Nota: 04-09-17 Me disculpo por el inconveniente, el capitulo se subió mal, recién hoy me di cuenta. Ya esta solucionado. saludos

Buenas tardes, después de casi un mes vuelvo con el capitulo 13. Nada de que no iba a continuarlo Jaja. Lo digo porque sé que tengo todavía una historia sin terminar, la cual en algún momento continuare, cuando este más libre, apenas me da el tiempo para seguir con esta. Y es culpa mía, debí pensarlo mejor antes de meterme en otras historias, dos es mucho, en fin…

Me disculpo con todas las personas que siguen esta historia, también con aquellos que pasan a leer para divertirse un rato. Con el trabajo y mis estudios me era imposible terminar este capítulo, y lo que fue peor, es que deje en la mitad por dos semanas que me parecieron eternas y no podía releer para ver que escribí y que no, además suelo darle una mirada a los capítulos anteriores. Cuando retome este capítulo no sabía ni en donde estaba parada, y me dije: ¿Qué? ¿Esto escribí…? Jaja la cuestión es que me tomo tiempo volver a leer todo, arreglar errores (y seguramente tiene mas) pero aquí está listo.

Considero que es un capitulo tranquilo, y como además, quise quitarle algo de dramatismo (aunque es casi imposible) me tome el atrevimiento de escribir sobre una parejita que seguramente a muy pocos les gusta (o tal vez a nadie) que trae un momento de calma al margen de todo este lio que arme con energías, frecuencias, seres interdimensionales y vaya a saber cuánta locura que se me ocurrió. Bueno, en pocas palabras dejo un pequeño "Vados x Hit"

Ahora sí, me despido y dejo este capítulo para quienes deseen leerlo. Nuevamente me disculpo por dejar casi un mes sin actualizar. Y muchas gracias a todos los que se pasan a leer.

PD: Mis saludos para Fanny y mis agradecimientos por haberse pasado a leer. Muchas gracias.

Capítulo 13

Veinte mil HZ

Confianza

La gran ráfaga de energía dinámica, se expandió a una velocidad inimaginable. El resultado había sido la producción de un sonido de veinte mil HZ por cada segundo, de manera tal que solo el oído astral era capaz de oír. Sobrepasaba hasta al mismísimo omniverso. La vibración se manifestaba a un grado infinito de intensidad y rápida moción; tan alto, que era considerado como un estado en reposo. Al igual que una rueda que gira a gran velocidad y que parece que está sin movimiento.

Desde un universo lejano; el universo nueve para ser más exacto, el joven ángel del dios destructor Sidra alzo la vista en dirección al este haciendo una leve sonrisa indefinida para cualquiera que la mirase.

—Vaya…— Dijo Mojito al tiempo que cerraba los ojos.

La ola continuaba expandiéndose, rosando a su paso cada planeta, cada corpúsculo astral; no astral, cualquier forma o minúscula partícula de materia; lo penetraba todo. Pronto y a la misma velocidad que viajaba ese inaudible sonido, la fuerza vibratoria llego hasta el planeta Kai-Shin. La energía hacendosa discernía en cada ínfima molécula que conformaba esa tierra, entrando desde abajo hacia arriba, con un solo objetivo principal; introducirse en el corazón del gran árbol dentro de su corteza, estallar y liberarse por cada una de sus brazos.

El planeta se sacudió, los Shin-jin que habitaban en las afueras del jardín y otros tantos en el gran templo, también se sacudieron cayendo bruscamente al suelo. Muchos no entendían que sucedía, y tal vez otros no se atrevían a pensar en lo que realmente estaba sucediendo, ni siquiera a escuchar lo que junto con esa energía fluía exclusivamente para ellos.

El universo siente, Bills el destructor vio con sus propios ojos y experimento el fuerte zarandeo que recibió su planeta. Después, su corazón se aceleró casi a la misma reiteración que esa poderosa ola. No escuchaba, claro que no, pero sentía aquello como algo familiar, casi propio de sí mismo.

― ¿Qué…? ¿Qué es esto? ¡Wiss! ¡¿Qué es esto?!― Dijo Bills exaltado, caminando unos pasos hasta donde ese encontraba el ángel; de pie frente a la ventana de donde también provenía una brisa leve, probablemente fuera de lo que era una brisa normal…

Los ojos del ángel viajaban de un lado a otro en dirección al cielo, buscando, el cualquier sitio algo que pudiera darle la explicación de la repentina manifestación de Neptuno. Por que "Claro que si…" pensaba, era Neptuno. Sin embargo y por su parte, el dios destructor estaba impaciente y le urgía una respuesta. Ni bien pensó en ello pudo escuchar nuevamente la voz del gato completamente irritado: ― ¡Wiss!

―Mantenga la calma mi señor― Refuto el ángel apenas encumbrando la voz. La preocupación en su cara empezaba tornarse a una más pavorosa y el rostro de su padre era lo único que se dibujaba en su mente, porque ese sonido, esa gran ola solo podía significar una verdad y también la pesadilla del único ángel supremo que deseaba evitar ese despertar. Rápido, Wiss volteo tomando su cetro que descansaba contra la pared y dijo ―Tengo que salir, no me tardare.

― ¡¿Qué?!― Soltó Bills más alarmado entre las todavía leves sacudidas ― ¡No, espera! ¿A dónde vas?

Wiss, cerró los ojos algo meditativo; sólo unos segundos. La única vez que le mintió a su dios destructor fue cuando bloqueado por los deseos que fortalecía su padre había decidido dejar morir a Neptuno, creyendo que eso lo liberaría y que podría estar a su lado. Tristemente no era así y ya desde hacía un tiempo que lo sabía.

—Señor, si quiere vivir debe dejarme ir— Soltó el ángel y luego le dio la espalda. Este, por su parte abrió los ojos sorprendido al principio, pero al cabo de unos segundos frunció el ceño confundido y pregunto: — ¿Qué, pero qué estás diciendo?

— El supremo Kaiosama está en peligro. Y si en verdad aprecia su vida debe dejarme hacer mi trabajo.

— ¡¿Eh, porque dices eso?!― Contesto aprentando los puños. Lo que había sonado al principio como una nueva ola difusa, pronto para Bills se torno en un estado de molestia, algo de rabia también. Entonces Soltó: ― Tú no has hecho tu trabajo muy bien que digamos y en dos oportunidades casi lo dejas morir. Hable con el supremo del éste ¿Creíste que él y yo no hablaríamos de esto? ¡Tú querías verlo muerto! ¡Tú quieres remplazarme por alguno de esos humanos!

— ¿Shin le dijo eso? — pregunto, ahora volteando nuevamente al dios destructor con un gesto que no expresaba mas que, nada.

—Claro que no. Su versión es otra, en donde tú lo acosaste, pero eso no justifica tu obsesión por esos humanos y el querer hacerlos más fuerte. Te la pasas alagándolos en especial a Goku, entonces ¿Por qué debería confiar en ti? Puedo sentir la esencia del supremo Kaiosama en esta tempestad, pero estoy seguro que tú no quieres…

Como pocas veces, el ángel alzó su voz interrumpiendo y contesto – ¡Yo! No soy su enemigo señor Bills. Me disculpo por mis errores en el pasado, pero no me condenará. Yo soy la única salvación para el supremo Kaiosama ahora, no hay otra, y créame que usted jamás será reemplazable, no para mí…

— ¡Mientes! No quieras atenuarme con tus palabras y esos gestos compasivos― Contesto con fiereza y con su dedo índice señalándolo.

—Lo que usted crea no es mi problema señor. Debo irme.

— ¡Tú no irás a ninguna parte, no te atrevas a desobedecerme Wiss!― Dijo el gato haciendo unos pasos al frente, sin embargo, Wiss volvía a darle la espalda sin preocupación y respondiendo: —Lo siento señor.

— ¡Citaré a tu padre y le diré tus faltas! — vocifero el gato bastante desesperado. Y la verdad, es que no deseaba a Wiss cerca del supremo, no confiaba, aun así, después de hablar con Shin. En su escala, el ángel había descendido varios niveles, y asumía que no era su culpa.

—Créame…— Dijo Wiss interrumpiendo los cortos pensamientos de gato —Usted no querrá hablar con mi padre…

— ¿Eh…? ¿Qué…Wiss? — Respondió titubeando un poco, liado, molesto también. Pues, el ángel hablaba sin dar explicaciones y además, también estaba desobedeciendo sus órdenes. Muy en el fondo… y pese a su mente revoltosa, tenía la necesidad de que Wiss rompiera esas reglas, lo deseaba, no sabía por qué, pero deseaba que Wiss fuera a donde tuviera que ir. Tal vez en la profundidad de su enojo confiaba… o tal vez, esa sensación familiar que sentía le decía que todo estaría bien. Quizás, el motivo de dar una orden era sólo querer sentir esa satisfacción de que mantenía el control, pero, tristemente no lo tenía y lo más probable es que sólo tuviera la ilusión de que lo tenía. – Ha…— Dijo al dejar escapar un suspiro – Vete ya.

—Lo haré. Pero usted debe recordar algo señor.

— ¿Por qué? ¿Qué debería recordar?― Pregunto finalmente con un tono de voz agotador.

—Su vínculo con el supremo del este, nunca será como el de los demás. Aproveche la mente y sus cinco sentidos para encontrar una respuesta a esa sensación tan familiar que está invadiéndolo, puesto que, esta en este mundo y atreves de ellos sabrá que hacer, ellos lo guiaran…. Usted, usted es muy afortunado… sepa utilizar con sabiduría el poder que la creación le ha repartido, pues, el solo se quedó con lo justo y necesario.

De todas las conversaciones que había tenido con el ángel, esa había sido la más tediosa y apresurada. Ni siquiera reunía las explicaciones básicas y todo sonaba como si hubiese mantenido una conversación con el pez oráculo. No obstante, allí se mantuvo, de pie, silencioso y pensativo dejando que Wiss finalmente se marchara, quedando sumergido en millones de preguntas que seguramente tendría que resolver por si mismo...

Gemelos

Cuando Champa el destructor dormía, generalmente lo hacía en la misma magnitud que su gemelo Bills. Si no fuera porque se tratase de dormir, Vados diría que su amo hacía una sana competencia con su hermano.

Afortunadamente, no lo era, y afortunadamente también, champa dormía como un oso polar en hibernación así que tampoco debía preocuparse por su alimentación ni escuchar sus espantosos gritos diciendo "Tengo hambre".

Con el gato rechoncho en los brazos de Morfeo, Vados se sentía en total libertad. Cuando ella llegaba solo se dedicaba a disfrutarla en todo su esplendor.

Llevaba bajo las sábanas desde la noche anterior, y con el firme propósito de continuar allí si ese humano de piel violeta y ojos rojos bien pronunciados no se iba de una buena vez a su planeta. Tampoco es que podía irse solo, como tampoco es que llegó solo. La excusa de su presencia en el planeta del dios destructor era el entrenamiento, uno riguroso… y cuando champa estaba despierto el entrenamiento era un tanto más suave. Por eso Hit prefería que el gato gordo y calvo estuviera dormido.

El hombre; acostumbrado a la velocidad de la luz o los saltos en el tiempo, contorneaba con su mano derecha el perfil del ángel que le había robado el corazón y le hacía querer desear la vida un poco más lenta, peligrosa sí era posible. Aunque…estar con Vados era peligroso.

Por tratarse de un sicario cualquiera pensaría que Hit carecía de cualquier sentimiento, y hasta que era capaz de seducir a la joven Vados para tener solo un típico encuentro sexual. De ahí a que el ángel le diera chance; era otra cosa. Sin embargo, la querubina era la responsable de que él estuviera bajo las mismas sábanas y revolcándose noche y día, o día y noche.

Un día, como cualquier otro y un tiempo después del torneo de los hermanos destructores. Vados le propuso entrenarlo en el planeta de su amo; como acto de cualquier precaución, ya que si Wiss entrenaba a humanos ¿Por qué ella no? Así fue que se decidió y durante varios meses entrenaban todos los días, hasta que Champa cayó en un profundo sueño.

Lo que siguió fue la jovial figura de la angelita luciendo su mejor diseño. Desnuda de pies a cabeza, con los senos libres como el viento y la vagina bien afeitada por si al humano se le daba por querer visitar esa zona con su lengua. Bueno… ese era un pensamiento íntimo de la mujer…

― ¿Quieres hacerlo otra vez?― Pregunto Hit todavía deleitándose con la piel celeste y caliente del ángel.

Vados, de espaldas y con los ojos clavados en la pared blanca y aburrida escuchó atentamente, y al cabo de un sonrisa contesto: ―Mmm no. Ya me aburrí.

Hit lanzó una microrisita torciendo la boca a un lado y respondió: ―Eso sonó cruel.

― ¿Por qué?― Pregunto Vados volteando para mirarlo ― ¿creer si me aburro ahora o si me aburre en los próximos días no querré acostarme contigo otra vez?

―Algo así― Dijo convencido, sin embargo al instante pregunto― ¿Sera así?

―Es posible…― Respondió sonriente.

El desanimo en la cara de Hit no paso desapercibido, sin embargo sonrió levente al tiempo que respondia: ― Oh ¿Lo ves? Eres cruel y juegas con mis sentimientos porque soy un simple humano para ti.

―No es cierto― Respondió velozmente, con un dejo de molestia ―Eres sensible y siempre dices que eres un simple humano. Yo sólo veo un humano.

El hombre medio que medito contemplando la sonrisa de Vados, después pregunto: ― ¿Es porque tengo pene, verdad?

―Jaja― Río divertida – Muchos humanos tienen pene…

― ¡Bien! Entonces irás por otros penes…

― ¿Qué estás diciendo? Ese no es el punto…

― ¡Oh! ¿Entonces cual es?― Pregunto ya más relajado gracias a su sonrisa.

―Que no importa si tienes pene…

― ¡De acuerdo!― expresó ― Ahora me dirás que ¿También te gustan las vaginas?

― ¿Y qué hay de malo con eso? Aunque tampoco es el punto

―Entonces ¿Cuál es el punto?

― El punto es que no existe un punto sino lo que seduce y llega a los sentidos primero. Sin embargo la naturaleza tiene diferentes puntos en el universo ¿Entiendes?

Hit le dedicó una mirada enrollada. Nunca la entendía y de hecho eso es lo que más lo llevaba permanecer a su lado cuanto tiempo pudiera, aunque si no quisiera y ella lo pidiera también lo haría… quizás por temor, o eso pensaba en algunas oportunidades. Segundos después respondió: ― ¿Qué?

La mujer hizo un revoleo de ojos y contesto: ―Olvídalo…

―No espera… solo intento entender, es decir ¿entonces a tu hermano también le da igual un pene o una vagina?

― No hablaremos de mi hermano― Contesto determinante.

― ¿Por qué no?― Pregunto – Tienes muchos… y del que estamos hablando tampoco está aquí, aunque sabes de quien estoy hablando, Mmm ¿Le gustan los tríos?―

― ¡Ag! ¡Eres odioso!― Dijo dándole la espalda. Enseguida y con un mínimo esfuerzo decidió levantarse de la cama. Paseo su trasero pelado hasta el sillón y allí tomo una bonita bata negra. Hit, que contemplo el espectáculo sin pudor espero a que la joven volteara y dijo: ― ¿Ahora también te aburre hablar conmigo?

―Mmm No. Además de odioso también eres encantador pero tengo asuntos que atender así que vístete porque te llevaré a tu planeta.

― ¿Por qué? Siempre atiendes tus asuntos mientras yo me doy un baño y guardo silencio aquí adentro.

Vados ajustó un poco el cinturón de la bata diciendo: ―No puedes quedarte más. Vístete.

―Oye…― Dijo, esta vez un poco molesto a verse desechado.

―Apúrate. No tengo mucho tiempo― Acotó evadiendo con rotundidad el reclamo.

Hit rezongo y de paso resoplo con fuerza. De todas las frases injustas, respuestas y gestos que hacía la mujer, lo que más odiaba era cuando lo desechaba sin darle explicación, pues, por más que se desgastara el alma preguntando porque; nunca recibía recibiría una respuesta concreta o al menos una mentira que lo hiciese feliz… lo que fuera.

―No merezco este trato…― Murmuró ofendido y pego un respingo rápido para quedar de pie frente a la cama, buscar su condenada ropa y largarse. O eso quisiera, largarse como amante maltratado, Pero no podía…

―Deja de ofenderte. Ese es el problema de los humanos…

―Por supuesto. Ahora dirás que los humanos son problemáticos. Es posible, pero eso no te da derecho a tratarme como a un muñeco desechable.

― ¿De qué estás hablando Hit?

―De tus respuestas y la forma que tienes de correrme de tu cama cuando ya te aburres de mi…

―No te estoy desechando…― Respondió molesta

―Si lo que quieres es que me vaya porque necesitas estar sola dilo…

―No, no es…― Y repentinamente se interrumpió. Ya era demasiado tarde… quizás hasta era demasiado tarde para deshacerse de Hit y volver a su planeta antes de Wiss tocará el suelo. Suspiro dándole una mirada enfadada al humano y este como respuesta pregunto: ― ¿Qué?

―Olvídalo, Wiss ya está aquí…― Dijo al tiempo que volvía a resoplar.

― ¿Qué?― Pregunto con un semblante confundido y hasta podía decirse que bastante molesto ― ¿Por eso querías correrme…? ¡Oye! Hasta las hembras Ángeles son complicadas, sólo tenías que decírmelo y ya…

―Ya. Cállate― Dijo molesta – Sólo quédate aquí.

―Oh… ¿Es que tu hermano no fornica con humanos?

Vados, a punto de girar el picaporte de la puerta volteó solo para dedicarle un gesto desagradable y en pocos segundos se decidió a salir.

Fuera del Castillo con las puertas todavía cerradas, Wiss esperaba no muy paciente; tal vez como pocas veces impaciente, a que Vados sintiera su presencia. Entrar era muy fácil en realidad, todo se solucionaba volando o moviéndose a gran velocidad, pero estaba acostumbrado a respetar la privacidad de otro planeta y sobre todo la del dios destructor del universo seis.

De todas formas, y para suerte de Wiss, la joven gemela no se tardó demasiado; cuatro minutos tal vez. Los suficientes para que Wiss pensará a gran velocidad de qué forma hablar con su hermana después de tanto tiempo de solo mirarse desde lejos y porque no, de fingir que todo estaba bien.

Poco después Vados abrió las altas y anchas puertas del jardín encontrándose con la cara de Wiss. Allí, de frente y con una expresión poco usual en él; preocupación.

― ¿Qué haces aquí?― Pregunto no tan amigable. No solía ser rencorosa pero… Neptuno estaba en medio.

―Necesito hablar contigo― Contestó mientras sostenía esa mirada preocupada y desolada.

Vados se detuvo a pensar un momento. Con solo mirar a los ojos de Wiss ya podía saber lo que pasaba, después de todo, era su gemelo.

―Bien. Sígueme entonces.

Wiss asintió. El recorrido fue bastante asqueroso en cuanto al silencio que Vados tenía pensado conservar. Esperaba por lo menos un "Como has estado" Pero tampoco podía juzgarla demasiado cuando su silencio era enteramente competitivo con el suyo.

Entraron al castillo cursando por un corto pasaje, que pronto los dejo en la sala principal donde había unos cuantos cuadros; fotos del gato en todas las posiciones posibles, algunos adornos; representando a él, por supuesto, y un largo sillón con una pequeña mesa de té en el centro.

Wiss, suspiro nervioso, pues, sin importar el tiempo que dejasen de verse las caras siempre tenían algo para hablar. De hecho había mucho para hablar pero era inevitable para Wiss no sentirse mal observado y con la leve sensación de ser una molestia. Entre unos varios segundos que se tornaron eternos, el ángel no aguanto más la mirada acusadora y se dispuso a decir las primeras palabras.

Sin duda, no contó con la impactante escena.

Hit, todo; menos avergonzado. Entró por la puerta que daba a otros pasillos y habitaciones, luciendo su desnudez como si fuera el dueño de la vivienda. "El amigo" le colgaba dormido, y su cara expresaba el gesto más natural y despreocupado que podría haber tenido alguna vez, aunque… allí había una pequeñísima sonrisa.

―Lo siento… Hola Wiss. Creo que me confundí de pasillo y la piscina está del otro lado del jardín. Con permiso― Dijo no sin antes dedicarle una pícara mirada a Vados. Como respuesta, la joven solo se dedicó a mirarlo sin ningún tipo de expresión particular, a diferencia de Wiss, que vaya a saber lo que pasaba por su cabeza, pero su ojos expresaban algo como "¿Qué demonios…? Con la quijada casi por el suelo.

El silencio perduro un poco más después de que Hit terminará de lucir su pene y su culo por la sala hasta retirarse. Luego y como iba a ser en un inicio, Wiss dijo: ― Es posesivo…

Vados suspiro. Después tomo asiento y contesto: ―Puedo manejarlo.

―Oh, sí. Ya veo…― Respondió, no muy convencido.

―Es divertido…― Dijo repentinamente meneando la cabeza.

― ¿Acostarte con él? Vaya… la tercera dimensión no te afectó a ti ¿Verdad?

― No de la manera que crees. Tengo un cuerpo ¿Qué esperabas? Además… acostarme con él es divertido, pero no viniste para hablar de mi vida sexual ¿o Sí?

―Claro que no― Contesto sin poder evitar que su semblante se tornara sombrío. Hubiera preferido continuar hablando de sexo antes que recordar lo que estaba pasando, y quizás, lo que pasaría. Pero, en realidad no lo sabía. Daishinkan era impredecible.

― Entonces ¿Qué quieres?― Dijo quitando al ángel de sus pensamientos. Wiss, le dio una rápida mirada a la sala. Buscaba por cualquier rincón, ventana o puerta abierta que nadie estuviera presente. Hablar sin tener privacidad era incómodo y aunque ahora estaba seguro de que su padre no estaba observando; y que estaría así un buen rato después de la fuerte furia que libero Neptuno, tampoco era sencillo hablar a sueltas cuando Hit, champa o quizás el oráculo del dios destructor andaban deambulando.

Vados noto la inquietud, por supuesto y no tardo en responder: ―No hay nadie. El señor champa duerme, el oráculo también y Hit te aseguro que no volverá a pisar esta sala después de lo que hizo.

―claro…― Respondió inquieto ―Bien, yo…

―Sólo dilo― Dijo determinante.

―Neptuno despertó ¿Acaso no lo sentiste…?

―Por supuesto que sí― Respondió Vados ― ¿Y qué quieres que haga? ¿Qué mientras cabalgo en su pene grite que Neptuno acaba de despertar?

― No seas grosera conmigo― Contesto el ángel molestándose un poco.

―Entonces no me hagas reclamos que no tienes derecho a hacer. Durante todo este tiempo me mantuve al margen viendo como hacías todo ¡Menos lo correcto!

― ¡¿Y porque no me preguntas que me sucedió en realidad?!― Contesto Wiss alzando la voz. La desazón era evidente, porque después de todo sentía que el mundo se venía en su contra, no solo por su hermana, todavía conservaba el coraje que le dejaron las palabras del gato en donde este aseguraba que deseaba remplazarlo. No supo que mas decir, pero tampoco tuvo tiempo de hacerlo ya que Vados se adelanto rompiendo el silencio.

― ¿Y cuál es tu excusa ahora? Porque sigo creyendo que no tienes derecho a venir aquí después de separar a Neptuno de sus verdaderos objetivos. Ni siquiera despertó en el momento correcto ¿Qué resultados esperabas? ¿Qué le dirás cuando lo tengas en frente…? Envuelto en ese pequeño cuerpo de Shin-jin mortal; con esa oscura mirada en la que solo veras tu alma arder… Dime ¿Qué le dirás cuando te pregunte porque arruinaste sus planes?

Wiss, apretó los puños con cada palabra, ahora con más fuerza de las que lo estuvo haciendo desde que había puesto un pie en el planeta. Antes era por nervios, ahora por rabia. Esa rabia que brotaba desde lo más hondo de su ser al ser visto como el responsable de lo que estaba ocurriendo. Ni siquiera lo pensó, y cuando apenas se cruzaban las palabras en su cabeza termino por decir: ― Nuestro padre lo hizo.

― ¡Oh! Vamos…― contesto sonriendo con ironía ― Lo único que te faltaba es que hagas responsable a nuestro padre por tus acciones. El ama a Neptuno y tú no sabes lo que es amar, tú te interpusiste en su camino y lo sabes…

― ¡No fui yo quien lo arruino!― Grito, esta vez un poco más fuerte y completamente colerio, lo que para Vados resulto ser una sorpresa al ver como pocas veces a su hermano en ese estado. Poco después, Wiss continuo: ― ¡El lo hizo, el quiere ver sus planes destruidos porque no quiere que se interponga en la tercera dimensión! Y tampoco lo quiere en elysium porque no tiene el valor para enfrentarlo nuevamente…

― ¿Qué? ¿Enfrentarlo?― Pregunto esta vez tan irritada como su gemelo ¿Acaso estas viéndome la cara de estúpida? ¡Nuestro padre ama a Neptuno!

Wiss interrumpió: ― ¡No, no lo ama! Y no estoy aquí por mí, vine porque Neptuno me lo pidió

― ¿De qué estás hablando?― Pregunto acompañado de un gesto de extrañeza.

―Que no es la primera vez que recuerda y cuando tuvo la oportunidad me pidió que venga a ti… y a Cus. Nuestro padre me confesó todo, tu eres la que no lo ve…

La mujer le dedicó una mirada hiriente antes que decir otra cosa. Lo amaba, amaba a su hermano más que al resto, podrían llamarlo preferencia y por más repulsivo que sonara, pues si, tenía preferencias. Probablemente por ser la gemela que nació de su misma energía… ¿Cómo no sentir esa desolación y el agrio sabor de la tribulación invadiendo cada rincón del alma? Poco después, escucho:

―Te… Temo por él― Dijo Wiss tartamudeando un poco entre balbuceos. ―Tú no viste a nuestro padre sacar sus garras. Tú, en verdad no lo viste.

― ¿Desde cuándo sabes esto?― Pregunto la mujer alejándose solo para mirar por la ventana.

―Desde hace años…

Vados volteó rápidamente y contesto no muy amigable: ― ¿Y vienes a decírmelo ahora?

―Tampoco es que pareces tan sorprendida.

― Lo estoy. Porque acusas a nuestro padre de intervenir en los planes de Neptuno. Pero… tampoco sabes cuáles son los planes de él.

― ¿Qué quieres decir?― Pregunto, entre un gesto confundido y de aparente irritación.

―Que tienes una confianza demasiado ciega en Neptuno…

― ¿Qué? ¿Estás diciendo que no debería confiar en él? ¿Te volviste loca?

―Digo, que tal vez deberías detenerte a pensar un poco si es conveniente que sigas en medio de todo esto…

― ¡Oye!― Interrumpió Wiss – Neptuno está pidiendo nuestra ayuda, y estoy aquí porque él me dijo que tú me ayudarías.

―Esta poniéndonos en contra de nuestro padre…

― ¡Nuestro padre está en contra de Neptuno!

― ¡Y tu adoras a Neptuno más que a nuestro padre! Amo a Neptuno y créeme que estoy profundamente agradecida con el por las enseñanzas y el amor que nos brindó, pero no me pondré en contra del sacerdote.

― ¡Eres una cobarde!― Grito Wiss.

― ¡Y tu un traidor!― Respondió Vados rápidamente – ¿Ya Olvidaste que lo más importante es la familia? y el sacerdote es tu padre… no lo olvides.

Wiss, una vez más apretó los puños. Le dedicaba a Vados la mirada más odiosa que alguna vez pudo dedicar a alguien y si es que alguna vez lo había hecho. Por su cabeza solo pasaba la idea de que Neptuno se equivocó, vados… no estaba dispuesta a ayudarlo, y su padre ni siquiera sabía que tenía a su hija de su lado. La mandíbula le temblaba, y sus ojos despedían más y más irá que intentaba contener. Era lamentable Pero, estaba solo…Siempre lo estuvo.

―El, no es mi padre― Respondió el ángel con un rotundo convencimiento.

La gemela, a punto de responder se había quedado con las palabras en la boca ya que el ángel desapareció a gran velocidad, apenas alcanzo a mirarlo a los ojos por última vez y su cara quedaba completamente desencajada con los ojos pegados en un lugar vacio.

El Ejército de ángeles y dragones

El planeta sagrado del universo diez parecía verse en vuelto en lo que sería el inicio de una tormenta. Una de esas fuertes, donde el viento soplaba a gran velocidad y amenazaba con arrancar los arboles de cuajo además de llevarse varias cosas a su paso.

Así de fuerte parecía la tormenta.

El viento se colaba por todas las ventanas cerradas del templo, haciendo constantes silbidos que no cesaban desde hacía alrededor de unos treinta minutos. Mientras, el anciano caminaba dando de largas zancadas directo a la biblioteca.

— ¡Ag! — Refunfuño el anciano entrando y por supuesto quitando al aprendiz de su lectura. — ¿Puedes creerlo? Se acerca otra tormenta ¡Ni en diez mil años las tormentas fueron tan usuales en este planeta!

Zamasu, lanzó una sonrisa, allí sentado en uno de los divanes preferidos del anciano y respondió con esa seductora voz que había ganado durante su adolescencia: —Sólo es viento.

— ¡Un viento que se transformará en tormenta! Ya has visto la tormenta anterior, fue arrasadora y no estamos preparados para otra, el jardín quedará hecho un asco nuevamente y luego habrá que volver a empezar.

El aprendiz alzó las cejas al tiempo que se le dibujaba en la boca otra pequeña sonrisa, después; sin dar mucha importancia al berrinche del viejo respondió: —Mmm supongo que tendré trabajo que hacer luego.

—Pues roguemos que así no sea. A partir de mañana debemos retomar el entrenamiento— Respondió el anciano caminando unos cuantos pasos hasta el aprendiz, mientras lo hacía no pudo evitar hacer un esfuerzo con su vieja visión en un intento por chismear. — ¡Oh! Vamos…— Dijo con un gesto que fruncía sus cejas y una voz que expresaba desilusión — ¡Ese no es el libro que te di Zamasu! Deberías estar leyendo los versículos de la sagrada escritura humana.

—Eso es aburrido y… No me interesa— Respondió Zamasu con la vista pegada a un libro que parecía ser un cuento.

—Aburrido o no debes obedecer si quieres convertirte en un supremo Kaiosama. El trato era que te dejaría escoger uno de los libros sagrados si primero leías las sagradas escrituras humanas.

—No necesito leer esas escrituras maestro— Contestó, ahora quitando la vista de su lectura – Vi suficiente durante mi paso por el planeta de la galaxia del norte. Las cosas no han cambiado, todo sigue igual.

El viejo, frunció el ceño un poco irritado y dijo: — E.… eso no importa. Tú tienes que cumplir con esa obligación.

— ¿Por qué? ¿Por qué usted lo dice? — Pregunto el aprendiz, no sin dejar un rastro de altanería en esas palabras.

El viejo se cohibió un poco pero aun así no tardó en responder: —No es porque yo lo digo, es que el protocolo dice que…

—El protocolo es basura. Y no leeré algo que no me interesa— Respondió el aprendiz interrumpiendo. La mirada le quedó clavada un momento; silencioso y como respuesta recibía la de un maestro molesto, indignado, y seguramente por la insolencia en su respuesta. Tampoco es que importará, lo decía la media sonrisa que le dedicaba desvergonzadamente. Vaya a saber que le dio ese coraje para comportarse así…

Tomo una bocanada de aire y poco después continuó hablando directo al anciano: — No me mire de esa manera…

— ¿Y cómo debo mirarte? Estas desobedeciendo las órdenes de tu maestro. No es correcto— Contestó, y tomo asiento en el diván contrario. – Entiendo que no es de tu agrado, pero ser un dios creador te lleva a conocer la historia de los humanos. No podrás ser un supremo Kaiosama si continúas leyendo ese tonto cuento.

— ¡Oh! — Respondió el aprendiz apretando el libro y dándole una fugaz mirada —No es un tonto cuento supremo Gowasu. Esta es la historia del gran ejército de ángeles y dragones….

― ¡Oh, hoho! ―Interrumpió el viejo riendo divertido, como si hubiera escuchado el chiste más gracioso de su vida. El aprendiz, por su parte solo se limitaba a contemplar con ojos redondos y brillosos el gesto festivo del hombre. Al instante escucho ― ¿Pero qué cosas estas diciendo Zamasu? Ejercito de ángeles y dragones ¡jajaja! En mi vida he escuchado algo así y ciertamente no creo que exista un libro en esta biblioteca que hable sobre esos disparates ¡Es mi biblioteca! Y conozco los libros que poseo…

―Pero es una historia real― Respondió convencido ― Quiere verlo?― pregunto con una sonrisa mientras estiraba su mano con el libro.

El viejo negó, y rápidamente se recargo en el respaldo del sofá como respuesta negativa. ¿Qué podría decir ahora? El titulo era cierto, pero… no recordaba tener ese tipo de libros en su biblioteca ¡Era su biblioteca! Había leído la mayoría de esos libros…

― ¿Por qué lo rechaza supremo Gowas? ― Pregunto Zamasu ― ¿No quiere conocer la historia del ejercito de ángeles y dragones?

Gowasu, todavía inseguro por tomar el libro mantuvo el silencio un poco más. En ocasiones Zamasu le provocaba miedo… no recordaba cuando fue que comenzó a sentirlo de esa forma, pero cuando el jovencito miraba a los ojos de esa forma tan profunda, era imposible que no sintiera un temor desconocido además de palpitar su razón. No quería darle la razón…

El aprendiz sonrío dejando el libro en una pequeña mesa rectangular que había entre ambos divanes y dijo: ―Es una lástima. Juraría que en sus ojos usted me creyó…. Pero, usted gana, leeré las sagradas escrituras humanas.

―Espera― Dijo Gowas interrumpiendo rápidamente, ahora curioso por las frases del muchachito. Segundos después despego la espalda del sofá estirando su mano hasta la pequeña mesa. Tomo el libro y dijo: ― Le daré una mirada, pero estoy seguro de no tener un libro como este en mi biblioteca…

Zamasu asintió con su cabeza para después recargarse en el respaldo del sofá. Mientras el anciano le dedicaba una última mirada insegura a su persona. Lo que siguió, fue un suspiro cansador y luego se dispuso a abrir cualquier parte del libro, como si solo fuera a darle una hojeada y comprobar que este hablaba de algún ejército, o algún ángel… o lo que fuera. Las hojas estaban el blanco.

El anciano erizo las cejas. La hoja de la mitad del libro estaba en blanco. Esta vez fue más adelante; quizás un poco después del principio, y nuevamente; la hoja estaba en blanco ― Pero que… ― Murmuro el anciano negando con su cabeza y haciendo gestos extraños. Y más lo hacía al pasar las hojas a gran velocidad y no ver si quiera una sola letra escrita. ― ¿Qué clase de broma es esta? Solo es un libro en blanco.

―Así es― Respondió Zamasu, sonriente y convencido.

― ¿Qué? ― Pregunto totalmente molesto ― ¿Estás jugándome una broma?

―Claro que no supremo Gowasu. La historia es real…

El viejo, ofuscado por la respuesta del aprendiz, esa media sonrisa y su convencimiento, alegó interrumpiendo: ― ¿Cómo diablos puede ser real una historia que no está escrita? Y… y además…

―Aun no lo está, pero lo estará― Dijo Zamasu interrumpiendo.

― ¡Oh no! Ya es suficiente. No soportare que me tomes el tiempo solo para distraerme y no leer las sagradas escrituras. En ningún momento de la historia de nuestros ancestros se hablo de ejércitos de ángeles y dragones, por lo tanto esa historia no es real…

―Pero…― Dijo el aprendiz interrumpiendo nuevamente e insistiendo ― ¿No quiere conocer la historia?

― ¡Ya Zamasu! Deja de jugar conmigo― Vocifero tempestuoso

―Usted es el autor― contesto evadiendo al hombre.

―Q, ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? Jamás escribí ningún libro de ese tipo. Ya basta de decir tantas estupideces ― Respondió Gowasu y como acto seguido se dispuso a retirarse. Molesto, muy molesto, y no comprendiendo absolutamente ni una palabra del muchachito.

Zamasu, siguió con la mirada al anciano y dijo: ― El libro no puede estar equivocado y usted tampo…

― ¡No! ― Contesto el viejo volteando de cara a su alumno y gritando con furia. Una que era inexplicable, pero que quizás había mantenido escondida durante mucho tiempo… o eso parecía ― ¡Tu eres quien está equivocado! ¡Todo el tiempo estas equivocado! ¡Eres un maldito niño caprichoso que solo ve el mundo con ojos de odio y maldad! ¡De esta manera jamás, escúchame bien; jamás podrás ser mi sucesor!

―Yo no seré su sucesor…

― ¡Oh por todos los dioses Zamasu, ya acaba con esto de una vez! Ponte a leer lo que te ordene y deja de inventar cosas. Fuiste muy listo al crear un libro en blanco y funciono por un buen rato, pero sinceramente no entiendo a dónde quieres llegar a veces.

―La historia dice que el ejercito de ángeles se levanto tras la rebelión…

― ¡Deja de fantasear! ― Grito el hombre sacado de sus casillas

― No estoy fantaseando― Respondió sonriente ― Usted cuenta que los siete dragones rompieron sus huevos naranjas y estrellados poco después de la muerte del Rey de…

El anciano, casi a los tropiezos camino furioso hasta el aprendiz, y de un solo cachetazo; de esos que dejan a uno marcado, hicieron que Zamasu callara dejando su rostro al costado. Al instante el hombre dijo: ― ¡Cierra la boca ahora! no quiero volver a escucharte decir una sola palabra más… ya no continuaras fantaseando…

―Yo, seré su perdición…― Contesto todavía con la cara de costado y los mechones del pelo cubriéndolo. Los ojos de Gowasu se abrieron de manera aterrada, casi sintiendo en esas palabras una sensación familiar de haberlas escuchado. No estaba loco ¡Lo había escuchado antes! Con la misma fuerza en la que había avanzado ahora retrocedía unos cuantos pasos dedicándole a Zamasu uno de los rostros más terroríficos que jamás pudo haber visto.

Zamasu nuevamente volteo la cara ahora divisando el pánico del hombre, sobre todo en sus ojos, esos ojos llenos de miedo y dolor. Poco después dijo ― Yo seré su perdición. Cuando mi cuerpo se haga polvo y vuele con viento; yo seré su perdición. Aun, cuando intente convencerse; seguiré siendo su perdición… Y usted no tendrá consuelo.

― ¡No! ¡Cállate maldita desgracia de los dioses!― Grito Gowas aterrorizado y retrocediendo tanto como le fue posible hasta caer al suelo. Se tapaba los oídos como si no quisiera escuchar más, cerraba los ojos como si no deseara ver esa cara sonriente de ojos enormes y grises que lo observaban desgarrándole el corazón. No quería ver esa media sonrisa que afirmaba cualquier palabra que pudiera decir y deseaba cortarle la lengua para no escuchar más la varonil voz que salía de esos labios con tanta convicción para hacerle sentir que su alma ardía en las llamas de un infierno del que no podía salir.

― ¡Vete! ¡Vete desgraciado demonio!― Gritaba el viejo tirando en el suelo, revolcándose en las frases de su alumno que se mezclaban con la dulce voz de una mujer "¿Qué es todo esto?" Alcanzo a pensar mientras apretaba su cabeza en un intento por dejar de escuchar. ― Esto no es cierto… esto no es cierto, no es real, no lo es. Tú no eres real maldito muchacho… no lo eres…

La sacudida se dejo sentir en el suelo sagrado del universo diez. El hombre despertó pegando un respingo hasta quedar sentado, con el rostro completamente sudado. La habitación se iluminaba por minúsculos momentos producto de los luminosos rayos que caían en la tierra. Los brazos de los arboles bailaban con fuerza tirando en una sola dirección amenazando con ser arrancado. A pesar de la distancia, podía escuchar a lo lejos la furia del mar del este destrozándose contra las gigantescas rocas.

El recuerdo de un sueño, le abrieron los ojos de tal manera que observo a su alrededor para comprobar que estaba viviendo la realidad. El suelo se volvió a sacudir. El templo vibro junto con los muebles haciendo caer algunas baratijas del escritorio que tenía en un rincón. Otra vez, volvió a recordar ese sueño, su alumno, el ejército… la perdición. ― No…― Murmuro negando con su cabeza y nuevamente sintió la fuerte sacudida en el planeta. No era una tormenta.

Se levanto sin pensarlo, y como pudo entre la furia que el planeta recibía se encamino hasta la salida. Lo que vio al abrir las puertas fue lo que nunca imagino. El pasillo estaba completamente cubierto por una extraña neblina; apenas veía cinco centímetros al frente. Movía su cabeza de un lado al otro intentando visualizar la última habitación donde estaba el jovencito pero sus esfuerzos fueron en vano, entonces grito: ― ¡Zamasu! ¿Zamasu donde estas?

Pero no hubo sonido alguno, de hecho, los sonidos se desvanecían… incluso hasta el sonido del silencio. Nada, es lo que escuchaba. Camino sin pensarlo dirigiéndose a la habitación de Zamasu mientras su cabeza rumoreaba el porqué el muchachito no salía de su habitación. Tal vez lo había hecho, y eso lo hizo voltear nuevamente al otro lado donde se encontraba la sala principal.

― ¡Zamasu!― Volvió a gritar con fuerza, sin embargo, no había señales del jovencito. Parecía encontrarse solo; con los recuerdos de un espantoso sueño y un exterior completamente nublado. Como si las nubes hubieran descendido a la tierra… algo así.

No supo cuando llego a la sala, quizás cuando en el camino se perdía nuevamente entre los espantosos recuerdos de ese pesadilla lo cierto es que, lo hizo. Y le bastaron apenas unos segundos para ver a gran velocidad, como la puerta principal se cerraba dejando en el aire la apenas divisible sombra del aprendiz. Corrió, lo hizo antes de que la puerta tocara el umbral y al mismo tiempo grito: ― ¡Espera Zamasu!

Las silueta del jovencito se veía alejarse por el patio principal, detrás, el hombre corría por alcanzarlo y por un momento en su cabeza se cruzo una nueva idea donde quizás el aprendiz estaba huyendo, pero… ¿De qué? En medio de una extraña tormenta con nubes en la tierra ¿Cómo pensaría en huir? Si así lo quisiera entonces se tele transportaría.

La respiración del aprendiz se escuchaba agitada. A sus espaldas, cuando volteo pudo notar la cercanía del anciano, pero no quería ser alcanzado, tampoco, quería huir del planeta.

"Escúchame" ausculto dentro de su cabeza y de eso quería huir o bien, llegar. No lo sabía, estaba confundido, por momentos todo era claro y quería seguir a la voz y por otros momentos solo deseaba escapar de ella, como si se tratara de un malvado demonio que osaba poseerlo...

"Soy yo…" Escucho esta vez "Ven aquí" volvió a escuchar y así sucesivamente mientras apuraba su paso "solo tienes que seguir la orden de los dioses… ven" Fue lo último que hoyo fuertemente antes de sentir un certero golpe en la nuca que lo hizo caer al suelo. El anciano había utilizado su poder.

Después de la tormenta

― ¿Shin?― Susurro Kibito, mientras acaricia la mejilla de su superior, todavía allí en el suelo, con el supremo entre sus brazos. El corazón le latía a mil; estaba asustado y aturdido. Lo decía una cara pálida y una respiración plenamente agitada. Parecía como si hubiese tenido la batalla de su vida en la que se movía del un lado al otro para esquivar al oponente.

Los ojos de Shin, perplejos en el cielo, llevaban perdidos varios minutos en allí arriba, y mientras tanto veía una que otra nube pasar a una considerable velocidad. El viento soplaba fuerte, y tal vez eso es lo que pensaba el joven supremo.

― ¿Shin, estas bien?― Pregunto Kibito impaciente. Ya que, ya que el mutismo del muchachito lo ponía nervioso, y después de todo tenía derecho a estarlo. Era considerable porque no todos los días se vivía de esa manera un despertar, al menos el de un dios creador.

―Este mundo…― Dijo, todavía con la vista al cielo – No lo había notado antes. Es… espeso y, y… es agotador.

―Oh… Si… ¿Sí?― Pregunto un poco confundido.

―Es una experiencia agradable… había olvidado cómo se sentía.

― ¿Lo… lo habías olvidado?― Pregunto nuevamente con el mismo tono.

― Si, la tierra anterior me recuerda a este lugar, a este mundo. El sol agradable…― Contestó Shin. Poco después, dejo que sus manos cayeran a ambos lados de su cuerpo haciendo que una de ellas pudiera experimentar el tacto con las hierbas. Eso, lo hizo sonreír, porque ahora recordaba algo mas…

Kibito volvió a acariciar la mejilla de Shin y pregunto: ― ¿Qué es la tierra anterior?

―El primer mundo― Respondió. Después intento incorporarse para quedar sentado en las piernas del hombre – El primer mundo. Donde, donde todo era hermoso, con altas montañas, cuando todavía las hadas volaban en los bosques verdes y luminosos… el primer mundo era fascinante.

―Oh…― Expreso el asistente asombrado, con los ojos abiertos y bien redondo como dos círculos. Después dijo: – en… en verdad hasta suena fascinante.

― Lo sé― Respondió con una sonrisa. – Yo, caminaba por los bosques oscuros de Hildor, y su brillo no me lastimaba...

El asistente, conservando la fascinación y pesar de no saber exactamente de que hablaba su superior, podía sentir una especie de felicidad, de solo verlo sonreír y recordar. Sin embargo, por producto del repentino mutismo que embargaba a ambos, empezó a sentir curiosidad, ahora quería seguir escuchando. Deseaba escuchar la historia de Neptuno. No quería dejar pasar mucho tiempo mas, fue así que decidido pregunto: ―Hildor ¿Era tu planeta?

Shin volvió la mirada a Kibito. Era una mirada pensativa, y en verdad hacia un esfuerzo por recordar exactamente ¿Qué era Hildor? Por supuesto que el asistente noto el desasosiego y por un instante también se sintió de igual manera. Si Neptuno había despertado ¿Por qué dudaba?

―Está bien…― Dijo Kibito más por romper el silencio que le ponía los pelos de punta. Suficiente tenía ya con ver la cara confundida de Shin, o Neptuno; era igual.

― Hildor, era mi hogar. El bosque en donde vivía en oscuridad.

―Entiendo― Respondió el hombre. Al instante otra pregunta surgió: ― ¿Por qué vivías en la oscuridad?

Shin, nuevamente quedo en suspenso. Revoleaba los ojos de un lado al otro quizás tratando de recordar algo más, sin embargo, de momento tal vez no le era posible responder aquello que el hombre mayor le pedía. Al instante, el asistente volvió a notar el desasosiego; esa especie de preocupación o malestar y dijo: ―De acuerdo. No te preocupes, será mejor que descanses ahora…

―Estoy bien― Respondió Shin interrumpiendo y tomo fuerzas para levantarse y quedar de pie. ― Hay mucho por hacer― Dijo luego mientras volteaba en dirección a la anciana.

Uranai Baba, se había mantenido distante debajo del árbol durante el tiempo que ocurrió la gran expansión. Por un momento pensó en interrumpir, pero luego llego a la conclusión de que lo mejor sería esperar a que el jovencito notase su presencia ya que después de todo, sería él quien solicite sus servicios.

Por otro lado, el supremo ya estaba acercando su paso. No tardo demasiado en llegar, pero no y ya desde lo lejos podía notar la sonrisa. Le parecía agradable, tal como lo imagino y tal cual se lo hizo sentir Kibito alguna vez con unas cuantas palabras.

En menos de un minuto, y no mucho antes de que Shin llegara a destino, la mujer se inclino como una reverencia. Estaba nerviosa y ni siquiera sabía que decir exactamente, pero ¿Cómo saberlo? Era un dios creador… Y para ella tenía un inmenso valor. Era la vida misma.

―Señor― Dijo la mujer ahora inclinada y dispuesta a arrodillarse

―Oh, no es necesario― Respondió Shin estirando sus manos para tomar las de la mujer antes de que esta realice su acción.

―Bueno… ¡Que nervios! Es decir… Yo― Dijo Uranai con una sonrisa nerviosa.

―Descuide. Lamento que haya tenido que venir de esta forma tan repentina― Contesto Shin.

Uranai, miro sus manos que eran presionadas levemente por las del supremo. Noto entonces, que era consciente de su llegada y no solo por ese apretón si no por esa pequeña chispa de energía que era capaz de sentir, siendo ella una mujer incapaz de poder percibir la energía de otro ser. Estaba asombrada, tanto, que sus ojos volvieron a los del joven supremo; con admiración. Enseguida, respondió: ― No se preocupe. Para mí es un placer estar aquí presente, y en verdad espero serle de gran ayuda. Estoy a sus servicios― Finalizo inclinando su cabeza otra vez.

―Estoy seguro que así será Uranai Baba. Pero, no tenemos mucho tiempo― respondió Shin algo preocupado.

La mujer abrió los ojos nuevamente asombrada en un primer momento. Pues ¿De qué manera podría ayudarlo? Se suponía que era su consejera, así seria, así lo dijo el ángel Hon, pero…

―Hon…― Dijo Shin, y los ojos de la mujer se abrieron más grandes. Sobrecogida de haber escuchando lo que venía pensando. Era normal, la mujer no sabía de esa cualidad en el supremo del este, leer la mente era algo difícil, de hecho, los grandes adivinadores humanos creían poder leer las mentes ¡Era una farsa! Ella, como la gran bruja de la tierra; y porque se consideraba la primera bruja de la tierra; no por ego ¡claro que no! sabia que leer la mente, no era algo que el ser humano pueda hacer todavía, al menos, no un terrícola.

Pronto, la mujer salió de su pasmo y contesto: ― ¡Oh! Eso es sorprendente.

―Puedo enseñárselo― Respondió Shin con una sonrisa.

― ¿Enserio?― Pregunto estupefacta, y porque no; emocionada.

―Por supuesto. Le será muy útil.

―Pe, pero… ¿Yo puedo aprender eso?― Pregunto Confundida. En cierta forma, le parecía algo imposible.

―El universo así lo desea― Contesto el supremo ― Hay quienes son bendecidos con un inmenso poder, aunque no sepan utilizarlos, otros; como usted, están destinados a llevar a la maravillosa mente mas allá de lo ordinario ¿Lo entiende?

―Lo entiendo, señor ― Dijo la mujer complacida.

―Dígame Shin― Respondió sonriente.

―Entonces…― Se escucho decir a Kibito, que estaba a unos cuantos pasos detrás de Shin ― ¿No podemos llamarte Neptuno?

―No creo que sea el momento Kibito― Contesto ― En este mundo hay mucha gente que no me quiere aquí….

― ¿Qué?― Soltaron exaltados la anciana y el asistente. Después Kibito pregunto: ― ¿Qué quieres decir? ¿Estás en peligro?

El rostro de Shin, rápidamente se volvió preocupado. A diferencia de Kibito que sus ojos estaban en la espalda del muchachito, para la anciana el semblante no paso desapercibido, siendo inevitable no sentir esa misma preocupación…

―Necesito encontrar a Zamasu― Dijo rápidamente y mirando a la mujer. Por otro lado, Kibito, parecía respirar aliviado, cerrando sus ojos y dejando escapar todo el aire contenido en sus pulmones. Realmente estaba aliviado, y solo pudo decir:

―Cielos…― Susurro Kibito haciendo que Shin volteara a mirarlo ― Eso es lo más maravilloso que he escuchado en mucho tiempo. Pensé que tendría que seguir callando.

Los labios de Shin, volvieron a formar una sonrisa leve. Podía notar en la cara del hombre; además de los años encima, toda esa preocupación que había estado cargando, ni siquiera era necesario leer su mente, simplemente lo sabía.

―Gracias Kibito ― Contesto tomando las manos del hombre. Este se sorprendió al instante. Sin embargo, más que sorprendido le había llegado como una ola de emoción. Sus ojos se le aguaron. No era solo alivio lo que lo embargaba, era satisfacción. A pesar de todo lo sucedido, de las garras del ángel sobre el jovencito y después de tanto sufrimiento, finalmente Shin conocía al menos su objetivo, y no solo eso, reconocía su esfuerzo, porque ese "gracias" significaba el agradecimiento a todo.

―Fue… fue un placer― Contesto Kibito entre tartamudeos y una voz quebradiza. ― Yo solo lamento, que te hayas retrasado. Cometí muchos errores y…

―No lo hiciste― Dijo Shin interrumpiendo

―Yo, yo solo quiero que puedas cumplir con tus objetivos― respondió aprentando sus manos ― No importa si mi misión contigo termino, tu… tu solo dime si debo hacer algo y yo lo hare. Estoy a tus servicios…

―Solo permanece a mi lado― Respondió Shin aprentando las manos del hombre un poco más.

―Así será…― Respondió el hombre emocionado, y estaba de mas decirlo, porque no importaba como fuera, así este le dijera un día "Vete, no te necesito" el permanecería igual. A veces pensaba que tendrían que matarlo si realmente querían separarlo o bien, Shin tendría que asesinarlo para librarse de su presencia, como fuera… ¡Lo amaba! y daría la vida si tuviera que hacerlo.

― De acuerdo― Susurro Shin. Poco después volteo en dirección a la anciana nuevamente, pues las primeras consultas estaban próximas. No es que no quisiera pasar un momento de paz, solo que, lo poco que recordaba debía utilizarlo para alcanzar a aprendiz, ese era su objetivo, y allí es a donde iba "No más retrasos" Pensó.

Un suspiro por parte del joven supremo, y estaba listo para empezar. No obstante, frente a los presentes, la presencia de un hombre; anciano, de piel amarillenta y avejentada que lucía un típico traje de Kaioshin, interrumpía el momento dejando a todos en silencio, incluso al supremo del este, que por así decirlo, no parecía para nada sorprendido, al contrario…

Los ojos del anciano, se mostraban algo temerosos. Antes de mirar a quienes estaban enfrentes, dio una minuciosa contemplación a sus alrededores, tomándose todo el tiempo del mundo. En verdad, estaba aterrado, lo decía su rostro y una pequeña agitación en su pecho que era por demás visible. No mucho tiempo después, sus ojos fueron directo a la figura de Shin, encontrándose rápidamente con una oscura mirada, idéntica a la suya.

―Oh…― Expreso caminando unos cuantos pasos en dirección a Shin. ― Por todos los dioses antiguos…

Kibito, se adelanto rápidamente. El anciano se tambaleaba un poco y le daba la impresión de que en cualquier momento caería al suelo. En unos cuantos segundos logro alcanzarlo tomándolo por el brazo y susurrando: ―Supremo ¿Se encuentra bien?

El viejo, todavía desorientado, pero con la firme convicción de querer llegar a Shin contesto entre murmullos: ―Yo, yo solo quiero… Necesito ayuda…

―Supremo Shin…― susurro la anciana poniéndose a un lado del muchachito

―No creí que vendría tan rápido…― Respondió Shin, con la mirada firme en la figura del anciano; para nada sorprendido.

― ¿Qué?― Pregunto sorprendida ―Usted…

―Le di sueños― Contesto a tiempo que veía la rotunda proximidad del hombre. Poco después, Gowasu se dejo caer frente a Shin, apenas le dio tiempo al jovencito a agacharse para quedar a su altura, pues. No era propio del muchachito mirar desde arriba como si fuera la gran deidad. Ni siquiera alcanzo a decir una minúscula palabra cuando la voz del anciano se dejo oír nuevamente, no sin antes tomando a Shin por los hombros y dedicándole una mirada suplicante:

― Te lo suplico… Yo, yo perdí el camino...― Balbuceo repetidas veces, una y otra vez, mientras sacudía levemente los hombros del joven supremo.

Continuara…