Disclaimer: YOI sigue sin pertenecerme, solo la historia es mía.
Gracias a los que han dejado comentario, espero les siga gustando el fic. Acepto críticas constructivas, ahora les dejo el capítulo 3.
PD: Un review siempre sube el animo (? y a los de mi país que tienen vacaciones, recuerden no nadar después de ingerir muchas cosas o manejar borrachos, enserio.
CAPÍTULO III
BY: NewRusherBoy
"Las malas noticias se suelen difundir más rápido que las buenas" eso dicen. El accidente había ocurrido más o menos a las seis de la mañana (hora japonesa), para las siete con treinta la familia Katsuki había sido notificada de lo sucedido.
La última vez que Hiroko habló con su hijo fue antes de que él saliera de San Petersburgo, más o menos a las dos de la madrugada, era consciente de lo cansado que es volar así que había decidido no llamarlo aún, y despertarse más temprano de lo normal para preparar un poco de Katsudon. No lo había visto por varios meses, no encontró mejor forma de sorprenderlo de manera grata que con su comida favorita.
Miró el móvil, la tentación de llamarlo era grande, pero se contuvo al momento de verificar que el cocido no se quemara. El reloj marcaba las 7:35 una hora en el día que marcaría su vida para siempre. Antes de dejar aquel aparato por un lado una llamada entró haciendo resonar la cocina con la melodía "Yuri on ice" en honor a su hijo.
-Buenos días~- contestó animada.
-¿Katsuki Hiroko?- preguntaron mientras ella afirmaba.
La conversación no duraría mucho, pero si lo suficiente para no olvidarla jamás, la última oración fue lo que más la iba a marcar. "El vuelo de su hijo tuvo un contratiempo, lamentamos informarle que hubo muchas bajas y entre los cuerpos parece estar el suyo… necesitamos que usted o un familiar venga a reconocerlo"
Silencio.
Colgó la llamada dando un suspiro largo aun sin decir nada… miró el guiso y lo probó… -A él le encantara- pronunció con un tonó animado que murió en su garganta antes de sentarse… entonces pasó, las lágrimas salieron con su voz, primero lentas… después rápidas e incontenibles.
Era la primera vez que tomaba el tren a Tokio. Viktor miraba la ventana con tranquilidad, manteniendo siempre la esperanza, creía creer que entre los pocos afortunados –o no- que sobrevivieron, estaba él.
La sensación en su estómago era rara, un poco vacía, no entendía lo que estaba pasando o al menos no del todo, o no quería hacerlo. Tomó un vuelo exprés antes que su novio para sorprenderlo, todo muy propio de las películas románticas, en aquellas dónde reencuentras al amor de tu vida en la estación, lo abrazas y lo besas, pero esta situación era muy diferente. Quién sabe, tal vez en el fondo aquello sería mejor, dicen que la adversidad hace a las parejas más fuertes ¿no?
Al cerrar los ojos podía ver a Yuri sonriendo para él, todo lo que habían pasado desde que hablaron en aquella fiesta, desde que lo vio en ese video, la primera vez que lo beso, tenía un presentimiento en la boca del estómago, pero jamás había sido del tipo pesimista.
En el fondo quería creer, quería poder asegurar que todo iba a estar bien, que podrían ir a casarse como habían planeado en los últimos meses… una luna de miel alrededor del mundo, adoptar niños tal vez… ganar juntos una competencia de patinaje en pareja… tantas cosas que hacer… tantos planes.
La familia miró al hospital como si estuvieran frente a un monstruo, caminaron por la sala hasta dónde una mujer vestida de enfermera los guío amablemente… los gritos desgarradores de un hombre que cantaban "¡NO! ¡MI NIÑA NO!" abrazándose débilmente a un muchacho joven que lo apretaba.
Viktor se estremeció. Hiroko y Toshiya habían cerrado los ojos, el aferrándose a ella mientras intentaban consolarse aun sin palabras de por medio, decirse que nada iba a pasar, no iban a ser el hombre que gritaba, Mari solo respiró hondo acomodando su cabello.
Por fin habían llegado al pie de una ventana que separaba las habitaciones, la mujer se giró a los cuatro que estaban ahí cortando el pasó.
-¿Quiénes son sus padres?- preguntó.
-El accidente fue… muy grave…- estaba calmada, Mari quería darle un puñetazo. -¿Seguros que quieren que ese sea su ultimo recuerdo?
Las palabras hicieron merma en todos ellos, Viktor intentaba aferrarse a la idea de los milagros, pero Mari dio un paso al frente. –Yo lo haré.- se ofreció. –Lo he visto mal antes.- trato de forzar una sonrisa.
A veces el amor es cuestión de hacer sacrificios, fuera lo que fuera sabía que Yuri no querría que Viktor lo viera así y sus padres no necesitaban pasar por eso, la mujer dijo un "bien" dándole el paso solo a ella.
Saltó, aquel cabello negro, aquel rostro quemado… era él. La mujer caminó fuera dejándole privacidad.
-Yu…Yuri.- tartamudeó. Pasó los dedos por su piel chamuscada sin tocarlo como una caricia, no podía ver nada que no fuera aquel tono en negrecido… quería decir algo, pero jamás podría. Destapó un poco más su cuerpo solo para verlo mejor dejando al descubierto su brazo…
-¡NO ES ÉL!
Gritó sorprendiendo a todos, Viktor lo vio, lo sabía… aquel anillo, pero jamás podría aceptarlo. Quería gritar y lo hizo, quería golpear algo, fue un vidrio… todo daba vueltas en un mundo tan malo, tan perdido.
Corrió en un estado vulnerable, necesitaba huir, tomar aire… pero solo gritó, lloró en el pasillo como muchos otros por su amor perdido. Haciendo escándalo hasta que fue sedado por su bien.
Tenía que descansar de la confusión, la desolación, tristeza e ira.
