque sino estarías muerto.
― ¡Ni tanto! Porque si te caes desmayado y a punto de morir seguramente estaría cantando estúpidas canciones angelicales contigo en el otro mundo.
― Espero que estés bromeando― Respondió Shin con un gesto no muy agradable― No quisiera tener que soportarte después de la muerte.
― Oh… Eso dolió― Dijo con una sonrisa de medio lado.
―por supuesto… porque eres muy sentimental…
El dios destructor, continúo sonriendo un rato mas mientras contemplaba el rostro de Shin; con ojos cortantes; acusadores y una mueca en su boca que parecía expresar desprecio. Podía notar que estaba tensionado y que por más que estuviera recibiendo energía que lo fortalecía, este quería romper el contacto, por eso, lo soltó y luego dijo: ― ¿Qué sucede contigo hoy? No tomare lo que dijiste como una ofensa…
―No lo es. Te estoy haciendo un reproche.
―Amm… Ya veo… ¿Y a que se debe el reproche, su majestad? ¿A compartir mi energía contigo? ¿Me reprochas la protección que te doy?
Shin interrumpió bruscamente diciendo: ― No seas hipócrita. Lo haces por ti. Tú no te preocupes por lo que me pueda pasar a mí y lo único que quieres es tu propio bienestar, así que no vengas a fregarme tus actos de caridad como si estuvieras haciéndome un favor. Si ya terminaste de compartir tu energía conmigo y estás seguro de que no voy a morir al caerme si tropiezo con algún escalón, me retiro.
―Veo que cuando quieres eres rudo y tienes carácter. Pero no vuelvas a comportarte como un insolente respondiéndome de esa manera.
― ¿Por qué? ¿Por qué solo tú puedes hacerlo? ¿Por que eres el dios destructor y haces lo que se te antoja? Tú no puedes hacerme daño…
― ¿Y por eso te aprovechas verdad?
― Como lo haces tú.
Bills contuvo la ira hasta el punto de ponerse rojo. Pues, al parecer iba perdiendo en el tonto juego de palabras, pero Shin no podía ser su blanco y antes de ponerle una mano encima era preferible que se la cortara, por otro lado se admiraba a sí mismo de poner controlar sus impulsos sin presencia de su asistente; eso lo ponía orgulloso. Segundos después dio un profundo suspiro y como nunca; intento apaciguar el ambiente.
―De acuerdo― Dijo Bills empezando a dar algunas vueltas en el agua ― Y dime ¿Que es lo quieres? ¿Cómo podría hacer que te sientas feliz y que sonrías? Joyas… ¿oro? ¡Tal vez diamantes!
―Puedo crear todo eso con mis manos― Respondió Shin sin quitar la mirada de los ojos de Bills
― Es cierto... Tienes la manipulación total de la materia. Que tonto soy― Respondió Bills. Dio unas cuantas volteretas, se sumergió en lo profundo y luego salió con una nueva pregunta ― Entonces ¿Qué es lo quieres?
―Que quiero que me dejes volver a donde pertenezco― Dijo decisivo y sonando lo más firme posible, aunque Bills no lo veía de esa manera y en cambio, admiraba con orgullo la voluntad del muchachito por querer tener el control de su vida. Fue inevitable que no hiciera una pequeña sonrisa y esto incomodo a Shin un poco más. ― ¿De qué te estás riendo?
― De ti― Respondió el dios destructor al tiempo que acercaba su rostro al de Shin ―Me rio de ti, de tu inocencia, tu pureza y la ingenuidad con la que ves el mundo.
―No estoy aquí para discutir contigo mi inocencia sino por mi libertad. La que tomaste por decisión propia porque crees que mi vida te pertenece.
―es cierto― Interrumpió Bills ― Tome una decisión sobre ti y soy egoísta. Pero esos pilares me mantienen con vida, dulce pajarillo. ― Hizo una pausa, mas por darse el gusto de sonreír y ver lo malhumorada que se volvía la cara de Shin. Después continúo: ― Yo amo la destrucción y tú amas la vida, sin embargo, yo amo mi vida y eso eres tú… ¡No lo tomes por el lado romántico y cursi! Por supuesto que no… Pero como tienes mi vida en tus manos es mi obligación cuidar de ti ¿Lo entiendes?
―No. Solo repites más de lo mismo y no me das una solución para mi libertad. No soy tu prisionero, Bills.
― Si fueras mi prisionero no estaría compartiendo contigo mis pozos de sal. Y… si fueras mi prisionero tampoco te dejaría la mejor habitación de mi castillo. Claramente no eres un prisionero aquí. Lo que tú no entiendes, es que ningún lugar es seguro, no en este mundo. Pero este lugar es mejor que cualquier otro si yo estoy para protegerte.
― ¡No!― Respondió Shin alzando la voz ― No necesito de tu protección.
Bills, endureció las facciones tanto como las de Shin y respondió. ― Tú no puedes protegerte y lo que te rodean tampoco pueden hacerlo. Allí afuera tienes muchos enemigos ¡Enemigos de tu clase! Y que quieren destruirte como lo harán con los demás. Tu planeta natal fue atacado ¿Y quién crees que pudo haberlo hecho? Pues otros shin-jin, igual que tú y lo más probable es que se trate de un makaioshin, porque a pesar de ser un dios destructor también poseo conocimientos de tu patético planeta y su gente. La muerte de esa Shin-jin solo fue un llamado de atención; una advertencia de quienes quieren acabarlos. No vivirás mucho allí afuera si continuas siendo tan dulce, agradable e inocente. El mundo no es para un shin-jin como tú. Tú no sientes odio, no guardas rencor, no sientes envidia… Eres gentil, agradable, cariñoso, humilde y compasivo. Vas por el mundo luciendo ese bonito rostro aniñado desprendiendo amor hasta para la más ridícula partícula de vida. Eres repugnantemente agradable a los ojos de esta mierda en la que flotamos y tus enemigos no tendrán ninguna de las cualidades que posees, mucho menos compasión por ti. No te protejo solo porque temo por mi vida, lo hago porque no puedo confiar en mi ángel ¿lo entiendes? Es cierto que pase mucho tiempo durmiendo pero ¿Por qué Wiss no acudió a tu ayuda en las dos oportunidades que estuviste en peligro? ¿Soy un paranoico por creer que mi ángel guardián quiso traicionarme o es que acaso tú fuiste realmente estúpido para no aceptar su ayuda? ¿Qué sucederá si un Makaioshin intenta asesinarte y Wiss guarda silencio para dejarte morir? Si tú me respondes correctamente podrás volver cuanto antes a tu planeta, de lo contrario permanecerás aquí hasta que me digas la verdad.
― ¿Quieres la verdad o lo que quieres escuchar?― Pregunto Shin, casi interrumpiendo.
―La verdad no siempre es lo que uno quiere escuchar, pero estoy seguro de no querer escuchar una mentira, y tú me mentiste. Y no lo hiciste por protegerte, tu amor por los demás siempre estará un paso adelante que tu amor propio. Es tu mentira la que me obliga a tenerte aquí. Observarte desde lejos no es una solución y no siempre Wiss está en el planeta… pero si estás aquí no te pierdo de vista por más que Wiss esté ausente, pero si Wiss esta allí afuera y tú también entonces no me siento tan seguro. Ahora habla porque de ti depende tu libertad.
―Te diré lo que recuerdo…― Respondió Shin sin dar vueltas al asunto. Aunque se veía bastante perturbado, quizás su cuerpo no lo decía, pero su cara lo expresaba muy bien y el dios destructor lo percibía. ― Los motivos porque Wiss no me ayudo son confusos…
― ¿Qué…?― Pregunto Bills extrañado, pero confiando en las palabras de Shin
― Yo puedo decirte porque no me protegió la primera vez que majin Bo ataco mi planeta porque no lo recuerdo, hay muchas cosas que no recuerdo de mi pasado, y se mezclan unas con otras, con diferentes realidades… ya no se cual es cual. Pero, puedo decirte que la segunda vez no lo hizo porque previamente tuvimos una discusión.
―Dime…― Dijo Bills furioso y tomando a Shin por los hombros ― dime ¿Qué fue lo que te hizo…?
― Espera…― respondió Shin intentando apaciguar los niveles de ira en Bills― Durante el tiempo que tu dormías, Wiss solía visitarme para ver cómo estaba; él seguía tus ordenes o eso pensé… pero luego se volvió molesto al reclamarme un amor que yo no comprendía y todo empeoro cuando intento besarme…
― ¿Q, Que?― Pregunto sorprendido ― Mi maldito ángel ¿Te acoso?
―No, yo no lo tomaría de esa forma, Bills. Solo sé que Wiss quería estar conmigo y yo lo rechace diciéndole que se fuera. Le dije que esperara a que sanemos… aunque no recuerdo muy bien porque le dije eso. Después Wiss desapareció y no supe de él durante más de nueve años― Hizo una pequeña pausa fijando sus ojos en Bills y luego dijo: ― Mi mentira tiene un poco de sabor a verdad y en cierta forma fui "tan estúpido" como para rechazar su protección porque lo prive de venir a mí. Pero cuando tu despertaste el volvió a obedecerte ¿Todavía sigues desconfiando de Wiss?
Por un momento Bills quedo colgado en la figura del supremo y su mente viajaba al relato contado. Sonaba convincente, pero no lo suficiente como para confiar en el ángel que dormía en su planeta. Para Bills, desconfiar era mejor que confiar y verse traicionado, mas aun con la aparición de súper humanos capaces de ser tan fuertes como un dios destructor… aunque, el también pertenecía a la raza de súper humanos…
De todos modos, para Bills había algo más que hacia desconfiar de su ángel y eso todavía era algo que no podía saber con exactitud.
―Wiss no quiere hacerme daño…― Dijo Shin repentinamente ante la mirada pasmada del gato.
― ¿Cómo lo sabes? Eres como un niño inocente que cree en cualquiera que le ofrece un dulce. Wiss te ofrece su verga ¿Y tu confías en él?
― No hablare contigo en esos términos― respondió Shin sintiéndose algo incomodo.
― Pues mis términos son claros cuando veo como mi ángel disfruta de tu presencia, y me gustaría que solo quisiera coger contigo en cualquier parte de este planeta ¡En mi habitación si es necesario! Pero no voy a confiar en él cuando el pez oráculo viene cada mañana y me dice "La razón no le salvara las alas" "Hoy no morirás traicionado" y bla bla bla ¿Qué tanto conoces tu a Wiss? ¿Crees que cabalgar en su verga nos mantendrá a salvo?
― ¡Ya basta!― respondió en un grito― Deja de hablarme de esa manera. Wiss no me hará daño.
― ¡Tú no estás seguro de eso!
― ¡Wiss me ama!
― ¡Maldición! ¡Hablas como una niña enamorada! ― Dijo Bills revoleando las manos en el aire y dándole la espalda a Shin.
― Y tú hablas como un gato paranoico― Respondió Shin, esta vez más calmado. ― Debes dejarme ir. Tú me quitas la posibilidad de comunicarme con los demás, si tu preocupación es Wiss entonces tienes que dejarme salir de aquí, porque al ser un kaioshin tengo fácil acceso al mundo de Zeno sama. Tú no puedes llegar ahí pero yo sí, y trabajamos juntos no hay porque temerle a Wiss. Podrías contarme lo que ves extraño en el y yo puedo hacer lo mismo contigo, de esa forma le podremos informar a Zeno sama de cualquier acto malicioso que este por cometer Wiss. A demás, Daishinkan es su padre, y tiene que saber lo que hace su hijo.
―Ya no confió en los ángeles. Y eso incluye a Daishinkan, el estuvo aquí ayer en la mañana y el pez oráculo predijo eso una hora antes… y no se fue sin hacer uno de sus típicos e irritantes comentarios…
― ¿Qué dijo el pez oráculo?― Pregunto intrigado.
― Pues… Dijo algo así como "Es un trato justo para el ángel y el demonio"… solo eso.
― ¿Qué?― Pregunto extrañado.
― Lo que oíste, el pez oráculo nunca explica lo que dice y si le preguntas te dirá "descúbrelo"… Un día voy a matarlo, le arrancare las escamas una por una y después voy a comerme sus ojos.
― Ya…― Respondió Shin desestimando las palabras del gato y mostrando desagrado ― Todo estará bien.
― No sabes eso kaioshin― Dijo Bills volteando su cara a un costado con un gesto desinteresado.
―Si lo sé… ¿Puedes confiar en mi aunque sea una vez?
La respuesta del dios destructor fue un revoleo de ojos para después volver a sumergirse en el agua. Shin, suspiro agotado y luego dio una rápida mirada a sus alrededores. Eso, le hizo notar la ausencia del ángel y también preguntarse en donde estaba. Seguramente, era la misma pregunta que se hacia el dios destructor. Su meditación se vio interrumpida al notar que unas pequeñas burbujas emergían de la profundadas y de un momento a otro Bills apareció a pocos centímetros del rostro de Shin diciendo: ― De acuerdo… Pero eso no evitara que siga observándote.
― Esta bien― Respondió Shin y como era de esperarse sonrió con inocencia.
El gato contemplo la acaramelada ternura en Shin y murmuro: ― Ag… Eres asquerosamente agradable…
El supremo, aflojo los hombros en señal de relajación y poco después se recargo en la pared empezando a disfrutar de las aguas termales.
Tal vez ese era el objetivo de Bills el destructor desde un principio y por eso sonreía al notar la tranquilidad del supremo, pero además tenía la necesidad de encontrarse a solas con él y hablar con total libertad sin la presencia del ángel. Pensó que después de todo, no era tan desagradable pasar un tiempo libre con el supremo que olía a lirios del valle o vaya a saber que planta extraña…
Después de un breve silencio Bills dijo: ― ¿Qué tal si salimos de aquí y comemos algo antes de que regreses a tu planeta?
― De acuerdo― Respondió Shin haciendo una media sonrisa.
Ambos dioses estaban a punto de levantarse, sin embargo fueron interrumpidos al notar que un fuerte resplandor caía desde el cielo. Poco después la luz se extinguió a unos cuantos metros del enorme pozo de sal, lo que permitió que se apreciara la figura del ángel; sonriente y agradable como de costumbre.
― Bueno… La fuente que guarda tus poderes se encuentra justo en frente de nosotros. Salgamos de una vez ― Dijo Bills y tomo la mano del supremo por debajo del agua y se dispuso a salir.
Por su parte, el ángel estaba a punto de caminar en dirección a los dioses, pero se detuvo al ver como estos se adelantaban. En otra situación hubiese tapado sus ojos o volteado a un costado por ver semejante desnudez sin ningún tipo de pudor por parte de los dioses. Hasta le sorprendía que Bills se pasearan libremente cuando en realidad era bastante vergonzoso, no obstante, su rojiza mirada no estaba dedicada a la figura de su amo. La mente, el cuerpo y la sangre del ángel empujaban a que los sentimientos fluyeran con ímpetu al ver a Shin despojado de todos esos harapos, mostrando cada glorioso trozo de piel, incluso esa piel que el sol no llegaba a tocar, pero comprendía su padecer, porque estaba en la tercera dimensión, donde la mente era la fuerza dominante del cuerpo y sus deseos, todas sus fantasías o cualquier morbo que estuviera transitando.
No había nada de malo en ello, sobre todo para alguien que comprendía el funcionamiento del mundo. Quien lo comprendía no tenia ningún tipo de guerra interna consigo mismo, pero el… él quería negarse a ver de esa manera al supremo Shin; a Neptuno. Lo desea y lo hacía desde siempre, mucho más transitando el mundo actual donde no hacía más que fantasear que lo poseía.
Hubo un tiempo en que ese deseo estaba extinto y sucedió cuando su amado Neptuno apenas estaba en el cuerpo de un bebe y cuando fue un niño… Pero luego, cuando empezaba a tocar su adolescencia y a desarrollar sus caracteres sexuales la llama se encendió veloz y sin previo aviso, solo sucedió.
Tragaba saliva al ver la cercanía de Shin ¡Y no era para menos! No obstante, los deseos de lujuria o cualquiera del mismo tipo que lo llevaran a la posesión de ese cuerpo, se esfumaban de solo recordar las palabras de su padre. Los recuerdos de la mañana anterior arremetían con violencia en la mente del ángel… "El no es un ángel" "Es un maldito elfo" "Somos sus prisioneros" "Te quiero entre sus piernas y profesando amor eterno"
Esas frases resonaban una y otra vez. Por momento se encontraba sumergido en una profunda oscuridad en la que solo se veía obligado a escuchar las voces de su padre y Neptuno. Gritaban una sobre la otra; dispuestas a ser escuchadas, tironeando del corazón de un ángel que todavía intentaba recuperarse de una fuerte caída, o mejor dicho, de las confesiones de su padre.
―Necesitamos toallas, Wiss― Dijo el dios Destructor esbozando una sonrisa socarrona, pues, el ángel parecía que aun estaba perdido entre la figura del supremo Shin; preferentemente entre sus piernas, sin reparar en la inocente mirada del jovencito que estaba depositada justo en su rostro.
― ¡Oh, Lo siento!― Respondió Wiss sobresaltado
― Amm… si― Respondió el gato sin borrar la jodida sonrisa ― ¿Te gusta lo que ves, no es cierto?
― ¿Qué? ¡No! Yo…― Respondió Wiss volteando la vista a un costado.
―Ya… dame unas toallas. Y cuando estemos listos puedes devolverle los poderes al supremo Kaiosama… el volverá a su planeta.
― ¿Cómo?― Pregunto sorprendido.
― Es que llegamos a un acuerdo y coincidimos en que debe volver a su planeta.
―Oh…― Expreso Wiss sin poder evitar sentirse desanimado, un poco irritado también ya que para su gusto no era el momento de que abandone el planeta, antes de hacerlo quería volver a comunicarse con Neptuno ¡O no! Quería estar más tiempo al lado de Shin ¡lo que fuera! Pero no deseaba tenerlo lejos… Tenía demasiadas preguntas y solo el podría responderlas una por una, como tal vez no y solo corriera con la misma suerte que su padre.
En un rápido movimiento dejo caer dos toallas del largo báculo y luego dijo: ―Esperare en la sala. ― Después volteo rápidamente en dirección al castillo para retirarse no muy amablemente.
…
― ¿Por qué te vas?― Pregunto Wiss, después de abrir la puerta de la habitación donde el supremo Kaiosama terminaba de cambiarse.
Shin, que estaba de espaldas, volteo sonriendo naturalmente mientras ajustaba su cinturón. Noto la cara de pocos amigos del ángel pero eso no lo limito a sonreír aun más y decir: ―Porque debo volver a mi planeta. Tú me dijiste que no estaría aquí para siempre, y tenías razón.
Wiss, noto el brusco comportamiento que tuvo y al instante aflojo las facciones de su cara y respondió: ― Lo siento… Creo que me comporte como un mal educado.
―No seas tan duro contigo― Respondió Shin.
―No, es que no debí entrar de esa manera. Solo quería pasar más tiempo contigo y me moleste al saber que hoy regresaras a tu planeta. Lo siento…― Respondió Wiss sosteniendo una mirada afligida y también algo arrepentida: ―No sé en que estaba pensando, sentí como si hubiese retrocedido 10 años en el tiempo…
―Sigues siendo muy duro contigo― Repitió Shin al tiempo que caminaba hasta quedar a unos pocos centímetros del ángel. Después tomo su mano y continuo: ― Estaremos bien…
El ángel negó levemente mostrándose más desolado y afligido. Quería hablar y decir lo que ocurrió con su padre, pero también necesitaba explicaciones. Con Shin más lejos todo seria más difícil y entonces no tendría tiempo suficiente para hablar, tendría que escapar más seguido de los ojos del dios destructor o en el peor de los casos tendría que conformarse con solo verlo sin poder decir una sola palabra.
En un solo movimiento Wiss se deshizo del agarre de las manos de Shin y lo tomo por la cintura levantándolo para después pegarlo a su cuerpo, lo que para Shin resulto algo muy repentino y de forma automática puso las manos en su pecho.
El ángel receloso del silencio, intento evitarlo y rápidamente dijo: ― Te amo y lamento comportarme como un idiota.
―No eres idiota― Dijo Shin acompañado de una leve mueca. ― Y yo te amo a ti. Pero debes dejar de preocuparte por ahora, buscaremos la forma de vernos.
―No es cierto Shin― Dijo Wiss y a continuación camino hasta la cama.
Las intenciones fueron claras para el supremo, sin embargo dejo que el ángel continuara con el plan. Pronto se vio acostado en las finas sabanas al tiempo que sentía el cuerpo del ángel sobre el suyo. Wiss era listo y en un solo movimiento abrió sus piernas para colocarse en medio. Poco después continúo diciendo: ― No estaré bien si no estás conmigo, no ahora.
―Wiss…― Susurro Shin algo incomodo de solo verse presionado entre el cuerpo del ángel
―Escúchame por favor…― Dijo casi suplicante, buscando la mirada de Shin. ― Yo, yo necesito que me escuches…
―De acuerdo― respondió Shin volviendo su mirada hacia el ángel, y allí pudo ver su consternación. ― ¿Qué… que sucede?
Wiss, se acerco a sus labios rosándolos con los suyos y dijo en un susurro: ― Despierta…
― ¿Qué?― Dijo Shin al tiempo que sentía como Wiss intensificaba el beso, percibiendo como su lengua forzaba a que abriera la boca. Por supuesto que fue correspondido y en pocos segundos Shin se encontraba abrazando el cuello del ángel y disfrutando del embriagante sabor que poseía su boca. Lo degustaba, y poco a poco caía en una especie de sueño en el que deseaba permanecer lo que le restara de vida. Se iba perdiendo y lo hacía conforme Wiss embestía inconscientemente con pequeños movimientos de sus caderas. Pronto las manos de Wiss se volvieron inquietas y ansiosas por tocar el cuerpo completo de Shin. Anhelaba acariciar y besar cada centímetro de ese pequeño cuerpo que tenía bajo su dominio, porque así se sentía; dominante, despótico y capaz de hacerlo suyo en ese mismo instante.
La palabra "Despierta" había quedado perdida en el pasado, y no existía deseo más potente que hundirse en la cavidad de su amado Neptuno… Neptuno, pensó. Un recuerdo que llegaba desde lo más profundo y arrasaba con miles de recuerdos más en lo que volvía a escuchar las palabras de su padre. Todo aquel relato escuchado el día anterior empezaban a elevarse haciendo eco desde su corazón y llegando hasta el más inextricable rincón de su ser. Entonces, se detuvo.
Solo estaba cayendo en los encantos de su padre incrementando los hechizos de la caja, y por consiguiente Shin también lo hacía aceptando lo que fuera a pesar de estar confundido. En unos cuantos segundos pudo entender que la magia de su padre no solo conspiraba sobre Shin...
El supremo todavía embriagado por los besos y las manos del ángel, se limito a mirarlo y decir: ― ¿Por qué, porque te detienes? ¿Qué pasa?
―Nada― Respondió el ángel un poco aturdido. En seguida, intento levantarse para liberar a Shin, pero este se lo prohibió aferrándose más a su cuello.
―Entonces ¿Por qué te detienes?
―Lo siento― Respondió e hizo una pausa ― Yo, yo no estoy listo.
Shin hizo una pequeña mueca como respuesta y con las mejores intenciones de sonreír. Luego dijo: ― ¿De qué estás hablando?
―De verdad lo siento Shin― Respondió tratando de zafarse nuevamente.
―No, espera― Dijo Shin forzándolo a quedarse ― Tu pene esta duro y el mío también…
― Oh supremo por favor…― Respondió Wiss haciendo su rostro a un lado.
―No me digas Supremo después de frotarte contra mi pene sin ningún problema…
― Discúlpame… por favor.
―Por supuesto― Respondió Shin lo suficientemente molesto como para empujar el cuerpo de Wiss, a lo que este correspondió haciéndose a un lado. En tanto, Shin se recargaba sobre sus codos para después levantarse de la cama y decir: ― Ya estoy listo. Ahora dame mis poderes por favor.
―Shin… ― Dijo el ángel al notar el enfado.
― No, no digas nada. Te comportas como un niño que no sabe lo que quiere. Primero me dices que quieres estar conmigo y luego te disculpas diciendo que no estás listo. Tienes más de diez millones de años y ¿Todavía no estás listo?
― No, no… Espera― Dijo entre balbuceos.
Los nervios traicionaban al pobre ángel que intentaba defenderse, mas aun sabiendo que Shin actuaba producto de la magia de su padre y los efectos que estos tenían al hacer más fuerte cada contacto.
Aquella conversación con Daishinkan; su padre, le sirvió para darse cuenta que tan grande era el temor que este le guardaba a Neptuno, y sabia que de todas formas el sería el único perjudicado hiciera o no lo correcto. De cualquier lado… por cualquier parte, resultaría lastimado. No hacer lo que su padre pedía ameritaba ser castigado en un futuro no muy próximo y no hacer lo que Shin deseaba por caer en sus redes significaba quedar como un idiota frente al único ser que amaba de manera desmedida. Sin embargo, todo era producto de la tercera dimensión, porque estaba seguro de que Neptuno jamás se comportaría de forma agresiva o molesta.
Su padre tenía razón. El amor hacia Neptuno era tan grande que no veía más de lo que quería, o quizás tampoco quería ver mas allá, no buscaba nada… no quería nada, solo amar a Neptuno eternamente, sin importarle cuánto tiempo más podría contemplarlo dentro de ese envase de Shin-jin o sin importarle cuando tiempo más podría estar con él.
Su objetivo no estaba a su lado, no en esta vida. Su objetivo descansaba en el universo diez y podía percibir desde esa distancia la desolación del joven aprendiz. Zamasu era quien necesitaba con urgencia un alma tan integra como la de Neptuno, y aunque realmente no supiera los planes de su amado ser, la confianza que le profesaba era ciega, incapaz de ver errores y dispuesto a abrirse paso entre ellos si el destino así lo quería.
Después de quedar suspendido en la figura de Shin durante algunos minutos y sin notar cuan irritado estaba, camino hasta quedar de frente y dijo: ― Lo siento. Yo me equivoque. No debemos estar juntos, no hoy― Segundos después el ángel puso sus manos sobre los hombros de Shin y dejo que de ellas brotara un enceguecedor resplandor que cubrió la habitación por completo. Los poderes de Shin, finalmente volvían a sus manos y este pudo sentir como se introducía en cada una de sus células.
Poco después el supremo del éste abrió los ojos y respondió: ― Gracias. Kai-Kai.
Continuara…
