Disclaimer: Yuri on ice no me pertenece. La historia es original mía.
NOTAS: Tal vez añada mi placer culposo Seung x Nishigori, tal vez no, como sea espero que les guste esta actualización y me dejen sus opiniones que siempre animan a seguir.
CAPÍTULO XV
BY: NewRusherBoy
Era más de media noche y seguía ahí, encima de los bancos esperando para verlo patinar, aunque fuera una vez más. No podía decir que Yuuri y él eran los mejores amigos, tenían un pasado que no podría borrar nunca, pero no podía decir que se arrepentía de él.
La vida está llena de decisiones, algunas tan buenas que nos permiten llegar a la cima, otras tan catastróficas que nos hacen caer en un profundo agujero del cual es difícil salir bien parado. Yuuri estuvo tanto en la cima de lo alto, como en lo profundo del infierno llamado fracaso, pero no se rindió jamás, al menos desde que Viktor entró a su vida.
Había ayudado a empujarlo, le dijo cosas hirientes, sin embargo jamás pareció odiarlo o no del todo, incluso podría decirse que lo consideró un amigo cuando se encontraba vivó y estaba feliz de eso, no iba a perder el tiempo preguntándose cómo sería la vida si lo hubiera tratado de manera diferente.
¿Cuál es el punto de seguir quejándose? De llorar sobre la leche derramada, nadie podría traerlo de vuelta, por mucho que suplicaran, nadie era capaz de devolverle la vida, de todos modos, sabiendo esas cosas ¿por qué su pecho dolía tanto? Tenía unas tremendas ganas de llorar, la reminiscencia de los recuerdos sobre la competencia, cuando conocieron a Yurio, lo hacía querer gritar de manera que todo el mundo lo escuchara... porque aunque al mundo no le interesara la perdida, su dolor, quería expresar que habían perdido a alguien tan valioso.
Todas sus emociones se enredaban, se sentía tan confundido, quería resignarse, pero no podía. ¿En qué fase del duelo estaba? ¿Ira, depresión, negación o negociación? Lo único seguro es que estaba lejos de la aceptación.
-¿Nishigori?—una voz femenina llamó su atención.
-Yuko...-
-Cariño, cálmate—murmuró ella... –Está bien... está en un lugar mejor...—sonrió de manera conciliadora. –Te ama, te amamos...
Y fue entonces cuando él rompió a llorar. Porque los recuerdos de su mujer, de su amigo, de cómo estuvo ahí para él... llegaron en forma de cascada, como las lágrimas que derramaba.
No había muchas cosas que hacer, esa noche, solo tenía los recuerdos de aquella vieja pista de hielo mientras sus hijas dormían en casa...
