Disclaimer: La serie de Yuri on ice no me pertenece, la historia si es mía.
PD: Recuerden que los reviews siempre animan 3 Espero que les guste este capítulo.
Kumiko, relaja que pronto sabremos de más cosillas jojojo~ Sverige, la verdad es que me falto la línea x D la mujer era una enfermera random que perdió a su hijo en el accidente y la maestra pues…
CAPÍTULO V
By: NewRusherBoy
Los cristales quedaron esparcidos por todo el suelo, el perro sollozaba como quién se da cuenta que algo importante falta. Después de colgar Minako se arrodilló para recoger las partes de la botella, era una noticia difícil de comprender, por un momento miró al perro que parecía haberse dado cuenta solo, aquel sexto sentido que se cuenta de ellos… la mujer miró su dedo sin darse cuenta cuando comenzó a sangrar.
Dejó los pedazos en el suelo caminando a la cocina para remojar su dedo herido, fue entones cuando comenzó a llorar. La vida puede ser tan cruel a veces, para una mujer de su edad le era difícil comprender porque los jóvenes que apenas hacen su camino deben partir. No sé movió aun cuando el chorro seguía cayendo, sollozaba con pesadez, mientras el perceptivo animal le ladraba jalándola del pantalón que traía puesto.
La siguió aun en blanco, fue cuando pudo ver la imagen de Yuuri hace ya mucho tiempo, cuando apenas daba sus primeras clases de danza para principiantes, cayó de rodillas entendiendo completamente al animal ahora, se aferró a él mientras escuchaba algo parecido a un llanto. –Lo siento…- murmuro como dándole el pésame.
Ser maestro es duro, no importa si son de escuela o particulares, en algún momento deben ver a sus niños crecer e irse, incluso al más problemático… pero ella era diferente, vio a Yuuri desde que nació, era amiga de su madre… la vida es tan injusta, los niños llegan cuando no lo esperas, los ves crecer, madurar, caer y superarse, luego te los arrebatan sin piedad. No era su madre, pero aquel pequeño que renació como el fénix –con la ayuda de su entrenador- ya no volvería a sonreírle… ya no lo escucharía quejarse, pedir katsudon o llamarla "Minako-sensei"
No era consciente del tiempo, no importaba ahora nada, solo se quedó aferrada al perro compartiendo su dolor, consolándose mutuamente, sin notar que la fotografía ahora estaba tirada.
Pero incluso cuando el dolor era mucho, estaba segura que si tuviera que repetir todo, si tuviera que escoger entre enseñarle de nuevo aun sabiendo el final… lo seguiría escogiendo una y mil veces.
Los deportistas deben madrugar, era una de sus mantras, así que despertó temprano aunque se quedó contemplando por un largo rato a su mujer. JJ se acercó después de varios minutos solo para darle un beso en los labios con una sonrisa pícara.
Media hora después los dos estaban en la cocina preparándose para su día a día, con una televisión encendida en un noticiero al que, como siempre, no le ponían demasiada atención. Aun eran jóvenes, pero ya tenían una vida juntos, y no les disgustaba en realidad.
J.J estaba acomodándose la ropa cuando escuchó la voz de Isabella.
-¿Qué sucede?- preguntó. Ella solo señaló al televisor subiendo el volumen.
"El vuelo 321 rumbo a Tokio sufrió un accidente, se cataloga como uno de los peores accidentes aéreos del mundo con un saldo de casi quinientos muertes entre pasajeros y tripulación, entre los personas a bordo se encontraba *xxx* político que iba a una reunión a Japón, el patinador Yuuri Katsuki…"
J.J miró a la mujer con un rastro de confusión. Sentía un nudo en la boca del estómago, no podía decir sinceramente que estimara demasiado al japonés, pero era un conocido y… tras lo del Grand Prix entendía un poco mejor al muchacho.
No era como si quisiera llorar, pero sintió una necesidad extraña. Fue a la cuna de su hija, una pequeña bebe con pocos meses de haber nacido, seguido por su mujer.
Se sentía extraño, como si saber que alguien de su círculo, aunque fuera solo deportivo, lo trajera a la realidad de lo delicada que puede ser la vida, necesitaba ver a su bebe solo para darle un beso en la frente... solo para recordarle que pase lo que pase la amera, porque… a veces las personas no se pueden despedir.
Suspiro hondo y besó a Isabella con un –te amo demasiado- partiendo a entrenar con una sensación extraña.
