Buenas noches. No se si ya pasaron dos meses desde la ultima vez que actualice, o fueron dos. Lo siento, estos últimos meses fueron un caos; y lo siguen siendo. Demasiadas obligaciones entre estudios y trabajo. Compañeros que se toman vacaciones, otros compañeros que tienen que cubrir puesto (esa soy yo) y bueno ni hablar de exámenes y materias que debía recuperar.

Mi tiempo libre se vio muy reducido, por estas cosas, pero de todas formas en cuanto podía escribía en borradores el capitulo numero 15 de esta historia.

Bueno, fue un capítulo difícil de terminar, y no por falta de imaginación jajajaj, mas bien por ordenar las escenas, como sabrán aquellos que la leen o la siguen, en cada capítulo suelo poner escenas diferentes. Bueno, este es un capítulo de flashback y futuros alternos. Finalmente me toco escribir un poco mas del futuro y allá fui.

No habrá presentes, corte el capitulo y deje las escenas restantes para el próximo y de esa forma no seria demasiado extenso. Yo digo que será un capitulo tranquilo, aunque eso no le restara algunas revelaciones, quizás nuevas, quizás no, no lo se.

Ya me dejo de escribir tanto. Muchas gracias por leer y tengan buenos días/tardes/Noches.

Saludos. Annanda.

Pd: Si hay errores intentare arreglarlos a la brevedad, siempre tengo errores...

pd2: No me tardare con el próximo capitulo xD

Capitulo 15

Una señal en el tiempo

Mas allá de la zona

(Flashback)

― ¿Y qué dices niño? ¿Quieres conocer la historia del ejercito de ángeles y Dragones? ― Volvió a repetir el aparente demonio, dejando escapar una voz grave; pero amistosa acompañada de una ensanchada sonrisa.

De todas formas, y por más entusiasmo que haya puesto Demigra, el niño no movió un ápice de su pequeño cuerpo. Todavía estaba detrás del árbol, con los brazos estirados y las manitos queriendo arrancar la corteza; como si el demonio fuera a acercarse y en un movimiento lo raptara, o lo que sea. Los ojos grises y enormes, apenas se asomaban para observarlo y si en una primera impresión no lo había asustado, pues, en la segunda y al ver la cercanía si lo había logrado. Después de todo, Demigra era quien lo acechaba cautelosamente en las noches, con esa rojiza mirada; tan roja como su cabello, mientras daba de pequeños golpecitos con su extraño báculo que parecía claramente estar hecho de huesos… ¡un horror! Pensó. Y de solo imaginar que esos huesos podían pertenecer a cualquiera de su raza o a quien sea, se le hacía inevitable no temblar pavorosamente. ¿Qué tal si sus pequeños y flexibles huesos eran los siguientes?

Con una pequeña trompa en su boca; de esas que hacen los niñitos antes de largar el primer llanto. El pequeño Zamas termino por esconderse detrás del macizo tronco y contesto: ―Vete…

Demigra, no perdió tiempo en darle lugar al silencio y soltó: ―Oye, comer niños no es mi especialidad. ¡Vamos! El lado Éste nos espera…

― ¡No iré contigo! ― Interrumpió el niñito sonando muy nervioso y atemorizado. A esas alturas imaginaba que el enorme demonio estaba próximo a tomarlo por la fuerza y arrastrarlo hasta donde fuera. Entonces, y solo entonces con ese fugaz pensamiento, recordó las atroces y macabras historias que los habitantes del planeta solían contar sobre el lado prohibido del planeta. No lo creía… y eso era antes, porque después de ver mas cerca al demonio y comprobar que se trataba de uno, su imaginación podía llegar hasta cualquier parte. ¿Por qué no encontrarse con monstruos espantosos y brujas aterradoras de nariz puntiaguda y grandes verrugas?

El demonio sonrió, sin embargo y nuevamente, esa sonrisa no expresaba para nada una señal de maldad o la intención de querer lastimar al pobre niñito despavorido.

―De acuerdo…―Dijo, pero antes de que continuara la voz del pequeño Zamasu se dejo escuchar, otra vez; nerviosa y casi a los gritos:

― ¿Por qué siempre estabas espiándome, y quien eres?

―Oh― Soltó el demonio, y unos segundos después respondió – Sabia que eso te traería preocupado…

― ¡No estoy preocupado, tengo miedo! ― Interrumpió Zamas en un nuevo grito, esta vez mas nervioso.

Demigra lanzó una carcajada divertido frente a la sinceridad preocupada del pequeño y contesto: ― ¡Vamos! No hay nada que temer niño, si hubiese querido hacerte daño ya lo hubiera hecho cuando estabas solo y desprotegido mientras toda esa bola de shin―Jin te rodeaban. Aunque… no es por nada pequeñito, pero, tampoco es que te dedicaran tanto tiempo. ¡He cuidado de ti mas que esos infelices, sobretodo cuando tu tutora estaba ocupada y atendiendo los asuntos de esos que se hacen llamar "superiores" solo porque nacieron de una brillante y colorida manzana de oro ¡que estupidez! Entiendo tu temor, pero créeme; no estoy aquí para hacerte daño.

Lentamente y todavía conservando el miedo, Zamas volvía a asomar la mirada. Observo al demonio unos cuantos segundos; un minuto tal vez, con el único fin de que su apariencia le generara algo de confianza. Si sus palabras eran ciertas ¿Por qué nunca antes intento hablar? ¿Y si había cuidado de el? ¿Por qué jamás lo protegió de su maestro? Y tambien… ¿Cómo es que permitió que su padre muriera a manos de Rou?

Lo cierto es que tenia muchas preguntas para tratarse de un niñito. No obstante, recordar la muerte de Koro volvía a inundarlo de ira y aunque Demigra no era culpable de ello; no pudo evitar desatar su furia en unas cortas palabras: ― ¿Y porque dejaste morir a mi padre? ―soltó al tiempo que salía detrás del árbol.

―Ooh…― Dijo Demigra abriendo los ojos con entusiasmo y esbozando una nueva y ancha sonrisa – Tienes agallas pequeño… Pero, yo no soy responsable de…

― ¿Dime porque…― repitió el niño e hizo una pausa producto de ese llanto ahogando que pugnaba por no salir y mostrarse aún más débil de lo que ya se sentía? ― ¿Por qué no me ayudaste a salvar a mi papá? ― termino por decir. Las lagrimas fueron inevitable.

Demigra no lo culpaba.

― ¿Me crees si te digo que volverás a verlo? ― Dijo el demonio volviendo a su seriedad, pues, el niño estaba afligido.

―No es cierto― Contesto lastimoso – no quiero buscar a mi padre en un árbol…

― ¡Pues tendrás que conformarte niño! ¡Esta fue tu elección!

El pequeño Zamas interrumpiendo inundado en mas lagrimas rabiosas, respondió en un nuevo grito: ― ¡Yo no elegí que muriera! ¡El malvado Rou lo asesino!

―Pero fuiste tú quien lo libero ¿Por qué lo hiciste? Tu, no deberías estar aquí, niñito ¡no es el momento! Pero aquí estas. Dime ¿Por qué liberaste a tu padre? ¿Quién te dijo que vinieras aquí?

― ¡Él era mi papá y estaba encerrado injustamente! ― Replico el niñito a los gritos.

― ¿Y quién eres tú para decir lo que es justo o injusto? El mundo es lo que es y si te mueves en la balanza de un lado al otro buscando lo justo o injusto pasaras sufriendo el resto de tu vida. ¡No elijas! Mantente siempre en el centro y podrás ver con claridad…

― ¿Y quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer? ― contesto el niño casi interrumpiendo a los gritos.

― ¡Yo soy un don nadie niño! ¡Y soñaba con ser el supremo kaioshin del tiempo! Hace 75 millones de años creí que la injusticia formaba parte de este mundo antes que la justicia, y noté por millones de años como este mundo se aniquilaba a si mismo; y lo sigue haciendo, se desprecia y hasta mata si el pensamiento del rebaño no es compartido. ¡Los espejos del tiempo lo reflejaban todo y mi compañera Chronoa sabia que este mundo estaba cargado de maldad y de dolor! ¡pero ella controlaba todo y no yo, no tenia oportunidad alguna de revertir todo el daño que este mundo estaba sufriendo, y entendí como shin―Jin que yo soy parte de este mundo en el que estoy atrapado y que toda esta maldad también forma parte de mi, de mis pensamientos…! Si quieres un mundo mejor enderézate a ti mismo y olvida tu sentido de justicia. Ese hombre, al que tu llamas "padre" no fue mas que el puente de tu nacimiento y…

El pequeño Zamas, lastimado por las ultimas palabras contesto en llanto: ― ¡No es cierto! ¡Mi papá le pedía a Kaiju por mi!

― ¡Tu padre era el único capaz de traerte a este mundo, tu deseo de nacer no podía ser completo si alguien no te deseaba tanto como tu deseabas venir aquí!

―Déjame en paz…― Soltó el niñito, esta vez con una voz mas tenue y delgada. Las manos eran llevadas a su cara mientras intentaba inútilmente limpiar las lágrimas que salían a borbotones. El demonio no era el culpable de ellas a pesar de comportarse de manera fría y desinteresada con sus respuestas, pero resultaba la oportunidad perfecta para liberar la impotencia de recordar como su padre era asesinado…

―Llora, niño. Llora todo lo que quieras, pero luego levántate y continua. Aun eres muy joven para no encontrar salida y además…― Dijo Demigra e hizo una pausa, vaya a saber por qué. Después continuo: ― Tu futuro es grande…

―y… ¿y qué sabes de mi futuro…? ― Susurro el pequeñito limpiándose las lagrimas y unos cuantos fluidos trasparentes provenientes de su nariz. Por supuesto que Demigra no tardo en responder.

―Pues… sé que tienes que ir en aquella dirección― Respondió rápido al tiempo que señalaba al éste, allí mismo, donde el Zamasu adulto producto de la imaginación del niño o vaya a saber que; indico que debía ir. El niño miro al costado recordando ese momento y las palabras de su "yo adulto" por supuesto, y sus ojos que quedaron suspendidos en el sitio por un tiempo indefinido. Sin embargo, Demigra no dejaría lugar a pensar demasiado, y no mucho después continúo diciendo: ― Como ex kaioshin aprendiz del tiempo he visto millones de futuros en los que tu estabas, no estas en este mundo para llorar por tu padre muerto. Tu no eras de mi interés… pero mi señor; el mago de los magos, el rey dios oscuro me mostró el camino, soy tu servidor y tu llegada aquí me indica como una señal que debo mostrarte algo importante. Lo conservaras en tu corazón…

El pequeño de ojos enormemente grises, observo al demonio durante varios segundos. Todavía se limpiaba los fluidos bruscamente mientras pensaba en las palabras del Demigra. No las entendía, no a todas, y hasta ahora el demonio solo le inspiraba la misma desconfianza que se había propagado desde el inicio, cuando siendo aun mas pequeño y todavía pasaba mas tiempo encerrado en la habitación que otra cosa; noto como esos ojos rojos y ladinos lo observaban detrás de la ventana que daba al jardín. Pero había algo que también era muy cierto, y es que el demonio jamás intento lastimarlo, raptarlo o en el peor de los casos; asesinarlo.

―Si estás pensando en tener más respuestas que las que te he dado, no las tendrás. Puesto que no es el momento y como dije; no deberías estar aquí. Ya no importa que te impulso a venir, olvídalo y confórmate con lo que el presente está ofreciendo. ¿Vienes o te quedas, niño?

El pequeño Zamas, agacho la cabeza afligido, miraba sus pies y allí se perdía nuevamente en una decisión. Irse con el demonio hasta ahora era lo más seguro, porque a sus ojos; Rou resultaba más terrorífico que Demigra e incluso, Rou tenía un aspecto más demoniaco que el shin―jin que lo observo durante varios años. Al menos Demigra jamás intento lastimarlo…

Unos pasos al frente por parte del pequeño zamas, y Demigra interpreto la respuesta. Al instante sus pies empezaban a moverse en dirección al este y dijo: ―No está muy lejos de aquí, sígueme― Y en silencio el niño comenzó a caminar detrás.

Durante el camino, solo se escuchaba el sonido del viento que golpeaban levemente las ramas de los árboles. Mucho más audible, era el sonido de las hojas secas siendo aplastadas por ambos pies que caminaban pausadamente. Pero no había señales de ambas voces. Demigra adoraba el silencio, así que agradecía profundamente que el pequeño no estuviera parloteando o haciendo preguntas difíciles de responder, y cuando pensaba las preguntas difíciles, se refería a esas preguntas que lo comprometerían.

Su conocimiento sobre el niño era amplio, tal vez sabia más de lo que debía. Su señor de la oscuridad así lo quiso, y había sido este quien le puso el pequeño frente a sus ojos. Reconocía que cuando lo vio por primera vez no se había percatado que ya lo había visto nacer en un futuro, en aquel entonces; lejano, muy lejano. Si hubiese sabido antes que ese niño era la salida y el camino de su libertad quizás ya hubiese deseado con anterioridad que este naciera ¡Y hasta lo habría provocado! Pero no fue así, tuvo que cometer el error; el gran error de querer controlar Toki―Toki a su antojo, y fue exactamente hacia setenta y cinco millones de años atrás.

Cuando hablaba o pensaba en su liberad, no lo hacía pensando el salir de las grietas del tiempo, nada de eso. Su libertad era otra y tal vez el sabor de esa libertad era la misma que muchos otros quisieran tener pero que no sabrían cómo explicarla… ni el sabia como. Pero tenía algo muy claro, y es que esa libertad comenzaba cuando la misión con el niñito culminara. ¿Cuál era su libertad? Pues, volver al mundo al que pertenecía… saber que era o que vinculo tenia con el mundo.

Cuando pregunto "¿Porque estoy aquí? "La respuesta de su señor fue simple. "Estas aquí porque otra grieta en el tiempo se ha roto desde el tiempo antes del tiempo y los mundos han sido desgarrados" ¡vaya respuesta! Y eso fue lo que pensó, pero también, su señor le prometió recuperar todas sus memorias al finalizar su objetivo. Eso, lo hizo voltear al niñito nuevamente y pensó "Yo se quien eres"

―Estoy cansado― Protesto el niñito aprovechando que el demonio volteaba a verlo.

―Apenas comenzamos a caminar, niño. No empieces a quejarte…― Respondió Demigra

―Pero tengo sueño… y tengo hambre…― Susurro esta vez al tiempo que se le dibujaba un pequeño puchero en la boca.

Demigra se detuvo velozmente y por supuesto que el niño lo hizo también. Volteo rápido con cara de pocos amigos y pregunto: ― ¿Y que se te antoja comer? ¿Tal vez un dulce? ¿O quieres un delicioso filete de pescado? ¿Qué es lo que quieres?

―No lo sé…― Murmuro el niño. Su rostro, indicaba culpa, quizás vergüenza.

―Bien― Dijo, y al instante estiro la mano en la que llevaba el báculo para crear algo que saciara el hambre del niño. Su elección fueron unos simpáticos pastelillos que se iban formando lentamente incluidos en una pequeña caja de cartón. Aquello no tardo ni 30 segundos, y enseguida Demigra continúo hablando al tiempo que tomaba con su otra mano la caja extendida hacia el niño: ― Aquí tienes. Sé que te gustan los pastelillos. La kaio Tieer los preparaba para ti todos en sus días libres.

El pequeño zamas tomo la caja dibujando una sonrisa y contesto: ―Gracia.

―Tiene un precio…― Contesto, aunque la caja ya estaba en las manos de Zamasu.

―Pero… yo tengo nada que ofrecerte…― respondió el niño con un rostro preocupado

―Claro que sí. Tienes que prometer, que al terminar de escuchar la historia volverás a tu lugar― Dijo. Después volteo para continuar con su camino. No mucho después, el niño replico.

―Pero no quiero volver del otro lado. Mi padre decía que tenía que venir aquí y que solo así estaría en libertad. Si vuelvo; Rou me matara… El… el me lastima.

― Lo se…― Contesto Demigra

― ¿Y porque quieres que regrese? ― Pregunto el niño, y lo hizo sonando un poco angustiado.

―Porque tu deber allí no termino. Solo deberás cerrar tus ojos. Si no regresas tendré que obligarte y no quiero hacer eso ¿Lo entiendes? Debes enfrentar lo que sucedió y debes enfrentar a Rou. Te odia porque eres mejor que el ¿No lo ves? ¡Ja! Claro que no… A tu edad, ese enano de jardín no hacia ni la mitad de lo que tú haces. Tienes el poder para controlar la materia de la vida a tu antojo. Puedes crear todo tipo de vegetación y extrañas criaturas coloridas. Puedes hacer de este oscuro bosque, el paraíso más grande jamás visto si lo deseas… y el, bueno pues… tuvo que hacer un esfuerzo muy grande para llegar hasta donde está siendo un fruto dorado. Para Rou, eso es injusto. También es injusto que deba aceptar que tú eres el hijo de un simple jardinero que soñaba con una familia propia. Curiosamente y para su infortunio el mundo le revela a toda la comunidad Shin―jin que tú tienes todas las habilidades que Koro no tuvo pero que añoraba para ti antes de que nacieras. ¿No lo entiendes? Su deseo era tener un niño, y lo deseo con tanto amor que le dio forma de vida. Ah… ― Suspiro un momento antes de continuar ― Supongo que el mundo necesita a un niño como tú. Pero no ven y tú necesitas nutrir ese amor para comprender la vida… ¡Oh! ― Exclamo al mirar al frente ― Ya casi llegamos.

―No te entiendo…― Contesto el pequeño con varios restos de crema en la boca. Ahora su rostro lucía hasta más colorido, despierto y alegre. Los dulces le agradaban…

―Eso no importa. Lo entenderás― Fue la corta respuesta del demonio. Y el silencio volvió a invadirlos. Aunque fue por un corto tiempo, ya que a unos cuantos metros detrás de los árboles, empezaba a verse una luz blanca y brillante. La oscuridad parecía romper su cascara como si se tratara de algo irreal esa luz iba haciéndose cada vez más intensa a medida que iban avanzando.

El niño abrió los ojos un poco más grandes, la cercanía de la luz, le hacía imaginar que detrás de esos gigantes arboles oscuros como la noche existía un paisaje seguramente increíble. Ya estaba próximo.

Sus ojos se enceguecieron un poco, haciendo que los entrecerrara al recibir el impacto de la claridad. Le tomo varios segundos hasta que poco a poco empezaba a abrirlos para luego notar lo que tenía de frente. Aquello era, el paisaje más hermoso jamás visto, al menos para él, que era un niñito de apenas unos pocos años y que solo conocía el otro lado del planeta, con suerte; los alrededores del castillo kai-shin.

No había sitio en ese paisaje que no estuviese cubierto de hierbas verdes y frescas. A unos pocos metros se veían las gigantescas cascadas que rodeaban un antiguo altar, hecho con las piedras más añejas de ese lugar; inmensas. Las enredaderas adornaban cada pilar de forma sutil y en el centro podía verse con claridad una especie de piedra esférica, y esférica en toda su perfección. A simple vista solo era una piedra.

―Hemos llegado― Se escuchó decir a Demigra mientras sonreía levemente. El niño, por supuesto que no noto absolutamente nada, porque sus ojitos estaban embelesados con ese paraíso lleno de verdor y aguas cristalinas. ― ¿De verdad querías quedarte en ese oscuro bosque?

―Lo siento…― alcanzo a susurrar, mientras miraba embobado el lugar ― No sabía que aquí existía un lugar así.

―Oh, bueno. Yo tampoco, pero cuando fui encerrado en este lugar supe de su existencia. Es grandioso, pero no me pertenece; ni a ti, así que no toques nada y tampoco se te ocurra arrancar una sola flor.

―No lo haría, si lo hago morirá― Contesto el pequeño mirándolo con ojos grandes.

Por alguna extraña razón, la frase; simple, corta y sincera, lograron que Demigra se detuviera un segundo en la figura del niño, o mejor dicho; sus ojos. ¿Cómo podía una estúpida frase y para nada engañosa, tener tanto significado? De tal manera que sonara tan sencilla y sincera que seria incomprensible para cualquiera que no amara la vida. Había quedado paralizado.

Parpadeo un poco, y así termino por recobrar la conciencia, sin embargo, las palabras todavía pasaban por sus pensamientos una y otra vez: ― Oh… Lo, lo siento niño – Dijo. Involuntariamente su mano derecha viajo hasta la cúspide del niñito dando una suave caricia que para este fue incomprensible, pues, hasta el momento, el demonio no había mostrado gesto cariñoso alguno.

―Por ¿Por qué te disculpas? ― Pregunto el pequeño un poco preocupado.

Pero Demigra no respondió. Limitado, corrió la mirada en dirección al altar, mas por esquivar la profundidad de esa mirada cristalina y amorosa que lo hacia sentir débil y despertaba su deseo protector. Porque el; mas que cualquiera sabia lo que le depara al pequeño. ¿Cómo no hacerlo? Él era un ex kaioshin del tiempo, corrompido por una mente deseosa por alcanzar su objetivo de controlar el tiempo a su antojo, y así, también el universo. Ni sabia con que fin. Quizás por notar lo mismo que el niño; injusticias… no lo sabia con exactitud.

Tras varios minutos de silencio en los que se había quedado perdido, finalmente recobro la conciencia diciendo: ― Haa… De acuerdo. Aquí, aquí es donde te contare un cuento…

―Mmm… ¿Todo esto es por un cuento? ― Pregunto el niño pensativo al tiempo que observaba el altar.

―Pues… antes de escuchar el cuento tienes que saber en donde estas ¿lo sabes? ― Pregunto. Zamas recorrió con la mirada el lugar al menos unos cuantos segundos mas. Después respondió.

―Este es, es el bosque Jikan. Los antiguos shin―jin solían llamarlo el bosque de las almas perdidas. Los antiguos libros dicen que este bosque esta maldito y que es el lado oscuro del planeta, no existe hombre que haya entrado aquí y haya salido con vida. Las bestias son feroces y con un poder mas grande que un kaioshin, los brujos tienen hechizos mas grandes que cualquier otro shin―jin y…

―Oh… santo cielos…― murmuro Demigra en un tono agotador e interrumpiendo las palabras del niño. – No has leído mas que puras mierdas niño… ¿De donde demonios sacas esas historias?

―De la biblioteca…― respondió el niño veloz y confiado.

― ¡Pues deberían prenderle fuego! Malditos antiguos kaioshines… siempre arreglando las cosas a su conveniencia― Dijo completamente molesto, con las cejas arqueadas y la boca torcida mostrando desprecio. ―Por tu bien espero que no hayas creído esa estupidez. Para empezar ¿sabes lo que significa Jikan? – preguntó. El niño automáticamente nego con su cabeza y Demigra continuo: ―Significa "Tiempo" este es el bosque del tiempo, pero la palabra tiempo no significa que aquí exista esa clase de idea mundanal del mundo material ¿Lo entiendes?

―No…― Murmuro el niño, y lo hizo bastante confundido mientras miraba estupefacto los rasgados ojos enrojecidos. Como tantas veces lo hizo, el demonio dio un golpe en el suelo con la punta de su báculo mostrándose irritado y respondió: ― ¡Que aquí no existe el tiempo, niño! ¡Y es que en realidad el tiempo es una mentira! Pero digámoslo así; Si bien las leyes del universo reinan en cualquier parte del mundo material incluso a nosotros mismos conformados de materia, este lugar es una grieta enorme en donde el tiempo no existe, de hecho, todo lo ves aquí no existe en verdad. Sólo esta en tu mente y la primera ley se hace presente "El universo existe en la mente cosmica" y ella se reparte a cada uno de nosotros. Puedes verlos ahora, cualquiera puede verlo ahora, pero aquí no hay nada…

―No es cierto― Dijo el niño, dando una vuelta mas a los alrededores con sus enormes ojos grises.

―Lo es. Las grietas del tiempo son la primera formación de nuestra mente cósmica, y este es el hogar de mi señor, el gran mago oscuro. Nadie lo sabe y se me ha rebelado como un secreto para que lo comparta contigo. Este sitio; aquí mismo, esto es Hildor y de este altar nacían las enormes bestias llamadas dragones y a lo que los estúpidos shin-jins nombran como "monstruos aterradores"

―Espera…― Interrumpió el niño rápidamente – Esto no es un cuento…

― ¡Por supuesto que lo es! ― Contesto Demigra eufórico y penetrando en la mirada del niño – Es un cuento real. Y tu eres parte de el.

El pequeño Zamas, todavía mas enmarañado; respondió: ―No te entiendo. Yo no conozco este lugar y… y tampoco se quien es tu señor...

―No lo recuerdas… solo eso sucede― contesto Demigra convencido ―Y dudo mucho que lo recuerdes…― susurro. Pero aquello fue un susurro involuntario. Algo que surgió momentáneamente en su cabeza sin siquiera pensar en que podría decirlo. Tenia muchas cosas para decirle, y sin embargo conocia sus limitaciones. Como ex kaioshin del tiempo, entendía que no debía intervenir en el futuro de nadie, ni siquiera en la de otro shin―jin…

― ¿Qué debo recordar? ― Pregunto curioso y tímido a la vez.

―Nada por ahora. Solo escucha― Dijo y al instante continuo: ― cuenta la leyenda que aquí; en Hildor, por encima de ese altar. El mago oscuro; el rey dios elfo…

― ¡Oh! ¡Elfos! ― Exclamo el niño entusiasmado al tiempo que pegaba un salto― ¡Es una historia real de elfos!

― ¡Lo es, pero esto no es un juego así que escúchame bien! ― soltó el demonio, y apretó la muñeca del niño para captar su atención. Zamas, borro su sonrisa rápidamente y al instante su mirada se centro en la del shin―jin. Después, escucho: ― Hildor era el hogar sagrado; creado por el Rey elfo oscuro, aquí le dio vida a su raza mas protectora; los dragones. Pero… ¡Ah! Estos no eran dragones como esos que imaginan los estúpidos humanos; echando fuego por sus bocas o yo que se que cosa, estos dragones eran increíbles ¡y el rey tenia siete! Siete maravillas que danzaban por el universo cumpliendo los deseos mas amados del rey. ¡también tenían poderes defensivos! Y protegían al rey y a toda la comunidad elfica de cualquier enemigo existente en este mundo. Los dragones no escupían fuego, ellos escupían gigantescas bocas de materia oscura capaz de dejarte perdido en cualquier interdimension ¡y no la confundas con la palabra dimensión! La dimensión es algo que pertenece a otro mundo y la interdimension es el plano que coexiste escondido dentro de este y que no es visible, el mundo interdimensional esta plagado de desechos pertenecientes a este mundo y fue creado por el rey dios elfo para poder limpiar el universo de todo aquello que le proporcionaba maldad. Quizás… nunca pudo erradicarla por completo…― susurro la ultima frase pensativo, luego continuo: ― Desde su creación; el ejercito de dragones fue la gran salvación del universo…

―Y… ¿Y que sucedió con ellos? ― Interrumpió Zamas ― ¿Por qué no están en este mundo? Mi padre nunca me ha dicho porque los elfos abandonaron este mundo… ellos pertenecían aquí ¿verdad?

El demonio volvió la vista hacia él niñito a gran velocidad. De todas esas preguntas, no poseía ninguna, pero estaba seguro de adquirirlas todas cuando acabase su misión; tenia un trato. No obstante, su existencia en el mundo material seria inexistente para que alguien pudiera escucharla. Lo entendía. Entendía a su señor.

―No lo se― Respondió sacudiendo un poco la cabeza para salir forzosamente de su medicación. ―Nadie, nadie ha comprobado la existencia de los elfos y no hay libro que compruebe su existencia. Sin embargo, puedo creer en la voz de mi señor; el mago oscuro, y del tiempo que llevo encerrado aquí, nunca pude ver este lugar hasta que no tuve su cercanía. El me dijo que tu lo verías con claridad. Ahora, escucha. La leyenda dice que un día los dragones tendrán que volver a este mundo. Aquí mismo, en este altar el rey dios elfo abrirá el portal que contiene la energía; ki, poder o como quieras llamarlo; que despertara a todos los seres sintientes del dragón. Aquí sus huevos naranjas y brillosos se romperán como frágiles cristales, cuando ellos despierten el camino próximo al despertar de los dioses surgirá. ¡pero! ― Dijo, y se detuvo como si estuviera buceando en el océano de su mente, buscando las palabras adecuadas o quizás buscando no olvidarse ningún detalle de ese relato que al recordarlo podía sentir como su cuerpo respondía con sutiles escalofríos. ― ¡Hay algo mas! Cuando esto suceda, el ejercito de Ángeles también debe despertar; de otra forma, los dragones no podran enfrentar la guerra…

― ¿Habrá una guerra? ― interrumpió el niño preocupado y asustado. ―Yo no quiero una guerra…

―No puedes evitarlas, niño. El ciclo de los primeros hombres no ha terminado y el de los segundos hombres esta a punto de llegar a su fin…

―No te entiendo…― Murmuro el niño. Demigra interrumpió rápidamente: ― No poseo toda la información. Mi señor es sabio, y ha guardado secretos, cuando le pregunte porque, me dijo "tal vez el universo escuche" y también dijo "No estoy completo" "perdí fuerzas" no lo se. Sin embargo, intuyo que lo mas importante es que tu sepas que no habrá un ejercito de dragones exitoso si no hay un ejercito de ángeles de igual magnitud.

―Los ángeles de los que hablas ¿Son los ángeles que cuidan de los dioses destructores? ― Pregunto el niño.

―Así es…―

―Pero…―interrumpió Zamas ― ¿Ellos no lo saben? No entiendo…

― ¡Deja de decir que no lo entiendes, yo tampoco lo entiendo niño! ― Contesto un poco irritado. Las preguntas del niño en realidad no eran el motivo, si no el hecho de estar tan intrigado como él y no tener las respuestas. Si las supiera y no tuviera que decirlas, hubiera respetado la decision, pero, era evidente que aquello tampoco tenia que saberlo. Lo entendía; era un servidor. ―Escucha, hay algo mas que debes saber…

― ¿Por qué debo saberlo? ―Pregunto el pequeño Zamasu.

― ¡Ah niño! ― contesto más irritado ― ¡Solo escucha y tú sabrás porque tenía que llegar a ti! Esto es parte de una leyenda que todavía no esta escrita ¡no ha sucedido! ¡nadie lo sabe! La leyenda dice, que algo tan terrible sucederá y que el ejercito de ángeles se levantará y luchará a sangre fría, pero, el ejercito de ángeles no podrá avanzar si primero no se realiza la ascensión del sacerdote. El ángel de sol, como solían llamarlo los elfos en los tiempos antes del tiempo; debe conocer su destino. Es el elegido antes del tiempo, el único ángel con sentimientos puros y dual, no hay neutralidad en el y esto; sumado a su gran poder y procedencia harán del gran despertar y el comienzo del nuevo ciclo; un éxito…

Un suave silencio se coló de repente, dejando a ambos shin-jin sumergidos en la mirada del otro. Demigra habia concluido, y el niño, con ojos grandes y boca entre abierta todavía hacia maromas en su mente por entender a donde iba el relato. Hubiera dicho; si tuviera las agallas, que su padre era mejor contador de cuentos y que al menos contaba lo que en un pasado muy profundo sucedió. No es que el cuento de Demigra no sonara interesante, al contrario, era profundamente interesante porque esto suponía un futuro, pero ese futuro no se sentís como si le competiera en algún punto.

Preguntar, seria demasiado; pensó. Demigra estaba arto de escucharlo preguntar, y sin embargo el niño necesitaba respuestas.

―Debes irte― soltó de repente mirando con ojos grandes al niñito. Éste, por supuesto que negó rotundamente al tiempo que contestaba casi en un susurro: ―Por favor… Me portare bien, no causare destrozos y no cortare las flores…

―Oh… niño― Respondió el demonio ―Lo siento… mi señor, mi señor dice que tu debes ser completo. Despierta por favor…

―Q ¿Qué…? ― Pregunto arqueando sus cejas confundido ― ¿De que estas hablando?

―Es hora de regresar…― repitio. Esta vez, el niño retrocedió unos cuantos pasos y hasta parecía empezar a desorientarse. Los ojos viajaban a los alrededores a gran velocidad. A la mente solo llegaba un pensamiento ¿es un sueño? Y sus ojos se detuvieron en el altar "no puede ser un sueño" llegaron las palabras como un nuevo pensamiento.

Empezaba a asustarse, a respirar agitado. No podía ser un sueño… y eso es lo que único que rondaba en su cabeza repetidamente. Entonces ¿había sido alcanzado por Rou? ¿o tal vez jamás libero a Koro? No lo sabia… no estaba seguro de nada. Estaba perdido, y el pánico tomaba fuerzas avanzando como una gigantesca nube negra que tapaba por completo cualquier pensamiento de cordura. Olía a locura, como si siendo tan pequeño perdiera la noción de diferenciar entre el sueño y la realidad ¿Qué era real, y que era un sueño? Acaso ¿vivía en dos sueños, el real y el fantástico? ¿Cuál era cual?

Era demasiado pequeño para que una mente joven pudiera soportar tales preguntas, y todas ellas solo tenían espacio para el silencio. Nunca nadie podría responderlas, porque nadie tenia la verdad absoluta. Ni siquiera el…

― ¡Despierta! ― Grito Demigra con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo la punta de su báculo era golpeada contra el suelo tan pero tan fuerte como el grave timbre de voz golpeaba los oídos del pequeño. De un solo impulso cerro los ojos. Lo hizo con fuerza, una dolorosa, y sus puñitos fueron presionados también, su cuerpo se tenso y su garganta se cerro incapaz de susurrar, gemir o decir algo. El mundo tembló; su mundo. Lo sintió en cada fibra de su cuerpo, pero los temores de abrir sus ojos no le permitieron más que sentir el impacto al tiempo que imaginaba como todo se desvanecía a su alrededor.

― ¡No! ― Grito con una voz rasposa. Pero el temblor no se detuvo y una vez mas, quizás por ultima vez, escucho decir al Demonio con las manos al cielo: ― ¡Crystal, cabeza de la creación! ¡Divino dios! ¡Rey alfa, resucita de entre los muertos y trae tu legado!

El niño despertó.

...

Yoes

(Futuro alterno)

Escapar. Aquello repiqueteaba en su cabeza aun después de haber escapado. ¿Cómo lo hizo? No lo sabia y quizás había escapado sin siquiera pensar de que forma. "las mejores ideas surgen de lo espontaneo" pensó, mientras una gruesa y despiadada línea de sangre cubría su ojo derecho dificultándole la visión. Miro sus manos; tenia ambas, y eso también surgió como un pensamiento espontaneo. Si profundizaba en ellas, notaba que tiritaban, al igual que sus piernas y sus labios. Estaba asustado. ¿Por qué no admitirlo?

En un intento por frenar el tiriteo de sus labios los apretó con fuerza, mientras sus ojos viajaban de una dirección a otra buscando que la presencia de Black no volviese sin antes darle tiempo; un poco, a tan solo recuperarse.

En un veloz parpadeo noto en donde estaba. No estaba lejos de casa y tampoco lejos del refugio en donde conoció a Mai. Pero, correr en dirección a su madre era su principal objetivo, pues desde que había huido no sabia nada de ella y le urgía verla, aunque sea un momento. Con el extremo de los sigilos, Trunks salió de ese maltratado y sucio escondite escabulléndose entre los escombros.

Corría todo lo que podía, deteniéndose en cada paredón para observar el cielo y los alrededores con tal de no encontrarse sorprendido por Black, y tenia que ser cuidadoso ya que lo había perdido de vista quien sabe en que momento y la presencia de su Ki era inexistente, algo que todavía no alcanzaba a entender, pero que le había dejado de dar vueltas al asunto. Después de todo… no obtendría respuestas y quien podía dárselas ya estaba muerto.

No tenia mucha luz para ver mas detenidamente, y aunque así la tuviera no le serviría de nada. Por tal motivo, faltando solo unos cuantos metros para llegar al refugio de su madre, tomo impulso y corrió lo mas rápido que pudo. Lo había logrado y al abrir los ojos sus pies estaban tocando el suelo quebrantado de la entrada del refugio subterráneo.

―Mamá…― Susurro Trunks mirando escaleras abajo. Quería gritar, llorar tal vez, y juraría que lo haría si no fuera porque el hombre con el rostro de Goku podría escuchar y descubrirlos. Una vez mas mordió sus labios ahogando hasta el último de sus gemidos y llantos. Todavía era pronto para derramar lagrimas; pensó, de tristeza o de felicidad… aun era pronto.

―Aah…. Mamá, mamá… ma, mamá…― Repetía casi inaudiblemente, frenético, nervioso y ansioso por llegar, pero sobre todo porque aun estuviese con vida. ―Mamá…― continuaba diciendo mientras sus pasos se aceleraban en cada descenso.

El énfasis con la que descendía se había vuelto delirante para el joven saiyan. El corazón se aceleraba agitándose mas y mas, sus pulsaciones aumentaban amenazando con explotar su corazón, y finalmente, cuando la puerta metálica estaba casi rosando su nariz, se detuvo.

Siempre, y desde que habían encontrado ese lugar como escondite, Bulma reconocía las pisadas y la puerta se abría rápidamente. Nada de eso ocurrió y lo peor surcaba en su cabeza haciendo que de un solo golpe abriera la puerta encontrándose con "Nada" ni una señal, ropa, o material que pudiera pertenecer a la mujer. No había rastros. Ni siquiera de los equipos que estaba utilizando para crear el combustible de la maquina del tiempo.

El lugar parecía no haber sido atacado. Eso lleno de esperanzas al joven hibrido y rápidamente salió del sitio de la misma manera en la que entro, solo que mas a prisa. Todo indicaba que Bulma había cambiado de escondite por seguridad y si era de esa forma entonces ambas mujeres estaban en el mismo sitio. Pero era muy pronto para afirmar eso, porque desde su ultima batalla con Black; la que también termino en derrota había perdido de vista a Mai y si tomaba conciencia del tiempo que venia escapando, se resumía a unos 2 días seguidos con unos pequeños intervalos de descanso.

Mientras corría cauteloso hasta el próximo refugio, volvió a pensar lo que había estado comiéndole la cabeza durante semanas y algo que todavía no entendía por mas que quisiera. ¿Por qué no los mataba de una vez? Es decir ¿Por qué Black, siendo tan poderoso todavía no se atrevía a volar el planeta por completo si ya tenia la guerra ganada?

Parecía como si le estuviera dando la oportunidad de huir, de ir por ayuda, aunque dudaba que supiera eso… o lo que sea. No lo entendía, y esa pregunta no lo dejaba en paz ni en los cinco minutos que se quedaba dormitando producto del cansancio y el dolor en su cuerpo. Black, podía acabar con todo ¿Por qué no lo hacia? En ese trayecto la pregunta no hizo mas que girar en su cabeza una y otra vez. Mientras, no muy lejos, veía el siguiente escondite y el lugar donde esperaba que ambas mujeres estuvieran a salvo.

El humor que traía el hombre con el rostro que alguna vez fue salvador de la tierra no era el mas agradable. Porque todavía no comprendía el motivo por el cual tenia que dejar escapar al humano. Por supuesto, lo dejaba escapar, y lo hacia en cada situación en las que lo veía en aprietos. El alma vibraba y se regocijaba de felicidad al ver el rostro suplicante y derrotado de ese saiyajin, disfrutaba asquerosamente hacerlo sufrir y lastimarlo. Sin embargo, no podía matarlo. No era su voluntad…

Entro a la cabaña abriendo la puerta de un solo manotazo. Estaba furioso y de los ojos parecían que saldría fuego si no llegaba a encontrar el motivo que lo hizo volver a la estúpida cabaña.

―En donde estas…― Susurro mas para si, y rápido se encaminó por un pequeño y corto pasillo que daba directo a lo que podría o parecía ser una habitación. De la misma forma; brusca, su mano derecha golpeo la puerta con la intención de abrirla, hacerla pedazos si era posible. Pero quizás no le había puesto tal entusiasmo como para tirarla abajo, por lo que esta apenas se movió, y así descubrió que la puerta traía protección.

Zamasu, era listo.

―Maldita seas…― Susurro furioso, tanto que el rostro parecía más rosado de lo normal. ― ¡abre la puerta! ¿Qué crees que estas haciendo?

Del otro lado, el aprendiz se mantenía sentado en una silla de escritorio, sus ojos estaban clavados en la puerta sosteniendo ese viejo hechizo que Gowasu le había enseñado para bloquear las entradas, salidas, cajuelas o lo que fuera. Un viejo truco, pero efectivo. Claro que, si quisiera, Black ya hubiese destruido la puerta, pues, ese hechizo no podría detenerlo. No era un poder suficiente.

― ¡Zamasu, abre la maldita puerta de una vez! ― Repitió la voz de Black, del otro lado, y eso que Zamasu tenia en las manos, que protegía como una reliquia y que todavía no había sido nombrado, fue presionado con fuerza, mientras podía verse claramente como el pecho subía y bajaba agitado.

Esa caja musical, era lo ultimo de cordura que le quedaba. Black no la había visto, tampoco se percato de su presencia. Al principio cuando pensó en traerla consigo, dudo en hacerlo, porque temía que la descubriese y entonces ella armara una discusión y terminara por perderla. Por otro lado, la curiosidad por preguntarle sobre la caja lo invadía constantemente. ¿en donde estaba la suya? Pertenecían a diferentes líneas de tiempo, pero ambos eran lo mismo, y, sin embargo, Black no parecía tener recuerdo alguno de esa pequeña caja musical. Lo confirmo al escucharla sonar tiempo atrás, mientras esta se mantenía escondida y el dios con cuerpo humano ni siquiera la había escuchado.

En un principio no lo comprendió, pero luego entendió que su "yo" del pasado estaba completamente consumido por una oscuridad que había secado su ser por completo y que este había quedado en un solitario y penumbroso rincón permitiéndole total libertad a la mente Saiyajin; asesina y egoísta, que hiciera todo a su antojo. Esa fue la conclusión mas sencilla que Zamasu sacó después de notar el comportamiento de su "yo" presente dentro del cuerpo de un humano. Ya no había rastros de el…

― ¡Zamas! ― Grito Black nuevamente.

― ¡Que es lo que quieres! ― Contesto Zamas con el mismo tono de voz y escondiendo el artefacto en el cajón mas cercano, luego la sello con su poder. Segundos después, quito el hechizo; embrujo o lo que fuera de la puerta, permitiendo el paso al furioso Black.

Como era de esperara, el dios en cuerpo de Saiyan esta vez si dio un fuerte golpe logrando que la puerta se abriera. Con la cara amenazante y los puños cerrados, dejando escapar parte de su Ki, dijo: ― ¿Por qué no puedo aniquilar a ese humano? Dime ¡porque! ¡¿Porque debo hacerte caso?! ¡No quiero hacerlo! ¡Estamos a solo unos cuantos pasos de destruir a toda esta asquerosa raza incluyendo a ese Saiyajin y tengo que dejarlo escapar por tus caprichos de niña consentida! No te he buscado para que interfieras en mis planes, tienes la vida eterna y yo tengo el cuerpo que quiero, te he rescatado de las manos de ese viejo estúpido que jamás nos ha escuchado y todavía te niegas a acabar con esta raza. ¿Qué es lo que sucede contigo? ¡por todos los dioses! ¡somos la misma persona!

― ¡No! ― Interrumpió Zamasu en un grito que hizo callar bruscamente a su "yo" humano; si es que podía llamárselo "yo" porque para Zamas, su "yo" no tenia nada que ver con su cuerpo. Y visible y evidentemente, el "yo" no era el cuerpo… ― ¡No! ― repitió – no somos iguales…

―Que…―Susurro Black al tiempo que negaba con su cabeza. Le parecía una estupidez, pues, eran la misma persona. ―Te has vuelto loco… ¿ya olvidaste que yo logre que nuestros deseos se hicieran realidad? Mira alla afuera, no queda nada, solo unas pequeñas e indefensas criaturas gritando y suplicando piedad… otros todavia luchan con las pocas fuerzas que les queda… y tu, todavia estas aquí dándome ordenes como el dios que ahora eres gracias a mi, y yo obedeciendote sin saber por qué. ¡Estoy a sus pies majestad! ― Dijo con una sonrisa socarrona y luego continuo: ― Sera que ¿Usted puede decirme cuando terminaremos con esto de una buena vez?

Así como escucho, el aprendiz se mantuvo en silencio durante varios segundos, sosteniendo la dura mirada que competía parejamente con la de Black. ¿Cuál era la explicación? Para empezar, la caja, el sonido y el recuerdo que no deseaba abandonar del supremo del éste. Lo que para "el Zamasu" del presente no estaba claro; ni un ápice, para él era el camino a su despertar. Lo sintió tarde, y ni siquiera alcanzo a rescatarlo… su presente lo había dejado morir en manos de Dabura, mientras observaba todo a la distancia. Así es como lo conto descaradamente…

Cuando Black le informo sobre la muerte de Shin, ya era tarde. Todo se había derrumbado, pero esa caja volvía a sonar con mas fuerza y mas intensidad. Sus decisiones; o las que pudo tomar en presencia de Black, lo arrastraron hasta las enormes esferas del dragón, las que desconocía totalmente y que conoció gracias a su presente. Pensó en revivir al supremo del este, y ese fue un deseo que hubiera querido cumplir si no fuera porque Black lo asesinaría sin piedad. No eran los mismo… ya no.

Como propuesta, su presente lo invitaba a elegir un cuerpo igual, el de un saiyajin, pero, por mas poderoso que sonará, se viera o se sintiera, obtener ese poder no era su deseo. Y así surgió el deseo de la vida eterna. De esa forma no podría morir, y de alguna manera intentaría buscar en cualquier línea de tiempo; lo que Black dejo morir sin sentir una gota de resentimiento.

―Habla de una vez― Interrumpió Black borrando cualquier pensamiento ―Quiero saber cuando podre acabar con esto mientras tu te pintas las uñas aquí…

―No vas a destruir nada aun…― Replico Zamasu

― ¿Y qué te hace creer que seguiré recibiendo tus ordenes? Tengo el anillo del tiempo, soy muy poderoso y no te necesito. Pero tu si me necesitas a mi. Sin mi no vales nada.

―Tu eres el que no vale nada con ese cuerpo de mentira. Te lo diré una vez mas. Tu y yo no somos iguales. Tu no eres yo, yo estoy profundamente ahogado en ese cuerpo y casi no queda existencia de mi. Puede que pensemos iguales al decir que detestamos a los humanos porque tienen un poder que no merecen, que no pueden ser mas poderosos que un dios, y que solo tienen la capacidad para construir el odio y las guerras. Pero solo compartimos esa conciencia, y yo no soy la conciencia. Tu llegaste a esta línea de tiempo con un cuerpo ajeno, con cosas que yo jamás conocí, ni siquiera se quien es ese tal Goku y no alcanza con que me lo hayas mostrado y ahora tengas su cuerpo. ¡yo! No deseo jamás estar en el cuerpo de un humano…

―Entonces ¿Qué demonios quieres? ― Pregunto. Y en su tono podía notarse la furia sostenida

―Sabes – Dijo balbuceando un poco. Se detuvo con nerviosismo y como pudo continuo: ―Sabes bien lo que quiero…

― ¿Qué? ― Pregunto confundido – No, no se que quieres ¡no soy tu esposo y sinceramente no se que es lo que quieres! Dime, dímelo de una vez…

―Lo dejaste morir…― Dijo veloz y en un susurro audible.

―Vete a la mierda― Respondió Black; sereno, pero hecho una cólera por dentro. El deseo de acabar con el aprendiz era algo que jamás imagino pensar, pero si tuviera la oportunidad de revertir su vida eterna entonces y en unos cuantos segundos lo haría pedazos.

― ¿Por qué lo hiciste? Porque ¿Por qué no lo salvaste? ― pregunto el aprendiz con una voz lastimosa

― ¿estas, estas reclamándome la muerte de ese kaioshin bueno para nada? No valía una mierda y ni siquiera podía con Dabura, si lo dejabas con vida, también dejarías vivo al dios destructor y nuestro plan jamás hubiera funcionado ¿entiendes porque tenia que morir?

―El no iba a hacerte daño…― Susurro ―Lo dejaste morir y no podía defenderse. Era nuestra sangre…

―Que ¿Qué era nuestra sangre? ¿Te estas apiadando por que era nuestra sangre? ¿Y que hay del resto? con ellos no temblaron tus manos al momento de aniquilarlos ¿verdad? Ya déjate de estupideces porque ese Kaioshin no era relevante para nuestro plan o es que acaso ¿estas arrepentido? Porque si dices eso te juro que buscare la forma de hacerte pedazos…

La frase se vio interrumpida por el gesto burlesco y el veloz revoleo de ojos que el aprendiz mostraba de manera desafiante, y al instante respondió: ― ¿arrepentido de nuestro plan? ¿arrepentido de acabar con los humanos incivilizados creadores de guerras, pobrezas y religiones? ¿arrepentido de acabar con humanos que aniquilan millones de especies innecesariamente y desprecian su propio ecosistema? ¿Crees que estoy arrepentido de ver como ese maldito manicomio cae de una vez? Realmente no somos iguales…

― ¡Cuando te mojas por ese kaioshin no! Tienes razón, no somos iguales y voy a acabar con esta maldita raza de una vez por todas…

― ¡No vas a hacer eso! ¡Deja que viaje al pasado! ― Grito Zamasu enfurecido y la respuesta fue de igual magnitud

― ¡¿Para que?! ¡No encontrara nada allí, los aniquile a todos! ¡No hay nada, absolutamente nada! ¡Yo acabe con todos, con cada especie humana, con cada shin―jin, kaiosama y supremo! ¿Sabes lo que le hice al supremo del éste? ¡Lo golpee salvajemente hasta el cansancio, y cuando estaba desmayado continúe golpeándolo hasta que su aniñado rostro fuera irreconocible por su pobre y desgraciado asistente que no alcanzaba a moverse por tener sus piernas y brazos rotos, después y para que vea lo salvaje que puede ser un humano baje mi pantalón y obligue a ese kaioshin a que me lo chupara! ¡Le di por el culo hasta matarlo y cuando me cansé lo hice volar en pedazos! Tendrías que haber visto el rostro sufrido y patético de su ayudante…

―Eres un maldito…― Susurro el aprendiz. Imaginar lo escuchado abría la herida nuevamente ― ¡Eres un maldito desgraciado! ―Grito esta vez levantándose de su asiento y aproximándose unos cuantos pasos. Hasta el momento, nunca escucho lo ocurrido en el pasado, solo lo justo y por temor no se atrevió a preguntar por Shin. Eso le sumaba esperanzas y allí nacía el motivo por el que quería permitirle a Trunks su viaje en el tiempo, era una estúpida esperanza, pero lo único que le quedaba… ― ¿Por qué le causaste sufrimiento? Si querías matarlo, solo tenias que hacer eso….

― ¡Ha, jajajja! ¿matarlo? Eso no haría un humano, no sin antes hacerte pasar el peor de tus calvarios ¡no seria justo! Además, ese supremo tenia que entrar en razón antes de morir y ver lo brutal que puede ser la humanidad a la que tanto amo. Ahora bien ¿todavía tienes ganas de que ese asqueroso saiyajin viaje para encontrar nada? El mundo, así como esta es maravilloso, no necesitas nada y tampoco necesitas a ese supremo con vida, no se que te ha prometido…

Rápido, Zamasu interrumpió: ―No me prometió nada porque lo dejaste morir, era lo ultimo de nuestra raza, eliminaste el árbol… hiciste explotar nuestro planeta natal y…

― ¿Y qué? ― Pregunto desafiante ― ¿Y temes ser el ultimo dios creador? Eso es lo que queríamos o ¿no? Pues ahí tienes, yo soy un dios poderoso, y tu eres el único dios creador… no mas creaciones estúpidas con mentes insípidas e incivilizadas, no mas especies inteligentes que dejan mucho que desear… y bienvenido el mundo perfecto lleno de especies amorosas y flores silvestres. Yo no puedo crear… es una lastima, pero tu si puedes hacerlo… no hagas que me arrepienta de haberte buscado. Olvídate de ese Kaioshin, no era gran cosa…

El silencio reino finalmente. El aprendiz todavía conservaba la mirada sobre Black, incapaz de quitarla; mirar a un costado o simplemente retirarse. No alcanzaba a reaccionar, y ciertamente no quería escuchar o volver a escuchar lo que esa retorcida cabeza con cerebro humano y alma de kaioshin fueron capaz de hacer, pero no con los humanos, si no con el Supremo del éste. ¿Por qué? Era sencillo, y todo empezaba con una mentira, porque él, si tuvo la oportunidad de conocer al supremo del universo siete.

Le había costado una sanción llegar a él, y lo hizo guiado por el sonido de esa caja misteriosa que llevaba desde la niñez. El anciano Gowasu no se opuso, y hasta pensó que la cercanía de Shin calmaba toda esa ansiedad y desprecio que cargaba hacia la humanidad. Kibito ponía de su parte y le demostraba que también odiaba a los humanos, pero siempre lanzaba algún tonto chiste para hacerlo reír y además para ver a Shin poner trompa de niñito berrinchudo por tal comentario del ayudante.

La calma se intensifico cuando empezó a tener una cierta intimidad con el supremo del universo siete. Kibito ya no estaba presente entre ellos, el tiempo que compartían era cada vez mas solitario y las tardes se hacían cortas por lo que siempre terminaba solicitando un permiso mas extenso que le permita disfrutar un poco mas de la cercanía de Shin. El amor que tenia guardado desde quien sabe cuanto tiempo, empezaba a fluir por si solo y tiempo después, cuando noto que Shin correspondía a todo ello, tomo coraje y sin previo aviso lo había besado viéndolo desprevenido.

Allí, comenzó y lo había olvidado todo. No es que la humanidad no le importara, pero poco a poco lo iba olvidando, sus sueños iban cambiando y hasta parecía que la percepción del mundo empezaba a ser diferente ¡y por un momento, pensó que la humanidad podía ser salvada! El deseo de verlos extintos cambiaba a una vaga idea de ayudarlos a evolucionar como seres sintientes de conciencia pura; amorosa. ¡Sonaba una locura! Pero ese sentimiento se le antojaba eterno y hasta sintió que comprendía su verdadero objetivo en el mundo…

Todo ello nacía con tan solo ver sonreír el dulce rostro del shin-jin que le robo el corazón y le absorbió el alma, y a pesar de no poder estar junto a él todos los días porque debía cumplir sus obligaciones, su sueño crecía mas al pensar que un día podría convencer a Shin para que este dejara su puesto de kaioshin y cambiará de universo, claro que, el dios destructor debía estar de acuerdo y también retirarse… ¡era un sueño muy grande! ¡una locura para cualquiera que lo escuchara! Pero ese sueño era lo que lo llenaba de esperanzas y el motivo por el cual veía el mundo con otros ojos.

Nunca creyó, por ningún motivo que Shin podría estar en peligro, y mientras el cumplía con su entrenamiento en su universo, lejos muy lejos; donde ni siquiera podía sentir su Ki, en ese preciso instante la luz de su amado supremo se extinguió. Su muerte producto de haber querido ayudar a los humanos había marcado a ese que residía en lo mas profundo. El observador silenciado lloro amargamente hasta penetrar su alma, su mente y su corazón. Se vio enfermo, su cuerpo se enfermo y sus deseos de vida se habían perdido por completo.

El anciano Gowas ayudo cuanto pudo, y durante su duelo jamás lo dejo en soledad. Incluso había aceptado que la caja si era capaz de sonar solo para él y dijo "¿Por qué no hacerlo? ¡en este mundo todo puede suceder!" y así giraba la cuerda una y otra vez solo para que la oyera y al menos pudiera sentir algo de la paz que perdió tras la muerte del jovencito. No fue fácil.

Culpar a la humanidad fue el sentimiento que surgió después, o tal vez era la excusa perfecta para dejar salir nuevamente ese rencor de ver a la maravillosa vida, golpeada y masacrada por otra vida que no tenia el mas mismo respeto ni por si mismo. Su odio aumento.

Quería asesinar a Dabura con sus propias manos, y lo hubiera hecho si no fuera porque un humano acabo con él, daba igual. Shin, estaba muerto, y no había nadie en el mundo que pudiera devolvérselo.

Los meses pasaron rápidamente, y la frialdad lo consumió por completo haciendo que sus discusiones con Gowas crecieran considerablemente. Una tarde, después de preparar el té, iba de camino hasta el patio del templo y allí encontró a su maestro asesinado y frente a el, un humano…

Presionó los puños con fuerza, casi hasta lastimarse a si mismo ¡odiaba a los humanos y frente a sus ojos tenia uno! Pronto noto que este llevaba puesto su traje y también tenia un arcillo en su oreja izquierda. La presentación fue sencilla y en dos palabras el extraño humano dijo "Yo, soy tu" le mostro el anillo del tiempo y a su vez extendía la mano para entregarle el otro arcillo que le había sacado a su maestro. Tembló, todo dentro de él tembló y por un momento dudo en aceptar ese arcillo que felizmente el humano le entregaba. Pero lo hizo.

Ya estaba consumido por completo…. O eso creía.

―Voy a matar a ese Saiyajin― Dijo Black, sonando tan fuerte dentro de sus oídos que se vio obligado disipar la gigantesca nube de recuerdos en su cabeza, solo para mirar de manera furiosa a los ojos de su "yo humano"

De un momento a otro, Black le dio la espalda dispuesto a retirarse. Aun así, Zamasu lo siguió detrás diciendo: ―No lo hagas, deja que vaya… ― pero no le fue posible continuar. Un fuerte gruñido salió le da boca de Black al tiempo que volteaba bruscamente. Tomo por el cuello al aprendiz hasta la pared mas cercana y lo presiono tan fuerte como pudo, porque de todas formas no moriría, así lo quebrace…

― ¡No, no, no! ¡No dejare que esa bestia repugnante huya de aquí! ¡se ira y no volverá nunca mas! ¿Qué no lo entiendes? ¡a donde va no hay nada y solo me hará perder el tiempo para ir a buscarlo y hacerlo pedazos en donde este! ¡Ya no me darás ordenes y yo hare lo que me plazca!

Con un nuevo golpe, Black soltó el cuello del aprendiz y se retiro cargado de un odio extremo que exigía ser liberado. Ya no le daría tiempo, el momento de matar a ese saiyajin estaba próximo a terminar.

Zamasu, aun sobándose el cuello, grito con dificultad ante la lejanía de Black: ― ¡No lo hagas, déjalo ir!

Continuara…