Disclaimer: Yoi no me pertenece, solamente la historia.

Creo que me tarde más en actualizar este capítulo, pero he tenido una semana emocionalmente muy pesada. Espero que les guste y no olviden que una review siempre ayuda.

PD: La actividad de hoy es "díganle a sus seres queridos que los aman" (^^)7

CAPÍTULO VI

By: NewRusherBoy

"Naces, creces, te reproduces y mueres. La ciencia ve el ciclo de la vida desde una percepción fría, pero incluso los animales menos desarrollados que los humanos sienten la pérdida, la gente no es solo abono para la tierra, pese a que nadie es necesario para un mundo que pierde personas a diario… aquellos… los que son dejados atrás… ellos saben realmente que cuando una persona se va nos arrebata un pedazo de nuestra alma, pero nos regala un montón de recuerdos… unos más hermosos que otros"

La luz de la luna se filtraba por la ventana, Viktor miraba la pared en silencio tentado ante la idea de leer la nota que la mujer le dio. Las dudas que se generaban dentro de su mente venían acompañadas con una opresión en su pecho, leer aquello sería –de algún modo—aceptar que él no iba a regresar, que se había ido para siempre y no podía hacerlo.

Ya rondaba los treinta años, pero estaba seguro que empezó a sentirse vivó cuando lo conoció, no era un simple admirador más, claro que quería ganar el oro, pero nunca fue su prioridad… le recordó lo que era el amor, dar amor, recibir amor… no solo por él sino por el resto de personas que se preocupaban y sin embargo también le causo un dolor enorme con su partida.

Sin darse cuenta las lágrimas brotaron de nuevo manchando la sabana, no hay palabras para expresar aquel vacio, la desolación… se sentía condenado a la soledad otra vez, pero en el fondo sabía que aquel muchacho le dejo un regalo con su partida.


Miró hacia arriba, las nubes que cubrían la luna parecían presagiar una tormenta o al menos una fuerte lluvia. Sonrió por la ironía, de niña solía pensar que la lluvia eran las lágrimas de un ser superior, pero ahora no estaba segura si existía, o al menos si era un ser justo.

La tragedia no solo azotó su familia, más de quinientas personas murieron en uno de los peores accidentes de la historia del mundo, desde bebes hasta ancianos ¿de verdad eso es justo? Tantas personas sufriendo por un error humano como no mantener bien un transporte.

Cerró los puños ante la idea, quería golpear a algo o insultar a alguien, todos los sentimientos negativos parecían estar creando una enredadera en su pecho, era como si en ese momento la tristeza realmente no existiera, pero no podía externarlo así que se limitaba a fumar.

-Phichit.- saludó al muchacho que solo le regaló una sonrisa.

Una falsa, mal actuada, a leguas se notaba que aquella situación lo tenía mal… como a todos en su entorno. No podía juzgarlo, le dio el paso sin ánimos de hablar o escuchar palabras de consuelo por parte de nadie.


Aquel hospital estaba pasando por uno de sus peores días. El accidente fue terrible, todos los muertos y pocos sobrevivientes fueron mandados ahí más que nada por su cercanía, había un mar de gente con expresiones dolidas esperando noticias de sus familiares.

Los primeros pasos fueron difíciles, Phichit se sentía abrumado por aquellas sensaciones, las vibras del hospital eran bastante intimidantes, tanta gente que sufrió una perdida en un solo sitio, no era como el aeropuerto.

Celestino tuvo que organizar todo lo del hotel. Aquella batalla tendría que enfrentarla solo. Se acercó a un escritorio y preguntó por Viktor recordando lo que dijeron cuando llamó, no había sido dado de alta aun, así que al menos podría pasar a verlo, pero antes iba a buscar a dos personas…


En un parque escondido en Tokio existe un lago que en invierno se congela y ambienta para los que gustan del patinaje, una pista natural que en fiestas decembrinas luce hermosa, pero que en esa época del año no era más que agua.

Las vacaciones que pasaron ahí hace más de veinte años se sentían tan próximas, podían imaginar a su hija cayéndose mientras su niño daba vueltas sobre el hielo, momentos atesorados que no volverían.

Es difícil ser padre, fuera de cualquier asunto económico, tienes que cuidar de otro ser humano desde que nace hasta que se vuelve más o menos adulto, los proteges, te das cuenta que no quieres que nada les pase para que un día sin previo aviso te digan que tomaran un vuelo al otro lado del mundo, persiguen sus sueños, caen y se levantan. No importa cuántos consejos les des, o cuántos abrazos recibas, porque en el fondo sabes que serán independientes, y que no podrás cuidarlos de todo.

Ambos se abrazaron mientras la lluvia empezaba a caer… porque pese al dolor… tenían recuerdos cálidos que nunca iban a perderse.